Casa del Acuerdo de San Nicolás

Historia de Puerto Deseado Origen Ciudad Fuerte Español

Historia Fundación de Puerto Deseado
Lugar Histórico Nacional

SANTA CRUZ: Fueron  sus costas la región señalada por el destino para que el hombre blanco tomara contacto con nuestra tierra y sus habitantes. En marzo de 1520 Hernando de Magallanes descubrió la bahía del río Deseado, el 31 sus cinco naves recalaron en San Julián y al día siguiente sus tripulantes bajaron a la playa para asistir a la primera misa. El almirante y su gente, hincada la rodilla en tierra, elevaron una oración de gracias al Creador.

Desde entonces la ruta de la Patagonia quedó fijada en las cartas marinas.

Sin embargo, por más de doscientos cincuenta años permaneció desconocida tan inmensa región y sólo en 1778, ante el temor de su pérdida, los soberanos españoles ordenaron fundar colonias que aseguraran su posesión.

El 23 de marzo de 1780 llegó a San Julián una escuadrilla colonizadora bajo la dirección de Antonio de Viedma, y como no le agradó la tierra intentó seguir a Santa Cruz, pero los vientos le llevaron a Deseado, donde debió pasar el invierno. Allí fueron entonces levantadas las primeras casas, formadas las primeras huertas y se sembró el primer trigo en la Patagonia. Allí también murieron una treintena de castellanos, las primeras víctimas del escorbuto.

Al año siguiente, trasladados los hombres, animales y elementos necesarios, se fundó la colonia de Florida Blanca a corta distancia de San Julián, que perduró tres años con toda felicidad.

Un segundo intento de posesión se efectuó entre 1790 y 1807 en Puerto Deseado con el establecimiento de una compañía pesquera y un fuerte, última avanzada cercana al estrecho donde ondeó el pabellón de España pregonando la conquista.

La Patagonia permaneció ignorada, hasta que en 1834 Carlos Darwin y Roberto Fitz Roy recorrieron las costas y se internaron por el río Santa Cruz.

Veinticinco años transcurrieron todavía antes de que un argentino pisara el territorio con el intento de poblarlo. Tal mérito le correspondió al incansable Luis Piedrabuena, quien en 1859 se instaló en la isla Pavón y enarboló por primera vez la enseña argentina. Tiempo después, el 19 de diciembre de 1878, el gobierno, por intermedio de una fuerza naval militar, tomó posesión del territorio en el sitio conocido por el Cañadón de los Misioneros.

El 16 de octubre de 1884 se dictó la Ley 1.532 que creó la gobernación de Santa Cruz y se nombró gobernador al capitán Carlos M. Moyana, explorador de su territorio.

Por Decreto Ley N° 21.178 del 22 de noviembre de 1956 se organizó la provincia del mismo nombre. En el lapso comprendido entre junio de 1955 y diciembre de 1956 Santa Cruz integró, con Tierra del Fuego y la Antártida, la llamada provincia de Patagonia.

La primera capital fue Santa Cruz, pero el 19 de mayo de 1904 por decreto se designó capital a Río Gallegos.

LA HISTORIA: Se   halla   ubicado   sobre   la   margen   izquierda   del   río   Deseado,   en   su   desembocadura en el Atlántico,  en  la  bahía que  lleva su  nombre,  descubierta  en  1520  por Hernando de  Magallanes,  quien  dio a  sus aguas  el  nombre de  Río  de  los Trabajos.

Años más tarde, el 21 de julio de 1586, salió del puerto de Plymouth la expedición corsaria del general Tomás Cavendish, con rumbo al estrecho de Magallanes. Esta flota estaba formada por los buques «Hugh Gallant», «Content» y «Desire», que era la nave capitana. Con este nombre, incorrectamente traducido, ya que quiere decir Deseo y no Deseado, llamó Cavendish a aquel lugar al arribar el 17 de diciembre  de  1586.

Durante casi dos siglos fueron varios los navegantes que después de Cavendish hicieron escala en este paraje, hasta que en 1780 el rey de España decidió afirmar sus derechos sobre él, ya que marinos ingleses, en anteriores oportunidades, habían tomado   posesión   en   nombre   de   su   rey.

Fue así como cumpliendo órdenes del virrey Juan José de Vértiz, el 13 de enero de 1780, partió del puerto de Montevideo una expedición a cargo del superintendente interino don Antonio de Viedma. Estaba formada por el paquebot «San Sebastián» y  los  bergantines  «San   Francisco  de  Paula»  y  «Nuestra  Señora   del   Carmen».

Tenía la misión de reconocer la costa patagónica desde el cabo San Jorge hasta el   estrecho   de   Magallanes,   para   formar   un  establecimiento   en   el   mejor   puerto.

Primer Puerto Deseado, Lugar Histórico

Viedma tocó primero la bahía de San Gregorio, después la de San Julián, y desde ahí intentaba alcanzar la de Santa Cruz, cuando vientos contrarios lo llevaron a Puerto Deseado, donde ancló ej 19 de abril del mismo año; desde ahí despachó la «San   Sebastián»   a   pedir   nuevas   instrucciones   al  virrey.

Obligado a pasar el invierno, desembarcó y con la mayor rapidez posible mandó se levantara una capilla, algunos ranchos para albergue y almacenes, al mismo tiempo  que  hacía  sembrar las  primeras semillas  del  trigo  que  germinó  en   esa  región.

La carencia de víveres frescos provocó entre los hombres de la expedición una epidemia de escorbuto; sumado esto al descontento general, pidieron abandonar esa tierra tan inhospitalaria. El 28 de agosto, a bordo del bergantín «Nuestra Señora del Carmen», el gobernador envió hacia Montevideo a los enfermos y amotinados, quedando   sólo   con   veintiún   hombres.

El 12 de diciembre volvió el bergantín con la orden de abandonar Puerto Deseado y trasladar la gente a San Julián para establecer una colonia. El 21, después de ocho meses   de  sufrimientos,   dejaban   para   siempre   el   desolado   paraje.

Diez años más tarde se fundó una colonia de la Real Compañía Marítima de Pesca,   institución   creada   por   orden   de   Carlos   III.

En mayo de 1790 se inició la construcción de un fortín de piedra y yeso, a una legua de distancia de la entrada del canal, en una amplia explanada de la costa norte, en tierras elevadas alrededor de catorce metros sobre el nivel medio de las mareas, y al pie de una cuchilla de rocas de porfirio, que lo amparaban de los vientos  huracanados  del  oeste.

Era un reducto cuadrado del cual tan sólo quedaban en 1900 tres torreones, y gran   parte  de   la   muralla   que   lo   rodeaba.

En 1792 se estableció en aquel lugar un presidio a pedido de la Compañía Marítima de Pesca, pero diez años más tarde ésta dio término a sus actividades, ya que   nunca   logró   producir   ninguna   utilidad.

En la época de las invasiones inglesas, los pocos pobladores del fuerte se retiraron a Carmen de Patagones; tiempo después, los indios tehuelches incendiaron las últimas   construcciones   del   fuerte   de   Puerto   Deseado.

El 23 de diciembre de  1834 el  almirante  inglés  Roberto  Fitz  Roy   —que   realizaba el levantamiento de cartas marinas en la costa patagónica— ancló con su buque «Beagle» frente a las ruinas de dicho fuerte. El célebre naturalista Charles Darwin, compañero de expedición, hizo reconocimientos durarite tres días por agua y tierra, recopilando importantes datos para sus obras.

En 1880, el gobierno creó una colonia pastoril que más tarde fue disuelta por originar gastos muy grandes al erario, y cuatro años después, dieciocho personas llegadas en el vapor «Loire» constituyeron la nueva y definitiva colonia de Puerto Deseado.

Por decreto del 19 de diciembre de 1889 se creó el pueblo Puerto Deseado, y más  tarde  fue  aprobada   su   mensura.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 12.466 del 5 de noviembre de 1943.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina Edit. ATLANTIDA Carlos Vigil

HISTORIAS EN PUERTO DESEADO: Para proteger los  asentamientos españoles en América de los ataques piratas, como el famoso Francis Drake, se decide en 1584 enviar una expedición dirigida por Sarmiento de Gamboa a la patagonia. Gamboa arriba con cinco barcos y quinietos trinta y ocho tripulantes, funda la «Ciudad de Nombre de Jesús», próximo a Cabo Vírgenes en medio de un tiempo borrascoso. La gente debe soportar el frío extremo de esa zona y además el suelo no es muy apto para cosechas productivas, obligando a pasar tristes situaciones de hambre y frío extremo.

Gamboa decide fundar otra población en una zona menos hóstil, y zarpra con cincuenta tripulantes, mientras un centenar de colonizadores marchan a pie durante quince peligrosos días, donde eran atacador pos los indios de la zona. Finalmente Gamboa  funda una nueva ciudad, llamada Ciudad Rey Felipe (futuro Puerto deseado) , pero al poco tiempo surge un nuevo malestar general por la falta de alimentos, que termina en un motín. Cuando Gamboa quiere regresar a Cabo Vírgenes, la nave es arrastrada por un temporal que lo deja muy lejos, cerca de Río de Janeiro, desde ahi, solicita ayud a la corona pero el auxilio nunca llegó.

Ya sin esperanzas, decide volver a España, pero 1556 cae prisionero del corsario inglés  Walter Raleigh que lo entrega a Isabel II, reina que lo recibe con respecto y lo regresa a su hogar en España, pero con tanta mala suerte que durante el viaje es apresado en suelo francés y recién despúes de cuatro penosos años puede acudir a la ayuda de España, sobre suplicando por aquellos pocos pobladores del estrecho, a los cuales suponía vivos, pero que en realidad ya no quedaba nadie con vida.

Cuenta Roberto Hosne, autor de «Patagonia, El Territorio de la Aventura«: Un día de enero de 1587 tres mujeres y quince hombres, últimos sobrevivientes de la expedición de Sarmiento de Gamboa, aguardaban en la boca del estrecho por alguna nave salvadora hasta que, alborozados, estallando en llantos y gritos, agitando los brazos, divisan velas en la lejanía.

Era la flota del pirata inglés Tomás Cavendish, que había zarpado de Ply-mouth en julio de 1586 y luego de navegar frente a la costa patagónica fondea en el mismo sitio donde desembarcó Drake, quien había llamado al paraje Bahía de las Focas y que Cavendish rebautizaría «Desire», el nombre de su nave, que se perpetuó como Deseado.

Cuando se acercaba al estrecho avista al grupo de mujeres y hombres, cuyo aspecto era lastimoso; tres españoles subieron al Desire clamando auxilio y mientras uno quedó a bordo, dos fueron en busca de los que ansiosamente esperaban en tierra, pero cuando estos se aprestaban a embarcar, la nave de Cavendish empezó a alejarse. Estupefactos, veían como se apagaba su única esperanza de salvación.

