Historia del Retrete -Water Closet- Su Inventor y Evolución



Inventor del Retrete ó Water Closet Historia de Bramah

Hacia 1775 la emigración de la población británica a las ciudades aumentaría constantemente, como una consecuencia de la Revolución industrial; contemporáneamente apareció la primera patente de un water.

El invento significó un gran avance, por cuanto los progresos en instalaciones sanitarias habían sido escasos desde la Edad Media.

Sin embargo, aún habían de transcurrir cien años antes de que la legislación recogiera la obligatoriedad de su instalación en las casas de nueva construcción; hasta aquel momento, poseer uno diseñado por Joseph Bramah había sido un motivo de prestigio y orgullo personal.

La instalación de unidades de este tipo, modernizadas, continuó hasta después de 1900.

Historia del Retrete: Egipcios, cretenses y romanos desarrollaron métodos que se conectaban al drenaje, para deshacerse de las evacuaciones, en tanto que en los monasterios medievales se usaban «biombos» colocados sobre los arroyos.

En las ciudades del medievo se instalaban asientos sobre las fosas sépticas: se llenaban unos barriles con las heces, pues luego las aprovechaban como abono. Generalmente, los receptáculos se vaciaban en plena calle.

retrete Baño romano comunitario
Retretes romanos comunitario

El primer excusado o wafer closet, alimentado por agua y conectado a una red de drenaje, fue diseñado en 1589 por John Harington, ahijado de Isabel I.

Hacia 1770, Alexander Cummings diseñó un excusado con el tanque de agua elevado.

Joseph Braman perfeccionó el sistema añadiendo el céspol o sifón, un tubo en U que, lleno de agua, actuaba como eficiente barrera de los olores que emanaban de la fosa séptica o red de drenaje.

Las primeras tazas eran metálicas, pero desde 1870 fueron reemplazadas por las de cerámica, que eran más baratas.

historia del retrete

LA DESCARGA SANITARIA: El funcionamiento de un sanitario exige una toma de agua, una habitación donde montarlo y una instalación de desagüe.

En su forma más primitiva, se limitaban a un simple agujero situado en un saliente de la pared, de modo que las evacuaciones cayeran directamente sobre algún curso de agua.

Esta disposición, aunque de origen muy antiguo, tenía posibilidades de aplicación muy restringidas, y, por otra parte, era foco frecuente de enfermedades y epidemias.

En las ciudades, las clases sociales con menores posibilidades económicas acostumbran a arrojar los excrementos a la calle, y las primeras medidas para la erradicación de tal costumbre constituyeron un rotundo fracaso.

En 1596 sir John Harington, ahijado de la reina Isabel I, describió un water conectado a un depósito de agua, con una válvula en la parte inferior del receptáculo.

Gracias a este aparato, Harington es considerado el inventor del sanitario, pero la falta de cloacas hizo que su ingenio quedara en el olvido hasta principios del siglo XVIII.

En 1778, Joseph Bramah patentó un retrete de su invención, tres años después de que el relojero Alexander Cumming hiciera lo propio con otro provisto de válvula.

Inventor del Retrete

En la patente, el sanitario de Cumming fue calificado como «de nueva construcción», lo cual, en cierto modo, venía a reconocer la existencia de modelos anteriores, aunque él fuera el primero en conseguir que el agua almacenada en la parte baja de la taza, de acuerdo con la disposición que aparecía en casi todos los sanitarios de la época, fuera sustituida completamente por agua limpia al término de cada servicio.

El retrete iba empotrado en un mueble de madera que, además de servir para la instalación de las diversas válvulas y palancas, permitía ocultarlo a la vista.

Bramah era ebanista de oficio, motivo por el cual instaló muchos sanitarios de Cumming en Londres.



Con el tiempo llegó a darse cuenta de que la válvula, de pie, se atascaba con mucha frecuencia, y decidió sustituirla por otra de disco.

En estas condiciones, el paso del agua limpiaba la cara superior del citado disco y éste, a su vez, al cerrar, retenía el agua en la parte inferior de la taza.

Según consta en la patente extendida en favor de Bramah, «la intención y los efectos de la válvula situada en la parte baja de la taza es conservar una
cantidad adecuada de agua, de modo que evite el paso por el tubo de desagüe del olor procedente de la cloaca o del pozo negro».

Además, Bramah colocó en el depósito una segunda válvula de disco que funcionaba por medio de un muelle; el conjunto estaba montado de forma que todas las articulaciones permanecieran siempre secas, para evitar que quedaran bloqueadas en caso de descenso de las temperaturas.

Por otra parte, la válvula estaba calculada para dejar pasar la cantidad precisa de agua, habida cuenta de que funcionaba acoplada a la válvula del pie, y que esta última, a su vez, se mantenía cerrada por efecto de un muelle conectado a la palanca que servía para abrirla.

Así, al subir ésta, ambas válvulas se abrían a un tiempo, y se cerraban por efecto de los muelles al empujarla hacia abajo.

El dibujo que aparece en la patente concedida a favor de Bramah muestra que el agua entraba por la parte superior de la taza, por debajo de un deflector destinado a evitar las posibles salpicaduras.

En general, todos los modelos de sanitarios empleados por aquel entonces no eran excesivamente higiénicos.

Algunos carecían de sistema de desagüe, en cuyo caso las deposiciones quedaban cubiertas por un pequeño nivel de agua; en otros, por el contrario, eran arrastradas por el agua, pero en todos ellos la carencia de higiene total quedaba compensada por el bajo precio de la instalación.

En 1815, cuando Bramah falleció, a los sesenta y seis años de edad, tenía dieciocho patentes a su favor, entre las que figuraban un candado y una prensa hidráulica.



Su primera patente había sido la de un water cuyo modelo, debidamente mejorado en todos sus aspectos, fue utilizado hasta 1885, cuando otros tipos más modernos empezaron lentamente a sustituirlo.

Con su invento Bramah ganó la batalla contra la falta de higiene. La presión del agua del water arrastraba las evacuaciones hacia los primitivos sumideros, pero éstos se mostraron pronto insuficientes y se convirtieron en focos de infección, hasta ser prohibidos y sustituidos por pozos negros (las ciudades no contaron con cloacas en condiciones de admitir las inmundicias hasta principios del siglo xx).

Fuente Consultada:
PIONEROS, Inventos y Descubrimientos claves de la Historia Teo Gómez – Editorial BookSpan
Hábitos y Costumbres del Pasado Editorial Reader´s Digest
Historia de los Inventos Editorial SALVAT

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