Historia Fragata Sarmiento

Historia del Palacio San José :Residencia de Urquiza en Entre Ríos

Historia del Palacio San José Residencia de Urquiza en Entre Ríos

Esta casa, residencia del general Justo José de Urquiza, no fue designada con el nombre de «Palacio» por su ilustre propietario, y así lo confirma la correspondencia que se conserva en su archivo, fechada siempre en San José o Estancia San José, que era como él la llamaba.

Posteriormente, la costumbre hizo que se la denominara  Palacio San José,  debido  a  su  riqueza y suntuosidad.

La iniciación de las obras data de 1848, y en el año 1850 ya estaba terminado casi todo el primer patio.

El primer cuerpo del edificio fue concluido en 1854, y el segundo en 1858, como lo indica la inscripción del portón, de hierro forjado, del acceso posterior: «J.U. Julio 9 de 1858».

historia del palacio san jose

El palacio consta de treinta y ocho habitaciones en su planta principal, con dos grandes patios.

Tiene dos entradas: la del frente, que da al este y que, salvo casos excepcionales, permanecía clausurada, y la posterior, que mira al oeste, utilizada por el general Urquiza y su familia.

Sobre la galería exterior formada por arcadas y columnas toscanas hay dos torres de elegantes líneas, destacándose la de la derecha por tener una artística escalera tallada a mano y un reloj de péndulo.

El interior de la casa sorprende aún hoy al viajero por su lujo y señorío, tan inesperado de encontrar en un paraje alejado de las rutas habituales.

Entre las habitaciones que se destacan por su significado histórico está aquella en la cual Urquiza firmó el célebre documento conocido con el nombre de Pronunciamiento, en contra del tirano Rosas, y la otra donde fue asesinado a traición el 11 de abril de  1870.

La casa no refleja un estilo artístico definido; es una armoniosa combinación de lo colonial  con el  renacimiento  italiano en  que  se  unen   la  belleza  con   la  solidez.

Las paredes están hechas de ladrillos cocidos asentados con cal, los batientes de los marcos de puertas y ventanas son de madera dura de quebracho y curupay, y en las verjas y portones dominan los ornamentos de hierro.

En cuanto a la parte exterior de la casa, son admirables sus patios y ios jardines, cruzados por avenidas de  piso de lajas.

No pueden dejar de mencionarse los dos palomares y el famoso lago artificial, al cual el agua era llevada por un sistema de bombas.

Es digno de saberse que en el Palacio San José fue instalado en 1850 un estupendo servicio de aguas corrientes, que es el mismo que funciona todavía con sus antiguos caños y canillas.

Lo más extraordinario es que en la ciudad de Buenos Aires recién hubo aguas corrientes en el año 1868.

Jacinto Dellepiani comenzó la construcción del edificio que luego fue terminado y embellecido por Pedro Fossati.

En 1858 el general Urquiza seguía adornando su mansión, y se sabe que varios trabajos de decoración interior los llevó a cabo el pintor Eugenio Richeliú.

Según algunos, la joya más preciada de San José es su capilla, de definido estilo corintio.

Fue terminada en 1857 como reza una inscripción en su frontis, pero sólo en 1859 fue consagrada.

Entre los años 1945 y 1946 se restauró en su totalidad el palacio, y las decoraciones  pictóricas  fueron   retocadas   por el   artista   Hugo   Stella.

En esta casa, hoy histórica, se llevaron a cabo entre los años 1849 y 1870 actos trascendentales para la vida pública argentina.

Puede decirse que la provincia de Entre Ríos fue gobernada desde ella, y que la caída de Rosas y la organización nacional fueron planeadas allí.

Casi todos los documentos oficiales de Urquiza están firmados en San José.

En el palacio se alojaron en distintas épocas personajes calificados de nuestro  país y del extranjero, y, notable coincidencia, los cuatro primeros presidentes constitucionales  argentinos  estuvieron   allí:   Urqulza,   Derqui,   Mitre  y  Sarmiento.

Hasta 1936 la propiedad permanecía en poder de la familia del general Luis María Campos, cuya esposa era hija del general Urquiza, pero dadas las reiteradas gestiones hechas por la población de Entre Ríos fue adquirida por la Nación durante el gobierno del general Agustín P. Justo.

Está situado en el departamento Uruguay, a diez kilómetros de la estación Caseros y a treinta y cinco de Concepción, sobre el  río Gualeguaychú.

Se declaró Monumento Nacional  por Ley N°  12.261 del  11 de octubre  de  1935.

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Historia de la Casa Natal de Sarmiento-Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar.

En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero.

En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba.

Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de recibo.

Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado.

El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas.

Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes.

Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones.

También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura.

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Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así:

«La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar.

De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón.

En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Casa Natal de Sarmiento

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca,Monumento Histórico

A quince kilómetros al norte de la capital catamarqueña, casi al pie de las sierras, hay un pueblito que desde hace un siglo se llama San José y es cabecera del departamento Fray Mamerto Esquiú, antiguamente llamado Piedra Blanca.

En su origen tenía algunas modestas viviendas levantadas junto al camino nacional que va desde Catamarca a Singuil.

Con el tiempo contó con una plaza, una capilla y como única calle el tramo del camino cuya denominación no podía ser más sencilla, La Callecita, limitada a ambos lados por rústicas chacras.

casa natal de mamerto esquiu

En ella había una humilde casita de muros de adobe y cimientos de piedra, con techo a dos aguas de caña y paja.

Tres puertas de algarrobo daban entrada a las tres pequeñas habitaciones, con pisos de ladrillo y muros sin revoque.

A su frente tenía un estrecho jardín donde dos árboles centenarios sombreaban la fachada, y en el fondo se alargaba el terreno para cultivar.

Era propiedad de la familia catamarqueña Medina, y por herencia pasó a poder de María de las Nieves Medina.

Cuando esta joven casó en 1822 con don Santiago Esquiú, ex prisionero del ejército español del Alto Perú, y soldado del regimiento Fijo, se fue a vivir en ella con su madre y su esposo.

De este matrimonio nació allí, el 11 de mayo de 1826, el que más tarde habría de ser preclaro varón, virtuoso sacerdote e ilustre obispo de Córdoba,Fray Mamerto de la Asunción Esquiú.

Horas después de haber nacido fue bautizado por el padre franciscano de la parroquia de San José, Francisco Cortés, y como el estado de salud hacía temer por su vida, sus padres hicieron la promesa de vestirlo con el hábito de San Francisco si lograba salvarse.

Casa Natal de Juan Mamerto Esquiu en Catamarca, Monumento

Fue así como antes de los cinco años la madre le arregló un sayalito hecho de uno en desuso que le obsequiara el padre Cortés.

En 1855, estando en Catamarca, el padre Esquiú dejaba noticias escritas de su hogar.

«. . .seis éramos —decía— los hijos venturosos de estos padres tiernos, que sin bienes de fortuna y en el humilde estado de labradores, eran felicísimos en la tranquilidad de su virtud y resignación y en la dulzura de una vida contraída exclusivamente a su familia y a Dios. . .

Salía mi padre con los instrumentos de cultivar la tierra al hombro, al recinto de una heredad muy estrecha pero avara sin medida del sudor de su anciana frente.

Mi hermano y yo caminábamos a la escuela, y mi madre y mi hermana, ángeles tutelares del hogar doméstico, se aplicaban a la rueca y al telar, y a preparar con sus propias manos el alimento de su esposo y de sus hijos. . .»

Dotado de gran talento, fray Mamerto hizo de la modestia una de sus virtudes principales.

Rechazó en repetidas oportunidades altos cargos con que se le quiso honrar, como el obispado de Paraná y luego el de Buenos Aires, y sólo aceptó el de Córdoba ante un pedido especial del Papa.

Dos piezas oratorias extraordinarias le abrieron de golpe el camino de la fama, que nunca ambicionó.

La primera, pronunciada el 9 de julio de 1853, con motivo de la jura de la Constitución; y la segunda, el 28 de mayo de 1854 al inaugurarse el período de las autoridades constitucionales.

Desde esa época se le conoció como el «orador de la Constitución Argentina».

Amó por sobre todas las cosas su profesión evangélica y sentía verdadero placer en allegarse hasta los más humildes para infundirles fe y esperanza.

Murió en Pozo Suncho (Catamarca) el 10 de enero de 1883, a los 57 años de edad, mientras ejercía su noble apostolado.

En septiembre de 1935 el Congreso Nacional sancionó una ley declarando Monumentó Histórico la casa natal de Esquiú, donde vivió hasta los nueve años, y autorizó la inversión de treinta mil pesos para que se efectuasen las reparaciones necesarias y se construyera un templete de material a fin de resguardar al edificio de las inclemencias del tiempo.

En el interior del templete, se conservan dos de las piecitas de la casa donde naciera el religioso.

Se pueden observar muebles y objetos que le pertenecieran entre los que se destacan la cama y dos sillas que constituían el moblaje de la habitación que ocupó durante su residencia en el Templo de San Francisco de su provincia.

Así se conserva hoy esta reliquia que es recuerdo perenne de uno de nuestros más preclaros proceres, y de quien dijo Joaquín V. González que estaba «marcado con el sello de la predestinación para las grandes luchas del pensamiento».

Declarada Monumento Nacional por ley 12.191 del 27 de agosto de 1935.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Posta de Yatasto,Lugar Histórico Nacional en Salta

La Posta de Yatasto,Lugar Histórico Nacional en Salta

Junto al viejo camino del Alto Perú, entre  Metan y Rosario de  la  Frontera,  a treinta y siete  kilómetros de  esta  última  localidad  y  próxima  al   río Yatasto,  se  conserva esta casa en la que, según la tradición, los generales San Martín y Belgrano tuvieron  una  histórica entrevista.

A fines del siglo XVII don Francisco de Toledo Pimentel fundó la hacienda de Yatasto en tierras cedidas a su bisabuelo sobre el camino real que unía las ciudades de Salta y de San Miguel del Tucumán.

Allí hizo levantar la «sala» o casa habitación principal, de líneas bellas y simples con galería cubierta de tejas rojas; ambas  puertas de  madera tallada y alto  balcón  de  aspecto señorial.

