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Biografia de Ignacio Alvarez Thomas Historia Política y Militar

Biografia del General  Ignacio Alvarez Thomas
Historia Política y Militar

Nació en la ciudad de Arequipa, el 15 de febrero de 1787, época en la que gobernaba allí su padre, el brigadier don Antonio Alvarez y Ximénez, natural de Vigo; siendo su madre doña Isabel Thomas y Ranzé, de origen francés, nacida en Barcelona y fallecida en 1824, en Madrid, mientras que su esposo murió en Lima, en 1812 .

Alvarez Thomas de 7 a 8 años de edad ya había sentado plaza como cadete en el cuerpo de artilleros Milicianos de Lima. Teniendo su padre que regresar s España, vióse obligado a detenerse en Buenos Aire, a consecuencia de la guerra que por enlonces sostenía aquel país con Inglaterra, guerra que hacía sumamente expuesta la navegación de los buques españoles.

Merced a sus relaciones y a su elevada jerarquía militar, el brigadier Alvarez consiguió que su hijo fuese designado subteniente de bandera del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, el 7 de enero de 1 799, no cumplidos aún los doce años.

En 1803, regresando su padre para ir a ocupar el mando militar y político de las islas de Chiloé, Alvarez tuvo que quedar separado de su familia, pero ésta había obtenido que fuera admitido en la secretaría del Virrey.

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En 1806, cuando se esperaba el desembarco de los ingleses, fue nombrado ayudante de órdenes del coronel Gutiérrez, que con una división de caballería observaba la dirección de la escuadra enemiga sobre la costa de la Ensenada de Barragán. Al ocupar el general Beresford la ciudad, Alvarez Thomas perteneció al grupo de oficiales veteranos que se retiró con Sobremonte al Monte de Castro, primero, y a Córdoba después.

En esta ciudad, el Virrey organizó una gran fuerza de caballería, armada con malas lanzas y muy pocas armas de fuego, con la que se puso en marcha para reconquistar la Capital: al llegar a San Nicolás supo la recuperación de la misma por las fuerzas confiadas a Liniers en Montevideo. Sobremonte debió retirarse por haber decaído completamente su autoridad; pero Alvarez se ocupó su puesto en la secretaría del Virrey.

Reiniciadas las hostilidades por los británicos a comienzos de 1807, pidió que se le permitiera reincorporarse a su regimiento, y con él se halló en la acción que tuvo lugar en la playa del Buceo, en que desembarcó el ejército de Auchmuty para poner sitio a Montevideo; en la desastrosa salida del 20 de enero, en que Alvarez corrió los más graves riesgos, y en todos los trabajos de sitio y bombardeo hasta el asalto llevado a cabo por los sitiadores en la madrugada del 3 de febrero en que recibió una bala de fusil en el hombro derecho y seguidamente, 10 heridas de bayoneta en todo el cuerpo, quedando como muerto al pie de la banqueta que ocupaba su regimiento, que fue extinguido en su mayor parte.

Colocado en el hospital de sangre como prisionero de guerra, el estado de sus heridas no permitió su traslado a Inglaterra; y fue puesto en libertad a consecuencia de la capitulación de Whitelocke, en julio del mismo año.

Por tan honroso comportamiento, el Virrey Liniers le extendió despachos de teniente del Cuerpo de Voluntarios del Río de la Plata, con fecha 29 de julio de 1807: y el 22 de octubre del mismo año era promovido a capitán del Batallón de Granaderos de Liniers, cuerpo de solo cuatro compañías de preferencia, brillante por su disciplina y uniforme.

Se halló en el movimiento del 10 de enero de 1809 encabezado por Alzaga y otros europeos de importancia, en sostén de la autoridad legal: y por su actuación, Liniers le extendió despachos de teniente coronel graduado, el 21 de julio del mismo año. Reemplazado éste por Cisneros, el nuevo Virrey continuó manteniendo el Batallón de Granaderos acuartelado en el Fuerte, lugar de su palacio y tratando a Alvarez con la misma distinción que sus antecesores.

Acató y cooperó al movimiento emancipador del 25 de mayo de 1810 y el gobierno patriota le confirió el 4 de julio del mismo año, la efectividad de teniente coronel del Regimiento Nº 4 de Infantería, de reciente creación (antiguos batallones de andaluces y montañeses), que en seguida quedó a su cargo por la separación del coronel.

Al año siguiente aquel cuerpo fue refundido en el N9 3, siendo designado el teniente coronel Alvarez, el 27 de noviembre de 1811, secretario 2º Ayudante del E. M. del Ejército de estas provincias, con cuyo cargo hizo la segunda campaña sitiadora de Montevideo, marchando por Santa Fe y Entre Ríos hasta delante de la plaza. De allí regresó a Buenos Aires en los primeros meses de 1813, a causa de las desinteligencias entre Sarratea y Artigas. Se reintegró en sus funciones en el Estado Mayor.

Desempeñó la gobernación-intendencia de Santa Fe desde el 25 de febrero de 1814 hasta abril del mismo año, tiempo que le fue suficiente a Alvarez Thomas para quebrar la maléfica influencia de Artigas, con su sistema federal de montoneras, que empezaban a levantarse encabezadas por don José Eusebio Hereñú, en Entre Ríos, primero, y en Santa Fe, después. Alvarez Thomas se granjeó allí de algunas amistades que le fueron de utilidad posteriormente, cuando desempeñó la Dirección Suprema.

De Santa Fe marchó nuevamente a incorporarse al ejército sitiador de Montevideo, en cuya rendición se halló el 23 de junio de 1814, mereciendo por esta circunstancia que se le promoviera a coronel efectivo del Ejército con fecha 24 de julio de igual año, así como también la medalla de oro discernida por el Director Supremo Posadas con el lema: «LA PATRIA A LOS LIBERTADORES DE MONTEVIDEO» y el honroso dictado de «Benemérito de la Patria en Grado Heroico y Eminente«.

Rehusó la mayoría de la plaza con que se le brindaba; pero a fines del mismo año se hizo cargo del gobierno de la misma, por haber salido a campaña el propietario, general Soler, que desempeñó hasta 1815, en que por la discordia de Artigas debió regresar a Buenos Aires.

En seguida se le despachó a tomar el mando de una división de 400 hombres, que se encaminaba a reforzar la guarnición del Paraná, amenazada por la anarquía de Entre Ríos. En aquella época el descrédito de la autoridad del Director Alvear era casi general, y era desconocida por el Ejército del Norte. Marchando el coronel Alvarez Thomas con la división, encontró en el territorio de Santa Fe al general Díaz Vélez que, con un grupo de oficiales había evacuado aquella ciudad, que quedaba en poder de las tropas de Artigas.

Tal circunstancia obligó a Alvarez a retrogradar a Fontezuelas para esperar órdenes: fue entonces cuando los oficiales le representaron el tamaño de los males que afligían al país y los riesgos que corría la provincia de Buenos Aires de caer en manos de Artigas, y le confiaron la dirección del movimiento que debía derrocar la autoridad aborrecida de Alvear .

Cediendo al convencimiento de su propia conciencia, el coronel Alvarez Thomas tomó la responsabilidad de la empresa, y en consecuencia se expidieron órdenes para la reunión de las milicias de la campaña; lanzando, igualmente, un manifiesto desconociendo la autoridad del Director; pasando una circular a las provincias interiores y una interpelación a Artigas para que sus fuerzas no penetrasen en la provincia que iba a reivindicar sus derechos.

El movimiento iniciado el 2 de abril de 1815, tuvo el más completo éxito y en pocos días la división se encontraba robustecida con más de 2000 hombres de los cuerpos de línea, que llegando sucesivamente al cuartel general, tomaban parte en la revolución, después de separar a los jefes y oficiales que no inspiraban confianza. Fue su eficaz colaborador en el movimiento el coronel Eusebio Valdenegro.

Puesto en marcha el ejército en dirección a Lujan, Alvarez Thomas envió al Director Alvear para que depusiese el mando supremo por obsequio a la paz pública. Al llegar a la Villa mencionada, se encontró con un diputado de la Soberana Asamblea, comisionado para arreglar una suspensión de hostilidades mientras se ajustaban las diferencias pendientes; negociación que fue interrumpida con la novedad de que en la Capital se había producido un movimiento popular, protegido por el Cabildo, que colocaba al general Alvear, situado con su ejército en la costa de los Olivos, en la confusión más espantosa.

No encontró alternativa mejor en tan delicada posición, que abandonar el poder y refugiarse en un buque de guerra inglés.

Es sabido que en este movimiento subversivo Alvarez Thomas no pudo reprimir algunas irregularidades cometidas por los hombres más exaltados que le acompañaron en la empresa.

El 16 de abril el Director había renunciado al mando, e inmediatamente el Cabildo eligió Supremo Jefe del Estado al general Rondeau y su suplente al «virtuoso coronel don Ignacio Alvarez». (Manifiesto del Cabildo). Reasumiendo el gobierno provisoriamente el Cabildo, este nombró a Alvarez general en jefe del ejército de la Capital, enviándole despachos de coronel mayor extendidos con fecha 24 de abril de 1815, y votando al mismo tiempo una espada de honor con las inscripciones que recordaban los servicios rendidos a la causa de la libertad. La entrega de esta última, mandada a construir en Inglaterra, no tuvo efecto por falta de los fondos necesarios .

Por la circunstancia de hallarse el general Rondeau ejerciendo el mando en jefe del Ejército del Norte, Alvarez Thomas ocupó la Dirección Suprema el 6 de mayo. Pocos días después procedió con una energía que lo enaltece en extremo: como una consecuencia muy común de los movimientos subversivos en que toman parte fuerzas armadas, pronto vio Alvarez las pretensiones imposibles de satisfacer de una gran parte de los jefes y oficiales que le habían acompañado en la empresa, y no encontró mejor solución que arrestarlos en la noche del 24 de mayo, despachándolos en seguida a los ejércitos del Norte y de los Andes, a excepción del coronel Valdenegro, a quien conservándole empleo y sueldo, lo relegó a Patagones, por ser el más peligroso de todos.

Se apresuró a remitir refuerzos al Ejército del Norte, enviando una división de cerca de 1200 hombres a las órdenes del general French, que se incorporó a aquel después del desastre de Sipe-Sipe.

Tocóle a su gobierno la honra de convocar el Congreso Nacional Constituyente, que reunido en Tucumán, debía declarar la independencia de las Provincias Unidas. El 13 de abril de 1816 recibió Alvarez Thomas la comunicación de haberse instalado aquella corporación el día 24 de Marzo, y el 15 a las 10 de la mañana prestó juramento de reconocimiento a dicho cuerpo soberano ante las autoridades civiles, militares y políticas, en la Casa Consistorial, después de lo cual pasaron a la Fortaleza, donde se repitió el juramento .

Pero la indisciplina se abría camino en todas partes y el 16 de abril, después de la misa en acción de gracias por la feliz inauguración del Congreso, llegaban las noticias del desorden sangriento que ocurría en Santa Fe: el pronunciamiento del coronel Mariano Vera, que obligó a capitular al general Viamonte con el ejército porteño que había enviado Alvarez Thomas para apoyar a los cantaleemos contra Artigas, y también para protegerlos de las invasiones de los indios.

Las fuerzas de Buenos Aires destacadas en San Nicolás al mando de Eustaquio Díaz Vélez, no pudieron aproximarse a Santa Fe en defensa de Viamonte, y conocida la derrota de éste, dio Alvarez Thomas el mando de aquellas al general Belgrano, temeroso que Artigas vadease el Paraná y llegaran a convulsionar la campaña de Santa Fe. Belgrano trató de llegar a un acuerdo pacífico con los vencedores de Santa Fe. y  al efecto, comisionó a Díaz Vélez, quien el 9 de abril celebró con Cosme Maciel, representante santafecino, un convenio en Santo Tomé, en el que fijó:

1º Separar  a Belgrano del mando del ejército y nombraríase por sucesor a Díaz Vélez.

2° Retiro de las tropas de Buenos Aires y deposición del Director Supremo.

Este convenio fue ratificado por las fuerzas porteñas el día 11 .

En conocimiento de estas circunstancias, Alvarez Thomas dirigía el mismo 16 de abril su renuncia al Cabildo que, aceptada, se procedió inmediatamente a la elección del sucesor, lo que realizó la junta de Observación y el Cabildo, recayendo en la persona del general Antonio González Balcarce.  Alvarez Thomas se retiró a su casa, donde recibió los testimonios más lisonjeros de aprecio y estima de la parte más sensata y distinguida de la Capital.

Pocos meses después se le nombró Presidente del Tribunal Militar, y en seguida, vocal de la Comisión de Guerra encargada de proponer las medidas de defensa, arreglo del ejército en sus diferentes ramos, y que cerró sus trabajos en 1817 con la publicación de las tácticas para la infantería y caballería, que estuvieron en uso por largos años.

Reorganizado en 1818 el E. M. G.. fue colocado en la clase de 1er. ayudante comandante general afecto a la infantería, tarea laboriosa que desempeñó hasta comienzos del año siguiente, en que fue designado Jefe del E. M. del ejército de Observación sobre Santa Fe, que acababa de ponerse a las órdenes del general Viamonte.

La aproximación del Ejército del Norte al mando de Belgrano facilitaron la entrada en negociaciones con los montoneros. El general Alvarez Thomas recibió instrucciones del último para ajustar el armisticio, consiguiendo la suspensión de las hostilidades y formalizado el convenio en San Lorenzo, el 5 de abril de 1819, fue ratificado el día 12 por Belgrano y Estanislao López; habiendo actuado como representante porteño el general Alvarez y como santafecino, el comandante don Agustín Urtubey.

Retirado el ejército, Alvarez quedó en San Nicolás con 700 hombres, y autorizado por el gobierno para concluir con los diputados de López y Ramírez el tratado definitivo de reconciliación. Pero los meses pasaban y no se producía el ajuste definitivo y entonces Alvarez solicitó volver a su puesto en el E. M. G., reemplazándolo el general Martín Rodríguez en el mando de aquella fuerza.

Envuelto en las intrigas y persecuciones del año 1820, el gobernador Sarratea lo hizo poner en prisión, siendo puesto en libertad por su sucesor Ramos Mejía, a los 19 días de detención. Poco después el gobernador Dorrego lo llevó a su lado so pretexto de servirle en la Secretaría General; se le incorporó en Areco, en los momentos en que su división había sido dispersada en Pavón por Estanislao López. Por insinuación del propio Alvarez, Dorrego le confió el mando de la guarnición de San Nicolás, donde permaneció hasta los sucesos de Octubre, y restablecido Rodríguez en el gobierno de la provincia, Alvarez fue llamado a la Capital.

El 4 de diciembre de 1820 fue nombrado Ministro de Guerra interino. En 1821 ocupó un asiento en la Legislatura, como representante de la sección de San Nicolás, Baradero y San Pedro; sin abandonar sus funciones militares, cuando el gobernador Rodríguez lo nombró el 13 de enero de 1823, Inspector y Comandante General de Armas; no obstante haber obtenido su reforma militar en el curso del año 1822 .

Cuando hubo de estallar el movimiento subversivo contra el gobernador Rodríguez en la noche del 19 de marzo de 1823, Alvarez Thomas, en unión de los generales Viamonte. Las Heras y otros, contribuyó a hacerlo fracasar.

El 3 de octubre de 1824 fue enviado en misión extraordinaria al Perú, con el objeto de estrechar relaciones con aquel Estado: emprendió viaje en el mes de Diciembre, por la vía de la Cordillera, llevando consigo a su hijo mayor Ignacio. En el viaje se enteró del triunfo definitivo de Ayacucho. De Valparaíso pasó al puerto de Chorrillos por estar aún en poder de los realistas el del Callao. Llegó a Lima pocos días después de haber partido para el Alto Perú el general Bolívar.

Su misión tuvo un éxito muy relativo, mereciendo en el tiempo que ella duró, que fue solo de 11 meses, la distinción de ser incorporado como miembro honorario al Colegio de Abogados de Lima. Muchas gentes le ofrecieron ventajas positivas, una vez concluida su misión diplomática, para que se estableciera en el Perú, su país de origen, pero Alvarez Thomas las rechazó de plano.

En marzo de 1826 se embarcó para Valparaíso; el 2 de abril, después de haber sido acojido afectuosamente por la mejor sociedad de Santiago, el Presidente de la República general Ramón Freiré, lo obsequió con un banquete al cual asistió lo más selecto de las instituciones armadas, cónsules, ministros, etc.

En Chile contrató algunos buques de guerra que eran innecesarios para aquel país; pero de una fragata de 44 cañones y dos corbetas que compró y armó, solo llegó a la República Argentina la más pequeña perdiéndose la primera en el Cabo de Hornos. La corbeta, con grandes averías, debió regresar a Valparaíso, donde fue desmantelada. Conforme a las instrucciones del Presidente Rivadavia, ajustó con el Ministro de Relaciones Exteriores, señor Gandarillas, un tratado de amistad y comercio entre ambos países; el cual nunca se ratificó por el cambio de gobierno que se operó en Buenos Aires y disolución del Congreso General.

En febrero de 1827 se puso en viaje de regreso para esta Capital, a la que llegó después de 28 meses de ausencia; siendo aprobada oficialmente su conducta. Al poco tiempo se produjo la resignación del ilustre Rivadavia del mando supremo, y apercibido el general Alvarez del cambio radical que iba a operarse en los hombres que debían figurar en la escena política, se apresuró a obtener su retiro militar, pues en 1822 se le había ajustado el importe de su reforma, pero no la había cobrado: entonces le correspondían 31.000 y pico de pesos en fondos públicos al 6 %; pero a causa de la desvalorización de la moneda sólo llegó a reunir poco más de 8.000 pesos efectivos, mientras que en la época de su reforma hubiera cobrado de 25 a 26.000, pues los referidos fondos tenían un valor de 80 a 85 %.

Desde el 27 de marzo de 182 7 hasta el 1º de julio de igual año, revistó en la P. M. siendo en esta última fecha en la que pasó a la situación de reformado.

Fue adversario decidido del gobernador Dorrego, a cayo derrocamiento contribuyó sin reparos, formando parte de los que aconsejaron al general Lavalle aplicara la pena capital a aquel. El 3 de diciembre de 1828 fue designado por el nuevo gobernador, Inspector General de Armas; empleo que aceptó temporariamente y del cual se le exhoneraría tan pronto como cesase la premura de las circunstancias, y que abandonó cuando el general Paz se encaminó a Córdoba con la división del ejército que se le había confiado.

El 29 de marzo de 1829 fue nombrado jefe del Cuerpo de «Reserva de Patricios» y poco después, cuando fue necesario encarar la organización de la defensa de la Capital, Alvarez Thomas recibió el mando en jefe del acantonamiento del Retiro, en que sirvió hasta que por la Convención de Cañuelas, ajustada el 24 de junio, se desarmó la ciudad.

Consolidado el nuevo estado de cosas, el 19 de noviembre de 1829, el general Alvarez Thomas se embarcó para Soriano, en el Estado Oriental, en compañía de los generales Martín Rodríguez y Fernández de la Cruz. Allí, el glorioso Almirante Brown amigo y compadre de Alvarez, salvó a este y su familia de la mendicidad por un acto de generosidad sin ejemplo; ofreció a la esposa de aquél los campos y posesiones de que era dueño en la Colonia y sus inmediaciones, donación que legalizó por el término de 10 años. El 8 de septiembre de 1831 el general Alvarez tuvo el placer inefable de tener a toda su familia reunida después de estar dos años alejado de la misma.

La revolución de Rivera en 1836 alteró aquella vida apacible: el 16 de septiembre un oficial de Oribe, Gregorio Dañabeitea, con una fuerza armada, lo arrancó del seno de su familia, habiéndose apoderado antes de todos sus papeles. En la Colonia lo reunieron al doctor Salvador María del Carril y a don Luis J. de la Peña, que en Villa Mercedes habían sufrido análogo tratamiento.

Por tierra fueron conducidos a Montevideo donde los alojaron en la cárcel pública la noche de la llegada. Merced a los amistosos oficios de don José Miguel Neves, fueron puestos en libertad al día siguiente bajo la garantía del último y con la condición expresa de que en el plazo de 1 5 días saliesen cabos afuera del Río de la Plata.

Se trasladó a Río de Janeiro donde no dejó de sufrir molestias por parte de los sicarios de la dictadura; pero cuando se recibió la noticia del triunfo de Rivera en los Potreros de Yucutujá, el 22 de octubre de 1837, Alvarez Thomas se trasladó a Santa Catalina (capital Nossa Senhora do Desterro), donde residían numerosos compatriotas, a los que se reunió a comienzos de 1838. La victoria de Rivera en el Palmar, el 15 de junio de aquel año, les abrió la entrada en Montevideo.

Después de ofrecer sus servicios al general vencedor en aquella Capital, los que fueron aceptados previo aviso de Rivera, Alvarez Thomas se trasladó a la Colonia, a donde llegó el 8 de enero de 1 839, después de un viaje molesto de 5 días, el último de los cuales, un rayo o centella despedazó el palo de popa de la embarcación en que se trasladaron. Allí encontró a su familia sumida en una pobreza indescriptible.La cruzada libertadora de Lavalle le llevó a su hijo Eduardo de 1 8 y medio años de edad el que tuvo un comportamiento dignísimo en el combate del Yeruá.

Perdió la vida el ] 6 de julio de 1 840 en el Sauce Grande, combatiendo contra Echagüe, y su cadáver fue sepultado por sus compañeros de armas en la Isla frente a Punta Gorda (Diamante) . También el hijo mayor Ignacio se incorporó a las legiones libertadoras, y con el grado de capitán murió gloriosamente en el combate de Monte Grande o Famaillá, el 19 de septiembre de 1841 .

Cuando el triunfo de Oribe en Arroyo Grande hizo peligrosa su presencia en la Colonia, el general Alvarez Thomas se trasladó a Montevideo, entre cuyos defensores se contó, nombrado por el ilustre general Paz, en 1 843. Presidente del Tribunal Militar. En los comienzos de 1847 se trasladó a Chile por la vía del Cabo de Hornos, país aquel donde solo estuvo de paso, y donde fue visitado por todos los principales emigrados argentinos.

Aún se hallaba en Santiago, en enero de 1850. De allí pasó a Lima, donde el buen nombre dejado y las muchas relaciones, del tiempo cuando desempeñó su misión diplomática, y también la influencia de un hermano altamente ubicado, consiguieron que el Congreso le asignase una pensión que aceptó agradecido y merced a la cual pudo ver a su familia a cubierto de ingratas privaciones .

Las dianas libertadoras de Caseros inmediatamente llegaron a sus oídos llenando su espíritu de inefable dicha: se puso en viaje para su patria adoptiva, y el I9 de abril de 1853, ya se hallaba en Mendoza, ciudad de donde partió a principios de julio, llegando a Río IV en momentos en que se acababa de recibir la noticia de la disolución del ejército sitiador de Buenos Aires, mandado por Urquiza.

Apenas llegó a esta Capital, en agosto de 1853 fue dado de alta en la P. M. en su empleo de coronel mayor. Vivió en esta ciudad sin participar en ninguna de las combinaciones públicas de aquella época turbulenta, de las cuales lo alejaban sus muchos años y la razón de haber estado casi 5 lustros apartado de los negocios del Estado.

No estando el sueldo de los militares en consonancia con los demás empleados de la lista civil, el general Alvarez Thomas junto con sus colegas Manuel de Escalada, Gervasio Espinosa, Tomás de Iriarte, Juan Madariaga, José María Piran y Casto Cáceres. presentaron el 2 7 de junio de 185 7 una solicitud al Gobierno con el fin de obtener un aumento, y este decretó el 19 de julio, que los interesados ocurriesen al Senado de la Provincia, el que pasó la solicitud a la comisión de peticiones lo que fue publicado en «El Orden» del 1 9 de julio .

Al día siguiente, lunes 20, se hallaba el general Alvarez Thomas acompañado por una de sus hijas, cuando cayó al suelo víctima de un ataque apoplético, de que sucumbió a pesar de todos los esfuerzos de la ciencia; falleciendo el mismo día, a las siete de la noche. En el acto del sepelio en el Cementerio del Norte, usaron de la palabra el presbítero Gabriel Fuentes en el oficio fúnebre y el general don Tomás de Iriarte.

Ei gneral Alvarez Thomas contrajo enlace en Buenos Aires, el 3 de mayo de 1812, con doña María del Carmen Ramos Belgrano, porteña, hija de don Ignacio Ramos Villamil, natural de Galicia, muerto en la flor de la edad, y doña Juana Belgrano, hermana del general de este apellido, la que contrajo enlace en segundas nupcias con don Francisco Chas. La esposa de Alvarez Thomas falleció en Montevideo, el 21 de diciembre de 1846, después de una vida ejemplar y de haber dado ocho hijos a la Patria.

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Biografía de Araoz de Lamadrid Gregorio Historia Militar y Política

Biografía de Araoz de Lamadrid Gregorio
Historia Militar y Política

Nació en la ciudad de Tucumán, el 28 de noviembre de 1795 . Incorporado a las milicias tucumanas, tan pronto se tuvo noticias allí del desastre de Huaquí, con el grado de teniente del Regimiento de Voluntarios de Caballería el 1º de septiembre de 1811, recibió su bautismo de fuego en el combate adverso de Nazareno, sobre las márgenes del río Suipacha, el 13 de enero de 1812, bajo las órdenes del coronel Eustoquio Díaz Vélez. Bajo el mando del mismo Jefe se distinguió en la retirada que se efectuó desde Jujuy hasta Tucumán, siendo comandante en jefe el general Manuel Belgrano.

gregorio araoz de lamadrid

Asistió al pequeño triunfo de Las Piedras, el 3 de septiembre del mismo año. Se batió con su valor singular en la batalla de Tucumán el 24 del mismo mes, distinguiéndose después por el encarnizamiento con que persiguió a los fugitivos realistas hasta que se atrincheraron en Salta.

Asistió a la batalla de este nombre, el 20 de febrero de 1813, donde adquirió alta reputación por su valor admirable. Antes de esta aeción, en la persecución mencionada de los realistas derrotados en Tucumán, Lamadrid midió sus armas con la de los enemigos en los puntos denominados Algarrobos y el Bañado.

Por su comportamiento en Salta, fue ascendido a teniente del Regimiento de Caballería del Perú, con fecha 25 de mayo de 1813. Se encontró en la desastrosa acción de Vilcapugio, el 1º de octubre de aquel año. Después de este contraste, desde Macha, lo destacó Belgrano con comunicaciones para el coronel Díaz Vélez, para que hiciera circular a las provincias la orden de alistar armas, hombres y recursos con qué remontar el ejército deshecho. Lamadrid da cumplimiento a su misión marchando de día y de noche, sin descanso, atacando las partidas reales que encuentra a su paso, haciendo prisioneros. Tiene siempre el delirio de la acción, del movimiento.

A los 18 días está de regreso en Macha, con 16 prisioneros, después de haber asaltado a un pueblo del que tiene que salir corriendo, apedreado por los indios y después de haber realizado la magnífica proeza de Tambo Nuevo; ha recorrido el campo de Vilcapugio, dando sepultura al valiente Beldón, ante la asombrada fuerza realista que corona la altura de Condo, contemplando con admiración el gesto y rinde, caballeresca, sus armas ante el homérico homenaje del valeroso muchacho (tiene apenas 18 años).

Se encuentra en la funesta jornada de Ayohuma, el 14 de noviembre, donde estuvo siempre en los puestos de mayor peligro.

En la tercera campaña que se alistaba, Lamadrid comparte la ruda tarea en la preparación de los elementos para la misma. Mientras el coronel San Martín manda en jefe el Ejército Auxiliar, éste nombró a Lamadrid uno de sus ayudantes de campo y le regaló una espada. Al emprenderse a comienzos de 1815, desde Jujuy (adonde llegara el Ejército a fines del año anterior) el avance hacia el Norte, Lamadrid marcha en la vanguardia.

Rondeau es el comandante en jefe. Aquel ostenta las presillas de sargento mayor de dragones. Se encontró en la acción del Puesto del Marqués, el 17 de abril de 1815, bajo el directo comando del general Fernández de la Cruz. Fue ayudante de éste en Potosí. Cuando se preparaba el ataque sobre la guardia enemiga en Venta y Media, Lamadrid pidió recorrer la posición enemiga con 16 dragones, contribuyendo a la sorpresa de la gran guardia enemiga, en la madrugada del 20 de octubre de 1815, batiéndose con valor en la acción que tuvo lugar en el curso de la jornada.

En aquellos días se le reconoció la efectividad de sargento mayor. Asistió a la batalla desastrosa de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre del mismo año, en la cual Lamadrid realiza actos valerosos y revela hidalguía al achicarse en su caballo para que se enanque de un salto un soldado que quedó a pie, salvándolo así de caer en poder del enemigo.

En esta batalla, Lamadrid contribuyó a salvar también al general Fernández de la Cruz, que herido de bala en un muslo, corría riesgo de caer prisionero: Lamadrid cubrió la retirada con veinte y tantos dragones, hasta dejar a su general en salvo .

Después de esta batalla, Lamadrid es destacado al frente de una fuerza montada, con la cual sostiene contra fuerzas enemigas superiores un encuentro el 31 de enero de 1816, en Culpina, de resultados indecisos.

El 2 de febrero del mismo año secundó victoriosamente con su fuerza al jefe indígena Vicente Camargo en el combate de la quebrada de Uturango, pero desgraciadamente Lamadrid fue completamente derrotado diez días después por el comandante Eustaquio González (argentino al servicio de España), en las márgenes del río San Juan, viéndose obligado a replegarse con unos pocos soldados, hacia Tucumán.

Poco después el general Rondeau le quiso designar segundo jefe del cuerpo de Dragones, en calidad de jefe del segundo escuadrón, pero Lamadrid se presentó al Director Supremo, general Pueyrredón, que se encontraba en Tucumán (julio de 1816) y este le designó teniente coronel y jefe del Cuerpo de Húsares de Tucumán, del cual fue encargado de organizarlo .

Cuando se produjo la sublevación del teniente coronel Francisco Borges en la provincia de Santiago del Estero, Lamadrid fue comisionado por el general Belgrano para batir al jefe rebelde al cual alcanzó en Pitambalá, el 27 de diciembre de 1816, ordenando su fusilamiento 3 días después en cumplimiento a las órdenes del comandante en jefe.

El general Belgrano lo destacó poco después con 150 húsares para ex-pedicionar sobre Oruro, marchando por el camino del Despoblado. El 18 de marzo salió de Tucumán. El 15 de abril siguiente (1817) se apoderó de Tarija, tomando prisioneros a tres tenientes coroneles, diez y siete oficiales y una gran cantidad de armamento, pero fue rechazado al pretender acometer una empresa semejante el 20 de mayo contra Chuquisaca, que atacó en la noche de aquel día, pues en la madrugada del 21 los enemigos resistían y, la aproximación del coronel Felipe La Hera, que se encontraba con 500 infantes a 12 leguas de la ciudad, determinaron a Lamadrid a retirarse en la tarde del 21.

El 12 de junio de 1817 el mismo coronel La Hera sorprendía a Lamadrid en Sopachuy, perdiendo éste toda su artillería, una bandera y numerosos prisioneros. De aquí marchó a Culpina, continuando su retirada por Tarija, valle de la Concepción, Toldos, Yamparaez, llegando a la ciudad de Oran, casi todos a pie, por el estado de sus cabalgaduras. De aquí prosiguió Lamadrid su retirada llegando a Tucumán con 386 hombres de tropa, pues en su marcha de ida y vuelta, se le habían incorporado muchos voluntarios.

