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Historia del Palacio San José :Residencia de Urquiza en Entre Ríos

Historia del Palacio San José Residencia de Urquiza en Entre Ríos

Esta casa, residencia del general Justo José de Urquiza, no fue designada con el nombre de «Palacio» por su ilustre propietario, y así lo confirma la correspondencia que se conserva en su archivo, fechada siempre en San José o Estancia San José, que era como él la llamaba.

Posteriormente, la costumbre hizo que se la denominara  Palacio San José,  debido  a  su  riqueza y suntuosidad.

La iniciación de las obras data de 1848, y en el año 1850 ya estaba terminado casi todo el primer patio.

El primer cuerpo del edificio fue concluido en 1854, y el segundo en 1858, como lo indica la inscripción del portón, de hierro forjado, del acceso posterior: «J.U. Julio 9 de 1858».

historia del palacio san jose

El palacio consta de treinta y ocho habitaciones en su planta principal, con dos grandes patios.

Tiene dos entradas: la del frente, que da al este y que, salvo casos excepcionales, permanecía clausurada, y la posterior, que mira al oeste, utilizada por el general Urquiza y su familia.

Sobre la galería exterior formada por arcadas y columnas toscanas hay dos torres de elegantes líneas, destacándose la de la derecha por tener una artística escalera tallada a mano y un reloj de péndulo.

El interior de la casa sorprende aún hoy al viajero por su lujo y señorío, tan inesperado de encontrar en un paraje alejado de las rutas habituales.

Entre las habitaciones que se destacan por su significado histórico está aquella en la cual Urquiza firmó el célebre documento conocido con el nombre de Pronunciamiento, en contra del tirano Rosas, y la otra donde fue asesinado a traición el 11 de abril de  1870.

La casa no refleja un estilo artístico definido; es una armoniosa combinación de lo colonial  con el  renacimiento  italiano en  que  se  unen   la  belleza  con   la  solidez.

Las paredes están hechas de ladrillos cocidos asentados con cal, los batientes de los marcos de puertas y ventanas son de madera dura de quebracho y curupay, y en las verjas y portones dominan los ornamentos de hierro.

En cuanto a la parte exterior de la casa, son admirables sus patios y ios jardines, cruzados por avenidas de  piso de lajas.

No pueden dejar de mencionarse los dos palomares y el famoso lago artificial, al cual el agua era llevada por un sistema de bombas.

Es digno de saberse que en el Palacio San José fue instalado en 1850 un estupendo servicio de aguas corrientes, que es el mismo que funciona todavía con sus antiguos caños y canillas.

Lo más extraordinario es que en la ciudad de Buenos Aires recién hubo aguas corrientes en el año 1868.

Jacinto Dellepiani comenzó la construcción del edificio que luego fue terminado y embellecido por Pedro Fossati.

En 1858 el general Urquiza seguía adornando su mansión, y se sabe que varios trabajos de decoración interior los llevó a cabo el pintor Eugenio Richeliú.

Según algunos, la joya más preciada de San José es su capilla, de definido estilo corintio.

Fue terminada en 1857 como reza una inscripción en su frontis, pero sólo en 1859 fue consagrada.

Entre los años 1945 y 1946 se restauró en su totalidad el palacio, y las decoraciones  pictóricas  fueron   retocadas   por el   artista   Hugo   Stella.

En esta casa, hoy histórica, se llevaron a cabo entre los años 1849 y 1870 actos trascendentales para la vida pública argentina.

Puede decirse que la provincia de Entre Ríos fue gobernada desde ella, y que la caída de Rosas y la organización nacional fueron planeadas allí.

Casi todos los documentos oficiales de Urquiza están firmados en San José.

En el palacio se alojaron en distintas épocas personajes calificados de nuestro  país y del extranjero, y, notable coincidencia, los cuatro primeros presidentes constitucionales  argentinos  estuvieron   allí:   Urqulza,   Derqui,   Mitre  y  Sarmiento.

Hasta 1936 la propiedad permanecía en poder de la familia del general Luis María Campos, cuya esposa era hija del general Urquiza, pero dadas las reiteradas gestiones hechas por la población de Entre Ríos fue adquirida por la Nación durante el gobierno del general Agustín P. Justo.

Está situado en el departamento Uruguay, a diez kilómetros de la estación Caseros y a treinta y cinco de Concepción, sobre el  río Gualeguaychú.

Se declaró Monumento Nacional  por Ley N°  12.261 del  11 de octubre  de  1935.

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Enlace Externo:• Palacio San José, Entre Ríos, Argentina

Historia de la Casa Natal de Sarmiento-Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar.

En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero.

En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba.

Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de recibo.

Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado.

El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas.

Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes.

Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones.

También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura.

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Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así:

«La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar.

De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón.

En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Casa Natal de Sarmiento

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan, Monumento Histórico

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan, Monumento Histórico

La casa donde nació don Francisco Narciso de Laprida estaba situada en la calle Ruperto Godoy, ex General Acha, número 238 al 40, de la capital sanjuanina.

Narciso Laprida

Edificada sobre un solar de unos treinta metros de frente y más de sesenta de fondo, se hallaba a una cuadra y media de la plaza 25 de Mayo, el centro más importante de la ciudad.

Si bien no se tienen noticias de la fecha en que fue construida, se sabe que sus primeros propietarios fueron miembros de la familia del procer, pasando, por sucesivas herencias, a poder de su hermana doña Trinidad Laprida, y de su esposo, don José Sánchez.

Años, más tarde, a la muerte de éstos, la finca pasó a poder de la hija del matrimo nio, doña Carlota Sánchez Laprida, quien la legó luego a su sobrina, doña Francisca Sánchez.

Esta, cuando recibió la casa, estaba casada con don Juan de Dios Jofré, profesor de enseñanza secundaria,, director general de escuelas y amigo dilecto de don Domingo Faustino Sarmiento.

casa de laprida

Muerto el señor Jofré, sus hijos, María Delia y Francisco Jofré Sánchez, quedaron como dueños de la casa hasta el año 1910, la cual la vendieron a don Héctor Conté Grand, distinguido hombre público y periodista, casado con doña Delia Jofré.

Entre los años 1922 y 1930 el señor Conté Grand realizó numerosas refacciones, no sólo en muchas de las veinte habitaciones de que se componía en aquel entonces la vieja casa, sino que le reconstruyó íntegramente el frente.

Muchas fueron las modificaciones que en el correr de los años se le hicieron a la amplia casa, destacándose entre ellas el agregado de un alero de tejas interrumpido en el centro por un arco y de uno más pequeño colocado encima de la puerta principal.

Además, se añadieron en la parte superior de las ventanas del frente molduras en forma de arco y otras semejantes a columnas.

En el año 1888 las autoridades provinciales colocaron en la fachada del edificio una placa de bronce en la que se leía la siguiente inscripción:

«Casa donde nació el Dr. Dn. Narciso Laprida, el 28 de octubre de 1786. Presidente del Congreso de Tucumán que declaró en 1816 la Independencia Nacional».

Si bien esta placa establecía de manera clara el 28 de octubre como fecha de nacimiento del procer, el día se ha prestado a diversas interpretaciones, pues en la partida de bautismo, ceremonia que se cumplió en la iglesia Matriz de San Juan el 30 de octubre de 1786, dice que:

«el R.P.Pr. de Santo Domingo, Fray Jacinto Irrásabal con licencia del Dr. Dn. Juan Alvarez, cura interino, Baptesó, puso óleo y crisma a Francisco Narciso, de tres días, hijo legítimo de Don Jose Laprida y Doña Isnacia Sánchez. . .»

Por sus antecedentes, la vieja casona fue declarada por Decreto N° 6.706 del 11 de marzo de 1948 Monumento Histórico, pero había quedado en tan malas condiciones luego del terremoto que azotó a la provincia en el año 1944, que fue necesario demolerla íntegramente.

Entonces el Poder Ejecutivo dio el 29 de julio de 1949 un nuevo Decreto N° 17.964, modificando el anterior y por el cual se declaró Solar Histórico el lugar donde se levantaba la casa, y en cuyos considerandos dice:

«Que con el precitado decreto se procuró rendir un justiciero homenaje a la memoria de quien actuó patrióticamente en la campaña de la Independencia y contribuyó a la organización civil de la Nación; y mantener vivo, consecuentemente, en el espíritu de las nuevas generaciones el culto de nuestras más honrosas tradiciones.

«Que se tuvo en cuenta, asimismo, el proyecto del consejo de Reconstrucción de San Juan, de formar en dicha ciudad un barrio histórico dentro del cual quedaría la rasa que fue del Doctor Laprida.

«Que dicho proyecto ha quedado sin efecto, agregándose a esta circunstancia el estado ruinoso en que se encuentra el edificio, cuya fachada habría que correr unos metros con motivo del nuevo planeamiento de reconstrucción de la ciudad andina.

«Que para justificar la declaración de Monumento Histórico, de acuerdo con la Ley 12.665, se impondría una restauración completa del referido edificio y la expropiación del terreno, la cual originaría un gasto que no es aconsejable efectuar en los actuales momentos por las disposiciones que exigen introducir economías en la Administración Pública».

En la actualidad en el terreno que ocupara se ha construido el moderno edificio de una galería, en cuyo frente fue colocada la placa mencionada anteriormente.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca,Monumento Histórico

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto Esquiú, antiguamente llamado Piedra Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil.

Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja.

Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque.

A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina.

Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba,Fray Mamerto de la Asunción Esquiú.

Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse.

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Fue así como antes de los cinco años la madre le arregló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . .

Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente.

Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales.

Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó.

La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales.

Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En septiembre de 1935 el Congreso Nacional sancionó una ley declarando Monumentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta mil pesos para que se efectuasen las reparaciones necesarias y se construyera un templete de material a fin de resguardar al edificio de las inclemencias del tiempo.

En el interior del templete, se conservan dos de las piecitas de la casa donde naciera el religioso.

Se pueden observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

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La Posta de Yatasto,Lugar Histórico Nacional en Salta

La Posta de Yatasto,Lugar Histórico Nacional en Salta

Junto al viejo camino del Alto Perú, entre  Metan y Rosario de  la  Frontera,  a treinta y siete  kilómetros de  esta  última  localidad  y  próxima  al   río Yatasto,  se  conserva esta casa en la que, según la tradición, los generales San Martín y Belgrano tuvieron  una  histórica entrevista.

A fines del siglo XVII don Francisco de Toledo Pimentel fundó la hacienda de Yatasto en tierras cedidas a su bisabuelo sobre el camino real que unía las ciudades de Salta y de San Miguel del Tucumán.

Allí hizo levantar la «sala» o casa habitación principal, de líneas bellas y simples con galería cubierta de tejas rojas; ambas  puertas de  madera tallada y alto  balcón  de  aspecto señorial.

En un informe que el obispo monseñor José de Cevallos envió al rey de España en 1734, señalaba la necesidad de establecer una ciudad en Yatasto, con residencia de las autoridades, pues desde ella podrían organizar con mayor rapidez la defensa de Tucumán y Jujuy en  caso  de  ataque  de  los  indios.

la posta de yatasto

En 1773 don Alonso Carrio de la Bandera, visitador general de correos, se detuvo en Yatasto cuando inspeccionaba las postas desde Buenos Aires al Perú, y en su informe a la corte expresaba:

«En la hacienda de Ayatasto, abundante de pastos y bosques, su propietario don Francisco Toledo, poseía 40 mil cabezas de ganado vacuno, cinco  mil yeguas,   mil  caballos,  aparte  de   las  crías  del  ganado   menor».

En la época de la Independencia, esta Posta «obró valor estratégico; el 26 de marzo de 1812 descansó bajo su alero el general Juan Martín de Pueyrredón, que venía en retirada desde Potosí al frente de una columna patriota, y ahí entregó el mando del  ejército al  general  Manuel  Belgrano.

A fines de 1813 este último se encontraba en Jujuy con los restos de su ejército salvados de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma; y enfermo y deprimido, pidió al gobierno lo relevara del alto puesto.

Mientras tanto, para proteger la frontera contra los realistas, fue enviada de Buenos Aires una expedición al mando del entonces coronel de granaderos José de San Martín, que iba en carácter de segundo jefe del ejército Auxiliar del Perú a ponerse a las órdenes de Belgrano.

Cuando Belgrano tuvo conocimiento de esto le escribió manifestando su alegría:

«Vuele si es posible —decía—, la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares. . . No tendré satisfacción mayor que el día en que logre estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como usted. . .»

Durante su permanencia en Jujuy le envió varias cartas más, y en todas ellas insistía para que apresurase la marcha:

«porque —expresaba— estoy firmemente persuadido  de  que  con  usted  se  salvará   la   patria. . .»

San Martín llegó a Tucumán el 11 de enero de 1814, y cumpliendo una orden de Belgrano   partió en su busca.

En esa fecha ya el general —evacuado Jujuy, con sus reducidos batallones— caminaba hacia el sur.

En la Ciénaga, el día 16, se dirigía a San Martín, y le informaba que en Cobos tuvo la suerte de conocer a sus granaderos, agregando:

«. . .y V. S. si puede venir a encontrarme, en el caso de que su enfermedad se lo permita, lo agradeceré, pero de no, regrese sólo a curarse. . .»

Al día siguiente, cambiaba de parecer y le escribía: «Voy a pasar el río Juramento, a hallarse V. S. con la tropa tan  inmediata sírvase esperarme con ellas. . .»

El 19 había cruzado el río con toda felicidad; y el 21 se hallaba en las Juntas —todavía al norte de Yatasto—, desde donde despachó un comunicado para el coronel de granaderos:

«Visto éste, se pondrá en marcha para la ciudad de Tucumán, donde se dará a conocer como segundo jefe. . .»

En  cumplimiento de esta   orden,    San    Martín    regresó   a   Tucumán,    donde esperó al general Belgrano, que llegó en la noche del 27.

De acuerdo con los documentos existentes,  ésta es la  primera  entrevista que  mantuvieron  ambos jefes.

Muchos son los historiadores que dicen que la histórica entrevista en Yatasto se realizó el 28 ó 30 de enero, pero esto no es posible dado que en esas fechas los dos estaban en Tucumán.

Es significativo destacar que en las historias de San Martín y Belgrano escritas por el general Mitre —el primero que nos habla de esta entrevista— no fija fecha.

Además, en los archivos argentinos no se ha encontrado ningún documento en el cual los generales San Martín o Belgrano hagan referencia al encuentro de Yatasto.

Bajo los soportes del balcón hay una placa conmemorativa que dice:

«San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación —el verbo de la emancipación americana. Homenaje de la 6° División de Ejército, en su visita del día 2 de junio de  1921».

Hoy, la Casa de Yatasto, llamada también del Altillo y después del Encuentro, pertenece a la familia de Gómez Rincón.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

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Casa Natal de San Martin:Historia del Lugar Histórico en Yapeyu

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ EL GENERAL SAN MARTIN

Yapeyú (Corrientes) , el histórico pueblo, se encuentra situado en el departamento de San Martín, y fue fundado sobre la margen izquierda del arroyo Guaviraví, en el rincón que forma su desembocadura con el río  Uruguay.

En el año 1626 era gobernador del Río de la Plata don Francisco de Céspedes, quien deseando poblar la zona del río Uruguay comisionó al padre jesuíta Roque González de Santa Cruz para que fundara la reducción de Nuestra Señora de los Santos Reyes de Yapeyú.

Durante los últimos meses de ese año el padre González inició la formación de un pueblo, al que no dio carácter de misión debido a la falta de pobladores.

En febrero de 1627, acompañado del padre Provincial Nicolás Duran y del padre Pedro Romero, quien fue encargado expresamente de establecer y organizar el pueblo de Yapeyú, dio principio a su obra el día 4 con cíen indios charrúas. A fines de mes ya se había levantado una capilla y una casa para el padre Romero, quien se hizo cargo de la misión.

casa de san martin en yapeyu lugar historico

El pueblo comprendía unas dieciséis hectáreas, con sus construcciones de piedra, adobe y tejas.

Los edificios jesuítas estaban distribuidos en dos patios: en el primero se ubicó la iglesia, el cementerio, las celdas para los padres y los talleres, y en el segundo había dos almacenes, el cabildo y la casa para los gobernadores.

Prontamente se convirtió en una de las reducciones más florecientes y sus fértiles tierras dieron origen a la ganadería y a la agricultura, llegando a tener en 1767 más de cuarenta y ocho mil vacunos de corral.

Yapeyú alcanzó el rango de capital de la provincia misionera, tanto por su magnífica posición estratégica, que cerraba el paso obligado para bajar a Buenos Aires o internarse río Uruguay arriba, como por su población y comercio.

El 14 de febrero de 1768 fue nombrado teniente gobernador el capitán Francisco Bruno Zavala, en la nueva organización administrativa de las misiones resuelta por Bucareili.

El 23 de agosto de 1768 y el 15 de enero de 1770 se acordó un cambio en la administración y Zabala pasó a Candelaria, mientras en Yapeyú quedaba don Francisco Pérez con Igual puesto.

El 6 de abril de 1774 se hizo cargo como teniente gobernador don Juan de San Martín, casado con doña Gregoria Matorras, padres del Libertador.

Se instalaron en la residencia de los gobernadores, que era una pequeña fortaleza, compuesta de una casa de familia con gran patio, una serie de cuartos pequeños para la tropa y un extenso corralón que servía de caballerizas.

El 25 de febrero de 1778 nació, según la tradición, en una de las habitaciones de esta casa José de San Martín, el cual se trasladó a principios de 1783 con sus padres a  Buenos Aires, embarcándose el  23  de  marzo   para  España.

El pueblo, cuna del héroe, fue incendiado el 13 de febrero de 1817 por trescientos soldados al mando del capitán Gamas, por orden del brigadier portugués Chagás.

Debido a este hecho y a la destrucción del tiempo, no quedaron de la antigua  misión  nada  más que  unas taperas  ocultas  por la  maleza.

Iniciada la reconstrucción, el gobernador de Corrientes don Juan Pujol pidió el 20 de agosto de 1859 restablecerlo con el nombre de San Martín, pero sólo un año después, el 13 de febrero de 1860, fue dictada la ley respectiva, acordando además entregar tierras gratis a los pobladores.

Debido a las malas mensuras, la casa donde nació el Libertador pasó a dominio privado.

La última delineación del pueblo, que estuvo a cargo del agrimensor Martín Zapata, se concluyó el 17 de junio de 1887.

En su informe decía que en la manzana N° 45, al costado sur, se hallan las ruinas de la casa de San Martín.

Era la primera de la barranca, tenía palmeras en su patio y estaba situada junto a un ombú; de los muros sólo quedaban restos, ya que los colonos establecidos en 1862 demolieron todo el pueblo, y nadie se preocupó  nunca de  restaurarla.

Como homenaje al Libertador se levantó el 12 de octubre de 1899 una columna conmemorativa en la plaza, y ese día Cecilio Ruidíaz donó al gobierno el terreno de la manzana 45, donde están las ruinas de la casa histórica.

El 17 de agosto de 1922 fue inaugurado el templete dentro del cual se guardan los restos subsistentes de la casa de San Martín, y que se construyó por suscripción popular.

Finalmente la provincia de Corrientes decidió declarar Monumento Provincial, el 3 de abril de 1938, «Las ruinas de la Casa de los Gobernadores de Yapeyú donde nació el general San Martín».

De acuerdo con un proyecto presentado el 13 de julio de 1915 por el diputado Ramón Beltrán y aprobado por ambas cámaras, el gobierno de la Nación promulgó el día  16 la Ley N° 9.655 que dice así:

«Artículo l° — Autorízase al P.E. para adquirir en propiedad la manzana de terreno ocupada por las ruinas de la casa que fuera del general don José de San Martín, en Yapeyú, con el objeto de restaurarla y conservarla como monumento de gratitud nacional».

Este antecedente viene a demostrarnos que, a pesar de lo que se ha dicho, las ruinas de la casa natal del Libertador no han sido declaradas Monumento Histórico.

En cambio el pueblo de Yapeyú, hoy San Martín, fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 24.455 del 6 de octubre de 1945.

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Cerro de la Caballada,Historia del Combate en Defensa de la Soberanía

Cerro de la Caballada, Historia del Combate Defensa de la Soberanía

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos.

Fue escenario de una de las acciones más brillantes ocurridas durante la guerra con el Imperio del Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd.

Había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Fue escenario de una de las acciones más brillantes ocurridas durante la guerra con el Imperio del Brasil.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial.

Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro.

El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada.

Desde el cerro contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro.

Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd.

La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia.

Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927.

Ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Capilla de los Negros en Chascomús, Historia

La Capilla de los Negros en Chascomús Historia

Se encuentra ubicada en la ciudad de Chascomús, sobre la llamada antiguamente calle Ancha, hoy Boulevard Lamadrid esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna.

Chascomús, situado a 120 kilómetros de la Capital Federal, tuvo su origen en el fuerte levantado por el comandante don Pedro Nicolás Escribano, el 27 de mayo de 1779, para contener las invasiones indígenas y al que denominó San Juan Bautista de  Chascomús.

En el correr de los años, alrededor del fuerte fueron levantando sus viviendas los estancieros y pobladores de la zona.

Utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aunque liberados, los mantenían a su servicio.

Entre ellos había carpinteros, albañiles, cocheros, jardineros, peones, etc., que, fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos en el país y vivían agrupados en el Barrio del Tambor, decidieron formar una cofradía o hermandad.

Capilla de los negros

Profundamente religiosos, la primera iniciativa fue levantar un capilla.

En un terreno que Juan Manuel de Rosas había donado a la «Hermandad de los Morenos del Sur Boyimbe de Ivenza», encabezados por el moreno Luciano Alsina se dieron a la tarea de su construcción.

Según algunos historiadores, pues no hay documento oficial que lo certifique, fue inaugurada en el año 1826, y para otros en 1832.

La capilla tiene 16 metros de altura.

Sus paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara.

La puerta de entrada, hecha de madera dura y que aún se conserva, tiene 2,80 metros de altura por 1,20 de ancho con una artística aldaba o llamador.

Posee tres ventanas, dos sobre el lado izquierdo y una a la derecha, colocadas a no más de cuarenta centímetros del piso, que es de tierra.

Tanto el altar principal como los reclinatorios y bancos son de madera sin cepillar, toscamente trabajada y labrada.

El sitio de honor lo ocupan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de la Virgen Morena.

En otro altar se halla la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita y el que, según la tradición, pasó toda su vida barriendo.

Además, adornan la capillita la Virgen Gaucha de Lujan, la de San Benito de Paiermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.

La capilla, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas, la puerta lateral que da sobre la calle Venezuela y gran parte de las paredes.

Su precario estado movió al vecindario a encarar su reparación, pero el vecino don Ángel Canatelli, en unión de sus compañeros del Reino de la Amistad y ayudados por la Municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad, aunque conservando su primitiva forma, su piso de tierra y sus antiguas imágenes.

En ella ofició misa todos los domingos hasta su muerte, ocurrida en 1922, el cura párroco Don Julián Quintana, quedando desde esa fecha la capilla sólo como lugar de oraciones.

Encargada de su cuidado es la morena Guillermina Eloísa González de Luis, descendiente por rama materna de Luciano Alsina, su fundador.

Ella ocupa el lote lindero donde tiene su vivienda, heredado de su madre y la que, refiriéndose a la capilla, dice:

«La conservaremos mientras conservemos la fe».

En los considerandos del decreto que declara histórico el solar dice: que habiendo sido fundada aproximadamente en el año 1826 con la ayuda de la «Hermandad de los Negros», servía al culto de los núcleos de población que la circundaban.

Que durante la epidemia de cólera en  1858 y la de fiebre amarilla de  1871 fue utilizada  para  la  atención   generosa   de   los  enfermos  y  que   allí   se   refugiaron   los   muchos   patriotas heridos que combatieron contra Manuel de  Rosas en la batalla de Chascomús.

El solar donde  se alza  la  capilla fue  declarado  Lugar  Histórico el  22 de  junio  de 1962 por Decreto N° 5674.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de Cura Malal Primera Conscripción Argentina

LUGAR HISTÓRICO DEL EJÉRCITO ARGENTINO:MONUMENTO DE CURAMALAL

El lugar donde estableció su campamento la primera conscripción argentina se encuentra ubicado en las sierras de Cura Malal, próximo a la localidad de Pigüé.

El 23 de noviembre de 1895 el Congreso Nacional sancionó la ley número 3.318, que establecía la formación del Ejército de la República.

Promulgada esta ley, se llamó bajo las armas a los ciudadanos nacidos en el año 1875 y con ellos se formaron las primeras legiones disciplinadas de soldados, con lo que se abolló para siempre el antiguo sistema de enganches.

En el cuartel del Regimiento 11 de Infantería que estaba situado en Pichincha y Garay se realizó la concentración de los ciudadanos llamados al servicio de la Patria.

El 15 de abril de 1896 los entusiastas jóvenes, llevando cada uno sus respectivos equipos, marcharon hasta la estación Sola, de Barracas, desde donde se embarcaron en trenes especialmente preparados.

Monumento Curamalal

Después de un viaje que duró casi veinte horas los conscriptos llegaron a Pigüé y desde allí continuaron a pie hasta el campamento.

Las carpas blancas que sirvieron de refugio a la tropa se habían instalado en las faldas de las sierras y en esas soledades ofrecían un aspecto tan original que se las conocía con el nombre de «ciudad blanca».

La primera conscripción argentina estaba formada por 7.648 hombres, al mando del general de división Luis María Campos.

Los conscriptos, que permanecieron en el campamento hasta el mes de julio, recibieron una intensa preparación militar y merced al tesón que pusieron lograron convertirse rápidamente de reclutas en aguerridos soldados.

Algunos, de los jóvenes enrolados dejaron interesantes crónicas de la vida en el campamento.

Uno de ellos, el doctor Horacio Beccar Várela, en los artículos que publicaba en «El Diario», expresaba:

«Las carpas son para cuatro personas y nos han destinado una para cada tres personas.

En los momentos de descanso, que son los menos, nos pasamos el tiempo acostados en las colchonetas, no tan mullidas como el colchón que mamá quería que trajese. Esto es una Slberia: sopla todo el día un viento que nos hiela los huesos».

«Por la noche el campamento ofrecía, dice el mismo cronista, un curioso aspecto. Cada carpa puede contarse porque en ella brilla una luz desde que entra la noche hasta la retreta, y si de día el campamento es; la ciudad blanca, de noche es la ciudad roja, pero no con luces radiantes e insolentes que hacen huir a las tinieblas, sino con las luces tenues que son la característica de los hogares modestos y tranquilos,  porque  el  campamento  es  el  gran  hogar de  la  familia   militar».

Para celebrar dignamente el día de la Patria —25 de Mayo de 1896— el general Luis María Campos preparó una gran revista militar, para que el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Alberto Capdevila, y su comitiva tuviesen la oportunidad de apreciar el grado de Instrucción de los soldados.

«Ese 25 de Mayo, narra otro cronista conscripto, hubo dianas saludando a un sol que debió haber salido. Pero con sol o sin él, la alegría de todos fue extraordinaria. A pesar del intenso frío que reinaba y del pésimo tiempo, el general pasó revista, quedando admirado por el adelanto de la preparación militar obtenida en tan corto tiempo», y agrega el cronista: «almorzamos a las tres de la tarde, pues a causa del mal tiempo, y los malos caminos, los carros portadores de la leña con que se debían asar las vaquillonas y ovejas llegaron con varias horas de retraso. . .»

Una vez finalizado el período de adiestramiento, la división regresó a Buenos Aires y el 14 de julio de 1896 desfiló en medio de los vítores de la población, ante el doctor José Evaristo Uriburu, entonces presidente de la República, cruzando bajo un arco de triunfo levantado en la Avenida de Mayo frente a donde hoy día se encuentra el edificio  del  diario  «La Prensa».

Con el propósito de conmemorar la primera conscripción el vecindario de Pigué levantó en el sitio donde  había estado emplazada  la carpa  del  comando de  la  división Buenos Aires un obelisco macizo, construido con piedras procedentes del mismo lugar.

Este monumento fue obra del arquitecto Luis María Campos, descendiente del general que comandó aquella etapa inicial del nuevo ejército de ciudadanos soldados.

El 15 de abril de 1937, al pie del monumento, se realizó una emotiva ceremonia recordando aquel hecho histórico, en la que estuvieron presentes muchos de los antiguos conscriptos.

En el acto usaron la palabra el doctor Luis María Campos Urquiza, hijo del general Luis María Campos; la señora Sara Pueyrredón de López, presidenta de la Comisión de Homenaje, y el general Nicolás C. Accame, en representación del ministro de Guerra.

También ofició una misa de campaña el vicario general del ejército, monseñor Andrés Calcagno, y se colocó en la base del monumento una urna con los restos del Soldado Desconocido.

El sitio de Curumalal, que en araucano significa corral de piedra, fue declarado Lugar Histórico el 1° de marzo de 1951 por Decreto N9 4.314.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia de la Corbeta Uruguay Características, Usos y Viajes

MONUMENTO HISTÓRICO: CORBETA URUGUAY

Ante la necesidad de dotar a la Armada de nuevas universidades, el presidente de la República don Domingo Faustino Sarmiento dio en el año 1872 un decreto por el cual se disponía la construcción de varios buques destinados a la defensa naval.

Entre estas unidades, que formaron la que se llamó Escuadra Sarmiento, figuraban las corbetas mixtas Paraná y Uruguay, que se construyeron en los astilleros Laird Brothers,  de  Birkenhead,  Liverpool,   Inglaterra.

Fueron destinados para que se encargaran de su construcción don Manuel R. García, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, que contrató la construcción, y don Tomás Jefferson Page, marino norteamericano radicado en nuestro país, que tuvo a su cargo la supervisión de las naves.

corbeta uruguay

La corbeta Uruguay fue botada en el mes de febrero de 1874 y llegó al puerto de Buenos Aires al mando del capitán de la Marina Mercante Británica don James A. Paulet y 27 hombres de tripulación el 5 de julio de dicho año en compañía de su gemela, la Paraná. Mide 43,28 metros de eslora, 7,50 de manga, cala 3,60, desplaza 550 toneladas y desarrolla una velocidad de 10 millas por hora. Es un velero mixto de tres palos, armado de 2 cañones Armstrong, dos ametralladoras y una máquina vertical de un poder de 450 HP.

Es la más antigua de las unidades de guerra que aún se mantiene a flote y ostenta con orgullo un largo y glorioso historial.

El 24 de septiembre de 1874 al mando de su primer comandante, teniente coronel de Marina don Erasmo Obligado, toma parte en la revolución encabezada por el general don Bartolomé Mitre contra el gobierno, pero es abandonada al varar en el lugar denominado Placer de las Palmas. De nuevo en poder de las fuerzas del gobierno el 25 de septiembre de dicho año, es incorporada a las órdenes del comandante Bartolomé Cordero a una escuadrilla que al mando de don Luis Py persigue a los revolucionarios. El 4 de octubre de 1874 en un recodo entre el Placer de las Palmas y Playa Honda choca de frente con el transporte Pavón sufriendo  muy serias averías.

El 21 de junio de 1877 el presidente de la República don Nicolás Avellaneda firma un decreto por el cual la corbeta Uruguay es destinada para asiento de la Escuela Naval Teórico Práctico, siendo nombrado director y comandante de la nave el teniente coronel de marina don Martín Guerrico.

Su primer viaje de instrucción práctica con los alumnos a su bordo lo inició desde el puerto de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1877, navegando por el río de la Plata y haciendo escalas en la Ensenada de Barragán, Magdalena, Colonia del Sacramento,  Punta del  Indio e isla Martín García,  para  regresar al  punto de  partida  el 26.

El 22 de diciembre de ese mismo año partió hacia la Patagonia con el fin de vigilar las costas y defender las poblaciones e intereses nacionales ante una invasión del territorio por presidiarios chilenos sublevados.

El 18 de enero de 1878 llegó a Carmen de Patagones, permaneciendo en su misión setenta y ocho días, al cabo de los cuales regresó al puerto de Buenos Aires.

En octubre de 1878 participó en los trabajos de sondajes y situaciones en la Bahía de Samborombón, y el 14 de noviembre de ese año, como buque escuela a las órdenes del comandante don Martín Guerrico, forma parte de la expedición del comodoro don Luis Py  a Santa Cruz en misión de establecer la soberanía en esa zona.

Siempre como buque escuela zarpa en 1879 con destino a Patagones para colaborar con el general don Julio A. Roca en la Expedición al Desierto. En ella se había recibido estando en Santa Cruz, en 1878, la primera promoción de cadetes; la segunda, en Patagones, en julio de 1879, y la tercera, en diciembre, en San Fernando.

Luego de haber cumplido destacadas misiones y de formar parte en 1902 de la Primera División de la Defensa del Río de la Plata, el 8 de octubre de 1903 por la tarde zarpa  del  puerto  de  Buenos Aires  al   mando  del  teniente  de   navio  don  Julián   Irizar hacia las regiones polares enviada por el gobierno en auxilio de la expedición científica encabezada por el doctor Otto Nordenskjóld, de la cual formó parte el alférez de nuestra marina, don José María Sobral.

La nave arribó el día 16 a la isla Observatorio; el 20 recaló en Ushuaia, de donde partió el l9 de noviembre proa a la Antártida; el 6 recala en Cabo Seymour, y el 13 el oficial de derrota, alférez de navio Jorge Yalour, luego de avistar una carpa, desciende en compañía del comandante Irizar, en Snow Hill, y hallan a los integrantes de la expedición, los que una vez reunidos se embarcan en la Uruguay y llegan el 22 a Santa Cruz, comunicando a Buenos Aires el feliz rescate de todos sus miembros. El 2 de diciembre de 1903 a las 17 hace su entrada en el puerto de  la Capital.

Un año más tarde, el 11 de diciembre de 1904, la histórica corbeta parte nuevamente en misión a la Antártida en busca de la expedición del doctor Charcot, y al mando del capitán de fragata don Ismael F. Galíndez recorre las regiones heladas, pero al no encontrar rastros de los expedicionarios inicia el 10 de enero de 1905 el regreso al puerto de Buenos Aires.

Destinada a partir de 1906 a trabajos hidrográficos, es radiada del servicio el 16 de noviembre de 1926 y convertida en polvorín flotante. Con anterioridad a este destino realizó en 1924 su último viaje de instrucción a las órdenes del teniente de navio don Pedro Quihillat, quien fue su último comandante.

En el año 1954 se resolvió su reconstrucción y en 1956, a pedido de las autoridades de la Escuela Naval Militar, fue anclada en el muelle del Instituto en Río Santiago, como reliquia y ejemplo, custodiada permanentemente por una dotación de honor de cadetes navales.

Fue declarada Monumento  Histórico por Decreto N° 3.968 del 6 de junio de  1967.

Ver:Historia del Rescate de Nordenskjold en la Antartida

Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás, Monumento Histórico

Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás, Monumento Histórico

En San Nicolás de Barí y de los Arroyos, que así se llama la ciudad, en la calle Nación, se encuentra esta histórica casa, que fue asiento de los gobernadores en el Acuerdo de 1852.

En 1831, fecha de su construcción, pertenecía a don Mariano Ruiz, rico propietario de aquella zona.

Años después la adquirió don Pedro de Alurralde, juez de paz de dicha ciudad.

Es una casa de un solo piso, y según un plano de la manzana en que se halla ubicada, hecho en el año 1854 por el señor Malaver con datos del agrimensor Shuster, se demuestra que había una parte edificada de trece metros más ocho de terreno que se prolongaba hacia atrás y estaba cercada por una pared.

casa del acuerdo de san nicolas

Tenía una sala grande sobre el lado izquierdo y una piecita a la derecha, ambas con entrada por el zaguán y que daban a un patio.

Está construida de barro, con techos de azotea y pisos de baldosas.

Su frente, muy sencillo, no responde a ningún estilo, aunque puede comprenderse dentro del tipo común de edificación del siglo XVIII.

En el patio o fondo existía un pozo de forma circular con brocal de ladrillo en lugar del tradicional aljibe.

Posteriormente al año 1852 se le agregaron las habitaciones del ala derecha que recuadran el patio en la actualidad.

Pasados muchos años, en 1935, fue restaurada por el arquitecto Jorge A. Chute.

Así era y así es en la época actual esta histórica casa, que con verdadero orgullo guarda en su seno la ciudad de San Nicolás.

El pueblo fue fundado el 14 de abril de 1748 por don José Rafael Aguiar, en las cercanías del Arroyo del Medio, sobre las márgenes del río Paraná, en terrenos de su esposa, doña N. de Ligarte.

Erigido en parroquia en el mismo año, se elevó a partido en 1778, y el 23 de noviembre de 1819 el Congreso lo declaró ciudad en mérito a sus servicios contra la anarquía.

Su nombre se debe a la devoción de su fundador por el santo epónimo.

Este pueblo, que tantos sacrificios había hecho para mantener el orden en la época de Rosas, fue elegido por el general Urquiza después de la batalla de Caseros para instalar la sede de los gobernadores de las provincias.

Por aquel entonces era juez de paz del partido don Pedro de Alurralde, y, como primera autoridad de la ciudad y gran amigo de Urquiza, cedió su casa para celebrar las reuniones.

Ellas se realizaron en la sala de la histórica finca, donde se firmó el 31 de mayo de 1852 el pacto que dio las bases a la organización nacional y que hoy forma parte de nuestra historia con el  nombre de Acuerdo de San  Nicolás.

En esos tiempos las calles de la ciudad carecían de nombre, y hasta 1854 no se comenzó su nomenclatura y numeración, llamándose aquella donde está situada la Casa del Acuerdo, calle de La Paz.

En 1861, cuando el general Mitre la cruzó con su ejército después de la batalla de Pavón, se dice que la designó con el nombre de calle Nación, que es el que conserva actualmente.

Esta tradición local ha sido recogida en un bronce colocado por la Asociación de Residentes Nicoleños de Buenos Aires en el cruce de esta calle con el Bulevar Saavedra.

Luego de discutidas iniciativas y de diversos proyectos presentados en el transcurso de los años para que se declarara de utilidad pública la vieja finca, fue al fin expropiada en 1919 y destinada a Biblioteca y Museo del Acuerdo.

El día en que éste se inauguró el gobierno de la Nación hizo colocar en su frente una placa que dice:

«Aquí nació la organización  de  la Constitución Argentina de la  República».

Al tratarse en la Cámara de Diputados de la Nación la expropiación de la casa, el diputado doctor Adrián Escobar, al informar en nombre de la comisión de legislación el despacho favorable del proyecto, dijo en la sesión del 10 de septiembre de 1919:

«Los monumentos nacionales son los que señalan los derroteros a nuestra nacionalidad, orientan  las  nuevas generaciones y hacen  que  perduren  en   la  mentalidad  del   pueblo los grandes acontecimientos de nuestra historia.

La casa en que se discutió la Constitución Nacional, el año 53, ha sido demolida, y sólo queda, como recuerdo de aquellas discusiones memorables, la casa donde se celebró el Acuerdo de San Nicolás, en que los hombres bien inspirados formularon las bases de la Constitución que nos rige.

Serenados ya los espíritus después de las ardorosas pasiones, después de los entreveros del caudillaje, y abatida la tiranía, la historia hace justicia a los hombres que proyectaron la organización constitucional de la República, y el Congreso debe rendir homenaje a un acto tan trascendental de la historia política de la Nación».

Fue allí donde los representantes de once provincias, presididos por Urquiza, resolvieron la adopción del federalismo y la inmediata convocatoria de una asamblea que sancionara la Constitución, dictada luego en Santa Fe.

Esta casa fue declarada de «utilidad pública» por Ley N° 10.778 del 25 de septiembre de 1919 y Monumento Histórico el 7 de junio de  1957 por Decreto  N° 6.080.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia de la Casa de la Independencia ó Casa de Tucumán

MONUMENTO HISTORICO: HISTORIA DE LA CASA DE LA TUCUMAN

En  1815 el gobierno  interino de Buenos Aires,   representado  por el coronel   Ignacio Alvarez Thomas, decidió convocar a  las Provincias Unidas a un congreso, fijan como sede a Tucumán.

De inmediato se procedió a buscar un local apropiado para celebrar las reuniones, tropezándose con ciertas dificultades, que afortunadamente allanó doña Francisca   Bazán   de   Laguna   al   ceder   una   propiedad   para   ese   fin.

Casa de Tucumán o de la Independencia

Se trataba de una antigua y tranquila casa colonial de una sola planta que ocupaba un terreno de treinta metros de frente por setenta y uno de fondo.

En el centro del muro externo se abría un macizo portón de madera de dos batientes con sencillos herrajes primitivos, flanqueado por dos gruesas columnas en espiral que descansaban sobre pedestales de ladrillo cocido.

A cada lado de la puerta tenía dos picas ventanas de reja, y en ambos extremos de la pared del frente dos puertas pequeñas.

Cruzando el zaguán se entraba  en  un  extenso  patio  rodeado  de   habitaciones.  

Dos de  ellas   paralelas   al   frente  principal   de  la   casa   fueron   unidas   sacando   el   tabique divisorio,  para convertirlas en   un  amplio salón  de quince  metros  de  largo  por cinco de ancho,  donde  habría  de  reunirse  el   Congreso.   

Detrás   estaba   el    segundo   patio con pequeñas dependencias sobre uno de los lados y un huerto al fondo.

El techo a dos aguas tenía cinco metros de altura y era de tejas asentadas sobre tablas,   cubriendo   el   salón   y   los   corredores   de   cada   lado.

Los arreglos llevaron algunos días, debiendo iniciar el Congreso sus sesiones pre paratorias, en la casa que facilitó para ese fin don Bernabé Aráoz, el cual también cedió los muebles utilizados por los congresistas, como el escritorio y el sillón presidencial.

Los sillones y los escaños para los diputados y la barra fueron traídos de los conventos de Santo  Domingo y San  Francisco.

El 24 de marzo de 1816 inauguró sus sesiones el Congreso de Tucumán, y en la reunión del 9 de julio, bajo la presidencia de Francisco Narciso de Laprida, tuvo lugar la declaración de la Independencia, firmada por los 29 diputados concurrentes

La última sesión del Congreso se realizó en la histórica finca el 17 de enero de 1817.

Pasaron los años y la casa yacía olvidada.

El tiempo amenazaba destruirla hasta que el 6 de septiembre de 1869, por ley nacional N° 323, se autorizó al Poder Ejecutivo la adquisición de la propiedad.

Pero sólo bajo la presidencia de Sarmiento fue sancionada en 1872 la ley de compra.

El 25 de abril de 1874 se firmó en Tucumán,  la escritura respectiva entre el gobernador de la provincia, don Belisario López, y los propietarios, señor Fernando S. de Zavalía, señora Gertrudis Amalia Zavalía y señora Carmen López.

Sus dependencias se destinaron a oficinas de Correos y Telégrafos y   pagándose   por   ella   la   suma   de   veinticinco   mil   pesos   fuertes.

En 1875, bajo la presidencia de Avellaneda, se aceptó por decreto una propuesta de Ramón Berroa y Caminal para refaccionar el edificio, pero bien poco se hizo.

El diputado Lindoro Quinteros en 1880 presentó un proyecto en a Cámara de Buenos Aires, en que describía el estado lamentable de la histórica propiedad y solicitaba su pronta restauración.

En atención al proyecto citado el Poder Ejecutivo acordó un subsidio de seis mil pesos para dejar en condiciones el inmueble,  lográndose con  ello  salvar  la   parte   más  valiosa.

Hacia 1891 el doctor Estanislao Zebalios, director de Correos en aquel entonce; se dirigió al ministro del Interior haciéndole ver la necesidad de restaurar la sala principal y dotarla del mobiliario indispensable, lo más parecido posible al que tu viera  en   la  época  de   la  jura  de   la   Independencia.

En 1903 el presidente Roca, por decreto del 3 de enero, hizo demoler las depen dencias de la finca, dejando sólo el salón donde habían sesionado los congresista.

Este  salón  fue  restaurado  en  su totalidad y  cubierto  por  un  templete.

Así se llega al año 1939; el diputado tucumano Ramón Paz Posse presentó un proyecto en que abogaba por la reconstrucción de la casa histórica.

Dicho proyecto fue convertido en ley nacional N° 12.724, promulgada el 9 de octubre de 1941, por la que se autorizaba   la  inversión  de  cien  mil  pesos con  ese  objeto.

Hoy día ha sido totalmente reconstruida bajo la dirección del arquitecto Mario J. Buschiazzo sobre la base de fotografías y documentos obtenidos antes de su demolición, dándosele la misma disposición que tenía cuando la magna asamblea de 1816.

Situada en la calle Congreso 151, a cuadra y media de la plaza Independencia, fue declarada Monumento Nacional por Decreto N° 98.076 del  12 de agosto de  1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Congreso Nacional en Belgrano Historia Museo Histórico Argentino

HISTORIA DEL CONGRESO NACIONAL EN BELGRANO

Este edificio, que se encuentra ubicado en la calle Cuba 2079, esquina Juramento, fue construido para asiento de la Municipalidad de Belgrano en los años 1870 a  1880, de acuerdo con  los planos del  arquitecto Juan A.  Buschiazzo.

Ocupa el centro del solar dejando un espacio libre de once metros sobre la calle Cuba y otro de trece metros sobre el lado este, contiguo al cual hay una construcción suplementaria.

Fue allí donde por decreto del entonces presidente Dr. Nicolás Avellaneda funcionaron la Cámara de Senadores, desde el 4 de junio al 27 de julio de 1880, y la de Diputados, desde el 28 de julio al 20 de septiembre del mismo año.

Entre otras leyes se sancionó una de tan vastas proporciones como fue la que declaró a Buenos Aires Capital de la República de acuerdo con un proyecto presentado el 6 de junio por el senador Pizarro, y uno de cuyos considerandos dice así:

«Preciso es no engañarnos: Buenos Aires es la Capital de hecho y de derecho de la República, porque ella encarna todas nuestras tradiciones gloriosas —y aun nefandas—, toda la vida de la República, todo el sentimiento y el pensamiento argentino que se condensa en esta gran ciudad; es su cerebro y su corazón y allí debe estar el gobierno de la   República   donde   palpita   y   late  el   pensamiento   y   el   sentimiento   nacional».

Congreso Nacional en Belgrano

En el artículo primero del proyecto se proponía:

«El Poder Ejecutivo gestionará inmediatamente cerca de los Poderes Públicos de la Provincia de Buenos Aires, y con arreglo a lo dispuesto en el Art. 39 de la Constitución Nacional, la previa cesión de la ciudad del mismo nombre y su municipio para el establecimiento en ella de la Capital definitiva de la  Nación».

El 24 de junio el Congreso reunido en Belgrano destituyó a cuarenta y un diputados que habían permanecido en la ciudad, y el general José María Bustillo fue designado interventor en la provincia.

La Legislatura de Buenos Aire protestó contra esta medida que también provocó la renuncia del presidente Avellaneda.

Entonces el Congreso suspendió la designación del interventor y rechazó la renuncia del presidente.

El senador Pizarro volvió a insistir el 24 de agosto en su propósito y al mismo tiempo el Poder Ejecutivo hacía llegar un proyecto ley que decía así: Artículo 19:

«Declárase capital de la República al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires bajo sus límites actuales y después que se haya cumplido el requisito constitucional de que habla el último artículo de esta ley…»

Artículo 79: «Esta ley sólo regirá una vez que la Legislatura de Buenos Aires haya hecho la cesión competente prestando conformidad a sus cláusulas, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 39 de la Constitución Nacional».

