Conceptos de Política

Biografia de Nevski Alejandro Principe Ruso y los Tartaros

Biografía de Nevski Alejandro Príncipe Ruso y los Tártaros

Un caballero errante europeo que visitó Rusia en el siglo XIII, escribió al regresar a su patria: «He recorrido muchos países y naciones, pero en parte alguna vi un hombre semejante: un príncipe entre los príncipes, un rey entre los reyes.» La admiración del fascinado caballero era por un joven príncipe ruso llamado Alejandro Yaroslavitch, más conocido en la historia por el nombre de Alejandro Nevski.

Nevski se destaca entre la multitud de príncipes menores y nobles guerreros que pueblan la historia de la Baja Edad Media rusa: fue el hombre cuyo genio político y militar salvó a su país de los rapaces invasores y que incluso habría podido librarle del opresivo dominio tártaro.

Pero si fracasó en esta segunda empresa fue porque halló una barrera infranqueable en la hostilidad de los demás príncipes a la idea de unidad; una unidad de vital importancia si se quería arrojar el yugo tártaro.

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Nació el 30 de mayo de 1220. Falleció el 14 de noviembre de 1263 . Desde joven recibió una educación de carácter religioso. Las primeras épocas de su vida, infancia y juventud las pasó en la ciudad rusa de Nóvgorod. Siendo joven todavía, tuvo que gobernar. Entre 1235-1240 los tártaros o mongoles, al mando de Batu Kan, arrasaron los estados de Rusia. La región de Alejandro, Nóvgorod, aunque amenazada, se salvó de la devastación causada por los tártaros, pero Alejandro tendría que luchar contra otros enemigos que provenían de Occidente

Gengis Khan, fundador del imperio tártaro, había nacido hacia 1167. Procedía de una pequeña tribu de la Siberia oriental y fue proclamado caudillo de los mongoles en 1206.Unió a todos los tártaros mongoles y después les condujo hacia el Oeste atravesando Asia hasta las estepas meridionales rusas y la Rusia central.

Los rusos fueron presa fácil para este organizado y sanguinario ejército que rodeaban y aplastaban regiones enteras con tácticas violentas y brutales. Estos  tártaros de Rusia, conocidos por el nombre de Horda de Oro gobernaron a sus subditos rusos con violencia y crueldad durantes dos siglos. Obligaban a los príncipes rusos a reconocer su soberanía, a pagarles onerosos tributos, proporcionarles soldados y alimentos para sus tropas

El triunfo de Alejandro Nevski: En este ambiente nació, en 1220, Alejandro, segundo hijo del príncipe Yaroslav. Cuando el joven príncipe alcanzó la edad viril, casi toda Rusia se hallaba trastornada. Una terrible sequía había agostado la tierra y los campesinos morían de hambre.

Para agravar el caos, Batu, khan tártaro de Kiptchak, había nombrado gran príncipe a Yaroslav, el padre de Alejandro, pero luego vacilaba en confirmar el nombramiento. Surgieron las disputas entre los demás príncipes rusos y se produjo un colapso en el sistema administrativo. Observando tal estado de cosas, los enemigos de Rusia empezaron a congregar sus ejércitos y se dispusieron a atacar.

Finalmente, el khan Batu confirmó el nombramiento de Yaroslav para el gran principado. Una de sus primeras providencias fue nombrar a su hijo Alejandro príncipe de Novgorod, región que él mismo había gobernado y que era, entre todas las ciudades rusas, la que menos había padecido bajo la opresión de la Horda de Oro.

Sin embargo, Novgorod era en aquellos momentos el objetivo de los invasores extranjeros. Aprovechando el malestar del país, un gran ejército sueco invadía Rusia y marchaba hacia la ciudad al mando del general Birger Jarl. Cuando Alejandro tuvo noticia de su número pidió ayuda a su padre, el gran príncipe, pero la respuesta que recibió le hizo comprender que no debía esperar nada.

Entonces decidió librar batalla, aun sabiendo que las probabilidades en su favor eran muy escasas. Sacó al ejército de Novgorod y, al llegar a orillas del río Neva, se halló frente al enemigo. Allí, el 15 de julio de 1240, ganó su primera y decisiva victoria. Para asegurarse de que el ataque no se repetiría fortificó la región antes de regresar a Novgorod, donde fue honrado con el sobrenombre de Nevski («el del Neva»).

La batalla del hielo: La gran victoria convirtió a Alejandro en el ídolo de su pueblo. Popularidad bien merecida, pues pronto se vería que, a pesar de su juventud, el príncipe era tan sabio gobernante como buen general. Pero cuando intentó ampliar sus poderes en la administración de la ciudad, los principales de Novgorod se volvieron en contra suya y Alejandro se vio obligado a huir.

Se dirigió entonces a su padre, en Vladimir. y le pidió un ejército para restaurar la ley y el orden en Novgorod. Pero el gran príncipe dudaba mucho que aquello se pudiera conseguir por la fuerza de las armas, y cuando los de Novgorod le pidieron nuevo gobernador decidió actuar en su favor.

Así pues, envió a la ciudad a otro de sus hijos, entregando a Alejandro el gobierno de Pereiaslavl, un principado de menor importancia.

El gran príncipe había cometido un grave error. Cuando los Caballeros Teutónicos de la Espada tuvieron noticia de que Alejandro ya no se hallaba en la ciudad, aprovecharon la ocasión para atacarla y el nuevo príncipe demostró sin lugar a dudas que estaba muy por debajo de su hermano depuesto.

Novgorod, reconociendo su equivocación, se apresuró a solicitar el regreso de Alejandro. Pero había olvidado el intenso orgullo de su antiguo príncipe; Alejandro rechazó su demanda y sólo accedió a regresar cuando el propio arzobispo de Novgorod, encabezando una comisión, le rogó que perdonase al principado.

De vuelta en la ciudad Alejandro reunió un ejército y marchó contra los Caballeros.

La batalla del Hielo, librada en el lago Peipus en abril de 1242, supuso otra victoria rápida y decisiva; el Gran Maestre de la orden renunció a todas las conquistas anteriores en suelo ruso. El nuevo triunfo permitió al príncipe obtener el gobierno que antaño había causado la rebelión de Novgorod en contra suya.

Un gran príncipe: La fama de las victorias de Alejandro y de la firmeza de su gobierno se extendió por toda Rusia, llegando muy pronto a oídos de la Horda de Oro. A pesar del indudable riesgo que suponía para su imperio el ascendiente de un príncipe ruso, los tártaros acogieron su éxito con admiración.

Sabían perfectamente que ni siquiera el prestigio de un conquistador nacional bastaría para compensar la desunión de los príncipes rusos; que si Alejandro pretendía unirles contra el yugo del opresor, ellos mismos serían sus peores enemigos.

Los tártaros no tenían la menor duda: una alianza entre príncipes rusos resultaba inconcebible.

Con tal convicción, la Horda de Oro no vaciló en convocarle a su corte cuando se trató de elegir un nuevo gran príncipe para suceder a su hermano mayor, Andrés. Alejandro se encontró al llegar en la misma situación que su padre varios años atrás: un candidato más al gran principado entre una serie de príncipes rusos dispuestos a ofrecer cualquier cosa a cambio del dudoso honor.

Pero como Alejandro no ofrecía nada a la Horda de Oro, nada recibió. A decir verdad, sus compañeros tampoco, porque el khan eligió el tradicional sistema de mantenerles a todos en suspenso y no nombró a ninguno.

Por fin en 1252, cuando en un segundo examen de los candidatos el khan dictó su decisión a favor de Alejandro, los tártaros de la Horda de Oro no tenían la menor duda de que el joven príncipe de Novgorod había sido el elegido desde el primer momento.

Alejandro se dispuso inmediatamente a demostrar a los enemigos de Rusia que el país contaba al fin con un gran príncipe al que había que tener en cuenta. Irritado por los esporádicos ataques suecos contra sus fronteras condujo un gran ejército hasta Suecia y, tras otra gran victoria, se entregó a una orgía de pillaje que asoló buena parte del país.

Casi todo el botín traído por el ejército de Alejandro pasó como tributo a manos de la Horda de Oro, cuya ansia de riquezas se hacía mayor de día en día. A los exorbitantes impuestos de los príncipes rusos, que éstos recaudaban de sus subditos, añadió el khan nuevos tributos directamente del pueblo.

Las quejas de los campesinos oprimidos respecto a que los pobres sufrían doblemente que los ricos a causa del doble impuesto cayeron en oídos sordos, haciendo que la rebelión y el descontento empezasen a hacer efervescencia.

Al parecer, la tarea de Alejandro en aquellos momentos consistió en sacar el mejor partido posible de una situación desfavorable. Como hacía ya mucho tiempo que había perdido toda esperanza de unir a los demás príncipes, prefirió ponerse de lado del khan en sus relaciones con ellos. Este, a su vez, viendo que contaba con un gran príncipe al mismo tiempo eficiente y popular, fue confiando a Alejandro cada vez en mayor medida las decisiones importantes de la nación.

Pero el ánimo del pueblo empezaba a hacerse explosivo y Alejandro se halló dueño de una tierra descontenta.

En Novgorod —corazón del poco espíritu de independencia que alguna vez había existido en Rusia— el pueblo se alzó contra los recaudores de impuestos del khan y se negó colectivamente a pagar un céntimo más.

En su condición de gran príncipe, era Alejandro quien debía reprimir el disturbio: una situación doblemente irónica, puesto que él mismo había sido príncipe de Novgorod y el príncipe actual, su propio hijo, apoyaba abiertamente a los descontentos.

No obstante, Alejandro fue a Novgorod y encarceló a los consejeros de su hijo. Castigó al pueblo por su desobediencia al khan y reprendió severamente al príncipe. Gracias a su habilidad diplomática, la situación se salvó sin derramamiento de sangre.

alejandro nevski

Alejandro Nevski, príncipe de Novgorod, ora implorando el éxito antes de librar la batalla del río Neva contra los suecos, en 1240. Aquella fue su primera y decisiva victoria.

¡El sol de Rusia se ha puesto!: En sus tiempos de soldado, Alejandro saqueó y arrasó muchas ciudades enemigas. Ahora, en los años de la madurez, empezó a reconstruir las ciudades rusas destruidas por los amos tártaros y a fundar otras nuevas en lugares de importancia estratégica.

Al mismo tiempo consagró buena parte de sus esfuerzos a mejorar la suerte de los pobres, instándoles a permanecer en paz mientras él aplacaba la ira del gran khan y abogaba, a menudo con éxito, porque redujese los abrumadores tributos.

Una de las concesiones más notables que obtuvo en este período diplomático de su vida fue el consentimiento del khan para abolir el reclutamiento forzoso del pueblo ruso para el servicio militar.

Pronto llegaron noticias de las actividades de Alejandro hasta el Romano Pontífice, quien envió a dos cardenales para que se entrevistasen con él. Los tres pasaron muchas horas reunidos, y cuando los cardenales regresaron, Alejandro envió con ellos una carta al Papa.

En su misiva exponía toda la historia religiosa del mundo desde el momento de la Creación, pero añadía al final: «Nosotros, los rusos, sabemos todas estas cosas que enseñáis, pero no podemos aceptar vuestra interpretación de ellas.»

Mientras tanto, el khan se cansaba de las concesiones en materia de impuestos que le había arrancado Alejandro en defensa de los pobres, y empezaba a exigir mayores tributos. Como consecuencia, el pueblo de Rostov, apoyado por su consejo de gobierno, se rebeló en 1262 contra la violencia de los recaudadores de impuestos y los expulsó de sus fronteras. Siguieron disturbios semejantes en Vladimir, Pereiaslavl, Suzdal y en Yaroslav, cuyos habitantes ahorcaron a un recaudador particularmente tiránico.

Como respuesta a tales manifestaciones, los tártaros reunieron sus ejércitos y se prepararon para tomar duras represalias. Marcharon sobre Rostov y habían capturado ya buen número de prisioneros cuando Alejandro, el antiguo guerrero convertido en hombre de Estado, llegó a la corte de la Horda de Oro.

No tenemos noticias de lo que sucedió entre él y el khan pero, como resultado, se llegó a un acuerdo y tanto los insurgentes de Rostov como los regimientos tártaros se retiraron de las regiones perturbadas.

Es probable que parte de las razones de este compromiso obedeciesen al hecho de que el khan tenía a la sazón otros muchos problemas, entre ellos una guerra en Persia. Pero ello no resta un ápice al genio diplomático de Alejandro si consideramos que los tártaros mongoles, con quienes tan acertadamente había tratado consiguiendo incontables éxitos, eran muy dados a la envidia y al terrorismo.

Los esfuerzos de Alejandro en favor del pueblo ruso debían haberle agotado. Tras unos meses de estancia en la corte de la Horda de Oro partió hacia Vladimir, pero jamás llegaría allá. Murió en el camino, el 14 de noviembre de 1263. Cuando la noticia llegó a la ciudad, el metropolitano anunció al pueblo: «El sol de Rusia se ha puesto.» Y todos contestaron al unísono: «¡Entonces pereceremos !»

Los temores de la multitud estaban justificados. Los príncipes rusos empezaron a luchar inmediatamente entre sí por el gran principado vacante, pero aquellas disputas no sirvieron más que para debilitar aún más su poder. El pueblo sufrió las amargas consecuencias y los tártaros fueron los únicos que obtuvieron algún beneficio.

La figura de Alejandro había estado siempre rodeada de tal halo de leyenda que, inevitablemente, su muerte dio lugar a toda clase de supersticiones. El metropolitano de Vladimir aseguró que una voz celeste le había anunciado la calamidad. Cuando se pronunció una oración sobre el sarcófago abierto, los presentes afirmaron que Alejandro había abierto la mano derecha.

Indudablemente, todas estas historias contribuyeron a la canonización del héroe, pero la principal razón por la que fue elevado a los altares derivó de la imperecedera admiración que le había tributado su pueblo.

Varias centurias más tarde, cuando Rusia se había sacudido ya el yugo de los khanes, el zar Pedro I trasladó el cuerpo de Alejandro a la nueva capital en San Petersburgo y fundó un monasterio en memoria suya, como tributo al hombre que había dedicado toda su vida a aliviar la carga de su pueblo durante la más cruel de las épocas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Llave del Saber Tomo I – Historia del Héroe de Neva – Ediciones Cisplatinas –

Biografía de Durero Artista Renacentista Aleman Vida y Obra Artística

Biografía de Durero Artista Renacentista
Vida y Obra Artística

DURERO ALBERTO (1471-1528) Maestro de la forma tridimencional, pintor, grabador y teórico alemán.

En Italia (1494) estudió el arte renacentista, que definiría su obra: la búsqueda de las proporciones clásicas, el predominio de la línea en el modelado y el colorido suave y frío.

Entre 1488 y 1493, el taller de Wolgemut se dedicó a la considerable tarea de realizar numerosas xilografías para ilustrar la Crónica de Nuremberg (1493), de Hartmann Schedel, y es probable que recibiera una instrucción exhaustiva sobre cómo hacer los dibujos para las planchas de madera.

Escribió sobre las proporciones del cuerpo humano (1528).

Fue el mas famoso pintor de su tiempo en Alemania. Falleció en 1528 a la edad de 57 años.

Biografia de Durero Artista aleman

BIOGRAFÍA: Nuremberg es la ciudad de los juguetes, de los relojes de cu-cú tallados primorosamente en madera, de los libros maravillosamente encuadernados que hacen las delicias de los coleccionistas.

Desde hace siglos, sus fabricantes de juguetes, que son muchísimos, han provisto y sigen proveyendo a los bazares de todo el mundo. La misma ciudad, limpia, con casas apiñadas de techo de pizarra y multitud de iglesias cuyas torres forman un enorme haz de agujas, parece cosa de juguetería.

En esta ciudad maravillosa, ciudad de cuento fantástico, nació el 21 de mayo de 1471 Alberto Durero, que llegaría a ser el más famoso pintor de Alemania en su época, y quizá en todos los tiempos, pues fue grande por sí mismo y maestro de maestros.

Alberto Durero fue el último de los 18 hijos de un matrimonio formado por un orfebre húngaro y la hija de su patrón y maestro, establecido en Nuremberg con un taller de platería. Era su padre un hombre sumamente honrado y religioso, de quien tenemos noticias, por su propio hijo, también hábil escritor.

«Mi padre —ha dicho Durero— mostraba hacia mí cierta predilección viendo que vo era aplicado para el trabajo, y que revelaba deseos de instruirme.
«Llevóme a la escuela, y cuando supe leer y escribir me sacó de ella para enseñarme el oficio de artífice; pero una vez que me hube ejercitado en él, mis aficiones me impulsaron preferentemente hacia la pintura y así lo hice saber a mi padre. quien quedó satisfecho a medias de mi resolución, porque se dolía del tiempo que vo había perdido en el aprendizaje.

Sin embargo, accedió a mis deseos, y el año 1486 después de Jesucristo me hizo entrar en el estudio de Miguel Wolgemut, para servirle de ayudante por espacio de tres años. Dios me concedió la aplicación necesaria, por lo que aprendí bastante, pero sufrí mucho con mis condiscípulos».

No ha dicho Durero cuáles fueron esos sufrimientos, pero es fácil deducir que eran producidos por los celos que en sus compañeros desperta-_ba la justa preferencia del maestro hacia el pequeño alumno, serio y piadoso, que a los doce años había dibujado magníficamente varias vírgenes y su autorretrato con lápiz de mina de plata, que se conserva en la Galería Albertina de Viena.

LA LUCHA POR LA VIDA

En noviembre de 1486 ingresó Durero en el taller del famoso pintor Miguel «Wolgemut, en el que, a más de la pintura de retablos, se hacían tallas en madera, muebles lujosos y grabados para ilustración de libros.

Poco se sabe acerca de los estudios hechos por el joven pintor durante los tres años de su permanencia en este taller. Ya veremos que los trabajos más bien de artesano que de artista que él debió realizar le sirvieron más tarde, como ocurre en todas las cosas de la vida, pues los destinos más incompatibles con la vocación se traducen en experiencia que luego reporta utilidad.

Es de presumirse, sin embargo, que Durero no renunció un ápice a sus ambiciones artísticas, y que prosiguió con ardor sus estudios, pues de esa época es su dibujo «Tres lasquenetes y seis caballeros atravesando un desfiladero«, en el que ya se destaca el gran paisajista que sería más tarde.

Y también es de notar que, cuatro años después de su ingreso en el estudio de «Wolgemut. pintó el retrato de su padre, existente en Florencia, en el que aparece ya el gran pintor en plena posesión de su técnica. En este retrato, en el que el autor puso todo el amor que sentía hacia su padre, aparece la imagen de éste llena de vida, de expresión-No están en esa cara solamente los rasgos fisonó-micos. sino también los sentimientos del modelo.

HACIA ITALIA

En Italia había un nuevo mundo por descubrir: la luz cálida y dorada de los cuadros de los maestros venecianos, las armoniosas proporciones que los florentinos sabían dar a las figuras, la intensidad de los colores, capaz de «deshelar» el temperamento nórdico más retraído. . . Y Durero no podía permanecer indiferente a estos hallazgos. Sin embargo, los pintores italianos no le brindaron, por lo menos al principio, una acogida amistosa.

A excepción de Giovanni Bellini, que le dispensó, con generosidad, alabanzas y consejos, los otros lo trataron con cierto desdén, criticando los colores «fríos» de sus cuadros y los contornos demasiado secos y nerviosos de sus figuras. Pero diez años después, cuando Durero volvió a Italia, en 1505, las cosas habían cambiado

En el año 1490, Durero, como todos los pintores de aquel tiempo, siente grandes deseos de conocer Italia para estudiar las obras de los grandes maestros. Y emprende el viaje. No es muy conocido el itinerario que siguió. Se sabe sin embargo que estuvo en Alsacia, donde fue con el propósito de conocer al pintor Martín Schongauer.

Pero a su llegada supo que el admirado artista acababa de morir. Uno de los hermanos de éste, Luis, pintor también, trabó una estrecha amistad con Durero y le enseñó a grabar en cobre. De allí pasó a Basilea, donde conoció a otro hermano de Schongauer, Torge, editor, para quien grabó en madera una magnífica escena de la vida de San Jerónimo.

Existen también noticias de su paso por Venecia, así como de dos cuadros, pintados por él en esa época: «El Niño Jesús de la Bola de Oro» y un «Autorretrato», en el que aparece de medio cuerpo, con larga cabellera rubia y lujosamente vestido.

A su regreso de Italia, en 1494, Durero contrajo matrimonio en Nuremberg con Inés Frev, hija de un acreditado industrial.

Se ha dicho que el pintor sufrió mucho a causa del pésimo carácter de su esposa, que era irritable, y avara hasta el punto de obligarle a realizar trabajos de grabado en cantidad considerable para satisfacer su insaciable amor al dinero, retrasando con ello el florecimiento del genio artístico de su marido. A más de esto, según ha afirmado uno de los biógrafos del artista, Pirkeimer, era sumamente celosa.

Es posible que Pirkeimer, que fue amigo de Durero, haya sido un tanto injusto hacia la compañera de su amigo, y esto vendría a ser corroborado por muchos indicios. Durero pintó varios retratos de la esposa, en uno de los cuales se advierte esta dedicatoria: «A mi Inés«. Por otra parte, manteniendo vivo el afecto que hacia sus padres sentía, vivió luego de casado en compañía de éstos, y al morir su padre se hizo cargo de la educación artística de su hermano Juan.

El dux de Venecia lo visitó personalmente, los pintores ya no se atrevieron a ignorarlo, y hasta la Señoría de la Serenísima cursó una invitación al artista, rogándole que fijara su residencia en Venecia a cambio de una retribución anual nada despreciable. Era una hermosa tentación: rodeado de aquella atmósfera cordial, la perspectiva de regresar a su patria no debió parecerle muy atractiva.

«Cuánto frío tendré, después de este sol —escribió en su diario, antes de partir—. Aquí soy un señor; en mi patria, un vulgar sablista…»

Pero no era verdad. Su patria le debía ya mucho: espléndidos grabados sacros, de intenso dramatismo, soberbios retratos, solemnes retablos. . . Sobre todo, era merecedor del reconocimiento por haber puesto de manifiesto las cualidades más nobles del alma nórdica: estricta seriedad en el trabajo, firmeza de carácter y capacidad para meditar profundamente, hasta atormentarse, sobre los grandes problemas, como el de la fe.