A fines de 1818 el general Belgrano, que lo había graduado de Coronel el 17 de mayo de 1817, destacó a Lamadrid con 300 jinetes, para concurrir en defensa del coronel Juan Baustista Bustos que se hallaba en Fraile Muerto con 300 infantes del Nº 2 y algunos milicianos. Pero pocos días después de iniciada la marcha, se supo que Bustos había rechazado a las montoneras en el Fraile Muerto, de lo que informóse Lamadrid al llegar a Santiago, regresando nuevamente a Tucumán a fines de noviembre de 1818 después de una campaña de 10 días.

En el último tercio del mes siguiente, partió nuevamente Lamadrid con sus Húsares reforzados por el 3er. Escuadrón de Dragones que comandaba el teniente coronel José María Paz, marchando desde el acantonamiento de Los Lules hacia Córdoba, ciudad en la que entraron el 1° de enero de 1819. Seis u ocho días después marchaban para La Herradura, sobre el Río Tercero, a 36 leguas de Córdoba, donde se les reunió el coronel Bustos con su fuerza, que habiendo abandonado su posición de Fraile Muerto, se había colocado en la Villa de los Ranchos, perdiendo una considerable extensión de territorio.

El 18 y 19 de febrero, Lamadrid y Bustos sostenían violento combate en La Herradura contra las montoneras de Estanislao López que atacaron vigorosamente, pero con resultado infructuoso, razón por la cual resolvió retirarse el segundo día. El día 21 por la tarde se ponían en marcha hacia la Villa del Rosario .

Poco después el resto del Ejército Auxiliar recibía orden de marchar hacia la provincia de Santa Fe y a fines de marzo de 1819 se reunía en la Villa del Rosario a las fuerzas de Bustos y Lamadrid, desde donde siguió su marcha hasta la Candelaria, ya dentro de la provincia de Santa Fe. El armisticio ajustado por Viamonte y López, permitió que el ejército de Belgrano retrocediese para situarse en la Cruz Alta y después en Fraile Muerto, distante 25 leguas de la primera.

De allí se marchó el general Belgrano para Tucumán, mortalmente enfermo, quedando a cargo del ejército el general Fernández de la Cruz, quien se replegó aún más al Norte, al Pilar, 35 leguas al Norte de Fraile Muerto, y distante solo 10 leguas de la ciudad de Córdoba, donde permaneció a la espera del desenlace del armisticio pactado con López.

A fines de 1819, Cruz recibió orden del Director Supremo Rondeau, de aproximarse nuevamente a la provincia de Santa Fe. Había llegado a la posta de Arequito, el 7 de enero de 1820, cuando se produjo la sublevación de aquel nombre, el día 8 por la mañana, encabezada por Juan Bautista Bustos, siendo el coronel Lamadrid uno de los jefes que permanecieron leales al general Fernández de la Cruz.

Lamadrid antes de llegar a. Córdoba el ejército sublevado, fue puesto en libertad y se marchó a Buenos Aires, donde actuó en los sucesos funestos de aquel año, siempre de parte del gobierno de Buenos Aires. Acompañó a Dorrego, cuando el 2 de agosto de 1820, puso en fuga a los partidarios de Alvear y Carrera, atrincherados en San Nicolás, correspondiéndole a Lamadrid la conducción a Buenos Aires de los numerosos jefes y oficiales prisioneros. Tambien había contribuido a la elevación de Dorrego al cargo de gobernador, el mes anterior.

Ayudó al restablecimiento en el poder del gobernador general Martín Rodríguez, derrocado por la revolución encabezada por el coronel Pagola, el 19 de octubre de aquel año funesto. El 5 del mismo mes, los reaccionarios se apoderaban de la ciudad, gracias al apoyo recibido por el comandante Juan Manuel de Rosas y sus «Colorados». La paz del 24 de noviembre de aquel año, ajustada entre Santa Fé y Buenos Aires, y a la que se agregó el gobernador Bustos de Córdoba, por medio de sus representantes, dieron término a aquella larga y penosa contienda.

Pero la paz no podía ser duradera. A principios de 1821, el caudillo entrerriano, Francisco Ramírez resolvió llevar la guerra a Buenos Aires, buscando comprometer en la empresa a su antiguo aliado, Estanislao López, pero ésíe no quería más luchas con Buenos Aires y estaba dispuesto a cumplir lealmente con el tratado del 24 de noviembre. Ramírez entonces se declaró en guerra contra Santa Fe y Buenos Aires, aliándose al caudillo chileno José Miguel Carrera. Para dar cumplimiento a sus propósitos, Ramírez invadió la provincia de Santa Fé, desembarcando en Coronda, en los primeros días de mayo de 1821, donde estableció su cuartel general.

Lamadrid había sido destacado por el gobernador Rodríguez con una división de tropas porteñas, con el fin de ponerse a las órdenes del gobernador de Santa Fé. Desobedeció esta parte de las instrucciones y procediendo por sus propias inspiraciones, pretendió sorprender a Ramírez en su propio campamento, pero fue completamente batido por el caudillo entrerriano, perdiendo todo su armamento de reserva, sus caballadas y hasta treinta mil patacones que conducía con destino al ejército santafecino.

Al día siguiente, 25 de mayo, el coronel Arévalo había logrado reunir 300 dispersos, con los cuales se incorporaba Lamadrid a Estanislao López el mismo día, y al siguiente, 26, batían ambos completamente a Ramírez el cual apeló a la fuga para salvarse. La muerte de Ramírez, puso término a aquella campaña, regresando Lamadrid a Buenos Aires en el mes de julio de 1821. Lamadrid el 28 de noviembre de 1820 había sido nombrado Coronel de los Húsares del Orden, por el gobernador Rodríguez.

Acompañó a éste en su expedición contra los indios en el año 1822 y en este año Lamadrid trató de conseguir que el gobierno lo declarara comprendido dentro del decreto o Ley de Reforma, sin poder conseguirlo. Poco después se establecía con su Regimiento en la Guardia del Monte.

Tiempo después, fue reformado y debió entregar el comando del Regimiento al coronel D. Domingo Soriano de Arévalo. Recibió por su reforma, la cantidad de 17.000 y pico de pesos, con cuyo importe se compró una casa y chacra en el pueblo del Monte (Guardia de este nombre).

El 23 de marzo de 1825 partió Lamadrid de Buenos Aires acompañado del sargento mayor Ramón Rodríguez y dos oficiales más con destino a Salta, habiéndolo ordenado el Gobierno Nacional no obstante estar reformado, pues a raíz de la noticia de la batalla de Ayacucho el gobernador Las Heras había dispuesto que el gobernador y capitán general de Salta D. Juan Antonio Alvarez de Arenales, expedicionara con las fuerzas de su provincia al Alto Perú contra el general Olañeta que se mantenía en Chuquisaca, separado del virrey La Serna.

En el mes de abril llegó Lamadrid a Salta, y allí supo que el general Arenales se había marchado ya con una división de las tres armas, llevando como segundo al coronel José María Paz. Arenales se había adelantado a Potosí para entrevistarse con el general Sucre, quien se le había anticipado y batido al general Olañeta.

Lamadrid prosiguió su marcha a Nazareno adonde llegaba el 26 de abril; pero allí se encontró con el coronel Paz y por él supo que la guerra estaba concluida, de modo que la fuerza que mandaba Arenales no tenía objeto.

Paz, en su «Diario de marcha del Batallón de Cazadores», cuerpo que comandaba desde el 24 de marzo de aquel año, registra, el día 28 de abril:

«Antes de ayer llegó el coronel Lamadrid, con el sargento mayor Ramón Rodríguez y un joven Pizarro, Venían destinados a la División, más estando ya la guerra concluida, esta fuerza no tiene objeto y su venida puede graduarse inoficiosa».

Ambos se hallan enfermos y en cura. El 22 de mayo, según registra Paz en su Diario, Lamadrid, que estuvo enfermo todo el tiempo transcurrido desde su llegada, se puso en marcha para Salta. Aquí, Lamadrid recibió órdenes del gobernador general Las Heras de conducir el contingente de las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, con destino al ejército nacional que debía operar contra el imperio del Brasil.

Lamadrid se trasladó primero a Tucumán para activar el envío del contingente de aquella provincia, a lo que le opuso dificultades el gobernador Javier López, y a principios de noviembre de 1825, lo hizo a Catamarca para hacer lo propio con el de esta última y facilitarle al gobernador Gutiérrez los fondos necesarios para poder enviarlo a Tucumán. El 1º de agosto de 1826 el Gobierno Nacional lo nombró coronel del Regimiento 15 de Caballería de Línea

El 26 de noviembre de 1825, a la cabeza de una parte del contingente que tenía listo para el ejército nacional, Lamadrid derrocó al gobernador López, ocupando su lugar. El Gobierno Nacional desaprobó su conducta y encargó al coronel José María Paz se hiciese cargo de los contingentes de las provincias del Norte. La provincia de Tucumán, entre tanto, en elecciones populares, eligió a Lamadrid gobernador propietario.

Los gobernadores Bustos y Quiroga quisieron imponer a Lamadrid que desconociese la autoridad central de Buenos Aires, pero al negarse el nuevo gobernador de Tucumán, aquellos le llevaron la guerra a su provincia y en los campos del Tala, el 27 de octubre de 1826, se encontraron frente a frente Lamadrid y Quiroga y la suerte quiso que cuando ya Quiroga era derrotado y su adversario le llevase una tercera carga, Lamadrid tuviese la desgracia de caer herido, recibiendo un balazo en el cuerpo disparado a quema ropa, y nueve heridas de sable, casi todas en la cabeza. Allí fue pisoteado y hubiera quedado prisionero, sino lo hubiesen creído muerto.

Pero su cuñado Ciríaco Díaz Vélez, pasó al campo de batalla y le pidió a Quiroga autorización para retirar el cadáver de Lamadrid, el cual no fue encontrado sino más lejos adonde lo había conducido una partida que lo abandonó ante la aproximación de los enemigos. Lamadrid restableció de sus heridas después de una prolongada cura y volvió a ocupar el gobierno de Tucumán, no sin que antes entrara Quiroga en la ciudad de Tucumán, como unos 8 ó 9 días después de la acción del Tala, siendo conducido Lamadrid algunas horas antes de la entrada del caudillo riojano, al pueblo de Las Trancas, distante 21 leguas de la capital.

En estas circunstancias, el gobernador Arenales, de Salta, destacó una división de 600 a 700 hombres en auxilio de Tucumán, bajo el mando del coronel Francisco Bedoya, el mismo que batió y dio muerte al famoso caudillo Francisco Ramírez, en Río Seco (Córdoba) el 10 de julio de 1821 .

La fuerza de Bedoya cruzaba el pueblo de Las Trancas, cuando Lamadrid se encontraba allí casi moribundo. Al acercarse el coronel Bedoya a Tucumán, Quiroga e Ibarra abandonaron esta ciudad el 3 de diciembre y el 5 entraba Bedoya en la misma y poco después el propio Lamadrid, ya repuesto algo de sus terribles heridas.

Encargado Lamadrid por el gobierno nacional de oponerse por la fuerza a los federales de Córdoba, La Rioja y Santiago del Estero, emprendió sus operaciones con un refuerzo de tropas de Salta, al mando del coronel colombiano don Domingo López Matute. El 6 de julio de 1827, se encontraban en el Rincón, a dos leguas de Tucumán, los federales mandados por Quiroga e Ibarra, con las fuerzas de Lamadrid y Hatute.

La victoria al principio estuvo del lado de estos últimos, pero los sáltenos se pasaron al enemigo y Lamadrid se vio precisado a huir y perseguido insistentemente por el vencedor, se vio obligado a buscar asilo en Bolivia, llegando a Talima, el 2 7 de julio con solo 15 hombres armados.

En Chuquisaca fue muy bien recibido por el general Sucre y allí permaneció un tiempo más o menos largo, tratando de reponerse, pues sus heridas del Tala le causaban múltiples sinsabores. Después regresó a Salta y desde allí ofició al gobernador de Tucumán pidiendo permiso para atravesar la provincia, el que le fue negado lo que demoró la estada de Lamadrid en Salta, hasta que finalmente emprendió viaje a Buenos Aires, ciudad a la que llegó después de grandes dificultades y en mal estado por sus heridas, más o menos, el 22 o 23 de marzo de 1828.

Mal recibido por su compadre, el gobernador Dorrego, no se le contestó una solicitud que formuló cuando estuvo mejorado de sus heridas, para que se le enviase al ejército de operaciones contra el Brasil. Poco después, llamado por Dorrego, Lamadrid se presentó al gobernador, quien le hizo agregar al Estado Mayor del Ejército, donde permanecía cuando se produjo la revolución del 1º de diciembre de aquel año.

El nuevo gobernador Lavalle designó Ministro General al doctor Miguel Díaz Vélez, padre político de Lamadrid. Se incorporó al cuerpo de tropas organizado por Lavalle para salir a campaña, asistiendo al combate de Navarro el 9 de diciembre.

Prisionero el coronel Dorrego, y condenado a muerte sin proceso de ninguna clase por disposición del general Lavalle, Lamadrid le acompañó en sus últimos instantes, a petición del ex-gobernador, habiendo hecho lo posible Lamadrid para persuadir a Lavalle que escuchase al condenado. Facilitó a Dorrego su chaquetilla militar para el acto de la ejecución, puesto que quería que la suya se la entregasen a su esposa. Recibió el último abrazo del coronel Dorrego, instantes antes de ser fusilado.

Posteriormente, Lavalle dispuso que Lamadrid se incorporase al ejército con el cual el general Paz marchó al interior. El 26 de febrero de 1829 se le autorizó para levantar un escuadrón de caballería ligera titulado «Escuadrón de Voluntarios Argentinos«.

En el Desmochado, el 3 de abril de 1829, tenían su última entrevista Lavalle y Paz, dirigiéndose este último a la provincia de Córdoba. Se batió con su valor acostumbrado en la batalla de San Roque, el 22 de abril, en la que fue completamente derrotado el gobernador Bustos. Participó en la terrible jornada de la Tablada, los días 22 y 23 de junio del mismo año, en la que fue completamente destrozado su ex-adversario, el Tigre de los Llanos de la Rioja. Después de la derrota de Quiroga, Lamadrid recibió orden de Paz de perseguirlo, pero su audaz adversario logró escaparse.

Tomó parte en la batalla de Oncativo o Laguna Larga, el 25 de febrero de 1830, en la que Paz venció por segunda vez al general Quiroga. Después de esta victoria, el general Paz lo destinó a la provincia de La Rioja, donde fue elegido gobernador. Permaneció en este puesto, hasta que al año siguiente el general Paz lo llamó a Córdoba con el contingente riojano, en carácter de urgente, pues las fuerzas mandadas por Estanislao López hollaban el suelo de aquella provincia. Lamadrid se incorporó al ejército de Paz.

Cuando este General cayó prisionero en la tristemente célebre jornada del 10 de mayo de 1831, Lamadrid ocupó su lugar y desempeñó interinamente la gobernación de Córdoba desde el 16 hasta el 26 del mismo mes de mayo.

Ante el avance del ejército federal de López combinado con las fuerzas de Quiroga, Lamadrid se vio obligado a iniciar aquella trágica retirada hacia el Norte, que debía conducirlo al desastre de la Ciudadela el 4 de noviembre del mismo año, donde fue completamente derrotado por Facundo Quiroga, viéndose necesitado Lamadrid a emigrar a Bolivia, dirigiéndose a Tupiza, desde donde escribió a su temible rival, recomendándole su familia, la que fue atendida con deferencia por el Tigre de los Llanos. El 25 de diciembre de 1831 se le reunía su familia en el pueblo de Mojos (Bolivia).

El 11 de junio de 1832 llegó a Lima, con su familia, con el fin de visitar a su hermano el coronel Francisco Lamadrid, perteneciente al ejército peruano, el cual había estado largos años prisioneros de los españoles en las Casas Matas del Callao, capturado en Ayohuma.

El 11 de diciembre zarpó de nuevo del Callao, rumbo a Arica, dejando a su madre, a su hermano Francisco y dos hermanas allí, en Lima. Lamadrid se estableció en la ciudad de La Paz, donde permaneció todo el año 1833 y a mediados de enero de 1834, obtuvo pasaporte del Presidente Santa Cruz para pasar a la República Oriental, saliendo a principios de marzo del puerto de Arica, llegando a Valparaíso en la noche del 4 de abril.

El 24 del mismo se embarcaba con su familia en la barca italiana «BENAVIER» (capitán Panza) y después de afrontar un terrible temporal en el Cabo de Hornos alrededor del 10 de mayo, llegaron a Montevideo el 22 de junio de 1834.

Allí permaneció cuatro largos años. En 1836, Lamadrid se excusó de entrar en la revolución contra Oribe promovida por Rivera. El 30 de agosto de 1838 embarcóse en el paquete «ROSA», en Montevideo, llegando a Buenos Aires el 19 de septiembre a mediodía. Permaneció en Buenos Aires todo el año 1839, hasta que en los primeros días de enero de 1840, Rosas le dio la misión de trasladarse a Tucumán con el pretexto de ir a buscar el armamento de aquella provincia para el sostén de la guerra contra los franceses; pero en realidad era con el fin de que se apoderase del gobierno de la misma.

El 22 de febrero se puso en marcha para cumplir su misión y llegado a Tucumán, Lamadrid se puso totalmente a favor de aquel pueblo y de su gobernador Piedrabuena, quien el 6 de abril le designó general de armas y al día siguiente, 7 de abril, el gobernador y todo el pueblo de Tucumán juraron «defender la causa de la libertad contra el absolutismo de la civilización contra la barbarie, de la humanidad contra sus sangrientos opresores». Este fue el primer acto de la Coalición del Norte.

El 4 de julio de 1840, Lamadrid era nombrado gobernador delegado de don Pedro Garmendia, que había reemplazado a Piedrabuena. Don Marcos Avellaneda fue nombrado gobernador reemplazante de Lamadrid, desde el 23 de mayo de 1841, hasta el 19 de septiembre del mismo.

Constituida la Coalición del Norte en apoyo de la revolución promovida por el general Juan Lavalle, Lamadrid marchó con un ejército sobre Córdoba, en cuya ciudad penetró entre las aclamaciones del pueblo, el 11 de octubre de 1840. Al mes siguiente invadió la provincia de Santiago del Estero, al frente de una división, pero fue derrotado el día 5 por el comandante Manuel Ibarra en las márgenes del Río Salado, viéndose obligado a replegarse nuevamente a Córdoba, donde substituyó en el carácter de gobernador delegado al doctor Francisco Alvarez, el 7 de diciembre, cargo en el que se mantuvo por muy pocos días, pues debió retirarse apresuradamente ante el avance de las fuerzas victoriosas del Quebracho Herrado, que mandaba el general Manuel Oribe, quien entró en la ciudad de Córdoba el 19 de diciembre.

Lamadrid siguió su retirada hacia el Norte y el 28 de enero de 1841 llegaba a Tucumán. De esta ciudad marchó a la de Salta, con fines de coordinar las fuerzas unitarias. Listas estas, el 23 de mayo Lamadrid rompió la marcha con 2000 hombres y el 19 de junio entraba en Catamarca. El 13 de julio salió de esta ciudad y el 22 entraba en La Rioja, donde se le incorporó el coronel Ángel Vicente Peñaloza.

Después de algunas otras incidencias, Lamadrid penetró en la provincia de Mendoza, cuya capital ocupó el 4 de septiembre de 1841, siendo designado por el pueblo gobernador provisorio el mismo día, pues el titular, general José Félix Aldao, había salido a campaña y el delegado don Juan Isidro Mazo, huyó al aproximarse los unitarios.

Pero 20 días después en los campos del Rodeo del Medio, Lamadrid fue completamente derrotado por el ejército del general Ángel Pacheco, segundo de Oribe, cuyos trofeos fueron 400 muertos y más de 500 prisioneros, incluidos 75 oficiales, 9 cañones, banderas, etc. A los vencidos se les persiguió tenazmente, sin cuartel: los que no murieron bajo los sables y lanzas federales, fueron sepultados en las nieves de la Cordillera de los Andes, o quedaron inválidos para siempre.

Lamadrid con un puñado de valientes escapó por el paso de Uspallata, internándose en Chile y únicamente debió su salvación a sus buenos caballos y al auxilio que les prestó allende los Andes, don Domingo Faustino Sarmiento, que estaba emigrado en Chile. Los padecimientos fueron terribles para aquel grupo y el 10 de octubre se encontraban ya reunidos en Santa Rosa de los Andes 138 jefes y oficiales, 286 individuos de tropa y 22 mujeres que los acompañaban, esmerándose todo el vecindario de la población nombrada para asistir a los emigrados, una gran parte de los cuales habían perdido miembros de su cuerpo por las nieves andinas.

Lamadrid después pasó a Bolivia, estableciéndose en Potosí, adonde se le incorporó su familia, deteniéndose en aquella ciudad hasta el 23 de diciembre en que marcharon para Chuquisaca. A principios de junio de 1842 se embarcó en Cobija para Copiapó (Chile), donde se instaló con su numerosa familia estableciéndose con una panadería para poder reunir los medios de subsistencia. De Copiapó se trasladó a Valparaíso, de donde pasó a Santiago, ciudad en la que permaneció desde abril de 1843 hasta mediados de mayo de 1846, puntos todos, en los que Lamadrid sufrió con su familia la privación más completa.

El 16 de aquel mes y año, salía de la capital chilena para Valparaíso, embarcándose en en el paquete chileno «ROMANA», con el cual llegaron a Montevideo el 8 de julio del año 1846 . Al llegar a aquella ciudad, Lamadrid ofreció sus servicios al gobierno inútilmente, pues no se le ocupó, hasta que al fin fué dado de alta en el ejército. Actuó en las fuerzas en operaciones próximas a Paysandú y al poco tiempo regresó a Montevideo. En los años 1849 y 50 estuvo a cargo de la fortaleza del Cerro, durante aquella paite del asedio que sufría la capital uruguaya.

Cuando se levantó el sitio de Montevideo, a raíz de la aproximación de Urquiza por haber capitulado Oribe el 8 de octubre de 1851, Lamadrid se incorporó al Ejército Aliado y en la batalla de Caseros mandó el ala derecha de la línea de Urquiza, donde su comportamiento y el de la fuerza de su mando, estuvo a la altura de sus antecedentes. Asistió a la entrada del ejército vencedor en Buenos Aires, quince días después de la batalla, donde Lamadrid fué recibido con frenesí por los porteños.

El general Lamadrid falleció en Buenos Aires, el 5 de enero de 1857. Había contraído enlace el 19 de septiembre de 1820 con María Luisa Díaz Vélez, hija de su primo, el doctor Miguel Díaz Vélez, ministro que fué del general Lavalle, cuando la revolución del 19 de diciembre de 1828, la cual le dio 13 hijos. Su madre Andrea Aráoz, después de la campaña de 1826 en que se creyó que Lamadrid había muerto, se marchó al Perú son dos hijas, a reunirse con su otro hijo Francisco Aráoz de Lamadrid.

La viuda del general Lamadrid le sobrevivió hasta la fiebre amarilla de abril de 1871 falleciendo de esta enfermedad en la noche del 12 de aquel mes.

Refiriéndose en sus memorias a las heridas que recibió en la batalla del Tala, Lamadrid dice: «Es el único defecto que me ha quedado de resultas de las heridas del «Tala, la distracción o falta de memoria, cuando soy interrumpido en cualquier discurso que esté haciendo. Se me van las ideas cuando se me interrumpe, y aunque después pregunte de lo que se trataba y se me diga, quedo enteramente enagenado por mucho tiempo» .

Fuera de sus «Memorias», el general Lamadrid escribió en 1855 unas «Observaciones a las Memorias Postumas del general José María Paz» .

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

 

 

Biografía de Valentin Alsina Obra de Gobierno en Bs.As.

Biografía de Valentín Alsina
Gobernador de Buenos Aires

Nació en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1802, siendo hijo de D. Juan de Alsina, natural de Cataluña, Agrimensor general del Virreinato y maestro de náutica; y doña María Pastora Ruano, natural de Andalucía. Su padre, D. Juan de Alsina, murió de un balazo en la memorable Defensa de Buenos Aires, el 5 de julio de 1807.

Valentín Alsina inició sus estudios en la Universidad de Córdoba, donde tuvo por maestro al Deán Funes, pasando después a Buenos Aires, doctorándose juntamente con D. Marcelo Gamboa, el defensor de los Reinafé en el célebre proceso; y D. Eduardo Lahitte. La tesis que presentara Alsina para graduarse de abogado, verso sobre la pena de muerte.

Valentin Alsina

Desde su iniciación en la carrera jurídica se entregó a la vida pública. De ideas netamente, liberales, puso su pluma al servicio de aquellas durante los años 1825, 26 y 27, en las columnas de «El Nacional» y de «El Mensajero Argentino» en las que destacó su bien nutrido saber.

Tuvo participación activa en la revolución del 19 de diciembre de 1828, encabezada por el general Lavalle, en cuyo gobierno provisorio formó parte, subscribiendo todos los decretos, órdenes, etc. del mismo hasta el día 3 de aquel mes en que el doctor José Miguel Díaz Vélez se hizo cargo del despacho como secretario general. En 1829 ocupó la dirección de la Biblioteca Pública de la Capital, en cuyo puesto demostró celo y contracción recomendables, así como también conocimientos administrativos poco comunes. Organizó el archivo de la misma e impulsó tal útil institución.

En julio del mismo año apareció electo diputado por primera vez, a la Legislatura de la Provincia, haciendo entonces, con tal motivo, su profesión de fe política conjuntamente con otros correligionarios en una publicación aparecida en las columnas de «La Gaceta Mercantil» del 1º de agosto de aquel año.

Entregado al ejercicio de su carrera de abogado, en 1831 fue nombrado defensor del coronel Paulino Rojas, encausado judicialmente por uxoricidio en la persona de su esposa, doña Buenaventura Fierro, en Bahía Blanca. Alsina se abocó la defensa del acusado y obtuvo su libertad, probando la inculpabilidad de aquel en el crimen que se le imputaba.

Refiriéndose a estos trabajos suyos, el doctor Alsina dice en una autobiografía:

«En 1831 trabajé la famosa defensa del coronel Rojas, publicada a principios del siguiente año. Aquel jefe distinguido de la independencia, condenado a destierro en primera instancia, había sido condenado a muerte por la Cámara de Justicia. Fue en esas circunstancias casi desesperadas, en súplica, que me encargué de su defensa, la cual tuve que hacer con gran precipitación.

La notabilidad del acusado; el suceso de que se le acusaba; la circunstancia nunca vista de revocarse una sentencia criminal, no para disminuir la pena, sino al contrario, para aumentarla hasta la pérdida de la vida; la consideración de que, por lo mismo, debía presumirse que los jueces habían meditado mucho el negocio y procedido en virtud de convicciones inalterables y la casi imposibilidad, por consiguiente, de lograr que ese mismo tribunal variase en ellas, y confesase implícitamente que se había pronunciado con injusticia o irreflexión, todo esto incitó el interés del público de un modo extraordinaria. El éxito de aquella defensa sobrepasó todos los cálculos y levantó muy alto mi crédito profesional.

Entre tanto, yo hice gratis y con mucho gusto todo ese trabajo. Tengo delante la carta que me dirigió el agradecido Rojas y mi respuesta, publicadas ambas por él: Encargado usted señor, (decía aquél entre otras cosas), o más bien, destinado por el cielo para proteger mi inocencia, era menester que abriese Vd. el templo de la justicia, y que, rodeando mi causa y mis derechos de una inmensa luz, mostrara al tribunal las leyes que me garantían y el laberinto en que se ocultaba la justificación de mis descargos.

La constancia de un corazón vigorizado por el espíritu de la verdad, y el poder irresistible de una elocuencia inspirada por el saber y la justicia, derribaron los obstáculos que se oponían a mi salvación; y desenmarañando las incoherencia de un proceso intrincado, me presentaron a unos jueces legales, y al inexorable tribunal de la opinión pública, desnudo de las notas que aniquilaban mi reputación, y que habían amargado hasta los últimos instantes de mi vida… Y de que modo podré descargarme de la deuda perpetua de reconocimiento, en que me ha constituido el esfuerzo magnánimo y desinteresado de Vd. ? Nada habría que bastase a dejar satisfecho el sentimiento de gratitud de que estoy animado.

Pero nada poseo, sino la espada, que empleé por tantos años en la defensa de la libertad e independencia de América, y que tengo que conservar para legarla sin infamia a mi querida hija. Nada me queda, señor, que ofrecer a Vd. sino ese Diploma ¡monumento de honor!, con que el gobierno del Perú premió mis servicios, incorporándome a la republicana Orden del Sol y asignándome una pensión vitalicia… Si el valor de ese título puede aumentarlo un candido y sincero ‘voto de un ilimitado agradecimiento, recíbalo Vd. también, igualmente, con el afecto que merece el autor de mi nueva existencia civil.

Recibí también, le respondía yo (entre otras cosas), un diploma que en 1822 le otorgó en premio el gobierno peruano, para el goce de una pensión de quinientos pesos anuales por vida, y que Vd. se sirve pasarme  en compensación de un servicio. Es mi deber agradecer esta afectuosa consideración de un desgraciado, pero también es el de rehusarla, como lo hago sin la menor violencia.

Lo único que me fuera sensible, sería el que Vd. equivocase los motivos de esta repulsa, señor don Paulino: No cuento, ni he contado en mi vida con otro patrimonio, capital, renta o ingreso, que el escaso producto de mi trabajo personal y diario, y siempre gravitaron sobre mí obligaciones muy sagradas que llenar. Sin embargo de esto, cuando las circunstancias lamentables — que conozco perfectamente — del hombre que me encomendó su vida, exigen que ese trabajo sea gratuito y generoso, no debo consentir recompensas ruinosas para él, que disminuirían quizá la importancia que aquél se merezca. No lo extrañará Vd. desde que sabe que en este asunto, nada, nada suena a interés de mi parte, desde que sabe que en este concepto me encargué de su defensa; y desde que sabe también que la eminente profesión a que tengo el honor de pertenecer, es esencialmente benefactora.

Devuelvo, pues, el diploma. Consérvelo Vd., señor don Paulino. El es un documento ilustre de su gloria, él le representa un recurso de subsistencia, tanto más necesario a Vd. que ningún otro posee, cuanto más incierto es hoy su destino futuro. Consérvelo Vd. amigo mío: tiene Vd. una hija; esfuércese en sobreponerse a su suerte; el poder invencible del tiempo debilitará gradualmente las dolorosas impresiones de lo pasado; y entretanto, yo viviré satisfecho, si he tenido la fortuna de fijar la gratitud de un hombre de honor, y si hay en la tierra dos seres que en algún modo me sean deudores de su sosiego…»

Noble respuesta del ilustre abogado a su cliente que se desprendía de tan querido tesoro como era aquel que consagraba su fama de guerrero valeroso y que, además, le proporcionaba una parte de la subsistencia. La defensa del coronel Rojas consagró el prestigio del doctor Alsina, el cual desde entonces gozó de la más alta reputación entre sus compatriotas.

En 1833 tuvo a su cargo la defensa de los Yáñez, padre e hijo, chilenos, que acusados de un crimen odioso y capital, tenían por adversarios a una familia respetable y de muchas relaciones. En cambio, los Yáñez eran hombres del campo: el doctor Alsina puso en plena luz su inocencia y la defensa también fue gratis, como la del coronel Rojas.

