La Economia en el Renacimiento El Oro y Plata de América



EL RENACIMIENTO: ECONOMIA, RUTAS COMERCIALES Y EL DINERO EN BANCOS

El Renacimiento fue, en gran medida, una negativa de los europeos a continuar encerrados dentro de los marcos de pensamiento, de trabajo y de existencia de la civilización medieval. Esta repulsa desembocó en una verdadera explosión de fuerzas y de tendencias contenidas durante largo tiempo, explosión que se manifestó en las esferas intelectuales, políticas, religiosas y económicas.

Desde el punto de vista intelectual, fue la liberación del pensamiento por el humanismo, el individualismo y el florecimiento de la investigación y del espíritu crítico. Desde el punto de vista político, fue la aparición del Estado moderno centralizado sobre las ruinas del feudalismo.

El estallido religioso se tradujo en la Reforma y el económico en el desarrollo del capitalismo. Prácticamente, todos los elementos favorables al capitalismo estaban coartados por tos principios y las reglamentaciones medievales: el préstamo a interés, calificado como usura, y la libertad de trabajo (hoy recibe el nombre de libre empresa), negada por los gremios, como la libertad de pensamiento lo era por la hegemonía de las universidades.

RICO POR LA GRACIA DE DIOS
En cuanto al préstamo con interés, iba a chocar con la idea medieval de que el comercio y el dinero no tenían más función que equilibrar la escasez y la abundancía, de una provincia a otra, de un grupo a otro. La idea de que pudieran ser una actividad «creadora» no existía. La orgullosa divisa de uno de los más grandes banqueros del siglo xvi, si no el más grande, Jacobo Fugger, conocido en España como Fúcar de Augsburgo, encierra los dos aspectos de esta revolución económica, extremadamente rápida, y realizada por individuos emprendedores: «Rico por la gracia de Dios».

Esta revolución se debió, en gran parte, a las enormes necesidades y a los poderosos medios de las monarquías modernas. Se inspiró en los principales movimientos ideológicos del siglo XVI: pasión por la invención, reforma religiosa, y exaltación del éxito individual. A consecuencia de los grandes descubrimientos marítimos, recibió un impulso que decuplicó su eficacia a partir de finales del siglo XV: sin las nuevas vías comerciales y sin el oro y la plata de América, hubiera sido inconcebible. La economía medieval, ya fuera rural, y por lo tanto encerrada en el marco señorial, o urbana, es decir mantenida a raya por los gremios, evolucionaba con dificultad.

Por el contrario, lo que fue inventado y puesto en marcha a partir del siglo XV en el dominio de la Banca, del comercio y de las técnicas, encontró inmediata aplicación gracias a las nuevas condiciones.

La Vida en el Campo Renacentista

Vida en la Ciudad Renacentista, Aparición de los Banqueros Con el Manejo del Dinero

EL DINERO Y LA GUERRA
Aún cuando fuera el resultado de iniciativas individuales, el capitalismo, en sus orígenes, fue favorecido, en parte, por la acción del Estado moderno, que, poco a poco, fue sustituyendo al sistema feudal. Fueron los gobiernos los que, muy pronto, asumieron el papel de promotores del capitalismo que, sin su impulso, tal vez no hubiera logrado imponerse en las grandes naciones europeas, con mayor cohesión interna y más centralizadas al salir de las guerras medievales, allí donde el feudalismo había entrado en decadencia, las necesidades de sus soberanos aumentan en número y cantidad: la administración, ejércitos permanentes, el suministro militar, etc..

Especialmente, las campañas militares de envergadura, tales como las de franceses y españoles en Italia, obligaron, sucesivamente, a Francisco I, al emperador Maximiliano y al emperador Carlos V a dirigirse a los grandes banqueros. En efecto, únicamente ellos estaban en situación de hacer adelantos sobre un nuevo impuesto cuya recaudación se reservaban como garantía y de emitir empréstitos por cuenta del Estado.

Pero lo que se hizo, primeramente con los impuestos, podía hacerse con las minas, por ejemplo, inspirándose en los métodos de los comerciantes y emitiendo un empréstito, como hizo el rey dé Francia, Francisco I, tomando como intermediario al banquero Kleberg, de Lyon. De esta forma, casi todos los principales detentadores de capitales en Europa, pronto tuvieron compromisos con los soberanos, las ciudades, etc…

El caso más típico es el de los Fugger de Augsburgo, prestamistas titulares de Carlos V, que aseguraron su elección para el Imperio,en 1519, contra Francisco I y, después, la financiación de sus campañas militares contra los reyes de Francia y los protestantes de Alemania.



