Biografia de Whittier John Vida y Obra Literaria del Poeta



Biografia de Whittier John

Whittier John Greenleaf, (Haverhill, Massachusetts, 1807-Hampton Falls, New Hampshire, 1892) Poeta abolicionista estadounidense. De familia cuáquera y formación autodidacta.

Del rocoso suelo de Massachusetts apenas si podía sacarse el magro sustento cotidiano. El padre se había establecido en las afueras de Haverhill, y allí habían nacido sus cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. John, el segundo de los hijos y el primero de los varones, nació el 1 7 de diciembre de 1807.

Su niñez transcurrió entre mucho trabajo, pocos juegos y unas pinceladas de estudio. El maestro, Josué Corfin, era un hombre dotado del sentido del humor, y de la habilidad para relatar historias de antaño.

Añadió otra asignatura a los números y las primeras letras: el romance. Exaltó las mentes de sus pequeños alumnos con las «Mil y una noches» del folklore americano, y varias de sus fábulas habrían de inmortalizarse más tarde en las Leyendas de Nueva Inglaterra, merced a la pluma de su alumno John Whittier.

Biografia de Whittier John

Los domingos (llamados Día Primero por ios cuáqueros), al caer la tarde, se reunía toda la familia para la lectura del Libro Eterno. A los siete años, Whittier podía recitar de memoria largos pasajes y a veces capítulos enteros de la Biblia.

El padre, orgulloso de la memoria de su hijo, le llevaba a las reuniones trimestrales de la secta, donde le exhibía, muy ufano.

Muy niño aún, se dio a escribir poesías, y su parcialidad por los temas revolucionarios se manifestó desde eí primer momento.

Entre los héroes de sus primeras composiciones están William Penn, «el fundador de una nueva libertad» en América; William Leddra, el cuáquero mártir, ejecutado en Boston (1659); Juan Milton, «la figura que más se aproxima a mi concepción del verdadero hombre», y lord Byron, la «estrella brillante y osada», que luchó por la libertad, pero cuya conducta privada, se disculpaba Whittier, era mejor «ocultarla en las sombras del olvido «.

A comienzos del verano de 1826, y sin que John se enterase, su hermana remitió uno de sus poemas al Newburyport Press, el diario del que era subscriptor su padre. El editor William Lloyd Garrison leyó el manuscrito, lo juzgó «pasable» y lo hizo imprimir.

Garrison no sólo hizo de Whittier su amigo, sino que le inició en el mundo literario, presentándolo a otros destacados editores de la época.



Respecto a su formación superior, para la familia era imposible costerala. Hasta la Academia Haverhill, una económica escuela privada de la vecindad, estaba por encima de sus medios.

Por fortuna, un joven que los ayudaba en las faenas le facilitó la solución del problema. Éste, que había sido aprendiz de zapatero, enseñó a Whittier cómo hacer chinelas para damas. Con el dinero que esto le proporcionaba pudo el poeta pagarse los gastos de su educación.

Whittier se enamoró de su prima y compañera de estudios, Mary Emerson Smith. Fue este el primero de los muchos idilios de su vida, no obstante de que permaneció fiel al celibato hasta su muerte.

Merced a una recomendación de Garrison, obtuvo el puesto de director del Philanthropist un periódico liberal que se publicaba en Boston.

A lo largo de ocho meses, escribió sin descanso editoriales en defensa de la aristocracia del espíritu, opuesta a la del dinero.

Su padre había enfermado y necesitaban de su ayuda en la granja. Muerto el jefe de la familia, el joven poeta debió cargar sobre sus espaldas el fardo de asegurar el sustento a los suyos.

Estaba ansioso de entrar en la arena política, pero ¿cuál había de ser su cometido?… En ese período (1830) no había, a su parecer, ninguna gran crisis política ni cruzada que exigiera hombres de su temple para llevarla a cabo.

Por otro lado Mary Smith había rechazado su amor, él entendía que no era buen partido para una joven que se interesaba más por las comodidades del cuerpo que por las conquistas del espíritu.

Inclusive poco tiempo despúes fue abandonado por otra señorita que decidió casarse con un pretendiente de mejor posición, el juez Thomas, de Covington, Kentucky . La amargura de su decepción acabó por afectarle la salud, bastante precaria de por sí.

Perdida la felicidad, Whittier halló al fin ese «algo» que buscaba para entrar en batalla: la abolición de la esclavitud. …«hay más de dos millones de conciudadanos condenados a la más horrible servidumbre… es tiempo de libertar a los oprimidos. . . la causa es digna del arcángel Gabriel» le escribía su amigo Garrison.



