Porque nos convertimos en drogadictos? Cambios de Conductas



¿Porque nos convertimos en drogadictos?

CAMPAÑA CONTRA LAS DROGAS

¿Por qué un hombre se convierte en drogadicto?

«La respuesta es que normalmente uno no se propone convertirse en drogadicto. Por lo menos es necesario pincharse dos veces al día durante tres meses para adquirir el hábito. Y uno no sabe realmente lo que es la enfermedad de la droga hasta que ha tenido varios hábitos. Yo tardé casi seis meses en adquirir mi primer hábito, y aún entonces, los síntomas de carencia eran leves. Creo que no es exagerado decir que fabricar un adicto lleva cerca de un año y varios cientos de pinchazos.»

«Las preguntas, naturalmente, pueden responderse: ¿Por qué empieza uno a usar estupefacientes? ¿Por qué sigue uno usándolos lo bastante como para convertirse en un adicto? Uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección. La droga se impone por defecto. Yo empecé por cuestión de seguridad.

Seguí pinchándome mientras pude conseguir droga. Terminé colgado de ella. La mayor parte de los adictos con los que he hablado cuentan una experiencia semejante. No empezaron a utilizar drogas por ninguna razón que sean capaces de recordar. Si uno nunca ha sido adicto, no tiene una idea clara de lo que significa necesitar droga con la especial necesidad del adicto. Nadie decide ser adicto. Una mañana uno se despierta enfermo y ya es adicto […].

La droga es una ecuación celular que enseña al usuario hechos de validez general. Yo he aprendido muchísimo gracias al uso de la droga: he visto la medida por cuentagotas de solución de morfina. He experimentado la agonizante privación de la enfermedad de la droga, y el placer del alivio cuando las células sedientas de droga beben de la aguja. Quizá todo placer sea alivio.

Yo he aprendido el estoicismo celular que la droga enseña al que la usa. He visto una celda llena de yonquis enfermos, silenciosos e inmóviles, en aislada miseria. Ellos conocían la inutilidad de quejarse o moverse. Ellos sabían que básicamente nadie puede ayudar a otro. No existe clave, no hay secreto que el otro tenga y pueda comunicar.

He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la yerba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir.»

(William BURROUGHS: Yonqui)

 SÍNDROME DE ABSTINENCIA:



«El síndrome de abstinencia en una persona que  desarrollado una completa dependencia física respecto a los opiáceos, es una experiencia desgarradora, incluso un médico acostumbrado a tratar con el sufrimiento humano considera muy dura prueba el contemplar las agonías de los enfermos que se encuentran en este estado […].

Durante todo este periodo del síndrome, el infortunado toxicómano no puede ni dormir ni descansar. Calambres dolorosos lo mantienen en la cama presa de una agitación incesante. Bien se levanta y pasea, bien se echa en el suelo. Salvo cuando se .trata de un individuo excepcionalmente estoico (y pocos toxicómanos los son, puesto que normalmente los estoicos no se entregan a los estupefacientes), llena el aire con gritos de desesperación.

La cantidad de agua que segrega por los ojos y por la nariz es enorme, la cantidad de fluido expulsado proveniente del estómago y de los intestinos, increíble y el sudor que emana de su cuerpo es lo bastante abundante como para empapar la ropa de la cama y el colchón. Sucio, sin afeitar, desgreñado, embadurnado con sus propios vómitos y excrementos, el toxicómano presenta ahora un aspecto casi infrahumano. Sin comer sin beber, adelgaza rápidamente y en veinticuatro horas puede perder cinco kilos.

La debilidad puede llegar a impedirle levantar la cabeza. Por eso no es extraño que mucho médicos, llegado este momento, teman por la vida de sus pacientes y les den una inyección de droga, que casi al instante suprime los terribles síntomas. «Es una experiencia dramática —dice el doctor Harris Isbell— observar a una persona miserablemente enferma recibir una inyección intravenosa de morfina y verle treinta minutos después afeitado, limpio, bromeando y riéndose.»

