Etapas del Desarrollo Fisico del Ser Humano Sus Caracteristicas


Etapas del Desarrollo Físico del Ser Humano
Sus Características

El crecimiento comienza en el momento de la concepción y continúa en progresivo aumento durante los seis primeros meses del embarazo. A partir de entonces se vuelve más lento, durante un período que abarca la primera infancia y la niñez, hasta el breve aumento de ritmo que se produce durante la pubertad. Por lo que hace a la talla, el crecimiento se detiene hacia los veinte años.

La mayor parte del primer ciclo de crecimiento ocurre por división celular, pero a continuación se vuelve progresivamente más importante el crecimiento de las propias células, una vez que éstas disponen de todos sus complementos. Por ello es tan importante cualquier daño al feto durante su desarrollo, ya que tendrá graves consecuencias a largo plazo en el proceso de crecimiento.

El crecimiento en el útero y durante el primer año de vida depende casi enteramente de la nutrición. Los bebés crecen más rápido si se los alimenta más y los niños desnutridos sufren una desventaja en esta etapa del crecimiento infantil, ya que ésta contribuye a casi la mitad del total del crecimiento del ser humano.

El Crecimiento en la Infancia

Hacia el final del primer año de vida postnatal, el control del proceso cambia de la dependencia de la nutrición a la dependencia del aumento de la secreción de la hormona del crecimiento . La hormona del crecimiento es segregada por la glándula pituitaria y el ritmo al que crecen los niños depende de la cantidad de hormona segregada: los niños altos se convierten en adultos altos al crecer regularmente a un ritmo más rápido que sus compañeros más bajos.

El crecimiento durante la infancia continúa a un ritmo que disminuye lentamente hasta interrumpirse al comienzo de la pubertad. El aumento de la estatura durante toda la infancia es similar al que se produce durante el primer año. Sin embargo, la cantidad y el ritmo del crecimiento durante la pubertad determinan la estatura adulta de hombres y mujeres.

La Pubertad

Durante el duodécimo año de vida aparecen las características sexuales secundarias en el 50% de los chicos y chicas. En las chicas, éstas incluyen el crecimiento de los pechos, y en los chicos el crecimiento de los testículos y, más tarde, la adquisición de la voz grave y el crecimiento del vello axilar y púbico en ambos sexos. En el 3% de los niños, este desarrollo se produce antes de los 9 años, y en el 97% de los casos aparece alguna característica sexual secundaria hacia los 14 años.

En cuanto los ovarios comienzan a segregar suficiente estrógeno como para estimular el desarrollo de las mamas (el primer cambio en la pubertad femenina), el ritmo de crecimiento aumenta como resultado del simultáneo aumento de la secreción de hormona del crecimiento. A esta edad, la estatura alcanzada por niños y niñas es prácticamente la misma, de modo que las niñas comienzan su crecimiento a partir de una talla promedio de 1,40 m. Durante la pubertad femenina se agregan otros 20 centímetros a esta estatura.

En este período las chicas crecen a un ritmo cada vez más intenso durante unos dieciocho meses; luego, el ritmo comienza a disminuir. Hacia ese momento, las cantidades fluctuantes de estrógeno han producido un engrasamiento de las paredes del útero, de manera que la disminución del estrógeno produce un desprendimiento de los tejidos, junto a la pérdida de sangre. Los intervalos entre las primeras reglas tienen escasa importancia biológica, porque la ovulación no se regulariza hasta al menos 18 meses después.

Las características sexuales secundarias aparecen en los varones más o menos al mismo tiempo que el crecimiento de los pechos en las niñas. El crecimiento de los primeros sigue la misma curva (en desaceleración) propia de la infancia durante los dos primeros años de desarrollo de la pubertad, y alcanzan una altura media de 1,50 m, antes de que comience la etapa de crecimiento de la pubertad.

