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Combustible del Futuro: Biocombustible

 George W. Bush

George W. Bush tomó un pañuelo blanco que minutos antes había sido colocado en el caño de escape de un camión con el motor acelerado. Se lo llevó a la nariz y sonrió: estaba limpio.

“Nuestra dependencia del petróleo de otros países es como un impuesto extranjero al sueño americano, y crece cada año”, aseguró. El presidente norteamericano estaba en la Refinería Biodiesel de Virginia y el camión utilizaba etanol como combustible.

Bush es uno de los líderes mundiales que más impulsa la producción de biocombustibles, tanto en su país como en el extranjero. Los empresarios norteamericanos lo apoyan. En marzo último, nada menos que General Motors, Ford y Chrysler, los pesos pesados del sector del automóvil en Estados Unidos, le pidieron al presidente ayudas y subvenciones para potenciar el uso de los biocombustibles y reducir la actual dependencia petrolera. Afirman que para 2010 serán capaces de producir el 50 por ciento de sus vehículos con preparación para combustibles biológicos.

Con una medida así, se podrían reducir 140.000 millones de litros de petróleo anuales. Ocurre que el “oro negro’ está muy lejos de ser infinito, y ya se le pone una fecha de caducidad que algunos, si Dios quiere, veremos: como máximo, 2040. E incluso mucho antes de que se acabe del todo, lo que se acabará será el petróleo barato.

En su última visita a Brasil —país líder en Sudamérica en la producción de biodiésel—, Bush marcó las tres razones por las que se debe incentivar este combustible alternativo:

“Primero, si hay dependencia del petróleo del extranjero, hay un problema de seguridad nacional; en segundo lugar, la dependencia del petróleo crea un problema económico no sólo para Estados Unidos, sino para cualquiera que importe petróleo, y finalmente, todos consideramos que nos corresponde ser buenos custodios del medio ambiente”.

Pero estas iniciativas encendieron una luz de alerta mundial. La producción de biocombustibles tiene otra cara, peligrosa. Y no sólo son las voces del líder cubano Fidel Castro y del presidente de Venezuela Hugo Chávez [as que se alzaron para criticar esta alternativa al petróleo. Los propios especialistas de las Naciones Unidas advirtieron: “Si introducimos biocombustibles en el mundo de forma acelerada, podríamos dañar el sustento de la gente y el medio ambiente.

DESMONTE Y HAMBRE: “Los cultivos para biocombustibles amenazan a los ecosistemas.” Esa es la advertencia de un informe publicado por Energía ONU, un organismo de cooperación de agencias de las Naciones Unidas dedicadas a la energía.

“El informe intenta hacer un balance de los posibles beneficios de la bioenergía”, dijo el doctor Gustavo Best, vicepresidente de Energía ONU y coordinador de energía de la FAO, la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación.

salud“Pero también señala los posibles problemas que los biocombustibles pueden causar a nivel ambiental y social”, agrega el funcionario. Entre estos están las consecuencias graves que tendrá la tala indiscriminada de bosques para destinarlos a cosechas para biocombustibles.

Además está el posible efecto en los precios y disponibilidad de los alimentos con consecuencias negativas en la seguridad alimentaria. “Por eso creemos —dice Gustavo

 Best— que este balance debe tenerse en cuenta cuando se toman decisiones políticas.”

El documento afirma que los biocombustibles son más concluyen que el uso de la biomasa para la cogeneración de calor y electricidad, más que para el transporte u otros usos, es la mejor opción para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la próxima década, y la más barata” dice el informe.



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El informe de la ONU, llamado “Energía sostenible: Un marco para la toma de decisiones”, sugiere que los biocombustibles podrían ser beneficiosos si se planean adecuadamente. De lo contrario, agrega, pueden traer graves consecuencias.

Si se dedican las tierras cultivables a cosechas para bioenergía, los precios de los alimentos y materia prima agrícola podrían dispararse. Esto tendrá un enorme impacto en los países más pobres donde el ingreso de la gente depende mucho más de la producción agrícola.