¿Qué pudo haber motivado esa desconsiderada actitud de Cavendish?

La repentina aparición de vientos favorables, lo cual no era muy frecuente dado que generalmente soplaban en dirección contraria obstaculizando el ingreso al estrecho —se dijo— decidieron a Cavendish a aprovecharlos para continuar navegando, dejando de lado el sal-vataje de las diecisiete personas que esperaban por su rescate.

Tomé Hernández, el único español que subió a bordo del Desire fue el que relató más tarde este trágico episodio.
Cavendish remontó el estrecho y fondeó en Rey Felipe sin hallar a nadie, salvo a unos ejecutados pendiendo de la horca. Francis Pretty, maestre del Desire, refiriéndose al resto de la gente, abatida por el hambre y las enfermedades, apuntó: murieron como perros en sus casas, y vestidos, y así los encontramos… mientras el villorrio estaba terriblemente inficionado por el hedor de la gente muerta.

Cavendish ordenó a sus hombres aprovisionarse de agua y leña, incautarse de las armas y cañones y destruir e incendiar el poblado, que rabautizó Port Famine (Puerto Hambre).

El último sobreviviente de la expedición de Sarmiento de Gamboa es rescatado por la Delight of Bristol, capitaneada oor el pirata Andrés Merrick, en enero de 1590. La nave había recalado en Deseado para reparar averías y cuando se dirigía al estrecho, avistan y rescatan al español. Las tormentas huracanadas castigan al barco y quince tripulantes desaparecen. Cuando anclan para efectuar refacciones son atacados por los indios y mueren otros siete marinos.   Se  desencadena  una violenta tempestad y se traga a treinta tripulantes; estalla un motín y Merrick se ve obligado a regresar a Europa.

En el trayecto mueren él y el español y cuando la nave arriba al puerto de Cherburgo, del centenar de tripulantes con los que la Delight of Bristol había zarpado en 1589 de Plymouth, solamente seis quedaban con vida.

Puerto Deseado en 1600

Curiosa visión de Merian, en un grabado de 1655. En La desembocadura del río Deseado pueden versenaves ancladas, choiques (ñandúes) y guanacos moviéndose sin sobresaltos, mientras unos tripulantescazan pingüinos y, aparentemente, lobos marinos. Algunos hombres se aprovisionan de agua dulce y otros,observan el esqueleto de un patagón «gigante «.

Historia de la Casa Donde Dieron Muerte a Lavalle en Jujuy

LA MUERTE DEL GENERAL LAVALLE EN JUJUY: MONUMENTO HISTÓRICO

Esta vieja casa se halla ubicada en la ciudad, a  media cuadra de la  iglesia de San Francisco, en  la calle Lavalle 256, entre las de  Belgrano y San  Martín. Su frente liso tiene una amplia  puerta y dos ventanas coloniales enrejadas, y hacia el lado de la iglesia se abre otra puerta y dos ventanas más, que hacen   suponer formaron también parte del primitivo edificio.

Al efectuar la nivelación de la calle los escalones de la puerta principal han quedado a regular altura.

Las habitaciones que dan a la calle se comunican con el zaguán, que termina en un  arco  de  medio  punto.

El edificio tiene tres patios; el primero es casi cuadrado, de gruesos muros blancos y techado con tejas españolas. Su piso, así como el del zaguán, está cubierto de lajas cuadrangulares bajo las cuales se conserva el antiguo de guijarros.

casa donde murio el general lavalle

Dando frente al zaguán hay un pasillo, también con arco de medio punto, que conduce al segundo patio, que es rectangular. Tres de sus lados tienen un corredor cubierto de tejas y sostenido por pilares cuadrados.

El tercer patio, que viene a formar el fondo de  la casa, está lleno de árboles.

Al segundo patio da un gran comedor con piso enladrillado. A continuación hay otra habitación, y seguida de ésta la sala donde estuvo alojado el general Lavalle, de la cual, bajando un escalón, se llega a la pieza que de este lado da a la calle.

Esta propiedad perteneció a doña Leocadia de Zenavilla de Alvarado, esposa de don Ramón de Alvarado.

El lamentable episodio que la hizo tristemente célebre ocurrió así:

Derrotado Lavalle por las tropas federales en Quebracho Herrado y diezmado su ejército en Famaillá, llegó en la noche del 8 de octubre de 1841 a Jujuy con un grupo de sus hombres. Después de golpear varias puertas en vano, se le proporcionó alojamiento en una casa a la sazón deshabitada y donde residiera el Dr. Bedoya, enviado de Lavalle ante el gobierno de Jujuy, quien había huído a Bolivia.

En el amanecer del 9, cuando Lavalle y los hombres que lo acompañaban se encontraban entregados al reposo, fueron despertados al grito de «¿Quién vive?» dado por el centinela. Era una partida federal que venía recorriendo la ciudad en busca del Dr. Bedoya, sin sospechar que fuera  Lavalle quien  ocupaba  la casa.

El general ordenó cerrar las puertas y ensillar los caballos y el pequeño grupo unitario se aprestó a defenderse, ya que no había tiempo para solicitar refuerzos al coronel Juan Esteban Pedernera, que se hallaba acampado en las afueras de la ciudad, en los tapiales de Castañeda.

Lavalle se vistió rápidamente y salió al patio dirigiéndose al zaguán para cerciorarse de cuántos eran sus enemigos, pero cuando estaba a pocos pasos de la puerta se oyeron tres tiros. Una de las balas penetró por el ojo de la cerradura y lo hirió en el cuello. Lavalle se desplomó, y quiso arrastrarse hasta la puerta, pero no pudo y quedó al fin sin vida.

Entre tanto sus compañeros salieron por los fondos de la casa con el fin de unirse a las tropas, mientras en el zaguán quedaba abandonado el general, muerto en forma casual por los soldados rosistas, quienes huyeron desconociendo el resultado de sus  disparos.

Más tarde los sobrevivientes del Ejército Libertador, a las órdenes de Pedernera, marcharon hacia la Quebrada de Humahuaca llevando e) cadáver de su jefe cubierto con la bandera nacional —que había sido confeccionada en Montevideo por doña Juana Manso— y atravesado sobre el hermoso tordillo que le había acompañado en sus batallas.

La triste cabalgata llegó hasta Potosí, en cuya Catedral fueron depositados los restos del valiente caudillo.

Entre ¡as muchas placas colocadas en el frente de la histórica casa hay una que recuerda  este   doloroso   y  lamentable  episodio  de   aquellos  oscuros  días  de   la  tiranía.

La puerta perforada por los balazos de sus enemigos fue trasladada a nuestra capital y se le conserva en el  Museo Histórico Nacional.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Campamento El Plumerillo de San Martín Ubicación

HISTORI DEL CAMPAMENTO DEL PLUMERILLO

A fines de 1815 el general San Martín resolvió evitar el contacto de su ejército con la ciudad, y para ello pensó trasladar los regimientos que se encontraban en los cuarteles de La Cañada, San Agustín y Santo Domingo a campos situados en los alrededores de Mendoza, pero los que consideró apropiados quedaban muy retirados y a él le convenía uno más cercano, que le permitiera atender simultáneamente la preparación de su ejército y los asuntos de gobierno.

Por esto aceptó los terrenos que le cedió en préstamo el vecino don Francisco de Paula de la Reta, a poco más de una legua de la ciudad y a la derecha del camino a San Juan, en el paraje de El Plumerillo, designación popular con que se conocía esa región por la abundancia de una planta parecida a un plumero.

campamento de san martin el plumerillo

El  ingeniero Alvarez Condarco fue encargado para delinear el campamento en ese lugar húmedo, salitroso y lleno de charcos. Trazó una plaza de unas cinco manzanas, y sobre el costado oeste se levantaron galpones provisionales de tapia con techos de espadaña, divididos por compañías, con departamentos para jefes y oficiales, guardias y cocinas.

En marzo de 1815 San Martín comisionó al brigadier Bernardo O’Higgins para que construyera los cuarteles definitivos, en los cuales se utilizaron en gran parte materiales facilitados por los vecinos.

El 30 de septiembre de ese año se dieron por terminadas las obras del campamento, contando entonces con una línea de cuarteles al oeste de la plaza, donde se Instalaron los batallones números 8 y 11 de Infantería, el 1° de Cazadores y la artillería. Poco más atrás estaban las cocinas, y a mayor distancia los alojamientos de jefes y oficiales. Por el lado norte quedaban los cuatro galpones para el regimiento de Granaderos a Caballo, y por el lado sur el rancho del general en jefe, el Cuartel General y el Estado Mayor.

Al centro del costado este de la plaza se levantaba un grueso paredón de adobes de doble fila, de cien metros de largo, destinado al tiro al blanco.

La actividad fue en aumento y se intensificó la instrucción diaria en El Plumerillo. Antes de las cinco de la mañana estaba ya en pie San Martín, recibía a sus ayudantes y dictaba las órdenes geEl 5 de enero de 1817 el ejército, en traje de parada, dejó por primera vez el campamento y fue a la ciudad para rendir honores a su Virgen Patrona y asistir a la bendición de la bandera; a la tarde formó en El Plumerillo para cumplir el juramento sagrado. La bandera estaba en manos del brigadier Soler rodeado por el Estado Mayor; San Martín se adelantó y cruzando su espada con el asta hizo el solemne juramento, luego los jefes y oficiales, y por último la tropa.

Después del 15 de enero se concentraron en el campamento los cinco mil trescien tos siete hombres que componían el Ejército de los Andes, de los cuales la mayor parte habían  sido  reclutados en   Mendoza.

El día 18 partió la columna de Las Heras por la ruta de Uspallata. Del 19 al 24 salieron Soler, O’Higgins, Zapiola y de la Plaza por el camino de Los Patos, con el grueso del ejército. El último en abandonar El Plumerillo fue el propio general San  Martín.

Tiempo después eran desarmados los cuarteles y devueltos a sus dueños los materiales, obsequiándose a los pobres con los restos sobrantes para que construyeran sus ranchos.

El campamento estuvo totalmente olvidado hasta 1899, año en que un grupo de men-docinos levantó una modesta pirámide con  los escudos de Argentina,  Chile y Perú.

Transcurridos treinta y tres años, el 17 de agosto de 1932 —829 aniversario de la muerte de San  Martín—, el  Banco de  la  Provincia de  Mendoza  cedió al Ministerio de la Guerra una fracción de poco más de cuatro hectáreas de tierras cercanas al antiguo campamento.
El gobierno mendocino acondicionó este terreno, construyendo a su entrada un portón alegórico y colocando a cada lado un cañón de los utilizados por el Ejército de los Andes.

En realidad, la columna recordativa no se encuentra en el sitio exacto de la jura de la bandera, sino a unos mil metros de lo que era el campamento.

En 1935 fueron depositados los restos del general mendocino Jerónimo Espejo en el centro del campo, último homenaje al que marchó en esa cruzada gloriosa y fue su mejor narrador.

