Porque Se Dice…?

El Descubrimiento de la Dama de Elche Historia

HISTORIA DE LA DAMA DE ELCHE

Dama de Elche, se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Se considera obra cumbre de la escultura ibera datada, aproximadamente, entre los siglos IV y I a.C. En la actualidad se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

En un atardecer de agosto, hace ya medio siglo, surgió de la tierra, donde estuviera oculta dos mil cuatrocientos años. Llegó con su aire solemne de sacerdotista. Y como el retrato de una española, anunciando, ya, un complejo de virtudes raciales. La cara, de óvalo perfecto: sus ojos, almendrados, llenos de dignidad, y encuadrando facciones impecables y nobles; un monumental ornamento de pendientes, collares y peineta. Acudía a una cita dada 24 siglos antes, y llegaba con su atuendo castizo, que poco han variado los siglos.

La Dama de Elche

Manos trabajadoras la arrancaron de la tierra. Se estaba plantando granados, a dos kilómetros de la bella ciudad levantina de Elche, cerca del mar.

El día 4 de agosto de 1897, fue de terrible canícula, y ni las aguas del Vinalopó, ni las brisas marítimas tamizadas en los bosques de palmeras que dan fama a la ciudad, habían mitigado el sofoco.

Los obreros retrasaron su labor a las horas del crepúsculo; uno, llamado Maciá, dio con la azada en piedra.

El capataz Galiano tenía práctica en zona tan rica en hallazgos. Se extrajo, con sumo cuidado, la bellísima obra, y, en un carrito, fue llevada a la ciudad, a casa del doctor Campello.

El público, ese público de intuición sabia, del levante valenciano, acudió en masa a la vivienda del propietario.

Hubo que habilitar un tenderete en el balcón, para que miles de ciudadanos contemplaran, desde la plaza, «la obra de arte más espléndida, más asombrosa y más española de la antigüedad».

Elche celebra anualmente un drama campesino, un «misterio» de la pa-sión del Señor, que atrae extranjeros de todas partes. Aquel año fué (como otros) el hispanista Pierre Paris.

Derrochó oratoria: el museo del Louvre era inmenso, allí contemplarían a la «Dama de Elche» los millones de visitantes de la exposición universal de París. El Museo Arqueológico de Madrid era, entonces, apenas un proyecto. . . Y la dama de peineta castiza y grandes estuches redondos para conservar el tesoro de sus trenzas, salió para las brumosas orillas del Sena.

Allí, entre formidables toros babilónicos y colosos egipcios, atrajo, su belleza sin par y su gracia española, la mirada de los visitantes. Pero ella añoraba su patria; e, igualmente, su patria, a ella.

Por fin, tras largo destierro, el día 8 de febrero de 1941, a las tres de la tarde, volvió la magnífica obra de arte a cruzar, para siempre, la frontera hacia sus lares.

El día 10, a las nueve horas y 45 minutos, era recibida en la estación ferroviaria de Atocha, en Madrid.

Ahora se exhibe en el magno Museo del Prado, la colosal pinacoteca madrileña. La «Dama de Elche» puede ya deshacer el ceño de tristeza que le imprimieron 24 siglos de tinieblas, añorando volver a la luz de España.

En su salita del Prado, rodeada de mármoles que la encuadran, recibe la visita casi ininterrumpida del atol, por ella añorado, a la vez que miradas llenas de admiración.

La «Dama» está ya en su ambiente: si alguna mujer levantina acude a visitarla puede ver el origen de los rodetes de sus trenzas en los de la magnífica estatua ibérica; cualquier española en atuendo de fiesta, ve, en la sacerdotisa, la misma peineta que adorna su cabeza.

La «Dama de Elche» es «Dama de España», en la cara, en el vestido y en la espiritualidad que asoma a sus primitivos ojos de forma de almendra.

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AMPLIACION SOBRE EL TEMA…

¿Qué querrá decir ese mirar de apagada tristeza, ese rictus de tus labios juntos y apretados, cual si temieran revelar una rica angustia?. ¿Será una simple inhabilidad del artista arcaico que te labró o una revelación que captó tu alma atravesada por los dolores de la raza?.

La riqueza de tu tocado — la mitra que sostiene el velo rojo de la mantilla; la diadema, adornada por una serie triple de bolitas; los grandes discos que enmarcan tu rostro; los tres collares que descansan sobretu pecho—, todo esto no puede distraer nuestra atención porque el encanto de tu cara la retiene con devoción  ensimismada.

¿Cuál es tu poder, señora de la aña antigua?

Cuando te raptaron — porque aun tu representación ikórica fué capaz de producir arrebatos pasiona-—.y en las tristezas del inmenso Louvre sentiste ante más de cuarenta años la nostalgia de tu viejo patrio, guardaste esa actitud de soberana melancolia de la princesa en el destierro.

Pero hoy, que has regresado a la tierra de que eres símbolo, ¿sonreirás algún día y nos revelarás entonces la tragedia que no Be faltar en tu alma? ¿Dejarás de ser la esfinge de España?.

Quizá nos aproximemos a la verdad quienes vemos la expresión de una cultura próxima a ser desbordada y suplantada por la de otros pueblos, más afortunadps o  o más poderosos, más civilizados o más fuertes.

¿?Qué importa, en este caso, que el artista que inmorta-tus rasgos en ese bloque de arenisca fuese indigena o griego? ¿Qué importa si las joyas que luces son das y las tocas españolas?.

Cuestiones son éstas para ser debatidas por los arqueólogos que miden tu belleza con un compás y te consideran como una nueva piedra sujeta a su curiosidad. No. Lo que interesa es tu tipo netamente hispano y esa expresión de augusto fatalismo, ese desprecio del devenir histórico.

¿Acaso no apunta en tu boca esa admirable imperturbabilidad con que los héroes de Viriato y de Numancia, y más tarde, los de Sagunto, recibirían la muerte en defensa de la libertad e independencia de su pueblo?

Fuente Consultada: REvista Geográfica Americana – Nº193 Año XVII – Edición Mensual Ilustrada

Historia de los Naipes o Juego de Barajas Resumen

Historia de los Naipes ó Juego de Barajas

Los naipes aparecieron en Europa hacia el siglo XIII, traídos probablemente por los nobles que volvían de las cruzadas. La ilustración muestra un juego de naipes diseñados en Francia por el rey Carlos VII. Libro desencuadernado que leen las personas de cualquier condición y estado, y que podría ser registrado en el índice de los Prohibidos. Con esta curiosa definición, un gramático español, en una enciclopedia castellana del año 1674, se refería al inofensivo mazo de naipes.

Distintas hipótesis atribuyen a la China y a la India el origen de los naipes. Idénticos problemas surgieron sobre la difusión de las barajas en Europa; pero es probable que los árabes las difundieron hacia 1350 en España, de donde pasaron a Francia, Italia, Bélgica y Alemania. También hay diversas opiniones sobre los juegos inventados por los árabes. En el siglo XV ya se conocían distintos juegos,  y los naipes representaban figuras artísticas y delicadas. He aquí un grupo de jugadores de esa época.

El estilo de esta apreciación (como libro prohibido) refleja el espíritu del siglo XVII, y la desconfianza que entonces inspiraban todos los juegos en los que intervenía la casualidad. Sin embargo, prescindiendo de toda consideración moral sobre los diversos juegos, debemos indicar que los naipes no merecen semejante desaprobación. De hecho, su iconografía, sus figuras, especialmente en las barajas antiguas, representan una concepción filosófica de la vida, si bien simplista y popular, que puede interesar tanto desde el punto de vista psicológico como artístico. Y esto lo veremos repasando brevemente la historia de la baraja.

Su origen es incierto, aun cuando existan muchas hipótesis atractivas. La opinión más difundida es la de que las barajas nacieron en la India, como simplificación del ajedrez —también de Oriente, y acaso de la India.

La semejanza entre el juego de naipes y el de ajedrez es evidente: en el primero, cuenta más la suerte; y en el segundo, la habilidad del jugador. Pero tanto en el uno como en el otro los adversarios se enfrentan como si se tratase de ejércitos en orden de batalla.

El rey, la reina, los alfiles —que son las principales figuras del ajedrez—, corresponden a las figuras más importantes de los naipes. Los peones, que representan a los soldados, tienen la misma función que las cartas menores en las barajas. En lugar del caballo (simbolizado por el caballero) y de la torre (de la fortaleza, del castillo), en las barajas existe el as que, según los entendidos, representa la bandera o estandarte del regimiento.

Además de esta hipótesis sobre el origen de los naipes existe otra, igualmente sostenida, y no menos probable: la que afirma que las cartas derivan de ciertos juegos infantiles llamados en árabe naib o nahib, ya conocidos en Italia a principios del siglo XIV. En rigor, es posible que haya sucedido lo contrario, es decir, que dichos juegos llamados naib se inspirasen de los naipes usados por los adultos.

cartas tarot

También de los muchos tipos de barajas de naipes, uno de los más antiguos es la baraja de tarot, en la actualidad utilizado como un medio para predecir la fortuna. Una baraja de tarot consiste en 78 naipes, 22 de los cuales retratan objetos o personajes simbólicos o alegóricos.

Es casi un hecho que las primeras barajas aparecieron en España e Italia, probablemente introducidas en esos países por los árabes a mediados del siglo XIV; allí, siguiendo un natural proceso de asimilación, se cambiaron las figuras primitivas, acomodándolas a las costumbres de la sociedad europea. Que junto a los naipes europeos existiese aún la baraja árabe, se prueba por el hecho de que, en un inventario de los objetos pertenecientes al duque de Orleáns, realizado en 1408, se mencionan dos tipos de barajas diferentes, uno de los cuales defínese como «sarraceno».

Las cartas se difundieron inmediatamente en todos los países, especialmente en Alemania, Bélgica y Francia, ganando la aprobación y la entusiasta adhesión de todas las clases sociales: así lo establece una leyenda según la cual los naipes fueron inventados por un cortesano francés para distracción de Carlos VI (el rey loco), que fue un apasionado jugador.

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Cada país ha diferenciado perfectamente sus naipes. En Alemania, las figuras representaban animales, flores, figuras humanas, etc., y las barajas eran de gran tamaño. Famosos artistas se dedicaron al diseño de naipes, especialmente en los siglos XV y XVI. Además de la fantasía —prodigiosa por cierto—, los miniaturistas se inspiraron en motivos de la historia antigua y de la mitología.

Desde su primera aparición, las barajas se diferenciaron netamente según los países. Alemania tuvo, en los siglos XIV y XV, cartas de grandes dimensiones, cuyas figuras representaban, sobre todo, objetos animados. En 1400 aparecieron una serie de naipes redondos, originales y de exquisita factura.

La baraja numerada —empleada en la actualidad— fue la primera que los franceses usaron en sus juegos; pero una infinidad de figuras —personajes célebres de la historia, seres mitológicos, fantásticos y alegóricos— hicieron variar al infinito los naipes de Francia. Series enteras se conservan en los museos, y todas sumamente apreciables: las pintadas en Lyón en el siglo XV, ilustradas con figuras mitológicas, y las de Dijón y de Ruán, hechas en Italia y grabadas en madera en el siglo XVI, son las más hermosas de la época.

De invención italiana fueron los tarocchi: mazo de 78 naipes subdivididos en 22 triunfos, representados por distintas figuras, entre las cuales había oro, copa, basto y espada. Estas figuras han llegado a las barajas actuales, y con ellas se juega al «truco», a la «escoba», al «mus», al «tute», al «siete y medio», etc.

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Además de los tarocchi, muy difundidos por aquel entonces en casi todos los países, existían otros juegos que, si bien se miran, eran simples variantes —más o menos interesantes— de aquéllos. Las series de estos juegos tomaron los nombres de las ciudades o lugares donde más se practicaban.

Se ha dicho que tales juegos introdujeron modificaciones en los naipes, sobre todo en los mazos, en los que el número de cartas había llegado a 48 ó 52.

En Alemania existían, además, barajas que hoy diríamos «de lujo», para las clases más elevadas, y otras «comunes», para las gentes del pueblo. Tanto las cartas de lujo como las simples, quizás por coincidencia, estaban signadas con símbolos iguales o semejantes a los naipes italianos: cimitarras, copas, granadas y bastos.

Esta igualdad de símbolos en las barajas comunes de todos los países, ha despertado la curiosidad de los estudiosos, que han querido reconocer en ellos los emblemas de las cuatro clases sociales más importantes de la Edad Media: oros o granadas representarían en tal caso a los mercaderes, copas al clero, bastos a los campesinos, espadas o cimitarras a los guerreros.

Pero es en Francia donde, desde el siglo, XV, se utiliza un tipo de naipes muy similares a los que hoy se conocen. En dicha baraja se distinguen cuatro figuras: corazón, carro (llamada también diamante), flor (o trébol) y pique. Dadas también otras figuras (rey, caballo, sota), se estima que tales símbolos eran guerreros.

Éste es el tipo de mazo, de 52 cartas, que ha tenido más fortuna en el curso de los siglos, puesto que ha llegado hasta nosotros, según la iconografía del siglo XVIII.

Recordemos que, como todos los juegos, el de los naipes se creó de acuerdo con las características del tiempo y de las personas. Así existieron, especialmente en Alemania y Francia, naipes humorísticos: barajas con figuras de animales, de flores, de trajes y tocados de moda; naipes satíricos, que revelaban las reacciones del pueblo respecto de sus gobernantes (se conservan, verbigracia, algunos ejemplares de cartas alemanas del siglo XV, donde el rey rige el abanico y la reina el cetro); barajas instructivas para uso de los niños —y también de los grandes—, con figuras tomadas de la historia, de la geografía, de la botánica, etc.

Interesantísimas, tanto desde el punto de vista histórico como artístico fueron las  cartas francesas  contemporáneas de la Revolución y del imperio napoleónico. El rey fue reemplazado entonces por un hombre con el gorro frigio, llamado genio de la guerra, del comercio, de la paz, de las artes, según la serie a la cual pertenecía; las cuatro reinas representaron respectivamente la libertad de profesión, de matrimonio, de prensa y de culto; las sotas se transformaron en igualdad de clases, de derechos y obligaciones.

Semejante mutación se produjo también en época de Napoleón, en que las principales figuras se sustituyeron por los más célebres personajes políticos de entonces: el rey, como es natural, tomó semblanzas de Napoleón.

Son muchos los juegos de naipes que se conocen en diversos países; tres de los que han alcanzado aceptación más general son el poker, la canasta y el bridge. El poker es un juego para un número cualquiera de personas siempre que éstas no sean menos de dos ni más de ocho; cada participante debe jugar por su propia cuenta. La canasta suele jugarse entre dos parejas; se requieren dos barajas francesas y el objeto principal es completar series de siete cartas de una misma categoría, llamadas canastas. El bridge es un juego para cuatro personas; los jugadores procuran obtener los triunfos y las cartas inactivas; la partida completa de bridge concluye cuando se acumulan varios millares de puntos, fijados de antemano.

Antiguamente, los naipes eran de mayor dimensión que los de ahora. Para uso de los príncipes se hicieron preciosos mazos diseñados por los mejores artistas, de los cuales nos han llegado sólo algunos —muy pocos— ejemplares. Son célebres los naipes de Mantegna que, si en verdad no fueron realizados por el pintor del mismo nombre, por lo menos se atribuyen a la escuela de Padua.

Las cartas comunes, en cambio, fueron estampadas con matrices de madera; pero es justamente en los naipes donde por primera vez se aplica la xilografía.

Lo mismo que ahora, en casi todos los países la fabricación y el comercio de barajas ha estado sometido al control y a los impuestos del Estado. La fabricación de cartas se hace hoy con mucho cuidado: además de la perfecta ejecución de los grabados y figuras, se procura que no tengan ningún defecto. Por eso todo naipe está formado de tres cartulinas superpuestas, siendo la del medio de color oscuro para evitar la transparencia. Un barniz especial preserva a cada carta del desgaste por el uso.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Los Naipes-

 

Vida de Kaspar Hauser Misterioso Caso del Joven Alemán

Vida Enigmática de Kaspar Hauser

Se lo conoció como el «muchacho venido de ninguna parte», y unos cuantos años antes de su enigmática muerte en 1833, su extraordinaria historia fue comentario obligado en toda Europa.

Un muchacho de unos 16 o 17 años, abandonado, llegó a la ciudad de Nüremberg, Alemania el 26 de mayo de 1828. Tenía los pies ensangrentados y aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida.

Su ropa con restos de seda, que había sido buena en alguna ocasión, se encontraba ahora tan andrajosa como la de un espantapájaros. Sus piernas estaban casi paralizadas por unas botas mucho más pequeñas que las de su tamaño, reforzadas con herraduras y clavos. De ellas asomaban unos dedos ensangrentados.

Kaspar Hause

Retrato de Kaspar Hauser en los últimos años de su vida, cuando su extraña historia se
transformó en el gran comentario de Europa. Esta historia se ha transformado en una leyenda, y con distintas versiones, por ejemplo se dice que siendo adolescente Hauser se presentó en comisaría con un papel en el que estaba escrito su nombre. No sabía hablar ni escribir y se descubrió que había vivido toda su vida en una cueva, en completo aislamiento.