Dado que la tes tosterona producida por los testículos es un estimulante del crecimiento más potente que el estrógeno, el punto culminante del ritmo de crecimiento de los niños es superior al de las niñas, pero dura menos tiempo. Mientras que los primeros comienzan a crecer dos años más tarde que las muchachas, dejan de crecer sólo un año más tarde, a los 16, en lugar de a los 15 como las chicas.



etapas del desarrollo humano: infancia-madurez-vejez

La altura de un niño al año de edad es casi igual al aumento de su estatura durante el resto de la infancia, y la altura a los dos años es casi la mitad de su estatura adulta. El ritmo de crecimiento disminuye al año de edad, pero vuelve a acelerarse en la pubertad. A pesar de que la mayoría de los chicos y chicas comienzan la pubertad (la aparición de las características sexuales secundarias) a los 12 o 13 años, el crecimiento adolescente comienza dos años antes en las niñas. Como promedio, las muchachas alcanzarán su estatura adulta a los 15 años y los chicos a los 16.

La etapa masculina de crecimiento añade aproximadamente 25 centímetros en altura, de modo que la altura final en los hombres es, en promedio, 12,6 centímetros superior a la de las mujeres adultas. Esto se debe básicamente a la prolongación del crecimiento infantil en el hombre, y no al componente del desarrollo de la pubertad, que es sólo ligeramente superior en los chicos.

En cuanto comienza la secreción de testosterona en los testículos, comienza la espermatogénesis (producción de espermatozoides) en los tubos seminíferos. La testosterona también estimula el desarrollo muscular y el crecimiento de vello en el cuerpo, por ejemplo, en el pecho.

LA PUBERTAD EN LA MUJER

El período de la vida que conduce al niño desde su infancia hasta el estado adulto se denomina pubertad (de la palabra latina pubes: pelo). En efecto, entre otras características sexuales, es en este momento de la vida cuando aparece el vello púbico.

Los primeros signos de la pubertad se observan generalmente hacia los once años. Es la llamada fase pubescente, aunque en realidad habríamos de matizar: el origen racial, el clima, la herencia familiar, las condiciones de vida, de higiene, de alimentación, pueden adelantar o retrasar esta fecha. En los países tropicales, por ejemplo, las jóvenes son más precoces, mientras que en los países nórdicos su desarrollo se produce más lentamente.
Las primeras reglas aparecen generalmente entre los once y quince años, siendo los trece la edad media.

Los dos o tres años siguientes constituyen el período pubescente, durante el cual pueden producirse numerosas perturbaciones en el ciclo menstrual. Se ignora todavía cómo la glándula hipófisis, responsable de este proceso, se pone a segregar las hormonas que van a estimular la función ovárica.
pubertad precoz, pubertad tardía
Que una joven bien desarrollada tenga sus reglas antes de la media establecida, dentro de los límites ya indicados, no es obligatoriamente el signo de una anomalía. Puede tratarse de una pubertad precoz, aunque completamente normal.

En otros casos puede aparecer —a veces en los primeros años de vida— una vellosidad púbica, por ejemplo, o un desarrollo mamario precoces. Estas variaciones pueden ser absolutamente benignas, pero ésto no podrá comprobarse hasta que hayan sido practicados serios exámenes médicos y una larga vigilancia de su evolución.

Los retrasos pubescentes, pubertad simplemente distinta o ausencia de pubertad normal, pueden ser consecuencia de una insuficiencia de las glándulas sexuales. Pero a veces se deben a causas mucho más ocultas, psíquicas por ejemplo. En el primer caso, cuando existe una insuficiencia de las glándulas sexuales, los exámenes médicos permitirán al doctor prescribir un tratamiento apropiado. En el segundo caso, cuando el retraso se debe a una causa psíquica, bastará generalmente con dejar que los acontecimientos se desarrollen a su ritmo, si bien en ocasiones será necesario recurrir a la psicoterapia.

EXÁMENES GINECOLÓGICOS

Las aprensiones que una mujer puede experimentar frente a un examen del ginecólogo son comprensibles pero injustificadas.

Es difícil combatir los reflejos de pudor que las costumbres y educación han impuesto tradicionalmente a la mujer. Sin embargo, a este respecto, nuestra era está conociendo un cierto tipo de revolución: las cuestiones sexuales no están ya rodeadas de ese halo de misterio. La sexología, la información sexual, han hecho ceder muchas resistencias; se habla del sexo, se descubre el cuerpo con mayor facilidad en casa y en las playas.