EL MAESTRO

En 1495, de regreso de su viaje, se instala con un estudio de pintor. Su fama es ya muy grande, y de allí que acudan a su estudio numerosos discípulos. Durero debe compartir su tiempo entre éstos y los trabajos que le son encargados. El gran Elector Federico de Sajorna le encomienda la pintura de un tríptico para el altar de la iglesia de Todos los Santos.

Al año siguiente pinta el «Descendimiento de la Cruz» y «Cristo llorado por los suyos«. En los motivos religiosos tal vez falten a los cuadros de Durero esos recursos de que han echado mano muchos artistas, para hacerlos fácilmente conmovedores ; pero sus imágenes tienen, a pesar de la sencillez y realidad con que han sido hechas —o quizá por eso mismo—, una gran emoción comunicativa.

Para sus discípulos fue un verdadero maestro: afable, cariñoso, paciente. Corregía sin irritarse, y con frecuencia aconsejaba, dándoles normas para el estudio. Una de ellas, que ha dejado escrita, transcribiremos aquí por considerarla útilísima para los jóvenes estudiantes de pintura.

«No sé lo que es la belleza. El arte reside en la naturaleza, y quien pueda sacarlo de ella, lo posee. Cuanto más se parezca tu obra a la realidad, tanto mejor será. No creas, pues, que puede hacerse algo que supere a lo que Dios ha creado. El hombre, por sí mismo, no puede ejecutar ningún cuadro hermoso, sino habiendo estudiado mucho y saturándose bien de todo; el arte, así sembrado en él, germinará y producirá sus frutos, v todo el secreto tesoro del corazón se manifestará en una obra y una nueva creación».

Durero es ya célebre en Nuremberg. No hay familia acomodada que no le encomiende un cuadro.

La más famosa de estas obras de encargo fue un altar para la iglesia de Santa Catalina, que pintó a pedido de la familia de Paumgartner. Aparecen en ella la Virgen, el Niño y San José, rodeados —según costumbre de la época— por varios miembros de la familia que donaba la obra. En ambos costados, vestidos con uniforme militar, San Eustaquio y San Jorge con sendos estandartes.

Este cuadro fue adquirido en 1613 por el nuevo Elector de Sajonia, cuyo pintor, para dar mayor ancho al altar, añadió en las hojas laterales algunos caballos y un trozo de paisaje tomados de apuntes del propio Durero.

En 1903, los admiradores del maestro resolvieron volver la tela a su primitivo estado, para corregir la irreverencia de que había sido víctima, con lo que sólo se consiguió inferirle un nuevo ultraje.

Durante esa misma época, el Príncipe Elector de Sajonia le encargó la decoración al fresco de su capilla de Wittemberg. Pero años más tarde los sucesores del Elector, con una torpeza inconcebible, hicieron cubrir con yeso los admirables frescos de Durero. Casi al finalizar el año 1505, nuestro artista emprendió viaje a Venecia, llamado por sus compatriotas residentes en la ciudad de los Dux. Iba contratado para pintar un retablo destinado a la iglesia de San Bartolomé.

No faltó por cierto oposición al pintor alemán por parte de sus colegas italianos. Se afirmaba que Durero fracasaría, pues si bien era un grabador excelente —decían—, carecía del dominio del color.

El motivo del retablo es el siguiente: la Virgen, sentada en un trono, procede a la coronación del emperador Maximiliano y el Papa Julio II. La Madre de Jesús es, a su vez, coronada por los ángeles.

Terminado el retablo, acudió a verlo el Dux de Venecia, quien abundó en elogios para el pintor y su obra. Durero escribió entonces: «He, reducido a silencio a los pintores que afirmaban que yo no servía más que para grabar, y que en pintura no conocía nada de colores. Todo el mundo dice que no ha visto nunca un colorido más hermoso».

Este retablo, ultrajado también por manos extrañas, se encuentra en la ciudad de Praga, adonde lo hizo transportar el emperador Rodolfo II.

Durante su estada en Venecia, Durero pintó, entre otros, tres cuadros famosos: «Jesús discutiendo con los doctores de la ley«, «Jesucristo en la Cruz» y, el más célebre de todos, «La Virgen del Canario«.

biografia de durero

1498: Autorretrato de Durero

NOBLEZA DE SANGRE Y NOBLEZA DE GENIO

Hemos visto ya que en el retablo de la iglesia de San Bartolomé, Durero retrató al emperador Maximiliano. Este monarca llegó a sentir un gran afecto hacia el pintor alemán, a quien ayudó con una pensión anual de 100 florines para aliviar su difícil situación.

Durero, en efecto, debido a su natural generoso, pues regalaba la mayoría de sus obras, llegó a encontrarse en Venecia en serios aprietos, como se desprende de una carta suya dirigida a un amigo, en la que dice: «Aunque he trabajado rudamente no he tenido la suerte de ganar mucho. Todo mi haber se reduce a un mobiliario pasable, un taller bien montado, una cama y más de 100 florines en buenos colores».

El afecto que el emperador dispensaba al gran pintor alemán queda demostrado en la siguiente anécdota:

Cierto día estaba Durero dibujando una gran figura mural subido en una escalera, cuando acertó a llegar el emperador Maximiliano con varios personajes de su corte. Pareció al monarca que la escalera usada por el maestro no era suficientemente firme, y pidió a uno de los caballeros de su escolta que la sostuviera.

—Señor —dijo el gentilhombre—, paréceme que es esa una tarea indigna de mi rango.

—¿Indigna de vuestro rango porque sois noble de nacimiento? —gritó encolerizado el emperador—. Pues sabed que mi pintor tiene la nobleza del genio, que no se recipe por legado. Y bien, ahora os demostraré yo la facilidad con que se adquiere la nobleza de título.

Y dio efectivamente a Durero título de nobleza, cuyo blasón eran tres escudos en campo de azur.

La permanencia en Venecia, donde a pesar de los celos de los pintores vivía como un príncipe, estimado v considerado, no pudo prolongarse mucho. Alemania reclamaba a su pintor.

En 1507 emprendió, aunque no sin desconsuelo, el regreso a la patria. En ese mismo año pintó, su cuadro «Adán y Eva» y «El martirio de diez mil Cristianos en Persia«, el primero de los cuales se encuentra en el Museo del Prado, de Madrid.

Obras posteriores son: «La Lucrecia», «La Adoración de la Trinidad», «La Virgen y el Niño», «Los Apóstoles San Felipe v Santiago», los retratos de. «Cario Magno» y del emperador «Segismundo», «La Piedad». «El carro de triunfo del emperador Maximiliano I», «Los cuatros apóstoles» y otros retratos, obras todas que están en iglesias, museos y pinacotecas de diversos países»

A pesar de que lo dominaba, y conocía todos sus secretos, no tuvo Durero una gran peocupación por el color. De allí la opinión de los pintores venecianos a que hemos aludido, y la forma cómo respondió al desafío demostrando su dominio del colorido. Era, en cambio, amante apasionado del dibujo, y no había movimiento, detalle ni perspectiva que escapara a su ojo experimentado.

Este dominio, puesto de relieve en los numerosos croquis de sus obras, que se conservan, le permitió ser—como lo fue— uno de los más grandes grabadores de todos los tiempos. Sus trabajos de grabado calcúlanse en 275 entre cobre y madera. Pero bueno es tener presente que muchos de ellos estaban formados por gran cantidad de planchas, como «El triunfo de Maximiliano«, que consta de 92. La más famosa de estas colecciones es la titulada «Apocalipsis»: quince planchas grabadas por Durero cuando tenía veintisiete años de edad.

Otros de sus grabados famosos son: «La Melancolía», «La Pasión», «San Terónimo en su celda», «El caballo de la muerte». «La Trinidad». «El señor y la dama» y «El labrador y su mujer».

RETRATO DE DURERO

Al llegar a la madurez, era Durero un hombre de aventajada estatura, ancho de hombros y de talle fino  y flexible. Los rasgos de su fisonomía eran delicados y expresivos; claros y brillantes sus ojos; la nariz fina, recta y bien dibujada, lo mismo que su boca, sombreada por un bien cuidado bigote rubio. Usaba también barba corta partida al medio y larga melena ensortijada. Tenía manos afinadas y elegantes.

Era gracioso y naturalmente inclinado a la chanza; inteligente, franco, modesto y generoso. A estas cualidades debió la amistad de muchos personajes de las ciudades que recorrió y la ayuda que le prestaron en los momentos de apuro.

EN LOS PAÍSES BAJOS

Son varios los biógrafos de Durero que han atribuido a su esposa el defecto de la avaricia — como ya hemos dicho— pasión que contrastaba con la generosidad a veces excesiva del pintor. Varios de ellos han coincidido en afirmar que a esa tacañería se debió el viaje que Durero hizo a los Paises Bajos con el objeto de negociar sus grabados en cobre y madera.

En todas partes halló el artista que la fama le había precedido, y lo mismo en Amberes, que en Bruselas, Brujas y Gante, fue objeto de múltiples agasajos, tanto por parte de los artistas como de las autoridades la princesa Margarita de Austria manifestó deseos de conocerlo. Presentado a ella, le agasajó también y le encargó varios trabajos. Pero como más tarde el pintor incurriera en su desagrado, sin que se conozca la causa, ni siquiera le pagó el importe de su labor.

Desmoralizado, empobrecido v convaleciente de un ataque de apenaicitis —que entonces no se conocía por tal nombre—. pensó regresar a su patria, pero carecía de dinero para el pasaje. Un comerciante de Amberes le facilitó en préstamo cien florines para el regreso. Afortunadamente, el rey Cristian II de Dinamarca, que regresaba de un viaje, le hizo llamar para que pintara su retrato, y satisfecho con él le retribuyó su trabajo con la mayor generosidad.

Con estos recursos, y una nueva técnica adquirida mediante el estudio» de los grandes pintores flamencos, regresó Durero a Alemania. Las incidencias de este viaje han sido narradas por él en su «Diario de viaje a los Países Bajos».

EN ALEMANIA

De regreso en su patria, reanudó el pintor sus trabajos con febril actividad. Contaba va 54 años y estaba en la madurez de su talento. La influencia de los maestros flamencos había simplificado su estilo y lamentó, según lo ha dicho, no haber buscado siempre la sencillez y la armonía para pintar. Púsose, sin embargo, a la obra modificando siá estilo. Las figuras de los Apóstoles existentes en Munich pertenecen a la última época y están pintados con la nueva técnica.

El trabajo en Alemania fue intenso y abrumador, pues la esposa —estando siempre a lo que afirman los biógrafos del maestro— le acosaba incitándole a la labor para que ganara dinerqv y echaba de la casa a los amigos que iban a visitarle. Tal vez a esta última circunstancia se debe la fama de la señora de Durero, pues el esposo se ha referido con indulgencia a sus excesivas economías, llamándola mi «maestra de aritmética». Lo cierto es que, a pesar de su pobreza de Amberes, Durero dejó a su esposa, al morir, una herencia de seis mil florines.

EL FIN DE DURERO

En 1528, a los 57 años, se sintió de nuevo enfermo del mismo mal que le había aquejado en Amberes. Esta vez la enfermedad hizo crisis, v el gran maestro de la pintura alemana —maestro de los maestros de su patria—falleció el 6 de abril, sumiendo en el dolor al pueblo de Nuremberg, que le quería y consideraba una de sus glorias auténticas. En toda Alemania, lo mismo que en los países visitados por él, tuvo la noticia de la muerte de Durero una honda repercusión.

EL ÚLTIMO VIAJE

Aún existe en Nuremberg, milagrosamente salvada de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la casa que Durero adquirió en 1509, cuando a la fama había añadido el bienestar económico, Se trata de un palacete de seis pisos, con, techo de doble vertiente y fachada rosa, y cuyas silenciosas habitaciones contienen mil recuerdos. Allí se desarrolló, durante casi veinte años, la laboriosa e incansable actividad del artista; por allí desfilaron la mayor parte de los notables de Nuremberg, deseosos de ser retratados por el maestro.

El emperador Maximiliano de Habsburgo quiso consagrar definitivamente la gloria del artista, asignándole una renta fija de 100 florines. Al morir Maximiliano, en 1519, correspondía a su sucesor, Carlos V, dar el visto bueno para que la renta del caso se continuara pagando. Durero partió en busca del nuevo soberano, para solicitar de él la confirmación de su beneficio.

Tardó casi un año en dar con él, viéndose obligado a seguirlo por los Países Bajos, cuyas ciudades recorría, a la sazón, el monarca. Pero fue un viaje triunfal: Durero no sólo encontró una favorable acogida en la corte del emperador, sino que en todas partes recibió las más cálidas muestras de simpatía. El clima holandés, sin embargo, perjudicaba su salud. Al volver a Nuremberg, Durero llevaba en la sangre el germen de la malaria, enfermedad que puso fin a sus días el 6 de abril de 1528. Tenía sólo cincuenta y siete años.

obra de arte de durero artista

«Adoración de los Magos o de los Reyes» es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Es un óleo sobre tabla, pintado en 1504. Mide 100 cm de alto y 114 cm de ancho. Está firmado y fechado

martirio de los cristianos durero

El martirio de los diez mil cristianos, conocido en alemán como Marter der zehntausend Christen, es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1508

La Fiesta del Rosario es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1506. Es una pintura al óleo sobre madera de álamo, que mide 162 cm de alto y 194,5 cm de ancho

Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad
Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad (1511) -Viena, Kunsthistorisches Museum – Esta pobladísima escena sagrada es un ejemplo magistral de composición. La cruz constituye el verdadero centro de gravedad del cuadro, hacia el que convergen todas las figuras. Éstas se hallan dispuestas según un orden perfectamente calculado, el tamaño de los mismos disminuyen a medida que se aproximan a la parte superior. La nítida y delicada poesía de los colores y el vigoroso e incisivo dibujo de los personajes confieren a la escena un notable atractivo

Los cuatro Apóstoles: Marcos y Pablo, Juan y  Pedro (1526) Estas figuras de apóstoles fueron la última gran obro pintado por Durero. La perspectiva elegida por el artista, que obliga a los espectadores a mirar de abajo arriba, subraya sus dimensiones, superiores a las humanas, y su aspecto grave y ciclópeo. A través de este «hallazgo», resultado del estudio de las proporciones y perspectivas utilizadas por algunos pintores italianos, comer Andrés Mantegna, Durero pone de manifiesto la «estatura» moral de sus personajes, subrayada por la impresionante fe que los anima; una fe que, realmente, da la impresión de ser capaz de «mover montañas», como dice la frase del Evangelio. Con este mensaje de profunda religiosidad se despidió Durero del mundo.

Ver: El Cuadrado Mágico de Durero

Vida y Pensamiento de Marsilio Ficino Filósofo Italiano

MARSILIO FICINO Y LA ACADEMIA DE FLORENCIA

En la historia de la elaboración del pensamiento renacentista ocupa un lugar preeminente Marsilio Ficino. Hasta mediados del siglo XV había dominado en la doctrina y los comentarios de las escuelas la filosofía del Doctor Angélico, afortunada combinación de la fe con la tradición y la ciencia aristotélica.

Pero la concepción escolástica del mundo no venía a colmar por completo las inquietudes espirituales del hombre del Renacimiento. Por otra parte, la aprehensión más viva y adecuada de la Naturaleza hacía en algunos casos comprometedora la solidez de los principios peripatéticos.

La inclinación humanista hacia lo sentimental y subjetivo, de un lado, y, de otro, hacia la observación experimental, se plasman en la obra de Marsilio Ficino, la cual, desde Florencia, irradió a Italia y a los principales centros universitarios de Occidente.

En  Florencia  se  despliega  el  genio  de uno de los grandes talentos del Quattrocento, Marsilio Ficino (1433-1499).

Natural de Figline (19 de octubre de 1433), en el Valdarno (Toscana), Ficino era descendiente» de una familia bastante acomodada. Sus padres fueron el médico Diosdado de Agnolo y Alejandra de Nannoccio.

Parece ser que Ficino se formó literariamente en la universidad de Florencia, centro, en aquella época, de la más pura corriente humanista, donde profesaban tan egregios varones como Argirópulos, Calcóndilas y Lascaris.

Entre 1449 y 1451 prosiguió sus estudios en Pisa y en 1458 fue a licenciarse de medicina en Bolonia.

Ya no se trata solamente del culto a la antigüedad y a las buenas letras, sino de una profunda filosofía de la vida, que acaba por legitimar esta exaltación del hombre a la que tendían todo el pensamiento y la sensibilidad italianos.

«No es sólo la antigüedad, sino su alianza íntima con el carácter italiano, lo que ha regenerado al mundo de Occidente», ha dicho Burckhardt.

Marsilio Ficino:Nacido cerca de Florencia en 1433, se formó en Medicina y Filosofía y  fue ordenado sacerdote en 1473, llegando a ser canónigo de la catedral de Florencia.

Bajo la influencia del Humanismo, el platonismo y el aristotelismo, conocidos y estudiados durante la Edad Media, fueron sensiblemente modificados.

Desde 1463 a 1468, Ficino tradujo al latín la obra de Platón, por consejo de Cosme de Médicis, poco satisfecho con la enseñanza aristotélica que predominaba entonces en Florencia.

Sus tratados de teología y sus comentarios sobre Platón hacen de él el hombre de más influencia del siglo XVI sobre las cortes, los poetas y los artistas.

A la traducción de Platón añade, en 1492, la del neo-platónico alejandrino Plotino. Da varios cursos públicos en Florencia.

Sin llegar a ser profesor de la Universidad, su influencia es tal que, desde 1471, la mayor parte de los puestos docentes son ocupados por sus amigos

. Su correspondencia universal con los humanistas de Roma, Venecia, Alemania, Francia, Bélgica, Polonia y Hungría —reunida e impresa en 1495— es un formidable medio de acción sobre el pensamiento internacional; la Academia de Florencia, su reino, no tiene, absolutamente, nada de oficial; no celebra sesiones regulares, esencialmente, es un grupo de amigos personales de Ficino que se reúnen en su villa de Careggio, cerca de Florencia, ofrecida en 1462 por Cosme de Médicis.

Hacia 1490, el jardín, adornado con inscripciones y estatuas antiguas, donde se celebran la mayor parte de estas reuniones, se convierte en lugar de peregrinación para los humanistas de toda Europa.

La doctrina de Ficino busca una síntesis entre el cristianismo y la sabiduría griega.

Inspirándose en Platón, hace del amor una búsqueda de la belleza, que no es más que un reflejo del esplendor de Dios. La búsqueda de la belleza es, por consiguiente, un camino hacia el conocimiento de Dios.

Su catolicismo se aproxima a una religión natural, en la que el sentimiento del pecado tiene escaso papel.

Ficino ejerció una considerable influencia en Europa, y todos los grandes artistas del Renacimiento, Botticelli, Vinci, Miguel Ángel, Rafael fueron influidos por su neoplatonismo: como el filósofo, el artista inspirado por Dios, ayuda a los hombres a acercarse a lo divino a través de la visión de la belleza.

Pico della Mirándola (1463-1494), otro florón de la Academia, célebre por la universalidad de sus conocimientos, completó a Ficino, realizando la síntesis de Platón, Aristóteles, la escolástica, la mística cristiana y las doctrinas judías. Llega tan lejos que Inocencio VIII declara: «este mozo desea terminar mal, quiere que, un día, se le queme».

En Leonardo de Vinci y Miguel Ángel encontramos dos ejemplos de artistas de una nueva especie, formados por el Humanismo, de una cultura prodigiosa. Pintores, escultores, poetas, arquitectos, ingenieros, teóricos, sabios y genios universales son los más brillantes testimonios del Renacimiento.

Artistas del Quattrocento Obras de Arte

LOS ARTISTAS DEL QUATTROCENTO

Siguiendo las huellas de la antigüedad, los arquitectos tomaron prestados de las ruinas romanas el medio punto, que reemplazó al arco partido ojival, la columna clásica de capiteles jónicos y corintios, en vez del haz de columnatas de las catedrales del siglo XIII, los frontones griegos coronando puertas y ventanas, en lugar de los remates góticos dentados, las decoraciones geométricas, etc..

Tipos de Capiteles

Buscaron formas regulares, equilibradas y de proporciones armoniosas. En escultura, los modelos fueron las estatuas greco-romanas o los bajorrelieves; el esplendor de los cuerpos desnudos desplaza a las formas veladas de la Edad Media. La Historia Antigua y la Mitología proporcionan nuevos temas a los pintores que, hasta entonces, no habían representado más que escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, o de vidas de santos.

Ciertamente, el catolicismo siguió siendo fuente principal de inspiración, pero los temas sagrados fueron manejados, a menudo, «a la antigua», y los artistas trataron con el mismo estilo y el mismo fervor las Anunciaciones y las anécdotas mitológicas, glorificando tanto a la Sagrada Familia como a Baco o Venus.

En la abundancia, única en la historia, de obras maestras inspiradas en el nuevo espíritu, Florencia ocupa un lugar privilegiado, como Atenas en la época de Pericles.

Brunelleschi (1377-1446), al construir San Lorenzo y el Duomo (la catedral), abrió el camino a los Bramante y a los Palladio, utilizando lo principal de griegos y romanos: fachadas a la antigua, frontones geométricos y arcos de medio punto. San Lorenzo evoca las basílicas romanas. Ghiberti (1378-1455), en los diez bajorrelieves de la segunda puerta del Baptisterio, crea la ilusión del espacio y vuelve a encontrar la ciencia de la flexibilidad y del modelado de los bajorrelieves romanos.

Duomo,

Donatello (1386-1466) osa, con el David en bronce del Bargello, esculpir un cuerpo desnudo de adolescente, vibrante de vida. En pintura, si Fra Angélico es el último de los grandes artistas de la Edad Media, Masaccio (1401-1428) puede ser considerado corao uno de los padres del arte moderno.