El Plumerilio fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 107.512 del 6 de diciembre de  1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de las Bóvedas de San Martín en Mendoza Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO: LAS BÓVEDAS DE SAN MARTÍN

Estas construcciones que hoy se conocen como las Bóvedas de San Martín datan de los últimos años del siglo XVIII y se encuentran ubicadas a la entrada del valle de Uspallata. La región era ya conocida por los conquistadores desde los primeros años del siglo XVII por sus ricas minas de plata y cinc, las que a partir de 1777 cobraron gran impulso. En los trabajos se empleaban indios sometidos a la mita, además de algunos delincuentes enviados allí para tal fin.

En 1792 se trabajaba con dos máquinas de dos y cuatro barriles, respectivamente, lo que da idea del grado de adelanto que había alcanzado el laboreo de los minerales, especialmente la plata, que según comprobaciones hechas en Potosí era de la más pura calidad.

bóvedas en Mendoza

De esta última época, según se supone, data la construcción de las Bóvedas, en las cuales se trabajó hasta los primeros años del siglo XIX.

Son unos edificios rectangulares, achatados, con varias habitaciones cuyos techos, tanto interior como exteriormente, presentan una curiosa forma de cúpula. Sus ruinosas paredes de piedra y barro están recubiertas interiormente, en gran parte, por una gruesa capa de hollín, lo cual confirmaría que estos recintos fueron utilizados como fundiciones. En los terrenos circundantes se pueden observar todavía los restos de un gran malacate, piedras de molinos y residuos de carbones.

Estas edificaciones deben su nombre de Bóvedas de San Martín a la tradición, que indica que el general se alojó en ellas en julio de 1816 durante uno de sus viajes a la cordillera. Sea o no cierto esto, pues no existen documentos al respecto, lo que se presume es que estas viejas bóvedas de Uspallata sirvieron como hornos de fundición de los metales que bajo las hábiles manos de fray Luis Beltrán habrían de convertirse en cañones y armas  para  el  ejército  libertador.

Cuando el general don José de San Martín fue nombrado gobernador de Cuyo e inició la preparación del Ejército de los Andes se preocupó activamente de darle impulso a la explotación de las minas de Uspallata, cobrando con tal motivo las viejas bóvedas, que eran  a  la sazón  propiedad  de  don   Pedro  Molina,  renovada  importancia.

Se ha supuesto también que en estos edificios se había instalado una fábrica de pólvora, lo que queda desvirtuado por los documentos de la época, según los cuales la única que existió en Mendoza funcionaba en una casa de la capital, bajo la dirección del ingeniero Alvarez Condarco. Tal suposición y la antedicha de haber pernoctado allí el general San Martín han sido los motivos que se tomaron en cuenta para declarar de valor histórico estas construcciones, valor que de todos modos queda justificado por su curiosa arquitectura, su procedencia de la época colonial y la fundición de metales instalada en ellas.

Las Bóvedas de San Martín están situadas en el departamento de Las Heras, a ciento dos kilómetros de la ciudad de Mendoza, al costado derecho del camino que va desde Uspallata a Calingasta. Fueron declaradas Monumento Histórico por Decreto N° 30.835 del 10 de diciembre de 1945.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Combate de Potrerillos Organización y Desarrollo

EL COMBATE DE POTRERILLOS EN MENDOZA: LUGAR HISTÓRICO

En Potrerillos, lugar situado a sesenta kilómetros de la ciudad de Mendoza, se libró el 25 de enero de 1817, el primer encuentro entre una avanzada del Ejército de los Andes y una patrulla realista.

El general José de San Martín había dispuesto que la parte principal de las tropas cruzase la cordillera por las rutas de Los Patos y Uspallata. Por este último paso debía avanzar la columna dirigida por el coronel Juan Gregorio de Las Heras, quien llevaba como segundo jefe de  la expedición al sargento  mayor Enrique  Martínez.

Esta división se hallaba compuesta por ochocientos hombres, correspondientes al batallón número 11; treinta granaderos a caballo; dos piezas de montaña con treinta artilleros de igual número de mineros zapadores, provistos de picos y barretas, y un escuadrón  de  milicias de San Luis, destinadas al arreo y cuidado del ganado.

Por ser la ruta de Uspallata más accesible que la de Los Patos, San Martín dispuso, además, que la artillería pesada, el parque y la maestranza, a las órdenes de fray Luis Beltrán, marchasen a la retaguardia de las tropas.

La división de Las Heras partió del campamento de El Plumerillo el 18 de enero de 1817 y, de acuerdo con el plan trazado previamente por el Gran Capitán, avanzó por la quebrada de Cañota directamente hacia el Oeste, alcanzando el valle de Uspallata el día 20. Allí levantó un campamento temporario en el que permaneció seis días, para dar tiempo a que el grueso de las tropas, que debían recorrer un camino más largo, pudiese realizar su marcha.

combate de potrerillos

Imagen de la zona donde ocurrió el combate

Mientras tanto, el jefe realista Miguel María de Atero, enviado por el mariscal Francisco Marcó del Pont, había dispuesto que un destacamento de doscientos cincuenta hombres al mando del mayor Miguel Marqueli practicase un reconocimiento para informarse de la situación de las tropas patriotas. Marqueli con cincuenta hombres avanzó hasta Picheuta y en la madrugada del 24 de enero sorprendió a la guarnición del fortín, compuesta por un cabo y trece soldados. Siete hombres lograron escapar y el resto fue tomado prisionero por los realistas, quienes se replegaron hasta  Potrerillos.

Al tener noticias de lo sucedido en Picheuta, Las Heras dispuso que una columna, formada por ochenta y tres hombres del batallón número 11 y los treinta granaderos a caballo, al mando del sargento mayor Martínez, saliese en persecución de los españoles.

Al amanecer del 25 de enero atacó al enemigo, que se hallaba situado en Potrerilios, en  la margen derecha del río de  las Vacas.

Los patriotas echaron pie a tierra y al instante se generalizó un combate que duró dos horas y media. Al cabo de ese tiempo, Martínez comprendió que la posición de los realistas era muy difícil de tomar y por ello ordenó la retirada, llegando hasta el Paramillo de las Vacas, donde se detuvo a la espera de los acontecimientos.

Marqueli, a su vez, emprendió el regreso apresuradamente. Ante tan inesperada actitud, Martínez dispuso que varias patrullas lo persiguiesen. Por ellas pudo luego saber que el enemigo había franqueado los pasos de las cumbres, alejándose del lugar.

El jefe argentino resolvió entonces regresar al campamento de Uspallata, dejando una avanzada de observación en Potrerilios y otra en Picheuta.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 5.043 del 25 de agosto de  1952.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA NATAL DE LAPRIDA: MONUMENTO HISTÓRICO

La casa donde nació don Francisco Narciso de Laprida estaba situada en la calle Ruperto Godoy, ex General Acha, número 238 al 40, de la capital sanjuanina. Edificada sobre un solar de unos treinta metros de frente y más de sesenta de fondo, se hallaba a una cuadra y media de la plaza 25 de Mayo, el centro más importante de la ciudad.

Si bien no se tienen noticias de la fecha en que fue construida, se sabe que sus primeros propietarios fueron miembros de la familia del procer, pasando, por sucesivas herencias, a poder de su hermana doña Trinidad Laprida, y de su esposo, don José Sánchez.

Años, más tarde, a la muerte de éstos, la finca pasó a poder de la hija del matrimo nio, doña Carlota Sánchez Laprida, quien la legó luego a su sobrina, doña Francisca Sánchez. Esta, cuando recibió la casa, estaba casada con don Juan de Dios Jofré, profesor de enseñanza secundaria,, director general de escuelas y amigo dilecto de don Domingo Faustino Sarmiento.

casa de laprida

Muerto el señor Jofré, sus hijos, María Delia y Francisco Jofré Sánchez, quedaron como dueños de la casa hasta el año 1910, la cual la vendieron a don Héctor Conté Grand, distinguido hombre público y periodista, casado con doña Delia Jofré.

Entre los años 1922 y 1930 el señor Conté Grand realizó numerosas refecciones, no sólo en muchas de las veinte habitaciones de que se componía en aquel entonces la vieja casa, sino que le reconstruyó íntegramente el frente.

Muchas fueron las modificaciones que en el correr de los años se le hicieron a la amplia casa, destacándose entre ellas el agregado de un alero de tejas interrumpido en el centro por un arco y de uno más pequeño colocado encima de la puerta principal. Además, se añadieron en la parte superior de las ventanas del frente molduras en forma de arco y otras semejantes a columnas.

En el año 1888 las autoridades provinciales colocaron en la fachada del edificio una placa de bronce en la que se leía  la siguiente  inscripción:  «Casa donde  nació el  Dr. Dn. Narciso Laprida, el 28 de octubre de  1786. Presidente del Congreso de Tucumán que declaró en 1816 la Independencia Nacional».

Si bien esta placa establecía de manera clara el 28 de octubre como fecha de nacimiento del procer, el día se ha prestado a diversas interpretaciones, pues en la partida de bautismo, ceremonia que se cumplió en la iglesia Matriz de San Juan el 30 de octubre de 1786, dice que: «el R.P.Pr. de Santo Domingo, Fray Jacinto Irrásabal con licencia del Dr. Dn. Juan Alvarez, cura interino, Baptesó, puso óleo y crisma a Francisco Narciso, de tres días, hijo legítimo de Don Jose Laprida y Doña Isnacia Sánchez. . .»

Por sus antecedentes, la vieja casona fue declarada por Decreto N° 6.706 del 11 de marzo de 1948 Monumento Histórico, pero había quedado en tan malas condiciones luego del terremoto que azotó a la provincia en el año 1944, que fue necesario demolerla íntegramente.

Entonces el Poder Ejecutivo dio el 29 de julio de 1949 un nuevo Decreto N° 17.964, modificando el anterior y por el cual se declaró Solar Histórico el lugar donde se levantaba la casa, y en cuyos considerandos dice: «Que con el precitado decreto se procuró rendir un justiciero homenaje a la memoria de quien actuó patrióticamente en la campaña de la Independencia y contribuyó a la organización civil de la Nación; y mantener vivo, consecuentemente, en el espíritu de las ^ nuevas  generaciones el  culto  de  nuestras más  honrosas tradiciones.

«Que se tuvo en cuenta, asimismo, el proyecto del consejo de Reconstrucción de San Juan, de formar en dicha ciudad un barrio histórico dentro del cual quedaría la  rasa  que fue  del   Doctor Laprida.

«Que  dicho   proyecto   ha   quedado  sin   efecto,   agregándose   a   esta   circunstancia   el estado ruinoso en que se encuentra el edificio, cuya fachada habría que correr unos metros  con   motivo   del   nuevo   planeamiento   de   reconstrucción   de   la   ciudad   andina.