Todo esto contribuye a disminuir la angustia que puede sentirse al acudir a un examen ginecológico. La evolución de las costumbres en ese sentido se produce en interés de la mujer, que acudirá a la consulta con más libertad y menos prejuicios.

A diferencia del hombre, las mujeres están sometidas con frecuencia a trastornos, molestias, fatigas, pequeños malestares diversos cuyo origen ha ae buscarse en el funcionamiento de sus órganos genitales. Deberán por ello ser examinados y su evolución seguida con regularidad por un especialista.
Si las aprensiones son irreprimibles y conllevan un cierto nerviosismo, el ginecólogo prescribirá un sedante antes de la consulta.

LA FORMACIÓN DE LOS SENOS

LA FUNCIÓN PRIMORDIAL DE LOS SENOS: Las glándulas mamarias no son un privilegio exclusivo de la mujer; por un extraño designio de la naturaleza, estas mismas glándulas se encuentran también en el hombre, aunque sólo en la mujer alcanzan su pleno desarrollo y no se activan hasta finalizado el embarazo. Si bien el desarrollo de las glándulas mamarias se produce ya desde el estado fetal, prolongándose durante toda la infancia hasta la pubertad, su desarrollo se desencadena y acelera repentinamente al iniciarse la función ovulatoria.

el seno de la mujer

El desarrollo de los senos en una jovencita es el signo anticipador de la transformación que va a experimentar su cuerpo, disponiéndose para la procreación. Generalmente precede a la aparición de vello en el pubis y axilas y las primeras reglas, consecuencia de la primera ovulación. Los senos aparecen entre los nueve y los trece años, siendo la edad media los once años y medio. Todas estas transformaciones dependen de las hormonas sexuales segregadas por los ovarios, a su vez bajo el control del hipotálamo y la hipófisis.

En algunas ocasiones, tanto si es niño como niña, se produce en el recién nacido un desarrollo temporal de los senos, frecuentemente acompañado por el derrame de un líquido muy similar a la leche llamado, vestigios de una vieja tradición, leche de bruja. Ello es debido a que, desde el estado fetal, las glándulas mamarias alcanzan ya un desarrollo lo suficientemente importante como para permitirles ser sensibles a los estrógenos, hormonas maternas elevadas durante el embarazo.

Este sorprendente fenómeno nos recuerda desde los albores de la vida la función de los senos: la lactación.

elogios importantes para la mujer

En la cima de los senos se encuentra la protuberancia del pezón. Existen en él de diez a doce orificios de donde mana la leche al recién nacido. Está sostenido por fibras musculares que le estimulan a dilatarse o contraerse. La piel que rodea el pezón, particularmente fina y delicada, es coloreada, de una tonalidad rosácea en las rubias y pelirrojas, y marrón en las morenas.

Se trata de la aréola, cuya dimensión media es de 4 a 5 centímetros de diámetro, aunque en algunas mujeres puede ser mucho mayor. Su color se oscurece notablemente al comienzo del embarazo. La superficie de la aréola está sembrada de pequeñas protuberancias, cuyo tamaño se aproxima a la cabeza de un alfiler, y de las que nace un vello muy fino, apenas perceptible.

Bajo la epidermis de los senos existen cantidad de pequeñas glándulas, como racimos de uva. De cada una de ellas parte un estrecho canal que recoge la leche; el conjunto de estos canales va a parar a canales más importantes, que desembocan en el pezón. Entre los glóbulos de las glándulas se encuentra un tejido de sostén y una cierta cantidad de grasa, que varía considerablemente de una mujer a otra.

En cuanto a la leche misma, su materia prima es el extracto de la sangre que riega abundantemeníe los senos, y su producción depende de la acción de las hormonas segregadas por la hipófisis, de manera especial la prolactina. La preparación para la función de la lactancia durante el embarazo, es la que confiere a los senos su pleno desarrollo.

Finalmente, aunque no es un detalle secundario, el seno constituye una zona erógena privilegiada; durante el acto sexual, su comportamiento difiere de una mujer a otra; generalmente se hincha y endurece, al tiempo que el pezón se eleva por erección.

LA MENSTRUACIÓN:

El hombre es entre los mamíferos la especie más numerosa de la tierra, y la única que se encuentra en continua expansión; ésto es debido a su gran actividad sexual y a su excepcional fecundidad. En la mayoría de los mamíferos, con excepción hecha de algunos primates, las hembras no son fecundas más que una o dos veces por año, en el momento del celo; la mujer lo es todos los meses, es decir, de seis a doce veces más.

En suma, si en la gran lucha por la vida el hombre, ese animal tan frágil, no ha sido eliminado por selección natural, se debe sin duda al desarrollo de su cerebro y, por consiguiente, a su inteligencia. Pero ante todo, a ese asombroso perfeccionamiento experimentado en el sistema de reproducción que constituyen el ciclo ovárico y el ciclo menstrual.

Estos dos términos cubren un mismo fenómeno, pero no son sinónimos: se llama ciclo ovárico a la maduración de óvulos por el ovario, y ciclo Menstrual, la vuelta periódica de las reglas.

Cantidad y fluidez: Es evidentemente difícil evaluar la cantidad de sangre perdida en el curso de las reglas, aunque puede estimarse en unos 750 gramos aproximadamente. Pero, aun permaneciendo dentro de los límites normales, una mujer puede perder dos veces más o dos veces menos. Por otra parte, el líquido de las reglas no se compone únicamente de sangre: aparte de los restos desprendidos de la mucosa, contiene también una mayor o menor cantidad de serosidad, líquido bastante parecido al agua salada que lo diluye.

Habitualmente, el flujo menstrual permanece fluido. Pero puede ocurrir que sea muy abundante, en cuyo caso la sangre no ha tenido tiempo de sufrir las modificaciones internas que la hacen incoagulable; se observa entonces la formación de coágulos. Todas las afecciones genitales acompañadas de abundantes pérdidas de sangre (pólipos, fibromas, trastornos glandulares, aborto) se acompañan de eliminación de coágulos.

Duración de la Menstruación: La mayoría de las mujeres tienen pérdidas durante tres o cuatro días, aunque algunas sangran sólo durante dos días y otras, por el contrario, durante una semana, aun tratántose en ambos casos de reglas perfectamente normales. Sin embargo, se consideran insuficientes aquellas que no duran más que un día, máximo dos, mientras que las reglas cuya duración supera la semana son consideradas como demasiado largas.

En general, el derrame es más abundante durante el primer y segundo días, disminuyendo después gradualmente; en algunos casos se interrumpe por un día durante la regla, para reanudarse seguidamente.

La duración y cantidad de las reglas no depende únicamente de los ovarios. En efecto, el equilibrio de las otras glándulas, la salud de todo el cuerpo, el psi-quismo, la higiene de la vida, tienen una gran influencia sobre la duración de las mismas.

Duración del ciclo menstrual: El primer día del ciclo es el primer día de la regla. La duración del ciclo es el número de días trascurridos entre este primer día y el primer día de la regla siguiente, éste último excluido. El 50 % de las mujeres tienen un ciclo cuya duración media es de veintiocho días, aunque sólo excepcionalmente se da una reguridad absoluta (una rigurosa exactitud implicaría que las reglas aparecieran regularmente el mismo día de la semana, siempre un martes por ejemplo, ya que veintiocho días componen cuatro semanas). En realidad, los ciclos suelen ser de veintisiete, veintiocho o veintinueve días. El resto de las mujeres conocen un ciclo cuya duración varía de veinticinco a treinta días. Según Schro-eder el ciclo se considera fisiológico, es decir, normal, cuando dura más de 25 días y menos de 35.

LA PUBERTAD EN EL HOMBRE:

Después de la determinación genética a nivel del óvulo fecundado y de la formación de los órganos genitales en la etapa fetal, la pubertad es la última fase de la diferenciación sexual. Doce a quince años han transcurrido entre las dos primeras y la última.

En el niño, las transformaciones más visibles son la aparición de los caracteres sexuales secundarios y el desarrollo de los órganos genitales externo. La verga crece en grosor y longitud, los testículos aumentan de volumen, al tiempo que comienzan a asegurar su doble función: primeras emisiones de esperma, primeras secreciones de testosterona. El desarrollo de la próstata y vesículas seminales no es visible.

Pubertad precoz, pubertad tardía: La hipósfisis, que por mediación de las hormonas sexuales se encuentra en el origen de la madurez pubis-cente, se pone a secretar las hormonas F.S.H. y L.H. en un momento dado, según un código preestablecido que todavía sigue siendo indescifrable.
Puede ocurrir que el proceso se desencadene antes de lo habitual. Esta precocidad carece de transcendencia, siempre y cuando el desarrollo del joven y su maduración ósea se produzcan con normalidad.

En general, las pubertades tardías no presentan ningún carácter patológico, desde el punto de vista fisiológico. Las dificultades que a veces se presentan son, ante todo, de orden psicológico. El joven de dieciséis o diecisiete años cuyo aspecto sigue siendo infantil, soporta con dificultad tener que competir con sus compañeros de apariencia más adulta. Será preciso cuidar que no se desarrolle en él un sentimiento de inferioridad, que le obligaría a adoptar un comportamiento de fracaso.

Bien entendido, es aconsejable que el desarrollo de un adolescente sea vigilado por un médico. En el caso de ausencia de pubertad normal especialmente, es necesario verificar que la causa no radica en un trastorno de las funciones hipofisarias y genital: los controles hormonales pueden ser aquí muy útiles.

El acné: Este pequeño trastorno, propio de la edad ingrata, es un efecto de la actividad hormonal en la fase pubescente: los andrógenos estimulan las glándulas sebáceas. De ahí que el acné no se produzca durante la infancia, y que desaparezca con el descenso de la actividad glandular. Existen diversos tratamientos que pueden atenuar el acné, y hasta eliminarlo por completo.

Dudas y conflictos de la pubertad

Los conflictos inconscientes: El período de la pubertad puede ser muy difícil para un adolescente mal informado, particularmente en los casos en que haya sufrido represiones o prohibiciones en materia de relaciones sexuales precoces, sin haber recibido explicación ninguna o, en todo caso, una radical desaprobación. Tanto en el niño como en la niña, la culpabilidad, vergüenza y aversión que corren el riesgo de concebir en ese momento, pueden ser catastróficas.

En el niño no se produce el fenómeno de anorexia mental (rechazo sistemático de ingerir alimentos), tan típico en la niña pubiscente, aunque pueden observarse otros trastornos, como el exhibicionismo. Con frecuencia, las depresiones y neurosis de fracaso que se manifiestan a esta edad, suelen también ser consecuencia de estos conflictos inconscientes.

El autoerotismo y la masturbación: Frecuente en la edad de la pubertad (90% de los niños y 25% de las niñas practican la masturbación), el autoerotismo ha sido considerado durante mucho tiempo como una enfermedad grave; se pensaba incluso, que estas prácticas solitarias eran el origen de todas las enfermedades y desórdenes. Estos prejuicios han sido muy combatidos.

El adolescente occidental cuenta con muy pocos medios a su alcance para satisfacer las exigencias de su instinto. Aun rodeando las relaciones sexuales precoces con más indulgencia o simple comprensión, el hombre joven de nuestra sociedad, ocupado por mucho tiempo todavía en sus estudios y aprendizajes, mantenido en una situación de dependencia económica y de irresponsabilidad, experimentará necesariamente dificultades de todos los órdenes para emprender una relación sentimental y sexual satisfactoria.

El placer solitario es para el adolescente no solamente una solución de espera, sino una etapa de su evolución sexual. En la actualidad se reconoce que cualquier oposición o prohibición sería contraproducente y perjudicial.

La homosexualidad: Se sabe que las tendencias homosexuales (del griego “homos”: parecido), son frecuentes en el momento de la pubertad, tanto en las niñas como en los niños. En general, estas relaciones particulares entre personas del mismo sexo suelen ser únicamente platónicas, aunque puede ocurrir que algunas se acompañen de relaciones sexuales.

Como el autoerotismo, a menudo son una manera de satisfacer un impulso demasiado fuerte. Son también la manifestación del narcisismo de esta edad; se ama a alguien semejante a uno mismo, otro yo, en el cual se proyecta una imagen ideal del propio yo. En la mayor parte de los casos, estas prácticas se abandonan al llegar a la edad adulta. Sin embargo, como explica Freud, “es hacia la edad de la pubertad cuando un ser toma posiciones a favor o en contra de la homosexualidad”. En este momento pueden declararse homosexualidades más duraderas.

Estas “desviaciones” temporales o permanentes plantean evidentemente un delicado problema para padres y educadores. La moral habitual que las condena sin reserva es hoy muy contestada.

EL APARATO REPRODUCTOR

aparato reproductor femenino y masculino

Ampliar: Aparato Reproductor Femenino

Ampliar: Aparato Reproductor Masculino

LA VEJEZ

Los cambios físicos asociados con la vejez se han estudiado mucho menos que los de la infancia. Es evidente que las personas mayores se vuelven más delgadas y arrugadas, a causa de la pérdida de la elasticidad de la epidermis y de la grasa subcutánea (bajo la piel); de menor estatura, debido a la compresión de las vértebras, y más vulnerables a las enfermedades.

Pero no hay normas comparables con las establecidas durante la infancia para apreciar la evolución de los individuos durante el proceso de envejecimiento, ya que éste sigue derroteros mucho más singulares. Sin embargo, a medida que aumenta la longevidad promedio, se vuelve cada vez más importante poder contar con estas normas.

La Mujer:La Menopausia

En nuestros días, la vejez no es recibida como el signo de una sabiduría lentamente adquirida, de una venerable autoridad consecuencia y resultado de largos años de experiencia. Es frecuentemente una edad de soledad, de miseria, que suele afrontarse con miedo; el abuelo no es ya el centro y alma de la familia. La aprensión frente a la vejez puede nacer muy temprano en la mujer, debido a las alteraciones que se producen en su cuerpo hacia los cincuenta años.

La menopausia, en efecto, pone el acento sobre el carácter irreversible del envejecimiento. Por otra parte, algunos psicólogos consideran que la desaparición de una función con la que la mujer se ha visto obligada a contar durante tanto tiempo, puede ser vivida, inconscientemente o no, como una castración.

Para finalizar, la sexualidad y la fecundidad han sido confundidas por tantos años, que cuando la menopausia se avecina, todavía hoy muchas mujeres temen perder su sexualidad y no experimentar ni proporcionar placer alguno.

Y sin embargo, desde el pundo de vista de la especie, la menopausia es una regulación muy sana: se sabe de hecho que los riesgos de anomalías congénitas en el niño aumentan con la edad de la madre.

La menopausia es el envejecimiento de los ovarios, que se esclerosan progresivamente con el paso del tiempo.
La irregularidad del ciclo menstrual es la primera consecuencia, seguida de la desaparición definitiva de las reglas.

La mujer nace con los folículos ováricos —en los cuales se desarrollan los óvulos— que necesitará durante toda la vida. Los folículos desaparecen a un ritmo proporcional al número de folículos que quedan: rápidamente al principio y luego cada vez más lentamente. Al nacer, la mujer tiene cerca de un millón de folículos ováricos, que disminuyen hasta unos 100.000 hacia la edad en que comienza la menstruación. Dado que se necesitan unos veinte folículos ováricos en cada menstruación (de los cuales sólo uno es seleccionado para ovular) en promedio, la mujer necesita unos 250 folículos al año por cada año de vida fértil.

La edad promedio de la menopausia es a los 51 años, de modo que hay una sobreabundancia de folículos presentes en las mujeres al nacer. La menopausia en las mujeres no está determinada por la utilización de los folículos en el ciclo menstrual sino por el proceso de su desaparición. Este proceso está, hasta cierto punto, influido por circunstancias del medio ambiente. Por ejemplo, la edad del comienzo de la menopausia es menor en las mujeres fumadoras que en las no fumadoras.

Se ha considerado que la brusca disminución de la secreción de estrógeno en las mujeres durante la menopausia es el origen de muchos síntomas, si bien los únicos que pueden asociarse con una deficiente secreción de estrógeno son las sofocaciones, la sequedad vaginal y los cambios en la piel, la osteoporosis (pérdida de la densidad de los huesos, los cuales son más propensos a las fracturas) y un aumento en el ritmo de desarrollo de la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias).

