Vida de Kaspar Hauser Misterioso Caso del Joven Alemán



Vida Enigmática de Kaspar Hauser

Se lo conoció como el «muchacho venido de ninguna parte», y unos cuantos años antes de su enigmática muerte en 1833, su extraordinaria historia fue comentario obligado en toda Europa.

Un muchacho de unos 16 o 17 años, abandonado, llegó a la ciudad de Nüremberg, Alemania el 26 de mayo de 1828. Tenía los pies ensangrentados y aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida.

Su ropa con restos de seda, que había sido buena en alguna ocasión, se encontraba ahora tan andrajosa como la de un espantapájaros. Sus piernas estaban casi paralizadas por unas botas mucho más pequeñas que las de su tamaño, reforzadas con herraduras y clavos. De ellas asomaban unos dedos ensangrentados.

Kaspar Hause

Retrato de Kaspar Hauser en los últimos años de su vida, cuando su extraña historia se
transformó en el gran comentario de Europa. Esta historia se ha transformado en una leyenda, y con distintas versiones, por ejemplo se dice que siendo adolescente Hauser se presentó en comisaría con un papel en el que estaba escrito su nombre. No sabía hablar ni escribir y se descubrió que había vivido toda su vida en una cueva, en completo aislamiento.

Le entregó al primer transeúnte que lo vio unas cartas dirigidas «al capitán del 4to Escuadrón, Regimiento 6to de Caballería». Allí fue llevado.

Mientras esperaba la llegada del capitán exhibió la primera de las extrañas reacciones que habrían de convencer a muchísimas personas de que el forastero había permanecido la mayor parte de su vida aislado del mundo: interesado en la llama de una vela, trató de agarrarla, profiriendo un agudo grito al quemarse.

El olor de lo que se cocinaba le causó náuseas, y casi se desmaya frente al jamón y la cerveza que le ofrecieron.

Comió vorazmente pan y agua, y experimentó terror frente a un reloj de péndulo, quizá considerándolo un ser vivo.

Frente al capitán balbuceó: «quiero ser soldado como mi padre…».



En las cartas se repetía casi como una súplica la necesidad de transformar a su portador en un soldado de caballería. Y ambas concluían con el siguiente texto: «si no quiere conservarlo, debe matarlo con la espada o colgarlo». El capitán se desentendió del asunto y entregó al muchacho a la policía local.

Al proporcionarle un lápiz y pedirle que escriba su nombre, escribió decididamente «KASPAR HAUSER». Fuera de eso, replicó «no sé» a todas las preguntas que se le formularon.

Después de un tiempo el muchacho se transformó en una atracción pública y la gente concurría a verlo comer su pan en la celda. Más tarde sobrevino un aprendizaje sorprendentemente rápido.

A las seis semanas hablaba con fluidez y podía leer y escribir, y al cabo de un tiempo pudo realizar una completa declaración acerca de sus primeros años de vida. Según su relato, siempre estuvo prisionero en un calabozo, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimentó que alguien le llevaba mientras dormía.

De vez en cuando, su agua tenía gusto amargo. Esto lo hacía dormirse, y cuando despertaba se encontraba aseado y cambiado. Tiempo antes de su partida, un hombre se introducía en la celda y le enseñaba a escribir su nombre y las frases que le diría al capitán.

Luego de este relato, Kaspar Hauser se transformó en una celebridad. Las dudas sobre su origen apuntaban a la nobleza que, por algún motivo, quiso mantenerlo oculto durante todo ese tiempo. Hauser siguió educándose y adquirió conocimientos de filosofía, latín y ciencias.

Y el fin llegó de una manera tan enigmática como el resto de esta historia: el 14 de diciembre de 1833 apareció con numerosas heridas de arma blanca, en los pulmones y el hígado. Según dijo, fue atacado por un extraño que le entregó, antes de herirlo, una nota en la que escribió: «soy de la orilla del río… mi nombre es MLO». Para aumentar el misterio, la frase estaba escrita de manera especular, es decir, sólo podía ser leída con ayuda de un espejo.

¿De dónde salió Kaspar Hauser?, ¿quién o quiénes se tomaron el trabajo de mantenerlo oculto tantos años, para luego liberarlo sin ningún motivo aparente?, ¿por qué murió?… Todos estos interrogantes forman parte de uno de los grandes misterios de la historia, un misterio que para los hombres de hoy no podrá escapar a la siguiente calificación: «Sin Respuesta…».

El gran director Werner Herzog creó en 1974 una película narrando la historia de este muchacho, mostrando la crueldad humana, capaz de imposibilitar la evolución de otras personas, adueñándose de su libertad, privándolas de la oportunidad de ser educadas, de estar en contacto con seres racionales y de poder desarrollarse espiritualmente. En este sentido, ha servido para evaluar el desarrollo humano cuando se sufren carencias afectivas y educacionales severas.

Fuente Consultada: Magazine Enciclopedia Popular N°27 Año 3 Casos Sin Respuestas



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