Le entregó al primer transeúnte que lo vio unas cartas dirigidas «al capitán del 4to Escuadrón, Regimiento 6to de Caballería». Allí fue llevado.

Mientras esperaba la llegada del capitán exhibió la primera de las extrañas reacciones que habrían de convencer a muchísimas personas de que el forastero había permanecido la mayor parte de su vida aislado del mundo: interesado en la llama de una vela, trató de agarrarla, profiriendo un agudo grito al quemarse.

El olor de lo que se cocinaba le causó náuseas, y casi se desmaya frente al jamón y la cerveza que le ofrecieron.

Comió vorazmente pan y agua, y experimentó terror frente a un reloj de péndulo, quizá considerándolo un ser vivo.

Frente al capitán balbuceó: «quiero ser soldado como mi padre…».

En las cartas se repetía casi como una súplica la necesidad de transformar a su portador en un soldado de caballería. Y ambas concluían con el siguiente texto: «si no quiere conservarlo, debe matarlo con la espada o colgarlo». El capitán se desentendió del asunto y entregó al muchacho a la policía local.

Al proporcionarle un lápiz y pedirle que escriba su nombre, escribió decididamente «KASPAR HAUSER». Fuera de eso, replicó «no sé» a todas las preguntas que se le formularon.

Después de un tiempo el muchacho se transformó en una atracción pública y la gente concurría a verlo comer su pan en la celda. Más tarde sobrevino un aprendizaje sorprendentemente rápido.

A las seis semanas hablaba con fluidez y podía leer y escribir, y al cabo de un tiempo pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Según su relato, siempre estuvo prisionero en un calabozo, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimentó que alguien le llevaba mientras dormía.

De vez en cuando, su agua tenía gusto amargo. Esto lo hacía dormirse, y cuando despertaba se encontraba aseado y cambiado. Tiempo antes de su partida, un hombre se introducía en la celda y le enseñaba a escribir su nombre y las frases que le diría al capitán.

Luego de este relato, Kaspar Hauser se transformó en una celebridad. Las dudas sobre su origen apuntaban a la nobleza que, por algún motivo, quiso mantenerlo oculto durante todo ese tiempo. Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias.

Y el fin llegó de una manera tan enigmática como el resto de esta historia: el 14 de diciembre de 1833 apareció con numerosas heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado. Según dijo, fue atacado por un extraño que le entregó, antes de herirlo, una nota en la que escribió: «soy de la orilla del río… mi nombre es MLO». Para aumentar el misterio, la frase estaba escrita de manera especular, es decir, sólo podía ser leída con ayuda de un espejo.

¿De dónde salió Kaspar Hauser?, ¿quién o quiénes se tomaron el trabajo de mantenerlo oculto tantos años, para luego liberarlo sin ningún motivo aparente?, ¿por qué murió?… Todos estos interrogantes forman parte de uno de los grandes misterios de la historia, un misterio que para los hombres de hoy no podrá escapar a la siguiente calificación: «Sin Respuesta…».

El gran director Werner Herzog creó en 1974 una película narrando la historia de este muchacho, mostrando la crueldad humana, capaz de imposibilitar la evolución de otras personas, adueñándose de su libertad, privándolas de la oportunidad de ser educadas, de estar en contacto con seres racionales y de poder desarrollarse espiritualmente. En este sentido, ha servido para evaluar el desarrollo humano cuando se sufren carencias afectivas y educacionales severas.

Fuente Consultada: Magazine Enciclopedia Popular N°27 Año 3 Casos Sin Respuestas

Lagarto Que Camina Sobre el Agua En Dos Patas Reptil Bisiliscus

Lagarto Que Camina Sobre el Agua En Dos Patas
Reptil Bisiliscus

Para sorpresa de los zoólogos, un reptil ostenta el privilegio de correr en el agua. Le llaman «Cresta» por su parecido con los gallos y vive entre el Golfo de México y el Ecuador.

Al principio, los científicos no lo podían creer. Los primeros exploradores narraron a sus atónitos interlocutores más de un encuentro casual con un animal que podría caratularse como monstruoso, mítico o, simplemente una foto, por ejemplo, los mismos incrédulos y escépticos científicos buscaron una explicación en su metier para tan extraña criatura.

basiliscus reptil camina sobre el agua

Comenzaron por bautizarlo. A tai efecto, recurrieron al latín: Basíliscus plumifrons; claro que en el laboratorio y por ei gran parecido que su cabeza tiene con le cresta de un gallo se lo llama simplemente así: cresta, con un largo de 80 centímetros el parecido de este reptil con el que de corral, no es su principal característica. La más notable cualidad de este animalito es su estrategia de fuga frente a los predadores: huye de pie sobre el agua.

Este poder nada tiene mágico o misterioso como las referencias que al respecto a las caminatas que tiene al agua como superficie- podemos encontrar en la Biblia. En síntesis, no se trata de un poder milagroso.

La ligereza de su paso y la notable velocidad (12 kilómetros por hora), se deben a que el Basiliscus casi no emerge las patas posteriores del agua lo que da como resultado que estas extremidades aprovechen la tensión superficial del agua y operen en forma similar a las paletas que se utilizan para caminar sobre la nieve.

Mientras tanto, las patas anteriores -que son mucho más cortas– así como su Sarga cola, sirven para que este curioso animal pueda mantener el equilibrio y pueda, a su vez, desplegar la velocidad que habitualmente utiliza para huir de sus enemigos. Su recorrido no es de unos pocos pasos. Se ha visto al basiliscus atravesar un lago con no menos de 400 metros de diámetro.

Su habitat es cálldo-tropical y hasta el momento, sólo han podido verse algunos ejemplares en América del Sur, en los países que se encuentran ubicados en el mapa entre el Golfo de México y el Ecuador. Su dieta es a base de hierbas y de algunos pequeños insectos.

Asimismo resulta importante destacar que ningún ejemplar de Cresta de Gallo ha podido capturarse para mantenerlo vivo en un zoológico. Otro dato de singular importancia es que jamás se lo ha visto caminar sobre el mar. Al parecer, los basiliscus, sienten especial debilidad por las aguas dulces.


Fuente: Magazine Enciclopedia Popular N°10 Año 1

Personajes Mas Populares del Mundo-Famosos de la Historia

Personajes Mas Populares del Mundo de la Historia Actual

papa francisco

1-PAPA FRANCISCO

Francisco  de nombre secular Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, Argentina, 17 de diciembre de 1936) es el 266.º y actual papa de la Iglesia católica.5 Como tal, es el jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Tras la renuncia al cargo de Benedicto XVI, fue elegido el 13 de marzo de 2013 en la quinta votación efectuada durante el segundo día de cónclave.

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obama

2-BARACK OBAMA

Nacido en Honolulu, Estados Unidos, 4 de agosto de 1961), conocido como Barack Obama, es el cuadragésimo cuarto y actual Presidente de los Estados Unidos. Fue senador por el estado de Illinois desde el 3 de enero de 2005 hasta su renuncia el 16 de noviembre de 2008.5 Además, es el quinto legislador afroamericano en el Senado de los Estados Unidos, tercero desde la era de reconstrucción. También fue el primer candidato afroamericano nominado a la presidencia por el Partido Demócrata y es el primero en ejercer el cargo presidencial

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gandhi

3-GANDHI

Mahatma Gandhi (Porbandar, India británica, 2 de octubre de 1869 – Nueva Delhi, Unión de la India, 30 de enero de 1948) fue un abogado, pensador y político hindú. Recibió de Rabindranat Tagore el nombre honorífico de Mahatma (comp. en sánscrito e hindi de mahā: ‘grande’ y ātmā: ‘alma’). En la India también se le llamaba Bāpu (બાપુ), ‘padre’ en idioma guyaratí.

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hitler

4-ADOLF HITLER

Nacido en Braunau am Inn, Imperio austrohúngaro, 20 de abril de 1889 – Berlín, Alemania, 30 de abril de 1945. Fue el presidente y canciller de Alemania entre 1933 y 1945. Llevó al poder al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán o Partido Nazi,2 y lideró un régimen totalitario durante el periodo conocido como Tercer Reich o Alemania nazi. Además, fue quien dirigió a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, iniciada por él con el propósito principal de cumplir sus previos planes expansionistas en Europa.

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messi

5-LIONEL MESSI

Lionel Andrés Messi Cuccittini (Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 24 de junio de 1987), conocido también como Leo Messi, es un futbolista y medallista olímpico argentino que también posee la nacionalidad española desde el año 2005. Juega como delantero en el F. C. Barcelona, de la Primera División de España, y en la selección de fútbol de Argentina, de la cual es también capitán.

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beatles

6-LOS BEATLES
Fue una banda de rock inglesa activa durante la década de 1960, y reconocida como la más exitosa comercialmente y críticamente aclamada en la historia de la música popular.1 2 3 4 5 6 Formada en Liverpool, estuvo constituida desde 1962 por John Lennon (guitarra rítmica, vocalista), Paul McCartney (bajo, vocalista), George Harrison (guitarra solista, vocalista) y Ringo Starr (batería, vocalista). La naturaleza de su enorme popularidad, que había emergido primeramente con la moda de la «Beatlemanía», se transformó al tiempo que sus composiciones se volvieron más sofisticadas. Llegaron a ser percibidos como la encarnación de los ideales progresistas, extendiendo su influencia en las revoluciones sociales y culturales de la década de 1960.

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7-DALAI LAMA
El Dalái Lama (de la palabra mongola dalai, «océano», y de la tibetana lama, «maestro espiritual» o «gurú») es el título que obtiene el dirigente del Gobierno tibetano en el exilio y el líder espiritual del lamaísmo o budismo tibetano. El actual Dalái Lama es Tenzin Gyatso (6 de julio de 1935).

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8-MARADONA
Diego Armando Maradona (Lanús, Argentina, 30 de octubre de 1960) es un exfutbolista y director técnico argentino. Es considerado como uno de los mejores jugadores en la historia de este deporte, siendo calificado por muchos futbolistas y exfutbolistas,4 5 6 7 8 9 por periodistas y prensa en general,10 11 12 13 por personalidades, técnicos y relacionados a entes deportivos y admiradores del fútbol en general,14 15 16 17 18 como el mejor futbolista de la historia, asimismo ha sido catalogado como el mejor jugador de la historia de los mundiales,19.

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9-NELSON MANDELA
Nelson Rolihlahla Mandela (Mvezo, Unión de Sudáfrica, 18 de julio de 1918 – Johannesburgo, Gauteng, Sudáfrica, 5 de diciembre de 2013),1 2 fue un abogado, político, líder del Congreso Nacional Africano (CNA). Pasó de terrorista a político hasta llegar a presidente de Sudáfrica (1994 – 1999).Encabezó la rama violenta de la oposición sudafricana al régimen del Apartheid con sabotajes primero y posteriormente asesinatos y atentados con minas antipersonal e incursiones armadas. En 1962 fue arrestado y condenado por sabotaje, además de otros cargos, a cadena perpetua. La mayor parte de los más de 27 años que estuvo en la cárcel los pasó en la prisión-isla de Robben Island.

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10-BILL GATES

(Seattle, Washington, 28 de octubre de 1955),más conocido como Bill Gates, es un empresario y filántropo estadounidense, cofundador de la empresa de software Microsoft junto con Paul Allen.4 Su fortuna está estimada en 78 mil millones de dólares según Forbes, la cual en 2013 aumentó en 15.8 mil millones de dólares, convirtiéndolo así en el hombre más rico del mundo y recuperando el título que anteriormente estaba en manos de Carlos Slim. Además, cabe recordar que Bill Gates donó 38 mil millones de dólares a caridad mediante su Fundación Bill y Melinda Gates, esto quiere decir que si no le interesara la filantropía, tendría 116 mil millones de dólares de patrimonio neto.

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Lorenzon Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LORENZON

«A mí lo que me preocupa son los comentarios malintencionados», dijo Lorenzón mientras se rascaba obsesivamente la testa.

“No te aflijas”, le contesté, “acordate de Bermúdez. Todo el mundo lo acusaba del asunto de la ferretería y, al final, resultó ser inocente”.

«Sí, pero terminó ahorcándose», insistió Lorenzón con tono sarcástico.

Nos sentamos a la mesita del rincón desde donde, casi ocultos, podíamos campanear todo el movimiento del Bar de los gallegos. Las luces bajas y amarillentas de las mesas de billar formaban triángulos truncos que parecían apoyarse en el paño verde y contener entre sus definidas paredes, espesas masas de un humo perezoso y azul que ascendía en cámara lenta y sólo se agitaba espasmódicamente cuando un jugador penetraba en la campana de luz para ejecutar una carambola difícil.

Un bafle de madera aglomerada colgaba sobre nuestras cabezas y nos obligaba a hablar a los gritos.

«Ahí viene», dijo Lorenzón casi resignado.

Lucrecia entró al Bar como si saliera a la pasarela y enfiló directamente hacia nosotros, ignorando olímpicamente las miradas babosas que le bañaban el cuerpo de sílfide.

Atiné a sacarle una silla de manera tan torpe que se me cayeron los anteojos al inclinarme.

Lucrecia, por supuesto, eligió otra y se sentó con una sonrisa

burlona y casi imperceptible, dejándome desairado y en ridículo tanteando el suelo mugriento.

«Y entonces?», nos dijo sin más.

Lorenzón boqueaba como un pescado fuera del agua y se rascaba la cabeza de tal manera que me dolía a mí.

Lucrecia encendió un cigarrillo tan fino y largo como sus femeninos dedos de aguja.- Aspiró profundamente y se tomó todo el tiempo del mundo en exhalar divertida y con un mohín encantador y perverso el humo, mirando hacia el techo.

Después, sólo después, nos miró a los ojos, haciéndonos desviar la vista como temerosos de sufrir una súbita y ardiente ceguera.

Miré de manera cobarde a Lorenzón. Seguía  mudo.

«¿Tomás algo?», se me ocurrió decir en otro arranque de torpeza caballeresca.

El mozo -que obviamente ya sabía lo que siempre se servía Lucrecia-  estaba parado cual estatua con la margarita de rigor. Me miró de reojo como a un principiante y con una sonrisa cortés,  le dejó el trago sobre la mesa.

» ¿Y entonces?», volvió a cargar con divertida -para ella- crueldad.

«Mirá Lucrecia”… comenzó Lorenzón, “Lo que pasa es que yo … nosotros… vos sabés…».

«¿Que?».

«…»

«Dale. ¿Que es lo que yo sé?»

«Que no es algo tan fácil. Que no se si voy a poder.»

«Pero a eso ya me lo dijiste la semana pasada. Para eso esperamos hasta hoy», dijo Lucrecia más concentrada en revolver lentamente el sorbette en el vaso, que en sus sufrientes interlocutores.

«Lo que pasa es que Lorenzón…», intenté salvarlo.

«Y vos, de qué la jugás?»,  me cortó con una sonrisa helada.

«No. Yo lo acompaño nomás. Yo, nada que ver. Pasaba y él me contó».

Perdí la vista en el piso y sentí la mirada de Lorenzón, como la de un náufrago al que acababa de soltar la mano, vencido por la tempestad. Permanecí mudo y atormentado por mi cobardía durante los infinitos minutos que duró la conversación.

Lucrecia, se levantó deslizándonos un «chau» cargado de sensual desprecio y la vi alejarse abriéndose paso sin necesidad de pedir permiso entre los parroquianos que se hacían a un lado en un silencio libidinoso.

Escuché a Lorenzón a mi lado, meterse apurado los últimos tragos de cerveza. No me atreví a mirarlo y sé que ya tampoco me veía. Oí el ruido del grueso vaso de vidrio apoyándose contra la mesita, el arrastrarse de su silla al levantarse y algunos pasos de su retirada que hasta hoy me retumban en la cabeza como tambores de orquesta.

Me quedé solo con mi infierno mental de culpas e imágenes mirando el suelo no sé cuánto tiempo. Solamente levanté la vista cuando el mozo me dijo que cerraban. Pagué la cuenta sin hablar. Atravesé el salón vacío y vi que estaba amaneciendo.- Por el costado de las vías era el camino más largo a casa, pero sabía que no podía hacer más que transitarlo.

A lo lejos, dibujado contra un inmenso y espantoso sol rojo, vi el bulto que colgaba de los tirantes salientes de un galpón. Cuando crucé a su lado lleno de vergüenza, casi me detengo a pedirle perdón. Pero Lorenzón  ya no me escuchaba.

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La Cena Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LA CENA 

Estaban cenando como todas las noches. Como todas las noches, visita; esta vez los tíos. Como todas las noches, sus hermanas conversaban animadamente con su madre. Como todas las noches, el padre ausente, la mesa cuadrada, el mantel de hilo a cuadros azules y blancos, el hule transparente, las banquetas largas y apretadas contra la pared, de modo tal que sentarse primero implicaba una difícil maniobra, consistente en recorrer todo el largo de la mesa hasta el sitio indicado, con el cuerpo echado hacia atrás, casi sentado en el aire, las piernas debajo de la mesa, dando pasos laterales, las manos sobre la tabla, como tocando un piano sin teclas, porque estaba secretamente prohibido, de eso estaba seguro, girar el torso y apoyarse contra la pared en el dificultoso avance.

