Predisposición a las Adicciones Consumo de Drogas



Predisposición a las Adicciones
Consumo de Drogas

Campaña contra la droga

A pesar de la existencia de gran cantidad de personas que usan drogas y de la complejidad del cuadro de adicciones en función de las grandes variaciones en las características de personalidad, es posible, sin embargo, hallar una serie de elementos comunes que nos permiten describir en términos generales ciertos rasgos y tendencias que se observan en la personalidad de los adictos.

Psicopatología de la adicción: El fenómeno de las adicciones se puede explicar a partir de distintos enfoques teóricos; psicológico, biológico y sociológico. Cada uno de ellos hace referencia a un aspecto o fragmento del problema pero no lo abarca en su totalidad. Ya hemos planteado en líneas generales lo que constituye el problema social del uso y la difusión actual de las drogas.

Comenzaremos aquí por describir el aspecto psicológico de la cuestión partiendo de la siguiente premisa: todos los adictos a drogas evidencian a través de su adicción el padecimiento de algún desorden psicológico. Podemos asegurar así, que en todos los casos de adicción a drogas algún desorden psicológico (evidente o encubierto) se encuentra en la historia vital del individuo.

El incremento del desorden o su descompensación preceden habitualmente a los primeros contactos con la droga. La teoría psicoanalítica sostiene que los adictos a drogas son individuos que se han detenido (fijación) o regresan (regresión) a la etapa oral del desarrollo psicosexual.
Independientemente del tipo de adicción o de la droga usada, la personalidad de los individuos que desarrollan o están predispuestos a las adicciones tienen ciertos rasgos psicológicos comunes.

Poca tolerancia a la tensión y el dolor psíquico: no soportan las frustraciones y la postergación de sus deseos de gratificación y satisfacción. Impulsividad: desean concretar sus deseos inmediatamente sin posibilidades de esperar y sin pensar en las consecuencias de la acción. Insaciabilidad y voracidad desmedida que los hace exigentes e insatisfechos. El modelo de conducta para las adicciones es el hambre infantil; este tiene un carácter de urgencia irresistible; no tolera demoras ni posposiciones. Una incursión en la vida del lactante permite trazar analogías útiles.

Así un lactante alterna su vida entre comer y dormir. Cuando despierta hambriento, el bebe expresa su tensión displacentera a través del llanto y su agitación corporal. La relación con la madre implica para el niño todo un proceso, pues además de alimentarlo, recibe de ella afecto.

La madre atiende sus necesidades corporales y lo protege de sus ansiedades, calmando su hambre, e! bebe se acalla, se relaja y puede descansar nuevamente.
El recién nacido se siente inundado por estímulos internos y externos que generan en é! una tensión que lo desborda y de la que busca librarse para lograr su bienestar. La madre y el clima que recrea, con una actitud protectora y medida, ayuda al niño a tolerar estas inclemencias y lentamente facilita la maduración paulatina y gradual de sus estructuras somatopsíquicas, que funcionan al fin, como intermediarias de las necesidades internas y los estímulos externos.

En el desarrollo normal, es a través de este proceso que el niño «aprende» a tolerar sus necesidades —que generan tensión— y postergar los deseos de gratificarse —que le brindan la satisfacción y relajación. El destete de! bebe es un período relevante dentro del proceso de maduración: se sustituye gradualmente el pecho materno o la mamadera por aumentos semisólidos y sólidos.



En esta época se suele observar por ejemplo, corno la succión, que el niño ejercita desde su nacimiento, sigue presente y aún se incrementa, utilizándose como acción tranquilizadora. Es frecuente ver como el niño traía de calmar su tensión llevándose sus dedos a la boca o cualquier objeto aunque no sea comestible. El tradicional y popular uso del chupete surge de esta necesidad infantil.

Cuando el proceso descripto fracasa (por una madre rechazante y hostil, por la ausencia materna, por una madre sobreprotectora que no permite este aprendizaje) o cuando la privación social y económica impide el adecuado funcionamiento de! ambiente familiar, el desarrollo norma! que promueve la maduración de la personalidad se distorsiona, el aprendizaje se perturba y no se logran consolidar los mecanismos adecuados de regulación en el individuo. En estas anomalías asienta la predisposición para la adicción a las drogas.

Cuando el individuo no halla satisfacción en su vida adulta (logros y aspiraciones vitales de cualquier tipo) enfrenta una situación de frustración similar a la de un niño a quien no se satisface su hambre y/o necesidad de recibir alimento, calor, afecto, protección, etc. Las personas en las que predominan afectivamente los rasgos prevalentes de !a etapa ora! necesitan intensamente ser gratificados por sus allegados y e! medio ambiente en genera!. Esperan ser tratados por las otras personas como por una madre que satisfaga todas sus necesidades. Desean repetir el modelo de vínculo infantil de la etapa oral.

