Grandes Compositores de la Historia

Fuentes de Roma Para Visitar Historia de las Obras de Arte

Historia de las Fuentes de Roma Para Visitar

Las fuentes de Roma representan una de las grandes atracciones de la capital de Italia. En el tiempo de los emperadores romanos, desde Augusto hasta Teodosio, en la ciudad se construyeron once acueductos, cuyas imponentes ruinas podemos admirar todavía. Esos acueductos proveían de agua a un millar de baños públicos y a una enorme cantidad de fuentes, termas y juegos de agua.

Durante la Edad Media, después de las invasiones bárbaras, los problemas del abastecimiento de agua fueron seriamente estudiados en la mayoría de las ciudades de la península itálica. En Roma, gracias al Tíber, no existía ninguna preocupación sobre ese punto. Las aguas de este río cubrían suficientemente. las necesidades de la población y las de los numerosos peregrinos que concurrían a la Ciudad Eterna, en toda época del año.

En Perusa se levantó la Fontana Maggiore que continúa suscitando la admiración de todos los amantes del arte. En Aquila se construyó una fuente con noventa grifos; Viterbo se adornó con millares de fuentes y otras muchas decoraron las numerosas plazas de Siena y Florencia. Casi a mediados del siglo XVI, el Papa Julio III hizo construir nuevos baños públicos y levantar una fuente en la Via Flaminia (calle Flaminiana), que curre casi paralela al Tíber.

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Fuente: Fontana Maggiore

Sin embargo, sólo al final del siglo XVI comenzaron a erigirse las famosas fuentes de Roma. Fue entonces cuando se construyó la armoniosa Fuente de las Tortugas, magnífica obra de arte concebida por Juan Bautista della Porta (1542-1597) y ejecutada probablemente por Tadeo Landini. Algunos atribuyen al genio de Rafael la creación de sus formas tan delicadas. En ella podemos admirar a cuatro mancebos que, con una mano y un pie, sostienen a unos delfines, y, con la mano libre, a un tortuga que bebe en el pilón superior.

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Fuente de las Tortugas en Roma

Esta obra maestra de la escultura se halla ubicada en la plazoleta Mattei, rodeada de severos palacios, detras de los cuales se extiende el antiguo ghetto (barrio donde residían los judíos). Otras fuentes, fruto de la inspiración de J. B. della Porta, están diseminadas por la capital de Italia: en Santa María en Campitelli, bajo las gradas del Ara-Coeli, en Plaza Colonna, en Madonna dei Monti.

La fuente llamada del Facchino data de la misma época y representa a un mozo de cordel que lleva un tonel, del cual mana un fino chorro de agua.

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Fuente del Facchino

Entre el final del siglo XVI y el comienzo del siglo XVII, Roma se embelleció con fuentes valiosas, debidas al talento admirable del arquitecto Domingo Fontana (1543-1607). Este artista, muy estimado por el Papa Pío V, debe la fama sobre todo a dos de sus trabajos: el obelisco de la Plaza de San Pedro y la fachada lateral de San Juan de Letrán, una de las cuatro Basílicas patriarcales.

Gracias a los proyectos realizados por Fontana, fue reconstruida la Mostra dell’Acqua Felice o Fontanone dell Acqua Felice, adornada con estatuas bíblicas colocadas en tres nichos. Esta maravillosa obra de arte simboliza la adhesión de su autor a la Contrarreforma, movimiento iniciado para combatir la Reforma protestante, y es una reacción contra los temas profanos que eran elegidos generalmente para ornamentar los edificios públicos.

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Mostra dell’Acqua Felice

También debemos a un diseño de Fontana, la Fuente del Quirinal o de los Dioscuros, en la que se utilizaron elementos ya existentes. Así, el gran pilón es el mismo que estaba emplazado en el recinto del antiguo Foro y que se utilizaba para abrevar los animales. Al pie de las estatuas que coronan los dos grandes pedestales —probables copias romanas de estatuas griegas de la época imperial— puede leerse una inscripción que las atribuye a Fidias y a Praxiteles.

Los críticos modernos concuerdan en admitirlo así; sin embargo, las estatuas de los Dioscuros, a quienes la fuente debe su nombre, pertenecen a la época romana. Conviene recordar aquí, que los Dioscuros: Castor y Pólux, eran los hijos de Júpiter y Leda que, transformados en estrellas, dieron su nombre al tercer signo y constelación del Zodíaco: Géminis. Otra obra célebre de Fontana es la Mostra dell’Acqua Paola. Levantada sobre el Janículo, una de las siete colinas de Roma, es una de las más famosas fuentes romanas.

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Fuente del Quirinal

Al mismo artista se deben las Cuatro Fuentes que embellecen los cuatro ángulos de una plaza a la cual dieron su nombre, y la Fontana dell Obelisco (Fuente del Obelisco) que se halla ubicada en la Plaza de San Juan.

El primero que tuvo la idea de hacer surgir de las  fuentes eso juguetones chorros de agua que se elevan hacia el cielo fue Carlos Maderno un célebre artista ita liano 1556-1629 que se revelo como uno de los mas grandes arquitectos de su tierra en la terminación de la Basílica de San Pedro y en la construcción de diversos palacios.

Aquello significó una verdadera revolución. El agua no era ya un elemento destinado solamente a llenar necesidades colectivas o un pretexto para edificar hermosas obras arquitectónicas; a partir de ese momento fue mucho más: se transformó en un elemento decorativo que añadía a la piedra el encanto particular de su música, su vida, su luz, sus arco iris, y realzaba con sus saltos los contornos mismos del monumento.

Carlos Maderno fue también el autor del proyecto de los dos surtidores de la Plaza de San Pedro. Cada uno tiene dos pilones, el inferior orientado hacia arriba y el otro hacia abajo: de este último surge, como desafiando al cielo, un gran chorro de agua, que luego cae formando una especie de cúpula.

Todo aquél que ha podido deleitarse con la melodía de las fuentes de Maderno, se ha extasiado también ante la columnata de esa misma plaza, que parece abrirse en dos brazos para recibir y acoger a los hombres de todo el mundo. La notable columnata en herradura es una entrada digna de la basílica más importante de la cristiandad y constituye la obra maestra de Juan Lorenzo Bernini (1598-1680), pintor, arquitecto y escultor italiano llamado también el caballero Bernín.

Su columnata es una sucesión admirable de doscientas ochenta y cuatro columnas que forman un semicírculo de cuatro hileras, adornadas con sesenta y cuatro estatuas. Observada desde un disco de piedra que se encuentra en la plaza, la selva de columnas desaparece y no se ve más que la primera de las cuatro que integran la fila. Ésta es una de las tantas expresiones del genio de Juan Lorenzo Bernini, a quien debemos, además, una célebre fuente de Roma: la de Piazza Navona.

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Fuente de la Piazza Navona

Juan Lorenzo Bernini fue digno heredero del arte de su padre que, a su vez, había engalanado la Piazza di Spagna (Plaza de España) con una fuente hermosísima, la Barcaccia. Como en ese lugar la presión era insuficiente para que el agua pudiera elevarase, Pedro Bernini construyó una fuente donde representó un navío que iba a pique. Esa barcaccia medio sumergida y a punto de desaparecer en las aguas, constituye un espectáculo verdaderamente extraordinario.

Otra obra notable de Juan Lorenzo Bernini es la Fontana del Tritone (Fuente del Tritón). Tuvo que erigirla en un lugar donde el agua no abundaba y por ese motivo debió ingeniarse para conseguir un efecto grandioso. La Fuente del Tritón está en medio de la Plaza Barberini, que es uno de los nudos más complicados de la circulación y tránsito de la gran urbe. De una enorme valva, sostenida por las largas colas de cuatro delfines, se levanta un inmenso Tritón, monstruo marino que tenía el aspecto de un hombre en su parte superior y de pez en la inferior.

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Fuente: Fontana del Tritone

Esa figura representa una de las divinidades que, según las órdenes de Neptuno (Poseidón), apaciguaban o provocaban las tempestades soplando en una caracola. No obstante, aunque el tritón de la fuente parece soplar muy fuerte en la caracola, su soplo debe resultar muy débil, pues salta sólo un pequeño hilo de agua que cae muy cerca y sin elevarse mucho.

Para la erección de la Fontana Céntrale de Plaza Navona, conocida también por Fontana dei Fiumi (Fuente de los Ríos), se había llamado a concurso; pero Bernini no estaba invitado, pues había caído en desgracia ante la Corte Pontificia. El Caballero Bernín no se desanimó y logró hacer colocar el boceto de su obra en uno de los aposentos del Vaticano. Todo aconteció de acuerdo con los anhelos del gran artista.

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Fuente: Fontana Céntrale de Plaza Navona

Al ver el proyecto, el Papa Inocencio X se entusiasmó tanto que lo mandó llamar y le confió la misión de construir la fuente. Bernini tenía motivos muy especiales para desear ocuparse de la construcción de la fuente; entre ellos, había uno que lo obsesionaba: frente a la Plaza Navona donde debía emplazarse su obra se encontraba la iglesia de Santa Inés que había levantado Francisco Borromini (1599-1667), rival odiado e irreductible enemigo de Juan Lorenzo. Bernini concibió su trabajo pensando sólo en que iba a estar colocado frente a la iglesia de Borromini.

En la obra de Bernini figuran cuatro estatuas que representan los ríos más grandes del mundo: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata, que simbolizan, a su vez: África, Asia, Europa y América, respectivamente. Los tres primeros ríos desvían los ojos como si las imperfecciones arquitectónicas del santuario hirieran sus miradas. Solamente el Río de la Plata dirige la vista hacia la iglesia de Santa Inés, pero en su rostro se advierte una expresión de espanto tan evidente que, al observarlo, sólo podemos pensar que el río espera con horror la caída del campanario de la iglesia que amenaza desplomarse sobre él en cualquier momento.

Además de las cuatro estatuas dispuestas alrededor de la fuente, cuyo diámetro no mide menos de 23 metros, pueden verse otras esculturas evocadoras de los cuatro continentes entonces conocidos, sobre los cuales arrecia un viento implacable. Estas últimas figuras son: un león, algunas matas de agave, un caballo al galope y una serpiente. El conjunto está coronado por un imponente obelisco, único elemento estático entre tanta agitación, que es una imitación romana de los obeliscos egipcios. Procede del Circo de Majencio y se apoya sobre las rocas de los ríos, debajo de los cuales se abre el vacío de la cuenca.

Para vengar a su maestro de las burlas y de la crítica sobre la iglesia de Santa Inés, los partidarios de Borromini crearon la duda sobre la estabilidad del obelisco Bernini que era un fino humorista se levanto en plena noche y sujeto en la punta del obelisco cuatro débiles cordones que ató luego a las cuatro casas que estaban en los ángulos de la plaza. Quería significar con esto que había asegurado el equilibrio del obelisco; pero Borromini no entendía la ironía. . . Esos incidentes lo apenaron y atormentaron tanto, que acabó por enloquecer y darse muerte.

De las otras tres fuentes ubicadas en esa misma plaza, la que se levanta hacia el sur es también obra de Bernini. Se llama Fontana del Moro (Fuente del Moro) y debe su nombre a la figura central de la misma: un etíope que retiene a un delfín.

A fines del siglo xvn nació en Roma el escultor y arquitecto Nicolás Salvi, autor de la Fontana de Trevi, fuente a la que una leyenda ha hecho muy popular. Se dice que todo aquél que arroja en ella una moneda volverá a Roma antes de morir.

La fuente representa la fachada de un palacio de 51 m. de largo, que descansa sobre una roca y está adornada con cuatro columnas corintias con estatuas y seis pilastras del mismo orden. En el centro del palacio existe un enorme nicho, cuya bóveda semiesférica descansa sobre tres columnas jónicas y representa la morada de Neptuno, el dios del mar.

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Fuente: Fontana Di Trevi

La colosal estatua del dios se halla de pie sobre una valva, que es su carro, a la que están uncidos dos caballos, cada uno de los cuales es guiado por un tritón. Un abundante caudal de agua baja de la valva por cuatro pisos superpuestos y cae en un amplio estanque semicircular.

En orden cronológico, la última de las más famosas fuentes de Roma es la de las Náyades de la plaza Esedra. Según la mitología, las náyades eran divinidades hermosísimas que vivían en el mar. En 1901 se añadieron a la Fuente de las Náyades otras figuras femeninas debidas al escultor Rutelli. Esta fuente fue inaugurada el 10 de septiembre de 1870, exactamente días antes de los combates de Porta Pía.

Éstas son algunas de las maravillosas fuentes que engalanan la antigua Ciudad de los Césares. Sin embargo, no son todas; muchas otras, obra también de grandes artistas, alegran sus calles con la dulce y fresca canción de las aguas. Todas han inspirado al célebre compositor Ottorino Respighi, el autor de Las fuentes de Roma y Los pinos de Roma.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Las Fuentes de Roma –

Biografía de De Amicis Edmondo Sus Libros: CORAZÓN

Biografía de De Amicis Edmondo
Descripción de su Gran Libro: Corazón

Edmondo De Amicis (1846-1908), narrador y periodista italiano nacido en Oneglia y muerto en Bordighera. Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín se matriculó en la escuela militar de Módena.

“Piensa en la enorme cantidad de niños que van a la escuela en todos los países; imagina este vastísimo hormiguero del cual formas parte. Si este movimiento cesara, la humanidad volvería a caer en la barbarie: ese movimiento es el progreso, la esperanza, la gloria del mundo” Edmondo De Amicis exhortó de este modo a los escolares y para ellos escribió un libro interesante, conmovedor y, al mismo tiempo, de gran valor educativo: Corazón.

DE amicis Edmondo

Para escribir un libro que agrade a los niños es necesario conocerlos y amarlos. Edmondo De Amicis es, sin duda, uno de los escritores que más los quiso y los comprendió, quizá porque fue un padre atento y bondadoso, quizá porque experimentó el inmenso dolor de ver morir a uno de sus hijos.

Nació en Oneglia (Italia) en el año 1846 y murió en ese mismo país, en Bordíghera, durante el año 1908. Realizó sus primeros estudios en Cuneo y luego resolvió seguir la carrera de las armas, para lo cual ingresó en la Escuela Militar de Módena. Egresó en 1865 con el grado de alférez, y al año siguiente recibió su bautismo de fuego en la batalla de Custoza.

En 1867 se encargó de la dirección del periódico “Italia Militar”, de Florencia. Pero poco después abandonó la vida de cuartel y se dedicó por entero a la literatura. Sus viajes por España, Holanda, Marruecos, París, Londres y Constantinopla le inspiraron libros en los cuales se advierte su agudo poder   de   observación.

Fue un autor fecundo y muy amado del público; su primera obra, Bocetos de la vida militar —colección de artículos escritos cuando todavía vestía uniforme—, le conquistó pronta popularidad. También es autor de Novelas, Retratos literarios, Socialismo y patria, El socialismo en familia, Los amigos, etc.

De regreso de sus viajes, fijó su residencia en Turín; allí llevó una vida retirada y modesta, rodeado por el afecto de sus familiares, sin diferenciarse exteriormente del resto de los habitantes de la ciudad. Y, sin embargo, él sabía observar a los hombres mejor que nadie; tenía ojos y corazón para comprender sus penas e interpretaba sus caracteres en un agudo examen psicológico.

En 1866 se editó su libro La carroza de todos, diario de un año de observaciones realizadas durante sus viajes en una línea de tranvías turinesa, que nos revela claramente estas dotes innegables. Mas su prosa se reveló, más viva y completa que nunca, en los escritos educativos, donde se pone de manifiesto la bondad y el optimismo tan profundamente arraigados en su alma. Novela de un maestro y Recuerdos de infancia constituyen un ejemplo de ello.

Tal vez su amor paternal lo indujo a dedicar su atención al mundo de los niños, y como padre ansioso de ver crecer a sus hijos sanos de cuerpo y de espíritu, antes que distraerlos con novelas vanas que excitasen inútilmente su imaginación, quiso escribir un libro que al mismo tiempo los divirtiera y los educara.

Ese libro, que muy pronto contó con la aceptación del público, se llamó Corazón, y el título es digno del amor y la nobleza de alma que inspiraron la obra. Editado por primera vez en 1886, Corazón fue reimpreso numerosas veces y puede decirse que es el libro más querido y leído de toda la producción literaria de Edmondo De Amicis.

No es una novela en el verdadero sentido de la palabra, sino un diario que parece realmente escrito por un niño de doce años y corregido luego por su padres, tal como lo imaginó el autor. Por consiguiente, la narración es episódica; relata sucesos de todos los días, ocurridos entre las cuatro paredes de un hogar, en clase o durante el trayecto de la casa a la escuela. En estas páginas reviven los bellos “cuentos mensnales”; cuyos pequeños protagonistas, por la sencillez y humildad con que cumplen sus buenas acciones, asumen el carácter y las dimensiones de grandes héroes.

Evoquemos a algunos amigos de Enrique, el imaginario niño que según De Amicis habría escrito este diario; el autor ha sabido pintarnos un retrato tan claro y simple de ellos; los ha descripto con tanto cariño y tantos detalles, que hasta podríamos reconocerlos si un día los encontráramos al salir de la escuela.

Carroñe, bueno y fuerte, parece un fabuloso gigante protector de los oprimidos. Los chiquillos, intimidados por sus manazas, que sabían dar, algunas veces, lecciones más elocuentes que los sermones del maestro, guardaban silencio y se tranquilizaban cuando él intervenía. Nelli, el jorobadito, macilento y medroso como todo ser indefenso, se aferraba a su brazo como una criatura a su madre y habría querido estar siempre cerca de él para que lo protegiera de las bromas de los malvados.

Derossi, el primero de la clase, no tenía los defectos habituales de los muchachos que están en su privilegiada posición; era bueno, sincero, vivaz, generoso con sus compañeros, a quienes se mostraba siempre dispuesto a ayudar en los exámenes, cuando encontraban alguna dificultad, tanto que Votini, el vanidoso, siempre preocupado por exhibir sus ropas elegantes, experimentó a fin de año la necesidad de pedirle perdón por haberlo envidiado tanto.

Coretti, el hijo del vendedor de leña, a veces se adormecía en clase porque tenía que levantarse muy temprano para descargar la madera en el negocio de su padre; pero no le pesaba el trabajo, por el contrario, y se sintió orgulloso el día que pudo revelar su vida de pequeño obrero a Enrique, quien, hijo de un acomodado profesional, sentía especial cariño por él, por el “pequeño albañil” y por Precossi, hijo de un herrero, pues admiraba la madurez que la miseria y el trabajo habían dado a sus pequeños amigos.

Garoffi, alto y delgado, “de nariz como pico de lechuza y ojos pequeños y astutos”, era un comerciante en potencia; si sobre un banco quedaba olvidado un sello de correos, un papel secante o una pluma, el pequeño negociante se apresuraba en hacerlo desaparecer dentro de sus bolsillos para venderlos a los compañeros más pródigos. Stardi, el voluntarioso “de cabeza cuadrada y sin cuello”, era el más estudioso. Se deleitaba mirando las vidrieras de las librerías, pero no robaba un solo minuto a los estudios. Sacudía el polvo de los libros de su biblioteca con el mismo cuidado con que Enrique guardaba sus juguetes, y con la cabeza entre las manos, inclinado sobre los deberes, no se distraía hasta haberlos terminado.

Nobis y Franti eran los malvados del grupo; el primero era la verdadera personificación de la soberbia; el segundo, del cinismo. Nobis se sacudía ostentosamente la manga cuando se le acercaba Precossi con sus ropas de herrero, y Franti tuvo el coraje de sonreír cuando vio pasar a un obrero accidentado en el trabajo. Pero se diría que De Amicis detesta a tal punto la malefed, que no quiere ni siquiera hablar de ella. Franti saldrá muy pronto de la.escuela y de las páginas del libro, expulsado de aquélla por sus fechorías, y Nobis, cuando aparece, es objeto de burlas por parte de sus compañeros.

En este libro también hay páginas dedicadas a la abnegación de los maestros, que sienten su trabajo como una misión y se consideran recompensados con un ramito de flores o un gesto afectuoso de sus alumnos.

Una vez por mes, el maestro narraba un cuento. Todos son muy bellos y están bien escritos. Entre ellos, El pequeño patriota paduano, El pequeño vigía lombardo y El tamborcillo sardo son muy significativos, no sólo por el interés de la narración, sino también por el sentimiento patriótico que los inspira. No debemos olvidar, al leerlos, que Edmondo De Amicis los escribió pocos años después de las gloriosas guerras de la independencia italiana, y que la nación, recientemente unida, vivía un clima de fervor y entusiasmo patrióticos.

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“Naufragio” es el último cuento mensual, el más trágico y tal vez el más bello. Mario, un pobre huérfano, deja a una compañera de viaje el único lugar disponible en un bote, y, satisfecho de su acción, desaparece con la nave entre las olas.

En el pequeño emigrante paduano, que mientras regresa a su patria en una nave extranjera tiene el coraje de rehusar el dinero ofrecido por los que hablan mal de Italia; en en el pequeño campesino lombardo, que hallándose en la zona de la guerra entre piamonteses y austríacos no vacila en dar su vida para prestar un servicio a sus compatriotas; en el tamborcillo sardo, que por socorrer a un pelotón de infantería sitiado por los austríacos pierde una pierna, existe el mismo sentimiento y, sobre todo, la humildad y la sencillez de las almas verdaderamente grandes, que nunca se enorgullecen de una buena acción.

También el amor a la familia inspira algunos de sus cuentos: El pequeño escribiente florentino, Sangre romanóla, De los Apeninos a los Andes. El pequeño florentino, robando tiempo a sus estudios y poniendo en peligro su salud, se levanta todas las noches para proseguir el trabajo que su fatigado padre no ha podido terminar. Sus padres no advierten su sacrificio y siempre lo reprenden por sus calificaciones, que cada mes son más bajas, pero el muchacho calla su secreto. Mas una noche, habiéndose despertado de improviso, el padre lo sorprende inclinado sobre el trabajo y comprende la filial abnegación del niño.

Sangre romanóla se inspira en los famosos episodios del pillaje que afligieron a la región de Romana en el siglo pasado. Es la historia de un niño que, para salvar a la abuela de la puñalada de un malhechor, la escuda con su cuerpo y muere quietamente a su lado, con un gesto en el que parece pedirle perdón por todas sus travesuras.

De los Apeninos a los Andes es el cuento más conmovedor. Un pequeño genovés emprende viaje a través del océano para buscar a su madre, obligada por la miseria a trabajar en América. Cuando llega a Buenos Aires, Marcos, el hijo abnegado y valiente, descubre que su madre no trabaja ya en esa ciudad; se dirige entonces al interior del país y recorre varias provincias hasta que, después de tan largo peregrinaje,, la encuentra en Tucumán. Llega extenuado y con las ropas desgarradas, pero su presencia reanima a la pobre mujer, que se halla gravemente enferma, y la decide a someterse a la intervención quirúrgica que habrá de salvarla.

No olvidemos El enfermero del Chacho, Valor cívico y Naufragio.

En estos últimos cuentos, los protagonistas se sacrifican por el prójimo, hacia el cual experimentan un amor semejante al que sienten por su propia familia. En el primero, un muchacho vela a la cabecera de un moribundo desconocido; en el segundo, un niño salva a su compañero de los remolinos del río; en el tercero, un huerfanito, aunque sabe que no tiene otras posibilidades de salvación, cede su puesto en el bote salvavidas a una jovencita conocida durante la travesía.

Corazón es un libro que no se olvida, ni siquiera con el correr de los años, porque en él está expresada toda la poesía de la infancia, esa edad maravillosa que el hombre maduro recuerda siempre con un poco de nostalgia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Biografia de Edmondo De Amicis, CORAZÓN –

Biografía de Monteverdi Claudio Obra Artistica Compositor Italiano

Biografía de Monteverdi Claudio
Vida y Obra Artística del Compositor Italiano

Claudio Monteverdi (Cremona 1567-Venecia 1643), compositor italiano: fue el creador de la música dramática. Aportó una audaz innovación al arte de los sonidos, lo que le valió el título de padre de la moderna armonía. Aún hoy sus “personajes” tienen acentos de profunda verdad, y sus obras, trozos de insuperable belleza. Fue la figura más destacada en la transición desde la música renacentista a la barroca. Sus Vísperas (1610) combinan movimientos solistas en un estilo ornamentado y virtuosístico, con otros en un estilo polifónico tradicional.

Monteverdi Claudio

Monteverdi, que desde niño manifestó grandes aptitudes para el arte de los sonidos, tuvo un insigne guía en el maestro Ingenieri, quien supo comprender la volcánica imaginación musical del joven alumno. Monteverdi cuando integraba el séquito del duque Vicente I Qonzaga. Estos viajes contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, ya afirmado por la composición de Madrigales.