«Que para justificar la declaración de Monumento Histórico, de acuerdo con la Ley 12.665, se impondría una restauración completa del referido edificio y la expropiación del terreno, la cual originaría un gasto que no es aconsejable efectuar en los actuales momentos por las disposiciones que exigen introducir economías en la Administración  Pública».

En la actualidad en el terreno que ocupara se ha construido el moderno edificio de   una   galería,   en   cuyo   frente   fue   colocada   la   placa   mencionada   anteriormente.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca Monumento

HISTORIA DE FRAY JUAN MAMERTO ESQUIU – CASA NATAL: MONUMENTO HISTÓRICO

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto  Esquiú,  antiguamente llamado  Piedra  Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil. Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja. Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque. A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina. Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba, fray Mamerto de la Asunción Esquiú. Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse. Fue así como antes de los cinco años la madre le arre gló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . . Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente. Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales. Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó. La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales. Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En  septiembre  de   1935  el   Congreso   Nacional   sancionó  una  ley  declarando   Monu mentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta  mil  pesos  para  que se efectuasen   las  reparaciones  necesarias y se construyera un templete de material a fin de  resguardar al  edificio de  las  inclemencias  del  tiempo.

En el  interior del templete,  se conservan  dos de  las plecltas de la casa donde  naciera el religioso, en las que se puede observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su  provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

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Casa Natal de San Martin Historia del Lugar Histórico Nacional

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ EL GENERAL SAN MARTIN

Yapeyú, el histórico pueblo, se encuentra situado en e! departamento de San Martín, y fue fundado sobre la margen izquierda del arroyo Guaviraví, en el rincón que forma su desembocadura con el río  Uruguay.

En el año 1626 era gobernador del Río de la Plata don Francisco de Céspedes, quien deseando poblar la zona del río Uruguay comisionó al padre jesuíta Roque González de Santa Cruz para que fundara la reducción de Nuestra Señora de los Santos Reyes de Yapeyú.

Durante los últimos meses de ese año el padre González inició la formación de un pueblo, al que no dio carácter de misión debido a la falta de pobladores. En febrero de 1627, acompañado del padre Provincial Nicolás Duran y del padre Pedro Romero, quien fue encargado expresamente de establecer y organizar el pueblo de Yapeyú, dio principio a su obra el día 4 con cíen indios charrúas. A fines de mes ya se había levantado una capilla y una casa para el padre Romero, quien se hizo cargo de la misión.

casa de san martin en yapeyu lugar historico

El pueblo comprendía unas dieciséis hectáreas, con sus construcciones de piedra, adobe y tejas. Los edificios jesuítas estaban distribuidos en dos patios: en el primero se ubicó la iglesia, el cementerio, las celdas para los padres y los talleres, y en el segundo había dos almacenes, el cabildo y la casa para los gobernadores. Prontamente se convirtió en una de las reducciones más florecientes y sus fértiles tierras dieron origen a la ganadería y a la agricultura, llegando a tener en 1767 más de cuarenta y ocho mil vacunos de corral.

Yapeyú alcanzó el rango de capital de la provincia misionera, tanto por su magnífica posición estratégica, que cerraba el paso obligado para bajar a Buenos Aires o internarse río Uruguay arriba, como por su población y comercio.

El 14 de febrero de 1768 fue nombrado teniente gobernador el capitán Francisco Bruno Zavala, en la nueva organización administrativa de las misiones resuelta por Bucareili. El 23 de agosto de 1768 y el 15 de enero de 1770 se acordó un cambio en la administración y Zabala pasó a Candelaria, mientras en Yapeyú quedaba don Francisco Pérez con Igual puesto.

El 6 de abril de 1774 se hizo cargo como teniente gobernador don Juan de San Martín, casado con doña Gregoria Matorras, padres del Libertador. Se instalaron en la residencia de los gobernadores, que era una pequeña fortaleza, compuesta de una casa de familia con gran patio, una serie de cuartos pequeños para la tropa y un extenso corralón que servía de caballerizas.

El 25 de febrero de 1778 nació, según la tradición, en una de las habitaciones de esta casa José de San Martín, el cual se trasladó a principios de 1783 con sus padres a  Buenos Aires, embarcándose el  23  de  marzo   para  España.

El pueblo, cuna del héroe, fue incendiado el 13 de febrero de 1817 por trescientos soldados al mando del capitán Gamas, por orden del brigadier portugués Chagás. Debido a este hecho y a la destrucción del tiempo, no quedaron de la antigua  misión  nada  más que  unas taperas  ocultas  por la  maleza.

Iniciada la reconstrucción, el gobernador de Corrientes don Juan Pujol pidió el 20 de agosto de 1859 restablecerlo con el nombre de San Martín, pero sólo un año después, el 13 de febrero de 1860, fue dictada la ley respectiva, acordando además entregar tierras gratis a los pobladores. Debido a las malas mensuras, la casa donde nació el Libertador pasó a dominio privado.

La última delineaclón del pueblo, que estuvo a cargo del agrimensor Martín Zapata, se concluyó el 17 de junio de 1887. En su informe decía que en la manzana N° 45, al costado sur, se hallan las ruinas de la casa de San Martín. Era la primera de la barranca, tenía palmeras en su patio y estaba situada junto a un ombú; de los muros sólo quedaban restos, ya que los colonos establecidos en 1862 demolieron todo el pueblo, y nadie se preocupó  nunca de  restaurarla.

Como homenaje al Libertador se levantó el 12 de octubre de 1899 una columna conmemorativa en la plaza, y ese día Cecilio Ruidíaz donó al gobierno el terreno de la manzana 45, donde están las ruinas de la casa histórica.

El 17 de agosto de 1922 fue inaugurado el templete dentro del cual se guardan los restos subsistentes de la casa de San Martín, y que se construyó por suscripción popular.

Finalmente la provincia de Corrientes decidió declarar Monumento Provincial, el 3 de abril de 1938, «Las ruinas de la Casa de los Gobernadores de Yapeyú donde nació el general San Martín».

De acuerdo con un proyecto presentado el 13 de julio de 1915 por el diputado Ramón Beltrán y aprobado por ambas cámaras, el gobierno de la Nación promulgó el día  16 la Ley N° 9.655 que dice así:

«Artículo l° — Autorízase al P.E. para adquirir en propiedad la manzana de terreno ocupada por las ruinas de la casa que fuera del general don José de San Martín, en Yapeyú, con el objeto de restaurarla y conservarla como monumento de gratitud nacional».

Este antecedente viene a demostrarnos que, a pesar de lo que se ha dicho, las ruinas de la casa natal del Libertador no han sido declaradas Monumento Histórico.

En cambio el pueblo de Yapeyú, hoy San Martín, fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 24.455 del 6 de octubre de 1945.

Cerro de la Caballada Historia del Combate Defensa de la Soberanía

LUGAR HISTÓRICO:COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en  la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos. Fue escenario de una de las acciones más  brillantes  ocurridas  durante  la  guerra  con  el   Imperio  del   Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial. Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro. El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada, desde donde contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro. Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre  los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd. La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia. Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927, ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

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Historia del Fuerte Carmen de Patagones Francisco Viedma

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: FUERTE CARMEN DE PATAGONES

El pueblo de Carmen de Patagones se halla edificado sobre la margen norte del río Negro, a siete leguas de su desembocadura en el Atlántico, en el departamento de Carmen de Patagones.

En abril de 1779 el superintendente de los establecimientos de la costa patagónica, don Francisco de Viedma, fondeó en la margen derecha del río Negro y después de tratar con los indios inició la construcción de una población a la que denominó Carmen de Patagones y que colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Como primera medida hizo cortar madera para levantar un fuerte con foso.

Debido a una creciente que inundó el poblado, Viedma lo trasladó a la margen opuesta del río, en un sitio estratégico desde el punto de vista militar.

Fuerte de Patagones Monumento Historico

El 2 de octubre llegó el primer grupo de pobladores, consistente en ocho hombres y dos mujeres que acompañaban a sus maridos. De inmediato se procedió a la delineaclón de un fuerte provisional de ochenta varas de perímetro, rodeado por murallas de unas cinco varas de alto, levantándose en su interior los ranchos y cobertizos para la gente. Dirigió las obras el sargento de artillería José Michán, quien tenía como ayudante al maestro albañil Bartolomé Vásquez.

En febrero de 1780 se había hecho ya gran parte de las murallas, levantado el almacén de víveres y casi terminado la capilla.

Como el plazo exigido para la conclusión era de ocho meses, el sargento Michán solicitó, además de un técnico, trabajadores que no solamente le ayudaran en la obra sino que supieran hacer adobes y quinchar. Accediendo a su pedido, el virrey envió al ingeniero José Pérez Brito y setenta hombres entre albañiles y peones.

Don Francisco de Viedma utilizó como material de construcción el «tepe», extraído de la margen del río y que consistía en pedazos de tierra entreligados con las raíces de la grama, los cuales cortados convenientemente servían para hacer murallas. Más tarde, habiendo descubierto Viedma una abundante cantera de piedra cerca del fuerte, resolvió aprovecharla.

En octubre de 1780 llegó a Patagones el antedicho ingeniero, quien hizo las observaciones de las, obras realizadas y las comunicó al virrey. Encontró que el lugar del fuerte provisional era bueno, y allí mismo procedió a la construcción del nuevo, que dominaba toda la población, así como la parte del río que servía de muelle y los caminos por donde podrían acercarse los indios enemigos.

Carmen de Patagones fue escenario el 7 de mayo de 1827 de la acción de guerra conocida en nuestra historia con el nombre de Combate de Patagones.

Durante el bloqueo del río de la Plata por las fuerzas brasileñas, el puerto de Carmen de Patagones era utilizado como base principal de los buques corsarios que recorrían el Atlántico. A consecuencias de esto la reducida población se había visto aumentada con gran cantidad de negros libertos por los mismos corsarios y que completaban la guarnición del fuerte.

A mediados de febrero de 1827 una división enemiga al mando de James Shepherd se dirigió a Patagones.

Cuando los barcos brasileños estuvieron a la vista se dio la alarma, y la batería ubicada frente a la boca del río Negro fue protegida por milicianos del fuerte al mando  del  coronel  Felipe  Pereira y  del  subteniente  Sebastián  Olivera.

A pesar del recio fuego de la batería, las naves Itaparica, Escudelro y Constanza consiguieron franquear el 28 de febrero la línea de resistencia y continuar río adentro, no así la Duquesa de Goyaz, que quedó varada y fue destrozada por las olas.

El capitán James Shepherd desembarcó al frente de más de trescientos hombres sobre la margen izquierda del río e inició el avance, pero la columna se extravió apartándose de la costa y tomando por entre los médanos. Después de fatigosa marcha, en la madrugada del 7 de marzo se encontraron en una colina, llamada Cerro de la Caballada, próxima a la población, donde fueron recibidos por el fuego de los defensores.

