Biografia de Milton John Historia, Vida y Obra Literaria



Biografia de Milton John
Historia, Vida y Obra Literaria

Milton John (1608-1674) fue un poeta y ensayista inglés, autor de una obra rica y densa, que ha ejercido una influencia indiscutible en poetas posteriores.

Milton dedicó su prosa a la defensa de las libertades civiles y religiosas y es para muchos el más grande poeta inglés después de Shakespeare.

Durante toda su vida fue un soldado en la vanguardia de los que luchan por las libertades humanas. Grande fue su batalla y grandes sus sufrimientos. Vivió en un siglo trágico, y su propia vida fue una tragedia desarrollada en tres actos.

El primero (1608-39) fue un período de educación, experiencia y búsqueda instintiva hacia la luz de la verdad. El niño, consciente de la nobleza que en él alentaba, fue convirtiéndose en el hombre que habría de aguardar del resto de los mortales esa misma nobleza.

Biografia de Milton John Vida y Obra Literaria
La obra de John Milton está marcada por su elevado idealismo religioso y su interés por los temas cósmicos. En ella revela un gran conocimiento de los clásicos latinos, griegos y hebreos.

PRINCIPALES POEMAS DE MILTON

El paraíso perdido.
El paraíso recobrado,
Sansón el atleta.
L’allegco.
Il penseroso.
Comus,
Licidas.
Himno en la mañana de la Navidad de Cristo.
Sobre su ceguera,
A Mr. Lawrence.
Ciríaco Skínner.
A la dama Margaret Ley.
A una música solemne.
La matanza del Piamonte.
Cuando se preparó el asalto a la ciudad.
Salmos.
Odas.
Sonetos.
Elegías.
Epigramas.
Al Obispo de Winchester.
Poemas latinos.

Entregado por entero a dar a conocer la justicia, trató de descubrir y perfeccionar el lenguaje que ante los hombres le serviría de trompeta pregonera de justicia.

La poesía fue su religión. La literatura, su sacerdocio. No escribió para su gloria personal, sino en aras de la honestidad universal. Empeñado en hallar la mejor manera de expresar sus mejores pensamientos, probó distintas composiciones poéticas, líricas y burlescas, sonetos, elegías, pastorales y odas.

Al principio, ansioso de ser escuchado por el mundo entero, eligió el latín como vehículo de expresión, por ser la lengua internacional de la época. Pero más tarde, al advertir que el poeta debe dirigirse antes que a nadie a sus propios compatriotas, abandonó el latín por el idioma nativo.

Vio al país aherrojado per supersticiones y miserias y trató de liberarlo con sus poesías. Mas padecía del excesivo optimismo de la juventud… era un profeta demasiado joven que tenía en mucho la inteligencia de los hombres.

Con el decurso de los años se convenció de la imposibilidad de reformar la política con sus versos. Necesitaba de una lengua bien simple para que su público le escuchara. Y así, gallardamente, renunció a la ambición de llegar a ser un gran poeta. Por más de veinte años se allanó a escribir manifiestos revolucionarios en prosa.



He aquí el segundo acto del drama de su vida ( 1640-62). De poeta distinguido, convirtióse en folletista odiado. Atacó la voracidad desmedida del clero, y los católicos fanáticos le odiaron.

Pregonó la justicia de las leyes del divorcio, y cayó sobre él una lluvia de escarnio. Denunció la tiranía de la nobleza, y se le acusó de traidor a su país. Cuando Carlos I fue ejecutado,

Milton apoyó el derecho que asistía a los rebeldes de ajusticiarlo. Los partidarios del rey no olvidaron esta defensa y en la ocasión propicia clamaron venganza contra el poeta.

Pero por el momento, afortunadamente, Milton estaba a salvo de sus enemigos. Aunque no de su destino. Designado secretario en lenguas extranjeras de Oliverio Cromwell, puso tanto empeño al servicio del gobierno revolucionario que oerdió la vista. Pero no se desalentó por ello.

Había vivido para ver su sueño hecho realidad. ¡Su país era libre!… Mas pronto la tragedia hará crisis. Desaparece la república y se restaura la monarquía.

