Biografía de Federico II el Grande Rey de Prusia



Biografía de Federico II el Grande Rey de Prusia

Federico II el Grande (1712-1786), rey de Prusia (1740-1786). Durante su reinado, fue considerado uno de los déspotas ilustrados más notables de la Europa del siglo XVIII. Hasta el final de su vida, Federico II retuvo las riendas del poder. Solamente cuatro días antes de fallecer dejó de ser el auténtico amo. El célebre filósofo Kant tuvo el apoyo de Federico II, que había  proclamado  como  principio  la  tolerancia  en  materia religiosa, acogiendo a los hombres de todas las creencias y opiniones. Federico II se jactaba de ser poeta y músico, escribía versos en francés y tocaba la flauta y componía. Recibió en su corte a Juan Sebastián Bach.

Federico II de Prusia

Federico II, rey de Prusia, convirtió su país en una de las principales potencias militares, a la vez que se ganaba el favor de la elite cultural de su época. Consiguió la Prusia polaca en el primer reparto de Polonia y libró tres guerras contra Austria. Gobernó de forma autocrática y se dedicó al estudio de la filosofía, la historia, la poesía, la música y la literatura francesa. Fue un músico de talento.

Nació en Berlín el 24 de enero de 1712, hijo del rey Federico Guillermo I y nieto de Federico I. Como príncipe heredero fue educado bajo la autoritaria supervisión de su padre para ser militar y buen administrador.

Federico Guillermo a veces despreciaba a su hijo, e incluso lo obligaba a besarle los pies, el joven príncipe que un día debía ser Federico el Grande, parecía no tener otra afición, en su primera juventud, que la de componer versos y hacer música.

Un día, cansado de los malos tratos que sufría, resolvió huir a Inglaterra; fue apresado y encerrado en Küstrin, en donde permaneció durante más de un año. Este suceso hizo prudente a Federico. A fines de noviembre de 1730, teniendo 18 años, prometió a su padre completa sumisión, haciendo todo lo posible para agradarle.

Obtuvo así perdón y su padre le confió un regimiento; en 1734, en la guerra de sucesión de Polonia, tomó parte contra los franceses y demostró tales aptitudes para el arte militar, que Federico Guillermo tuvo por él una gran admiración.

A la muerte de éste, en 1740, el pequeño «Fritz» ocupó el trono bajo el nombre de Federico II. Ese mismo año murió el emperador de Austria, Carlos VI, creyendo haber asegurado la sucesión de su hija María Teresa con la Pragmática Sanction. Federico II tuvo varios competidores de quienes sacó las mayores ventajas posibles.

Decidió ocupar la Silesia, para asegurarse el dominio de ciertas tierras a las cuales los Hohenzollern afirmaban tener derechos, y ofreció su apoyo militar a María Teresa para compensarla. Algunas semanas después, durante el transcurso de una fiesta y en forma subrepticia, se retiró de su palacio y de la capital para unirse a sus tropas y ponerse a su frente.

Francia, que veía en Austria a un enemigo tradicional, se unió a Prusia y mientras Federico terminaba la conquista de Silesia, los franceses llegaban por el oeste y se adueñaban de Bohemia, donde el elector de Baviera fue proclamado rey. María Teresa, en 1742, por el tratado de Breslau cedió la Silesia a Federico II, pero con la intención de recuperarla un día; estaba muy lejos la terminación de la guerra.



Amenazado de nuevo por Austria, Federico II se incorporó a sus antiguos aliados (1744), pero encontrando que Luis XV lo secundaba mal, se separó y firmó el tratado de Dresde en 1745, antes de estar concluida la guerra, que recién terminó para los franceses en 1748 con la paz de Aix-la-Chapelle. Luis XV victorioso demostró un desinterés absurdo; se diría que había trabajado «para el rey de Prusia».

En 1756 Francia se aproximó a Austria por el tratado de Versalles y Federico II se alió a Inglaterra por el tratado de Whitehall. La guerra llamada de los siete años comenzó. Derrotado en Kóllin en 1757 por el general Daun, Federico tomó su revancha el mismo año sobre los franceses comandados por el incapaz Soubise; sin embargo, el pequeño reino de Prusia estaba rodeado por una formidable coalición a la cual se había unido Rusia. Federico II tuvo que batirse en todas sus fronteras, a veces victorioso y otras veces pareciendo que estaba al borde del abismo.

Berlín fue ocupada dos veces; la primera por los austríacos y la segunda por los rusos. Se opina que su genio de estratega y el valor de su ejército tuvieron menos importancia para su salvación que la muerte de la emperatriz Isabel de Rusia acaecida en 1762.

Tuvo un admirador en la persona del nuevo zar, Pedro III, quien retiró su ejército; entonces Francia y Austria renunciaron a la prosecución de las operaciones y por el tratado de Hubertsburgo en 1763, Federico II quedó definitivamente como el amo de Silesia.

En el curso de todas sus campañas Federico II había dado pruebas de una notable rapidez en sus maniobras, lo que le permitió atacar a sus adversarios uno a uno, a fin de no sucumbir bajo el peso del número. Cincuenta años más tarde Napoleón se inspiraba en los mismos principios y accionaba con igual prontitud.

Pero Federico II no era solamente un guerrero, fue igualmente un político calculador y astuto, y dio pruebas de esas cualidades con respecto a Polonia; esa desgraciada república gobernada por un rey y una Dieta estaba en plena anarquía, siendo una presa fácil para sus vecinos.

En 1764 Catalina II hizo elegir rey de Polonia a Estanislao Poniatowski, a quien ella pensaba hacer su aliado. Federico II, con intrigas, consiguió de José II, hijo de María Teresa, y de Rusia por otro lado, que admitieran la partición de Polonia.

Este inmenso país fue dividido en tajadas como un pastel: «Pastel de Reyes» se le llamó a la parte que continuó
llevando el nombre de Reino de Polonia y que en realidad era una provincia rusa.

María Teresa aceptó a disgusto la parte que le adjudicaron: «No comprendo —escribió—, la política que permite que cuando dos se sirven de su superioridad para suprimir a un inocente, se deba a título de precaución para el porvenir y de conveniencia para el presente, imitar y cometer la misma injusticia.»

El rey de Prusia le envió un confesor quien se encargó de quitarle esos escrúpulos. Federico II decía con placer: «Yo dejo decir de todo a mis sujetos, con tal que ellos me dejen hacer de todo»; sin embargo, siempre lo que hizo fue para el bien de todos. Estableció la libertad religiosa, acogió a los perseguidos de todos los países y dio asilo aun a los jesuítas. Creó manufacturas, construyó canales, publicó el código, levantó un catastro y por último incrementó la colonización fundando agencias de inmigración.



Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

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