Con Pablo Uccello (1397-1475), se vuelven a encontrar las leyes de la perspectiva, el relieve plástico de los cuerpos, el realismo y la preocupación por la verdad. Botticelli (1445-1510) es uno de los representantes más típicos de este arte preciso, descriptivo, imbuido de antigüedad, pero cargado de significación intelectual y abstracto, que le confieren una rara originalidad. Se puede considerar la «Primavera» como el símbolo de este Renacimiento.

La LLegada de la Primavera , Botticelli

Mantegna, que inicia su carrera en Padua y muere en Mantua, merece el sobrenombre de «Viejo Pagano», hasta tal punto estuvo impregnado del sentimiento profundo de la antigüedad, ya sea en el «Triunfo de César» o en las escenas de la «Vida y muerte de Cristo». ¿Y quién puede olvidar la perspectiva de frontones y columnatas que acompaña la «Flagelación» de Piero della Francesca?

Obra de Mantegna, Cristo Sostenido por Ángeles

Federico de Montefeltre, Obra de Piero de la Francesca

En su origen, el término designa, solamente, los estudios liberales, litterae humaniores, por oposición a la Teología.

El Humanismo es, por consiguiente, el estudio profano. Ahora bien, en cuestión de cultura profana, la única materia entonces disponible es el estudio literario de los textos greco-latinos.

Ciertamente, el Humanismo se propone, en principio, poner las nuevas luces al servicio de la fe y del estudio religioso; pero, por un movimiento natural, se empieza a estudiar este legado, por sí mismo, hasta que este análisis del hombre no cristiano inspira una confianza tal en la naturaleza humana que puede limitar la participación de Dios.

Nacidos en los albores del siglo XIV, Petrarca (1304-1374) y Boccaccio (1313-1375) fueron los primeros humanistas. Petrarca debió su gloria, en vida, a su epopeya latina, «África», donde narra la segunda guerra púnica, y fue honrado en Roma, en el Capitolio, con un verdadero triunfo (1341).

Petrarca

En el siglo XIV había nacido, con Petrarca en  particular,  una profunda corriente que será designada con el nombre de Humanismo por oposición a la teología. El humanista debe, según Raleigh, «cultivase como una rosa y entrenarse como un caballo de carreras». Un siglo después, surge toda una generación de grandes espíritus  científicos.

Dio el primero el ejemplo de pasión por la antigüedad, al escribir un auténtico himno a Cicerón, y al celebrar a Homero. «Los recuerdos, las hazañas, los hombres ilustres de los antiguos, me producen una alegría magnífica y de tal modo inestimable que, si el mundo pudiera saberlo, se asombraría de que me agrade tanto conversar con los muertos y tan poco con los vivos» (Epístolas Familiares, VI). Boccaccio fue, asimismo,  apasionado de la antigüedad;   su Decomerón», primera obra maestra de la prosa italiana, es ya el anuncio de una época febril, sensual y ávida de placeres y de diversiones. Se impone una nueva ética: aunque respetuosa de la religión establecida, rebasa la ética cristiana.

La filosofía griega, aprendida por Petrarca y Boccaccio a través de Cicerón y Séneca, les lleva a buscar la paz en la vida y no en la oración, en el culto del factor individual y personal y no en una sublimación de la personalidad para llegar a Dios.

Tal curiosidad e independencia, no podían ser satisfechas por la enseñanza caduca y anquilosada de la escolástica, que dispensaban las universidades de tipo clásico, más o menos antiguas: Bolonia, Padua, Florencia, Siena, Perusa, Roma… De este modo, toda una enseñanza se desarrolla al margen de estas universidades, a expensas de las cortes de los príncipes o de las comunidades.

De todos los rincones de Europa afluyen los humanistas a estos focos intelectuales, activos y brillantes, que llegan a ser las cortes italianas, asegurando una difusión general del Renacimiento. Los libros y las bibliotecas particulares se ponen de moda, como la Biblioteca Vaticana fundada por Nicolás V, punto de cita de los humanistas. Hay una verdadera pasión por descubrir manuscritos de los autores antiguos.

El famoso Poggio Bracciolini (1459), empleado de la Cancillería Pontificia y después favorito de los Médicis y Secretario de Florencia, recopila gran cantidad de ellos. El Cardenal Bessarion funda en Venecia la Biblioteca Marciana; Lorenzo Valla, con la crítica de textos, funda la filología moderna. La revelación de los textos antiguos adquiere, gracias a la imprenta, las proporciones de una auténtica invasión.

Entre 1465 y 1480, la imprenta se introduce en los principales países de la Europa occidental. Los grandes impresores, los Aldo en Venecia, Plantin en Amberes, Froben en Basilea, los Tournes en Lyon, los Estienne en París y Ginebra, son los artesanos del Renacimiento.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Renovación Espiritual e Intelectual del Quattrocento

Renovación Espiritual e Intelectual del Quattrocento

Se puede dar el nombre de Renacimiento (sobre todo, en el terreno artístico) al período que se extiende desde finales del siglo XV, llamado Quattrocento por los italianos, hasta el último cuarto del siglo XVI, hacia 1560. En realidad, no tiene límites precisos. Esta época prodigiosa que supone una renovación  de la vida intelectual, de las artes y de la visión del mundo por el hombre, hunde sus raíces en el Medievo, y sus efectos, dá origen a la civilización moderna, que se hacen sentir aún en nuestros días.

Este movimiento va unido a los grandes fenómenos de la época: la formación de las monarquías centralizadas de Occidente, los descubrimientos marítimos, el auge de las burguesías mercantiles y del capitalismo, la imprenta y el desarrollo de las vías de comunicación europeas.

Los contemporáneos tuvieron conciencia de estar viviendo una nueva era, liberadora, que señalaba el fin de las tinieblas «góticas» y el triunfo del individuo, la luz, el saber, la ciencia, la investigación audaz, gracias, sobre todo, a un retorno apasionado a las fuentes antiguas.

LA EXALTACIÓN DEL HOMBRE
El Renacimiento fue la expresión de un cambio de mentalidad: los italianos elaboran una nueva concepción del hombre en la naturaleza, que va a durar, con modificaciones y atenuaciones, hasta finales del siglo XVIII.. La exaltación del hombre es la base de las concepciones que invaden la filosofía, el arte y la literatura.

El Renacimiento pretende realizar un tipo de hombre excepcional mediante el desarrollo de sus cualidades físicas e intelectuales, la belleza de sus formas estéticas, su valor consciente, su voluntad y su soberbia. Más conscíente de su autonomía en el mundo y de su libertad, se desprende de los lazos espirituales del pasado. El ideal caballeresco de la Edad Media, había llevado a una exaltación del hombre, pero fue integrado por la Iglesia en su ideal cristiano: fuerza y poder proceden de una gracia divina y deben ser puestos al servicio de Dios y de la Iglesia.

El Renacimiento es, por consiguiente, un engrandecimiento en la concepción del hombre, que debe mucho a la influencia de la antigüedad. Los adjetivos enfáticos abundan en la correspondencia de los humanistas: «magnífico», «suntuoso», «soberbio», «divino». El decoro, la majestad y el predominio de la razón son la norma de conducta.

Esta glorificación del hombre, de sus posibilidades de dominio sobre el mundo y de su libertad, condujo al desarrollo. de todas sus facultades: la virtus, tan exaltada, es la energía creadora, unida a la personalidad o bien a grandes obras. Pero esta visión glorificadora del hombre no carece de un carácter espiritualista y religioso. «Magnanimitas», «Humanitas», «Pietas», son las tres palabras favoritas. 

Por la afirmación del carácter espiritual del hombre, por la convicción de su dignidad, por su esfuerzo sin descanso y consciente para aproximarse a lo divino, la religión será purificada y sublimada. Julio II y León X hicieron la soldadura del Renacimiento con la religión. El movimiento de renovación espiritual de la iglesia, ya sea la Reforma protestante o la Reforma católica, encuentra sus raíces en la revolución espiritual operada, a partir del siglo xv, por los humanistas italianos que vamos a estudiar a continuación.

LA VUELTA A LA ANTIGÜEDAD
De este modo, un nuevo tipo de hombre y una sociedad en transformación imponen una nueva visión del mundo, un nuevo estilo de vida. Pero lo que había sido, en sus comienzos, experiencia de la vida, se iba a transformar en doctrina, por el redescubrimiento de la cultura antigua (grecoromana), en la que la sociedad italiana encuentra, a la vez, su justificación y la legitimación de su exaltación del hombre. Después del largo período de la Edad Media, los italianos vuelven a tomar contacto con el mundo físico y con el mundo intelectual, a través de la Antigüedad.

Históricamente, el término Renacimiento traduce la fórmula «renascentes bonae litteráe», «restauración de las buenas letras», empleada en la época, que implica la idea de que la cultura, muerta en el siglo V con las invasiones bárbaras, ve, entonces, su resurrección. De hecho, la Edad Media estaba impregnada de cultura antigua, pero había obedecido a un movimiento inverso: se había alejado de ella para mirar en sí misma o en los Textos Sagrados. Este fenómeno del Renacimiento de la Antigüedad fue favorecido por la llegada a Italia, después de la toma de Constantinopla por los turcos, de gran número de eruditos griegos que traducen y ponen al alcance de los occidentales las obras latinas y, sobre todo, griegas.

No hay que olvidar que los italianos tienen ante los ojos un conjunto innumerable de monumentos y de obras de arte legados por la civilización romana: el Foro, el Coliseo, el Capitolio, las Termas de Caracalla y Tívoli, suscitan ferviente admiración. Pío II se hacía transportar a Frascati, Albano y Ostia; el Apolo de Belvedere, el Laocoonte, la Venus del Vaticano, el busto de Belvedere, los bajorrelieves paganos, los sarcófagos y los mosaicos ofrecen a los artistas italianos una verdadera gramática de formas, cuyas reglas seguirán, más o menos dócilmente.

LOS ORÍGENES ITALIANOS
Desde el siglo XIV, se aprecian en Italia los primeros síntomas de renovación, en las ciudades enriquecidas como consecuencia de las Cruzadas, y que habían progresado considerablemente, mientras que la Guerra de los Cien Años desgarraba a Occidente. Aunque el país estuviera dividido, las divisiones y las rivalidades suscitan entre las ciudades una competencia no solamente económica, sino intelectual y artística.

Estas sociedades ricas y ambiciosas que se enfrentan en luchas perpetuas (dirigidas por profesionales, los condottieros) habían forjado personalidades excepcionales: tiranos, guerreros, grandes banqueros y comerciantes audaces e individualistas y abiertos a todo lo nuevo. La cualidad esencialmente apreciada es la virtus (mérito, valor, capacidad individual) que permite clasificar al individuo, no según su origen, sino según su fortuna (su suerte) y sus éxitos.

Nobles, burgueses, caballeros, aventureros y plebeyos de origen humilde, se mezclan en un mundo cambiante, brutal y refinado a la vez, cruel y civilizado, enamorado del lujo y del ornato suntuosos.

Para un banquero tanto como para un tirano, su palacio, su corte, sus colecciones, su biblioteca y los artistas e intelectuales que lo rodean son factores de prestigio y de poder. La plebe de las ciudades es igualmente sensible a este tipo de gloria y se entusiasma por la arquitectura y la grandeza de los palacios e iglesias de su ciudad.

La mayoría de los dirigentes italianos del siglo XV son meceñas; tratan familiarmente a los artistas y escritores, les conceden pensiones y los admiten en su intimidad, respetando su genio, hasta tal punto que, posteriormente, el papa Paulo III podría decir a propósito de Benvenuto Cellini, convicto de asesinato: «los hombres tínicos en su arte, como Cellini, no debieran estar sometidos a las leyes».

En Florencia, Cosme y, más tarde, Lorenzo el Magnífico, son un ejemplo de lo que fue el mecenazgo durante el Renacimiento. Humanistas ellos mismos y coleccionistas, llaman a los artistas de fama. Los Médicis tienen imitadores en toda Italia: los Strozzi, los Rucellai, los Pitti y los Pazzi, en la misma Florencia; los Este en Ferrara, los Malatesta en Rímini; los Visconti y, después, los Sforza, en Milán; en Napóles, Alfonso de Aragón, llamado el «Magnánimo». La adhesión del pueblo engendra el entusiasmo cívico y suscita rivalidades y oposiciones. De este modo nacen las Escuelas: Siena y Florencia son los ejemplos más típicos, pero las hay también en Pisa, Urbino, Ferrara, Milán, Verona, etc..

En Roma, el Papado continúa su lento trabajo de reconquista y de apaciguamiento que ha seguido al Gran Cisma. Victoriosa en los Concilios, la Iglesia se afirma como monarquía. Semejantes, en todo, a los demás príncipes, los Papas recurren a las artes para confirmar su poder. Nicolás V y Pío II son Papas ilustrados; Paulo III, Inocencio VIII y Sixto IV, anuncian, por su ciencia y afición a las artes, los reinados de los grandes Papas del Renacimiento: Alejandro VI Borgia, Julio II y León X.

El lujo y el fausto de los Papas son inigualables. Se destinan sumas prodigiosas a esta ostentación. Los pontífices llegan a un barroco, casi pagano, en sus fiestas y en la decoración de sus palacios. Alejandro VI se hace célebre por sus desenfrenos; Julio II es un guerrero ávido de gloria; León X, un amable epicúreo; el Sacro Colegio cuenta tantos aficionados y coleccionistas como miembros. Pero por su sentido de lo grandioso y por la amplitud de sus proyectos, son los Papas quienes estimulan a los artistas y les proporcionan los medios para hacer de Roma el centro del Renacimiento. En el siglo XV, el movimiento se extenderá, desde el foco italiano, hasta más allá de los Alpes.

Los intercambios aumentan considerablemente. Se establecen colonias de comerciantes y banqueros italianos en los grandes centros de Occidente, y los hombres de la época viajan con frecuencia. La imprenta permite la multiplicación de libros difundiendo el nuevo espíritu. Finalmente, al terminar el siglo XV, Italia se convierte en campo de batalla internacional y los caballeros franceses se admirarán del esplendor de sus riquezas (que saquearán, por otra parte). Soberanos y príncipes extranjeros llaman a su lado, como Francisco I, a los italianos del Renacimiento, que harán brillar su genio en toda Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Cambios Sociales en el Renacimiento Fin de la Servidumbre

Cambios Sociales en el Renacimiento Fin de la Servidumbre

LOS PROGRESOS DE LA BURGUESÍA
El desarrollo urbano, característico de los siglos XII y XIII , recibió nuevo impulso en el siglo, XVI , pero sobre bases muy distintas. La burguesía que lo estimuló, ya no era la misma que había constituido los primeros municipios. Esta es mucho más potente y ambiciosa. Industríales y comerciantes enriquecidos, compran tierras y adoptan un modo de vida lo más semejante posible al de la nobleza.

Por el contrarío, el alza de precios afecta, duramente, al proletariado, obreros y artesanos. De ahí los fenómenos de motín, de huelga (en Lyon, por ejemplo, en 1539, entre los impresores).

En no pocos casos la organización de los artesanos en «cofradías» o asociaciones profesionales se prohibe o considera ineficaz, mientras que la nueva clase social urbana, que no se identifica en ninguno de los grupos tradicionales y que no se define más que por su poder financiero y el uso que hace del mismo, va adquiriendo una autoridad cada vez mayor. A partir del siglo XVI la nueva burguesía se orienta, particularmente, hacía las carreras jurídicas y el servicio del Estado.

La nobleza feudal, al menos la que no encuentra el medio de asociarse a las nuevas operaciones lucrativas del comercio, se ve afectada por la evolución económica. Se empobrece y disminuye en número. Aquellos señores hacendados que no mueren en la guerra, ven reducirse su importancia social al mismo ritmo que sus rentas. En efecto, mientras el alza de precios es favorable a la nueva burguesía, perjudica a la nobleza que vive de rentas invariables. Sí los precios se han cuadruplicado en un siglo, la renta de un terrateniente ha resultado reducida a un cuarto en el mismo período.

Esta ruina progresiva de la pequeña nobleza dependiente de la tierra es general en Europa: alcanza al hidalgo español, al chevalier francés, al Ritter alemán. En todos estos casos, los empuja hacia la aventura para remediar esta decadencia social, que fue particularmente grave en Alemania, donde se interfiere con la Reforma luterana. Esto explica la rebelión armada de la pequeña nobleza exasperada o apasionada, como la Liga de Smalkalda, que fue deshecha por Carlos V, y la ferocidad de la represión de los campesinos.

fin de la servidumbre y la nobleza

DISMINUCIÓN DE LA SERVIDUMBRE
Los siervos son, por otra parte, la única clase cuyo destino no fue modificado más que muy lentamente por la revolución económica del siglo XVI, que les afectó desde muy lejos y de rechazo. El final de la Edad Media se caracterizó, en el campo, por una despoblación masiva de numerosas provincias, como resultado de las guerras y las epidemias. Por el contrario, en el siglo XVI la estabilidad de los censos favorece a algunos, a los que pueden vender una parte de su producción y beneficiarse con el alza de los precios.

Muchos campesinos se libran entonces de la servidumbre en Europa occidental. Sus lazos de dependencia personal, por otra parte, se habían aflojado sensiblemente en muchos casos. A partir de entonces tienen acceso a una categoría más acomodada, la de los «labradores», que ya no se prestará a ningún trabajo gratuito y que, en ocasiones, consigue completar sus medios de existencia con una actividad al margen de la agrícola, como la industria textil.

La rebelión de los campesinos alemanes, episodio de la Reforma luterana, fue severí-símamente condenada por Martín Lutero, y tanto más duramente reprimida por el terror que había inspirado a nobles y burgueses. El progreso fue, pues, lento y limitado a una minoría de campesinos privilegiados.

Los factores de progreso que actuaban en Europa occidental eran, por lo demás, casi inexistentes más allá de Alemania o de Bohemia. Así, en Polonia y en Rusia, en particular, los campesinos de Europa oriental sufrieron, por el contrarío, un endurecimiento y una generalización de la servidumbre en el momento en que el renacimiento económico comenzaba a introducirse en estos países.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Industrias en el Renacimiento Tecnologias y Materiales

Industrias en el Renacimiento – Tecnologías y Materiales

UN TÍMIDO MAQUINISMO: El siglo XVI y los primeros años del siglo xv, con sus largas guerras, la peste negra y el retroceso demográfico conocieron pocos progresos tecnológicos. Por el contrario, la segunda mitad del siglo XV y el siglo XVI, se caracterizan por un evidente desarrollo de las técnicas industriales; los hombres de esta época manifestaron un vivo interés por las máquinas; los cuadernos de notas de Leonardo de Vinci son la mejor prueba de ello.

La biela y la manivela, el volante, los engranajes de ruedas dentadas, los gatos, las ruedas hidráulicas y los sistemas de relojería ideados o perfeccionados aumentan la producción en numerosos campos, en particular, en la industria minera.

Los ingenieros alemanes e italianos desempeñaron un papel importantísimo. El empleo de la pólvora y de la artillería revoluciona el arte de la guerra. La invención de la imprenta hace nacer una nueva industria. Cierto es que el trabajo de los metales progresa muy lentamente, pero aparecen tipos nuevos de martillos hidráulicos, así como laminadoras o máquinas (todavía rudimentarias) para calibrar cañones.

La industria textil conserva la preeminencia, pero aparte de la adopción de un torno de aletas perfeccionado no se puede hablar de progresos técnicos con relación a la Edad Media, y los grandes centros textiles siguen siendo los mismos de los siglos precedentes, manteniéndose la primacía italiana y flamenca. Habrá que esperar al siglo xviii para que el maquinismo se imponga en la fabricación de  hilados  y tejidos.

industria en el renacimiento

DECADENCIA DE LAS CORPORACIONES URBANAS
Las manufacturas de tapices de lana alcanzan el desarrollo suficiente para reproducir asuntos en lugar de utilizar solamente superficies lisas. Desde Inglaterra, los telares se extienden por París y Normandía, el Languedoc y España.

El cambio más importante es el fin del monopolio de los artesanos textiles que trabajaban en las ciudades en el seno de los gremios. Al socaire de estas novedades técnicas, el tejido de punto y los hilados comienzan a extenderse en el medio rural. Después de haber aprendido a torcer y alisar la lana los campesinos adquieren una rueca de pedales (invento del Renacimiento) y se inician en la hilatura.

Esta difusión del trabajo a jornal en el campo fue el germen de la concentración industrial. Si la industria textil quería desarrollarse debía escapar en primer lugar, a las normas de los gremios, que, poco a poco, se habían ido anquilosando hasta quedar reducidos a un código de limitaciones y prohibiciones. Sus complicados reglamentos eran un obstáculo para la baja de los precios de fabricación de telas baratas, que, debido a la competencia, se habían hecho imprescindibles.

Cada vez con más frecuencia, los industriales fueron confiando las distintas fases de la fabricación a los talleres rurales, arrendando, en caso de necesidad, telares y ruecas a los campesinos y suministrándoles la materia prima.

Desde Ruán, por ejemplo, la pañería se extiende por los valles del país de Caux y desde Gante, Brujas, Malinas, etc.. gana, igualmente, las campiñas circundantes.

Artesanos Renacentistas Fabricando Cañones

LA IMPRENTA Y LAS MINAS
Otras industrias experimentaron modificaciones decisivas: la del papel, en particular, consiguió producirlo a bajísimo precio, utilizando para ello el trapo como materia prima. Este progreso contribuyó, a su vez, al de la imprenta. Los antiguos materiales, como, la vitela o el pergamino, eran demasiado costosos y no habrían permitido jamás esta revolución del libro, que es un aspecto del Renacimiento.

La técnica de la imprenta, fue perfeccionándose, ininterrumpidamente, desde Gutenberg. Los primeros caracteres utilizados eran poco resistentes al uso y desgarraban el papel. Posteriormente los caracteres hechos con una aleación de antimonio y plomo, el descubrimiento de una nueva tinta y de la utilización de prendas más manejables —las prensas roscadas—, permitieron superar estos inconvenientes.