La primavera del año 1567 registró entre los acontecimientos cotidianos de la ciudad de Cremona (Italia), el nacimiento de un niño, primogénito de una familia de la burguesía local. Los documentos relativos a la llegada del nuevo ciudadano no contienen los datos escrupulosamente pedidos por los reglamentos burocráticos de hoy en día. Solamente el libro bautismal de la parroquia de los Santos Xazario y Celso certifica, en una forma más bien lacónica, el acto cristiano cumplido en la persona del futuro genio. Gracias a esas pocas líneas se sabe que el día 15 de mayo de 1567 “Claudio Juan Antonio, hijo de Baltasar” entraba oficialmente en el mundo terrenal. Nada más, ni el día exacto del nacimiento, ni el nombre de la madre, ni tampoco una mención de la familia.

Desde un principio faltaron los datos auténticos acerca de Claudio Monteverdi, y hasta el apellido es objeto de controversias: ¿Monteverde o Monteverdi? Las publicaciones de la época concuerdan en afirmar Monteverde, pero todas sus cartas autógrafas —121 en total llevan al pie una firma clara y legible: Claudio Monteverdi. El dilema se acentúa todavía más, si se piensa que el mismo padre habla en un documento de “Claudio Monteverde, mi hijo”, pero se firma “Baltasar Monteverdi”.

Prestando fe a los autógrafos y basándose en el hecho de que en Cremona está todavía bastante difundido el nombre de Monteverdi, se puede considerar que el apellido conocido es el originario. Tal escasez de datos, en verdad asombrosa, desilusiona el vivo sentido de curiosidad de sus biógrafos y de los musicógrafos, pero, lamentablemente, las tinieblas de los archivos cremoneses no se han aclarado hasta ahora, y todo lo que nos es dado conocer esta resumido, en pocas páginas, en el opúsculo en el cual Jorge Sommi-Picenardi presento al público los documentos concernientes al insigne compositor y a su familia. De la madre nada se sabe con exactitud. El padre ejercía la medicina. Todo esto resulta de varias cartas del hijo, quien a su vez tenía conocimientos bastante profundos de la ciencia médica de su tiempo.

En su búsqueda, Sommi-Picenardi encontró huellas de dos Baltasar Monteverdi, ambos médicos cirujanos que habían vivido en el siglo xvi. El primero, además de desarrollar las normales funciones de su profesión, enseñó medicina en una importante Universidad y murió en el año 1512. El segundo fue un eminente cirujano, gracias al cual fue fundado el Colegio de los Cirujanos Cremoneses. Es a este último a quien Sommi-Picenardi atribuye la paternidad del eminente compositor.

Nada se sabe de positivo acerca de la edad en que el pequeño Claudio demostró las primeras disposiciones musicales; si se considera que solamente tenía 15 años cuando publicó su trabajo Sacrae Cantiunculae, podemos deducir que inició en la infancia sus estudios artísticos, guiado por el veronés Marco Antonio Ingenieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona.

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Claudio Monteverdi fue nombrado “Maestro de música”, asumió la responsabilidad de la organización y dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte de Gonzaga.En el año 1613, Monteverdi fue llamado a cubrir el cargo de Maestro de Capilla de la Serenísima República de San Marcos. Durante su larga permanencia en Venecia, el compositor, cuya fama había llegado a los confines de Italia, creó nuevas y maravillosas óperas.

El período de la educación artística de Monteverdi es recordado como uno de los más tristes y tumultuosos desde el punto de vista histórico. Cremona, con todo el ducado de Milán, formaba parte entonces del imperio de Carlos V, quien, después de haber conquistado la ciudad en el año 1525, la había cedido al último duque de la Casa Sforza, Francisco II, para retomarla a la muerte de este último, 10 años más tarde.

Durante el período de la dominación española —que duró 170 años la historia de Cremona se confunde con la del Ducado de Milán, y sobre los acontecimientos de la época se escribieron páginas que, a la distancia del tiempo, reflejan el destino infeliz de esta ciudad. Un gobierno rígido y militarizado; una justicia ejercida por magistrados casi siempre corrompidos y venales; leyes arbitrarias que eran interpretadas según las conveniencias de los que las dictaban; tasas e impuestos desproporcionados a los réditos; actitudes ultrajantes y licenciosas por parte de los nobles; ignorancia y brutalidad difundidas entre el pueblo oprimido.

Y sin embargo, por un contraste inconcebible, pero no nuevo en la historia, fue precisamente durante ese siglo de acontecimientos turbulentos que las Bellas Artes florecieron, manifestándose en pleno fulgor. Sobre todo la música fue cultivada con dedicación apasionada, y Cremona se vanagloriaba de albergar la Academia de los Animosos, que era la cuna de la música profana, mientras que el centro verdadero de la vida musical era la capilla del Duomo. También el ambiente contribuyó sensiblemente a desarrollar y afinar las virtudes innatas del niño tan admirablemente dotado para el arte de los sonidos. Y es un deber reconocer que él no podía encontrar mejor maestro que Ingenieri, quien tuvo sobre su discípulo una influencia mucho mas benéfica y considerable de la que se le suele adjudicar.

Le enseñó a su alumno el contrapunto, el estudio de la viola, del canto y, probablemente, del órgano. La enseñanza fue tal como se acostumbraba en aquellos tiempos: práctica, severa, tendiente a formar en el joven alumno una técnica sólida y clara que le permitiera la rapidez de la concepción mental y la facultad de adaptación a los medios de que disponía para realizar su propia obra.

En el año 1582 se publicó en Venecia la primera colección de composiciones de Monteverdi. Sería exagerado afirmar que en sus Sacrae Cantiuncidae asoma ya la revelación del genio; sin embargo, este primer ensayo —cuyo único ejemplar es conservado en la iglesia del Castillo Arquato (Piacenza)— es suficiente para revelar una naturaleza musical y versásil.

La estructura de estas breves composiciones es silábica y la armonía no sale de los tonos tradicionales. Y es en eso justamente que consiste el mérito de Ingenieri, que supo mantener a su alumno lejos de las riquezas de expresión conocidas como “cromatismo”, del cual él era ferviente admirador.

Al año siguiente, el compositor “debutante” publica su segunda selección: los madrigales espirituales a cuatro voces. La obra, dedicada a un noble de Cremona que protegió los primeros pasos del joven músico, se perdió, y solamente se conserva de ella una parte, en el Liceo Musical de Bolonia.

Después de las publicaciones de las Canzonetas, tercera composición en orden cronológico, siguen tres años de silencio, durante los cuales, según se presume, Monteverdi preparaba la partitura del Madrigal, expresión característica de la tierra italiana.

Sólo en la segunda mitad del siglo XVI se nota su influencia en otras naciones como España, Francia y hasta en la lejana Inglaterra. En Italia dos fueron los períodos de florecimiento: el primero en el siglo XIV, en el tiempo del “Ars Nova” florentino; el segundo, el del siglo XVI, que constituyó una de las fases más espléndidas de la música italiana.

La estructura musical del madrigal está determinada por la forma del texto poético, que tiene casi siempre una estrofa de 7 a 11 versos —dispuestos y rimados en forma variada—; si el texto tiene más estrofas, cada una de ellas da lugar a una composición autónoma, y así se obtienen las colecciones de madrigales. Los textos preferidos son los líricos de expresión amorosa, más formalista y literaria ésta, que verdaderamente humana y sentida.

El primer libro de Madrigales es la cuarta publicación de las obras de Monteverdi —que en aquella época tenía 20 años—, y allí se afirma la personalidad musical del autor, ferviente e intensa, de una frescura juvenil irresistible. La licencia de impresión del volumen II de Madrigales señala una etapa significativa en la vida del músico.

Justamente entonces, el joven Claudio fue llamado en calidad de violoncelista ante la corte de Mantua, al servicio del duque Vicente I Gonzaga. Corría el año 1590. Como músico de la corte, Monteverdi se vio en la obligación de dedicar su tercer libro de Madrigales al duque Vicente, su señor. La obra tuvo un éxito extraordinario, y la razón estriba en que de todo el libro emana una singular expresión de modernismo que sorprende como un nuevo aspecto en la sensibilidad musical del autor.

Algunos años más tarde se celebró, con el beneplácito del Duque, el matrimonio del ya célebre compositor con Claudia Cattáneo, joven y acreditada cantante de la Corte. De ese matrimonio nacieron dos hijos. Inmediatamente después de la boda, Claudio se vio obligado a seguir a Hungría a Vicente I, que había organizado una expedición contra los turcos.

Como durante este viaje el músico ejerciera provisionalmente las funciones y ostentara el título de “Maestro de Capilla”, esperaba, a su regreso a Mantua, hacer valeralgún derecho a la sucesión oficial de su anciano predecesor, muerto en 1956. Las intrigas de la Corte desbarataron sus aspiraciones y Claudio se resignó amargamente a continuar su habitual trabajo. Desde ese momento, la vida del músico estuvo subordinada a los caprichos del Duque y a la volubilidad de su temperamento. Viajes largos y breves en el séquito del amable pero despótico señor, contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, quien compuso el IV y V libro de Madrigales. Después de esto, fue nombrado “Maestro de música” y asumió la responsabilidad de la organización y la dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte.

Es muy importante señalar cómo la forma del madrigal comienza a cambiar en sus últimas obras. Los tonos armónicos adquieren supremacía sobre todo en el V libro, donde domina la expresión verdadera y fuerte. No es de extrañar si el músico interrumpe durante diez años la producción madrigalista para dedicarse a una experiencia dramática, que abrirá a la música las puertas del porvenir. Su inspiración fecunda desarrollará dignamente la concepción del melodrama, que vio su primera realización hacia fines del siglo XVI, debido a la obra de la “Camerata Fiorentina”, una asociación artística que tenía su sede en la casa del conde Juan Bardi, en Florencia.

Los componentes de tal movimiento de vanguardia se reunían con la intención de hacer revivir la música dramática de la antigua Grecia. El melodrama es precisamente una representación teatral en la que la música vocal y la instrumental concuerdan en la emoción dramática. Florencia, Mantua, Boma y Venecia fueron los mayores centros de expansión de esta manifestación artística. La primera ópera del género escrita por Monteverdi fue Orfeo, representada por primera vez en Mantua en la Academia de los Apasionados, en el año 1607. El libreto de la obra se inspira en el mito griego de Orfeo y Eurídice, y obtuvo un gran éxito.

El nombre y la fama de Monteverdi ya eran conocidos también en el extranjero. Todos habían comprendido el elevado alcance de su intención, consistente en fundir genialmente la melodía con la expresión de la palabra. Poco después fue estrenada otra gran obra de arte: Arianna. De esta ópera desgraciadamente no ha quedado más que la música del famoso Lamento de Arianna, que es probablemente la más bella página dramática del artista.

Se trata de una melodía de una potencia trágica y de una verdad humana que tienen algo de milagroso. También ofreció a sus protectores, durante su permanencia en la corte de Mantua, la gracia de un ballet de estilo francés: es el Baile de las ingratas, muy del gusto musical de los aristócratas de entonces.

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Orfeo es la primera ópera de Monteverdi; está, compuesta por un prólogo y cinco actos. Como se proponían los literatos y los músicos de la “Camerata florentina”, Monteverdi realizaba en esta ópera el concepto del melodrama, reviviendo la música dramática de la antigua Grecia. He aquí Orfeo rodeado de las Ninfas, que se alegran de su casamiento con la bella Eurídice.

En el 2ºacto, Orfeo, de regreso a los amados lugares de su niñez, es festejado por los pastores. De pronto aparece Silvia para anunciarle la muerte de Eurídice.En el tercer acto, Orfeo quiere arrancar de la muerte a su esposa. Con un canto melodioso adormece al feroz guía que lo transporta a los infiernos. Vencida la Muerte, Orfeo vuelve hacia la luz, conduciendo de la mano a Eurídice (4º acto). Orfeo, olvidando el pacto que le impedía hacerlo, se vuelve para mirar a Eurídice, quien, transformándose en sombra (acto 5°), desaparece. Orfeo se lamenta amargamente, mientras las Bacantes se alegran de su dolor.

A esta altura de su carrera, Monteverdi, preocupado por su propia salud e irritado por la ingratitud que notaba a su alrededor, decidió alejarse de la corte de Mantua, pero después de algunas gestiones en su favor dejó de lado su propio resentimiento y continuó prestando su cooperación con el mismo fervor de siempre. Nuevas composiciones religiosas se suman entonces al número de sus obras, acrecentando su gloria, mas su recuperada tranquilidad no debía durar mucho tiempo.

El 18 de febrero de 1612, el duque Vicente dejó de existir, y su hijo Francisco alejaba de la Corte a Claudio Monteverdi, quien se retiraba con un simple agradecimiento y 25 escudos de economías. En 1613, por un inesperado golpe de fortuna, el compositor fue llamado a cubrir el cargo de “Maestro de Capilla” de la Serenísima República de San Marcos.

Los primeros tiempos pasados en Venecia fueron ocupados intensamente por el trabajo de reorganización de la capilla y la preparación de los nuevos cantores e instrumentistas por él tomados en servicio. No se tiene ningún documento acerca de su vida en aquel período. La única prueba de que su actividad creadora no decaía lo demuestra la publicación del VI libro de Madrigales y la ejecución del ballet Tirsi e Clori, que aparecerá en el VII libro de Madrigales.

Por esa época, la Serenísima República le tributa un generoso reconocimiento por el antiguo esplendor reconquistado en la capilla de Venecia, gracias a su obra infatigable. El entusiasmo de Monteverdi no decae, mientras tanto, y su producción artística se acrecienta.

En el año 1627, inspirándose en un episodio de Jerusalén Liberada compone el Combate de Tancredo y Clorinda, con el que el músico inaugura el “estilo conciso”. Desde este momento su ascenso fue, más que nunca, rápido y completo.

Cuando se dispone a escribir la música de la ópera La fingida loca Licori, un mal ataca sus ojos y no lo deja trabajar con la rapidez deseada. De todos modos, la composición fue llevada a término, pero se ignora si fue representada y, en caso afirmativo, cuál fue el éxito obtenido.

Una de sus más grandes satisfacciones la obtuvo con la ejecución, en la corte de los Farnesio en Parma, de la ópera Mercurio y Marte y de los Intermedios. Pero la inagotable vena musical del anciano compositor dio a la luz, en 1630, nuevas creaciones importantes: se trata de El rapto de Proserpina y de otras dos presuntas óperas: Delia y Ulises.

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La coronación de Popea es la última ópera de Claudio Monteverdi, la más completa, aquélla que más se acerca a nosotros por su música amplia y armoniosa.

En 1631, cumpliendo una antigua aspiración, Monteverdi tomó los hábitos, y su espíritu tan profundamente religioso se tranquihzó con el ejercicio de sus nuevas funciones. Su vejez fue laboriosa, dividida entre el trabajo de la capilla y la creación de nuevas músicas. Con más de setenta años de edad, y después de haber compuesto los Madrigales guerreros y amorosos, la Selva moral y espiritual, que es una colección de música religiosa, y el Retorno de Ulises a su patria, regala al mundo su última maravilla: La coronación de Topea, especie de epopeya histórica sin precedentes en el teatro, donde todos los personajes son verdaderos y los acontecimientos dramáticos se encadenan alternando hábilmente lo trágico, lo patético y lo cómico.

Con semejante broche de perfección artística, se cierra la vida laboriosa del músico. En noviembre de 1643, en el convento de San Marcos, donde vivía desde hacía casi treinta y dos años, Monteverdi se apaga serenamente. Su muerte fue un duelo nacional. Sus restos reposan en la capilla de San Ambrosio de la iglesia de “Santa Maria dei Frari” en Venecia, y la mística penumbra silenciosa de las bóvedas representa el fiel centinela de una gloria perenne.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografia de Maonteverdi Claudio –

Leyenda de Gargantua y Pantagruel Resumen del Argumento de la Obra

Leyenda de Gargantua y Pantagruel
Obra de Rabelais Francisco

Francisco de Rabelais nació en Chinón (Francia) en 1494. Fue monje en Maillezais y se graduó de doctor en medicina en Montpellier. En 1532 estuvo en Lyon; allí se publicaron por primera vez Las aventuras de Gargantúa y Pantagruel. Después de la muerte de Francisco I, ejerció la medicina en el hospital de Metz y luego en Roma. Durante mucho tiempo acompañó al cardenal Du Bellay. A su regreso obtuvo una prebenda en la abadía de San Mauro,y en 1551 lo nombraron cura párroco de Meudon. Murió en 1553.

Las nuevas ideas del renacimiento y en especial el nuevo concepto del humanismo hicieron su primera aparición en los escritos de François Rabelais. De sus cinco libros, los más famosos son Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534), cómicas historias épicas de gigantes. Rabelais utilizó estos personajes para personificar la libertad y potencialidad del humanismo, que quería lograr el desarrollo completo del cuerpo y de la mente.

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GARGANTÚA
Gargantúa fue hijo de Gargamella, hija del rey de las Mariposas, y de Grandgousier. Nació después de comer su madre una gran cantidad de tripas grasientas y tan exquisitas que todos se chupaban los dedos. Al nacer, Gargantúa, digno hijo de su padre, gritó con voz estentórea: “¡Quiero beber!”.

A pesar de su prematura afición y de la herencia paterna, fue alimentado a leche y se necesitaron diecisiete mil novecientas trece vacas para lograr su ración diaria. Al cumplir su primer año de vida, para vestirlo se precisaron centenares de varas de satén, de etamina y de otras telas blancas; para sus zapatos, cuatrocientas seis varas de terciopelo azul. Sus colores eran el blanco y el azul. El blanco indicaba alegría, delicias, regocijos; el azul, cosas celestiales. Tuvo su buena espada de madera y su buen puñal de cuero, ambos pintados y dorados.

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Gargantúa quiere decir: “¡Qué grande es tu garganta!”
Para alimentarlo, se necesitó la leche de más de diecisiete mil vacas.

Llevaba varios anillos, uno para  conservar  su   antiguos signo de nobleza: era un rubí grueso como un huevo de avestruz. De los tres a los cinco años, lo pasó como todos los niños del lugar: bebiendo, comiendo y durmiendo. Continuamente se revolcaba en los charcos, se tiznaba la nariz, se afilaba los dientes con gruesas herramientas, se lavaba las manos en el caldo, se guarecía de la lluvia en el agua y, para que se distrajera como los demás niños de su comarca,le ofrecieron como juguete uno de los molinos de viento de la aldea.

Algún tiempo después se le construyó un gran caballo de madera, pero cuando fue capaz de viajar recibió del rey de Numidia una yegua del tamaño de seis elefantes juntos.

Al llegar a París se fijó en las enormes campanas de Notre Dame y se le ocurrió que estarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua. Pero la elocuencia de Maese Janotus lo decidió a ponerlas en su lugar, pues era evidente que una ciudad sin campanas sería igual que un ciego sin bastón.

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Robó Gargantúa las enormes campanas de Notre-Dame. Se le había ocurrido que quedarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua.La yegua de Gargantúa, para ahuyentar moscas y moscardones, enarboló su cola y tan bien la esgrimió, que abatió todos los árboles de la Beauce.

Luego, Gargantúa quiso estudiar y Panócrates fue su primer preceptor junto a otros ilustres sabios. Aprovechó Gargantúa todas las horas del día y se instruyó en todas las materias de su época, sin olvidar la música. Panócrates lo guió con tanta táctica y sabiduría, que el estudio, penoso al principio para Gargantúa, fue después el mayor de los placeres. Mas he aquí que estalló la guerra entre Grandgousier y su vecino Picrochóle, rey de Lerné, por una querella entre pasteleros y pastores, a pesar de todas las artimañas de Grandgousier, deseoso de conservar la paz.

Gargantúa dejó entonces París para socorrer a los suyos.

Llegado al castillo de Grandgousier y arreglándose la cabeza con su peine, hecho de colmillos enteros de elefantes, hizo caer, a cada peinada, más de siete balas de cañón que durante la lucha se le habían enredado en los cabellos.

Sabiendo que allí había hermosas lechugas tan grandes como ciruelos y nogales, fue él mismo a buscarlas porque tenía deseos de comer una ensalada. No cayó en la cuenta de que entre las hortalizas estaban escondidos seis temerosos peregrinos y los engulló lindamente. Después bebió un larguísimo trago de vino seco y sus ocasionales víctimas, para salvarse del torrente que las arrastraba casi hasta la boca de! estómago, se metieron entre los dientes del gigante. Tuvieron la suerte de que, al escarbarse con un mondadientes, los sacara de la bocaza.

Gargantúa sitió a Pícrochole, lo asaltó en La Roche-Clermand y se apoderó del castillo. Pícrochole quiso huir en un asno, pero los pastores lo molieron a golpes. Una anciana hechicera le predijo que su reino le sería devuelto a la llegada de los gallicisnegrullas. Picrochole espera aún, pues ese pájaro imaginario, mezcla de gallo, cisne y grulla, no existe Gargantúa distribuyó recompensas entre todos aquéllos que habían contribuido a la victoria.

Para honrar en particular a Juan de los Embrolladores, que había salvado heroicamente los viñedos de su convento, le hizo edificar la Abadía de Thelma, cuya regla era: “Haz lo que quieras.” Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buena compañía, tienen siempre un instinto y acicate que los impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio.

PANTAGRUEL
Gargantúa era ya un hombre hecho, cuando pensó en elegir esposa. Casó entonces con la hija de un rey de Utopía, la noble Badebec, quien al poco tiempo le dio un hijo que llamaron Pantagruel.

Nacido el niño en época de gran crisis, Badebec pensó que era necesario proveer de alimentos al hijo; fue así como, junto con Pantagruel, nacieron sesenta y ocho esclavos, cada uno de los cuales llevaba un mulo del cabestro; nacieron también nueve dromedarios cargados de jamones y lenguas ahumadas de vaca, siete camellos con enormes alforjas de anguilitas y de legumbres de todas clases.

Pantagruel llegó al mundo cubierto de pelo como un oso, lo que hizo decir a una de las comadres: “Ha nacido con todo el pelo, lo que significa que hará cosas maravillosas y, si vive, será hombre de leyenda.”

Así llegó Pantagruel, entre risas y lágrimas, pues su madre murió al nacer él. Su padre, entre la muerte de Badebec y el nacimiento de su hijo, no sabía qué hacer. Lloraba y reía al mismo tiempo.

Un día que Gargantúa estaba de gran banquete, temeroso de que le pasara algo al niño, lo hizo sujetar a la cuna con pesadas cadenas de hierro. Una de éstas, más adelante, se usó para cerrar de noche el puerto de La Rochela. El pobre Pantagruel no pudo romperlas, pero se levantó con gran vigor y, llevando la cuna a cuestas de modo que parecía una tortuga, llegó a la sala del banquete.

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Después de cantar y bailar tres danzas del tiempo de vendimia, Panurgo oyó la respuesta del Oráculo de la Botella: “¡Trink!” El vino tiene el poder de llenar el alma con toda la verdad, todo el saber y toda la filosofía.

Cuando estuvo en edad de estudiar, fue primero a Orleáns y después a París. Allí conoció a Panurgo que volvía de Turquía, donde había estado prisionero; el pobre llegaba tan seco como un arenque ahumado.

Panurgo fue el amigo más querido de Pantagruel y guerrearon juntos contra los dípsodas o “bebedores”. Después de la conquista, Pantagruel llevó una colonia de utopianos a Dipsodia para poblarla y embellecerla.

Panurgo fue nombrado señor de Salmigondis y pronto sintió deseos de casarse. Pero antes pidió consejo a Pantagruel, interrogó a la suerte, se esforzó en interpretar sueños, consultó a toda clase de gentes, sabios y locos, y por fin decidió visitar el Oráculo de la Botella.

Comenzaron entonces una serie de aventuras que llevaron a Panurgo, Pantagruel y al Hermano Juan a los países más fantásticos y exóticos.

En los mares helados vieron palabras que se habían congelado durante una guerra estallada a principios del invierno. Allí habían quedado gritos de hombres y de mujeres, ruidos de armas, relinchos de caballos y malas palabras, pero ahora se deshelaban con la llegada de la primavera y Pantagruel podía oirías. Llegaron por fin al Oráculo de la Botella, donde fueron admitidos por la sacerdotisa Bachuc que los recibió en el templo.

De la Botella Sagrada surgió la palabra “Trink”, que quiere decir “¡Bebed!”

Y bebieron vino de Falerno, brindaron e hicieron versos.

Fuente Consultada:
Las Aventuras de Garngantua y Pantagruel LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX

Breve Historia de los Instrumentos Musicales Con Imágenes

 Resumen de la Historia de los Instrumentos Musicales

Instrumentos musicales, objetos utilizados para aumentar el limitado campo de los sonidos musicales —tales como palmadas, patadas, silbidos, zumbidos y canto— que puede producir el cuerpo humano. En las diferentes latitudes los instrumentos varían mucho en propósito y diseño, desde los objetos naturales no elaborados, como las caracolas, a los complicados productos de la tecnología industrial.

El dios Tot, de quien se dice que su voz creó el universo, paseábase un día a orillas del Nilo cuando oyó una extraña modulación procedente de un cañaveral agitado por la brisa. Trató de conocer la fuente de esa melodía y, al acercarse, halló un caparazón vacío de tortuga, al cual se adherían aún nervios y tendones secos. El viento, al acariciarlos, producía esas notas armoniosas.

