Porque Se Dice…?

El Descubrimiento de la Dama de Elche Historia

HISTORIA DE LA DAMA DE ELCHE

Dama de Elche, se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Se considera obra cumbre de la escultura ibera datada, aproximadamente, entre los siglos IV y I a.C. En la actualidad se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

En un atardecer de agosto, hace ya medio siglo, surgió de la tierra, donde estuviera oculta dos mil cuatrocientos años. Llegó con su aire solemne de sacerdotista. Y como el retrato de una española, anunciando, ya, un complejo de virtudes raciales. La cara, de óvalo perfecto: sus ojos, almendrados, llenos de dignidad, y encuadrando facciones impecables y nobles; un monumental ornamento de pendientes, collares y peineta. Acudía a una cita dada 24 siglos antes, y llegaba con su atuendo castizo, que poco han variado los siglos.

La Dama de Elche

Manos trabajadoras la arrancaron de la tierra. Se estaba plantando granados, a dos kilómetros de la bella ciudad levantina de Elche, cerca del mar.

El día 4 de agosto de 1897, fue de terrible canícula, y ni las aguas del Vinalopó, ni las brisas marítimas tamizadas en los bosques de palmeras que dan fama a la ciudad, habían mitigado el sofoco.

Los obreros retrasaron su labor a las horas del crepúsculo; uno, llamado Maciá, dio con la azada en piedra.

El capataz Galiano tenía práctica en zona tan rica en hallazgos. Se extrajo, con sumo cuidado, la bellísima obra, y, en un carrito, fue llevada a la ciudad, a casa del doctor Campello.

El público, ese público de intuición sabia, del levante valenciano, acudió en masa a la vivienda del propietario.

Hubo que habilitar un tenderete en el balcón, para que miles de ciudadanos contemplaran, desde la plaza, «la obra de arte más espléndida, más asombrosa y más española de la antigüedad».

Elche celebra anualmente un drama campesino, un «misterio» de la pa-sión del Señor, que atrae extranjeros de todas partes. Aquel año fué (como otros) el hispanista Pierre Paris.

Derrochó oratoria: el museo del Louvre era inmenso, allí contemplarían a la «Dama de Elche» los millones de visitantes de la exposición universal de París. El Museo Arqueológico de Madrid era, entonces, apenas un proyecto. . . Y la dama de peineta castiza y grandes estuches redondos para conservar el tesoro de sus trenzas, salió para las brumosas orillas del Sena.

Allí, entre formidables toros babilónicos y colosos egipcios, atrajo, su belleza sin par y su gracia española, la mirada de los visitantes. Pero ella añoraba su patria; e, igualmente, su patria, a ella.

Por fin, tras largo destierro, el día 8 de febrero de 1941, a las tres de la tarde, volvió la magnífica obra de arte a cruzar, para siempre, la frontera hacia sus lares.

El día 10, a las nueve horas y 45 minutos, era recibida en la estación ferroviaria de Atocha, en Madrid.

Ahora se exhibe en el magno Museo del Prado, la colosal pinacoteca madrileña. La «Dama de Elche» puede ya deshacer el ceño de tristeza que le imprimieron 24 siglos de tinieblas, añorando volver a la luz de España.

En su salita del Prado, rodeada de mármoles que la encuadran, recibe la visita casi ininterrumpida del atol, por ella añorado, a la vez que miradas llenas de admiración.

La «Dama» está ya en su ambiente: si alguna mujer levantina acude a visitarla puede ver el origen de los rodetes de sus trenzas en los de la magnífica estatua ibérica; cualquier española en atuendo de fiesta, ve, en la sacerdotisa, la misma peineta que adorna su cabeza.

La «Dama de Elche» es «Dama de España», en la cara, en el vestido y en la espiritualidad que asoma a sus primitivos ojos de forma de almendra.

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AMPLIACION SOBRE EL TEMA…

¿Qué querrá decir ese mirar de apagada tristeza, ese rictus de tus labios juntos y apretados, cual si temieran revelar una rica angustia?. ¿Será una simple inhabilidad del artista arcaico que te labró o una revelación que captó tu alma atravesada por los dolores de la raza?.

La riqueza de tu tocado — la mitra que sostiene el velo rojo de la mantilla; la diadema, adornada por una serie triple de bolitas; los grandes discos que enmarcan tu rostro; los tres collares que descansan sobretu pecho—, todo esto no puede distraer nuestra atención porque el encanto de tu cara la retiene con devoción  ensimismada.

¿Cuál es tu poder, señora de la aña antigua?

Cuando te raptaron — porque aun tu representación ikórica fué capaz de producir arrebatos pasiona-—.y en las tristezas del inmenso Louvre sentiste ante más de cuarenta años la nostalgia de tu viejo patrio, guardaste esa actitud de soberana melancolia de la princesa en el destierro.

Pero hoy, que has regresado a la tierra de que eres símbolo, ¿sonreirás algún día y nos revelarás entonces la tragedia que no Be faltar en tu alma? ¿Dejarás de ser la esfinge de España?.

Quizá nos aproximemos a la verdad quienes vemos la expresión de una cultura próxima a ser desbordada y suplantada por la de otros pueblos, más afortunadps o  o más poderosos, más civilizados o más fuertes.

¿?Qué importa, en este caso, que el artista que inmorta-tus rasgos en ese bloque de arenisca fuese indigena o griego? ¿Qué importa si las joyas que luces son das y las tocas españolas?.

Cuestiones son éstas para ser debatidas por los arqueólogos que miden tu belleza con un compás y te consideran como una nueva piedra sujeta a su curiosidad. No. Lo que interesa es tu tipo netamente hispano y esa expresión de augusto fatalismo, ese desprecio del devenir histórico.

¿Acaso no apunta en tu boca esa admirable imperturbabilidad con que los héroes de Viriato y de Numancia, y más tarde, los de Sagunto, recibirían la muerte en defensa de la libertad e independencia de su pueblo?

Fuente Consultada: REvista Geográfica Americana – Nº193 Año XVII – Edición Mensual Ilustrada

Historia de los Naipes o Juego de Barajas Resumen

Historia de los Naipes ó Juego de Barajas

Los naipes aparecieron en Europa hacia el siglo XIII, traídos probablemente por los nobles que volvían de las cruzadas. La ilustración muestra un juego de naipes diseñados en Francia por el rey Carlos VII. Libro desencuadernado que leen las personas de cualquier condición y estado, y que podría ser registrado en el índice de los Prohibidos. Con esta curiosa definición, un gramático español, en una enciclopedia castellana del año 1674, se refería al inofensivo mazo de naipes.

Distintas hipótesis atribuyen a la China y a la India el origen de los naipes. Idénticos problemas surgieron sobre la difusión de las barajas en Europa; pero es probable que los árabes las difundieron hacia 1350 en España, de donde pasaron a Francia, Italia, Bélgica y Alemania. También hay diversas opiniones sobre los juegos inventados por los árabes. En el siglo XV ya se conocían distintos juegos,  y los naipes representaban figuras artísticas y delicadas. He aquí un grupo de jugadores de esa época.

El estilo de esta apreciación (como libro prohibido) refleja el espíritu del siglo XVII, y la desconfianza que entonces inspiraban todos los juegos en los que intervenía la casualidad. Sin embargo, prescindiendo de toda consideración moral sobre los diversos juegos, debemos indicar que los naipes no merecen semejante desaprobación. De hecho, su iconografía, sus figuras, especialmente en las barajas antiguas, representan una concepción filosófica de la vida, si bien simplista y popular, que puede interesar tanto desde el punto de vista psicológico como artístico. Y esto lo veremos repasando brevemente la historia de la baraja.

Su origen es incierto, aun cuando existan muchas hipótesis atractivas. La opinión más difundida es la de que las barajas nacieron en la India, como simplificación del ajedrez —también de Oriente, y acaso de la India.

La semejanza entre el juego de naipes y el de ajedrez es evidente: en el primero, cuenta más la suerte; y en el segundo, la habilidad del jugador. Pero tanto en el uno como en el otro los adversarios se enfrentan como si se tratase de ejércitos en orden de batalla.

El rey, la reina, los alfiles —que son las principales figuras del ajedrez—, corresponden a las figuras más importantes de los naipes. Los peones, que representan a los soldados, tienen la misma función que las cartas menores en las barajas. En lugar del caballo (simbolizado por el caballero) y de la torre (de la fortaleza, del castillo), en las barajas existe el as que, según los entendidos, representa la bandera o estandarte del regimiento.

Además de esta hipótesis sobre el origen de los naipes existe otra, igualmente sostenida, y no menos probable: la que afirma que las cartas derivan de ciertos juegos infantiles llamados en árabe naib o nahib, ya conocidos en Italia a principios del siglo XIV. En rigor, es posible que haya sucedido lo contrario, es decir, que dichos juegos llamados naib se inspirasen de los naipes usados por los adultos.

cartas tarot

También de los muchos tipos de barajas de naipes, uno de los más antiguos es la baraja de tarot, en la actualidad utilizado como un medio para predecir la fortuna. Una baraja de tarot consiste en 78 naipes, 22 de los cuales retratan objetos o personajes simbólicos o alegóricos.

Es casi un hecho que las primeras barajas aparecieron en España e Italia, probablemente introducidas en esos países por los árabes a mediados del siglo XIV; allí, siguiendo un natural proceso de asimilación, se cambiaron las figuras primitivas, acomodándolas a las costumbres de la sociedad europea. Que junto a los naipes europeos existiese aún la baraja árabe, se prueba por el hecho de que, en un inventario de los objetos pertenecientes al duque de Orleáns, realizado en 1408, se mencionan dos tipos de barajas diferentes, uno de los cuales defínese como «sarraceno».

Las cartas se difundieron inmediatamente en todos los países, especialmente en Alemania, Bélgica y Francia, ganando la aprobación y la entusiasta adhesión de todas las clases sociales: así lo establece una leyenda según la cual los naipes fueron inventados por un cortesano francés para distracción de Carlos VI (el rey loco), que fue un apasionado jugador.

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Cada país ha diferenciado perfectamente sus naipes. En Alemania, las figuras representaban animales, flores, figuras humanas, etc., y las barajas eran de gran tamaño. Famosos artistas se dedicaron al diseño de naipes, especialmente en los siglos XV y XVI. Además de la fantasía —prodigiosa por cierto—, los miniaturistas se inspiraron en motivos de la historia antigua y de la mitología.

Desde su primera aparición, las barajas se diferenciaron netamente según los países. Alemania tuvo, en los siglos XIV y XV, cartas de grandes dimensiones, cuyas figuras representaban, sobre todo, objetos animados. En 1400 aparecieron una serie de naipes redondos, originales y de exquisita factura.

La baraja numerada —empleada en la actualidad— fue la primera que los franceses usaron en sus juegos; pero una infinidad de figuras —personajes célebres de la historia, seres mitológicos, fantásticos y alegóricos— hicieron variar al infinito los naipes de Francia. Series enteras se conservan en los museos, y todas sumamente apreciables: las pintadas en Lyón en el siglo XV, ilustradas con figuras mitológicas, y las de Dijón y de Ruán, hechas en Italia y grabadas en madera en el siglo XVI, son las más hermosas de la época.

De invención italiana fueron los tarocchi: mazo de 78 naipes subdivididos en 22 triunfos, representados por distintas figuras, entre las cuales había oro, copa, basto y espada. Estas figuras han llegado a las barajas actuales, y con ellas se juega al «truco», a la «escoba», al «mus», al «tute», al «siete y medio», etc.

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Además de los tarocchi, muy difundidos por aquel entonces en casi todos los países, existían otros juegos que, si bien se miran, eran simples variantes —más o menos interesantes— de aquéllos. Las series de estos juegos tomaron los nombres de las ciudades o lugares donde más se practicaban.

Se ha dicho que tales juegos introdujeron modificaciones en los naipes, sobre todo en los mazos, en los que el número de cartas había llegado a 48 ó 52.

