Los Obreros Agricolas a Principios del Siglo XX Bialet Masse Informe



Informe de Bialet Massé Sobre Los Obreros Agrícolas

Juan Bialet MasséPor encargo de Joaquín V. González, entonces ministro del Interior, el médico y abogado catalán Juan Bialet Massé presentó en 1904 un informe dramático acerca de la precaria situación de la clase trabajadora en la sociedad argentina.

Inquieto y sagaz observador, Bialet Massé recorrió el país sin dejarse deslumhrar por la engañosa apariencia que suele recubrir algunas injusticias.

Aunque no retaceó elogios para los paisajes provinciales ni dejó de puntualizar que Tucumán era «una sociedad que trasciende inteligencia, alta cultura y distinción», afirmó que quien «busca lo que hay en el fondo encuentra que si por fuera ríe, por dentro lleva dolores que corroen, cánceres que devoran, miseria y vicio, e injusticia, mucha injusticia. ¡Y tanta!»

«En Tucumán se extrema la explotación del pobre, el martirio de la mujer y la primera fuerza del niño. La lavandera y la planchadora viven mal, pero viven; la costurera agoniza; los niños se acaban en flor, después de una niñez mísera, y el obrero del ingenio, el peón, se deja llevar por la proveeduría el 40 por ciento de sus escasos jornales. (…)

Es un pueblo hambriento, vicioso por necesidad, como consecuencia de la explotación que sufre, pero llamado a ser un pueblo fuerte y brillante.» Ese idioma que no atenuaba con eufemismos las filosas aristas de una realidad angustiosa, le acarreó diversas críticas, pero Bialet Massé se anticipó a las protestas estampando en su informe un pensamiento que lo pintaba de cuerpo entero: «Es preciso poner las llagas al descubierto si se quiere curarlos [los males].

El falso pudor, como el falso patriotismo, como la falsa virtud, creen que es mejor tapar la lepra con un trapo lujoso y de aparato».

Los trabajadores agrícolas de la zona cerealista de Santa Fe, según un informe oficial solicitado por el gobierno nacional al comenzar el siglo XX
(Fragmentos de Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de la clase obrera, 1904).

De ahí que la condición del trabajador es de lo más inestable, y que nadie se cuide de él sino en el momento en que se le necesita y para sacar de él los rendimientos mayores posibles, no considerándolos sino como un medio, menos importante que la máquina y que la bestia, porque éstas tienen un precio de compra, son un capital que es preciso conservar, mientras que si un hombre se pierde, se repone con otro, que no cuesta dinero,

Raramente se hacen contratos escritos, y se notan los abusos de una y otra parte que se originan del contrato verbal, y que pone en juego todas las malas mañana de la mala fe. En centenares de consultas que se me han hecho sobre este punto, siempre he tenido que dar la misma solución: «Sírvale de escarmiento para que otra vez tenga su contrato por escrito».

Una multitud de intermediarios, agentes de conchavo, con casa fija o ambulante, viven de engañar miserablemente a los pobres trabajadores; estipulan condiciones que luego no los patrones, tanto sobre el jornal, como sobre las horas de trabajo, cantidad y calidad de la comida, los pasajes y demás detalles del contrato; se acude a mil artificios para explotarlos, y una multitud de procuradores de campaña, sin ciencia ni conciencia, le sacan los pocos pesos que tienen, tras de resultados hipotéticos de pleitos, en los que trabajador pierde, hasta cuando gana,( … )



El peón destinado al arado y a la siembra es casi siempre de la localidad, más o menos conocido, y peón y patrón saben a qué atenerse respecto de condiciones y de calidades. Trabaja de sol a sol, con un descanso de una hora al medio día y dos intervalos para tomar mate; generalmente tiene medio descanso dominical, rara vez trabaja todos los domingos y días festivos, y más raramente tiene descanso dominical completo.

EL GRITO DE ALCORTA EN 1912

En el pueblo santafecina de Alcorta, en junio de 1912, daba comienzo una huelga agraria de decisiva importancia. Los chacareros arrendatarios de la llamada pampa gringa, en la primera época de la expansión agrícola, habían seguido las oscilaciones de una exportación siempre en ascenso y se habían beneficiado parcialmente de ella. Eran dueños de sus útiles de trabajo, de sus animales de labor y de sus viviendas, pero aún subsistía una traba importante para su ulterior desenvolvimiento: el contrato de arriendo.

El pillaje del comercio y el monopolio del suelo estrangulaban las economías de los chacareros, que no cesaban de llegar de Europa. La economía agrícola había engendrado la formación de dos grupos sociales que estaban integrados por los agricultores arrendatarios y la pequeña burguesía comercial de los pueblos agrarios; otro grupo lo componían la clase terrateniente, las empresas de colonización y los agentes comerciales del monopolio exportador.

La crisis agraria de 1911 precipitó el estallido del enfrentamiento de ambos sectores. La huelga se declaró el domingo 25 de junio de 1912, en una asamblea pública celebrada en la Sociedad Italiana de Alcorta, propuesta por el chacarero Francisco Bulzani.

Los dirigentes de la huelga y sus asesores, los dos sacerdotes Netri y su otro hermano abogado Francisco Netri, se preocuparon en no llevar la lucha más allá de las exigencias de rebaja de los arrendamientos y libre contratación. Los terratenientes, después de un mes y medio de huelga, cedieron ante la fuerza movilizada por los chacareros.

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