El doctor Alsina fue designado por el Gobierno, el 2 1 de diciembre de 1833, miembro de la junta de ciudadanos teólogos, canonistas y juristas, para emitir opinión acerca de 1 4 proposiciones en que el gobierno consignó la base de sus procedimientos en los negocios de provisión de obispados, etc.

Al año siguiente desempeñó en la Universidad la cátedra de derecho natural y de gentes, renunciándola a fines de aquel año y cediendo patrióticamente sus sueldos devengados a favor del establecimiento.

Elevado Rosas al poder supremo dictatorial, Alsina de inmediato se vio perseguido por sus sicarios, y puesto preso, fue transportado al pontón SARANDI, desde Paraná por el gobernador de Entre Ríos, general Echagüe, con una barra de grillos.

En aquella prisión flotante, Alsina debió permanecer a la expectativa de una suerte adversa, «si las circunstancias y la nobleza de un hombre, dice el doctor Servando García en la biografía de aquél publicada en el Diccionario Biográfico Nacional no hubieran venido en su ayuda: ¡fugó!

Veamos cómo: Había sido nombrado comandante del pontón en reemplazo de Ferreyra, don Enrique Sinclair, nombramiento que obtuvo por la influencia amistosa de la familia del coronel Pueyrredón (preso también) con José María Rojas, Ministro de Hacienda de Rosas, y a petar de cierta prevención del tirano contra el agraciado.

El mayor Sinclair conservaba gratitud por un servicio importante que en otro tiempo le hi-ciera Pueyrredón, estaba algo relacionado con el doctor Alsina y mucho más con el Dr. Maza, que se interesaba vivamente por su yerno. De común acuerdo resolvieron la fuga. Esta se efectuó a las ocho de la noche del 5 de septiembre de 1935 .

Embarcados en una lancha, el coronel desarmó al centinela que para no infundir sospechas a la guarnición del SARANDI, había hecho bajar Sinclair. Enseguida quedó resuelto tomar rumbo a la Colonia. Los cuatro marineros de la embarcación se mantuvieron en una actitud pacífica y obediente. Antes de todo esto, la joven esposa de Alsina, doña Antonia Maza, había salido en coche de la casa-quinta de su padre, cubierta la cabeza con un gorro y embozada en una capa de éste, objetos que él le puso en el instante de partir.

La acompañaba el inglés don Ricardo Haines, que le fuera a buscar expresamente por su íntima amistad con Sin-clair, que los esperaba en la playa. Allí subió la señora en la embarcación salvadora para ir en busca de los presos. Llevaba oculto bajo la capa un tier-no niño: su hijo Adolfo, cuya respiración dificultosa le arrancó una exclamación…

La señora doña Antonia compartió noblemente los riesgos de la evasión. El doctor Alsina pasó después a Montevideo, refugio heroico de los emigrados argentinos y foco incesante de conspiraciones contra Rotas, donde por su patriotismo e inteligencia le cupo una parte importante en la dirección de los sucesos como miembro de la Comisión Argentina, cuyo principal propósito era derrocar la tiranía impuesta al país en los albores de su emancipación política.»

Desde el comienzo de la campaña del Ejército Libertador a las órdenes del general Lavalle, el doctor Alsina dudó del éxito de aquella empresa, cuyo esbozo original fue para iniciarla en la provincia de Buenos Aires y no en la de Entre Ríos, como al fin lo hizo. El doctor Alsina bien claramente le expresó su punto de vista al coronel Pueyrredón en carta fechada en Montevideo, el 1 5 de agosto de 1839. La derrota del Ejército Libertador confirmó el sano juicio del doctor Alsina.

Cuando el general Oribe estableció el asedio de la plaza de Montevideo, el 16 de febrero de 1843, el doctor Alsina tomó un fusil y se alistó entre los componentes de la «Legión Argentina» que mandó el coronel Gelly y Obes, pero evidentemente, su puesto no estaba en las filas de los defensores de la ciudad heroica, sino en la prensa, para alimentar el odio contra el Dictador Argentino.

Colaboró en los diarios que aparecían en la capital uruguaya, especialmente en «El Comercio del Plata» y cuando el 20 de marzo de 1848 el insigne Florencio Várela caía bajo el puñal de Cabrera, emisario del general sitiador, Alsina valientemente ocupó el puesto del muerto y con ánimo sereno desafió la ira de los enemigos, esgrimiendo briosamente su pluma y desde las columnas del periódico de referencia, prosiguió la tarea que había sido la causa del asesinato de su antecesor.

En este puesto actuó sin desmayar un momento, hasta que la victoria de Caseros le abrió las puertas de su ciudad natal, a la que llegó el 8 de febrero de 1852. Don Vicente López y Planes, designado gobernador de Buenos Aires, dio a Alsina el ministerio de Gobierno, que desempeñó con la inteligencia y contracción que le caracterizaba y en el que dio pruebas brillantes de su capacidad para administrar los negocios públicos.

Su obra ministerial estuvo principalmente orientada para borrar en lo posible la acción del período dictatorial que había ensangrentado por espacio de casi cuatro lustros, el suelo de la República Argentina: Alsina trató de restituir los bienes confiscados por Rosas, a sus dueños; reinstaló la Sociedad de Beneficencia; erigió en Facultad la Escuela de Medicina, que separó de la Universidad; y prestó interés especial y protección a la instrucción pública, tan obstaculizada en el período rosista.

Pero la actitud del general Urquiza después del Acuerdo de San Nicolás, colocó a Alsina frente a aquel, que asumió el gobierno de Buenos Aires ilegalmente, cuando renunció don Vicente López: Urquiza ordenó la prisión y destierro de varios políticos, entre ellos el doctor Alsina.

La revolución del 11 de septiembre contó al doctor Alsina entre sus principales organizadores. «En el Fuerte —dice don José Luis Bustamante—, se reunían otros ciudadanos notables, entre ellos, el Dr. Valentín Alsina, que con gran abnegación y tino dirigía todas las combinaciones, jugando su cabeza en los importantes resultados que buscaba para la libertad de su Patria, desafiando el poder irascible y vengativo del general Urquiza. Allí se arreglaron y concertaron las medidas que instantáneamente debían adoptarse para asegurar el éxito del movimiento; y las opiniones del Dr. Alsina daban a aquellas el aplomo y acierto que se necesitaba en momentos tan graves y decisivos.»

Producida la revolución el 11 de septiembre, el gobernador Pinto designó a Alsina ministro de Gobierno e Instrucción Pública. El 30 de octubre del mismo año fue elegido gobernador propietario de Buenos Aires, recibiéndose del cargo el día 31, designando su Ministro de Guerra y Marina al general José María Flores, nombrando además, comandantes militares de departamentos de la provincia, a los coroneles Hilario Lagos y Cayetano Laprida, los que se levantaban en armas el 19 de diciembre, con el apoyo de Urquiza.

En una proclama del primero, declaraba al Dr. Alsina obstáculo para la tranquilidad pública, invitando a sus compañeros para derrocarlo y para proclamar por jefe al general Flores. Alsina, con el objeto de evitar la guerra civil, presentó su renuncia, la que fue aceptada por la Legislatura el 6 de diciembre, siendo designado en su reemplazo, interinamente, el general Pinto.

En 1853 desempeñó sucesivamente los puestos de vocal y presidente de la Cámara de Justicia. En abril de 1854 y en mayo del año siguiente, fue elegido senador, cargo que no ocupó. En 1855, el Dr. Pastor Obligado, al ser elegido gobernador, designó a Alsina para el ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores, en reemplazo de don Irineo Pórtela, que renunció, desempeñando el cargo hasta mayo de 1856, en que dimitió.

El 3 de mayo de 185 7, después de reñidísimas elecciones, fue nombrado 2º gobernador constitucional de la provincia de Buenos Aires, recibiéndose del puesto dos días después: designó sus ministros a don Norberto de la Riestra, Bartolomé Mitre y José Matías Zapiola. Desde el 4 de noviembre hasta el 21 de diciembre de 185 7 debió salir a. campaña, quedando a cargo del P. E. el presidente del Senado, don Felipe Llavallol.

En 1859 se produjo el estado de guerra entre Buenos Aires y la Confederación y la batalla de Cepeda derrocó al Dr. Alsina, al cual sus amigos le significaron la conveniencia de abandonar el puesto, cediendo a las exigencias del general Urquiza a fin de poder abrir negociaciones con este último, cuyas fuerzas estaban en los suburbios de la Capital: Alsina renunció el 8 de noviembre, y tres días después se ajustaba el pacto de unión, bajo la mediación del gobierno paraguayo, por el cual se convenía la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación, previo examen de la Constitución Nacional de 19 de mayo de 1853, por medio de una convención provincial, en la cual formó parte el Dr. Alsina.

Elevado al gobierno de Buenos Aires el general Mitre, éste nombró ministro al Dr. Alsina, el que se excusó de aceptarlo. En 1861 fue elegido senador por Buenos Aires al Congreso del Paraná, pero la ruptura de relaciones entre la Confederación y los porteños, dejó sin efecto el nombramiento, siendo Alsina designado entonces asesor de Gobierno, puesto que había desempeñado ya con brillo y reconocida competencia.

Después de la batalla de Pavón, fue elegido para ocupar una banca en el congreso que debía reunirse en Buenos Aires. En diciembre de 1862, por acuerdo de gobierno, se encomendó a Alsina la redacción de un proyecto de Código Rural, trabajo que ejecutó satisfactoriamente, después de un prolijo estudio de la materia, compulsando los antecedentes propios y las obras extranjeras al respecto. Sometido el proyecto a la Legislatura, fue aprobado con ligeras variantes.

Su último cargo público fue el nombramiento de senador, en noviembre de 1867, designándosele poco después, Presidente de H. Senado; y en tal carácter, tocóle presidir el 16 de junio de 1 868 la asamblea general que proclamaba electos presidente y vice-presidente de la Nación, a los ciudadanos don Domingo Faustino Sarmiento y don Adolfo Alsina, su hijo único.

Después de anunciar a la asamblea el resultado de la elección y proclamar presidente a Sarmiento, el Dr. Alsina se sintió tan conmovido que cedió el cargo al vice presidente del Alto Cuerpo, Dr. Elias, para que proclamase la elección de su hijo. Después de verificado este requisito, el doctor Alsina tomó la palabra para cerrar la sesión, haciendo votos para que el pueblo de la Nación apoyase en masa al nuevo gobierno que se aclamaba, conceptuando que sin el auxilio popular no hay gobernante que pueda labrar la felicidad de sus conciudadanos.

En sus últimas palabras manifestó la probabilidad de que él no volvería a presenciar otra elección presidencial, como en efecto sucedió, pues falleció en Buenos Aires, el 6 de septiembre de 1 869, cubriéndose de luto el país con la desaparición de tan esclarecido ciudadano. En el sepelio hablaron Sarmiento, Mitre, el gobernador de Buenos Aires y otros personajes.

El 5 de abril de 1875 se inauguró en la Recoleta su monumento sepulcral, frente a la tumba de Florencio Várela; y en el acto de su inauguración, hicieron oir su voz armoniosa, el presidente Avellaneda, el gobernador de la provincia y varios otros oradores, haciendo resaltar la figura consular del Dr. Valentín Alsina. Este último formó su hogar con doña Antonia Maza, hija del Dr. Manuel Vicente Maza.

Un hermano de Alsina, Dr. Juan José Alsina, actuó como agente de la «Comisión Argentina» de Montevideo ante el gobernador Ferré, en 1842, y cuando el Ejército Unido que mandaba Fructuoso Rivera, sufrió la terrible derrota del Arroyo Grande, el 6 de diciembre de aquel año, el día 14, el Dr. Alsina se embarcaba con Ferré, rumbo a la emigración que les imponía aquel desastre.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografia de José Gervasio Artigas Caudillo Uruguayo

Biografía de José Gervasio Artigas Caudillo Uruguayo

Nació en el pueblo del Sauce, Canelones, cerca de Montevideo el 19 de junio de 1764, siendo sus padres don Martín José de Artigas y doña Francisca Antonia Arnal, siendo bautizado el día 21 en la Matriz por el presbítero doctor Pedro García, siendo su padrino Nicolás Zamora, escribano-secretario del Cabildo.

En 1815 comienza a ser realidad el sueño de los uruguayos de gobernarse por sí mismos con la formación de la Liga Federal, que incluía varias provincias, entre eilas ia Banda Orientai, nombre por el que se conocía entonces al Uruguay.

José Gervasio Artigas, un rico hacendado enamorado de su país, fue el principal luchador por su independencia.

Tras la revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires, viajó allí y se puso al servicio de la Junta de Mayo, que había empezado a gobernar los antiguos dominios del virreinato.

La Junta le otorgó el grado de teniente coronel del ejército oriental y sitió con él la ciudad de Montevideo para liberarla.

Por desavenencias con la Junta abandonó el sitio y marchó al norte, seguido por los orientales en un episodio que será conocido como el «Éxodo del Pueblo Oriental».

Se enfrentó con el gobierno de Buenos Aires hasta que en 1815 consiguió la formación de la Liga Federal, entre cuyas provincias estaba la Provincia Oriental. Fue proclamado por la Liga como el «Protector de los pueblos libres».

A partir de 1816, las tropas luso-brasileñas invadieron el Uruguay en sucesivas oleadas y los patriotas de Artigas se defendieron con valentía.

Sin embargo, los brasileños eran mucho más numerosos y, tras una larga lucha, se apoderaron del país en 1820.

Considerado en Uruguay como un héroe y fundador de la patria, sus restos fueron enterrados en su ciudad natal en 1856. Murió a los 86 años en Paraguay, un 23 de septiembre de 1850.

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

•  Nació el 19 de junio de 176 en la ciudad de Montevideo

• A los doce años se trasladó al campo y se dedicó a las tareas rurales. Observando a los habitantes del lugar –entre ellos, los gauchos-, se hizo ágil en el manejo de las armas y el caballo.  También se relacionó con los
aborígenes charrúas.

• A los treinta y tres años entró como soldado en el cuerpo de Blandengues para cuidar la frontera.

• En 1806 combatió en Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas.

• En 1810 el poder español instaló su sede en Montevideo y Artigas se trasladó a Buenos Aires para ofrecer sus servicios militares. Los pueblos de la América española luchaban por su  libertad y Artigas quería defender gfe. esas ideas en la Banda Oriental.

• En 1811 regresó a su país, asumió el mando de la revolución y derrotó a los españoles. Luego inició el sitio de Montevideo y fue aclamado como el Primer Jefe de los Orientales.

• Frente al centralismo de Buenos Aires, Artigas sostuvo su deseo de una confederación que permitiera una liga de amistad y colaboración entre las provincias.

• Siempre se interesó por el bienestar de las mujeres y los hombres de su
pueblo. Por eso se preocupó por la cultura y la situación de los indígenas. También apoyó la fundación de una biblioteca pública, impulsó la enseñanza primaria y tomó medidas prácticas para mejorar la salud pública.

PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

•  En 1814 organizó la Liga de los Pueblos Libres (para integrar a todas las provincias rioplatenses con inclinaciones federales), de la que se declaró protector.

• Al año siguiente liberó Montevideo del control de los centralistas de Buenos Aires.

• En 1816 comenzó su lucha contra los portugueses, quienes lo derrotaron en la batalla de Tacuaremb Artigas se refugió en Entre Ríos, pero allí I
venció el caudillo local Francisco Ramírez.

• En 1821 se trasladó al Paraguay.

•  Murió en ese país, en Ibiray, el 23 de setiembre de 1850, a los 86 años.

SU BIOGRAFÍA:

Cursó sus estudios en el convento de San Bernardino. Sin orientación definida, sin vocación por el comercio y las profesiones liberales, sin necesidades apremiantes por otra parte, hizo en su adolescencia vida fácil y ligera como los hijos de las familias acomodadas de la época.

Sin embargo, cuando se hizo hombre se dedicó a las tareas del campo, pero sin abandonar su ciudad natal, a la que se sentía atraído por el afecto y el recuerdo.

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FRASES CÉLEBRES DE GERVASIO ARTIGAS

«La causa de los pueblos no admite la menor demora»
«Que los más infelices sean los más privilegiados»
«Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos»
«Con libertad ni ofendo ni temo»
«Sean los orientales tan ilustrados como valientes»
«Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo»
«La cuestión es solo entre la libertad y el despotismo»
«Todas las provincias tienen igual dignidad e iguales derechos»
«Que los indios en sus pueblos se gobiernen por sí»
«Para mi no hay nada más sagrado que la voluntad de los pueblos»
«Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación»
«No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad»
«Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana»

Se hizo hábil en el manejo del caballo y acarreo de ganado, lo que vigorizó su constitución; desarrolla su aptitudes, aprende la topografía y accidentes geográficos del país, estrecha amistades que le serán útiles en lo sucesivo, y con este caudal de experiencia se lanza a trabajar por cuenta propia, deteniéndose y negociando en Misiones, el Arapey, Queguay y sobre todo en Soriano, en donde parece haber residido algunos años antes de ingresar en el ejército.

En un período que los historiadores uruguayos lo consideran comprendido entre 1792 y principios de 1796, estuvo Artigas sometido a un proceso, amparándose al indulto que concedió Carlos IV el 22 de diciembre de 1795 celebrando el ajuste de paz con los franceses, y de los matrimonios de las Serenísimas Infantas doña María Amelia y doña María Luisa, el que comprendió más tarde a las colonias.

El 10 de marzo de 1797 Artigas entró como soldado en el «Cuerpo «Veterano de Blandengues de la frontera de Montevideo».

Todo el curso de su primer año de carrera militar lo pasó en las dos zonas donde habitualmente maniobraban los contrabandistas en el Chuy y en Santa María ya con el empleo de teniente que le fué acordado transitoriamente al poco tiempo de su incorporación a los blandengues, pero que recién se le otorgó efectivo al año siguiente.

El 2 de marzo de 1798 obtiene el empleo de ayudante mayor gracias a la protección que le dispensan Olaguer Feliú y Sobremonte, jerarquía cuyos despachos firmados por el Rey llevan fecha 2 de enero de 1799, y en la que permanecerá hasta después del movimiento emancipador estallado en las Provincias Unidas.

En 1803 con vina partida formada con tropa de la guarnición de Montevideo y Maldonado y alguna artillería, fué destacado para sorprender una fuerza portuguesa desprendida de San Nicolás; al mismo tiempo acosa a los indígenas hasta sus guaridas.

A mediados de 1804 se hace cargo de la Comandancia General de Campaña el coronel Francisco Xavier de Viana. el que designa a Artigas su ayudante, que lo secunda bravamente en sus riñas con los charrúas. El 20 de marzo de 1805, desde su campamento de Tacuarembó Chico, a 100 leguas de la ciudad de Montevideo, reitera su pedido de licencia absoluta del ejército, que el Rey le concede.

El 31 de diciembre de 1805 contrajo enlace en la Capital con su hermosa prima doña Rafaela Rosalía Villagrán, hija de don José Villagrán y de doña Francisca Artigas.

Retirado del serviico activo, el gobernador Ruiz Huidobro lo nombra oficial del resguardo con jurisdición desde el Cordón al Peñarol. En estas circunstancias se insinúan las primeras operaciones de los ingleses sobre el Río de la Plata y Artigas que había vuelto a incorporarse a los blandengues, solicita a Ruiz Huidobro, que ya que su cuerpo va a quedar en Montevideo en previsión de que la ciudad sea atacada, solicita que le dé un pliego para presentarse a Liniers con el fin de ser Artigas portador de la noticia de la victoria o derrota que resultare de la empresa que prepara aquel valiente soldado para libertar a Buenos Aires.

Marcha al ejército y lo alcanza en los Corrales de Miserere, peleando en el Retiro y en la plaza de la Victoria.

Después de la rendición de Berresford se embarca en un bote, naufraga, gana a nado la orilla como César con su parte en el brazo, llega a Montevideo y entrega al gobernador la ansiada noticia.

Después toma parte en las hostilidades que se llevan a cabo contra la división inglesa que se apodera de Maldonado, se opone a su desembarco en el Buceo, y en vez de huir al campo como huyó casi toda la caballería, se repliega a la plaza defendiéndola con tesón durante el sitio; asiste al combate del Cardal, habiéndose comportado él y sus conmilitones en todas estas acciones, —dice el comandante Ramírez de Arellano,— «con el mayor enardecimiento y sin perdonar instante ni fatiga«.

Entregada la plaza de Montevideo a raíz del asalto de 3 de febrero de 1807, Artigas no se entrega, se embarca para el Cerro y sigue hostilizando a los ingleses los seis meses que la ocupan. Evacuada Montevideo, vuelve a su antigua tarea de blandengue, persiguiendo delincuentes, indios y portugueses, pudiendo escribir con razón a su suegra en 1809: «Aquí estamos pasando trabajos siempre a caballo para garantir a los vecinos de los malhechores.» El 5 de septiembre de 1810 obtiene las presillas de capitán de la 3a. compañía de Blandengues.

Los gobernantes españoles tuvieron siempre confianza en Artigas. En 1810 le confiaban misiones delicadas. A comienzos de 1811 es destinado a la guarnición de la Colonia del Sacramento; en aquellos momentos se declaraba la guerra entre Elío y las autoridades de Buenos Aires el 15 de febrero de aquel año, conjuntamente con el teniente Rafael Hortiguera y el presbítero Enrique de la Peña, se fugaba a Buenos Aires, atravesando en su tránsito los departamentos de Colonia y de Soriano, donde entera a sus amigos de sus designios, envía órdenes a los que se encuentran más distantes, cruza sigilosamente el Uruguay presentándose enseguida a la junta revolucionaria, y ofreciéndole el concurso de su brazo para llevar la bandera de la insurrección hasta su ciudad natal.

El 8 de marzo de 1811 el gobierno de Buenos Aires lo promueve a teniente coronel de Ejército del Cuerpo de Blandengues de Montevideo y lo nombra 2º jefe interino de las fuerzas que operaban en la Banda Oriental, a las que se incorporó a comienzos de abril. El día 26 de este mes se apoderaba del pueblo de San José el comandante D. Bartolomé Quinteros «por el «rigor de las armas», como expresaba en su parte a Artigas.

A comienzos de mayo, el coronel José Rondeau reemplazaba al general Belgrano en el comando en jefe de las fuerzas que operaban en la Provincia Oriental, y el 18 del mismo mes, Artigas obtenía en Las Piedras un triunfo magnífico si se tiene en cuenta los elementos de que disponían los patriotas para la lucha.

Artigas de inmediato estableció el asedio de la plaza de Montevideo y la Junta premió la victoria nombrándolo coronel del Cuerpo de Blandengues, con fecha 24 de mayo de 1811, y continuó en aquella tarea como segundo de Rondeau hasta el armisticio ajustado con el general Elío en Octubre de aquel año, en virtud del cual el ejército patriota se retiró a Buenos Aires y Artigas inició un exodo de 522 km. durante 54 dias, situándose en el Salto Chico, en la provincia de Entre Ríos. El gobierno patrio se había visto obligado a llegar a  un arreglo con los españoles a causa de que una fuerte división portuguesa se había internado en la campaña oriental, con la idea aparente de proteger los intereses de España.

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Exodo del Pueblo Uruguayo Dirigido por Artigas

El 15 de noviembre de 1811 el gobierno de Buenos Aires designaba a Artigas teniente gobernador de Justicia Mayor y capitán de Guerra de Yapeyú. El 6 de mayo de 1812 el gobierno patriota ajusta un tratado de paz con las tropas portuguesas que ocupaban parte de la Banda Oriental, por el cual se estipulaba la retirada de las fuerzas independientes de aquella Provincia, movimiento que debían efectuar igualmente los portugueses. Este tratado fué mal recibido por Artigas, el cual desde aquel momento empezó a rebelarse contra la autoridad del Triunvirato porteño.

Sin embargo, a pesar del tratado de referencia, el gobierno de Buenos Aires viendo la actitud hostil de los portugueses, envió refuerzos a Artigas que había restablecido su campamento sobre el arroyuelo Ayuí, lo que sirvió de pretexto a Vigodet para denunciar el arreglo ajustado y declarar nuevamente el bloqueo a Buenos Aires. Tres escuadrones de Dragones de la Patria al mando de Rondeau, marcharon a poner sitio a Montevideo, acampando el 20 de octubre de 1812 en el Cerrito. El 5 de diciembre de este año fué nombrado coronel del Regimiento Nº 4.

Artigas descontento con el nombramiento de don Manuel de Sarratea para general en jefe de las fuerzas que operaban en la Banda Oriental, impuso a Rondeau el movimiento del 10 de enero de 1813, que dio por resultado la separación de Sarratea y del brigadier Viana de aquel ejército, quedando en su reemplazo Rondeau, el cual marchó aparentemente de acuerdo con Artigas .

Pero restablecido el sitio de Montevideo y dominada toda la campaña oriental por las armas patriotas, el coronel Artigas arrogándose facultades y prerrogativas que no tenía ni nadie le reconociera, decidió proceder autoritariamente por sí y ante sí y convocó a su campo militar una junta de ciudadanos, cuya presidencia asumió el 5 de abril de 1813, disponiendo que resolvieran sobre sí se reconocería la autoridad de la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Buenos Aires, y en ese caso que fijaran el número de diputados a elegir, y la constitución de un gobierno provincial que rigiera los destinos del pueblo del que él se titulaba»Jefe».

Aquella reunión, que más que una asamblea popular parecía una tropa veterana por la sumisión que demostraba al caudillo que allí los había congregado, resolvió la erección de un «gobierno militar», de cuyo ejercicio encargó a Artigas, y de una junta municipal compuesta de tres personas, cuya presidencia se concedió al ciudadano Juan José Duran.

Artigas convocó el 15 de julio a una nueva asamblea que ratificó lo resuelto en el mes de abril y el día 19 se dirigió al gobierno de Buenos Aires por medio de una nota recordando los hechos como convenía a sus pretensiones y con incriminaciones tan injuriosas como faltas de razón; solicitando poco después autorización para proceder a un nuevo nombramiento de diputados, a lo que accedió el gobierno patriota, pero disponiendo que fuera el general en jefe del ejército sitiador de Montevideo el que hiciera la convocatoria de elecciones y presidiera los trabajos.

La junta así convocada, se reunió en la casa de Maciel, a orillas del Miguelete, el 8 de diciembre de 1813 y designó 3 diputados ante la Asamblea Nacional Constituyente, nombrando una Junta Municipal Gubernativa para la administración de la Provincia, haciendo caso omiso del gobierno militar creado anteriormente.

Artigas ordenó a la Junta que anulara y diera por no existente todo lo decretado, y ella contestó declarando en nombre de la soberanía con que estaba revestida que  desde ese día, 10 de diciembre, la Provincia Oriental era reconocida con toda la plenitud de sus derechos como una de las del Río de la Plata, y que su gobierno lo compondría una junta gubernativa formada por los ciudadanos elegidos por la representación provincial.

Artigas se retiró entonces con sus tropas y se declaró en abierta oposición al gobierno de Buenos Aires, el cual el 11 de febrero de 1814 expidió un decreto por el cual se le declaraba infame, le privaba de sus empleos y ofrecía 6000 pesos al que lo presentare vivo o muerto.

Sin embargo, el 17 de agosto del mismo año, el Director Supremo Posadas repuso a Artigas en su empleo de coronel del Regimiento de Blandengues por haberse «comprobado por correspondencias interceptadas que no había tenido parte en la coalición de algunos oficiales en la Banda Oriental, anulándose, en consecuencia, el decreto de proscripción y designándosele Comandante General de la Campaña Oriental de Montevideo, nombramiento este último que ya se le había discernido el 18 de febrero de 1813.

El 23 de febrero de 1815, previo acuerdo de Artigas, que estaba en el Hervidero con el Director Supremo, general Alvear, las tropas norteñas evacuaron la ciudad de Montevideo, que fué ocupada al día siguiente por el coronel artiguista. Fernando Otorgues. Por su parte, el caudillo de los orientales invadía la provincia de Santa Fe, en cuya capital entró el 23 de marzo del mismo año. Alvear se apresuró a enviar contra él las fuerzas a las órdenes de Alvarez Thomas y Valdenegro, las que se sublevaron en Fontezuelas, derrocando al Director.

El 5 de abril el Cabildo de Buenos Aires lanzaba una proclama declarando a Artigas «oscuro aventurero y jefe de bandidos»; pero el día 18 del mismo mes la corporación de referencia comunicaba al Jefe oriental el derrocamiento de Alvear, nota que Artigas es apresuró a contestar el día 22; y el 29 respondía al mismo Cabildo la comunicación del 21 de abril informándole sobre el nombramiento del general Rondeau como Director Supremo y de Alvarez Thomas, su substituto.

El 30 de abril la misma corporación desautorizaba por medio de un manifiesto su proclama del día 5, porque «ella no es más que un tejido de imputaciones execrables contra el ilustre y benemérito jefe de los orientales don José Gervasio Artigas», afirmando los cabildantes que la anterior resolución les había sido impuesta por la fuerza.

No habiendo podido llegar a un acuerdo, Artigas y los representantes de Buenos Aires, en las conferencias que tuvieron lugar en Paysandú a principios de junio y en julio de 1815, el Director Alvarez envió al mes siguiente al general Viamonte a Santa Fe, con un ejército que se posesionó de aquella provincia; pero la reacción de los santafecinos encabezada por Mariano Vera, originó la captura de Viamonte con sus tropas.

En junio de 1816 se tuvo en Montevideo la primera noticia de la expedición portuguesa que se preparaba en Río de Janeiro para invadir la Banda Oriental. Tal novedad fué trasmitida a Artigas que se hallaba en Purificación (pueblo creado sobre el Uruguay, en el Hervidero), y el 27 del mismo mes aquel impartió órdenes en previsión de la invasión lusitana. El general Curado había marchado para las fronteras del río Pardo y Misiones, amagando el ángulo Norte del territorio.

En julio, al frente de 1200 a 1500 hombres mal disciplinados y peor armados, Artigas invadió el territorio de las Misiones del Brasil, saliéndole al encuentro el brigadier Joaquín Alvarez, del ejército portugués del general Curado, con una columna de 800 a 900 soldados, la que derrotó al invasor, el 27 de octubre de 1816, en Corumbé, margen derecha del río Cuareim, haciéndole 500 bajas e imponiéndole la retirada, así como también la evacuación del territorio.

Por su parte, el general Lecor desembarcó en el Puntal de San Miguel, en los primeros días de agosto y se colocó en Santa Teresa, donde fué hostilizado por Rivera. El general Silveira invadió por el Cerro Largo, obligando a Otorgues, que se hallaba en el Yaguarón, a retirarse.

El 18 de septiembre de 1816, Lecor ocupó Maldonado y el 19 de noviembre derrotó a Rivera con 1500 partidarios en la India Muerta, y victorioso el primero, marchó sobre Montevideo.

AI conocer Artigas las gestiones o negociaciones del Cabildo de Montevideo y del Director Pueyrredón, pidiendo el primero auxilios de acuerdo con la resolución de los cabildantes del 6 de diciembre (con cuyo objeto fueron enviados sus diputados a Buenos Aires, donde el 8 ajustaron un convenio o acta de que la Banda Oriental jurase obediencia al Congreso y al Supremo Director y enarbolase el pabellón de las Provincias Unidas), envió a su delegado don Miguel Barreiro, quien desaprobó el día 27 de diciembre aquella acta, ordenando a los comisionados que se contrajesen a la compra de armamento y municiones «por cuenta de la Caja del Estado», y que regresaran inmediatamente.

Artigas, como es lógico, desaprobó la actuación de los comisionados.