En Alemania existían, además, barajas que hoy diríamos «de lujo», para las clases más elevadas, y otras «comunes», para las gentes del pueblo. Tanto las cartas de lujo como las simples, quizás por coincidencia, estaban signadas con símbolos iguales o semejantes a los naipes italianos: cimitarras, copas, granadas y bastos.

Esta igualdad de símbolos en las barajas comunes de todos los países, ha despertado la curiosidad de los estudiosos, que han querido reconocer en ellos los emblemas de las cuatro clases sociales más importantes de la Edad Media: oros o granadas representarían en tal caso a los mercaderes, copas al clero, bastos a los campesinos, espadas o cimitarras a los guerreros.

Pero es en Francia donde, desde el siglo, XV, se utiliza un tipo de naipes muy similares a los que hoy se conocen. En dicha baraja se distinguen cuatro figuras: corazón, carro (llamada también diamante), flor (o trébol) y pique. Dadas también otras figuras (rey, caballo, sota), se estima que tales símbolos eran guerreros.

Éste es el tipo de mazo, de 52 cartas, que ha tenido más fortuna en el curso de los siglos, puesto que ha llegado hasta nosotros, según la iconografía del siglo XVIII.

Recordemos que, como todos los juegos, el de los naipes se creó de acuerdo con las características del tiempo y de las personas. Así existieron, especialmente en Alemania y Francia, naipes humorísticos: barajas con figuras de animales, de flores, de trajes y tocados de moda; naipes satíricos, que revelaban las reacciones del pueblo respecto de sus gobernantes (se conservan, verbigracia, algunos ejemplares de cartas alemanas del siglo XV, donde el rey rige el abanico y la reina el cetro); barajas instructivas para uso de los niños —y también de los grandes—, con figuras tomadas de la historia, de la geografía, de la botánica, etc.

Interesantísimas, tanto desde el punto de vista histórico como artístico fueron las  cartas francesas  contemporáneas de la Revolución y del imperio napoleónico. El rey fue reemplazado entonces por un hombre con el gorro frigio, llamado genio de la guerra, del comercio, de la paz, de las artes, según la serie a la cual pertenecía; las cuatro reinas representaron respectivamente la libertad de profesión, de matrimonio, de prensa y de culto; las sotas se transformaron en igualdad de clases, de derechos y obligaciones.

Semejante mutación se produjo también en época de Napoleón, en que las principales figuras se sustituyeron por los más célebres personajes políticos de entonces: el rey, como es natural, tomó semblanzas de Napoleón.

Son muchos los juegos de naipes que se conocen en diversos países; tres de los que han alcanzado aceptación más general son el poker, la canasta y el bridge. El poker es un juego para un número cualquiera de personas siempre que éstas no sean menos de dos ni más de ocho; cada participante debe jugar por su propia cuenta. La canasta suele jugarse entre dos parejas; se requieren dos barajas francesas y el objeto principal es completar series de siete cartas de una misma categoría, llamadas canastas. El bridge es un juego para cuatro personas; los jugadores procuran obtener los triunfos y las cartas inactivas; la partida completa de bridge concluye cuando se acumulan varios millares de puntos, fijados de antemano.

Antiguamente, los naipes eran de mayor dimensión que los de ahora. Para uso de los príncipes se hicieron preciosos mazos diseñados por los mejores artistas, de los cuales nos han llegado sólo algunos —muy pocos— ejemplares. Son célebres los naipes de Mantegna que, si en verdad no fueron realizados por el pintor del mismo nombre, por lo menos se atribuyen a la escuela de Padua.

Las cartas comunes, en cambio, fueron estampadas con matrices de madera; pero es justamente en los naipes donde por primera vez se aplica la xilografía.

Lo mismo que ahora, en casi todos los países la fabricación y el comercio de barajas ha estado sometido al control y a los impuestos del Estado. La fabricación de cartas se hace hoy con mucho cuidado: además de la perfecta ejecución de los grabados y figuras, se procura que no tengan ningún defecto. Por eso todo naipe está formado de tres cartulinas superpuestas, siendo la del medio de color oscuro para evitar la transparencia. Un barniz especial preserva a cada carta del desgaste por el uso.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial CODEX – Los Naipes-

 

Vida de Kaspar Hauser Misterioso Caso del Joven Alemán

Vida Enigmática de Kaspar Hauser

Se lo conoció como el «muchacho venido de ninguna parte», y unos cuantos años antes de su enigmática muerte en 1833, su extraordinaria historia fue comentario obligado en toda Europa.

Un muchacho de unos 16 o 17 años, abandonado, llegó a la ciudad de Nüremberg, Alemania el 26 de mayo de 1828. Tenía los pies ensangrentados y aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida.

Su ropa con restos de seda, que había sido buena en alguna ocasión, se encontraba ahora tan andrajosa como la de un espantapájaros. Sus piernas estaban casi paralizadas por unas botas mucho más pequeñas que las de su tamaño, reforzadas con herraduras y clavos. De ellas asomaban unos dedos ensangrentados.

Kaspar Hause

Retrato de Kaspar Hauser en los últimos años de su vida, cuando su extraña historia se
transformó en el gran comentario de Europa. Esta historia se ha transformado en una leyenda, y con distintas versiones, por ejemplo se dice que siendo adolescente Hauser se presentó en comisaría con un papel en el que estaba escrito su nombre. No sabía hablar ni escribir y se descubrió que había vivido toda su vida en una cueva, en completo aislamiento.

Le entregó al primer transeúnte que lo vio unas cartas dirigidas «al capitán del 4to Escuadrón, Regimiento 6to de Caballería». Allí fue llevado.

Mientras esperaba la llegada del capitán exhibió la primera de las extrañas reacciones que habrían de convencer a muchísimas personas de que el forastero había permanecido la mayor parte de su vida aislado del mundo: interesado en la llama de una vela, trató de agarrarla, profiriendo un agudo grito al quemarse.

El olor de lo que se cocinaba le causó náuseas, y casi se desmaya frente al jamón y la cerveza que le ofrecieron.

Comió vorazmente pan y agua, y experimentó terror frente a un reloj de péndulo, quizá considerándolo un ser vivo.

Frente al capitán balbuceó: «quiero ser soldado como mi padre…».

En las cartas se repetía casi como una súplica la necesidad de transformar a su portador en un soldado de caballería. Y ambas concluían con el siguiente texto: «si no quiere conservarlo, debe matarlo con la espada o colgarlo». El capitán se desentendió del asunto y entregó al muchacho a la policía local.

Al proporcionarle un lápiz y pedirle que escriba su nombre, escribió decididamente «KASPAR HAUSER». Fuera de eso, replicó «no sé» a todas las preguntas que se le formularon.

Después de un tiempo el muchacho se transformó en una atracción pública y la gente concurría a verlo comer su pan en la celda. Más tarde sobrevino un aprendizaje sorprendentemente rápido.

A las seis semanas hablaba con fluidez y podía leer y escribir, y al cabo de un tiempo pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Según su relato, siempre estuvo prisionero en un calabozo, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimentó que alguien le llevaba mientras dormía.

De vez en cuando, su agua tenía gusto amargo. Esto lo hacía dormirse, y cuando despertaba se encontraba aseado y cambiado. Tiempo antes de su partida, un hombre se introducía en la celda y le enseñaba a escribir su nombre y las frases que le diría al capitán.

Luego de este relato, Kaspar Hauser se transformó en una celebridad. Las dudas sobre su origen apuntaban a la nobleza que, por algún motivo, quiso mantenerlo oculto durante todo ese tiempo. Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias.

Y el fin llegó de una manera tan enigmática como el resto de esta historia: el 14 de diciembre de 1833 apareció con numerosas heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado. Según dijo, fue atacado por un extraño que le entregó, antes de herirlo, una nota en la que escribió: «soy de la orilla del río… mi nombre es MLO». Para aumentar el misterio, la frase estaba escrita de manera especular, es decir, sólo podía ser leída con ayuda de un espejo.

¿De dónde salió Kaspar Hauser?, ¿quién o quiénes se tomaron el trabajo de mantenerlo oculto tantos años, para luego liberarlo sin ningún motivo aparente?, ¿por qué murió?… Todos estos interrogantes forman parte de uno de los grandes misterios de la historia, un misterio que para los hombres de hoy no podrá escapar a la siguiente calificación: «Sin Respuesta…».

El gran director Werner Herzog creó en 1974 una película narrando la historia de este muchacho, mostrando la crueldad humana, capaz de imposibilitar la evolución de otras personas, adueñándose de su libertad, privándolas de la oportunidad de ser educadas, de estar en contacto con seres racionales y de poder desarrollarse espiritualmente. En este sentido, ha servido para evaluar el desarrollo humano cuando se sufren carencias afectivas y educacionales severas.

Fuente Consultada: Magazine Enciclopedia Popular N°27 Año 3 Casos Sin Respuestas

Lagarto Que Camina Sobre el Agua En Dos Patas Reptil Bisiliscus

Lagarto Que Camina Sobre el Agua En Dos Patas
Reptil Bisiliscus

Para sorpresa de los zoólogos, un reptil ostenta el privilegio de correr en el agua. Le llaman «Cresta» por su parecido con los gallos y vive entre el Golfo de México y el Ecuador.

Al principio, los científicos no lo podían creer. Los primeros exploradores narraron a sus atónitos interlocutores más de un encuentro casual con un animal que podría caratularse como monstruoso, mítico o, simplemente una foto, por ejemplo, los mismos incrédulos y escépticos científicos buscaron una explicación en su metier para tan extraña criatura.

basiliscus reptil camina sobre el agua

Comenzaron por bautizarlo. A tai efecto, recurrieron al latín: Basíliscus plumifrons; claro que en el laboratorio y por ei gran parecido que su cabeza tiene con le cresta de un gallo se lo llama simplemente así: cresta, con un largo de 80 centímetros el parecido de este reptil con el que de corral, no es su principal característica. La más notable cualidad de este animalito es su estrategia de fuga frente a los predadores: huye de pie sobre el agua.

Este poder nada tiene mágico o misterioso como las referencias que al respecto a las caminatas que tiene al agua como superficie- podemos encontrar en la Biblia. En síntesis, no se trata de un poder milagroso.

La ligereza de su paso y la notable velocidad (12 kilómetros por hora), se deben a que el Basiliscus casi no emerge las patas posteriores del agua lo que da como resultado que estas extremidades aprovechen la tensión superficial del agua y operen en forma similar a las paletas que se utilizan para caminar sobre la nieve.

Mientras tanto, las patas anteriores -que son mucho más cortas– así como su Sarga cola, sirven para que este curioso animal pueda mantener el equilibrio y pueda, a su vez, desplegar la velocidad que habitualmente utiliza para huir de sus enemigos. Su recorrido no es de unos pocos pasos. Se ha visto al basiliscus atravesar un lago con no menos de 400 metros de diámetro.

Su habitat es cálldo-tropical y hasta el momento, sólo han podido verse algunos ejemplares en América del Sur, en los países que se encuentran ubicados en el mapa entre el Golfo de México y el Ecuador. Su dieta es a base de hierbas y de algunos pequeños insectos.

Asimismo resulta importante destacar que ningún ejemplar de Cresta de Gallo ha podido capturarse para mantenerlo vivo en un zoológico. Otro dato de singular importancia es que jamás se lo ha visto caminar sobre el mar. Al parecer, los basiliscus, sienten especial debilidad por las aguas dulces.


Fuente: Magazine Enciclopedia Popular N°10 Año 1

Lorenzon Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LORENZON

«A mí lo que me preocupa son los comentarios malintencionados», dijo Lorenzón mientras se rascaba obsesivamente la testa.

“No te aflijas”, le contesté, “acordate de Bermúdez. Todo el mundo lo acusaba del asunto de la ferretería y, al final, resultó ser inocente”.

«Sí, pero terminó ahorcándose», insistió Lorenzón con tono sarcástico.