La explotación sistemática de las minas y el perfeccionamiento de la extracción datan del siglo XV, pero hasta más tarde no tuvieron repercusión, creando fortunas como la de los Fugger, por ejemplo. Los subsuelos alemanes y bohemios, especialmente, fueron los más explotados: la hulla, la sal, el cinc, el plomo, el estaño y la plata. Asimismo, los obreros especializados alemanes, los «maltres de montagne» (la palabra alemana «berg» designa a la vez la mina y la montaña) fueron, en Francia, los animadores de explotaciones análogas a las de su país.

A medida que se hace imprescindible no limitarse, solamente, a la explotación a cielo abierto, el aspecto técnico del trabajo de la mina se complica; las galerías se multiplican alrededor del pozo estrecho por donde suben y bajan las espuertas de mineral.

En el fondo, los «obreros del martillo» atacan el yacimiento a la luz de las candelas. Diversos procedimientos para la criba y el tratamiento de los minerales se pone a punto para la depuración del oro o para la extracción de la plata. En este último aspecto, el descubrimiento de los yacimientos peruanos desempeñó un papel decisivo y la plata peruana se extendió por Europa en cantidades crecientes, a partir del año 1557. Para drenar y airear las galerías de las minas, se usaban bombas aspirantes e impelen tes, aparecidas en Alemania e Italia. Muy pronto, los soberanos se interesan por estas riquezas naturales.

Artesanos del Renacimiento

El rey de Francia, Luis XI estimula el trabajo de las minas, consciente de la necesidad del metal para los ejércitos modernos. Jacques Coeur explota yacimientos de plata, de cobre y de plomo, cerca de Lyon y en Borgoña.

El descubrimiento de un yacimiento de alumbre cerca de Roma, permitió a Europa suprimir, por completo, sus importaciones de este mineral desde Turquía:  la extracción de minerales dio lugar a monopolios y quiebras. Testimonio de ello es la de los Hoechstetter que habían querido suprimir toda competencia con sus minas de mercurio de Carniola.

Del mismo modo que la industria textil favoreció, en el siglo xvi, la formación de empresas de tipo capitalista, el nuevo interés por el metal encontró eco en una de las grandes industrias del alumbre: la fabricación de piezas de artillería. Desde la conquista turca comenzó una especie de carrera entre los grandes ejércitos por equiparse mejor.

Tratamiento del capullo del gusano de seda

A comienzos del siglo XV, Mohamed II, futuro conquistador de Constantinopla, posee una bombarda de setenta toneladas. Cien años más tarde, Miguel de Montaigne señala, en Ferrara, una pieza de 8,40 metros de longitud. En el campo de batalla de Marinan eran necesarios diez, quince caballos y aún más para tirar de las culebrinas utilizadas por el ejército de Francisco I.

Otra novedad, destinada más tarde a un brillante porvenir, es la sustitución del carbón de encina por la hulla, como combustible de forja. Esta sustitución se produjo poco a poco. Habiendo comenzado en Flandes en el siglo xn, se extendió por todos los rincones donde afloraban yacimientos de hulla, haciendo posible la explotación a cielo abierto.

Asimismo, aunque en el siglo XVI la primera riqueza de Inglaterra sigue siendo la lana, ya se vislumbra el porvenir carbonero de este país; bajo el reinado de la reina Isabel, hará su aparición el coke y la elaboración del hierro fundido comienza a mecanizarse. Pero a finales de siglo, las forjas rurales, instaladas cerca de los yacimientos de mineral de hierro y que obtienen la fundición con carbón de encina, siguen produciendo casi todo el hierro usado en Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Tecnicas Comerciales en el Renacimiento Bancos y Letras

NUEVAS MODALIDADES COMERCIALES: EL BANCO Y LAS LETRAS DE CAMBIO

EL SIGLO DE LOS FUGGER
La familia de los Fugger, comerciantes y banqueros de Augsburgo, tuvo un destino excepcional, caracterizado por una ascensión rápida alrededor del año 1500, bajo la dirección de Jacobo Fugger, llamado el Rico, y, después de la segunda generación, por una decadencia igualmente rápida. Representaron, en su siglo, el mismo papel que desempeñaron los Médicis en el siglo anterior.

Su historia coincide con la del Renacimiento y transcurre en las mismas fechas. Su presencia junto a Carlos V y en Amberes, les hizo participar en todas las grandes operaciones financieras, e hicieron de su fortuna, poco más o menos todo lo que podía hacerse entonces, excepto, y es lo que los distingue de los Médicis, una carrera política.

Los Fugger habían levantado su patrimonio sobre las miñas de plata y de cobre de Europa Central; se dedicaron al comercio de joyería y a la fabricación de productos textiles; financiaron campañas militares, operaciones políticas y expediciones marítimas; en la segunda generación, con Antón Fugger, fueron mecenas, porque ésta era la evolución natural de una gran familia con mucha fortuna.

Adquirieron bienes raíces y adoptaron un tren de vida principesco; garantizaron las «indulgencias», concedidas, a cambio de dinero, a los fieles de la Iglesia Católica,cuya venta provocó la rebelión de Martín Lutero y desencadenó la Reforma. Si quisiéramos encontrar su equivalente más próximo a nosotros, tendríamos que pensar en los Rothschild o en los Rockefeller y la comparación no sería injustificada, puesto que se ha comparado el Renacimiento con la época contemporánea: en una y otra, la confusión política y económica permite a las potencias y a las técnicas nuevas imponerse.

Los nombres de Jacobo Fugger y de sus sobrinos, fueron famosos en todos los reinos y en todos los países, escribía un cronista de Augsburgo, e igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, príncipes y señores les enviaron embajadores. El Papa saludó a Jacobo Fugger y lo abrazó como a hijo querido, los cardenales se levantaron ante él y fue la admiración de los paganos.

Jacobo Fugger

Los Fugger llegan a ser los más ricos financieros de Europa. Como atestigua el cronista de  Augsburgo,   «los  nombres  de  Jacobo  Fugger (imagen)  y de sus sobrinos fueron conocidos en todos los reinos y países, igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, principes y señores le  enviaron  embajadores.  El Papa  saludó y abrazó a Jacobo Fugger como a hijo querido y los cardenales se levantaron ante él.  Todos los comerciantes  del  mundo
lo han señalado como hombre inspirado y fue la admiración   de   los  paganos.»

Familia Fugger en el Renacimiento

Los Fugger llegan a ser los más ricos financieros de Europa. Como atestigua el cronista de  Augsburgo,   «los  nombres  de  Jacobo  Fugger y de sus sobrinos fueron conocidos en todos los reinos y países, igualmente entre los paganos. Emperadores, reyes, principes y señores le  enviaron  embajadores.  El Papa  saludó y abrazó a Jacobo Fugger como a hijo querido y los cardenales se levantaron ante él.  Todos los comerciantes  del  mundo
lo han señalado como hombre inspirado y fue la admiración   de   los  paganos.»

LAS NUEVAS TÉCNICAS CAPITALISTAS
Las grandes potencias financieras, tal como funcionaban en el siglo XVI, a semejanza de los Fugger, junto a los soberanos o en los grandes puertos, crearon y pusieron en práctica sus técnicas a partir del siglo XV. Eran ya numerosas cuando, al final de las guerras de Italia y de la conquista de América, intervienen, a plena luz, en todos los grandes acontecimientos: los Tuches y los Imhof de Nuremberg, los Kleberg de Lyon, los Welser y los Hoechstetter, muchos italianos  de  Florencia,  de  Lucca  y  de  Genova,  los   «marranos»  y  pocos  franceses e  ingleses  de  cuna.

La  actividad  de  las ferias   disminuye   en   gran   medida,   y   el comercio, propicio a la especulación y a la acumulación, se hace, en adelante, en las Bolsas: las de Amberes y Lyon son las dos principales. Se tratan los negocios sobre valores  y  no  ya  sobre  mercancías.  Así,   al mismo tiempo que los comerciantes se convierten en banqueros, la contabilidad pasa a ser finanza y la usura préstamo.

Si el tipo de interés se eleva al 50% al comienzo del siglo, tiende a descender, rápidamente, hasta a el 20%. Por otra parte, muy pronto salen a la luz todas las formas del gran capitalismo, y, en primer lugar, sus técnicas: la letra de cambio, por ejemplo, simplificando las modalidades de pago, permite la multiplicación de las operaciones y actúa, en definitiva, como un estimulante económico. Se organizan las asociaciones de capitales con fines lucrativos.

Su forma natural es, claro está, la sociedad familiar, como la de los Fugger, que tiende, indefectiblemente, a parecerse a una dinastía señorial. Pero la comandita y la sociedad por acciones han hecho ya su aparición; el anonimato del capital está, pues, asegurado. Pero donde se verá definitivamente consagrado es en Holanda, en el siglo XVII. Además, al substituir, las ferias por las Bolsas como lugares de transación, los negocios se hacen cotidianos, mientras que antes, solamente, se realizaban a intervalos regulares.

Al mismo tiempo, puesto que éstas reúnen no solamente a los comerciantes que acuden a vender sus artículos, sino también —frecuentemente son las mismas personas— a los banqueros que acuden a negociar, se acumulan informaciones de todo tipo, se desarrolla el sentido de la abstracción,  aparecen las primeras formas de periodismo (las gacetas), y se forja un tipo de hombre nuevo, mezcla del «homo novus» (nuevo rico) del mundo romano y del hombre de negocios contemporáneo.

Aunque la expresión «hombre de industria» aparece entonces para designarles despectivamente —no se les podía nombrar más que con respecto a una jerarquía consagrada, en este caso la militar— son celosos de su «buona ditta», es decir, de su reputación y de su prestigio.

A partir de las grandes expediciones marítimas y de los riesgos que entrañaban —naufragio, abordaje y piratería—, los seguros empezaron a implantarse en Italia, en Portugal y en Amberes y se hicieron extensivos a riesgos cada vez más variados, que cubrían tanto la vida como las mercancías, y que, rápidamente, fueron objeto de especulación y fraude. Pero el desarrollo de la Banca fue aún más importante que el de los seguros. En el siglo XVI hace su aparición lo que hoy se llamaría Banco de crédito.

Efectivamente, muy pronto los poseedores de capitales, ya fuesen nobles o comerciantes, se dieron cuenta de que obtendrían beneficios muy superiores «colocándolos» en un Banco en lugar de «invertirlos» en el cuadro de la economía tradicional. No obstante, la práctica del préstamo a interés y su corolario, el depósito productor de interés, constituían una anomalía prohibida aún en Europa por el derecho canónico. Fue necesaria la intervención de los soberanos, concediendo exenciones a sus auxiliares financieros y recurriendo ellos mismos al préstamo no gratuito, para que ya no fuese posible retroceder.

Por otra parte, una serie de medios permitían dar la vuelta a la reglamentación canónica en lugar de infringirla de frente y caer en caso tipificado de usura. Los soberanos más católicos, los de España, fueron los primeros en autorizar el préstamo con interés en su reino. Así, pues, no es cierto que el capitalismo renacentista fuese un equivalente o una manifestación del calvinismo en el dominio económico.

Lo que sí es cierto, es que la doctrina de Juan Calvino contribuyó, al hacer el elogio del trabajo profesional, del rigor y del ahorro, a fortalecer el individualismo y el espíritu de inciativa en numerosos financieros, dándoles la justificación que, de una manera global, les negaba la Iglesia romana.

En este aspecto, el calvinisimo desempeñó un papel análogo al del judaismo en otras circunstancias. Y las dos «plazas» más importantes del siglo XVI, Amberes y Lyon, fueron muy adictas a las ideas calvinistas hasta la Contrareforma católica de finales de siglo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

La Economia en el Renacimiento El Oro y Plata de América

EL RENACIMIENTO: ECONOMIA, RUTAS COMERCIALES Y EL DINERO EN BANCOS

El Renacimiento fue, en gran medida, una negativa de los europeos a continuar encerrados dentro de los marcos de pensamiento, de trabajo y de existencia de la civilización medieval. Esta repulsa desembocó en una verdadera explosión de fuerzas y de tendencias contenidas durante largo tiempo, explosión que se manifestó en las esferas intelectuales, políticas, religiosas y económicas.

Desde el punto de vista intelectual, fue la liberación del pensamiento por el humanismo, el individualismo y el florecimiento de la investigación y del espíritu crítico. Desde el punto de vista político, fue la aparición del Estado moderno centralizado sobre las ruinas del feudalismo.

El estallido religioso se tradujo en la Reforma y el económico en el desarrollo del capitalismo. Prácticamente, todos los elementos favorables al capitalismo estaban coartados por tos principios y las reglamentaciones medievales: el préstamo a interés, calificado como usura, y la libertad de trabajo (hoy recibe el nombre de libre empresa), negada por los gremios, como la libertad de pensamiento lo era por la hegemonía de las universidades.

RICO POR LA GRACIA DE DIOS
En cuanto al préstamo con interés, iba a chocar con la idea medieval de que el comercio y el dinero no tenían más función que equilibrar la escasez y la abundancía, de una provincia a otra, de un grupo a otro. La idea de que pudieran ser una actividad «creadora» no existía. La orgullosa divisa de uno de los más grandes banqueros del siglo xvi, si no el más grande, Jacobo Fugger, conocido en España como Fúcar de Augsburgo, encierra los dos aspectos de esta revolución económica, extremadamente rápida, y realizada por individuos emprendedores: «Rico por la gracia de Dios».

Esta revolución se debió, en gran parte, a las enormes necesidades y a los poderosos medios de las monarquías modernas. Se inspiró en los principales movimientos ideológicos del siglo XVI: pasión por la invención, reforma religiosa, y exaltación del éxito individual. A consecuencia de los grandes descubrimientos marítimos, recibió un impulso que decuplicó su eficacia a partir de finales del siglo XV: sin las nuevas vías comerciales y sin el oro y la plata de América, hubiera sido inconcebible. La economía medieval, ya fuera rural, y por lo tanto encerrada en el marco señorial, o urbana, es decir mantenida a raya por los gremios, evolucionaba con dificultad.

Por el contrario, lo que fue inventado y puesto en marcha a partir del siglo XV en el dominio de la Banca, del comercio y de las técnicas, encontró inmediata aplicación gracias a las nuevas condiciones.

La Vida en el Campo Renacentista

Vida en la Ciudad Renacentista, Aparición de los Banqueros Con el Manejo del Dinero

EL DINERO Y LA GUERRA
Aún cuando fuera el resultado de iniciativas individuales, el capitalismo, en sus orígenes, fue favorecido, en parte, por la acción del Estado moderno, que, poco a poco, fue sustituyendo al sistema feudal. Fueron los gobiernos los que, muy pronto, asumieron el papel de promotores del capitalismo que, sin su impulso, tal vez no hubiera logrado imponerse en las grandes naciones europeas, con mayor cohesión interna y más centralizadas al salir de las guerras medievales, allí donde el feudalismo había entrado en decadencia, las necesidades de sus soberanos aumentan en número y cantidad: la administración, ejércitos permanentes, el suministro militar, etc..

Especialmente, las campañas militares de envergadura, tales como las de franceses y españoles en Italia, obligaron, sucesivamente, a Francisco I, al emperador Maximiliano y al emperador Carlos V a dirigirse a los grandes banqueros. En efecto, únicamente ellos estaban en situación de hacer adelantos sobre un nuevo impuesto cuya recaudación se reservaban como garantía y de emitir empréstitos por cuenta del Estado.

Pero lo que se hizo, primeramente con los impuestos, podía hacerse con las minas, por ejemplo, inspirándose en los métodos de los comerciantes y emitiendo un empréstito, como hizo el rey dé Francia, Francisco I, tomando como intermediario al banquero Kleberg, de Lyon. De esta forma, casi todos los principales detentadores de capitales en Europa, pronto tuvieron compromisos con los soberanos, las ciudades, etc…

El caso más típico es el de los Fugger de Augsburgo, prestamistas titulares de Carlos V, que aseguraron su elección para el Imperio,en 1519, contra Francisco I y, después, la financiación de sus campañas militares contra los reyes de Francia y los protestantes de Alemania.

Esta alianza de la nueva burguesía capitalista y la nueva monarquía absoluta era bastante natural, puesto que la una y la otra tenían, en muchos casos, que vencer los mismos obstáculos, como las tradiciones y el particularismo. Sin embargo, a veces, sus intereses eran contradictorios. El puerto de Amberes, que, en esta época, era el primer centro financiero y comercial de Europa, sufrió una amarga experiencia. La Bolsa de Amberes databa de 1461, por consiguiente, del período de prosperidad del gran ducado de Borgoña.

En 1531, en pleno apogeo del Renacimiento, la Bolsa fue reconstruida y llegó a rivalizar con las demás Bolsas de su tiempo. Pero cincuenta años más tarde, la ciudad del Escalda fue saqueada por los soldados del ejército del rey de España, campeón del absolutismo monárquico y de la resistencia a las nuevas ideas. Por eso fue, Amsterdam, en el siglo xvn, y Londres, en el XVIII, las que la sustituyeron.

A pesar de «accidentes» de este género, los banqueros fueron, en el siglo XVI, verdaderas potencias políticas. Tuvieron un conocimiento inigualable de Europa, y, como Venecia para el Oriente, llegaron a ser, a la vez, técnicos, proveedores y financiadores de las grandes monarquías occidentales: española, inglesa y francesa. Su influencia disminuye a medida que nos alejamos hacia la Europa Oriental.

Navegantes portugueses recibiendo presentes de los japoneses, recién llegados en barcas.

DECADENCIA DEL MEDITERRÁNEO, APOGEO DEL ATLÁNTICO
Los grandes descubrimientos desempeñaron un papel tan importante como el de la monarquía en el advenimiento del capitalismo. En efecto, modificaron radicalmente las rutas comerciales y sustituyeron ciertas formas de riqueza por otras nuevas, favoreciendo, de este modo, a quienes pudieron y supieron aprovecharse de estos cambios.

Las potencias económicas de finales de la Edad Media, como las ciudades italianas, sobre todo, Venecia, y las ciudades de la Hansa encabezadas por Lübeck y comunicadas entre sí por las grandes rutas francesas y alemanas, jalonadas de ferias, se encontraron en el siglo XVI al margen de los nuevos circuitos.

El Mediterráneo Oriental perdió una parte de su importancia, al menos en valor relativo, cuando los portugueses abrieron una vía nueva hacia la India y China. La Hansa, por su parte, perdió su monopolio de los países del Báltico y del Mar del Norte en el curso de una serie de convulsiones políticas que destruyeron el gran reino danés, introdujeron la Reforma en Escandinavia y la revolución en Lübeck con la corta dictadura de Jürgen Wüllenwever, pocas décadas después de que Savonarola estableciese la suya en Florencia.

Si Venecia y Lübeck, con todo lo que representan, pierden en importancia y riqueza relativas, los países occidentales se benefician del nuevo estado de cosas, y de la nueva situación de Europa en un mundo cada vez mejor conocido. Los puertos ibéricos, Lisboa y Sevilla, y posteriormente Cádiz, los del Mar del Norte, Amberes, Londres y Amsterdam, y, los puertos franceses del Atlántico, encontraron en la nueva situación las condiciones idóneas para su desarrollo.

LA AFLUENCIA DE ORO Y EL ALZA DE LOS PRECIOS
Pero los grandes descubrimientos trajeron consigo otras consecuencias: si bien multiplicaron los viajes de los europeos hacia Oriente y la intensidad del tráfico de las especias; si bien impulsaron los viajes a América, absorbiendo el tráfico de esclavos, acumularon los nuevos capitales en un número limitado de manos; en efecto, los descubrimientos hicieron posible la entrada de gran cantidad de metal precioso en la Europa empobrecida de finales de la Edad Media.

El numerario existente en Europa era, desde hacía mucho tiempo, insuficiente para los intercambios necesarios. Primeramente, la plata de las minas alemanas y de Bohemia reemplaza, hasta 1540, el oro sudanés. Pero, sobre todo, el oro mexicano, después de la expedición de Cortés en 1519-1522, y el oro y la plata peruanos, después de la conquista de Pizarro en 1533, aseguraron a Europa una circulación suficiente de numerario.

Entrando en Europa, a través de España, el metal precioso pasaba, rápidamente, a los Países Bajos, Alemania, Francia e Italia. Esta circulación de metal precioso en grandísimas cantidades, insólita hasta el siglo xvi, no solamente provocó la multiplicación de los intercambios, sino también un movimiento general de alza de precios que duraría hasta final del siglo. El alza se produjo, en primer lugar, en Sevilla, puerto de llegada de los principales cargamentos americanos, y ganó, por contagio, a todas las ciudades de Europa Occidental.

De una manera general, los precios se cuadruplicaron en cien años, lo cual sin ser considerable en relación con las alzas del siglo XX, bastó para inquietar a las ciudades y monarquías que se esforzaron, en vano, en evitar el alza por medio de prohibiciones, tasas y requisas de mercancías. Lo que entonces fue considerado como un mal, el alza de los precios aparecía, en efecto, como la sanción colectiva de actividades culpables, tales como el préstamo a interés, al que se dedicaba la burguesía mercantil tuvo, sin embargo, una ifluencia favorable al ofrecer perspectivas de beneficios importantes a los que pudieron aprovecharse del desorden de los precios para estimular tanto la producción como el comercio.

EL COMERCIO COLONIAL
El comercio colonial, por su parte, vino a renovar la gama de productos alimenticios, textiles y minerales que utilizaban las industrias de Europa. Productos que habían sido durante mucho tiempo raros o totalmente ignorados, se hicieron de uso común: el algodón, la seda, las especias, el azúcar, maderas tintóreas y de ebanistería, el índigo, el café y el tabaco.

Este comercio colonial, por una parte, y el tráfico de esclavos negros hacia las colonias españolas de América, por otra, contribuyeron a aumentar aún más la concentración de capitales disponibles en Europa en manos de los comerciantes, que se encontraron en las mejores condiciones para convertirse en banqueros.