Ejemplos de esto se vieron en México y Colombia, donde el precio del maíz se ha disparado debido a la creciente demanda del grano para la producción de etanol en países desarrollados. “También hemos visto ya estos efectos negativos en el precio del azúcar y del aceite de palma”, señala Gustavo Best. “Esto ha sido beneficioso para los productores, pero muy negativo para los consumidores.”

En cuanto a los efectos para el medio ambiente, ya se están viendo en el mundo las consecuencias perjudiciales. Por ejemplo, en el sudeste de Asia, donde la demanda de los biocombustibles ha acelerado la tala de bosques primarios para cultivos de palma.

“La destrucción de ecosistemas que son fundamentales para la absorción de carbono de la atmósfera podría llevar a un aumento neto en las emisiones contaminantes”, afirma el documento de la ONU. “El uso de monocultivos a gran escala —dice el informe— podría conducir a una pérdida importante de biodiversidad, a la erosión de suelo y la filtración de nutrientes.”

“El problema que vemos es que ya se están estableciendo programas para cosechas energéticas sin analizar las consecuencias”, dice el funcionario. “El potencial de la bioenergía es enorme, tanto para los países desarrollados como en desarrollo. Pero la única forma de lograrlo —dice el vicepresidente de ONU Energía— es que quienes establecen políticas tengan en consideración los efectos positivos y negativos y aseguren la sostenibilidad antes de embarcarse en programas para impulsar el uso de biocombustibles.”

OTRAS VOCES. Los biocombustibles, en lugar de solucionar el cambio climático, podrían terminar dañando más al medio ambiente. Esa es la conclusión de un estudio realizado por investigadores españoles. El trabajo del Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona afirma que el uso de biocombustibles conlleva un impacto negativo tanto económico, social como medioambiental.

biodiesel“El principal argumento a favor de los biocombustibles es que ayudarán a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera”, dijo Daniela Russi, quien llevó a cabo la investigación. Sin embargo, “un análisis más detallado del ciclo de vida del biodiésel revela que el ahorro de energía y de C02 no es tan alto como se piensa, e incluso podría ser negativo”.

La materia prima que se usa en la producción de biocombustibles se obtiene mediante agricultura intensiva. “Este sistema implica un alto uso de fertilizantes, pesticidas y maquinaria, ya que con métodos agrícolas menos intensivos la producción sería mucho menor y los requerimientos de tierra y costos serian mucho más altos”, afirma Russi.

“Este proceso requiere además del uso de combustibles fósiles (carbón y petróleo) tanto durante las fases de producción como en el transporte desde y hacia las plantas de procesamiento.”

Según la investigadora, si se sustituyera la gasolina diésel con una mezcla de 5,75% de biodiésel —tal como intenta establecer la Unión Europea—, los óxidos de nitrógeno (NOx) aumentarían de forma insignificante y los hidrocarburos (HC) y el monóxido de carbono (CO) disminuirían respectivamente 6% y 3%. “Frente a estas modestas ventajas, las desventajas dé la producción a gran escala de biodiésel son enormes.”

Estas desventajas, dice, incluyen los enormes requerimientos de tierra para cultivar, la sustitución de cosechas alimenticias por monocultivos, la deforestación para cultivos energéticos.

Esto a su vez conduciría a la desaparición de la biodiversidad, la disminución de tierras fértiles y agua y los efectos sociales negativos como el desplazamiento de comunidades locales. Otra posible consecuencia, afirman los investigadores, es la reducción en la disponibilidad de alimentos. México —principal importador de maíz de Estados Unidos— resultó especialmente afectado ya que la gente debió pagar hasta 30% más por uno de sus alimentos básicos: la tortilla de maíz.