Hubiera sido más fácil correrse lateralmente hacia el lugar por medio de sucesivas sentadas, pero eso era de mujeres.

Arroz caliente mezclado con zanahoria rallada fría. Horrible. ¿Cuantas veces tendría que decir a su madre que no mezclara lo frío y lo caliente?

En ese pensamiento estaba sumido cuando levanto la vista y sobre la pared de enfrente vio el cuadro. ¡Nadie hacía nada y el cuadro estaba ahí! Espantoso, cada vez más rojo, latía a punto de estallar. ¡Y todos seguían hablando como si nada ocurriera! Abrió la boca para gritar, pero no tenía voz, apenas un sonido ahogado, forzado, que sin embargo fue suficiente para llamar la atención de los comensales que lo miraron sorprendidos. El cuadro era cada vez mas aterrador, bordó, con esas sombras, emanando maldad.

Saltó sobre la mesa con un estrépito de vajilla y cubiertos hechos trizas, resbaló tirando casi todo el mantel sobre su banqueta, lo alcanzó y gritando horrorizado le pegó trompadas con toda la fuerza que nace del pánico.

A cada golpe, del cuadro saltaba sangre, pero eso no era suficiente. Golpeó y golpeó, a pesar de los gritos del resto, que se oían muy lejanos. Nadie podía detenerlo. Sólo paró cuando quedó exhausto y afónico. Eso ya no lo recuerda bien. Hoy come en el patio, en la soledad, donde no hay lugares estrechos que recorrer para sentarse, ni paredes donde colgar cuadros espantosos.

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Un Cuento Policial Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

UN CUENTO POLICIAL 

Las seis en punto de la mañana. Nadie se hubiera imaginado que al levantar las persianas del almacén, Aguirre se encontraría con el cadáver de Eulogio Argañaráz, ex Jefe de la Estación del ferrocarril, que se encontraba, casi como descansando apoltronado en la silla de mimbre ubicada al lado de los baños, debajo del cartel de cigarrillos «Máximos».

Si no fuera por el delgado hilo de sangre que partía desde su garganta y recorría caprichosamente todo el largo de la camisa celeste, para formar un rojo y pobre lago bajo la pernera izquierda del pantalón, cualquier distraído hubiera hecho caso omiso de la presencia del muerto en aquel rincón del local.

Sin embargo, Aguirre era un tipo despierto y, apenas levantó la pesada cortina metálica, advirtió la funesta anormalidad en el paisaje cotidiano del almacén.

Se acercó al muerto con esa precaución innecesaria que se tiene frente al descubrimiento de un cadáver.- ¿Acaso Argañaráz iba a levantarse súbitamente, con los brazos alzados y a gritarle en la cara para aterrarlo? ¿Acaso podría el muerto estallar como una bomba?. Era simplemente un muerto y como tal, absolutamente inofensivo. Sin embargo, Aguirre avanzó lenta y silenciosamente hasta detenerse al lado de Argañaráz. Conteniendo  incluso la respiración y con la boca y los ojos bien abiertos,  se inclinó sobre el finado  apoyándose las manos en las rodillas. Dio un pequeño respingo cuando advirtió el hilito de sangre que nacía en el cuello de Argañaráz, pero de inmediato retomó la compostura y se acercó esta vez sin miedo alguno, presa de una morbosa curiosidad a observar de cerca.- Siguió el camino de la sangre y descubrió el charquito junto al zapato de Argañaráz.

Un persistente dolor de quijadas lo torturaba y, de pronto tomó conciencia de su boca abierta a más no poder desde que había descubierto el cadáver.- Cerró la boca, tragó dificultosamente saliva y decidió llamar a la policía.- Corrió hacia el teléfono que estaba en la esquina del mostrador y apenas marcó el número de la Comisaría, quedó como petrificado con el  tubo  al oído.- ¿Cómo explicaría la presencia de Argañaráz en su almacén?. ¿Le creerían que lo descubrió ya muerto al levantar las persianas?¿Lo detendrían bajo el cargo de homicidio?

– Comisaría Séptima, buenos días…

– ….

– Buenos días, ¿quién habla?.

-….

-Hola?

– e… equivocado. CLACK!

Aguirre tenía otra vez la boca  abierta y muda. Su vista estaba fija en su propia mano húmeda, blanca,  que apretaba el tubo del teléfono contra el aparato, como temiendo que se descolgara solo y lo pusiera  otra vez en comunicación directa con sus perseguidores.- Respiraba agitadamente y trataba de ordenar su mente, pero  sus pensamientos habían ya cobrado independencia. Surgían tenebrosos y de a miles, se entremezclaban y superponían a gran velocidad.

Como un autómata se sirvió un vasito culón de ginebra para entonarse y ordenar los pensamientos.

El primer dato de cordura lo asaltó instantáneamente.-  Las huellas dactilares!.

Sí, sus huellas quedarían estampadas en el vasito culón y en  la botella de ginebra Llave.

Dios mío, .-pensó-. También en el teléfono y en la cinta de la persiana!!.- Y en el picaporte…

-Estoy hasta las pelotas- , se dijo Aguirre mientras se servía un segundo vasito de ginebra.-

Había estado preso por cuarenta y ocho horas en averiguación de antecedentes, aquella vez,  como treinta años atrás, cuando se le ocurrió quedarse a curiosear la pelea de un viejo, finalmente cortado en la panza por una botella quebrada en la barra del cabaret, blandida por un  paraguayo que le disputaba una bailarina.- Esas cuarenta y ocho horas le habían resultado infinitas e interminables.- No podría soportar una condena perpetua.

La sola idea lo atormentaba.

-Debo borrar toda huella-, pensó.

Instintivamente abrió el cajón de los repasadores y  tomó el trapo verde.

-Es imposible!!!, cayó en la cuenta.

Había dejado sus marcas en la  manija del cajón y apoyado  torpemente su mano entera sobre el mostrador.

-Cada movimiento que hago deja mis marcas. Me haré prófugo.

Corrió  aturdido por la desesperación hacia la puerta del almacén. y casi  se le detuvo el corazón cuando se encontró cara a cara con  Doña Dalia que, maldita costumbre, vino a primera hora a llevar su habitual cuarto de membrillo para el vientre flojo.

-Está cerrado- atinó a decir.

Doña Dalia lo hizo a un lado, con la prepotencia tetona de las viejas de barrio y le contestó al pasar que se deje de pavadas, que para que levantaba entonces las persianas si no quería atender a la gente.

El resto fue cuestión de segundos.

Doña Dalia  cayó seca a sus pies, con la boca en «o» y los ojos abiertos y censores.

-Ahora llevo dos muertos a cuesta-, se dijo Aguirre, mientras soltaba  displicente el ensangrentado taburete.

Caminó sin rumbo por el almacén un instante.

Se detuvo debajo del foco antibichos a pensar.. Se cubrió el rostro con sus manos y cayó de rodillas al escuchar la partida policial que ingresaba al lugar.

Mudo, eternamente mudo y sin excusas, se dejó llevar hasta la Seccional.

Los diarios locales de la época expusieron su condición de monstruo.

No siempre Dios ayuda al que madruga.

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Anecdotas de Javier Mendez Cuentos Pendientes Jugar con Arena

ARENA 

Llegamos a Villa Sarmiento a pasar las vacaciones de verano. En aquel entonces, dos tías solteronas ocupaban la casona que fuera de mis abuelos. Sobraba lugar. Nada hacía suponer que nos íbamos a entretener, pero a pesar de las enérgicas protestas que elevábamos con mis hermanos, hacía como tres años seguidos que veníamos al mismo pueblo los primeros días de enero. Mis padres aducían cariño a las tías. Yo creo que era falta de presupuesto.

Había un pibe, a la vuelta de la esquina. Él era nuestro compañero de juegos. Ese año la novedad fueron las enormes montañas de arena (yo les llamaba inadecuadamente dunas -por mi paso por el mar-) que una compañía constructora  había  levantado  en un gran terreno baldío. Prácticamente era una manzana entera. Recuerdo muchas manzanas baldías en Villa Sarmiento.

Escalábamos las montañas amarillas valiéndonos de unos palos, a modo de bastones,  que enterrábamos en la arena a medida que ascendíamos. Una siesta infernal, el chico de a la vuelta se fue hacia atrás en plena escalada, rodó  por sus espaldas y cayó contra una pared socavada por las máquinas excavadoras de la duna de al lado. Enseguida vino el desmoronamiento y, casi como un áureo  monstruo, la montaña se lo tragó.

Descendimos con mucho cuidado, clavando a fondo nuestros bastones a un costado del cuerpo y afirmando bien los talones en cada paso, temerosos de sufrir la misma suerte que el pibe. Lo buscamos un buen rato sin éxito. Cuando se hizo de tardecita volvimos a la casona a tomar la leche y resolvimos que lo mejor sería no comentar nada a nuestros padres, pues se disgustarían al enterarse de que habíamos ido a trepar montañas con los zapatos de salir. Al año siguiente, sobre el terreno que ocupaban las dunas, se levantaba un importante edificio con un  cartel que decía «Escuela de Educación Técnica».  A una de las aulas le pusieron el nombre del pibe.

Cuando pedí permiso para ir a su casa a invitarlo a jugar (después de todo, se había convertido en una celebridad y yo era su amigo), mis padres y  tías se miraron como espantados y finalmente me contestaron que ya no vivía  más allí. Pienso que se habrá ido de la vergüenza, por temor a que un día volviéramos con mis hermanos para delatarlo. Solamente nosotros sabemos la verdad: el premio que le han dado al ponerle su nombre al aula es injusto. Él se cayó cuando apenas iba por la mitad del camino. Nosotros sí llegamos a la cima. En lo que a mí respecta, estoy un poco decepcionado con el pibe. Él debería estar tranquilo. Yo sé guardar secretos.

Cuentos Cortos Mi Juego de Javier Mendez Anecdotas de Mi Vida

EL COBARDE

Cuando era pibe, hubo un período en que en el pueblo se puso de moda, organizar festivales boxísticos.

Cualquier excusa, la construcción de un aula nueva para la escuela más humilde, la colecta de fondos  para la parroquia local, la remodelación de la sede del club del barrio, era buena para organizar un festival de box, en el que unos pobres desgraciados se reventaban a trompadas por un sandwich y una Coca que se los podía ver consumir, acodados en el borde mismo del precario cuadrilátero, al poco rato de terminar su combate, mientras miraban, con ojos ausentes, el martirio de sus no menos infelices colegas.

A falta de otras atracciones y por temor a parecer extraño, yo concurría con mis amigos a ver tales patéticos espectáculos.

El ring era construido sobre un armazón de caños oxidados, donde se apoyaban tablones en forma despareja, los que luego eran cubiertos con una gruesa lona que conservaba manchas grasientas en las cuatro esquinas y que no lograba disimular enteramente los desniveles del tablado. Eso, lejos de resultar un inconveniente, parece ser que beneficiaba al espectáculo, ya que el irregular piso solía provocar inesperadas caídas de los contendientes, que no se sabía a ciencia cierta si se precipitaban al suelo por los desmañados mamporros del rival, por propio cansancio o justamente por una traición de lona y tablas.

Cualquiera fuera la causa, en definitiva, el efecto era el mismo: los alcoholizados espectadores irrumpían en un frenesí de alaridos espantosos, levantando los puños apretados, saltando  y diciendo malas palabras (allí, en la cancha de fútbol y en los recreos de la escuela aprendí casi todas mis malas palabras).

Enseguida me percaté de que tal reacción del público no era de furia,  indignación,  horror o algo parecido,  sino  por el contrario, los hombres (porque allí concurrían casi exclusivamente hombres, no como en las peleas de la TV, donde se ven en la platea rubias señoritas con faldas cortas y tapados de armiño), se regocijaban ante el sufrimiento de los protagonistas.

No puedo olvidar el tañer desafinado del gong (que nunca alcancé a divisar, pero que, adivino, no era tal  sino uno de los caños que sostenían el ring, golpeado por una barra de hierro), el sonido de los tablones mal pisados por los peleadores, el raspar de las zapatillas contra la gruesa lona y sobre todo el desagradable y espantoso ruido de las trompadas que llegaban a destino, casi siempre bajo la forma de abierta cachetada de payaso.

Varios días antes del festival, por medio de la publicidad rodante (un viejo auto negro, tipo cascarudo, con gigantescos parlantes grises con forma de vitrola en el techo), se anunciaba el espectáculo, prometiéndose la presencia del «Guapo Lazo», «Metralleta Céspedes», Ríos, «El Desalmado», «Sepulturero Rojas» y otros asesinos por el estilo cuyos nombres generaban escalofríos.

Con el tiempo fuimos reconociendo a los boxeadores. En realidad, la trouppe era siempre la misma con algún que otro nuevo osado gladiador muerto de hambre.

El conocimiento de los protagonistas nos permitió la licencia -en círculo de amigos- de poner nuestros propios motes a los pugilistas. Así, para nosotros Céspedes, no era “Metralleta”, sino «El Tomate», sobrenombre que le caía mucho mejor tomando en cuenta el color que adquiría su rostro apenas terminaba el primer round. Nosotros, por esa extraña vocación en favor de los perdedores, éramos hinchas del «Tomate», quien tenía la virtud de durar muchos rounds contra el verdugo que le tocara en suerte.

 Su coloración iba aumentando hacia tonos morados a medida que avanzaba la pelea y, si bien en varias ocasiones no alcanzó a escuchar la última campanada (o fierrazo), normalmente perdía por puntos y era cariñosamente abrazado y besado por el mismo tipo que dos minutos antes lo había molido a palos. (Ahí aprendí también ese asunto de la caballerosidad deportiva.)  Todos esperábamos ansiosos ese final apoteótico del “Tomate” alzado en brazos por su rival en el centro del ring y alcanzábamos a adivinar en su desfigurado rostro una especie de sonrisa (quizás pensando en la Coca y el sándwich que lo esperaban).

Un buen -o mal- día,  cuando le pregunté a un grupo de señores en que pelea le tocaba a Céspedes, me miraron con caras graves, como de reproche, y recibí la noticia que me golpeó  tan fuerte como una de las miles de trompadas que habría recibido mi ídolo: «Céspedes, murió en un festival la semana pasada, en Bovril. La culpa la tuvo el referee que no paró la pelea a tiempo».

Los demás señores asintieron con la cabeza y dedicaron entre ellos algunos comentarios al asunto, todos destinados a los malos árbitros, gente de lo peor, que se vende por unos pocos pesos y a la que no le importa la salud de los deportistas, en definitiva, depositarios de todas las culpas. (Ahí aprendí algo de eso que llaman  hipocresía.)

Apesadumbrado y confundido, me escabullí entre el gentío para informar a mis amigos de la mala nueva: nunca más veríamos combatir al “Tomate”. Mi triste información sin embargo, no pareció afectarlos demasiado y me miraron con cara de sobradores, conocedores de una novedad mucho más importante: el día anterior, sobre el cierre de las negociaciones, se había logrado la presencia en el Festival de un púgil apodado «El Cobarde», de quien mucho habíamos oído hablar, pero que nunca había peleado en nuestro pueblo.

“El Cobarde” era famoso por su extraño estilo, una particular guardia de brazos extendidos hacia adelante y la cabeza girada hacia atrás, que sumada a sus ojos entrecerrados le impedían ver a su rival.  Se mentaba que “El Cobarde” avanzaba a tientas con los pies y moviendo los brazos sin ton ni son, como arañando (tarea imposible, por eso de los guantes), siempre mirando hacia atrás. Cuando su rival intentaba desbordarlo en un ataque, “El Cobarde” cambiaba repentinamente su guardia, girando sobre los talones, haciéndose un ovillo humano y cubriéndose la nuca con los guantes. Esta sorprendente  estrategia de combate, a la que añadía un contraataque desgastante consistente en dejarse caer -sin perder su forma de ovillo-  contra las rodillas de su adversario, no más de dos veces por round para no perder la pelea por Knock Out técnico, lo llevaba indefectiblemente a la victoria, sea por ataque de nervios de los rivales -que abandonaban el cuadrilátero golpeando inclusive a sus propios Segundos, cuando intentaban interponerse-,  sea por lesiones en las articulaciones de las piernas, finalmente vencidas por el peso casi muerto de “El Cobarde” que les caía constantemente -a razón de dos veces por round-  en un plan de combate tan admirable como demoledor.

“El Cobarde” era odiado y temido por sus adversarios.

Todos, sin exclusión, maldecían cuando los papelitos del sorteo indicaban que su suerte estaba sellada: combatir con “El Cobarde” era derrota segura. Esa noche entonces, nos preparamos ansiosos para ver “El Cobarde” en acción. Su pelea contra «Topadora López» estaba programada para ser la última, a las once de la noche.