En un informe que el obispo monseñor José de Cevallos envió al rey de España en 1734, señalaba la necesidad de establecer una ciudad en Yatasto, con residencia de las autoridades, pues desde ella podrían organizar con mayor rapidez la defensa de Tucumán y Jujuy en  caso  de  ataque  de  los  indios.

la posta de yatasto

En 1773 don Alonso Carrio de la Bandera, visitador general de correos, se detuvo en Yatasto cuando inspeccionaba las postas desde Buenos Aires al Perú, y en su informe a la corte expresaba:

«En la hacienda de Ayatasto, abundante de pastos y bosques, su propietario don Francisco Toledo, poseía 40 mil cabezas de ganado vacuno, cinco  mil yeguas,   mil  caballos,  aparte  de   las  crías  del  ganado   menor».

En la época de la Independencia, esta Posta «obró valor estratégico; el 26 de marzo de 1812 descansó bajo su alero el general Juan Martín de Pueyrredón, que venía en retirada desde Potosí al frente de una columna patriota, y ahí entregó el mando del  ejército al  general  Manuel  Belgrano.

A fines de 1813 este último se encontraba en Jujuy con los restos de su ejército salvados de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma; y enfermo y deprimido, pidió al gobierno lo relevara del alto puesto.

Mientras tanto, para proteger la frontera contra los realistas, fue enviada de Buenos Aires una expedición al mando del entonces coronel de granaderos José de San Martín, que iba en carácter de segundo jefe del ejército Auxiliar del Perú a ponerse a las órdenes de Belgrano.

Cuando Belgrano tuvo conocimiento de esto le escribió manifestando su alegría:

«Vuele si es posible —decía—, la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares. . . No tendré satisfacción mayor que el día en que logre estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como usted. . .»

Durante su permanencia en Jujuy le envió varias cartas más, y en todas ellas insistía para que apresurase la marcha:

«porque —expresaba— estoy firmemente persuadido  de  que  con  usted  se  salvará   la   patria. . .»

San Martín llegó a Tucumán el 11 de enero de 1814, y cumpliendo una orden de Belgrano   partió en su busca.

En esa fecha ya el general —evacuado Jujuy, con sus reducidos batallones— caminaba hacia el sur.

En la Ciénaga, el día 16, se dirigía a San Martín, y le informaba que en Cobos tuvo la suerte de conocer a sus granaderos, agregando:

«. . .y V. S. si puede venir a encontrarme, en el caso de que su enfermedad se lo permita, lo agradeceré, pero de no, regrese sólo a curarse. . .»

Al día siguiente, cambiaba de parecer y le escribía: «Voy a pasar el río Juramento, a hallarse V. S. con la tropa tan  inmediata sírvase esperarme con ellas. . .»

El 19 había cruzado el río con toda felicidad; y el 21 se hallaba en las Juntas —todavía al norte de Yatasto—, desde donde despachó un comunicado para el coronel de granaderos:

«Visto éste, se pondrá en marcha para la ciudad de Tucumán, donde se dará a conocer como segundo jefe. . .»

En  cumplimiento de esta   orden,    San    Martín    regresó   a   Tucumán,    donde esperó al general Belgrano, que llegó en la noche del 27.

De acuerdo con los documentos existentes,  ésta es la  primera  entrevista que  mantuvieron  ambos jefes.

Muchos son los historiadores que dicen que la histórica entrevista en Yatasto se realizó el 28 ó 30 de enero, pero esto no es posible dado que en esas fechas los dos estaban en Tucumán.

Es significativo destacar que en las historias de San Martín y Belgrano escritas por el general Mitre —el primero que nos habla de esta entrevista— no fija fecha.

Además, en los archivos argentinos no se ha encontrado ningún documento en el cual los generales San Martín o Belgrano hagan referencia al encuentro de Yatasto.

Bajo los soportes del balcón hay una placa conmemorativa que dice:

«San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación —el verbo de la emancipación americana. Homenaje de la 6° División de Ejército, en su visita del día 2 de junio de  1921».

Hoy, la Casa de Yatasto, llamada también del Altillo y después del Encuentro, pertenece a la familia de Gómez Rincón.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
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Historia del Palomar de Caseros,Primeros Dueños

Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años.

Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola.

En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembrando trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice:

«La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín…»

…»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades.

Posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos de Caseros.

Lugar histórico donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

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Historia Construcción Primer Puerto Militar en Bahía Blanca Batería N°4

Historia Construcción Primer Puerto Militar Bahía Blanca Batería N°4

La Base Naval de Puerto Belgrano está situada on Punta Alta, a 36 kilómetros al noroeste de la ciudad de Bahía Blanca.

Los antecedentes se remontan al año 1859, cuando el ingeniero don Carlos E. Pellegrini, luego de visitar la zona, elevó un informe en el que decía:

«en el llamado apostadero de Puerto Belgrano pueden moverse cómodamente 250 buques de los más grandes».

En 1888 el entonces capitán don Martín Rivadavia, destacado también para estudiar la instalación de un puerto militar, dice:

«merece se establezca en Puerto Belgrano una estación marítima para nuestra armada para reparar las naves sin necesidad de regresar a la capital».

A su vez el Centro Naval organizó un concurso sobre el tema:

¿Cuál es el puerto de la República más adecuado para establecer un puerto militar?.

Ganador de este concurso resultó el teniente de fragata don Félix Dufour, quien había realizado pacientes estudios de la costa y llegado a la conclusión de que: «Bahía Blanca es el puerto argentino en mejores condiciones para el establecimiento de los grandes arsenales de mañana».

Con éstos y otros antecedentes, todos coincidentes en las bondades de la mencionada bahía como lugar ideal para la instalación de un puerto para la escuadra de guerra, el gobierno contrató mediante la intervención del rey Humberto, de Italia, al experto ingeniero naval italiano don Luis Luiggi.

Este, en compañía de su señora, de dos hijos menores y del capitán de fragata don Scott Brown, llegó el 29 de febrero de 1896 al puerto de Bahía Blanca a bordo del cazatorpedero Espora, que los había conducido desde Buenos Aires.

En julio de ese año el ingeniero Luiggi, luego de inspeccionar debidamente la zona, elevó su informe al ministro, indicándole las razones por las cuales consideraba el lugar como el más apropiado.

Este informe, que se agregaba a los ya anteriormente citados, determinó la sanción del Congreso de la Ley N° 3540 dada con fecha 30 de noviembre de 1896, por la cual se autorizaba al Poder Ejecutivo a la construcción de un puerto militar en la zona de Bahía Blanca.

De inmediato se dá comienzo a las obras, dirigidas personalmente por el ingeniero Luiggi, al que se le había dado el título de Director General de las obras de Construcción de la Base Militar de Puerto Belgrano.

Se dispuso el emplazamiento de las baterías que en número de cinco contenía el proyecto.

La primera en terminarse fue la N° 3, ubicada en el paraje conocido en ese entonces por Punta Sin Nombre y que luego se llamó Punta Congreso.

La Cuarta Batería fue inaugurada el 9 de mayo de 1889, en ceremonia presidida por el entonces ministro de Marina, comodoro don Martín Rivadavia.

También asistieron el ministro de Guerra, don Luis M. Campos, el general don Francisco Reynolds, numerosos jefes y oficiales navales y militares.

Bateria N°4 en bahia Blanca

Es una construcción de piedra con montajes de hierro que tiene setenta metros de largo por cuarenta de fondo, y que como las otras poseía cuatro cañones Krupp de 240 mm. asentados sobre plataformas de concreto y dependencias para alojar al personal encargado de su atención.

En el año 1901 el entonces presidente de la república teniente general don Julio A. Roca visitó las instalaciones de Puerto Belgrano y presenció las pruebas de tiro de la Cuarta Batería, que se hicieron sobre un blanco fijo de dieciséis metros de largo por tres de altura, ubicado en la punta sur del Banco Toro, a cuatro mil quinientos metros de distancia.

La Cuarta Batería fue defensa y escuela de artilleros, y aunque sus viejos cañones fueron radiados en 1948, continuó armada y siguió siendo centro de trabajo y de ejemplar disciplina.

El  decreto  por el  cual  se  la  declara  histórica  dice: 

«Que  esta  Batería   pertenece  al grupo que cubriendo una amplia zona constituyó las fortificaciones de defensa de la Base Militar de Puerto Belgrano, y cuya inauguración, el 9 de Mayo de 1899, adquiere importancia histórica en razón de que nuestro poder naval se vio incrementado con ese poder defensivo terrestre, razón poderosa que llevó al país al arbitraje en 1902, conjurando de ese modo el peligro de un estallido bélico con un país hermano y vecino».

La Cuarta Batería, por ser la que se conserva en mejor estado, fue declarada Monumento Histórico el 8 de noviembre de  1961  por Decreto  N°  10.525.

Fuente Consultada:
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Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás, Monumento Histórico

Historia de la Casa del Acuerdo de San Nicolás, Monumento Histórico

En San Nicolás de Barí y de los Arroyos, que así se llama la ciudad, en la calle Nación, se encuentra esta histórica casa, que fue asiento de los gobernadores en el Acuerdo de 1852.

En 1831, fecha de su construcción, pertenecía a don Mariano Ruiz, rico propietario de aquella zona.

Años después la adquirió don Pedro de Alurralde, juez de paz de dicha ciudad.

Es una casa de un solo piso, y según un plano de la manzana en que se halla ubicada, hecho en el año 1854 por el señor Malaver con datos del agrimensor Shuster, se demuestra que había una parte edificada de trece metros más ocho de terreno que se prolongaba hacia atrás y estaba cercada por una pared.

casa del acuerdo de san nicolas

Tenía una sala grande sobre el lado izquierdo y una piecita a la derecha, ambas con entrada por el zaguán y que daban a un patio.

Está construida de barro, con techos de azotea y pisos de baldosas.

Su frente, muy sencillo, no responde a ningún estilo, aunque puede comprenderse dentro del tipo común de edificación del siglo XVIII.

En el patio o fondo existía un pozo de forma circular con brocal de ladrillo en lugar del tradicional aljibe.

Posteriormente al año 1852 se le agregaron las habitaciones del ala derecha que recuadran el patio en la actualidad.

Pasados muchos años, en 1935, fue restaurada por el arquitecto Jorge A. Chute.

Así era y así es en la época actual esta histórica casa, que con verdadero orgullo guarda en su seno la ciudad de San Nicolás.

El pueblo fue fundado el 14 de abril de 1748 por don José Rafael Aguiar, en las cercanías del Arroyo del Medio, sobre las márgenes del río Paraná, en terrenos de su esposa, doña N. de Ligarte.