Los portugueses invadieron a su vez la Banda Oriental y el 3 de enero de 1817 el coronel Abreu con 600 hombres sorprendió el campamento de Artigas en el Potrero de Arapey (Salto), poniendo en dispersión a los 400 orientales que allí se hallaban, los que sufrieron 80 bajas. Al día siguiente, el marqués de Alégrete, con 3500 portugueses rechaza sobre la margen derecha del Arroyo Catalán al mayor general de Artigas, coronel Andrés Latorre con 3400 hombres, después de 6 horas de lucha, en la cual los artiguistas tienen 800 bajas, entre ellas las del comandante Berdún; mientras los lusitanos solo sufren 230.

Después de estos contrastes, Artigas se retiró a Purificación, donde en breve tiempo estuvo en aptitud de continuar la lucha manteniendo al ejército de Curado en incomunicación con la plaza por más de 5 meses.

El general Lecor, de acuerdo con las instrucciones que había recibido del marqués de Aguiar de fecha 4 de junio de 1816, antes de abrir las operaciones precitadas ensayó el medio pacífico para conquistarlo a Artigas: le propuso el goce del sueldo de coronel de infantería portuguesa, su retiro a Río de Janeiro, o a cualquier punto de Portugal para residir, a condición de que devolviese armas y municiones. Pero el jefe de los orientales rechazó con altura tales proposiciones, contestando que mientras tuviese hombres haría la guerra a la conquista extranjera.

Lecor, por su parte, el 20 de enero de 1817 ocupó la ciudad de Montevideo y en marzo del mismo año casi todo el territorio oriental estaba en manos de los invasores. Artigas les hace una guerra a muerte por todos los medios que le son posibles llegando hasta autorizar el corso marítimo para hostilizar a los lusitanos por medio de buques que fueron armados en los Estados Unidos, lo que motivó una reclamación del Rey Juan VI.

Abierta la 2a. campaña del general Curado, Artigas debió abandonar Purificación, que ocupó el enemigo; pero el caudillo oriental logró que sus tropas sorprendieran un día las grandes guardias de Curado, arrebatándoles carretas, ganados y caballadas, después de que el coronel Fructuoso Rivera hubo batido y derrotado en Chapicuy una división de 700 hombres, al mando de Bentos Manuel en la noche del 14 de junio de 1818, Artigas se situó en el Queguay Chico, donde el 5 de julio del mismo año, es sorprendido con 1200 hombres por el propio Bentos Manuel Ribeiro a la cabeza de 1500 portugueses, el cual le toma 200 prisioneros; pero poco después llega Fructuoso Rivera con 800 orientales y dispersa a los enemigos, recuperando el botín y prisioneros.

Artigas continuó la lucha hasta 1819, en que penetró en territorio brasileño al frente de 2500 hombres, que llevaban todo a sangre y fuego; el 14 de diciembre de aquel año derrota a una división portuguesa mandada por el mariscal Abreu, en la barra del Sarandí, o Guayrapuitá, lo persigue 45 kilómetros ocasionándole 300 bajas mientras que los artiguistas solo pierden un muerto y 10 heridos. Tal fué la acción de Santa María.

Después de ésta, el coronel Andrés Latorre perseguía a los lusitatnos mandados por Pedro González; este se ocultó en la quebrada de Berlamino, atacando por sorpresa a los perseguidores, que los arrollaron y tuvieron que volverse perdiendo la mitad de sus efectivos. Este hecho de armas tuvo lugar el mismo día 14 de diciembre.

Al comenzar el año 1820 graves sucesos se preparaban en la provincia de Buenos Aires invadida por los caudillos federales López y Ramírez. Artigas, desde su cuartel general en Santa María, el 27 de diciembre de 1819 se dirigió al Congreso General de las Provincias Unidas protestando por la situación en que se hallaba su patria, e invitando a aquel cuerpo a que tratase de economizar la sangre de sus compatriotas «si no quiere ser responsables de sus consecuencias ante la soberanía de los pueblos».

El Cabildo de Buenos Aires, con fecha 4 de febrero de 1820, contestó aquella nota (pues ya se había disuelto el Congreso a raíz de la batalla de Cepeda), informando a Artigas del nuevo orden de cosas como consecuencia de la derrota de Rondeau, y le anunciaba al Protector que en aquellos momentos «se preparaba por la Municipalidad una diputación al señor general don Francisco Ramírez para que cerca de su persona levante los preliminares de un tratado que sea el de paz, la obra de fraternidad y el iris deseado de nuestras discordias. Bien pronto va a ver V. E., — agregaba aquella comunicación —, que Buenos Aires merece justamente el título de recomendable; que sabe apreciar los sentimientos de los demás pueblos hermanos, y que le caracterizan no menos la buena fe que la más acendrada sinceridad. V. E. crea que sus votos son hoy los de la fraternidad y armonía, y que si ella pudiera correr en sus obras a la par de sus deseos, hoy mismo quedaría para siempre sepultada la horrible discordia y afirmado por todas las provincias el estandarte de la unión». (Nota publicada en el N° 159 de la «Gaceta de Buenos Aires» del miércoles 9 de febrero de 1820).

Artigas trasladado a las Misiones, donde se sostenía su hijo adoptivo Andresito, se puso en contacto con el gobernador de Corrientes y empezó a poner en ejecución sus planes consistentes en dominar las dos provincias de la Mesopotamia Argentina, para desde ella abrir la campaña libertadora de la Banda Oriental.

Pero Francisco Ramírez, vencedor en Cepeda e imponiendo el Tratado del Pilar a los porteños, estaba dispuesto a sacudir la tutela de Artigas. Este último salió de Misiones para Corrientes, estableciendo su cuartel general en Curuzú-Cuatiá, desde donde pretendió dictar órdenes al gobernador entrerriano. Prosiguiendo su marcha, el Protector llega al Arroyo Grande, donde bate y destroza una división de Ramírez, y sin detenerse un instante se lanza sobre el pueblo del Arroyo de la China que encuentra indefenso y abandonado.

Tan grave situación aceleraron el regreso de Ramírez a Entre Ríos después de su entrada en Buenos Aires. El 13 de junio de 1820, en Las Guachas, costa del Gualeguay, el caudillo entrerriano con un millar de hombres es batido por Artigas que manda 1800, aunque este sufrió importantes pérdidas.

El día 24 del mismo mes, el general Ramírez con 1000 hombres y 4 cañones, atrincherado en Las Tunas, proximidades de La Bajada, es atacado por Artigas a la cabeza de 1300 guerrilleros: a las 8 de la mañana empezaron las escaramuzas y a la 1 de la tarde estaba empeñado el combate en el que fué vencido el Protector, flanqueada su caballería y perseguida hasta las siete de la noche en una distancia de 35 kilómetros.

El 17 de julio el jefe entrerriano derrota al coronel artiguista José López Chico en Sauce de Lema, costa del Gualeguay, mientras cubría la retirada de su comandante en jefe, disponiendo López apenas de 200 hombres, con los que se ve obligado a retirarse remontando el Paraná. El día 22 del mismo mes, Ramírez vencía en las puntas del Yuquerí, una fuerza artiguista de 300 hombres mandados por el indio Perú Cutí.

El 23, en Mocoretá, la retaguardia artiguista al mando de Matías Abecú, fué derrotada por Ramírez y puesta en dispersión dejando 20 muertos, 20 prisioneros, 3 carretas y ganado. Al día siguiente, en Abalos, los entrerrianos vuelven a dar alcance a sus enemigos, que son derrotados y entre los prisioneros tomados se contó al fraile Monterroso, secretario de Artigas.

El campamento de Abalos quedó todo en poder del vencedor, dirigiéndose entonces Ramírez a la Esquina, a donde había hecho subir su escuadrilla, llevando embarcada su infantería, disponiendo que el Jefe oriental fuera activamente perseguido.

El 29 de julio el indio Siti se sometió a Ramírez, quedando las Misiones agregadas como departamento de Entre Ríos; pero Artigas, sin darse aún por vencido, procuró reaccionar y se dirigió a las Misiones con el ánimo de someter a Siti, pero este se sostuvo al frente de 600 misioneros en un reducto artillado con 4 piezas, en el punto denominado Cambay.

El Protector inició las operaciones de sitio para reducir a su adversario, y estaba ocupado en esta tarea, cuando el 20 de septiembre de aquel año, cayó sorpresivamente el comandante entrerriano Lucas Piriz, que lo derrotó completamente y lo persiguió hasta Candelaria, hasta que el día 23 del mismo mes, reducido a la impotencia, penetró Artigas en el Paraguay con unos 40 hombres, a pedir hospitalidad al Dictador Francia. Este se la concedió y envió un escuadrón para escoltar a los emigrados hasta la Capital, después de deponer las armas.

El mandatario paraguayo hospedó a Artigas por tres meses en el Convento de las Mercedes. Poco después, el último contestaba al visitante que diariamente enviaba a preguntar por él el doctor Francia: «¿Cómo quiere que me vaya? . . . soldado entre frailes«.

Entonces el Dictador lo pasó a otra estancia en Curuguatay, villa San Isidro, distante de la Asunción: se le dio casa para habitar, 30 pesos de pensión para sus necesidades y Francia le proveyó alguna ropa para uso, y anualmente le pasaba un vestuario. Su fiel Ansina actuaba de asistente.

Artigas, no obstante sus 60 años, se dedicó a labrar el campo, buscando en aquella ruda ocupación una distracción para su espíritu. Los pobres del lugar tuvieron en él un amigo que compartió con ellos el sueldo que recibía y que distribuía a los más indigentes, razón por la cual el Gobierno se lo retiró, quedando reducido a la miseria.

En 1836, habiendo entrado Francia en hostilidad con la provincia de Corrientes, quizo utilizar los servicios de Artigas destinándolo a uno de los pueblos misioneros con encargo de arreglar y disciplinar los indios capaces de hacer el servicio en campaña.

Al fallecer el Dictador, Artigas fué puesto un mes en prisión, ignorándose la causa. Transcurrido el plazo indicado, fué puesto en libertad y continuó viviendo en la mayor indigencia.

En 1845, el Presidente Carlos Antonio López lo trasladó a una chacra inmediata a la Asunción, donde los hijos de aquel mandatario le dispensaban sus ciudados, visitando al anciano emigrado, el cónsul del Brasil Pimenta Bueno que vivía muy cerca, y otras personas, que dulcificaron su vida.

Derqui en 1845 y el general Paz en 1846, visitaron al casi nonagenagenario luchador que aunque agobiado por los años, conservaba lúcidas todas sus facultades. El 15 de mayo de aquel año, el Gobierno de la Defensa de Montevideo reconoció la independencia del Paraguay, lo que influyó para que mejorara el trato dado a Artigas por el Presidente López.

Anteriormente el Presidente Rivera había tratado el regreso del primero a su patria y la prensa de Montevideo apoyó calurosamente la idea; y el coronel Fortunato Silva, con el comandante Albín fueron encargados de su traslado, pero los acontecimientos políticos de entonces impidieron cumplimentar el propósito.

En 1846, cuando la expedición anglo-francesa llegó a Asunción, viajó en el «FULTON» un hijo de Artigas, con el doble propósito de ver a su padre y traerlo a su país, aprovechando la generosa oferta del comandante del mencionado buque inglés; pero el viajero guerrero que vivía de la caridad del Presidente López, y contando por único asistente con el leal Ansina, padecía de una erupción y montaba diariamente a caballo para ir a tomar su baño, conservaba como una reliquia el ejemplar de la Constitución de 1830 que le había regalado Bompland.

Al oir la proposición, dijo a su hijo: «Quisiera volver a nuestro país, verlo antes de cerrar los ojos para siempre; pero me siento sin fuerzas para hacerlo; y además, yo no debo salir de aquí «sin ser llamado por el Gobierno y conducido como corresponde a mis antecedentes y al honor del pueblo Oriental».

A instancias de su hijo condescendió en pasar a Corrientes, cuyo gobierno estaba dispuesto a brindarle hospitalidad, que impidieron acontecimientos posteriores.

El 23 de septiembre de 1850 falleció a la edad de 86 años, asistido en sus últimos momentos por Ansina, a pesar que éste le aventajaba en 4 años la edad. Su entierro fué efectuado por orden de López, en la mejor forma posible; siendo sus restos depositados en el tercer sepulcro de la línea Nº. 26, del Cementerio General de la Recoleta, habiendo echado el responso de práctica el sacerdote Cornelio Contreras, que fué el mismo que extendió el 21 de septiembre de 1855 el certificado de exhumación, cuando el Dr. Estanislao de la Vega, decano del Tribunal de Justicia, recibió en nombre del Gobierno Oriental los restos de Artigas, embarcándolos en aquella fecha en el vapor nacional «URUGUAY», que llegó a Montevideo el día 25 del mismo mes y año.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografía de Marco M. de Avellaneda

Biografía de Marco M. de  Avellaneda

Nació en la ciudad de Catamarca el 18 de junio de 1813, siendo sus padres don Juan Nicolás de Avellaneda y Tula, y doña Salomé González. De pocos años pasó a la ciudad de Tucumán, volviendo después a la de Catamarca a estudiar latín bajo la dirección de un distinguido profesor eclesiástico que se complacía en reputarle el más aventajado de sus discípulos, pues a la edad de 9 años, le eran conocidos ya los clásicos latinos, que traducía con notable facilidad.

Demostrando una inteligencia precoz y dotes especiales por el estudio, Avellaneda fue comprendido en el grupo de jóvenes que por disposición del Presidente Rivadavia y costeados por el Estado, vinieron a estudiar a la Capital. Cursó en las aulas del Colegio de Ciencias Morales ingresando después en la Facultad de Derecho, en la que se graduó de abogado en 1834.

marco de avellanedaFueron sus compañeros de colación: Lusebio Agüero, Gregorio Alagón, Francisco S. Antuña, Juan María Gutiérrez, Manuel Mansilla, Olegario Morón, Marcos Paz, José María Reybaud, Juan M. Thompson y Estanislao Vega. Fue su padrino de colación, el Dr. Mauricio Herrera, habiendo tenido lugar el acto el 5 de mayo de 1834.

Dotado de palabra fácil y persuasiva, a medida que enriquecía su espíritu en los libros, Avellaneda se hacía notar por su singular elocuencia excitando el entusiasmo y la admiración de sus condiscípulos que le llamaban «Marco Tulio Cicerón». Empezó por escribir en algunos periódicos en 1833, durante el gobierno del general Juan Ramón Balcarce; fue co-redactor de «El Amigo del País», diario opositor a Rosas.

Algún tiempo después, la influencia del Dictador arrastraba a las cárceles y pontones mucha juventud distinguida: advertido, el joven Avellaneda resolvió regresar a Tucumán. Por su talento e ilustración estaba destinado a ocupar los más altos puestos compatibles con su profesión: fue presidente del Tribunal de Justicia y Presidente de la Legislatura.

Pero su espíritu elevado y generoso no podía permanecer indiferente a los males que azotaban a la Patria, desangrada y oprimida por la dictadura y los caudillos.

Realiza activa propaganda política contra el caudillo local general Alejandro Heredia, el que trata de reprimir la propaganda de Avellaneda; pero el pueblo se subleva; Heredia sale de la Capital y marcha a Lules y en el camino es asesinado por el comandante Gabino Robles, el 12 de noviembre de 1838. Este asesinato fue la señal para que las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy se sublevasen contra Rosas, al que retiraron la representación exterior del país.

En el mismo año tres gobernadores se suceden en Tucumán. El 7 de abril de 1840 ocupa la silla de gobierno don Pedro Garmendia, el cual designa a Avellaneda su ministro general, el que se multiplica en su propaganda como tribuno, como periodista, como hombre de Estado. Consiguió que la provincias de Catamarca, La Rioja y Córdoba formaran parte de la Coalición del Norte, aliadas a las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy. Al ocupar el general Lamadrid el gobierno de Tucumán, Avellaneda continuó desempeñando el ministerio general.

El 21 de agosto de 1840 se inauguró el Congreso de agentes con gran solemnidad, haciendo el pueblo demostraciones de júbilo que nos dejó satisfacción completa, dice el agente de Salta, don Juan Antonio Moldes, en su carta a su gobernador. La primera cuestión que decide el Congreso es afirmar su carácter constituyente, no obstante que no debió tener otro fin que formalizar el pacto de alianza: el 24 de septiembre suscribía este último, en el cual se resolvió nombrar al general Tomás Brizuela general en jefe de las fuerzas militares de la Coalición, elección muy poco acertada, por ser este un soldadote incapaz de imprimir ninguna actividad a las operaciones.

Avellaneda se hace militar: se pone al frente de las milicias tucumanas y contiene a Ibarra que pretendía invadir la provincia de Tucumán. El 23 de mayo de 1841, al salir el general Lamadrid a campaña, Avellaneda quedó a cargo del gobierno de la provincia, contribuyendo poderosamente con su activa gestión a la formación del pequeño ejército con el cual el general Lavalle dio a Oribe la batalla de Famaillá o Monte Grande, el 19 de septiembre de 1841, a la que asistió el doctor Avellaneda.

Después de la derrota, salió del campo de batalla acompañado por dos sirvientes, en dirección a la estancia del Raco, en la provincia de Tucumán, con el objeto de tomar caballos para seguir viaje a Bolivia.

Antes de llegar a aquel punto, se le incorporaron los coroneles Aquino, Hornos y Vilela, con algunos soldados, los dos primeros con la intención de alcanzar al general Lavalle. Al llegar a San Javier, supo Avellaneda que estaba allí el general Lavalle y entonces ordenó a uno de sus sirvientes que hacía de baqueano que cambiase de camino por no encontrarse con él y, en el mismo momento de haber efectuado esto, se le separaron Aquino y Hornos con todos sus soldados y Avellaneda prosiguió su marcha a Raco, donde renovó sus caballos, prosiguiendo su marcha para Jujuy por la Pampa Grande.

A 2 ó 3 leguas más al N. de este punto, el 26 de septiembre se encontró con el capitán Gregorio Sandoval, de la escolta de Lavalle, el cual lo tomó preso, conjuntamente con Vilela y algunos oficiales más, el cual los entregó a Oribe: éste ordenó al coronel Mariano Maza formase consejo de guerra a Avellaneda, el cual lo condenó a muerte, siendo ejecutado en Metan, el 3 de octubre de 1841 y su cabeza cortada y expuesta en la plaza de Tucumán, clavada en una lanza: a los 15 días, doña Fortunata García logró que el coronel Carballo, jefe de la plaza, le entregase la cabeza del mártir, a la que dio piadosa sepultura, después de lavarla y perfumarla con sumo cuidado.

Cuarenta años después se levantaba en el Cementerio de la Recoleta el monumento a su memoria, en el cual el procer está representado de cuerpo entero.

Biografía de Miguel de Azcuenaga Militar de la Primera Junta de Mayo

Biografía de Miguel de Azcuénaga

Nació en Buenos Aires el 4 de junio de 1754, siendo sus padres don Vicente de Azcuénaga y doña Rosa de Basabilbaso, el primero español y la segunda porteña y ambos de posición social y riqueza. Enviado a España en su más tierna edad, inició sus estudios en Málaga y los prosiguió en la Universidad de Sevilla, regresando después de 10 años a su ciudad natal.

Al año siguiente regresó a España encargado de una negociación que manejó con destreza y completamente del agrado de sus progenitores. El 6 de agosto de 1773 iniciaba su carrera militar, siendo dado de alta como subteniente de artillería, prestando servicios en la guarnición de Buenos Aires.

Cesó en sus funciones bélicas en 1777 después de la rendición de la Colonia del Sacramento, año en que fue nombrado Regidor del Cabildo de Buenos Aires, cargo que ejerció a satisfacción de sus ancianos colegas.

En 1781 encontrábase España en guerra con Inglaterra, y por esta causa se temía en Buenos Aires un desembarco de tropas británicas, razón por la cual se establecieron varias baterías entre las cuales una de 4 cañones de 24, que se puso al mando de Azcuénaga, cesando este servicio al firmarse la paz entre la Península y la Gran Bretaña.

En aquella época el Cabildo le nombró alférez real y en 1789 alcalde de segundo voto. Desde 1790 hasta 1794 fue procurador síndico general, actuando en este cargo eficazmente en pro del progreso edilicio de la capital del virreynato.

Emprendió la obra del empedrado de la ciudad, llegando a lograr el empedrado de 36 cuadras de Buenos Aires, obteniendo para tal efecto una contribución de 8000 pesos, del virrey Arredondo, mediante el aporte del vecindario a razón de medio real por vara lineal de frente.

La piedra empleada fue conducida de Martín García y de la Banda Oriental. En 1795 enviaba al virrey don Pedro Melo y Portugal, una nota en la que expresaba: «Animado de la manifiesta dedicación con que V. E. entre «otros benéficos asuntos cuida del adelantamiento de la gran obra del empedrado de esta capital, tan importante a la salud y conveniencia pública, «he creído accesible la gracia de que V. E. se digne destinar una o dos corridas de toros en favor de mi encargo de tesorero del empedrado» . Tal demanda fue acordada, y Azcuénaga después de abonar el empedrado de las 36 cuadras, devolvió la suma de 4600 pesos de la cantidad recibida.

El virrey Melo, el 2 de noviembre de 1796 le otorgó el mando de las milicias disciplinadas de Buenos Aires, con el empleo de teniente coronel, desempeñando este puesto hasta la paz de 1802 y en el intervalo, el Rey le discernió el grado de coronel, con fecha 15 de agosto de 1801.

Tanto en el desempeño de su cargo de procurador síndico general, como en este mando militar, el coronel Azcuénaga dio muestras acabadas de su desprendimiento y noble patriotismo: durante la larga tarea del empedrado de la ciudad, donó 500 cabezas de ganado vacuno para el consumo de los que trabajaban en las canteras de piedra de la isla de Martín García y mientras desempeñó la jefatura de las milicias de infantería de la capital, dejó a beneficio del Regimiento todos sus sueldos que importaban más de 12.000 pesos plata.

El 24 de marzo de 1802 fue nombrado coronel comandante del Batallón Voluntarios de Infantería Buenos Aires. Cuando el ataque a la ciudad por las fuerzas británicas del general Beresford, en 1806, el coronel Azcuénaga a la cabeza de 400 voluntarios urbanos, se mantuvo por espacio de 20 horas defendiendo el puente de Gálvez. En la acción reveló coraje, decisión y energía y tuvo la hidalguía después del efímero triunfo de Berresford, de excusarse de prestar juramento de fidelidad al general británico. En 1807 participó en la defensa de Buenos Aires contra las tropas de Whitelocke.

En la sociedad de Buenos Aires, Azcuénaga fue un elemento ponderado y prestigioso. Al producirse la «Representación…» de Mariano Moreno, en demanda del libre comercio, el tema fue debatido por una junta designada al efecto por el virrey Cisneros y constituida por «magistrados celosos, jefes inteligentes, vecinos de recomendada probidad» y totalizada por 24 personas, entre las cuales se contaba el coronel Azcuénaga. Dicha Junta aconsejó al Virrey la reglamentación del comercio libre, lo que fue decretado, aunque desechando una buena parte del articulado propuesto por Moreno .

En la época inmediatamente anterior al movimiento de mayo, Azcuénaga se distinguió por su decisión por la causa de la libertad, revelándose patriota y en su casa, frente a la Plaza de la Victoria, tanto como la de Rodríguez Peña, tan recordada por los historiadores, fue uno de los focos activos de la propaganda revolucionaria y posiblemente, del viejo salón de reuniones de la casa de Azcuénaga, partiera Beruti con la lista inmortal de los miembros de la Primera Junta Gubernamental de las Provincias Unidas del Río de la Plata, designada por voluntad popular.

Miembro del Cabildo abierto del 22 de aquel mes glorioso, su voto es uno de los pocos que contienen una fórmula tan importante como la de proponer la covocación inmediata de las provincias para resolver sobre el porvenir del país y la formación de un nuevo gobierno, y que en el intervalo asumiera la dirección el Cabildo. Azcuénaga era uno de los miembros de aquella asamblea popular que mejor comprendía el problema del país y los medios más convenientes para resolverlo.

El pueblo votó su nombre para formar parte de la Junta de gobierno que presidió don Cornelio Saavedra. En su casa se mantuvieron constantemente reunidos los miembros de la Junta de los Siete o del Club Patriota y allí se acordó la representación del pueblo dirigida al Cabildo y que French, Beruti, Chiclana y otros caudillos del barrio hicieron firmar en la noche del 24 al 25, recorriendo los domicilios de los vecinos principales.

Su actuación en la Primera Junta parece que estuvo en concordancia con el pensamiento y acción de Mariano Moreno, siendo uno de los trágicos episodios del mismo, el fusilamiento de Liniers y de los demás conjurados de Córdoba, en Cabeza del Tigre, en agosto de 1810. No obstante esto, en muchos otros puntos se mostró Azcuénaga mucho más conciliador que Moreno.

La vigorosa personalidad de aquél se puso en relieve en el fundamento de su voto en el dramatice pleito de la incorporación de los diputados del interior a la junta gubernativa . A su juicio, la medida contrariaba el derecho y daría ocasión a terribles males, pero podían más en su ánimo las solicitaciones de la armonía nacional. Había que sacrificarse «en obsequio de la unidad y de la política», si la actitud intransigente de Moreno era la de un profeta, el espíritu conciliador de Azcuénaga revelaba la discreción de un estadista práctico.

Proelucida la incorporación de los diputados, Mariano Moreno renuncia al cargo y entonces se encarga de una misión diplomática, en cuyo desempt ño muere en el mar, en viaje a Inglaterra. En el voto por la incorporación de ios diputados, Azcuénaga estuvo en disidencia con Moreno en homenaje a la unidad del país, pero desaparecido este último de la escena, Azcuénaga en todos sus actos ulteriores reveló seguir la tendencia del patriota desaparecido .

A raíz de aquel suceso, la Junta alejó a Azcuénaga de la capital, enviándolo a la campaña de la provincia de Buenos Aires como vocal-comisionado para reclutar tropas y comprar armas y caballos. Desempeñó su comisión en el Norte y llegó hasta el Rosario. Dueño Azcuénaga de cuantiosa fortuna, hizo desembolsos en compras de armas, sin reintegrarse de esas sumas que dejó a favor del Estado.

La Sociedad patriótica, donde podría decirse que se había refugiado el espíritu de Mariano Moreno, era el centro de oposición a la Junta. Ello motivó el golpe de Estado del 5 al 6 de abril de 1811, en el cual el Gobierno apoyándose en las fuerzas militares y en una parte del pueblo reunido por el alcalde de las quintas, decretó una serie de medidas dictatoriales destinadas a cruzar la política opositora de la Sociedad Patriótica y a consolidar su propia autoridad.

El  12 de Enero de 1812 el  Triunvirato lo  designa como  Gobernador-Intendente de Buenos Aires, en 1816 a ocupar la jefatura del Estado Mayor General y, en 1817, la presidencia de la Comisión de Guerra. En 1828 el gobernador Dorrego lo nombró conjuntamente con el almirante Guillermo Brown y el general Tomás Guido para practicar el canje de las ratificaciones de la convención de paz celebrada con el imperio del Brasil y para dar cumplimiento a tal decreto, debió trasladarse a Montevideo, siendo ya un anciano venerable.

El 19 de diciembre de 1833, cuando le faltaban pocos meses para cumplir los 80 años, fallecía en su quinta de Olivos, que fue la base de la actual residencia presidencial, siendo miembro de la Cámara de Representantes de Buenos Aires. Nada tan justo como el juicio de sus contemporáneos al llamarle «buen ciudadano, militar honrado, hombre compasivo y benéfico, amigo de sus hijos, padre de los desvalidos y ejemplo recomendable de todas las virtudes civicas y dmoesticas»

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografía de Berón de Astrada Genaro Historia de Corrientes

Biografía de Berón de Astrada

Nació en la provincia de Corrientes a fines del siglo XVIII. Inició su carrera militar en 1826, sentando plaza como subteniente de artillería y ascendiendo gradualmente hasta ostentar en 183 7 la jerarquía de teniente coronel de Granaderos a Caballo de las milicias correntinas. No había participado en ninguna campaña fuera de la provincia con excepción de la de Entre Ríos, en 1831 careciendo, por lo tanto, de la escuela que da la práctica de la guerra, mereciendo, sin embargo, las simpatías de la tropa veterana por su dedicación asidua al servicio, y la del pueblo, por sus condiciones morales y por su vinculación de familia y sólidas amistades.

Baron de Astrada General Correntino

Estaba en íntimo contacto con la clase más distinguida de Corrientes, siendo Berón de Astrada, Ferré, Madariaga y Tiburcio Rolón, los únicos representantes de aquella en la milicia correntina.

A pesar de la medianía de Berón de Astrada, no había en su provincia uno mejor para substituir al gobernador coronel Ramón de Atienza, fallecido a fines de 1837, en el departamento de Curuzú-Cuatiá. Ferré se había atraído el rencor de Rosas, lo que eliminaba aquella candidatura.

Berón de Astrada desempeñaba en aquellos momentos la comandancia general de las fuerzas que guarnecían la frontera del río Uruguay. La Sala de Representantes lo designó interinamente el 14 de diciembre de 1837 y el Congreso general ratificó su nombramiento el 15 de enero de 1838 para completar el período de Atienza, ascendiéndolo al mismo tiempo al rango de coronel.

Con esta designación triunfaron los desafectos a Atienza: Berón de Astrada no era un hombre capacitado para el manejo de los negocios públicos; carecía de talento y su instrucción no excedía a la de la generalidad de las personas cultas. Profesaba las ideas del general Ferré, siendo su amigo íntimo. Berón de Astrada prestó su conformidad a los actos de Rosas, en la cuestión de Francia, y a la protección armada que dio a Oribe, «en razón, explicó después en su manifiesto del 28 de febrero de 1839, de «que no podía dejar de contemporizar con él por el estado de la Provin-«cia, y de negarse a la condescendencia, se aventuraba a hacerle sufrir todo «el peso de una guerra desastrosa».

El gobernador de Santa Fe, don Domingo Cullen, despachó cerca de Berón de Astrada a don Manuel Leiva, ex-ministro de Ferré. La sola marcha de Leiva intranquilizó a Echagüe, gobernador de Entre Ríos, pues eran conocidas las ideas del personaje; fue pública su estrecha amistad con los políticos correntinos y su intimidad con Cullen. Leiva iba a tratar de obtener la alianza de las dos provincias, a fin de propender a un cambio depolítica o de situación, en la de Entre Ríos, para que las tres, y la de Córdoba, cuya adhesión se pensaba conseguir, impusieran a Rosas otra orientación en los asuntos públicos o resistieran su dictadura.

Leiva fue recibido lo mejor posible para el desempeño de su cometido, pero la correspondencia que cambió Berón de Astrada con Cullen fue interceptada por Echagüe, que se apresuró a enviársela a Rosas, como prueba de la traba que se preparaba. En Corrientes la negociación se había tratado con impenetrable secreto.

Cullen fue obligado a huir. Pero en aquellos meses el general Rivera logró derrotar a Oribe y asumió la dirección política de la República Oriental.

Entretanto, el Dictador autorizó al gobernador de Entre Ríos para que invadiera la provincia de Corrientes para castigar a Berón de Astrada por su traición. Echagüe trató de emplear la intriga en Corrientes, especialmente entre los jefes, sobre todo con el general Ferré y el coronel Vicente Ramírez, pero no logró su objeto. Empleó Echagüe medios agresivos contra Berón de Astrada, tales como detención de correos, colocación de fuerzas sobre el Guayquiraró y el Mocoretá y se utilizaron intimaciones atrevidas.

