Diferencias Entre Debate y Discusion:Su Uso en Politica Democratica

Diferencias Entre Un Debate y Una Discusion, La Politica Moderna

DIFERENCIAS DEBATE y DISCUSIÓN: Cuando entre dos o más personas se suscita una controversia y cada una alega sus razones u opiniones para rechazar las opuestas: es un debate

Cuando dos o más personas plantean un asunto y exponen sus puntos de vista con miras a buscar una solución común: es una discusión.

Las controversias de una campaña electoral, por ejemplo, constituyen un debate, mientras que los discursos parlamentarios forman parte de una discusión.

Pero en la práctica ambas palabras se confunden porque, indudablemente, tienen origen y finalidad similares.

Diferencias Entre Debate y Discusion:Su Uso en Politica Democratica

En un debate se expresan opiniones, se aprende a escuchar y respetar las opiniones del otro y se integran todos los pensamientos. En cambio en una discusión se emite opiniones, pero se argumentan con evidencias concretas y fehacientes.

Con el don de la palabra, en el ser humano surgió la tendencia a debatir lo que chocaba con sus intereses y deseos; y debate y discusión no tardaron en ser medios civilizadores, porque acercaron a los hombres al enfrentarlos sin otra arma que la de su razón.

Se ha ordenado así su ejercicio y cada país posee una reglamentación propia, pero de acuerdo con principios internacionales, obligatorios muchos de ellos para estados miembros de organismos mundiales que reconocen el pleno derecho del individuo para la libre expresión hablada y escrita de su pensamiento.

El debate y la discusión han sido la escuela permanente de la democracia, y su ejercicio ha afirmado la personalidad del sujeto, concediéndole, de buen o mal grado, el respeto que merece su libre aibedrío.

Debate y discusión constituyen un arte que debe situarse bajo dependencia de una ciencia: la filosofía, porque sus razones y argumentos han de basarse en la lógica.

Este arte de discutir racionalmente es designado por los filósofos de la antigüedad, especialmente Platón, como el arte dialéctico.

Su fin es encontrar la verdad.

A la dialéctica se opone la retórica, cultivada por los sofistas, a quienes Platón combate.

La retórica no era más que el arte de persuadir a los demás a actuar en favor de los intereses del orador.

Hay que advertir, desde luego, que disputa, riña o altercado no equivalen a controversia, destinada a hacer luz sobre un asunto.

Vociferar no es un alegato fundado en ideas y principios.

De ahí que la historia no conserve en sus páginas los nombres de charlatanes y demagogos, que fueron hasta elocuentes; en cambio, recuerda con respeto a quienes unieron la elocuencia a la lógica en la exposición de sus argumentos.

Prueba de ello nos lo ofrecen desde la antigüedad a nuestros días, no citando sino reducido número de protagonistas: Pericles y Demóstenes en Grecia Antigua; Catón y Cicerón en Roma Antigua; Mirabeau, Vergniaud y Clemenceau en Francia; Cromwell, Pitt y O'Connell en Inglaterra, y en España sobresalió una gloriosa figura: Castelar.

La educación moderna considera necesaria la preparación del individuo para el debate y la discusión, porque es la única fórmula que llena el vital principio de la amplia participación social en la consideración de todo problema.

Satisfacen esa función educativa los foros, liceos, ateneos y academias, que en muchos casos cuentan con el patrocinio oficial, y tampoco son extrañas a esa finalidad las múltiples instituciones de todo orden que atraen a quienes participan de la misma profesión, gusto artístico o aficiones deportivas, y a través de una disciplina conformada sobre el interés común, obligan a que el sujeto piense, razone y busque sus propias soluciones.

En un DEBATE opinan sobre un tema, argumentan sus ideas, intercambian preguntas y respuestas y, en algunos casos, llegan a una conclusión o acuerdo.

El éxito de la práctica del debate y la discusión ha superado ya los límites de lo nacional, que en otro tiempo fue suficiente para la exposición de las ideas, y hoy existen congresos y conferencias mundiales de funcionamiento permanente.

El debate amplio y libre ha estimulado la convivencia universal, que vincula más a los pueblos por su mejor conocimiento mutuo, y éste basa su asentamiento definitivo en la discusión sin reserva de los problemas generales.

Ha habido debates famosos e históricos por los temas considerados y su influencia en la vida y civilización humanas: como, por ejemplo, los de la asamblea francesa al ser derrocado el régimen monárquico y surgir la república, y los promovidos en los Estados Unidos de América referentes a la abolición de la esclavitud, sobre todo los famosos debates de Abrahan Lincoln con su antagonista Esteban Douglas, en los que los discursos de Lincoln fueron modelos de lógica y precisión expositiva.

No todo fue orden ni disciplina rigurosa en ocasiones como las citadas; se cometieron excesos, pero en las asambleas se fue reformando el derecho al debate y a la discusión, que hoy representa, sin restricciones ni sometimientos, la base democrática de la política moderna.

En la actualidad los parlamentos, que deben ser tomados como la expresión típica de cada país en estas actividades, se rigen por reglas propias muy variadas, pues gran parte de ellas depende incluso de modalidades constitucionales, pero su molde inicial fue el parlamento de Inglaterra, al que se califica de clásico o tradicional.

Posteriormente, para completar el cuadro del progreso alcanzado por la libre expresión de la palabra, en su forma de oratoria política, surgieron el Congreso de los Estados Unidos y el Parlamento de Francia, heredero éste de la Asamblea Nacional y de la Legislativa, que asentaron las bases de la democracia francesa.

Mas para el ejercicio del debate y de la discusión son indispensables unas cualidades que escapan a todas las reglas escritas.

Se requieren, ante todo, talento, elocuencia e inspiración naturales, que no se adquieren en los textos, y una dosis de serenidad suficiente para saber escuchar al contrario y responderle sensatamente, sin divagaciones y estridencias; cosa fácil, por cierto, cuando se domina profunda y ampliamente la materia de la controversia.

Fuente Consultada:Enciclopedia Ilustrada CUMBRE - Tomo 4 - Editorial Cumbre S.A.

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