Las Miserias Humanas del Siglo XX La Ambicion del Hombre Por el Poder






Las Miserias Humanas del Siglo XX

Las Miserias Humanas del Siglo XX

El Papa Juan Pablo II se convirtió en el líder espiritual de la iglesia Católica en 1978. Desde entonces ha hecho numerosos viajes a todas partes del globo, defendiendo una serie de asuntos sociales y espirituales. Ha hecho hincapié en hablar en forma directa al mayor número de grupos laicos que sea posible y amenudo se centra en uno de sus temas principales: el deseo de paz.

juan pablo IIJuan Pablo II, Discursos: Hoy en día, la paz se ha convertido, en todo el mundo, en una preocupación no sólo para los que son responsables del destino de las naciones, sino también para sectores mucho más amplios de la población e innumerables individuos, que de manera generosa y tenaz se dedican a crear una perspectiva de paz y a establecer una paz genuina entre los pueblos y las naciones.

Esto resulta reconfortante. Pero no oculta el hecho de que a pesar de esos esfuerzos realizados por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, todavía prevalecen serias amenazas para la paz del mundo. Algunos desafíos asumen la forma de divisiones en el interior de varias naciones; otros surgen de agudas tensiones muy arraigadas entre naciones y bloques contrarios dentro de la comunidad mundial.

En realidad, las confrontaciones que atestiguamos en la actualidad se diferencian de las del pasado debido a ciertas características novedosas. En primer lugar, tienen una extensión mundial: incluso un conflicto local suele ser una expresión de tensiones que se originan en alguna otra parte del mundo. Del mismo modo, a menudo sucede que un conflicto tiene profundos efectos en lugares mucho más distantes de donde éste se originó.

Otra característica es la totalidad; las tensiones contemporáneas movilizan todas las fuerzas de las naciones involucradas; es más, el monopolio egoísta, e incluso la hostilidad, se encuentran en nuestros días tanto en la forma en que la vida económica se rige y en la aplicación tecnológica de la ciencia, como en el modo en que los medios masivos de comunicación, o los recursos militares, se utilizan…

En todas partes, el temor a una paz precaria, los imperativos militares y políticos, así como los intereses económicos y comerciales conducen al establecimiento de un acopio de armas, o a la venta de armas capaces de desatar una pasmosa destrucción. Así pues, la cunera armamentista prevalece sobre las grandes tareas de la paz, las cuales deben unir a los pueblos en una nueva solidaridad; aquella fomenta conflictos esporádicos pero sanguinarios y levanta las amenazas más serias. Es cierto que a primera vista la causa de la paz parece estar en desventaja hasta el punto del desgarramiento.

Pero debemos alcanzar la paz. La paz, como dije antes, se ve amenazada cuando reinan la incertidumbre, la duda y la suspicacia, y cuando la violencia bien se vale de éstas. ¿En verdad deseamos la paz? Entonces debemos cavar profundo en nosotros mismos, e ir más allá de las divisiones que encontramos dentro de nosotros y entre nosotros, debemos encontrar las áreas en que podemos reforzar nuestra convicción respecto de que las fuerzas fundamentales que impulsan a los seres humanos, y el reconocimiento de su naturaleza real, los conducen a la apertura hacia otros, hacia el mutuo respeto, la comunidad y la paz.

El curso de esta laboriosa investigación sobre la verdad objetiva y universal en torno a la humanidad, y el resultado de dicha investigación, dará como resultado hombres y mujeres de paz y diálogo, personas que obtienen su fuerza y humildad a partir de una verdad de la cual se percatan que deben servir, y que no deben utilizarla para intereses partidistas.

EL AUGE DEL TERRORISMO
Amenazas a la seguridad mundial

Otros desastres son obra de las personas, y no de la naturaleza. De hecho, el siglo xxi se ha visto afectado por las amenazas del terrorismo internacional.

El 11 de septiembre de 2001, el ataque contra el World Trade Center de Nueva York marcó un punto de inflexión. Terroristas de Oriente Próximo se hicieron con el control de cuatro aviones de pasajeros y, a las 8:45 h (hora de Nueva York), el primero de ellos se estrelló deliberadamente contra la Torre Norte del World Trade Center. Quince minutos después, otro avión impactó contra la Torre Sur y ambos edificios se derrumbaron por completo. Una hora después, un tercer avión se estrelló contra el edificio del Pentágono, el cuartel general del Ejército de Estados Unidos en Washington, y a los 20 minutos, el cuarto avión fue derribado en una zona rural a las afueras de Pittsburgh.

El ataque fue perpetrado por 19 secuestradores, presuntamente saudíes y egipcios, vinculados con Al Qaeda. Alrededor de 2.800 personas fallecieron en los atentados, una cifra en la que se incluyen los 260 pasajeros que viajaban a bordo de los aviones y unos 300 bomberos de Nueva York que trabajaban para salvar vidas en las Torres Gemelas cuando se derrumbaron.

Las repercusiones de estos ataques no solo se dejaron sentir en Nueva York y EE UU, sino en todo el planeta, y la llamada a una «guerra contra el terrorismo» ha difundido entre gran parte de la población una nueva sensación de inseguridad ante el futuro.





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