Berón de Astrada resolvió obrar con energía y en ello radica su gloria: triunfó la solución guerrera. Reunió en su campamento de Abalos las tropas veteranas y de milicias que constituyeron el primer Ejército Libertador y en el cual se encontraba el guerrero de la independencia coronel Manuel Olazábal, quien dirigió todo lo relativo a organización y disciplina, siendo notable la escasez de oficiales con alguna instrucción y el armamento poco y no nuevo. Olazábal también fue comisionado para tratar una alianza con Rivera, en Diciembre de 1838, y el 31 del mismo mes firmó en Montevideo un tratado por el cual Berón de Astrada pondría 5000 hombres y el presidente oriental 2000.

El 22 de enero de 1839 el congreso correntino acordó al gobernador las facultades solicitadas y un crédito de 50.000 pesos fuertes para la guerra contra Rosas. El 31 de diciembre anterior, Berón de Astrada había asumido el mando del ejército concentrado en Abalos, fuerte de 5000 hombres, de los cuales sólo 400 eran infantes y poco más de 50 artilleros, mandados por el coronel Tiburcio Rolón, «el tipo más distinguido de «todo el ejército, —según Mantilla—, por su hermosura, su gallardía, su «educación y su fortuna». La caballería la mandaba el coronel Olazábal.

El 4 de marzo levantó su campamento de Abalos, permaneciendo algunos días en el Chañar y a fines de Marzo avanzó hasta el Mocoretá, sin salir de la jurisdicción de Corrientes, porque Echagüe se había aproximado a la frontera. Según el plan acordado con Rivera, las tropas orientales y co-rrentinas debian operar simultáneamente para estrechar a Echagüe y ponerse a cubierto de un contraste.

La situación del ejército correntino lo habilitaba para las operaciones en todo momento, no así la del oriental, que debía aproximarse a la costa del Uruguay y vadearlo para penetrar en Entre Ríos. Berón pidió insistentemente a su aliado que se pusiera en la aptitud acordada en el tratado, mientras él avanzó hasta la frontera de Entre Rios.

El 30 de marzo acampó Echagüe en el arroyo Basualdo, a pocas leguas del enemigo. Berón de Astrada se mantuvo quieto en la esperanza de que Rivera cumpliría sus compromisos, llamando la atención de los federales por la retaguardia, con unos 1500 jinetes, pero el aliado no dio señales de vida.

Echagüe, amenazado de hallarse entre dos fuegos, aprovechó la inacción de Rivera y se lanzó sobre Berón de Astrada, el 31 de marzo. Su ejército sumaba 6000 hombres y se movió del arroyo Basualdo en tres columnas paralelas, mandando la derecha Urquiza, la del centro Servando Gómez y el propio Echagüe la de la izquierda. A poco de marchar, tropezó con las avanzadas correntinas que se replegaron sobre el grueso del ejército con precipitación y en desorden. Echagüe las siguió con marcha acelerada y a las 3 leguas enfrentó al ejército de Berón de Astrada, formado en línea de batalla en el distrito de Pago Largo.

Echagüe detúvose a prudente distancia para tomar el orden de combate en la misma distribución que habían avanzado. Los correntinos impacientes, no esperaron el ataque y tomaron la iniciativa con brío, cuidando de mantener la cohesión. Tropas nuevas como eran, fiaban más en el entusiasmo y el valor del que se sentían animadas, que en el poder de la disciplina.

Su empuje fué detenido durante algunos minutos se batieron ambos bandos con igual empeño, dominando sin embargo, con sus fuegos el centro libertador, formado por los granaderos a caballo, la infantería y la artillería y en el cual se hallaba Berón de. Astrada. La cobardía de un jefe que abandonó su puesto, según unos; la superioridad militar de Urquiza, según otros; y el orden de sus tropas, produjo la derrota de la izquierda correntina, a la que luego siguió la derecha. Sin embargo, el centro permaneció sin conmoverse, peleando con imperturbable energía contra todo el ejército federal, y sucumbió, muertos o prisioneros sus defensores, después de una valerosa resistencia. Berón de Astrada fue muerto en el combate, a lanza, y Tiburcio Rolón degollado en el acto de caer prisionero.

Sobre el campo de batalla perecieron 1900 correntinos y otros 800 fueron degollados después de haber caído prisioneros. Del cadáver de Berón de Astrada se sacó una lonja para manea, al uso de los indios salvajes en sus guerras, y asevera la tradición, que confeccionada la manea fué regalada al general Urquiza. Muchos la vieron y afirman que su dueño la conservó como un recuerdo glorioso de aquel espantoso día de barbarie y sin igual carnicería.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografía de Beruti Antonio El Patriota de la Escarapela

Biografía de Beruti Antonio Luis
Patriota de la Revolución de Mayo de 1810

Nació en Buenos Aires el 2 de septiembre de MI2, siendo sus padres don Pablo Manuel Beruti, natural de Cádiz; y doña María González de Al-derete, nobles españoles avecindados en Buenos Aires, desde 1754, que gozaban de gran consideración social. Bajo la administración del virrey Aviles, el joven Antonio Luis desempeñó con laborioso empeño y sin compensación alguna, varios cargos delicados que evidenciaron su honradez y laboriosidad ; después pasó a España para completar sus conocimientos; y, al regreso a su ciudad natal, encontró a sus conciudadanos que festejaban el triunfo de la Reconquista. Beruti abrazó enseguida la causa de los «criollos» que estaban disgustados con la actitud cobarde de las autoridades metropolitaras.

Esto sucedía en 1809. Miembro del Comité secreto que se reunía en la casa de don Nicolás Rodríguez Peña, revelo en todas las conterencias a que asistió, su decidida e irrevocable idea de que esa independencia se llevara a cabo con esfuerzos y recursos propios . Es conocidísima su activa y brillante actuación en los inolvidables días de mayo de 1810, en que proclamaba a la muchedumbre «lleno de petulancia y animado por una chispa del fuego sagrado que iluminaba su fisonomía y calentaba su palabra».

beruti antonio luis coronel

En el Congreso que se constituyó en aquellos días, votó el 22 de mayo, por la deposición del virrey Cisneros. El nombramiento de la Junta gubernativa realizado en la noche del 23, constituyó una verdadera intriga, en la que aparentemente se trató de satisfacer las demandas del pueblo, el cuál quería ver totalmente anulada la autoridad de Cisneros, observando, en cambio, que el partido español había hecho pesar su influencia en el espíritu de los cabildantes, a los que acusaba de haberse extralimitado en sus funciones.

Este motivo decidió el movimiento popular en el seno del Comité Secreto, y Beruti que había contribuido con su palabra fogosa y entusiasta a hacer germinar todas estas ideas en todos los círculos sociales, apostábase el día 25 en la plaza de la Victoria, frente a un selecto concurso de patriotas reunidos por él con el deliberado propósito de hacer respetar la voluntad popular expresada el día 22 .

Fue allí, que aceptando la idea de French, distribuyó entre los patriotas enardecidos por sus vibrantes discursos, las escarapelas azul y blanca que habían confeccionado y cuya primera ostentó Beruti en su vestimenta. Fue él que por una inspiración del momento, propuso e impuso en esa misma fecha, con la cooperación del patriota Martín Rodríguez, la lista de los componentes del primer gobierno patrio que tuvo la República Argentina y que constituyó la Primera Junta. Beruti realizó una de las aspiraciones populares de aquel momento.

Según el historiador Mitre y el testimonio de don Tomás Guido, testigo presencial, fue de exclusiva inspiración de Beruti la composición nominal de nuestra Primera Junta de gobierno. La hizo considerando los propósitos del movimiento emancipador y los deseos del pueblo que ya no se contentaba con la deposición del Virrey.

El 27 de junio de 1810 era nombrado teniente coronel del Regimiento América, creado por la junta. Después de estos períodos iniciales de la emancipación política argentina, Beruti ya no brilla en la escena pública, hasta el momento en que empezaron a manifestarse las divisiones entre los miembros de la Junta poco después, como uno de los fundadores de la célebre sociedad patriótica compuesta por jóvenes distinguidos, la cual no era sino un club, siendo su punto de reunión el Café Marcos, establecido con el fin de extender la instrucción y otros fines literarios.

En esta Sociedad figuraban muchos decididos partidarios de Moreno y más que todo, de las intrigas del partido de D. Cornelio Saavedra, Presidente de la Junta, que a toda costa quería recuperar el terreno perdido por la entrada de los nuevos vocales en el Gobierno. Esta circunstancia hizo mirar con desconfianza las reuniones del café Marcos, pues se supo que algunos miembros de la junta se encontraban complicados en los trabajos tendientes a verificar el movimiento subversivo que premeditaba el partido Saavedrista, con el objeto de conquistar para su exclusivo provecho la dirección de los negocios públicos.

Esto motivó el motín del 5 y 6 de abril de 1811, que produjo el alejamiento de la Capital de los vocales Azcuénaga, Vieytes, Peña y los miembros más conspicuos de la Sociedad Patriótica: Beruti, French, Donado, Posadas, etc. Un mes después Beruti regresaba a la Capital, respondiendo a una orden del Gobierno que disponía se le restituyera a su domicilio, por no encontrarse razón suficiente para mantener la medida de destierro decretada.

El 19 de enero de 1812 se le nombraba teniente coronel del Regimiento N9. 3 y el 18 de noviembre del mismo año, Teniente gobernador interino de Santa Fé, dependiente de la Intendencia de Buenos Aires, que desempeñó hasta el 4 de junio de 1813, en que fue designado para desempeñar el mismo cargo en Tucumán, dependiente de la de Salta, ejerciéndolo hasta el 4 de marzo de 1814, en que fue designado teniente coronel del 1er. batallón del Regimiento Nº3.

El 9 de mayo del mismo año fue comandante del 2o. Tercio Guardia Nacional de infantería de Buenos Aires, y el 6 de agosto de aquel año fue graduado coronel y le fue encomendado el cuidado y vigilancia de los prisioneros de guerra, a cuyo efecto se le expidió el nombramiento de comisario general de prisioneros. Había desempeñado el Ministerio de la Guerra en dos ocasiones cuando fue nombrado el 30 de agosto de 1816 coronel efectivo y Sub inspector del Ejército de los Andes.

El 24 de enero de 1817, el general San Martín le confería el cargo de 29. Jefe del Estado Mayor, puesto con el cual tuvo distinguida actuación en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero siguiente, mereciendo una citación especial del comandante en jefe, por sus merecimientos en aquella gloriosa jornada. Poco después, a fines de marzo del mismo año, se retiró del Ejército de los Andes, regresando a Buenos Aires, donde permaneció sin puesto de importancia hasta que la lucha de los partidos políticos reavivó su antiguo entusiasmo, impulsándolo a afiliarse al Partido Unitario.

En el año 1841 como ministro del. general Lamadrid, asistió a la batalla del Rodeo del Medio (Mendoza), ganada por Pacheco el 24 de septiembre de aquel año y Beruti, derrotado, se ocultó. Descubierto por el general vencedor , éste le dispensó consideraciones especiales, no obstante lo cual el fogoso tribuno que era ya un anciano, no pudo dominar su abatimiento moral: asaltóle un delirio que alteró su razón y que fue el presagio de su muerte, ocurrida el 3 de octubre siguiente, esto es, diez días después de la derrota. Su cadáver fue eneerrado en Mendoza, sin que en su sepultura se colocase alguna señal distintiva, lo que hizo imposible a sus familiares encontrar sus restos ni perpetuar su memoria por medio de un monumento recordatorio.

Beruti obtuvo su reforma militar el 12 de febrero de 1823.

Había contado matrimonio con doña Mercedes Ortiz, una de las matronas que en Mendoza entregaron sus joyas en holocuasto a la patria.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

Biografía de Juan José Carrera Plan Para Derrotar a O’Higgins

Biografía del Brigadier Juan José Carrera

Nació en Santiago de Chile en 1782, siendo sus progenitores, don Ignacio de la Carrera, prestigioso Brigadier de los Reales Ejércitos; y doña Paula Verdugo Fernández de Valdivieso, perteneciente a una distinguida familia nativa, de noble alcurnia.

Dedicado a la carrera desde sus más tempranos años, Carrera ostentaba las presillas de sargento mayor cuando estalló la revolución emancipadora de su patria, alcanzando la jerarquía de brigadier en la asonada del 15 de noviembre de 1811. Apoyó a su hermano José Miguel en las diversas revueltas en que desquició el orden y arrojó al abismo la obra de los demás patriotas chilenos.

Cuando el 1º  de abril de 1811, el comandante Tomás de Figueroa intentó apoderarse del mando, mediante la revolución que encabezó en Santiago, Juan José Carrera en su calidad de sargento mayor del Regimiento de Granaderos, contribuyó poderosamente al restablecimiento del orden, y por sus merecimientos en esta emergencia, por decreto del 9 de aquel mes y año, la Junta Gubernativa de Chile le otorgó el ascenso a teniente coronel efectivo de caballería de línea y lo condecoró con un escudo con el lemas «Yo salvé la Patria», el que debía ser llevado en el brazo izquierdo.

Acompañó a su hermano, como queda dicho, en los dos levantamientos: en el del 4 de septiembre de 1811, en que se produjo el cambio de la Junta Gubernativa colocando personas que creían eran sus partidarios; y después, en el del 15 de noviembre del mismo año, por medio del cual derrocó a estas personas y se estableció en su lugar tomando la dirección suprema.

A raíz de este movimiento, el 11 de enero de 1812, Juan José Carrera debió salir de Santiago al frente de 300 Granaderos, 20 artilleros, ó piezas y 100 jinetes del Regimiento Miliciano de Melipilla, para reprimir la resistencia al nuevo gobierno presentada por los habitantes de Penco. Posteriormente pasó a formar parte de la Junta de Gobierno, en la que ya figuraba en abril de 1813.

En el curso de este año operó contra los españoles y en noviembre se hallaba en un lugar llamado Ñipe, distante de Chillan como 12 leguas, 4 al Sud de liara, con 600 fusileros, 18 cañones con 80 artilleros. El 9 de diciembre de 1813 un cambio en la situación política, hizo cesar a los hermanos Carrera en los mandos militares que se habían asignado. Acompañó a su hermano José Miguel en la tercera revuelta para alterar el orden, que tuvo lugar en Santiago el 23 de julio de 1814, ya pesar de esta adhesión y cooperación, este último en varios pasajes de su «Diario Militar» rebosa de la malquerencia que sentía por su hermano: «Juan José nunca pudo llevar «con paciencia verse mandado por mí, siendo menor que él.

Le acompañó en la campaña del Sur para contrarrestar la invasión realista conducida por el brigadier Antonio Pareja, campaña que terminó tan desastrosamente en Chillán y de regreso de Mendoza, después que el movimiento del 23 de julio de 1814 llevó al poder a su hermano José Miguel, se incorporó al ejército y asistió con O’Higgins al glorioso sitio y derrota de Rancagua.

Barros Arana, autoridad insospechable dice:

«Contaban los contemporáneos que desde que los patriotas se vieron encerrados en Rancagua, D. Juan José Carrera, que tenía el título de brigadier desde 1811, se acercó a O’Higgins y le dijo «Aunque yo soy general más antiguo, Vd. es el que manda». Esta versión está también consignada en los apuntes de D. Juan Thomas. Si esas palabras no son perfectamente exactas, el hecho sí lo es. D. Juan José Carrera que había perdido todo prestigio militar por su conducta en la campaña de 1813, en que nunca había hecho cosa alguna de provecho, ni se había dejado ver en ningún puesto de peligro, no hizo sentir tampoco su presencia en Rancagua, permaneciendo durante todo el combate dentro de la casa del cura, y sin presentarse una sola vez a los soldados» («Historia General de Chile», tomo IX, página 562).

El desastre de Rancagua lo arrojó como a los demás patriotas, de Chile a Mendoza, de donde pasó a Buenos Aires, pues en aquella Gobernación Intendencia la voluntad inflexible del futuro libertador de Chile no les había sido cómoda. Desde esta ciudad José Miguel pasó a los Estados Unidos, donde le fracasaron sus propósitos de armar buques y reclutar gente, para regresar a Buenos Aires, de donde marcharía a libertar a su país con el apoyo de sus compatriotas emigrados.

El fracaso de estos planes fue debido en parte a la intervención del Director Pueyrredón, que por indicación de San Martín, frustró en la medida de sus posibilidades la realización de aquellos. A su regreso a Buenos Aires, San Martín ya había logrado el triunfo de Chacabuco.

Los tres Carrera entraron en la conjuración encabezada por Agrelo, Pagóla y French, para derrocar a Pueyrredón, la que descubierta, dio con aquellos en prisiones: Juan José, en compañía de su hermano Luis fueron a parar a una cárcel en tierra mientras que José Miguel fue colocado en el bergantín «BELÉN», de donde fugó, yéndose a Montevideo.

Después de un tiempo, los dos primeros fueron puestos en libertad, convencido el Gobierno de que habrían desistido de sus empresas subversivas.

Bien pronto, en vez, idearon un atrevido plan para pasar a Chile, con «el fin de derrocar a O’Higgins del mando y ponerse en su lugar: Juan José y Luis Carrera debían atravesar las provincias argentinas y reunirse con otros partidarios que se irían concentrando desde diversos puntos de la emigración en la Hacienda de San Miguel, en uno de los valles de la Cordillera; donde esperarían a José Miguel, que arribaría a aquel puntos en una fragata norteamericana, con la que partiría desde Montevideo para dar cima a su empresa.

Luis Carrera,  partió de Buenos Aires el 10 de julio de 1817, disfrazado y con el nombre de Leandro Barra, pero tuvo la desgracia, por su falta de tacto, de caer en manos de la justicia de San Luis, que lo trasmitió a la de Mendoza, quedando por completo revelado el plan que iban a desarrollar los tres hermanos. Juan José, que ignoraba lo acontecido, salió a su vez de Buenos Aires el 8 de agosto, bajo el nombre supuesto de Narciso Méndez, disfrazado de peón, como acoro pañante del impresor chileno don Cosme Alvarez.

Hicieron sin novedad el viaje en las primeras etapas, pero al cubrir la travesía de Río IV a San Luis, pasando la posta de «San José», y habiéndose adelantado Alvarez alguna distancia, quedó muerto en el camino un postillón de 16 años que acompañaba a Juan José Carrera, sobre el que recayó las sospecha de un crimen que jamás pudo comprobarse.

En la posta de «La Barranquerita», este último y Alvarez fueron detenidos por un destacamento enviado por el gobernador de San Luis, prevenido desde Mendoza, y a la responsabilidad del crimen en el desierto se sumó el complot subversivo del cual ya tenía el gobierno de Mendoza pleno conocimiento.

En Mendoza los dos hermanos fueron sometidos a juicio, donde desde la cárcel prepaiaron un nuevo complot que tenía por objeto derrocar al gobernador Luzuriaga, reuniendo las milicias y movilizando los chilenos expatriados y prisioneros españoles, para formar una gran fuerza, con la cual pasarían a Chile a imponer respeto a San Martín y O’Higgons. El sargento y la guardia de la cárcel estaban complicados en el movimiento que debía estallar el 25 de febrero de 1818 por la noche, siendo descubierto en la tarde de este mismo día por uno de los complotados que delató la conspiración temeroso del resultado que podría acarrearle.

El fin de estos infortunados hermanos lo aceleró el triunfo de los españoles en Cancha Rayada, pues el Dr. Monteagudo que había atravesado los Andes con la desastrosa noticia de aquella sorpresa, se puso en contacto con Luzuriaga, al que estimuló en toda forma para acelerar la causa de los Carrera, pues al conocer el resultado de Cancha Rayada, se había producido una extraña agitación entre los emigrados chilenos y los prisioneros españoles.

El 7 de abril la causa estaba pronta a ser sentenciada habiendo solicitado el fiscal, comandante Manuel Corvalán, la última pena, no obstante lo cual Luzuriaga quiso escuchar la opinión de tres letrados, los que se expidieron confirmando la pena pedida por el fiscal, el 8 de abril, y la que se cumplimentó el mismo día a las 5 de la tarde en la Plaza Mayor de Mendoza.

En sus últimos instantes, Juan José Carrera se halló completamente abatido y protestando contra la sentencia cruel, a la inversa de su hermano Luis, que tuvo una firmeza singular hasta el extremo de darle ánimo a Juan José.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Biografía de Pedro Castelli Coronel de la Conjuracion de Maza a Rosas

Biografía del Coronel Pedro Castelli

Nació en Buenos Aires en 1801, siendo sus padres el Dr. Juan José Castelli y doña María Rosa Lynch. Inició su carrera militar como cadete de la 2.a compañía del 1er. escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, en cuyo carácter tomó parte en el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, donde recibió su bautismo de fuego. El 4 de diciembre del mismo año fue ascendido a teniente.

El 15 de febrero del año siguiente, nombrado capitán de la 1.a compañía del Batallón de Cazadores, concurre al sitio de Montevideo hasta la capitulación de la plaza, el 23 de junio de aquel ano, mereciendo la condecoración otorgada a los vencedores por el Supremo Gobierno. Tomó parte en la lucha contra Artigas en la Banda Oriental.

pedro castelli

De regreso, se hallaba acantonado en Olivos, cuando Alvarez Thomas, que mandaba aquellas fuerzas, recibió orden de marchar contra las montoneras en Santa Fe. Fue uno de los firmantes de la famosa Acta de Fontezuelas, por medio de la cual los jefes y oficiales de aquel ejército se rebelaron contra el Director Supremo Alvear, derrocándolo.

El 24 de septiembre de 1815 fue designado capitán de la 2a. compañía del 1er. escuadrón de Granaderos de Caballería del Supremo Gobierno. En noviembre de 1818 era capitán del Regimiento «Húsares de la Unión». Participó de Tas vicisitudes de los años 1818 a 1820, luchando contra las montoneras de Estanislao López y Francisco Ramírez, habiendo sido graduado sargento mayor el 14 de octubre de 1818 y recibiendo la efectividad de este empleo el 12 de enero de 1820, en el Regimiento 19 de Lanceros, cuerpo del cual obtuvo su licencia absoluta el 20 de abril del mismq año.

En 1823 se acogió a la ley de reforma con el empleo de sargento mayor de caballería. Fue uno de los jefes firmantes de la intimación del general Soler al Cabildo de Buenos Aires, hecha desde Lujan, el 11 de febrero de 1820.

Retirado del servicio militar, se dedicó a los trabajos rurales en el ramo ganadería, administrando cerca de 7 años la estancia «La Esperanza» (en el Divisadero de los Montes Grandes) de la casa Zimmermann y Cía., hasta que vendida a la razón social Sánchez y Cía., fue a regentearla don Martín Serna.

Castelli protegido por su amigo don Manuel Campos pudo adquirir la pequeña estancia que poseía en la remota sierra del Volcán, formando con su dedicación y trabajo, un capital propio; y esta circunstancia unida a las dotes de su carácter franco y generoso, a la par de sus méritos militares, le dieron ascendiente y popularidad entre los habitantes del S. de Buenos Aires.

Cuando en 1839 los hacendados del Sud resolvieron hacer un movimiento revolucionario para derrocar a Rosas, eligieron a Castelli como jefe militar. Este acto subversivo debió tener lugar en combinación con la conjuración Maza en Buenos Aires y cuando esta fracasó, los dirigentes del Sur de Buenos Aires instaron al general Lavalle para que se trasladase de la Isla de Martín García, a la costa sur de Buenos Aires y tocase tierra en la Laguna de los Padres, donde lo esperarían con una buena escolta.

Lavalle había resuelto cumplir este pedido, pero las insinuaciones de muchos de sus compañeros, lo llevaron a seguir su destino por Entre Ríos y Corrientes, para iniciar desde allí la cruzada libertadora.

Los del Sur de Buenos Aires quedaron librados a sus propios recursos y Castelli, designado general por los revolucionarios, logró reunir cerca de 2000 hombres en Dolores, el 5 de noviembre de 1839; y otro grupo numeroso en Chascomún.

El 7 de aquel mes, eran completamente derrotados en la batalla de este último nombre librada contra las fuerzas de los jefes rosista, don Prudencio Ortiz de Rozas y don Nicolás Granada. Los revolucionarios perdieron más de la mitad entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos, retirándose el resto al Sur en buen orden, gracias a la serenidad y resolución del comandante Rico, el que pudo embarcarse en el riacho de Ajó y llegar a Montevideo.

El jefe militar Pedro Segundo Castelli cayó en manos de los federales durante la persecución; y degollado por el miliciano Juan Duran, fué remitida su cabeza al comandante militar de Dolores para que la hiciera colocar en una pica en la plaza, como se cumplimentó «en el extremo de un madero de 5 metros de altura y allí permaneció siete años» («La Batalla de Chascomús», por Juan B. Selva).

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

Biografía de Manuel Alberti Vocal del Primer Gobierno Patrio

Biografía de Manuel Alberti

Nació en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1763, donde cursó sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en 1783. En 1785 se graduó de doctor en cánones, en la ciudad de Córdoba.

Desempeñó el curato de San Fernando de Maldonado, en la Banda Oriental, donde se hallaba en 1806, cuando aquella ciudad fue tomada por los ingleses, quienes desterraron a Alberti, acusado de mantener correspondencia reservada con los jefes españoles del campamento militar situado en «Pan de Azúcar». En consecuencia se trasladó a Montevideo en diciembre de aquel año.

En dicho año, rigiendo el curato de San Nicolás de Bari, en esta Capital, el doctor Julián Joaquín de Gaínza, fue dictado un decreto del Virrey, dividiendo aquella parroquia y erigiendo una nueva en la parte desmembrada, lo que produjo una protesta del citado Gaínza patrocinado por el Dr. Mariano Moreno.

Manuel Alberti A fines de 1808 fue nombrado por el Obispo de Buenos Aires el doctor Alberti para hacerse cargo del nuevo curato de San Benito de Palermo, advocación de San Nicolás de Barí, y nombró un apoderado para que lo efectuase a su nombre y representación; pero fue rechazado el citado Gaínza, que se negó a darle posesión, y protestó del nombramiento de Alberti por considerarse deber ser preferido por derecho en la elección, caso de verificarse.

Al día siguiente, sin perjuicio del derecho de elección que aquel tenía por la erección, dispuso el obispado que se diera la posesión ordenada al apoderado de Alberti, para cuyo acto se comisionó al cura interino, doctor Mariano Medrano.

La primera partida que consta en el archivo de dicho curato parroquial firmada por Alberti, lleva la fecha de 19 de noviembre de 1808.

Desempeñaba este cargo cuando sobrevino la revolución de Mayo, a cuya preparación coadyuvó con incansable actividad con Belgrano, Paso, Rodríguez Peña, Donado, Vieytes, Chiclana, Castelli y otros notables patriotas.

En el congreso general o Cabildo Abierto el 22 de mayo, adhirió su voto al del Dr. Juan N. Sola, por la cesación en el mando del virrey Cisneros, cuya autoridad debía recaer en el Cabildo hasta la erección de la junta gubernativa correspondiente.

Fue uno de los elegidos para formar parte de la Primera Junta, y en su carácter de vocal subscribió todas las importantes medidas que tomó aquella, menos la de pasar por las armas a Liniers y sus compañeros de infortunio, que rehusó enérgicamente.

Se negó a tomar parte en el debate alegando su carácter sacerdotal, y concluido éste, apenas firmada la fatal sentencia, volvió a entrar y seguro de que su opinión no modificaría la medida, declaró que la Junta se apartaba de la justicia, pues que si alguno debía morir por instigador acérrimo de la contrarevolución que se mandaba decapitar era, únicamente, el Obispo Orellana.

Cuando los nueve diputados de las provincias pidieron incorporarse a la Junta «para crear una autoridad sin unidad de pensamiento y con intereses y propósitos divergentes«, Alberti les concedió su voto favorable, aunque declarando que solo accedía por conveniencia política del momento, pues tal pretensión era contra todo derecho y la preveía origen de muchos males. Los resultados confirmaron su modo de pensar.

Este patriota distinguido, que al decir de los historiadores Mitre y Núñez, fue una de las dos primeras víctimas de nuestras disensiones internas, falleció repentinamente en Buenos Aires el 2 de febrero de 1811, sin la satisfacción de ver consumada la grande obra a que asoció perdurablemente su nombre.

El doctor Alberti fue también uno de los redactores de la «Gazeta de Buenos Aires». En 1822 el Gobierno dispuso que una de las calles de esta ciudad perpetuara su nombre.

Primeras Monedas de Tucumán Acuño de la Moneda Federal

Primeras Monedas de Tucumán Acuño de la Moneda Federal

La secesión del año XX repercutió en Tucumán, que se constituyó ese año en República federal independiente bajo la presidencia del general Bernabé Aráoz. Era tan grande la falta de recursos de esta provincia en esa época, que se decidió, como una de las medidas paliativas de ese mal, la creación de un Banco de Rescates y Amonedación, el cual —dirigido por Manuel D. Basail y con la colaboración del tallista potosino Pedro Benavídez— dio comienzo en setiembre de 1820 a la emisión de moneda metálica.

Como el Banco carecía de las máquinas necesarias, se dispuso acuñar piezas del tipo macuquino imitando las antiguas monedas cortadas batidas en Potosí hasta 1773, Se acuñaron así las primeras monedas tucumanas del valor de 2 reales, a las que se les colocó una fecha arbitraria, 752 (por 1752), única forma de justificar la inserción de castillos y leones españoles poco tiempo después de habernos proclamado oficialmente independientes.

primeras monedas de tucuman

2 Reales
Peso:
Diámetro:
Metal: Plata
Anverso: Castillos y leones
Reverso: Valor, marca de la ceca y fecha anómala
Año: 1752

(Imagen: Gentileza Sitio WEB Billetes Argentinos)

Estas piezas, recibidas con marcada desconfianza por el público, fueron muy pronto, debido a la facilidad de su reproducción, profusamente falsificadas, de forma tal que llegó el momento en que las primitivas monedas de plata habían sido sustituidas íntegramente en la circulación por monedas de cobre con un ligero baño de este metal.

En esas circunstancias se detuvo a los plateros Nicolás y Pablo Corro, secuestrándoseles gran cantidad de punzones con castillos, leones, letras y números con que acuñaban monedas de baja ley. Los plateros Corro eran duchos en este tipo de falsificaciones, pues ya en 1817 había sido detenido uno deellos por orden del general Belgrano, al tomárselo in fraganti en esta tarea. Esta vez, a pesar de haberse dispuesto la pena de muerte para los monederos clandestinos, sólo se los condenó a servir durante cuatro meses en el ejército, a ración y sin sueldo.

La suavidad de la pena se debió al hecho de haber cometido el delito movidos por la pobreza. No obstante todas estas medidas, las falsificaciones continuaron, moviendo al gobernador Aráoz en noviembre de 1822 a disponer el curso forzoso de toda la moneda, ya fuera la emitida oficialmente o la que «se ha acuñado a su semejanza por los fabricantes de ella».

Derrocado finalmente Aráoz en 1823, se inició en toda la provincia una campaña contra la desprestigiada moneda, que se denominaba federal, dictando el gobierno un conjunto de leyes monetarias, algunas de ellas contradictorias, por las que se regulaba su circulación.

«La moneda federal de plata, que es la que se conoce como tal en el país —decía una de ellas—, y que por su antigüedad y uso no manifieste ser adulterada, correrá por el valor de dos reales. Las demás monedas de cobre que en el concepto público no es de plata, sino adulterada, correrá por un cuartillo.»