Uno de los primeros en caer fue Shepherd, lo que unido al gran cansancio de los brasileños hizo que se batieran en retirada tratando de ganar sus buques.

Entretanto tos corsarios dirigidos por el almirante Santiago J. Bynon habían obligado a la tripulación de las tres naves enemigas a rendirse, logrando un importante botín.

La torre de piedra del fuerte —obra del ingeniero José Pérez Brito—, que servía de atalaya a los colonizadores y que fue utilizada más tarde como campanario, «es lo único que se conserva actualmente.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: PALOMAR DE CASEROS

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años. Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de -frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola. En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembran do trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice. «La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín. . .» . . .»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre. Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades, y posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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La Capilla de los Negros en Chascomús Historia

HISTORIA DE LA CAPILLA DE LOS NEGROS: LUGAR HISTÓRICO

Se encuentra ubicada en la ciudad de Chascomús, sobre la llamada antiguamente calle Ancha, hoy Boulevard Lamadrid esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna.

Chascomús, situado a 120 kilómetros de la Capital Federal, tuvo su origen en el fuerte levantado por el comandante don Pedro Nicolás Escribano, el 27 de mayo de 1779, para contener las invasiones indígenas y al que denominó San Juan Bautista de  Chascomús.

En el correr de los años, alrededor del fuerte fueron levantando sus viviendas los estancieros y pobladores de la zona, utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aunque liberados, los mantenían a su servicio. Entre ellos había carpinteros, albañiles, cocheros, jardineros, peones, etc., que, fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos ‘en el país y vivían agrupados en el Barrio del Tambor, decidieron formar una cofradía o hermandad.

Capilla de los negros

Profundamente religiosos, la primera iniciativa fue levantar un capilla.

En un terreno que Juan Manuel de Rosas había donado a la «Hermandad de los Morenos del Sur Boyimbe de Ivenza», encabezados por el moreno Luciano Alsina se dieron a la tarea de su construcción, la que, según algunos historiadores, pues no hay documento oficial que lo certifique, fue inaugurada en el año 1826, y para otros en 1832.

La capilla tiene 16 metros de altura. Sus paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara. La puerta de entrada, hecha de madera dura y que aún se conserva, tiene 2,80 metros de altura por 1,20 de ancho con una artística aldaba o llamador. Posee tres ventanas, dos sobre el lado izquierdo y una a la derecha, colocadas a no más de cuarenta centímetros del piso, que es de tierra.

Tanto el altar principal como los reclinatorios y bancos son de madera sin cepillar, toscamente trabajada y labrada.

El sitio de honor l,o ocupan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de la Virgen Morena. En otro altar se halla la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita y el que, según la tradición, pasó toda su vida barriendo. Además, adornan la capillita la Virgen Gaucha de Lujan, la de San Benito de Paiermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.

La capilla, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas, la puerta lateral que da sobre la calle Venezuela y gran parte de las paredes.

Su precario estado movió al vecindario a encarar su reparación, pero el vecino don Ángel Canatelli, en unión de sus compañeros del Reino de la Amistad y ayudados por la Municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad, aunque conservando su primitiva forma, su piso de tierra y sus antiguas imágenes.

En ella ofició misa todos los domingos hasta su muerte, ocurrida en 1922, el cura párroco Don Julián Quintana, quedando desde esa fecha la capilla sólo como lugar de oraciones.

Encargada de su cuidado es la morena Guillermina Eloísa González de Luis, descendiente por rama materna de Luciano Alsina, su fundador. Ella ocupa el lote lindero donde tiene su vivienda, heredado de su madre y la que, refiriéndose a la capilla, dice: «La conservaremos mientras conservemos la fe».

En los considerandos del decreto que declara histórico el solar dice: que habiendo sido fundada aproximadamente en el año 1826 con la ayuda de la «Hermandad de los Negros», servía al culto de los núcleos de población que la circundaban. Que durante la epidemia de cólera en  1858 y la de fiebre amarilla de  1871 fue utilizada  para  la  atención   generosa   de   los  enfermos  y  que   allí   se   refugiaron   los   muchos   patriotas heridos que combatieron contra Rosas en la batalla de Chascomús.

El solar donde  se alza  la  capilla fue  declarado  Lugar  Histórico el  22 de  junio  de 1962 por Decreto N° 5674.

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Historia de la Catedral de San Isidro Caracteristicas Construcción

MONUMENTO HISTÓRICO: LA CATEDRAL DE SAN ISIDRO

En los altos de las barrancas de San Isidro, sobre la avenida del Libertador General San Martín y circundado por las calles Ituzaingó y Belgrano, se encuentra el solar donde se levanta la Catedral y los paseos denominados Plaza Mitre y Tres Ombúes.

San Isidro es la más antigua de las poblaciones levantadas a orillas del río de la Plata, y sus tierras, lo mismo que las de Tigre hasta Vicente López, integraban lo que originariamente se llamaba el pago de Montes Grandes, y fueron repartidas por el fundador de Buenos Aires, don Juan de Garay, entre sus hombres en octubre de 1580 como suerte de chacras.

Según la leyenda, en las postrimerías del siglo XVII el entonces gobernador da Buenos Aires, don José de Herrera y Sotomayor, envió en comisión a la Guardia del Río de las Conchas al capitán Domingo de Acassuso. Cuando llevaba recorrido gran parte del camino, ya fuera por el cansancio o el calor, se detuvo, y al pie de un espinilio resolvió descansar; a poco se quedó dormido y soñó que se le aparecía el santo San Isidro Labrador y le decía de la necesidad de levantar en el lugar una capilla destinada a su culto.

Catedral San Isidro

Preocupado por aquel sueño, antes de finalizar el año 1694 el capitán Acassuso había hecho construir en el lugar una precaria capillita, que según el presbítero doctor Francisco Actis estaba «hecha con tapia de adobes y techada de paja brava y juncos, a dos aguas, sostenida por tijeras de sauce: con su interior y exterior blanqueado y un esquilón suspendido a un lado de la puerta, sobre un alto horcón, que servía para llamar a los labradores a la oración. El piso era de tierra endurecida; las paredes, lisas y cortadas por dos pequeñas ventanas, una a cada lado, y en el medio una imagen de San Isidro Labrador».

Pasaron los años y aquel capitán madrileño se había convertido en uno de los más ricos comerciantes y además propietario de una gran extensión de tierra que había comprado el 28 de agosto de 1706 a don Gonzalo de Zarate y que comprendía su  humilde capilla.
En ese mismo año, el 14 de octubre, decidido a honrar mejor al Santo: instituyó una capellanía con el título «advocación de San Isidro Labrador», y donó por escritura su chacra, que hoy constituye lo que es la ciudad de San Isidro, con el fin de levantar en ella un nuevo templo, y el resto de la tierra arrendarlo para sufragar los gastos del  culto.

En el mes de diciembre se inició la construcción en el mismo lugar donde estaba el espinilio, y el domingo de Pentecostés del año 1708 se inauguró. Tenía un frente sencillo con una sola torre sobre el lado derecho, con una sola ventana por la cual se veía su única campana y una nave con bóveda corrida. En la campana el capitán Acassuso hizo grabar: «Esta iglesia, dedicada a San Isidro, se cimentó el año 1706, gobernando  la Silla Apostólica  Clemente XI  y  el   Imperio  Felipe  V».

En el año 1875 fue refaccionada, contribuyendo el vecindario con ladrillos, cal, tierra, etc., y su trabajo personal, todo con la dirección del maestro mayor de obras don  Fernando  Indart.

Poco duró esta iglesia, pues en 1895, debido a la inseguridad que ofrecía, se inició su demolición, pese a las protestas del vecindario, y en el mismo lugar se colocó el 6 de octubre de ese año la piedra fundamental de la actual Catedral, que fue bendecida el 14 de junio de 1898.
Junto a la iglesia se encuentra la plaza Bartolomé Mitre y el paseo Los Tres Ombúes, nombre que se le dio en su época por los tres ejemplares de esta planta que había en el lugar.

En los considerandos del decreto que los declara históricos se dice:

«Que en este sitio, ocupado hace tiempo por la actual Catedral, frente a la histórica  Plaza  y  próxima  al  Paseo  conocido  por Tres  Ombúes,  se  ha  formado  el  ambiente espiritual de San Isidro, del que emanan sugerencias de profunda significación histórica que concretan más de tres siglos de historia y sintetiza memorables acontecimiento de fuerte orientación cristiana inherente a la Nación y a la provincia de Buenos Aires».

Fueron declarados lugares históricos por Decreto N° 9.226 del 10 de octubre ds 1963.

Historia Columna de San Nicolás Monumento Histórico

UBICACIÓN Y RAZÓN DE LA COLUMNA DE SAN NICOLÁS

Se levanta en la histórica ciudad de San Nicolás de los Arroyos, sobre las barrancas del río Paraná y la terminación de la calle Carlos Pellegrini. Este monumsnto fue erigido para conmemorar el primer combate en que intervinieron las fuerzas navales argentinas.

El 26 de febrero de 1811, cuando la primera escuadrilla patriota comandada por Juan B. Azopardo se hallaba al norte de San Nicolás, recibió noticias de que el jefe realista Jacinto de Romarate lo perseguía y que había pasado San Pedro. En vista de ello, resolvió con sus comandantes hacer frente al enemigo esperándolo en la angostura de San Nicolás, paso que era forzoso, ubicado a un cuarto de legua al sur de la ciudad. Con dos cañones de la «Invencible» y otros dos de la «25 de Mayo» levantó una batería en la  barranca, que fue puesta a las órdenes del capitán  Hubac.

En las horas de la mañana del 2 de marzo de 1811 ambas fuerzas se encontraron. El combate fue muy reñido y duró casi todo el día. La tripulación de las naves patriotas, integrada en su mayoría por extranjeros que no estaban imbuidos de los altos ideales revolucionarios, abandonó la lucha a pesar del esfuerzo y la energía de sus jefes. Azopardo resistió con todo heroísmo, y antes de rendirse intentó volar su nave, pero luego debió ceder, entregando los barcos al enemigo.

columna san nicolas monumento historico

Durante muchos años los habitantes de San Nicolás anhelaban levantar un monumento que recordara esta primera acción de .nuestra marina de guerra, y con tal finalidad se constituyó en 1911 una Comisión de Homenaje que sólo consiguió colocar en ese entonces una piedra fundamental en» la ribera del río frente al edificio del Club de Regatas.

Los años transcurrieron sin que la iniciativa lograra materializarse, hasta que en 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca. Al transmitirse el pedido a los organismos técnicos de dicho ministerio se obtuvo una respuesta favorable, y el almirante Carlos Martínez, director general del Material, logró que el entonces ministro de Marina dispusiera la construcción de la obra, que se encomendó al capitán de fragata y arquitecto don Jorge Servetti Reeves.

