Biografia de Browning Robert Vida y Obra del Poeta



Biografia de Browning Robert – Vida y Obra del Poeta

Robert Browning (1812-1889), poeta inglés, célebre por haber perfeccionado el monólogo dramático (composición literaria en que el personaje revela su carácter). Nació en Camberwell (hoy parte de Londres). Sólo cursó estudios hasta los 14 años, por lo que fue prácticamente autodidacta.

De niño, era dueño de una colección de animales, lechuzas, monos, erizos, serpeintes, un aguila y sus preferidas lagartijas. Hasta sabía un silbidito especial, para hacerlas salir a la luz… secreto que conservó toda la vida

Era su madre una mujer muy suave y comprensiva, de exótica belleza y ojos y cutis cautivadores. Amaba apasionadamente la música.

Cuando tuvo uso de razón, supo que la madre, esa mujer adorable de piel aceitunada, había venido de las Américas y que en sus venas palpitaba el apasionado ardor del criollo.

Biografia de Browning Robert

El padre de familia de los Browning había sabido formar un confortable nido trabajando en un buen empleo bancario. Era, además, pintor de talento, y muy estudioso.

Robert heredó del padre el robusto optimismo y un físico soberbio. Recibió una concienzuda preparación en lenguas y bellas artes: luego, eludiendo los estudios universitarios, pasó a la Europa continental con el objeto de obtener un diploma algo menos académico B. E. (Bachiller en Experiencia).

A poco de decidirse por la carrera literaria, rebosaba ya de energía creadora. Quería ser el poeta de la vida, la alegría, la aspiración, la esperanza.

Sus comienzos no fueron felices. Escribió un poema —Paulina—, rosa roja como la flor de fuego abierta en el hierro candente. El poema, a pesar de todos sus defectos, llamó la atención de los críticos y de algunos poetas.

Browning era un poeta joven de fuertes y vigorosas pasiones. Su tarea sería la de detallar minuciosamente cada una de esas pasiones. Le encantaban las caminatas nocturnas por el bosque de Dulwich.

En la biblioteca paterna había leído acerca de un hombre llamado Paracelso, el ingenioso médico-filósofo de la Edad Media. Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus ab Hohenheim era su nombre de pila.



Cerebro cumbre del medioevo, una inteligencia de miras amplias, oscuras y sinuosas, de poder destructor superior al del diablo y al del hombre, dio a la humanidad el mortífero láudano y exploró en los abismos de la demonología. Era un hombre de ciencia que aspiraba a desentrañar el misterio de la vida… sin contar con el corazón.

En Londes paseaba diariamente largas horas estudiando en la biblioteca del Museo Británico; vivía cerca del Strand para estar en estrecho contacto con los teatros; visitaba periódicamente las exposiciones de la Galería Real… buscando siempre alguna inspiración…hasta que un día enardecido por esa concepción escribió un poema, Pippa Passes (Pipa pasa).

En él relata la historia de una pobre molinerita que por su traza hubiera pasado inadvertida al recorrer las calles del pueblo con una canción en los labios. Pero las notas de su canto llegan a los oídos. ..ya los corazones, de varias personas que atraviesan per un momento decisivo de sus existencias.

Y aunque Pippa desconoce la magia de su canción, no hay ninguno que no sienta renacer sus fuerzas a la vista de un horizonte más bello y de una nueva esperanza.

Dios escoge a la más humilde de sus criaturas para emisaria de su divina voluntad.

Browning, en su intento por penetrar en las tinieblas, escribió un poema sobre el enigma del alma humana, al que los críticos calificaron de «náufrago en el océano de la poesía. . . el verso más oscuro del siglo».

Un amigo que convalecía de una enfermedad, al abrir un ejemplar de Sordello quedó espantado tras de leer las primeras estrofas. Los versos se sucedían sin que llevaran a mi cerebro un solo pensamiento coherente.

Lord Tennyson leyó todo el poema y al cabo dijo con amargura: «Yo sólo he entendido dos líneas, y las dos son mentiras».

Contaba ahora veintisiete años y comenzó una relación con Miss Barrett una mujer poeta, tan audaz como débil, ella se sentía atraída en forma irreprimible hacia el más varonil de los poetas contemporáneos.

Pero debieron pasar dieciocho meses, hasta que Browing pudo conseguir que ella le permitiera visitarla y formalizar así una amistad que se había intimado a través de las cartas.



