Historia Construcción Darsena Norte en el Puerto de Buenos Aires



PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos. Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown. al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate. Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown. Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad. Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo de: río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas. El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante? Son 31 buques enemigos. Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla. Gamaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos. Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea. Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra. Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado. Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas. El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».



Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas a! mando de Rosales. Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños. La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes. Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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