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Entusiasmado, creó el dios con su hallazgo un instrumento que, modificado a través del tiempo, se transformó en la lira. Esto, que no es más que una levenda, tiende, sin embargo, a destacar el hecho cierto de que fue la naturaleza quien se encargó de sugerir los primeros instrumentos musicales.

En efecto, la flauta nació de los sonidos que el viento producía al penetrar en las cañas. Las manos, que se golpeaban acompasadamente para acompañar el canto, originaron el primer instrumento de percusión: el tambor, y los metales que vibraban bajo los golpes del martillo que les daba forma, sugirieron la idea de los címbalos o platillos.

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Desde la antigüedad los instrumentos se clasificaron en: instrumentos de percusión, de cuerda y de viento. Como la danza y el canto, la música instrumental sedujo al hombre desde los tiempos más remotos.

Los griegos atribuyeron el invento de la lira ya a Hérmes, ya a Apolo, de quien también se dice que otorgó el arpa a los primeros hombres. Se conserva en el Louvre un bajorrelieve sumerio que se remonta a 4.000 años antes de la era cristiana, en el que aparece una cítara muy bien construida y una flauta tañida por un pastor. (ver: Música en Grecia Antigua)

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Los asirios y caldeos dejaron numerosos documentos que atestiguan la importancia que, en esa época, tuvieron los instrumentos musicales tales como arpas, sistros, salterios, dobles flautas, trompetas, tamboriles.

Se considera que fueron los asirios quienes hicieron conocer a los egipcios muchos de los instrumentos nombrados. La música ocupó un lugar más importante aún entre los judíos. Cuéntase que el rey David, muy aficionado al canto, organizó un coro de 4.000 voces dirigidas por 288 directores.

Los chinos y los hindúes emplearon una cantidad tan grande de instrumentos que ningún pueblo llegó a igualarlos en ese campo. Uno de los más antiguos es el pienking formado con dieciséis placas de piedra que se golpeaban con un mazo.

Fueron, sin duda, los hindúes los primeros que utilizaron instrumentos de arco en que las cuerdas, ni golpeadas ni pellizcadas, eran acariciadas con un arco que producía sonidos prolongados. Es probable que haya nacido en las Indias el lejano precursor del violín: el ravanastron, uno de los numerosos instrumentos de cuerda usados en ese inmenso país.

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La cultura de los griegos los llevó muy lejos en los conocimientos musicales. En sus ceremonias, especialmente en las fiestas de Dionisio (Baco), se oían trompas, cuernos, tambores y címbalos. Prestaron, además, particular atención al perfeccionamiento de la lira y de la flauta. En un principio la lira tuvo cuatro cuerdas, luego doce y hasta dieciocho. Tañíase con un plectro (pequeña hoja de escamas, marfil, madera o metal que los mandolinistas emplean aún hoy).

La caja de resonancia de la lira tenía el dorso encorvado, mientras que la de la cítara —el más importante de los instrumentos de la Grecia antigua— tenía el dorso chato.

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Cítara

El megadis tenía veinte cuerdas sobre las cuales se tocaba en octavas. El pectis, el simikion y el espinonia eran otros instrumentos de cuerdas muy numerosas y análogos al arpa. Aunque se atribuyó a la poetisa Safo el invento del megadis, parece más verosímil que haya sido importado de Asia.

La pandora y la nahla pertenecían a la familia de los laúdes. En cuanto a las flautas, los griegos tenían varios tipos: la siringa o flauta de Pan era el instrumento de los pastores y el preferido de las divinidades de los bosques.

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La flauta de Pan era el instrumento de los pastores. Estaba formada por varios tubos de distinta longitud. Los poetas la hicieron símbolo de la vida pastoril. Ciertas leyendas griegas atribuyen a Hermes el invento de la lira. Otros la atribuyen a Apolo, divinidad que hizo a los hombres el don del arpa. En ese instrumento se puede descubrir la idea de los futuros órganos por la cantidad de tubos que se insertaban en una caja en la que se introducía el aire por medio de un fuelle.

Los romanos, al conquistar Grecia, se apropiaron muchos instrumentos de esa nación, particularmente losde viento, que parecían gozar de preferencia en aquellos tiempos. Entre ellos, los cuernos en forma de círculo que se colocaban alrededor de la cintura, y las tubas, trompetas derechas de boca ancha. En la campiña romana los pastores acostumbraban tañer el caramillo, instrumento de doble lengüeta que originó la gaita y más tarde el oboe.

La música de acompañamiento se reducía a un redoblamiento de la melodía, ya fuese al unísono o en octava. Los instrumentos de cobre se empleaban especialmente en los cortejos y sacrificios.

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Los sonidos de los instrumentos musicales son producidos y modificados por tres componentes: 1) la materia que vibra (como la cuerda del violín), que entra en movimiento por el frotamiento, el soplado, el golpeado o cualquier otro método; 2) el cuerpo resonador, amplificador o reflector (caja de resonancia o tubo); y 3) mecanismos asociados para la variación del sonido como llaves, válvulas, trastes y sordinas.

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Numerosos instrumentos antiguos perduraron hasta la Edad Media; otros se transformaron, y algunos aparecieron por primera vez. En la época de los troveros que iban de castillo en castillo para cantar las hazañas de los héroes y de los personajes legendarios, se tocaba un instrumento de la familia del arpa: la rotta.

Junto a esos troveros o trovadores, que eran de origen noble, estaban los ministriles, quienes acompañaban los cantos de sus amos con la viola o la gaita.

Esos ministriles se transformaron luego en cantores populares. En esa época aparecieron el rabel, la guzla y la viola. El rabel era un instrumento de arco de origen oriental, sin mango independiente. La caja sonora que se adelgazaba hasta el clavijero estaba cubierta con una tablilla cuya parte inferior constituía la tabla de armonía destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas. En los bajorrelieves romanos se observó un instrumento intermedio entre la lira y el rabel.

historia de los instrumentos musicales

De izquierada a derecga: Guzla con caja de resonancia de tres o cuatro cuerdas, rabel del siglo XI, otro del siglo XVI.
Viola antigua. Viola del siglo XVI.

La guzla se asemejaba a las violas, pero su caja de resonancia era redondeada como la de los mandolines. Las cuerdas eran frotadas con un arco. Las violas de forma chata se distinguían de las guzlas por su mango independiente. Su fabricación era más esmerada, y bajo el mismo nombre se incluían muchos instrumentos de esa clase pero más perfeccionados.

Su origen se hacía remontar a la vídula de los romanos. Se poseen composiciones musicales del siglo XIII escritas para tres violas.

Hasta el siglo XIV, los vocablos guzla y viola fueron empleados, a menudo, indistintamente. Pero a partir de esa época se aplicó la palabra guzla tan sólo a una viola con rueda que se tocaba girando una manivela a la que estaba fijado un hilo que al pasar sobre las cuerdas desempeñaba la función de arco.

En los siglos XV y XVI se produjo un gran cambio en la afinación y dimensión de las violas. Fueron las principales: la viola propiamente dicha que se colocaba sobre las rodillas y tenía cinco cuerdas.

El “bajo de viola”, llamado por los italianos viola da gamba, tenía de tres a seis cuerdas. El violone tenía siete cuerdas y el accordo llevaba de doce a quince cuerdas. Varias de esas cuerdas no se rozaban con el arco y sólo vibraban por resonancia.

Entre otras variedades de viola mencionaremos la “viola bastarda”, algo más grande que la viola da gamba, y la “viola de amor”, de dimensión algo mayor que un violín moderno, con cuatro o siete cuerdas principales y de cinco a quince secundarias cuya afinación podía variarse.

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Viola con Manivela que hace vibrar las cuerdas

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Desde el siglo XVI hasta el XVIII los maestros de baile usaron para sus clases un instrumento tan pequeño que podía caber en un bolsillo; se lo llamó “bolsillito” y era un pequeño violín.

En esas transformaciones de las violas debemos buscar el origen del violín. Parece que el tipo de viola llamada lira de braccio estaba muy cerca del nuevo instrumento que aparecería decididamente alrededor del año 1520, el cual se diferenciaba de las violas por la caja de resonancia rebajada, por el fondo abombado, por la voluta y por la cantidad de cuerdas (fijada en cuatro) afinadas en quintas.

El laúd fue el instrumento que gozó de mayor favor en la Edad Media. Su origen se considera muy antiguo, pues se ve reproducido en bajorrelieves de tumbas egipcias donde nacieron al arquilaúd, la tiorba, la bandola y la mandolina. El laúd es también el antepasado de la guitarra. Al principio, las dimensiones del laúd fueron pequeñas, pero paulatinamente se agrandaron y la cantidad de cuerdas llegó a once.

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Trovadores ejecutando el laúd

Alrededor del año 1400 se consideró un instrumento perfecto y no hubo compositor que no escribiera música para laúd, ya fuese en el género profano o en el sagrado.

Desde el siglo XV al XVIII el laúd desempeñó un papel muy importante en las reuniones sociales, y las transcripciones de composiciones vocales para ese instrumento desempeñaron el mismo papel que, en la vida musical moderna, desempeñan obras vocales u orquestales en las adaptaciones para piano. Es así como, en la música de conjunto, el laúd habría de ocupar un lugar cada vez más importante.

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De izquierda a derecha: una de las primeras violas; viola del siglo XVI; viola bastarda; viola de amor.

Se lo halla con el clavicordio y el órgano en ciertas piezas instrumentales de forma libre, imitaciones del motete polifónico; en las fantasías de estilo en fuga, cortadas con intermedios; en las canciones para tocar con trombones y violas y en muchas piezas en las que ya se vislumbra lo que habrán de ser las futuras sonatas.

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Al clavicordio sucedió el clavicímbalo cuyas cuerdas vibraban estimuladas por regletas provistas de plumas de cuervo.
Se lo llamó: “el instrumento emplumado”. Tenía dos teclados. Estuvo muy de moda en el siglo XVIII.

Las tocatas, escritas para instrumentos de teclado, derivan sin duda de piezas para laúd.

En un comienzo fueron preludios libres, especie de introducciones que se improvisaban, con laúd, al iniciarse el concierto. Los laúdes están hoy en los museos, y la guitarra es la que ha sobrevivido como instrumento popular.

La diferencia entre el laúd y la guitarra consiste en la forma abombada de la caja de resonancia de esta última. La cantidad de cuerdas ha variado mucho. Los moros introdujeron la guitarra en España de donde pasó a Italia y al sur de Francia inspirando una abundante literatura.

Desde el siglo XVII la evolución de la música ha sido determinada por la transformación de los instrumentos ya existentes y el nacimiento de otros. Empezaremos por el violín. Su origen debe buscarse en las sucesivas transformaciones de la viola.

En Francia la primera mención del violín se halla en el Epítome musical de tonos y acordes, publicación aparecida en el año 1523. En esa fecha, aproximadamente, los fabricantes italianos de instrumentos de cuerdas llevaron la construcción del violín a su más alta perfección.

Con Gasparo Bertolotti de Saló, nacido en el año 1542, se inició la era gloriosa de los instrumentistas de cuerdas con la famosa “escuela bresciana”. Casi al mismo tiempo se creó, en Cremona, otro centro donde constructores como Amati, Guarneri y Estradivario (Stradivarius) produjeron verdaderas obras maestras.

El más célebre entre todos, Antonio Estradivario (Stradivarius), nació en el año 1644, en Cremona, de ilustre familia. Fabricó más de 1.200 violines y otros instrumentos de cuerdas. Modificó las curvas de los instrumentos, estudió las cualidades de las diferentes maderas, solucionó delicados problemas de acústica y buscó los barnices más convenientes.

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El más famoso constructor de instrumentos de cuerda fue Antonio Estradivario (Stradivarius) nacido en Cremona, en el año 1644, de familia ilustre. Además de violines construyó: violoncelos, laúdes, guitarras y violas.

Sin embargo, esos violines que hoy alcanzan precios fabulosos, fueron vendidos por el mismo fabracante a precios muy bajos.

El violín lleva un mango o mástil generalmente de madera de acacia. El cuerpo del instrumento se compone de dos tablas, una superior, la tabla armónica, la otra, inferior, el fondo. Las fajas son unas hojas de madera que reúnen la tabla armónica y el fondo. Un trozo de madera ligeramente encorvado y de poco espesor es el puente sobre el que pasan las 4 cuerdas fijadas al cordal por un lado y a las clavijas por el otro.

Las clavijas sirven además para estirar y afinar las cuerdas. Sobre el mango o mástil está fijado el diapasón. El alma es una varita de madera ubicada debajo del puente, entre la tabla armónica y el fondo. Su misión es muy importante: hace vibrar todas las partes del instrumento y mantiene la tabla armónica bajo la presión de las cuerdas.

No tardó el violín en ser considerado como un instrumento insustituible y capaz de permitir al ejecutante la más alta virtuosidad.

Entre los grandes virtuosos citaremos a uno de los más célebres, Arcángelo Coreli (1653-1713), apodado el príncipe del violín. Corelli fue,asimismo,gran compositor. Pero quien llegó a ser el más grande violinista de todos los tiempos fue Nicolás Paganini, nacido en el año 1782, en Génova. Paganini nunca concurrió a escuelas y no quiso comunicar a nadie los secretos de su técnica.

El violoncelo, instrumento de sonoridad grave, construido teniendo por modelo el violín, ocupó al principio un lugar secundario. Pero desde el siglo XVII se transformó en el compañero del violín. La viola, semejante a un violín de gran tamaño, desempeña el papel que, en la música vocal, corresponde al barítono.

El arpa sufrió, desde la antigüedad, numerosas transformaciones, sobre todo por obra de Hochbrucker (1720), Cousineau (1782) y Erard (1801). El instrumento más completo es sin duda alguna el piano, cuyo origen se hace remontar al monocordio utilizado en los tiempos antiguos. En las escuelas pitagóricas se conoció y usó el monocordio.

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El piano comprende una caja que contiene la tabla armónica sobre la que están estiradas las cuerdas, un teclado, y dos pedales que sirven para aumentar o apagar la sonoridad.

A ese instrumento de una sola cuerda se fueron añadiendo otras, pero se continuó con el viejo sistema de pulsar las cuerdas para extraer los sonidos
Así nació el helicón y, mucho más tarde, en el siglo XIV, otro instrumento de 19 cuerdas. Se cree que la palabra monocordio formó el nombre manichordión con el cual se designó el clavicordio. Es éste un instrumento provisto de una cantidad de teclas doble o triple de la de las cuerdas. Unas lengüetas de metal fijadas en la extremidad de las teclas golpeaban las cuerdas haciéndolas vibrar.

Una nueva etapa se inició con la creación del clavicímbalo que tuvo por cada tecla una cuerda afinada al sonido que le correspondía. Fue el primer instrumento de teclado cuyas cuerdas vibraban por la simple caída de las teclas. Éstas, al bajar, ponían en movimiento los mácillos (pequeñas regletas de madera) provistos de plumas de cuervo. Por eso el clavicímbalo fue llamado “el instrumento emplumado”.

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Clavicímbalo fue llamado “el instrumento emplumado”.

La gloria del invento del piano se debe a Bartolomé Cristófori, de Padua, clavicordista de la corte de los Médicis en Florencia. Este instrumento permitió tocar piano y forte,y de ahí surgió el pianoforte o piano.

Luego el piano fue perfeccionado por los hermanos Erard, en Francia, y por el vienes Streicher quien imaginó un nuevo mecanismo gracias al cual habría de surgir el primer piano vertical.

Considerado en sus partes esenciales, el piano está constituido por una caja que contiene la tabla armónica destinada a reforzar la sonoridad de las cuerdas, y cuya disposición varía según se trate de piano vertical o de cola.

Comprende además las teclas, el disparador (que levanta el maculo cuya cabeza hiere las cuerdas), los apagadores, que forman una especie de teclado paralelo al teclado visible, los pedales (el de la derecha levanta los apagadores y deja vibrar las cuerdas hasta extinguirse las vibraciones; el de la izquierda, llamado sordina, disminuye la intensidad del sonido). La historia del piano, con los grandes músicos que compusieron especialmente para ese instrumento y los ejecutantes que interpretaron esas obras, es verdaderamente grandiosa.

Entre los concertistas célebres de clavicordio, precursores de la escuela pianística actual, recordaremos a Chambonniéres (1602-1672), fundador de la escuela francesa del teclado, a Francisco Couperin, el Grande (1668-1733), y a Rameau. Entre los italianos a Domingo Scarlatti (1658-1695), y en Alemania a Juan Sebastián Bach (1685-1750), cuyo Clave tempéralo es bien conocido por profesionales y aficionados del mundo musical.

El fundador de la escuela de piano en Italia fue Muzio Clementi (1752-1832); la escuela alemana, por su parte, se enorgullece con J. Haydn (1732-1809), W. A. Mozart (1761-1791), y Beethoven (1770-1827), maestro excelso en el arte de la sonata.

A todos esos nombres debemos añadir los de Mendelssohn, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt y Chopin (1810-1849), llamado el “poeta del piano”. Más tarde Debussy fue honrado con el mismo título. Si puede considerarse el piano como un instrumento relativamente moderno, el órgano es en cambio muy antiguo. Se atribuyó a Clesibius (200 años antes de J. C.) el empleo de la presión del agua para accionar los fuelles. De ahí el nombre de hydraulis (literalmente flauta de agua) con que se designó este instrumento.

El órgano neumático es mucho más reciente, y el primero que apareció en Francia fue uno que el emperador Constantino V, Coprónimo envió, en 757, a Pipino el Breve, quien dispuso su colocación en la iglesia de San Cornelio de Compiegne.

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Antiguo Órgano

Actualmente tenemos el órgano eléctrico o electrónico. Las principales partes de un órgano son: Los teclados superiores que se tocan con las manos y que pueden llegar a ser 5, con 58 teclas cada uno; el teclado de pedal que se toca con los pies y que lleva de 27 a 30 pedales (a veces, en los órganos monumentales hay dos teclados de pedal); la mancha, los fuelles, el bocarón, la entonadera y los tubos.

Los fuelles pueden ser 7 u 8, accionados a mano o a motor. Los tubos, casi siempre metálicos, tienen distintas dimensiones. Cuanto más largo es el tubo, más grave es la nota que emite. El armazón que contiene al órgano de iglesia se llama caja.

Los registros son reglas móviles de madera perforadas de modo tal que la distancia entre los agujeros es la misma que la que media entre los agujeros del distribuidor de aire; sirven para abrir o cerrar los diferentes juegos o series de tubos.

Los registros se accionan por medio de varillas que el organista tira o empuja según el juego que desea obtener. Algunos de esos juegos se llaman de “boca”, otros de “lengüeta”.

El acordeón, inventado en el año 1829 por Danciaus, de Viena, tiene lengüetas libres dispuestas en las extremidades de un doble fuelle. Unas responden cuando el fuelle se abre, otras cuando se contrae.

Entre los instrumentos de importancia primordial en las orquestas modernas recordaremos la flauta (antes construida con madera de boj, ahora con metal), el oboe, el cuerno inglés, el clarinete, el contrabajo, y el fagot así llamado por el nombre de su inventor, el canónigo Phagotus, de Ferrara, que vivió en el siglo XVI. En las orquestas sinfónicas modernas se emplean asimismo varios instrumentos de percusión como: xilófonos, timbales, triángulos, címbalos, tambores, tamboriles y castañuelas.

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El saxófono, que debe su nombre a su inventor, Adolfo Sax, conquistó el favor del público aficionado al jazz. Hoy ocupa un lugar aun en las orquestas sinfónicas.

Terminemos nuestro post recordando el trombón, inventado en Alemania. Este instrumento tiene su origen en la antigua bocina romana. Por su forma actual, el trombón de varas recuerda el sacabuches de la Edad Media.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia:La Evolución de los Instrumentos Musicales –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Giuseppe Verdi Compositor de Opera Obra Artistica

Biografía de Verdi Giuseppe y su Obra Artística
Compositor de Ópera

José Verdi. —Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1813 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes.

Giuseppe Verdi compositor


José Verdi fue el intérperte del alma italiana anhelante de libertad. De su genio surgieron los acentos patéticos que habrían de conmover a todo un pueblo.Nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, h
ijo de campesinos analfabetos, estudió música en la vecina ciudad de Busseto donde encontró unos protectores en los esposos Barezzi. Cuando en 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que “sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música”, entró como discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna.

Protegido por unos amigos de la familia, recibió lecciones del organista de la iglesia de su pueblo natal, revelándose entonces como un niño prodigio, ya que al año de educación musical declaró su maestro que ya nada tenía que enseñarle. Escribió bastantes óperas que se popularizaron prontamente; entre ellas El Trovador, Rigoleto y La Traviata. Su conocida y gran ópera Aida la compuso por encargo del virrey de Egipto Ismail Bajá para inaugurar con su estreno el Teatro de la Ópera de El Cairo.

Se puso en escena el 24 de diciembre de 1871, obteniendo un éxito clamoroso que se repitió en cuantas representaciones posteriores de ella se dieron en todos los teatros de ópera del mundo. Después escribió Ótelo y Falstaff, esta última, ópera cómica. En toda su producción desde Aida, se nota la influencia wagneriana y de la moderna escuela musical y se consideran más avanzadas técnicamente que sus primeras producciones.

En 1872 le fue conferida la dignidad de senador, y en la última parte de su vida gozó de posición opulenta. Como nota curiosa consignaremos que al intentar el ingreso en el Conservatorio de Milán para perfeccionar sus estudios musicales, sostenido por una pensión becaria que se le había concedido, el tribunal examinador dictó, en 1829, un fallo reprobatorio, fundándose en que los ejercicios presentados por el opositor no mostraban especiales aptitudes para la música.

BIOGRAFÍA:

En una modesta vivienda de la aldea de Roncóle, cerca de Busseto, provincia de Parma, nació el 10 de octubre de 1813 un niño, hijo de Carlos Verdi y de Luisa Ullini, que recibió el nombre de José.

Aquellos humildes aldeanos, cuyo único bien consistía en un despacho de vino y de tabaco, estaban muy lejos de sospechar que el pequeño José sería el más grande genio musical del siglo.

El niño se crió en el modesto negocio paterno donde entraba de vez en cuando un violinista ambulante. Entonces, el pequeño José interrumpía sus juegos y escuchaba con profunda admiración los monótonos estribillos del vagabundo. Uno de estos músicos, al advertir la manera como el chiquillo se extasiaba, dijo a los padres de éste: “Haced estudiar música a vuestro niño: triunfara; lo digo porque entiendo de esto.”

Cuéntase que el pequeño José, grave y tranquilo, desempeñaba las funciones de monaguillo en la iglesia local, atraído, sobre todo, por las ejecuciones del organista Baistrocchi. Un día, recriminado por el cura que lo había sorprendido en completa abstracción escuchando el órgano de la iglesia y ajeno por completo a cuanto ocurría a su alrededor, huyó buscando refugio en los brazos maternos e implorando: “Madre, madre, hacedme estudiar música.”

A los ocho años de edad el padre le regaló una vieja espineta. De sus dedos inseguros brotó un acorde: en vano quiso repetirlo. Entonces fue tan grande su desesperación, que con sus puños y un martillo destrozó casi por completo el viejo instrumento.

Un amigo de la familia, Esteban Cavallette, acudió en su auxilio y reparó la espineta sin pedir por ello ninguna recompensa, pues él también había observado la disposicion para la música del pequeño José.

A los doce años de edad, José Verdi reemplazaba al anciano Baistrocchi en el órgano de la iglesia.

La inspiración del adolescente comentaba a despertarse y, para él, ese órgano era lo más interesante de la aldea. En ese momento se afirma su vocación.

Su música lo llena de agitación y exalta su fantasía; oyéndole se siente embargado por una fuerza irresistible. Todos los sonidos lo atraen; la madre, humilde hilandera, cariñosa e inteligente, sorprende a menudo al jovencito atento al rumor del agua que corre o escuchando el viento que se introduce en la chimenea.

José tiene siempre una canción a flor de labios y, cuando va a Busseto para hacer las compras habituales, se detiene frente a la casa del señor Antonio Bareggi, para escuchar las melodías que allí se ejecutan en el piano.

—¿Qué haremos con este hombrecito? —pregunta la madre al párroco—. ¿Cura, como dice su padre, u organista, como sueña él?
—Hay tiempo para decidir. . .
—Es verdad —dice la mujer—; además, si José se porta bien, para Navidad tendrá un hermoso regalo.

Con la Navidad llegó el regalo: la suerte quiso que en Busseto hallara la persona y el ambiente que le convenían. Antonio Barezzi, comerciante activo y sagaz, le dio un empleo en su negocio y lo animó para que estudiara música. Pudo entonces ejercitarse en un buen piano, el de la suave e inteligente Margarita, hija de Barezzi y que veía en Verdi, no a un dependiente de tienda, sino a un joven excepcional.

—El pequeño Verdi, decía Barezzi, es en verdad un buen chico. Lleno de dignidad y amor propio, es inteligente y leal. A veces un poco testarudo, pero pronto se hace perdonar. ¡Y qué voluntad! Trabaja de día como un negro; al atardecer toca el órgano en Roncóle y el domingo estudia latín con el canónigo Seletti.