El monumento está integrado por un prisma irregular de planta trapezoidal de 24 metros de altura, es de cemento armado y su interior es hueco, teniendo la cara que da al río una fuerte inclinación hacia atrás, y termina en una plataforma cilindrica de figura regular, destinada a servir de pedestal a la estatua de Azopardo, cuando las autoridades resuelvan hacerla. La parte anterior mira hacia la ciudad y tiene una imagen que simboliza a la  República creada por el escultor Horacio Juárez.

En su interior, por una escalera de hierro puede subirse a la plataforma superior, donde se han colocado luces rojas de seguridad para las aeronaves, siendo posible ubicar allí un faro destinado a orientar a los aviones.

Tiene dos inscripciones; la de la izquierda dice: «Aquí el teniente coronel Juan Bautista Azopardo, héroe y mártir de la independencia de América, defendió la libertad de la patria que surgía a la gloría, desde la cubierta ensangrentada del bergantín «25 de Mayo», goleta «Invencible» y balandra «América», y la de la derecha: «En estas aguas del Paraná el 2 de marzo de 1811 la escuadrilla patriota libró el combate de San   Nicolás,  jornada   heroica  con   que  inicia  su   historia   naval   la   Nación   Argentina».

La columna fue inaugurada el 2 de marzo de 1947. A la ceremonia asistió el primer magistrado, altas autoridades y numeroso público. Un año y medio más tarde, y accediendo a una solicitud de la filial nícoleña de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires, el ministro de Marina acordó el traslado a San Nicolás de los restos mortales de Juan Bautista Azopardo, que descansaban en el cementerio de la Chacarita; fueron exhumados el 22 de octubre de 1948 y llevados con los honores reglamentarios a  bordo del  rastreador «Drumond»,  que  los  condujo  hasta  San   Nicolás.

A las 9 de la mañana del día 23, centenario de la muerte del ilustre marino, la urna fue bajada por dos cadetes navales y colocada en una cureña mientras las tropas rendían honores. En nombre del ministro de Marina, el capitán de navio Raúl Duverges procedió a entregar las cenizas veneradas al vecindario, representado por su intendente municipal, señor Héctor Perurena.

La cureña con la urna, escoltada por cadetes navales y tropas y seguida por autoridades y vecinos, se dirigió a la iglesia parroquial, donde el capellán del ejército, Rev. Rodolfo Forti, ofició un responso. Terminado el mismo la comitiva prosiguió la marcha hasta la columna, en cuya cripta fueron colocados y bendecidos los restos mortales del ilustre marino.

La columna de San Nicolás fue declarada Monumento Histórico el 28 de octubre de 1949 por Decreto N° 27.286.

Historia Construcción Primer Puerto Militar Bahía Blanca Batería N°4

HISTORIA PRIMER PUERTO MILITAR EN EL SUR ARGENTINO

La Base Naval de Puerto Belgrano está situada on Punta Alta, a 36 kilómetros al noroeste de la ciudad de Bahía Blanca. Los antecedentes se remontan al año 1859, cuando el ingeniero don Carlos E. Pellegrini, luego de visitar la zona, elevó un informe en el que decía: «en el llamado apostadero de Puerto Belgrano pueden moverse cómodamente 250 buques de los más grandes».

En 1888 el entonces capitán don Martín Rivadavia, destacado también para estudiar la instalación de un puerto militar, dice: «merece se establezca en Puerto Belgrano una estación marítima para nuestra armada para reparar las naves sin necesidad de regresar a la capital».

A su vez el Centro Naval organizó un concurso sobre el tema: ¿Cuál es el puerto de la República más adecuado para establecer un puerto militar? Ganador de este concurso resultó el teniente de fragata don Félix Dufour, quien había realizado pacientes estudios de la costa y llegado a la conclusión de que: «Bahía Blanca es el puerto argentino en mejores condiciones para el establecimiento de los grandes arsenales de mañana».

Con éstos y otros antecedentes, todos coincidentes en las bondades de la mencionada bahía como lugar ideal para la instalación de un puerto para la escuadra de guerra, el gobierno contrató mediante la intervención del rey Humberto, de Italia, al experto ingeniero naval italiano don Luis Luiggi.

Este, en compañía de su señora, de dos hijos menores y del capitán de fragata don Scott Brown, llegó el 29 de febrero de 1896 al puerto de Bahía Blanca a bordo del cazatorpedero Espora, que los había conducido desde Buenos Aires.

En julio de ese año el ingeniero Luiggi, luego de inspeccionar debidamente la zona, elevó su informe al ministro, indicándole las razones por las cuales consideraba el lugar como el más apropiado.

Este informe, que se agregaba a los ya anteriormente citados, determinó la sanción del Congreso de la Ley N° 3540 dada con fecha 30 de noviembre de 1896, por la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo a la construcción de un puerto militar en la zona de Bahía Blanca.

De inmediato se dá comienzo a las obras, dirigidas personalmente por el ingeniero Luiggi, al que se le había dado el título de Director General de las obras de Construcción de la Base Militar de Puerto Belgrano y se dispuso el emplazamiento de las baterías que en número de cinco contenía el proyecto. La primera en terminarse fue la N° 3, ubicada en el paraje conocido en ese entonces por Punta Sin Nombre y que luego se llamó Punta Congreso.

La Cuarta Batería fue inaugurada el 9 de mayo de 1889, en ceremonia presidida por el entonces ministro de Marina, comodoro don Martín Rivadavia, y con la asistencia del ministro de Guerra, don Luis M. Campos, el general don Francisco Reynolds, numerosos jefes y oficiales navales y militares.

Bateria N°4 en bahia Blanca

Es una construcción de piedra con montajes de hierro que tiene setenta metros de largo por cuarenta de fondo, y que como las otras poseía cuatro cañones Krupp de 240 mm. asentados sobre plataformas de concreto y dependencias para alojar al personal encargado de su atención.

En el año 1901 el entonces presidente de la república teniente general don Julio A. Roca visitó las instalaciones de Puerto Belgrano y presenció las pruebas de tiro de la Cuarta Batería, que se hicieron sobre un blanco fijo de dieciséis metros de largo por tres de altura, ubicado en la punta sur del Banco Toro, a cuatro mil quinientos metros de distancia.

La Cuarta Batería fue defensa y escuela de artilleros, y aunque sus viejos cañones fueron radiados en 1948, continuó armada y siguió siendo centro de trabajo y de ejemplar disciplina.

El  decreto  por el  cual  se  la  declara  histórica  dice:  «Que  esta  Batería   pertenece  al grupo que cubriendo una amplia zona constituyó las fortificaciones de defensa de la Base Militar de Puerto Belgrano, y cuya inauguración, el 9 de Mayo de 1899, adquiere importancia histórica en razón de que nuestro poder naval se vio incrementado con ese poder defensivo terrestre, razón poderosa que llevó al país al arbitraje en 1902, conjurando de ese modo el peligro de un estallido bélico con un país hermano y vecino».

La Cuarta Batería, por ser la que se conserva en mejor estado, fue declarada Monumento Histórico el 8 de noviembre de  1961  por Decreto  N°  10.525.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de Cura Malal Primera Conscripción Argentina

LUGAR HISTÓRICO DEL EJÉRCITO ARGENTINO:MONUMENTO DE CURAMALAL

El lugar donde estableció su campamento la primera conscripción argentina se encuentra ubicado en las sierras de Curamalal, próximo a la localidad de Pigüé. El 23 de noviembre de 1895 el Congreso Nacional sancionó la ley número 3.318, que establecía la formación del Ejército de la República. Promulgada esta ley, se llamó bajo las armas a los ciudadanos nacidos en el año 1875 y con ellos se formaron las primeras legiones disciplinadas de soldados, con lo que se abolló para siempre el antiguo sistema de enganches.

En el cuartel del Regimiento 11 de Infantería que estaba situado en Pichincha y Garay se realizó la concentración de los ciudadanos llamados al servicio de la Patria. El 15 de abril de 1896 los entusiastas jóvenes, llevando cada uno sus respectivos equipos, marcharon hasta la estación Sola, de Barracas, desde donde se embarcaron en trenes especialmente preparados.

Monumento Curamalal

Después de un viaje que duró casi veinte horas los conscriptos llegaron a Pigüé y desde allí continuaron a pie hasta el campamento. Las carpas blancas que sirvieron de refugio a la tropa se habían instalado en las faldas de las sierras y en esas soledades ofrecían un aspecto tan original que se las conocía con el nombre de «ciudad blanca».

La primera conscripción argentina estaba formada por 7.648 hombres, al mando del general de división Luis María Campos. Los conscriptos, que permanecieron en el campamento hasta el mes de julio, recibieron una intensa preparación militar y merced al tesón que pusieron lograron convertirse rápidamente de reclutas en aguerridos soldados.

Algunos, de los jóvenes enrolados dejaron interesantes crónicas de la vida en el campamento. Uno de ellos, el doctor Horacio Bsccar Várela, en los artículos que publicaba en «El Diario», expresaba: «Las carpas son para cuatro personas y nos han destinado una para cada tres personas. En los momentos de descanso, que son los menos, nos pasamos el tiempo acostados en las colchonetas, no tan mullidas como el colchón que mamá quería que trajese.

Esto es una Slberia: sopla todo el día un viento que nos hiela los huesos». «Por la noche el campamento ofrecía, dice el mismo cronista, un curioso aspecto. Cada carpa puede contarse porque en ella brilla una luz desde que entra la noche hasta la retreta, y si de día el campamento es; la ciudad blanca, de noche es la ciudad roja, pero no con luces radiantes e insolentes que hacen huir a las tinieblas, sino con las luces tenues que son la característica de los hogares modestos y tranquilos,  porque  el  campamento  es  el  gran  hogar de  la  familia   militar».

Para celebrar dignamente el día de la Patria —25 de Mayo de 1896— el general Luis María Campos preparó una gran revista militar, para que el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Alberto Capdevila, y su comitiva tuviesen la oportunidad de apreciar el grado de Instrucción de los soldados. «Ese 25 de Mayo, narra otro cronista conscripto, hubo dianas saludando a un sol que debió haber salido. Pero con sol o sin él, la alegría de todos fue extraordinaria. A pesar del intenso frío que reinaba y del pésimo tiempo, el general pasó revista, quedando admirado por el adelanto de la preparación militar obtenida en tan corto tiempo», y agrega el cronista: «almorzamos a las tres de la tarde, pues a causa del mal tiempo, y los malos caminos, los carros portadores de la leña con que se debían asar las vaquillonas y ovejas llegaron con varias horas de retraso. . .»

Una vez finalizado el período de adiestramiento, la división regresó a Buenos Aires y el 14 de julio de 1896 desfiló en medio de los vítores de la población, ante el doctor José Evaristo Uriburu, entonces presidente de la República, cruzando bajo un arco de triunfo levantado en la Avenida de Mayo frente a donde hoy día se encuentra el edificio  del  diario  «La Prensa».