Esta alianza de la nueva burguesía capitalista y la nueva monarquía absoluta era bastante natural, puesto que la una y la otra tenían, en muchos casos, que vencer los mismos obstáculos, como las tradiciones y el particularismo. Sin embargo, a veces, sus intereses eran contradictorios. El puerto de Amberes, que, en esta época, era el primer centro financiero y comercial de Europa, sufrió una amarga experiencia. La Bolsa de Amberes databa de 1461, por consiguiente, del período de prosperidad del gran ducado de Borgoña.

En 1531, en pleno apogeo del Renacimiento, la Bolsa fue reconstruida y llegó a rivalizar con las demás Bolsas de su tiempo. Pero cincuenta años más tarde, la ciudad del Escalda fue saqueada por los soldados del ejército del rey de España, campeón del absolutismo monárquico y de la resistencia a las nuevas ideas. Por eso fue, Amsterdam, en el siglo xvn, y Londres, en el XVIII, las que la sustituyeron.

A pesar de «accidentes» de este género, los banqueros fueron, en el siglo XVI, verdaderas potencias políticas. Tuvieron un conocimiento inigualable de Europa, y, como Venecia para el Oriente, llegaron a ser, a la vez, técnicos, proveedores y financiadores de las grandes monarquías occidentales: española, inglesa y francesa. Su influencia disminuye a medida que nos alejamos hacia la Europa Oriental.

Navegantes portugueses recibiendo presentes de los japoneses, recién llegados en barcas.

DECADENCIA DEL MEDITERRÁNEO, APOGEO DEL ATLÁNTICO
Los grandes descubrimientos desempeñaron un papel tan importante como el de la monarquía en el advenimiento del capitalismo. En efecto, modificaron radicalmente las rutas comerciales y sustituyeron ciertas formas de riqueza por otras nuevas, favoreciendo, de este modo, a quienes pudieron y supieron aprovecharse de estos cambios.

Las potencias económicas de finales de la Edad Media, como las ciudades italianas, sobre todo, Venecia, y las ciudades de la Hansa encabezadas por Lübeck y comunicadas entre sí por las grandes rutas francesas y alemanas, jalonadas de ferias, se encontraron en el siglo XVI al margen de los nuevos circuitos.

El Mediterráneo Oriental perdió una parte de su importancia, al menos en valor relativo, cuando los portugueses abrieron una vía nueva hacia la India y China. La Hansa, por su parte, perdió su monopolio de los países del Báltico y del Mar del Norte en el curso de una serie de convulsiones políticas que destruyeron el gran reino danés, introdujeron la Reforma en Escandinavia y la revolución en Lübeck con la corta dictadura de Jürgen Wüllenwever, pocas décadas después de que Savonarola estableciese la suya en Florencia.

Si Venecia y Lübeck, con todo lo que representan, pierden en importancia y riqueza relativas, los países occidentales se benefician del nuevo estado de cosas, y de la nueva situación de Europa en un mundo cada vez mejor conocido. Los puertos ibéricos, Lisboa y Sevilla, y posteriormente Cádiz, los del Mar del Norte, Amberes, Londres y Amsterdam, y, los puertos franceses del Atlántico, encontraron en la nueva situación las condiciones idóneas para su desarrollo.

LA AFLUENCIA DE ORO Y EL ALZA DE LOS PRECIOS
Pero los grandes descubrimientos trajeron consigo otras consecuencias: si bien multiplicaron los viajes de los europeos hacia Oriente y la intensidad del tráfico de las especias; si bien impulsaron los viajes a América, absorbiendo el tráfico de esclavos, acumularon los nuevos capitales en un número limitado de manos; en efecto, los descubrimientos hicieron posible la entrada de gran cantidad de metal precioso en la Europa empobrecida de finales de la Edad Media.

El numerario existente en Europa era, desde hacía mucho tiempo, insuficiente para los intercambios necesarios. Primeramente, la plata de las minas alemanas y de Bohemia reemplaza, hasta 1540, el oro sudanés. Pero, sobre todo, el oro mexicano, después de la expedición de Cortés en 1519-1522, y el oro y la plata peruanos, después de la conquista de Pizarro en 1533, aseguraron a Europa una circulación suficiente de numerario.