Nos sentamos a la mesita del rincón desde donde, casi ocultos, podíamos campanear todo el movimiento del Bar de los gallegos. Las luces bajas y amarillentas de las mesas de billar formaban triángulos truncos que parecían apoyarse en el paño verde y contener entre sus definidas paredes, espesas masas de un humo perezoso y azul que ascendía en cámara lenta y sólo se agitaba espasmódicamente cuando un jugador penetraba en la campana de luz para ejecutar una carambola difícil.

Un bafle de madera aglomerada colgaba sobre nuestras cabezas y nos obligaba a hablar a los gritos.

«Ahí viene», dijo Lorenzón casi resignado.

Lucrecia entró al Bar como si saliera a la pasarela y enfiló directamente hacia nosotros, ignorando olímpicamente las miradas babosas que le bañaban el cuerpo de sílfide.

Atiné a sacarle una silla de manera tan torpe que se me cayeron los anteojos al inclinarme.

Lucrecia, por supuesto, eligió otra y se sentó con una sonrisa

burlona y casi imperceptible, dejándome desairado y en ridículo tanteando el suelo mugriento.

«Y entonces?», nos dijo sin más.

Lorenzón boqueaba como un pescado fuera del agua y se rascaba la cabeza de tal manera que me dolía a mí.

Lucrecia encendió un cigarrillo tan fino y largo como sus femeninos dedos de aguja.- Aspiró profundamente y se tomó todo el tiempo del mundo en exhalar divertida y con un mohín encantador y perverso el humo, mirando hacia el techo.

Después, sólo después, nos miró a los ojos, haciéndonos desviar la vista como temerosos de sufrir una súbita y ardiente ceguera.

Miré de manera cobarde a Lorenzón. Seguía  mudo.

«¿Tomás algo?», se me ocurrió decir en otro arranque de torpeza caballeresca.

El mozo -que obviamente ya sabía lo que siempre se servía Lucrecia-  estaba parado cual estatua con la margarita de rigor. Me miró de reojo como a un principiante y con una sonrisa cortés,  le dejó el trago sobre la mesa.

» ¿Y entonces?», volvió a cargar con divertida -para ella- crueldad.

«Mirá Lucrecia”… comenzó Lorenzón, “Lo que pasa es que yo … nosotros… vos sabés…».

«¿Que?».

«…»

«Dale. ¿Que es lo que yo sé?»

«Que no es algo tan fácil. Que no se si voy a poder.»

«Pero a eso ya me lo dijiste la semana pasada. Para eso esperamos hasta hoy», dijo Lucrecia más concentrada en revolver lentamente el sorbette en el vaso, que en sus sufrientes interlocutores.

«Lo que pasa es que Lorenzón…», intenté salvarlo.

«Y vos, de qué la jugás?»,  me cortó con una sonrisa helada.

«No. Yo lo acompaño nomás. Yo, nada que ver. Pasaba y él me contó».

Perdí la vista en el piso y sentí la mirada de Lorenzón, como la de un náufrago al que acababa de soltar la mano, vencido por la tempestad. Permanecí mudo y atormentado por mi cobardía durante los infinitos minutos que duró la conversación.

Lucrecia, se levantó deslizándonos un «chau» cargado de sensual desprecio y la vi alejarse abriéndose paso sin necesidad de pedir permiso entre los parroquianos que se hacían a un lado en un silencio libidinoso.

Escuché a Lorenzón a mi lado, meterse apurado los últimos tragos de cerveza. No me atreví a mirarlo y sé que ya tampoco me veía. Oí el ruido del grueso vaso de vidrio apoyándose contra la mesita, el arrastrarse de su silla al levantarse y algunos pasos de su retirada que hasta hoy me retumban en la cabeza como tambores de orquesta.

Me quedé solo con mi infierno mental de culpas e imágenes mirando el suelo no sé cuánto tiempo. Solamente levanté la vista cuando el mozo me dijo que cerraban. Pagué la cuenta sin hablar. Atravesé el salón vacío y vi que estaba amaneciendo.- Por el costado de las vías era el camino más largo a casa, pero sabía que no podía hacer más que transitarlo.

A lo lejos, dibujado contra un inmenso y espantoso sol rojo, vi el bulto que colgaba de los tirantes salientes de un galpón. Cuando crucé a su lado lleno de vergüenza, casi me detengo a pedirle perdón. Pero Lorenzón  ya no me escuchaba.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

La Cena Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

LA CENA 

Estaban cenando como todas las noches. Como todas las noches, visita; esta vez los tíos. Como todas las noches, sus hermanas conversaban animadamente con su madre. Como todas las noches, el padre ausente, la mesa cuadrada, el mantel de hilo a cuadros azules y blancos, el hule transparente, las banquetas largas y apretadas contra la pared, de modo tal que sentarse primero implicaba una difícil maniobra, consistente en recorrer todo el largo de la mesa hasta el sitio indicado, con el cuerpo echado hacia atrás, casi sentado en el aire, las piernas debajo de la mesa, dando pasos laterales, las manos sobre la tabla, como tocando un piano sin teclas, porque estaba secretamente prohibido, de eso estaba seguro, girar el torso y apoyarse contra la pared en el dificultoso avance.

Hubiera sido más fácil correrse lateralmente hacia el lugar por medio de sucesivas sentadas, pero eso era de mujeres.

Arroz caliente mezclado con zanahoria rallada fría. Horrible. ¿Cuantas veces tendría que decir a su madre que no mezclara lo frío y lo caliente?

En ese pensamiento estaba sumido cuando levanto la vista y sobre la pared de enfrente vio el cuadro. ¡Nadie hacía nada y el cuadro estaba ahí! Espantoso, cada vez más rojo, latía a punto de estallar. ¡Y todos seguían hablando como si nada ocurriera! Abrió la boca para gritar, pero no tenía voz, apenas un sonido ahogado, forzado, que sin embargo fue suficiente para llamar la atención de los comensales que lo miraron sorprendidos. El cuadro era cada vez mas aterrador, bordó, con esas sombras, emanando maldad.

Saltó sobre la mesa con un estrépito de vajilla y cubiertos hechos trizas, resbaló tirando casi todo el mantel sobre su banqueta, lo alcanzó y gritando horrorizado le pegó trompadas con toda la fuerza que nace del pánico.

A cada golpe, del cuadro saltaba sangre, pero eso no era suficiente. Golpeó y golpeó, a pesar de los gritos del resto, que se oían muy lejanos. Nadie podía detenerlo. Sólo paró cuando quedó exhausto y afónico. Eso ya no lo recuerda bien. Hoy come en el patio, en la soledad, donde no hay lugares estrechos que recorrer para sentarse, ni paredes donde colgar cuadros espantosos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Un Cuento Policial Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

UN CUENTO POLICIAL 

Las seis en punto de la mañana. Nadie se hubiera imaginado que al levantar las persianas del almacén, Aguirre se encontraría con el cadáver de Eulogio Argañaráz, ex Jefe de la Estación del ferrocarril, que se encontraba, casi como descansando apoltronado en la silla de mimbre ubicada al lado de los baños, debajo del cartel de cigarrillos «Máximos».

Si no fuera por el delgado hilo de sangre que partía desde su garganta y recorría caprichosamente todo el largo de la camisa celeste, para formar un rojo y pobre lago bajo la pernera izquierda del pantalón, cualquier distraído hubiera hecho caso omiso de la presencia del muerto en aquel rincón del local.

Sin embargo, Aguirre era un tipo despierto y, apenas levantó la pesada cortina metálica, advirtió la funesta anormalidad en el paisaje cotidiano del almacén.

Se acercó al muerto con esa precaución innecesaria que se tiene frente al descubrimiento de un cadáver.- ¿Acaso Argañaráz iba a levantarse súbitamente, con los brazos alzados y a gritarle en la cara para aterrarlo? ¿Acaso podría el muerto estallar como una bomba?. Era simplemente un muerto y como tal, absolutamente inofensivo. Sin embargo, Aguirre avanzó lenta y silenciosamente hasta detenerse al lado de Argañaráz. Conteniendo  incluso la respiración y con la boca y los ojos bien abiertos,  se inclinó sobre el finado  apoyándose las manos en las rodillas. Dio un pequeño respingo cuando advirtió el hilito de sangre que nacía en el cuello de Argañaráz, pero de inmediato retomó la compostura y se acercó esta vez sin miedo alguno, presa de una morbosa curiosidad a observar de cerca.- Siguió el camino de la sangre y descubrió el charquito junto al zapato de Argañaráz.

Un persistente dolor de quijadas lo torturaba y, de pronto tomó conciencia de su boca abierta a más no poder desde que había descubierto el cadáver.- Cerró la boca, tragó dificultosamente saliva y decidió llamar a la policía.- Corrió hacia el teléfono que estaba en la esquina del mostrador y apenas marcó el número de la Comisaría, quedó como petrificado con el  tubo  al oído.- ¿Cómo explicaría la presencia de Argañaráz en su almacén?. ¿Le creerían que lo descubrió ya muerto al levantar las persianas?¿Lo detendrían bajo el cargo de homicidio?

– Comisaría Séptima, buenos días…

– ….

– Buenos días, ¿quién habla?.

-….

-Hola?

– e… equivocado. CLACK!

Aguirre tenía otra vez la boca  abierta y muda. Su vista estaba fija en su propia mano húmeda, blanca,  que apretaba el tubo del teléfono contra el aparato, como temiendo que se descolgara solo y lo pusiera  otra vez en comunicación directa con sus perseguidores.- Respiraba agitadamente y trataba de ordenar su mente, pero  sus pensamientos habían ya cobrado independencia. Surgían tenebrosos y de a miles, se entremezclaban y superponían a gran velocidad.

Como un autómata se sirvió un vasito culón de ginebra para entonarse y ordenar los pensamientos.

El primer dato de cordura lo asaltó instantáneamente.-  Las huellas dactilares!.

Sí, sus huellas quedarían estampadas en el vasito culón y en  la botella de ginebra Llave.

Dios mío, .-pensó-. También en el teléfono y en la cinta de la persiana!!.- Y en el picaporte…

-Estoy hasta las pelotas- , se dijo Aguirre mientras se servía un segundo vasito de ginebra.-

Había estado preso por cuarenta y ocho horas en averiguación de antecedentes, aquella vez,  como treinta años atrás, cuando se le ocurrió quedarse a curiosear la pelea de un viejo, finalmente cortado en la panza por una botella quebrada en la barra del cabaret, blandida por un  paraguayo que le disputaba una bailarina.- Esas cuarenta y ocho horas le habían resultado infinitas e interminables.- No podría soportar una condena perpetua.

La sola idea lo atormentaba.

-Debo borrar toda huella-, pensó.

Instintivamente abrió el cajón de los repasadores y  tomó el trapo verde.

-Es imposible!!!, cayó en la cuenta.

Había dejado sus marcas en la  manija del cajón y apoyado  torpemente su mano entera sobre el mostrador.

-Cada movimiento que hago deja mis marcas. Me haré prófugo.

Corrió  aturdido por la desesperación hacia la puerta del almacén. y casi  se le detuvo el corazón cuando se encontró cara a cara con  Doña Dalia que, maldita costumbre, vino a primera hora a llevar su habitual cuarto de membrillo para el vientre flojo.

-Está cerrado- atinó a decir.

Doña Dalia lo hizo a un lado, con la prepotencia tetona de las viejas de barrio y le contestó al pasar que se deje de pavadas, que para que levantaba entonces las persianas si no quería atender a la gente.

El resto fue cuestión de segundos.

Doña Dalia  cayó seca a sus pies, con la boca en «o» y los ojos abiertos y censores.

-Ahora llevo dos muertos a cuesta-, se dijo Aguirre, mientras soltaba  displicente el ensangrentado taburete.

Caminó sin rumbo por el almacén un instante.

Se detuvo debajo del foco antibichos a pensar.. Se cubrió el rostro con sus manos y cayó de rodillas al escuchar la partida policial que ingresaba al lugar.