Ello provocó numerosos inconvenientes en la población, ya que dejaba librado al variable «concepto público» la admisión de esta moneda. Esta caótica situación culminó finalmente con el decreto del 25 de febrero de 1824 en que el nuevo gobernador, Javier López, dispuso su retiro definitivo de circulación. Terminó así, después de casi cuatro años de problemas, la moneda de Tucumán.

Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

Periódicos Aparecidos en Buenos Aires en 1820 Argentina

Historia Argentina: Lista de Periódicos de 1820 en Buenos Aires

OCHO PERIÓDICOS A LA VEZ
El año de 1820, año de conmoción en el país, vio surgir en Buenos Aires una prensa violentamente combativa. El máximo representante de ese periodismo de lucha fue el sacerdote franciscano fray Francisco de Paula de Castañeda.

Su historiador y biógrafo, Adolfo Saldías, ha definido así su personalidad y su obra: «Fue un precursor esforzado de la prensa periódica, que él elevó a la categoría de poder del Estado,.. Su vida fue un combate continuo, y en ese combate conquistó lauros que enaltecen su memoria.

Como escritor era el más valiente y fecundo de su época, sin excluir al mismo don Juan Cruz Várela, y como hombre fue un patriota y un filántropo.

Sus producciones, que reunidas formarían algunos gruesos volúmenes, dejan mucho que desear, bajo el punto de vista del estilo, tosco e incorrecto en general, y recargadísimo de vocablos de ocasión, de expresiones que, si nacían con felicidad en medio del ardor de la polémica, no por eso dejaban de afear el conjunto…

En descargo de estos deslices literarios, cuya importancia era mucho menor que el éxito que alcanzaban sus escritos, debe tenerse presente que el padre Castañeda alimentaba él solo hasta ocho periódicos a la vez, sin contar sus hojas sueltas, versos y manifiestos extraordinarios, y que su afición los hacía casi diarios; que cada uno de ésos periódicos tenía por objeto contestar a otros tantos adversarios que le salían al encuentro para herirlo, para ridiculizarlo, pero jamás vencerlo; y que siempre tenía en su mente preparado material para veinte periódicos, en el caso probable de que se aliaran contra él otros veinte escritores con el fin de tomar por asalto su barricada, a la cual no pudieron llegar ni los halagos, ni los ofrecimientos del gobierno conmovido por él».

El padre Castañeda nació en Buenos Aires en 1776. Siguió estudios en el convento de San Francisco de dicha ciudad, y se ordenó luego como sacerdote en Córdoba, en cuya universidad ocupó una cátedra de filosofía.

Vuelto a la Capital, fundó una escuela de dibujo, e inició su actuación en la prensa, donde descolló como el más valiente y fecundo de los escritores políticos de su tiempo.

Esta actuación le valió ser sometido a juicio por el gobierno de Martín Rodríguez, y sus artículos, contenidos en los periódicos La Verdad Desnuda, Padre Castañeda y La Guardia vendida por el Centinela, fueron declarados «agravantes y ofensivos a los respetos debidos a la Honorable Junta de Representantes y Exmo. Gobierno de la Provincia, e incendiarios y subversivos del orden público».

Condenado a cuatro años de destierro en Patagones, evadió la captura refugiándose en Montevideo.

De allí pasó a la provincia de Santa Fe, donde fundó una escuela y un pueblo conocido hoy por Rincón de San José, y reanudó su actividad periodística, con el apoyo del gobernador Estanislao López.

Sus últimos periódicos fueron los titulados Buenos Aires Cautiva, donde atacó al gobierno de Bernardino Rivadavia, y Vete portugués que aquí no es, que escribió con motivo de la guerra contra el Brasil.

Falleció en Paraná el 12 de marzo de 1832. En ese mismo año sus restos fueron trasladados a Buenos Aires donde, al inhumarlos, se celebraron en su homenaje solemnes funerales. Gobernaba, a la sazón, Juan Manuel de Rosas.

Fray Francisco de Paula Castañeda. Sacerdote porteño y fogoso periodista en 1820.
(Litografía publicada en la Historia de la Confederación Argentina, de Adolfo  Saldías,   Buenos  Aires,   1892)

Nómina por orden cronológico de los periódicos aparecidos en la ciudad de Buenos Aires durante el año 1820:

NOTICIAS INTERESANTES
Apareció: 24 de marzo de  1820.
Ultimo número: noviembre de 1820.
Números  publicados:   7  hojas sueltas.
Pie    de    imprenta:   de    la    Independencia.
Carácter: transcripción de documentos referentes a los acontecimientos más destacados acaecidos en el mundo en esos momentos. Diagramadas a dos columnas, cada una de las hojas tiene una viñeta: una diligencia tirada por cuatro caballos, o un sol, o barcos fondeados.

EL AÑO VEINTE
Apareció;  25 de marzo  de  1820.
Ultimo número: 22 de abril de 180.
Números   publicados:   1   prospecto,   5 números y un suplemento   (junto con el  número  2).
Número de páginas: en total, 44 más 4 sin foliación correspondientes al suplemento.
Pie de imprenta: de Phoción (el número 5 en la de la Independencia).
Director: se le atribuye a Sarratea.
Redactores: Fortunato Lemoyne y Manuel   Insiarte.
Carácter: empleando un lenguaje directo y sin eufemismos, estudiaba la situación política del país y analizaba detenidamente en cada uno de sus números la mejor forma de gobierno que podría implantarse.

Sostenía que la libertad era imposible sin el apovo de la imprenta y que los gobiernos necesitan que alguien los llame a la realidad alguna vez. Dedicaba algunas páginas a temas generales que instruyesen al público: artes y oficios, geografía, relaciones exteriores.

EL DESPERTADOR
TEOFILANTROPICO
MISTICOPOLITICO
«Dedicado a las matronas argentinas y por medio de ellas a todas las personas de su sexo que pueblan hoy la faz de la Tierra y la poblarán en la sucesión de los siglos».

Apareció: abril de 1820.
Ultimo número: 12 de octubre de 1820.
Números publicados: 75 y 1 suplemento (junto con el N° 51)
Número de páginas: en total, 1.196. Pie de imprenta: los números del 1 al 13, del 25 al 38 y el suplemento, de la Independencia. Los números restantes, de Alvarez y de los  Expósitos.
Director:   R.    P.    fray   Francisco   de Paula  Castañeda.
Carácter: exaltaba las virtudes femeninas y el papel que a la mujer le estaba reservado en la sociedad. Redactado a la manera de cartas, remitos y comunicados (en los que él se hacía las preguntas y se las contestaba) abogaba por sus ideas político-sociales-religiosas, atacando a todo aquel que se llamara incrédulo o  federal.

DESENGAÑADOR GAUCHI-POLÍTICO
(«Federimontonero, chacuaco-oriental, choti-protector y puti-republicador, de todos los hombres de bien que viven y mueren descuidados en el siglo diez y nueve de nuestra era cristiana).

Apareció: segundo trimestre de 1820.
Ultimo número: 3 de octubre de 1822.
Números publicados: 1 prospecto y 27  números.
Número de páginas: en total, 462.
Pie de imprenta: de la Independencia, de Alvarez, Comercio y de los Expósitos.
Director: R, P. fray Francisco de Paula   Castañeda.
Carácter: en prosa o en verso, repartiendo insultos y epítetos o con fina ironía, descargaba en estas páginas sus golpes contra los federales, inflamado de una honda pasión localista. Desde ellas les pone motes a sus adversarios, agregando una serie de reglas para que «Dios nos libre. . . de tantos. . . indecentes que Infectan  hoy  a  Sud  América».

SUPLEMENTO AL DESPERTADOR TEOFILANTRÓPICO MISTICO POLÍTICO
(«Ejemplo de heroica generosidad».) Apareció: segundo trimestre de 1820. Ultimo número: 18 de setiembre de 1822.
Números   publicados:   21.
Número de páginas: 320,  en total.
Pie  de  imprenta:  de   la   Independencia,   del  Comercio,   de   los  Expósitos y de  Alvarez.
Director: R. P. fray Francisco de Paula  Castañeda,
Carácter: atacaba virulentamente a los federales y a los anticlericales, anunciando a quienes lo fueran toda clase de desgracias. Además, notas sobre religión, universidad, medicina y moralidad.

BOLETÍN DEL EJERCITO CONTRA EL GOBIERNO DE SANTA FE
Apareció: 6 de julio de  1820.
Ultimo  número:  23  de  noviembre  de 1820.
Números   publicados:   38.
Pie de imprenta: de los Expósitos.
Director: están firmados por Dorrego los números  1   aL   12, menos el 3; y por Balcarce   los   números   3   y   13 al 38.
Carácter: daba cuenta detallada, casi a diario, sobre el movimiento del ejército, dejando de publicarse cuando los diputados de Buenos Aires y Santa Fe se reúnen con la comisión mediadora y ponen fin a las hostilidades.

PARALIPOMENON AL SUPLEMENTO DEL TEOFILANTROPICO
Apareció: julio de 1820.
Ultimo   número:   7  de   setiembre   de 1822.
Números publicados: 15.
Pie de imprenta: de la Independencia y  del   Comercio,
Director: R. P. fray Francisco de Paula   Castañeda.
Carácter; desde sus páginas, atacaba a sus enemigos y replicaba mordazmente a la prédica liberal de don Pedro  Feliciano  Cavia.

EL AMANTE DEL BIEN PUBLICO
Apareció: 14 de agosto (se cree de 18201.
Ultimo   número:   7  de  setiembre.
Números  publicados:  2.
Pie   de   imprenta:   el   N°   1,   de   la Independencia;   el   2,   la   de   los   Expósitos.
Periodicidad:  mensual. Ambos   números   se   encuentran   catalogados  en   el   Museo   Mitre,   pero no se indica el carácter de sus contenidos.

CHANTILLÓN DE LAS MENTIRAS Y CALUMNIAS
(«Del falso Theo-Fllantróplco y sus satélites».)
Apareció:   setiembre   de   1820.
Números publicados:  1.
Número  de  páginas:  4.
Pie  de   imprenta:  de   los   Expósitos.
Director:   firma   «De  verdades».
Carácter: atacaba a Pueyrredón y defendía  a Viamonte,  Sarratea y otros.

LA ESTRELLA DEL SUD
Apareció: 5 de setiembre de 1820.
Ultimo número: 16 de octubre de 1820.
Números publicados: 1 prospecto y 9  números.
Pie de imprenta: de los Expósitos.
Redactores: Juan Francisco Mota, Ramón y Avelino Díaz y Salvador María   del   Carril.
Carácter: combatía la secesión y fustigaba las publicaciones del padre   Castañeda.

LEGIÓN DEL ORDEN o VOZ DEL PUEBLO
Apareció: 2 de noviembre de 1820.
Ultimo número: 11 de enero de 1821.
Números publicados: 1 prospecto, 10 números y 1 suplemento (junto con el   N°  3).
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Periodicidad:  semanal. Director:   Cayetano  Campana.
Carácter: abogaba por una amplia libertad   de   prensa,   por   la   paz  y  el orden.

SEMANARIO POLÍTICO
Apareció:  17 de noviembre de  1820.
Ultimo   número:   8   de   diciembre   de 1820.
Números publicados: 4.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Carácter:   compendio  de  documentos y noticias del interior y del exterior del  país.

EL IMPARCIAL
Apareció:  14 de diciembre de  1820.
Ultimo número:  1° de marzo de 1821 (suspendido por el gobierno).
Números publicados:  11.
Número  de  páginas:  en  total,   199.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Director:   Pedro   Feliciano   Séenz   de Cavia.
Carácter: se ocupaba de asuntos de interés público y de política nacional e Internacional, Desde sus columnas, atacaba en forma demoledora al padre Castañeda. Como consecuencia del cariz poco edificante que había tomado la polémica, el gobierno  lo suspendió.

LA ILUSTRACIÓN PUBLICA
(«Con   la  Flor y  la  Nata de  la Filantropía  –  Periódico dedicado a  la Sociedad   Teo-Filantrópica   del   Buen Gusto. Que dirige,  amasa y fomenta las nefandas tareas del nuevo  fraile Cirilo de Buenos Aires —el cual será al   mismo   tiempo   Despertador   a   la nueva  usanza— para   los ciudadanos incautos que lo aplauden».)
Apareció:   1820   (sin   fecha  exacta).
Números  publicados:   1   folleto.
Número   de   páginas:   22,
Pie   de   imprenta:  de   Phoción.
Director:   Pedro   José   Agrelo.
Carácter: detractor del  padre Castañeda.

EL CONSTITUCIONAL
Apareció:   1820   (sin   fecha  exacta).
Números  publicados:   1.
Pie   de   imprenta:   de   los   Expósitos.
Carácter: una crónica científica,  literaria  y  política.

Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

Movimientos Revolucionarios de Chuquisaca y La Paz

1810:MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS EN EL VIRREINATO

El año 1810 ha sido llamado el de la revolución hispanoamericana, pues durante ese período se produjo una corriente histórica de rebelión común en casi todos los dominios españoles del Nuevo Mundo.

El 19 de abril estalló en Caracas (Capitanía General de Venezuela) un movimiento dirigido contra las autoridades españolas, en cuyo transcurso el brigadier Vicente Emparán renunció al mando y debió entregarlo a una Junta de Gobierno.

El 25 de mayo se creó en Buenos Aires (Virreinato del Río de la Plata) una Junta Revolucionaria presidida por Cornelio Saavedra.

Luego, le siguió en orden cronológico el movimiento separatista ocurrido el 20 de julio en Santa Fe de Bogotá (Virreinato de Nueva Granada), donde el pueblo se amotinó y obtuvo del Cabildo la creación de una Junta de Gobierno, encabezada —durante un tiempo— por el Virrey Antonio Amar.

El 2 de agosto se constituyó en la ciudad de Quito una Junta rebelde, y el 16 de setiembre estalló en el pueblo de Dolores (Virreinato de México) un movimiento revolucionario dirigido por el cura párroco Miguel Hidalgo.

A los dos días, es decir, el 18 de setiembre, se constituyó en la ciudad de Santiago (Capitanía General de Chile) una Junta de Gobierno revolucionaria bajo las órdenes de Mateo de Toro y Zambrano.

Diversas causas explican estos movimientos revolucionarios, cuyos dirigentes bregaron por un cambio en el sistema político imperante, guiados por el patriótico deseo de poseer un gobierno propio. Podemos citar las siguientes:

a) La crítica situación porque atravesaba la monarquía española a causa de la invasión napoleónica, y el principio, reconocido por la jurispru dencia peninsular, según el cual, prisionero o ausente el rey, la soberanía recaía en los pueblos «que tenían derecho a darse su propio gobierno».

b)   Las funestas consecuencias del erróneo sistema económico implantado por la Metrópoli.

c)   La Revolución Francesa y las nuevas ideas liberales.

d)   El grado de madurez política y social alcanzado por núcleos dirigentes de América hispana, y la incansable actividad desplegada por dos ardientes apóstoles de la emancipación: Francisco Miranda y Antonio Mariño.

Francisco Miranda nació en Caracas en 1750 y luego prestó servicios militares en España. De allí pasó al Nuevo Mundo donde luchó en favor de la emancipación norteamericana; más tarde engrosó las filas de los revolucionarios franceses.

En 1795 se trasladó a Londrss, donde empezó a trabajar con empeño por la liberación hispanoamericana. Con el propósito de coordinar la acción revolucionaria fundó la «Gran Reunión Americana», conocida comúnmente como Logia Lautaro.

Antonio Mariño nació en Bogotá en 1765 y desde temprana edad se forjó una sólida cultura. Su lucha por la libertad de América comienza en 1794, año en que tradujo el texto de la «Declaración de los Derechos del Hombre» de los revolucionarios franceses y los publicó en castellano con el título: «Decálogo de la sociedad regenerada».

e)   La acción de pensadores españoles que sostuvieron principios fundamentales de soberanía popular. A partir del siglo XVI, diversos teólogos defendieron la igualdad de los americanos y, posteriormente, el jesuíta Francisco Suárez bregó a través de sus obras por los derechos del pueblo.

f)   La manifiesta desigualdad entre españoles y americanos —que contrariaba lo dispuesto por las Leyes de Indias— con marcada preeminencia de los peninsulares en la provisión de cargos públicos.

g)   La imprevisora política seguida por España desde fines del siglo XVIII, que influyó para que sus dominios en América quedaran abandonados a su propia suerte.

Revolución de Chuquisaca

Revolución de Chuquisaca, Pintura «Los Doctores de Charcas»

Si bien en 1810 culminó la agitación revolucionaria en los dominios hispánicos de América, años antes se produjeron otros alzamientos contra las autoridades españolas. Estas rebeliones contaron con el apoyo del elemento nativo y, en general, tuvieron visibles tendencias emancipadoras.

1-Los comuneros: En el siglo XVIII se produjo en el Paraguay —perteneciente al Virreinato del Río de la Plata— la revolución de los comuneros. Este movimiento fue de importancia porque sus cabecillas- defendieron los ideales jurídicos y políticos del derecho natural, que sustenta el poder soberano del pueblo.

2- La Revolución de Socorro, una localidad de Nueva Granada, resistiendose a pagar el aumento de impuestos a la corona española

3-La sublevación de Tupac Amaru en Perú, contra el régimen despótico y le cruel trato a los aborígenes.

4-Los movimientos de Chuquisaca y la Paz, de cual hablaremos a continuación.

Los Movimientos de Chuquisaca y La Paz
A comienzos del siglo XIX, en dos importantes ciudades del Alto Perú se originaron insurrecciones contra las autoridades españolas. Estos movimientos contaron con el apoyo del elemento nativo y tuvieron visibles tendencias emancipadoras.

El 25 de mayo de 1809 estalló en Chuquisaca o Charcas una revolución, que tuvo su origen en un incidente político producido entre el arzobispo y el cabildo eclesiástico. Los miembros de este último organismo se negaban a reconocer la Junta Central de Sevilla, creada en España a consecuencia de la invasión napoleónica. El altercado tuvo mayor trascendencia cuando el inepto gobernador, don García Pizarra, apoyó al arzobispo; la Audiencia, por su parte, defendió ai cabildo del clero.

La agitación cundió rápidamente; la Audiencia contó con el apoyo de los criollos y denunció al pueblo que el gobernador deseaba entregar esos territorios a la Corte portuguesa. El patriota Bernardo Monteagudo enardeció los ánimos; García Pizarra tuvo que renunciar y fue encarcelado. Se creó un gobierno de carácter independiente presidido por el oidor más antiguo de la Audiencia. La organización del ejército quedó a cargo de Alvarez de Arenales.

El movimiento de Chuquisaca se extendió a la ciudad de La Paz. El 16 de julio de 1809 los insurrectos apresaron al gobernador interino Dávila y al obispo. El pueblo se volcó en las calles a los gritos de «¡Viva Fernando VII!» y «¡Mueran los chapetones!» (españoles).

Los revolucionarios eligieron comandante a Pedro Domingo Murillo e intendente a Juan Indaburu. El cabildo tomó el mando de la ciudad y organizó una «Junta tuitiva» (defensora) de carácter consultivo, presidida por Murillo y formada exclusivamente por americanos.

Las autoridades realistas de Buenos Aires y Lima enviaron fuerzas para reprimir estos movimientos. Cisneros comisionó al mariscal Nieto para que se dirigiera a Chuquisaca; Abascal, virrey del Perú, dispuso que Manuel Goyeneche —presidente del Cuzco— sofocara la insurrección de La Paz.

Los rebeldes carecieron de unidad y sus tropas, mal armadas e indisciplinadas, fueron batidas por Goyeneche que penetró en La Paz el 1? de octubre de 1809. Muchos cabecillas del movimiento fueron degollados en el campo de batalla. Murillo fue ahorcado junto con varios compañeros y Goyeneche mandó despedazar sus restos y colocarlos a la vera del camino principal.

Nieto, enviado desde Buenos Aires, penetró en Chuquisaca el 24 de diciembre de ese año. Procedió con más benevolencia, pues había varios españoles comprometidos en la revolución; Arenales fue enviado a la cárcel de El Callao y los miembros de la Audiencia confinados en lugares distantes.

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina de sus Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez Edit. Toquel

Oposición a la Primera Junta de Gobierno en el Virreinato

LA RESISTENCIA DEL INTERIOR DEL VIRREINATO A LA JUNTA DE 1810

La formación de la Primera Junta de Gobierno, el 25 de mayo de 1810, no significó solo la sustitución de nombres y de personas, sino un cambio de régimen. El orden colonial ya no existía, pero el nuevo gobierno tenía dos grandes problemas que resolver: la independencia y la organización del nuevo país. Para nacer conocer lo sucedido en Buenos Aires, las nuevas autoridades organizaron una expedición que no sólo daría cuenta de lo ocurrido sino que también garantizaría la elección de representantes que, en poco tiempo más, formarían parte de una reunión general de todo el virreinato en Buenos Aires.

La junta gubernativa dispuso extender y legitimar su autoridad, además de preservar la unidad territorial en todo el virreinato. Varias ciudades del interior aprobaron y reconocieron al nuevo gobierno, sin embargo Asunción, Córdoba y Montevideo no estuvieron de acuerdo, a pesar que el gobierno se presentó como heredero de la administración virreinal y leal a Fernando VII. Esta oposición significó la guerra, que se abrió en distintos frentes, pues era necesario subordinar no sólo a los funcionarios españoles sino también a algunos criollos, que desde tiempo atrás rivalizaban con Buenos Aires por la diversidad de intereses o el desigual desarrollo económico y social.

revolucion de mayo

PARTICIPACION DEL INTERIOR EN EL MOVIMIENTO
La resistencia a la Junta en el interior
La Revolución había triunfado en Buenos Aires, pero —de acuerdo con el Reglamento del día 25— debía legitimarse con la aprobación del resto del virreinato. El 26 de mayo el ex virrey comunicó su renuncia a los pueblos del interior y, al día siguiente, la Junta enviaba notas sobre su instalación y la próxima convocatoria de diputados provinciales a una asamblea a realizarse en Buenos Aires.

Si bien el cambio de gobierno se había producido en la Capital, el resto del territorio mantenía intacta su organización y estaba controlado por los gobernadores intendentes del sistema virreinal. La adhesión a la causa revolucionaria no fue inmediata, pues la junta no pudo revelar sus verdaderas intenciones —ocultas bajo el sometimiento a Fernando VII— y tampoco impedir que los funcionarios españoles depuestos (oidores, regidores y el propio Cisneros) instaran a las autoridades del interior a desconocer a la Junta recién establecida. Se sumaron a estas dificultades la gran extensión territorial, la ineficacia de las comunicaciones, el aislamiento de los pueblos y su espíritu localista, receloso de las innovaciones.

Como la Revolución no hizo una clara y pública manifestación de su  programa de  gobierno y por razones políticas imperiosas debió invocar sometimiento al Rey Fernando VII, los pueblos del interior permanecieron durante un tiempo adictos al sistema político imperante con Cisneros. Los gobernadores, intendentes y cabildos  provinciales no habían sido previamente informados por los revolucionarios pondían en su mayoría al régimen anterior.

Fernando VII de españa

Era evidente que los enemigos de la Junta confiaban en los representantes del interior para volver al poder, pues ellos eran los que debían expedirse sobre la legalidad del nuevo gobierno. En el transcurso de toda la Semana de Mayo es visible el interés del virrey por convocar a esos diputados y así lo resolvieron los cabildantes el día 23, cuando en realidad la mayoría de los sufragios emitidos en el Cabildo abierto del día anterior no disponía esa convocatoria.

A través de la circular del 27 de mayo, la Junta decidió continuar con el pacífico desarrollo de los sucesos y optó por convocar esos diputados, los cuales debían incorporarse al gobierno para abrazar su causa e interiorizarse de los problemas.

Los principales centros donde se radicó la resistencia a la Junta patriota fueron:

a)    El Alto Perú. — Aunque comprendido dentro de los límites del virreinato del Río de la Plata fue siempre un organismo aparte, debido principalmente a su situación geográfica —distante de Buenos Aires— y a sus intereses comerciales. El Mariscal Nieto y el Intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, decidieron no obedecer a la Junta patriota.

b)    Córdoba. — Ubicada en el centro geográfico del territorio, con buenos recursos económicos, esta ciudad se constituyó en un foco reaccionario bajo el indudable prestigio de Liniers secundado por las autoridades españolas.

c)    La Asunción. — El gobernador intendente Bernardo Velazco —al frente de la provincia del Paraguay— si bien no hostilizó a los porteños dispuso no reconocer a la Junta de Buenos Aires.

d)   Montevideo. — Bajo las órdenes de Ello —que llegó con el titulo de virrey en 1811— la Banda Oriental se mostró desde un principio como enemiga de la Revolución.

El sentimiento de resistencia hacia Buenos Aires, que hemos íessñado, obedecía no sólo a causas de orden politico sino también económicas, pues era evidente que la capital del virreinato había sido beneficiada con el libre comercio y otras ventajas derivadas de su  situación geográfica.

A pesar de todos los obstáculos que debió vencer la Junta, a mediados del mes de setiembre de 1810 la habían reconocido las siguientes ciudades y pueblos: Santa Fe, Concepción, Gualeguay, Corrientes, Pueblos Misioneros (Santa Ana, Loreto, San Ignacio, Miní Corpus, Jesús, Trinidad e Itapuá), Córdoba, Mendoza, San Luis, San Juan, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y Cochabamba. A excepción de esta última ciudad, el Alto Perú permanecía hostil, al igual que el Paraguay y la Banda Oriental.

Los diputados del interior
El Reglamento del 25 de Mayo —impuesto por el Cabildo a la Junta— disponía efectuar una Asamblea en Buenos Aires con la participación de los diputados provinciales. Estos últimos arribarían a la capital para integrar un organismo separado de la ¡unta y «establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente».

No expresa lo mismo la circular emitida el 27 de mayo por la Junta. En ella, el nuevo gobierno comunicó a las autoridades del interior que debían elegir representantes, los cuales «han de irse Incorporando a esta Junta conforme y por el orden de su llegada» (a Buenos Aires). En este caso, los diputados debían participar directamente en el gobierno por cuanto serían vocales de la Junta misma.

Con respecto a la elección de los diputados provinciales, la Junta exigía la reunión de Cabildos abiertos pero de tipo revolucionario, tal como sucedió en Buenos Aires el 22 de mayo. Era evidente que, de no procederse en esa forma, sólo se permitiría el acceso a los miembros del partido español.

Mariano Moreno consideraba que los diputados provinciales debían dictar una Constitución y establecer un «gobierno sólido y permanente»; en consecuencia, se oponía —junto con sus partidarios— a que esos representantes se incorporaran a un gobierno provisional.

Tal fue el pensamiento del secretario y así lo manifestó en varios artículos aparecidos en la Gazeta —desde el 1° de noviembre al 6 de diciembre—, refundidos posteriormente con el título: «Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse y constitución del Estado».

Ver: Principios de la Revolución de Mayo

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

El Grito de Asencio La Revolución de la Banda Oriental

El Grito de Asencio – La Revolución de la Banda Oriental

La Revolución en la Banda Oriental: La Junta de Buenos Aires había enviado a su secretario Paso a la Banda Oriental, con la difícil misión de convencer al Cabildo de Montevideo de que se plegase a la causa patriota, pero sus propuestas fueron rechazadas de plano por los cabildantes. La situación empeoró aún más con la llegada de España del ex-gobernador Francisco Javier de Elío, quien retornaba con el flamante título de Virrey otorgado por el Consejo de Regencia.

Elío, mientras preparaba su ejército, pidió por pura formalidad el reconocimiento de su investidura por parte de la Junta, lo que, por supuesto, le fue negado.

Gervasio Artigas

Uno de los jefes de las milicias realistas de Montevideo era el criollo José Gervasio Artigas, quien desertó del bando español para servir a la libertad de su patria. Luego de una breve estancia en Buenos Aires, Artigas recorrió la campaña uruguaya al frente de un centenar y medio de soldados de frontera, los blandenques, insurreccionando todo el interior de la Banda Oriental.

El 28 de febrero de 1811, en el pueblo de Asencio, los patriotas orientales proclamaron la unión de la Banda Oriental al gobierno de Buenos Aires, pasaje histórico que es recordado como el «Grito de Asencio».

En apoyo a los sublevados de la Junta dispuso que el general Belgrano pasara con las tropas que regresaban del Paraguay a la Banda Oriental. La decidida acción de Artigas insurreccionó a todo el país y el 18 de mayo de 1811 el caudillo oriental obtuvo un rotundo éxito militar en Las Piedras. Luego de arrebatar Colonia a los españoles cerró el cerco sobre Montevideo. Belgrano, que había actuado de acuerdo con Artigas, tuvo que dejar el mando del ejército al coronel José Rondeau y regresar a Buenos Aires.

Virrey Elío

Los realistas sitiados contaban con la excelente fortaleza del Cerrito y con una flota que les aseguraba el control del Río de la Plata y el aprovisionamiento de Montevideo. Por otro lado esperaban la llegada de refuerzos militares de España. A pesar de todo ello el virrey Elío cometió la imprudencia de llamar en su auxilio a Portugal.

La corte portuguesa residía por entonces en Río de Janeiro, para ponerse a salvo de las tropas de Napoleón. Cumpliendo el viejo anhelo de dominar una de las márgenes del Plata los portugueses pusieron en camino hacia la Banda Oriental un ejército de 1200 hombres.

La fuerza expedicionaria portuguesa distaba de ser imbatible, pero la diplomacia lusitana la presentaba como una fuerza de paz mediadora entre patriotas y realistas y proponía un armisticio. Tal cosa era favorable a los realistas y quizás a Buenos Aires, preocupada por la derrota de Huaqui, pero para los patriotas orientales era un verdadero desastre.

En octubre de 1811 se firmó el armisticio. Las fuerzas de Rondeau levantaban el sitio y regresaban a Buenos Aires; el comercio entre ambas márgenes del Plata se reanudaba; el virrey Elío seguía en Montevideo esperando un reconocimiento de Buenos Aires que no llegaría nunca.

El acuerdo a que habían llegado los porteños desagradó profundamente a los orientales. Siguiendo a las milicias de Artigas que se retiraban a Entre Ríos, toda la población de la campaña abandonaba su tierra y sus casas en dramático ejemplo de amor a la libertad, que es conocido como el «Exodo Oriental».

Fuente Consultada:
Biblioteca del Estudiante Tomo I N°15 La Revista

Biografia de Marcos Sastre Escritor Argentino Educador

Biografia de Marcos Sastre Escritor Argentino Educador

En el frente de la biblioteca del «Salón Literario» fundado por Marcos Sastre podía leerse: «Abjiciamus ero ópera tenebrárum, et induámur arma lucís»: Desechemos las obras de las tinieblas, y vistamos las armas de la luz. Tal lema, en plena época de Rosas, resultaba mucho más que una simple declaración de propósitos. Era, casi, un desafío. Alberdi, Echeverría, Vicente F. López, Juan M. Gutiérrez frecuentaban las tertulias a las que Sastre daba gran autoridad.

Marco sastre

Marcos Sastre fue un escritor y educador argentino de origen uruguayo, fundador, junto con Juan B. Alberdi, Juan María Gutiérrez y Esteban Echeverría, del Salón Literario, inicio de la Generación del 37.

También solía aparecer, de vez en cuando, el editor Pedro de Angelis, espía de Rosas. Se habla de literatura, de ciencia, de educación pública.  Un solo tema está proscripto: la política.

Pero los tiempos son difíciles para la patria; fogosos corazones preparan la rebelión, bajo los cuchillos asesinos. Marcos Sastre no puede evitar que sus contertulios se entusiasmen, y se ve obligado a rematar su librería.