Sin embargo jamás nos hubiéramos podido imaginar que finalmente nunca  lograríamos ver al gran campeón en escena. Apenas terminado el noveno combate (producto de un golpe bajo sufrido por «Guapo Lazo», que resonó en el tinglado como cuando alguien revienta una bolsa del mercadito, y lo dejó fulminado en la lona con un color entre amarillo y verdoso, a pesar de los esfuerzos de los asistentes y del abundante agua fría vertida en la zona afectada), anunciaron por los altoparlantes que “El Cobarde” no sería de la partida por motivos que en breve se harían conocer al respetable público.

La noticia no pudo caer peor entre los asistentes, quienes casi de inmediato pasaron de la violencia verbal a la acción. El ring side se convirtió en un pandemonium donde volaban trompadas, sillas, patadas y botellas de cerveza desde y hacia todos los lugares. Algunos boxeadores frustrados no tardaron en subir al cuadrilátero para trenzarse en feroz combate con quien se les cruzara por delante.- En minutos el ring estaba repleto de energúmenos ensangrentados y furiosos que revoleaban trompadas y todo objeto que cayera sobre sus hinchadas cabezas.

Desesperado, no encontré mejor lugar para guarecerme que debajo del ring, entre la  estructura de caños que lo  sostenía. En esa semipenumbra, aturdido por el ruido de las pisadas que atronaban sobre el escenario, alcancé a divisar otra silueta, también acuclillada y con las manos sobre la cabeza.

Los tablones comenzaron a crujir y oí el chirrido de unos goznes del cañerío que estaban cediendo. Me arrimé como pude a la silueta, a buscar refugio y compañía en la desesperante situación. No sé por qué se me ocurrió identificarme, como si ello sirviera para algo en ese momento. Ante mi gran sorpresa, el tipo también se identificó:

«-Soy El Cobarde», dijo. Me explicó el porqué de su faltazo al combate y hasta me autografió un volante que indicaba el precio de los choripanes.

Apenas pude escapar segundos antes de que el armazón de tablas, lona y cañerío se desplomara estrepitosamente y terminara con los días del campeón. (Esa noche aprendí lo que se llama «retirarse a tiempo».)

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Cuentos Cortos: La Infiel Javier Mendez

LA INFIEL

Cantaba tangos en un cabaret de cuarta, de esos que abundan en calle Junín.

Su fuerte era “La Infiel”, de Ternengo y Baldassini. Los que frecuentaban el lugar comentaban que le ponía tanto

 sentimiento a esa canción por un asunto de polleras que en sus años de juventud lo había marcado a fuego.

Cuando alguien se le acercaba a preguntarle por la verdad de ese costado autobiográfico de la interpretación, el tipo los miraba con aire enigmático y balbuceaba cualquier respuesta incoherente, capaz de dejar desorientado hasta al más curioso. El whisky berreta y el afán del resto de pasar por “entendidos” de los códigos de la noche, hacían lo demás.

Con lo que sacaba de los dos shows, a las dos y a las cuatro de la mañana, le alcanzaba para pagar mal y tarde el alquiler de la pocilga. Tenía cuenta en el cabaret. Le hubiera alcanzado, pero lo jodían, o sospechaba, porque se perdía en el séptimo fernet y a partir de ahí no llevaba la cuenta de los tragos como parta discutir.

Todas las madrugadas, cuando llegaba a la pensión, cumplía con el mismo rito. Abría la puerta desvencijada ayudándose con un empujón del pie (había una baldosa levantada que la trababa de abajo), colgaba la llave de la trompa erguida de un elefante de yeso pintado de marrón y cubierto de polvo gris que había ganado en una noche triunfal, tumbando tarros con pelotas de media y trapo en la kermesse del barrio,  le daba un beso a ella y se tiraba en el colchón del suelo a fumar el último cigarrillo.

Después de todo, se decía, él no era más infeliz que los tipos que tiraban la guita en el cabaret donde cantaba. Seguro que flor de despelote tenían con sus mujeres como para caer ahí, o que eran almas solitarias que no habían encontrado su par. “En una de esas la regla no es que tiene que haber almas gemelas sino, como ocurre casi siempre, nacemos únicos, incompletos e infelices”, pensaba. Pero ese no era su caso. Ella estaba allí, con su mirada fría, y él estaba seguro de que no lo abandonaría nunca. De eso estaba completamente seguro y le bastaba. En esas divagaciones solía dormirse.

   Una noche faltó al cabaret. Al día siguiente, a la tardecita, cuando el dueño lo mandó a buscar, vieron por la ventana su cabeza en el colchón, ya con un tono amarillento. Parece que se murió tranquilo, durmiendo.

Lo curioso no fue encontrarlo así, final previsible si se quiere, sino el hallazgo del otro cadáver, según los informes de la policía, de una mujer joven muerta  aproximadamente veinte años atrás, que descansaba en el roperito casi vacío de la habitación.

Entre la poca ropa del tipo encontraron la libreta de enrolamiento para hacer los trámites de rigor. Se llamaba Evaristo Ternengo Baldassini.

Cuentos Cortos de Javier Mendez Historias Verdaderas en mi Infancia

RELICARIO 

Bajé los desparejos escalones, como si conociera palmo a palmo  ese antiquísimo territorio, no obstante no

 haberlo andado nunca en mi vida.

Llegué hasta el cofre, en realidad un  tosco y antiguo baúl armado a martillazos apurados hacía cientos de años que me hizo reflexionar sobre lo absurdo de la prisa. La prisa es humana, pensé. Es torpe y esencialmente humana. Apenas un intento de ganar una batalla perdida contra lo inmóvil de la historia. Abrí el cofre y allí estaba. Un relicario –cofre dentro del cofre-, envuelto en sedas de colores indefinidos por el paso del tiempo. En su interior, el grabado de la pareja bailando: ella extrañamente de espaldas, abrazada a un hombre, cuyo rostro no denotaba placer, sino más bien una mueca de angustia y resignación. Lo guardé en el bolsillo de mi camisa –no el del corazón, sino el de la derecha, avergonzándome de ser permeable a las leyendas irracionales-. Miré hacia todos los rincones de la habitación y concluí, sin necesidad de investigar demasiado, que nada había allí que pudiera atraer mi atención, salvo ese pesado olor a humedad.

Desandé las escalinatas agitado y conseguí, a duras penas, reaparecer en el salón.

Los bailarines estaban aún allí, ajenos a mi desaparición y reingreso a la fiesta.

Ella seguía reinando al otro lado del salón, rodeada de su cohorte de obsecuentes y al mismo tiempo absoluta e inexplicablemente sola.

Envalentonado con mi triunfo de rapaz, decidí apropiarme también de su corazón.

Atravesé la inmensa sala y, sin palabras, la invité a bailar.

Nos deslizamos como amantes perfectos toda la maravillosa noche.- Nos fundimos en uno, haciéndonos parte de la eternidad, como si así el destino lo hubiera marcado.- Pasamos una y mil veces frente al retratista que, con mirada cómplice hacia mi negra dama, daba los últimos retoques a su obra.

En el vaho húmedo y casi irrespirable, espero paciente al audaz que me libere de este espantoso relicario.

Cuentos Pendientes – Javier Méndez

El Señor Mansilla Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

EL SR. MANSILLA 

El Sr. Mansilla era el enfermero del barrio.

En efecto, donde yo vivía no se llamaba a un enfermero recurriendo a la guía telefónica o a los clasificados del diario, sino que simplemente había un enfermero por barrio, asignado por nadie y por todos, de manera tácita e incuestionable, que ejercía su jurisdicción de temidos pinchazos en toda la zona.

En el caso de los pibes de mi barrio, atacados que éramos por una infame gripe o algún catarro persistente, caíamos tarde o temprano en las inevitables agujas del Sr. Mansilla.

En aquella época no había jeringas descartables, por lo que mi agonía se extendía desde que escuchaba postrado en la cama la conversación de mis padres que concluía en la decisión de convocar al Sr. Mansilla, el sonido más desagradable que nunca del timbre que anunciaba su llegada, los escalofriantes ruidos a latas en la cocina, producidos por un extraño rito consistente en prender fuego con alcohol las dolorosas agujas de la mortificación, los pasos cada vez más fuertes que se acercaban al dormitorio y finalmente su presencia, terrible y aterradora.

Con su chaquetilla blanca y sus anteojos cuadrados, de carey negro, se paraba un instante bajo el marco de la puerta, como escudriñando todo el ambiente para cerciorarse de que mi grado de espanto era el apropiado para su faena.

De inmediato avanzaba decidido y sin hacer gesto alguno, sólo con una mirada de sus helados ojos, me  indicaba que había llegado el momento.

Sin palabras de consuelo ni cuentos de hadas, me daba un par de cachetazos en el trasero y, tras cartón, venía la punzada desalmada  y ardiente, seguida por un cada vez más intenso dolor que me dejaba el resto del día compungido y cuidadoso de dormir «solo del otro costado».

Aprendí que las «aceitosas» eran las más temibles  y maldije más de una vez cuando el Sr. Mansilla se olvidaba (yo creo que lo hacía a propósito) de traer «el solvente» que las diluía un poco y las hacía algo menos insufribles.

Lo cierto es que, por efecto de las inyecciones o por pánico a la prolongación del tratamiento, en un par de días me declaraba bajo juramento, totalmente sano, incluso en condiciones como para asistir a la escuela.

Yo aborrecía al Sr. Mansilla. La sola invocación de su nombre me congelaba la sangre.

Una siesta, disfrutando de mi buena salud, estaba sentado sobre el tapial que daba a la calle.

Jugaba al bombardeo, entretenimiento consistente en alinear, según su tamaño, cascotes de barro seco y piedras, para arrojarlos a los automóviles (tanques enemigos) que pasaban.

En mi tapial-trinchera reinaba una tensa calma, tal vez producto de la hora de escaso movimiento, y sólo había podido arrojar, sin suerte, dos granadas.-

Estaba comenzando a aburrirme por la falta de éxito y enemigos, así que decidí tirar la bomba atómica antes de lo planeado y pasar a otro juego.

La bomba atómica era un cascotón de barro seco del tamaño de una pelota de fútbol, que para ser arrojado hacía necesaria una misión suicida: correr al encuentro del enemigo sosteniendo con ambas manos la bomba y en el momento y a la distancia exactos,  revolearla con todas las fuerzas y huir hacia el tapial-trinchera a buscar refugio.

Apenas había tomado la decisión de utilizar mi arma más poderosa cuando vi aparecer por la esquina al tanque enemigo, un Citröen 3CV gris que avanzaba lenta y dificultosamente por entre los pozos de la calle.

Mi juego de guerra recobró de inmediato la intensa emoción inicial.

Pude sentir caudales hermosos e infinitos de adrenalina que agudizaban mis sentidos y  me provocaban un frío sudor de pies y  manos.

Levanté el cascotón y esperé agazapado que el cachivache gris estuviera lo suficientemente cerca.

En el momento exacto emprendí la carrera para interceptarlo.

A duras penas conseguí aparearme al objetivo y cuando ya las fuerzas me abandonaban revoleé mi bomba que cayó como tal,  justo  sobre el capó enemigo, para estallar en mil pedazos, en medio de un estruendo de lata y barro seco.

De inmediato inicié la urgente retirada hacia el tapial-trinchera y alcancé a percibir a mis espaldas que el tanque detenía su motor.

Salté con increíble agilidad el muro y me asomé lentamente para ver los efectos de mi bomba, pero ya con una sensación que transformaba  la euforia inicial, en tremendo susto y ganas de no estar allí.

Un espantoso frío  me recorrió la espina  y me asaltaron incontenibles deseos de ir al baño cuando vi que del tanque enemigo descendía el Sr. Mansilla.

Se paró un momento a observar los despojos de mi bomba desparramados sobre el capó, pareció emprender su marcha hacia la puerta de casa,  creí desfallecer. Dudó un instante y de dos manotazos barrió las trizas de barro y se volvió a meter en el auto.

Cuando vi alejarse al vehículo, me sorprendí en una extraña actitud, con la boca y los ojos abiertos a más no poder, en cuclillas y con las uñas clavadas en el tapial-trinchera.

Así me quedé largo rato, hasta que me quitó del trance el llamado de mi madre para bañarme.

Esa noche comí en completo silencio y decidí definitivamente que los juegos de guerra nunca me gustaron.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Museo Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

MUSEO 

Me han dicho que los museos fueron creados para convocar a las musas.

Sin embargo, sospecho que sólo albergan fantasmas.

Fantasmas torturados y recelosos que no atinan de una vez a dejar su continente físico.

Fantasmas que observan con espanto la morbosa mirada de los visitantes sobre sus cuerpos secos y demacrados.

Fantasmas indignados ante la brutal exhibición de sus relicarios, de sus medallas, de su antigua cotidianidad, de sus deshonras. Fantasmas avergonzados, fantasmas furiosos.

Hay un frío de muerte inconclusa en los museos. No es el frío vivo de las calles en invierno, sino el de un ciclo forzado torpemente por los hombres a no cerrarse, a contrariar el curso natural de las cosas.

Un silencio ensordecedor se amontona contra los vidrios y se posa pesadamente sobre los gruesos cordeles de los cercos desteñidos que separan las piezas de la gente.

Los curiosos se asoman, impertinentes, a escudriñar las cartas de amor de un espectro que se retuerce impotente intentando ocultarlas.

En vano se arroja sobre ellas para cubrirlas. En vano se interpone y les ruega que se vayan. En vano grita desesperadamente hasta caer sin fuerzas, invisible. Ni siquiera el amor es respetado.

No existe paz detrás de esa helada calma. Sólo sufrimiento e ira.

Por eso el desasosiego. Por eso mis horrendas percepciones. Por eso la necesidad urgente de salir de allí.

Nunca vendrían a un lugar así las musas.

Algo espantoso movió a erigir museos.

Algo espantoso interrumpió el ciclo de la vida y la muerte para condenar a los desdichados espíritus a exhibir eternamente sus cuerpos disecados y sus recuerdos más íntimos a quien se le ocurriera entrar allí.

¿Qué pecado justificó tal condena? En esa prisión sin tiempo se estremecen, violados día tras día, los fantasmas. Sin voz para implorar que los dejemos en paz. Sin sustancia para sacarnos a empujones.

No han de acudir aquí las musas. Todos los museos guardan el horror.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Dos Ladrones Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

DOS LADRONES 

Se habían criado juntos, casi como hermanos, aunque en realidad eran hijos de madres distintas y padres desconocidos.

A pesar de ello, todo el mundo los tenía por hermanos y, pese a no serlo, habían adquirido ese particula

r parentesco que dan las vivencias comunes que reproducen gestos, lenguajes, actitudes, miradas y hasta rasgos físicos.

Iniciados en pequeños trabajitos, fueron ascendiendo, pasando por la función de «campanas» -favorecidos por su inofensiva (y real) apariencia de niños desvalidos y mugrientos-, hasta liderar juntos y sin discusiones su propia pandilla, luego derivada por obra de los diarios y las leyendas  en banda.

Los dos cumplirían sus larguísimos veintipico de años ese mes de enero.

A pesar de lo que se decía de ellos, de su  terrible fama alimentada por la imaginación de los vecinos de la Villa, nunca habían lastimado a nadie.

Ese 2 de enero, cebados por la inmensa y temprana experiencia que arrastraban y por lo simple del objetivo que llevaban, salieron sin plan alguno a asaltar el Súper del barrio vecino.

Cumplía años la Griselda y sólo se trataba de armarse de unos cajones de sidra para festejar como es debido la fiesta de la princesa del caserío.

Esperaron a que dieran las ocho, para que se retirara el personal y el Turco viejo cumpliera con el ritual de bajar las persianas metálicas del negocio.

La parte de atrás del Súper, donde estaba el depósito, daba a un baldío  y nada más debían saltar el tapial mohoso para descender por los viejos cajones apilados en el patio, atravesado el cual, apenas una añosa puerta los separaría del botín.

El Chino saltó primero y esperó del lado de adentro, casi como desganado por el trámite, la aparición de la oscura silueta de Hugo sobre el tapial.

Bajaron por los cajones y, con la fiel barreta que llevaban siempre, emprendieron la fácil tarea de vencer la puerta del depósito.

En eso estaban cuando, de repente, oyeron a sus espaldas un siseo que los dejó helados.

Se dieron vuelta como rayos, tratando de adivinar en la imposible oscuridad, pero nada vieron.

Se miraron de reojo, como para comprobar que el súbito terror era compartido.

Esa noche no hubo festejos en la casilla de la Griselda.-

Las crónicas baratas de la semana dieron cuenta de dos hermanos que murieron desangrados, justo en la deshonrosa actividad de robar un comercio.

La noticia, pronto fue olvidada, su lugar fue ocupado por la renuncia del Intendente, acusado de propiciar el envenenamiento de perros callejeros.

Los hermanos fueron velados en la Sala municipal y se cuenta -se cuentan tantas cosas- que no les pudieron cerrar los ojos, ni quitar, a pesar de varios baños de colonia, el desagradable olor a almizcle que apuró el cierre de los cajones de cuarta, comprados gracias a una «vaca» que armaron los amigos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Cuentos Corto El Cobarde de Javier Mendez Cuentos Pendientes

VIENTO NORTE 

Despierta las serpientes y enloquece.

Las vecinas viejas y las no tan viejas afilan sus lenguas detrás de las persianas entrecerradas y cuando uno menos lo espera, salen a la vereda a trenzarse en duelo de ofensas y griterío.

