Famosas Estatuas Ecuestres Descripción de Importantes Esculturas



DESCRIPCIÓN DE LAS IMPORTANTES ESTATUAS ECUESTRES:

Al fondo del estudio del escultor hay un boceto en yeso, abandonado hace ya algunos días y cubierto con un paño húmedo. De la masa informe se destacan las patas gráciles de un caballo. Hace tiempo que el artista acaricia la idea de realizar una estatua ecuestre. Modelar la figura del caballo le ha sido fácil, pero, al iniciar la del caballero, se siente desalentado.

No carece de capacidad creadora; es uno de los más grandes escultores de nuestro tiempo. Lo que le falta es algo muy importante: un modelo en que inspirarse. Los caballeros antiguos han desaparecido, pertenecen al pasado. Los generales de hoy, en los desfiles, pasan lentamente en automóvil, y ya no es un artista quien los representa a caballo para que el pueblo los admire. Ahora son los fotógrafos quienes, con una simple acción mecánica, los retratan ante su mesa de trabajo o en la escalerilla de un avión.

Nuestro escultor añora el tiempo en que los grandes capitanes pasaban, majestuosos, sobre sus briosos caballos, rodeados de la admiración del pueblo.

Y, cansado de pensar, el artista cierra los ojos. Bajo sus párpados abatidos le parece ver unas figuras que se le aproximan: es un pequeño grupo de caballeros, de épocas diversas y diferentes entre sí, aunque todos tienen un aspecto igualmente noble y altivo. Hacen caracolear a sus caballos, y luego se inmovilizan como en militar parada. Ahora los reconoce. Los ha visto tantas veces, erguidos sobre sus pedestales, dominando las plazas de las ciudades que conocieron sus glorias! Lleno de emoción, empieza a pasarles revista, uno por uno…

Caballero cretense – Tan pequeño es este caballero cretense, comparado con los otros, que, a primera vista, parece un juguete. Viene de una lejanísima  civilización, y tal vez representa a alguno de aquellos fuertes guerreros que dominaron el Mediterráneo, casi tres mil años a.C. Es barbudo, tiene los labios apretados, como para expresar su fuerza, y se sostiene erguido en el arzón.

Parecerá, quizá, la obra de un artista ingenuo, pero, si se observa con atención, se descubre que, no obstante su sencillez, expresa una poderosa y sorprendente vitalidad. El caballo estilizado esto es, representado en sus líneas esenciales, parece haberse parado de repente, y podemos casi imaginar el ruido de sus cascos.

Mareo Aurelio – La estatua del emperador filósofo domina, desde la altura del Capitolio, la ciudad’ que fue señora del mundo. El caballo, de raza panonio, con los remos finos del pura sangre, avanza con paso solemne de desfile. El emperador tiene la segura expresión del dominador, pero su brazo derecho está levantado, en signo de clemencia, y su rostro es benévolo y pensativo.



Parece un gran padre que vela por su prole desde tiempo inmemorial. Cuando este monumento era nuevo, el sol lo hacía brillar como una joya, pues estaba recubierto por láminas de oro. Hoy ha desaparecido el dorado, pero existe una vieja leyenda, según la cual, un día la estatua recuperará su primitivo esplendor, porque el oro reaparecerá en su superficie.

Cuando esto suceda, nos dice la leyenda, los hombres comprenderán que se acerca el fin del mundo. Cosa extraordinaria es que sobre esta inmensa mole de bronce no se aprecian señales de junturas o soldaduras. Tal vez los dos bloques, de caballo y caballero, se fundieron en un solo molde, pero la técnica que los artistas romanos emplearon para la fundición sigue siendo un secreto.

Cangrande della Scala – La sonrisa serena y jovial del señor de Verona está tan llena de vida que parece ablandar la dureza del mármol de la escultura. Con la misma afabilidad debió tratar este príncipe a sus súbditos y a los huéspedes de su corte. Así fue como Dante Alighieri, a quien acogió durante el exilio, lo recordó con elogio en la Divina Comedia.

El gran artista medieval que esculpió el monumento debió quedar tan prendado de las grandes cualidades de este señor, que hasta representó alegre y simpático a su caballo, que parece guiñar el ojo con picardía.

El yelmo macizo, que en la cimera lleva una cabeza de perro, símbolo del linaje del caballero; la larga espada y la gualdrapa suntuosa del caballo traen a nuestra memoria escenas de prodigiosos torneos en que los mejores campeones medían la fuerza de su brazo en el palenque. El caballero no se siente en modo alguno embarazado por la armadura completa que lo envuelve. Estirado sobre los estribos, parece saludar con donaire al público, antes de lanzarse al galope de su corcel ligero.

 

Gattamelata: A la muerte  de Erasmo de Narni, mas conocido por Gattamelata, los patricios de la República de Venecia quisieron eternizar en bronce el recuerde de su valor. Este condotiero había prestado servicios preciosos a la Serenísima. Para acentuar su  impresión de incontrastable potencia que ofrece este monumento, Donatello ha colocado sobre un caballo, poderoso como una máquina de guerra, la figura, conscientemente reducida, de un caballero que tiene, sin embargo, el ademán sereno y firme del que domina.

Cuando Donatello fue llamado a Padua para que esculpiera este monumento tenía sesenta años, y durante cinco trabajó allí, superando infinitas dificultades durante la fusión del bronce. La estatua se  fundió en tres bloques separados, que luego se soldaron en conjunto.

 



Ranuccio Fornesio – La altivez de este señor del siglo XVII no disminuye lo dignidad de su porte. Es Ranuccio Farnesio, duque de Piacenza. Francesco Mochi, el autor del monumento, marchó a Roma y a Padua, antes de empezarlo, para estudiar de cerca las estatuas de Marco Aurelio y de Gattamelara. Pero en su obra hay algo que es totalmente nuevo: vibra en su movimiento, como si la crin, la cola flotante del caballo y el manto del caballero recibieran, de improviso, un viento sesgado. Es el «viento» que sopla sobre todas las estatuas barrocas.

Caballero de Marino Marini: Marino Marini es el escultor contemporáneo a quien nos hemos referido. Las figuras de su caballo y de su caballero carecen del ímpetu heroico de sus predecesores. Son simples, descarnadas. El caballero tiende los brazos hacia el cielo, en ademán que expresa desesperación y que no tiene nada de la fuerza física de sus antiguos compañeros de armas. Y aquí hay una cosa que nos sorprende. Hemos observado que la más antigua y la más moderna de las esculturas se parecen. Después de tanto tiempo, el escultor moderno coincide con el artista desconocido, de unos 3.000 años a. C.

Fuente Consultada: Abuelo,…Es Verdad? Luis Melnik

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