Erigido en parroquia en el mismo año, se elevó a partido en 1778, y el 23 de noviembre de 1819 el Congreso lo declaró ciudad en mérito a sus servicios contra la anarquía.

Su nombre se debe a la devoción de su fundador por el santo epónimo.

Este pueblo, que tantos sacrificios había hecho para mantener el orden en la época de Rosas, fue elegido por el general Urquiza después de la batalla de Caseros para instalar la sede de los gobernadores de las provincias.

Por aquel entonces era juez de paz del partido don Pedro de Alurralde, y, como primera autoridad de la ciudad y gran amigo de Urquiza, cedió su casa para celebrar las reuniones.

Ellas se realizaron en la sala de la histórica finca, donde se firmó el 31 de mayo de 1852 el pacto que dio las bases a la organización nacional y que hoy forma parte de nuestra historia con el  nombre de Acuerdo de San  Nicolás.

En esos tiempos las calles de la ciudad carecían de nombre, y hasta 1854 no se comenzó su nomenclatura y numeración, llamándose aquella donde está situada la Casa del Acuerdo, calle de La Paz.

En 1861, cuando el general Mitre la cruzó con su ejército después de la batalla de Pavón, se dice que la designó con el nombre de calle Nación, que es el que conserva actualmente.

Esta tradición local ha sido recogida en un bronce colocado por la Asociación de Residentes Nicoleños de Buenos Aires en el cruce de esta calle con el Bulevar Saavedra.

Luego de discutidas iniciativas y de diversos proyectos presentados en el transcurso de los años para que se declarara de utilidad pública la vieja finca, fue al fin expropiada en 1919 y destinada a Biblioteca y Museo del Acuerdo.

El día en que éste se inauguró el gobierno de la Nación hizo colocar en su frente una placa que dice:

«Aquí nació la organización  de  la Constitución Argentina de la  República».

Al tratarse en la Cámara de Diputados de la Nación la expropiación de la casa, el diputado doctor Adrián Escobar, al informar en nombre de la comisión de legislación el despacho favorable del proyecto, dijo en la sesión del 10 de septiembre de 1919:

«Los monumentos nacionales son los que señalan los derroteros a nuestra nacionalidad, orientan  las  nuevas generaciones y hacen  que  perduren  en   la  mentalidad  del   pueblo los grandes acontecimientos de nuestra historia.

La casa en que se discutió la Constitución Nacional, el año 53, ha sido demolida, y sólo queda, como recuerdo de aquellas discusiones memorables, la casa donde se celebró el Acuerdo de San Nicolás, en que los hombres bien inspirados formularon las bases de la Constitución que nos rige.

Serenados ya los espíritus después de las ardorosas pasiones, después de los entreveros del caudillaje, y abatida la tiranía, la historia hace justicia a los hombres que proyectaron la organización constitucional de la República, y el Congreso debe rendir homenaje a un acto tan trascendental de la historia política de la Nación».

Fue allí donde los representantes de once provincias, presididos por Urquiza, resolvieron la adopción del federalismo y la inmediata convocatoria de una asamblea que sancionara la Constitución, dictada luego en Santa Fe.

Esta casa fue declarada de «utilidad pública» por Ley N° 10.778 del 25 de septiembre de 1919 y Monumento Histórico el 7 de junio de  1957 por Decreto  N° 6.080.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia Construcción Darsena Norte en el Puerto de Buenos Aires

PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos.

Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown -Sitio ...

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate.

Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown.

Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad.

Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo del río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas.

El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante?.

Son 31 buques enemigos.

Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla.

Camaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos.

Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea.

Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra.

Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado.

Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas.

El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».

Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas al mando de Rosales.

Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños.

La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes.

Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Historia de la Pirámide de Mayo Monumento Histórico Nacional

HISTORIA  DE LA PIRÁMIDE DE MAYO

CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO HISTÓRICO ARGENTINO

Debe su origen a que en la reunión del 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución, se resolvió erigir una pirámide de madera como homenaje a los hombres de Mayo de 1810.

La Plaza de Mayo estaba entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa de Gobierno se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, el monumento se hizo con materiales más sólidos.

El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos y el día 25 de mayo se dio término  a  la  obra,   inaugurándose  solemnemente.

piramide de mayo

Era un obelisco fabricado de adobe cocido, de unos trece metros de altura en total; tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor.

Un vaso decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.

En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de  potro.

En los días de fiestas patrias la Pirámide se adornaba profusamente con cintas,, gallardetes, faroles de  papel y leyendas alusivas.

En el año 1826 el presidente Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistía en una magnífica fuente de bronce dentro de la cual quedaría la Pirámide.

Pero esto no se llevó a cabo.

En 1856 el pintor y arquitecto don Prilidiano Pueyrredón proyectó transformar la Pirámide.

Esta ¡dea fue aceptada y se construyó la actual, dejando la primitiva en su interior, dotándola en su parte superior de la estatua de la Libertad, que antes estaba en el antiguo Teatro Colón.

Luego se le colocaron simbólicas figuras de mármol en los cuatro ángulos del pedestal, que fueron más tarde retiradas. En las caras del obelisco también se añadieron  unos soles  nacientes,  en  dorado,  y a  sus  lados  coronas  de   laurel.

En 1883, bajo la intendencia de don Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces  las dos  plazas quedaron  formando  la  actual   Plaza  de  Mayo.

En esta época se pensó también en levantar otro monumento conmemorativo que cubriría a la Pirámide.

El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y los agregados sufridos no representaba ya el monumento que originariamente se había levantado al año siguiente de la Revolución.

Sólo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

El Dr. Nicolás Avellaneda y algunos otros opinaron que debía restablecerse en su forma  primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde.

También se proyectó para el Centenario de 1910 un Monumento a la Revolución, que debía encerrar en su interior a la Pirámide. Pero nada de todo esto llegó a realizarse.

En noviembre de 1912 fue removida de su primer emplazamiento y trasladada al lugar que hoy ocupa.

Tiempo después se tuvo la ¡dea de restituir la Pirámide de Mayo a su origen histórico, ajusfándola en lo posible a sus antiguas líneas.

Se la trasladaría al lugar que ocupaba antes, y se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole la «armazón de estuco y figuras inoportunas».

Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos  por el de  1813, además  de  devolverle  la  reja  primitiva.

Esta simbólica Pirámide ha presenciado grandes acontecimientos de la historia patria.

A su pie se juraron en 1811 el Estatuto Provisional dictado por Rivadavia; la independencia de las Provincias Unidas el 13 de septiembre de 1816; la Constitución re la Provincia de Buenos Aires en  1854, y en el año  1860,  la Constitución Nacional.

En esas fechas y a través de todas las épocas, la Pirámide de Mayo congregó al oueblo en   homenaje  a   las  glorias y a   los  héroes  de   nuestro   pasado.

Declarada  Monumento  Histórico  por Decreto  N°  120.412 del  21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Jabonería de Vieytes:Historia y Ubicación del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO NACIONAL: JABONERÍA DE VIEYTES

Los orígenes del solar que ocupó la jabonería de Vieytes se remontan a los días en que don Juan de Garay, al hacer el reparto de tierras entre los hombres de su expedición, dio a Andrés de Pallejo la manzana hoy comprendida por las calles Bernardo de Irigoyen, México, Lima y Chile.

Difícil sin duda alguna sería establecer quiénes fueron sus sucesivos propietarios y los fraccionamientos sufridos por dicha manzana, pero a ciencia cierta se sabe que al morir don Domingo Briñole Pelliza dejó a sus herederos, entre sus bienes: «dos cuartos de tierra en el barrio de Monserrat, linderos con el que vendí a don Marcos Belén y en ellos edificada una casa con asiento de Ataonas de Muías y demás oficinas como para Panadería».

jaboneria vieytes

En el reparto de sus bienes estos dos cuartos de tierra, con su casa-panadería, pasaron a poder de sus hijos Juan José Reymundo y María Ignacia Pelliza y Morales, y a sus nietos Videla y Pelliza.

El inmueble permaneció en poder de sus herederos hasta el 16 de octubre de de 1807, en que ante el escribano don Inocencio Antonio Agrelo se presentan don Agustín Videla y Aguiar y don José Pereira de Lucena, en representación de los herederos de don Domingo Briñole Pelliza, y acuerdan vender a don Nicolás Rodríguez  Peña    la  mencionada   propiedad  en  la  suma  de  2.387  pesos  con  3  reales.

La casa vendida está edificada en terreno de 34 varas y media de frente al Norte y 70 varas de fondo, «con un martillo a la parte del Leste con dos tercias (de vara) de ancho», lindando por su frente calle en medio con la casa de Da. Petrona González, por el Este con don José Lazcano (José Francisco Lazcano), por el Oeste con la casa de los herederos de don Marcos Belén y por el Sur con el terreno del  negro Juan.

A poco de adquirido, constituye Rodríguez Peña una sociedad industrial con don Hipólito  Vieytes   para   la   instalación  y  explotación   de   una  fábrica   de  jabón   y  sebo.

De la administración se encargó Vieytes, y en seguida se dio a la tarea de construir las dependencias para la fábrica y la casa-habitación para él y su familia, la que ocuparon en el mes de diciembre de 1808.

Esta es, en consecuencia, la finca que cobrara con el tiempo valor histórico por haberse realizado en ella las reuniones previas a la memorable jornada del 25 de Mayo de 1810.

La consagración de Vieytes a la causa revolucionaria restó su atención y el floreciente   negocio  de   la  jabonería  entró  a  fines  de   1810   en   franca   decadencia.

A la muerte de Rodríguez Peña la finca pasó a poder de su hija Catalina, casada con Joaquín Cazón. Años después la casa fue sacada a remate judicial, y la adquirió en la suma de $ 500.000 la firma José Hueyo y Hermano, el 28 de enero de 1869.

Nuevas transferencias de dominio se realizaron a partir de ese año, hasta que en 1932 la adquiere don Alberto Duhau, y ese mismo año resuelve su demolición y la construcción del moderno edificio que hoy ocupa su lugar, bajo la dirección del arquitecto francés don León Dourge, autor a la vez del proyecto.

Largos años demandó a los estudiosos y desató muchas polémicas la ubicación del solar que ocupo la Jabonería de Vieytes, hasta que en 1964, y gracias a la pacienta y documentada labor del historiador don Manuel Carlos Meló, se puede decir con certeza que estaba situada  en  la actual calle  México  número  1050/55/62 y  68.