Aquel grupo de asiduos concurrentes al Salón Literario se refugia en la clandestinidad, funda la Asociación de Mayo bajo la dirección de Echeverría y comienza a trabajar por la libertad. La librería del pacífico maestro se ha convertido, de tal suerte, en el punto de partida de la «Joven Argentina».

Sastre se instala en el campo, compra una majada de las ovejas más finas del país, se dedica a la cría de merinos, y prospera rápidamente, hasta que se arruina, debido al largo bloqueo francés.

En San Fernando todavía le queda la vieja casa de sus padres. En ella se refugia. Las islas del Delta lo seducen; viaja, navega los riachos, realiza pacientes estudios sobre las condiciones de esa tierra.

En 1840 el país se agita en el terror.  Lo tildan de «salvaje unitario» y le confiscan sus pocos bienes. Sin embargo, Sastre sobrevive al puñal y en 1846 toma a su cargo la dirección del colegio de los jesuítas, desde el cual irradia su talento.

Cinco años después de la caída de Rosas, cuando todo estaba por hacerse y no había maestros, ni escuelas, ni medios, emprende la difícil empresa de organizar la instrucción pública; interesa a las autoridades, convence a los padres descreídos, familiariza a los educadores con la organización escolar, traza los planos de nuevos edificios, crea bibliotecas, idea nuevos métodos de enseñanza («Método ecléctico», «Lecciones de Aritmética», «Lecciones de Gramática Castellana») y, al cabo de cinco años, consigue la victoria final Sastre nació en Montevideo en 1809 y falleció en 1887.

El paisaje ejerció poderosa influencia en el espíritu de Marcos Sastre, quizás porque en su amor por las plantas, por los panoramas de vegetación exuberante, por los vivos cuadros que la naturaleza le ofreció durante sus viajes de la infancia, creyó hallar la más grande y definitiva paz, tan necesaria a su formación de misionero y de maestro.

Laborioso, lector incansable, pedagogo de profunda lógica, apologista de las virtudes que hacen al ciudadano y al hombre de bien, Sastre dio de sí la originalidad desús métodos de enseñanza, la erudición de sus artículos de crítica literaria, de sus traducciones, de sus charlas. Por todo ello no pidió ni aceptó recompensa, porque su obra, como su vida, hubo de nutrirse en la humildad por designios de un particular mensaje.

Fue la suya una tarea para la juventud, una incesante búsqueda de verdades, jamás traicionadas por la apetencia de fortuna. En la pobreza material, en el anonimato casi, este espíritu contemplativo modeló la arcilla de su fe, para entregar a las generaciones que le sucedieron un ejemplo que resiste cualquier crítica.

Mientras educaba a sus hijos concibió el hermoso opúsculo «Consejos de oro», sobre educación escolar y doméstica, los cuales, llenos de sabiduría, deben servir de enseñanza a las madres y a los maestros. Él mismo, con cierta ingenua sencillez, confiesa en la dedicatoria: «Los consejos que os ofrezco serían de un bajo metal si fuesen míos. Los he sacado de tres libros, después de un estudio dilatado: el libro de la Religión, el libro de la Ciencia, y el libro de la Naturaleza».

Halló, ciertamente, para las madres, el canto bíblico, inflamado de gratitud; .para los educadores, empleó el lenguaje sano, sincero, desprovisto de toda afectación, tal como cuadra al estilo de una profesión que amaba.

Su obra maestra, «El Tempe argentino», es un poema en prosa, de sencillez  admirable,  en  el que revela los  secretos  del Delta.

Con delicado acierto traza las comparaciones de esta región del nuevo mundo con el valle del Tempe, regado por las mansas aguas del Peneo.

Extensas nociones sobre las aves y los cuadrúpedos que habitaban entre las frondosas arboledas; detalles sobre sus costumbres, sus instintos, sus variedades; descripción de bellezas olvidadas, de rincones idílicos, hacen de este libro, tan americano, tan sabio,   tan  bello,   un  documento   que  los   naturalistas   agradecen.

Marcos Sastre lo dio a la prensa en el año 1858, en la «Biblioteca Americana». Su éxito fue inmediato, porque es la consecuencia de pacientes estudios sobre condiciones de la tierra, geología, productos naturales; cada página nos revela la presencia del hombre solitario, hechizado por un paisaje de vegetación lujuriosa, de colorido fascinante, con un río generoso por la variedad de sus peces y una espléndida naturaleza, llena de frutos.

El escritor se maravilla, se postra y canta. Su lira recorre la fronda, descubre sonidos, remonta los cauces de agua toma la voz calida de los habitantes de las islas, traduce, en fin aquello que permanece oculto a los ojos del profano.

FRAGMENTO:
UN PASEO POR  LAS  ISLAS
«Sencilla es mi canoa como mis afectos, humilde como mi espíritu. Ella boga exenta y tranquila por las ondas bonancibles sin osar lanzarse a las olas turbulentas del gran río.

Bien ve las naves fuertes naufragar, bien ve los floridos camalotes fluctuantes, que separados de la dulce linfa natal, al empuje de las corrientes, vagan acá y allá, ora batidos y desmenuzados contra las riberas, ora arrebatados por el océano de las aguas amargas hasta las playas  extranjeras.

¡Paraná delicioso! Tú no me ofreces sino imágenes risueñas, impresiones placenteras, sublimes inspiraciones; tú me llamas a la dulce vida, la vida de la virtud y de la inocencia.

¡Cuántos goces puros! ¡Cuan deleitosas fruiciones plugo a tu Hacedor prepararnos en tu seno! En medio de tus aguas bienhechoras, de tus islas bellísimas, revestidas de flores y de frutos; entre el aroma de tus aires purísimos; en la paz y la quietud de la humilde cabana hospitalaria de tus bosques… Allí, ¡allí es donde se encuentra aquel edén perdido, aquellos dorados días que el alma anhela!

La leve canoa, al impulso de la espadilla, se desliza rápida y serena sobre la tersa superficie que semeja un inmenso espejo guarnecido con la cenefa de las hojosas y floreadas orillas, reproducidas en simétricos dibujos.

El sol brilla en su oriente sin celajes; las aves, al grato frescor del rocío y del follaje, prolongan sus cantares matinales, y se respira un ambiente perfumado. Las islas por una y otra banda se suceden tan unidas, que parecen las márgenes del río; pero este gran caudal de agua que hiende mi canoa no es más que un simple canalizo del grande Paraná, cuyas altas riberas se pierden allá, bajo el horizonte.

A medida que adelanta la canoa, nuevas escenas aparecen ante la vista hechizada, en las caprichosas ondulaciones de las costas, y en los variados vegetales que las orlan. A cada momento el navegante se siente deliciosamente sorprendido por el encuentro de nuevos riachuelos, siempre bordados de hermoso verdor; sendas misteriosas que transportan  la imaginación a elíseos encantados.»

Primer Libro Impreso en América La Imprenta de los Jesuitas

Primer Libro Impreso en América
La Imprenta de los Jesuítas

IMPRENTA E INCUNABLES EN IBEROAMÉRICA: El arte de imprimir cobró auge considerable en la América Española inmediatamente después de la conquista, ya que era urgente disponer de una literatura religiosa que ayudara a los misioneros en la evangelización de los indios.

La primera imprenta quedó establecida en México en 1539 por instigación del primer obispo de la Nueva España fray Juan de Zumárraga, y del primer virrey, don Antonio de Mendoza.

El primer impresor fue el italiano Juan Pablos, que celebró un contrato con el impresor alemán Juan Cromberger, establecido en la ciudad de Sevilla. Se cree que el primer libro impreso fue la Escala Espiritual de San Juan Clí-maco, traducida por fray Juan de Estrada, pero bl primer libro que lleva la fecha de 1539 es Breve y Más Compendiosa Doctrina Cristiana en Lengua Castellana y Mexicana, impreso por Drden del mismo Zumárraga.

Las publicaciones se sucedieron en forma ininterrumpida y la bibliografía comentada de los libros impresos en México en el siglo XVI y XVII forma hoy voluminosos catálogos. Notables eruditos como Joaquín García Icazbalceta (1825-1896), Vicente de P. Andrade (1844-1915), Nicolás León (1859-1929), en México, y José Toribio Medina (1852-1930), en Chile, han hecho estudios extensos sobre el origen de la imprenta y sus primeras publicaciones en toda Hispanoamérica.

En la historia de la imprenta en Hispanoamérica corresponde cronológicamente el segundo lugar a la ciudad de Lima, en el Perú. El primer impresor allí fue Antonio Ricardo, y el primer libro, Doctrina Cristiana, y Catecismo
para Instrucción de los Indios y de las Demás Personas que Han de Ser Enseñadas en Nuestra Santa Fe. En Guatemala la imprenta fue establecida en el año de 1660 y su propulsor fue el agustino fray Payo de Ribera. El primer impresor en este país fue José de Pineda Ibarra.

En el virreinato de La Plata la primera publicación impresa apareció en 1705 y fue una obra de tipo religioso escrita por los misioneros jesuítas. En la Habana el impreso más antiguo que se conoce por referencia lleva como fecha el año de 1707. En el virreinato de la Nueva Granada fueron los jesuítas también los que hicieron la primera publicación, en 1739. En Quito data el primer impreso del año 1760; en Chile, es del año 1776.

Fundacion de la Primera Ciudad Hispana en America Segundo Viaje

HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DE LA PRIMER CIUDAD HISPANA EN AMÉRICA:

INTRODUCCIÓN: En 1493 el doctor Diego Álvarez Charca emprendía desde Cádiz un viaje singular. Embarcó junto al pasaje de la armada de Cristóbal Colon, que retornaba a «las Indias» con el objetivo de fundar la primera ciudad hispana en el Nuevo continente. Las poéticas y encendidas descripciones de la tierra prometida comenzaron a desvanecerse tras el arribo a la isla que bautizaron San Martín. A partir de allí luchas, matanzas y enfermedades y huracanes fueron signando el itinerario de la expedición , que fue descripta al detalle por el sagaz viajero Chanca.

carabelas de Colon

Debe haber sido inolvidable el espectáculo que ofreció la armada de 17 naves, del Almirante del Mar Océano Cristóbal Colón, cuando salió de la bahía de Cádiz y entró gloriosa al mar con sus velas desplegadas, aquel 26 de septiembre de 1493.

Era el segundo viaje que el descubridor hacía a las Indias —como entonces se llamó a América—y su destino era la isla La Española, actuales Haití y Santo Domingo. Allí había dejado una guarnición de 39 hombres, en el fuerte de La Navidad, en dominios del cacique Guacamarí, señor de una parcialidad de indios arawakos, que en el primer viaje le había mostrado sincera amistad.

En esa misma isla proyectaba fundar la primera ciudad hispana en las Indias y con ese propósito llevaba 1.600 colonizadores, todos ellos llenos de ilusión despertada por sus entusiastas descripciones de la nueva tierra: naturaleza generosa, aborígenes mansos que aportarían mano de obra y mucho oro aluvial en los caudalosos ríos. Era —les había dicho— un pedazo de paraíso terrenal donde hallarían la prosperidad.

En el pasaje iban muchas personalidades prestigiosas, una de ellas el médico o físico Diego Alvarez Chanca, hombre sensible y sagaz que en la carta que envió al Cabildo de Sevilla, su ciudad natal, dejó un valioso testimonio sobre este viaje que comenzó con magnificas perspectivas y terminó en fracaso. Después de cuarenta días de navegación, al alba del 3 de noviembre, los viajeros se despertaron con el grito del piloto de la nave capitana que anunciaba:” —Albricias, que tenemos tierra! “Fue la alegría tan grande en la gente —escribe Chanca conmovido— que era maravilla oírlas gritar y placeres que todos hacían, y con mucha razón, que la gente venía ya tan fatigada de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos suspiraban todos por tierra” .

Contribuía a aumentar su felicidad el panorama que se abría ante sus ojos coincidente con las poéticas y encendidas descripciones de Colón: el mar estaba calmo y las naves se deslizaban sobre él como en un paseo. El sol subía luminoso desde el horizonte y la bruma matinal se disolvía para revelar, como por arte de encantamiento, islas que iban surgiendo aquí y allá, según recuerda Chanca, semejantes a esmeraldas ensartadas en mar de topacio, bajo un cielo de turquesa. Costearon la más próxima que era “todo montaña muy hermosa e muy verde, hasta el agua, que era alegría en mirarla», y como estaban en día domingo, Colón la bautizó Dominica.

Continuaron hacia la que llamó Marigalante y como en ella halló buen puerto, desembarcó portando el estandarte real para tomar solemne posesión del territorio en nombre de Isabel y Fernando, los reyes católicos. A la mañana siguiente llegaron ala isla que el Almirante bautizó Guadalupe, de bellísima imagen. Había en ella “una gran montaña que parecía que quería llegar al cielo de la cual caía un golpe de aguatan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si cayera del cielo…; era la más hermosa cosa del mundo de ver..”.

Así la describe Chanca, expresando el estado de ánimo propio y el de sus compañeros de viaje, ya que todos se sentían como transportados por la hermosura del mundo edénico al que habían llegado y en el que iban a vivir. Sin embargo, muy pronto la realidad indiana comenzaría a mostrarles su otra cara, brutal y despiadada.

EL PRIMER CHOQUE DE CULTURAS

Desembarcaron y con los dos indios intérpretes que llevaban , se dirigieron aun caserío en busca de información sobre el lugar, pero sus habitantes huyeron al verlos aproximarse dejando todo abandonado, lo que permitió a Colón y sus acompañantes recorrer tranquilamente las viviendas.

Encontraron diversas pertenencias, entre ellas mucho algodón hilado, pero también algo que los espeluznó: cuatro o cinco huesos de brazos y piernas humanos. Comprendieron que estaban en dominio de los indios caribes o caribes, comedores de carne humana, que con tanto pavor mencionaron los arawakos de La Española.

Por unas mujeres que tomaron prisioneras supieron que, periódicamente, organizaban expediciones a otras islas, dentro de un área de 150 leguas a la redonda, con el propósito de cazar gente. Últimamente habían partido diez canoas y eso explicaba la casi total ausencia de varones en la isla. A las cautivas mujeres —que elegían “mozas y hermosas”, como observó el sensible Chanca— las tenían como esclavas y mancebas. «A los niños que nacían de ellas los comían pues, en acto de primitivo racismo, sólo dejaban vivir a los hijos de mujeres de su tribu. A los varones adultos los comían y a los muchachos los castraban, algo que Chanca corrobora al decir que los jóvenes cautivos que encontraron tenían “cortados sus miembros”.

Cuando llegaban a la adultez los comían porque, según añade, para los caribes “la carne de hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo”. Entrar a sus viviendas era enfrentarse a este mundo antropófago que nuestro doctor observaba con curiosidad y repulsión. En una encontraron “un cuello de hombre hirviendo en un caldero”. En otras, los cascos de las cabezas colgados por las casas a manera de vasijas para tener cosas”, y por todas partes “infinitos huesos de hombres”. Ante estos hallazgos, los 1.500 viajeros se felicitaban de que su destino final fuera la tierra de los pacíficos arawakos del cacique Guacamari Estaban deseosos de asentarse de una vez por todas para comenzar la construcción de la ciudad que sería su nueva patria.

El 10 de noviembre zarparon nuevamente anhelando llegar a La Navidad donde 39 compatriotas los aguardaban. Pasaron frente a una isla que denominaron Montserrat, de la cual diez ex cautivas que llevaban les contaron que estuvo habitada, pero los caribes exterminaron su población. Llegaron a la que bautizaron San Martín, también de indios caribes, donde tuvo lugar el primer encuentro con éstos, en una suerte de pequeña “batalla naval”: 25 españoles estaban haciendo navegación costera en una barca, cuando vieron venir una canoa caribe con cuatro varones, dos mujeres y un muchacho, los siete tan absortos en la contemplación de la armada colombina, que pudieron aproximárseles para tomarlos por sorpresa. En el último instante los caribes advirtieron el peligro, reaccionaron y se armó la batalla que Chanca observó desde las naves.

Los de la barca peleaban con lanzas; los caribes, tanto varones como mujeres, con flechas. La barca embistió la canoa y la trastornó, pero los caribes nadaron hacia unos bancos de arena donde hacían pie y continuaron flechando hasta huir todos salvo uno que había recibido un lanzazo. Los españoles lo llevaron a una de las naves, pero murió poco después.

De ellos hubo dos heridos de flecha. Continuando la navegación pasaron frente a las islas que bautizaron Santa Cruz, Santa Ursula, Oncemil Vírgenes, Puerto Rico, Mona y Monito hasta llegar a La Española, sobre cuya costa norte, a algunos días más de navegación estaba La Navidad. Hacia allí se dirigió Colón, también deseoso de llegar a destino.

Durante este tramo final del viaje murió uno de los dos heridos en la batalla. Era la primera vez que la muerte se hacia presente entre los españoles por enfrentamientos con aborígenes y esto despertó en ellos un sentimiento lúgubre muy distinto del jubiloso que hasta entonces los había embargado. Ahora aparecía un mal un presagio.

LA TRISTE Y DURA REALIDAD

Llegaron al puerto que bautizaron Montecristo, distante 12 leguas de los dominios del cacique Guacamari. Chanca, siempre observador gozoso del paisaje, cuenta que allí desembocaba un hermoso y caudaloso río, y que Colón, en busca de sitio donde fundar su ciudad, despachó a una cuadrilla para que lo explorara. Los expedicionarios se internaron corriente arriba y, de pronto, hicieron un macabro hallazgo: “dos hombres muertos…, el uno con un lazo al pescuezo y el otro con otro al pie . Al día siguiente, “otros dos muertos…, el uno de estos… se le pudo conocer tener muchas barbas… Los nuestros sospecharon más mal que bien,., porque los indios son todos desbarbados”, señala Chanca.

Esto les permitió deducir que los muertos eran españoles y entonces una inquietud funesta los invadió, ¿que hallarían en La Navidad? Regresaron a informar a Colón, quien no podía creer que su amigo Guacamarí hubiera permitido que algo malo les sucediera a sus hombres. Con más ansias que nunca apuró la navegación. El 27 de noviembre a la noche surgió la costa de La Navidad. Por temor a encallar no quiso aproximarse hasta el amanecer, pero “mandó tirar dos lombardas a ver si respondían los cristianos que habían quedado con el dicho Guacamari, porque también tenían lombardas… Nunca respondieron ni menos aparecían fuegos ni señal de casas en aquel lugar, de lo cual se desconsoló mucho la gente”, comenta Chanca con un tono de preocupación que hasta ahora no había usado.

No era para menos, ya que durante el viaje todos habían aguardado el momento de la llegada e imaginado esa especie de jubiloso diálogo de lombardas que tendría lugar. También imaginaron la visión reconfortante de los fuegos ardiendo en medio de la noche, en cada hogar, pero, por el contrario, encontraban silencio y oscuridad. ¿Qué ocurría? Una canoa rondaba la nave capitana y uno de los indios pidió hablar con Colón.

Era primo de Guacamarí que le traía un obsequio en su nombre. Al preguntársele por los españoles de La Navidad respondió que estaban bien, aunque algunos murieron de “dolencias y otros de diferencias que habían acontecido entre ellos Le contó a Colón que Guacamarí no vivía más en el sitio donde lo dejó, porque los caciques Caonabó y Mayrení le habían hecho la guerra e incendiado el pueblo, razón por lo que debió mudarse. Agregó que de la lucha quedo’ herido en una pierna y por eso no había venido, pero que [al] otro día vendría. Cuenta Chanca que con esta explicación Colón se tranquilizó, sin embargo al día siguiente hubieron señales muy preocupantes: los arawakos, un año atrás cargosos de tan amistosos, brillaban por su ausencia.

Los españoles de La Navidad no daban señales de vida y cuando una cuadrilla fue al fuerte, lo halló incendiado hasta los cimientos. Finalmente, Guacamarino apareció como había anunciado su primo. Algo malo sucedía. El primo sí regresó y esta vez dijo que, en realidad, todos los de La Navidad estaban muertos; que los habían matado los mismos que atacaron a Guacamari. Los españoles quedaron atónitos con este cambio de versiones, además, el cacique continuaba sin aparecer. ¿Qué había sucedido? ¿Qué ocultaban él y su gente?

Las discusiones no tardaron en surgir, como escribe Chanca: “Habla entre nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando que el mismo Guacamarí fuese en la traición o muerte de los cristianos, otros les parecía que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho para dudar Colón estaba entre los que dudaban, negándose a creer en una traición de aquél que creyó su amigo, y acompañado por Chanca y otros más fue a La Navidad. Los restos parecían no haber sido tocados y por eso res llamó la atención no encontrar cadáveres; en cambio, en un caserío cercano del que los indios desaparecieron al verlos llegar, hallaron muchas cosas de los cristianos muertos. En el camino de regreso se es aproximaron unos indios que dijeron saber dónde estaban los cadáveres de once de los españoles.

Colón les preguntó quién los había matado y respondieron lo que sonaba a lección aprendida: los dos caciques enemigos de Guacamari. No obstante, Chanca advirtió que, mezcladas a esta explicación, “asomaban quejas que los cristianos uno tenía tres mujeres, otro cuatro, donde creemos que el mal que les vino fue de celos”. Es decir, que la Los indígenas celebraban fiestas con danzas y música en honora sus dioses, tal como se aprecia en este grabado de la Isla La Española, hoy Haití.

La matanza habría sido desenlace de un conflicto entre varones de ambas razas por la posesión de las indias, sobre quienes los hombres blancos y barbados ejercían gran atractivo, pero esta razón no convenció a nadie. Al día siguiente arribó la carabelas que Colón había enviado a explorar, al mando del capitán Melchior. Este contó algo que era como una pieza para agregar al rompecabezas de la misteriosa matanza: que le salió al paso una canoa en la que viajaba un hermano de Guacamari quien le rogó que fuese a visitarlo.

Fue—y lo relató con soma, tal como reprodujo en su carta el doctor Chanca— «lo encontró en su cama echado, haciendo del doliente herido”. Le preguntó por los muertos y respondió lo ya sabido, sus dos enemigos, recalcando que eran los mismos que lo hirieron. Le rogó que le llevara a Colón el mensaje deque lo visitara pues él —insistió— no podía hacerlo por su herida. Colón, quizá pensando que Guacamarí deseaba contarle la verdad de los hechos, fue a visitarlo acompañado por “gente de pro». Chanca describe así el encuentro: “El Almirante, vestido con sus mejores ropas, halló al cacique en su choza de ramas. Estaba rodeado de vasallos, yaciendo en su hamaca, con una pierna envuelta en un paño y, al verlo, le hizo manifestaciones de amistad y le dio nuevos obsequios”.

Luego se refiere a la matanza: “mostró mucho sentimiento con lágrimas en los ojos por la muerte de los Cristianos, e comenzó a hablar de ello . Sin dejar de llorar relató “cómo unos murieron de dolencia, e como otros se habían ido a Caonabó a buscar la mina de oro e que allí los habían muerto, e los otros que se los habían venido a matar allí, en su villa” de La Navidad. Durante todo el tiempo que habló, en ningún momento abandonó su expresión sufriente por lo que Colón le hizo una propuesta que Chanca relata así: “Estábamos presentes yo y un cirujano de armada, entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros éramos sabios de las enfermedades de los hombres, que nos quisiese mostrar la herida, él respondió que le placía, para lo cual yo dije sería necesario… saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba oscura e no se podría ver bien; lo cual él hizo luego, creo más de empacho que de gana… Guacamari dejó su hamaca y, apoyado en Colón, salió a la luz.

El cirujano le quitó la venda para ver la herida pero, oh sorpresa! no había ninguna. Guacamarí explicó que, en verdad, se había tratado de una pedrada, no de una herida, entonces el cirujano lo palpó, pero no encontró señas de golpe. “No tenía más mal en aquella [pierna] que en la otra [sana], aunque él hacía de raposo que le dolía mucho”, observa Chanca socarrón y despreciativo. La realidad era que el cacique había estado mintiéndoles, haciéndolos victimas de una burla. Esto, para muchos, demostraba su culpabilidad en la matanza, pero, para otros, no era prueba suficiente. “Ciertamente no se podía bien determinar —piensa Chanca— porque las razones eran ignotas, que ciertamente muchas cosas había que mostraban haber venido a él gente contraria. Asimismo el Almirante no sabía qué se hacer: parecióle, y a otros muchos, que por entonces y hasta bien saber la verdad, que se debía disimular, porque después de sabida… se podría de él recibir enmienda”.

Por eso Colón, por disimular y además considerando la conveniencia de restablecer la amistad con el cacique en cuya tierra iba a fundar su ciudad, diplomáticamente lo invitó a visitar las naves. Guacamari aceptó y fue acompañado de su hermano. En amistoso diálogo del que fueron intérpretes los dos lenguaraces arawakos, Colón le mostró las herramientas, objetos, semillas y caballos que traía de España para su ciudad y le dijo que quería levantarla próxima a su pueblo, pero el cacique lo disuadió pretextando que el lugar era malsano.

Mientras ambos dialogaban, el hermano del cacique lo hacía con las diez ex cautivas de los caribes que ahora servían a los españoles y así, en esas conversaciones, se pasó la tarde. Guacamari “tomó colación en la nao» tomó a su casa El encuentro, en el que no se mencionó la matanza de La Navidad. había sido satisfactorio y Colón creyó haber dado un paso positivo.

Sólo a la mañana se enteró de le que había sucedido mientras dormía: los dos lenguaraces escaparon a “uña de caballo”, y las ex cautivas también, sin duda inducidas por el hermano de Guacamari. Colón, enojado, despachó mensajeros para exigirle que las devolviera, pero cuando llegaron “hallaron el lugar despoblado, que no estaba persona en él”. El cacique había desaparecido, se había burlado nuevamente de él.

EL FINAL DEL PROYECTO

Nunca pudo saberse la verdad sobre lo ocurrido en La Navidad. Como escribe Chanca, “así que el poco entender… y las razones equívocas nos han traído a todos tan ofuscados que hasta ahora no se ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente , pero, para el grueso de los españoles, peor que la incógnita era el hecho de haber sido victimas de un manejo turbio. Colón, superando la amarga experiencia, prosiguió con su proyecto y fundó el fuerte de La Isabela sobre la costa norte de La Española, sin embargo, el recuerdo de la matanza y lo que algunos consideraban una debilidad inexcusable suya al no hacer entre los indios un castigo ejemplar, enturbió el ambiente desde el comienzo.

Al mes de fundada la colonia estalló un motín que Colón reprimió con extrema dureza, al punto que las protestas contra sus excesos llegaron a la corte y los reyes enviaron un veedor que lo despachó engrillado a España. El paraíso prometido por él se transformó en un infierno. A los enconos personales y al desánimo por el incumplimiento de las promesas de prosperidad se sumaron las enfermedades. Chanca escribe: “la gente ha adolecido en cuatro o cinco días el tercio de ella… pero espero en nuestro Señor que todos se levantarán con salud”. ¿Creía, realmente, en esta recuperación o la enunciaba para darse fuerzas a sí mismo y ocultar la verdad a las autoridades sevillanas?.

Hasta la naturaleza se volvió contra la colonia, primero con un incendio, después con un huracán hasta que La Isabela adquirió fama de ciudad maldita y finalmente fue abandonada. Hoy sus ruinas han sido excavadas y han aparecido los cimientos de la casa de Colón, de la iglesia desde cuyo campanario sonó la primera campana de América, de las viviendas de los pobladores, de un horno para hacer tejas, del hospital y de los almacenes.

Entre los objetos hallados hay pequeños frascos de vidrio para guardar medicinas, ¿habrían pertenecido al doctor Chanca? Nada sabemos de cómo siguió su vida. Si regresó a España ose quedó en La Española para asistir a la fundación que reemplazó a la malhadada Isabela, la ciudad de Santo Domingo levantada en la costa sur de la isla y destinada a ser el centro del naciente imperio español en América. En Historia del Nuevo Mundo de Girolamo Benzoni, aparece este grabado sobre las prácticas de canibalismo de algunos indígenas del Caribe. El descuartizamiento de personas y la cocción de su carne, fueron hechos que espantaron a los europeos y, a la vez, sirvieron para justificar la supremacía blanca sobre los “salvajes” aborígenes.

Las Carabelas de Cristobal Colón

Todos Los Presidentes Argentinos Cronologia y Sus Ministros

Todos Los Presidentes Argentinos y sus Gabinetes – Cronología de las Presidencias Argentinas

El gobierno de derecho o de jure,, es el que surge de los mecanismos legales vigentes en el estado.

La constitución escrita o no escrita determina los procedimientos que se deben seguir para que se constituya un gobierno.

Así establece la forma de gobierno, la distribución del poder, la competencia de cada uno de los órganos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), el tiempo que durarán en sus funciones y la forma de ser elegidos.

Las autoridades surgidas de esta manera, deben desempeñarse dentro del marco jurídico que establece la Constitución y las leyes del estado.

El gobierno de hecho o de facto al contrario que el gobierno de derecho, proviene de un origen no corriente y por lo tanto no estipulado por las normas legales del estado, expresadas por la Constitución o por las leyes especiales al respecto.

En Argentina existe una gran experiencia en este tipo de gobiernos.

Casi 24 años de gobierno de facto y seis golpes de estado militares en lo que va del siglo, más una cantidad imprecisable de asonadas militares y golpes palaciegos que no prosperaron, marcan una realidad que, aparte de la preocupación por la situación política del país, determinó una gran experiencia jurídico-poltica y filosófico-política, con respecto a las características de los gobiernos de facto.

LISTA CRONOLOGICA DE TODOS LOS PRESIDENTES ARGENTINOS

Macri, Mauricio (2015-2019)
Michetti, Gabriela

presidente argentino macri

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Kirchner, Cristina (2011-2015)
Boudou, Amado

presidente argentino cristina kirchnner

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Kirchner, Cristina (2007-2011)
Cobos, Julio

presidente argentino cristina kirchnner

Gobierno de Kirchner

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KIRCHNER, Néstor (2003-2007)
Scioli, Daniel

presidente kirchnner

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DUHALDE, Eduardo (2002-2003)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente argentino

Ver: Historia de los Cuatro Presidentes

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CAMAÑO, Eduardo (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente argentino

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RODRÍGUEZ SAA, Adolfo (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente rodriguez saa

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PUERTA, Ramón (2001-2001)
Provisional (Presidente del Senado)

presidente ramon puerta

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DE LA RUA, Fernando (1999-2001)
Carlos Alvarez

presidente democratico de la rua

Ver: Gobierno de De La Rua

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MENEM, Carlos Saúl (1995-1999)
Ruckauf, Carlos

presidente menem

Ver: Gobiernos de Menem

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MENEM, Carlos Saúl (1989-1995)
Eduardo Duhalde

presidente menem

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ALFONSIN, Raúl Ricardo (1983-1989)
Martinez Víctor

presidente alfonsin

Ver: Gobierno de Raúl Alfonsin

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BIGNONE, Reynaldo B.
(Gobierno de Facto)

prisodente de facto argentino bignone

Ver: Golpe de Estado en 1976

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GALTIERI, Leopoldo F.
(Gobierno de Facto)

presidente galtieri

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VIOLA, Roberto E.
(Gobierno de Facto)

presidente de facto argentino viola

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VIDELA, Jorge Rafael
(Gobierno de Facto)

presidente de facto videla

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MARTINEZ de Perón, María E. (1974 – 1976)

MARTINEZ DE PERON

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PERON, Juan Domingo (1973-1974)
Martinez de Perón María E.