Con el propósito de conmemorar la primera conscripción el vecindario de Pigué levantó en el sitio donde  había estado emplazada  la carpa  del  comando de  la  división Buenos Aires un obelisco macizo, construido con piedras procedentes del mismo lugar. Este monumento fue obra del arquitecto Luis María Campos, descendiente del general que comandó aquella etapa inicial del nuevo ejército de ciudadanos soldados.

El 15 de abril de 1937, al pie del monumento, se realizó una emotiva ceremonia recordando aquel hecho histórico, en la que estuvieron presentes muchos de los antiguos conscriptos. En el acto usaron la palabra el doctor Luis María Campos Urquiza, hijo del general Luis María Campos; la señora Sara Pueyrredón de López, presidenta de la Comisión de Homenaje, y el general Nicolás C. Accame, en representación del ministro de Guerra. También ofició una misa de campaña el vicario general del ejército, monseñor Andrés Calcagno, y se colocó en la base del monumento una urna con los restos del Soldado Desconocido.

El sitio de Curumalal, que en araucano significa corral de piedra, fue declarado Lugar Histórico el 1° de marzo de 1951 por Decreto N9 4.314.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Corbeta Uruguay Características, Usos y Viajes

MONUMENTO HISTÓRICO: CORBETA URUGUAY

Ante la necesidad de dotar a la Armada de nuevas universidades, el presidente de la República don Domingo Faustino Sarmiento dio en el año 1872 un decreto por el cual se disponía la construcción de varios buques destinados a la defensa naval.

Entre estas unidades, que formaron la que se llamó Escuadra Sarmiento, figuraban las corbetas mixtas Paraná y Uruguay, que se construyeron en los astilleros Laird Brothers,  de  Birkenhead,  Liverpool,   Inglaterra.

Fueron destinados para que se encargaran de su construcción don Manuel R. García, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, que contrató la construcción, y don Tomás Jefferson Page, marino norteamericano radicado en nuestro país, que tuvo a su cargo la supervisión de las naves.

corbeta uruguay

La corbeta Uruguay fue botada en el mes de febrero de 1874 y llegó al puerto de Buenos Aires al mando del capitán de la Marina Mercante Británica don James A. Paulet y 27 hombres de tripulación el 5 de julio de dicho año en compañía de su gemela, la Paraná. Mide 43,28 metros de eslora, 7,50 de manga, cala 3,60, desplaza 550 toneladas y desarrolla una velocidad de 10 millas por hora. Es un velero mixto de tres palos, armado de 2 cañones Armstrong, dos ametralladoras y una máquina vertical de un poder de 450 HP.

Es la más antigua de las unidades de guerra que aún se mantiene a flote y ostenta con orgullo un largo y glorioso historial.

El 24 de septiembre de 1874 al mando de su primer comandante, teniente coronel de Marina don Erasmo Obligado, toma parte en la revolución encabezada por el general don Bartolomé Mitre contra el gobierno, pero es abandonada al varar en el lugar denominado Placer de las Palmas. De nuevo en poder de las fuerzas del gobierno el 25 de septiembre de dicho año, es incorporada a las órdenes del comandante Bartolomé Cordero a una escuadrilla que al mando de don Luis Py persigue a los revolucionarios. El 4 de octubre de 1874 en un recodo entre el Placer de las Palmas y Playa Honda choca de frente con el transporte Pavón sufriendo  muy serias averías.

El 21 de junio de 1877 el presidente de la República don Nicolás Avellaneda firma un decreto por el cual la corbeta Uruguay es destinada para asiento de la Escuela Naval Teórico Práctico, siendo nombrado director y comandante de la nave el teniente coronel de marina don Martín Guerrico.

Su primer viaje de instrucción práctica con los alumnos a su bordo lo inició desde el puerto de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1877, navegando por el río de la Plata y haciendo escalas en la Ensenada de Barragán, Magdalena, Colonia del Sacramento,  Punta del  Indio e isla Martín García,  para  regresar al  punto de  partida  el 26.

El 22 de diciembre de ese mismo año partió hacia la Patagonia con el fin de vigilar las costas y defender las poblaciones e intereses nacionales ante una invasión del territorio por presidiarios chilenos sublevados.

El 18 de enero de 1878 llegó a Carmen de Patagones, permaneciendo en su misión setenta y ocho días, al cabo de los cuales regresó al puerto de Buenos Aires.

En octubre de 1878 participó en los trabajos de sondajes y situaciones en la Bahía de Samborombón, y el 14 de noviembre de ese año, como buque escuela a las órdenes del comandante don Martín Guerrico, forma parte de la expedición del comodoro don Luis Py  a Santa Cruz en misión de establecer la soberanía en esa zona.

Siempre como buque escuela zarpa en 1879 con destino a Patagones para colaborar con el general don Julio A. Roca en la Expedición al Desierto. En ella se había recibido estando en Santa Cruz, en 1878, la primera promoción de cadetes; la segunda, en Patagones, en julio de 1879, y la tercera, en diciembre, en San Fernando.

Luego de haber cumplido destacadas misiones y de formar parte en 1902 de la Primera División de la Defensa del Río de la Plata, el 8 de octubre de 1903 por la tarde zarpa  del  puerto  de  Buenos Aires  al   mando  del  teniente  de   navio  don  Julián   Irizar hacia las regiones polares enviada por el gobierno en auxilio de la expedición científica encabezada por el doctor Otto Nordenskjóld, de la cual formó parte el alférez de nuestra marina, don José María Sobral.

La nave arribó el día 16 a la isla Observatorio; el 20 recaló en Ushuaia, de donde partió el l9 de noviembre proa a la Antártida; el 6 recala en Cabo Seymour, y el 13 el oficial de derrota, alférez de navio Jorge Yalour, luego de avistar una carpa, desciende en compañía del comandante Irizar, en Snow Hill, y hallan a los integrantes de la expedición, los que una vez reunidos se embarcan en la Uruguay y llegan el 22 a Santa Cruz, comunicando a Buenos Aires el feliz rescate de todos sus miembros. El 2 de diciembre de 1903 a las 17 hace su entrada en el puerto de  la Capital.

Un año más tarde, el 11 de diciembre de 1904, la histórica corbeta parte nuevamente en misión a la Antártida en busca de la expedición del doctor Charcot, y al mando del capitán de fragata don Ismael F. Galíndez recorre las regiones heladas, pero al no encontrar rastros de los expedicionarios inicia el 10 de enero de 1905 el regreso al puerto de Buenos Aires.

Destinada a partir de 1906 a trabajos hidrográficos, es radiada del servicio el 16 de noviembre de 1926 y convertida en polvorín flotante. Con anterioridad a este destino realizó en 1924 su último viaje de instrucción a las órdenes del teniente de navio don Pedro Quihillat, quien fue su último comandante.

En el año 1954 se resolvió su reconstrucción y en 1956, a pedido de las autoridades de la Escuela Naval Militar, fue anclada en el muelle del Instituto en Río Santiago, como reliquia y ejemplo, custodiada permanentemente por una dotación de honor de cadetes navales.

Fue declarada Monumento  Histórico por Decreto N° 3.968 del 6 de junio de  1967.

Ver:Historia del Rescate de Nordenskjold en la Antartida

Combate de Pigue Historia y Ubicación Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO NACIONAL BATALLA DE PIGUE

En los años que siguieron a la revolución del 11 de septiembre de 1852, a raíz de la cual la provincia de Buenos Aires se separó del resto de la Confederación Argentina, las luchas entre ambas partes demandó casi totalmente la utilización de los esfuerzos bélicos. Por esta razón las fronteras interiores, es decir las líneas divisorias de los dominios de blancos e indígenas, quedaron casi desguarnecidas y los malones volvieron a ser el terror de los intrépidos pobladores de las estancias y de los escasos soldados de los fortines.

En 1857 asumió la gobernación de Buenos Aires don Valentín Alsina, quien entre otras medidas se propuso apoyar a las fuerzas militares que ganaban nuevos territorios a los indios. Como primera medida decidió reorganizar el Ejército de Operaciones del Sur, que puso a las órdenes del coronel don Nicolás Granada. Y para compenetrarse aún más de los problemas de las fronteras y para alentar a las tropas el propio Valentín Alsina efectuó una visita al campamento de Arroyo de los Huesos, cerca de Azul.

Monumento Batalla de Pigue

En diciembre de 1857 el ejército continúa su avance hacia el sudoeste dividido en dos columnas, una al mando del coronel Nicolás Granada, y otra al mando del coronel Wenceslao Paunero. El 10 de febrero de 1858 ambas divisiones se reunieron en las vertientes del arroyo Pigüé, que es el único de la zona que corre de sur a noroeste; sus aguas se vierten en un terreno salitroso dando lugar a la formación de la laguna Epecuén, en Carhué.

En una carta al gobernador Alsina el coronel Granada decía: «Me es sumamente satisfactorio poder asegurar a vuestra excelencia el buen estado y disposición de estas fuerzas. En todos los señores jefes y oficiales se ven reunidos el patriotismo, unión y desinterés».

En los días siguientes varias partidas se encontraron con indios de las tribus so< metidas a Calfucurá, señor de las pampas. Todo hacía prever un encuentro, por lo que el comandante en jefe coronel Nicolás Granada designó jefe del Cuartel General al coronel Emilio Conesa, al que confió también la primera división, y para dirigir la segunda designó al coronel Wenceslao Paunero.

El 15 de febrero de 1858 el ejército reanudó la marcha y cruzó el arroyo Pigüé en el paraje denominado Huil-He, donde desagua el arroyo Curá-Malal Chico, y estableció el campamento. En la tarde ese día se presentaron varios indios con una nota de Calfucurá, quien simuló buscar un parlamento, pero en realidad el astuto indígena lo que trató fue de atacar por sorpresa. En vista de ello el coronel Granada ordenó la movilización general.

El ejército pasó la noche en un reducto fortificado, y en la madrugada del 16 de febrero la diana y los gritos de los salvajes anunciaban el combate, que fue muy reñido. Por un tiempo los indios resistieron las cargas, pero finalmente fueron vencidos. El ejército triunfador prosiguió al día siguiente su marcha en dirección a las Salinas Grandes, reducto de Calfucurá, cuyo poderío quedó quebrado a raíz de este encuentro. Meses más tarde se fundó el pueblo de Pigüé, hoy floreciente ciudad bonaerense.

En los considerandos del decreto por el cual se le declara lugar histórico dice: «Que en dicho lugar se libró el combate históricamente denominado de Pigué, el cual tuvo extraordinaria significación moral y material en la conquista del desierto, pues en él se quebrantó por el lapso de casi veinte años el poderío del cacique Calfucurá».