Entrando en Europa, a través de España, el metal precioso pasaba, rápidamente, a los Países Bajos, Alemania, Francia e Italia. Esta circulación de metal precioso en grandísimas cantidades, insólita hasta el siglo xvi, no solamente provocó la multiplicación de los intercambios, sino también un movimiento general de alza de precios que duraría hasta final del siglo. El alza se produjo, en primer lugar, en Sevilla, puerto de llegada de los principales cargamentos americanos, y ganó, por contagio, a todas las ciudades de Europa Occidental.



De una manera general, los precios se cuadruplicaron en cien años, lo cual sin ser considerable en relación con las alzas del siglo XX, bastó para inquietar a las ciudades y monarquías que se esforzaron, en vano, en evitar el alza por medio de prohibiciones, tasas y requisas de mercancías. Lo que entonces fue considerado como un mal, el alza de los precios aparecía, en efecto, como la sanción colectiva de actividades culpables, tales como el préstamo a interés, al que se dedicaba la burguesía mercantil tuvo, sin embargo, una ifluencia favorable al ofrecer perspectivas de beneficios importantes a los que pudieron aprovecharse del desorden de los precios para estimular tanto la producción como el comercio.

EL COMERCIO COLONIAL
El comercio colonial, por su parte, vino a renovar la gama de productos alimenticios, textiles y minerales que utilizaban las industrias de Europa. Productos que habían sido durante mucho tiempo raros o totalmente ignorados, se hicieron de uso común: el algodón, la seda, las especias, el azúcar, maderas tintóreas y de ebanistería, el índigo, el café y el tabaco.

Este comercio colonial, por una parte, y el tráfico de esclavos negros hacia las colonias españolas de América, por otra, contribuyeron a aumentar aún más la concentración de capitales disponibles en Europa en manos de los comerciantes, que se encontraron en las mejores condiciones para convertirse en banqueros.

La importancia de la aportación colonial se refleja en el mapa económico de Europa desde las primeras décadas del siglo xvi. Una de las rutas más activas del gran capital en esta época era la que unía el Mediterráneo con el Mar del Norte. Esta ruta había hecho la fortuna de Genova, Milán, Augsburgo y Francfort. Pero fue aventajada en importancia económica y, pronto, política, por la que llevaba de Lisboa y de Sevilla a Amberes, desde donde los negocios se extendían a Alemania, Escandinavia, Gran Bretaña y las riberas polacas y rusas del Báltico, cuando la Hansa dejó de monopolizar estas regiones. Sin embargo, en el siglo XVI, todavía se necesitaba una docena de días de navegación para unir Lisboa con Amberes.

En este aspecto, desempeñaron un papel particularmente importante los judíos convertidos de la Península Ibérica, los «marranos». Su actividad explica la aparición de las primeras «colonias» portuguesas y españolas en Amberes. Si bien todos los productos americanos y asiáticos llegaban, a través de la Península Ibérica, a Amberes y de allí a la Europa del Norte, el puerto del Escalda canalizaba, igualmente, desde el Norte hacia el Sur, los paños, las telas, las tapicerías y las obras de arte de la industria de los Países Bajos, que se convirtieron en «arrabales de Amberes»: así, en el año 1545, la ciudad exportó mercancías por valor de seis millones de libras mientras su «arrabal» sólo exportó dos millones.

Los portugueses y los españoles de Amberes eran los agentes comerciales de los intereses ibéricos y de las compañías que se constituían para la explotación de las riquezas americanas. El flujo de capitales desde España hacia Amberes es uno de los más importantes fenómenos económicos del siglo.

Esto explica el rápido empobrecimiento de la España del siglo siguiente y la duradera prosperidad de los Países Bajos. Por otra parte, desde finales del siglo XVI, Inglaterra interviene, eficazmente, en esta explotación colonial hecha a través de España. Esta será una de las causas accesorias del gran conflicto anglo-español con el que acaba la época del Renacimiento.

La importancia de la ruta Sevilla-Lisboa-Amberes es tanto más considerable desde que se produjo la unión política bajo Carlos V, y, después, la dominación española en los Países Bajos en el reinado de Felipe II.

Los lazos entre los dos países no son menos significativos en el aspecto de la difusión y evolución del arte y de la pintura barrocos, que, a comienzos del siglo xvn, determinarán el florecimiento de dos grandes escuelas paralelas, la de Velázquez y la de Rubens, cuando la escisión política era ya definitiva. Finalmente, último testigo en el siglo xvn de este lazo creado por la herencia de Carlos V, pero vivificado por el comercio, es el filósofo Espinoza, en Ams-terdam, descendiente de uno de esos «judíos» portugueses que fueron en representación de su compañía a los Países Bajos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre



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