Historia de Cartagena de Indias Ciudad Amurallada Resumen



Historia de Cartagena de Indias: Ciudad Amurallada – Resumen

Cartagena —o Cartagena de Indias— es la capital del departamento colombiano de Bolívar. Recostada sobre el mar de las Antillas, a sólo tres metros de altitud, tiene un clima caluroso, netamente tropical, atemperado durante un período de tres meses al año por las brisas suaves del Caribe.

Sus 28 grados de temperatura media anual no son obstáculo para que se haya convertido en el mayor centro turístico de Colombia y meta codiciada de todo viajero ávido de «ver» la historia. Cartagena, a la que se le calculan hoy unos 1.100.000 habitantes, fue fundada, en 1533, por el capitán don Pedro de Heredia.

Es la primera ciudad amurallada de América, y también la que más ataques sufrió de piratas y bucaneros. Sus murallas, que fueron mandadas construir por el rey de España, a un costo fabuloso para la época: ¡59 millones de pesos oro!, tienen una altura de unos trece metros y un espesor entre quince y veinte.

Pero no son sólo las murallas… Sus fuertes defensivos asombran, y entre ellos se destaca el de San Felipe de Barajas, considerado la más importante fortificación colonial. Fue construido entre 1657 y 1752, con un costo de once millones de pesos oro, y con galerías subterráneas que lo comunican por debajo del mar con el centro de la plaza.

Toda Cartagena fue edificada con fines estrictamente militares y defensivos; no hay ninguna calle recta, y es de por sí un monumento hispánico en América. El 95 % de sus construcciones datan del tiempo colonial, y entre ellas merecen especial mención el Palacio de la Inquisición, el del Gobierno, la Catedral, el convento de Santa Cruz de la Popa y el de San Pedro Claver.

La mayor parte de las casas antiguas están construidas con caliza codúgera o con rocas madrepóricas. En la  Catedral, que es el primer monumento de Cartagena, fue edificada según el estilo español de la época. En el interior se encuentran algunas pinturas de la escuela de Anito, ingenua imitación de los cuadros religiosos del siglo XVI.

El pulpito es, sin duda, obra maestra de algún artista florentino del citado siglo. Así lo revela el nudo de esculturas y de pequeñas estatuas de marfil. Entre los antiguos monumentos de Cartagena, uno de los mejor conservados es el convento de los Jacobitas.

El abrigado puerto de Cartagena, hoy dedicado al cabotaje, tenía de antiguo dos entradas, pero la mayor de ellas fue cerrada hace dos siglos por los españoles, para evitar que por allí se filtraran los barcos de los piratas, como había ocurrido ya en dos ocasiones.

El método empleado para el cierre es notable. Se utilizaron viejas barcazas cargadas de piedras, cuyo fondo se abrió en medio del canal, sumergiendo tantas de ellas como para clausurar definitivamente el paso. Luego, y como culminación de la obra, plantaron algas del mar de los Sargazos, las que en poco tiempo formaron como una malla de miles de brazos que aseguró el dique.

La Boca Chica que ha quedado abierta está custodiada por dos fuertes, llamados San Fernando y San José; según se dice, en el puerto, en el pasado, por las noches se tendía una gruesa cadena de uno a otro castillo, a ras del agua, para evitar las sorpresas nocturnas. Claro que los soldados de aquel tiempo debieron luchar contra la astucia y pertinacia de los piratas que siempre contaban con agentes dentro de las ciudades costeras, presentándose de improviso para asegurar el golpe.



Ya en 1544 Cartagena conoció el primer golpe, asalto y saqueo, llevado a cabo por el francés Roberto Baal, que no logró otro botín que un lote de rehenes, a los que luego cambió por buen dinero. Los que no tenían fortuna ni parientes que respondieran por ellos fueron vendidos como esclavos.

En 1585 Drake asaltó la ciudad entrando por la Boca Grande, al amparo de la noche, e hizo rico botín con un cargamento de oro que había llegado para ser embarcado hacia España. Casi un siglo vivieron en paz los cartageneros, hasta que en 1679 otro francés, Ducasse, entró a sangre y fuego en la rica ciudad. Tomó cuanto pudo y quemó lo que no podía llevarse.

En 1741 la ya bien fortificada plaza fue asaltada por los ingleses, al mando del almirante Vernon. Entonces la muralla estaba completa, con troneras, bastiones y torrecillas diseminados. formando en su parte alta una calzada que permitía el fácil desplazamiento de los soldados, cañones y municiones.

Había cuatro castillos, pues además de los nombrados San José y San Fernando se edificaron, en tierra firme, el de Pastelillo y el de San Felipe. Los ingleses entraron en la bahía, silenciaron tres castillos y creyeron haber tomado la ciudad. Pero San Felipe, el castillo más grande y más fuerte, no se había rendido.

Defendido por el general Blas de Lezo, haciendo prodigios de valor, resistió durante dos meses el asedio inglés, hasta que obligó a Vernon a retirarse con su flota en estado calamitoso. España premió a Blas de Lezo con el título de marqués de Oviedo.

Con el arribo del siglo XIX desaparecieron los piratas, pero para la plaza de Cartagena no terminaron los pesares. Durante las guerras de la independencia se ganó el título de Ciudad Heroica, que le adjudicó el libertador Simón Bolívar…, y sus murallas volvieron a ser testigos de otras batallas en 1885, durante una guerra civil que ensangrentó a Colombia. Hoy permanecen silenciosas, como testimonio de una época de espadachines, soldados a sueldo, marqueses ávidos de oro, corsarios y bucaneros.

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere
Enciclopedia Estudiantil TOMO VII Editorial CODEX

 

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