Biografia de Keats John Vida Obra Literaria del Poeta



Biografia de Keats John – Vida Obra del Poeta

John Keats (1795-1821), poeta inglés, uno los más sugerentes y de mayor talento del siglo XIX y figura carismática del romanticismo.Nació en Londres el 31 de octubre de 1795, hijo del propietario de una caballeriza.

Estudió en el centro escolar de Clarke, en Enfield, y a los 15 años fue aprendiz de cirujano. Estudió medicina en hospitales londinenses de 1814 a 1816, año en que se hizo farmacéutico aunque nunca llegaría a ejercer esa profesión al decidir dedicarse a la poesía.

Procedía de una familia muy humilde. El abuelo había sido mozo de cuadra. El padre siguió la misma profesión, pero acabó casándose con la hija del patrón. John fue el primero de los hijos de esta pareja.

Biografia de Keats John poeta

Concurrió a la escuela de Enfield, donde, al igual que todos los hijos de familias más o menos acomodadas, estudió latín y se recreó en los lagos de la región.

Pero era más impresionable que el resto de sus condiscípulos, y sus maestros lo calificaban de «criatura apasionada». Pálido, delgado, de poco más de cinco pies de altura, no se arredraba sin embargo ante ningún lance de fuerza, y acometía valerosamente a cualquiera, haciendo valer sus puños a la menor provocación. Pero a la verdad, le interesaban más los libros que las peleas.

Antes de los quince años perdió a sus progenitores. El padre murió a consecuencia de una caída de caballo, y la madre, de tuberculosis. El joven «poeta-luchador» fue puesto bajo la tutela de Mr. Abbey, de Walthamstow.

Por un tiempo inició un aprendizaje de cirujano hasta recibir el diploma de «curador de heridas», luego volvió a la poesía, con el pretexto de que temía «causar daño» en la práctica quirúrgica.

Era un joven obstinado, ebrio de belleza. Nadie osaba contradecir sus opiniones, pues su ira, una vez desatada, acababa en furia incontrolable.

A los veintidós años la heredad paterna le proporcionaba una pequeña renta, con la que vivía, junto con su hermano menor, Tomás, cerca de la «Taberna del Hombre Verde».

Otro de sus hermanos, Jorge, habíase casado y emigrado a América. Y la menor de todos, Fanny, era todavía de corta edad y vivía en la propia casa de Mr. Abbey.



Su hemano Tomás enfermó de tuberculosis y falleció, en su desesperación, sólo atinó a aturdirse, buscó entonces la compañía de las mujeres más jóvenes y bonitas de la sociedad, porque era sobre todo poeta y amaba la belleza.

Su mayor deseo era casarse en seguida con Fanny y pasar la luna de miel en Roma ¡Como sueño de poeta no estaba mal! No podía casarse. Era joven sin medios y sin ocupación, a no ser la de escribir versos.

Y para peor bien pronto habría de convencerse de que su poesía era objeto de burlas en todas partes. Cuando publicó su primer poema, Endymion, fue objeto de duras críticas y burlas. John estaba decidido a perseverar y a triunfar. Sólo un talento mediocre podía detener su desarrollo ante ataques tan «difamantes».

Muchos de sus amigos, entre ellos Percival Shelley, ya hacían oír su voz asegurando que en Endymion había pasajes de genuino vuelo poético.

Su situación financiera hacíase más difícil por momentos. El proceso de su herencia hallábase «congelado» en un pleito interminable. Su hermano Jorge había vuelto de América para recoger el legado que le correspondía a la muerte de Tomás. Y al hacerlo, no sólo había barrido con su porción sino con buena parte de la que correspondía a John, prometiendo devolvérsela en cuanto vendiera una propiedad. Pero el poeta no volvió a ver el dinero.

LLevado por el éxtasis de su pasión, escribió una oda a Santa Inés, la virgen romana de fe cristiana, martirizada durante las persecuciones de Diocleciano.

A juzgar por las antiguas leyendas, los padres de Inés, al ir a orar por ella ante su tumba, se vieron deslumhrados por la visión de la hija nimbada de luz y rodeada de un cortejo de ángeles. En la Edad Media, Santa Inés mártir vino a simbolizar la virginidad, y a proteger a las doncellas puras.

Hasta el crítico más exigente no puso reparos en reconocerlo. Keats no se dejó llevar por los halagos. Sabía que le quedaba mucho por recorrer para llegar a la perfección.

En su empeño por descubrir las realidades de la vida, recorría las catedrales, llevando por única compañera su fantasía. Los elevadísimos techos silenciosos, los canales de arbotantes, las naves pobladas de pilastras y las nervadas bóvedas de la arquitectura gótica, asumían un maravilloso misticismo, al ser iluminados por el resplandor del sol que se filtraba a través de los «vitraux».