LOS PRIMEROS CASOS. El precio del maíz blanco en Colombia, un ingrediente fundamental para fabricar productos populares, como las arepas, los tamales, las empanadas y los envueltos, así como alimentos para animales, ha subido sustancialmente en el ultimo año, según la Asociación Nacional de Industriales (ANDI).

maizLa asociación asegura que hay “un grave problema de desabastecimiento” de maíz y esto se debe al aumento de los precios internacionales, que pasaron de 134 dólares la tonelada a principios de 2006 a 250 dólares la tonelada en este momento. Como Colombia no es autosuflciente en maíz blanco, tiene que importar cerca de 150 mil toneladas al año.

El problema es que la oferta internacional está escasa y cara, y culpan de la situación a la producción de etanol en países desarrollados, la cual ha disminuido las áreas sembradas de maíz blanco y ha jalonado las de maíz amarillo, a partir del cual se produce ese biocombustible.

Otros expertos, como el analista Aurelio Suárez Montoya, aseguran que la culpa del alza de precios no es sólo de los biocombustibles en los países desarrollados, sino también de la especulación en los mercados internacionales. Suárez dice que la situación no sólo se está viviendo en Colombia, sino en México y en Guatemala. Según el experto, en Guatemala los precios han subido un ?80o en el primer trimestre y en México, 41,6%.

Los mexicanos reaccionaron ante el aumento de los precios en los alimentos básicos. El maíz fue el rey de la marcha que convocaron organizaciones de izquierda, sindicatos y movimientos sociales en México, para protestar por el aumento en los precios de algunos productos básicos de la canasta alimenticia.

El precio de la tortilla de maíz, el principal alimento en la dieta de los mexicanos, subió a niveles insostenibles para la mayoría de la población, tanto que el gobierno finalmente tuvo que intervenir para estabilizarlo. Una consigna que se pudo ver y escuchar por todas partes sirvió para resaltar la enorme importancia que tiene el maíz para los mexicanos; “Sin maíz, no hay país”. También se protestó en contra del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Esta fue la primera manifestación popular contra la política económica del presidente Felipe Calderón desde que asumió el poder en diciembre pasado.

RIESGOS PARA LA SALUD. Se piensa que el etanol es un combustible limpio y ecológico, pero los vehículos que lo usan podrían causar peores efectos en la salud humana que los de gasolina convencional. Esa es la advertencia de un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, California, que publica la revista Ciencia y Tecnología Ambiental.

biocombustibleSegún los científicos, si todos los vehículos que transitan en Estados Unidos utilizaran este biocombustible, aumentaría el número de enfermedades respiratorias. Los investigadores desarrollaron un modelo de computadora para simular la calidad del aire en 2020, cuando se piensa que los autos de etanol estarán ampliamente disponibles en ese país. Los resultados de la proyección revelaron un posible incremento en los niveles de ozono en las zonas donde todos los vehículos usen etanol.

Y el problema ya se está viendo hoy en ciudades donde el uso de etanol se ha incrementado en años recientes, como en Colombia. “En Bogotá, desde que se inició hace un año el uso de alcohol carburante (o etanol) en la gasolina, se han incrementado

dramáticamente los niveles de ozono en el aire. Y en una atmósfera en la que coexistan problemas de material particulado y ozono, se potencializa el riesgo para la salud”, señala un informe de la Universidad Nacional de Colombia.

El ozono es una sustancia de un poder oxidante muy alto. Por esa razón reacciona con las mucosas nasales y del tracto respiratorio y provoca inflamación, y reforzado con la presencia de partículas tóxicas en el aire el problema se agrava sustancialmente. Cuando se quema el alcohol con la gasolina se pueden producir aldehídos y en éstos hay acetaldehídos, que son compuestos reconocidos como cancerígenos.

Aunque en la investigación estadounidense el etanol redujo los niveles de dos carcinógenos atmosféricos, los niveles de otros agentes cancerígenos aumentó. Es por eso, señala el estudio, que los cánceres asociados al etanol podrían ser los mismos que los que causan los gases que despide la gasolina convencional.