Cuando estas necesidades no son satisfechas (son muy débiles frente a las frustraciones, abandonos o fracasos) reaccionan inadecuadamente con agresión y hostilidad hacia las personas, el medio y/o contra sí mismos. La ingestión de drogas aparece en estas personas como un intento de solucionar sus conflictos; el uso repetido de drogas es debido a la continua necesidad de resolver estos conflictos neuróticos.

En el inconsciente del paciente las drogas adquieren un significado similar al que representa para un niño la comida materna. La droga que se incorpora es sentida como el alimento que calma el hambre y provoca bienestar. De acuerdo con la teoría psicoanalítica, la elección de la droga es generalmente accidental y no guarda relación específica. Es decir que sobre la base de una personalidad predispuesta puede instalarse una adicción a diversas drogas. En la elección de la droga o las drogas influyen distintos aspectos circunstanciales y accidentales (edad, sexo, medio ambiente, acceso a la droga, ubicación socioeconómica, etc.).

Es necesario agregar que no toda persona con las características descriptas se convierte necesariamente en adicta a drogas ni todo adicto a drogas responde siempre al tipo de personalidad descripta. De tal forma algunos individuos que han logrado una maduración psicológica adecuada, pueden a pesar de ello y en función de serios conflictos emocionales y circunstancias ambientales adversas, caer en un estado de regresión que los lleva a un nivel anterior al logrado en su desarrollo y los hace así proclives a la adicción. Por otra parte en la adicción iatrogénica (causada por la imprudente prescripción de ciertas drogas con fines terapéuticos) el paciente puede hacerse dependiente de una droga por los efectos farmacológicos de ésta y a favor o en contra de sus deseos o rasgos de personalidad.

 

DEFINICIONES Y PRECISIONES
La comprensión de estos problemas nos lleva a la necesidad de definir algunas nociones básicas. Debemos recordar en primer lugar que las drogas que nos ocupan, tienen, independientemente de otras propiedades, una acción tóxica. Como tóxicas se definen las sustancias que por sus características químicas pueden dañar la salud y/o provocar la muerte. Luego de la introducción de una droga en el organismo se produce su absorción. De esta manera la droga entra en la circulación sanguínea y toma contacto con los distintos órganos y tejidos.

Después de un tiempo la droga desaparece del organismo a través de la destrucción metabólica, mecanismo por el cual las drogas sufren transformaciones químicas sucesivas, que en general disminuyen o suprimen la acción farmacológica y tóxica de la droga y por vía de la excreción, que facilita el pasaje de las drogas desde la circulación y los tejidos al exterior del organismo. Esta eliminación se efectúa habitual mente a través del aparato digestivo, respiratorio y urinario. En muchas ocasiones la respuesta del individuo a la droga no se produce sólo con una dosis, sino después de varias o de cierta cantidad consumida.

Esta respuesta puede ser cada vez más intensa o por el contrario requerir dosis progresivamente mayores, a fin de lograr las manifestaciones buscadas. Así se llega a la aparición de los efectos tóxicos que suelen ser provocados por el aumento progresivo de la concentración de la droga en el organismo, como resultado de una introducción y absorción mayor que la destrucción y excreción.

Las intoxicaciones por drogas, como las enfermedades en general, son clasificadas en agudas y crónicas. Las primeras son provocadas habitualmente por dosis altas que producen síntomas mas o menos intensos o inmediatos al uso de la droga. En cambio las segundas se producen por el uso repetido —continuado o intermitente— de dosis pequeñas, medianas ó altas.



Hábito, adicción y toxicomanía. La necesidad del empleo continuado de una droga, cuya supresión provoca trastornos psíquicos y físicos diversos, es llamada hábito. Su forma más grave la constituye la adicción o toxicomanía, que consiste en un estado de intoxicación periódica o crónica perjudicial para el individuo y la sociedad y que se produce por el consumo reiterado de una droga.

El denominador común para todas las formas de! abuso de drogas es la dependencia. Se llama así ai estado originado por la absorción periódica o repetida de una droga determinada. Aunque sus características puedan ser variables según la calidad de la droga, el término «dependencia» puede usarse en general y es aplicable a cualquier tipo de empleo abusivo de drogas.

El término «dependencia» caracteriza la interacción entre los efectos farmacológicos de las drogas y el individuo que las recibe. Considera sólo las bases psicobiológicas de la dependencia, dejando de lado por lo tanto, el análisis directo de las relaciones entre el abuso de drogas y la sociedad, aún cuando representauno de los factores esenciales para evaluar las causas y consecuencias generales del abuso de drogas.

La dependencia puede establecerse con respecto a una variada cantidad de sustancias químicas, y se consideran dos tipos de dependencia: psíquica y física. Se puede decir que casi todas las drogas crean dependencia. El concepto clásico de acostumbramiento se basaba en la necesidad de aumento paulatino de dosis. Sin embargo, hay drogas que no exigen este aumento, pero que provocan dependencia psíquica en función del «estado de bienestar que provoca» y la necesidad de «volver a vivir la experiencia».

La dependencia psíquica. Se observa como rasgo común en todos los casos de adicción a drogas. Se caracteriza por un impulso psíquico a tomar periódica o continuamente la droga para procurarse un placer o disipar un estado de malestar. Es el más poderoso de los factores de intoxicación crónica psicotrópica de acción sobre el psiquismo y la conducta humana y en muchos casos es el factor único. Algunas drogas causan también dependencia física, y en estos casos se puede observar, según e! tiempo de que se haga uso de la droga, en primer lugar dependencia psíquica, y luego dependencia física, la que refuerza intensamente a la primera.

¿QUIENES SE DROGAN?

La adolescencia se ha extendido, comenzando alrededor de los 10 ú 11 años y terminando recién alrededor de los 25. Lamentablemente, al hablar de la drogadicción esas cifras mantienen esas edades; es decir, que podemos hablar de un inicio a los 10 años por medio de inhalantes y entre los 12 y 13 años con marihuana. Aparentemente la irrupción del SIDA, ha hecho disminuir el consumo de aquellas drogas por las que es necesario inyectarse.

Los ámbitos en que se producen estos casos son variados y se dan tanto en clases altas como bajas. Cabe entonces preguntarse cuál es el factor desencadenante.

En primer lugar la familia juega un papel preponderante. Aquí no se trata de culpar, ni desvalorizar instituciones tan nobles como ella, sino de enfrentar en lo posible las cosas como son.

Si buscamos un común denominador, encontraremos que se trata de familias en las que falta el padre o la madre, sea por una separación, o por la ausencia debida al exceso de trabajo o simplemente por falta de comunicación. Muchas veces los adolescentes se enfrentan a una realidad no deseada; tienen nuevos papas o mamas y ese cambio de figuras los llevan a que, al buscar su identidad propia de la adolescencia, se encuentren con una desarmonía difícil de soportar.



Otra característica es que, por lo general, la pareja está compuesta por un padre autoritario y el otro permisivo. Esta combinación trae como consecuencia por un lado la exigencia a veces excesiva del autoritario y la protección del permisivo que en muchas ocasiones llega a mentir y a auto-engañarse ante las conductas del hijo adicto. Por ejemplo puede sospechar que su hijo tomó una suma de dinero que estaba sobre su mesa de luz pero en su afán de protegerlo dice no recordar bien si en verdad lo había dejado allí o ya lo había gastado. Su forma de ser le impide creer que su hijo le haya «robado» y menos aún que lo hizo para conseguir drogas. Cuando llega la hora de la verdad esa misma permisividad lo lleva a minimizar el problema: «sólo es un alcohólico social» o «¿quién no ha probado alguna vez un porro?».

Como contrapartida, están los padres que dicen «más que el padre soy un amigo». Es bueno y hasta imprescindible el diálogo abierto entre padres e hijos, que sean compañeros de actividades, juegos, charlas, etc. Pero ese padre no debería dejar de cumplir su rol: los amigos los elegirá libremente el adolescente pero el padre, como figura impuesta naturalmente, no puede delegar su función específica de poner límites con amor, o sin distancias educar con la verdad.

Creo que uno de los mayores problemas que sufre un adolescente es tener «padres adolescentes». Son fáciles de reconocer pues, si bien cronológicamente han cruzado la barrera hace tiempo, siguen buscando la felicidad en valores y premisas externos a sus personas. Dicen ser maduros al haber alcanzado ideales económicos, sociales y de poder cayendo en general para ello, en otro tipo de «adicciones», como el exceso de trabajo en pos de mayor bienestar, por ejemplo, que los convierten en seres ausentes, olvidando en el camino, el por qué , el para qué y para quién viven.

Ahora bien, también habrán conocido casos en los que en una misma familia, con cualquiera de las características enumeradas, un hijo es drogadicto y otros no. Hay una corriente dentro de la psiquiatría que explica este fenómeno diciendo que los seres humanos, segregamos en distintas medidas, una hormona llamada «endorfina» que es la que hace que una persona soporte el dolor y maneje el placer de una manera diferente.

elogios importantes para la mujer

Así, los bajos niveles de endorfina podrían ser indicadores de la necesidad de estímulos externos.

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------