Fueron sus rápidos progresos en latín los que incitaron al canónigo de Busseto a sugerir a los afortunados padres la conveniencia de encaminar hacia el sacerdocio a ese niño excepcional.

Mas fue el mismo Seletti quien los disuadió poco después, cuando, por falta del organista, durante la misa mayor del domingo siguiente, alguien aconsejó que se hiciera tocar “al hijo de don Carlos, de Roncóle”.

—¿De quién es ese trozo que nos ejecutaste, José? —le preguntó el buen canónigo al terminar la misa.
—De nadie —contestó el jovencito—, he seguido mi inspiración.
—Comprendo —concluyó dom Seletti—; creo que deberás seguirla de verdad.

Se consultó al organista Fernando Provesi, director de la sociedad filarmónica, e inmediatamente, entre el niño y el anciano maestro, se estableció un vínculo de profunda y tierna amistad. Provesi le enseñó cuanto él sabía, y estos estudios no tardaron en dar sus frutos: a los dieciséis años, Verdi recibe, por sus primeras composiciones para banda, grandes elogios.

Su solicitud para desempañar el cargo de organista de la iglesia de San Santiago de Soragna fue rechazada. Pero, en cambio, dos instituciones benéficas de Busseto le concedieron una beca, cuya cantidad fue generosamente aumentada por Barezzi, para que pudiera estudiar en Milán. A los diecinueve años, Verdi pidió su admisión en el Conservatorio de esa ciudad.

Durante el examen ejecutó en el piano el Capricho en la, de Herg, ante una comisión formada por Basili, Piantanida, Angelen y Rolla.

Esperaba el fallo con ansia, mas transcurría el tiempo sin que recibiera ninguna comunicación oficial. Hasta el momento en que Rolla le aconsejó que continuara estudiando sin pensar en el Conservatorio.

Esto afectó profundamente a Verdi, pero tenía una inquebrantable voluntad y, como Anteo, que recuperaba nuevas fuerzas cada vez que tocaba tierra, “el chico de Roncóle” se erguía con mayor brío después de cada desilusión.

Buscó entonces un maestro capaz, y halló a Lavigna, quien le enseñó armonía y contrapunto y lo familiarizó con la música de Palestrina.

Otra experiencia aún más triste y amarga lo esperaba cuando regresó a Busseto con la esperanza de suceder a Provesi que había fallecido: la envidia v las intrigas de sus conciudadanos malograron sus propósitos. Tan sólo le fue dado conseguir la dirección de la banda de música de su aldea. Retomó su antiguo puesto de dependiente y, en secreto, reanudó los estudios interrumpidos.

Verdi tenía poco más de diez años de edad cuando ya tocaba el órgano de la iglesia de su aldea natal. Sobre ese instrumento improvisó sus primeras melodías. Animado por parientes y amigos, Verdi solicitó su admisión en el Conservatorio de Milán. Tenía diecinueve años de edad y fue rechazado por la comisión examinadora.

En 1835 se casó con la hija de su protector, Margarita Barezzi, con quien tuvo dos hijos: Virginia e Icilio. Pero ambos fallecieron antes de los dos años. Profundamente dolorido, Verdi buscó consuelo en la música, creando sinfonías, marchas, trozos vocales, misas y vísperas, serenatas, cantatas, arias, dúos, conciertos y variaciones para piano.

Su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio, traduce su profundo deseo de paz, de armonía, de amor. Representada el 17 de noviembre de 1839 en La Scala de Milán, obtuvo un éxito completo facilitado por el mérito de la joven y bien conocida cantante Josefina Strepponi, quien, sin dudar del talento del autor, había preparado la opinión del público y de los críticos. La música de Oberto ha recibido la influencia de los grandes maestros de esa época: Bellini y Donizetti.

Cuando tenía 22 años compuesa una ópera melodramática “Oberto con de Bonifacio”, que quiso hacer representar en un gran teatro italiano. Verdi tuvo la certeza de haber compuesto buena música y deseó que el público la conociese. ¿Qué gran teatro llevaría a escena la ópera de un músico desconocido?. . . Por fin, después de muchas gestiones, algu nos amigos suyos lograron que aquélla fuera aceptada nada menos que por la “Scala” de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. El 17 de noviembre de 1839 la ópera subió a escena, la música gustó muchísimo. El nombre de Verdi dejó de ser desconocido. El público italiano esperaba del novel músico otras óperas y José Verdi no defraudó tales esperanzas: el 9 de marzo de 1842 fue representada una nueva y gran ópera suya: “Nabuco”.El éxito esta vez fue terminante; José Verdi era considera do ya un gran músico y un ardiente patriota. En aquellos días los italianos estaban luchando para liberarse de la domina ción austríaca, y, precisamente, Verdi había resuelto conpo ner una ópera que interpretara el sentimiento patriótico de todo el pueblo italiano.

El empresario Bartolomé Merelli, intuyendo las posibilidades del joven compositor, le encargó tres óperas: dos dramáticas y una cómica, que Verdi debía entregar en el transcurso de dos años con los honorarios de 4.000 libras austríacas por partitura.

Mientras estaba trabajando en el Fingido Estanislao, rebautizado como Un día de verano, ocurrió la muerte de su esposa, Margarita, de 25 años de edad, en junio de 1840. Verdi, para no faltar a su compromiso, terminó la segunda ópera, sumido en honda tristeza, sin entusiasmo y sin convicción.

El público recibió esa composición con frialdad y los críticos la juzgaron falta de estilo y de originalidad. Pero, de nuevo, el fracaso actuó como un estímulo. Vencido el primer desconcierto y animado por las insistencias de Merelli y de la cantante Josefina Strepponi, retornó al trabajo con la vehemencia de quien recomienza su vida.

La nueva ópera Nahucodonosor, presentada en Milán el 9 de marzo de 1842, fue un triunfo. El coro “Sobre las alas doradas” conquistó al público.
Los nombres de Josefina Strepponi y de José Verdi unidos en los mismos programas exaltaban el alma italiana.

“Nabucodonosor” refleja la angustia del pueblo judío reducido a la esclavitud y su esperanza en una futura libe ración. ¿Acaso no eran éstos los sentimientos que animaban a los italianos?. Y, un año más tarde, compuso otra ópera patriótica: “Los lombardos en la primera Cruzada”. A sus compatriotas no escapó el mensaje de esta nueva creación: Verdi incitaba al pueblo italiano a preparar una cruzada contra el opresor extranjero.

El entusiasmo siempre creciente del público estimulaba al artista. Así compuso, en 1843, la ópera Los lombardos en la primera Cruzada, y, en 1844, Ernani.

El éxito de esta última ópera consolidó de tal manera la fama del maestro, que se llegó a considerarlo el sucesor de Bellini y Donizetti. Meyerbeer, el más encarnizado opositor de la música italiana, temido hasta por el gran Rossini, acalló sus ataques frente a las protestas generales.

La música verdiana adquiría un valor simbólico; las notas viriles o nostálgicas que el público repetía en un frenético delirio, eran la misma voz de Italia anhelante de libertad.

Basta recordar el profético canto de Atila: “¡Amada patria, madre y reina de magníficos hijos poderosos, volverás a vivir más altiva y hermosa!“, para comprender la excitación de un pueblo que estaba preparando su propia independencia.

Atila se representó en el teatro La Fenice, de Venecia, en el año 1846.

Luego de la tercera función el autor fue llevado en andas, seguido por un cortejo de antorchas y calurosamente vitoreado.

Después de Macbeth (1847), Verdi fue llamado a París y Londres: Josefina Strepponi, la compañera fiel de toda la vida, lo acompañó, no ya como intérprete, sino como esposa.

En París, Verdi compuso El Corsario, La Batalla de Legnano, Luisa Miller y Stiffelio.

Los años que siguieron fueron particularmente fecundos: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853), La Traviata (1853), brotan como perlas milagrosamente perfectas del cofre inagotable de su arte.

Es música capaz de hacer vibrar todas las cuerdas de la sensibilidad humana y conduce a su autor a la cúspide de la popularidad, en Italia y en el extranjero.

En el compositor de treinta y ocho años de edad, que tan sólo había abandonado su traje de aldeano diez años atrás, palpitaba todo un universo de secretas e infinitas armonías. El mundo lo contemplaba asombrado y emocionado.

En 1855, invitado por el gobierno imperial francés para que escribiera una ópera con motivo de la Exposición de París, compuso: Las vísperas sicilianas. La ópera agradó, y, como se había procedido con Rossini, el autor fue invitado a establecerse definitivamente en Francia.

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Con su ópera “Los lombardos en la primera Cruzada”,
José Verdi invitaba a los italianos a preparar una cruzada contra el opresor
extranjero.

La fuerza del destino. Don Alvaro está enamorado de Leonor, hija del marqués de Calatrava. La convence para que se fugue con él, pero, involuntariamente, don Alvaro mata al padre de Leonor. Ésta se recluye en un convento y don Alvaro busca la muerte en el campo de batalla. Verdadero juguete del destino mata al hermano de Leonor que lo había reconocido. Leonor acude y ella también es apuñaleada por error. Don Alvaro, desesperado, se arroja a un precipicio.

El maestro rechazó la invitación y, vuelto a Milán, escribió Simón Boccanegra. Esa ópera, que no gustó mucho en Venecia, halló gran favor en Nápoles. El 17 de enero de 1859 fue representada en Roma otra gran obra: Un baile de máscaras, que despertó entusiasmo indescriptible.

Durante esa velada, en vísperas de la guerra contra Austria, se gritó por vez primera: “¡Viva Verdi!”. Era una ovación al maestro y un desafío al adversario, pues la sigla del apellido indicaba: “Víctor Emmanuel rey de Italia”.

Con La fuerza del destino, representada el 11 de noviembre de 1861 en el teatro imperial de San Petersburgo, y con Don Carlos, puesta en escena el 11 de marzo de 1867, Verdi se encaminó hacia nuevas afirmaciones de su personalidad artística.

Era, aunque maduro en años, un genio siempre joven. Ya había abandonado el camino señalado por sus predecesores, para emprender nuevos rumbos. Aída, con su “Marcha triunfal”, representada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, consagró una gloria que desafiará a los siglos.

El fallecimiento de Alejandro Manzoni,  con quien estaba ligado por profunda amistad, le inspiró en 1873 la Misa de réquiem, que aún hoy es imposible escuchar sin conmoverse.

En el último período de su creación, vuelve a asombrar al mundo con su incesante renovarse. Otelo 1887) y Falstaff (1893), compuestas respectivamente a la edad de setenta y cuatro y ochenta años son, indudablemente, la mejor expresión de su arte.

Otelo, el Moro de Venecia, ama a Desdémona, hija de Bradancio. Después de casarse, ambos parten para Chipre. Yago odia a Otelo y le hace creer que Desdémona lo engaña con Cassio. El  vil intrigante roba un pañuelo a Desdémona y convence al esposo de que ésta se lo entregó a Cassio como prueba de amor. Convencido de la infidelidad de Desdémona, el moro estrangula a su inocente esposa.

Rigoletto. En la corte del duque de Mantua liay un bufón llamado Rigoletto. La estúpida crueldad de los cortesanos se ensaña contra ese desdichado, quien, mientras tanto, se entera de que el duque fingiéndose estudiante, sedujo a su hija Gilda abandonándola luego. Rigoletto prepara su venganza, pero Gilda, que conoce los propósitos paternos, ocupa el lugar del duque y muere.

En las postrimerías del siglo y de su vida alcanzó el umbral de la música moderna, indicando el camino futuro. Corresponde a Arrigo Boito el mérito de haber escrito los libretos de Ótelo y Falstaff y de haber animado al maestro en la composición de las dos óperas.

Josefina Strepponi, su inspiradora, intérprete, colaboradora y compañera amante, decía de Verdi que la bondad de su alma era superior a su talento. El maestro lo corroboró cerrando su vida con un acto noble y profundamente humano: ofreció su fortuna a un hogar de descanso para músicos. Próximas a esta casa están las tumbas de José Verdi y Josefina Strepponi.

Al día siguiente del 27 de enero de 1901, día del fallecimiento de Verdi a la edad de ochenta y ocho años, el cuerpo del maestro era acompañado hasta su última morada por una multitud acongojada que acudía de todas partes, siguiendo el féretro ‘”pobre y desnudo” según lo estableciera la voluntad del extinto.

Renato Simoni, en su sentida crónica, escribió: “Una vez más el maestro daba algo de sí a ese pueblo al que había enseñado el consuelo del canto y, en éste, las ansias de superación y el sentido de lo infinito.”

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Verdi y Sus Óperas –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Emilio Salgari Vida y Obra Literaria Novelas

Biografía de Emilio Salgari y Su Obra Literaria

Emilio Salgari (1862-1911), escritor italiano, autor de una extensísima obra de narrativa de aventuras. Fue uno de los escritores que más suscitaron el entusiasmo de los jóvenes es Emilio Salgan. En contraste con las extraordinarias aventuras que movieron a los fantásticos personajes de sus novelas, tuvo una vida pobre e infeliz a causa de la avaricia de los editores que publicaban sus obras. Una grave crisis sobrevino luego, originada por el enorme trabajo en el que estaba constreñido, hasta el punto de llevarlo al suicidio el 25 de abril de 1911. Su popularidad como escritor de relatos de aventuras se ha extendido por el mundo entero.

Emilio Salgari Escritor

Emilio Salgari: Del período que va desde que abandonó la Escuela de Venecia hasta 1882, en que fue colaborador en un diario de Verona, poco sabemos de Salgari. Este año señaló la iniciación de su carrera periodística y literaria, cuando ingresó como redactor fijo en un diario rival al primero. En 1891 entró a formar parte del grupo de colaboradores de un diario de jóvenes, dedicándose entonces sólo a escribir libros de aventuras. También Salgari, como tantos hombres de talento, tenía sus pequeñas manías: para escribir sus novelas hacía uso de una vieja pluma y se sentaba a una mesa tambaleante.

Estamos en el mes de julio de 1883, y con esta carta, remitida a un diario de la ciudad de Milán (Italia), Emilio Salgan, de 20 años de edad, tentaba suerte como escritas solicitando la publicación de una novela plena de acción y de episodios espectaculares en países exóticos, característica ésta que distingue todos sus escritos y que constituyó el elemento principal de su éxito.

“Yo, joven desconocido en Milán, pero de alguna nombradla en Verana, antiguo cadete de la Marina Mercante, le envío este escrito por mí redactado, a fin de que, si lo juzga digno, lo publique en su diario, de ser ello posible. Se trata de un naufragio ocurrido sobre la costa de Nueva Guinea …”

La lectura de este primer relato, así como la de los que le siguieron, hizo suponer que el escritor,  a más de tener una exuberante imaginación y una vasta experiencia personal, había navegado a lo largo y a lo ancho de todos los rilares del mundo, tocando lejanas tierras y conociendo las costumbres de maravillosos y extraños pueblos.

Mientras Salgari vivió fueron muchos los que creyeron cuanto se decía sobre su aventurera existencia. Todos sus lectores, grandes y pequeños, se hallaban persuadidos, en efecto, de que el autor de sus novelas preferidas no era uno de esos solitarios escritores que envejecen sobre su mesa de trabajo, en el cotidiano esfuerzo de crear páginas y páginas, sino que era el protagonista de las fabulosas aventuras por él relatadas.

Pero la verdadera vida de Salgari era otra, muy distinta de la que se le atribuía. En realidad, el escritor creaba en su imaginación los episodios que narraba. No existieron los fabulosos viajes ni las fantásticas aventuras que se le adjudicaban.

Emilio Salgari nació en Verona el 21 de agosto de 1862. Sus padres fueron Luis Salgari, dedicado al comercio de telas, y Justina Gradara, de origen dálmata. Desde la adolescencia Salgari manifestó su desagrado hacia la modesta y pacífica vida burguesa, al punto de que, al cumplir los 16 años de edad, su padre le permitió trasladarse a Venecia a inscribirse en los cursos de capitán de cabotaje en el Real Instituto Técnico de Marina Mercante.

Se sabe con certeza que el muchacho concurrió a sus aulas durante dos años, distinguiéndose de los otros alumnos, según expresiones de un observador de la época, por una singular propensión al aislamiento y su natural austeridad.

En 1882 obtuvo la licencia de capitán, e inmediatamente se embarcó en un barco mercante, iniciando así su experiencia marina. Luego hallamos muchos puntos oscuros en su biografía.

Nuestro deseo sería poder llenar esta laguna dando crédito a lo que Salgari mismo, ya famoso, contó en Mi aventura, pero esta especie de autobiografía aparece en muchos pasajes de sus novelas, dudándose, en consecuencia, de su autenticidad.

Sin embargo, resulta interesante referir lo que Salgari afirmó haber hecho en aquellos años: licenciado de capitán a los 20 años, entró al servicio de un tal Varak, capitán de un pequeño velero llamado Italia Una, y con él efectuó algunos cortos cruceros a lo largo de las costas adriáticas. Permaneció con Varak sólo unos pocos días, pues no estaba totalmente de acuerdo con el comportamiento de aquel hombre de pocos escrúpulos y por demás avaro; pasó luego al servicio del capitán Giuffré.

Este último era un sujeto más abominable y cínico que el primer patrón, de modo que, habiendo surgido un altercado entre ambos mientras la nave se encontraba surcando las aguas de la India, Salgari fue obligado por Giuffré a desembarcar en Bombay, donde, abandonado, se encontró solo y sin medios para subsistir.

Algunos días después conoció, por simple casualidad, al emisario de un raja de Borneo que, despojado de sus bienes por los ingleses, se había dedicado a la piratería para reconquistar sus propias tierras perdidas. El emisario, que se llamaba Tremal-Naik, propuso al joven marino italiano asumir el mando de una de sus naves corsarias, y Salgari, después de haber conocido a Sandokán, el príncipe despojado, y luego de haberse cerciorado de la veracidad de sus razones y propósitos, aceptó sin tardanza el ofrecimiento.

He aquí a Salgari transformado en pirata, vestido como los hindúes, con sucinta indumentaria que le dejaba el pecho al descubierto, y con el clásico turbante. En la primera expedición realizada contra los ingleses y sus aliados, los holandeses, fue completamente derrotado.

Los hombres de Sandokán —los tigres de Mompracem— fueron sitiados en un islote en el que se habían atrincherado, sus naves fueron destruidas y sus jefes dispersos. Salgari estuvo a punto de caer prisionero de los holandeses cuando, lanzándose al mar, fue recogido por una nave francesa. Sus salvadores, luego de escuchar sus aventuras y una vez asegurada su identidad, le ofrecieron la permanencia a bordo. Después de dos años de navegar con sus salvadores, desembarcó en el puerto de Marsella (Francia).

Esta historia, como dijimos, es demasiado fantástica para ser tomada por cierta. Contentémonos entonces con emprender la narración de la vida de Salgari a partir de 1882, año en que lo volvemos a encontrar en Verona colaborando en un diario, cuyo suplemento publica sus primeras novelas: Tay See (editada luego bajo el título de La Rosa de Dong Giang), El tigre de la Malasia y La favorita del Mahdi.

Su éxito como novelista es inmediato; Salgari se lanza entonces a la carrera que se le ofrece, abandonando para siempre una secreta y juvenil aspiración: la de ser poeta. En efecto, adolescente aún, había escrito en sus cuadernos escolares algunos versos ingeniosos y, en verdad, de mucho valor.

Gracias a las novelas de Salgari, el diario que las publica aumenta inmediatamente la venta de sus ejemplares y el nombre del autor es pronto conocido no sólo en Verona sino también en Venecia, Genova y Milán. Otro diario de Verona intentó atraerlo ofreciéndole un puesto de redactor con un elevado y tentador sueldo. Sin embargo, Salgari, ya seguro de su propio éxito, prefirió renunciar a cualquier tipo de obligación con los diarios y dedicarse libremente a la profesión de escritor. Es de destacar, tiempo después, precisamente en 1891, la publicación de su novela La cimitarra de Buda en un periódico para jóvenes.

Los críticos, algunos años más tarde, comenzaron a ocuparse de la actividad de Salgari, manifestando, en este sentido, juicios’ opuestos. Se dijo, entre otras cosas que aún conservan actualidad, que el estilo literario de Salgari era, sin duda, nítido y capaz de dar al lector una sensación visual de las escenas descriptas, pero que carecía de la brillantez que distingue a un verdadero escritor.

Por otra parte, se le objetó que la estructura de sus novelas no era muy cuidada, notándose que los episodios se sucedían con ritmo demasiado confuso y el desenlace ocurría muy inesperadamente. No obstante, todos los críticos reconocieron su capacidad para transportar al lector a los lugares de acción, cualidad ésta que, para un escritor de novelas de aventuras, es, por cierto, de importancia principal. Se decía también que sus personajes eran tratados y descriptos con cierta superficialidad y de un modo demasiado convencional; sin embargo, todo aquello que Salgari refería en cada una de sus novelas tiene un notable valor instructivo.

Cuando, en 1892, Salgari contrajo matrimonio con Ida Peruzzi, el escritor gozaba ya de gran fama. Miles de lectores preferían sus obras. Muchachos aventureros, sugestionados por sus cuentos del mar, se fugaban de sus casas para enrolarse en la Marina. Periodistas y escritores extranjeros frecuentaban la casa de Salgari, deseosos de descubrir los secretos de su éxito y difundirlos entre sus lectores. Sin embargo, la vida de éste no era tan alegre como se puede imaginar. En primer lugar le faltaba, como siempre le faltó, la seguridad económica. Sus necesidades se hacen mayores, más tarde, con los sucesivos nacimientos de sus cuatro hijos: Fátima, Nadir, Ornar y Romero.

Su vocación de escritor se transforma entonces en pesada y penosa actividad, transformando su vida en un monótono quehacer. Su trabajo era intenso: al tiempo que terminaba de redactar una novela ya tenía otra para iniciar y, mientras, empezaba a pensar en una tercera. Las novelas de Salgari superan el centenar.

Considerando la popularidad lograda por Salgari uno se pregunta cómo entonces el escritor vivía en condiciones económicas tan modestas, al punto de tener que recurrir a los auxilios de la reina Elena, gran admiradora de su obra. La respuesta es simple y se encuentra en las exigencias de los editores que siempre lo ligaron con contratos desfavorables, fijándole honorarios que eran, en la mayoría de los casos, irrisorios.

Salgari trabajaba, pues, muchas horas al día, tratando de vencer la fatiga y el sueño. El novelista no podía escribir más que con una tinta especial, liviana, que él mismo preparaba, y con la pluma que adoptó para escribir sus primeras novelas, ya deteriorada y sujeta con hilo de coser. Tampoco podía trabajar si no era sentado a una mesita tambaleante que había empleado cuando se inició como escritor, porque —solía afirmar sonriendo— no sólo eso era encantador sino que también su inestabilidad le daba la impresión de encontrarse navegando sobre la cubierta de una nave.

Tenía Salgari conciencia y responsabilidad de su trabajo: le ayudaba una memoria prodigiosa que le permitía desarrollar sus novelas sin tener que recurrir a la ayuda de los manuales de historia o geografía. Muchas veces, terminada la novela, diseñaba, con bastante habilidad por cierto, las ilustraciones principales y las cartas geográficas.

En los años en que sus hijos eran pequeños, la vida de Salgari no fue siempre triste y monótona; por el contrario, estuvo matizada con pequeños y felices episodios. Le gustaba, por ejemplo, ensayar con los niños las escenas de batalla que tenía que describir en una novela, y, en aquellas ocasiones, el bosque vecino a su casa o su jardín se transformaban, a los ojos de los muchachos y a los suyos propios (Salgari era una más entre las criaturas), en enmarañada selva erizada de peligros; o bien, si él tenía que describir una tempestad, improvisaba en el piano tenantes y tumultuosas composiciones.

El escritor pone fin a su vida suicidándose, el 25 de abril de 1911, en el bosque de “la Virgen del Pilar”, cerca de Turín, donde solía pasear en compañía de su familia. Fueron varios los motivos que lo indujeron a tomar esa fatal decisión: la repentina enfermedad de su mujer, las preocupaciones económicas, el exceso de trabajo y el temor de perder, con la vejez, su fecunda imaginación. Fue este último y trágico acto de violencia contra sí mismo lo que hizo finalmente conocer a sus lectores la verdad de su vida, nada envidiable por cierto.

Aunque faltas de un verdadero lazo de continuidad entre un libro y otro, las novelas de Salgari, por afinidad de argumentos, de ambientes y de personajes, pueden ser agrupadas así: relatos de la jungla, cuya acción se desarrolla en la India o en la Malasia (Los Tigres de Mompracem, Los piratas de la Malasia, La reconquista de Mompracem, El rey del mar, La última aventura de Sandokán, etc.); las que tratan de piratería (El Corsario Negro, Yolanda, la hija del Corsario Negro, Los últimos filibusteros, Los corsarios de Bermuda); referentes a pieles rojas (En las fronteras del Far West, La selva ardiente, etc.); las que tienen como tema exploraciones polares (Los pescadores de ballenas, El país del hielo, Los cazadores de focas, etc.); las inspiradas en los progresos científicos de la época y del futuro (A través del Atlántico en globo, El tren volante, Las maravillas del año dos mil, etc.).