Al fin, la poetisa concedió la anhelada visitay al poco tiempo e fugaron de la casa polvorienta de la calle Wimpole y en una sencilla ceremonia, se casaron. Al fin juntos, cruzaron el Canal y llegaron a Italia.

La Italia generosa los acogió en su seno y por ella viajaron gozosos, pero en Inglaterra cundía el escándalo, al enterarse de su fuga. Sentado al piano hizo oír un acorde dominante, Browning era un ejecutante de espontánea sensibilidad. Apenas rozaba el teclado, fluía de sus dedos argentado arroyuelo de rizadas fantasías . . .

Hallaba regocijo en la vida de Italia, en las ruinas de su pasado glorioso, en la grandeza de los hombres contemporáneos, en los andamiajes de iglesias inacabadas. Vio una congregación de frailes cumpliendo con los ritos de la orden, como austeras estatuas de piedra. Llevaban cirios encendidos en las manos, …escribió entonces un poema acerca de uno de ellos —Fra Lippo—, un hombre cuya vida fue un constante debatirse entre el fraile y el artista que llevaba dentro, un poeta que pintaba las glorias del cielo y que ansiaba los placeres terrenos.

En otro poema, describió a otro clérigo más mundano, un obispo harto amante de las vanidades terrenas, que se hacía pasar por hombre temeroso de Dios.

Y luego, alejando la vista de los monasterios y los sepulcros, Browning estudia los hogares privados, en los que el destino se complacía en construir tan tortuosas gárgolas. Ventana con ventana vivían una joven y un hombre, que de no ser por los adversos designios de la suerte, hubieran llegado a amarse. El hombre esculpía, y pasaba hambre; la joven cantaba y también pasaba hambre.

Las vidas fracasadas de hombres y mujeres fueron desfilando por sus versos, como un sol desdibujado por las inmensidades azules. Había tantos misterios que develar. El misterio del sufrimiento humano, por ejemplo.

Elizabeth recayó gravemente en su enfermedad de siempre, ya abían pasado quince años desde aquel día inmortal en que se casaran, consagrando el vínculo con la alianza de la eternidad. Cuando murió, el esposo siguió llevando la alianza en su dedo, esa sortija de oro que sería precioso relicario de un amor que no muere.

Browning se hallaba frente a un puesto de libros de lance en la plaza de San Lorenzo. Hurgando entre ellos fue a dar con un librito ajado y polvoriento, fechado en 1698. Contenía el curioso relato de un viejo juicio por asesinato… y esas paginas fueron el origen de la creación de un nuevo libro…

Volvió a Inglaterra y se entregó de lleno a la tarea de escribir su obra maestra: El anillo y el libro. El poema es una historia formada por varios episodios. Uno tras otro van desfilando los varios personajes del drama.

Mudóse al Warwick Crescent y llenó el jardín de faisanes, lagartos y culebras, como en otras épocas. Esta vez lo hacía por Pen, el hijo a quien quería más que a las niñas de sus ojos.



En 1878 Browning regresó a Italia, donde su único hijo se estableció definitivamente. Durante esta última etapa escribió el texto narrativo Idilios dramáticos (1879 y 1880) y Asolando, que se publicó en Venecia el 12 de diciembre de 1889, el mismo día de su muerte.

Si bien durante su vida la fama poética de su mujer fue mayor que la suya propia, Robert Browning está considerado actualmente como uno de los mejores poetas de la época victoriana.

Murió un 12 de diciembre de 1889, en Venecia, Italia.

LOS MEJORES POEMAS DE BROWNING

El anillo y el libro.
Paracelso.
Sordello.
Stafford.
Pippa pasa.
La mancha en el escudo.
Mi última duquesa.
Fvá Lippo Lippi.
Andrea del Sarto.
El obispo encarga su tumba.
Paulina.
Arte y juventud.
El gaitero de Hamelin.
Cómo trajeron la buena nueva.
Incidente en el campo francés.

Pensamientos a la patria distante.
Alegre en el campo, triste en la ciudad. Abt Vogler.
Prospice.
El Rabí Ben Ezra.

Saúl.
Tonadas de caballero,
Hervé Riel.
En un balcón.
El adalid malogrado.
Amor entre las ruinas.
La tragedia del hereje.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Robert Browning – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina

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