Viejo, ciego, desilusionado y transido de amargura, Milton es arrojado a la prisión. Su visión de un mundo mejor había sido un fugaz espejismo. Su país no quería ser libre. Milton sería otro de los muchos profetas despreciados de su propio pueblo.

El tercer acto de la tragedia (1663-1674) comenzó en forma asaz calmosa. Pero era la calma que precedía a la tormenta. Disgustado por la fatuidad del hombre, Milton encaminó su fe hacia Dios.

Volvió a refugiarse en la poesía y describió la épica lucha entre el bien y el mal, poniendo al hombre de protagonista. En El paraíso perdido, Milton buscó huir de sí mismo.

Era la apelación humana al juicio divino, una apelación que el abogado de la vida dirigía a la corte suprema de la eternidad. Pero la ingratitud de sus conciudadanos, aquellos por cuya defensa había arrostrado las miserias terrenas y desafiado los misterios celestiales, siguió impertérrita hasta el fin de sus días.

Le pagaren el pan de su generosidad arrojándole piedras, hasta que por fin, al igual que el campeón derrotado del Viejo Testamento, penetró en el templo de los filisteos y conmovió sus cimientos haciendo que las ruinas cayeran sobre las propias caberas de aquéllos.



El poema sobre Sansón, la última de sus obras, tiene el clima apropiado para la tragedia de su vida; una vicia, citando sus palabras «desprovista de luz y diariamente expuesta al escarnio, al desprecio, al abuso y al agravio».

Milton ha sido llamado, con razón, «el espléndido puente que unió el mundo de las viejas ideas con el de las nuevas». Pues en su genio combinó la magnífica erudición del Renacimiento con la no menos magnífica rebelión de la Reforma.

Descendía de una familia de eruditos y rebeldes. Su abuelo era un católico muy devoto y versado en los dogmas, mientras que su padre había sido desheredado por abrazar la religión protestante.

Éste no desmayó ante tamaño castigo y supo triunfar en la vida. Era escribano — es decir, escribía documentos legales para los notarios— y dedicaba tedas las horas libres a sus dos pasatiempos predilectos, la música y la poesía; alcanzó una «situación próspera» y compró una casa en Bread Street, y fue en esta casa donde nació el poeta del Paraíso.

El tercero entre seis hijos, Juan Milton se crió en un ambiente de estudio, refinamiento e independencia de criterio. Las pláticas familiares eran muchas e interesantes, y ayudaban a alimentar su insaciable deseo de progresar.

Estudió en la Universidad de Cambridge, siempre fue rebelde, pero nunca grosero. Dejó las aulas universitarias convertido en bachiller y doctor en filosofía, conocedor de ocho idiomas y poeta capaz de cortejar a su musa en latín y en inglés con igual facilidad.

Viajó por Italia y fue algo así como el desfile triunfal de un poeta de veinticuatro años. Los más destacados hombres de Italia estaban familiarizados con sus versos en latín, aunque no conocían sus versos en inglés.

Como una guerra civil amenazaba a su patria, se vio forzado a interrumpir sus planes y sus estudios. Para un inglés patriota no eran ésos los momentos más apropiados para escribir elegantes rimas en Italia

Una vez establecido en Londres, se convierte en el propagandista más ardiente de la revolución. Se había hecho el propósito de sacrificar su poesía y hasta su vida, de ser necesario, para defender los derechos de los hombres contra los llamados «derechos divinos» que alegaban poseer los opresores. Nunca se amilnó, ni siquiera cuando el Parlamento votó una ley prohibiendo la libertad de prensa.

Acusado por la Censura Pública (24 de agosto de 1644) de escribir «folletos escandalosos y sediciosos», replicó al cargo que se le hacía con «el más escandaloso y sedicioso de los folletos». Fue éste su famosa Areopagitica, una defensa del derecho de la libre palabra, que fue oportuna en su día y que lo será eternamente.



En la pugna entre tiranía y rebelión, él, con su talento varonil y su elocuencia, apoyó la causa revolucionaria. Y en el invierno de 1649, cuando la cabeza de Carlos I rodó en el cadalso, Milton no sólo aplaudió la ejecución, sino que llegó a santificarla.