Muchas novelas, por otra parte, se basan, con mayor o menor fidelidad, en acontecimientos históricos, entre las que se recuerda, por ejemplo, El tesoro del presidente del Paraguay, en la que el episodio imaginado tiene como fondo la guerra entre el Paraguay, Uruguay, Brasil y la República Argentina; y El subterráneo de la muerte, ambientada en la China en la época de los boxers.

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En la novela Al polo norte se narra las peripecias de dos jóvenes que se aventuran a través de mares y océanos para cazar focas. Gran estupor les causa la imprevista aparición de un gran aparato de hierro. Se trataba de un sumergible desde el cual sus tripulantes invitan a los dos cazadores a unirse a ellos en el viaje de exploración al polo. Llegan así a una gran montaña de forma cónica y el jefe de la expedición coloca la bandera sobre la pendiente cubierta de nieve, mientras gritos de entusiasmo se elevan de la tripulación jubilosa. En esta novela, Salgari, atendiendo las ansias y aspiraciones de sus contemporáneos, imprime una personalísima visión del polo norte, aún inexplorado,  en realidad, en aquella época.

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Al grupo de los corsarios pertenece la novela de Salgari El Corsario Negro, una de las mejores de su vasta producción. ha acción se desarrolla en el siglo XVII durante la lucha de los filibusteros contra los colonos españoles. El protagonista es un noble italiano que se hace corsario por el odio que siente hacia los españoles, uno de los cuales dio muerte a un hermano suyo. Su único deseo es vengar ese crimen, matando a su vez al asesino y a su familia. Pero se enamora de una joven que viaja en una nave por él capturada. Cuando el Corsario Negro se entera de que ella es la hija del matador de su hermano, el odio supera el amor, y, con profundo dolor, abandona a la muchacha sola en una chalupa en medio del océano.

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En él libro Mi aventura, Emilio Salgari describe su propia vida juvenil. Comienza la narración cuando, muchacho aún, sentábase en los bancos de la escuela. Pasa luego al relato de una maravillosa aventura con la descripción de fantásticas y peligrosas peripecias vividas sobre el mar. Particularmente interesante es su arribo a la India y la extraña amistad con Sandokán y Janez dos de los más extraordinarios personajes de sus novelas. En la lámina vemos a Salgari, vestido de joven hindú, mientras socorre a un amigo herido. Se distinguen, en el fondo, los soldados holandeses perseguidores. Esta narración es muy fantástica para ser tenida por real. Si bien no es atendible como autobiografía, la novela se lee con placer.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografías: Emilio Salgari –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía Madame de Sevigne Escritora Francesa Marquesa

Biografía Madame de Sevigne

María de Rabutin-Chantal nació en París el 5 de febrero de 1626 y murió de viruela en Grignan el 17 de abril de 1696. Fue la intérprete brillante y fiel del espíritu de Francia del siglo XVII. Ha pasado a la posteridad gracias a las 1.500 Cartas que escribió.

Sevigne Madame Francia

Los primeros salones literarios tuvieron lugar en París y en ellos se reunían regularmente personalidades de la aristocracia, de la política, de las letras y de las artes para charlar sobre temas literarios, morales, mundanos o filosóficos. A partir de 1613, la marquesa de Rambouillet, aristócrata refinada y culta, se alejó de la corte de Enrique IV porque la consideraba vulgar y comenzó a recibir en su casa a las mentes más exquisitas de su tiempo, entre ellos siendo muy joven la marquesa de Sévigné, asistía frecuentemente.

La vida mundana de París y de la corte de Luis XIV, en el siglo XVII, implicaba para la sociedad de la época una existencia brillante pero frivola. De esta sociedad Madame de Sevigné, nos ha transmitido la imagen viva y fiel a través de su correspondencia. Ella misma representa el tipo perfecto de dama de la alta aristocracia. Como escritora pertenece, además, al mejor período del clasicismo francés.

Nació el 5 de febrero de 1626 y su verdadero nombre fue María de Rabutin-Chantal. Cuando tenía cerca de 1 año de edad perdió a su padre, y no había llegado todavía a los 7 cuando su madre también falleció. Fue entonces confiada a un tío materno, el abate Livry, que la educó con esmero. Encargó éste su instrucción a profesores de renombre que cultivaron la clara inteligencia de la joven, dándole sólida cultura. Aprendió el español, el italiano y el latín.

Presentada a la corte de la reina madre Ana de Austria, casó muy joven, en 1644, con el marqués de Sevigné; éste, siete años más tarde, murió en un duelo, dejándole dos hijos: Francisca Margarita y Carlos.

La joven viuda abandonó entonces la vida mundana y se retiró a sus dominios, consagrándose exclusivamente a sus deberes maternos y a la administración de su hacienda con competencia y habilidad. A los 29 años retornó a París y reapareció en la corte, donde brilló en el seno de la sociedad culta, gracias  a su inteligencia y a la distinción de sus modales y conversación.

Aun cuando amaba a sus dos hijos, Madame de Sevigné tuvo, sin embargo, una marcada predilección por su hija, a la que profesaba un cariño que puede parecemos desmedido.

Francisca Margarita casó en 1669 con el conde de Grignan, acompañándolo algunos años más tarde a Provenza, donde fuera nombrado teniente general. La marquesa sintió una inmensa pena a raíz del alejamiento de su adorada hija y fue entonces cuando inició una correspondencia muy frecuente, que habría de durar 25 años, sin más interrupciones que las ocasionadas por los reencuentros.

A partir de esa fecha, en efecto, la marquesa viajó siempre, realizando estadas en sus diferentes propiedades, a las que administraba personalmente, y efectuando visitas a su hijo, en Bretaña, y a su hija, en Provenza. Fue en Grignan en donde Madame de Sevigné murió de viruela el 17 de abril de 1696.

En 1669 su hija casó con el conde de Grignan, acompañándolo a Provenza. Madame de Sevigné inició entonces una correspondencia frecuente que no se interrumpió más que en los momentos en que madre e hija reencontrábanse. La marquesa viajaba frecuentemente, a fin de visitar a su hija, en Provenza, y a su hijo, en Bretaña, y recorrer sus diferentes propiedades, las que administraba personalmente con competencia y habilidad.

Todos los personajes más conocidos del siglo XVII, políticos, escritores, sabios y damas de la aristocracia, nos han dejado cartas, pero sólo la marquesa de Sevigné ha pasado a la posteridad en razón de su correspondencia, sin que aquellas pocas figuras renombradas en este género literario, puedan rivalizar con ella.

Nos han llegado 1.500 cartas, las cuales fueron publicadas en numerosas ocasiones y a través de distintas ediciones. Estas cartas de Madame de Sevigné reflejan admirablemente la vida y la sociedad de su época. La marquesa conoció el ambiente de la corte, pleno de faustos y esplendores, pero también penetrado de infamias.

Así, a través del relato de los hechos históricos o mundanos, vieron la luz los secretos mezquinos o escandalosos, las rivalidades y los odios de la alta sociedad de ese tiempo. La marquesa trataba familiarmente a los personajes más conocidos de Francia, y es por ello que sus cartas refieren, con espíritu de observación  psicológica profundidad, todo lo que concierne a estas figuras y a los acontecimientos de aquel mundo aristocrático.

En una época en que la conversación brillante constituía uno de los pasatiempos más apreciados de la vida mundana, ella escribe en la misma forma que habla. Así, en las cartas a su hija, que constituyen la mayor parte de su correspondencia, y en otras dirigidas a los amigos que vivían lejos de París, relata con soltura todo lo que puede interesar vivamente a sus destinatarios, o lo que puede permitirles estar al tanto de los acontecimientos.

La sólida cultura de Madame de Sevigné se revela en los juicios y citas que aparecen en sus cartas, expresados siempre sin evidenciar pedantería; guarda en todo momento un tono espiritual y alegre. Las Cartas constituyen un testimonio histórico y sincero de su época.

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En una de sus cartas más espirituales, Madame de Sevigné relata la muerte de Vatel, mayordomo del castillo de Conde. Para celebrar la llegada al castillo de Luis XIV y su séquito se preparó un banquete suntuoso, pero los invitados fueron más numerosos de lo previsto. Todos hicieron honor a las viandas, pero el asado no fue suficiente. Al día siguiente ocurrió lo mismo con el pescado. Vatel creyóse culpable de todas estas vicisitudes, y se suicidó.

Los hechos y los personajes, ya sean presentados bajo un aspecto favorable o desfavorable, son tratados siempre con una indulgencia sonriente, puesto que la marquesa, aun cuando evita la crítica mal intencionada, dista de ser una ingenua.

La crónica mundana, plena de vivacidad, alterna siempre con simples reseñas que tienen por tema la vida familiar o la vida campestre, junto con brillantes observaciones sobre la naturaleza.

En otras cartas se puede apreciar mayor profundidad, una real nobleza de espíritu y su sentido religioso de la vida. Estas cartas son una especie de retrato de la misma marquesa: espiritual y alegre, culta y segura de sus juicios, que mantiene aun cuando sus amigos caigan en desgracia frente al rey. Son bien conocidas las cartas en las que refiere detalladamente el proceso  del ministro Fouquet, acusado y; encarcelado por malversar bienes del Estado. Estos relatos fieles y precisos valieron a Madame de Sevigné la denominación de bella antecesora de los cronistas modernos”.

La ilustre escritora no fue, evidentemente, una mujer tierna ni sentimental, y se la ha reprochado asimismo su falta de piedad, porque con la indiferencia propia de su tiempo y ambiente describe, con un desapego que llega al cinismo, las aventuras y sufrimientos de las otras clases. Se le criticó también haber escrito con demasiado preciosismo, es decir, haber complicado su prosa, buscando efectos. Ella controló su estilo, sin lugar a dudas, pero algunos recursos, aun cuando fueron artificiales, no pierden por ello su aparente espontaneidad en el seno del relato.

Todavía en nuestros días, después de transcurrir dos tres siglos, la voz de esta mujer simpática y espiritual parece querer surgir de las páginas de sus cartas con toda alegría y vivacidad, haciendo revivir personajes y acontecimientos que el tiempo, sin ella, habría indudablemente borrado para siempre.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía de Madame de Sevigne

 

Biografía de Alfonso de Lamartine Poeta del Romanticismo

Biografía de Lamartine Alfonso de

Alfonso de Lamartine (1790-1869), poeta, hombre de letras y político francés, que figura entre los principales representantes del romanticismo. Lamartine nació el 21 de octubre de 1790, en Mâcon. Su padre era oficial del Ejército. Lamartine defendió la restauración de los Borbones en 1814, y fue nombrado secretario de la embajada francesa en Nápoles por Luis XVIII. Como político y durante más de catorce años, cada vez que subía a la tribuna de la Cámara de Diputados, Lamartine era apasionadamente aplaudido por sus colegas, a quienes transportaba con su vehemente elocuencia. No es frecuente ente historia hallar reunidas en un solo hombre las cualidades  del poeta y del hombre de Estado.

El 21 de octubre de 1790, durante la Revolución, nació en la pequeña ciudad de Macón uno de los más grandes poetas del siglo XIX: Alfonso Luis María de Lamartine. Poco tiempo después su madre lo llevó a una propiedad de la familia situada en Milly, y se encargó de darle los primeros elementos de su educación. Más tarde, Lamartine concurrió al colegio de Lyón y terminó sus estudios clásicos en el colegio de Belley.

Lamartine Alfonso

Cuando Napoleón abdicó en Fontainebleau, Alfonso de Lamartine, que siempre había estado contra el emperador, se enroló en la Guardia. Podía finalmente servir a la dinastía de los Barbones, a la cual había permanecido fiel. Durante los Cien Días vivió retirado en Suiza y en Saboya, y sirvió de nuevo en la Guardia en 1815, abandonando al año siguiente esta carrera.

Vivió en Milly desde 1809 a 1811, y allí tuvo la revelación de su vocación poética al contemplar la naturaleza, la vida simple de los campesinos y la serenidad de un universo donde todas las preocupaciones parecían olvidarse rápidamente; allí también formaría su carácter en el cultivo de las meditaciones. En 1811 hizo su primer viaje a Italia, visitando Florencia, Roma, Nápoles, y en esta última ciudad, tan alabada por la incomparable belleza de su mar, su cielo y su costa, conoció a la que sería el principal personaje de su novela Graziella.

La campaña francesa de 1814 lo sorprendió en Francia. Habiendo escapado, por ser todavía un niño, de la matanza que la Revolución hizo entre los nobles, anclóse cada vez más en la idea monárquica y abrigó un odio tenaz hacia Napoleón, considerándolo el usurpador del trono de los Borbones. Esto lo llevó a enrolarse en la Guardia, para servir a su rey, cuando Napoleón resignóse a abdicar en Fontainebleau; al regreso de éste, evadido de la isla de Elba, se refugió durante un tiempo en Macón, y luego en Milly, donde permaneció los primeros años de la Restauración, trabajando en las Meditaciones, que serían publicadas en 1820 y conocerían un éxito definitivo.

Bien visto por los escritores de moda en esa época —Chateaubriand, Béranger, Nodier y Vigny— y también por la crítica, Lamartine, unido en matrimonio a una inglesa protestante, fue nombrado secretario de embajada en Ñapóles, de donde pasaría, con la

misma función, a Toscana. Durante su larga estada en Florencia fue protagonista de un grave incidente por haber escrito que Italia “era una tierra de muertos”, expresión inspirada tal vez por su admiración a la Roma antigua, en contraste con la mediocridad ofrecida a sus ojos.

El coronel italiano Pepe lo retó a duelo, y en el encuentro, que tuvo lugar el 19 de febrero de 1826, lo hirió en una mano. Los adversarios se reconciliaron luego, en una gran manifestación de estima recíproca. Tres años más tarde, y ya de regreso en Francia, Lamartine ingresó en la Academia Francesa, ocupando el sillón del conde Pedro Bruno Daru.

Al año siguiente publicó Armonías poéticas y religiosas, e inmediatamente después de la revolución de julio, el rey Luis Felipe quiso nombrarlo ministro plenipotenciario en Grecia; pero Lamartine rechazó el cargo, pues estaba decidido a guardar fidelidad a Carlos X y además no tenía en mucha estima al nuevo soberano.

Retiróse entonces de la carrera diplomática para tentar suerte en la política: pero habiendo presentado su candidatura en Dunkerque, no fue elegido. Para consolarse de este fracaso emprendió un viaje a Oriente. Este crucero lo condujo a los puertos de Grecia, Siria y Turquía, pero el hechizo del viaje fue roto por la muerte de su pequeña hija Julia, de apenas 10 años de edad.

Al desembarcar en Francia recibió la noticia de que los electores de Bergues lo habían hecho su diputado. Los representó hasta 1839, y desde ese año hasta 1848 figuró en la Asamblea en nombre de Macón, su ciudad natal.

Presentóse en la tribuna como demócrata conservador, y se impuso por su incomparable elocuencia. En 1847 publicó Historia de los girondinos, que si bien no posee actualmente más que un relativo valor histórico no deja de ser por ello una obra maestra de la prosa francesa; este libro contribuyó a la caída de la monarquía de julio, a la cual odiaba Lamartine casi tanto como a Napoleón.

Luego de la partida de Luis Felipe colocóse nuevamente de parte de la monarquía legitimista, pero más tarde aceptó la república como un hecho ineluctable, y fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. El 25 de febrero de 1848 impasible ante una marea tumultuosa y amenazante de republicanos, pronunció su célebre discurso en homenaje a la bandera tricolor, haciéndola aclamar por la multitud que traía el pabellón rojo.

Fue miembro del gobierno provisional, en el que se hizo cargo de la cartera de Relaciones Exteriores, y fue elegido por diez departamentos como representante en la Asamblea Constituyente (4 de mayo), optando por el del Sena. Al año siguiente sólo resultó electo por el de Loiret. Luego del golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte (2 de diciembre de 1851) se retiró a la vida privada.

Tenía 61 años, y de su gran fortuna ya nada conservaba, pues había sido un hombre extremadamente pródigo. Tuvo que volver a trabajar para poder vivir, y de esa necesidad nacieron Historia de la Revolución de 184S, Historia de los Constituyentes, Historia de la Restauración, Historia de Turquía, Historia de Rusia, aunque todos esos libros no habrían bastado para asegurarle una existencia desahogada si el cuerpo legislativo no le hubiera acordado una renta vitalicia en 1867. Pero no la recibió mucho tiempo: el 28 de febrero de 1869 las campanas de París doblaban por Alfonso de Lamartine con lúgubre lentitud.

Poeta, novelista, historiador, diplomático, hombre de Estado, fue persona de actividad multiforme, ejemplo admirable de artista ecléctico y ciudadano ejemplar. Pero sobre todo fue, como escribió Gustavo Lanson, un gran poeta, el más natural de los poetas, el más poeta si la poesía es esencialmente un sentimiento.

Las Meditaciones poéticas (1820), su primera obra, surgieron del profundo dolor, despertado por la muerte de la mujer que había amado en su juventud: un valle querido, el otoño, el lago donde soñara con el ser amado, le inspiraron acentos de inefable melancolía. En la batalla librada por los románticos contra el clasicismo que parecía renacer, esta obra aportó una contribución decisiva a la victoria de los que eran llamados “modernos”.

Tres años más tarde, las Nuevas meditaciones poéticas conocieron un éxito más modesto, pues carecían de aquella línea melódica que había sido el principal encanto de la primera obra. Sin embargo, aunque no siempre se igualen a las precedentes, algunas poesías del nuevo libro, entre ellas El crucifijo, continúan siendo consideradas preciados trozos de antología.

La muerte de Sócrates (1823) no obtuvo la misma resonancia; es, sin embargo, un bello pequeño poe: ma a través del cual el autor quiso presentar al gran filósofo griego como un precursor del cristianismo. Publicó seguidamente Ultimo canto del peregrinaje de Harold, homenaje a Lord Byron, cuyo héroe adoptó.

Bajo el título de Armonías poéticas y religiosas aparecieron en 1830 poemas entre los cuales se hallan sus obras maestras más acabadas. El crítico Sainte-Beuve reconoció en gran número de esos himnos tiernas y melodiosas plegarias donde los colores de la naturaleza y los encantamientos de la poesía prestan su atractivo a la expresión de la fe.

La vida política intensa apartaría al poeta durante muchos años de la publicación de nuevas obras; pero en 1836 apareció Jocelyn, gracioso idilio que lleva las huellas de un candido optimismo, y dos años más tarde, La caída de un ángel, poema filosófico en el que alternan admirables escenas pastorales con sombríos episodios; son —siempre citando a Lanson— como dos fragmentos de una inmensa epopeya espiritualista sobre el destino humano.

En 1839 una acogida entusiasta fue brindada a Recogimientos poéticos, que sin alcanzar la altura de las Meditaciones prueban que la inspiración del poeta romántico  estaba lejos  de  agotarse.

Después de esta obra calló, sin embargo, durante diez años, y recién en 1849, cuando conducía fogosamente sus campañas políticas y se encontraba en una crítica situación financiera, publicó las Confidencias, volumen de recuerdos que, en una prosa musical, evocan su infancia y su juventud. El tiempo de su edad madura está contenido en la novela biográfica que se inserta en las Confidencias y lleva por título Rafael. Luego aparecen las Nuevas confidencias, en las que Lamartine traza el retrato de los principales personajes literarios y políticos de su época.

José de Maistre y Rene de Chateaubriand, Madame de Staél y Carlos Mauricio Talleyrand se destacan entre todos. En 1852 dio a conocer Graziella, relato en parte autobiográfico, cuya heroína es la hija de un pescador de Mergellina, a la cual conociera durante su primer viaje a Italia. Flaubert no vio en ella sino una obra mediocre, aun cuando fuera —decía cruelmente— lo mejor que Lamartine había escrito en prosa.

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Para aliviar su inquietud financiera se abrió una suscripción pública con escasos resultados, y entonces el cuerpo legislativo votó en su favor la renta vitalicia de un capital de 500.000 francos. Una delegación se presentó en la casa del poeta, que contaba casi 80 años, para llevarle la buena noticia.

Fuera de su actividad en el dominio de la novela, el relato y la poesía, Lamartine nos dejó una Historia de los girondinos que le costó muchos años de búsqueda y de trabajo.

En esta obra, que fue publicada en 1847 y, como ya dijimos, ejerció una gran influencia sobre la Revolución, se hallan vigorosamente descriptos los personajes de Roland, Vergniaud, Brissot, Condorcet, Petión, y los de todos los otros grandes girondinos que fueron víctimas del terror. He aquí el comentario de Lanson sobre esta crónica histórica: “La Historia de los girondinos, tan poco histórica, cálida de elocuencia, iluminada por retratos prestigiosos, llena las almas de un vago y poderoso entusiasmo revolucionario…”

Y ése era el propósito del poeta que detestara siempre a Napoleón y al hijo de Felipe Igualdad y contemplara con consternación el advenimiento de Napoleón III. Su sueño había sido siempre, una república en la que el hombre no saciara con sangre su sed de poder.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo III Editorial CODEX Biografía de Alfonso de Lamartine

 

Biografía de Puccini Giacomo Operas del Compositor Italiano

Biografía de Puccini Giacomo
Óperas del Compositor Italiano

Giacomo Puccini (1858-1924), compositor italiano, autor de óperas que destacan por su intensa emoción y teatralidad, tierno lirismo, orquestación colorista y rica línea vocal. Sus obras fueron representadas en todos los teatros del mundo, marcó una etapa importante en la evolución de la ópera italiana; su aporte consistió en alcanzar el máximo de intensidad dramática en la constante expresión de pasiones y sentimientos. nació el 22 de diciembre de 1858 en Lucca en el seno de una familia de músicos eclesiásticos. Desde el siglo XVIII todos los Puccini fueron organistas y maestros de capilla en la iglesia de San Martino de esta ciudad.

giacomo puccini compositor italiano

Giacomo Puccini

Corre el año 1858. Miguel Puccini, profesor de música del instituto Pacini, en Luca, y padre ya de cuatro niñas, espera un nuevo nacimiento. Por fin, llega Giacomo, el hijo varón ansiosamente deseado. Luego de éste, su mujer Albina Maggi le dio dos hijos más.

Escasa es la edad de los pequeños cuando muere el padre, y la madre, de sólo 33 años, debe hacer frente a la difícil situación.

Giacomo, como muchos otros hombres célebres, no evidenció durante su infancia ninguna de las cualidades que harían de él uno los más grandes artistas del mundo. Su madre logró hacerlo entrar en el seminario de San Miguel y luego en el de San Martín, pero sus esfuerzos no fueron recompensados; el niño era rebelde, se escapaba de la escuela y cometía toda clase de travesuras.

Intervino entontes el tío Maggi, hermano de la madre, quien, pensando que el pequeño podría haber heredado las aptitudes musicales del padre, le llevó a las iglesias y le hizo cantar allí las partes de contralto. Pero esas aptitudes no se pusieron de manifiesto, y el tío Maggi, desanimado, declaró a su hermana que el niño no poseía ninguna de las virtudes que eran necesarias para ser músico.

Esto entristeció profundamente a la señora Puccini, pues la costumbre había establecido que fueran músicos todos los que nacían en esa familia. Es sin duda por esta razón que persistió en su empeño, y condujo a Giacomo ante el compositor Angeloni, solicitándole que hiciera entrar a su hijo en el instituto musical para que allí aprendiera a tocar el órgano.

puccini tocando el piano

De pronto nació en él el gusto por la música. El maestro Angeloni contribuyó grandemente a ello. Supo ganar la confianza del niño y ayudarle a descubrir su verdadero camino. La reina Margarita le acordó, durante un año, la pensión gratuita en el conservatorio de Milán. Giacomo no tardó en merecer la admiración de sus profesores Bazzini y Ponchielli, quienes representaron en su carrera un apoyo muy valioso, antes de su regreso a Luca. El vacilante alumno empezaba a componer.

Angeloni era un cazador apasionado, y fue precisamente llevando al niño a cazar cómo ganó la confianza y la estima de éste. Juntos solían conversar sobre diversos temas, y entre ellos, sin duda, sobre óperas. Lo cierto es que de pronto Giacomo se sintió atraído hacia el maravilloso mundo de la música. Pensó en seguida que él sería capaz de crear nuevas armonías y que la gloria del teatro recompensaría sus afanes.

Una noche, luego de asistir en Pisa a una representación de Aída, y ya firmemente decidido a hacerse compositor, pidió a su madre que le enviase al conservatorio de Milán. Ésta aceptó la idea con inmenso júbilo y se dispuso valientemente a enfrentar las dificultades económicas que se oponían a la realización de tan hermoso proyecto.

Agotados todos los recursos, resolvió dirigirse a la reina Margarita, y esta audacia, inspirada en su amor maternal, dio sus frutos, pues obtuvo para su hijo la pensión gratuita, por un año, en el conservatorio de Milán. Giacomo partió lleno de entusiasmo y con profunda fe en el porvenir.

En el conservatorio, Puccini realizó brillantes estudios, y sus maestros, Bazzini y Ponchielli, le testimoniaron particular admiración. Triunfante salió del conservatorio de Milán y regresó a Luca.