Mudo, eternamente mudo y sin excusas, se dejó llevar hasta la Seccional.

Los diarios locales de la época expusieron su condición de monstruo.

No siempre Dios ayuda al que madruga.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Anecdotas de Javier Mendez Cuentos Pendientes Jugar con Arena

ARENA 

Llegamos a Villa Sarmiento a pasar las vacaciones de verano. En aquel entonces, dos tías solteronas ocupaban la casona que fuera de mis abuelos. Sobraba lugar. Nada hacía suponer que nos íbamos a entretener, pero a pesar de las enérgicas protestas que elevábamos con mis hermanos, hacía como tres años seguidos que veníamos al mismo pueblo los primeros días de enero. Mis padres aducían cariño a las tías. Yo creo que era falta de presupuesto.

Había un pibe, a la vuelta de la esquina. Él era nuestro compañero de juegos. Ese año la novedad fueron las enormes montañas de arena (yo les llamaba inadecuadamente dunas -por mi paso por el mar-) que una compañía constructora  había  levantado  en un gran terreno baldío. Prácticamente era una manzana entera. Recuerdo muchas manzanas baldías en Villa Sarmiento.

Escalábamos las montañas amarillas valiéndonos de unos palos, a modo de bastones,  que enterrábamos en la arena a medida que ascendíamos. Una siesta infernal, el chico de a la vuelta se fue hacia atrás en plena escalada, rodó  por sus espaldas y cayó contra una pared socavada por las máquinas excavadoras de la duna de al lado. Enseguida vino el desmoronamiento y, casi como un áureo  monstruo, la montaña se lo tragó.

Descendimos con mucho cuidado, clavando a fondo nuestros bastones a un costado del cuerpo y afirmando bien los talones en cada paso, temerosos de sufrir la misma suerte que el pibe. Lo buscamos un buen rato sin éxito. Cuando se hizo de tardecita volvimos a la casona a tomar la leche y resolvimos que lo mejor sería no comentar nada a nuestros padres, pues se disgustarían al enterarse de que habíamos ido a trepar montañas con los zapatos de salir. Al año siguiente, sobre el terreno que ocupaban las dunas, se levantaba un importante edificio con un  cartel que decía «Escuela de Educación Técnica».  A una de las aulas le pusieron el nombre del pibe.

Cuando pedí permiso para ir a su casa a invitarlo a jugar (después de todo, se había convertido en una celebridad y yo era su amigo), mis padres y  tías se miraron como espantados y finalmente me contestaron que ya no vivía  más allí. Pienso que se habrá ido de la vergüenza, por temor a que un día volviéramos con mis hermanos para delatarlo. Solamente nosotros sabemos la verdad: el premio que le han dado al ponerle su nombre al aula es injusto. Él se cayó cuando apenas iba por la mitad del camino. Nosotros sí llegamos a la cima. En lo que a mí respecta, estoy un poco decepcionado con el pibe. Él debería estar tranquilo. Yo sé guardar secretos.

Cuentos Cortos Mi Juego de Javier Mendez Anecdotas de Mi Vida

EL COBARDE

Cuando era pibe, hubo un período en que en el pueblo se puso de moda, organizar festivales boxísticos.

Cualquier excusa, la construcción de un aula nueva para la escuela más humilde, la colecta de fondos  para la parroquia local, la remodelación de la sede del club del barrio, era buena para organizar un festival de box, en el que unos pobres desgraciados se reventaban a trompadas por un sandwich y una Coca que se los podía ver consumir, acodados en el borde mismo del precario cuadrilátero, al poco rato de terminar su combate, mientras miraban, con ojos ausentes, el martirio de sus no menos infelices colegas.

A falta de otras atracciones y por temor a parecer extraño, yo concurría con mis amigos a ver tales patéticos espectáculos.

El ring era construido sobre un armazón de caños oxidados, donde se apoyaban tablones en forma despareja, los que luego eran cubiertos con una gruesa lona que conservaba manchas grasientas en las cuatro esquinas y que no lograba disimular enteramente los desniveles del tablado. Eso, lejos de resultar un inconveniente, parece ser que beneficiaba al espectáculo, ya que el irregular piso solía provocar inesperadas caídas de los contendientes, que no se sabía a ciencia cierta si se precipitaban al suelo por los desmañados mamporros del rival, por propio cansancio o justamente por una traición de lona y tablas.

Cualquiera fuera la causa, en definitiva, el efecto era el mismo: los alcoholizados espectadores irrumpían en un frenesí de alaridos espantosos, levantando los puños apretados, saltando  y diciendo malas palabras (allí, en la cancha de fútbol y en los recreos de la escuela aprendí casi todas mis malas palabras).

Enseguida me percaté de que tal reacción del público no era de furia,  indignación,  horror o algo parecido,  sino  por el contrario, los hombres (porque allí concurrían casi exclusivamente hombres, no como en las peleas de la TV, donde se ven en la platea rubias señoritas con faldas cortas y tapados de armiño), se regocijaban ante el sufrimiento de los protagonistas.

No puedo olvidar el tañer desafinado del gong (que nunca alcancé a divisar, pero que, adivino, no era tal  sino uno de los caños que sostenían el ring, golpeado por una barra de hierro), el sonido de los tablones mal pisados por los peleadores, el raspar de las zapatillas contra la gruesa lona y sobre todo el desagradable y espantoso ruido de las trompadas que llegaban a destino, casi siempre bajo la forma de abierta cachetada de payaso.

Varios días antes del festival, por medio de la publicidad rodante (un viejo auto negro, tipo cascarudo, con gigantescos parlantes grises con forma de vitrola en el techo), se anunciaba el espectáculo, prometiéndose la presencia del «Guapo Lazo», «Metralleta Céspedes», Ríos, «El Desalmado», «Sepulturero Rojas» y otros asesinos por el estilo cuyos nombres generaban escalofríos.

Con el tiempo fuimos reconociendo a los boxeadores. En realidad, la trouppe era siempre la misma con algún que otro nuevo osado gladiador muerto de hambre.

El conocimiento de los protagonistas nos permitió la licencia -en círculo de amigos- de poner nuestros propios motes a los pugilistas. Así, para nosotros Céspedes, no era “Metralleta”, sino «El Tomate», sobrenombre que le caía mucho mejor tomando en cuenta el color que adquiría su rostro apenas terminaba el primer round. Nosotros, por esa extraña vocación en favor de los perdedores, éramos hinchas del «Tomate», quien tenía la virtud de durar muchos rounds contra el verdugo que le tocara en suerte.

 Su coloración iba aumentando hacia tonos morados a medida que avanzaba la pelea y, si bien en varias ocasiones no alcanzó a escuchar la última campanada (o fierrazo), normalmente perdía por puntos y era cariñosamente abrazado y besado por el mismo tipo que dos minutos antes lo había molido a palos. (Ahí aprendí también ese asunto de la caballerosidad deportiva.)  Todos esperábamos ansiosos ese final apoteótico del “Tomate” alzado en brazos por su rival en el centro del ring y alcanzábamos a adivinar en su desfigurado rostro una especie de sonrisa (quizás pensando en la Coca y el sándwich que lo esperaban).

Un buen -o mal- día,  cuando le pregunté a un grupo de señores en que pelea le tocaba a Céspedes, me miraron con caras graves, como de reproche, y recibí la noticia que me golpeó  tan fuerte como una de las miles de trompadas que habría recibido mi ídolo: «Céspedes, murió en un festival la semana pasada, en Bovril. La culpa la tuvo el referee que no paró la pelea a tiempo».

Los demás señores asintieron con la cabeza y dedicaron entre ellos algunos comentarios al asunto, todos destinados a los malos árbitros, gente de lo peor, que se vende por unos pocos pesos y a la que no le importa la salud de los deportistas, en definitiva, depositarios de todas las culpas. (Ahí aprendí algo de eso que llaman  hipocresía.)

Apesadumbrado y confundido, me escabullí entre el gentío para informar a mis amigos de la mala nueva: nunca más veríamos combatir al “Tomate”. Mi triste información sin embargo, no pareció afectarlos demasiado y me miraron con cara de sobradores, conocedores de una novedad mucho más importante: el día anterior, sobre el cierre de las negociaciones, se había logrado la presencia en el Festival de un púgil apodado «El Cobarde», de quien mucho habíamos oído hablar, pero que nunca había peleado en nuestro pueblo.

“El Cobarde” era famoso por su extraño estilo, una particular guardia de brazos extendidos hacia adelante y la cabeza girada hacia atrás, que sumada a sus ojos entrecerrados le impedían ver a su rival.  Se mentaba que “El Cobarde” avanzaba a tientas con los pies y moviendo los brazos sin ton ni son, como arañando (tarea imposible, por eso de los guantes), siempre mirando hacia atrás. Cuando su rival intentaba desbordarlo en un ataque, “El Cobarde” cambiaba repentinamente su guardia, girando sobre los talones, haciéndose un ovillo humano y cubriéndose la nuca con los guantes. Esta sorprendente  estrategia de combate, a la que añadía un contraataque desgastante consistente en dejarse caer -sin perder su forma de ovillo-  contra las rodillas de su adversario, no más de dos veces por round para no perder la pelea por Knock Out técnico, lo llevaba indefectiblemente a la victoria, sea por ataque de nervios de los rivales -que abandonaban el cuadrilátero golpeando inclusive a sus propios Segundos, cuando intentaban interponerse-,  sea por lesiones en las articulaciones de las piernas, finalmente vencidas por el peso casi muerto de “El Cobarde” que les caía constantemente -a razón de dos veces por round-  en un plan de combate tan admirable como demoledor.

“El Cobarde” era odiado y temido por sus adversarios.

Todos, sin exclusión, maldecían cuando los papelitos del sorteo indicaban que su suerte estaba sellada: combatir con “El Cobarde” era derrota segura. Esa noche entonces, nos preparamos ansiosos para ver “El Cobarde” en acción. Su pelea contra «Topadora López» estaba programada para ser la última, a las once de la noche.

Sin embargo jamás nos hubiéramos podido imaginar que finalmente nunca  lograríamos ver al gran campeón en escena. Apenas terminado el noveno combate (producto de un golpe bajo sufrido por «Guapo Lazo», que resonó en el tinglado como cuando alguien revienta una bolsa del mercadito, y lo dejó fulminado en la lona con un color entre amarillo y verdoso, a pesar de los esfuerzos de los asistentes y del abundante agua fría vertida en la zona afectada), anunciaron por los altoparlantes que “El Cobarde” no sería de la partida por motivos que en breve se harían conocer al respetable público.

La noticia no pudo caer peor entre los asistentes, quienes casi de inmediato pasaron de la violencia verbal a la acción. El ring side se convirtió en un pandemonium donde volaban trompadas, sillas, patadas y botellas de cerveza desde y hacia todos los lugares. Algunos boxeadores frustrados no tardaron en subir al cuadrilátero para trenzarse en feroz combate con quien se les cruzara por delante.- En minutos el ring estaba repleto de energúmenos ensangrentados y furiosos que revoleaban trompadas y todo objeto que cayera sobre sus hinchadas cabezas.

Desesperado, no encontré mejor lugar para guarecerme que debajo del ring, entre la  estructura de caños que lo  sostenía. En esa semipenumbra, aturdido por el ruido de las pisadas que atronaban sobre el escenario, alcancé a divisar otra silueta, también acuclillada y con las manos sobre la cabeza.

Los tablones comenzaron a crujir y oí el chirrido de unos goznes del cañerío que estaban cediendo. Me arrimé como pude a la silueta, a buscar refugio y compañía en la desesperante situación. No sé por qué se me ocurrió identificarme, como si ello sirviera para algo en ese momento. Ante mi gran sorpresa, el tipo también se identificó:

«-Soy El Cobarde», dijo. Me explicó el porqué de su faltazo al combate y hasta me autografió un volante que indicaba el precio de los choripanes.