El general Bustillo, poco antes de abandonar sus funciones, llamó a elecciones, y el proyecto de Avellaneda fue aprobado por el Congreso y convertido en  ley el 20 de septiembre de  1880.

El 26 de noviembre de ese año la Legislatura de la provincia promulgó la ley que cedía la ciudad de Buenos Aires para ser convertida en Capital Federal y el 6 de diciembre, durante la presidencia del general Julio A. Roca, se promulgó la ley que creó  la  capital  definitiva.

El edificio, después de ocuparlo el Congreso, volvió a ser asiento de la Municipalidad, y cuando el partido de Belgrano, por ley de 1887, quedó incluido dentro del perímetro de la Capital Federal, la Municipalidad metropolitana instaló sus oficinas seccionales, que funcionaron allí hasta agosto de 1938, año en que fueron desalojadas.

De acuerdo con la Ley N° 12.569, promulgada el 7 de octubre de 1938, el edificio situado en las calles Juramento y Cuba fue declarado Casa Histórica y no Monumento Nacional como se ha dicho.

El Poder Ejecutivo de la Nación solicitó la cesión del edificio a la Municipalidad, la cual le dio posesión por ordenanza N9 9.816 del 9 de diciembre de 1938.

En el artículo l9 de esta ordenanza dice: Apruébase el temperamento   adoptado   por   el   Departamento   Ejecutivo   de   dar   posesión   al   Poder  Ejecutivo de la Nación del edificio histórico sito en las calles Juramento y Cuba con destino a la instalación del Museo Histórico Sarmiento, creado por ley 8109 de que informa el decreto dictado con fecha 10 de septiembre 1938 y en el artículo Nº 3 se establece categóricamente:

«El solar histórico que se cede y su construcción suplementaria no podrá ser demolino ni fraccionado y sólo estará sujeto al futuro ensanche de la  calle Juramento».

Posteriormente el gobierno, de acuerdo con el convenio celebrado con la Municipalidad de Buenos Aires, destinó la propiedad para sede del Museo Histórico Sarmiento, el que fue inaugurado el 11 de septiembre de 1938.

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Historia Construcción Darsena Norte en el Puerto de Buenos Aires

PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos.

Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown -Sitio ...

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate.

Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown.

Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad.

Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo del río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas.

El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante?.

Son 31 buques enemigos.

Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla.

Camaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos.

Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea.

Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra.

Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado.

Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas.

El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».

Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas al mando de Rosales.

Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños.

La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes.

Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Historia de la Casa de Liniers:Ubicación del Monumento Histórico

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: CASA DEL VIRREY LINIERS

Esta casa, que fue residencia del héroe de la Reconquista de Buenos Aires don Santiago Liniers y Bremond, penúltimo virrey del Río de la Plata, desde 1805 hasta fines de agosto de 1809, se encuentra en la calle Venezuela 469, entre las de Defensa y Bolívar, en el barrio que antiguamente se conocía por Bajada de los Dominicos, por hallarse en sus proximidades el convento de Santo Domingo.

La construcción de este típico caserón del Buenos Aires colonial data de 1788 y era uno de los inmuebles pertenecientes a los suegros de Liniers, don Martín Simón de Sarratea y doña Tomasa de Altolaguirre.

Está levantada sobre un terreno de forma irregular que tiene veinte metros treinta y nueve centímetros de frente, por unos cuarenta y cuatro de fondo, en la parte más larga y angosta.

casa de Liniers

En esta casa vivió con sus hijos el ilustre y pundonoroso marino, ya viudo de doña Martina de Sarratea.

Su arquitectura típicamente colonial, con anchas paredes, techos de tejas, la pesada y maciza puerta de entrada, sus clásicas ventanas enrejadas, las amplias habitaciones y sus espaciosos patios guardan el estilo de la época. Tras la entrada se encuentra un amplio zaguán de piedras desiguales y pulidas por el uso de los años, a cuya derecha se abre la puerta que da acceso a la habitación utilizada para dar albergue a un cuerpo de guardia durante el virreinato de Liniers.

A su izquierda se conserva, tal como era, la sala principal, donde, según la tradición familiar, al día siguiente de cumplida la Reconquista tuvo lugar la entrevista privada que Liniers le concedió al general Guillermo Carr Beresford, solicitada por éste por intermedio del ministro Casamayor, en cuya casa se alojó el general inglés. En presencia de aquél y del teniente Bernardo Artayeta, ayudante y amigo personal del dueño de casa, se trataron los términos de la tan discutida capitulación concedida por Liniers caballeresca y generosamente al general vencido.

Según antecedentes facilitados muy gentilmente por sus actuales propietarios, el primer dueño de esta casa fue don Martín Simón de Sarratea, suegro de Liniers, por haberse casado éste en segundas nupcias con doña Martina, hija de aquél.

Años más tarde, al ocurrir la muerte de Sarratea, en su testamentaría le fue adjudicada la propiedad a otra hija suya, doña Juana, casada con el coronel ingeniero Ángel Monasterio, padres de Martina Monasterio y Sarratea, casada con el coronel Nicasio de Biedma, heredera a su vez de la propiedad.

A la muerte de ésta pasó a su hija doña Tomasa Biedma y Monasterio, que se casó con don Ángel de Estrada (hermano mayor de José Manuel y Santiago de Estrada), bisnietos del virrey Liniers. Ángel de Estrada y su esposa doña Tomasa Biedma eran descendientes en línea directa de los Sarratea.

Ocurrido el fallecimiento de doña Tomasa Biedma y Monasterio y de su marido, heredan la casa sus hijos Ángel y Tomás Eduardo, pero como Ángel murió soltero en 1924 quedó como único propietario de la misma don Tomás E. de Estrada.

A su fallecimiento pasó en condominio indiviso entre su viuda doña Silvina Lynch de Estrada y su hijos Tomás, Silvina, Cantina y Marcos.

En el año 1939, al transformar la empresa editorial fundada por sus mayores en Sociedad Anónima, integraron entre los bienes de capital esta propiedad.

Es interesante hacer resaltar que la casa es de la familia de Estrada no como descendientes de don Santiago Liniers y también de los Sarratea por doña Martina, sino por la rama de los descendientes de don Ángel de Estrada, al casarse éste con doña Tomasa Biedma y Monasterio, que también desciende en línea directa de Martín Simón de Sarratea.

Al crear don Ángel de Estrada en 1869 la «Fundación Nacional de Tipos», primer establecimiento en su género en la Argentina, origen de la casi secular empresa editorial que lleva su nombre, destinó en 1874 los fondos de la histórica casa a dependencias de  la  Empresa,  demoliendo  los  interiores que estaban  semiderruidos y  haciendo las refacciones necesarias para poder instalar oficinas, depósitos y en parte talleres gráficos, pero respetando el frente del edificio en todos sus detalles, siendo desde aquel entonces la Editorial Estrada la conservadora del edificio.

También estuvo instalada allí por algún tiempo la oficina de la fábrica de papel fundada por don Ángel de Estrada en 1884, en el partido de Zarate, en compañía de Ernesto Maupas y Mariano Escala, y que fue, puede decirse, la primera establecida en la Argentina, pues la pequeña planta instalada por Juan Alcántara en 1877 en la calle México Nº 9 tuvo una vida efímera.

La Comisión Nacional de Homenaje el 12 de agosto de 1935 hizo colocar en el frente de la casa una placa que dice así: «A Don Santiago de Liniers. Jefe de la Gloriosa Reconquista y Heroica Defensa de Buenos Aires. 12 de Agosto de 1806 – 5 de Julio de 1807».

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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Historia de la Pirámide de Mayo Monumento Histórico Nacional

HISTORIA  DE LA PIRÁMIDE DE MAYO

CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO HISTÓRICO ARGENTINO

Debe su origen a que en la reunión del 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución, se resolvió erigir una pirámide de madera como homenaje a los hombres de Mayo de 1810.

La Plaza de Mayo estaba entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa de Gobierno se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, el monumento se hizo con materiales más sólidos.

El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos y el día 25 de mayo se dio término  a  la  obra,   inaugurándose  solemnemente.

piramide de mayo

Era un obelisco fabricado de adobe cocido, de unos trece metros de altura en total; tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor.

Un vaso decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.

En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de  potro.

En los días de fiestas patrias la Pirámide se adornaba profusamente con cintas,, gallardetes, faroles de  papel y leyendas alusivas.

En el año 1826 el presidente Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistía en una magnífica fuente de bronce dentro de la cual quedaría la Pirámide.

Pero esto no se llevó a cabo.

En 1856 el pintor y arquitecto don Prilidiano Pueyrredón proyectó transformar la Pirámide.

Esta ¡dea fue aceptada y se construyó la actual, dejando la primitiva en su interior, dotándola en su parte superior de la estatua de la Libertad, que antes estaba en el antiguo Teatro Colón.

Luego se le colocaron simbólicas figuras de mármol en los cuatro ángulos del pedestal, que fueron más tarde retiradas. En las caras del obelisco también se añadieron  unos soles  nacientes,  en  dorado,  y a  sus  lados  coronas  de   laurel.

En 1883, bajo la intendencia de don Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces  las dos  plazas quedaron  formando  la  actual   Plaza  de  Mayo.

En esta época se pensó también en levantar otro monumento conmemorativo que cubriría a la Pirámide.

El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y los agregados sufridos no representaba ya el monumento que originariamente se había levantado al año siguiente de la Revolución.

Sólo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

El Dr. Nicolás Avellaneda y algunos otros opinaron que debía restablecerse en su forma  primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde.

También se proyectó para el Centenario de 1910 un Monumento a la Revolución, que debía encerrar en su interior a la Pirámide. Pero nada de todo esto llegó a realizarse.

En noviembre de 1912 fue removida de su primer emplazamiento y trasladada al lugar que hoy ocupa.