El futuro compositor contaba con el apoyo de su buen maestro Ponchielli, quien, con gran diplomacia, consiguió que el poeta Fontana escribiera un libreto para su joven alumno. Éste se proponía enviar una ópera al concurso del Teatro Ilustre de Sonzogno.

En posesión del libreto, Giacomo se consagró por entero a la composición de la música. Así nació Le Villi. El jurado ante el cual fuera presentada rechazó la obra, no por considerarla mala, sino más bien porque no había logrado descifrarla. Puccini, en su apuro, había escrito la música de manera casi ilegible.

Empero, esta derrota le causó profunda pena. Fontana, transformado en su gran amigo, lo condujo, con el ánimo de reconfortarlo, a una recepción de la que participaban ilustres músicos, como Arrigo Boito (el autor de Mefistófeles) y el crítico musical Marco Scala.

Requerido por la concurrencia, Puccini se sentó al piano y tocó Le Villi; puso tanto ardor y tanta violencia en la ejecución, que su música maravilló a los invitados, a tal punto que el mismo Boito abrió una suscripción entre los admiradores del joven músico para que su ópera fuera representada en el teatro Dal Verna, de Milán. Según hacen constar sus biógrafos, en la noche del estreno el compositor sólo poseía 40 céntimos; pero al día siguiente el editor Ricordi le ofreció por su partitura 2.000 liras.

Del éxito de esta representación, efectuada el 31 de mayo de 1884, tenemos una prueba incontestable: el telegrama que el mismo Puccini enviara a su madre y cuyo texto era el siguiente: “Éxito estruendoso. Dieciocho llamados. Repetido tres veces final del primer acto.”

puccini compositor italiano

Su primera ópera, Le Villi, presentada en un concurso de la casa Sonragno, fue rechazada por el jurado, pero el libretista Fontana condujo al músico a una recepción donde se encontraban Arrigo Boito y el crítico musical Marco Scala. Allí Puccini tocó al piano su obra y suscitó un entusiasmo general. Gracias a esta intervención y a la de otros amigos, pudo estrenarse la citada ópera en el teatro Dal Verna de Milán, obteniendo un éxito franco, y más tarde fue cantada en muchos teatros de Italia, Austria, Rusia y América latina,  olvidándose que el jurado la había rechazado al ser presentada.

Pero mientras Giacomo Puccini cosechaba sus primeros laureles, la vida de su maravillosa madre se extinguía allá, en Luca. Con inmensa congoja alcanza el hijo a recibir el último suspiro de la que fuera su más fiel amiga y confidente.

En busca de olvido abandona su ciudad natal. Cuando, después de un tiempo, retorna a Luca, encuentra allí a Elvira, hermosa dama a quien amó tiernamente y que fue su abnegada compañera. Juntos conocieron épocas penosas, durante las cuales Giacomo debía dar lecciones de piano para poder aumentar sus modestos recursos.

En este tiempo compone Edgar, cuyo fracaso logró empañar un tanto la fama que con Le Villi había empezado a brillar.

Lo que necesitaba Puccini era un buen libreto y, por consiguiente, un buen poeta. Así encontró a Illica y más tarde a Giacosa.

Giacomo Puccini figura entre los numerosos autores que compusieron música para la historia de Manon Lescaut, que ya siete años antes había inspirado a Massenet una encantadora ópera cómica. La heroína del abate Prevost iba a cobrar, en la escena, una nueva vida.

La primera representación, que tuvo lugar en febrero de 1893, constituyó un éxito rotundo. A partir de este momento, la gloria y la fortuna acompañaron a Puccini. Algunos años más tarde éste se instaló con su familia en una pequeña villa, Torre del Lago, a orillas del lago Massaciuccoli, donde había de permanecer hasta el final de sus días.

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Manon Lescaut (primera representación en Turín en 1893): El libreto para el que Puccini escribiera la música ha sido extraído de la célebre novela del abate Prevost, cuya heroína había ya inspirado al maestro francés Massenet la composición de una encantadora ópera cómica. Esta nueva obra de Puccini tuvo un brillante éxito, no tardando en ser representada en los principales teatros del mundo. Tres años después, también en Turín, La Botóme reiteraba el triunfo de Manon.

El paraje era hermoso y la caza abundaba en los alrededores. Esto representaba el ideal para quien era un apasionado cazador y necesitaba en los momentos de trabajo calma y belleza para su inspiración. Allí escribió lá música de La Bohéme, sobre los versos de Illica y Giacosa, inspirados en la célebre novela de Murger.

La Bohéme fue representada en febrero de 1896 en el teatro Real de Turín, donde algunos años antes había triunfado Manon Lescaut. Pero esta vez la crítica fue implacable y le auguró muy corta vida sobre las tablas.

No obstante, Mimí, la frágil bordadora enamorada del poeta, emocionó profundamente al público, que noche tras noche vertía sus lágrimas por la heroína, sin inquietarse del reproche de los censores.

La Bohéme fue presentada en Sicilia; luego cruzó fronteras, atravesó océanos, y fue acogida en todas partes con gran entusiasmo.

Giacomo acompañó a su Mimí a Egipto, Londres y París. Mas la vida de sociedad, las recepciones, no respondían a sus gustos. Añoraba la paz de Torre del Lago, los paseos, el fusil, el cigarrillo entre los labios y, sobre todo, el piano. A su regreso reencontró, además de todo esto, el ansia de componer.

Esta vez su heroína no sería una pobre muchacha soñadora, sino una célebre cantante, la Tosca, quien ama al tenor Mario Cavaradossi. Scarpia, capitán de las guardias romanas, enamorado a su vez de Tosca, pretextando que Mario ha tomado parte en un complot, lo hace detener y condenar a muerte.

La cantante, desesperada, promete a Scarpia renunciar al hombre que ama y consigue para éste un salvoconducto. Una vez el documento en sus manos, mata a Scarpia y corre en busca de Mario, dispuesta a huir con él. Pero llega demasiado tarde, y el pintor es fusilado. Entonces, enloquecida de dolor, Tosca se arroja al Tíber.

A pesar de los diversos comentarios y críticas que este tema provocara, Puccini amaba ya a su criatura y tenía confianza en ella. Llevó pues su obra, sin ninguna modificación, al teatro Costanzi, de Roma, donde se la representó por primera vez el 14 de enero de 1900.

Poco antes de levantarse el telón, un comisario de policía se aproximó a Mugnone, el director de la orquesta, y le ordenó que al menor signo de agitación interrumpiera la ejecución de la ópera para atacar el himno nacional, pues se temía para esa noche el estallido de un atentado anarquista. Terriblemente emocionado, Mugnone subió a su pupitre sin pronunciar palabras sobre lo que le acababan de informar.

Suenan los primeros compases, se levanta el telón, y en seguida un creciente rumor invade la sala. La música se interrumpe, la batuta del director golpea el pupitre y Mugnone se apresta a dar la señal del himno nacional, cuando advierte que la agitación reinante es solamente causada por algunas personas que, llegadas con retraso, molestan a los espectadores, provocando las airadas protestas de éstos. La frente perlada de sudor, Mugnone retoma Tosca desde su primer compás y la conduce brillantemente a la victoria.

Después de Tosca, Puccini compuso Madame Butterfly. Es la dramática historia de una joven japonesa toda gracia y dulzura. Fue representada en 1904 en la Scala de Milán, pero el público se mostró poco entusiasta. Puccini no se dio por vencido, modificó la partitura y la presentó algunos meses más tarde en el teatro Grande de Brescia, donde Madame Butterfly tomó su revancha haciendo llorar a los espectadores.

La fanciulla del West nació gracias a la colaboración de un músico de color, quien llevó a Europa los ritmos del jazz. La obra fue representada con gran pompa en el Metropolitan Opera de Nueva York, en 1910, y alcanzó el éxito esperado.

Terminada esta obra, Puccini atravesó por un oscuro período de absoluta esterilidad; su inspiración parecía agotada, ningún tema le atraía. Hasta que, finalmente, compuso Tabarro, sobre una historia de celos y traición que se desarrollaba a orillas del Sena.

Luego escribió Gianni Schicchi, ópera cómica cuya acción gira en torno al lecho de un falso moribundo que expresa sus últimos deseos. Después vino Sor Angélica, sobre un tema hondamente emotivo.

Puccini alcanza la máxima consagración al ser nombrado senador del reino. Sin embargo, pasa sus días en Torre del Lago, cazando, trabajando y disfrutando de los hermosos paisajes.

En este tiempo comienza a escribir la música para un cuento maravilloso cuya heroína era una bella princesa enamorada de un caballero. Pero una dolencia imprevista le obliga a interrumpir el trabajo y partir para Bruselas, donde, según se hablaba, había un gran cirujano capaz de curar su mal. Puccini, que no creía en la gravedad de su caso, lo comprende, por desgracia, demasiado tarde.

Mas ni aun el sufrimiento logra hacerle perder la esperanza que le acompañó hasta el último momento de su vida, extinguida el 29 de noviembre de 1924. Su cuerpo fue trasladado a Torre del Lago, esa pequeña aldea a la que tanto había amado. Allí reposa ahora. La casa, que permanece tal cual la vio el gran músico en los últimos días, y el piano parecen aguardarlo. Sólo la tinta, en la que tantas veces mojara su pluma para dar al mundo su brillante producción, se ha secado.

Más tarde, el maestro Alfano concluyó la partitura de la última obra en la que Puccini trabajaba antes de morir: La princesa Turandot. En el curso de la primera representación, al llegar al momento preciso en que el compositor debió abandonar su creación, calló bruscamente la orquesta, los espectadores se pusieron de pie y, en el inmenso silencio que llenó la sala, una voz se elevó para decir: “¡Aquí se detuvo Puccini!”.

Cronología de sus Obras

1884 Le Villi
1889 Edgar
1893 Manon Lescaut
1896 La Bohème
1900 Tosca

1904 Madame Butterfly
1910 La fanciulla del West
1917 La rondine
1918 Il trittico (trilogía compuesta por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi)
1926 Turandot (póstuma, completada por Franco Alfano)

 

Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.
Sor Angélica: Habiendo tenido un hijo sin estar casada, Sor Angélica expía su falta en un convento al que sus padres la han obligado a ingresar. Un día, al enterarse de la muerte de su hijo, intenta envenenarse; pero ganada por el remordimiento, suplica a la Virgen Santísima que la salve por el amor de su divino hijo Jesús.

Gianni Schicchi

Gianni Schicchi (primera representación efectuada en Nueva York en el año 1918): Se trata de una pequeña ópera bufa cuyo argumento gira en torno al lecho de un falso moribundo que desea expresar su última voluntad. Como Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.

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La Bólleme: Mimí, bordadora de flores, se enamora de Rodolfo, poeta. Éste renuncia a ella para que la joven se case con un hombre rico. Pero Mimí, cerca de la muerte, vuelve en busca de Rodolfo y, apretando contra sí el manguito que fuera a buscarle uno de sus amigos, muere en la misma buhardilla en que había nacido su primero y grande amor.

puccini compositor

La princesa Turandot: Desea por esposo a un hombre capaz de resolver los más complicados enigmas y que no tema exponer su vida en riesgosas empresas. Esta ópera, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simone, fue olejada incompleta por Puccini y terminada por Alfano, representándose por primera vez en el teatro la Scala de Milán el 2 de mayo de 1926.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Puccini y Sus Óperas

 

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista Pintor Italiano Obra Artistica

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista
Pintor Italiano – Obra Artística

Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770), pintor italiano considerado como el principal maestro de la escuela veneciana y el mejor muralista del estilo rococó.Admirable intérprete de la Venecia del siglo XVIII, Tiépolo buscó, más que la expresión individual, el movimiento en la composición, y trabajó siempre con esa maravillosa facilidad que lo distinguió entre los pintores de frescos.

A comienzos del siglo XVIII, Italia se encuentra desgarrada. Los españoles ocupan el Norte y el Sur, Génova está sometida a la dominación extranjera, en Florencia reinan príncipes temerosos, la grandeza de Roma va camino de extinguirse, el Piamonte se ha armado para defender a los Alpes, cuya barrera no sirve ya para contener la amenaza exterior, y Venecia ha perdido las recientes conquistas de Morosini. El arte mismo se halla en decadencia. El impulso creador de los siglos precedentes se ha debilitado, y ya no hay grandes maestros ni grandes obras.

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La pintura se pierde en los colores sin brillo de los “tenebrosos”, artistas que manifestaron un gusto particular por los tonos oscuros y buscaron los efectos de sombra. ¿Qué será de la pompa decorativa que embelleciera tantos palacios? ¿La gracia que distinguía a las obras del siglo anterior no había dejado ninguna huella?.

La fuerza del arte renace de pronto en Venecia: Benedicto Marcello (1686-1739) se consagrará por sus obras como el Príncipe de la Música, Carlos Goldoni (1707-1793) convertiráse en el Moliere italiano, y Battista Tiépolo hará florecer en su paleta los frescos y vividos colores de los grandes maestros.

Este pintor nació en Venecia, un día de marzo del año 1696, en una casa hoy desaparecida. Su apellido era el mismo do una muy antigua familia patricia veneciana, y más adelante, para distinguir al joven, hijo de un simple capitán de navio mercante, se lo llamó, entre irónica y afectuosamente, Tiepoletto.

De su madre se conoce casi únicamente el nombre de pila, Ürsula, pero se sabe también que fue ella quien lo educó, ya que el padre del niño murió cuando éste contaba un año de edad. La madre advirtió la afición que Battista manifestó tempranamente por la pintura, y lo hizo entrar como aprendiz en el taller de Gregorio Lazzarini, que gozaba en Venecia de una gran reputación.

Tiépolo fue un artista de vigoroso talento, apasionado por la pintura de líneas firmes y precisas. En la Venecia del siglo xvm, irreflexiva, espiritual, refinada en su gusto por los placeres, Tiépolo se vio influido por ese ambiente y adaptóse a la época, pero el estilo impetuoso de algunos de sus cuadros no debe hacernos olvidar su verdadera naturaleza, serena, fuerte y llena de sensatez.

El artista se dejaba llevar por su fantasía, pero el hombre prefería la dulzura apacible del hogar. Tiépolo se casó a los 23 años, el 17 de noviembre de 1719, con Cecilia Guardi, hermana del pintor Francisco Guardi, que exaltó frecuentemente en sus lienzos la frivola alegría de Venecia.

De los años de su infancia, hasta la época de su casamiento, muy poco se conoce sobre la existencia de Tiépolo.

deslumbrantes de su talento, en especial los frescos del cielo raso de los Scalzi (destruidos por una granada austríaca ), y en el Palacio Labia, en el de los Dux y en la casa Rezzonico. En el Palacio Labia representó la historia de Antonio y Cleopatra (1757) en una serie de frescos que igualan casi las fastuosas pinturas del Veronés.

En el palacio de los Dux compuso una obra imaginativa, en la que aparece Neptuno depositando a los pies de Venecia los tesoros de las profundidades.

Hasta en la lejana Rusia era conocido su nombre Catalina la Grande le encargó cuatro pequeños frescos destinados a la decoración de una bóveda, y la sociedad culta de Francia admiró profundamente su arte.

Habiendo ofrecido algunos cuadros a Luis XV, éste le retribuyó con regalos de gran valor. Durante el verano de 1750, reclamado de todas partes, se decidió a salir de Italia, con gran disgusto de sus compatriotas, que se veían arrebatar al gran artista por las fortunas extranjeras.

Fue llamado de Alemania, para ir al principado de Wurzburgo, por Carlos Felipe, príncipe obispo de Franconia oriental, con un ofrecimiento de 3.000 florines para el viaje, 21.000 por sus servicios y otros 3.000 como gratificación. Wurzburgo es una hermosa ciudad construida sobre el Meno.

El nuevo obispo, que deseaba establecerse allí en forma suntuosa, había requerido los servicios de Neumann, gran arquitecto de la época, para la edificación de su residencia, y  fue sin duda por consejo de éste que invitó a Tiépolo.

Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

Los artistas italianos eran bien acogidos en Wurzburgo. El tema que se indicó a Tiépolo fue el de las nupcias de Federico Barbarroja con Beatriz de Borgoña, acontecimiento celebrado en el año 1156 y del que la ciudad no había cesado de enorgullecerse. Tiépolo terminó los frescos en dos años, pero tampoco pudo entonces volver a Venecia, pues se le pidió que decorara la fastuosa escalera, donde prodigó la luminosidad de sus colores.

En el centro figura Apolo, y alrededor del Dios del Sol, en un firmamento mitológico, aparecen Neptuno emergiendo de las algas que parecen moverse; Venus, rodeada de palomas y amorcillos; Flora, en un desborde de flores, y Vulcano con sus oscuros cabellos y su torso bronceado. También aquí, como en los frescos del ciclo de Cleopatra, la historia de la antigüedad es interpretada libremente por el pintor, transformándose en un pretexto para el vuelo de la línea y los juegos de luces.

Regresó luego a Venecia, donde permaneció siete años, y en diciembre de 1761 anunció al patricio Tomás José Farzetti su intención de ir a España, desde donde lo llamaba el rey Carlos III. Tiépolo tenía entonces 66 años.

Llamado a Milán por el cardenal Odescalchi, Tiépolo pintó los frescos de la basílica de San Víctor, siendo ayudado por su hijo Domingo, continuador de su obra, a realizar el Cielo de oro.

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Su fama había atravesado las fronteras de su patria. En 1750,  Tiépolo fue requerido desde Wurzburgo, Alemania,  para decorar el suntuoso palacio recién construido y destinado al nuevo obispo del principado, en el que trabajó durante tres años y luego volvió a Venecia.

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Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

El 31 de marzo de 1762 confió a su hijo José María, que era religioso, el cuidado de sus asuntos privados, y con sus otros hijos Domingo y Lorenzo y su amigo José Casina, de Padua, se dirigió a España por vía terrestre. No tenía la intención de permanecer mucho tiempo lejos tarde, de haber tratado así al extraordinario artista, y para testimoniarle su reconocimiento póstumo ordenó que sus cuadros fueran colgados en el lugar de honor de la iglesia de Aranjuez. Pero a la muerte del rey, manos desconocidas los sacaron para substituirlos con obras de Mengs, y los cuadros de Tíépolo, dispersados por toda España, fueron olvidados.

Desde sus comienzos en la pintura, Tiépolo prefirió a los cuadros al óleo los grandes frescos desplegados sobre vastos muros, o en bóvedas generosamente iluminadas. Sus ángeles y sus amorcillos, sus madonas y sus santos, al igual que sus personajes inspirados por la mitología o la vida real, nunca están dispuestos de acuerdo con una disciplina preconcebida, sino que triunfan libremente, en amplios cielos y espacios sin fin.

Los límites del cuadro fueron demasiado rigurosos para este pintor, que hubiera deseado aprisionar al sol en un mural, y en su obra no debe buscarse la complacencia en el estudio de un detalle, una mano, por ejemplo, pues lo principal es el conjunto, que constituye una armónica, infinita suma de acordes, en los cuales se oponen la transparencia y los tonos sombríos, en una permanente renovación de impulsos hacia universos imponderables.

¿Cuáles fueron sus maestros? Todos aquéllos a quienes supo amar y admirar y de los que, sin embargo, se alejó. No hay en él la terrible fantasía del Tintoretto, ni la límpida serenidad del Veronés, ni el poderoso colorido del Tiziano.

Pero diríase que mojaba sus pinceles en la luz, y en sus espacios se respira el aire libre. Su alma rehuía las escenas de dolor, y aun cuando represente el martirio de un santo, es más grande la solemnidad que el sufrimiento, como si se tratara, en realidad, de una ceremonia.

Neptuno obra de tiepolo

Neptuno depositando los tesoros de las profundidades a los pies de Venecia. Palacio de los Dux.

apotiosis tiepolo obra artistica

La apoteosis del almirante Vittor Pisani es uno de los frescos que Giovanni Battista Tiepolo pintó en la villa Pisani, en Italia, entre 1761 y 1762. Representa a Vittor Pisani ascendiendo al paraíso rodeado de ángeles.

Pero, junto a estas pinturas, cuántas damitas graciosas jugando con el abanico, cuántos personajes disfrazados, cuántos alegres gitanos, encontrados probablemente en las calles de Venecia al ir o regresar de alguna fiesta, y que Tiépolo se complacía en observar, captando su aspecto brillante, multicolor, para extraer obras maestras.

El hombre del tricornio negro se agitaba quizá en el tumulto de la ciudad centelleante, y el gondolero fue para él la encarnación siempre renovada del hombre de pueblo veneciano, cuyas canciones repercuten de un palacio a otro, enlazándose sobre las aguas . . .

En sus vastas composiciones campestres hallamos al pintor sereno y reflexivo, que gustaba del trabajo minucioso cuando no estaba apremiado por quienes aguardaban alguna obra suya. Los dibujos de su taller, realizados para su placer personal y clasificados por sus hijos, nos hacen descubrir a un nuevo Tiépolo, el verdadero tal vez, ya que el dibujo es la carta confidencial en la que un artista vuelca su alma.

Con una inquietud febril dominada por la observación, escrutaba atentamente todo cuanto la vida podía ocultarle aún. Tanto los motivos animados como los inanimados lo atraían, y eso es lo que da tanto valor a las obras de sus cartones.

Su talento excepcional no fue comprendido en España, pero el espíritu del vigoroso pintor y aguafuertista habría de revivir en otro artista genial: Francisco de Goya. Cuando sus últimas obras parecían haber sido olvidadas, al igual que su nombre, un hombre se acordó de él. . . y ese hombre valía por todos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I – Juan Bautista TiÉpolo – Editorial CODEX
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

Biografía de Victor Hugo Obra Literaria del Poeta Francés

Biografía de Víctor Hugo
Obra Literaria del Romanticismo Francés

Victor Marie Hugo (1802-1885), poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés cuyas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país. La revelación de Hugo como poeta romántico data de 1929, con la aparición del volumen de poesía Orientales. Con Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835), Voces interiores (1837) y Los rayos y las sombras (1840) se confirma en su tono intimista y meditativo.

El gran poeta nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802; su padre, general del Imperio, lo llevó, siendo muy niño todavía, a Italia y España. Los ojos del pequeño se maravillaron con los espléndidos paisajes y los incomparables monumentos de lá Europa mediterránea. Sus primeras poesías, que aparecieron más tarde bajo el título de Odas y baladas, le valieron el calificativo de “niño sublime”.

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 En 1823 hizo su primera incursión en el campo de la novela con Han de Islandia, y en 1826 publicó Bug Fargal; esta última es la historia de un esclavo negro que se sacrifica por salvar a la joven blanca, a quien ama.

Su actividad de escritor duró sesenta años, es decir, hasta su muerte, ocurrida el 22 de mayo de 1885, y durante todos esos años trabajó sin tregua. La producción de. Víctor Hugo es variadísima: compuso, en efecto, poemas, obras de teatro, novelas, escritos políticos y manifiestos literarios. Le tocó presenciar la gloria de Napoleón y su decadencia, el fin del régimen monárquico, el nacimiento de la Segunda República, el reinado de Napoleón III y la Tercera República.

Víctor Hugo aspiraba a ser el “pensamiento del siglo”, pensamiento este agitado por incesantes problemas. Así, cantó victorias, lloró derrotas y conoció el exilio. Encontramos en sus propias declaraciones la característica de su obra: “Todo lo que está en la naturaleza, está en el arte; el drama resulta de la combinación de lo sublime y de lo grotesco; el drama es la expresión de la época moderna.”

Fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1841, donde se lo acogió con entusiasmo delirante; de la misma manera fue aclamada en 1848 su entrada a la Asamblea Constituyente. El golpe de Estado que colocó a Napoleón III en el trono ele Francia provocó la indignación del poeta, que se constituyó en el enemigo implacable de ese hombre al que consideraba un usurpador. El pueblo entero se conmovió al enterarse que Víctor Hugo había sido proscripto por gritar su rebeldía.

Se estableció primero en Bélgica y luego en La pequeña isla de Jersey, donde publicó en 1852 Napoleón el Chico.

De regreso a París, el 4 de septiembre de 1870, dos días después del desastre de Sedán, fue elegido representante en la Asamblea Constituyente con asiento en Bordeaux.

Seis años más tarde fue nombrado senador a perpetuidad; sin embargo, el viejo titán habría de abandonar su vida política y refugiarse en la soledad, aunque, al igual que el astro al final de su trayectoria, continuaría aún irradiando su magnífico fulgor.

Escribe nuevos poemas y se consagra especialmente a El arte de ser abuelo (1877), donde traduce de manera exquisita el amor que le inspiran sus nietos. Concluye su drama Torquemada, que no pudo ser representado y cuya composición, iniciada cuarenta años antes, había abandonado ante el desaliento que le produjera el fracaso de su obra Los burgraves.

Cuando se difundió la noticia de que su fin estaba próximo, la angustia sacudió el corazón del pueblo entero, tanto amaba al anciano cuva alma estaba “en el centro de todo, como un eco sonoro”. Contra el deseo del poeta de que su entierro fuera modesto, las exequias que se realizaron en su homenaje alcanzaron gran magnificencia. El féretro que encerraba su cuerpo fue expuesto una noche entera bajo el Arco de Triunfo y doce poetas lo velaron.