La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, confirmando los estudios del señor Meló, al solicitar la declaración de lugar histórico, dice:

«que se declare lugar histórico el solar de la calle México, donde funcionó la jabonería de Vieytes, ya que de la documentación estudiada por la Comisión Nacional surge, sin duda alguna, que en la finca a la sazón allí ubicada, y que fue propiedad del procer Nicolás Rodríguez Peña, estuvo situado ese establecimiento, despejando las dudas que sobre este particular se suscitaron con motivo de divergencias de opinión entre estudiosos de la historia».

«Que el dictamen de la Subcomisión Interna de Monumentos y Lugares Históricos, aprobado por la Comisión Nacional, es terminante en cuanto a la verdadera ubicación de la antigua jabonería.»

Si bien tanto la propiedad como la fábrica pertenecían al Dr. Nicolás Rodríguez Peña, tradicionalmente se la conoce como Jabonería de Vieytes.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto  N°  1919 del  17 de  marzo de   1966.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Capilla de San Roque Patrono de las Enfermedades

HISTORIA DE LA CAPILLA DE SAN ROQUE EN BUENOS AIRES

La capilla de San Roque lleva este nombre por el santo bajo cuya advocación fue construida, patrono de las enfermedades y pestes.

Perteneció a la Orden Tercera Franciscana, y está situada en el mismo sitio que ocupó en 1602 la segunda construcción del convento de iglesia de San Francisco, en la calle Alsina mirando a Defensa.

Este terreno fue vendido en 1727 a los Terceros por los padres franciscanos, y su extensión era de «cuarenta baras de sitio de largo este a oeste, y de norte a sur onze y   media. ..»

Las dimensiones que tenía el terreno y el nombre del arquitecto que construyó la capilla figuran en una escritura extendida por el escribano público y de gobernación, don Francisco de Merlo, fechada en esta ciudad el 13 de agosto de 1750.

Se estipuló en el contrato que los religiosos de la Orden Tercera debían dar a los franciscanos, en compensación, la suma de cinco mil pesos moneda corriente, que serían empleados para edificar la iglesia de San Francisco.

Por una cláusula del convenio de donación, en el año 1785 los padres franciscanos tuvieron que ceder todavía un pedazo de terreno de una vara y media de ancho por tres ás largo para que se pudiese edificar una dependencia de la capilla al lado de la sacristía, lugar que hoy está ocupado por el zaguán y la escalera que conduce a las habitaciones del  piso alto.

capilla de san roque

Una suposición bastante difundida remonta la creación de la capilla de San Roque a época muy lejana, admitiendo que había existido primitivamente cierta ermita de este santo, dato que figura en varias actas del Cabildo.

Se ha podido comprobar que esta ermita no pasó de ser un deseo —no cumplido— de los devotos del Santo.

Parece que en 1621 los hermanos de la Orden Tercera habían pedido autorización para levantarle una capilla a San Roque, patrono de las pestes, con motivo de la que asolaba nuestra ciudad.

Pero se sabe positivamente que esta construcción no se llevó a cabo, entre otras cosas por un acuerdo que dice que las misas y procesiones se celebraban entonces en  la iglesia de San  Francisco.

En 1726 aproximadamente los hermanos Terceros de San Francisco tenían guardado, de las limosnas recibidas y del ahorro de los gastos anuales, el dinero que emplearían en la construcción de su capilla.

Adquirido el terreno en 1750, procedieron a la erección de la misma, cuyos planos y los del panteón fueron realizados por el hermano Andrés Blanqui.

Como la obra tardó varios años en llevarse a cabo, en sus distintas épocas estuvo bajo la dirección de Antonio Masella y de fray Vicente Muñoz, lego franciscano muy entendido en arquitectura.

Este último encargóse de la dirección de los trabajos durante un año por haber asegurado que la capilla podría proseguirse sin peligro de ruina, refutando así a quienes decían que los muros y pilares no tenían el espesor suficiente para sustentar la bóveda.

En 1756 no estaba concluida, y como los fondos destinados se habían agotado, se resolvió pedir dinero de caridad.

Se sabe que en 1758 los maestros alarifes Manuel Alvarez de Rocha y Francisco Alvarez hicieron un contrato con la Orden Tercera, proyectando construir el techo, la media naranja y el frontispicio.

Finalmente, fue terminada  más o menos en  1762.

En 1792, según lo propuesto por el ministro Martínez de Hoz, se cambió el techado de teja española por uno de ladrillos asentados con argamasa para evitar que pasara el agua.

En 1880 y en 1901 se hicieron algunas mejoras.

La capilla, que tiene con panteón y sacristía treinta metros de largo por ocho de ancho y nueve de alto, fue decorada en barroco alemán por el arquitecto Sackman.

En la espadaña hay una campana de bronce fundida en Sevilla por Zacarías Ditrich, en 1759, que tiene grabadas las imágenes de San Roque y San Francisco.

El panteón es el enterratorio subterráneo más grande de Buenos Aires; tiene dos escaleras de acceso y tres ventanas.

Después, en 1882, se prohibió sepultar en este sitio.

Históricamente, la capilla de San Roque tiene valor por haberse congregado allí el 19 de diciembre de 1828 los unitarios que declararon derrocado de su gobierno a Dorrego y aclamaron en su  lugar al  general  Lavalle.

Quemada y destruida, sólo sus muros quedaron en pie después de los vandálicos acontecimientos ocurridos en la noche del 16 de junio de 1955.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia de la Iglesia de San Telmo:Ubicacion y Caracteristicas

HISTORIA DE LA IGLESIA DE SAN TELMO EN BUENOS AIRES

La iglesia de Nuestra Señora de Belén, más conocida por San Pedro González Telmo, está en la calle Humberto 1340, entre las de Balcarce y Defensa.

En el primer tercio del siglo XVIII en el barrio llamado del Alto de San Pedro —hoy conocido por San Telmo— toda la asistencia espiritual de los vecinos estaba atendida desde la iglesia de la Concepción, por pertenecer dicho barrio a la jurisdicción de esa parroquia.

Dado que el paraje quedaba muy retirado del centro de la ciudad y que esta primera fundación no llenaba las necesidades del culto, los jesuítas decidieron  levantar un templo formal.

Según referencias del canónigo Manuel J. Sanguinetti, el 25 de octubre de 1734 se presentó al Cabildo de Buenos Aires el padre Francisco Collado, procurador de la Compañía de Jesús, pidiendo merced de dos cuadras de tierra para edificar en ellas una iglesia.

Iglesia de San Telmo

Ese mismo año llegó de España don Ignacio Bustillo Zevallos, trayendo una copia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Belén, venerada en el Hospital de Antón Martín, de Madrid.

Era propósito de él, si Dios se servía darle un feliz viaje a nuestro puerto, levantar de su propio caudal una iglesia…

Para lo cual se presentó al Cabildo solicitando favor de tres cuadras de tierra «…a donde se a de fundar una. Iglesia e Casas para los padres relixiosos de la Compañía de Jesús. . .»

En conocimiento de su deseo los jesuítas le sugirieron se asociara a ellos en el templo que tenían proyectado erigir en el barrio alto, y no fundar uno nuevo.

De acuerdo con esto el piadoso caballero y su esposa hicieron donación de alhajas y plata sellada por valor de 17.834 pesos.

Que sumnado otras donaciones y obtenidas las licencias del obispo permitieron comenzar las obras.

La construcción del templo, como la residencia levantada al costado, estuvo a cargo del arquitecto hermano Blanqui.

Según planos que él mismo había compuesto, debiéndose los adornos y trabajos de carpintería y ebanistería al hermano José Schmidt.

También  participó el  maestro Antonio  Masella.

En 1736 se interrumpieron las obras del templo y se iniciaron las de la Residencia, cuyos cimientos fueron  levantados sobre el  lado de  la calle  Defensa.

Años más tarde don Melchor García Tagle dispuso en su testamento donar gran parte de sus bienes para la fundación de una casa destinada a ejercicios espirituales de los hombres, la que fue hecha junto a San Telmo.

En la actualidad este edificio forma parte de la Cárcel Correccional de Mujeres, cuya Capilla sirvió de oratorio privado a los jesuitas de la Residencia.

Los padres, debido a su tesón y a las donaciones recibidas, lograron durante treinta y dos años edificar casi toda la manzana y enriquecer el templo.

En su interior conservaban notables obras de arte, joyas, altares, etc., que cuando el rey los expulsó, en 1767, fueron llevados a otros templos y lugares.

Poco después la Junta de Temporalidades tuvo a su cargo la conservación de la Residencia, cuya iglesia estaba aún por concluirse, faltándole cerrar la media naranja, causa por la cual sólo estaba librada al público la nave del Evangelio, más conocida por  San  José.

Desde 1770 las naves que no estaban terminadas, el refectorio y aposentos del Colegio sirvieron para guardar pertrechos de guerra y como cuartel del cuerpo de Dragones.

En 1795 los padres betlemitas se hicieron cargo del templo de Nuestra Señora de Belén, trasladando allí el antiguo Hospital de San Martín, que estaba en México y Defensa.

En la actual sacristía se conservan la mesa de mármol utilizada para las operaciones quirúrgicas y un hermoso reloj de pie donado por el coronel Denis Pack en agradecimiento a la solicitud de los religiosos betlemitas con los heridos ingleses.

Entre las muchas tradiciones de San Telmo está la de que al costado de la actual sacristía,  en  los  terrenos  sobre  las  calles  Balcarce  y  San  Juan,    el    ingeniero Ángel Monasterio tenía instalada la fundición donde hizo el primer obús que defendió la ciudad cuando las invasiones inglesas,  utilizando   para ello una de las campanas de la Iglesia.

Nuestra Señora de Belén, también como Iglesia de la Residencia, fue erigida el 31 de mayo de 1806 en parroquia y se le dio por titular a San Pedro González Telmo, santo dominico y patrono de los navegantes.

A través de los años la iglesia ha sufrido varias reformas; la última consistió e la modificación de su frente, dándosele el aspecto cargadamente barroco que hoy pr senta, obra del arquitecto Pelayo Sainz.

Fue  declarada   Monumento   Histórico   por  Decreto   N9   120.412  del  21   de   mayo   de 1942.