Pero esta vacación del infierno dura y muy poco; a menos que se administre otra vez la droga, los síntomas empezarán de nuevo cuando trascurran ocho o doce horas. Si no se le suministra ninguna otra droga adicional, los síntomas empezarán a debilitarse por sí solos al sexto o séptimo día, pero el paciente se habrá quedado extremadamente débil, nervioso e intranquilo y a menudo sufrirá de colitis pertinaz.

(R. S. de ROPP: Amgs and the Mind)

LO QUE NO RESUELVE LA DROGA:

«Después de dejar la escuela, a los quince años, mi hijo tuvo problemas con las anfetaminas. Tenia la costumbre de ir a esos clubs de baile del Soho, que en mi opinión mejor estarían destruidos. El chico era muy inestable y no quería trabajar, por eso le mandaron en condiciones de prueba a una granja en Kent.

En realidad, aquello le gustaba mucho, y cuando vino a casa la primavera pasada parecía mucho mejor adaptado. Incluso fue a la bolsa de trabajo y consiguió empleo con un restaurador de antigüedades; estaba muy contento, porque siempre le había gustado el arte. Por entonces se incorporó al Ejército de Tierra y esperaba marchar a Alemania en el verano.

Llegó entonces ese fin de semana. Le he dado vueltas y vueltas en la cabeza a lo que ocurrió; vino a casa muy alegre el viernes y salió con su novia Jinnie. Y volvió a hacerlo el sábado. Lo único que pasó esa noche es que no vino a dormir; como ya otras veces se había quedado en casa de los padres de Jínnie, no me preocupé. Por la mañana, antes de las ocho, la chica estaba aporreando mi puerta.



«Está completamente azul», me dijo, y bajé inmediatamente. La noche pasada se había quedado dormido en el sofá viendo la televisión; le taparon y se fueron a dormir. Por la mañana no pudieron despertarlo; no tenía buen aspecto, pero la madre de Jinnie —necia mujer— se fue al trabajo. Naturalmente, llamé en seguida a una ambulancia, pero Stephen estaba ya muerto.

Al hacer la autopsia dijeron que había muerto de una pulmonía bronquial producida por heroína. Dijeron que llevaba tres semanas tomándola. Al parecer, compartió una píldora con un chico en la granja y había seguido tomando desde entonces. No parece mucho tiempo, ¿verdad? Nunca pensé… Duele cuando la gente dice: «Deberías haberlo sabido.» ¿Cómo podía saberlo? No hizo nada distinto de lo normal.

No le examiné en el baño para ver si tenía las marcas de los pinchazos. Si hubieran llamado a la ambulancia inmediatamente, podía haberse salvado. Conseguían la droga de ese gitano llamado Curtís, que tenia la costumbre de merodear» por Piccáciilly Circus vendiendo inyecciones baratas a los muchachitos hasta que los tenia bien agarrados».

(Peter LAURIE: Las drogas)

Cambios conductuales asociados a la droga:

Evidentemente, no existe ninguna «fórmula mágica» que permita conocer en el seno de la familia la iniciación de uno de sus miembros en el mundo de la droga. Sin embargo, si existen ciertas alteraciones de la conducta que, si bien cada una de ellas por separado no indica nada, todas en su conjunto permiten sospechar una posible e incipiente relación de un adolescente con la droga. Algunas de estos cambios podrían ser:

• Descenso injustificado del rendimiento escolar.
• Abandono de ciertas aficiones e intereses que, al menos aparentemente, no son sustituidos por otros nuevos.
• Enfriamiento de las relaciones de amistad y confianza entre hermanos y/o hermanas.
• Cambio en el círculo de amistades tradicionales, acompañado de un especie de interés de que la familia no conozca a los nuevos amigos.
• Variaciones exageradas en los usos en cuanto a vestidos y peinados.
• La habitación propia se comienza a decorar, sin motivo justificado, con símbolos orientales, y se utilizan pebeteros o varillas de incienso cuyo olor puede enmascarar con mucha facilidad el del «porro».
• Ocultación general de los ojos con gafas de sol, y de los brazos en particular con medio de prendas de manga larga incluso en verano.
.• Evitación cuidadosa de cualquier alusión al tema de la droga en la convivencia familiar. .
• Adelgazamiento progresivo, ausencia deapetito, tinte subictérico, manifestaciones cutáneas diversas, etc., acompañadas de serias negativas a consultar al médico familiar.
• Tendencia a hurtos en el seno familiar que, en el caso de adolescentes y jóvenes, pueden alcanzar a objetos fácilmente pignorables.
• Aparición entre las pertenencias personales de librillos de papel de fumar y cartoncillos fabricados con tarjetas de visita de unos dos centímetros de ancho por tres o cuatro de largo.

Es importante insistir en que esta serie de conductas no son, ni pretenden ser, una especie de manual para descubrir la presencia de la droga, y que la existencia de muchas de ellas puede provenir de factores muy diversos; sin embargo, la acumulación de ellas debe llevar a generar una duda razonable que, más que hacer a los padres imponer medidas disciplinarias a sus hijos, han de conducirles a estudiar los posibles motivos que le han llevado por ese camino y tratar, nunca de forma violenta, de razonar con ellos para evitar un mal mayor.

¿Legalizar o no legalizar?: un difícil problema: Uno de los temas más vidriosos de la polémica sobre legalización o no legalización de determinadas drogas denominadas «blandas», como el hachis o la marihuana, es dilucidar si constituyen taxativamente un paso hacia el consumo de otras sustancias consideradas más peligrosas.

• Los partidarios de la legalización aducen a su favor puntos muy heterogéneos:
a) Este tipo de drogas consideradas ilegales son menos peligrosas que otras que, como el alcohol, son fáciles de conseguir al no estar penalizadas.



b) El motivo por el que muchos adolescentes se introducen en el mundo de ‘la droga es, precisamente, su carácter de algo prohibido. Si no existiera este «atractivo», gran parte de los jóvenes dejarían de interesarse por ellas.

c) La clandestinidad del comercio favorece el ascenso de los precios y fuerza al toxicómano al robo para abastecerse.

d) La legalización eliminaría ese tráfico y, teniendo en cuenta que son precisamente los mismos individuos los que trafican con drogas «blandas» y «duras», impediría en gran medida el consumo de sustancias más fuertes, al ofrecerse ambas en ambientes diferentes.

• Los partidarios de la no legalización utilizan entre otros estos argumentos:

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a) El que los efectos producidos por este tipo de drogas sean menos dañinos que los producidos por otras, consideradas como legales, no justifica la legalización de las primeras, sino la necesidad de un mayor control de las segundas.

b) Ningún tipo de droga produce efectos beneficiosos al organismo, e incluso las más suaves pueden producir perjuicios. Por lo tanto, no hay razones para su legalización.

c) La legalización, es decir, la institucionalización de la droga, haría que su consumo aumentase en gran medida, pues las grandes multinacionales entrarían en este fabuloso negocio; el aumento de la publicidad y de !a oferta conseguiría efectos contrarios a los buscados.

d) Hay muchas personas que se inician directamente con drogas «duras», por lo que no está claro que la exclusividad de los canales de oferta facilite el paso de las «duras» a las «blandas».

Problemas ante la reinserción
El preadolescente «porrero» o el adolescente «sniffador» o «anfetominómano» o adicto a los opiáceos, han truncado o roto un proceso vital. Ello explica los fracasos del tratamiento, puesto que se parte del esquema de la rehabilitación, cuando el sujeto aún no ha estado habilitado en nada, y menos el de reinserción, cuando su única y firme inserción ha sido el «mundo de la droga».