Víctor Hugo fue grande en todos los géneros literarios. Entre sus libros de poemas citaremos: Las orientales (1829), Las hojas de otoño. Los cantos del crepúsculo (1833), Laces y sombras (1840), Las contemplaciones (1856), la monumental Leyenda délos siglos, cuya primera serie apareció en 1859, La canción de las calles y de los bosques (1865), Los cuatro vientos del espíritu (1881). Pero sus novelas fueron recibidas con mayor entusiasmo por sus contemporáneos. Las principales son: Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862), Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869), Noventa y tres (1872).

Para el teatro escribió Hernani, cuya primera representación significo una terrible batalla entre los antiguos y los modernos: los partidarios del teatro clásico y los románticos, El rey se divierte, Lucrecia, Borgia, Ruy Blas. Su primera obra dramática, Cromwell, fue representada recién en 1856. Víctor Hugo la publicó con el agregado de un prefacio en el que resume todas sus doctrinas literarias.

En toda la obra de Víctor Hugo se pone de manifiesto su amor por los oprimidos, los débiles, su indignación frente a las injusticias sociales; su tema favorito es la lucha de la humanidad contra la tiranía, que representa para el poeta el peor de los males.

La naturaleza fue también fuente de inspiración; la grandiosidad del mar se ve reflejada en Los trabajadores del mar, obra escrita en Jersey, durante el exilio; es la historia de un pescador que enfrenta los mas graves peligros para poner en lugar seguro las máquinas de un navio encallado entre las rocas; lo mueve a ello el amor que siente por la sobrina del propietario de este navio. Pero, cuando luego de terribles aventuras, logra su propósito, se entera de que la joven ama a otro hombre; presa de la desesperación se abandona a la furia de las olas.

La crítica no siempre ha sido benévola con Víctor Hugo; algunos le reprochan su aplastante sonoridad; otros, sin embargo, consideran que la obra del gran escritor contiene páginas de las que puede enorgullecerse no solamente la literatura francesa, sino la humanidad pensante.

Este juicio es aplicable sobre todo a la mayoría de los capítulos que componen su novela más importante, Los miserables, en la que Víctor Hugo ha logrado combinar armoniosamente sus dotes de poeta, novelista e historiador.

El personaje central de esta obra es Jean Valjean, quien por haber cometido un delito insignificante se ve condenado a trabajos forzados. Jean Valjean consigue evadirse de la prisión y encuentra asilo en la casa de un obispo, Monseñor Miriel, hombre este que vive y obra según los principios evangélicos.

La acogida que el santo prelado le dispensa, las dulces palabras que le prodiga y, más aún, las que dirige a los soldados cuando éstos llevan ante su presencia a Jean Valjean, que le había robado dos candelabros de plata, abren un camino de luz en el corazón del condenado.

Éste cambia radicalmente y orienta su espíritu hacia el bien. Escondiéndose bajo  el  seudónimo  de  señor   Magdalena abre una fábrica; es elegido luego alcalde de una pequeña ciudad y gana poco a poco la estima general.

Pero un día, la policía detiene a un pobre idiota y lo arrastra ante los jueces, diciendo que ese desdichado es Jean Valjean. Es entonces cuando el supuesto señor Magdalena, para evitar que se condene a un inocente, decide confesar su verdadera identidad. Lo encierran nuevamente en la prisión y otra vez logra fugarse.

Cambia en esta ocasión su disfraz y recoge a una niñita, para quien llegará a ser ur verdadero padre. El policía Javert no cesa de se guir sus huellas. Un capricho del destino quiere que Jean Valjean salve la vida de su perseguidor;  sin embargo, el condenado cree que esta actitud no impedirá al policía, verdadero monstruo de conciencia profesional, cumplir su cometido. Se equivoca; antes que perder a quien lo ha salvado, Javert se arroja al Sena.

Éste no es sino un resumen muy incompleto de una historia que en realidad reúne varias otras. Al lado de Jean Valjean está Mario, en quien muchos han creído reconocer al autor; otro personaje importante es Gavroche, que simboliza el coraje y el espíritu del chiquillo pobre de París.

En esta obra monumental hay magníficas páginas de historia: Waterloo, las agitadas jornadas del mes de junio de 1832; hay descripciones sorprendentes, como, por ejemplo, la de las alcantarillas de París.

Víctor Hugo fue considerado como el jefe de la escuela romántica y muchos han sido los poetas que recibieron su influencia. Su espíritu inquieto encontraba fácilmente la inspiración, pues todo parecía interesarle.

Se le ha reprochado a menudo el haber prestado a los personajes de sus novelas y de sus dramas una excesiva grandilocuencia, pero lo sublime formaba parte de su naturaleza, y el gigante no podía llevar vestimentas de enano.

Pasajes de sus Obras Literarias:

victor hugo obras literarias

Gwynplaine, el noble raptado por ios gitanos, ha debido soportar de manos de éstos extrañas y horrorosas torturas que han transformado por completo la expresión de su rostro. En la Cámara de los Lores, de la cual es miembro, toma la palabra, y los lores estallan en carcajadas sin poder escucharlo. Este personaje es uno de los más trágicos de la obra de Víctor Hugo.

Una joven gitana, Esmeralda, gana su vida bailando y prediciendo el porvenir. Claudio Frollo, archidiácono de la Catedral, que se consagra a la alquimia, y Quasimodo, un enano deforme, la aman; pero Esmeralda sólo piensa en Feho, el hermoso capitán que la ha salvado de caer en manos del abominable sacerdote. Este la hace acusar de asesinato, y la gitana es condenada a muerte. Quasimodo la oculta en la iglesia; pero Claudio Frollo la encuentra y decide entregarla a una hechicera, quien reconoce en Esmeralda a su propia hija. Su fin está próximo: los guardias la han apresado. Desde lo alto de la Catedral, Claudio Frollo se apresta a presenciar el suplicio, pero surge Quasimodo y lo lanza al vacío. Dos años más tarde se encontrará, en el cementerio de San Lorenzo, el esqueleto del desdichado Quasimodo estrechamente abrazado al de Esmeralda; cuando pretendieron separarlo, quedó convertido en polvo. Este libro resulta pintoresco por las pinturas de la multitud, el lenguaie de los pordioseros y las descripciones del París de antaño. El tema principal es Nuestra Señora de París.

El rey se divierte

El rey se divierte: Los cortesanos de Francisco I sospechan que Triboulet, el bufón, oculta una aventura amorosa, y para desenmascararlo preparan un plan de minuciosa crueldad: lo hacen cómplice del rapio de la joven de quien lo creen enamorado, y que és en realidad su hija Blanca. Triboulet decide vengarse y va en busca de un espadachín para que éste dé muerte a un hombre cuyo verdadero nombre calla. Éste hombre es el rey. Pero Blanca salvará al soberano, vistiendo ropas masculinas y dejándose matar en, su lugar.

Hernani: La acción se desarrolla en España. Doña Sol ama a Hernani, el apuesto desterrado; pero su tío, Don Ruy Gómez aspira a casarse con ella. Por otra parte, el rey Don Carlos está también enamorado de la joven, y la hará raptar. La vida de Hernani está en las manos del anciano, quien decide acordarle una tregua si el joven le ayuda a salvar a su sobrina. Hernani promete, a su vez, que en el mismo momento en que llegue a sus oídos el sonido del cuerno que Don Ruy Gómez habrá de tocar, él se dará muerte. Don Carlos, llegado a emperador, se muestra magnánimo: indulta al proscripto y le permite casarse con Doña Sol. Pero la noche de las bodas suena el cuerno de Don Ruy Gómez. Hernani cumplirá su promesa, Doña Sol sigue los pasos de su amado y el anciano acabará también por quitarse la vida. Esta obra al año siguiente de su estreno obtuvo 45 representaciones y luego fue una obra de repertorio en todos los teatros de Europa, por la riqueza de la forma, la brillantez del estilo y la abundancia de las imágenes verdaderamante poéticas.

Cromwell: El héroe de la revolución inglesa, que ha alcanzado la cumbre del poder, ansia ceñir la corona real. El Parlamento y la ciudad de Londres están dispuestos a ofrecérsela, con lo cual verá colmados sus más caros deseos. Pero, hábilmente disfrazado de centinela, llega a saber que los monárquicos y los republicanos traman un complot contra el futuro rey. Dando pruebas de gran tacto, en el momento de la ceremonia rechaza la corona, y este gesto llena de admiración a sus mismos enemigos.

Fuente Consulatada
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Biografía de Víctor Hugo

Escritores Españoles Del Siglo XVII:Gracián Baltasar Tirso Molina

Breves Biografías de Escritores Españoles
Baltasar Gracián, Tirso Molina , Calderón de la Barca y Otros

La poesía vive en el siglo XVII una época de máximo esplendor, con gran variedad de temas tonos y estilos. Los poetas barrocos toman como modelo a los autores renacentistas También buscan inspiración en la literatura popular. Los tres grandes autores de la poesía barroca son Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo.

Durante el siglo XVII se publican numerosas novelas picarescas, que en una medida u otra siguen el modelo del Lazarillo de Tormes, Destacan el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y el Buscón, de Francisco de Quevedo. Junto a ellas, la prosa de ficción desarrolla otros géneros, como la novela corta y los relatos lucianescos y costumbristas.

Florece también en esta época la prosa didáctica y moralizante, con obras como El Criticón, de Baltasar Gracián, en las que se refleja el tono de desconfianza propio del Barroco.

El gran teatro clásico de la literatura española se forma en el Barroco. Su creador fue Lope de Vega, quien supo dar con una fórmula teatral la llamada comedia nacionalque satisfizo los gustos del público. Otros grandes de los dramaturgos importantes de la época fueron Pedro Calderón de la Barca, autor de dramas filosóficos y principal cultivador del auto sacramental, y Gabriel Téllez alias  “Tirso de Molina”.

Los lugares fundamentales para a representación durante el Barroco fueron los corrales de comedías, las cortes de reyes y nobles y las plazas públicas. El desarrollo del teatro supuso un fenómeno social importante, puesto que se convirtió en el principal entretenimiento de la época. Esto ocasionó también la expansión del fenómeno teatral como un negocio la profesionallzación de las personas que intervenían en este espectáculo.

Baltasar Gracián — Este gran pensador nació en Belmonte, cerca de Calatayud, el 5 de enero de 1601 y murió en Tarazona el 6 de diciembre de 1658. Perteneció a la Compañía de Jesús y fue rector del Colegio de dicha Orden en Tarragona, donde explicó humanidades, filosofía y teología.

Baltasar Gracian

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, frase conceptista por excelencia, corresponde al escritor Baltasar Gracián. Sagaz escrutador de lo humano, llegó a igualar a los grandes maestros de la sátira con El criticón. Este fragmento pertenece a esta obra, considerada la más representativa de la novela alegórica española.

Había formado parte, como capellán castrense, del ejército del marqués de Leganés en la guerra de Cataluña, en tiempos de Felipe IV. Su obra más famosa es El Criticón, que publicó sin consentimiento de* sus superiores, por lo que fue amonestado, pero dos años más tarde (1653) apareció la segunda parte, titulada Juiciosa cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad, autorizada por Lorenzo Gracián, hermano de Baltasar y de estado seglar.

Por este motivo se le sancionó nuevamente, prohibiéndosele que publicara más libros. Mas en 1657 y también firmada por Lorenzo, salió a la luz la tercera parte llamada En el invierno de la vejez, por lo que Baltasar fue castigado con reprensión ante la comunidad, ayuno a pan y agua, y privado de su cátedra. Se le relegó al Colegio de Graus y después al de Tarazona, donde murió al poco tiempo.

Gracián era un moralista sagaz y profundo. Su estilo era conciso y enjundioso. Sus obras principales, además de las reseñadas fueron El Héroe, Agudeza y Arte de Ingenio y El discreto. Olvidado pronto, fue exhumada su obra por Schopenhauer. Su nombre figura en el Catálogo de Autoridades de la Lengua, publicado por la Real Academia Española.

Sus Obras Literarias Mas Importantes

  • El Criticón (1651)
  • El Discreto (1646)
  • Oráculo manual y arte de prudencia (1647)
  • Agudeza y arte de ingenio (1648)
  • El Héroe (1637)
  • El Político (1640)

Frases Famosas de Baltasar Garcián:

Saber y saberlo demostrar es saber dos veces.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Donde acaba el deseo comienza el temor.

Las serpientes son las maestras de toda sagacidad: ellas nos muestran el camino de la prudencia.

Pon un gramo de audacia en todo lo que hagas.

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Fray Gabriel Téllez, «Tirso de Molina». — Nació en Madrid en octubre de 1571 y murió en Soria el 12 de marzo de 1648. Fue fraile de la Merced, predicador, maestro en Teología y excelente y fecundo autor dramático (influído por Lope de Vega). Sus primeros estudios los hizo en el Colegio de la Orden de Madrid y después en Alcalá de Henares.”Tirso Molina” es su seudónimo.

Tellez Molina Escritor Español

Lo culto y lo popular se combinan perfectamente con la acción en las comedias de Tirso de Molina, uno de los comediógrafos más reconocidos del siglo de oro español. La ilustración es un retrato anónimo del siglo XVII que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (España).

Residió en Guadalajara y Toledo, y en 1616 se embarcó para América; estuvo unos dos años en Santo Domingo y retornó a España; pasó a Toledo, su residencia habitual, y vivió luego una larga temporada en Madrid, donde frecuentó el trato de Lope de Vega, continuando los rumbos trazados por el Fénix de los Ingenios y mejorando la escena.

La bibliografía teatral de Tirso de Molina (pues tal era el seudónimo que usaba) es abundante y no toda se conserva. Sus producciones más célebres son El Burlador de Sevilla o El Convidado de piedra, escrito sobre una leyenda que debió conocer en Sevilla, El vergonzoso en Talado, La prudencia en la mujer y El condenado por desconfiado.

Fue autor de fértil imaginación y ameno y desenfadado estilo. Sus andanzas literarias y teatrales le produjeron algunas mortificaciones a instigación de sus enemigos, llegando en una ocasión a ser alejado de la corte, con indicación de que dejara de escribir para  el teatro.

Sus Obras Literarias Importantes:

  • El vergonzoso en palacio (1611)
  • Marta la piadosa (1614)
  • El condenado por desconfiado (1615)
  • El burlador de Sevilla (1620)
  • Desde Toledo a Madrid (1626)
  • Deleitar aprovechando (1635)

Frases Famosas de Tirso Molina:

A una verdad, le añaden muchos ceros.

En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar.

Quien a ser traidor se inclina, tarde volverá en su acuerdo.

El traidor es traidor porque es cobarde.

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Pedro Calderón de la Barca. —Este gran poeta y autor dramático nació en Madrid el 17 de enero de 1600 y murió en la misma villa el 25 de mayo de 1681. Estudió en Madrid y Salamanca, llevando una juventud agitada. En 1625 se dedicó a la profesión militar que, según consta, ejerció hasta 1641, perdiéndose su pista en este aspecto desde esa fecha. Durante el sitio de Lérida fue herido y se le otorgo una licencia y pensión vitalicia en 1642.

Calderon de la Barca

El dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) es el máximo representante del auto sacramental, una representación dramática alegórica sobre la Eucaristía, en la que se dramatizan conceptos abstractos de la teología católica convirtiéndolos en personajes, para que al público le resulten más concretos. En escena aparece Dios, la Discreción, la Hermosura y otros entes abstractos. Escribió unos ochenta, entre los más conocidos se encuentra El gran teatro del mundo. Un actor recita un fragmento del conocido monólogo de Segismundo en La vida es sueño.

En 1651 abrazó el estado sacerdotal, pero sin abandonar la producción teatral, aunque se decía que ese era su propósito. Su genio poético alcanzó alta estimación por la elevación de sentimiento y la propiedad de la expresión. Su producción es numerosa, tanto en autos sacramentales como en dramas religiosos y profanos.

Entre éstos los más conocidos y representados son El Alcalde de Zalamea y La vida es sueño, habiendo un auto sacramental de idéntico nombre. Entre los  dramas religiosos citaremos El Príncipe constante.

Los restos de Calderón que, tras de varios traslados, se hallaban depositados en una arqueta en la iglesia de Los Dolores de Madrid, de la que había sido cura el insigne dramaturgo, desaparecieron al ser incendiada dicha iglesia en 1936 por las turbas rojas.

Disfrutó del máximo prestigio en la brillante corte de Felipe IV y su nombre va asociado a la inauguración del palacio del Buen Retiro de Madrid, en 1635, y a numerosas representaciones teatrales palaciegas. El rey le honró otorgándole el hábito de Santiago.

Sus Obras Literarias Importantes:

  • La vida es sueño (1636)
  • El príncipe constante (1629)
  • La dama duende (1629)
  • El médico de su honra (1637)
  • El mágico prodigioso (1637)
  • Amor, honor y poder (1623)

Frases Famosas de Calderón dela Barca:

No hay razón donde hay fuerza.

⊕ Quien vive sin pensar no puede decir que vive.

⊕ El silencio es retórica de amantes.

⊕ Quien daña al saber, homicida es de sí mismo.

⊕ El caer no ha de quitar la gloria del haber subido.

⊕ Es muy propio hablar más el que más teme.

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Fray Félix Lope de Vega Carpió. — Este fecundo autor teatral nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562 y murió en la misma capital el 27 de agosto de 1635. Cervantes, de quien fue contemporáneo, en razón a su fecundidad e inspirada vena poética, le llamaba admirativamente «Monstruo de la Naturaleza».

Lope de Vega Escritor Español

El dramaturgo español y creador del teatro nacional, Lope de Vega (1562-1635), abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó “monstruo de la Naturaleza” con cierta envidia y desprecio aunque también reconoció que había logrado “el cetro de la monarquía teatral”. La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia. Escribió unas 1.500 obras teatrales, muchas de ellas perdidas, entre las que se encuentran auténticas joyas de la literatura universal como El caballero de Olmedo. El fragmento leído corresponde al final del acto III, cuando Tello encuentra a su señor moribundo.

Aparte de sus indiscutibles méritos como autor y poeta, resaltaba entre sus facultades la facilidad y rapidez en la composición de piezas teatrales. Es conocidísimo el pareado que él mismo compuso alusivo a la fecundidad de su producción: «Y más. de ciento, en horas veinticuatro — pasaron de las Musas al teatro».

Autor fecundísimo, Lope de Vega (1562-1635) caló en el espíritu popular con obras que perduran por su fuerza dramática, el estilo elegante y puro, y la perfección técnica.

Sus obras son numerosas (se aproxima su cifra a las 2.000 y se han impreso de ellas unas 300 o más). La inspiración que las anima, la gracia, el ingenio, la fina observación, lo oportuno y ajustado de su diálogo, han hecho de la ingente obra de este poeta dramático una inagotable cantera de donde han tomado materiales muchísimos literatos y autores. Es muy difícil señalar calidades en las obras teatrales de Lope de Vega, dado el gran número de las que se representaron y el mayor aún de las que se han publicado.

Escribió también autos sacramentales, en gran número, y romances pastoriles; pero su celebridad la debe exclusivamente a su obra teatral. La vida de Lope fue agitada y tormentosa. En su juventud fue soldado de las galeras en una ocasión, y tripulante del navio San Juan en la Armada Invencible, en la que hizo la campaña contra Inglaterra.

Fue después procesado y .condenado por difamación; tuvo muchas aventuras amorosas que le dieron no poca descendencia ilegítima y, finalmente, ingresó en la Congregación de la Orden Tercera de San Francisco y desempeñó cargos en la Curia eclesiástica, pero sin enmendar su conducta, a pesar de cuyos antecedentes y del espíritu de la época, alcanzó gran consideración porque su genio teatral y literario eclipsaba sus tachas morales. Sus restos, al igual que los de Cervantes,  también   se  han  perdido.

Sus Obras Literarias Importantes:

  • El caballero de Olmedo (1626)
  • La Arcadia (1598)
  • La hermosura de Angélica (1602)
  • El villano en su rincón (1611)
  • La dama boba (1613)
  • El perro del hortelano (1615)

Frases Famosas de Félix Lope de Vega:

⊕ “La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos”.

⊕ “El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida”.

⊕ “No sé la razón de la sinrazón que a mi razón aqueja”.

⊕ “Piezas somos de ajedrez y el loco mundo es la tabla, pero en la talega juntos peones y reyes andan”.

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Luis de Góngora y Argote (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores. Góngora estudió Leyes en la Universidad de Salamanca. El poeta manifiesta tempranamente su vocación literaria y, aunque comienza su carrera eclesiástica, fue conocida su afición por cuestiones mundanas como el juego, que le ocasionó dificultades económicas.

luis de góndora

Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su muerte y llegara aún a nuestros días. Sus críticos mas famosos fueron Lope de Vega y Quevedo.

Estuvo relacionado con la corte, tanto en Valladolid como en Madrid, donde se instala en 1617. Allí convivió con los políticos y escritores más destacados de su tiempo y llegó a gozar en vida de enorme fama. Góngora fue capellán real de Felipe III, gracias a la mediación del duque de Lerma.

Pero la muerte de este, así como la de su amigo el conde de Villamediana, le situaron en una compleja relación con el conde-duque de Olivares. Los últimos años de su vida suponen el debilitamiento de los apoyos políticos y de la protección de la que había gozado en los tiempos del monarca anterior. Este empeoramiento de su situación social se refleja en su obra, en la que se acrecienta el tono desengañado.

Fue el máximo representante del estilo culterano. En su obra se distinguen actualmente dos vertientes: los poemas cultos y los poemas populares.

En su poesía de influencia culta, escrita en su mayoría en arte mayor, usó la métrica de origen italiano y los recursos propios del culteranismo. Se incluyen en esta línea sus sonetos y dos extensos poemas:

La Fábula de Polifemo y Galatea relata la historia mitológica del amor del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea. La ninfa está enamorada de Acis, hijo de un fauno de una ninfa, al que Polifemo mata dejándole caer encima una peña. Los dioses, apiadados, convierten a Acis en río. En esta obra aparece reflejado el contraste barroco entre la belleza y lo monstruoso a través de sus protagonistas.

Las Soledades narran la historia de un joven náufrago que es acogido por unos cabreros . por unos pescadores, lo que le da la oportunidad de conocer el mundo idílico de estos personajes. El propósito de Góngora era escribir cuatro soledades, oero el poema quedó truncado en la segunda. En esta obra se defiende el contacto con la naturaleza y el alejamiento de la ciudad. Sin embargo, esta alabanza de la vida sencilla en la que se centra el tema de la obra contrasta con el tratamiento extremadamente complejo al que Góngora somete el lenguaje. El tópico de! beatus ¡lie ahora menosprecio de corte), que había sido tan común en el Renacimiento, se presenta en esta obra mediante el desequilibrio barroco.

Góngora cultivó además una poesía de influencia popular, como romances y letrillas, que son composiciones sobre temas diversos (moriscos, pastoriles, burlescos, religiosos), en las que utilizó un estilo menos artificioso. Muchos de estos poemas adquieren un tono sátirico y en ellos se caricaturiza a diversos tipos sociales.

Las composiciones escritas en arte menor presentan, en general, un lenguaje más próximo a la estética renacentista, Una de las creaciones más famosas de este tipo es la Fábula de Píramo y Tisbe, compuesta en omance. En ella se narran, en tono burlesco, la historia mitológica de la cita entre Piramo y Tisbe y los equívocos que les llevan a ambos a la muerte. Se manifiesta de nuevo en esta obra el contraste barroco: un tema elevado es tratado en un tono humorístico y con formas populares.

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Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
La Enciclopedia del Estudiante   Tomo N°15 Literatura Española e Hispanoamericana

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas. Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem. Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes. En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios. Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663 Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663 Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670 Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma) Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma) Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma) Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Francisco Quevedo Resumen de su Vida y Obra

Biografía de Francisco Quevedo
Resumen de su Vida y Obra Literaria

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), escritor español, cultivó tanto la prosa como la poesía y es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Uno de los autores más complejos y lleno de matices del barroco español es Francisco de Quevedo y Villegas. Su obra poética forma un conjunto monumental de poesía metafísica, amorosa, satírica, religiosa y moral.

En los últimos tercetos de su soneto Amor constante más allá de la muerte, que aquí recita un actor, se expresa la paradoja del amor, que triunfa más allá de la muerte. El retrato de Quevedo es obra del pintor español Diego Velázquez.

Francisco Quevedo

Este insigne polígrafo español nació en Madrid en septiembre de 1580 y murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) el 8 de septiembre de 1645. Estaba dotado de viva imaginación, fuerte voluntad y clara y precoz inteligencia, a tal extremo que a los cuatro años sabía ya leer correctamente.

Cursó en Valladolid filosofía, artes y teología, disciplina de la que se graduó en Alcalá de Henares. Además de conocer el hebreo, dominaba las- lenguas francesa e italiana a tal punto que en la conversación en cualquiera de las dos últimas hubiera podido confundirse con los naturales de uno y otro país, y en cuanto a las lenguas muertas, podía contender en ellas con los políglotas de su tiempo.