Fuente Consultada:
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Historia Iglesia de las Catalinas, Convento Monjas Catalinas

HISTORIA IGLESIA Y CONVENTO DE LAS CATALINAS EN BUENOS AIRES

La creación de la iglesia y convento de las monjas catalinas en Buenos Aires se debe a gestiones hechas por el doctor Dionisio de Torres Brizeño ante el rey de España.

Resultado de ellas fue que por Real Cédula del 27 de octubre de 1717 se aceptó la donación de cuarenta  mil  pesos hecha por el  mencionado  Brizeño.

Las monjas no tenían en aquella época otra residencia en todo el país que la ciudad  de  Córdoba  del  Tucumán  y  de  allí  vinieron   cuatro   para   habitar  el   monasterio.

Adquiridos los solares en la esquina de las calles México y Defensa, frente a la vieja Casa de Moneda, se procedió a la construcción del primitivo convento en 1727, de acuerdo con planos del hermano jesuíta Andrés Blanqui.

Estando los muros del monasterio a una altura de cuatro varas aproximadamente, hubo de paralizarse la obra  por fallecimiento de Torres  Brizeño.

Como el gobernador de Buenos Aires, don Bruno Mauricio de Zabaia, tenía gran empeño en terminar el convento, ordenó como medida primordial una tasación del mismo.

Pero a pesar de que los encargados de la obra, el padre Prímoli y el ingeniero Domingo Petrarca, afirmaron que lo ya construido estaba en buenas condiciones y en terreno lo suficientemente amplio, se sacó a remate, y le fue adjudicada a Juan de Narbona, famoso contrabandista de la época, en la suma de cincuenta y tres mil pesos.

Iglesia de las Catalinas

Iglesia de las Catalinas

Este personaje, quién sabe por qué ocultos intereses, propuso trasladar el convento al barrio del Retiro, y al mismo tiempo presentó un nuevo trazado.

Además del precio estipulado, Narbona solicitó nueve negros para emplearlos en los trabajos, así como 1.300 fanegas de cal, y todas las maderas, clavos y herrajes de la obra, que iba a quedar abandonada.

En 1752 el rey ordenó una investigación por habérsele denunciado que Narbona había cobrado lo convenido sin estar terminado el  nuevo convento.

Con anterioridad el padre Prímoli había estudiado un plano que venía a completar y continuar el  trazado   por   Blanqui   para   el   primitivo  terreno  de   Defensa   y   México.

Narbona destruyó, pues, este segundo plano, y en diciembre de 1737 consiguió del gobernador Salcedo la compra de un terreno.

El mismo ubicado en la esquina donde hoy está, Viamonte y San  Martín,  propiedad  de  don  José  Muñoz y  de  doña Victoria  Cueli.

Aunque los cabildantes, por una orden expresa del rey, y el vecindario se opusieron al traslado del convento, aduciendo que quedaría muy alejado, y que tanto los confesores de las monjas como las personas compradoras de dulces y labores se verían en dificultades para llegar hasta allí, debido a las zanjas y baches del camino, se procedió a su edificación en el nuevo solar.

El gobernador aceptó la variante, pero debió,  por su desobediencia,  pagar una  multa  de seis  mil  pesos que  le  impuso el  rey.

El convento e iglesia de las Catalinas, cuya construcción se había iniciado en 1738, fue inaugurado el 21 de diciembre de 1745, sin estar todavía totalmente concluido.

El campanario, hecho ese mismo año, es famoso aún por el armonioso sonido de sus campanas.

La iglesia posee en sus altares imágenes de gran valor artístico, logradas en su mayoría por el empeño de las monjas.

En un principio la fachada del histórico templo presentaba todas las características de la línea arquitectónica seguida en sus muchas construcciones por los padres Blanqui y Prímoli.

Pero a partir de las primeras décadas del siglo actual las continuas modificaciones introducidas en su frente hicieron que fuera desapareciendo por completo aquella característica tan propia de los mencionados arquitectos.

Este convento, al igual que otros de Buenos Aires, fue ocupado durante la segunda invasión inglesa.

El 5 de julio de 1807 las tropas británicas se introdujeron con violencia en el interior del monasterio, y sólo por la presencia de ánimo de las valientes mujeres y la protección de un oficial católico no llevaron más adelante su sacrilegio.

Abandonándolo el día 7, pero no sin antes haberlo saqueado, «dejando en muy grande pobreza a las cincuenta y ocho religiosas y doce sirvientas que lo habitaban», según reza un informe de la época.

La   iglesia  y convento  de   Santa  Catalina   de   Sena   fueron   declarados   Monumentos Históricos por Decreto N° 120.412 del 21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de los Recoletos Franciscanos:Vida de la Orden en Bs.As.

CONVENTO DE LOS RECOLETOS FRANCISCANOS EN BUENOS AIRES

Al lado de la Basílica del Pilar, en la calle Junín 1930, se encuentra este antiguo Convento, en el que funciona el Asilo de Ancianos General Viamonte.

En el año 1716, como ya hemos destacado al referirnos a la Basílica del Pilar, don Fernando Miguel de Valdéz y Inclán y su esposa, doña Gregoria de Herrera Hurtado, donaron una fracción de tierra de quinientas varas de frente por una legua de fondo para un convento de recoletos.

Un año antes en este terreno se había edificado, por donación de don Juan de Narbona, y con el consentimiento de sus propietarios, una capilla con cuatro celdas y otras dependencias, donde habitaban algunos recoletos descalzos.

La posición exacta de esta primitiva capilla fue fijada en el año 1934, cuando al efectuarse la restauración del templo puso en descubierto una escalera por la que los religiosos  pasaban directamente desde sus celdas  al templo.

Convento de los Recoletos Franciscanos

La construcción del convento, financiada por el citado Narbona, comenzó en 1716, dirigiendo la obra el arquitecto jesuíta Andrés Blanqui, autor también de los planos de   la  iglesia   del   Pilar y de  otros  templos   de   nuestra   ciudad.

El 7 de mayo de 1717 Juan de Narbona firmó ante escribano la escritura de compromiso para la fundación del convento de los recoletos, legalizando de esta manera ante el Cabildo su actuación.

El 17 de enero de 1718 hizo lo mismo ante las autoridades de la Orden Franciscana, quienes le concedieron los privilegios de Patrono y la primera misa, como el donante había solicitado.

El 24 de septiembre de 1717 el obispo del Río de la Plata, fray Pedro Fajardo, dio licencia al R. P. fray Pedro del Castillo para que habitara con su comunidad en el edificio, llamado hasta entonces Hospicio de la Recolección o Santa Recolección, al mismo tiempo que lo erigía en convento «a honra de Nuestra Señora la Virgen del Pilar de Zaragoza y San Pedro Alcántara».

El edificio, descripto por el arquitecto A. Mille sobre la base de un plano que data de 1822, constaba de una planta y primer piso y de varios cuerpos.

El primero, con su patio y jardín central, tenía un magnífico claustro completamente aislado y detrás del mismo un amplio corredor de circulación que daba entrada a las celdas principales del monasterio.

En este corredor desemboca la entrada principal, a cuyos lados había dos salas de visitas.

Por tres escaleras se subía al corredor del piso alto, similar en su disposición a la planta baja.

En el segundo cuerpo, que tenía también su patio central, existía un claustro, la enfermería con su capilla, depósito, etc., y en el ángulo posterior el gran refectorio.

Detrás del mismo se encontraba la cocina, la despensa y, próximo a ella, el calabozo.

En el piso alto había varios locales, posiblemente destinados al coristado y la capilla.

El tercer cuerpo, usado como casa de estudios, tenía cinco aulas aisladas del resto del edificio.

Contiguo a este grupo figura una parte que en el plano aparece con el nombre de Almacén y Subterráneo.

Un cuarto cuerpo, muy amplio, era destinado a casa de ejercicios, el cual constaba de varias celdas y una amplia capilla.

Estaba situado detrás de la iglesia, y contiguo a ésta, con frente a la calle Junín, había otro cuerpo aislado formado por dos recintos diferentes:

uno, la primitiva casa de Narbona, y

otro más hacia el interior, con frente al atrio de la iglesia y con entrada por él, que probablemente debe de haber estado destinado a enterratorio.

En la actualidad el antiguo monasterio está dividido en dos partes, una de ellas en poder de la curia y la otra, la más importante en extensión, que pertenece a la Municipalidad de la Capital, y en ella se encuentra instalado el Asilo de Ancianos.

Esta institución ocupa lo que anteriormente era el patio central del primer claustro, dos alas del mismo, las celdas principales del Convento y el segundo cuerpo.

A través de los años el Convento cumplió además otras funciones.

Durante  las invasiones inglesas fue hospital de sangre, en 1809 sirvió de cárcel al sacerdote Andrés J. del Castillo   y en 1816 estuvo allí detenido el doctor Pedro Agrelo.

En 1815 fray Francisco de Paula Castañeda dirigió en este edificio una Escuela de Dibujo, que se trasladó ese mismo año al local del Consulado.

El Convento permaneció en poder de los franciscanos hasta 1822, año en que, a raíz de la reforma eclesiástica promovida por don Bernardino Rivadavia, la orden fue suprimida y sus bienes, el monasterio entre ellos, pasó al poder público.

El edificio se utilizó, sucesivamente, como prisión, cuartel, hospital de dementes, etc, hasta que en 1858 se instaló el Asilo para Ancianos.

La antigua construcción, que se conserva casi idéntica a su primitivo estilo, fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 29.746 del 28 de septiembre de 1948.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (Bs.As.)

LA CONSTRUCCIÓN DE LA BASÍLICA DEL PILAR EN BUENOS AIRES

Situada en la calle Junín 1904, junto al cementerio de la Recoleta, la iglesia de Nuestra Señora del Pilar estaba en la época de su edificación en lo que era entonces pleno campo, sobre el camino del bajo.

Debe su nombre por habérsela puesto bajo la advocación de la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad de Zaragoza, donde  nació el fundador del convento, Juan de Narbona.

Está edificada en un terreno adjudicado a don Rodrigo Ortiz de Zarate por Juan de Garay al fundar la ciudad.

Heredado por el adelantado don Juan Ortiz de Zarate, éste lo transfirió en 1604 al general de Beaumont y Navarra a cambio de alguna ropa, según dice la tradición.

Después de diversos traspasos llegó en 1608 a poder del capitán de caballos corazas don Fernando Miguel de Valdez y Inclán, y su esposa, doña Gregoria de Herrera Hurtado.