Tiempo después se tuvo la ¡dea de restituir la Pirámide de Mayo a su origen histórico, ajusfándola en lo posible a sus antiguas líneas.

Se la trasladaría al lugar que ocupaba antes, y se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole la «armazón de estuco y figuras inoportunas».

Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos  por el de  1813, además  de  devolverle  la  reja  primitiva.

Esta simbólica Pirámide ha presenciado grandes acontecimientos de la historia patria.

A su pie se juraron en 1811 el Estatuto Provisional dictado por Rivadavia; la independencia de las Provincias Unidas el 13 de septiembre de 1816; la Constitución re la Provincia de Buenos Aires en  1854, y en el año  1860,  la Constitución Nacional.

En esas fechas y a través de todas las épocas, la Pirámide de Mayo congregó al oueblo en   homenaje  a   las  glorias y a   los  héroes  de   nuestro   pasado.

Declarada  Monumento  Histórico  por Decreto  N°  120.412 del  21  de  mayo de  1942.

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La Jabonería de Vieytes:Historia y Ubicación del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO NACIONAL: JABONERÍA DE VIEYTES

Los orígenes del solar que ocupó la jabonería de Vieytes se remontan a los días en que don Juan de Garay, al hacer el reparto de tierras entre los hombres de su expedición, dio a Andrés de Pallejo la manzana hoy comprendida por las calles Bernardo de Irigoyen, México, Lima y Chile.

Difícil sin duda alguna sería establecer quiénes fueron sus sucesivos propietarios y los fraccionamientos sufridos por dicha manzana, pero a ciencia cierta se sabe que al morir don Domingo Briñole Pelliza dejó a sus herederos, entre sus bienes: «dos cuartos de tierra en el barrio de Monserrat, linderos con el que vendí a don Marcos Belén y en ellos edificada una casa con asiento de Ataonas de Muías y demás oficinas como para Panadería».

jaboneria vieytes

En el reparto de sus bienes estos dos cuartos de tierra, con su casa-panadería, pasaron a poder de sus hijos Juan José Reymundo y María Ignacia Pelliza y Morales, y a sus nietos Videla y Pelliza.

El inmueble permaneció en poder de sus herederos hasta el 16 de octubre de de 1807, en que ante el escribano don Inocencio Antonio Agrelo se presentan don Agustín Videla y Aguiar y don José Pereira de Lucena, en representación de los herederos de don Domingo Briñole Pelliza, y acuerdan vender a don Nicolás Rodríguez  Peña    la  mencionada   propiedad  en  la  suma  de  2.387  pesos  con  3  reales.

La casa vendida está edificada en terreno de 34 varas y media de frente al Norte y 70 varas de fondo, «con un martillo a la parte del Leste con dos tercias (de vara) de ancho», lindando por su frente calle en medio con la casa de Da. Petrona González, por el Este con don José Lazcano (José Francisco Lazcano), por el Oeste con la casa de los herederos de don Marcos Belén y por el Sur con el terreno del  negro Juan.

A poco de adquirido, constituye Rodríguez Peña una sociedad industrial con don Hipólito  Vieytes   para   la   instalación  y  explotación   de   una  fábrica   de  jabón   y  sebo.

De la administración se encargó Vieytes, y en seguida se dio a la tarea de construir las dependencias para la fábrica y la casa-habitación para él y su familia, la que ocuparon en el mes de diciembre de 1808.

Esta es, en consecuencia, la finca que cobrara con el tiempo valor histórico por haberse realizado en ella las reuniones previas a la memorable jornada del 25 de Mayo de 1810.

La consagración de Vieytes a la causa revolucionaria restó su atención y el floreciente   negocio  de   la  jabonería  entró  a  fines  de   1810   en   franca   decadencia.

A la muerte de Rodríguez Peña la finca pasó a poder de su hija Catalina, casada con Joaquín Cazón. Años después la casa fue sacada a remate judicial, y la adquirió en la suma de $ 500.000 la firma José Hueyo y Hermano, el 28 de enero de 1869.

Nuevas transferencias de dominio se realizaron a partir de ese año, hasta que en 1932 la adquiere don Alberto Duhau, y ese mismo año resuelve su demolición y la construcción del moderno edificio que hoy ocupa su lugar, bajo la dirección del arquitecto francés don León Dourge, autor a la vez del proyecto.

Largos años demandó a los estudiosos y desató muchas polémicas la ubicación del solar que ocupo la Jabonería de Vieytes, hasta que en 1964, y gracias a la pacienta y documentada labor del historiador don Manuel Carlos Meló, se puede decir con certeza que estaba situada  en  la actual calle  México  número  1050/55/62 y  68.

La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, confirmando los estudios del señor Meló, al solicitar la declaración de lugar histórico, dice:

«que se declare lugar histórico el solar de la calle México, donde funcionó la jabonería de Vieytes, ya que de la documentación estudiada por la Comisión Nacional surge, sin duda alguna, que en la finca a la sazón allí ubicada, y que fue propiedad del procer Nicolás Rodríguez Peña, estuvo situado ese establecimiento, despejando las dudas que sobre este particular se suscitaron con motivo de divergencias de opinión entre estudiosos de la historia».

«Que el dictamen de la Subcomisión Interna de Monumentos y Lugares Históricos, aprobado por la Comisión Nacional, es terminante en cuanto a la verdadera ubicación de la antigua jabonería.»

Si bien tanto la propiedad como la fábrica pertenecían al Dr. Nicolás Rodríguez Peña, tradicionalmente se la conoce como Jabonería de Vieytes.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto  N°  1919 del  17 de  marzo de   1966.

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Historia de la Capilla de San Roque Patrono de las Enfermedades

HISTORIA DE LA CAPILLA DE SAN ROQUE EN BUENOS AIRES

La capilla de San Roque lleva este nombre por el santo bajo cuya advocación fue construida, patrono de las enfermedades y pestes.

Perteneció a la Orden Tercera Franciscana, y está situada en el mismo sitio que ocupó en 1602 la segunda construcción del convento de iglesia de San Francisco, en la calle Alsina mirando a Defensa.

Este terreno fue vendido en 1727 a los Terceros por los padres franciscanos, y su extensión era de «cuarenta baras de sitio de largo este a oeste, y de norte a sur onze y   media. ..»

Las dimensiones que tenía el terreno y el nombre del arquitecto que construyó la capilla figuran en una escritura extendida por el escribano público y de gobernación, don Francisco de Merlo, fechada en esta ciudad el 13 de agosto de 1750.

Se estipuló en el contrato que los religiosos de la Orden Tercera debían dar a los franciscanos, en compensación, la suma de cinco mil pesos moneda corriente, que serían empleados para edificar la iglesia de San Francisco.

Por una cláusula del convenio de donación, en el año 1785 los padres franciscanos tuvieron que ceder todavía un pedazo de terreno de una vara y media de ancho por tres ás largo para que se pudiese edificar una dependencia de la capilla al lado de la sacristía, lugar que hoy está ocupado por el zaguán y la escalera que conduce a las habitaciones del  piso alto.

capilla de san roque

Una suposición bastante difundida remonta la creación de la capilla de San Roque a época muy lejana, admitiendo que había existido primitivamente cierta ermita de este santo, dato que figura en varias actas del Cabildo.

Se ha podido comprobar que esta ermita no pasó de ser un deseo —no cumplido— de los devotos del Santo.

Parece que en 1621 los hermanos de la Orden Tercera habían pedido autorización para levantarle una capilla a San Roque, patrono de las pestes, con motivo de la que asolaba nuestra ciudad.

Pero se sabe positivamente que esta construcción no se llevó a cabo, entre otras cosas por un acuerdo que dice que las misas y procesiones se celebraban entonces en  la iglesia de San  Francisco.

En 1726 aproximadamente los hermanos Terceros de San Francisco tenían guardado, de las limosnas recibidas y del ahorro de los gastos anuales, el dinero que emplearían en la construcción de su capilla.

Adquirido el terreno en 1750, procedieron a la erección de la misma, cuyos planos y los del panteón fueron realizados por el hermano Andrés Blanqui.

Como la obra tardó varios años en llevarse a cabo, en sus distintas épocas estuvo bajo la dirección de Antonio Masella y de fray Vicente Muñoz, lego franciscano muy entendido en arquitectura.

Este último encargóse de la dirección de los trabajos durante un año por haber asegurado que la capilla podría proseguirse sin peligro de ruina, refutando así a quienes decían que los muros y pilares no tenían el espesor suficiente para sustentar la bóveda.

En 1756 no estaba concluida, y como los fondos destinados se habían agotado, se resolvió pedir dinero de caridad.

Se sabe que en 1758 los maestros alarifes Manuel Alvarez de Rocha y Francisco Alvarez hicieron un contrato con la Orden Tercera, proyectando construir el techo, la media naranja y el frontispicio.

Finalmente, fue terminada  más o menos en  1762.

En 1792, según lo propuesto por el ministro Martínez de Hoz, se cambió el techado de teja española por uno de ladrillos asentados con argamasa para evitar que pasara el agua.

En 1880 y en 1901 se hicieron algunas mejoras.

La capilla, que tiene con panteón y sacristía treinta metros de largo por ocho de ancho y nueve de alto, fue decorada en barroco alemán por el arquitecto Sackman.

En la espadaña hay una campana de bronce fundida en Sevilla por Zacarías Ditrich, en 1759, que tiene grabadas las imágenes de San Roque y San Francisco.

El panteón es el enterratorio subterráneo más grande de Buenos Aires; tiene dos escaleras de acceso y tres ventanas.

Después, en 1882, se prohibió sepultar en este sitio.