Los perros se azotan contra las rejas, mostrando sus colmillos y babeando.

La arenilla lastima los ojos y los pordioseros insultan a quien se les cruce.

Surgen sorpresivos remolinos y uno debe masticar sucios y crujientes granos de tierra todo el día.

El pelo se hace ingobernable y los automovilistas se empecinan en levantar polvareda y dar estridentes bocinazos.

La ropa pesa y pica.

Los árboles chillan,  desafinando.

Casi no hay pájaros, y los pocos que hay atacan a los ojos de los transeúntes.

Aparecen insectos inverosímiles que dejan ronchas ardientes e infectas.

Los pies se hinchan y las costuras de los zapatos mortifican al caminante.

Las cuadras se alargan,  infinitas.

El sol causa fiebre.

Un persistente olor a enfermedad flota espeso, dulzón y vomitivo en el ambiente.

El pasto se subleva en forma de secos espartillos.

Las piedras que hacen desparejos los caminos se multiplican  y disfrutan en su muda felicidad obstacular.

Un silbido persistente perfora los oídos.

Los ceños se fruncen.- No se puede mirar al cielo.

Hay maldiciones en las esquinas, en los zaguanes húmedos y en cada rincón de la ciudad.

Conviene no salir con viento Norte, esperar los rayos y la lluvia que todo lo lava y convoca los espíritus pacíficos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

El Marsiano de Venus Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

EL MARSIANO DE VENUS

Sólo hay una cosa igual de deprimente que los circos pobres: los corsos barriales.

No pretendo con ésta afirmación atacar la noble intención de los artistas que, enfundados en sus gastados atuendos plagados de lentejuelas, intentan función tras función lograr la maravilla, ni mucho menos denostar a quienes por una o dos noches mágicas, abandonan su triste rutina y se transforman en héroes o villanos, en estrellas o en seres ridículos, todos ellos roles, en definitiva mucho más interesantes que el que la cotidianidad les ha asignado para el resto del año.

Ocurre que con la pérdida de la inocencia que lenta y casi imperceptiblemente trae el tiempo, sobreviene también una odiosa y paulatina ceguera que nos impide percibir el paisaje de las emociones.

Parece ser que con el paso de los años apenas por algunos ínfimos y cada vez más escasos momentos podemos elevarnos por encima del espantoso y gris tapial que construyen los días para asomarnos y divisar (¿adivinar?) lo que hace mucho tiempo encontrábamos a la vuelta de cada esquina.

De chico, los corsos barriales me resultaban tan monumentales que inclusive llegué a perderme en uno de ellos.

Me maravilló un personaje que se autodenominaba «El marsiano de Venus». Su atuendo consistía en una polera de lana negra y raída sobre la cual, en la espalda y prendido con alfileres de gancho, lucía un cartel rectangular de trapo blanco amarillento con esa inscripción.

Completaban su traje intergaláctico unos pantalones también negros -que seguramente pertenecieron en su época de gloria al ambo de un buen señor, cuya decisión más acertada sin dudas fue regalárselo a mi extraterrestre- , guantes de cuero negro y un gran tacho pintado con aerosol plateado por escafandra.

Me llamó la atención el único ojo -perforado en el centro del tacho- que, ahora pienso, tal vez era la causa de su andar bamboleante y errático por el improvisado circuito del corso montado alrededor de la plaza.- Pero en aquel tiempo, lejos estaba yo de inquietarme por la dificultosa visión del personaje. Más bien me incliné por pensar que  seguramente en Venus,  los «marsianos» tenían un  sólo globo ocular.

Así pues, lo seguí.

A una prudente distancia y olvidado de mis padres caminé toda la noche detrás del cautivante alienígena.

Lo vi marchar, casi derrumbándose a cada instante, esquivando mascarones a contramano, avanzando de a ratos erguido, de a ratos en cuatro patas, profiriendo  gruñidos casi guturales, ahogados por el tacho escafandra de plata.

Lo ví zigzagueando de cordón en cordón, moviendo aparatosamente los brazos.

Lo vi palmeado en la espalda con más fuerza de la que marca el afecto, por muchachones que empuñaban botellas de cerveza y se daban vuelta, tras su paso, lanzando carcajadas y gritándole cosas que ya no recuerdo bien.

Lo vi pateado en sus piernas, sin responder los ataques, por los niños bien vestidos que iban a mi escuela y que ocupaban los primeros bancos en la misa dominical.

Lo vi trastabillando ante las zancadillas de los padres de familia que sonreían orgullosos y valientes mirando de reojo a sus señoras  e hijos que festejaban la ocurrencia de esos machos alfa.

Lo vi caer, después de no se cuántas vueltas a la manzana, y quedar como un ovillo arrodillado, quizás rezándole a algún Dios estelar que aquí no conocemos.

Vi su espalda sacudirse espasmódicamente y tuve un impulso por apoyar mi mano en su hombro.

Pudo más mi miedo infantil y la marea de gente me llevó cada vez más lejos, hasta perderlo de vista.

Mi padre me encontró llorando en el umbral de una mercería justo cuando quemaban al Rey Momo, totalmente perdido y desconsolado.

Atribuyó  mis lágrimas al desencuentro y al peligro que aparejan el sentirse solo y absolutamente desamparado.

Ahora lo entiendo.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Javier Mendez Autor de Cuentos Pendientes

MI JUEGO:

Existe un territorio indefinido que divide las imágenes de la vigilia y lo que otros llaman la realidad.

Negar su existencia puede llevar a engaño. Intentar transitarlo resulta a menudo peligroso y revelador.

Recordaré siempre aquella mañana en que aun después del desayuno continuaba exigiendo que bajaran desde el armario mi juego de «Jim West», un ingenioso entretenimiento de mesa -especial para los días de invierno en Bahía Blanca- que mis padres y hermanos se negaron, en una conjura injustificable, a entregarme.-

Aducían que tal juego no existía y, en su reemplazo, se esforzaban en ofrecerme otros aburridísimos, tales como «La Oca», «El Ludo» o «Chan, el mago que contesta».

Nada me conformaba (ni me conformó jamás), ya que no podía explicarme el porqué de esa persistente negativa  a alcanzarme el «Jim West».

Recuerdo, aunque no perfectamente, su tapa predominantemente roja, con letras amarillas de rebordes oscuros y la figura de los héroes del juego plasmadas en la caja rectangular.

Desgraciadamente, por más que me esfuerzo, no consigo recordar las reglas del «JimWest», pero puedo asegurar que se trataba del juego más entretenido y apasionante que jamás se haya inventado.

Guardé  siempre un inocultable resentimiento contra mi familia por aquella injusta negativa.

Un mal día intenté aprovechar el desorden producido por nuestra mudanza para dar, de una vez por todas, con mi juego de «Jim West».

Por fin iban a vaciar el armario y allí sí, se descubriría la inicua conjura.

Permanecí expectante toda la mañana, controlando disimuladamente  los movimientos de mis padres y hermanos mayores, esperando el momento en que vaciaran el armario, para arrebatarle el «Jim West» a quien lo pusiera a mi alcance.

Grande fue mi desilusión cuando el armario estuvo vaciado totalmente, sin que mi juego apareciera.

¿Lo habrían sacado por la noche, mientras yo dormía?

Nunca lo sabré.

Lo cierto es que aun cuando logré revisar a escondidas los cajones preparados para la mudanza, no pude dar con mi «Jim West», hábilmente escondido por mi familia.

Decepcionado, se apoderó de mí un creciente mutismo, al principio justificado por mis padres en mi nostalgia por la vieja casa que me vio nacer, pero que al poco tiempo, sin dudas, comenzó a preocuparlos a tal punto que decidieron pagar costosas sesiones de terapia psicológica (infrecuentes en aquella época para una típica familia de clase media).

Finalmente, cuando me consideré satisfecho con mi muda venganza, confesé el porqué de mi silencio.- Me ocultaban sin justificación alguna el «Jim West».

Con estupor, vi a mis padres mirar desesperados al psicólogo que los observaba interrogante y jurar una y otra vez que el «Jim West» no existía y que ni siquiera sabían de qué se trataba.

Mi madre llegó incluso al paroxismo de las lágrimas.

El tiempo pasó sin que yo pudiera superar la creciente y angustiante sensación de saberme un extraño en el seno de mi propio hogar.

No podía abrirme plenamente a los sentimientos familiares y, a partir de aquel injusto e inexplicable ocultamiento de mi juego favorito, fui descubriendo a veces e intuyendo otras, numerosas conspiraciones -tan arbitrarias e incomprensibles como la primera- urdidas por mis hermanos y mis padres.

Ciertas veces irrumpía súbitamente en el comedor, donde los encontraba conversando, seguramente acerca de mi persona, y ante mi mirada inquisitiva de inmediato todos callaban, observándome entre asustados e inquietos.

Apenas cumplidos los dieciocho, aproveché la excusa de un trabajo en Chivilcoy para irme de casa.

De nada valieron las insistencias de mis padres para que continuara mis estudios universitarios.

Sólo deseaba abandonar cuanto antes aquella farsa hipócrita que llamaban familia y que apenas me contaba para ser blanco de oscuras componendas cuyos motivos nunca logré descifrar.

Mi vida ha transcurrido en una gris normalidad, solamente alterada por los inevitables llamados telefónicos cargados de falsedad que recibo los días de mi cumpleaños y la formulación de excusas para evitar sistemáticamente concurrir  a las fiestas de fin de año que tanto odio.

He montado mi propio taller de juguetes artesanales e incluso he buscado, viajando específicamente a Buenos Aires para ello, de manera infructuosa, otro juego de “Jim West”, para plagiarlo cambiándole el nombre y desarrollar un vistoso tablero de madera lustrada.

Nunca conseguí el juego, ni logro recordar sus reglas.

Para colmo de males, sus imágenes me resultan cada vez más oscuras y se entremezclan confundiéndose con otras producto de mi esforzada imaginación, a punto tal que cada día que pasa, no puedo asegurar si el juego que tengo en mente es aquel que hizo felices los días de mi infancia u otro, totalmente distinto plagado de mis propios artificios mentales que han venido a usurpar las piezas y los casilleros del original desvirtuándolo totalmente.

De cualquier modo, mi viejo juego de “Jim West” ha determinado el rumbo de mi vida y conforma una porción esencial de mi persona.

No hay conjura que pueda arrebatarme los sueños ni borrarme los recuerdos, por difusos que estos se tornen.

Y si en esta vida no logro reencontrarme con mi juego -asumo que he perdido casi por completo las esperanzas-, no concibo un paraíso que seguramente me espera como a todos quienes hemos sufrido injusticias en este mundo, sin un flamante juego de “Jim West” listo para desplegar su colorido tablero y transitar la eternidad partida tras partida.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Historia y Origen de la Biblia – Lengua Original y Traduciones

Historia y  Origen de la Biblia-Lengua Original y Traduciones

Cuando abre la Biblia, usted está leyendo uno de los libros más leídos de toda la historia de la humanidad. Antes de usted, millones de personas buscaron ahí un sentido para sus vidas y lo encontraron. Si no lo hubiesen encontrado, no nos habrían transmitido este libro antiguo, y por tanto no tendríamos ahora ningún interés por la Biblia.

Pero sucede io contrario. Sólo en este siglo, se han impreso y divulgado en el mundo entero más de un billón quinientos millones de ejemplares, traducidos a más de mil lenguas diferentes. Y en América Latina, continúa siendo el libro más leído por el pueblo.

Entonces, un libro buscado y leído por tanta gente debe poseer un secreto muy importante para la vida. Puesto que, en general, los hombres y las mujeres no somos tan tontos como para andar buscando algo allí donde no se encuentra. ¿Cuál es este secreto? ¿qué hay que hacer para descubrirlo?

La Biblia es parecida a un coco, que tiene la corteza dura. Esconde y protege un agua que sacia la sed del caminante cansado. ¡Y todos nosotros somos caminantes y peregrinos! . ¡Cansados también! ¡Vamos a descubrir el método que nos rompa la corteza de este coco!.

Palabra de Dios para nosotros: En todas las épocas de la historia, sobre todo en épocas de crisis como la nuestra, regresamos a alimentarnos de la Biblia. Pues pensamos que este libro tiene algo que ver con Dios. La fe nos dice que la Biblia es la Palabra de Dios para nosotros. «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda la palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4, 4).

Una palabra tiene la fuerza y el valor de quien la dice. Nuestra palabra, palabra humana, puede fallar y engañar, pues el hombre es débil y no ofrece una seguridad total. Pero la Palabra de Dios no yerra ni engaña. Ella es clavo seguro y firme para sustentar la vida de quien se agarra a ella y por ella se orienta.

Dice el salmo: Tu palabra, Señor, es un faro que ilumina mis pasos, una luz que me guía en los caminos de la vida» (Salmo 118, 105). Y añade otro: «Yo me sujeto a ti, Señor, y tú me proteges con tus manos» (Salmo 62, 9).

Por eso, «toda escritura inspirada por Dios es útil para instruir y refutar, para corregir y educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto para toda clase de buenas obras» (1 Timoteo 3, 16).

Y también, «mediante la constancia y el consuelo que infunden las Escrituras, podemos mantener la esperanza» (Romanos 15, 4).¿Qué esperanza? La esperanza de que un día la verdad y la justicia volverán a ser distintivos de toda palabra que salga de la boca de los hombres.

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¿Qué períodos históricos cubre la Biblia?

Excluyendo el relato de la Creación y los pasajes del Génesis anteriores a los patriarcas, el Antiguo y el Nuevo Testamentos cubren un vasto periodo de tiempo, desde aproximadamente el año 2000 a.C. hasta la mitad del siglo I d.C. Debido a que la Biblia no cita fechas que puedan equipararse a los sistemas modernos, es difícil determinar los años en que ocurrieron sus relatos.

la creacion de la biblia

Por lo tanto, gran parte de la cronología bíblica se ha determinado por comparación con fuentes contemporáneas y la arqueología. Abraham, el primer patriarca, vivió alrededor del año 2000 a.C.

El periodo de la esclavitud de los israelitas y el Éxodo ocurrieron poco antes del año 1500 a.C.; el establecimiento de la monarquía israelita, alrededor del 1020 a.C. La monarquía se dividió en dos en la segunda mitad del siglo X a.C., el reino del norte, Israel, cayó ante los asirios hacia

El Nuevo y el Antiguo Testamento están basados en la tradición oral y, por ejemplo, los relatos sobre Jesucristo se recitaron mucho antes de escribirse. Arriba, en cuadro de Rafael, Pablo predice en Atenas.

A fines del siglo VIII a.C., y los babilonios destruyeron el reino del sur, Judá, a principios del siglo VI a.C. Crónicas, Esdras y Nehemías registran hechos de alrededor del año 400 a.C.

En el Nuevo Testamento, los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan relatan acontecimientos de la vida de Jesús que cubren las tres primeras décadas de nuestra era.

El Libro de los Hechos y las Epístolas de Pablo tratan de los inicios del cristianismo, hasta cerca del año 60 d.C.

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¿Cuándo fue escrita la Biblia?

No fue escrita de una sola vez. Llevó mucho tiempo, mas de de mil años. Comenzó alrededor del año 1,250 antes de Cristo, y se terminó cien años después de su muerte. Por otro lado, es muy difícil saber exactamente cuándo se comenzó a escribir la Biblia.

Pues antes de ser escrita, la Biblia fue narrada y contada en conversaciones y en celebraciones populares. Y antes de ser narrada y contada, fue vivida por muchas generaciones en un esfuerzo terco y fiel por colocar a Dios en la vida y por organizar la vida de acuerdo con la justicia.

adan y eva en el paraiso

Se cree que muchas secciones del Antiguo Testamento, durante mucho tiempo antes de ser escritas, fueron transmitidas de generación en generación por padres y madres, ancianos y narradores profesionales.

El arte de la escritura probablemente se inició en el Medio Oriente durante el cuarto milenio a.C. entre los sumerios que habían invadido Mesopotamia; pero los hebreos no hicieron registros escritos hasta la época del reino unificado, que empezó bajo Saúl en el siglo XI y continué bajo David y Salomón.

A medida que el reino unificado aumentaba su poder e influencia, prosperaron el comercio y la industria, y aumentó la demanda de información y documentos escritos.

Al extenderse la escritura y la lectura, se inició la literatura entre los narradores. Durante el reinado de Salomón, en el siglo X a.C., algunas de las antiguas tradiciones, hasta entonces predominantemente orales, empezaron a ser escritas y durante siglos continué ese proceso de convertir la palabra hablada en textos escritos.

Después de los textos iniciales como parte de una Escritura —en rollos que se deterioraban con el uso—, los escribas trabajaban cuidadosamente para hacer copias precisas.

Después, otros escribas hacían copias de las copias, y así por siglos y siglos. La larga cadena de copias hace difícil determinar cuándo se escribieron los originales, porque las copias más antiguas que se conservan de los pasajes bíblicos se hicieron siglos después de que se escribieran los originales.