Siguió de cerca el movimiento literario de su época, en lo que no hallaba dificultad, pues podía leer las obras en sus idiomas originales. Por el ambiente en que se crió y educó estaba al tanto de todas las interioridades de la política y de las intrigas cortesanas, cuyo conocimiento le inspiró muchos escritos satíricos. Era además un formidable esgrimidor y de ello dio muestras fehacientes venciendo con la espada al tratadista de esgrima Luis Pacheco de Narváez. Su vida universitaria le hizo conocer el ambiente picaresco tan admirablemente reflejado en El Buscón.

De carácter caballeresco y fogoso dio muerte en duelo en el atrio de una iglesia a un rufián que molestaba a una dama devota, por cuyo lance hubo de huir a Italia, acogiéndose a la protección del duque de Osuna; de allí volvió a España a resultas del lance mentado y después acompañó a Napóles al duque, del que fue secretario, demostrando sus facultades de rectitud e ingenio para el cargo.

Pasó a Venecia en secreta misión informativa y descubierto allí, estuvo a punto de ser ejecutado. Establecióse de nuevo en España, donde a poco sufrió prisión por motivos políticos, siendo recluido en el convento-castillo de los caballeros de Santiago, en Uclés, y después fue trasladado a la Torre de Juan Abad.

Libertado más tarde, hizo vida en la Corte, alcanzando cargos de importancia en Palacio, pero indispuesto con el conde-duque de Olivares a consecuencia de la publicación de un escrito satírico cuya paternidad se atribuyó a Quevedo, sufrió nuevamente prisión y fue encarcelado en el convento de San Marcos de León en condiciones inhumanas.

Allí estuvo cuatro años, siendo libertado después de la muerte del conde-duque. Se trasladó a su Torre de Juan Abad, y de allí a Villanueva de los Infantes, donde le sorprendió la muerte. Había casado a los cincuenta y dos años de edad con una viuda, señora de Cetina, y el matrimonio, que no fue muy feliz, se separó pronto, enviudando Quevedo al poco tiempo. Su obra poética es considerable. Es imposible, en breve reseña, enumerar sus muchos escritos de todo género, pero se consideran El Buscón.

En 1643 liberado de la prisión, ya era un hombre acabado y se retiró a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes, donde el 8 de septiembre de 1645 murió.

Los Sueños y Tolítica de Vios como los mejores. Era un ardiente defensor de la pureza del idioma castellano, censurando los neologismos que injustificadamente se usaban. La fama postuma de este gran escritor y pensador de elevado espíritu nos ha presentado del mismo una versión deformada al considerarlo como una especie de bufón, cultivador del chiste y de la chocarrería.

Si fue satírico y crudo en ocasiones, lo hizo con la intención profunda de buscar por aquel procedimiento el remedio de muchos males que corroían a la sociedad de su época.

En Quevedo subyacen dos extremos, el moralista estoico y preocupado por la decadencia nacional y el satírico burlón vitalista que incluso recurre a la procacidad, al lenguaje jergal y grotesco. La coexistencia de estos dos extremos reafirma no sólo la riqueza literaria de Quevedo sino la de un periodo, el del barroco, que redescubre la posibilidad de los múltiples puntos de vista.

Humor y escepticismo son, al fin y al cabo, dos formas complementarias del pesimismo y de la conciencia de la vanidad de las cosas del mundo, sometido a crisis periódicas y al demoledor paso del tiempo.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

 

 

 

El Arte Negro Africano Características y Ejemplos

El Arte Negro Africano

Actualmente el arte negro se presenta como consecuencia natural de los progresos que durante el siglo XX hicieran en Estados Unidos los negros en todas las actividades culturales: pintura, escultura, música, teatro, poesía, novela. No sólo surgieron pintores y escultores negros de gran talento, sino que acertaron a crear obras genuinamente interpretativas de su raza. Los artistas tratan de llevar a sus cuadros, y parcialmente lo consiguen, algo que sea característico del negro.

En este post se hablará del arte africano, en donde este  arte nos parece extraño, y se debe a que no responde a los criterios artísticos que nos son familiares. La escultura es el terreno en el que mejor se ha expresado el sentido artístico de los negros. Es un arte religioso y estático que en la representación del cuerpo humano respeta muy poco las proporciones. Este arte difiere según las regiones: no tiene edad. Además, es anónimo. Sin embargo, sus múltiples formas despiertan cada vez mayor interés.

Si decimos que en el negro el sentido de la belleza es innato, no caemos en la exageración. Pensemos, por ejemplo, en las danzas en las que participa toda la tribu, en las vasijas de barro y en los tejidos realizados por las mujeres, en los objetos de uso y en los utensilios profusamente decorados. Podemos afirmar que en los pueblos de África el arte es una manifestación colectiva y espontánea.

A pesar de que los pueblos negros conocen la escritura desde hace relativamente poco tiempo, poseen una insospechable abundancia de mitos, leyendas y relatos que han sido transmitidos por tradición oral y que, con frecuencia,   tienen  gran  valor  literario.

Sin embargo, las expresiones del arte negro nos desconciertan e incluso a veces nos chocan. La música africana puede parecemos una cacofonía producida por instrumentos primitivos. Pero si la escuchamos con atención, enseguida nos sentimos subyugados por la riqueza del ritmo. Las danzas difieren bastante de nuestros ballets clásicos, pero esto no impide que pasos y figuras estén definidos con precisión. Tenemos que despojarnos de nuestros hábitos estéticos para penetrar en otro mundo.

El sentido de la belleza de las poblaciones negras se manifiesta de modo especial en la escultura. Un buril y un cuchillo han sido suficientes para que ciertos artistas produjeran obras notables. Los artistas negros trabajan, especialmente, la madera. Existen pocas obras de bronce, piedra o barro cocido.

arte de africa cara de mono

Sus creaciones no responden a nuestros cánones de belleza. Las esculturas africanas son monocromas o policromas, de tonos muy chillones. Las cabezas son enormes, y los brazos y piernas, deformes. No tienen movimiento. Pero en vez de negarles a estas obras toda clase de valor, hemos de intentar comprenderlas. Comprender la técnica del artista: parte de una masa cilindrica, el tronco de árbol, y la rebaja.

A esto se debe que el cuerpo sea recto, la cabeza siga la línea del tronco, los brazos raramente estén despegados del cuerpo y las partes derecha e izquierda sean simétricas. Es sorprendente la fuerza que se desprende de una obra así realizada. Seguidamente se advierte la predilección del escultor negro por la figura humana.

Por lo general,   la  obra  representa  a  un antepasado, por lo tanto, un difunto, que ha entrado en la inmortalidad y que, por consiguiente, es idealizado. Esta visión idealizada incita al artista a presentar una obra estática, de la que está excluido todo movimiento.

Le preocupan muy poco las proporciones; pretende, por el contrario, acentuar lo que le parece importante: la cabeza, por ejemplo, considerada como la sede de la inteligencia y los sentimientos. Algunas veces también acentúa cierto ideal de belleza: cuerpo esbelto, frente alargada, tatuajes.

En el conjunto de la escultura negra se debe reservar un apartado para las máscaras, que tan pronto son de sorprendente realismo como totalmente abstractas.

En un continente tan extenso como África es lógico que las formas de expresión artística difieran de una región a otra. Por otra parte, ésta es una de las características del arte negro. Las técnicas seguidas y la elección de temas y estilos aparecen como constantes propias de una tribu o grupo determinados.

En África meridional existen millares de pinturas y grabados rupestres que tienen muchas semejanzas con los de Lascaux. Pero esta tradición artística se perpetuó hasta el siglo XIX y es imposible establecer la fecha de estas representaciones de antílopes o leones, todas de gran perfección.

En la selva ecuatorial, que se extiende desde Senegal hasta los Grandes Lagos y ocupa, especialmente, la cuenca central, encontramos bellos ejemplares de la estatuaria negra. En cambio, los artesanos de la sabana (bakongos o balubas, por ejemplo) demuestran preferencia por los objetos profusamente adornados, por lo general símbolos del poder: bastones y utensilios de ostentación, sillas con cariátides, copas. Asimismo, en los pueblos de sabana (entre los dongos, mosis…) es donde se encuentran las máscaras más impresionantes.

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Mientras que el arte europeo se subdivide más bien en épocas o períodos, en el arte africano se pueden distinguir regiones que poseen un arte particular. Por lo general,  el  arte negro  no  tiene edad. En efecto, su estudio ha demostrado que una tradición secular ha dejado inmutable el estilo. Sólo en algunos casos excepcionales se ha podido observar cierta evolución y en circunstancias todavía más raras se ha logrado fechar algunas obras. Entre estas excepciones citaremos el arte de Ifé y el del antiguo reino de Benin.

Ambos se hallan situados en la actual Nigeria. Ifé ha producido cabezas de barro cocido y de bronce que se distinguen por su realismo y serenidad. Este arte verdaderamente clásico alcanzó su apogeo en los siglos XII y XIII.

Los artistas de Benin siguieron la escuela de los de Ifé para afirmar su originalidad a fines del siglo XV. Nos han dejado cabezas de marfil y bajorrelieves de bronce finamente trabajados que representan guerreros.

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Una de las características del arte negro es ser anónimo. El artista, como individuo, permanece en segundo plano.

La función de su arte es servir: el objeto de arte es un objeto religioso. Estas pocas explicaciones nos ayudarán a sentirnos en comunión de ideas con los artistas africanos. Por otra parte, desde principios de siglo el arte negro ha influido e incluso modificado ciertas tendencias del arte europeo tanto en el terreno de la pintura como en el de la escultura. Lo ha apoyado en su lucha contra el idealismo académico.

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Por lo que respecta al jazz, forma de expresión musical en su origen auténticamente negra, puede decirse que se ha convertido en un lenguaje musical completamente internacional.

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La misma África descubre la riqueza e impresionante diversidad de su arte en todos los terrenos:  artes plásticas, teatro, poesía, música, etc. En 1966 se celebró en Dakar el primero y gigantesco festival de arte negro, en el que participaron millares de artistas negros que, con este motivo, llegaron de todo el mundo.

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  A fines del siglo XIX, la expansión colonialista de las grandes potencias europeas,, produjo un verdadero aluvión de “objetos” africanos que pasaron a engrosar los fondos de los Museos de Etnología de las grandes capitales del mundo occidental.  Esos objetos eran comprados en África por sumas insignificantes, o simplemente requisados a mansalva; no importaba la calidad, sino la cantidad. Entre ellos destacaban las máscaras y las figuras antropomorfas de madera tallada.

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        Las piezas se almacenaban sin referencia alguna a su lugar de origen, etnia a la que pertenecían, ni a su significado o utilización. Generalmente las figuras eran agrupadas bajo la denominación genérica de “fetiches“, y se las consideraba como utensilios para prácticas de hechicería.  Pero además de las piezas que se acumulaban en los museos, sin despertar mayor interés entre investigadores, antropólogos y museólogos, llegaron también a Europa una gran cantidad de esos objetos por una vía más popular; los traían los soldados y oficiales de los ejércitos coloniales como “souvenirs”, y como prueba de sus hazañas bélicas contra «los salvajes africanos»

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Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis

Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

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José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

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Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
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El Renacimiento Literario en Europa Obras y Representantes

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA LITERATURA EUROPEA EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, corro Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

Aunque a menudo se señala como fecha de iniciación del Renacimiento la caída de la ciudad de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), debemos considerar como solamente didácticos esos hitos trascendentales que, sin negar su importancia histórica, pueden hacer de los procesos culturales  compartimientos estancos.

En verdad, lo que llamamos Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media. Por obra de la confrontación de dos orbes espirituales, se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras. Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos. No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos. Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides “Hécuba” e “Ifigenia en Aulide”. Y, de alguna manera directa o indirecta, los “Adagios” escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio. Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte. En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema “Los Lusiadas”, dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

Italia: Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Francia. Siglo XV: C. Marot, P. de Ronsard y el grupo de la Pléyade, dentro del cual se distinguió Joaquín du Bellay. Siglo XVI: Rabelais y Montajgne. Inglaterra: Precursor (siglo XIV): Geoffrey Chaucer. SigloXV: Thomas More y el “new learning”. Siglo XVI: Conde Surrey, T. Wyatt, Edmundo Spencer y otros poetas del reinado isabelino, F. Sidney, los dramaturgos John Lyly, Christopher Marlow y William Shakespeare, fallecido en el siglo XVII.

Precursores lejanos, pero directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio. Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras “humanas” y no las “divinas” o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión. Tuvieron puestos sus ojos en la Antigüedad grecolatina y fundaron, en la ciudad de Florencia, una Academia Platónica, movimiento que tuvo por abanderados a Marsilio Ficino y Juan Pico de la Mirándola.

Los tres poetas más destacados del Renacimiento literario toscano fueron Lorenzo de Medicis (apodado El Magnífico), Ángel Poliziano y Luis Pulci, autor, éste último, de un poema heroico-burleseo “11 Morgante maggiore”, cuyo protagonista, gigantesco escudero del caballero Rolando, es un anticipo del Sancho cervantino. Casi contemporáneamente, fue escrito el poema “Orlando innamorato”, de Mateo Boyardo y, poco después, la famosa novela pastoril “Arcadia”, de Jacob o Sannazzaro, inspirada en el “Ameto” de Boccaccio, una de las primeras muestras del género.

A esta misma época pertenecen los trabajos del humanista León B. Alberti, polígrafo, matemático, arquitecto y pintor, quien contribuyó al desarrollo de la lengua italiana con sus numerosas obras, entre las cuales merecen recordarse el tratado “Dall’amore” y “Cena di familia”.

También los del fraile dominico Jerónimo Savonarola, quien, después de la caída de los Médicis, gobernó a Florencia durante cuatro años, acerca de lo cual versa una de sus narraciones. Finalmente, Leonardo da Vinci, genio universal, quien en materia literaria legó a la posteridad sus famosos “Manuscritos” y su “Tratado sobre la Pintura”.

maquiaveloYa en el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se destacó como historiador, novelista, poeta y autor teatral, actividades que cultivó a partir de los 35 años de edad, ya retirado de los importantes cargos públicos que tuvo que desempeñar con anterioridad.

Escribió “El arte de la guerra”, “El príncipe” (serie de consejos sobre el arte de gobernar), la “Historia de Florencia”, el “Discurso sobre la primera época de Tito Livio” y la farsa “La Mandragora”.

Ludovico Ariosto (1474-1533), a quien se señala como el segundo gran poeta de Italia (después de Dante), presentó en su “Orlando furioso” una faz burlesca del tema heroico, paralelo al “Orlando enamorado” de Boyardo. Escribió también sátiras y comedias.

Torcuata Tasso (1544-1595), poeta que obedeció al influjo de la Contrarreforma católica, ofreció, en su poema “Jerusalén liberada”, la historia de la Cruzada emprendida por Godofredo de Bouillon, el que liberó, en 1099, la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. Más tarde escribió “Jerusalén conquistada”, segunda parte que, por fría y retórica, resultó menos feliz. También compuso el drama pastoril “Aminta”, en un prólogo y cinco actos.

Otras obras de esta época fueron, en Italia: “II Cortegiano”, de Baltazar Castiglione, espejo de ideas y costumbres; los sonetos de Miguel Ángel Buonarroti, inspirados en el amor ideal que sentía por la poetisa Vittoria Colonna, las “Memorias” de Benvenuto Cellini, el gran orfebre y escultor y las comedias y tragedias de Pietro Aretino, bastante inmorales.

En cuanto al Renacimiento francés, éste surgió como consecuencia de lo aprendido en Italia por Luis XII y Francisco I, en sus guerras de conquista. La lírica francesa del siglo XV tuvo por abanderados a Clément Marot, poeta de la corte de Francisco I y a Pierre Ronsard, quien, juntamente con J. du Bellay y otros poetas, formó el grupo de la “Pleiade”, que tendría como modelo a las literaturas griega y latina y cuyo ideal sería la purificación del idioma francés.

Protegido por tres reyes –Enrique II, Carlos IX y Enrique III- Ronsard fue celebrado, en su época, como autor de odas, sonetos y de un poema épico que dejó inconcluso: “La Franciade”. La prosa francesa durante el siglo XVI tuvo representantes como el cuentista Francisco Rabelais (satírico, mordaz y proclive a la obscenidad) y filósofos y moralistas como Miguel de Montaigne.

tomas moroEl Renacimiento propiamente dicho se produjo en las Islas Británicas, durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547), vinculado con la corriente humanística que tuvo al holandés Erasmo y a Tomás Moro por adelantados. Éste último escribió “Utopía”, obra en la que describe una República ideal, fruto de sus desdichadas experiencias políticas.

Cultivaron la imitación de ejemplos italianos el conde de Surrey, llamado “El Petrarca inglés” y sir Tilomas Wyatt, quienes introdujeron el soneto en Inglaterra. Luego, durante el reinado de Isabel, el Renacimiento cobró mayor fuerza y se tradujeron los libros de Homero, Plutarco, Virgilio y Tito Livio.

La “era isabelina” tuvo un gran poeta, Edmundo Spenser, quien imitó a Chaucer y a los integrantes de la Pléyade francesa. Entre los dramaturgos ingleses del siglo XVI se destacaron dos: John Lyly y Christopher Mariowe.

Este conjunto culmina con la figura de William Shakespeare (1564-1616), nacido y muerto en Stratford-on-Avon. De sus numerosas tragedias y comedias muchas son, por su tema y su estilo, de neto corte renacentista (“Romeo y Julieta“, “Julio César”, “Antonio y Cleopatra”. etc.), mientras otras fueron una anticipación de obras que sobresalieron en los siglos posteriores.

PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas. Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero. A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos. En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Ñapóles y Roma. De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Obra Literaria de George Shaw Resumen Biográfico

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE SHAW – CRONOLOGÍA DE SU OBRA

George Bernard Shaw nacido en Dublin (Irlanda) en 1856 fue un destacado escritor, considerado el autor teatral más significativo de la literatura británica posterior a Shakespeare. Además de ser un prolífico autor teatral —escribió más de 50 obras—, fue el más incisivo crítico social desde los tiempos del también irlandés Johnathan Swift, y el mejor crítico teatral y musical de su generación. Fue asimismo uno de los más destacados autores de cartas de la literatura universal. Murió en  Ayot St Lawrence (Reino Unido) el 11/02/1950.

George Shaw

Premio Nobel de Literatura en 1925, George Bernard Shaw es un famoso dramaturgo irlandés que también ha ganado una reputación como crítico musical y ensayista. La mayor obra de este genio  fue “Pygmalion”, publicada en 1914.  Fue, sucesivamente, crítico teatral, literario y musical, poeta, conferenciante, novelista y comediógrafo. Su agudo sentido del humor lo llevó a burlarse de la sociedad de su época, especialmente de aquello que le parecía hipócrita y convencional.

Estudió en Dublin, en escuelas religiosas, tanto católicas como protestantes, y desde muy joven trabajó para poder completar su educación, pues fue un autodidacta. Su pasión por la literatura y la música se inició desde muy joven, y cuando el matrimonio de su padres, él con 20 años, junto a su madre y hermanas se radicaron en Londres. Allí desplegó su pasión y conocimientos y se destacá muy rápido como crítico de teatro y la música, empezando  a tener éxito a través de sus ensayos y panfletos. También apasionado por la política, se inspira en las ideas de Karl Marx, y se convirtió en un militante socialista en 1882.

Económicamente no la pasó bien inicialmente, pasó por varios trabajos pero sin estabiliad y hasta por momento se habla de una pobreza absoluta. Para las críticas sobre música utilizaba un seudónimo de una amigo suyo, y eso le ayudaba un poco para enfrentar sus gastos.

En cuatro años, entre 1879 y 1883 escribió cinco novelas, pero no tenía los medios para publicarlas, sólo pudo hacerlos con dos , entre ellas, La profesión de Cashel Byron (1882) donde habla de la prostitución como un profesión antisocial y la otra Un socialista asocial (1883) en respuesta al interés que había tenido sobre el pensamiento marxista de la época.

En literatura fue un autor muy prolífico, escribió más de cincuenta piezas. Divertido y comprometido con la realidad, en sus obras se  destacan algunos temas que son muy apreciados por él como es el arte, el pacifismo y la política. Ya en los albores del siglo XX, el éxito de  sus obras, lo transforman en un profesional de este arte.

El humorismo que desarrolló George Bernard Shaw, a través de sus obras, resultó siempre ingenioso; pero, a veces, llegó a ser despiadado y hasta cruel.

Se casó al mismo tiempo, Charlotte Payne-Townshend, una joven que conoció en la Sociedad Fabiana, un club político y artístico al que pertenecía. Inspirado por la historia y la mitología, publicó alternativamente “César y Cleopatra” en 1898, “Androciès y el León” en 1912 y “Pigmalión” en 1914.

 La Sociedad fabiana estaba formada por un grupo de socialistas de clase media que defendía la transformación de la sociedad y el gobierno ingleses mediante la asimilación, en lugar de la revolución.

Sus obras teatrales van precedidas por sustanciosos prólogos, donde enfoca, globalmente, el tema que desarrollará luego. Wagner e Ibsen fueron, durante su juventud, ídolos que defendió acaloradamente y tanto sobre la personalidad del músico germano como sobre la del dramaturgo nqruego dio conferencias y publicó varios trabajos, como “El perfecto wagneriano” (1898) y “La quintaesencia del ibsenismo” (1891).

Shaw defendía con pasión las obras del compositor alemán Richard Wagner, críticas que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto y, más adelante, con sus propias iniciales.

Buscó, primero, una popularidad fácil, leyendo, en alta voz, por las calles, sus comedias o integrando el utópico “partido social fabiano”, cuya línea política trató de definir en su obra “Ensayos fabianos”.

Su arte, como mencionó uno de sus comentaristas, fue “material de perenne regocijo, pese al doble fondo revolucionario de su producción”. Aunque al principio sus obras no tuvieron éxito, logró imponer su modo cáustico de señalar errores y, finalmente, triunfó, siendo considerado uno de los principales escritores teatrales de habla inglesa. Supo sacar provecho material del oficio de escritor; tal es así que, al morir, dejó una cuantiosa fortuna que distribuyó, por resolución testamentaria, entre personas e instituciones meritorias.

Cuando, en el año 1925, le fue otorgado el Premio Nobél de Literatura, donó el correspondiente importe monetario a una sociedad benéfica, este premio fue el reconocimieto a su obra Santa Juana (1923), en la que convirtió a Juana de Arco en una mezcla de mística pragmática y santa hereje.

Vivía en las afueras de Londres, en una amplia casa con jardín, donde hizo que le construyeran un salón de trabajo, rodeado de cristales y montado sobre una plataforma circular, giratoria, para poder disfrutar, siempre que los hubiere, de la luz y el calor del sol.

Allí falleció, el 2 de noviembre de 1950. La vasta obra teatral de G.B.S. (también escribió algunas novelas, ensayos y poesías) se divide en dos categorías: “Comedias agradables” y “Comedias desagradables”. Corresponde mencionar, entre ellas, las siguientes: “Pigmalión”, “El dilema del doctor”, “Cándida”, “Santa Juana”, “La profesión de la señora Warren”, “César y Cleopatra”, “Hombre y Superhombre”, “Retorno a Matusalén” y “La carreta de las manzanas”.

Hasta su muerte a la edad de 94, él seguirá siendo un adicto de la literatura. Defensor del vegetarismo, práctica que llevó la mayor parte de su vida, él también luchó contra la vivisección y juegos crueles con los animales.

Cronología de Principales Obras de George Shaw

1884 Un socialista poco social (novela)
1886 La profesión de Cashel Byron (novela)
1891 La quintaesencia del ibsenismo (ensayo)
1892 Casas de viudas (teatro)
1893 La profesión de la señora Warren (teatro)
1893 El amante (teatro) 18941 Cándida (teatro)
1894 Héroes (Arms and the Man, teatro)
1896 El hombre del destino (teatro)
1897 Nunca se puede saber (teatro)
1898 El perfecto wagneriano (ensayo)
1898 Ensayo fabiano sobre el socialismo (ensayo)
1901 César y Cleopatra (teatro)
1901 La conversión del capitán Brassbound (teatro)
1901 El discípulo del diablo (teatro)
1903 Hombre y superhombre (teatro)
1904 La otra isla de John Bull (teatro)
1905 La comandante Bárbara (teatro)
1906 El dilema del doctor (teatro)
1910 Matrimonio desigual (teatro)
1911 La primera obra de Fanny (teatro)
1913 Pigmalión (teatro)
1913 Androcles y el león (teatro)
1914 El sentido común en relación con la guerra (ensayo)
1920 La casa de la angustia (teatro)
1921 Vuelta a Matusalén (suite de 5 piezas)
1923 Santa Juana (teatro) 1928 Guía del socialismo para la mujer inteligente (ensayo)
1929 El carro de manzanas (teatro)
1932 Las aventuras de una joven negra en busca de Dios (ensayo)
1936 La millonaria (teatro)
1949 Dieciséis autoesbozos (ensayo autobiográfico)

Cronología de sus obras, fuente Enciclopedia ENCARTA