LOS POBRES COMEN MENOS. Los opositores a la idea de expandir la producción de etanol a partir de productos agrícolas sostienen como uno de sus principales argumentos el encarecimiento abrupto de los alimentos. La lógica preocupación, considerada por no pocos en su momento como un pronóstico, dejó de serlo, y ha pasado a formar parte de la dramática realidad mundial.

Y es en el propio Estados Unidos donde el efecto en los precios de varios renglones alimentarios comienzan a hacerse sentir. C. Ford Runge y Benjamin Senawer, profesores especializados en el tema de la Universidad de Minnesota, señalan que “el crecimiento de la industria de biocombustibles ha dado lugar a incrementos no sólo en los precios del maíz, las semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de cultivos y productos que al parecer no guardan relación.

El uso de la tierra para cultivar el maíz que alimente las fauces del etanol —apuntan— está reduciendo el área destinada a otros cultivos. Los procesadores de alimentos que utilizan cultivos como los guisantes y el maíz se han visto obligados a pagar precios más altos para mantener los suministros seguros, costo que a la larga pasará a los consumidores”.

El ejemplo de lo ocurrido en México se verá multiplicado. El pasado 15 de mayo, un informe llegado de Guatemala anunció que el maíz guatemalteco escaseará en los próximos seis meses debido a la extraordinaria demanda del grano en la Unión para producir etanol.

El Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias, en Washington DC, ha presentado estimados sobre la posible repercusión en el mercado internacional de alimentos debido a la creciente demanda de biocombustibles.

En el artículo “El modo en que los combustibles pudieran hacer pasar hambre a los pobres”, de los profesores de Minnesota ya citados, ellos prevén aumentos del precio del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y en un 41 por ciento para el 2020; la soja, la colza y el girasol aumentarán un 26 por ciento para el 2010 y hasta un 76 en los siguientes diez años; el precio del trigo subirá en un 11 y un 30 por ciento, respectivamente.

En las zonas más paupérrimas de África subsahariana, Asia y América latina, donde la yuca constituye un alimento básico, los pronósticos apuntan hasta un 33 por ciento de encarecimiento en un período de 36 me ses y avizoran que en un plazo mayor puede llegar al 135 por ciento.

La producción de etanol a partir de yuca refieren los estudiosos mencionados, puede representar una seria amenaza a la seguridad alimentaria de los más pobres del mundo, pues este producto aporta un tercio de las necesidades calóricos de la población de África subsahariana y de unos 200 millones en el resto del continente negro.

La Cumbre Mundial sobre los Alimentos, celebrada en 1996, acordó reducir los hambrientos crónicos del planeta de 823 millones a unos 400 millones para el 2015. No obstante, la promoción de los agroenergéticos revertirá esas perspectivas. Baste conocer estudios realizados por el Banco Mundial que aseguran una disminución del 0,5 por ciento del consumo de calorías entre los pobres cada vez que el precio promedio de los alimentos básicos se incremente en un uno por ciento.

Téngase presente las tendencias actuales del consumo destinado a sostener la nutrición familiar. Mientras los ricos invierten un 10 por ciento de sus ingresos en la compra de alimentos, los pobres gastan entre 60 y 80 por ciento en comer para subsistir.

La sentencia, de un proceso ya iniciado, la adelantan C. Ford Runge y Benjamín Senawer en un artículo publicado en Foreign Aflfaire el 10 de abril pasado, donde afirman categóricos: “Para los muchos trabajadores agrícolas sin tierra o agricultores rurales de subsistencia, un aumento significativo de los precios de los alimentos básicos equivaldrá a desnutrición y hambre. Algunos caerán del borde de la subsistencia al abismo de la inanición y muchos más morirán a causa de una multitud de enfermedades relacionadas con el hambre.

Sin duda alguna el genocidio del que escribiera el presidente Fidel Castro en sus primeras reflexiones sobre el tema, ya ha comenzado, pues los datos conocidos evidencian que ahora los pobres han comenzado a comer menos.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional Junio 2007




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