La organización de sistemas asistenciales eficaces, requeriría, en el momento actual, una nueva sociedad paralela, dispuesta a integrar en su seno a los drogadictos cuando éstos se han desintoxicado, sociedad en la que los principios éticos fueran fundamento de todos y las sustancias toxicomanígenas totalmente ausentes.

Cuando acude un heroinómano voluntario (?) a tratarse, su único conflicto, es, para él, el de la desintoxicación; su idea sobre el conflicto básico, su dependencia, está ausente. En el fondo quiere transformar un problema cualitativo, en cuantitativo. Esta transformación, es una de las bases del proceso terapéutico.

Aunque el lenguaje y el proceso terapéutico requieren instrumentación distinta para alcohólicos y heroinómanos el análisis de los contenidos expresados en los grupos terapéuticos, indican la semejanza entre ambos procesos.

• Constatación de que la droga ha llegado a saturar al usuario y que su empleo es ahora necesario para evitar molestias graves, pero no proporciona la satisfacción de «antes».

• Desorganización de las relaciones familiares y sociales. En el alcohólico, incluso laborales; en el drogadicto, el problema básico lo constituye una corta historia laboral o una ausencia de la misma.

• Continuas referencias a las molestias de la salud física, sin mencionar que estas lesiones o trastornos son consecuencia de proceso primario: alcoholismo o heroinomanía.

• Referencia a ciertas gratificaciones -que a pesar de todo- proporciona el alcohol o la heroína.« Ansiedad provocada por la ausencia del tóxico y preocupación para conseguirlo.

• Insistencia en el «vino de química» o en el «caballo cortado».

• Insistente curiosidad por conocer los motivos que han provocado ausencias de miembros del grupo.

TEMAS PARA EL DEBATE:
EL ADOLESCENTE Y LA DROGA

Lo nuevo en cuanto a la droga, en nuestro tiempo, está dado por su difusión entre la gente joven: adolescentes y hasta niños. El problema de la adolescencia existió siempre, pero en algunos aspectos, en estos últimos decenios, en las sociedades occidentales se ha hecho bastante más agudo.

Muchos sociólogos prevén para el futuro una cultura cada vez más uniformada, cada vez más robotizada. Por una reacción vital, cuyo fondo es sano pero cuyas manifestaciones son, con frecuencia, pueriles y escandalosas, la juventud intenta darse una cultura que la ayude a vivir, pero cuya violencia y carácter irracional llevan la marca del desorden de la que ha nacido. […]

Una cultura relativamente homogénea
La vida moderna, a pesar de las comodidades que comporta, es penosa, cruel, inhumana; la define la impersonalidad, el prosaísmo, el cinismo y la frialdad en las relaciones; sociedad sin corazón, sin calidez, dura con los débiles, enteramente construida sobre el dinero, con la competición sin cuartel que suscita. Por primera vez en la historia, la juventud del mundo ha creado una cultura relativamente homogénea, al margen de la de los adultos y cuyos valores son una inversión o una burla provocativa de ésta.
Las conductas de los jóvenes plantean más que nunca interrogantes. SI son el modo de expresión actual de la adolescencia eterna no deja de presentar aspectos inéditos hasta ahora, y uno de ellos es el cultivo de la droga. La droga es hoy asunto de jóvenes.

Búsqueda de sensaciones nuevas
¿Qué es lo que-lleva a los jóvenes a drogarse? Entre los diez motivos propuestos por los investigadores del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica, de París) la curiosidad ocupa el primer lugar, por lo menos al comienzo, ya que después de algunas experiencias se reduce del 60,8% al 5,3%; la reemplaza entonces, el estado de necesidad y la búsqueda de evasión. Interviene también el deseo de hacer como los otros, la búsqueda de sensaciones nuevas que enriquezcan la vida, la compensación de carencias afectivas y, en edad más avanzada, las posiciones ideológico-políticas.