En 1716 se firmó la escritura por la cual los anteriormente nombrados donaban una fracción del terreno para un convento de recoletos.

Por otra parte, habiendo solicitado en 1705 el gobernador de Buenos Aires, don Juan Alonso de Valdez, licencia al rey para edificar un convento de frailes recoletos, se había presentado don Pedro Bustinza, vecino de la ciudad de Santa Fe, ofreciendo veinte  mil   pesos  para  levantar  las  construcciones.

Monumento Histórico Nacional: Iglesia del Pilar

Debido a la lentitud de los trámites y gestiones, sólo el 28 de junio de 1716 quedó autorizada   la  erección  del  convento   por  Real   Cédula   de   Felipe  V.

Mientras tanto, había fallecido Bustinza, pero Juan de Narbona, rico mercader y contrabandista, apareció para reemplazarlo en su generoso ofrecimiento con la única condición  de ser el  síndico y administrador de  la  obra.

Antes de edificarse el templo actual, los recoletos tuvieron probablemente capilla, ya que en la escritura de donación del terreno se menciona una «con cuatro celdas y sus oficinas necesarias para la dicha fundación y que habitan en ella algunos religiosos recoletos descalzos».

Posiblemente sea ésa la que en la actualidad está destinada a San Pedro de Alcántara.

En 1716 iniciaron la construcción del convento, y al lado del mismo colocaron los cimientos de la actual iglesia, seguramente contra el muro de la antigua capilla.

En cuanto a la proyección de los planos y a la dirección de las obras, se sabe que intervino el célebre arquitecto Andrés Blanqui.

Sigue el estilo de las construcciones de los jesuítas y se conserva, salvo algunas refecciones, como era en la época de su terminación, el  12 de octubre de  1732.

La fachada es muy sencilla. Su única torre se levanta sobre la Izquierda y está en parte cubierta de azulejos, que fueron colocados en 1866.

Del otro lado hay una espadaña, de doble arco, verdadera joya arquitectónica, coronada por un curioso reloj esférico ubicado entre dos perillones.

En 1822, a consecuencia de un decreto dictado el año antes por el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Rivadavia, los recoletos que ocupaban el convento del Pilar debieron pasar al de San Francisco o a la Recolección de Catamarca, destinando  el  solar que  ocupaba   la   huerta  a  cementerio   público.

Nuestra Señora del Pilar fue erigida parroquia en 1830 y el 30 de maye de 1843 consagrada por el obispo del Paraguay, José Palos.

Algo más de un siglo después, el 24 de mayo de 1936, fue elevada a Basílica Menor.

Además de su antigüedad, esta iglesia ocupa un lugar destacado por las imágenes y alhajas que atesora.

Una valiosa obra la constituye el altar mayor, exponente maestro del arte barroco, en cuyo nicho central se encuentra la Virgen del Pilar.

También de indudable valor artístico es el llamado «altar de las reliquias», de caoba con aplicaciones de bronce, obsequiado, según la tradición, al padre Altolaguirre por el  rey Carlos  III.

El templo guarda con legítimo orgullo la más extraordinaria joya de la imaginería española que haya llegado a tierras de América: el San Pedro de Alcántara tallado en madera.

Esta magnífica escultura, traída por el padre Altolaguirre a fines del siglo XVIII, es atribuida a Alonso Cano, aunque debido a su acentuado misticismo más bien parecería de Pedro de Mena, discípulo y continuador del anterior, o de alguno de los artistas de la escuela de Roldan.

Los recoletos, que ocuparon muchos años el convento y el templo del Pilar, y que dieron nombre al cementerio y luego al paseo, pertenecían a la Orden fundada en  1484 por Juan  de  la  Puebla y Sotomayor,  conde  de  Belalcázar.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la iglesia de San Juan Monjas Capuchinas en Bs.As.

LA IGLESIA DE SAN JUAN EN BUENOS AIRES

Este templo se llamó Viceparroquia de los Naturales en la época en que era curato de indios.

Desde mediados del siglo XVIII se lo conoce por el nombre de iglesia de San Juan  Bautista, en honor a su patrono.

Se encuentra en la esquina de las calles Alsina y Piedras y ocupa el mismo solar de la primitiva iglesia, emplazada allí alrededor de 1650 por disposición de fray Cristóbal de La Mancha y Velazco, tercer obispo del Río de la Plata.

En 1654 se libró al servicio del  culto y se  la  declaró viceparroquia  de  la  Catedral.

Pero después de transcurrido más de medio siglo el edificio estaba en malas condiciones, por lo que un vecino de Buenos Aires, el maestre de campo de milicias don   Juan   de   San   Martín,   decidió   reedificarlo   de   su   propio   peculio.

Según consta en los Acuerdos del Cabildo, en 1713 ya se había solicitado permiso para recolectar fondos destinados a la obra que iba a levantarse.

Además, en la construcción se utilizaron los restos de la antigua iglesia y las limosnas y donaciones de los fieles.

Posiblemente se comenzó en 1719, ya que en otro acuerdo se dispuso la devolución de unos adobes «necesarios para dar principio a dicha fábrica», los que San Martín había destinado a su templo, pero que fueron prestados al Cabildo para reedificar los calabozos, terminándose la obra, según se supone, en 1725.

Iglesia de San Juan en Buenos Aires

Este antiguo templo está ligado al establecimiento de las monjas capuchinas en Buenos Aires.

Con el apoyo del obispo Juan González Melgarejo un grupo de hermanas capuchinas salió de Santiago de Chile en 1745 para establecerse aquí.

Después de dos penosos años de viaje por tierra llegaron en 1747, siendo recibidas jubilosamente.

Se les había destinado como alojamiento el convento de Nuestra Señora del Pilar, anexo a la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, que estuvo en la esquina de Carlos Pellegrini y Corrientes, en aquel tiempo las afueras de la ciudad.

Dada la falta de comodidad y los inconvenientes de la distancia, la Orden de las Capuchinas permutó su primer asilo por el que le ofrecían las dependencias de la iglesia de San Juan.

En 1769 se sabe que estas monjas ya procedían a reparar el templo, cuya construcción era bastante deficiente.

En 1778 la vieja iglesia fue demolida hasta los cimientos para levantar en el mismo lugar otro edificio.

La nueva obra fue hecha toda de cal y arena de conchilla, con muros  de  un  metro de  ancho,  y se  concluyó  en   1797.

Su planta es en forma de cruz latina, con una sola nave, y la bóveda es de las llamadas de cañón corrido.

Actualmente la fachada se distingue por tener el cuerpo central dividido en dos partes por la elegante cornisa que remata el pórtico.

Tiene dos torres y en el centro de su frontispicio se destaca una imagen del Redentor.

El convento de las monjas reclusas, anexo a la iglesia, tiene amplios claustros rodeados de columnatas, y en uno de los patios llamados «de los Capellanes», y que constituye como un sitio neutral entre ambas dependencias, hay una estatua de mármol  de Santa Clara,  patrona  menor de  la  ciudad de   Buenos Aires.

La iglesia conserva valiosos tesoros, tales como las imágenes que se veneran en el altar mayor, que son verdaderas obras maestras de la escultura religiosa española de principios del siglo XVIII.

El púlpito, de autor desconocido, está realizado en madera sobredorada y tiene tallas de extraordinario mérito.

También se guarda en este templo un auténtico gobelino, que data de 1657.

Representa la Adoración de los Reyes Magos y es copia de un cuadro de Rubens.

Según la tradición, esta obra fue obsequiada por un personaje francés a la corona española, de donde fue remitida como regalo a un virrey de las Filipinas.

En 1818, por causas que se desconocen, el valioso tapiz se envió nuevamente a España, pero el barco que lo conducía fue apresado en  la proximidad de las islas Canarias  por un corsario argentino y traído a Buenos Aires.

Tiempo después se sacó a remate, adquiriéndolo en la suma de dieciséis onzas el canónigo Pedro Pablo Vidal, quien lo donó al convento de las madres capuchinas, o sea el templo de San Juan.

En un tiempo, cuando aún se ignoraba su valor, sirvió para tapar una claraboya, por lo que sufrió algunos deterioros.

En la actualidad ha sido restaurado.

A la derecha del altar mayor se encuentra una losa que cubre los restos de don Pedro Meló de Portugal y Viliena, quinto virrey del Río de la Plata, fallecido en Montevideo el 15 de abril de 1797.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N9 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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La Vuelta de Rocha Historia del Lugar Histórico Nacional

LA VUELTA DE ROCHA: LUGAR HISTÓRICO NACIONAL

La Vuelta de Rocha, uno de los lugares más típicos de nuestra ciudad, se encuentra ubicada en la calle Pedro de Mendoza entre las de Del Crucero y Rocha, en el barrio de la Boca.

Antiguamente el Riachuelo en su curso inferior formaba una curva estrecha que envolvía un paraje o lóbulo bajo y anegadizo.

Los solares que comprendían esa zona fueron dados en 1580 por Juan de Garay, a poco de fundar la ciudad de Buenos Aires, al capitán Alonso de Vera.

En el correr de los años varios dueños tuvieron estas tierras, hasta que en 1635 pasaron a poder del estanciero don Antonio Rocha.

Desde entonces el paraje se conoció con este nombre, aunque en realidad también se le dieron otras denominaciones.

Se sabe que hasta el año 1805 los barcos de pequeño calado penetraban, del Río de la Plata, por el Riachuelo y se detenían a la altura del puerto de Gálvez, donde existían algunas barracas y pequeñas construcciones.

En 1807 se habían levantado dos pulperías cerca de la Vuelta de Rocha y otra en el camino hacía el puente de Gálvez; también en ese entonces algunos pobladores permanentes habían construido sus modestas viviendas.

La Vuelta de Rocha

En un plano de 1810, se menciona el recorrido del camino que conducía desde la ciudad de Buenos Aires hasta la localidad de San Miguel del Monte, y se indicaba como punto de  referencia  por el  que  había  que  pasar  la  Vuelta  de   Rocha.

Durante los años heroicos de la lucha por la independencia el almirante Guillermo Brown instaló en ese lugar el arsenal donde se repararon los buques de la escuadra argentina que lucharon contra los realistas.

Años más tarde, durante la guerra contra el Imperio del Brasil, se construyeron también allí las lanchas cañoneras que se utilizaron en las campañas navales.

En el año 1836 el pintor Carlos Enrique Pellegrini, que supo reflejar con tanta maestría aspectos de la ciudad, ejecutó una acuarela del sitio de la Vuelta de Rocha con el nombre de Puerto de los Tachos.

En ella se observa un barco de carga, un hombre que lleva al mismo mercaderías y, en primer plano, otros que construyen una  balsa.

Años más tarde, al proyectarse la realización del puerto de Buenos Aires, se observó la necesidad de hacer también en el Riachuelo un fondeadero para naves de menor calado y de cabotaje.

En 1885, en el plano preparado por los ingenieros Hamkshaw Son y Hayter para don Eduardo Madero, figura todavía la Vuelta de Rocha con su típico lóbulo o entrada de tierra pantanosa y anegadiza.

Cuando se dio comienzo a las obras del Puerto se hicieron los trabajos para eliminar el lóbulo, convirtiéndose ese espacio en el fondeadero que existe actualmente.

Cuatro años después, en 1889, en la carta topográfica levantada por Armando Saint Ivés se ve por primera vez el fondeadero nombrado.

Este paraje tiene, además de su tradición histórica, un hondo arraigo en el alma popular.

En él se aunan lo típicamente porteño con el elemento extranjero, representado por los inmigrantes que sumaron sus esfuerzos al progreso nacional y que encariñados  con   nuestra  tierra  quedaron   para  siempre  en  ella.

En este lugar se encuentra la Escuela-Museo Pedro de Mendoza, fundada por don Benito Quinquela Martín sobre terrenos donados por él mismo, y que fue inaugurada el 19 de julio de 1936.

Resultado de imagen para historiaybiografias.com Quinquela Martín

La Vuelta de Rocha, uno de los lugares más típicos de Bs.As., se encuentra ubicada en la calle Pedro de Mendoza entre las de Del Crucero y Rocha, en el barrio de la Boca.

Artistas de nombradía perdurable, como José Victorica y Fortunato Lacámsra, entre otros, tuvieron su taller en este célebre rincón de la Boca.

La Boca fue lugar predilecto por la sugerencia poética de su ambiente y por los temas que ofrece el pintoresquismo del Riachuelo.

Muchos son los pintores, Quinquela Martín en primer término, que reflejaron en sus obras el perfil característico de este laborioso barrio de  Buenos  Aires. 

También   se  instaló  aquí   el  teatro   al   aire   libre   «Caminito»,  título inspirado  en   la  pieza   musical   más  difundida  del   compositor Juan   de   Dios   Filiberto, vecino de la misma zona.

La popularidad de este sector de la Boca lo consagra como uno de los parajes más mencionados en  la literatura costumbrista del  país.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N’ 18.540 del 22 de junio de 1948.

Fuente Consultada:
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Historia del Colegio Nacional de Buenos Aires:Origen y Fundación

HISTORIA DEL COLEGIO NACIONAL DE BUENOS AIRES DE LA COMPAÑIA DE JESÚS

Al lado de San Ignacio, en la calle Bolívar, entre las de Alsina y Moreno, el Colegio Nacional ocupa con fundado orgullo el solar que por más de doscientos años es asiento de edificios consagrados a la enseñanza.

El 30 de marzo de 1622, en el primitivo convento de los padres jesuítas, ubicado frente a la actual Casa de Gobierno, se crearon los estudios de gramática y latín, lo que se conoció entonces como Colegio de la Compañía de Jesús, siendo su primer rector el padre Francisco Vázquez.

Trasladados los padres en 1675 a su nuevo sitio en Alsina y Bolívar, comenzaron en 1712 a levantar un local destinado a la enseñanza, y desde 1767 funcionó allí el Colegio Máximo de San Ignacio, instituciones éstas que bien pueden considerarse antecesoras del Real Colegio de San Carlos.

Expulsados los jesuitas, sus bienes fueron confiscados y entregados para su administración a la Junta de Temporalidades,  pasando el antiguo Colegio a propiedad fiscal.

Colegio Nacional de Buenos Aires

Colegio Nacional de Buenos Aires

El 14 de agosto de 1768 se destinó el edificio a Colegio Convictorio y Universidad Pública de San Carlos, pero no se habilitó hasta 1783, en que por Iniciativa del virrey Juan José de Vértiz se fundó y ocupó el edificio el primer instituto de estudios superiores, llamado Real Colegio de San Carlos como tributo de gratitud al monarca Carlos III, bajo cuyo reinado se creó.

La denominación oficial era Real Convictorio Carollno, y en sus aulas se formaron muchos de los hombres de Mayo.

En los gloriosos días de la Revolución de 1810, y anteriormente en los de las invasiones inglesas, además de ser lugar obligado de actividades cívicas el antiguo local sirvió para albergar al famoso cuerpo de Patricios, siendo conocido en esa época con el nombre de Cuartel Provisional de Patricios.

Esto motivó la suspensión de las clases y ocasionó deterioros en el edificio.

El 30 de julio de 1813 volvió nuevamente a su antiguo destino y funcionó en sus aulas el Colegio-Seminarlo hasta el 2 de junio de 1817, en que tomó el título de Colegio de la Unión del Sud.

El 12 de agosto de 1821 convirtióse en la Universidad de Buenos Aires, y pasados dos años, en mayo de 1823, el gobierno lo reorganizó dándole el nombre de Colegio de Ciencias Morales.

En este establecimiento se acordaron entonces becas a varias provincias, merced a las cuales los jóvenes del interior pudieron recibir una instrucción superior.

A fines de 1830, siendo gobernador Rosas, y alegando razones de economía, fue clausurado el Colegio y declarado cesante su personal.

Desde el 26 de agosto de 1836 volvieron a ocupar el edificio los padres jesuitas, y pusieron colegio.

Este funcionó hasta el 14 de marzo de 1863, época en que el general Mitre dio un decreto por el cual el viejo edificio era declarado Colegio Nacional de Buenos Aires y pasaba a poder del Estado.

En aquellos tiempos tuvo como rector al canónigo  Dr.   Eusebio Agüero y como  vicerrector al  sabio  don  Amadeo  Jacques.

El 4 de noviembre de 1911, por decreto del presidente de la República, Dr. Roque Sáenz Peña, el Colegio pasó a depender de la Universidad de Buenos Aires, decreto que confirmó la Ley de la Nación del 17 de julio de 1919.

Durante la presidencia del general Edelmiro J. Farrell, por decreto del 6 de junio de 1944 del interventor nacional de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Carlos Obligado, se le dio el nombre colonial de Colegio Universitario de San Carlos.

Este decreto fue derogado el 6 de abril de 1945 y el establecimiento recuperó su antigua denominación de Colegio Nacional de  Buenos Aires.

Desde la lejana época de su fundación el histórico edificio ha visto desfilar por sus aulas a la juventud de varias generaciones, que acudió a sus cursos atraída por la fama de sus maestros y la superioridad de su enseñanza.

Actualmente resta como recuerdo material de la antigua casa de estudios la vieja campana y en la parte de la Escuela de Ingeniería, restos del claustro llamado «de las Misiones» y en  lo que ocupan  el  Decanato y  la  Escuela de Arquitectura  hay también vanos locales abovedados que datan del tiempo de los jesuítas.

Como datos de su pasado se conservan los nombres de los arquitectos que trabajaron en el primitivo edificio: hasta 1714 el hermano Juan Kraus, luego el hermano coadjutor Juan Wolff, que trabajó hasta 1720.

Le siguieron Blanqui y Prímoli hasta 1730, año en que intervino el alemán Pedro Weger.

El solar de la calle  Bolívar, donde se  levanta el Colegio Nacional de Buenos Aires fue declarado Histórico por Decreto N° 12.904 del 5 de noviembre de 1943

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia del Cabildo Buenos Aires-Construcción y Características

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: EL CABILDO DE BUENOS AIRES

Este histórico y secular Cabildo, testigo de los acontecimientos más trascendentales de la patria, levanta su inconfundible figura como símbolo de la argentinidad.

Desde los primeros tiempos de la Colonia tuvo un papel preponderante en la vida ciudadana, administrando justicia, fiscalizando las actividades de los habitantes y defendiendo los derechos de la comunidad contra los atropellos de los funcionarios  reales,  iniciando su intervención en  política  a  partir de  1806.

Reconquistada la ciudad de Buenos Aires, las fuerzas de la primera invasión inglesa formaron delante del Cabildo y entregaron sus armas ante Liniers y Beres-ford, que presenciaban la escena desde el balcón principal, mientras los oficiales firmaban  en   la sala  capitular su   rendición.

Cabildo de Buenos Aires

El 14 de agosto de 1806 el pueblo, indignado contra el virrey Sobremonte, reclamó un Cabildo Abierto, el cual resolvió deponerlo de su cargo y nombrar a Liniers gobernador militar de la ciudad.

Años más tarde, en el glorioso mes de mayo de 1810, fue escenario de magnos acontecimientos desde el trascendental Cabildo Abierto del 22 al 25, en que los patriotas, sosteniendo la soberanía del pueblo, destituyeron al representante español en el Río de la Plata, don Baltasar Hidalgo de Cisneros, y formaron la Primera Junta de Gobierno Patrio.

El 8 de octubre de 1812 concurrieron frente al Cabildo los generales San Martín y Alvear con los Granaderos a Caballo para apoyar el pedido del pueblo de cambiar el Primer Triunvirato, nombrándose antes del mediodía el Segundo.

Desde sus balcones, el 2 de diciembre de 1810 y luego el 26 de febrero de 1817, se exhibieron las banderas tomadas a los realistas en el Alto Perú y en la batalla de Chacabuco, respectivamente.

El 20 de abril de 1815 se enarboló por primera vez la bandera argentina en la torre del Cabildo, y desde 1816 se instituyó la costumbre de izarla al mediodía, mientras desde el Fuerte era saludada con salvas de artillería.

El solar que hoy ocupa fue destinado por Juan de Garay al fundar la ciudad, el 11 de junio de  1580,  para sede del Ayuntamiento,  Casa Consistorial  o Capitular.

La primera construcción para tal fin se inició en marzo de 1608, bajo la dirección del alarife Juan Méndez; consistía en una casa baja y oscura con paredes de adobe, techo de teja, y se componía de un salón grande destinado a las reuniones y de una pequeña habitación que servía de prisión.

Al costado, pared por medio, se construyeron dos piecitas que se alquilaban. Hernando de la Cueva fue el encargado de hacer los tirantes; Pedro Ramírez tuvo a su cargo las dos puertas y las dos ventanas, y Hernando Alvarez, el revoque y blanqueo del frente.

Sala Capitular del Cabildo

Esta construcción, muy poco sólida y que se agrandó posteriormente por resultar chica para los fines a que se la había destinado, amenazaba derrumbarse a los pocos años.

En 1619 los cabildantes la abandonaron, viéndose obligados a realizar sus sesiones en el Fuerte, y reparada en 1621 tuvo que ser, sin embargo, nuevamente abandonada en 1632.

En 1679, tras gestiones hechas ante el rey, se recibió una Real Cédula que ordenaba al gobernador informar sobre las necesidades más urgentes del edificio.

Años más tarde se contestó indicando no sólo los recursos precisos para levantar una nueva casa, sino también cómo debía ser ésta.

En 1710 recibióse otra cédula pidiendo mayores detalles sobre la obra y la suma a invertirse, hasta que por fin en 1711 se obtuvo el consentimiento para iniciar la edificación.

Se sabe que en 1719 el famoso arquitecto jesuíta Juan Baustista Prímoli trazó un plano del Cabildo, según el cual éste constaría sólo de planta baja.

Fue sometido al juicio del ingeniero don Domingo Petrarca, quien avaluó la obra en sesenta mil pesos.

Pero hay noticias de un segundo,   proyectado  por el  mismo  Petrarca  en   1720,  con  plantas  alta  y  baja.   Ignórase qué plano se utilizó en definitiva.

Se supone que se empleó el de Prímoli por ser el único conocido, pues los demás se perdieron.

De acuerdo con las últimas investigaciones y con los datos existentes en el libro defábrica del Cabildo, se ha llegado a la conclusión de que quien tuvo la más directa intervención en las obras fue el hermano Andrés Blanqui, siendo lógico pensar que además de dirigir los trabajos fue también el autor de los planos.

Lo cierto es que hasta 1725 no se dio comienzo al Cabildo conservado hasta nuestros días.

El edificio se componía de dos pisos. En la planta baja, entrando a la derecha, estaba la capilla, y al frente, las oficinas de jueces y escribanos.

Al fondo se hallaban las piezas para la servidumbre y las celdas de los presos privilegiados, además de las destinadas a delincuentes comunes.

En los altos encontrábanse una gran sala para los actos capitulares y otras dependencias.

El balcón, hecho con simples barandillas de madera, hubo de ser cambiado y reemplazado por otro de hierro y se procedió a techar con tejas el edificio y a dotarlo de la portada principal.

La obra fue llevada con tal lentitud, debido principalmente a la carencia de recursos, que sólo se terminó en 1751.

Pero aún le faltaba la torre, que se construyó en 1764, de acuerdo con los planos del regidor José Antonio Ibáñez.

En ella se colocó la campana, costeada por suscripción pública y fundida en bronce en España, con una leyenda que dice: «San Martín, Obispo — Me fecit Johanes Pérez, anno 1763».

Junto a la inscripción hay una cruz y una imagen de la Virgen en relieve.

Esta histórica campana (a pesar de lo que erróneamente se ha dado en decir no se dejó oír el glorioso 25 de mayo de 1810 por estar desde el año anterior sin badajo) fue trasladada a la torre derecha del templo de San Ignacio cuando se le quitó la torre al Cabildo.

Al hacerse la reconstrucción del edificio en 1940 la campana volvió a su primitivo sitio.

El reloj que estaba en la torre en los días de la Revolución de 1810 fue llevado a la iglesia de Balvanera, donde estuvo hasta 1883, año en que fue sustituido por el actual de cuatro esferas, perdiéndose desde entonces el rastro del viejo.

En 1861 modificóse la torre del Cabildo, agrandando sus ventanales, y se colocó un nuevo reloj traído de Inglaterra, que años más tarde fue trasladado a la torre izquierda de San Ignacio, donde todavía está.

En 1784 se añadieron cinco nuevos calabozos, hechos de acuerdo con los planos del brigadier José Custodio de Sáa y Faría, que son las actuales habitaciones situadas en el fondo, separadas del edificio por lo que es hoy jardín.

Entre los años 1829 y 1852 se hicieron diversas reformas en el Cabildo, entre otras la reducción del balcón, que se limitó a tres arcos centrales.

En 1880, por decreto de don Torcuato de Alvear y por obra del arquitecto Pedro Benoit, se le agregó a la torre un nuevo cuerpo rematado por una cúpula de azulejos, y se le varió totalmente el aspecto colonial, dándole a la fachada un tipo marcadamente italiano.

Años más tarde hubo que demoler toda la torre, pues el edificio no estaba hecho para soportar semejante peso, y así continuó hasta su última restauración.

También en 1889, con motivo de la apertura de la Avenida de Mayo, se le quitaron los arcos del ala izquierda; y en 1931 la Municipalidad, para continuar la línea de la diagonal Julio A. Roca, ordenó la demolición de los tres arcos que daban a la calle Victoria.

Hasta 1813 ostentaba en su frente el escudo español, pero después la Asamblea del mismo año lo sustituyó por el argentino.

Luego de tantos cambios,  demoliciones totales y  parciales,  el  dos veces centenario Cabildo fue  restaurado en  la forma  actual  por el arquitecto don Mario J   Buschiazzo y se inauguró el 12 de octubre de 1940.

Declarado Monumento Nacional  por Ley N9 11.688 del 31  de  mayo de  1933.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Historia del Cabildo de Buenos Aires

Historia de la Iglesia de San Ignacio en Buenos Aires

HISTORIA CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA DE SAN IGNACIO EN BUENOS AIRES

En el lugar que hoy ocupa en la Plaza de Mayo la estatua del general Belgrano, y donde en determinada época estuvo el llamado Piquete de San Martín, cuerpo encargado de combatir a los indios que se acercaban demasiado a la población, levantaron los jesuítas su primera capilla y colegio en 1607, bajo la dirección del padre rector Francisco de Gómez.

En 1661 les dio el gobierno orden de abandonar el sitio y demoler los edificios construidos, medida tomada para que la artillería del Fuerte pudiese disparar con facilidad —sin embargo hasta 1821 existió parte de la antedicha capilla—.

El gobierno acordó entonces abonarles la suma de 22.299 pesos con 9 reales como indemnización, y les cedió la manzana que en la actualidad está formada por las calles Moreno, Alsina, Perú y Bolívar, además de darles el importe de la nueva edificación a levantarse. En 1675 la Orden se trasladó a la pequeña capilla, que había elevado en este lugar.

Años más tarde, en 1710, derrumbada esta capilla, los jesuítas comenzaron a edificar su templo definitivo en la esquina de Bolívar y Alsina.

La construcción fue dirigida por el hermano Juan Kraus y habilitada en parte el 31 de julio de 1722. En 1733 aún no estaba terminada, y prueba de ello es que en esa fecha uno de los arquitectos que trabajaba en la obra, el jesuíta Pedro Weger, se cayó de un andamio  perdiendo  la vida.

Iglesia San Ignacio

La Iglesia de San Ignacio es una iglesia católica ubicada en el barrio de Montserrat, en Buenos Aires.
La primera iglesia, de adobe, fue construida por la Compañía de Jesús.

La iglesia de San Ignacio fue consagrada y entregada al culto el 7 de octubre de 1734 por el obispo Palos, del Paraguay, a la sazón en Buenos Aires. El titular de esta ciudad, fray Juan de Arregui, no pudo hacerlo por encontrarse retenido en Asunción.

Al lado de la iglesia, sobre la calle Bolívar, los padres construyeron el llamado comúnmente Colegio Grande, que fue luego el famoso de San Carlos. El solar ocupado por la Orden cobró gran prestigio con el andar del tiempo y fue conocido con el  nombre  de   Manzana  de  las  Luces.

La arquitectura del templo pertenece al estilo romano (renacimiento jesuítico), cuyo creador fue el célebre arquitecto italiano Santiago Barozzio, más conocido por Viñola. La planta del edificio es en cruz latina, la nave central abovedada en cañón y las laterales presentan profundas capillas.

El frontis tuvo originariamente una sola torre, pero hacia 1850 el arquitecto Felipe Senillosa le agregó la segunda y lo renovó en parte. En la torre de la derecha, la más antigua, hay un juego de tres campanas. La de mayor tamaño es la más vieja, pues data de 1766, y fue hecha por Francisco Noso. Las otras dos fueron fundidas en 1858 por Picasso.

En la torre de la izquierda se encuentra actualmente la que tenía el campanario del Cabildo. La campana que repite las horas es del año 1845 y tiene grabada la leyenda «Nomen Domini, benedictum». La tercera, llamada Stella Maris, es la más moderna y fue fundida en 1860 por Antonio Massa. El reloj que tiene esta torre es el que estuvo en  la  del  Cabildo y que  había  sido traído  de   Inglaterra.

La Iglesia y el Colegio de San Ignacio fueron testigos de hechos memorables. En 1767, en la noche del 3 de julio, los treinta y seis padres jesuítas que componían la comunidad debieron acatar la orden de destierro dictada por el rey Carlos III, de cuyo  estricto  cumplimiento  se   encargó   el   gobernador   Bucarelli.

Después de transcurridos setenta años, en 1836, un decreto de Rosas les permitió reintegrarse a su convento y colegio, pero al resistir los padres algunas órdenes fueron expulsados en 1841, luego de haber sido asaltado el famoso colegio por un grupo  de secuaces  del  tirano.

En 1806 el templo fue defendido de la ocupación de las tropas del teniente co ronel Pack. Cinco años más tarde se ayudó desde sus torres a sofocar el amotinamiento  del   regimiento  de   Patricios.   Durante   la  anarquía   del   año  20  se   celebró  en San Ignacio, el 3 de octubre, un cabildo abierto, y en 1823 tuvo efecto la ceremonia de  la  entrega  de   los  primeros  premios  a  la  virtud.

En el subsuelo está enterrado el procer Juan José Castelli, siguiendo la costumbre de entonces en todos los templos conventuales de dar sepultura a personajes ilustres.

Los altares, imágenes, muebles y reliquias, como también la mayor parte de su estructura interior, fueron quemados o destruidos durante los lamentables episodios desarrollados el  16 de junio de  1955.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N9 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Ver: Pedagogia y Método Educativo en los Colegios Jesuitas

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