Con el tiempo sus camaradas del movimiento abolicionista descubrieron que Whittier poseía un verbo elocuente, y le eligieron delegado de la región para la primers convención contra la esclavitud, que iba a realizarse en Filadelfia. Entre otros delegados por Massachusetts halló a su primer maestro, Joshua Coffin, y a William Lioyd Garrison.

Su cruzada por la libertad del negro le sumió en el torbellino de la política local y nacional. Dos veces fue electo para la legislatura de Massachusetts, pero en la segunda tuvo que renunciar debido a su precaria salud.

Y aun así imposibilitado de tomar parte activa en los debates cotidianos y en las emociones de las asambleas políticas, puso su corazón, su voz y su pluma al servicio de los hombres de Estado que compartían sus ideales.

Pasó ese periodo de su vida casi de continuo postrado en cama, se convirtió en uno de los adalides del movimiento en favor de la libertad de los negros. Hubo días en que, sintiéndose algo mejor, salía a caminar, y en dos de esas ocasiones fue corrido a pedradas por las calles.

En el período de 1835-1838, la cruzada abolicionista llegó a su culminación. Whittier alimentaba con sus ardientes poemas las hogueras que iluminaban el sendero del triunfo.

El cénit de su carrera política lo señaló la tentativa canalla de prender fuego al edificio del Pennsylvania Freiman, diario abolicionista que dirigía Whittier por esos días (17 de mayo de 1838).

El poeta casi perdió la vida en el incendio, pero esas mismas llamas fueron a avivar su ardor. Por varios años luchó incansable en aras de su ideal, más al fin decidió abandonar la batalla.

Desalentado, retornó a la poesía del terruño. Fue a vivir en una casita de Amesbury, con un jardín al fondo que él mismo cultivaba, llenándolo de distintas flores según la estación.

Pasábase las tardes en el almacén del pueblo, sentado sobre una barrica llena de azúcar y charlando con sus amigos los labriegos, y fue por esa época cuando escribió sus mejores poemas.

Estos poemas de ambiente rural americano hallaron un eco entusiasta. El público que le había perseguido le aclamaba; los días de su pobreza habíanse ido para no volver. Su Bloqueado por las nieves le proporcionó diez mil dólares en derechos de autor.



Y sus otros poemas le aportaron asimismo ganancias que, si bien no afluían en raudo caudal, su lenta y metódica acumulación le hacían sentirse rico.

Gozaba con la adoración del público, especialmente el femenino del que fue galanteador impenitente hasta el fin de sus días. Una y otra vez volvió a su juego favorito de ofrecer primero y rechazar después al amor.

Repetidas veces estuvo al borde del casamiento, pero siempre huyó en el preciso instante de la decisión.

Él se sentía un humilde cuáquero ansioso de vivir en paz. Rogó a sus «peregrinas» que le dejaran tranquilo, y puso en la puerta un «timbre, de alarma» que le prevenía de la llegada de mujeres y le daba la oportunidad de escapar por la puerta trasera.

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Si ellas se ingeniaban para entrar antes de que el pudiera salir, lo encontraban sombrero en mano y lamentándose de tener que ausentarse en ese preciso instante.

Con la abolición de la esclavitud creyó que el mundo de los hombres había llegado al milenio apocalíptico. Como tantos otros abolicionistas parece imaginarse que la humanidad ha dado un enorme paso destruyendo la esclavitud sirviente.

Whittier pagaba el precio de su edad avanzada. Había sobrevivido a su propia grandeza, no sólo como defensor de ideales, sino como poeta. Era adorado en vida como «un dios muerto en los días míticos».

Los últimos años de su existencia los pasó en la resignada contemplación de su gloria de antaño. «Es una satisfacción —escribíale a un amigo— sentarse a la sombra de un árbol y leer nuestras propias poesías.»

Whittier tenía 84 años cuando murió el 7 de septiembre de 1892 en la casa de un amigo en Hampton Falls, New Hampshire.

LOS MEJORES POEMAS DE WHITTIER

Bloqueado por las nieves
Bárbara Frtetchie.
Maud Muller.
Molí Pitcher.
El niño descalzo.
Hablando a las abejas.
Melodías de mi tierra.
Mabel Martin.
La voz de la libertad.
Perdón.
La diosa eterna. Laus Deo.
A William Lloyd Garrison.
Memorias.
La plegaria de Agassiz.
Massachusetts a Virginia.
La leyenda de Nueva Inglaterra.
Cantos del trabajo.
La tienda en la playa.
La estrella del Norte.
Esclavos en el desierto.
Mi compañero.
El entierro del amigo.
Panorama.
La misiva del rey.

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Whittier John Greenleaf – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina

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