La importancia de la aportación colonial se refleja en el mapa económico de Europa desde las primeras décadas del siglo xvi. Una de las rutas más activas del gran capital en esta época era la que unía el Mediterráneo con el Mar del Norte. Esta ruta había hecho la fortuna de Genova, Milán, Augsburgo y Francfort. Pero fue aventajada en importancia económica y, pronto, política, por la que llevaba de Lisboa y de Sevilla a Amberes, desde donde los negocios se extendían a Alemania, Escandinavia, Gran Bretaña y las riberas polacas y rusas del Báltico, cuando la Hansa dejó de monopolizar estas regiones. Sin embargo, en el siglo XVI, todavía se necesitaba una docena de días de navegación para unir Lisboa con Amberes.

En este aspecto, desempeñaron un papel particularmente importante los judíos convertidos de la Península Ibérica, los «marranos». Su actividad explica la aparición de las primeras «colonias» portuguesas y españolas en Amberes. Si bien todos los productos americanos y asiáticos llegaban, a través de la Península Ibérica, a Amberes y de allí a la Europa del Norte, el puerto del Escalda canalizaba, igualmente, desde el Norte hacia el Sur, los paños, las telas, las tapicerías y las obras de arte de la industria de los Países Bajos, que se convirtieron en «arrabales de Amberes»: así, en el año 1545, la ciudad exportó mercancías por valor de seis millones de libras mientras su «arrabal» sólo exportó dos millones.

Los portugueses y los españoles de Amberes eran los agentes comerciales de los intereses ibéricos y de las compañías que se constituían para la explotación de las riquezas americanas. El flujo de capitales desde España hacia Amberes es uno de los más importantes fenómenos económicos del siglo.

Esto explica el rápido empobrecimiento de la España del siglo siguiente y la duradera prosperidad de los Países Bajos. Por otra parte, desde finales del siglo XVI, Inglaterra interviene, eficazmente, en esta explotación colonial hecha a través de España. Esta será una de las causas accesorias del gran conflicto anglo-español con el que acaba la época del Renacimiento.

La importancia de la ruta Sevilla-Lisboa-Amberes es tanto más considerable desde que se produjo la unión política bajo Carlos V, y, después, la dominación española en los Países Bajos en el reinado de Felipe II.

Los lazos entre los dos países no son menos significativos en el aspecto de la difusión y evolución del arte y de la pintura barrocos, que, a comienzos del siglo xvn, determinarán el florecimiento de dos grandes escuelas paralelas, la de Velázquez y la de Rubens, cuando la escisión política era ya definitiva. Finalmente, último testigo en el siglo xvn de este lazo creado por la herencia de Carlos V, pero vivificado por el comercio, es el filósofo Espinoza, en Ams-terdam, descendiente de uno de esos «judíos» portugueses que fueron en representación de su compañía a los Países Bajos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Campaña de Tarmerlán a la India Curioso Ataque con Camellos

Campaña de Tarmerlán a la India

Luego de terminar su campaña en Rusia contra la Horda de Oro, a la que acabó definitivamente, Tamerlán regresó a Samarcanda, distante más de 4.000 kilómetros, siendo recibido en julio de 1396 como el mayor héroe de la humanidad. El mundo asiático sólo iba a disfrutar de dos años de paz. A la edad de sesenta y dos años, Tamerlán encontró una nueva víctima, un nuevo pueblo al que marcar con el hierro al rojo de su crueldad: los hindues

Tamerlán, líder mongol, conquista la India

El ejército se infiltró por los desfiladeros  de las  montañas  de Afganistán,  acortando   terreno   a   través   del   HinduKush, epopeya que supera el paso de los Alpes por Aníbal o por Napoleón. Durante seis meses, las hordas turco-mongolas escalaron cumbres,  atravesaron desiertos,  marcharon por la nieve y se defendieron, con encarnizamiento, de las acciones de guerrillas de las tribus afganas, especialmente los «Trajes Negros»,  los  más  fieros guerreros del reino de Kabul.

Por último, el 24 de septiembre   de   1398,   Tamerlán   franqueó   el Indo y avanzó a través del Punjab; el país fue  devastado  y  su  población   reducida   a esclavitud.

Delhi  estaba  defendida  por  el sultán  Mahmud y por  su ministro  Mallu Ikbal, que había reunido un ejército, formado por  10.000 jinetes, 40.000  infantes y   tropas   de   choque,   y   120   elefantes   de guerra, en las orillas del Jumma. El choque   se   produjo,   el   17   de   diciembre   de 1398. Los elefantes abrieron brecha en el ejército  invasor,  sembrando  el pánico  entres  los  mongoles.

Al  día  siguiente,  prosiguió la lucha; Tamerlán hizo colocar delante de  sus  tropas  camellos  cargados  de paja, a la que hizo prender fuego, empujando  a los  animales  contra los  elefantes hindúes.    Los   paquidermos,   enloquecidos por las  llamas, huyeron,  aplastando  a los infantes   del   sultán   Mahmud.   Delhi   caía en  su  poder:   los  asaltantes  forzaron  las puertas   de  los   suburbios,   donde   estaban acantonados, y se precipitaron en la capital, para apoderarse de sus riquezas fabulosas.

El saqueo duró tres días. Cada soldado  recibió  veinte  esclavos,  por  lo  menos;  millares de artesanos fueron llevados a Samarcanda. Con los cráneos de los ejecutados se edificaron altas pirámides, mientras las aves de presa devoraban los cadáveres.

Cuando Tamerlán regresó al Turquestán, la India del Norte era presa del hambre y la anarquía. Durante la ausencia del conquistador, el sultán de Egipto se había apoderado de Siria y los turcos otomanos se aprestaban a hacerle la guerra.Los georgianos pasaban a cuchillo las guarniciones mongolas y el Farsistán y Vihorassán se habían  rebelado.

ANKARA: TAMERLÁN CONCEDE UNA TREGUA A BIZANCIO:
Tamerlán estaba impaciente por llegar a Samarcanda y caer sobre el enemigo. Desgraciadamente, su ejército, entorpecido por los esclavos y cargado con un botín enorme, no podía recorrer más que siete kilómetros al día. Por fin, a mediados del verano de 1400, Tamerlán estaba de retorno en su capital y lamentaba no haber aceptado, unos años antes, la alianza con Manuel Paleólogo, que le había pedido unirse a él para aplastar el poderío de los otomanos. Tamerlán había rechazado esta proposición, temeroso de perder el apoyo de las   autoridades   religiosas   del   Islam.

Al frente de 800.000 hombres, invadió, de nuevo, el Asia Menor. Los mamelucos de Egipto, temiendo que Tamerlán aplastara a los turcos y, siguiendo su impulso, invadiera Siria, para atacar después el valle del Nilo, se aliaron con los otomanos e intentaron cercar por el sur a los ejércitos del conquistador. Fueron derrotados en Alepo y Damasco, y abandonaron la lucha, dejando que Tamerlán se enfrentara con Bayaceto.

La batalla se desarrolló el 20 de septiembre de 1402, en la llanura de Ankara; los dos ejércitos se entregaron, «luíanle más de catorce horas, a un furioso cómbate que acabó, ya de noche, con la derrota de  Bayaceto, que fue hecho prisionero y murió en cautividad.  El primer Imperio otomano se hundía así, concediendo a Bizancio una tregua de medio siglo.

El porvenir de los turcos quedó a salvo, gracias a la desparición de Tamerlán, que después de la batalla de Ankara, marchó a su capital Samarcanda, y, en 1404, salió en campaña contra China; la muerte le sorprendió en enero de 1405, y su inmenso Imperio se fragmentó rápidamente.

Los cuatro hijos de Bayaceto habían recuperado parte del dominio paterno y se enfrentaron en luchas fratricidas, hasta que Mohamed I desposeyó a sus competidores y restableció la unidad. Su sucesor, Amurates II (1421-1451) reconstruyó el Imperio.

Guerreó duramente en Europa, en las fronteras de Hungría, con Juan Huniades, y en Servia, con el héroe nacional albanés Scanderbeg. En vísperas de su muerte, Amurates se había convertido en señor de la península balcánica.

Ver: Tamerlán Contra La Horda de Oro

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Tamerlán Ataca La Horda de Oro en Rusia Invasiones

EL CRUEL LÍDER MONGOL TAMERLÁN CONTRA LA HORDA DE ORO

Tamerlán, de origen mongol turcomando, fue uno de los mas grandes y feroces conquistadores. Convencido de su descendencia del gran Gengis Khan, desde 1364 trató de imitarlo y someter a los kanatos de Transoxiana. Invadió la Mesopotamia oriental, Irán y Armenia.

No aceptaba desafíos y borraba a todo aquel que se atrevía a enfrentarlo. Famoso por su crueldad, violencia e impiedad con el enemigo. Realizó  incursiones en Rusia, Lituania, India, Siria y el Imperio otomano. Como contraposición, se destacó por su amor y mecenazco en las artes y el saber.Uno de sus descendientes, Babur, fundó el gran Imperio mogol de la India. 

Tamerlán

¿QUIENES ERAN LA HORDA DE ORO?: Gengis Khan, fundador del imperio tártaro, había nacido hacia 1167. Procedía de una pequeña tribu de la Siberia oriental y fue proclamado caudillo de los mongoles en 1206. Gengis Khan coincidía con sus vecinos los chinos en afirmar que «lo mismo que sólo hay un sol en los cielos, sólo debe haber un emperador en la Tierra»; así pues, y utilizando su habilidad como táctico y estratega se dispuso a llevar a la realidad tal concepto.

En primer lugar, unió a todos los tártaros mongoles y después les condujo hacia el Oeste atravesando Asia hasta las estepas meridionales rusas y la Rusia central. Moscú, Vladi-mir, Rostov y Kiev fueron saqueadas y los mongoles asolaron el país dejando tras sí una estela de terror y atrocidades. De poco sirvió contra ellos el valor que desplegaron los príncipes rusos.

El obstinado individualismo de los pueblos rusos les convirtió en presa fácil para la clásica táctica tártara, que consistía en rodear regiones separadas y aplastarlas en su incontenible avance hacia el interior. Por otra parte, los rusos se hallaban invariablemente en inferioridad numérica y su sistema militar, que restringía el reclutamiento a las clases altas, les dejaba prácticamente indefensos ante una raza que consideraba a cada hombre como un soldado desde la juventud hasta la vejez.

Los tártaros de Rusia, conocidos por el nombre de Horda de Oro, gobernaron a sus subditos con violencia y crueldad por espacio de más de doscientos años.

Dado que el clima ruso les resultaba poco favorable, habitaban casi siempre cerca de las fronteras y desde allí obligaban a los príncipes rusos a reconocer su soberanía, a pagarles onerosos tributos, proporcionarles soldados y alimentos para sus tropas y a entendérselas con las constantes invasiones tribales en sus territorios.

EL ATAQUE DE TAMELAN: Después de una seguidilla de ataques y con la conquista y matanzas en la ciudad de Ispahán, el ejército se dirigió a Shiraz, donde había vivido, un siglo antes, el poeta Saadí, pero un mensajero informó a Tamerlán que Togtamish, Khan de la Horda Blanca y de la Horda de Oro,  que, tras su victoria de Moscú, había vencido a los lituanos cerca de Poltava, se dirigía contra Samarcanda; Tamerlán reagrupó su ejército y, a marchas forzadas, salió al encuentro de su enemigo. Su regreso fue tan rápido, que obligó a Khan a retirarse ea Transoxiana.

El señor de Samarcanda se preparó para la más gigantesca de sus campañas: la conquista del Kipchak, las estepas de la Rusia del Sur, con el fin de vencer para siempre a Togtamish.

La campaña fue penosa y larga; el ejército de Tamerlán sólo encontraba el vacío ante sí; cuatro meses después de su partida de Yelduz, había recorrido apenas la mitad del camino hasta los territorios de Togtamish.

El Khan evitaba continuamente el combate, obligando a Tamerlán a avanzar cada vez más. Por último, éste cruzó el río Ural y llegó a los alrededores de Samara, donde los dos ejércitoos adversarios se enfrentaron el 19 de junio de 1391. Después de tres días de combates encarnizados, la victoria sonrió a Tamerlán.

El Khan, herido en una pierna por una flecha, se internó en las estepas de Rusia, esperando, pacientemente, la hora del desquite. En 1392, Tamerlán invadió, de nuevo, Irán, pues Shah Mansur había reconquistado Shiraz e Ispahán.

La campaña mongola fue rápida. Siempre en nombre de la guerra santa, Tamerlán decidió entonces combatir a los ismailitas, aquellos herejes del Islam que osaban afirmar que Mahoma no era el último de los profetas, lo cual era contrario a la fe musulmana sunnita o shiita, para las que Mahoma había llevado, definitivamente, a los hombres, el último mensaje de Alá.

Los ismailitas, así como los adeptos de otras sectas, fueron perseguidos y acosados, y desaparecieron de Persia, refugiándose en Asia Menor, donde sus doctrinas tendrían gran influencia.

Tamerlán, prosiguiendo su marcha, penetró en Mesopotamia. Bagdad, abandonada por el sultán a cargo, se rindió sin combatir el 10 de octubre de 1393. Su antiguo señor, despojado de sus tesoros y de su harén, encontró asilo en Egipto.

Tamerlán, no satisfecho de su primera expedición contra los ejércitos de Togtamish, después de reunir un ejército de 300.000 hombres, atravesó de nuevo, en 1395, el Cáucaso y atacó a su enemigo en las riberas del Terek, donde, a pesar de la resistencia heroica de casi 30.000 jinetes, la suerte le fue favorable. Tras este éxito, marchó hacia el norte y alcanzó el Volga.

Se entabló allí una nueva batalla, en la que los dos jefes adversarios libraron un verdadero  duelo.

 Tamerlán iba  a ser muerto por su enemigo cuando, repentinamente, algunos jinetes, viendo a su jefe en peligro, se interpusieron protegiéndolo con una muralla humana.

Togtamish se batió en retirada. Explotando su victoria, Tamerlán emprendió una loca carrera a través de Rusia, aplastando a varias tribus de la Horda de Oro, a las que sorprendiera en las riberas del Dniéper y del Don; la inmensidad de la llanura rusa agotó a las tropas de Tamerlán, que, tras haber alcanzado la ciudad de Elek el 26 de agosto de 1395, volvieron sobre sus pasos.

Los soldados de Tamerlán llegaron al bajo Volga y penetraron en la antigua capital de la Horda de Oro, Sarai, la maravilla de las ciudades mongolas.

La ciudad fue completamente arrasada, hasta el punto de que se. pudo creer que nunca había existido. El mundo se olvidó de Sarai, hasta el siglo XIX, en que los arqueólogos descubrieron sus restos.

Ver: Historia del Principe Alejandro Nevski

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Tamerlan Vida y Conquistas Conquistador Mongol

RESUMEN: BIOGRAFIA Y CONQUISTAS DEL CRUEL LÍDER MONGOL TAMERLÁN

Tamerlán, de origen mongol turcomando, fue uno de los mas grandes y feroces conquistadores. Convencido de su descendencia del gran Gengis Khan, desde 1364 trató de imitarlo y someter a los kanatos de Transoxiana. Invadió la Mesopotamia oriental, Irán y Armenia.

No aceptaba desafíos y borraba a todo aquel que se atrevía a enfrentarlo. Famoso por su crueldad, violencia e impiedad con el enemigo. Realizó  incursiones en Rusia, Lituania, India, Siria y el Imperio otomano.

Como contraposición, se destacó por su amor y mecenazco en las artes y el saber.Uno de sus descendientes, Babur, fundó el gran Imperio mogol de la India. 

Líder Mongol de nombre Timur, luego Tamerlán (Cojo)

Nacido en 1336, en el Turquestán, se consideraba ya heredero de Gengis Khan cuando aún no tenía dieciséis años. Contando sólo con su juventud y con su audacia, intrigó desde muy pronto, se asoció a las conjuraciones de diferentes príncipes de Transoxiana, y denunció al emir de Kashgán a los principales jefes de los conjurados  que intentaban deponerlo.

A cambio de esta traición, recibió de su soberano, en matrimonio, a su nieta, la bella Aldjai, así como los honores debidos a un pariente del emir Bayaceto Djelair, compartiendo el gobierno de Transoxiana.

La Transoxiana era un país rico y fértil, en el que florecían, gracias al comercio y al tránsito de mercancías por la ruta de la seda, grandes ciudades (Bujara, Samarcanda, Balk). Los gobernantes, incapaces de imponer su propio clan y de librarse los unos de los otros, se soportaron hasta el día en que los ejércitos de Tugluk Khan, jefe de los mongoles Djagatay, establecidos en Turquestán, franquearon el Oxus.

Cuenta la historia que Timur fue el único que, tras haber consultado los oráculos, llegó a postrarse a los pies de Tugluk Khan, y lo hizo tan humildemente, que se le concedió una capitulación honorable y recibió de su nuevo señor la regencia de Transoxiana.

Sin embargo, algún tiempo después, por haber sido incapaz de reprimir una rebelión, cayó en desgracia y perdió la regencia, que fue concedida al hijo del Khan.

Timur juró reconquistar el poder, y recorrió las tribus, exaltando su espíritu de independencia, exhortándolas a liberar la Transoxiana, pero fue denunciado y tuvo que huir con sesenta de sus fieles.

Durante tres años, ocultándose en los valles más profundos, en las mesetas más aisladas y en las montañas más inaccesibles, consiguió escapar a sus perseguidores; poco a poco, sus compañeros fueron abandonándolo, y, al final, sólo quedaron siete, con los que, en el curso de una diabólica cabalgada, Timur conquistaría un Imperio.

Era inalcanzable, y no tardó en convertirse en un personaje de leyenda, en un ser fabuloso, invencible, protegido por Dios. Muy pronto, doscientos jinetes, procedentes de Jorasán, se unieron a él.

Su audacia no necesitaba más. Timur y sus partidarios, disfrazados de mendigos, se introdujeron en Samarcanda, con objeto de provocar una revuelta, pero esta tentativa fracasó y tuvo que tomar, de nuevo, el camino del desierto, acompañado esta vez por más de mil guerreros. Esto suponía ya una victoria.

El emir de Seistán acababa de ser expulsado de su reino, y Timur le ofreció ayudarlo a conquistar el poder. No fue recompensado; el emir, temiendo a este aliado demasiado poderoso, lo atacó de improviso.

En el curso de esta emboscada, Timur fue herido en el codo derecho y en una pierna, que le quedó rígida para siempre; pero le valió el sobrenombre de Timur Lenk, el Cojo, que en nuestra lengua se convirtió en Tamerlán. Después de esta victoria conseguida sobre el emir de Seistán, Tamerlán reunió a la mayoría de las tribus turco-mongolas de Transoxiana, y venció a Ilyas Khodja, hijo de Tugluk, obligándolo a abandonar Samarcanda, pero el poder se le escapa una vez más.

El consejo de los emires nombró Khan, bajo la presión de Hussein, cuñado de Tamerlán, a un sombrío descendiente de Gengis Khan, un viejo derviche que vivía como un ermitaño, Kahil Sha.

Tamerlán decidió librarse de Hussein; después de diversas peripecias, los dos hombres, antiguos compañeros de miseria, se enfrentaron con sus ejércitos respectivos. Hussein fue derrotado, y Tamerlán fue recibido, el 10 de abril de 1370, con todos los honores, en Samarcanda, que se convirtió en su capital.

tamerlan vence a bayaceto

Cuando Tamerlán derrotó y capturó a Bayaceto, encerró al sultán turco en una jaula y lo hizo transportar hasta que murió.

LA GUERRA SANTA Y SUS CONQUISTAS: Como su ilustre predecesor de su ídolo, reorganizó la Transoxiana. Tamerlán, que siempre había halagado a los jefes espirituales musulmanes, tratando con miramiento a los descendientes del profeta, los  doctores de la  ley, los filósofos, los derviches y hasta a los más humildes ermitaños, dio a su pueblo el impulso vigoroso de una misión divina, proclamando la guerra santa contra los infieles y contra los que, decía, habían perdido la verdadera fe y se complacían en el vicio.La conquista podía comenzar.

En 1379, Tamerlán franqueó el Oxus, para someter a Persia. La rica provincia de Jorasán fue la primera en ser dominada. El ejército marchó después hacia Herat (1381).

El sultán ofreció su rendición, y Tamerlán penetró en la ciudad, la joya de Afganistán, sin saber que el gobernador de la plaza había proyectado asesinarlo durante las fiestas conmemorativas de su victoria. La conjura fue descubierta, y Herat se convirtió en una ciudad mártir.

El Seistán fue la siguiente víctima: su capital, que, según la leyenda, había sido fundada por Nemrod. fue arrasada, y su población, pasada a cuchillo. Tamerlán exigió, seguidamente, la sumisión del sultán de Shiraz, advirtiéndole que tres plagas acompañaban a sus ejércitos: la deportación, la esterilidad y la peste.

El sultán cedió y murió poco después.

Después de estos acontecimientos, Tamerlán reunió sus fuerzas y proyectó proseguir la conquista de Irán, pero un descendiente de Gengis Khan, Togtamish, vasallo de la Horda Blanca, cuyo Imperio se extendía al este de la Horda de Oro, le pidió ayuda para reconquistar sus dominios, de los que acababa de ser expulsado por su   tío  Togtamish   pudo   recuperar,   así, sus antiguas tierras; se convirtió, tras aplastar una rebelión de príncipes rusos contra la Horda de Oro, en dueño de las estepas, desde el mar Negro hasta el Aral, y unificó las dos Hordas, de las que fue nombrado Gran Khan.

Una vez poderoso, olvidó a su antiguo protector, exigiéndole obediencia y arrebatándole Tabriz. Tamerlán, con cien mil jinetes, atravesó el Luristán, se apoderó de Hamadán—la antigua Ecbatana, capital de los medos—y reconquistó Tabriz. Franqueó, después, el Araxes y penetró en Georgia. Bragat V, rey de Georgia, asediado en Tiflis, su capital, resistió heroicamente, pero la ciudad, cuyas casas eran casi todas de madera, fue incendiada con pinas azufradas, con pez y estopa, lanzadas por los mongoles como granadas. La persecución se. extendió a toda Georgia, que fue arrasada a sangre y fuego.

Tamerlán prosiguió su avance y franqueó el Cáucaso, destruyendo a su paso todas las ciudades. Luego, retornando hacia el sur, penetró en Armenia. La región comprendida entre el Kur y el lago Van fue saqueada, y los cristianos, quemados vivos en sus iglesias. El ejército turco-mongol volvió a descender hacia Azerbaiján, y, tras un recorrido de mil quinientos kilómetros, avistó Ispahán.