A los treinta y cinco años se había casado con una jovencita de diecisiete. Fue una unión desafortunada para ambos, debido a la gran diferencia de gustos y edades. Mary Powell era alegre, jovial y ligera de cascos, para remate, Mary politicamente era realista y Milton revolucionario.

Mary, después de soportar durante un mes el espíritu rebelde y austero de Milton, se rebeló ella también, y le abandonó. Milton la envió carta tras carta rogándola que volviera, pero ella se obstinó en permanecer en la casa paterna.

Con el tiempo la pareja desavenida volvió a reunirse, para desgracia de ambos. Mary llevó a toda su familia —padre, madre y varios hermanos y hermanas— a vivir a la casa de Milton. Desde ese día ya no hubo paz para el poeta ni para su mujer.

elogios importantes para la mujer

Economicamente la fortuna de su padre había mermado considerablemente a consecuencia de la Guerra Civil, y Milton habíase visto precisado a practicar la enseñanza para vivir, abriendo una academia en su propia casa.

Pero, luego de la ejecución de Carlos I, pudo prescindir de su academia. Oliverio Cromwell, el dictador de la República, le designó «Secretario en lenguas extranjeras . Su obligación era la de «preparar y traducir los despachos de y para cualquier gobierno extranjero».

Era una tarea titánica, y tanto que, por cumplirla, perdió la vista. Al quedar ciego se le vio desalentado, pero nunca desesperado, pues estaba orgulloso radicaba del hecho que que había sacrificado su vista en aras de la patria.

Sobrevino luego la muerte de Cromwell, y la vuelta de los Estuardos al peder. La monarquía volvía otra vez al trono. La visión de Milton de un mundo mejor no había sido sino el sueño de un ciego. Ahora sería perseguido por el nuevo régimén, y pudo eludir la captura, oculto en una casa amigo.

Entretanto, el verdugo público quemó sus libros, se confiscó su casa y se realizó un funeral festivo en su agravio para agradar al rey Carlos II, muy dado a esta clase de diversiones.

Luego se descubrió su escondite y fue enviado a prisión, hasta que el Rey un día, mandó que le libertaran

Al morir su primera mujer, se había vuelto a casar, y a los dos años enviudó nuevamente. Un tercer enlace le aportó mayores obligaciones, sin que le hiciera más feliz.

Los profetas del mundo están hechos para la soledad. Sus parientes, y hasta sus propias hijas, hallaban insoportable la terquedad de su temperamento. Quisieran o no, debían secundarle en el trabajo, como secretarias.

También Milton perdió su paraíso: el edén de una Inglaterra libre. Y, afligido, marchó por la solitaria senda que lleva a la muerte. Su magnífica poesía épica fue acogida fríamente por un mundo distraído. Diez años de continua labor le habían llevado a escribir El paraíso perdido, y los editores le pagaron por su publicación sólo cinco libras.

Se sentía viejo, enfermo y desilusionado. Sus hijas le habían abandonado. Su casa de Bread Street fue destruida en el gran incendio de Londres (1666).

Su nombre era objeto de escarnio por parte de los partidarios del rey, atrincherados ahora en el poder. Fue en esas circunstancias cuando Milton decidió escribir sus últimos versos, considerados por algunos como los mejores que salieron de su pluma: la tragedia de Sansón.

Este poema es la figura simbólica de su propia carrera, no sólo representa a Milton, sino a les habitantes de la Inglaterra de entonces. También ellos, en los días de Carlos I estaban desamparados, vencidos y escarnecidos.

La nación inglesa era un Sansón aherrojado y débil, pero ya llegaría el día en que «rompería sus cadenas y aplastaría a los filisteos con esos mismos eslabones con que ahora la oprimían».

En esa esperanza murió el 8 de noviembre de 1674.

Sólo un puñado de hombres se dio cuenta entonces de que el mundo de los vivos había perdido a uno de sus profetas. Su muerte pasó inadvertida para la mayor parte de los críticos, del mismo modo que había pasado inadvertida su vida.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Milton John – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina

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