Históricamente, la capilla de San Roque tiene valor por haberse congregado allí el 19 de diciembre de 1828 los unitarios que declararon derrocado de su gobierno a Dorrego y aclamaron en su  lugar al  general  Lavalle.

Quemada y destruida, sólo sus muros quedaron en pie después de los vandálicos acontecimientos ocurridos en la noche del 16 de junio de 1955.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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Historia de la Iglesia de San Telmo:Ubicacion y Caracteristicas

HISTORIA DE LA IGLESIA DE SAN TELMO EN BUENOS AIRES

La iglesia de Nuestra Señora de Belén, más conocida por San Pedro González Telmo, está en la calle Humberto 1340, entre las de Balcarce y Defensa.

En el primer tercio del siglo XVIII en el barrio llamado del Alto de San Pedro —hoy conocido por San Telmo— toda la asistencia espiritual de los vecinos estaba atendida desde la iglesia de la Concepción, por pertenecer dicho barrio a la jurisdicción de esa parroquia.

Dado que el paraje quedaba muy retirado del centro de la ciudad y que esta primera fundación no llenaba las necesidades del culto, los jesuítas decidieron  levantar un templo formal.

Según referencias del canónigo Manuel J. Sanguinetti, el 25 de octubre de 1734 se presentó al Cabildo de Buenos Aires el padre Francisco Collado, procurador de la Compañía de Jesús, pidiendo merced de dos cuadras de tierra para edificar en ellas una iglesia.

Iglesia de San Telmo

Ese mismo año llegó de España don Ignacio Bustillo Zevallos, trayendo una copia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Belén, venerada en el Hospital de Antón Martín, de Madrid.

Era propósito de él, si Dios se servía darle un feliz viaje a nuestro puerto, levantar de su propio caudal una iglesia…

Para lo cual se presentó al Cabildo solicitando favor de tres cuadras de tierra «…a donde se a de fundar una. Iglesia e Casas para los padres relixiosos de la Compañía de Jesús. . .»

En conocimiento de su deseo los jesuítas le sugirieron se asociara a ellos en el templo que tenían proyectado erigir en el barrio alto, y no fundar uno nuevo.

De acuerdo con esto el piadoso caballero y su esposa hicieron donación de alhajas y plata sellada por valor de 17.834 pesos.

Que sumnado otras donaciones y obtenidas las licencias del obispo permitieron comenzar las obras.

La construcción del templo, como la residencia levantada al costado, estuvo a cargo del arquitecto hermano Blanqui.

Según planos que él mismo había compuesto, debiéndose los adornos y trabajos de carpintería y ebanistería al hermano José Schmidt.

También  participó el  maestro Antonio  Masella.

En 1736 se interrumpieron las obras del templo y se iniciaron las de la Residencia, cuyos cimientos fueron  levantados sobre el  lado de  la calle  Defensa.

Años más tarde don Melchor García Tagle dispuso en su testamento donar gran parte de sus bienes para la fundación de una casa destinada a ejercicios espirituales de los hombres, la que fue hecha junto a San Telmo.

En la actualidad este edificio forma parte de la Cárcel Correccional de Mujeres, cuya Capilla sirvió de oratorio privado a los jesuitas de la Residencia.

Los padres, debido a su tesón y a las donaciones recibidas, lograron durante treinta y dos años edificar casi toda la manzana y enriquecer el templo.

En su interior conservaban notables obras de arte, joyas, altares, etc., que cuando el rey los expulsó, en 1767, fueron llevados a otros templos y lugares.

Poco después la Junta de Temporalidades tuvo a su cargo la conservación de la Residencia, cuya iglesia estaba aún por concluirse, faltándole cerrar la media naranja, causa por la cual sólo estaba librada al público la nave del Evangelio, más conocida por  San  José.

Desde 1770 las naves que no estaban terminadas, el refectorio y aposentos del Colegio sirvieron para guardar pertrechos de guerra y como cuartel del cuerpo de Dragones.

En 1795 los padres betlemitas se hicieron cargo del templo de Nuestra Señora de Belén, trasladando allí el antiguo Hospital de San Martín, que estaba en México y Defensa.

En la actual sacristía se conservan la mesa de mármol utilizada para las operaciones quirúrgicas y un hermoso reloj de pie donado por el coronel Denis Pack en agradecimiento a la solicitud de los religiosos betlemitas con los heridos ingleses.

Entre las muchas tradiciones de San Telmo está la de que al costado de la actual sacristía,  en  los  terrenos  sobre  las  calles  Balcarce  y  San  Juan,    el    ingeniero Ángel Monasterio tenía instalada la fundición donde hizo el primer obús que defendió la ciudad cuando las invasiones inglesas,  utilizando   para ello una de las campanas de la Iglesia.

Nuestra Señora de Belén, también como Iglesia de la Residencia, fue erigida el 31 de mayo de 1806 en parroquia y se le dio por titular a San Pedro González Telmo, santo dominico y patrono de los navegantes.

A través de los años la iglesia ha sufrido varias reformas; la última consistió e la modificación de su frente, dándosele el aspecto cargadamente barroco que hoy pr senta, obra del arquitecto Pelayo Sainz.

Fue  declarada   Monumento   Histórico   por  Decreto   N9   120.412  del  21   de   mayo   de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Enlace Externo:• Capítulo 8: Historia de San Telmo

Historia Iglesia de las Catalinas, Convento Monjas Catalinas

HISTORIA IGLESIA Y CONVENTO DE LAS CATALINAS EN BUENOS AIRES

La creación de la iglesia y convento de las monjas catalinas en Buenos Aires se debe a gestiones hechas por el doctor Dionisio de Torres Brizeño ante el rey de España.

Resultado de ellas fue que por Real Cédula del 27 de octubre de 1717 se aceptó la donación de cuarenta  mil  pesos hecha por el  mencionado  Brizeño.

Las monjas no tenían en aquella época otra residencia en todo el país que la ciudad  de  Córdoba  del  Tucumán  y  de  allí  vinieron   cuatro   para   habitar  el   monasterio.

Adquiridos los solares en la esquina de las calles México y Defensa, frente a la vieja Casa de Moneda, se procedió a la construcción del primitivo convento en 1727, de acuerdo con planos del hermano jesuíta Andrés Blanqui.

Estando los muros del monasterio a una altura de cuatro varas aproximadamente, hubo de paralizarse la obra  por fallecimiento de Torres  Brizeño.

Como el gobernador de Buenos Aires, don Bruno Mauricio de Zabaia, tenía gran empeño en terminar el convento, ordenó como medida primordial una tasación del mismo.

Pero a pesar de que los encargados de la obra, el padre Prímoli y el ingeniero Domingo Petrarca, afirmaron que lo ya construido estaba en buenas condiciones y en terreno lo suficientemente amplio, se sacó a remate, y le fue adjudicada a Juan de Narbona, famoso contrabandista de la época, en la suma de cincuenta y tres mil pesos.

Iglesia de las Catalinas

Iglesia de las Catalinas

Este personaje, quién sabe por qué ocultos intereses, propuso trasladar el convento al barrio del Retiro, y al mismo tiempo presentó un nuevo trazado.

Además del precio estipulado, Narbona solicitó nueve negros para emplearlos en los trabajos, así como 1.300 fanegas de cal, y todas las maderas, clavos y herrajes de la obra, que iba a quedar abandonada.

En 1752 el rey ordenó una investigación por habérsele denunciado que Narbona había cobrado lo convenido sin estar terminado el  nuevo convento.

Con anterioridad el padre Prímoli había estudiado un plano que venía a completar y continuar el  trazado   por   Blanqui   para   el   primitivo  terreno  de   Defensa   y   México.

Narbona destruyó, pues, este segundo plano, y en diciembre de 1737 consiguió del gobernador Salcedo la compra de un terreno.

El mismo ubicado en la esquina donde hoy está, Viamonte y San  Martín,  propiedad  de  don  José  Muñoz y  de  doña Victoria  Cueli.

Aunque los cabildantes, por una orden expresa del rey, y el vecindario se opusieron al traslado del convento, aduciendo que quedaría muy alejado, y que tanto los confesores de las monjas como las personas compradoras de dulces y labores se verían en dificultades para llegar hasta allí, debido a las zanjas y baches del camino, se procedió a su edificación en el nuevo solar.

El gobernador aceptó la variante, pero debió,  por su desobediencia,  pagar una  multa  de seis  mil  pesos que  le  impuso el  rey.

El convento e iglesia de las Catalinas, cuya construcción se había iniciado en 1738, fue inaugurado el 21 de diciembre de 1745, sin estar todavía totalmente concluido.

El campanario, hecho ese mismo año, es famoso aún por el armonioso sonido de sus campanas.

La iglesia posee en sus altares imágenes de gran valor artístico, logradas en su mayoría por el empeño de las monjas.

En un principio la fachada del histórico templo presentaba todas las características de la línea arquitectónica seguida en sus muchas construcciones por los padres Blanqui y Prímoli.

Pero a partir de las primeras décadas del siglo actual las continuas modificaciones introducidas en su frente hicieron que fuera desapareciendo por completo aquella característica tan propia de los mencionados arquitectos.

Este convento, al igual que otros de Buenos Aires, fue ocupado durante la segunda invasión inglesa.

El 5 de julio de 1807 las tropas británicas se introdujeron con violencia en el interior del monasterio, y sólo por la presencia de ánimo de las valientes mujeres y la protección de un oficial católico no llevaron más adelante su sacrilegio.

Abandonándolo el día 7, pero no sin antes haberlo saqueado, «dejando en muy grande pobreza a las cincuenta y ocho religiosas y doce sirvientas que lo habitaban», según reza un informe de la época.

La   iglesia  y convento  de   Santa  Catalina   de   Sena   fueron   declarados   Monumentos Históricos por Decreto N° 120.412 del 21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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