El gobernador se dirigió a Tamerlán para entregarle las llaves de la ciudad, y los conquistadores, tras comprometerse a no saquearla, entraron en ella. Pero, muy pronto, la población no pudo soportar a aquellos bárbaros y se rebeló, matando a los tres mil hombres dejados por Tamerlán como guarnición.

Tamerlán, al enterarse de este motín, volvió a poner cerco a la ciudad y ordenó a sus setenta mil jinetes que le trajeran las cabezas de los habitantes de la misma, con las que hizo edificar sangrientas pirámides. La ciudad fue saqueada durante veinte días e incendiada. La población que escapó a la matanza y al fuego, huyó a las montañas, donde pereció de hambre y de frío.

Tamerlán murió el 18 de febrero de 1405, cerca de Shimkent (hoy en día enKazajstán), cuando encabezaba una expedición contra China

Ver: Tamerlán Contra La Horda de Oro

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Economía en el Reinado de los Reyes Catolicos

La Economía en el Reinado de los Reyes Católicos

EL ORDEN Y LA CENTRALIZACIÓN
En vísperas de las grandes conquistas coloniales, España tiende a empobrecerse, cada vez más. Sin duda alguna, las luchas políticas y las guerras civiles aceleraron esta tendencia.

A finales del siglo XV, la agricultura se encuentra en franca decadencia. En lo sucesivo, la ganadería se impone en las campiñas españolas y la trashumancia del carnero se convierte en la principal actividad.

El Tesoro Real se encuentra también en gran penuria. Las recaudaciones son escasas; el rey no percibe más dinero que el procedente de las rentas de sus dominios, del monopolio establecido sobre la sal, y del comercio, en la medida en que el Estado descontaba, previamente, un impuesto del 10 por 100, «la alcabala», sobre todas las transacciones comerciales.

De una manera general, los nobles no son contribuyentes, aparte del «servicio de lanzas», que permite equipar al ejército. El clero, en esta época, todavía no está exento.

La necesidad de encontrar dinero se convertirá en una verdadera obsesión de la monarquía española, que no vacilará en utilizar todos los recursos posibles y, en particular, los de las grandes Ordenes Militares y religiosas.

Reyes Católicos de España

En 1476, muere el Gran Maestre de la Orden de Santiago. Isabel consigue arrancar al Papa una bula por la que obtiene la administración del Maestrazgo.

En 1523, la mayor parte de las grandes Ordenes han sido vinculadas a la corona, con sus rentas. Este es el caso de las Ordenes de Calatrava, de Alcántara y de Santiago.

No obstante, para afianzar su poder, los Reyes Católicos no podían contentarse con medidas financieras limitadas. Toda la experiencia de los decenios pasados exigía poner fin a la anarquía y a la disgregación del poder.

El desarrollo económico y la estabilidad estaban ligados a una reorganización centralizada del país y, en consecuencia, a un reforzamiento de la autoridad real frente a las veleidades de poderío de los nobles.

Los Reyes Católicos emprendieron esta lucha, reduciendo, además, el poder de las instituciones municipales y de las Cortes.

En cada ciudad, fue establecido, al lado de los regidores, un «corregidor», nombrado por el rey, que tenía como misión controlar la administración y que, poco a poco, gracias a los plenos poderes de que estaba investido, llega a ser el verdadero gobernador de la ciudad.

Siguen existiendo las asambleas municipales, elegidas o sacadas a suerte, pero, las listas de elección se hacen bajo la intervención del gobierno.

Las Cortes entran también en esta época en una fase de decadencia, pero el rey no tiene interés en enterrarlas totalmente, ya que su voto era necesario para la recaudación de nuevos impuestos.

De hecho, las Cortes no se reunirían más que episódicamente, a veces con interrupciones muy largas, como la de 1482 a 1497.

En Castilla, los diputados de la nobleza no son ya invitados, bajo pretexto de que, al no pagar impuestos, se desinteresan de la cuestión financiera. Quedaban los procuradores de las ciudades, pero éstos habían sufrido un cambio análogo al de las municipalidades y, de este modo, las Cortes se transforman en asambleas bastante sumisas.

La autoridad real se refuerza, las Cortes se debilitan y las leyes locales, los «fueros», son limitadas.

En las ciudades se crean las «hermandades», tribunales que sirven de infraestructura al poder real. De estos contingentes es de donde los reyes sacaban milicias fieles, como hicieron para la expedición contra el reino de Granada.

El ejército también fue reorganizado, empleándose un nuevo armamento compuesto de piezas de artillería. Un hombre desempeñará un gran papel en esta modernización: Gonzalo de Córdoba.

Se crearon nuevas unidades, la «coronelía», formada por doce «capitanías», armadas de picas, espadas y arcabuces, que constituían un conjunto temible. La flota, a pesar de algunos progresos, sigue siendo insuficiente.

El rey distribuye numerosas primas para la construcción, pero la penuria de las recaudaciones es demasiado grande.

El conjunto del ejército, compuesto de soldados llamados a filas (un hombre por cada doce), de mercenarios y de voluntarios, sigue estando mal pagado.

Al alborear el siglo XVI, los grandes descubrimientos de Cristóbal Colón serán el fruto de todo este esfuerzo de reorganización y de centralización emprendido por los Reyes Católicos.

Poco a poco, el centro del gran comercio mundial pasará del Mediterráneo al Atlántico.

En el plano continental, Fernando sigue estando muy preocupado por la extensión de la fe y no vacilará en entrar en 1511-12, con el emperador Maximiliano, en la «Santa Liga», presidida por el Papa Julio II.

Se trataba de la defensa de Italia y de la Iglesia, amenazadas por Luis XII.

España tiene la convicción de volver a empezar la lucha contra los infieles, y sus soberanos esperan lograr, una vez más, por este medio, la consolidación de lo que es esencial para ellos: la unidad española.

Fernando estaba dispuesto a confiar a un príncipe español la sucesión del reino.

Pero, en el año 1504, muere Isabel, dejando como heredera a su hija, Juana, llamada la Loca, que estaba casada con Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano y de María de Borgoña.

La posibilidad de que el trono fuese ocupado por una desequilibrada había inquietado a las Cortes de Castilla, las cuales habían decidido, desde el año 1502, reconocer a Felipe como príncipe heredero, en el caso en que Juana se viera incapacitada para reinar.

A partir de esta época, una sorda hostilidad se esta entreblece entre el rey y el príncipe heredero. Se había entablado una verdadera lucha política que amenazaba, una vez más, la paz reino.

Fernando se apoyaba, fundamentalmente, en el sentimiento nacional, en las tradiciones, en la paz lograda en su lucha contra el príncipe extranjero, el cual por su parte, trataba de ganarse la simpatía de todos los nobles ofendidos por las medidas de Fernando.

El conflicto podrá ser evitado. El 25 de septiembre de 1506, Fernando muere….y comienza otra historia. (Ver: Carlos I de España)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Historia de la Toma de Granada y La Expulsion de Judíos

Historia de la Toma de Granada y La Expulsión de Judíos

La elevación de Isabel al trono de Castilla se llevó a cabo, pero con  dificultades. Los partidarios de la Beltraneja, consiguieron desencadenar una guerra civil.

A comienzos del año 1477, Fernando e Isabel logran reconquistar su país.

En cuanto a la Beltraneja, abandonada por todos aquéllos de los que había sido juguete, desapareció completamente de la vida política, retirándose a un convento.

Reyes Católicos de España: Fernando de Aragón e Isabel de Castilla

Isabel y Fernando toman ambos el título de «Reyes». Sin embargo, la fusión de los dos reinos está lejos de haberse logrado.

Isabel es «legítima propietaria» de Castilla, cuya administración comparte con su esposo, solamente, en aquello que le parece oportuno. Cada reino conserva su personalidad, su sello y sus armas.

En las monedas se graban las efigies de los dos soberanos. En realidad, Castilla es la que va a beneficiarse de esta unión.

Estado más rico y poblado, se aprovechará de la toma de Granada, así como de los descubrimientos. La muerte de Isabel, en 1504, originará una temporal separación a la que pondrá fin el fallecimiento de Fernando en  1516.

Los Reyes Católicos se dedicaron a fortalecer el poder real, incautándose de las Maestranzas de las Ordenes Militares y de las plazas marítimas, y creando la Santa Hermandad para la policía de caminos. Dictaron las leyes que se conocen con el nombre de Ordenamiento de Montalvo.
Establecieron el Tribunal de la Fe, llamado asimismo Inquisición o Santo Oficio, para lograr en España la unidad religiosa. Fue el primer Inquisidor general fray Tomás de Torquemada, de proverbial severidad.

LA INQUISICIÓN: TORQUEMADA

A pesar de las peculiaridades de cada reino, existía una institución común: la Inquisición.

Al comienzo, hubo, por parte de Isabel, una real preocupación de unificación religiosa, pero, muy rápidamente, esta institución tomará un cariz tanto político como religioso.

Torquemada

En el plano político, la Inquisición llegará a ser exponente del poder absoluto. Ante una demanda no pública de Isabel y Fernando, el papa Sixto IV firmó la bula estableciendo la Inquisición en Castilla, el 1º de noviembre .de 1478.

A partir de este momento, el rey nombraría a tres obispos, asistidos por sacerdotes, con plena jurisdicción sobre varios delitos, muy especialmente el de herejía.

El primer tribunal se establece en Sevilla, el 17 de septiembre de 1480. El primer auto de fe se celebró en 1486.

Para el cargo de Inquisidor General, es elegido el confesor de los soberanos, Tomás de Torquemada, hombre celoso, con fama de despiadado, que dará a la Inquisición su carácter atroz y sombrío.

Desde entonces, todos los recursos del Estado estarán a disposición de los inquisidores. Las penas varían, pasando de la simple reprimenda a la condena a galeras a perpetuidad.

Si el acusado es irrecuperable, es decir, si, por ejemplo, se niega a confesar, la Inquisición lo considera como excluido de la comunidad cristiana y lo entrega al brazo secular.

La sentencia de muerte es pronunciada por la justicia real. La hoguera se levantaba, generalmente, fuera de las poblaciones. Si el condenado se retractaba o se confesaba, era estrangulado antes de ser quemado; si no, era quemado vivo, con sus libros, si se trataba de un escritor.

DESARROLLO DE LA TOMA DE GRANADA

Decididos a comenzar su reinado con una acción brillante, los Reyes Católicos quieren aumentar su prestigio acabando la Reconquista, paralizada desde hacía algunos decenios. A mediados del siglo XV, los moros conservaban todavía una franja de territorio alrededor de Granada.

Iniciaron la guerra al rey de Granada, Müley-Hacen, exigiéndole el pago del tributo que a Castilla debían los granadinos desde los tiempos de San Fernando.

Comenzó la campaña en 1482, a pesar de las amenazas del sultán de Turquía, a las que contestó el rey  Fernando ordenando a su almirante l la toma de los Dardanelos, y que el almirante realizó.

El marqués de Cádiz se apoderó de Alhama, y luego fue acometida Loja.

El trono de Granada fue a parar en 1484, por una sublevación, a mano de Boabdil, hijo de Muley-Hacen. Boabdil cayó prisionero de los cristianos, pero el rey Fernando le dio libertad para fomentar discordias entre ellos mismo…así ocurrió.

Los zegríes, defensores del padre, y los abencerrajes, partidarios del hijo, pelearon.

Cuando murió Muley-Hacen, Boabdil tuvo otro contrincante en su tío El Zagal.

En 1486 era único rey Boabdil, de cuyas ciudades iban apoderándose los Reyes Católicos.

En 1487 se rindió Málaga, y en 1491 se puso el campamento a dos leguas de Granada, y fue al campamento para dar ánimos a sus soldados, la reina Isabel.

Gonzalo de Córdoba, Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas, y otros muchos se distinguieron en el asedio de Granada.

Pérez del Pulgar, que ya se había hecho famoso por sus arriesgadas empresas en los cercos de Loja y de Málaga, realizó la más famosa de todas en el sitio de Granada. Es la que lleva el nombre del Ave María.

Arrodillándose a la puerta de la iglesia de Alhama, ciudad en que se encontraba, hizo voto de entrar en Granada, poner fuego a la Alcaicería y tomar posesión de la Mezquita Mayor de la capital mora, para Iglesia Mayor.

Este voto corrió de lengua en lengua por Alhama, y, por lo arriesgado de la empresa, se empezó a decir lo que luego quedó como refrán: «Con Pulgar is, la cabeza lleváis pegada con alfileres».

Pérez del Pulgar hizo que en un pergamino se escribiera en latín el Ave María, el Padre Nuestro, el Credo y la Salve, y debajo, en castellano, el auto con la toma de posesión de la Mezquita.

La noche del 17 de diciembre de 1490, con sus quince escuderos, se encaminó a Granada. Llegó a las puertas de la ciudad al oscurecer del día siguiente; previno a su gente de todas las contingencias que podían ocurrir, y a la media noche, burlando las escuelas y guardias, logró penetrar en Granada, vadeando el Darro.

Con seis de los suyos se encaminó por las tortuosas calles de la ciudad, con todo sigilo. Entre una y dos de la madrugadaa llegaron a la puerta de la Mezquita, en la que Pérez del Pulgar clavó con su puñal el pergamino que llevaba dispuesto.

Encendieron un hacha de cera que también llevaban preparada, rezaron las oraciones y leyeron el auto de toma de posesión.

Fueron después a la Alcaicería, pero no pudieron prenderle fuego de momento porque el escudero Tristán de Montemayor había apagado la cuerda que traían encendida.

Entonces otro escudero, Diego de Baena, se ofreció a ir a encender un puñado de esparto en el hacha que había quedado encendida a la puerta de la Mezquita, y así lo hizo, pero al regreso tropezó con el guarda del Zacatín, y la lucga que emprendieron alborotó a los moros.

Los expedicionarios hubieron de salir precipitadamente de Granada por el lecho del río.

La fundación de Santa Fe, cuando se quemó el campamento cristiano, fue prueba de la firme decisión de los Reyes Católicos.

Granada capituló, y el 2 de enero de 1492 penetraron en ella los Reyes Católicos.

Con la expulsión de los judíos, que se decretó el mismo año, quedó hecha la unidad religiosa de España.

LAS PERSECUCIONES  A JUDÍOS Y MOROS:

En 1492, el terror se abate sobre los judíos. El 30 de marzo, se firmó un edicto conminando a la población judía a convertirse antes del mes de julio o a abandonar el reino.

Los que desobedecieran esta orden, debían ser condenados a muerte. Se convirtieron 50.000 judíos, pasando a la categoría de marranos.

Emigraron 175.000, y unos 20.000 perecieron. La mayor parte de los refugiados se dirigió a Italia, donde fueron, más o menos, bien acogidos.

Otros huyeron a Marruecos, al reino de Fez, pero allí fueron degollados por los musulmanes o vendidos como esclavos.

Su refugio más seguro fue, sin duda alguna, Turquía, gracias a su sultán, que veía con satisfacción la llegada de mano de obra. En cuanto a los 80.000 judíos refugiados en Portugal, su vida se convirtió muy pronto en un calvario.

Una represión idéntica se abatió contra otros «herejes»: los musulmanes.

La población mora podía dividirse en dos categorías, los que se habían convertido desde hacía largo tiempo y que se encontraban diseminados por todo el país, y los que conservaban su religión, que se encontraban localizados, sobre todo, en Aragón, Valencia y Cataluña.

Población esencialmente campesina, los musulmanes, de inmediato, no sufrieron la misma represión que los judíos.

Tras la capitulación a que hemos hecho referencia, la conquista de Granada y de sus 400.000 habitantes, el 2 de enero de 1492, complicó la situación. Los moros se convirtieron en un peligro político y religioso.

Sin embargo, Fernando e Isabel habían aceptado en su Convención de 1491 reconocerles, e incluso garantizarles, sus derechos.

El arzobispo Hernando de Talavera, nombrado para la sede de Granada, obraba con mucha prudencia y tolerancia. En 1499 esta Convención será violada.

Las pocas conversiones obtenidas llegan a hacer sospechoso a Fray Hernando. La Inquisición va a ser, entonces, introducida en el reino de Granada.

El 18 de diciembre de 1499, son bautizados 3.000 musulmanes. El 26 de febrero de 1500, se decretó una amnistía para los «delitos cometidos antes del bautismo» y 60.000 personas se convirtieron.

Pero la violación progresiva de la Convención de 1491 provocó numerosas rebeliones, entre ellas la de Ronda, en enero de 1501. Finalmente, Fernando dominó estas sublevaciones utilizando tanto la persuasión como la represión.

En septiembre de 1501, casi todos los moros de Granada se convirtieron, más o menos espontáneamente, y pasaron a ser moriscos (moros convertidos).

En Castilla y en León, algunos grupos refractarios se negaron a seguir este camino. El 12 de febrero de 1502, un edicto ordenó a los moros de Castilla abandonar el país antes de terminar el mes de abril, o aceptar el bautismo.

No teniendo otra salida más que huir a Portugal o a Aragón, sin poder llevar consigo a sus hijos, la mayor parte de ellos acabaron por ceder.

Nos encontramos, pues, en esta época ante dos reinos distintos, unidos por sus soberanos y por una lucha común contra los infieles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Enrique VII de Inglaterra Gobierno y Economia del Reinado

RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA DE ENRIQUE VII DE INGLATERRA – SU GOBIERNO Y LA ECONOMÍA

Enrique Tudor, fue rey de Inglaterra desde 1485 hasta 1509 (fecha de su muerte), conocido en la historia como Enrique VII. Fue el primer monarca de la Casa Tudor, cuyo reinado dio paso a un periodo de unidad nacional después de los conflictos del siglo XV.

Enrique VII de Inglaterra

Era hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond (c. 1430-1456), y Margarita Beaufort, condesa de Richmond y Derby (descendiente directa de Juan de Gante, duque d

Después de que el rey Eduardo IV (de la Casa de York) arrebatara el trono a Enrique VI (de la Casa de Lancaster) en 1471, Enrique Tudor, que pertenecía a la Casa de Lancaster, tuvo que refugiarse en Bretaña.

ENRIQUE LLEGA AL PODER: Enrique Tudor, duque de Richmond, era el último representante de los Lancaster, puesto que descendía, por parte de su madre.

Adolescente enfermizo, pero reflexivo y tenaz, vivía en Bretaña desde la derrota del partido de la Rosa Roja. Cuando en 1484 murió el hijo único de Ricardo III, los numerosos adversarios de este último pusieron todas sus esperanzas en el joven Tudor; alimentaban el gran proyecto de casarlo con la hija de Eduardo IV, Isabel de York, uniendo, así, las dos casas de York y de Lancaster para poner fin a una guerra de la que todos estaban cansados.

Ricardo III, viudo de Ana Neville, pensó casarse con su joven sobrina para cortar de raíz estos proyectos; pero tropezó con tal resistencia por parte de la nobleza y de la burguesía que tuvo que abandonar este propósito.

El 10 de agosto de 1485, Enrique Tudor, sostenido por Francia, partió de Honfleur con 2.000 soldados, refugiados ingleses y aventureros bretones, y desembarcó en Milford Haven.

El encuentro con el ejército real ocurrió el 20 de agosto en Bosworth. La batalla fue sangrienta, llegándose al cuerpo a cuerpo.

Pero Ricardo, a pesar de la ventaja del número, fue traicionado por algunos grandes señores y se encontró  cercado;   se  negó  a  huir,  declarando «que moriría como Rey de Inglaterra», y después de haber combatido valientemente, fue muerto de un hachazo.

Enrique Tudor fue coronado y se casa con Isabel de York, de esta forma fueron unidas la Rosa Blanca y la Rosa Roja. Desde entonces, comenzó para Inglaterra un largo período de paz y de prosperidad.

ENRIQUE VII TUDOR E IRLANDA
El nuevo soberano no poseía ninguna de las virtudes caballerescas de sus predecesores, pero se reveló como un gran hombre político. Avaro, supo amasar una inmensa fortuna que le permitió no tener que recurrir al Parlamento en solicitud de subsidios.

Aprovechando la extrema debilidad de la nobleza después de esta larga crisis y del deseo de paz de la burguesía, supo, hábilmente, reducir los antiguos privilegios de la primera, favorecer los negocios de la segunda, y aliarse a la Iglesia para combatir la herejía, asentando el poder monárquico sobre bases sólidas.

De su reinado data la instauración en Inglaterra de una monarquía absoluta. Todo esto no se llevó a cabo sin oposición; dos nuevos pretendientes al trono trataron de imponerse durante los primeros años de su reinado.

Inglaterra, desde la Guerra de los Cien Años, se había desinteresado de Irlanda, que había adquirido una cierta autonomía de hecho y cuyo Parlamento decidía sus asuntos.

El duque de Clarence, segundo hermano de Eduardo IV, gobernador de la isla, nunca había estado en ella, dejando el poder al conde Tomás de Kildare, perteneciente a la poderosa familia irlandesa de los Geraldine. Por otra parte, Irlanda era favorable a los York y se mostró hostil a Enrique VII.

Así, cuando en el año 1485, un apuesto joven de Oxford, Lamber Symmel, pretendió ser Warwick, hijo del duque de Clarence, los irlandeses se apresuraron a reconocerlo y a ceñirle la corona real. Y aunque Enrique VII, para denunciar la impostura, paseó al verdadero Warwick, que se encontraba encerrado en la Torre de Londres, por las calles de la capital, Margarita de York, viuda de Carlos el Temerario, sostuvo a este pretendido sobrino y le envió 2.000 soldados.

A la cabeza de 8.000 hombres, el 4 de junio de 1487, Lambert Symmel, que había tomado el nombre de Eduardo VI, desembarcó en las costas del Lancashire, fue derrotado en Stoke por el ejército real y hecho prisionero.

Se vio obligado a confesar que no era más que el hijo de un panadero de la ciudad de York, y, Enrique VII, para humillarlo, le concedió un empleo de pinche en las cocinas reales; este desgraciado pretendiente terminó como halconero del rey.