Allí podía Keats retrotraerse al pasado y revivirlo con el aliento de una nueva vida y nuevo calor. Escribió un poema a la usanza de las viejas baladas, La belle dame sans merci (La hermosa dama sin merced), una rosa perfecta de su genio, tan fragante como la más perfumada flor de los jardines de la caballería medieval. Y luego escribió La oda a una urna griega, un poema de pagana grandeza.



No sabía una palabra de griego, y sin embargo, con la llave mágica de su genio, desenterró a los muertos venerables haciéndoles respirar en el mundo de los vivos.

Sus poemas habrían de ser inmortales, pero su amor per Fanny Brawne adolecía de todas las faltas de un joven mortal. Su pasión pedía a gritos volcarse en la unión matrimonial, pero su pobre bolsillo hacía imposible tal cosa. Le escribía cartas ardientes de deseo y selladas con dolor. Cuando no se veían, él la acusaba de serle infiel.

Un día de febrero, contaba entonces veinticinco años, mientras viajaba en una diligencia, sintió que le recorría el cuerpo otro de sus frecuentes escalofríos. LLegó a su casa afiebrado y pensó acostarse, pero un acceso de tos le impidió reclinar la cabeza sobre la almohada. Cuando enciende la luz, ve sangre…aquella mancha rojiza era signo de tuberulosis, y penso «Esta gota de sangre es mi certificado de defunción».

En la flor de la vida, esa misma enfermedad se había llevado a la madre, y al hermano Tomás, muerto a los veinte años. Y ahora se preparaba para dar cuenta de un tercer miembro de la familia, que sólo tenía veinticinco años.

Los doctores le privaban hasta de escribir y leer. ¿Tendría que ser éste el fin de toda su lucha? No le quedaba entonces otra cosa que su amor. Como alguien que está a punto de ahogarse, se aferró a la pasión que sentía por Fanny Brawne. Ella era ahora su altar, su sola religión, su única esperanza.

Cuando llegó la primavera para entibiar la campiña inglesa Keats por un tiempo pareció mejorar, pero la ruptura de un vaso sanguíneo volvió a postrarlo.

Inconmovible en su fe de que la verdad es belleza y que la belleza es inmortal, hizo los preparativos del viaje a Italia. Se despidió de Fanny haciéndola partícipe de su esperanza, su fe y su amor.

Una fría mañana sin sol de fines de setiembre el poeta atravesó los muelles del puerto de Londres. Sus amigos le habían buscado un acompañante, un joven artista de nombre joseph Severn.

Juntos subieron a bordo del María Crowther, y después de atravesar el Atlántico en medio de fuerte tormenta, desembocaron en las aguas mediterráneas adormecidas al calor de los rayos de un sol tropical. Keats quedó fascinado ante ese espectáculo jamás visto. Ante sus ojos se extendía Italia que le recibía con el abrazo cegador de un mediodía radiante.

Llegó a Nápoles hecho una piltrafa. El viaje le había fatigado en extremo y vomitó mucha sangre. Shelley, que a la sazón residía en Nápoles, le invitó a pasar el invierno en su casa. Pero Keats declinó el ofrecimiento y siguió camino a Roma.



Cuando llegó a Roma «era un hombre sin pulmones». Su sufrimiento llegaba a lo indescriptible. Con el caer de la noche fue recordando unos versos que escribiera en los breves días de su salud, dedicados a los grandes poetas del pasado. A la tempestad de su espíritu siguió una absoluta placidez. «Álzame un poco, Severn —susurró al fin, con el acento de un niño que está a punto de sumirse en un sueño feliz—, Me estoy muriendo. . . y moriré así, tranquilo.»

Mas al ver el terror pintado en los ojos del artista alcanzó a decir: «No te asustes; ha llegado, gracias a Dios».

Murió el 23 de febrero de 1821 y fue enterrado en el cementerio protestante.

Después de su muerte se publicaron algunos de sus mejores poemas, entre ellos ‘Víspera de san Marcos’ (1848) y ‘La Belle Dame sans merci’ (1888). Sus cartas, consideradas por muchos críticos entre las mejores cartas literarias escritas en inglés, se publicaron en su edición más completa en 1931. En 1960 apareció una última edición.

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LOS MEJORES POEMAS DE KEATS

La víspera de Santa Inés,
La víspera de San Marcos.
Hiperion.
Endimion.
Lamia.
Isabela.
Fantasía.
De la Posada de la Sirena.
Al ruiseñor.
A una urna griega.
Psiquis.
Sobre la melancolía.
Bardos de la pasión y la alegría.
Cuando tengo temores.
Al ver él Homero de Chapman.
La langosta y el grillo.
Viendo un rizo de la cabellera ~de Milton.
Estrella fulgente.
En una lúgubre noche de diciembre.
Las estaciones humanas.
Oda al otoño.
Otón el Grande.
Una profecía.
El gorro y los cascabeles.
Soneto a Fanny.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Keats John – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina
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