En 1943 la subcomisión de Monumentos y Lugares Históricos solicitó al Poder Ejecutivo la determinación exacta del lugar donde se libró este combate, y luego de los estudios pertinentes se llegó a la conclusión de que el combate de Pigüé de los días 15 y 16 de febrero de 1858 se libró en el partido de Saavedra (Pigüé), a 4 kilómetros del pueblo de Pigüé sobre el camino Pigüé-Ducos y en la zona 700 metros al NE del ángulo sur de la propiedad de don Adrián Litre, linde SE de la chacra Gely 1250 m. al E del punto anterior —ángulo E de la propiedad de don Emilio Frió—, provincia de Buenos Aires.

En el sitio donde se libró el combate la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos levantó un monumento con una placa de mármol que recuerda: este hecho de armas. Fue declarado lugar Histórico por Decreto N° 30.825 del 10 de diciembre de 1945.
Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás Monumento Histórico

CASA DEL ACUERDO DE SAN NICOLÁS

En San Nicolás de Barí y de los Arroyos, que así se llama la ciudad, en la calle Nación, se encuentra esta histórica casa, que fue asiento de los gobernadores en el Acuerdo de 1852.

En 1831, fecha de su construcción, pertenecía a don Mariano Ruiz, rico propietario de aquella zona. Años después la adquirió don Pedro de Alurralde, juez de paz de dicha ciudad.

Es una casa de un solo piso, y según un plano de la manzana en que se halla ubicada, hecho en el año 1854 por el señor Malaver con datos del agrimensor Shuster, se demuestra que había una parte edificada de trece metros más ocho de terreno que se prolongaba hacia atrás y estaba cercada por una pared.

casa del acuerdo de san nicolas

Tenía una sala grande sobre el lado izquierdo y una piecita a la derecha, ambas con entrada por el zaguán y que daban a un patio. Está construida de barro, con techos de azotea y pisos de baldosas. Su frente, muy sencillo, no responde a ningún estilo, aunque puede comprenderse dentro del tipo común de edificación del siglo XVIII. En el patio o fondo existía un pozo de forma circular con brocal de ladrillo en lugar del tradicional aljibe.

Posteriormente al año 1852 se le agregaron las habitaciones del ala derecha que recuadran el patio en la actualidad. Pasados muchos años, en 1935, fue restaurada por el arquitecto Jorge A. Chute.

Así era y así es en la época actual esta histórica casa, que con verdadero orgullo guarda en su seno la ciudad de San Nicolás. El pueblo fue fundado el 14 de abril de 1748 por don José Rafael Aguiar, en las cercanías del Arroyo del Medio, sobre las márgenes del río Paraná, en terrenos de su esposa, doña N. de Ligarte. Erigido en parroquia en el mismo año, se elevó a partido en 1778, y el 23 de noviembre de 1819 el Congreso lo declaró ciudad en mérito a sus servicios contra la anarquía. Su nombre se debe a la devoción de su fundador por el santo epónimo.

Este pueblo, que tantos sacrificios había hecho para mantener el orden en la época de Rosas, fue elegido por el general Urquiza después de la batalla de Caseros para instalar la sede de los gobernadores de las provincias.

Por aquel entonces era juez de paz del partido don Pedro de Alurralde, y, como primera autoridad de la ciudad y gran amigo de Urquiza, cedió su casa para celebrar las reuniones. Ellas se realizaron en la sala de la histórica finca, donde se firmó el 31 de mayo de 1852 el pacto que dio las bases a la organización nacional y que hoy forma parte de nuestra historia con el  nombre de Acuerd.o de San  Nicolás.

En esos tiempos las calles de la ciudad carecían de nombre, y hasta 1854 no se comenzó su nomenclatura y numeración, llamándose aquella donde está situada la Casa del Acuerdo, calle de La Paz. En 1861, cuando el general Mitre la cruzó con su ejército después de la batalla de Pavón, se dice que la designó con el nombre de calle Nación, que es el que conserva actualmente. Esta tradición local ha sido recogida en un bronce colocado por la Asociación de Residentes Nicoleños de Buenos Aires en el cruce de esta calle con el Bulevar Saavedra.

Luego de discutidas iniciativas y de diversos proyectos presentados en el transcurso de los años para que se declarara de utilidad pública la vieja finca, fue al fin expropiada en 1919 y destinada a Biblioteca y Museo del Acuerdo. El día en que éste se inauguró el gobierno de la Nación hizo colocar en su frente una placa que dice: «Aquí nació la organización  de  la Constitución Argentina de la  República».

Al tratarse en la Cámara de Diputados de la Nación la expropiación de la casa, el diputado doctor Adrián Escobar, al informar en nombre de la comisión de legislación el despacho favorable del proyecto, dijo en la sesión del 10 de septiembre de 1919: «Los monumentos nacionales son los que señalan los derroteros a nuestra nacionalidad, orientan  las  nuevas generaciones y hacen  que  perduren  en   la  mentalidad  del   pueblo los grandes acontecimientos de nuestra historia.

La casa en que se discutió la Constitución Nacional, el año 53, ha sido demolida, y sólo queda, como recuerdo de aquellas discusiones memorables, la casa donde se celebró el Acuerdo de San Nicolás, en que los hombres bien inspirados formularon las bases de la Constitución que nos rige. Serenados ya los espíritus después de las ardorosas pasiones, después de los entreveros del caudillaje, y abatida la tiranía, la historia hace justicia a los hombres que proyectaron la organización constitucional de la República, y el Congreso debe rendir homenaje a un acto tan trascendental de la historia política de la Nación».

Fue allí donde los representantes de once provincias, presididos por Urquiza, resolvieron la adopción del federalismo y la inmediata convocatoria de una asamblea que sancionara la Constitución, dictada luego en Santa Fe.

Esta casa fue declarada de «utilidad pública» por Ley N° 10.778 del 25 de septiembre de 1919 y Monumento Histórico el 7 de junio de  1957 por Decreto  N° 6.080.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Casa de la Independencia ó Casa de Tucumán

MONUMENTO HISTORICO: HISTORIA DE LA CASA DE LA TUCUMAN

En  1815 el gobierno  interino de Buenos Aires,   representado  por el coronel   Ignacio Alvarez Thomas, decidió convocar a  las Provincias Unidas a un congreso, fijan como sede a Tucumán.

De inmediato se procedió a buscar un local apropiado para celebrar las reuniones, tropezándose con ciertas dificultades, que afortunadamente allanó doña Francisca   Bazán   de   Laguna   al   ceder   una   propiedad   para   ese   fin.

Casa de Tucumán o de la Independencia

Se trataba de una antigua y tranquila casa colonial de una sola planta que ocupaba un terreno de treinta metros de frente por setenta y uno de fondo. En el centro del muro externo se abría un macizo portón de madera de dos batientes con sencillos herrajes primitivos, flanqueado por dos gruesas columnas en espiral que descansaban sobre pedestales de ladrillo cocido. A cada lado de la puerta tenía dos picas ventanas de reja, y en ambos extremos de la pared del frente dos puertas pequeñas.

Cruzando el zaguán se entraba  en  un  extenso  patio  rodeado  de   habitaciones.   Dos de  ellas   paralelas   al   frente  principal   de  la   casa   fueron   unidas   sacando   el   tabique divisorio,  para convertirlas en   un  amplio salón  de quince  metros  de  largo  por cinco de ancho,  donde  habría  de  reunirse  el   Congreso.    Detrás   estaba   el    segundo   patio con pequeñas dependencias sobre uno de los lados y un huerto al fondo.

El techo a dos aguas tenía cinco metros de altura y era de tejas asentadas sobre tablas,   cubriendo   el   salón   y   los   corredores   de   cada   lado.

Los arreglos llevaron algunos días, debiendo iniciar el Congreso sus sesiones pre paratorias, en la casa que facilitó para ese fin don Bernabé Aráoz, el cual también cedió los muebles utilizados por los congresistas, como el escritorio y el sillón presidencial. Los sillones y los escaños para los diputados y la barra fueron traídos de los conventos de Santo  Domingo y San  Francisco.

El 24 de marzo de 1816 inauguró sus sesiones el Congreso de Tucumán, y en la reunión del 9 de julio, bajo la presidencia de Francisco Narciso de Laprida, tuvo lugar la declaración de la Independencia, firmada por los 29 diputados concurrentes La última sesión del Congreso se realizó en la histórica finca el 17 de enero de 1817.

Pasaron los años y la casa yacía olvidada. El tiempo amenazaba destruirla hasta que el 6 de septiembre de 1869, por ley nacional N° 323, se autorizó al Poder Eje cutivo la adquisición de la propiedad. Pero sólo bajo la presidencia de Sarmiento fue sancionada en 1872 la ley de compra, y el 25 de abril de 1874 se firmó en Tucumán,  la escritura respectiva entre el gobernador de la provincia, don Belisario López, y los propietarios1, señor Fernando S. de Zavalía, señora Gertrudis Amalia Zavalía y señora Carmen López, destinando sus dependencias a oficinas de Correos y Telégrafos y   pagándose   por   ella   la   suma   de   veinticinco   mil   pesos   fuertes.

En 1875, bajo la presidencia de Avellaneda, se aceptó por decreto una propuesta de Ramón Berroa y Caminal para refeccionar el edificio, pero bien poco se hizo, así fue como en 1880 el diputado Lindoro Quinteros presentó un proyecto en a Cámara de Buenos Aires, en que describía el estado lamentable de la histórica propiedad y solicitaba su pronta restauración.

En atención al proyecto citado el Poder Ejecutivo acordó un subsidio de seis mil pesos para dejar en condiciones el inmueble,  lográndose con  ello  salvar  la   parte   más  valiosa.

Hacia 1891 el doctor Estanislao Zebalios, director de Correos en aquel entonce; se dirigió al ministro del Interior haciéndole ver la necesidad de restaurar la sala principal y dotarla del mobiliario indispensable, lo más parecido posible al que tu viera  en   la  época  de   la  jura  de   la   Independencia.

En 1903 el presidente Roca, por decreto del 3 de enero, hizo demoler las depen dencias de la finca, dejando sólo el salón donde habían sesionado los congresista. Este  salón  fue  restaurado  en  su totalidad y  cubierto  por  un  templete.

Así se llega al año 1939; el diputado tucumano Ramón Paz Posse presentó un proyecto en que abogaba por la reconstrucción de la casa histórica, el cual fue convertido en ley nacional N° 12.724, promulgada el 9 de octubre de 1941, por la que se autorizaba   la  inversión  de  cien  mil  pesos con  ese  objeto.

Hoy día ha sido totalmente reconstruida bajo la dirección del arquitecto Mario J. Buschiazzo sobre la base de fotografías y documentos obtenidos antes de su demolición, dándosele la misma disposición que tenía cuando la magna asamblea de 1816.

Situada en la calle Congreso 151, a cuadra y media de la plaza Independencia, fue declarada Monumento Nacional por Decreto N° 98.076 del  12 de agosto de  1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)