Enrique VII se apoyo, para gobernar, en tres grupos sociales: el primero de ellos era la gentry o aristocracia rural, compuesta por nobles propietarios de tierras feudales y burgueses enriquecidos con la compra de inmensos dominios; era necesario entregar al tesoro real un censo mínimo de veinte libras para formar parte de esta gentry, la cual obtenía, entre otros privilegios, el de desempeñar las funciones de juez de paz.

Los yeomen constituían el segundo grupo sobre el que se apoyaba la monarquía; pequeños terratenientes que entregaban, por lo menos, cuarenta chelines al rey, lo que les permitía intervenir en las elecciones del condado y formar parte del jurado.

Estos yeomen, caballeros o plebeyos, se aprovechaban del progreso de las técnicas agrícolas y se enriquecían rápidamente.

Finalmente, con su política de paz y de apoyo activo al comercio y a la industria, el rey agrupó tras de sí a los comerciantes y banqueros, cuyo poder aumentaba sin cesar. Gracias a estos sólidos apoyos, Enrique VII pudo prescindir del Parlamento, que no fue convpcado más que siete veces en 24 años, y de la nobleza; gobernó asistido por su consejo privado, cuyos miembros eran reclutados entre los hijos de burgueses procedentes de las grandes universidades.

LANA Y MAR EN LA ECONOMÍA: Inglaterra se dedicaba, desde hacía largo tiempo, a la cría de ganado lanar; esta actividad alimentaba la industria más importante del país: la textil. A fines del siglo xv, la reglamentación del trabajo fue severamente sometida al Parlamento y no a las corporaciones: no obstante, las corporaciones de tejedores seguían siendo muy potentes, sobre todo, en las grandes ciudades textiles, como Norwich.

Enrique VII favoreció también el desarrollo de la pesca: puertos como Berwick, Grimsby y Yarmouth fueron ampliados o acondicionados para la pesca del salmón, 3d oacalao y del arenque.

La extracción del hierro aumentaba en Sussex y Kent, y la industria metalúrgica de Sheffield era una de las primeras de Europa. Pero el progreso más notable se produjo en el comercio. Enrique VII, queriendo hacer de su país una gran potencia comercial, impulsó, ante todo, el desarrollo de la marina mercante; creó un arsenal en Portsmouth, hizo construir barcos que fletaba arrendándolos a los comerciantes, y financió expediciones, como la de Juan Cabot a Terranova.

Bajo su reinado, el Parlamento tomó dos acuerdos sobre navegación, concernientes al comercio de la lana y del vino, que fueron la base de la legislación marítima inglesa: en adelante, el comercio de estos productos con el extranjero debía hacerse, exclusivamente, sobre navios ingleses con tripulación inglesa. Para reducir el poder de la Liga Hanseática, Enrique VII la despojó de los monopolios de que gozaba en Inglaterra, y firmó tratados de comercio con los Países Bajos, Dinamarca y Riga.

Inglaterra importaba todos su objetos de lujo: la seda, los vinos y el azúcar de Italia; las especias y los tejidos finos de Gascuña y de Flandes. Para favorecer el comercio, el rey concedió privilegios a los venecianos y a la corporación de los comerciantes ingleses; la lonja, que estaba administrada por alcaldes elegidos, fijaba los precios máximos, fiscalizaba el pago regular de las aduanas reales y juzgaba los procesos.

Los puertos conocieron una actividad febril. Los del norte, Newscastle, Boston y Mull exportaban carbón y comerciaban con Noruega; los del sur, Plymouth, Southampron y Dover, se orientaban hacia el continente y el Mediterráneo; Bristol, gran importador de vinos, mantenía estrechas relaciones con Irlanda.

Si Inglaterra se convirtió en el curso de algunos años en una potencia marítima, se lo debió a su rey, que prefirió siempre la paz a una política de guerras y de conquistas. A finales del siglo, Enrique VII desempeñaba el papel de arbitro en Europa; se abstuvo de intervenir en las guerras continentales y dejó a Carlos VIII anexionarse la Bretaña.

Cuando este último partió a guerrear en Italia, firmó, como precio de su neutralidad, el tratado de Etaples, que reportó a Inglaterra 745.000 escudos. Finalmente, buscó la alianza de España y casó a su hijo mayor, Arturo, con Catalina de Aragón, hija de Isabel y de Fernando. Estos le hicieron unirse a la Liga Santa contra Francia.

A su muerte en 1509 dejaba a su hijo Enrique VIII, un reino poderoso y próspero, en que no quedaba un rastro de la larga guerra civil que lo había desgarrado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

El Directorio de la Revolución en Francia Objetivos

El Directorio de la Revolución en Francia – Napoleón Bonaparte

La era revolucionaria defines del siglo XVIII fue testigo de una extraordinaria transformación política. Revueltas revolucionarias que comenzaron en América del Norte y continuaron en Francia fueron el origen de movimientos por la libertad y la igualdad políticas.

Los documentos generados estas revoluciones, la Declaración de Independencia y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, constituyeron las ideas fundamentales de la Ilustración y dejaron asentada una agenda política liberal fundamentada en la creencia de la soberanía popular —el pueblo es la fuente del poder político— y de los principios de libertad e igualdad.

La libertad, con frecuencia limitada en la práctica, significaba, en teoría, verse libre del poder arbitrario, así como libertad de pensamiento, de expresión y de credo. Igualdad significaba igualdad de derechos e igualdad de oportunidades basada en el talento más que en el origen por nacimiento. En la práctica, la igualdad permaneció limitada; aquellos que poseían propiedades tenían mayores oportunidades de voto y para conseguir puestos públicos, a la vez que ciertamente no había igualdad entre hombres y mujeres.

Los caudillos de la revolución liberal de Francia, llevada a cabo entre 1789 y 1791, eran propietarios, burgueses y de la nobleza, pero tuvieron el apoyo de la gente común, los plebeyos, tanto los sans-culottes como los campesinos.

Con todo, la revolución liberal, a pesar de las esperanzas de quienes eran propietarios, no constituyó el fin de la revolución. La decisión de los revolucionarios de ir a la guerra «revolucionó la revolución» y abrió las puertas a una etapa más radical, democrática y violenta.

Los excesos del Reino del Terror, sin embargo, corndujeron a una reacción, primero, bajo el del Directorio y más bajo el mando de Napoleón, cuando los propietarios deseaban sacrificar la libertad a cambio de orden, seguridad y opon económica.

Napoleón, al tiempo que disminuyó las libertades estableciendo el orden y centralizando el gobierno, con visión y astucia conservó la igualdad de derechos y la apertura de oportunidades al talento de las personas e integró a la burguesía, la antigua nobleza en una nueva élite de propietarios. Así, pesar de la retórica revolucionaria antiaristocrática y la pérdida de sus privilegios, los nobles siguieron siendo importantes propietarios.

Napoleón Bonaparte Militar Francés

EL DIRECTORIO: La tercera etapa de la Revolución se inició después de que concluyó la Dictadura del Terror de 1794; estuvo en manos de un grupo de políticos que representaba, sobre todo, los intereses de la burguesía financiera y de negocios.

El sistema político que implantaron en 1795 fue una República que depositaba el poder Ejecutivo en manos de un grupo de personas que recibían el nombre de Directorio, y el Legislativo a dos cámaras: la de los Quinientos y la de los Ancianos.

La Constitución había sido aprobada por plebiscito en septiembre de 1 795. Su Declaración de Derechos suponía un retroceso con respecto a la aprobada en 1789: sólo quedaba recogida la igualdad ante la ley y no contemplaba ningún derecho social, mientras que definía con precisión el derecho de propiedad.

Los políticos del Directorio con dificultad lograron mantenerse en el poder, amenazados siempre por la presión de los partidarios de la restauración de la monarquía. El Directorio deseaba la estabilidad y el orden interno para consolidar una República conservadora que fuera la primera potencia de Europa.

Los deseos del régimen tropezaron con dificultades internas, como la crisis económica provocada a raíz de la supresión de. control de precios y salarios, la cual repercutió de forma negativa en las capas sociales más deprimidas y en la situación financiera del Estado, cada vez más dependiente de los botines de guerra.

El periodo del Directorio fue una época de estancamiento, corrupción y rapiña, una reacción materialista a las penurias y sacrificios exigidos en el Reinado del Terror y la República de la Virtud. Los especuladores hicieron grandes fortunas en forma de bienes raíces, aprovechándose de los graves problemas monetarios del gobierno. Trajes muy elaborados, que habían pasado de moda debido a su identificación con la nobleza, volvían al uso ahora. Los juegos de azar y la ruleta volvieron a adquirir popularidad.

El gobierno del Directorio tuvo que enfrentar a enemigos, tanto de derecha como de izquierda, desde el punto de vista del espectro político. En la derecha, los realistas que soñaban con la restauración de la monarquía continuaron su agitación; algunos de ellos incluso consideraron la posibilidad de valerse de la violencia como medio eficaz. En la izquierda, las esperanzas de poder de los jacobinos se veían renovadas por los continuos problemas económicos, especialmente el colapso total del valor de los asignados.

Algunos radicales llegaron incluso mucho más lejos de lo que en un principio pretendían, en especial, personas como Graco Babeuf, quien planteó la pregunta «¿Qué es la Revolución Francesa? Una guerra abierta entre patricios y plebeyos, entre ricos y pobres». Babeuf, estremecido por la miseria de la gente común, quería abolir la propiedad privada y eliminar la empresa privada. Su Conspiración de los Iguales fue aplastada en 1796 y él fue ejecutado en 1797.

Las nuevas elecciones convocadas en 1797 crearon mayor inestabilidad e incertidumbre. Acosado por la derecha y por la izquierda, e incapaz de encontrar una solución definitiva a los problemas económicos del país, y cargando sobre sus hombros todavía las guerras iniciadas por el Comité de Seguridad Pública, el Directorio se apoyó cada vez más en el ejército para mantener su poder. Esto condujo a un golpe de estado en 1799, cuando el triunfante y popular general Napoleón Bonaparte pudo alcanzar el poder.

Napoleón dominó tanto la historia de Francia como la del resto de Europa entre 1799 y 1815. El golpe de estado que lo elevó al poder se llevó a cabo a los diez años exactamente del estallido de la Revolución Francesa. En cierto sentido, Napoleón condujo a su fin a esta revolución en 1799, pero fue también uno de sus hijos; de hecho, él se llamaba a sí mismo el Hijo de la Revolución. (Ver: Napoleón Bonaparte)

Sintesis: Este periodo se puede denominar de estancamiento, en el que:

• Los miembros del Directorio buscaron el apoyo de los militares.
• Se aprobó la Constitución republicana moderada en 1795.
• Se abolieron las leyes en relación con los precios máximos.

A pesar de la crítica situación interna, el Directorio manejó una política exterior agresiva, que llevó a Francia a enfrentarse entre 1798 y 1799, contra la segunda coalición europea integrada por Gran Bretaña, Austria y Rusia Las victorias militares proporcionaron a Francia recursos que contribuyeron a mejorar sus finanzas.

Durante las batallas realizadas por los ejércitos franceses, destacó particularmente el general Napoleón Bonaparte. A partir de entonces, la gran burguesía lo consideró como la personalidad más experimentada del Directorio y le entregó el poder militar el 9 noviembre de 1799.

Ver: Resumen de la Revolucion Francesa

Ver: El Terror Revolucionario de la Convención

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Historia Universal Segura-Sañudo-Vázquez
Civilizaciones de occidente Volumen B Jackson Spielvogel

La Convención Nacional en Francia El Terror Revolucionario

La Convención Nacional en Francia – El Terror Revolucionario

ANTECEDENTES: La Revolución Francesa fue un movimiento social que estalló en 1789, contra el absolutismo real y los privilegios sociales. Ese acontecimiento cambió la estructura del gobierno y la organización de la sociedad, y respondió en sus finalidades más nobles al deseo de un mejor orden político y de una más equitativa organización social.

El ambiente era propicio para el estallido de la revolución. La corrupción de costumbres había llegado en la alta sociedad a un punto increíble. La situación política de Francia respondía al absolutismo monárquico, mientras los filósofos y enciclopedistas proclamaban su repudio del absolutismo, y su admiración por el régimen constitucional inglés.

La situación social presentaba contrastes irritantes: en la cúspide, el Rey y su familia, que vivía en la opulencia, rodeado de brillante y fastuosa corte; más abajo los privilegiados del primer estado y del segundo estado, libres de impuestos, y colmados de favores y privilegios. Por último, los no privilegiados, que formaban el tercer estado, o estado llano: legistas, burgueses enriquecidos, obreros y campesinos. Sobre estos cargaba el peso de los impuestos, aumentados continuamente, por los derroches de las altas esferas.

La situación económica era difícil. El aumento de la deuda del Estado provocaba la imposición de nueyos tributos, para conjurar el déficit. El sistema absolutista era sumamente injusto y la mecha hacia la explosión social estaba encendida….

Convención Nacional

Las derrotas en la guerra contra los países que defendían el absolutismo y eran aliados de Luis XVI, aunadas a la escasez económica de la primavera, reforzaron a los grupos populares que habían permanecido inactivos desde el verano anterior, provocando renovadas demostraciones políticas, especialmente en contra del rey.

Los grupos políticos radicales de París se declararon comuna insurgente y organizaron una revuelta popular que atacó el palacio real y la Asamblea Legislativa, en agosto de 1792; tomaron prisionero al rey y forzaron a la Asamblea Legislativa a suspender la monarquía y convocar a una Convención Nacional, elegida sobre la base del sufragio masculino universal, para decidir la forma futura de gobierno.

La Revolución Francesa estaba a punto de pasai a una etapa más radical, conforme el poder pasaba de la asamblea a la nueva Comuna de París, conformada por numerosos sans-culottes, como orgullosamente se autodenominaban, es decir, patriotas comunes carentes de ropas finas. Aunque se ha generalizado la idea de equiparar a los sans-culottes más radicales con los obreros y los más pobres, cabe señalar que muchos de ellos eran prósperos comerciantes y artesanos que gozaban de prestigio entre sus vecinos.

sans-culottes

Apenas reunida la Convención, su primera acción fue abolir la monarquía y proclamar la República en Francia el 22 de septiembre de 1792, bajo el lema de «Igualdad, Libertad, y Fraternidad». Como dijimos antes la República fue gobernada por una asamblea llamada Convención Nacional.

Esta Convención tuvo que decidir qué hacer con Luis XVI, quien fue acusado de conspirar contra la Revolución. Fue sometido ajuicio y condenado a morir en la guillotina, siendo ejecutado en enero de 1793, junto con su esposa María Antonieta. La ejecución de los monarcas provocó la reacción de la mayoría de los Estados europeos, que decidieron formar una alianza para luchar contra Francia y restaurar la monarquía.

Ante la amenaza extranjera, la Convención consideró indispensable defender a la República de sus enemigos internos y externos, por lo que puso el gobierno en manos de un Comité de Salud Pública encabezado por Robespierre, a quien le otorgó poderes ilimitados para exterminar a los enemigos de la Revolución.

Socialmente, la conformación de la Convención Nacional era muy similar a sus predecesoras. Aunque en ella predominaban los abogados, otros profesionales y dueños de propiedades, también formaba parte de ella, por primera vez, un puñado de artesanos. Dos terceras partes de los diputados tenían menos de cuarenta y cinco años de edad, y casi todos ellos contaban ya con experiencia política, como consecuencia de la Revolución. Casi todos ellos también desconfiaban profundamente del rey y de sus actividades.

Así, no resultó sorprendente que el primer paso de trascendencia que dio la convención el 21 de septiembre consistió en la abolición de la monarquía y la proclamación de la república. Pero estos puntos fueron los únicos que gozaron de unanimidad, y la Convención Nacional no tardó en dividirse en facciones que discutían acerca del destino del rey. De estas facciones, las dos más importantes fueron la de los girondinos y la de la Montaña, ambas miembros del Club de los Jacobinos.

Grupos Políticos. La Convención surgida de las elecciones de 1792 supuso un nuevo giro hacia la izquierda política. Los girondinos evolucionaron hacia posturas más conservadoras ante el radicalismo del movimiento popular. Partidarios de la propiedad, del liberalismo económico y de las jerarquías sociales, representaban los intereses de la burguesía acomodada. Eran enemigos de cualquier reglamentación económica y de las medidas políticas extraordinarias.

Los «montañeses», denominados de esta forma por su ubicación en la Cámara, tenían como dirigentes a Robespierre, Danton y Marat. Aunque la mayoría de sus diputados eran de origen burgués, se consideraban representantes de los ciudadanos pasivos y de los grupos sociales que habían triunfado el 10 de agosto. Contaban con el apoyo de la Comuna de París y de los sans-culottes. Defendían la función social de la propiedad y la democracia política.

Marat Robespierre Danton

La «llanura» agrupaba a todos los diputados independientes, situados entre las otras dos tendencias, fluctuando según las circunstancias entre unos y otros. Partidarios de las conquistas revolucionarias, veían la necesidad de una alianza con las masas populares hasta lograr la consolidación definitiva de la revolución. No obstante como burgueses propietarios apoyaban a los girondinos en la defensa de la libertad económica.

En un principio, la Convención estuvo dominada por los girondinos, que ocuparon los cargos del Consejo Ejecutivo Provisional y de los distintos comités de la Asamblea.

PROCESO Y MUERTE DEL REY
El 20 de noviembre de 1792, los Republicanos descubrieron, en un armario secreto del palacio de las Tullerías, la correspondencia de los soberanos franceses con el enemigo: la culpabilidad de Luis XVI era evidente. Los girondinos, que habían tratado de aplazar el proceso apoyándose en la inviolabilidad real reconocida en la Constitución de 1791, tuvieron que batirse en retirada. Conscientes de la adhesión que en muchas capas del país encontraba todavía la familia real, propusieron un referéndum que decidiese la suerte de los acusados. Pero los de la «Montaña» no estaban dispuestos a salvar la vida del rey.

La ejecución del rey de Francia Luis XVI en 1793

El proceso se inició el 11 de diciembre, con la lectura de un acta de acusación preparada por Lin-det. El 14 de enero, la Asamblea le reconoció culpable, por unanimidad; la mayoría rechazó la propuesta de referéndum, y pronunció la pena de muerte. Los girondinos, vencidos, pasaron entonces a la oposición. El 21 de enero, Luis XVI fue conducido a la plaza de la Revolución para ser guillotinado. Una multitud enorme se apiñaba alrededor del patíbulo.

El rey dio pruebas de gran entereza, y por dos veces trató de justificarse ante el pueblo, pero los gritos de éste y los redobles de tambor ahogaron su voz, y, dócilmente, colocó su cabeza bajo la guillotina. La impresión fue profunda en Francia y en toda Europa. La institución monárquica de derecho divino acababa de recibir un golpe mortal, y, entre la Revolución y el extranjero, se habían roto los puentes: era lo que deseaba Robespierre para hacer inexorable la guerra revolucionaria.

TERROR REVOLUCIONARIO DE LA CONVENCIÓN:

Para hacer frente a la crisis interna, la Convención Nacional y el Comité de Seguridad Pública implantaron la «Época del Terror». Se organizaron tribunales revolucionarios con el fin de proteger a la República revolucionaria de sus enemigos internos, de aquellos «que, ya fuera por su conducta, sus contactos, sus palabras o escritos, se delataban como defensores de la tiranía o enemigos de la libertad», o de aquellos «que no habían manifestado de manera constante su adhesión a la revolución».

El Comité de Salud Pública impuso un régimen de persecuciones, supuestamente para defender el poder revolucionario que provocó el terror por toda Francia. Los jacobinos ante esta política del terror, pronto empezaron a tener problemas entre sí, porque algunos opinaban que el terror ya no era necesario. Marat, llamado el «amigo del pueblo» por editar un periódico con este nombre, fue asesinado.

Entre las víctimas del Terror se contaron, desde miembros de la realeza, como la reina María Antonieta, hasta antiguos revolucionarios girondinos, como Olimpia de Gouges, principal defensora de los derechos políticos de las mujeres e, incluso, miles de campesinos. Muchas de las víctimas fueron personas que se oponían a las actividades radicales de los sans-culottes. En el transcurso de nueve meses, 16 000 personas fueron oficialmente condenadas a muerte y pasadas por la guillotina, artefacto revolucionario inventado pAra dar muerte a los condenados cortándoles de manera rápida y eficiente la cabeza. Pero el número real de las víctimas del Terror fue cerca de 50.000.

Dentro de la Convención existían dos partidos: el de los girondinos, funcionarios públicos al servicio del gobierno que no estaban de acuerdo con los actos extremistas, y el de los jacobinos, radicales extremistas dirigidos por Robespierre, Marat y Danton, apoyados por la pequeña burguesía y los sectores populares.

Muchos de los ciudadanos fueron asesinados por órdenes de Robespierre, incluso Danton, miembro del partido jacobino. En vista de estos sucesos, sus compañeros temerosos por sus vidas, organizaron una conspiración contra Robespierre, por la cual la Convención ordenó su arresto. Fue destituido, juzgado y muerto en la guillotina el 27 de julio de 1794. Con este hecho terminó la Época del Terror.

Comite del terror en Francia

Comité revolucionario bajo el régimen del Terror, según un grabado francés del siglo XVIII.

Estadísticas del Terror: Estudios como el realizado por Donald Greer, permiten conocer aproximadamente el número de víctimas que causó en Francia el período llamado del Terror.

Respecto al número de sospechosos que fueron encarcelados durante estos meses, los especialistas no se han puesto de acuerdo; mientras para Louis Jacob fueron relativamente muy pocos, alrededor de 70.000, Greer y Lefebvre estiman que debieron ser muchos más y aventuran la cifra de 500.000; Mathiez, por su parte, habla de tal vez unos 300.000.

Divergencias mucho menores hay en lo tocante al número de muertos. Según Greer, su número oscila en toda Francia entre 35.000 y 40.000, teniendo en cuenta las ejecuciones sin juicio previo, como las que tuvieron lugar en Nantes y en Tolón. Las sentencias de muerte que dictó el Tribunal Revolucionario y las diversas jurisdicciones excepcionales fueron exactamente 16.594; la mayoría de ellas (10.812) se sitúan entre octubre de 1793 y mayo de 1794. Sólo el 16 % de estas penas de muerte se dictaron en París, mientras que la gran mayoría (71 %) corresponden a las regiones que eran escenario de la guerra civil.