Gran parte de las colecciones y ediciones de los escritos del Antiguo Testamento fueron realizadas por judíos cautivos en Babilonia en el siglo VI a.C. Entre esos cautivos estaba Esdras.

El Nuevo Testamento fue escrito principalmente en la segunda mitad del siglo I d.C. Al igual que el Antiguo Testamento, está basado en relatos e informes que circulaban oralmente.

La diferencia fue que no pasó más de medio siglo entre los acontecimientos y su registro escrito, mientras que ese proceso tardó muchos siglos en gran parte del Antiguo Testamento.

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¿En qué lengua fue escrita la Biblia?

La mayor parte del Antiguo Testamento se escribió en hebreo. Algunas secciones no fueron originalmente escritas en hebreo, como Esdras 4:8 a 6:18 y 7:12-26, y Daniel 2:4 a 7:28. Estas fueron escritas en arameo, idioma común en Persia y Babilonia que se difundió ampliamente entre el pueblo judío después de su retorno del exilio babilonio.

Además, el Génesis usa el nombre arameo Jegar Saaduta y el hebreo Galaad para designar el majano de piedra que fue testimonio del pacto entre Labán y Jacob. Jeremías contiene un versículo en arameo sobre el destino de los falsos dioses: “Los dio- JA. 1011 ses que no han hecho ni el cielo ni la tierra desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo.”

lengua de la biblia

Papiro hebreo del siglo VII a.C., que muestra señales de haber sido borrado yreutilizado, práctica común en tiempos en que escaseaba el material para escribir.

La totalidad del Nuevo Testamento fue escrita en griego, aunque algunas de las frases de Jesús (incluyendo sus últimas palabras en la cruz, según los Evangelios de Mateo y Marcos) son citadas en arameo, idioma que Él hablaba, al igual que el hebreo. Las Epístolas de Pablo también contienen algunas expresiones en arameo. – ¿Qué materiales se utilizaban para la escritura?

La escritura de los tiempos bíblicos se ha encontrado en una gran variedad de superficies: roca, tablillas de barro, cerámica, cobre y plata. La Biblia dice que los Diez Mandamientos fueron inscritos en “tablas de piedra” y, Josué, EX.

JOS.8:32 el sucesor de Moisés, “sobre las piedras […] escribió una copia de la Ley de Moisés”. Un amuleto de plata hallado en una tumba de Jerusalén data de antes del año 500 a.C. y tiene inscrita la bendición de Aarón en Números,

NUM. 6:24 que empieza: “Que Yavé te bendiga y te guarde.” La Biblia también menciona rollos, pero no especifica si son de papiro o de piel (se encontraron rollos de ambos materiales en Qumran). Los rollos de Jeremías, que el rey Joaquim, furioso,

JER. 36:23 “tiraba al fuego del brasero” probablemente eran de papiro, porque la piel de animal quemada habría producido muy mal olor. Para el siglo u a.C., la técnica para convertir la piel de animal en pergamino (palabra derivada de la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor) ya se conocía en gran parte del mundo grecorromano.

La tradición judía requiere que los rollos de la Torá se hagan de piel de animal especialmente preparada.

Las copias más antiguas que se conocen del Nuevo Testamento están escritas en papiro, y esto es a lo que Juan se refiere cuando habla 1:12 de “papel y tinta” para escribir cartas.

Pablo habla de pergaminos, que después del siglo IV reemplazaron al papiro. La piedra era grabada con un cincel, y el papiro con una punta de carrizo. La escritura sobre piel de animal requería de una pluma de punto fino afilada con un cuchillo.

El uso de la tinta, que empezó en Egipto antes del año 3000 a.C., era una técnica bien conocida por los autores de los Rollos del Mar Muerto, ya que se encontraron tinteros en Qumran.

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¿Cuáles son los más antiguos manuscritos de la Biblia descubiertos hasta ahora?

Al presente, el manuscrito más antiguo que se conoce es un fragmento de uno de los libros de Samuel, que data de alrededor del año 225 a.C., el cual se halló entre los Rollos del Mar Muerto. Casi de la misma antigüedad son los manuscritos de partes del Éxodo y de Jeremías, de la misma colección.

El fragmento más antiguo del Nuevo Testamento es una diminuta tira de papiro, de unos 8 cm. de largo por 2 cm. de ancho, que se encontró en las arenas de Egipto a principios de este siglo. Contiene tres versículos del Evangelio de Juan, incluyendo la pregunta de Pilato a Jesús “Eres tú el rey de los JN. 18h33 judíos?”

antiguo testamento

Data del 125 al 150 d.C. y es una copia hecha una generación después de que se escribió el evangelio original. También se han descubierto manuscritos en papiro con textos más amplios del Nuevo Testamento, que datan del 200 d.C., preservados por el clima seco de Egipto.

Entre ellos hay un manuscrito que contiene todas menos tres de las epístolas de Pablo, y otro fragmento con gran parte del texto del Evangelio de Juan. Antes del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, en 1947, el manuscrito más antiguo de cualquier parte de la Biblia era el Papiro de Nash, escrito en Egipto alrededor del 150 a.C., que es una sola hoja en la que se copiaron los Diez Mandamientos y unos pocos versículos de Deuteronomio, incluyendo el semá, la oración judía por antonomasia: “Escucha, Israel. Yavé es nuestro Dios, sólo 0116:4 Yavé. Ama a Yavé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.»

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La lista de los libros inspirados

A fin de tener una ayuda y una orientación en su decisión de ser fiel a Dios y a sí mismo, el pueblo fue haciendo una selección de aquellos escritos considerados por todos como de gran importancia para su vida, y que es más, les ayudaba en su caminar. De este modo surgió una lista de libros o de escritos, reconocidos por todos como expresión de su fe, de sus convicciones, de su historia, de sus leyes, de su culto, de su misión.

Leídos y releídos en las reuniones y en las celebraciones del pueblo, los libros de esta lista fueron adquiriendo, al poco tiempo, una gran autoridad. Eran patrimonio sagrado del pueblo, porque revelaban la voluntad de Dios. De ahí procede la expresión Sagradas Escrituras. Decían ellos: ‘Tenemos para consuelo de los libros sagrados que están en nuestras manos» (1 Macabeos 12,9). Usaban estos libros para darse fuerza y valor en ¡a lucha (cf. 2 Macabeos 8, 23).

Hoy usamos la palabra lista. Ellos utilizaban una palabra griega y decían canon. La palabra canon quiere decir lista o norma. Por lo que, aún hoy, se habla de libros canónicos, para indicar los libros de aquella lista o canon. Los libros canónicos eran la norma de la fe y de la vida del pueblo de Dios. Esta lista de libros sagrados recibió más tarde el nombre de Biblia.

O sea que la Biblia es ei resultado final de un largo camino, fruto de la acción de Dios que quiere el bien de los hombres, y del esfuerzo de los hombres que quieren conocer y practicar la voluntad de Dios. De otra manera la Biblia es el fruto de una colaboración prolongada del pueblo que intentaba descubrir, practicar y transmitir a otros y a nosotros la Palabra de Dios presente en la vida.

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¿Existen diferentes versiones de la Biblia?

A fines de la década de los años cuarenta, los estudiosos de los rollos de Qumran y de otros sitios cercanos al mar Muerto revolucionaron la opinión de los eruditos sobre cuándo se escribió la Biblia. En las once cuevas en Qumran se hallaron cerca de 170 manuscritos bíblicos, algunos casi completos y, otros, meros fragmentos.

Los escritos datan de alrededor del año 225 a.C. al 70 d.C. En cuevas al sur de Qumran se hallaron manuscritos que se remontan a fechas posteriores: desde después de la destrucción del Templo de Jerusalén, en 70 d.C., hasta cerca de 135. Considerados en conjunto, éstos y otros descubrimientos arqueológicos indican que existían diferentes versiones de algunos libros del Antiguo Testamento antes que se formara un texto unificado en el siglo I.

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¿Quién es el “Pueblo del Libro”?

La expresión el “pueblo del libro” se refiere a la importancia de la Biblia en la fe de aquellos que la consideran sagrada, pero la frase no fue acuñada por devotos lectores de ella. En realidad la utilizaron primero los musulmanes. A principios de la historia del islamismo, la religión fundada por Mahoma (5 70-632 d.C.), sus creyentes se referían con gran admiración a los judíos (y a veces a los cristianos) como el “pueblo del libro”.

Tanto el islamismo como el cristianismo tienen sus raíces en el judaísmo, y deben a éste el énfasis que ponen en un texto religioso revelado. El Antiguo Testamento ofrece pruebas del ancestral convencimiento de los israelitas de que sus leyes son la palabra de Dios.

El Señor dice: “No pondréis ni quitaréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos de Yavé, vuestro Dios, como yo os prescribo hoy.” Más aún, los simples actos de estudiar la ley y enseñarla a la siguiente generación eran muy estimados y se consideraban una obligación: “Guarda en tu corazón las palabras que yo te dicto hoy.

islamismo mahoma

Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas, ya estés en casa o de viaje, acostado o levantado.” Los libros de la Biblia concentran la religión judía de tal forma que explica por qué han podido ser superadas las catástrofes históricas, incluida la destrucción del Templo de Jerusalén.

Cualquier catástrofe podrá ocurrirle al pueblo, pero la Biblia sobrevive intacta; y puede ser adaptada para ajustarse a nuevas circunstancias sociales, económicas y políticas mediante un proceso de interpretación. Los judíos justifican tal interpretación por la suposición de que Moisés, al recibir la Torá escrita, aprendió también una Torá oral, o sea, los métodos mediante los cuales puede comprenderse la Escritura en formas nuevas para responder a problemas nuevos.

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¿Cómo se leía la Biblia al principio?

Los primeros libros tenían forma de rollo, hechos con hojas de papiro, pergamino o piel, unidas para formar una larga tira. La escritura, de derecha a izquierda en hebreo, se hacía sobre una sola cara de la hoja, aunque algunos rollos están escritos por ambos lados.

Para leer un rollo, se sostenía con la mano izquierda y se desenrollaba lentamente con la mano derecha. Los rollos importantes se sujetaban en cada extremo a sendos rodillos de madera. Los rollos se leían en voz alta frente a un grupo de personas.

Nehemías describe a Esdras leyendo la Ley de Moisés: “desde la mañana hasta el mediodía ante los hombres, mujeres y los que tenían uso de razón, y todo el pueblo escuchaba con atención la lectura del libro de la ley”.

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¿En qué se diferencian la Biblia Judía y las Biblias Cristianas?

Aparte de que las Biblias cristianas incluyen el Nuevo Testamento y las judías no, hay otras diferencias. La Biblia judía tiene tres divisiones: la Torá, los Profetas y los Escritos.

La Torá, o los primeros cinco libros de la Biblia, fue la primera parte en considerarse como Escritura, y es la única parte cuyo orden es casi el mismo en las tradiciones cristianas. La segunda división, los Profetas, cubre los llamados profetas antiguos, desde Josué hasta 1 y 2 de Reyes (excluyendo a Rut), y los libros llamados profetas posteriores, que incluyen a los profetas mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel) ylos doce profetas menores (de Oseas a Malaquías).

La tercera división es la de Escritos, o Hagiografías, la cual tiene tres subsecciones; Salmos, Proverbios y Job; cinco libros diversos (Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester) y las narraciones históricas de Daniel, Esdras, Nehemías, y Crónicas.

El Antiguo Testamento cristiano, basado en la traducción griega conocida como la Septuaginta, coloca, después de la Torá, los libros en un orden diferente al de la Biblia judía.

Los profetas son situados al final, de modo que el versículo final de Malaquías, que profetiza el retorno de Elías como precursor del Mesías, precede inmediatamente al Nuevo Testamento: “Yo os envío al profeta Elías […] para que él haga volver el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos a los padres.”

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¿Cuál es la diferencia básica entre las Biblias Católica y Protestante?

Siguiendo la tradición establecida en la Septuaginta (la primera traducción griega del Antiguo Testamento), la Biblia católica y la ortodoxa incorporan libros que no se encuentran en el canon hebreo, tales como Tobías, Judith, Sabiduría, Eclesiástico y el Primero y Segundo Libros de los Macabeos.

Hay también adiciones al Libro de Daniel (el Cántico de Azarías y el Cántico de los Tres Jóvenes, 276 Un talmudista judío reflexiona sobre un comentario de la Mishná, según esta espectacular ilustración de un manuscrito bíblico alemán que dato del siglo XIV.

Susana y Bel y el Dragón y otras a los libros de Ester y Jeremías. En el siglo XVI, Martín Lutero y otros reformistas, desafiando la tradición católica, decidieron que la Biblia cristiana debía incluir sólo los libros que figuran en el canon hebreo.

Aunque mantuvieron el orden básico de los libros según la Septuaginta, es decir, con los Profetas al final del Antiguo Testamento, pusieron en otra categoría a los libros que no se encuentran en la Biblia hebrea, lo que los protestantes llaman libros “apócrifos” (“ocultos”). Los católicos se refieren a estos libros como deuterocanónicos y los consideran inspirados por Dios, como los canónicos.

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¿Por qué los judíos se niegan a usar el término Antiguo Testamento?

Los términos Antiguo Testamento y Biblia hebrea se refieren al mismo libro, pero decir Antiguo Testamento implicaría que hay otro volumen, un Nuevo Testamento, complemento del Antiguo.

El término Antiguo Testamento lo emplean sólo los cristianos. Los judíos usan otros términos, como Tanak, que  es un acrónimo para las tres partes de la Biblia judía: Torá, Neviim (Profetas) y Ketubim (Escritos).

Los judíos usan los términos Biblia y Sagradas Escrituras para referirse a lo que los cristianos llaman Antiguo Testamento. El término Biblia hebrea lo emplean los expertos para indicar el idioma en que fue escrito el Antiguo Testamento (a excepción de algunos pasajes en arameo de los Libros de Daniel, Esdras y Jeremías).

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¿Qué es el Talmud?

La palabra Talmud viene del hebreo que significa aprender o estudiar y se refiere específicamente el estudio de la ley judía tradicional. La tradición talmúdica del judaísmo tiene dos textos subalternos: el primero es la Mishná y el segundo, que son los comentarios sobre la Mishná, es la Guemara.

Hay dos versiones del Talmud: el pequeño Talmud de Jerusalén, compilado en Galilea cerca del 450 d.C., y el Talmud Babilonio, recopilado en la comunidad judía de Babilonia alrededor del 500 d.C.

Ambos contienen discusiones legales, reflexiones éticas, relatos acerca de rabinos y héroes bíblicos y comen-tarjas sobre muchos otros temas. Los judíos conservadores y reformistas actuales ven al Talmud como una fuente de sabiduría, pero no consideran que sus leyes constituyan autoridad. Los judíos ortodoxos todavía estudian el Talmud como una infalible guía religiosa.

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¿Qué partes de la Biblia fueron escritas primero?

Las partes de la Biblia que fueron compiladas primero son las secuencias de libros del Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta Reyes. Para mediados afines del siglo VI a.C., los amanuenses los estuvieron escribiendo en una forma cuyo contenido y perspectiva son reconocibles actualmente.

En estos libros hay pasajes cuyo lenguaje y forma poética dan idea de que son más antiguos aún, como el Cántico de Moisés, en Éxodo 15; el Cántico de Débora, en Jueces 5: las Bendiciones de Jacob a sus hijos, en Génesis 49, y las Bendiciones de Moisés al pueblo de Israel, en el capítulo 33 del Libro de Deuteronomio. Entre los consejos prácticos de los libros sapienciales está evitar las rhi as, que suelen desatar mayor violencia.

El primer libro escrito del Nuevo Testamento fue  Tesalonicenses, alrededor del año 50 d.C., por Pablo a la comunidad cristiana de la ciudad macedonia de Tesalónica.

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¿Cuáles son los escritos más recientes incluídos en la Biblia?

Según los eruditos bíblicos, el libro más reciente del Antiguo Testamento es el de Daniel, que debe de haber sido compuesto a fines del año 160 a.C. Sin embargo las historias de Daniel ocurrieron en el siglo VI a.C., casi cinco centurias antes.

Es difícil identificar el libro más reciente del Nuevo Testamento. Algunos expertos creen que la Segunda Carta de Pedro fue escrita en honor al apóstol Pedro, y no por él, y quizás fuese escrita a fines del año 130 d.C. Esto haría que  Pedro fuera la obra del Nuevo Testamento más reciente. ¿Qué son los Evangelios sinópticos?

Los tres primeros Evangelios —Mateo, Marcos y Lucas— presentan la vida y la muerte de Jesús en una forma similar y utilizan palabras idénticas en muchos pasajes. Por esta razón se les llama sinópticos, de la palabra griega que significa desde el mismo punto de vista.

La narrativa y los puntos de vista del cuarto Evangelio, el de Juan, lo colocan aparte de los sinópticos. Juan sólo describe pocos de los hechos del ministerio de Jesús que figuran en los otros Evangelios; y muy rara vez emplea palabras similares a las de los otros tres.

La mayoría de los eruditos está de acuerdo en que el primer Evangelio fue el de Marcos, escrito alrededor del año 70 d.C., quizás por la comunidad cristiana de Roma o la de Siria.

El de Mateo fue probablemente escrito en el 85 d.C., posiblemente en Antioquía, Siria, y la fuente principal del autor probablemente fue Marcos. El de Lucas fue escrito más o menos por la misma época y se piensa que el autor también tuvo a Marcos como una de sus principales fuentes.

Muchos expertos piensan que los autores de Mateo y Lucas consultaron uno o más escritos adicionales, de los que tomaron material que no se encuentra en Marcos.

Se cree que una de las fuentes tradicionales —aunque nunca se ha encontrado un manuscrito verdadero— sea una colección de las frases de Jesús llamada “Q”, del alemán Quelle, que significa fuente. No todos los eruditos apoyan este orden tradicional. Algunos ven a Mateo como el más antiguo Evangelio sinóptico y a Lucas y Marcos como los más recientes.

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¿Fue Moisés quien escribió el Pentateuco?

El conjunto de leyes que Dios entregó a Moisés —y los principios religiosos que les han dado a los judíos su identidad— aparece en los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Con el transcurso del tiempo se ha establecido en la tradición judía la creencia de que Moisés no sólo recibió la ley, sino que también escribió los libros en los que fue registrada.

Desde el siglo XVII, sin embargo, los expertos bíblicos han notado que en ninguno de los libros del Pentateuco hay reclamo alguno de que Moisés haya sido el autor; en cada uno hay indicios de que fue compuesto mucho tiempo después de la época de Moisés.

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A menudo contienen frases que se refieren a Moisés en tercera persona —algunas veces en términos lisonjeros que él difícilmente hubiera empleado para calificarse a sí mismo—.

Muchos lugares son identificados con nombres que se les dieron siglos después de Moisés; además, las diferencias en el vocabulario y en la escritura reflejan cambios en el hebreo que seguramente ocurrieron durante muchas generaciones.

Al estudiar el texto de los cinco libros, los eruditos encuentran características literarias tan distantes de la era de Moisés como los que hay entre hoy y los tiempos de Cervantes.

Aunque estos hechos contradicen que Moisés haya sido el autor, los expertos no llegan a la conclusión de que alguien más deba recibir ese crédito. Suponen que los escritos del Pentateuco son una compilación de, cuando menos, cuatro antiguas fuentes literarias israelitas, las que, a su vez, tal vez fueron conservadas durante generaciones, por tradición oral, antes de que fueran escritas en papiro o pergamino.

En una fuente a Dios le llaman Yavé, mientras que en otra lo nombran Elohim; una tercera le da especial énfasis al papel de los sacerdotes y los rituales, y una cuarta, el Deuteronomio, marca la transición de un antiguo a un nuevo orden religioso y político.

Muchos eruditos están de acuerdo en que es el contenido lo que importa, no quién lo escribió. Pero también piensan que investigar lo posible sobre los autores es una forma de acercarse al marco en que se escribieron las Escrituras y de seguir las formas en que se expresaba la fe en Dios.

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¿Qué se sabe acerca de los autores de las narraciones del Antiguo Testamento?

Al igual que con el Pentateuco y los Salmos, los eruditos bíblicos han escudriñado cada versículo del Antiguo Testamento en busca de indicios para identificar a los autores.

Algunos creen haber detectado el estilo de un solo hombre en 1 y 2 Crónicas, Esdras y Nehemías.

Se desconoce su nombre —una tradición lo identifica como Esdras, pero con pocas pruebas que la apoye—, así que se refieren a él como “el cronista”. Otros han aislado la obra de alguien al que llaman el “escritor sacerdotal”, debido a su interés en los rituales y el culto formal.

Y hay otro autor, conocido como “el deuteronomista”, cuyo concepto de los pecados de Israel contra Dios está expresado desde Deuteronomio hasta 2 Reyes.

En cada uno de estos casos, sin embargo, la situación es tan compleja que los expertos no están seguros de si ven la obra de un solo escritor o la de varios miembros de una sola escuela de pensamiento.

Para realizar este estudio de las Escrituras se aplican varios métodos: uno es el análisis lingüístico, que estudia las normas de lenguaje y se aplica a palabras y frases; otro se concentra en las similitudes en las opiniones políticas o religiosas expresadas en el texto; el tercero es la comparación histórica, que consiste en establecer una fecha para un escrito determinado y ver si concuerda con las fechas del autor al que se ha atribuido ese escrito.

Sólo en raros casos, tales como el de Jeremías, un escritor puede ser identificado como un personaje bien conocido.

BARUC Y JEREMÍAS: Baruc era escriba y amigo inseparable de Jeremías durante el turbulento último cuarto de siglo del reino de Judá. Como a Jeremías se le impidió leer sus profecías en el Templo de Jerusalén, pidió á Baruc que las leyera.

Este consintió, aunque sabía que el contenido de los textos no sería bien recibido porqúe el profeta predecía que el rey de Babilonia vendrá de seguro, devastará esta tierra” (Jer. 36:29).

Cuando Joaquim, rey de Judá, se eúteró de las profecías de Jeremías, ordenó a sus servidores que le leyeran los rollos.

A cada tres ó cuatro columnas que le leían, el rey, furioso, “las cortaba con el cortaplumas del secretario, y las tiraba al fuego del brasero, hasta que el volumen entero fue quemado en el fuego” (Jer. 36:23). Después, Joaquim ordenó que Baruc y Jeremías fueran arrestados.

Estos escaparon y pronto escribieron una nueva y ampliada versión de los rollos quemados.: Durante el sitio de Jerusalén, el profeta compró un campo y entregó a Baruc los títulos de propiedad con estas palabras: “Aquí se comprarán casas, campos y villas en esta tierra” (Jer. 32:15).

La transacción simbolizó la mutua confianza de ambos hombres y  su fe en el triunfo final de su nación. Después de la caída de Jerusalén, Baruc y Jeremías evitaron de algún modo su exilio a Babilonia. Pero, atrapados en una lucha sangrienta por el poder entre facciones en pro y en contra de Babilonia, fueron llevados a Egipto, donde probablemente murieron.

Otra tradición sostiene que maestro y discípulo terminaron sus días en Babilonia, donde Baruc fue el tutor de Esdras, caudillo, que encabezó la repatriación de los judíos.

Se le llama evangelista al que anuncia buenas noticias. Evangelista era el que predicaba el Evangelio a quienes nunca lo habían oído.

Tales predicadores eran precursores, distintos de los “pastores y doctores” (Ef. 4:11) que instruyeron y guiaron a los nuevos cristianos.

La “obra de un predicador del Evangelio” (2 Tim. 4:5) requiere de resistencia y fuerza de carácter especiales.

En su tiempo, los autores de los Evangelios fueron conocidos como los cuatro evangelistas, y han sido representados con los símbolos de un hombre, un león, un toro y un águila: “los cuatro seres vivientes” (Ap. 4:6) que rodean el tronó de Dios.

Las imágenes se vinculan alegóricamente a cada evangelista: el hombre ó Mateo porque él ofrece una genealogía de Cristo; el león a Marcos, porque empieza con una “voz que grita en el desierto” (Mc. 1:3); el toro a Lucas, porque describe un sacrificio; y el águila él Juan, por lo elevado de ‘su prólogo. * ¿A qué problemas se enfrentaban los autores del Nuevo Testamento?

Considerando las difíciles condiciones en que fueron escritos los 27 libros del Nuevo Testamento, es notable que se hayan conservado.

Muchos de ellos son cartas escritas bajo la presión de los viajes, en una época en que los materiales para la escritura eran costosos y escasos.

Las más de las veces esas cartas eran llevadas por mensajeros que recorrían grandes distancias por mar y tierra. Los escritos sólo los reproducían laboriosos amanuenses que escribían una copia a la vez.

Además, los autores escribían con la convicción de que el mundo se acabaría pronto.

No sospechaban que en el futuro cada palabra y cada frase sería sometida a escrutinio, sino que pensaban en las necesidades inmediatas de las iglesias que enfrentaban el riesgo de los falsos profetas, la persecución y la hostilidad de sus vecinos.

En condiciones tan turbulentas, es sorprendente que sepamos tanto acerca de los autores del Nuevo Testamento. Por ejemplo, hay muy pocas dudas de que el evangelista Lucas fue también redactor de los Hechos, o que el autor del cuarto Evangelio sea la misma persona que escribió las tres cartas que también llevan el nombre de Juan.

Sin embargo, en algunos casos los expertos continúan debatiendo la atribución de la autoría. Entre lo que se discute está la idea de que la Segunda Carta de Pedro se haya escrito 75 años después del martirio de Pedro en Roma; y que la Carta de Santiago no haya sido escrita por el pariente de Jesús, sino por otro de los primeros cristianos también llamado Santiago.

Los eruditos expresan incertidumbre acerca de los autores de tres Cartas (1 y 2 Timoteo, y Tito) atribuídas a Pablo.

La atribución de obras a personas respetadas tal vez ocurrió porque los autores deseaban mostrar un vínculo entre los escritos y la autoridad de un personaje venerado.

Esta era una práctica común en los tiempos antiguos.

Las personas que realmente escribieron el Nuevo Testamento buscaban preservar y transmitir el mensaje de Jesús, y cada uno de los documentos existen como fuente de instrucción e inspiración para los creyentes, sin importar el nombre del autor. 284 Famoso por sus dotes musicales, David toca la lira, en esta miniatura holandesa del siglo XV.

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¿Por qué es Importante la Piedra de Rosetta en la historia de la Biblia?

En agosto de 1799, uno de los oficiales de Napoleón descubrió una losa de basalto negro semienterrada en el lodo, cerca de la aldea egipcia de Rosetta.

La Tosa, de 1.13 m de largo, 73 cm. de ancho y 27 cm. de espesor, tenía inscritos caracteres de tres tipos de escritura: griego antiguo, jeroglíficos del antiguo Egipto, y demótico egipcio (la escritura cursiva que reemplazó a los jeroglíficos en los documentos ordinarios).

En ese tiempo, los expertos no pudieron descifrarlos jeroglíficos, pero supusieron que las tres inscripciones se referían al mismo acontecimiento: una celebración en el año 196 a.C. del rey Tolomeo V.

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El erudito inglés Thomas Young mostró que el nombre de este monarca aparecía seis veces en cada texto.

Además, el egiptólogo francés Jean-François Champollion encontró equivalentes griegos para todos los signos jeroglíficos conocidos. Notó Champollion que las imágenes individuales de la misteriosa escritura representaban una idea completa, unas veces con una sílaba y otras con una sola letra. Las traducciones de este hallazgo proporcionaron mucha información como respaldo histórico para ciertos acontecimientos narrados en la Biblia.

Hallado hace poco en Israel, este becerro de bronce, de 3,500 años de antigüedad, date de la época de los cananeos y tal vez fue prototipo del becerro de oro del Exodo.

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¿Cómo consideraban los primeros cristianos las Escrituras hebreas?

La mayoría de los primeros cristianos eran judíos que consideraban que su deber religioso era reconocer —en las palabras de Jesús— en “la Ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos” una forma común y única de referirse a las Escrituras. Para ellos, el Antiguo Testamento era la ley única y verdadera.

El aceptar a Jesús como el Mesías hacía que los primeros creyentes buscaran en sus libros la confirmación de que El era el anunciado en las profecías.

Los cuatro Evangelios citan pasajes del Antiguo Testamento para apoyar el mesianismo de Jesús, y Pablo se refiere también a las Escrituras hebreas para apoyar sus enseñanzas.

Mateo menciona más de 60 pasajes del Antiguo Testamento para demostrar que con Jesús se cumplían las profecías mesiánicas de las Escrituras. Los primeros cristianos recurrieron alAntiguo Testamento para explicar la crucifixión y la resurrección de Jesús.

La crucifixión se interpreta según el salmo 22 (Vg. 21), y la resurrección, en pasajes como el salmo 16 (Vg. 15), que habla de la liberación de la suerte del Seol. LO 24:44

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¿Cuáles fueron las primeras copias completas de la Biblia?

La Biblia hebrea completa más antigua es el Códice de Leningrado (1008 d.C.). El Códice de Aleppo (900-950 d.C.) es más antiguo, pero algunas partes fueron destruidas en 1947, durante la guerra árabe-israelí. Antes de los Rollos del Mar Muerto, estos dos códices y otros manuscritos anteriores, pero incompletos, eran las fuentes disponibles más antiguas para el estudio de textos del Antiguo Testamento.

Los dos códices son obra de los masoretas, escribas judíos medievales, que examinaron cuidadosamente los manuscritos bíblicos y produjeron un texto estandarizado. La Biblia tradicional judía de nuestros días es llamada “texto masorético”.

Cuando los expertos comparan el texto masorético con los Rollos del Mar Muerto (algunos de los cuales datan del año 200 a.C.), les resulta evidente que tres versiones diferentes del Antiguo Testamento circulaban en los tiempos de Jesús. De éstas, una fue la fuente principal de los Rollos del Mar Muerto, o de traducciones como la Septuaginta, o Versión de los Setenta.

La copia completa más antigua del Nuevo Testamento es un extenso manuscrito del siglo IV, en pergamino, descubierto en 1844 en el monasterio de Santa Catarina, en el monte Sinaí, conocido por ello como Códice Sinaítico.

Una copia casi completa, de la misma antigüedad, del Nuevo y del Antiguo Testa Dos páginas del Códice Sinaitico, la versión completa más antigua del Nuevo Testamento que se conoce.

Erudito de rara brillantez San Jerónimo (en una pintura renacentista) tradujo personalmente los textos originales hebreo y griego de la Biblia a una versión en latín, la Vulgata, que dominó la historia de la Iglesia durante un milenio.

mento en griego, es el Godex Vaticcznus, que ha estado en la biblioteca del Vaticano desde antes que ésta fuera catalogada por vez primera en 1475. Es posible que estos dos manuscritos hayan sido encargados por el emperador Constantino.

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¿Por qué los cristianos rechazaron los rollos?

Las bibliotecas grecorromanas no tenían nada que pareciera un libro. En sus muros había nichos que contenían pilas de rollos de pergamino o papiro. Una copia completa del Antiguo Testamento requería de una gran cantidad de rollos, y comparar un pasaje del Génesis con uno de Isaías, por ejemplo, era un fastidioso enrollar y desenrollar. Además, los rollos eran de difícil manejo y el constante uso los dañaba.

Los escritos del Nuevo Testamento fueron compuestos también sobre rollos.

Pero ya para el siglo II d.C. los escribas cristianos empezaron a copiar sus textos en el nuevo formato llamado códice, hecho de varias hojas de papiro o pergamino, dobladas por la mitad y unidas unas con otras con una costura a lo largo del doblez, formando así páginas que se leían como un libro moderno. No había necesidad de enrollar y los pasajes se localizaban rápidamente.

El códice era más económico porque se utilizaban ambos lados del papiro o del pergamino.

También podían agregarse más escritos en una sola unidad. Por ejemplo, aun los pequeños códices de papiro iniciales contenían los cuatro Evangelios o todas las cartas de Pablo. Posteriores códices de pergamino, como el Códice Sinaítíco, llegaban a contener el Antiguo y el Nuevo Testamentos. Los códices facilitaron el estudio de la escrituras y la transmisión de conocimientos e ideas de toda clase.

Todos los manuscritos del Nuevo Testamento hasta hoy conocidos proceden de códices y no de rollos. Los primeros cristianos tal vez inventaron el formato de códices para sus escrituras; en contraste, durante siglos las obras no cristianas siguieron copiándose en rollos tradicionales.

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¿Cómo ayudaron los monjes a asegurar la supervivencia de las Escrituras?

Desde cerca del año 500 y hasta los albores del Renacimiento, en el siglo XIV, todas las realizaciones intelectuales y artísticas fueron patrocinadas por la Iglesia. Los monjes que copiaban los manuscritos bíblicos se aseguraban de que esos registros pasaran a manos de la futuras generaciones.

Los monasterios eran los centros de esas actividades, y casi todos tenían un scriptorium, salón con ventanas que permitían la iluminación del sol.

En ese salón se copiaban los manuscritos y, por lo general, estaba situado junto a la biblioteca, donde había textos de consulta. Cada scriptorium estaba a cargo de un monje que dirigía el trabajo y distribuía los materiales necesarios.

Los manuscritos que sobreviven revelan que algunos eran obra de un solo copista, mientras que otros los hacían varias personas, las cuales trabajaban al mismo tiempo sobre secciones separadas del texto.

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¿Cómo se enseñaba la Biblia a la gente que no sabía leer?

A fines del siglo XIII, en iglesias del sur de Alemania se puso en práctica un método de enseñanza de los Evangelios para los analfabetos. Los clérigos se servían de libros con imágenes, conocidos como Bibliaepauperum (Biblias de los pobres), para explicar cómo se pronosticaron en el Antiguo Testamento los sucesos de la vida de Jesús. 

Los monjes del monasterio de Santa Caterina, en el monte Sinaí copiaron y conservaron con celo las Escrituras, como se deduce de un impresionante hallazgo en 1975, cuando se descubrieron en el lugar más de 3,000 manuscritos.

Una página típica de una de estas Biblias tiene una pintura central grande de algún hecho significativo del Nuevo Testamento, rodeada por figuras más pequeñas de los acontecimientos correspondientes del Antiguo Testamento. Arriba y abajo de esas ilustraciones hay imágenes de los profetas de las que salen unos rollos con sus profecías.

Algunos son como los globos en los que se escriben los diálogos de las caricaturas modernas. Un texto adicional, que el maestro lee en voz alta, contiene las explicaciones de los sucesos.

Esos libros eran valiosos auxiliares de enseñanza para los clérigos pobres que no podían adquirir Biblias completas, pues éstas, en aquellos tiempos, eran demasiado caras.

Aunque las Biblias de los pobres no tuvieron un uso muy difundido hasta el año 1300 (sobreviven 70 manuscritos de ese periodo), representan un antiguo método cristiano de enseñanza llamado de representación tipológica, una doctrina expresada por el dicho latino Novum Testamentum in Vetere latet, Vetus in Novo patet (El Nuevo Testamento está oculto en el Antiguo, el Antiguo está abierto en el Nuevo).

Relacionada con las Biblias de los pobres, y más popular en Francia, fue la Bible moralisée, cuyo texto e ilustraciones trataban de dar una lección moralizadora, además de narrar los pasajes bíblicos.

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¿Cuáles fueron las primeras traducciones a lenguas modernas?

Antes de que proliferaran los textos impresos en el siglo XVI, la Biblia se había traducido a 33 lenguas diferentes. Hubo una traducción al alemán de un texto bíblico hecha en el siglo XI.

Los Libros de la Biblia aparecieron en holandés, francés, islandés, italiano y español durante los siglos XII y XIII; en inglés, noruego y polaco en el siglo XIV; en húngaro y sueco en el siglo XV. Todos ellos, por supuesto, fueron copiados a mano.

La segunda Biblia impresa (después de la edición de la Vulgata que hizo Gutenberg en 1456) fue una en idioma alemán, publicada por Johann Mentelin, en Estrasburgo, en 1466. Una tercera Biblia impresa, traducción italiana de la Vulgata, se publicó en 1471; una Biblia catalana de 1478 fue el cuarto texto bíblico impreso; la quinta Biblia fue impresa en checo en 1488.

Para 1534, cuando Martín Lutero terminó la traducción de la primera Biblia en alemán moderno de los originales en hebreo y griego, había ya 14 diferentes traducciones de la Vulgata al alto alemán (del cual derivan el alemán moderno y el yidish) y cuatro al bajo alemán (del que derivan el holandés, el inglés y el afrikaans).

A consecuencia de la reforma protestante, se publicaron Biblias en francés en 1534 (por Lefévre), y en 1535 (por Olivetan); en español y checo en 1602; y en italiano, en 1607 (por Diodati). Las Biblias traducidas al inglés aparecieron desde 1535.

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¿En qué forma renovó Martín Lutero el interés en la Biblia?

En el siglo IV, la traducción de San Jerónimo de la Biblia al latín (la Vulgata) hizo accesible las Escrituras a los pueblos de habla latina del Imperio Romano. Un milenio después, la traducción de Martín Lutero al alemán hizo que la Biblia estuviera disponible para la gente de habla germana, en el siglo XVI.

Después de su ordenación como sacerdote en 1507, Lutero estudió teología en Erfurt y más tarde en la nueva universidad de Wittenberg donde empezó a enseñar la Biblia en 1513.

Al romper con la Iglesia, Lutero se recluyó en el castillo Wartburg, donde pasó parte del año 1522 trabajando en su traducción del Nuevo Testamento del griego al alemán. Doce años después completó la traducción del Antiguo y el Nuevo Testamentos.

La Iglesia había recalcado la autoridad de la Vulgata y hacía poco uso de los textos originales hebreos y griegos.

La traducción de Lutero, basada en las lenguas originales, despertó un nuevo interés en la Biblia, y la disponibilidad de las Escrituras en un idioma común al pueblo alemán fortaleció a la naciente reforma protestante.

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¿Qué tan importante es la Biblia en la obra misionera?

Desde que fueron escritos las palabras de Jesús y los hechos de los apóstoles, las Escrituras han sido el centro de la obra de las misiones cristianas.

Los misioneros reciben su primera comprensión de la enseñanza cristiana mediante el estudio de la Biblia, y la fe en su mensaje los envía a recorrer el mundo proclamando la palabra, recordando la orden de Jesús de “id pues y haced discípulos a todas MT. 28:19 las gentes”.

La Biblia, como registro escrito de la fe cristiana, explica los principios básicos de vida para un converso y es la única fuente de las enseñanzas de Jesús. Se sabe que la fuerza del mensaje bíblico puede convertir a los no creyentes.

Antes de los años 1880, a los misioneros occidentales se les prohibía entrar en Corea; pero algunos años antes habían pasado de contrabando.

Las imágenes del gran pez Leviatán y el feroz toro Behemot adornan un texto hebreo del siglo XIV. Los escribas trabajan en el jardín de  monasterio benedictino, en esta iluminación del siglo XIII

A través de Manchuria, los Evangelios traducidos al coreano, y cuando por fin los misioneros fueron admitidos, encontraron conversos bautizados que habían leído los Evangelios y aceptado sus enseñanzas.

En tiempos recientes, la actividad misionera se ha dedicado a hacer que la Biblia sea accesible y esté disponible para toda la gente, y en todas partes, mediante traducciones a los idiomas de grupos que carecen de Biblias en lengua vernácula.

Para el siglo XVIII, los misioneros cristianos habían aprendido que el éxito de su trabajo dependía en gran medida de la disponibilidad de una Biblia en lengua nativa.

Ante esta realidad, los misioneros tuvieron que ser también lingüistas y traductores, y sus esfuerzos dieron por resultado docenas de nuevas versiones en el siglo XIX. Para publicar una nueva traducción no siempre se esperaba a que todo el trabajo se completara.

Se publicaban uno o varios libros a la vez, comenzando por los Evangelios, y luego, quizás varios años después, se completaba toda la traducción. Mientras tanto, los libros puestos en circulación servían para difundir el cristianismo.

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¿A cuántos idiomas se ha traducido la Biblia?

La Biblia —toda o partes de ella— ha sido traducida a más de 1,900 lenguas, desde el afrikaans hasta el zulú. Según la Sociedad Estadounidense de la Biblia, para 1989 se habían completado traducciones en 314 idiomas (incluyendo las principales del mundo), versiones del Nuevo Testamento en 715, y traducciones de cuando menos uno de los libros bíblicos en 890.

El libro que más se ha traducido es el Evangelio de Marcos, disponible en 800 diferentes lenguas y dialectos. Durante el siglo XIX se fundaron varias sociedades bíblicas para supervisar los trabajos de traducción.

Después de la Segunda Guerra Mundial se estableció una agencia coordinadora, las Sociedades Bíblicas Unidas. El mayor de tales grupos es Traductores de la Biblia de Wycliffe, junto con su filial, el Instituto Lingüístico de Verano, que se iniciaron cuando los misioneros reconocieron la necesidad de hacer traducciones a lenguas y dialectos de grupos pequeños.

Los riesgos al traducir una obra tan voluminosa y complicada como la Biblia son muy numerosos: muchas veces las estructuras gramaticales no encuentran un equivalente, y en ocasiones las referencias bíblicas resultan totalmente extrañas para otras culturas.

En una versión en lenguaje indonesio, lobos “con MT. 7:15 vestidos de oveja” tuvo que traducirse como “cocodrilos con forma humana”, una imagen mucho más gráfica para un pueblo donde no hay lobos pero abundan los cocodrilos. Una traducción demasiado literal del salmo 23 al lenguaje de los indios tlingit de Alaska, creó un malentendido porque nadie entendió la frase “Yavé es mi pastor”, pues en esas regiones, como bien es sabido, no hay pastores ni ovejas.

Cada año se realizan aproximadamente 20 nuevas traducciones de la Biblia, en dialectos y lenguas casi desconocidos, en un gran empeño de llevar el mensaje bíblico a todos los pueblos ya todas las gentes.

En Africa todavía hay mucho por hacer, dada la diversidad de lenguas que allí existe.

Martín Lutero en retrato pintado por Lucas Cranach.

La traducción de la Biblia que hizo Lutero tuvo efectos de gran alcance.

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¿Cuándo se publicó la primera versión en español de la Biblia?

A fines del siglo XII, en cuanto el latín dejó de ser la lengua literaria de España y bastante antes de la introducción de la imprenta en la Península Ibérica, comenzaron a aparecer en Cataluña y Aragón versiones diversas escritas en lengua vulgar (español antiguo), algunas de ellas rimadas, como la de Romeu Sa Bruguera.

Sin embargo, por tradición, se considera que la Biblia Alfonsina —traducción de la Vulgata, en manuscrito del siglo XIII— fue la primera versión en español de las Escrituras.

Esta fue encargada en Castilla por el rey Alfonso X el Sabio, y no se trata de una mera traducción, sino que contiene, además, comentarios, críticas y fechas históricas relacionados con los pasajes bíblicos. La Biblia Alfonsina seguramente se nutrió de una vasta colección de diversas traducciones parciales al español común realizadas en el siglo XII.

Entre los años de 1422 y 1430 se realizó la Biblia de la Casa de Alba, una versión traducida directamente del hebreo, la que, por lo tanto, no contiene los libros deuterocanónicos. Se publicó bajo la dirección del rabino Mosé Arrangel de Guadalajara.

Otros judíos españoles (sefarditas) publicaron varias versiones del Antiguo Testamento. La más importante de ellas fue la Biblia de Ferrara —“hecha por los judíos para los judíos”—, que apareció en 1553, 91 años después de la expulsión masiva sufrida por la comunidad judía de España.

Esta versión es considerada como una de las cumbres de la lengua española. Debe su nombre a que se publicó en Ferrara, Italia. En 1569 apareció en Basilea la Biblia del Oso, editada por el monje Casiodoro de Reina, que había huido a esa ciudad por sus convicciones protestantes.

La obra debe su nombre al hecho de que en su portada aparecía un oso buscando miel en un tronco. Otro monje protestante, Cipriano de Valera, revisó la Biblia del Oso y produjo en 1602, en Amberes, una versión muy pulida que ha servido de modelo para diversas Biblias protestantes tanto en español como en inglés.

En realidad, la obra de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera ha merecido varias revisiones, sobre todo por las Sociedades Bíblicas Unidas, de 1909 a 1966. Una de las revisiones dio origen a la Biblia Anotada de Scofield, en inglés, que a su vez fue traducida al español por el doctor Emilio Antonio Núñez. En 1987, tres sacerdotes sevillanos revisaron la Biblia del Oso y conjuntaron un texto notable, acorde a nuestros tiempos.

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¿Ayudó la imprenta en la proliferación de versiones bíblicas en español?

¿Por qué proliferaron las Biblias en español protestantes y no las católicas?: El protestantismo comenzó a cundir en Europa por medio de versiones bíblicas en lenguas vernáculas.

En España la corriente de partidarios de la Reforma protestante caló muy hondo entre los intelectuales y aun entre los clérigos. Uno de esos reformistas fue el profesor de griego Francisco Encinas, quien en 1543 publicó el Nuevo Testamento en español.

Su obra, traducida del griego, inspiró a otros protestantes españoles, incluso a monjes católicos, algunos de los cuales probaron suerte escribiendo versiones en lengua común, aun bajo el riesgo de sufrir represión.

Mientras tanto, para detener la difusión del protestantismo por medio de interpretaciones particulares de la Biblia, el Concilio de Trento prohibió en 1546 las versiones en lengua vernácula que no fueran aprobadas por la Iglesia.

La Inquisición española fue aún más estricta, al prohibir de plano la lectura de las Escrituras en “romance castellano”. A fines del siglo XVIII, la Inquisición levantó la prohibición y muy pronto, en 1793, apareció la Biblia de Scío, basada en la Vulgata. Esta versión fue considerada erróneamente —aunque con razón— como la “primera Biblia católica en lengua castellana”.

En 1825, el clérigo Félix Torres Amatrevisó la Biblia de Scío y publicó una versión nueva, apoyado en los textos inéditos del jesuita José Miguel Petisco.

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¿Cuándo se tradujo por vez primera la Biblia al inglés?

El cristianismo llegó a las Islas Británicas cuando éstas formaban parte del Imperio Romano; pero a la caída de Roma, los anglosajones expulsaron a los cristianos. En 597 una misión evangelizadora logró un sorpresivo éxito entre aquellos bárbaros. En 75 años fueron traducidas al idioma anglosajón varias partes de la Biblia. En el siglo va, un pastor llamado Caedmon, inspirado por una visión, empezó a entonar un canto sobre la creación del mundo.

Fue llevado a la abadía de Whitby, donde puso en versos anglosajones partes del Pentateuco y algunos pasajes del Nuevo Testamento que le relataron los monjes. En el siglo IX Cynewulf compuso una versión poética de la vida de Jesús; los salmos fueron reproducidos por el obispo Aldhelm; y el venerable Bede, historiador de la primera Iglesia de Inglaterra, trabajaba en una traducción del Evangelio de Juan cuando murió, en 735.

El rey Alfredo, que murió en 901, incorporó a su código legal versiones anglosajonas de los mandamientos, partes del Éxodo y del Libro de los Hechos. Al aproximarse la conquista normanda de 1066, en esa tierra se conocían glosas o comentarios sobre la Escrituras.

Cuando los normandos invadieron y empezaron a imponer el idioma francés en Inglaterra, ya se había dado un importante paso en el proyecto de llevar las Escrituras a la gente común de la ex provincia romana de Bretaña.

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¿Qué es la Biblia de Ginebra?

La reina María Tudor, que era católica, trató durante su breve reinado (1553-1558) de poner freno a la Reforma y expulsó de Inglaterra a muchos eruditos y clérigos protestantes.

Algunos de ellos viajaron a Ginebra, donde publicaron la Biblia de Ginebra, en 1560. Esta versión ayudó a forjar el curso de la historia inglesa. Oliver Cromwell y el ejército puritano llevaban consigo la Biblia de Ginebra durante la guerra civil inglesa; también la llevaron consigo a la bahía de Massachusetts los austeros 305 María de Escocia, acusada de conspirar contra Isabel I para restaurar el catolicismo en Inglaterra, jura inocencia ante su Biblia.

hombres y mujeres que fundaron las primeras colonias inglesas en América; y fue la que extendió las doctrinas puritanas por el reino de Isabel 1, la sucesora de María. Se hicieron 140 ediciones de la Biblia de Ginebra, que ejerció su influencia religiosa en Inglaterra y Estados Unidos durante varias generaciones. La principal fuerza tras la Biblia de Ginebra fue William Whittingham, un colega del líder protestante Juan Calvino.

En el ámbito del protestantismo de esa época, Whittingham intentaba que la traducción y las acotaciones alcanzaran no sólo a las personas cultas sino también a la gente común. Pensaba que la Biblia era la fuente de ayuda que todos los hombres y las mujeres necesitaban.

¿Cuales son los problemas más frecuentes de los traductores de la Biblia?

Uno de los grandes problemas de los traducción del Antiguo testamento (escrito principalmente en hebreo y con adiciones en arameo) es la falta de vocales y de puntuación de los pasajes bíblicos. Muchas palabras, además, aparecen juntas y es difícil desligarlas.

Asimismo, el idioma y los dialectos derivados de él evolucionaron a través de los siglos.

El Nuevo Testamento, por otra parte, fue escrito en griego común, prevaleciente en tiempos de Jesús como un gua franca y con muchas variaciones.

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¿Por qué hay tantas versiones de la Biblia?

Las investigaciones amplían continuamente nuestros conocimientos sobre las palabras bíblicas, así como nuestra comprensión de las ideas y costumbres que aparecen en la Biblia. Toda nueva traducción nos ofrece la oportunidad de acercarnos más al significado original. Además, nuestro idioma sufre cambios y las palabras antiguas toman un significado nuevo.

En consecuencia, las nuevas traducciones le hablan a cada generación con fuerza y oportunidad. Las preferencias personales y los conceptos teológicos también dan lugar a las nuevas versiones. Algunos lectores prefieren el lenguaje coloquial; otros gustan de un estilo más formal, con el uso de os y vos.

Finalmente, algunas ediciones se preparan exclusivamente para los eruditos católicos, protestantes o judíos, mientras que otras tienen diferentes perspectivas religiosas.

En la liturgia actual de la Iglesia Católica se ha dado paso, en el idioma español que se habla en México y en algunos países de América Latina, al lenguaje informal en vez del reverencial utilizado hace no mucho tiempo.

Así, por ejemplo, ahora en los misales se leen los textos de Lc. 12:32-35 de la siguiente manera: “No temas rebafúto mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas.

Consigan unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón.”

Antes se leía así: “No temáis, pequeño rebaño mío, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.”

Con este cambio de estilo no se trata de ser irreverente, sino de dar fluidez a los textos para que el oído de los feligreses todos —cultos e incultos, niños y adultos— capte de inmediato el mensaje bíblico.

En nuevas versiones de la Biblia incluso se recurre a las paráfrasis, es decir a explicaciones ampliadas, adecuadas a nuestros tiempos, para hacer más inteligibles los textos, más acordes con el habla actual.

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