Estos cambios pueden provocar graves síntomas psicológicos y físicos, razón por la cual son tan importantes las terapias hormonales de sustitución en las mujeres en edad posmenopáusica.

Ahora que la esperanza de vida ha aumentado notablemente, una mujer puede vivir tres o más décadas después de la menopausia, años durante los cuales se desarrollan los efectos de la disminución de estrógeno. Los hombres padecen menos gravemente los cambios hormonales, dado que la disminución de la concentración de hormonas sexuales masculinas se da a lo largo de un período mucho más largo.

EL HOMBRE: LA ANDROPAUSIA

Muchas veces se quisiera encontrar en el hombre un equivalente a la menopausia femenina. En realidad, la naturaleza presenta equilibrios diferentes a los que reclama nuestra lógica.

Mientras que en la mujer se constata una efectiva disminución de las funciones reproductoras tras la menopausia, en el hombre no se observa más que una disminución progresiva. Esta disminución comienza muy temprano, unos años antes de la pubertad: la producción de espermatozoides disminuye, las células sexuales pierden su movilidad, lo que por otra parte no tiene influencia alguna sobre la actividad sexual propiamente dicha.

Sin embargo, en el hombre subsiste casi siempre una posibilidad, mínima pero innegable, de transmitir la vida. Hay que añadir que la curva de disminución de las funciones hormonales que estimulan la actividad de los testículos, y que ejercen una cierta influencia sobre los deseos sexuales, acusa variaciones muy sensibles de un individuo a otro. Es por tanto totalmente imposible fijar la edad media en que la función genética del macho se ve afectada por una cierta incapacidad.

Los hombres experimentan los efectos manifiestos de un cambio de edad hacia la cincuentena; a esa edad se producen con frecuencia sudores intempestivos, palpitaciones, dolores de cabeza; aparecen cambios en el equilibrio emocional, y una marcada sensibilidad a la fatiga. Estos síntomas no están particularmente vinculados a un debilitamiento de la función genital, sino más bien al envejecimiento de todo el organismo.

Después de la edad madura, el aspecto exterior se modifica, aunque ésto no es más que el signo exterior de un importante cambio que se está produciendo a nivel de las células; en efecto, las células llamadas activas experimentan una regresión, mientras que las células que constituyen los tejidos de sostén, los depósitos de grasa, proliferan. Hay que añadir que este envejecimiento no se produce en todos los órganos simultáneamente: de ahí las notables diferencias que se registran de un individuo a otro.

La sexualidad del hombre mayor: Según el Dr. Kinsey, tanto en el hombre como en la mujer la sexualidad alcanza su máxima intensidad entre los veinticinco y los veintinueve años, disminuyendo después progresivamente hasta los setenta, en que es muy rara.

Hacia los cuarenta y cinco años se observa, sin embargo, una exaltación de la función psicosexual en ambos sexos.

De hecho, el problema sexual en las personas de cierta edad es un problema fundamentalmente social, mucho más grave de lo que aparenta. El informe Simón, titulado El Comportamiento Sexual de las Francesas, sólo concierne a las menores de sesenta años: la existencia misma de una posible sexualidad parece denegada a los sexagenarios y sus mayores. Sin embargo, los criterios sobre esta cuestión han comenzado a evolucionar.

Sea lo que fuere, es cierto que algunos de los procesos de envejecimiento que generalmente sobrevienen en las edades tardías, pueden disminuir el deseo sexual: en ellos se incluyen especialmente los deterioros cerebrales producidos por deficiencias en glucosa y oxígeno. Por otra parte, con la edad pueden producirse otros trastornos sexuales, como el exhibicionismo y la pedofilia (amor por los jóvenes). Estos fenómenos están relacionados con ciertas neurosis que se manifiestan en esta etapa tardía de la vida.

Ver: Problemas de la Vejez

Ver: El Poder de la Risa

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes
– Editorial La Nación – Entrada: El Desarrollo Fisico
Enciclopedia El Universo de la Familia Ediciones del Virreinato S.A. Tomo II – El Cuerpo de la Mujer y del Hombre

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