Más de tres cuartas partes de las sentencias (78 %) fueron motivadas por rebelión o traición, y un 19 % por delitos de opinión (conspiraciones, federalismo, etc.). También es bien conocido el origen social de los condenados a muerte: el 84 % de ellos pertenecían al Tercer Estado, según la siguiente proporción: sans-culot-tes, 31 %; campesinos, 28 %; burgueses, 25 %. No obstante, el porcentaje de nobles fue del 8,5 %, y el de clérigos, del 6,5 %.

No hay estadísticas de las víctimas del llamado «Terror blanco» que se desencadenó después de la caída de Robespierre, ya que en la mayoría de los casos fueron ejecuciones sin ninguna formalidad jurídica, pero sí se sabe que fueron muy numerosas.

Ver: Resumen de la Revolucion Francesa

Ver: El Terror Revolucionario de la Convención

Ver: El Calendario Francés

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Historia Universal Segura-Sañudo-Vázquez

Formación de la Asamblea Legislativa en Francia

Formación de la Asamblea Legislativa en Francia

La Constitución de 1791 fue un ensayo de monarquía liberal, que influyó para que los girondinos, representantes de la gran burguesía, comercial e individual, encabezados por el marqués de Condorcet (1743-1794), y los jacobinos, que representaban a la pequeña burguesía, dirigida por Jorge Jacobo Danton (1759-1794), propusieran un cambio más radical hacia un régimen republicano.

En dichos documentos también quedó asentado:
1-La obligación para todos los franceses de pagar impuestos, sin importar su condición social.

2-Toda Francia debía tener las mismas leyes y todos los ciudadanos debían ser tratados de la misma manera por el Estado.

Asamblea Legislativa
En 1791 Luis XVI aceptó la Constitución ya aprobada y se disolvió la Asamblea Nacional para formaran su lugar la Asamblea Legislativa, que contó con plenos poderes para dictar las leyes.

En esta fase, Austria y Prusia decidieron intervenir para defender los derechos monárquicos de Francia; sin embargo, esta intromisión extranjera resucitó las hostilidades contra el rey de parte de los principales dirigentes, entre ellos Maximilien Robespierre, Danton y Marat, quienes pugnaron porque el rey fuera destituido por conspirar con gobiernos de otros países.

Formaron entonces un ejército revolucionario popular que derrotó a los ejércitos extranjeros. Las clases populares de París exigían soluciones para la difícil situación económica, sumado a esto cundió el desprestigio de la Asamblea Legislativa por negarse a destituir al rey. Terminó así la formación del ejército y se convocó a los ciudadanos a elegir la Convención Nacional por medio del voto.

FORMACIÓN DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA Y SUS TENDENCIAS
Por haber decretado la Constituyente que ninguno de sus miembros podría ser reelegido, los electores designaron para la Asamblea Legislativa a 745 nuevos diputados, todos pertenecientes a la grande y media burguesía. Muy pronto se produjo una ruptura política entre los partidarios de una monarquía constitucional, inclinados a estabilizar la Revolución, y los que querían, por el contrario, ampliar sus conquistas.

Los diputados de la derecha, miembros todos del club de los Fuldenses, se reagruparon, según sus afinidades, tras el antiguo triunvirato, que contaba con el total apoyo de la corte, o tras La Fayette, entonces en desgracia cerca de los soberanos.

Madame de Staél, hija de Necker, había abierto su salón a los grandes burgueses liberales, entre los que el rey eligió, en 1791, a sus nuevos ministros. Periodistas, abogados, hombres de negocios, los diputados de la izquierda dieron a la Asamblea a sus más brillantes oradores: los parisienses Brissot y Condorcet, los girondinos Vergniaud, Guadet y Gensonné, que se impusieron como jefes de esta tendencia.

Ellos animaban el club de los Jacobinos y los salones de Condorcet o de la bella Madame Roland, auténtica consejera de su mediocre esposo. Entre los partidarios de Brissot y los de La Fayette, se hallaban los 300 diputados independientes o imparciales, cuya actitud política no estaba motivada más que por su sincera adhesión a la Revolución y que sostenían alternativamente a la izquierda o a la derecha.

Sin influencia en la Asamblea, donde sólo tenían algunos representantes, la extrema izquierda adquiría una creciente importancia en el club de los Jacobinos, gracias a Robespierre; en el club de los Franciscanos, donde Marat y Danton representaban las aspiraciones populares, y en las 48 secciones parisienses, abiertas recientemente a los ciudadanos sin voto.

Las graves dificultades económicas que pesaban sobre Francia dieron entonces a los «sans culottes» la ocasión de hacerse escuchar. A las malas cosechas de 1791, seguidas de un fuerte aumento del precio del pan, se añadio el encarecimiento de los productos coloniales provocado por la revuelta de los negros en Santo Domingo. La baja constante del dinero hacía aún más precaria la situación del pueblo de las ciudades y de las aldeas, que reclamaba la fijación de precios para los artículos de primera necesidad y severas medidas contra los especuladores.

Su cólera, largo tiempo contenida, estalló en la primavera de 1792: los convoyes y los barcos que transportaban granos fueron asaltados; el pan, los huevos, la manteca, el azúcar fueron tasados autoritariamente por la población, que en Etampes no dudó en matar al alcalde Simonneau, por oponerse a tales medidas. Aprovechando estas dificultades, los sacerdotes refractarios y los monárquicos provocaron disturbios en Lozére y en Vendée.

Para calmar la agitación popular, la Asamblea dictó entonces una serie de decretos contra los emigrados y los sacerdotes refractarios, siendo el más importante la confiscación de sus bienes.

Luis XVI, aconsejado por la Reina, pretendía, al poner en práctica la peor política, acelerar la intervención extranjera y con ella el restablecimiento de su autoridad; así, hizo fracasar la candidatura de La Fayette a la alcaldía de París, en favor del jacobino Petion. Pero, cuando quiso desembarazarse del conde de Narbonne, entonces ministro de la Guerra, se encontró con la oposición de la Asamblea, que le impuso un «ministerio girondino», con Claviére en Hacienda, Roland en el Interior y Dumouriez en Negocios Extranjeros.

Ver: Resumen de la Revolucion Francesa

Ver: La Convención Nacional

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Obra de la Asamblea Nacional Constituyente en Francia

LA OBRA ECONÓMICA Y SOCIAL DE LA CONSTITUYENTE

La Revolución Francesa fue fruto de la profunda contradicción existente entre un régimen absolutista totalmente desprestigiado, regido por una aristocracia ociosa, y el ascenso económico de una nueva clase social —la burguesía—, la crisis que iba a engendrar la Revolución de 1789 se venía incubando desde hacía decenios en Francia.

Fascinada por el ejemplo inglés, influida por los escritos de los filósofos acerca de las formas de gobierno, la burguesía tenía una clara conciencia de los objetivos a alcanzar: la supresión de todos los obstáculos políticos y económicos que impedían su ascenso en la escala social. Sólo le quedaba por definir el modo de conseguirlo.

Asamblea Nacional Constituyente

Podemos decir que una primera etapa de la Revolución Francesa comenzó con la Asamblea Nacional Constituyente que duró de 1789 a 1792. En este periodo se redactaron una serie de documentos políticos de gran Importancia. El primer documento importante que elaboró la Asamblea Nacional en 1789, fue la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la que se establecían como derechos de todos los hombres: la igualdad ante la ley; la  libertad individual, de palabra y de pensamiento, y la defensa de la propiedad privada.

La obra más importante de la Asamblea fue la elaboración de la Constitución  que empezó a regir en 1791. En ella se estableció una monarquía constitucional como forma de gobierno, sobre la base de la separación de los poderes.

Esta Constitución se basó en el concepto de la soberanía nacional. De acuerdo a este principio la soberanía no pertenecía al rey sino a la nación, es decir, a todos los habitantes del país, llamados desde ese momento ciudadanos.

DESARROLLO: El problema del voto por cabeza o por Orden seguía sin resolver, por lo que, durante cerca de un mes, los tres estamentos se reunieron por separado, excluyendo de antemano toda posibilidad de acción.

Fue entonces cuando, en nombre del Tercer Estado, Sieyés propuso a la nobleza y al clero la celebración de una reunión conjunta. Muchos diputados del clero, entre ellos el abate Grégroire, respondieron a dicho llamamiento.

El 17 de junio, el Tercer Estado se sintió lo suficientemente fuerte para proclamarse Asamblea Nacional, afirmando así el principio de la soberanía del pueblo en contra del de la monarquía absoluta de derecho divino. Unos días después, la gran mayoría del clero y ochenta y cinco nobles se unían a sus filas. El rey trató de resistirse por la fuerza, e hizo cerrar la Sala donde se reunían los diputados del Tercer Estado, pero éstos se trasladaron a la del Juego de Pelota, donde el 20 de junio fue pronunciado un juramento solemne, según el cual los diputados «juraban no disolverse hasta que la Constitución del reino fuera establecida y afirmada sobre sólidos fundamentos».

Imagen mostrando la igualdad de los tres órdenes, en afiches distribuídos publicamente en esa época.

En la Corte se produjo una escisión entre los partidarios de una política flexible, que, siguiendo a Necker, preconizaban que fuera concedido el voto por cabeza, la igualdad fiscal y el acceso al desempeño de todos los cargos públicos, y los defensores de la reacción, deseosos de destrozar de una vez para siempre al Tercer Estado.

Fue a estos últimos a los que se alió finalmente el débil Luis XVI: en la sesión plenaria celebrada el 23 de junio, reafirmó altaneramente sus prerrogativas regias, rechazó todas las reformas igualitarias, no concedió a los Estados Generales más que el derecho de autorización de los impuestos y empréstitos, y declaró nulas todas las disposiciones tomadas por la «pretendida» Asamblea Nacional. Ordenó que ésta se disolviera y que cada Orden se reuniese a deliberar separadamente.

Después, abandonó la Sala, seguido por una parte de la nobleza y del clero, dejando en manos de su gran maestre de ceremonias, el marqués de Dreux-Brezé, la tarea de expulsar de allí a los diputados del Tercer Estado. Mirabeau respondió a la intimación de éste, pronunciando la célebre frase: «Estamos aquí por la voluntad del pueblo, y no saldremos más que por la fuerza de las bayonetas».

De esta prueba debía salir, finalmente, vencido el rey; aconsejó a sus fieles diputados del clero y de la nobleza que se reunieran con el Tercer Estado, y permitió, el 9 de julio, que la Asamblea Nacional tomara el nombre de Asamblea Constituyente. Dueño, al principio, de la situación, con su intransigencia había dado a la Revolución un nuevo impulso.

LA OBRA ECONÓMICA Y SOCIAL DE LA CONSTITUYENTE
El gran gentío, entusiasmado o agitado, que llenaba a diario las tribunas de la Asamblea, impedía llevar a cabo un trabajo legislativo serio. Por eso, éste era elaborado fuera de allí en los múltiples comités de trabajo animados por hombres competentes que dejaron una obra inmensa y duradera.

Por el decreto del 22 de diciembre de 1789, se constituyó una administración uniforme y descentralizada que dividía a Francia en ochenta y tres departamentos, cuyas subdivisiones eran el distrito, el cantón, y por último, el Ayuntamiento. Los intendentes y los bailíos fueron reemplazados por cuerpos elegidos por los ciudadanos activos: un consejo general deliberante, un directorio administrativo y un procurador síndico encargado de aplicar las leyes. Dotado de su municipalidad y de su Guardia Nacional, cada Ayuntamiento constituía, en realidad, una pequeña república.

La justicia fue reorganizada según los mismos principios: parlamentos y tribunales dejaban lugar, en todos los escalones, a tribunales compuestos por jueces elegidos. Un código penal promulgado en 1791 suprimió las penas infamantes instituidas por el Antiguo Régimen: la tortura, la picota, la marca a hierro candante.

A partir de entonces, la justicia dejaba de estar sujeta a la arbitrariedad. Y pasó lo mismo con el sistema fiscal; la mayoría de los impuestos indirectos fueron suprimidos, en provecho de tres impuestos cobrados por los recaudadores de los distritos después de que el municipio había acordado lo que cada ciudadano debía pagar: la contribución territorial, que pesaba sobre todos los propietarios, la contribución mobiliaria, establecida según el precio de los alquileres, y la patente, que corría a cargo de los pertenecientes a las profesiones mercantiles y liberales.

La misma preocupación democrática presidió la reforma del ejército, que vio desaparecer las milicias, sustituidas por la Guardia Nacional, y la elección para el desempeño de las altas graduaciones reemplazó a la venalidad de los cargos.

Para asegurar el triunfo del famoso principio «Laissez-faire, laissez-passer», con el que había soñado toda la burguesía liberal del siglo XVIII, la Asamblea suprimió los monopolios del Estado y de las corporaciones, y aprobó, el 14 de junio de 1791, la ley Le Chapelier, que prohibía las asociaciones profesionales, patronales y obreras.

Liberados de toda traba, los precios y las ganancias debían establecerse al más justo nivel. No obstante, si las aduanas interiores fueron abolidas, la Asamblea no se atrevió a instaurar el libre cambio exterior, por temor a la concurrencia inglesa y a la exportación masiva de trigo.

Con todas estas medidas, la burguesía pensaba haber llevado a cabo toda la revolución. Pero nuevas dificultades le demostrarían su error.

LA CONFISCACIÓN DE LOS BIENES DEL CLERO
Las deudas del Estado no habían hecho más que aumentar desde la convocatoria de los Estados Generales: los impuestos no eran recaudados, debido a los desórdenes, y lo sservicios suprimidos, y al reembolso de comprometerse al rescate de los diezmos y los servicios suprimidos, y al reembolso de las deudas contraídas por el Antiguo Régimen. Todas las tentativas de empréstitos habían sido un fracaso; se necesitaba habilitar un medio más radical: poner los bienes del clero, valuados en tres millones de libras, a disposición de la nación.

Después de un vivo debate, la Asamblea aprobó, el 2 de noviembre de 1789, la propuesta de Talleyrand, obispo de Autun, que nacionalizaba todos los bienes eclesiásticos, y el Estado tomaba a su cargo los gastos del culto, el mantenimiento de los eclesiásticos, la beneficencia y la instrucción pública. Pero todos estos bienes no podían venderse en seguida, y el Estado necesitaba dinero urgentemente. Por lo cual, la Asamblea hizo una emisión de asignados, billetes por un importe máximo de cinco mil libras y que producían un interés del cinco por ciento, a cuenta de la suma anticipada de la venta de los bienes nacionalizados y reembolsables en tierras.

El cálculo hecho era muy sencillo: a medida que fueran vendidos los bienes de la Iglesia y las propiedades de la Corona, los asignados serían destruidos y se iría extinguiendo la deuda pública. Pero la falta de confianza de la gente hizo fracasar la operación financiera, y los asignados no vendidos fueron transformados en papel moneda canjeable por numerario.

Esta emisión, demasiado grande, produjo una depreciación monetaria, cuya primera consecuencia fue la inflación, y después el empobrecimiento de los rentistas y de los asalariados. No obstante, el principio revolucionario se mantuvo; el gran traspaso de las propiedades se fue operando progresivamente, en provecho de una multitud de nuevos propietarios acomodados, burgueses y campesinos, cuya adhesión al nuevo orden vino a ser indudable.

La confiscación de los bienes del clero entrañaba la necesidad de reorganizar la Iglesia. Pero los eclesiásticos, que habían aceptado la supresión de sus privilegios y la nacionalización de sus bienes, se oponían a que el Estado se inmiscuyera en los asuntos de su organización interna.

Sin embargo, en el espacio de unos meses, la Asamblea suprimió las órdenes religiosas, retiró a la Iglesia la administración de sus bienes, y promulgó el 12 de Julio de 1790, la Constitución Civil del Clero: el número de diócesis fue reducido a ochenta y tres (una por departamento), los obispos y los sacerdotes serían, a partir de entonces, elegidos por los electores de los departamentos y de los distritos, y la investidura espiritual se le negaba al Papa. Por un decreto de 1790, se les concedían dos meses para prestar juramento de fidelidad a la Constitución.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Finalidad de los Estados Generales en Francia en 1789

1789:LUIS XVI CONVOCA A ESTADOS GENERALES – OBJETIVOS

La Revolución Francesa fue fruto de la profunda contradicción existente entre un régimen absolutista totalmente desprestigiado, regido por una aristocracia ociosa, y el ascenso económico de una nueva clase social —la burguesía—, la crisis que iba a engendrar la Revolución de 1789 se venía incubando desde hacía decenios en Francia.

Fascinada por el ejemplo inglés, influida por los escritos de los filósofos acerca de las formas de gobierno, la burguesía tenía una clara conciencia de los objetivos a alcanzar: la supresión de todos los obstáculos políticos y económicos que impedían su ascenso en la escala social. Sólo le quedaba por definir el modo de conseguirlo.

Pero en su lucha por la abolición de los privilegios, por su participación en la dirección del país, hará nacer en millones de hombres de la ciudad y del campo, sometidos desde hacía siglos a la arbitrariedad, un violento deseo de libertad y de igualdad, que en seguida desbordará sus propios propósitos. Y durante todo el tiempo que dure la  Asamblea Constituyente, tratará de canalizar estas fuerzas explosivas, sirviéndose de ellas para realizar su política.

Con la historia de esta burguesía triunfante y de la inmensa obra que llevó a cabo en el espacio de dos años, comienza la Revolución Francesa.

Los Estados Generales en Francia en 1789

LUIS XVI CONVOCA A ESTADOS GENERALES Frente a una verdadera crisis económica en Francia y la negativa de la corte y del clero de pagar impuestos, el monarca Luis XVI se vio obligado a convocar a los Estados Generales, que eran una especie de Parlamento, formado por representantes de la nobleza, el clero y el Tercer Estado, con lo que esperaba lograr resolver los problemas financieros.

Las elecciones para diputados a la reunión de los Estados generales se realizó en abril de 1789. Los representantes del Tercer Estado fueron elegidos en asamblea de manera similar a la nobleza y clero. Cerca de 1.200 diputados resultaron electos, de los cuales la mitad, es decir, 600 pertenecían al Tercer Estado, y el resto a la nobleza y el clero.
Los diputados recibieron unos documentos de parte de sus electores, llamados cuadernos de quejas, en los que expresaban los problemas y aspiraciones de cada estamento.

Los cuadernos del clero y nobleza se aferraban a los privilegios, pero pedían el fin del despilfarro, la regulación de las aduanas interiores, la libertad de prensa y la reunión periódica de los Estados generales. Los del Tercer Estado iban más lejos al solicitar la libertad de expresión, la igualdad de los tres estamentos y la abolición del diezmo. Asimismo, los jornaleros pedían mejores salarios, los campesinos reclamaban tierras y protestaban contra el abuso de los nobles.

DESARROLLO Y FRACASO DE LA CONVOCATORIA:

Al convocar los Estados Generales, Luis XVI había decretado que el Tercer Estado tuviera tantos representantes como los otros dos estamentos juntos, pero había mantenido la institución del voto por Orden. Ahora bien, una de las grandes reivindicaciones que presentaban los memoriales del Tercer Estado era la del voto por persona, lo cual le aseguraría la mayoría de la Asamblea, puesto que muchos miembros del clero y de la nobleza eran partidarios de las reformas que él preconizaba. Y en este punto, cuya solución era capital tanto para la monarquía como para el Tercer Estado, era donde iba a estallar el conflicto.

En aquellos momentos, no existía más que una fuerza capaz de unificar y defender todas las difusas reivindicaciones del pueblo: la burguesía. En efecto, ésta poseía dos ventajas sobre los otros sectores del Tercer Estado, campesinos y menestrales: un partido nacional, organizado en comités locales, y la posibilidad de acceder a la diputación, pues el procedimiento del voto instituido para los Estados Generales tenía muchas gradaciones, reservando los escaños para los acomodados.

Más que un partido, los «reformadores» o «patriotas» formaban un conjunto de hombres unidos por un mismo ideal de libertad, por una profunda creencia en la necesidad de reformas. Entre ellos, había muchas personas del Tercer Estado, como Brissot, un publicista al servicio del duque de Orleáns (jefe de la francmasonería, que hacía el papel de aristócrata ilustrado en la lucha que mantenía contra el absolutismo), Barnave, abogado de Grenoble que había participado en los Estados de Vizille; Meunier, los bretones La Chapelier y Lanjuinais, el sabio Bailly, Petíon, Robespierre.

En cuanto a la nobleza, tenía también sus patriotas como el marqués de La Fayette, héroe de la guerra de América, el conde de Clermont-Tonnerre, el conde de Mirabeau (que sería elegido por el Tercer Estado), los duques de La Rochefoucauld y de Liancourt, partidarios todos de una monarquía constitucional a la inglesa. Por último, los miembros del clero venían a aumentar sus filas, como por ejemplo Sieyés, autor de un virulento folleto sobre el Tercer Estado.

Medíante la publicación de folletos, y a través de los debates sostenidos en los clubs o en los cafés de la capital, se realizó el lanzamiento y la difusión de todas las ideas, críticas y aspiraciones de esta «élite» liberal. Son estos burgueses, negociantes o miembros de las profesiones liberales, quienes representarán al Tercer Estado en los Estados Generales, formando una delegación unida, frente a una nobleza y un clero divididos. En efecto, si los nobles liberales eran poco numerosos, el bajo clero, cuya hostilidad hacia los prelados ricos no esperaba sino la ocasión de manifestarse, estaba muy fuertemente representado.

El 5 de mayo de 1789 se reúnen solemnemente los Estados Generales en la sala llamada «des Menus Plaisirs» de Versalles. Esta jornada tan esperada no debía ofrecer más que desilusiones a todos cuantos aguardaban las grandes reformas. Luis XVI pronunció un breve discurso de carácter general, al que sucedió un largo informe de Necker sobre la Hacienda, que concluía demostrando la necesidad de un nuevo empréstito.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre