La Jabonería de Vieytes

Historia de la Casa Natal de Sarmiento-Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar.

En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero.

En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba.

Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de recibo.

Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado.

El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas.

Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes.

Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones.

También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura.

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Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así:

«La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar.

De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón.

En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Casa Natal de Sarmiento

Historia del Fuerte de Carmen de Patagones Francisco Viedma

Historia del Fuerte de Carmen de Patagones, Don Francisco Viedma

El pueblo de Carmen de Patagones se halla edificado sobre la margen norte del río Negro, a siete leguas de su desembocadura en el Atlántico, en el departamento de Carmen de Patagones.

En abril de 1779 el superintendente de los establecimientos de la costa patagónica, don Francisco de Viedma, fondeó en la margen derecha del río Negro.

Después de tratar con los indios inició la construcción de una población a la que denominó Carmen de Patagones y que colocó bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen. Como primera medida hizo cortar madera para levantar un fuerte con foso.

Debido a una creciente que inundó el poblado, Viedma lo trasladó a la margen opuesta del río, en un sitio estratégico desde el punto de vista militar.

Fuerte de Patagones Monumento Historico

El 2 de octubre llegó el primer grupo de pobladores, consistente en ocho hombres y dos mujeres que acompañaban a sus maridos.

De inmediato se procedió a la delineaclón de un fuerte provisional de ochenta varas de perímetro, rodeado por murallas de unas cinco varas de alto, levantándose en su interior los ranchos y cobertizos para la gente.

Dirigió las obras el sargento de artillería José Michán, quien tenía como ayudante al maestro albañil Bartolomé Vásquez.

En febrero de 1780 se había hecho ya gran parte de las murallas, levantado el almacén de víveres y casi terminado la capilla.

Como el plazo exigido para la conclusión era de ocho meses, el sargento Michán solicitó, además de un técnico, trabajadores que no solamente le ayudaran en la obra sino que supieran hacer adobes y quinchar.

Accediendo a su pedido, el virrey envió al ingeniero José Pérez Brito y setenta hombres entre albañiles y peones.

Don Francisco de Viedma utilizó como material de construcción el «tepe», extraído de la margen del río y que consistía en pedazos de tierra entreligados con las raíces de la grama, los cuales cortados convenientemente servían para hacer murallas.

Más tarde, habiendo descubierto Viedma una abundante cantera de piedra cerca del fuerte, resolvió aprovecharla.

En octubre de 1780 llegó a Patagones el antedicho ingeniero, quien hizo las observaciones de las, obras realizadas y las comunicó al virrey.

Encontró que el lugar del fuerte provisional era bueno, y allí mismo procedió a la construcción del nuevo, que dominaba toda la población, así como la parte del río que servía de muelle y los caminos por donde podrían acercarse los indios enemigos.

Carmen de Patagones fue escenario el 7 de mayo de 1827 de la acción de guerra conocida en nuestra historia con el nombre de Combate de Patagones.

Durante el bloqueo del río de la Plata por las fuerzas brasileñas, el puerto de Carmen de Patagones era utilizado como base principal de los buques corsarios que recorrían el Atlántico.

A consecuencias de esto la reducida población se había visto aumentada con gran cantidad de negros libertos por los mismos corsarios y que completaban la guarnición del fuerte.

A mediados de febrero de 1827 una división enemiga al mando de James Shepherd se dirigió a Patagones.

Cuando los barcos brasileños estuvieron a la vista se dio la alarma, y la batería ubicada frente a la boca del río Negro fue protegida por milicianos del fuerte al mando  del  coronel  Felipe  Pereira y  del  subteniente  Sebastián  Olivera.

A pesar del recio fuego de la batería, las naves Itaparica, Escudelro y Constanza consiguieron franquear el 28 de febrero la línea de resistencia y continuar río adentro, no así la Duquesa de Goyaz, que quedó varada y fue destrozada por las olas.

El capitán James Shepherd desembarcó al frente de más de trescientos hombres sobre la margen izquierda del río e inició el avance, pero la columna se extravió apartándose de la costa y tomando por entre los médanos.

Después de fatigosa marcha, en la madrugada del 7 de marzo se encontraron en una colina, llamada Cerro de la Caballada, próxima a la población, donde fueron recibidos por el fuego de los defensores.

Uno de los primeros en caer fue Shepherd, lo que unido al gran cansancio de los brasileños hizo que se batieran en retirada tratando de ganar sus buques.

Entretanto tos corsarios dirigidos por el almirante Santiago J. Bynon habían obligado a la tripulación de las tres naves enemigas a rendirse, logrando un importante botín.

La torre de piedra del fuerte —obra del ingeniero José Pérez Brito—, que servía de atalaya a los colonizadores y que fue utilizada más tarde como campanario, «es lo único que se conserva actualmente.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia del Palomar de Caseros,Primeros Dueños

Historia del Palomar de Caseros Primeros Dueños

Los orígenes del solar de Caseros, en el partido 6 de Septiembre, antiguamente llamado Morón, donde aún se conserva el histórico Palomar, se remontan a comienzos del siglo XVII.

En esa época el gobernador Hernando Arias de Saavedra otorgó a Miguel de Rivadeneyra «una merced de tierras y vacas en el Pago de Monte Grande, en las cabezadas de acá del Río —hoy de Luján—, jurisdicción de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Buenos Ayres».

Estas tierras sufrieron diversos cambios de dueños en el transcurso de los años.

Así es como en septiembre de 1634, Juana Meló, viuda de Miguel de Rivadeneyra, vendió un terreno de media legua de frente por media de largo a Alfonso Carballo, en veintitrés pesos corrientes en reales, y al contado.

Palomar de Caseros

En 1640 Carballo aumentó su propiedad con lotes adyacentes, y tiempo después compró terrenos linderos pertenecientes al capitán Domingo Gribeo, que los había obtenido por una merced.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

En 1756 José Rodríguez de Luna vendió una chacra de mil ochocientas varas de frente, en el pago de Las Conchas, a Isidro Burgos, quien a su vez la vendió a Diego Cassero el 21 de junio de 1781.

Desde esta época ha perdurado el nombre de la propiedad, que luego habría de cobrar tan grande importancia histórica.

En la firma de la escritura, el apellido figura con dos «s», pero en el cuerpo del instrumento, posiblemente por negligencia, está con una sola.

En esta forma, y con la «s» final agregada que ha perpetuado la tradición, ha llegado hasta nosotros.

Desde el mismo año,  1781, Diego Cassero se dedicó a mejorar las tierras, sembrando trigo y plantando un gran monte de duraznos.

En cuanto a la edificación, que sólo constaba  de  una  casa vieja  de tapial  y  un  molino  deteriorado,   el   nuevo  propietario la rehízo totalmente, levantando la nueva casa y el palomar en 1788.

La casa principal era una construcción cuadrada, de azotea, con amplios corredores de dos frentes.

En su testamento fecha 9 de agosto de 1799, Diego Cassero dice:

«La casa nueva la hice en 1788, se compone de 24 piezas, oficinas y pasadizos, un almacén de 35 varas de largo y 8 de ancho, con ventanas y rejas de hierro y lapacho, y sus corredores para resguardarla de la humedad.

«Separado de las casas el palomar y el gallinero, y en medio de ellos un pozo con pilón de material para la hacienda.

En el patio interior de la casa un aguar muy sobresaliente, que sólo sirve para el gasto de los habitantes y el riego del jardín…»

…»espero que mis herederos mantengan el establecimiento en un estado floreciente, cuidando que la finca no vaya a menos, reparando con prontitud cualquier daño que pueda notarle menoscabo».

El mirador tenía una pequeña torre que ostentaba hermosa cruz de hierro forjado, y se comunicaba con la casa por una escalera interior.

A unos centenares de pasos, en dirección Este, se levantaba el Palomar, ingeniosa construcción  circular de tres  pisos concéntricos,  que  ha  llegado  hasta  nuestros  días.

El interior era independiente y sobresalía a manera de torre.

Pasó más de un siglo, y durante este tiempo el predio originario sufrió varios traspasos de dominio, mensuras y litigios.

Los nidos que albergaban a las palomas estaban formados por cuatro ladrillos superpuestos y dos transversales que hacían de techo y piso del nido superior.

La propiedad fue llevada a un notable grado de progreso por los trabajos de Diego Cassero, y él mismo, en su testamento, manifiesta que espera que sus herederos lo mantengan.

Se sabe que años después pasó a la Administración de Temporalidades.

Posteriormente, por ventas sucesivas, a Juan de Alagón, a Luis de Saavedra, a Manuel José de Guerrico y a Simón Pereyra, quien fue su dueño en 1850 y la dejó   en   herencia a su  hijo  Leonardo,  de  quien  la  heredaron sus  hijas  María  Luisa  y  María  Antonia  Pereyra Iraola.

El 18 de marzo de 1912, por donación de las anteriores, diez hectáreas del terreno pasaron a poder del Superior Gobierno de la Nación, para que en ellas se construyese el Colegio Militar.

Este histórico Palomar, que en la actualidad ha sido restaurado y revocado en todo su perímetro, pues anteriormente era de ladrillo a la vista, se encuentra en los campos de Caseros.

Lugar histórico donde el 3 de febrero de 1852 se libró la batalla entre los ejércitos aliados al mando del general Justo José de Urquiza y las fuerzas federales adictas al gobernador de Buenos Aires, y que terminó con la derrota de Juan Manuel de Rosas.

Dado su tipo de construcción sirvió aquel día para que desde sus escalonados pretiles funcionaran simultáneamente tres líneas de fuego.

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia Columna de San Nicolás,Monumento Histórico

Historia Columna de San Nicolás Monumento Histórico

Se levanta en la histórica ciudad de San Nicolás de los Arroyos, sobre las barrancas del río Paraná y la terminación de la calle Carlos Pellegrini.

Este monumsnto fue erigido para conmemorar el primer combate en que intervinieron las fuerzas navales argentinas.

El 26 de febrero de 1811, cuando la primera escuadrilla patriota comandada por Juan B. Azopardo se hallaba al norte de San Nicolás, recibió noticias de que el jefe realista Jacinto de Romarate lo perseguía y que había pasado San Pedro.

En vista de ello, resolvió con sus comandantes hacer frente al enemigo esperándolo en la angostura de San Nicolás, paso que era forzoso, ubicado a un cuarto de legua al sur de la ciudad.

Con dos cañones de la «Invencible» y otros dos de la «25 de Mayo» levantó una batería en la  barranca, que fue puesta a las órdenes del capitán  Hubac.