La razón profunda del consumo de drogas reside en una crisis de civilización: la destrucción, en el seno del mundo contemporáneo, de ciertos valores esenciales. La droga es uno de los grandes ingredientes de la rebelión contra una sociedad minada por la ansiedad y el miedo, y por eso el problema de la droga es algo más —como dice Rof Carballo— que una cuestión de policía, de sanidad, de gobierno o de educación. Tiene que ver con los cimientos más profundos del hombre y de la cultura.

La droga es uno de los síntomas de una situación de fondo, síntoma de un malestar más que su causa. El joven que se droga no está sólo caracterizado por la patología, por el vacío intelectual y moral, por la dependencia y la labilidad afectiva, por la necesidad de evasión, sino también por el anhelo de liberación, de comunicación y de amor. El empleo de la droga es, con frecuencia, practicado para romper el estado de aislamiento. […]


Un viaje al interior de la conciencia
El debate desborda el dominio del especialista; no puede dejar indiferente a la sociología ya que se trata de un hecho verdaderamente colectivo, ni a la ética o la filosofía puesto que se trata verdaderamente de la felicidad de los hombres y del destino que dan a su vida. No basta decir que algunos aceptan esa muerte; no basta decir que la drogadicción es una enfermedad si no se explica por qué los candidatos a esa enfermedad son cada vez más numerosos. […]

¿Qué busca y qué encuentra el joven en la droga? Muchas entrevistas a toxicómamos o ex drogados son esclarecedoras. Durante la experiencia de la droga y después de ella —esto vale para los que se liberaron de la dependencia— esos jóvenes de 17 a 25 años declaran, entre otras cosas, haber logrado una posibilidad más amplia de amor, la capacidad de apreciar las pequeñas cosas de todos los días, haber cumplido finalmente un «viaje» al interior de la conciencia del cual emergen con una Incrementada disponibilidad para relacionarse con los otros, haber experimentado un impulso hacia una dimensión fantástica, haber dilatado la visión de la realidad, una visión en la cual el mundo ya no aparece como algo externo y en la cual ya no existe la soledad. Postulan que el LSD, por ejemplo, ofrece la solución de todas las frustraciones y anuncia el reino del amor universal.

El sujeto que emprende el «viaje» psicodéllco, tan exaltado por los que cultivan los alucinógenos, en verdad, después de cumplido, ve desvanecerse las Intuiciones y los conocimientos a los que había creído acceder bajo su Influjo. Es fácil verificar cuan falso es que las personas maduras o mejoran repitiendo esos «viajes», y es dudosa la creatividad que se obtiene con ellos.

Con frecuencia inocultable se observa, en cambio, la mediocridad de las elaboraciones literarias o artísticas producidas bajo el efecto de la droga. SI Baudelaire, Michaux, Huxley se acercaron a la droga, su creatividad no provenía de ésta. Cabe decir parafraseando la conocida sentencia, que lo que Natura no da, la droga no presta. […]

Un alejamiento de la realidad
Sin duda, la droga provoca un Inmediato e intenso placer, un evitamiento de las presiones del mundo exterior y de los más Ingratos deberes sociales; con un simple acto, el sujeto se sustrae a la realidad opresora y halla refugio en un mundo completamente propio. Pero todo esto es pasajero —mientras dura el efecto de la droga— y, una vez más, eludiendo el problema de fondo. Los alucinógenos son eso: alucinación, es decir, enajenamiento. El anhelo de liberación termina paradójicamente en el esclavizante sometimiento a la droga.

Bibliografía y Fuentes Consultadas
El Fenómeno Droga Cuadernillo N° 1
Francesc Freixa i Santfeliu
Aula Abierta Salvat
Geografía América y Antártida Lorenzini-Balmaceda-Echeverría

Como Actúan Las Drogas
Gesina L. Longenecker
Profesora de Ciencias Biomédicas y de Farmacología

Trabajo a cargo de:
Arturo Cuevas
Neyla Rodríguez
Almir Peraza
Raúl Pérez
Alberto Valdivieso

 

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