Apenas pude escapar segundos antes de que el armazón de tablas, lona y cañerío se desplomara estrepitosamente y terminara con los días del campeón. (Esa noche aprendí lo que se llama «retirarse a tiempo».)

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Cuentos Cortos: La Infiel Javier Mendez

LA INFIEL

Cantaba tangos en un cabaret de cuarta, de esos que abundan en calle Junín.

Su fuerte era “La Infiel”, de Ternengo y Baldassini. Los que frecuentaban el lugar comentaban que le ponía tanto

 sentimiento a esa canción por un asunto de polleras que en sus años de juventud lo había marcado a fuego.

Cuando alguien se le acercaba a preguntarle por la verdad de ese costado autobiográfico de la interpretación, el tipo los miraba con aire enigmático y balbuceaba cualquier respuesta incoherente, capaz de dejar desorientado hasta al más curioso. El whisky berreta y el afán del resto de pasar por “entendidos” de los códigos de la noche, hacían lo demás.

Con lo que sacaba de los dos shows, a las dos y a las cuatro de la mañana, le alcanzaba para pagar mal y tarde el alquiler de la pocilga. Tenía cuenta en el cabaret. Le hubiera alcanzado, pero lo jodían, o sospechaba, porque se perdía en el séptimo fernet y a partir de ahí no llevaba la cuenta de los tragos como parta discutir.

Todas las madrugadas, cuando llegaba a la pensión, cumplía con el mismo rito. Abría la puerta desvencijada ayudándose con un empujón del pie (había una baldosa levantada que la trababa de abajo), colgaba la llave de la trompa erguida de un elefante de yeso pintado de marrón y cubierto de polvo gris que había ganado en una noche triunfal, tumbando tarros con pelotas de media y trapo en la kermesse del barrio,  le daba un beso a ella y se tiraba en el colchón del suelo a fumar el último cigarrillo.

Después de todo, se decía, él no era más infeliz que los tipos que tiraban la guita en el cabaret donde cantaba. Seguro que flor de despelote tenían con sus mujeres como para caer ahí, o que eran almas solitarias que no habían encontrado su par. “En una de esas la regla no es que tiene que haber almas gemelas sino, como ocurre casi siempre, nacemos únicos, incompletos e infelices”, pensaba. Pero ese no era su caso. Ella estaba allí, con su mirada fría, y él estaba seguro de que no lo abandonaría nunca. De eso estaba completamente seguro y le bastaba. En esas divagaciones solía dormirse.

   Una noche faltó al cabaret. Al día siguiente, a la tardecita, cuando el dueño lo mandó a buscar, vieron por la ventana su cabeza en el colchón, ya con un tono amarillento. Parece que se murió tranquilo, durmiendo.

Lo curioso no fue encontrarlo así, final previsible si se quiere, sino el hallazgo del otro cadáver, según los informes de la policía, de una mujer joven muerta  aproximadamente veinte años atrás, que descansaba en el roperito casi vacío de la habitación.

Entre la poca ropa del tipo encontraron la libreta de enrolamiento para hacer los trámites de rigor. Se llamaba Evaristo Ternengo Baldassini.

Cuentos Cortos de Javier Mendez Historias Verdaderas en mi Infancia

RELICARIO 

Bajé los desparejos escalones, como si conociera palmo a palmo  ese antiquísimo territorio, no obstante no

 haberlo andado nunca en mi vida.

Llegué hasta el cofre, en realidad un  tosco y antiguo baúl armado a martillazos apurados hacía cientos de años que me hizo reflexionar sobre lo absurdo de la prisa. La prisa es humana, pensé. Es torpe y esencialmente humana. Apenas un intento de ganar una batalla perdida contra lo inmóvil de la historia. Abrí el cofre y allí estaba. Un relicario –cofre dentro del cofre-, envuelto en sedas de colores indefinidos por el paso del tiempo. En su interior, el grabado de la pareja bailando: ella extrañamente de espaldas, abrazada a un hombre, cuyo rostro no denotaba placer, sino más bien una mueca de angustia y resignación. Lo guardé en el bolsillo de mi camisa –no el del corazón, sino el de la derecha, avergonzándome de ser permeable a las leyendas irracionales-. Miré hacia todos los rincones de la habitación y concluí, sin necesidad de investigar demasiado, que nada había allí que pudiera atraer mi atención, salvo ese pesado olor a humedad.

Desandé las escalinatas agitado y conseguí, a duras penas, reaparecer en el salón.

Los bailarines estaban aún allí, ajenos a mi desaparición y reingreso a la fiesta.

Ella seguía reinando al otro lado del salón, rodeada de su cohorte de obsecuentes y al mismo tiempo absoluta e inexplicablemente sola.

Envalentonado con mi triunfo de rapaz, decidí apropiarme también de su corazón.

Atravesé la inmensa sala y, sin palabras, la invité a bailar.

Nos deslizamos como amantes perfectos toda la maravillosa noche.- Nos fundimos en uno, haciéndonos parte de la eternidad, como si así el destino lo hubiera marcado.- Pasamos una y mil veces frente al retratista que, con mirada cómplice hacia mi negra dama, daba los últimos retoques a su obra.

En el vaho húmedo y casi irrespirable, espero paciente al audaz que me libere de este espantoso relicario.

Cuentos Pendientes – Javier Méndez

El Señor Mansilla Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

EL SR. MANSILLA 

El Sr. Mansilla era el enfermero del barrio.

En efecto, donde yo vivía no se llamaba a un enfermero recurriendo a la guía telefónica o a los clasificados del diario, sino que simplemente había un enfermero por barrio, asignado por nadie y por todos, de manera tácita e incuestionable, que ejercía su jurisdicción de temidos pinchazos en toda la zona.

En el caso de los pibes de mi barrio, atacados que éramos por una infame gripe o algún catarro persistente, caíamos tarde o temprano en las inevitables agujas del Sr. Mansilla.

En aquella época no había jeringas descartables, por lo que mi agonía se extendía desde que escuchaba postrado en la cama la conversación de mis padres que concluía en la decisión de convocar al Sr. Mansilla, el sonido más desagradable que nunca del timbre que anunciaba su llegada, los escalofriantes ruidos a latas en la cocina, producidos por un extraño rito consistente en prender fuego con alcohol las dolorosas agujas de la mortificación, los pasos cada vez más fuertes que se acercaban al dormitorio y finalmente su presencia, terrible y aterradora.

Con su chaquetilla blanca y sus anteojos cuadrados, de carey negro, se paraba un instante bajo el marco de la puerta, como escudriñando todo el ambiente para cerciorarse de que mi grado de espanto era el apropiado para su faena.

De inmediato avanzaba decidido y sin hacer gesto alguno, sólo con una mirada de sus helados ojos, me  indicaba que había llegado el momento.

Sin palabras de consuelo ni cuentos de hadas, me daba un par de cachetazos en el trasero y, tras cartón, venía la punzada desalmada  y ardiente, seguida por un cada vez más intenso dolor que me dejaba el resto del día compungido y cuidadoso de dormir «solo del otro costado».

Aprendí que las «aceitosas» eran las más temibles  y maldije más de una vez cuando el Sr. Mansilla se olvidaba (yo creo que lo hacía a propósito) de traer «el solvente» que las diluía un poco y las hacía algo menos insufribles.

Lo cierto es que, por efecto de las inyecciones o por pánico a la prolongación del tratamiento, en un par de días me declaraba bajo juramento, totalmente sano, incluso en condiciones como para asistir a la escuela.

Yo aborrecía al Sr. Mansilla. La sola invocación de su nombre me congelaba la sangre.

Una siesta, disfrutando de mi buena salud, estaba sentado sobre el tapial que daba a la calle.

Jugaba al bombardeo, entretenimiento consistente en alinear, según su tamaño, cascotes de barro seco y piedras, para arrojarlos a los automóviles (tanques enemigos) que pasaban.

En mi tapial-trinchera reinaba una tensa calma, tal vez producto de la hora de escaso movimiento, y sólo había podido arrojar, sin suerte, dos granadas.-

Estaba comenzando a aburrirme por la falta de éxito y enemigos, así que decidí tirar la bomba atómica antes de lo planeado y pasar a otro juego.

La bomba atómica era un cascotón de barro seco del tamaño de una pelota de fútbol, que para ser arrojado hacía necesaria una misión suicida: correr al encuentro del enemigo sosteniendo con ambas manos la bomba y en el momento y a la distancia exactos,  revolearla con todas las fuerzas y huir hacia el tapial-trinchera a buscar refugio.

Apenas había tomado la decisión de utilizar mi arma más poderosa cuando vi aparecer por la esquina al tanque enemigo, un Citröen 3CV gris que avanzaba lenta y dificultosamente por entre los pozos de la calle.

Mi juego de guerra recobró de inmediato la intensa emoción inicial.

Pude sentir caudales hermosos e infinitos de adrenalina que agudizaban mis sentidos y  me provocaban un frío sudor de pies y  manos.

Levanté el cascotón y esperé agazapado que el cachivache gris estuviera lo suficientemente cerca.

En el momento exacto emprendí la carrera para interceptarlo.

A duras penas conseguí aparearme al objetivo y cuando ya las fuerzas me abandonaban revoleé mi bomba que cayó como tal,  justo  sobre el capó enemigo, para estallar en mil pedazos, en medio de un estruendo de lata y barro seco.

De inmediato inicié la urgente retirada hacia el tapial-trinchera y alcancé a percibir a mis espaldas que el tanque detenía su motor.

Salté con increíble agilidad el muro y me asomé lentamente para ver los efectos de mi bomba, pero ya con una sensación que transformaba  la euforia inicial, en tremendo susto y ganas de no estar allí.

Un espantoso frío  me recorrió la espina  y me asaltaron incontenibles deseos de ir al baño cuando vi que del tanque enemigo descendía el Sr. Mansilla.

Se paró un momento a observar los despojos de mi bomba desparramados sobre el capó, pareció emprender su marcha hacia la puerta de casa,  creí desfallecer. Dudó un instante y de dos manotazos barrió las trizas de barro y se volvió a meter en el auto.

Cuando vi alejarse al vehículo, me sorprendí en una extraña actitud, con la boca y los ojos abiertos a más no poder, en cuclillas y con las uñas clavadas en el tapial-trinchera.

Así me quedé largo rato, hasta que me quitó del trance el llamado de mi madre para bañarme.

Esa noche comí en completo silencio y decidí definitivamente que los juegos de guerra nunca me gustaron.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Museo Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

MUSEO 

Me han dicho que los museos fueron creados para convocar a las musas.

Sin embargo, sospecho que sólo albergan fantasmas.

Fantasmas torturados y recelosos que no atinan de una vez a dejar su continente físico.

Fantasmas que observan con espanto la morbosa mirada de los visitantes sobre sus cuerpos secos y demacrados.

Fantasmas indignados ante la brutal exhibición de sus relicarios, de sus medallas, de su antigua cotidianidad, de sus deshonras. Fantasmas avergonzados, fantasmas furiosos.

Hay un frío de muerte inconclusa en los museos. No es el frío vivo de las calles en invierno, sino el de un ciclo forzado torpemente por los hombres a no cerrarse, a contrariar el curso natural de las cosas.

Un silencio ensordecedor se amontona contra los vidrios y se posa pesadamente sobre los gruesos cordeles de los cercos desteñidos que separan las piezas de la gente.

Los curiosos se asoman, impertinentes, a escudriñar las cartas de amor de un espectro que se retuerce impotente intentando ocultarlas.

En vano se arroja sobre ellas para cubrirlas. En vano se interpone y les ruega que se vayan. En vano grita desesperadamente hasta caer sin fuerzas, invisible. Ni siquiera el amor es respetado.

No existe paz detrás de esa helada calma. Sólo sufrimiento e ira.

Por eso el desasosiego. Por eso mis horrendas percepciones. Por eso la necesidad urgente de salir de allí.