En las horas de la mañana del 2 de marzo de 1811 ambas fuerzas se encontraron.

El combate fue muy reñido y duró casi todo el día.

La tripulación de las naves patriotas, integrada en su mayoría por extranjeros que no estaban imbuidos de los altos ideales revolucionarios, abandonó la lucha a pesar del esfuerzo y la energía de sus jefes.

Azopardo resistió con todo heroísmo, y antes de rendirse intentó volar su nave, pero luego debió ceder, entregando los barcos al enemigo.

columna san nicolas monumento historico

Durante muchos años los habitantes de San Nicolás anhelaban levantar un monumento que recordara esta primera acción de nuestra marina de guerra.

Con tal finalidad se constituyó en 1911 una Comisión de Homenaje que sólo consiguió colocar en ese entonces una piedra fundamental en» la ribera del río frente al edificio del Club de Regatas.

Los años transcurrieron sin que la iniciativa lograra materializarse, hasta que en 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca.

Al transmitirse el pedido a los organismos técnicos de dicho ministerio se obtuvo una respuesta favorable, y el almirante Carlos Martínez, director general del Material, logró que el entonces ministro de Marina dispusiera la construcción de la obra, que se encomendó al capitán de fragata y arquitecto don Jorge Servetti Reeves.

En 1943 la Comisión solicitó al Ministerio de Marina que se construyera un mástil marinero sobre la barranca.

El monumento está integrado por un prisma irregular de planta trapezoidal de 24 metros de altura, es de cemento armado y su interior es hueco.

Teniendo la cara que da al río una fuerte inclinación hacia atrás, y termina en una plataforma cilindrica de figura regular, destinada a servir de pedestal a la estatua de Azopardo, cuando las autoridades resuelvan hacerla.

La parte anterior mira hacia la ciudad y tiene una imagen que simboliza a la  República creada por el escultor Horacio Juárez.

En su interior, por una escalera de hierro puede subirse a la plataforma superior, donde se han colocado luces rojas de seguridad para las aeronaves, siendo posible ubicar allí un faro destinado a orientar a los aviones.

Tiene dos inscripciones; la de la izquierda dice:

«Aquí el teniente coronel Juan Bautista Azopardo, héroe y mártir de la independencia de América, defendió la libertad de la patria que surgía a la gloría, desde la cubierta ensangrentada del bergantín «25 de Mayo», goleta «Invencible» y balandra «América», y la de la derecha:

«En estas aguas del Paraná el 2 de marzo de 1811 la escuadrilla patriota libró el combate de San   Nicolás,  jornada   heroica  con   que  inicia  su   historia   naval   la   Nación   Argentina».

La Obra fue inaugurada el 2 de marzo de 1947.

A la ceremonia asistió el primer magistrado, altas autoridades y numeroso público.

Un año y medio más tarde, y accediendo a una solicitud de la filial nicoleña de la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires, el ministro de Marina acordó el traslado a San Nicolás de los restos mortales de Juan Bautista Azopardo.

Dichos restos  descansaban en el cementerio de la Chacarita; fueron exhumados el 22 de octubre de 1948 y llevados con los honores reglamentarios a  bordo del  rastreador «Drumond»,  que  los  condujo  hasta  San   Nicolás.

A las 9 de la mañana del día 23, centenario de la muerte del ilustre marino, la urna fue bajada por dos cadetes navales y colocada en una cureña mientras las tropas rendían honores.

En nombre del ministro de Marina, el capitán de navio Raúl Duverges procedió a entregar las cenizas veneradas al vecindario, representado por su intendente municipal, señor Héctor Perurena.

La cureña con la urna, escoltada por cadetes navales y tropas y seguida por autoridades y vecinos, se dirigió a la iglesia parroquial, donde el capellán del ejército, Rev. Rodolfo Forti, ofició un responso.

Terminado el mismo la comitiva prosiguió la marcha hasta la columna, en cuya cripta fueron colocados y bendecidos los restos mortales del ilustre marino.

La columna de San Nicolás fue declarada Monumento Histórico el 28 de octubre de 1949 por Decreto N° 27.286.

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Combate de Pigue:Historia y Ubicación Lugar Histórico

Combate de Pigue:Historia y Ubicación Lugar Histórico

En los años que siguieron a la revolución del 11 de septiembre de 1852, a raíz de la cual la provincia de Buenos Aires se separó del resto de la Confederación Argentina, las luchas entre ambas partes demandó casi totalmente la utilización de los esfuerzos bélicos.

Por esta razón las fronteras interiores, es decir las líneas divisorias de los dominios de blancos e indígenas, quedaron casi desguarnecidas y los malones volvieron a ser el terror de los intrépidos pobladores de las estancias y de los escasos soldados de los fortines.

En 1857 asumió la gobernación de Buenos Aires don Valentín Alsina, quien entre otras medidas se propuso apoyar a las fuerzas militares que ganaban nuevos territorios a los indios.

Como primera medida decidió reorganizar el Ejército de Operaciones del Sur, que puso a las órdenes del coronel don Nicolás Granada.

Y para compenetrarse aún más de los problemas de las fronteras y para alentar a las tropas el propio Valentín Alsina efectuó una visita al campamento de Arroyo de los Huesos, cerca de Azul.

Monumento Batalla de Pigue

En diciembre de 1857 el ejército continúa su avance hacia el sudoeste dividido en dos columnas, una al mando del coronel Nicolás Granada, y otra al mando del coronel Wenceslao Paunero.

El 10 de febrero de 1858 ambas divisiones se reunieron en las vertientes del arroyo Pigüé, que es el único de la zona que corre de sur a noroeste; sus aguas se vierten en un terreno salitroso dando lugar a la formación de la laguna Epecuén, en Carhué.

En una carta al gobernador Alsina el coronel Granada decía:

«Me es sumamente satisfactorio poder asegurar a vuestra excelencia el buen estado y disposición de estas fuerzas. En todos los señores jefes y oficiales se ven reunidos el patriotismo, unión y desinterés».

En los días siguientes varias partidas se encontraron con indios de las tribus sometidas a Calfucurá, señor de las pampas.

Todo hacía prever un encuentro, por lo que el comandante en jefe coronel Nicolás Granada designó jefe del Cuartel General al coronel Emilio Conesa, al que confió también la primera división, y para dirigir la segunda designó al coronel Wenceslao Paunero.

El 15 de febrero de 1858 el ejército reanudó la marcha y cruzó el arroyo Pigüé en el paraje denominado Huil-He, donde desagua el arroyo Curá-Malal Chico, y estableció el campamento.

En la tarde ese día se presentaron varios indios con una nota de Calfucurá, quien simuló buscar un parlamento, pero en realidad el astuto indígena lo que trató fue de atacar por sorpresa. En vista de ello el coronel Granada ordenó la movilización general.

El ejército pasó la noche en un reducto fortificado, y en la madrugada del 16 de febrero la diana y los gritos de los salvajes anunciaban el combate, que fue muy reñido.

Por un tiempo los indios resistieron las cargas, pero finalmente fueron vencidos.

El ejército triunfador prosiguió al día siguiente su marcha en dirección a las Salinas Grandes, reducto de Calfucurá, cuyo poderío quedó quebrado a raíz de este encuentro.

Meses más tarde se fundó el pueblo de Pigüé, hoy floreciente ciudad bonaerense.

En los considerandos del decreto por el cual se le declara lugar histórico dice:

«Que en dicho lugar se libró el combate históricamente denominado de Pigué, el cual tuvo extraordinaria significación moral y material en la conquista del desierto, pues en él se quebrantó por el lapso de casi veinte años el poderío del cacique Calfucurá».

En 1943 la subcomisión de Monumentos y Lugares Históricos solicitó al Poder Ejecutivo la determinación exacta del lugar donde se libró este combate, y luego de los estudios pertinentes se llegó a la conclusión de que el combate de Pigüé de los días 15 y 16 de febrero de 1858 se libró en el partido de Saavedra (Pigüé), a 4 kilómetros del pueblo de Pigüé sobre el camino Pigüé-Ducos y en la zona 700 metros al NE del ángulo sur de la propiedad de don Adrián Litre, linde SE de la chacra Gely 1250 m. al E del punto anterior —ángulo E de la propiedad de don Emilio Frió—, provincia de Buenos Aires.

En el sitio donde se libró el combate la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos levantó un monumento con una placa de mármol que recuerda: este hecho de armas.

Fue declarado lugar Histórico por Decreto N° 30.825 del 10 de diciembre de 1945.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la Casa de la Independencia ó Casa de Tucumán

MONUMENTO HISTORICO: HISTORIA DE LA CASA DE LA TUCUMAN

En  1815 el gobierno  interino de Buenos Aires,   representado  por el coronel   Ignacio Alvarez Thomas, decidió convocar a  las Provincias Unidas a un congreso, fijan como sede a Tucumán.

De inmediato se procedió a buscar un local apropiado para celebrar las reuniones, tropezándose con ciertas dificultades, que afortunadamente allanó doña Francisca   Bazán   de   Laguna   al   ceder   una   propiedad   para   ese   fin.

Casa de Tucumán o de la Independencia

Se trataba de una antigua y tranquila casa colonial de una sola planta que ocupaba un terreno de treinta metros de frente por setenta y uno de fondo.

En el centro del muro externo se abría un macizo portón de madera de dos batientes con sencillos herrajes primitivos, flanqueado por dos gruesas columnas en espiral que descansaban sobre pedestales de ladrillo cocido.

A cada lado de la puerta tenía dos picas ventanas de reja, y en ambos extremos de la pared del frente dos puertas pequeñas.

Cruzando el zaguán se entraba  en  un  extenso  patio  rodeado  de   habitaciones.  

Dos de  ellas   paralelas   al   frente  principal   de  la   casa   fueron   unidas   sacando   el   tabique divisorio,  para convertirlas en   un  amplio salón  de quince  metros  de  largo  por cinco de ancho,  donde  habría  de  reunirse  el   Congreso.   

Detrás   estaba   el    segundo   patio con pequeñas dependencias sobre uno de los lados y un huerto al fondo.

El techo a dos aguas tenía cinco metros de altura y era de tejas asentadas sobre tablas,   cubriendo   el   salón   y   los   corredores   de   cada   lado.

Los arreglos llevaron algunos días, debiendo iniciar el Congreso sus sesiones pre paratorias, en la casa que facilitó para ese fin don Bernabé Aráoz, el cual también cedió los muebles utilizados por los congresistas, como el escritorio y el sillón presidencial.

Los sillones y los escaños para los diputados y la barra fueron traídos de los conventos de Santo  Domingo y San  Francisco.

El 24 de marzo de 1816 inauguró sus sesiones el Congreso de Tucumán, y en la reunión del 9 de julio, bajo la presidencia de Francisco Narciso de Laprida, tuvo lugar la declaración de la Independencia, firmada por los 29 diputados concurrentes

La última sesión del Congreso se realizó en la histórica finca el 17 de enero de 1817.

Pasaron los años y la casa yacía olvidada.

El tiempo amenazaba destruirla hasta que el 6 de septiembre de 1869, por ley nacional N° 323, se autorizó al Poder Ejecutivo la adquisición de la propiedad.

Pero sólo bajo la presidencia de Sarmiento fue sancionada en 1872 la ley de compra.

El 25 de abril de 1874 se firmó en Tucumán,  la escritura respectiva entre el gobernador de la provincia, don Belisario López, y los propietarios, señor Fernando S. de Zavalía, señora Gertrudis Amalia Zavalía y señora Carmen López.

Sus dependencias se destinaron a oficinas de Correos y Telégrafos y   pagándose   por   ella   la   suma   de   veinticinco   mil   pesos   fuertes.

En 1875, bajo la presidencia de Avellaneda, se aceptó por decreto una propuesta de Ramón Berroa y Caminal para refaccionar el edificio, pero bien poco se hizo.

El diputado Lindoro Quinteros en 1880 presentó un proyecto en a Cámara de Buenos Aires, en que describía el estado lamentable de la histórica propiedad y solicitaba su pronta restauración.

En atención al proyecto citado el Poder Ejecutivo acordó un subsidio de seis mil pesos para dejar en condiciones el inmueble,  lográndose con  ello  salvar  la   parte   más  valiosa.

Hacia 1891 el doctor Estanislao Zebalios, director de Correos en aquel entonce; se dirigió al ministro del Interior haciéndole ver la necesidad de restaurar la sala principal y dotarla del mobiliario indispensable, lo más parecido posible al que tu viera  en   la  época  de   la  jura  de   la   Independencia.

En 1903 el presidente Roca, por decreto del 3 de enero, hizo demoler las depen dencias de la finca, dejando sólo el salón donde habían sesionado los congresista.

Este  salón  fue  restaurado  en  su totalidad y  cubierto  por  un  templete.

Así se llega al año 1939; el diputado tucumano Ramón Paz Posse presentó un proyecto en que abogaba por la reconstrucción de la casa histórica.

Dicho proyecto fue convertido en ley nacional N° 12.724, promulgada el 9 de octubre de 1941, por la que se autorizaba   la  inversión  de  cien  mil  pesos con  ese  objeto.

Hoy día ha sido totalmente reconstruida bajo la dirección del arquitecto Mario J. Buschiazzo sobre la base de fotografías y documentos obtenidos antes de su demolición, dándosele la misma disposición que tenía cuando la magna asamblea de 1816.

Situada en la calle Congreso 151, a cuadra y media de la plaza Independencia, fue declarada Monumento Nacional por Decreto N° 98.076 del  12 de agosto de  1941.

Fuente Consultada:
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Casa de Sobremonte:Historia y Ubicación del Monumento Historico

HISTORIA DE LA CASA DEL VIRREY ESPAÑOL SOBREMONTE

En la vieja ciudad de Luján, sobre el lado derecho del Cabildo, en la calle Lezica y Torrezurri esquina General Lavalle, se encuentra ubicada esta histórica casa.

Ocupa un solar de veinte metros de frente por setenta de fondo. Fue mandada construir a mediados del siglo XVIII por el mariscal dé campo don Manuel de Pinazo, cabildante y hacendado de la zona que tuvo destacada actuación como jefe de fronteras de  la  provincia de  Buenos Aires.

Es una casa de bajos con anchas paredes de adobe, con un altillo sobre el zaguán.

Sus techos, a dos aguas, son de tejas españolas, y sus tirantes, de algarrobo y urunday. Las puertas y ventanas, hechas de madera dura, ostentan herrajes trabajados a martillo.

Los patios, con pisos de gruesos ladrillos, están adornados con naranjos, talas, paraísos y muchas otras especies de plantas, que según aseveran los pobladores de la histórica villa; gran parte de las cuales fueron plantadas en la época de la construcción de la finca.

Hasta 1803 fue ocupada por don Antonio Pereira y Marino, quien instaló en ella las oficinas de la Real Renta de Tabacos en la localidad, que estaban a su cargo, al mismo tiempo que la utilizaba como residencia.

En ese entonces la casa era conocida con el nombre de Estanco de Tabaco y Naipes.

Casa del Virrey Sobremonte

Cuando el virrey marqués Rafael de Sobremonte durante las Invasiones inglesas huyó hacia Córdoba, al pasar por la Villa de Lujan se alojó en esta finca, a la que se conocía ya como Casa del Virrey Sobremonte por haber pasado en ella con anterioridad cortas temporadas.

En julio de 1806 las fuerzas inglesas que se habían apoderado de los caudales del Virreinato utilizaron durante cinco días la histórica casa como alojamiento para varios oficiales y hombres de tropa del regimiento de Dragones y del famoso 71 de Highlanders.

Luego del triunfo de los patriotas sobre los invasores y obtenida su rendición, el gobierno del Virreinato dispuso que se alojaran en ella los oficiales que habían sido tomados prisioneros al ejército del general Carr Beresford.

Estos, al igual que los demás militares británicos confinados en la ciudad de Luján, permanecieron allí hasta la primera quincena del mes de febrero de 1807, pues en esa fecha el gobierno dio una orden por la cual todos fueron trasladados, para su internación, a la capital de la provincia de Catamarca.

Durante los años de 1830 a 1845 la habitó el destacado hombre de ciencia doctor Francisco Javier Muñiz, quien realizó en aquel entonces interesantísimos estudios del suelo de Lujan y escribió varios textos que bien pueden considerarse como las bases de nuestra literatura paleontológica.

Años más tarde la propiedad fue adquirida por un hijo suyo, el que a su muerte la dejó en herencia a doña Elena Torres de Muñiz, dama muy religiosa y caritativa, quien por el año 1900 la donó para sede de los Círculos de Obreros Católicos.

En 1889 la finca fue habitada por Julio Jordán, que instaló en sus dependencias el órgano periodístico «La Verdad».

Este señor,  sugestionado por una  tradicional   leyenda,   hizo  cavar —sin  éxito—  los patios de la casa en procura de un tesoro que se dice dejó enterrado el   general   Beresford y que pertenecía a los bienes del Virreinato.

En 1917 el padre Vicente Dávani cedió la propiedad a cambio de otra, en atención al decreto dado en la fecha por el entonces interventor de la provincia de Buenos Aires, Dr. José Luis Cantilo, por el cual la casa pasaba a formar parte del Museo Histórico.

En el transcurso del año 1923 fue restaurada en su totalidad y desde entonces ha cobrado las mismas características que tenía en la época de su construcción,  pues con el  correr del tiempo y las modificaciones introducidas de acuerdo a los destinos que se le dieron habían alterado en gran  parte sus primitivas líneas arquitectónicas.

El 12 de octubre de 1923 se instaló en ella el Instituto del Museo, y desde entonces, junto con el viejo Cabildo, forman el actual Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires.

Fue declarada Monumento Histórico por decreto N° 120.411 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Isla Martín García-Historia y Características del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO ARGENTINO: LA ISLA MARTÍN GARCÍA

Está situada a cuatro kilómetros de la costa uruguaya, a cincuenta de Buenos Aires y a la entrada de los canales que dan acceso a los ríos Paraná y Uruguay, en  el  nacimiento  del   Río  de   la   Plata.

Su constitución geológica es de formación arcaica y representa el complejo más antiguo del continente americano.

Tiene tres kilómetros setecientos metros cuadrados de superficie y cuatro kilómetros de contorno; de largo mide dos mil metros, mil ochocientos  de ancho  y está  a  veintisiete   metros  sobre  el   nivel   de   las  aguas.

La isla tiene una flora y fauna muy variada, donde abundan las gramíneas, azucenas, tréboles, clavel del aire, grandes eucaliptos, cardenales, zorzales, calandrias y hasta el majestuoso ciervo colorado.

Su conocimiento se remonta a la época del descubrimiento del río de la Plata, siendo por lo tanto el  más antiguo de  los lugares  históricos  del  país.

Juan Díaz de Solís, que había partido del puerto de San Lucas de Barrameda en octubre de 1515 llegó al mando de sus naves, llamó Mar Dulce al rio de la Plata.

En 1516, descubrió una isla a la que dió luego el nombre de Martín García, en homenaje —según la tradición— a su despensero que fue sepultado en ella.

Isla Martin Garcia Monumento Historico

Muchos son los acontecimientos, desde su descubrimiento hasta nuestros días, que acrecientan su valor histórico

En 1536 estuvo de visita el fundador de Buenos Aires, don Pedro de Mendoza; en 1573 en ella se refugió el adelantado del Río de la Plata don Juan Ortiz de Zarate, huyendo de los indios charrúas.

En ella se reúnen en 1574 las comisiones de límites de la América Meridional de España y Portugal.

En 1763 la isla pasa a poder de Portugal de acuerdo con el Tratado de París, pero la posesión no llega a hacerse efectiva.

En 1777 el Tratado de San Ildefonso confirma la soberanía española.

Después de la Revolución de Mayo, en 1811 la Junta Grande dispone que la isla sirva para el cumplimiento de penas multares; en 1814, las fuerzas del  almirante Guillermo  Brown  atacan y toman  posesión  de  la  isla.

En 1825 y 1826 es capturada y luego abandonada por la escuadra del Imperio del Brasil.

En 1827 el almirante Brown la fortifica y establece en ella su base de operaciones durante la guerra contra el Brasil.

El 11 de octubre de 1838 fuerzas navales francesas y orientales del general Fructuoso Rivera toman por asalto la isla.

En 1839, el l9 de julio, el general Juan G. Lavalle la toma y establece su cuartel general.

Y el 2 de septiembre de ese mismo año en varios transportes embarca su ejército para iniciar la campaña contra Rosas.

El 29 de octubre de 1840 se devuelve la Isla al gobierno de Buenos Aires, de acuerdo con la convención firmada entre los representantes de la Confederación Argentina y Francia.

Pero el 5 de septiembre de 1845 una pequeña expedición naval anglo-francesa,  al mando del general José Garibaldi, ocupa nuevamente la isla.

El 24 de noviembre de 1849 se firma una nueva convención entre los representantes de Gran Bretaña y la Confederación, en la que se establece la devolución de la isla y poner fin al bloqueo inglés.

El 31 de agosto de 1850 se firma un nuevo tratado entre Francia y la Confederación Argentina, que no se llevó a la práctica.

La isla queda ocupada ahora por argentinos y uruguayos del ejército que sitió a Montevideo.

En 1851 don Domingo F. Sarmiento desembarca en la isla y en una roca escribe la palabra Argirópolis (Ciudad del Plata).

Su idea es intentar dejar sentado así que ella, de acuerdo con su idea, podía ser la capital de los Estados Unidos de la América del Sur.

En 1852 el nuevo gobierno surgido después de Caseros toma posesión de la isla con fuerzas al mando del coronel de marina don Francisco Seguí.

Así llegamos a 1856, en que se firma un tratado argentino-brasileño que, confirmando otros anteriores, ratifica la soberanía argentina sobre la isla.

En el año 1874, siendo presidente Sarmiento, se dispuso la fortificación de la isla.

Utilizada   en   varias   oportunidades   para   alojamiento   de   detenidos   militares   y   civiles por causas políticas, en ella estuvieron, entre otros, los presidentes Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi.

En el transcurso de la primera y segunda guerra mundial, constituida en base naval, sirvió de campo de Internación de marinos alemanes del Cap. Trafalgar y del Graff Spee.

También en ella pasaron temporadas hombres de letras, como el arcediano Martín del Barco Centenera.

Rubén Darío, que allí escribió su conocida  poesía  la  Marcha  Triunfal,  y  los  sabios  Amado   Bonpland  y  Félix  de  Azara.

La histórica isla presenta el aspecto de una pequeña ciudad, pues cuenta:

Con dos escuelas: primaria y de adultos;

Una Oficina de Correo, meteorológica;

Un Casino de Oficiales,

cinematógrafo,

Sociedad de Fomento,

calles empedradas y un millar de personas que ocupan muy lindas casas, con atrayentes jardines.

En la plaza se alza el monumento al almirante Brown, inaugurado en 1945.

También a un lado de la misma, una cruz sobre una base de cemento, monumento en homenaje al sargento mayor Juan B. Thorne, inaugurado   en   1938.

Al declararla lugar histórico, entre los considerandos del decreto, dice:

«que fue la primera tierra rioplatense en  la que desembarcaron  marinos europeos».

La isla, que de acuerdo con la Ley Nacional N° 14.411 del 28 de junio de 1955 es parte integrante de la juridlción de la provincia de Buenos Aires, se encuentra bajo, la  administración  de  la  armada  nacional.

Fue declarada  Lugar  Histórico  por decreto  N? 4718  del   15  de  abril  de  1953.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-

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Historia de la Fragata Sarmiento: Sus Características Tecnicas

Historia de la Fragata Sarmiento: Sus Características Tecnicas

Convertida en museo por decisión de la Secretaría de Marina, se encuentra amarrada en la Dársena Norte, frente al Yacht Club Argentino, en nuestra Capital.

Su origen se remonta al año 1894, cuando el capitán de navio don Martín Rivadavia elevó al gobierno de la Nación un proyecto para que se dotara, de acuerdo con las más adelantadas técnicas de la época, a la Armada Argentina de un buque escuela que hiciera honor a la misma.

Resuelto favorablemente el proyecto, el 14 de febrero de 1896 el gobierno firmó el contrato respectivo con la empresa Laird Brothers, con astilleros en Birkenhead, Liverpool, Inglaterra.

De inmediato se inició su construcción y en el mes de julio de ese mismo año se colocó la quilla.

Fragata Sarmiento

Fragata Sarmiento

A la nave, cuyo costo total alcanzó las 143.143 libras esterlinas, se le impuso el nombre de Fragata Presidente Sarmiento al ser botada el 31 de agosto de 1897, oportunidad  en que fue  madrina  la señora Ana  Cañé de  Domínguez.

Durante el tiempo que demandó la construcción de la nave fueron sus comandantes el capitán de navio don Manuel Domecq García y los capitanes de fragata don Adolfo M. Díaz y don Onofre Betbeder y el teniente de navio don Enrique Thorne, a quien le cupo el honor de hacerse a la mar como capitán.

El 19 de mayo de 1898 se efectuaron las pruebas oficiales de máquina y navegación, el 24 las de artillería y el 24 de junio en un emocionante acto se enarboló el pabellón  argentino  a  las  10  y 30  de  la   mañana.

El 14 de julio de ese mismo año, alistada su dotación de hombres, zarpó del puerto de Liverpool al mando del capitán de navio Thorne, rumbo a Buenos Aires, adonde llegó el 10 de septiembre, fondeando en la rada hasta el 10 de octubre, en que hizo su entrada en  el  puerto amarrando en el dique 4 de la Dársena Sur.

La histórica fragata, con sus 85 metros de largo, 13,32 de eslora, tiene tres palos, el mayor de los cuales mide A9 metros de alto, está construida en acero forrado con madera «teak» y chapa de cobre.

Tiene 4 anclas en proa que pesan cada una 2.350 kilos y dos a popa de 650 y 250 kilos, respectivamente. Posee 2 hélices de bronce, desarrolla una velocidad de 13 nudos por hora y desplaza 2.750 toneladas.

Sus velas son en total 35 y cubren una superficie de 11.000 metros cuadrados, posee 12 cañones, 3 tubos lanzatorpedos y 2 chimeneas telescópicas.

A proa presenta un hermoso mascarón con la esfinge de la República Argentina, copia fiel del que se conserva en el Museo Naval del Tigre, y a popa un escudo argentino.

El primer viaje de instrucción lo inició el 12 de enero de 1899 al mando del capitán de fragata don Onofre Betbeder.

El 15 de febrero de ese año estuvo presente en Punta Arenas, en el histórico abrazo de los presidentes de la Argentina, teniente general don Julio A.  Roca, y el doctor Federico Errázuris Echaurren,  de Chile.

El 16 de julio de 1900 en el puerto de Annápolis, Estados Unidos de Norteamérica, se cumplió la ceremonia de la bendición del Pabellón y Gallardete de bauprés, donados por la tripulación de la nave, oportunidad en que fue madrina la señora Guillermina Oliveira César de Wilde.

El 30 de septiembre de ese mismo año la comisión Pro Patria de Damas Santafecinas donó para la nave el Pabellón de Combate    y el  cofre  para guardarlo.

Este fue el viaje más largo de su historia, tanto en tiempo como en distancia, pues regresó el 30 de octubre de 1900 luego de haber recorrido 48.500 millas, de las cuales 29.000 las hizo a vela.

En total sus viajes de instrucción fueron 37, los que se dividen en dos etapas; la primera como buque escuela, llevando a su bordo las promociones de cadetes del último año de la Escuela Naval por todos los mares del mundo, y la segunda, a partir del año 1939 hasta el 26 de enero de 1961, como buque escuela de cadetes y aspirantes a marineros de mar, dentro de las aguas Jurisdiccionales   argentinas.

El último viaje lo inició el 18 de abril de 1938 al mando del capitán de fragata Luis S. Malerba, y lo terminó el 7 de febrero de 1939.

La nave recorrió, siempre en misión de paz, más de un millón de millas marinas. Estuvo presente en la inauguración de la estatua de San Martín en Boulogne-sur-Mer (Francia), de la de Manuel Belgrano en Genova (Italia), en la coronación de los reyes de España, Alfonso XIII; Eduardo VIl y Jorge V de Inglaterra, y recibió la visita, entre otras personalidades, de Guillermo II, emperador de Alemania; Nicolás, zar de Rusia, y W. Taff, presidente de los Estados Unidos.

Fue declarada Monumento Histórico Nacional por Decreto N° 5589 del 18 de junio de 1962.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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HISTORIA DEL CONGRESO NACIONAL ARGENTINO: UBICACIÓN DEL MUSEO HISTÓRICO

Este histórico recinto integraba el edificio demolido en gran parte y destinado hasta el año 1945 para Archivo General de la Nación en la calle Hipólito Yrigoyen 328 (ex Victoria).

A un costado de la Plaza de Mayo, sobre la calle Victoria, en diagonal hacia Balcarce, existió primitivamente y durante muchos años un mercado de carnes, que se echó abajo en 1822.

Luego, en el mismo lugar, se levantó el cuartel del glorioso regimiento de Patricios, al que tan destacada actuación le cupo durante las invasiones inglesas.

Estos cuarteles tuvieron que desaparecer para dar lugar a la construcción de la casa destinada a Congreso Nacional.

Las obras se iniciaron en 1862 bajo la dirección del arquitecto Jonás Larguía, ex prosecretario del Congreso Nacional de Paraná, dándoseles fin en 1866.

Primer Congreso Nacional Argentino

En mayo de 1864, antes de terminado el edificio, se realizaron las primeras sesiones preparatorias de ambas cámaras.

Desde sus bancas hicieron oír su palabra, en el transcurso de varias décadas, los más ilustres tribunos de la patria: Mitre, SarmientoVélez  Sarsfield,   Quintana,   Pellegrini,   Roca,  Avellaneda.

La última sesión legislativa realizada en este recinto fue la del 15 de diciembre de 1905.

De esta fecha en adelante las reuniones de ambas cámaras se celebraron en   el   nuevo   edificio   de   la   calle   Entre   Ríos.

El frente del antiguo Congreso se conserva tal cual era en su época, y estuve pintado al aceite, de color verde, hasta el año 1938, en que se lo revocó de nuevo.

En  cambio,  el  interior sufrió  diversas  modificaciones a  través  de  los  años.

Cuando las cámaras dejaron de reunirse en este edificio, el hemiciclo destinado a Senado, ubicado sobre la calle Balcarce, fue arrendado para una imprenta par ticular.

Es interesante la circunstancia de que esta misma imprenta funcionó en otro lugar histórico, pues venía de ocupar la casa donde nació y murió el general Belgrano, en  la calle que  lleva su  nombre,  número 430.

El Archivo General de la Nación se instaló allí en el año 1906, fecha de su tras lado del  antiguo  local  de la calle Lavalle 868,  llamado Coliseum.

En ese entonces se llevó allí toda la documentación existente desde la creación del Archivo durante el gobierno de Martín Rodríguez, del cual era ministro Bernardino Rivadavia.

Este último dio un decreto el 6 de octubre de 1821 creando el Archivo General de la Provincia, dado que los documentos públicos se encontraban sin orden  ni clasificación en  las distintas oficinas administrativas.

En el decreto referido se dice que: «La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos más exactos de ella».

La comisión que tuvo a su cargo la formación del Archivo General estaba integrada por Francisco de Paula Saubidet, Jerónimo Lasala y Mariano Vega, quienes reunieron el material existente en los archivos del Cabildo, Cámara de Apelaciones, Tribunal del Consulado, Administración de la Caja Nacional de Fondos de Sud América, Administración  de Correos,  Contaduría  de  la   Provincia  e  Intendencia  del   Ejército y  la   Policía.

El hemiciclo del antiguo Congreso, la parte del edificio declarada histórica, estuv: destinado hasta 1945 a guardar documentación de Contaduría y Hacienda de las dos grandes divisiones del Archivo, colonial y nacional.

En el año 1948 se dispuso la restauración del edificio, trabajos éstos que estuvieron a cargo del arquitecto Estanislao Pirovano, quien le dio su aspecto original.

También se resolvió que volviera a sus antiguos lugares el retrato de don Valentín Alsina, que fuera dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, obra del pintor J. Manzoni y que fue cedido por el Senado de la Nación.

Además se colocaron nuevamente las mesas del presidente, las de los dos secretarios y las de los taquígrafos.

Fueron colocadas también las bancas que en su época, al igual que las anteriormente citadas mesas, son, según la tradición las auténticas que ocuparon los diputados.

Como en la manzana donde se encontraba ubicado se construyó el edificio del Banco Hipotecario Nacional, el 30 de septiembre de 1942 el Congreso sancionó una ley declarando de utilidad pública los inmuebles situados entre las calles Hipólito Yrigoyen, Defensa, Alsina y Balcarce, estableciendo que «de los declarados monumentos históricos que se encontraban en dicha manzana serán conservados: la sala de sesiones del antiguo Congreso Nacional, el frente y el vestíbulo de entrada sobre la calle Victoria N° 328…»

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos.

Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown -Sitio ...

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate.

Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown.

Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad.

Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo del río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas.

El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante?.

Son 31 buques enemigos.

Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla.

Camaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos.

Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea.

Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra.

Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado.

Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas.

El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».

Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas al mando de Rosales.

Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños.

La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes.

Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Historia de la Pirámide de Mayo Monumento Histórico Nacional

HISTORIA  DE LA PIRÁMIDE DE MAYO

CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO HISTÓRICO ARGENTINO

Debe su origen a que en la reunión del 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución, se resolvió erigir una pirámide de madera como homenaje a los hombres de Mayo de 1810.

La Plaza de Mayo estaba entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa de Gobierno se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, el monumento se hizo con materiales más sólidos.

El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos y el día 25 de mayo se dio término  a  la  obra,   inaugurándose  solemnemente.

piramide de mayo

Era un obelisco fabricado de adobe cocido, de unos trece metros de altura en total; tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor.

Un vaso decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.

En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de  potro.

En los días de fiestas patrias la Pirámide se adornaba profusamente con cintas,, gallardetes, faroles de  papel y leyendas alusivas.

En el año 1826 el presidente Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistía en una magnífica fuente de bronce dentro de la cual quedaría la Pirámide.

Pero esto no se llevó a cabo.

En 1856 el pintor y arquitecto don Prilidiano Pueyrredón proyectó transformar la Pirámide.

Esta ¡dea fue aceptada y se construyó la actual, dejando la primitiva en su interior, dotándola en su parte superior de la estatua de la Libertad, que antes estaba en el antiguo Teatro Colón.

Luego se le colocaron simbólicas figuras de mármol en los cuatro ángulos del pedestal, que fueron más tarde retiradas. En las caras del obelisco también se añadieron  unos soles  nacientes,  en  dorado,  y a  sus  lados  coronas  de   laurel.

En 1883, bajo la intendencia de don Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces  las dos  plazas quedaron  formando  la  actual   Plaza  de  Mayo.

En esta época se pensó también en levantar otro monumento conmemorativo que cubriría a la Pirámide.

El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y los agregados sufridos no representaba ya el monumento que originariamente se había levantado al año siguiente de la Revolución.

Sólo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

El Dr. Nicolás Avellaneda y algunos otros opinaron que debía restablecerse en su forma  primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde.

También se proyectó para el Centenario de 1910 un Monumento a la Revolución, que debía encerrar en su interior a la Pirámide. Pero nada de todo esto llegó a realizarse.

En noviembre de 1912 fue removida de su primer emplazamiento y trasladada al lugar que hoy ocupa.

Tiempo después se tuvo la ¡dea de restituir la Pirámide de Mayo a su origen histórico, ajusfándola en lo posible a sus antiguas líneas.

Se la trasladaría al lugar que ocupaba antes, y se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole la «armazón de estuco y figuras inoportunas».

Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos  por el de  1813, además  de  devolverle  la  reja  primitiva.

Esta simbólica Pirámide ha presenciado grandes acontecimientos de la historia patria.

A su pie se juraron en 1811 el Estatuto Provisional dictado por Rivadavia; la independencia de las Provincias Unidas el 13 de septiembre de 1816; la Constitución re la Provincia de Buenos Aires en  1854, y en el año  1860,  la Constitución Nacional.

En esas fechas y a través de todas las épocas, la Pirámide de Mayo congregó al oueblo en   homenaje  a   las  glorias y a   los  héroes  de   nuestro   pasado.

Declarada  Monumento  Histórico  por Decreto  N°  120.412 del  21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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La Jabonería de Vieytes:Historia y Ubicación del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO NACIONAL: JABONERÍA DE VIEYTES

Los orígenes del solar que ocupó la jabonería de Vieytes se remontan a los días en que don Juan de Garay, al hacer el reparto de tierras entre los hombres de su expedición, dio a Andrés de Pallejo la manzana hoy comprendida por las calles Bernardo de Irigoyen, México, Lima y Chile.

Difícil sin duda alguna sería establecer quiénes fueron sus sucesivos propietarios y los fraccionamientos sufridos por dicha manzana, pero a ciencia cierta se sabe que al morir don Domingo Briñole Pelliza dejó a sus herederos, entre sus bienes: «dos cuartos de tierra en el barrio de Monserrat, linderos con el que vendí a don Marcos Belén y en ellos edificada una casa con asiento de Ataonas de Muías y demás oficinas como para Panadería».

jaboneria vieytes

En el reparto de sus bienes estos dos cuartos de tierra, con su casa-panadería, pasaron a poder de sus hijos Juan José Reymundo y María Ignacia Pelliza y Morales, y a sus nietos Videla y Pelliza.

El inmueble permaneció en poder de sus herederos hasta el 16 de octubre de de 1807, en que ante el escribano don Inocencio Antonio Agrelo se presentan don Agustín Videla y Aguiar y don José Pereira de Lucena, en representación de los herederos de don Domingo Briñole Pelliza, y acuerdan vender a don Nicolás Rodríguez  Peña    la  mencionada   propiedad  en  la  suma  de  2.387  pesos  con  3  reales.

La casa vendida está edificada en terreno de 34 varas y media de frente al Norte y 70 varas de fondo, «con un martillo a la parte del Leste con dos tercias (de vara) de ancho», lindando por su frente calle en medio con la casa de Da. Petrona González, por el Este con don José Lazcano (José Francisco Lazcano), por el Oeste con la casa de los herederos de don Marcos Belén y por el Sur con el terreno del  negro Juan.

A poco de adquirido, constituye Rodríguez Peña una sociedad industrial con don Hipólito  Vieytes   para   la   instalación  y  explotación   de   una  fábrica   de  jabón   y  sebo.

De la administración se encargó Vieytes, y en seguida se dio a la tarea de construir las dependencias para la fábrica y la casa-habitación para él y su familia, la que ocuparon en el mes de diciembre de 1808.

Esta es, en consecuencia, la finca que cobrara con el tiempo valor histórico por haberse realizado en ella las reuniones previas a la memorable jornada del 25 de Mayo de 1810.

La consagración de Vieytes a la causa revolucionaria restó su atención y el floreciente   negocio  de   la  jabonería  entró  a  fines  de   1810   en   franca   decadencia.

A la muerte de Rodríguez Peña la finca pasó a poder de su hija Catalina, casada con Joaquín Cazón. Años después la casa fue sacada a remate judicial, y la adquirió en la suma de $ 500.000 la firma José Hueyo y Hermano, el 28 de enero de 1869.

Nuevas transferencias de dominio se realizaron a partir de ese año, hasta que en 1932 la adquiere don Alberto Duhau, y ese mismo año resuelve su demolición y la construcción del moderno edificio que hoy ocupa su lugar, bajo la dirección del arquitecto francés don León Dourge, autor a la vez del proyecto.

Largos años demandó a los estudiosos y desató muchas polémicas la ubicación del solar que ocupo la Jabonería de Vieytes, hasta que en 1964, y gracias a la pacienta y documentada labor del historiador don Manuel Carlos Meló, se puede decir con certeza que estaba situada  en  la actual calle  México  número  1050/55/62 y  68.

La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, confirmando los estudios del señor Meló, al solicitar la declaración de lugar histórico, dice:

«que se declare lugar histórico el solar de la calle México, donde funcionó la jabonería de Vieytes, ya que de la documentación estudiada por la Comisión Nacional surge, sin duda alguna, que en la finca a la sazón allí ubicada, y que fue propiedad del procer Nicolás Rodríguez Peña, estuvo situado ese establecimiento, despejando las dudas que sobre este particular se suscitaron con motivo de divergencias de opinión entre estudiosos de la historia».

«Que el dictamen de la Subcomisión Interna de Monumentos y Lugares Históricos, aprobado por la Comisión Nacional, es terminante en cuanto a la verdadera ubicación de la antigua jabonería.»

Si bien tanto la propiedad como la fábrica pertenecían al Dr. Nicolás Rodríguez Peña, tradicionalmente se la conoce como Jabonería de Vieytes.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto  N°  1919 del  17 de  marzo de   1966.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Capilla de San Roque Patrono de las Enfermedades

HISTORIA DE LA CAPILLA DE SAN ROQUE EN BUENOS AIRES

La capilla de San Roque lleva este nombre por el santo bajo cuya advocación fue construida, patrono de las enfermedades y pestes.

Perteneció a la Orden Tercera Franciscana, y está situada en el mismo sitio que ocupó en 1602 la segunda construcción del convento de iglesia de San Francisco, en la calle Alsina mirando a Defensa.

Este terreno fue vendido en 1727 a los Terceros por los padres franciscanos, y su extensión era de «cuarenta baras de sitio de largo este a oeste, y de norte a sur onze y   media. ..»

Las dimensiones que tenía el terreno y el nombre del arquitecto que construyó la capilla figuran en una escritura extendida por el escribano público y de gobernación, don Francisco de Merlo, fechada en esta ciudad el 13 de agosto de 1750.

Se estipuló en el contrato que los religiosos de la Orden Tercera debían dar a los franciscanos, en compensación, la suma de cinco mil pesos moneda corriente, que serían empleados para edificar la iglesia de San Francisco.

Por una cláusula del convenio de donación, en el año 1785 los padres franciscanos tuvieron que ceder todavía un pedazo de terreno de una vara y media de ancho por tres ás largo para que se pudiese edificar una dependencia de la capilla al lado de la sacristía, lugar que hoy está ocupado por el zaguán y la escalera que conduce a las habitaciones del  piso alto.

capilla de san roque

Una suposición bastante difundida remonta la creación de la capilla de San Roque a época muy lejana, admitiendo que había existido primitivamente cierta ermita de este santo, dato que figura en varias actas del Cabildo.

Se ha podido comprobar que esta ermita no pasó de ser un deseo —no cumplido— de los devotos del Santo.

Parece que en 1621 los hermanos de la Orden Tercera habían pedido autorización para levantarle una capilla a San Roque, patrono de las pestes, con motivo de la que asolaba nuestra ciudad.

Pero se sabe positivamente que esta construcción no se llevó a cabo, entre otras cosas por un acuerdo que dice que las misas y procesiones se celebraban entonces en  la iglesia de San  Francisco.

En 1726 aproximadamente los hermanos Terceros de San Francisco tenían guardado, de las limosnas recibidas y del ahorro de los gastos anuales, el dinero que emplearían en la construcción de su capilla.

Adquirido el terreno en 1750, procedieron a la erección de la misma, cuyos planos y los del panteón fueron realizados por el hermano Andrés Blanqui.

Como la obra tardó varios años en llevarse a cabo, en sus distintas épocas estuvo bajo la dirección de Antonio Masella y de fray Vicente Muñoz, lego franciscano muy entendido en arquitectura.

Este último encargóse de la dirección de los trabajos durante un año por haber asegurado que la capilla podría proseguirse sin peligro de ruina, refutando así a quienes decían que los muros y pilares no tenían el espesor suficiente para sustentar la bóveda.

En 1756 no estaba concluida, y como los fondos destinados se habían agotado, se resolvió pedir dinero de caridad.

Se sabe que en 1758 los maestros alarifes Manuel Alvarez de Rocha y Francisco Alvarez hicieron un contrato con la Orden Tercera, proyectando construir el techo, la media naranja y el frontispicio.

Finalmente, fue terminada  más o menos en  1762.

En 1792, según lo propuesto por el ministro Martínez de Hoz, se cambió el techado de teja española por uno de ladrillos asentados con argamasa para evitar que pasara el agua.

En 1880 y en 1901 se hicieron algunas mejoras.

La capilla, que tiene con panteón y sacristía treinta metros de largo por ocho de ancho y nueve de alto, fue decorada en barroco alemán por el arquitecto Sackman.

En la espadaña hay una campana de bronce fundida en Sevilla por Zacarías Ditrich, en 1759, que tiene grabadas las imágenes de San Roque y San Francisco.

El panteón es el enterratorio subterráneo más grande de Buenos Aires; tiene dos escaleras de acceso y tres ventanas.

Después, en 1882, se prohibió sepultar en este sitio.

Históricamente, la capilla de San Roque tiene valor por haberse congregado allí el 19 de diciembre de 1828 los unitarios que declararon derrocado de su gobierno a Dorrego y aclamaron en su  lugar al  general  Lavalle.

Quemada y destruida, sólo sus muros quedaron en pie después de los vandálicos acontecimientos ocurridos en la noche del 16 de junio de 1955.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la Iglesia de San Telmo:Ubicacion y Caracteristicas

HISTORIA DE LA IGLESIA DE SAN TELMO EN BUENOS AIRES

La iglesia de Nuestra Señora de Belén, más conocida por San Pedro González Telmo, está en la calle Humberto 1340, entre las de Balcarce y Defensa.

En el primer tercio del siglo XVIII en el barrio llamado del Alto de San Pedro —hoy conocido por San Telmo— toda la asistencia espiritual de los vecinos estaba atendida desde la iglesia de la Concepción, por pertenecer dicho barrio a la jurisdicción de esa parroquia.

Dado que el paraje quedaba muy retirado del centro de la ciudad y que esta primera fundación no llenaba las necesidades del culto, los jesuítas decidieron  levantar un templo formal.

Según referencias del canónigo Manuel J. Sanguinetti, el 25 de octubre de 1734 se presentó al Cabildo de Buenos Aires el padre Francisco Collado, procurador de la Compañía de Jesús, pidiendo merced de dos cuadras de tierra para edificar en ellas una iglesia.

Iglesia de San Telmo

Ese mismo año llegó de España don Ignacio Bustillo Zevallos, trayendo una copia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Belén, venerada en el Hospital de Antón Martín, de Madrid.

Era propósito de él, si Dios se servía darle un feliz viaje a nuestro puerto, levantar de su propio caudal una iglesia…

Para lo cual se presentó al Cabildo solicitando favor de tres cuadras de tierra «…a donde se a de fundar una. Iglesia e Casas para los padres relixiosos de la Compañía de Jesús. . .»

En conocimiento de su deseo los jesuítas le sugirieron se asociara a ellos en el templo que tenían proyectado erigir en el barrio alto, y no fundar uno nuevo.

De acuerdo con esto el piadoso caballero y su esposa hicieron donación de alhajas y plata sellada por valor de 17.834 pesos.

Que sumnado otras donaciones y obtenidas las licencias del obispo permitieron comenzar las obras.

La construcción del templo, como la residencia levantada al costado, estuvo a cargo del arquitecto hermano Blanqui.

Según planos que él mismo había compuesto, debiéndose los adornos y trabajos de carpintería y ebanistería al hermano José Schmidt.

También  participó el  maestro Antonio  Masella.

En 1736 se interrumpieron las obras del templo y se iniciaron las de la Residencia, cuyos cimientos fueron  levantados sobre el  lado de  la calle  Defensa.

Años más tarde don Melchor García Tagle dispuso en su testamento donar gran parte de sus bienes para la fundación de una casa destinada a ejercicios espirituales de los hombres, la que fue hecha junto a San Telmo.

En la actualidad este edificio forma parte de la Cárcel Correccional de Mujeres, cuya Capilla sirvió de oratorio privado a los jesuitas de la Residencia.

Los padres, debido a su tesón y a las donaciones recibidas, lograron durante treinta y dos años edificar casi toda la manzana y enriquecer el templo.

En su interior conservaban notables obras de arte, joyas, altares, etc., que cuando el rey los expulsó, en 1767, fueron llevados a otros templos y lugares.

Poco después la Junta de Temporalidades tuvo a su cargo la conservación de la Residencia, cuya iglesia estaba aún por concluirse, faltándole cerrar la media naranja, causa por la cual sólo estaba librada al público la nave del Evangelio, más conocida por  San  José.

Desde 1770 las naves que no estaban terminadas, el refectorio y aposentos del Colegio sirvieron para guardar pertrechos de guerra y como cuartel del cuerpo de Dragones.

En 1795 los padres betlemitas se hicieron cargo del templo de Nuestra Señora de Belén, trasladando allí el antiguo Hospital de San Martín, que estaba en México y Defensa.

En la actual sacristía se conservan la mesa de mármol utilizada para las operaciones quirúrgicas y un hermoso reloj de pie donado por el coronel Denis Pack en agradecimiento a la solicitud de los religiosos betlemitas con los heridos ingleses.

Entre las muchas tradiciones de San Telmo está la de que al costado de la actual sacristía,  en  los  terrenos  sobre  las  calles  Balcarce  y  San  Juan,    el    ingeniero Ángel Monasterio tenía instalada la fundición donde hizo el primer obús que defendió la ciudad cuando las invasiones inglesas,  utilizando   para ello una de las campanas de la Iglesia.

Nuestra Señora de Belén, también como Iglesia de la Residencia, fue erigida el 31 de mayo de 1806 en parroquia y se le dio por titular a San Pedro González Telmo, santo dominico y patrono de los navegantes.

A través de los años la iglesia ha sufrido varias reformas; la última consistió e la modificación de su frente, dándosele el aspecto cargadamente barroco que hoy pr senta, obra del arquitecto Pelayo Sainz.

Fue  declarada   Monumento   Histórico   por  Decreto   N9   120.412  del  21   de   mayo   de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia Iglesia de las Catalinas, Convento Monjas Catalinas

HISTORIA IGLESIA Y CONVENTO DE LAS CATALINAS EN BUENOS AIRES

La creación de la iglesia y convento de las monjas catalinas en Buenos Aires se debe a gestiones hechas por el doctor Dionisio de Torres Brizeño ante el rey de España.

Resultado de ellas fue que por Real Cédula del 27 de octubre de 1717 se aceptó la donación de cuarenta  mil  pesos hecha por el  mencionado  Brizeño.

Las monjas no tenían en aquella época otra residencia en todo el país que la ciudad  de  Córdoba  del  Tucumán  y  de  allí  vinieron   cuatro   para   habitar  el   monasterio.

Adquiridos los solares en la esquina de las calles México y Defensa, frente a la vieja Casa de Moneda, se procedió a la construcción del primitivo convento en 1727, de acuerdo con planos del hermano jesuíta Andrés Blanqui.

Estando los muros del monasterio a una altura de cuatro varas aproximadamente, hubo de paralizarse la obra  por fallecimiento de Torres  Brizeño.

Como el gobernador de Buenos Aires, don Bruno Mauricio de Zabaia, tenía gran empeño en terminar el convento, ordenó como medida primordial una tasación del mismo.

Pero a pesar de que los encargados de la obra, el padre Prímoli y el ingeniero Domingo Petrarca, afirmaron que lo ya construido estaba en buenas condiciones y en terreno lo suficientemente amplio, se sacó a remate, y le fue adjudicada a Juan de Narbona, famoso contrabandista de la época, en la suma de cincuenta y tres mil pesos.

Iglesia de las Catalinas

Iglesia de las Catalinas

Este personaje, quién sabe por qué ocultos intereses, propuso trasladar el convento al barrio del Retiro, y al mismo tiempo presentó un nuevo trazado.

Además del precio estipulado, Narbona solicitó nueve negros para emplearlos en los trabajos, así como 1.300 fanegas de cal, y todas las maderas, clavos y herrajes de la obra, que iba a quedar abandonada.

En 1752 el rey ordenó una investigación por habérsele denunciado que Narbona había cobrado lo convenido sin estar terminado el  nuevo convento.

Con anterioridad el padre Prímoli había estudiado un plano que venía a completar y continuar el  trazado   por   Blanqui   para   el   primitivo  terreno  de   Defensa   y   México.

Narbona destruyó, pues, este segundo plano, y en diciembre de 1737 consiguió del gobernador Salcedo la compra de un terreno.

El mismo ubicado en la esquina donde hoy está, Viamonte y San  Martín,  propiedad  de  don  José  Muñoz y  de  doña Victoria  Cueli.

Aunque los cabildantes, por una orden expresa del rey, y el vecindario se opusieron al traslado del convento, aduciendo que quedaría muy alejado, y que tanto los confesores de las monjas como las personas compradoras de dulces y labores se verían en dificultades para llegar hasta allí, debido a las zanjas y baches del camino, se procedió a su edificación en el nuevo solar.

El gobernador aceptó la variante, pero debió,  por su desobediencia,  pagar una  multa  de seis  mil  pesos que  le  impuso el  rey.

El convento e iglesia de las Catalinas, cuya construcción se había iniciado en 1738, fue inaugurado el 21 de diciembre de 1745, sin estar todavía totalmente concluido.

El campanario, hecho ese mismo año, es famoso aún por el armonioso sonido de sus campanas.

La iglesia posee en sus altares imágenes de gran valor artístico, logradas en su mayoría por el empeño de las monjas.

En un principio la fachada del histórico templo presentaba todas las características de la línea arquitectónica seguida en sus muchas construcciones por los padres Blanqui y Prímoli.

Pero a partir de las primeras décadas del siglo actual las continuas modificaciones introducidas en su frente hicieron que fuera desapareciendo por completo aquella característica tan propia de los mencionados arquitectos.

Este convento, al igual que otros de Buenos Aires, fue ocupado durante la segunda invasión inglesa.

El 5 de julio de 1807 las tropas británicas se introdujeron con violencia en el interior del monasterio, y sólo por la presencia de ánimo de las valientes mujeres y la protección de un oficial católico no llevaron más adelante su sacrilegio.

Abandonándolo el día 7, pero no sin antes haberlo saqueado, «dejando en muy grande pobreza a las cincuenta y ocho religiosas y doce sirvientas que lo habitaban», según reza un informe de la época.

La   iglesia  y convento  de   Santa  Catalina   de   Sena   fueron   declarados   Monumentos Históricos por Decreto N° 120.412 del 21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de los Recoletos Franciscanos:Vida de la Orden en Bs.As.

CONVENTO DE LOS RECOLETOS FRANCISCANOS EN BUENOS AIRES

Al lado de la Basílica del Pilar, en la calle Junín 1930, se encuentra este antiguo Convento, en el que funciona el Asilo de Ancianos General Viamonte.

En el año 1716, como ya hemos destacado al referirnos a la Basílica del Pilar, don Fernando Miguel de Valdéz y Inclán y su esposa, doña Gregoria de Herrera Hurtado, donaron una fracción de tierra de quinientas varas de frente por una legua de fondo para un convento de recoletos.

Un año antes en este terreno se había edificado, por donación de don Juan de Narbona, y con el consentimiento de sus propietarios, una capilla con cuatro celdas y otras dependencias, donde habitaban algunos recoletos descalzos.

La posición exacta de esta primitiva capilla fue fijada en el año 1934, cuando al efectuarse la restauración del templo puso en descubierto una escalera por la que los religiosos  pasaban directamente desde sus celdas  al templo.

Convento de los Recoletos Franciscanos

La construcción del convento, financiada por el citado Narbona, comenzó en 1716, dirigiendo la obra el arquitecto jesuíta Andrés Blanqui, autor también de los planos de   la  iglesia   del   Pilar y de  otros  templos   de   nuestra   ciudad.

El 7 de mayo de 1717 Juan de Narbona firmó ante escribano la escritura de compromiso para la fundación del convento de los recoletos, legalizando de esta manera ante el Cabildo su actuación.

El 17 de enero de 1718 hizo lo mismo ante las autoridades de la Orden Franciscana, quienes le concedieron los privilegios de Patrono y la primera misa, como el donante había solicitado.

El 24 de septiembre de 1717 el obispo del Río de la Plata, fray Pedro Fajardo, dio licencia al R. P. fray Pedro del Castillo para que habitara con su comunidad en el edificio, llamado hasta entonces Hospicio de la Recolección o Santa Recolección, al mismo tiempo que lo erigía en convento «a honra de Nuestra Señora la Virgen del Pilar de Zaragoza y San Pedro Alcántara».

El edificio, descripto por el arquitecto A. Mille sobre la base de un plano que data de 1822, constaba de una planta y primer piso y de varios cuerpos.

El primero, con su patio y jardín central, tenía un magnífico claustro completamente aislado y detrás del mismo un amplio corredor de circulación que daba entrada a las celdas principales del monasterio.

En este corredor desemboca la entrada principal, a cuyos lados había dos salas de visitas.

Por tres escaleras se subía al corredor del piso alto, similar en su disposición a la planta baja.

En el segundo cuerpo, que tenía también su patio central, existía un claustro, la enfermería con su capilla, depósito, etc., y en el ángulo posterior el gran refectorio.

Detrás del mismo se encontraba la cocina, la despensa y, próximo a ella, el calabozo.

En el piso alto había varios locales, posiblemente destinados al coristado y la capilla.

El tercer cuerpo, usado como casa de estudios, tenía cinco aulas aisladas del resto del edificio.

Contiguo a este grupo figura una parte que en el plano aparece con el nombre de Almacén y Subterráneo.

Un cuarto cuerpo, muy amplio, era destinado a casa de ejercicios, el cual constaba de varias celdas y una amplia capilla.

Estaba situado detrás de la iglesia, y contiguo a ésta, con frente a la calle Junín, había otro cuerpo aislado formado por dos recintos diferentes:

uno, la primitiva casa de Narbona, y

otro más hacia el interior, con frente al atrio de la iglesia y con entrada por él, que probablemente debe de haber estado destinado a enterratorio.

En la actualidad el antiguo monasterio está dividido en dos partes, una de ellas en poder de la curia y la otra, la más importante en extensión, que pertenece a la Municipalidad de la Capital, y en ella se encuentra instalado el Asilo de Ancianos.

Esta institución ocupa lo que anteriormente era el patio central del primer claustro, dos alas del mismo, las celdas principales del Convento y el segundo cuerpo.

A través de los años el Convento cumplió además otras funciones.

Durante  las invasiones inglesas fue hospital de sangre, en 1809 sirvió de cárcel al sacerdote Andrés J. del Castillo   y en 1816 estuvo allí detenido el doctor Pedro Agrelo.

En 1815 fray Francisco de Paula Castañeda dirigió en este edificio una Escuela de Dibujo, que se trasladó ese mismo año al local del Consulado.

El Convento permaneció en poder de los franciscanos hasta 1822, año en que, a raíz de la reforma eclesiástica promovida por don Bernardino Rivadavia, la orden fue suprimida y sus bienes, el monasterio entre ellos, pasó al poder público.

El edificio se utilizó, sucesivamente, como prisión, cuartel, hospital de dementes, etc, hasta que en 1858 se instaló el Asilo para Ancianos.

La antigua construcción, que se conserva casi idéntica a su primitivo estilo, fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 29.746 del 28 de septiembre de 1948.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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Historia de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (Bs.As.)

LA CONSTRUCCIÓN DE LA BASÍLICA DEL PILAR EN BUENOS AIRES

Situada en la calle Junín 1904, junto al cementerio de la Recoleta, la iglesia de Nuestra Señora del Pilar estaba en la época de su edificación en lo que era entonces pleno campo, sobre el camino del bajo.

Debe su nombre por habérsela puesto bajo la advocación de la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad de Zaragoza, donde  nació el fundador del convento, Juan de Narbona.

Está edificada en un terreno adjudicado a don Rodrigo Ortiz de Zarate por Juan de Garay al fundar la ciudad.

Heredado por el adelantado don Juan Ortiz de Zarate, éste lo transfirió en 1604 al general de Beaumont y Navarra a cambio de alguna ropa, según dice la tradición.

Después de diversos traspasos llegó en 1608 a poder del capitán de caballos corazas don Fernando Miguel de Valdez y Inclán, y su esposa, doña Gregoria de Herrera Hurtado.

En 1716 se firmó la escritura por la cual los anteriormente nombrados donaban una fracción del terreno para un convento de recoletos.

Por otra parte, habiendo solicitado en 1705 el gobernador de Buenos Aires, don Juan Alonso de Valdez, licencia al rey para edificar un convento de frailes recoletos, se había presentado don Pedro Bustinza, vecino de la ciudad de Santa Fe, ofreciendo veinte  mil   pesos  para  levantar  las  construcciones.

Monumento Histórico Nacional: Iglesia del Pilar

Debido a la lentitud de los trámites y gestiones, sólo el 28 de junio de 1716 quedó autorizada   la  erección  del  convento   por  Real   Cédula   de   Felipe  V.

Mientras tanto, había fallecido Bustinza, pero Juan de Narbona, rico mercader y contrabandista, apareció para reemplazarlo en su generoso ofrecimiento con la única condición  de ser el  síndico y administrador de  la  obra.

Antes de edificarse el templo actual, los recoletos tuvieron probablemente capilla, ya que en la escritura de donación del terreno se menciona una «con cuatro celdas y sus oficinas necesarias para la dicha fundación y que habitan en ella algunos religiosos recoletos descalzos».

Posiblemente sea ésa la que en la actualidad está destinada a San Pedro de Alcántara.

En 1716 iniciaron la construcción del convento, y al lado del mismo colocaron los cimientos de la actual iglesia, seguramente contra el muro de la antigua capilla.

En cuanto a la proyección de los planos y a la dirección de las obras, se sabe que intervino el célebre arquitecto Andrés Blanqui.

Sigue el estilo de las construcciones de los jesuítas y se conserva, salvo algunas refecciones, como era en la época de su terminación, el  12 de octubre de  1732.

La fachada es muy sencilla. Su única torre se levanta sobre la Izquierda y está en parte cubierta de azulejos, que fueron colocados en 1866.

Del otro lado hay una espadaña, de doble arco, verdadera joya arquitectónica, coronada por un curioso reloj esférico ubicado entre dos perillones.

En 1822, a consecuencia de un decreto dictado el año antes por el gobernador Martín Rodríguez y su ministro Rivadavia, los recoletos que ocupaban el convento del Pilar debieron pasar al de San Francisco o a la Recolección de Catamarca, destinando  el  solar que  ocupaba   la   huerta  a  cementerio   público.

Nuestra Señora del Pilar fue erigida parroquia en 1830 y el 30 de maye de 1843 consagrada por el obispo del Paraguay, José Palos.

Algo más de un siglo después, el 24 de mayo de 1936, fue elevada a Basílica Menor.

Además de su antigüedad, esta iglesia ocupa un lugar destacado por las imágenes y alhajas que atesora.

Una valiosa obra la constituye el altar mayor, exponente maestro del arte barroco, en cuyo nicho central se encuentra la Virgen del Pilar.

También de indudable valor artístico es el llamado «altar de las reliquias», de caoba con aplicaciones de bronce, obsequiado, según la tradición, al padre Altolaguirre por el  rey Carlos  III.

El templo guarda con legítimo orgullo la más extraordinaria joya de la imaginería española que haya llegado a tierras de América: el San Pedro de Alcántara tallado en madera.

Esta magnífica escultura, traída por el padre Altolaguirre a fines del siglo XVIII, es atribuida a Alonso Cano, aunque debido a su acentuado misticismo más bien parecería de Pedro de Mena, discípulo y continuador del anterior, o de alguno de los artistas de la escuela de Roldan.

Los recoletos, que ocuparon muchos años el convento y el templo del Pilar, y que dieron nombre al cementerio y luego al paseo, pertenecían a la Orden fundada en  1484 por Juan  de  la  Puebla y Sotomayor,  conde  de  Belalcázar.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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LA IGLESIA DE SAN JUAN EN BUENOS AIRES

Este templo se llamó Viceparroquia de los Naturales en la época en que era curato de indios.

Desde mediados del siglo XVIII se lo conoce por el nombre de iglesia de San Juan  Bautista, en honor a su patrono.

Se encuentra en la esquina de las calles Alsina y Piedras y ocupa el mismo solar de la primitiva iglesia, emplazada allí alrededor de 1650 por disposición de fray Cristóbal de La Mancha y Velazco, tercer obispo del Río de la Plata.

En 1654 se libró al servicio del  culto y se  la  declaró viceparroquia  de  la  Catedral.

Pero después de transcurrido más de medio siglo el edificio estaba en malas condiciones, por lo que un vecino de Buenos Aires, el maestre de campo de milicias don   Juan   de   San   Martín,   decidió   reedificarlo   de   su   propio   peculio.

Según consta en los Acuerdos del Cabildo, en 1713 ya se había solicitado permiso para recolectar fondos destinados a la obra que iba a levantarse.

Además, en la construcción se utilizaron los restos de la antigua iglesia y las limosnas y donaciones de los fieles.

Posiblemente se comenzó en 1719, ya que en otro acuerdo se dispuso la devolución de unos adobes «necesarios para dar principio a dicha fábrica», los que San Martín había destinado a su templo, pero que fueron prestados al Cabildo para reedificar los calabozos, terminándose la obra, según se supone, en 1725.

Iglesia de San Juan en Buenos Aires

Este antiguo templo está ligado al establecimiento de las monjas capuchinas en Buenos Aires.

Con el apoyo del obispo Juan González Melgarejo un grupo de hermanas capuchinas salió de Santiago de Chile en 1745 para establecerse aquí.

Después de dos penosos años de viaje por tierra llegaron en 1747, siendo recibidas jubilosamente.

Se les había destinado como alojamiento el convento de Nuestra Señora del Pilar, anexo a la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, que estuvo en la esquina de Carlos Pellegrini y Corrientes, en aquel tiempo las afueras de la ciudad.

Dada la falta de comodidad y los inconvenientes de la distancia, la Orden de las Capuchinas permutó su primer asilo por el que le ofrecían las dependencias de la iglesia de San Juan.

En 1769 se sabe que estas monjas ya procedían a reparar el templo, cuya construcción era bastante deficiente.

En 1778 la vieja iglesia fue demolida hasta los cimientos para levantar en el mismo lugar otro edificio.

La nueva obra fue hecha toda de cal y arena de conchilla, con muros  de  un  metro de  ancho,  y se  concluyó  en   1797.

Su planta es en forma de cruz latina, con una sola nave, y la bóveda es de las llamadas de cañón corrido.

Actualmente la fachada se distingue por tener el cuerpo central dividido en dos partes por la elegante cornisa que remata el pórtico.

Tiene dos torres y en el centro de su frontispicio se destaca una imagen del Redentor.

El convento de las monjas reclusas, anexo a la iglesia, tiene amplios claustros rodeados de columnatas, y en uno de los patios llamados «de los Capellanes», y que constituye como un sitio neutral entre ambas dependencias, hay una estatua de mármol  de Santa Clara,  patrona  menor de  la  ciudad de   Buenos Aires.

La iglesia conserva valiosos tesoros, tales como las imágenes que se veneran en el altar mayor, que son verdaderas obras maestras de la escultura religiosa española de principios del siglo XVIII.

El púlpito, de autor desconocido, está realizado en madera sobredorada y tiene tallas de extraordinario mérito.

También se guarda en este templo un auténtico gobelino, que data de 1657.

Representa la Adoración de los Reyes Magos y es copia de un cuadro de Rubens.

Según la tradición, esta obra fue obsequiada por un personaje francés a la corona española, de donde fue remitida como regalo a un virrey de las Filipinas.

En 1818, por causas que se desconocen, el valioso tapiz se envió nuevamente a España, pero el barco que lo conducía fue apresado en  la proximidad de las islas Canarias  por un corsario argentino y traído a Buenos Aires.

Tiempo después se sacó a remate, adquiriéndolo en la suma de dieciséis onzas el canónigo Pedro Pablo Vidal, quien lo donó al convento de las madres capuchinas, o sea el templo de San Juan.

En un tiempo, cuando aún se ignoraba su valor, sirvió para tapar una claraboya, por lo que sufrió algunos deterioros.

En la actualidad ha sido restaurado.

A la derecha del altar mayor se encuentra una losa que cubre los restos de don Pedro Meló de Portugal y Viliena, quinto virrey del Río de la Plata, fallecido en Montevideo el 15 de abril de 1797.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N9 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Vuelta de Rocha Historia del Lugar Histórico Nacional

LA VUELTA DE ROCHA: LUGAR HISTÓRICO NACIONAL

La Vuelta de Rocha, uno de los lugares más típicos de nuestra ciudad, se encuentra ubicada en la calle Pedro de Mendoza entre las de Del Crucero y Rocha, en el barrio de la Boca.

Antiguamente el Riachuelo en su curso inferior formaba una curva estrecha que envolvía un paraje o lóbulo bajo y anegadizo.

Los solares que comprendían esa zona fueron dados en 1580 por Juan de Garay, a poco de fundar la ciudad de Buenos Aires, al capitán Alonso de Vera.

En el correr de los años varios dueños tuvieron estas tierras, hasta que en 1635 pasaron a poder del estanciero don Antonio Rocha.

Desde entonces el paraje se conoció con este nombre, aunque en realidad también se le dieron otras denominaciones.

Se sabe que hasta el año 1805 los barcos de pequeño calado penetraban, del Río de la Plata, por el Riachuelo y se detenían a la altura del puerto de Gálvez, donde existían algunas barracas y pequeñas construcciones.

En 1807 se habían levantado dos pulperías cerca de la Vuelta de Rocha y otra en el camino hacía el puente de Gálvez; también en ese entonces algunos pobladores permanentes habían construido sus modestas viviendas.

La Vuelta de Rocha

En un plano de 1810, se menciona el recorrido del camino que conducía desde la ciudad de Buenos Aires hasta la localidad de San Miguel del Monte, y se indicaba como punto de  referencia  por el  que  había  que  pasar  la  Vuelta  de   Rocha.

Durante los años heroicos de la lucha por la independencia el almirante Guillermo Brown instaló en ese lugar el arsenal donde se repararon los buques de la escuadra argentina que lucharon contra los realistas.

Años más tarde, durante la guerra contra el Imperio del Brasil, se construyeron también allí las lanchas cañoneras que se utilizaron en las campañas navales.

En el año 1836 el pintor Carlos Enrique Pellegrini, que supo reflejar con tanta maestría aspectos de la ciudad, ejecutó una acuarela del sitio de la Vuelta de Rocha con el nombre de Puerto de los Tachos.

En ella se observa un barco de carga, un hombre que lleva al mismo mercaderías y, en primer plano, otros que construyen una  balsa.

Años más tarde, al proyectarse la realización del puerto de Buenos Aires, se observó la necesidad de hacer también en el Riachuelo un fondeadero para naves de menor calado y de cabotaje.

En 1885, en el plano preparado por los ingenieros Hamkshaw Son y Hayter para don Eduardo Madero, figura todavía la Vuelta de Rocha con su típico lóbulo o entrada de tierra pantanosa y anegadiza.

Cuando se dio comienzo a las obras del Puerto se hicieron los trabajos para eliminar el lóbulo, convirtiéndose ese espacio en el fondeadero que existe actualmente.

Cuatro años después, en 1889, en la carta topográfica levantada por Armando Saint Ivés se ve por primera vez el fondeadero nombrado.

Este paraje tiene, además de su tradición histórica, un hondo arraigo en el alma popular.

En él se aunan lo típicamente porteño con el elemento extranjero, representado por los inmigrantes que sumaron sus esfuerzos al progreso nacional y que encariñados  con   nuestra  tierra  quedaron   para  siempre  en  ella.

En este lugar se encuentra la Escuela-Museo Pedro de Mendoza, fundada por don Benito Quinquela Martín sobre terrenos donados por él mismo, y que fue inaugurada el 19 de julio de 1936.

Resultado de imagen para historiaybiografias.com Quinquela Martín

La Vuelta de Rocha, uno de los lugares más típicos de Bs.As., se encuentra ubicada en la calle Pedro de Mendoza entre las de Del Crucero y Rocha, en el barrio de la Boca.

Artistas de nombradía perdurable, como José Victorica y Fortunato Lacámsra, entre otros, tuvieron su taller en este célebre rincón de la Boca.

La Boca fue lugar predilecto por la sugerencia poética de su ambiente y por los temas que ofrece el pintoresquismo del Riachuelo.

Muchos son los pintores, Quinquela Martín en primer término, que reflejaron en sus obras el perfil característico de este laborioso barrio de  Buenos  Aires. 

También   se  instaló  aquí   el  teatro   al   aire   libre   «Caminito»,  título inspirado  en   la  pieza   musical   más  difundida  del   compositor Juan   de   Dios   Filiberto, vecino de la misma zona.

La popularidad de este sector de la Boca lo consagra como uno de los parajes más mencionados en  la literatura costumbrista del  país.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N’ 18.540 del 22 de junio de 1948.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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