Nunca vendrían a un lugar así las musas.

Algo espantoso movió a erigir museos.

Algo espantoso interrumpió el ciclo de la vida y la muerte para condenar a los desdichados espíritus a exhibir eternamente sus cuerpos disecados y sus recuerdos más íntimos a quien se le ocurriera entrar allí.

¿Qué pecado justificó tal condena? En esa prisión sin tiempo se estremecen, violados día tras día, los fantasmas. Sin voz para implorar que los dejemos en paz. Sin sustancia para sacarnos a empujones.

No han de acudir aquí las musas. Todos los museos guardan el horror.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Dos Ladrones Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

DOS LADRONES 

Se habían criado juntos, casi como hermanos, aunque en realidad eran hijos de madres distintas y padres desconocidos.

A pesar de ello, todo el mundo los tenía por hermanos y, pese a no serlo, habían adquirido ese particula

r parentesco que dan las vivencias comunes que reproducen gestos, lenguajes, actitudes, miradas y hasta rasgos físicos.

Iniciados en pequeños trabajitos, fueron ascendiendo, pasando por la función de «campanas» -favorecidos por su inofensiva (y real) apariencia de niños desvalidos y mugrientos-, hasta liderar juntos y sin discusiones su propia pandilla, luego derivada por obra de los diarios y las leyendas  en banda.

Los dos cumplirían sus larguísimos veintipico de años ese mes de enero.

A pesar de lo que se decía de ellos, de su  terrible fama alimentada por la imaginación de los vecinos de la Villa, nunca habían lastimado a nadie.

Ese 2 de enero, cebados por la inmensa y temprana experiencia que arrastraban y por lo simple del objetivo que llevaban, salieron sin plan alguno a asaltar el Súper del barrio vecino.

Cumplía años la Griselda y sólo se trataba de armarse de unos cajones de sidra para festejar como es debido la fiesta de la princesa del caserío.

Esperaron a que dieran las ocho, para que se retirara el personal y el Turco viejo cumpliera con el ritual de bajar las persianas metálicas del negocio.

La parte de atrás del Súper, donde estaba el depósito, daba a un baldío  y nada más debían saltar el tapial mohoso para descender por los viejos cajones apilados en el patio, atravesado el cual, apenas una añosa puerta los separaría del botín.

El Chino saltó primero y esperó del lado de adentro, casi como desganado por el trámite, la aparición de la oscura silueta de Hugo sobre el tapial.

Bajaron por los cajones y, con la fiel barreta que llevaban siempre, emprendieron la fácil tarea de vencer la puerta del depósito.

En eso estaban cuando, de repente, oyeron a sus espaldas un siseo que los dejó helados.

Se dieron vuelta como rayos, tratando de adivinar en la imposible oscuridad, pero nada vieron.

Se miraron de reojo, como para comprobar que el súbito terror era compartido.

Esa noche no hubo festejos en la casilla de la Griselda.-

Las crónicas baratas de la semana dieron cuenta de dos hermanos que murieron desangrados, justo en la deshonrosa actividad de robar un comercio.

La noticia, pronto fue olvidada, su lugar fue ocupado por la renuncia del Intendente, acusado de propiciar el envenenamiento de perros callejeros.

Los hermanos fueron velados en la Sala municipal y se cuenta -se cuentan tantas cosas- que no les pudieron cerrar los ojos, ni quitar, a pesar de varios baños de colonia, el desagradable olor a almizcle que apuró el cierre de los cajones de cuarta, comprados gracias a una «vaca» que armaron los amigos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Cuentos Corto El Cobarde de Javier Mendez Cuentos Pendientes

VIENTO NORTE 

Despierta las serpientes y enloquece.

Las vecinas viejas y las no tan viejas afilan sus lenguas detrás de las persianas entrecerradas y cuando uno menos lo espera, salen a la vereda a trenzarse en duelo de ofensas y griterío.

Los perros se azotan contra las rejas, mostrando sus colmillos y babeando.

La arenilla lastima los ojos y los pordioseros insultan a quien se les cruce.

Surgen sorpresivos remolinos y uno debe masticar sucios y crujientes granos de tierra todo el día.

El pelo se hace ingobernable y los automovilistas se empecinan en levantar polvareda y dar estridentes bocinazos.

La ropa pesa y pica.

Los árboles chillan,  desafinando.

Casi no hay pájaros, y los pocos que hay atacan a los ojos de los transeúntes.

Aparecen insectos inverosímiles que dejan ronchas ardientes e infectas.

Los pies se hinchan y las costuras de los zapatos mortifican al caminante.

Las cuadras se alargan,  infinitas.

El sol causa fiebre.

Un persistente olor a enfermedad flota espeso, dulzón y vomitivo en el ambiente.

El pasto se subleva en forma de secos espartillos.

Las piedras que hacen desparejos los caminos se multiplican  y disfrutan en su muda felicidad obstacular.

Un silbido persistente perfora los oídos.

Los ceños se fruncen.- No se puede mirar al cielo.

Hay maldiciones en las esquinas, en los zaguanes húmedos y en cada rincón de la ciudad.

Conviene no salir con viento Norte, esperar los rayos y la lluvia que todo lo lava y convoca los espíritus pacíficos.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

El Marsiano de Venus Cuentos Pendientes Mi Juego de Javier Mendez

EL MARSIANO DE VENUS

Sólo hay una cosa igual de deprimente que los circos pobres: los corsos barriales.

No pretendo con ésta afirmación atacar la noble intención de los artistas que, enfundados en sus gastados atuendos plagados de lentejuelas, intentan función tras función lograr la maravilla, ni mucho menos denostar a quienes por una o dos noches mágicas, abandonan su triste rutina y se transforman en héroes o villanos, en estrellas o en seres ridículos, todos ellos roles, en definitiva mucho más interesantes que el que la cotidianidad les ha asignado para el resto del año.

Ocurre que con la pérdida de la inocencia que lenta y casi imperceptiblemente trae el tiempo, sobreviene también una odiosa y paulatina ceguera que nos impide percibir el paisaje de las emociones.

Parece ser que con el paso de los años apenas por algunos ínfimos y cada vez más escasos momentos podemos elevarnos por encima del espantoso y gris tapial que construyen los días para asomarnos y divisar (¿adivinar?) lo que hace mucho tiempo encontrábamos a la vuelta de cada esquina.

De chico, los corsos barriales me resultaban tan monumentales que inclusive llegué a perderme en uno de ellos.

Me maravilló un personaje que se autodenominaba «El marsiano de Venus». Su atuendo consistía en una polera de lana negra y raída sobre la cual, en la espalda y prendido con alfileres de gancho, lucía un cartel rectangular de trapo blanco amarillento con esa inscripción.

Completaban su traje intergaláctico unos pantalones también negros -que seguramente pertenecieron en su época de gloria al ambo de un buen señor, cuya decisión más acertada sin dudas fue regalárselo a mi extraterrestre- , guantes de cuero negro y un gran tacho pintado con aerosol plateado por escafandra.

Me llamó la atención el único ojo -perforado en el centro del tacho- que, ahora pienso, tal vez era la causa de su andar bamboleante y errático por el improvisado circuito del corso montado alrededor de la plaza.- Pero en aquel tiempo, lejos estaba yo de inquietarme por la dificultosa visión del personaje. Más bien me incliné por pensar que  seguramente en Venus,  los «marsianos» tenían un  sólo globo ocular.

Así pues, lo seguí.

A una prudente distancia y olvidado de mis padres caminé toda la noche detrás del cautivante alienígena.

Lo vi marchar, casi derrumbándose a cada instante, esquivando mascarones a contramano, avanzando de a ratos erguido, de a ratos en cuatro patas, profiriendo  gruñidos casi guturales, ahogados por el tacho escafandra de plata.

Lo ví zigzagueando de cordón en cordón, moviendo aparatosamente los brazos.

Lo vi palmeado en la espalda con más fuerza de la que marca el afecto, por muchachones que empuñaban botellas de cerveza y se daban vuelta, tras su paso, lanzando carcajadas y gritándole cosas que ya no recuerdo bien.

Lo vi pateado en sus piernas, sin responder los ataques, por los niños bien vestidos que iban a mi escuela y que ocupaban los primeros bancos en la misa dominical.

Lo vi trastabillando ante las zancadillas de los padres de familia que sonreían orgullosos y valientes mirando de reojo a sus señoras  e hijos que festejaban la ocurrencia de esos machos alfa.

Lo vi caer, después de no se cuántas vueltas a la manzana, y quedar como un ovillo arrodillado, quizás rezándole a algún Dios estelar que aquí no conocemos.

Vi su espalda sacudirse espasmódicamente y tuve un impulso por apoyar mi mano en su hombro.

Pudo más mi miedo infantil y la marea de gente me llevó cada vez más lejos, hasta perderlo de vista.

Mi padre me encontró llorando en el umbral de una mercería justo cuando quemaban al Rey Momo, totalmente perdido y desconsolado.

Atribuyó  mis lágrimas al desencuentro y al peligro que aparejan el sentirse solo y absolutamente desamparado.

Ahora lo entiendo.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

Javier Mendez Autor de Cuentos Pendientes

MI JUEGO:

Existe un territorio indefinido que divide las imágenes de la vigilia y lo que otros llaman la realidad.

Negar su existencia puede llevar a engaño. Intentar transitarlo resulta a menudo peligroso y revelador.

Recordaré siempre aquella mañana en que aun después del desayuno continuaba exigiendo que bajaran desde el armario mi juego de «Jim West», un ingenioso entretenimiento de mesa -especial para los días de invierno en Bahía Blanca- que mis padres y hermanos se negaron, en una conjura injustificable, a entregarme.-

Aducían que tal juego no existía y, en su reemplazo, se esforzaban en ofrecerme otros aburridísimos, tales como «La Oca», «El Ludo» o «Chan, el mago que contesta».

Nada me conformaba (ni me conformó jamás), ya que no podía explicarme el porqué de esa persistente negativa  a alcanzarme el «Jim West».

Recuerdo, aunque no perfectamente, su tapa predominantemente roja, con letras amarillas de rebordes oscuros y la figura de los héroes del juego plasmadas en la caja rectangular.

Desgraciadamente, por más que me esfuerzo, no consigo recordar las reglas del «JimWest», pero puedo asegurar que se trataba del juego más entretenido y apasionante que jamás se haya inventado.

Guardé  siempre un inocultable resentimiento contra mi familia por aquella injusta negativa.

Un mal día intenté aprovechar el desorden producido por nuestra mudanza para dar, de una vez por todas, con mi juego de «Jim West».

Por fin iban a vaciar el armario y allí sí, se descubriría la inicua conjura.

Permanecí expectante toda la mañana, controlando disimuladamente  los movimientos de mis padres y hermanos mayores, esperando el momento en que vaciaran el armario, para arrebatarle el «Jim West» a quien lo pusiera a mi alcance.

Grande fue mi desilusión cuando el armario estuvo vaciado totalmente, sin que mi juego apareciera.

¿Lo habrían sacado por la noche, mientras yo dormía?

Nunca lo sabré.

Lo cierto es que aun cuando logré revisar a escondidas los cajones preparados para la mudanza, no pude dar con mi «Jim West», hábilmente escondido por mi familia.

Decepcionado, se apoderó de mí un creciente mutismo, al principio justificado por mis padres en mi nostalgia por la vieja casa que me vio nacer, pero que al poco tiempo, sin dudas, comenzó a preocuparlos a tal punto que decidieron pagar costosas sesiones de terapia psicológica (infrecuentes en aquella época para una típica familia de clase media).

Finalmente, cuando me consideré satisfecho con mi muda venganza, confesé el porqué de mi silencio.- Me ocultaban sin justificación alguna el «Jim West».

Con estupor, vi a mis padres mirar desesperados al psicólogo que los observaba interrogante y jurar una y otra vez que el «Jim West» no existía y que ni siquiera sabían de qué se trataba.

Mi madre llegó incluso al paroxismo de las lágrimas.

El tiempo pasó sin que yo pudiera superar la creciente y angustiante sensación de saberme un extraño en el seno de mi propio hogar.

No podía abrirme plenamente a los sentimientos familiares y, a partir de aquel injusto e inexplicable ocultamiento de mi juego favorito, fui descubriendo a veces e intuyendo otras, numerosas conspiraciones -tan arbitrarias e incomprensibles como la primera- urdidas por mis hermanos y mis padres.

Ciertas veces irrumpía súbitamente en el comedor, donde los encontraba conversando, seguramente acerca de mi persona, y ante mi mirada inquisitiva de inmediato todos callaban, observándome entre asustados e inquietos.

Apenas cumplidos los dieciocho, aproveché la excusa de un trabajo en Chivilcoy para irme de casa.

De nada valieron las insistencias de mis padres para que continuara mis estudios universitarios.

Sólo deseaba abandonar cuanto antes aquella farsa hipócrita que llamaban familia y que apenas me contaba para ser blanco de oscuras componendas cuyos motivos nunca logré descifrar.

Mi vida ha transcurrido en una gris normalidad, solamente alterada por los inevitables llamados telefónicos cargados de falsedad que recibo los días de mi cumpleaños y la formulación de excusas para evitar sistemáticamente concurrir  a las fiestas de fin de año que tanto odio.

He montado mi propio taller de juguetes artesanales e incluso he buscado, viajando específicamente a Buenos Aires para ello, de manera infructuosa, otro juego de “Jim West”, para plagiarlo cambiándole el nombre y desarrollar un vistoso tablero de madera lustrada.

Nunca conseguí el juego, ni logro recordar sus reglas.

Para colmo de males, sus imágenes me resultan cada vez más oscuras y se entremezclan confundiéndose con otras producto de mi esforzada imaginación, a punto tal que cada día que pasa, no puedo asegurar si el juego que tengo en mente es aquel que hizo felices los días de mi infancia u otro, totalmente distinto plagado de mis propios artificios mentales que han venido a usurpar las piezas y los casilleros del original desvirtuándolo totalmente.

De cualquier modo, mi viejo juego de “Jim West” ha determinado el rumbo de mi vida y conforma una porción esencial de mi persona.

No hay conjura que pueda arrebatarme los sueños ni borrarme los recuerdos, por difusos que estos se tornen.

Y si en esta vida no logro reencontrarme con mi juego -asumo que he perdido casi por completo las esperanzas-, no concibo un paraíso que seguramente me espera como a todos quienes hemos sufrido injusticias en este mundo, sin un flamante juego de “Jim West” listo para desplegar su colorido tablero y transitar la eternidad partida tras partida.

Cuentos Pendientes – Javier Mendez

SIGLAS ARGENTINAS MAS POPULARES

siglas argentinas populares

ABL: Alumbrado, Barrido y Limpieza

ACA:  Automóvil Club Argentino

AFA: Asociación del Fútbol Argentino

AFIP:  Administración Federal de Ingresos Públicos

AFJP:    Administradora de Fondos de Jubilaciones y Pensiones

ALPI:  Asociación de Lucha Contra la Parálisis Infantil

ANSES: Administración Nacional de la Seguridad Social

APTRA: Asociación de Periodistas de la Televisión y Radiofonía Argentinas

ART: Aseguradoras de Riesgos de Trabajo

ARTEAR:  Arte Radiotelevisivo Argentino

ATC:  Argentina Televisora Color

BANELCO:    Banca Electrónica Compartida

BCRA:   Banco Central de la República Argentina

CBC:   Ciclo Básico Común

CBU:   Clave Bancaria Uniforme

CEAMSE:  Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado

CGT: Confederación General del Trabajo

CIPEC:   Centro de Intercomunicaciones para Emergencias y Catástrofes

CUBA:   Compañía Latinoamericana de Ingeniería Básica Ambiental

COMFER:   Comité Federal de Radiodifusión

CONICET:   Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

CTERA: Confederación Trabajadores de la Educación de la República Argentina

CUIL:  Código Único de Identificación Laboral

CUIT: Código Único de Identificación Tributaria

DNI: Documento Nacional de Identidad

EGB:   Educación General Básica

ENRE:    Ente Nacional Regulador de la Electricidad

GEO:   Grupo Especial de Operaciones

GNC:   Gas Natural Comprimido

DGI:    Dirección General Impositiva

FONAVI: Fondo Nacional de la Vivienda

ILVEM:    Instituto de Lectura Veloz, Estudio y Memoria

INCUCAI:   Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante

INDEC Instituto Nacional de Estadística y Censos

IRAM:   Instituto Argentino  de Racionalización de Materiales

ISER:  Instituto superior de Enseñanza Radiofónica

IVA:  Impuesto al Valor Agregado

MANLIBA: Mantenga Limpia a Buenos Aires

MALBA: Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

MERCOSUR Mercado Común del Sur

MERVAL:   Mercado de Valores

OCASA:  Organización Clearing Argentino Sociedad Anónima

ONAVE:   Organismo Nacional de Administración de Bienes

PASE:    Peaje Automático Sin Espera

PBI:     Producto Bruto Interno

PJ:   Partido Justicialista

PRODE:    Pronósticos Deportivos

SADAIC: Sindicato Argentino de Autores y Compositores

SAME:   Sistema de Atención Médica de Emergencia

SEGBA: Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires

SENASA:    Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria

SIDE:  Secretaría de Inteligencia del Estado

SRL:    Sociedad de Responsabilidad Limitada

SUTER:  Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta

TC:  Turismo Carretera

UBA:  Universidad de Buenos Aires

UCR:   Unión Cívica Radical

UOCRA:  Unión Obrera de la Construcción de la República Argen­tina

UPCN:   Unión Personal Civil de la Nación

YPF:   Yacimientos Petrolíferos Fiscales

Fuente Consultada: Diccionario Insólito II de  Luis Melnik

SIGLAS: LISTADO DE LAS SIGLAS INTERNACIONALES MAS POPULARES

siglas internacionales

AA Alcohólicos Anónimos –

Aerolíneas Argentinas AA

AP Asociación Argentina de Agencias de Publicidad

AADI Asociación Argentina de Intérpretes

ABC America Broadcasting Corporation

ABRA Asociación de Bancos de la República Argentina

ACA Acción Católica Argentina – Automóvil Club Argentino

ACARA Asociación de Concesionarias Automotrices de la República Argentina

ACDE Asociación Cristiana de Dirigentes Empresarios Adena Asociación Para la Defensa de la Naturaleza

Adeslas Agrupación de Entidades de Seguro Libre de Asistencia Sanitaria.

ADN Ácido desoxirribonucleico

AFA Asociación del Fútbol Argentino AFC Automatic Frequency Control

AFiP Administración Fiscal de Ingresos Públicos AFJP Administradora de Fondos de Jubilaciones y Pensiones

AFP Agence France Press AGN Auditoría General de la Nación

AGP Administración General de Puertos AIDS Acquired Inmunodeficiency Syndrome (SIDA)

AL ANON Ayuda Familiar del Alcohólico ALADI Asociación Latinoamericana de Intercambio

ALALC Asociación Latinoamericana de Libre Comercio

ALCA Área de Libre Comercio de las Américas

ALCO Anónimos Luchadores contra la Obesidad

Alitalia Líneas Aéreas Italianas Internacionales

ALPI Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil

ALUAR Aluminio Argentino

AMA Asociación de Modelos Argentinas

AMB Asociación Mundial de Boxeo

AMPO Aporte Medio Previsional Obligatorio

ANMAT Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica

ANSA Agenzia Nazionale Stampa Associata

AP Associated Press (Prensa Asociada)

APANOVI Asociación Pro Ayuda al No Vidente

Apyme Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa

ARPA Asociación de Radiodifusoras Privadas de la Argentina

ART Aseguradora de Riesgos del Trabajo

ARTEAR Arte Radiotelevisivo Argentino

ASCII American Standard Code for Information Interchange

Asepeyo Asistencia Sanitaria Económica para Empleados y Obreros.

ATP Asociación de Tenistas Profesionales

ATS Ayudantes Técnico-Sanitarios Aviaco Aviación y Comercio, S. A.

AVIANCA Aerovías Nacionales de Colombia

AWACS Airborne Warning and Control System

BAICO Buenos Aires Inmobiliarias Computarizadas

BANELCO Banca Electrónica Compartida

BANESTO Banco Español de Crédito BBC British Broadcasting Corporation (Sociedad Británica de Radiodifusión)

BICE Banco de Inversión y Comercio Exterior BID Banco Interamericano Departamental

BMW Bayerische Motorenwerke

BOE Boletín Oficial del Estado.

BONEX Bonos externos BUP Bachillerato Unificado y Polivalente.

CALPE Compañía Anónima de Librería, Publicaciones y Ediciones

CALSA Compañía Argentina de Levaduras Sociedad Anónima Industrial y Comercial

CAM Comunidad Autónoma de Madrid.

CAMMESA Compañía Administradora del Mercado Eléctrico Mayorista

CAMPSA Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, S. A.

CAT Centro de Atención Telefónica

CATV Community Antenna Television

CBC Ciclo Básico Común

CBC EGB Contenidos Básicos Comunes para la Educación General Básica

CBC EP Contenidos Básicos Comunes para la Educación Polimodal

CBC NI Contenidos Básicos Comunes para el Nivel Inicial

CBS Columbia Broadcasting System

CD Compact Disc

CD ROM Compact Disc Read Only Memory

CEAMSE Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado

CECA Comunidad Económica del Carbón y del Acero.

CEE Comunidad Económica Europea.

CEI Comunidad de Estados Independientes

CELS Centro de Estudios Legales y Sociales

CENARESO Centro Nacional de Rehabilitación Social

Cenebad Centro Nacional de Educación Básica a Distancia.

CENS Centro Educativo Nivel Secundario

CEOE Confederación Española de Organizaciones Empresariales.

CEPAL Comisión Económica para América Latina

Cepyme Confederación Española de Pequeñas y Medianas Empresas.

Cesid Centro Superior de Información de la Defensa.

CGT Confederación General del Trabajo

CIA Central Intelligence Agency

CIOSL Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres

CIPEC Centro de Intercomunicaciones para Emergencias y Catástrofes

CIQUIME Centro de Informaciones Químicas para Emergencias

CLIBA Clima de Buenos Aires CNEA Comisión Nacional de Energía Atómica

CNN Cable News Network

CNT Comisión Nacional de Telecomunicaciones – Confederación Nacional del Trabajo.

CNV Comisión Nacional de Valores

COAS Cooperadora de Acción Social

COB Central Obrera Boliviana

COI Comité Olímpico Internacional

COINSIDA Cooperación, Información y Ayuda al Enfermo de Sida

COMFER Comité Federal de Radiodifusión

CONICET Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

CONSUDEC Consejo Superior de Enseñanza Católica

CONTA Comisión Nacional de Transporte Automotor

COPE Cadenas de Ondas Populares Españolas

COU Curso de Orientación Universitaria

CPI Curso Preparatorio de Ingreso

CPU Control Process Unit

CRA Confederaciones Rurales Argentinas

CRIC Centro de Reclamación e Información Ciudadana

CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas

CSIF Confederación de Sindicatos Independientes de Funcionarios

CTA Central de Trabajadores Argentinos

CTERA Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina

CTI Compañía de Teléfonos del Interior

CUT Central Única de Trabajadores

CV Caballos de Vapor – Cablevisión Sociedad Anónima

DDE Discado Directo Entrante

DDI Discado Directo Internacional

DDN Discado Directo Nacional

DDT Dicloro Difenil Tricloroetano

DEA Drug Enforcement Administration DGI Dirección General Impositiva

DID Direct Inward Dialing

DIU Dispositivo intrauterino

DNI Documento Nacional de Identidad Domund Domingo Mundial de Propaganda de la Fe

DOSUBA Dirección de Obra Social de la Universidad de Buenos Aires

DPA Deutsche Presse Agentur

ECG Electrocardiograma

ECU Unidad de Cuenta Europea.

EDCADASSA Empresa de Cargas Aéreas del Atlántico Sur Sociedad Anónima

EE. UU. Estados Unidos de Norteamérica

EEM Escuela de Educación Media

EET Escuela de Educación Técnica EFTA Asociación Europea de Libre Intercambio

EGB Educación General Básica

ELMA Empresa Líneas Marítimas Argentinas

EMEM Escuela Municipal de Enseñanza Media

Enagas Empresa Nacional de Gas

ENARGAS Ente Nacional Regulador del Gas Endesa Empresa Nacional de Electricidad

ENOSA Empresa Nacional de Óptica, S. A.

ENRE Ente Nacional Regulador de la Electricidad

EPA Educación Permanente de Adultos

EPCOT Experimental Prototype Community Of Tomorrow

ESO Educación Secundaria Obligatoria

ESPN Entertainment and Sports Programming Network

ETA Euskadi ta Askatasuna (País Vasco y Libertad)

ETOSS Entre Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios

EUA Estados Unidos de América

EUDEBA Editorial Universitaria de Buenos Aires

EUROVISION Unión Europea de Radiodifusión

FAO Food and Agricultural Organization (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación)

FAS Fundación Argentina de Sordos

FASA Fábrica de Automóviles, S. A.

FATAP Federación Argentina de Transportistas por Automotor de Pasajeros

FBI Federal Bureau of Investigation (Oficina Federal de Investigación)

FF. CC. Ferrocarriles

FEMESA Ferrocarriles Metropolitanos Sociedad Anónima FEMSA Fábrica Española de Magnetos

FETE Federación Española de Trabajadores de la Educación Feve Ferrocarriles de Vía Estrecha

FF. AA. Fuerzas Armadas FIAT Fábrica Italiana de Automotores Torino

FIBA Federación Internacional de Baloncesto Amateur

FIFA Federación Internacional de Fútbol Asociado

FLACSO Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales

FM Frecuencia Modulada – Modulación de Frecuencia FMI Fondo Monetario Internacional

FOETRA Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina

FONAVI Fondo Nacional de Vivienda

FORPA Fondo de Ordenación y Regulación de Productos y Precios Agrarios FP Formación Profesional

FREPASO Frente País Solidario

FUNDALEU Fundación para Combatir la Leucemia

FUNPREVI Fundación Educando para Prevenir la Violencia

GAL Grupos Antiterroristas de Liberación

GATT General Accord on Tariff and Trade GB Gran Bretaña.

GEO Grupos Especiales de Operaciones (Policía)

GESTAPO Geheime Staatspolizei

GMC General Motors Corporation

GMT Greenwich Mean Time

HBO-Ole Home Box Office-Omnivision Latin American Entertainment

HCD Honorable Cámara de Diputados

HCD Honorable Concejo Deliberante

HP Horse Power (Caballo de vapor)

HQ Headquarters IB Iberia IBM International Business Machine

ICANA Instituto Cultural Argentino Norteamericano

ICE Instituto de Ciencias de la Educación.

ICI Instituto de Cooperación Iberoamericana

ICO Instituto de Crédito Oficial

ICONA Instituto Nacional Para la Conservación de la Naturaleza

IFEMA Instituto Ferial de Madrid

IFONA Instituto de Forestación Nacional

IHS Jesús Salvador de los Hombres

ILVEM Instituto de Lectura Veloz, Estudio y Memoria

IMOS Instituto Municipal de Obra Social

INAP Instituto Nacional de la Administración Pública

INCAA Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Visuales

INCUCAI Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante

INDEC Instituto Nacional de Estadísticas y Censos

INEF Instituto Nacional de Educación Física

Inem Instituto Nacional de Empleo INI Instituto Nacional de Industria

INRI Jesús Nazareno Rey de los Judíos.

Insalud Instituto Nacional de la Salud

Inserso Instituto Nacional de Servicios Sociales

INTA Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria

INTELSAT International Communications Satellite

INTERNET International Net – Interconected Network

INTERPOL Organización Internacional de Policía Criminalista

INTI Instituto Nacional de Tecnología Industrial

INV Instituto Nacional de Vitivinicultura I

OMA Instituto de Obra Médico Asistencial

IOS Instituto de Obras Sociales

IOSE Instituto de la Obra Social del Ejército IPC Índice de Precios al Consumo

IPESA Industrias Plásticas por Extrusión Sociedad Anónima

IRA Irish Republican Army (Ejército Republicano Irlandés)

IRAM Instituto Argentino de Racionalización de Materiales

ISBN International Standard Book Number

ISER Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica

ISSB Instituto de Servicios Sociales Bancarios

IVA Impuesto al Valor Agregado – Impuesto sobre el Valor Añadido.

KGB Komitet Gosudárstvennoe Bezopásnosti (Comité Estatal de Seguridad)

KKK Ku Klux Klan LADE Líneas Aéreas del Estado

LALCEC Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer

LAN CHILE Línea Aérea Nacional de Chile

LASER Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation (Luz amplificada por la emisión estimulada de radiación)

LIT-CI Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional

LODE Ley Orgánica Reguladora del Derecho a la Educación

LSD daetilamida del ácido lisérgico

MANLIBA Mantenga Limpia a Buenos Aires MAS Movimiento al Socialismo

MCBA Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires MEC Ministerio de Educación y Cultura

MERCOSUR Mercado Común del Sur

Modem Modulator-Demodulator

MOPU Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo  

MOSAD No es sigla. Significa literalmente «institución» (… encargada de custodiar la seguridad de la Nación israelita)

MTSS Ministerio de Trabajo y Seguridad Social

MTV Music Television

NAFTA North Atlantic Free Trade Area (Área de Libre Comercio de América del Norte)

NAPALM Naphtenic Acid and Palmetate

NASA National and Aeronautic Space Administration

NATO North Atlantic Treaty Organization (OTAN)

NBA National Basket Association (Asociación Nacional de Baloncesto)

NBC National Broadcasting Corporation NCR National Cash Registrer

OACI Organización de Aviación Civil Internacional

OCASA Organización Clearing Argentino Sociedad Anónima

OCDE Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico

OCU Organización de Consumidores y Usuarios

OEA Organización de los Estados Americanos

OIT Organización Internacional del Trabajo

OLP Organización para la Liberación de Palestina OMS Organización Mundial de la Salud

ONCE Organización Nacional de Ciegos Españoles

ONU Organización de las Naciones Unidas OPEP Organización de los Países Exportadores de Petróleo

OSDE Organización de Servicios Directos Empresarios

OSECAC Obra Social para los Empleados de Comercio y Actividades Civiles

OSPLAD Obra Social para la Actividad Docente

OTAN Organización del Tratado del Atlántico Norte (ver NATO)

OTI Organización de Televisiones Iberoamericanas

OVNI Objeto Volador No Identificado

PAL Phase Alternating Line

PAMI Programa Asistencial Médico Integral

PASE Peaje Automático Sin Espera

PBI Producto Bruto Interno

PC Personal Computer – Partido Comunista

PCE Partido Comunista de España

PEN Poder Ejecutivo Nacional

PFA Policía Federal Argentina PIB Producto Interior Bruto

PJ Partido Justicialista PM Post Meridiano (después del mediodía)

PM Policía Militar

PNA Prefectura Naval Argentina

PNB Producto Nacional Bruto PNV Partido Nacionalista Vasco.

POW Prisioner Of War PRODE Pronósticos Deportivos

PS Post Scriptum (Posdata) – Partido Socialista

PSOE Partido Socialista Obrero Español  

PST Partido Socialista de los Trabajadores

PVC Poli Vinil Clorur (policloruro de vinilo)

PyME Pequeña y Mediana Empresa Radar Detección y localización por radio

RAE Radiodifusión Argentina al Exterior – Real Academia Española RAF Royal

Air Force (Reales Fuerzas Aéreas de Gran Bretaña) RAI Radio

Audizioni Italia (Emisora de Radio y Televisión Italiana)

Renfe Red Nacional de Ferrocarriles Españoles

RA República Argentina

RKO Radio Keith Orpheum

RNE Radio Nacional de España

RTO Revisión Técnica Obligatoria RTVE Radiotelevisión Española

RX Rayos Equis SA Sociedad Anónima

SADAIC Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música

SADE Sociedad Argentina de Escritores SAL Sociedad Argentina de Locutores

SALT Strategic Arms Limitation Talks SAME Sistema de Atención Médica de Emergencia

SAS Scandinavian Airlines System SAT Sindicato Argentino de Televisión

SDDRA Sindicato de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines

SEAT Sociedad Española de Automóviles de Turismo

SEC Servicio de Estacionamiento Computarizado

SECAM Séquientel Couleur a Mémoire

SEIT Servicio Especial de Investigaciones Técnicas (Policía Bonaerense)

SENASA Servicio Nacional de Sanidad Animal

SER Sociedad Española de Radiodifusión

SIDA Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida

SIDE Servicio de Inteligencia del Estado

SIGEN Sindicatura General del Estado

SIGEP Sindicatura General de Empresas Públicas

SITE Servicios de Inspección Técnica de Educación

SITEA Sistema Teleducativo Argentino

SNEP Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada Sonar Exploración náutica del sonido

SONAR Sound Navigation Ranging

SOS Save Our Souls (Salven nuestras almas – señal de gran peligro)

SRA Sociedad Rural Argentina

STO Sistema de Tránsito Ordenado

SWAT Special Weapons and Tactics

TALGO Tren Articulado Ligero Goicoechea-Oriol

TASS Agencia Telegráfica de la Unión Soviética

TASS Telegrafnoe Ayentstvo Sovestkoie Soiutse (Agencia rusa de noticias)

TBA Trenes de Buenos Aires

TC Turismo de Carretera

TELEFE Televisión Federal  

TMR Transportes Metropolitanos Roca

TMB Transportes Metropolitanos Belgrano Sur

TN Telenoticias – Todonoticias

TNT trinitrotolueno – Turner Network Television

TPP Tarjeta Previsional Personal

 TVA Televisión Argentina

TVE Televisión Española

TWA Transworld Airways

UADE Universidad Argentina de la Empresa

UAR Unión Argentina de Rugby

UB Universidad de Belgrano

UBA Universidad de Buenos Aires

UCA Universidad Católica Argentina

UCM Universidad Complutense de Madrid

UCR Unión Cívica Radical

UEFA Union of European Football Associations (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol)

UFO Unidentified Flying Object (ver OVNI)

UHF Ultra High Frequencies

UIA Unión Industrial Argentina

UK United Kingdom (Reino Unido de Gran Bretaña)

UMSA Universidad del Museo Social Argentino

UN United Nations (ver ONU)

UNED Universidad Española de Educación a Distancia

UNESCO United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (Organización de las Naciones Unidad para la Educación, la Ciencia y la Cultura)

UNICEF United Nations International Children’s Emergency Fund (Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia)

UNLP Universidad Nacional de La Plata

UOM Unión Obrera Metalúrgica

UP United Press

UPCN Unión del Personal Civil de la Nación

UPI United Press International

USA United States of America (Estados Unidos de América)

UTI Unidad de Terapia Intensiva

UTN Universidad Tecnológica Nacional UVI Unidad de Vigilancia Intensiva

VCC Video Cable Comunicación

VHF Very High Frecuency

VHS Video Home System (Sistema de vídeo en casa)

VIP Very Important Person (persona muy importante) VITRA Fundación de Vivienda y Trabajo para el Lisiado

WASP White, Anglo Saxon, Protestant (blanco, anglosajón, protestante)

WEF World Economic Forum

WHO World Health Organization

WWF World Wild Fund (Fondo Vida Salvaje)

WWW World Wide Web

Fuente:
Y por casa… ¿cómo escribimos?-Siglo XXI,

Profesor Esteban Giménez
(Gram editora, 2010).