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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LASTIRI, Raúl Alberto (1973-1973)
Normlizador

lastiri presidente interino

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CAMPORA, Héctor José (1973-1973)
Solano Lima

campora presidente argentino

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LANUSSE, Alejandro
Presidente de Facto

presidente de la junta militar argentina

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LEVINGSTON, Roberto
Presidente de Facto

presidente de facto argentino levington

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgONGANIA, Juan Carlos
Presidente de Facto

presidente argentino ongania

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgILLIA, Arturo Humberto
Perette, Humberto

arturo illia

Ver:Gobierno de Illia

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria4.jpgGUIDO, José María
Normalizador

presidente argentino interino guido

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FRONDIZI, Arturo
Gomez, Alejandro

arturo frondizi presidente

Ver: Gobierno de Frondizi

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ARAMBURU, Pedro E.
Rojas, Isaac

presidente aramburu

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LONARDI, Eduardo
Rojas, Isaac

lonardi presidente

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PERON, Juan Domingo
Teissaire, Alberto

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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PERON, Juan Domingo
Quijano, Hortensio

Juan Domingo Peron presidente

Ver: Historia del Peronismo

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FARRELL, Edelmiro
De Facto
Perón , Juan Domingo

presidente farrel

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RAMIREZ, Pedro Pablo
De Facto
Farrel, Edelmiro

ramirez presidente argentino

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CASTILLO, Ramón S. (1942 – 1943)
Reemplaza al anterior fallecido

castillo presidente argentino

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ORTIZ, Roberto M.1938 – 1942 – Fallece-
Castillo, Ramón S.

presidente ortiz

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JUSTO, Agustín P. (1932 – 1938)

Agustin P. Justo

Ver: La Decada Infame

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URIBURU, José Félix (1930 – 1932)
Santamaría Enrique

Uriburi Jose Felix

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YRIGOYEN, Hipólito (1928-1930) – Destituído-
Martinez Enrique

Irigoyen presidente

Ver:Gobierno de Irigoyen

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ALVEAR MARCELO T. DE (1922 – 1928)
Gonzalez Elpidio

alvear marcelo T.

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YRIGOYEN, Hipólito (1916-1922)
Luna Pelagio

Irigoyen presidente

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de la PLAZA, Victorino (1914-1916)
Reemplaza al anterior fallecido

Victorino La PLaza Presidente

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SAENZ PEÑA, Roque (1910-1914) – Fallece
De La Plaza Victorino

roque saenz peña

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FIGUEROA ALCORTA, José (1906-1910) -Reemplaza al anterior-

Alcorta presidente

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QUINTANA, Manuel (1904-1906) – Fallece
Figueroa Alcorta José

presidente quintana

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ROCA, Julio Argentino (1898-1904)
Quirno Costa Roberto

presidente roca julio argentino

Ver:Gobierno de Argentino Roca

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URIBURU, José E. (1895-1898)

presidente uriburu
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SAENZ PEÑA, Luis (1892-1895) – Renuncia
Uriburu José Evaristo

presidente saenz peña

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PELLEGRINI, Carlos (1890-1892)

presidente pellegrini
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JUAREZ CELMAN, Miguel (1886-1890) – Renuncia
Pellegrini Carlos

celman presidente

Ver: Juarez Celman

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ROCA, Julio Argentino (1880-1886)
Madero Francisco B.

presidente roca julio argentino

Ver: Argentino Roca

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AVELLANEDA, Nicolás (1874-1880)
Acosta Mariano

presidente avellaneda

Ver:Gobierno de Avellaneda

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SARMIENTO, Domingo F.(1868-1874)
Alsina Adolfo

presidente sarmiento

Ver:Gobierno de Sarmiento

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MITRE, Bartolomé (1862-1868)
Paz Marco

presidente mitre

Ver: Gobierno de Mitre

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DERQUI, Santiago (1860-1861)
Pedernera Juan E.

presidente de la confederacion

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URQUIZA, Justo José de (1854-1860)
Del Carril Salvador

presidente urquiza justo jose

Ver: Justo Jose de Urquiza

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RIVADAVIA, Bernardino
(1826-1827) – Renuncia-

rivadavia presidente

Ver: Gobierno de Rivadavia

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LISTA DE LOS GABINETES PRESIDENCIALES

En 1853 el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe aprobó una Constitución de carácter republicano, representativo y federal. A partir de entonces se sucedieron etapas de gobiernos constitucionales y gobiernos de facto.

Justo José de Urquiza (5 de mareo de 1852 – 5 de marzo de 1860).
Nació el 18 de octubre de 1801. Derrotó a Rosas en Caseros en 1852 y asumió la presidencia provisional. Luego de 1853, fue elegido primer presidente constitucional. Terminado su período, fue jefe del Partido Federal. Murió asesinado el 11 de abril de 1870.

Santiago Derqui (5 de marzo de 1860 – 5 de noviembre de 1861).
Nació en Córdoba en 1801. La victoria de las tropas bonaerenses al mando del general Bartolomé Mitre en Pavón terminó con su gobierno mucho antes de cumplir su mandato. Murió el 5 de septiembre de 1867.

Bartolomé Mitre (12 de octubre de 1862 – 12 de octubre de 1868) Nació en Buenos Aires, el 26 de junio de 1821. Vencedor en Pavón, se hizo cargo de la presidencia en forma provisional, hasta que fue elegido presidente constitucional en 1862, Luego de terminado su período, continuó gravitando en la política argentina como el principal líder de la oposición y como director del diario La Nación. Murió el 19 de enero de 1906.

Domingo Faustino Sarmiento (12 de octubre de 1868 – 12 de octubre de 1874).
Nació en San Juan, el 14 de febrero de 1811. Desde joven se inclinó hacia dos pasiones: por un lado, la educación y las letras; por otro, la política. Murió en Asunción del Paraguay, el 11 de septiembre de 1888. En su honor, el 11 de septiembre es celebrado como el «Día del maestro».

Nicolás Avellaneda (12 de octubre de 1874 – 12 de octubre de 1880)
Nació en Tucumán el 3 de octubre de 1837. Miembro del Partido Autonomista, llegó a la presidencia con sólo 37 años. Murió durante un viaje a Europa, el 25 de noviembre de 1888.

Julio Argentino Roca (12 de octubre de 1 880 -12 de octubre de 1886)
Nació en Tucumán el 17 de julio de 1 843. Luego de encabezar la «Campaña al Desierto» fue elegido presidente de la Nación. Al terminar su mandato era reconocido como el hombre más poderoso de la política argentina.

Miguel Juárez Celman (12 de octubre de 1886-6 de agosto de 1890) Nació en Córdoba en septiembre de 1847; en 1880 llegó a la gobernación de su provincia natal. En julio de 1890 tuvo que enfrentar la revolución del Parque: aunque pudo sofocarla, precipitó su renuncia anticipada. Murió el 14 de abril de 1909.

Carlos Pellegrini (7 de agosto de 1886 – 12 de octubre de 1892)
Nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1846, acompañó a Juárez Celman como vicepresidente y completó su mandato luego de su renuncia. Al morir, el 17 de julio de 1906, era candidato firme para la próxima presidencia.

Luis Sáenz Peña (12 de octubre de 1892 – 22 de enero de 1895).Nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1822. Incapaz de controlar los conflictos de su partido la oposición de la Unión Cívica Radical, renunció antes de culminar su mandato. Murió el 10 de diciembre de 1907.

José Evaristo Uriburu (22 de enero de 1895 – 12 de octubre de 1898).
Nació en Salta, el 19 de noviembre de 1831. Como vicepresidente de Sáenz Peña, completó el mandato luego de su renuncia. Murió en Buenos Aires, el 25 de octubre de 1914.

Julio Argentino Roca (12 de octubre de 1898 – 12 de octubre de 1904).
Su segunda presidencia estuvo jalonada por la inminente guerra con Chile, que logró evitar, y por una serie de intentos reformistas, tanto en el plano social como político. Al terminar su mandato, su estrella política estaba en franco declive. Murió el 19 de octubre de 1912.

Vicepresidente: Norberto Quirno Costa
MINISTROS
Agricultura: Emilio Frers, Martín García Merou, Ezequiel Ramos Mejía y Wenceslao Escalante.
Guerra: Luis María Campos y Pablo Ricchieri.
Hacienda: José María Rosa, Enrique Berduc y Marco Avellaneda.
Interior: Felipe Yofré y Joaquín V. González.
Justicia e Instrucción Pública: Osvaldo Magnasco, Juan E. Serú, Joaquín V. González y Juan N. Fernández.
Marina: Martín Rivadavia y Onofre Betbeder.
Obras Públicas: Emilio Civit.
Relaciones Exteriores y Culto: Amando Alcona, Luis María Drago y José A. Terry.

Manuel Quintana (12 de octubre de 1904 – 12 de marzo de 1906).
Sofocó exitosamente la revolución radical de 1905. Un año más tarde, el 12 de mareo de 1906, murió en ejercido del cargo.

Vicepresidente: José Figueroa Alcorta
MINISTROS
Agricultura: Damián Torino.
Guerra: Enrique Godoy.
Hacienda: José A. Terry.
Interior: Rafael Castillo.
Justicia e Instrucción Pública: Joaquín V. González.
Marina: Juan Alejandro Martín.
Obras Públicas: Adolfo V. Orma.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Rodríguez Larreta.

José Figueroa Alcorta (12 de marzo de 1906 – 12 de octubre de 1910).
Nació en Córdoba el 20 de noviembre de 1860. Como vicepresidente de Quintana, lo sucedió en el cargo luego de su muerte. Murió el 27 de diciembre de 1931.

MINISTROS
Agricultura: Ezequiel Ramos Mejía y Pedro Ezcurra.
Guerra: Luis M. Campos, Rosendo M. Fraga, Rafael M. Aguirre y Eduardo Racedo.
Hacienda: Norberto Piñeiro, Eleodoro Lobos y Manuel M. de Iriondo.
Interior: Norberto Quirno Costa, Manuel A. Montes de Oca, Joaquín V. González, Marco A. Avellaneda y José Gálvez.
Justicia e Instrucción Pública: Federico Pinedo, Juan Antonio Bibiloni,
Estanislao S. Zeballos y Rómulo S. Naón.
Marina: Onofre Betbeder y Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Miguel Tedín, Carlos Maschwitz y Ezequiel Ramos Mejía.
Relaciones Exteriores y Culto: Manuel A. Montes de Oca, Estanislao S.
Zeballos, Victorino de la Plaza y Carlos Rodríguez Larreta.

Roque Sáenz Peña (12 de octubre de 1910 – 9 de agosto de 1914).
Nació en Buenos Aires en 1 851, fue un activo opositor a Roca dentro del PAN. Se lo recuerda por la famosa reforma electoral aprobada en 1912 que estableció el voto obligatorio y secreto. Murió en su cargo el 9 de agosto de 1914.

Vicepresidente: Victorino de la Plaza
MINISTROS
Agricultura: Eleodoro Lobos, Mario Sáenz, Adolfo Mujica y Horacio
Calderón.
Guerra: Gregorio Vélez y Ángel P. Aliaría.
Hacienda: José María Rosa, Enrique S. Pérez, Norberto Pinero, Lorenzo Anadón y Enrique Carbó.
Interior: Indalecio Gómez y Miguel S. Ortiz.
Justicia e Instrucción Pública: Juan M. Garro, Carlos Ibarguren y Tomás R. Cullen.
Marina: Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Ezequiel Ramos Mejía, Carlos Meyer Pellegrini y Manuel Moyano.
Relaciones Exteriores y Culto: Epifanio Pórtela, Ernesto Bosch y José Luis Murature.

Victorino de la Plaza (9 de agosto de 1914 – 12 de octubre de 1916).
Nació en Salta, e! 2 de noviembre de 1841. Luego de una profusa carrera política, llegó 3. la vicepresidencia y de allí a la presidencia al morir Sáenz Peña. Falleció el 2 de octubre de 1919.

 MINISTROS
Agricultura: Horacio Calderón.
Guerra: Ángel P. Aliaría.
Hacienda: Enrique Carbó y Francisco J. Oliver.
Interior: Miguel S. Ortiz.
Justicia e Instrucción Pública: Tomás R. Cullen y Carlos Saavedra Lamas.
Marina: Juan Pablo Sáenz Valiente.
Obras Públicas: Manuel Moyano.
Relaciones Exteriores y Culto: José Luis Murature.

Hipólito Yrigoyen (12 de octubre de 191 6 – 12 de octubre de 1922).
Nació el 12 de julio de 1852 en Buenos Aires. Activo militante político desde su juventud, participó en la fundación de la Unión Cívica Radical en 1891. Convirtió a la UCR en una máquina política electoralmente invencible.

Vicepresidente: Pelagio B. Luna :
MINISTROS
Agricultura: Honorio A. Pueyrredón, Alfredo Demarchi, Eudoro Vargas Gómez y Carlos J. Rodríguez.
Guerra: Elpidio González y Julio Moreno.
Hacienda: Domingo Salaberry.
Interior: Ramón Gómez y Francisco Beiró.
Justicia e Instrucción Pública: José E. Salinas.
Marina: Federico Alvarez de Toledo, Julio Moreno y Tomás Zurueta.
Obras Públicas: Pablo Torello.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos A. Becú y Honorio A. Pueyrredón.

Marcelo T. de Alvear (12 de octubre de 1922 – 12 de octubre de 1928).
Nació en Buenos Aires, el 4 de octubre de 1868. Fue dirigente radical desde los orígenes de! partido. Luego de dejar la presidencia, siguió participando activamente de la política; fue candidato presidencial en 1937. Murió el 23 de marzo de 1942.

Vicepresidente: Elpidio González
MINISTROS
Agricultura: Tomás Le Bretón y Emilio Mihura.
Guerra: Agustín P. Justo.
Hacienda: Rafael Herrera Vegas y Víctor M. Molina.
Interior: José Nicolás Matienzo, Vicente C. Gallo y José P. Tamborini.
Justicia e Instrucción Pública: Irineo Celestino Marcó y Antonio Sagarna.
Marina: Manuel Domecq García.
Obras Públicas: Eufrasio Loza y Roberto M. Ortiz.
Relaciones Exteriores y Culto: Ángel Gallardo

Hipólito Yrigoyen (12 de octubre de 1928 – 6 de septiembre de 1930).
La. segunda presidencia de Yrigoyen, alcanzada por un porcentaje clavadísimo de votos a favor, terminó con su destitución en el primer golpe de la historia argentina. Murió el 3 de julio de 1933; una multitud acompañó sus restos.

Vicepresidente: Enrique Martínez
MINISTROS
Agricultura: Juan B. Fleitas.
Guerra: Luis. J. Dellepiane.
Hacienda: Enrique Pérez Colman.
Interior: Elpidio González.
Justicia e Instrucción Pública: Juan de la Campa.
Marina: Tomás Zurueta.
Obras Públicas: José Benjamín Ávalos.
Relaciones Exteriores y Culto: Horacio B. Oyhanarte.

José Félix Uriburu (6 de septiembre de 1930 – 20 de febrero de 1932).
Presidente de facto. Nació en Salta, e! 20 de julio de 1868. Militar de carrera, fue el líder del golpe que derrocó a Yrigoyen. Murió en París e! 29 de abril de 1932.

MINISTROS
Agricultura: Horacio Béccar Várela y David Arias.
Guerra: Francisco Medina.
Hacienda: Enrique S. Pérez y Enrique Uriburu.
Interior: Matías G. Sánchez Sorondo y Octavio S. Pico.
Justicia e Instrucción Pública: Ernesto E. Padilla y Guillermo Rothe.
Marina: Abel Renard y Carlos Daireaux.
Obras Públicas: Octavio S. Pico y Pablo Calatayud.
Relaciones Exteriores y Culto: Ernesto Bosch y Adolfo Bioy.

Agustín P. Justo (20 de febrero de 1932 – 20 de febrero de
Nació el 26 de febrero de 1 876 en Concepción del Uruguay. Militar de carrera, simpatizaba con el radicalismo antirigoyenista. Motorizó el fraude electoral para evitar cualquier victoria radical. Murió el 10 de enero de 1943, mientras conformaba su nueva candidatura presidencial.

Vicepresidente: Julio A. Roca (h.)
MINISTROS
Agricultura: Antonio De Tomaso, Euis Duhau y Miguel Ángel Cárcano.
Guerra: Manuel A. Rodríguez y Basilio B. Pertiné.
Hacienda: Alberto Hueyo, Federico Pinedo (h.), Roberto M. Ortiz y Carlos
Alberto Acevedo.
Interior: Leopoldo Meló, Ramón S. Castillo y Manuel R. Alvarado. Justicia e Instrucción Pública: Manuel M. de Iriondo, Ramón S. Castillo y Jorge de la Torre.
Marina: P. S. Casal y Eleazar Videla. Obras Públicas: Manuel R. Alvarado y Eleazar Videla.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Saavedra Lamas.

Roberto M. Ortiz (20 de febrero de 1938 – 27 de junio de 1942).
Nació el 24 de septiembre de 1886 y fue un importante dirigente del radicalismo antirigoyenista. Luego de su renuncia por razones de salud, murió el 15 de julio de 1942.

Vicepresidente: Ramón S. Castillo
MINISTROS
Agricultura: José de Jesús Padilla y Cosme Massini Ezcurra.
Guerra: Carlos D. Márquez.
Hacienda: Pedro Groppo.
Interior: Diógenes Taboada.
Justicia e Instrucción Pública: Jorge E. Coll.
Marina: León L. Scasso.
Obras Públicas: Manuel Ramón Alvarado y Luis A. Barberis.
Relaciones Exteriores y Culto: José María Cantilo.

Ramón S. Castillo (27 de junio de 1942 – 4 de junio de 1943).
Nació en Catamarca en 1 873, alcanzó la vicepresidencia luego de una dilatada carrera política en el partido Conservador. Liego ,a la presidencia luego de la renuncia de Ortiz; fue derrocado por un golpe militar. Murió en 1944.

MINISTROS
Interior: Miguel J. Culaciati.
Agricultura: Cosme Massini Ezcurra y Daniel Amadeo y Videla.
Guerra: Juan M. Tonazzi y Pedro Pablo Ramírez.
Hacienda: Federico Pinedo (h.), Salvador Oria y Carlos Alberto Acevedo.
Justicia e Instrucción Pública: Guillermo Rothe.
Marina: Mario Fincati.
Obras Públicas: Salvador Oria.
Relaciones Exteriores y Culto: Julio A. Roca (h.) y Enrique Ruiz Guiñazú.

Arturo Rawson (4 de junio de 1943 -1 de junio de 1943).
Presidente de facto. Militar de carrera, nadó en Santiago del Estero en 1885 y murió en Buenos Aires en 1952. Gobernó el país sólo tres días.

Pedro P. Ramírez (7 de junio de 1943 – 9 de marzo de 1944). Presidente de facto.
Nació en 1884 en Entre Ríos, donde murió en 1 962. Fue el verdadero líder del golpe de 1943.

Vicepresidentes: Sabá H. Sueyro (fallecido en ejercicio del cargo) y Edelmiro J. Farrell
MINISTROS
Agricultura: Diego I. Masón.
Guerra: Edelmiro J. Farrell.
Hacienda: Jorge A. Santamarina y César Ameghino.
Interior: Alberto Gilbert y Luis César Perlinger.
Justicia e Instrucción Pública: Elbio C. Anaya, Gustavo Martínez Zuviría y Honorio Silgueira.
Marina: Benito S. Sueyro.
Obras Públicas: Ismael F. Galíndez, Ricardo Vago y Juan Pistarini.
Relaciones Exteriores y Culto: Alberto Gilbert y Segundo R. Storni.

Edelmiro J. Farrel (10 de marzo de 1944 – 4 de junio de 1946). Presidente de facto. Nació en 1887. Fue militar de carrera y protector de! coronel Perón. Murió en 1980.

MINISTROS
Agricultura: Diego I. Masón, Amaro Avalos y Pedro S. Marotta.
Guerra: Juan Domingo Perón, Eduardo J. Avalos y José Humberto Sosa
Molina. Hacienda: César Ameghino, Ceferino Alonso Irigoyen, Armando G. Antille, Eduardo J. Avalos y Amaro Avalos. Interior: Luis César Perlinger, Alberto Teisaire, Jazmín Hortensio Quijano, Eduardo J. Avalos, Bartolomé Descalzo y Felipe Urdapilleta.
Justicia e Instrucción Pública: Gustavo Martínez Zuviría, Honorio Silgueira,
Alberto Baldrich, Rómulo Etcheverry Boneo, Benito J. Benítez, Héctor
Vernengo Lima y José María Astigueta.
Marina: Alberto Teisaire, Héctor Vernengo Lima y Abelardo Pantín. Obras Públicas: Juan Pistarini. Relaciones Exteriores y Culto: Alberto Gilbert, Orlando L. Peluffo, César Ameghino y Juan I. Cooke.

Juan Domingo Perón (4 de junio de 1946 – 20 de septiembre de 1955).
Nació un 8 de octubre de 1895 en la provincia de Buenos Aires. Siendo coronel, fue e! más lúcido de los militarse que llegaron al poder luego del golpe de 1943. Modificó la Constitución para poder acceder a un segundo mandato, lo que sucedió en 1952. Fue derrocado en 1955 por un golpe de Estado. Marchó al exilio, que establecería definitivamente en España, desde donde siguió teniendo gran influencia en la política argentina.

Vicepresidente: Jazmín Hortensio Quijano
MINISTROS*
Aeronáutica: César R. Ojeda y Juan Ignacio San Martín.
Agricultura: Juan Carlos Picazo Elordy y Carlos A. Emery.
Asuntos Políticos: Román S. Subiza.
Asuntos Técnicos: Raúl A. Mendé.
Comunicaciones: Osear Nicolini.
Economía: Roberto A. Ares.
Educación: Osear Ivanissevich y Armando Méndez San Martín.
Ejército: Franklin Eucero.
Finanzas: Alfredo Gómez Morales.
Guerra: José Sosa Molina.
Hacienda: Ramón Antonio Cereijo.
Industria y Comercio: José C. Barro.
Interior: Ángel Gabriel Borlenghi.
Justicia e Instrucción Pública: Belisario Gaché Piran y Natalio Carvajal
Palacios.
Marina: Fidel L. Anadón y Enrique B. García. Obras Públicas: Juan Pistarini. Relaciones Exteriores y Culto: Juan Atilio Bramuglia, Hipólito Jesús Paz y
Jerónimo Remorino. Salud Pública: Ramón S. Carrillo. Trabajo y Previsión: José María Freiré. Transportes: Juan E Castro y Juan E. Maggi.

SEGUNDO GOBIERNO
Vicepresidentes: Jazmín Hortensio Quijano (fallecido en ejercicio de su cargo) y Alberto Teisaire
MINISTROS
Aeronáutica: Juan Ignacio San Martín.
Agricultura y Ganadería: Carlos A. Hogan y José María Castiglione.
Asistencia Social y Salud Pública: Ramón S. Carrillo y Raúl C. Bevacqua.
Asuntos Económicos: Alfredo Gómez Morales.
Asuntos Políticos: Román A. Subiza y Alberto Teisaire.
Asuntos Técnicos: Raúl A. Mendé.
Comercio Exterior: Antonio Cañero.
Comercio: Manuel E. Palarea.
Comunicaciones: Osear E. M. Nicolini.
Defensa: José Sosa Molina.
Educación: Armando Méndez San Martín y FranciscoAnclada.
Ejercito: Franklin Lucero. Finanzas: Miguel Revestido.
Hacienda: Pedro A. Bonnani.
Industria y Comercio: Rafael F. Amundarain.
Industria: Orlando Santos.
Interior y Justicia: Ángel Gabriel Borlenghi y Osear E. M. Albrieu.
Justicia: Natalio Carvajal Palacios. Marina: Aníbal O. Olivieri y Luis J. Cornes.
Obras Públicas: Roberto M. Dupeyrón.
Relaciones Exteriores y Culto: Jerónimo Remorino e Idefonso F. Cavagna Martínez.
Trabajo y Previsión: José María Freiré y Alejandro B. Giavarini.
Transportes: Juan E. Maggi y Alberto J. Iturbe.

Eduardo Lonardi ( 20 de septiembre 1955 – 13 de noviembre de 1955). Presidente de facto.Nació en 1896 y murió en 1956. Intentó cooptar sin éxito la popularidad de Perón, a quien había derrocado.

MINISTROS
Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim.
Agricultura y Ganadería: Alberto Francisco Mercier.
Asistencia Social y Salud: Ernesto Alfredo Rottger.
Comercio: César A. Bunge.
Comunicaciones: Euis María Ygartúa.
Educación: Atilio Dell’Oro Maini.
Ejército: Justo Eeón Bengoa y Arturo Ossorio Arana.
Finanzas: Julio Alizón García.
Hacienda: Eugenio José Folcini.
Industria: Horacio Morixe.
Interior y Justicia: Eduardo B. Busso.
Interior: Luis María de Pablo Pardo.
Justicia: Bernardo Velar de Irigoyen.
Marina: Teodoro E. Hartung.
Obras Públicas: José Blas Paladino.
Relaciones Exteriores y Culto: Mario Amadeo.
Trabajo y Previsión: Luis Benito Cerruti Costa.
Transportes: Juan José Uranga.

Pedro Eugenio Aramburu (13 de noviembre de 1955 – 1° de mayo de 1958).
Presidente de facto, Nació el 21 de mayo de 1903. Fanático antiperonista, fue secuestrado y asesinado por la agrupación armada peronista Montoneros el 1° de junio de 1970.

MINISTROS
Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim, Julio César Krause, Eduardo F.
Mac Loughlin y Jorge Horacio Landaburu.
Agricultura y Ganadería: Alberto Francisco Mercier.
Asistencia Social y Salud  Molina y Francisco Martinez
Comercio: Juan Llamazares.
Comunicaciones: Luis María Ygartúa y Ángel H. Cabral.
Educación y Justicia: Carlos A. Adrogué y Acdel Ernesto Salas.
Educación: Atilio Dell’Oro Maini. Ejército: Arturo Ossorio Arana y Jaime Víctor Majó.
Finanzas: Julio Alizón García.
Hacienda: Eugenio Alberto Blanco, Roberto P. Verrier y Adalbert Krieger Vasena.
Industria y Comercio: Rodolfo Martínez y Julio César Cueto Rúa.
Industria: Alvaro Carlos Alsogaray.
Interior: Eduardo B. Busso, Laureano Landaburu y Carlos Román S. Aleonada Aramburú.
Justicia: Laureano Landaburu. Marina: Teodoro E. Hartung.
Obras Públicas: Pedro Mendiondo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis A. Podestá Costa, Alfonso de Laferrere y Alejandro Ceballos.
Trabajo y Previsión: Raúl Carlos Migone, Horacio Aguirre Legarreta y Tristán Enrique Guevara.
Transportes: Sadi Eduardo Bonnet.

Arturo Frondizi (1° de mayo de 1958 – 29 de marzo de 1962).
Nació el 28 de octubre de 1908, fue desde joven un activo militante radical. Su gobierno no pudo resistir la presión militar y fue obligado a renunciar. Murió el 18 de abril de 1995.

Vicepresidente: Alejandro Gómez
MINISTROS
Asistencia Social y Salud Pública: Héctor N. Noblía y Tiburcio Padilla.
Defensa Nacional: Gabriel del Mazo, Justo Policarpo Villar y Rodolfo Martínez (h.). Economía: Donato del Carril, Alvaro C. Alsogaray, Roberto T. Alemann, Carlos A. Coll Benegas y Jorge Wehbe.
Educación y Justicia: Luis Rafael Mac Kay y Miguel Susini (h.).
Interior: Alfredo Roque Vitólo, Hugo Vaca Narvaja.
Obras y Servicios Públicos: Justo Policarpo Villar, Alberto Rafael Costantini,
Arturo Acevedo, José Mazar Barnet y Pedro Petriz.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos A. Florit, Diógenes Taboada, Adolfo Mujica, Miguel Ángel Cárcano y Roberto Etchepareborda.
Trabajo y Seguridad Social: Alfredo E. Allende, David Blejer, Guillermo Acuña Anzorena, Ismael Bruno Quijano y Osear Ricardo Puiggrós.
Secretarios de Aeronáutica: Ramón Amado Abrahim, Roberto Huerta y Jorge Rojas Silveyra.
Secretarios de Guerra: Héctor Solanas Pacheco, Elbio C. Anaya, Rodolfo Larcher y Rosendo M. Fraga.
Secretarios de Marina: Adolfo E Estévez y Gastón Clement.

José Haría Guido (30 de marzo de 1962 – 12 de octubre de 1963).
Nació en 1910 y murió en 1975. Sucedió a Frondizi por ser presidente del Senado.

MINISTROS
Defensa Nacional: Ernesto J. Lanusse, José Luis Cantilo, Adolfo Lanús y José Mariano Astigueta. Economía: Jorge Wehbe, Federico Pinedo (h.), Alvaro C. Alsogaray, Eustaquio Méndez Delfino y José Alfredo Martínez de Hoz.  Educación y Justicia: Miguel Susini (h.), Alberto Rodríguez Galán y José Mariano Astigueta.
Interior: Hugo Vaca Narvaja, Rodolfo Martínez (h.), Jorge Walter Perkins, Carlos A. Adrogué, Rodolfo Martínez (h.), Enrique Rauch y Guillermo Osiris Villegas.
Obras y Servicios Públicos: Pedro Petriz, Julio César Crivelli, Horacio J. Zubiri, José Mazar Barnet y Luis de Carli. Relaciones Exteriores y Culto: Roberto Etchepareborda, Mariano J. Drago, Bonifacio del Carril, Carlos Manuel Muñiz y Juan C. Cordini.
Trabajo y Seguridad Social: Osear R. Puiggrós, Galileo Puente, Rodolfo Guido Martelli y Bernardo Bas.
Secretarios de Aeronáutica: Jorge Rojas Silveyra, Juan Carlos Pereira y Eduardo E Mac Loughlin.
Secretarios de Guerra: Bartolomé Carreras, Juan Bautista Loz, Eduardo Argentino Sefiorans, José O. Cornejo Saravia, Benjamín Rattenbach y Héctor Repeto. Secretarios de Marina: Gastón A. Clement, Carlos A. Garzoni y Carlos A. Kolungia.

Arturo Humberto Illia (12 de octubre de 1963 – 28 de junio de 1966).
Nació el 4 de agosto de 1900 en Pergamino y murió el 1 8 de enero de 1981. Dirigente radica! de Córdoba, fue derrocado por el golpe del general Onganía.

Vicepresidente: Carlos Humberto Perette
MINISTROS
Asistencia Social y Salud Pública: Arturo Oñativia.
Defensa Nacional: Leopoldo Suárez.
Economía: Eugenio A. Blanco y Juan Carlos Pugliese.
Educación y Justicia: Carlos R. S. Aleonada Aramburu.
Interior: Juan S. Palmero.
Relaciones Exteriores y Culto: Miguel Ángel Zavala Ortiz.
Trabajo y Seguridad Social: Fernando Sola.
Secretario de Marina: Manuel A. Pita.
Secretarios de Aeronáutica: Martín Rafael Cairo y Mario Romanelli.
Secretarios de Guerra: Ignacio Ávalos y Eduardo R. Castro Sánchez.

Juan Carlos Onganía (28 de junio de 1966 – 8 de junio de 1970). Presidente de facto. Nació en 1914, su régimen se caracterizó por un extremo autoritarismo. Murió en 1995.

MINISTROS
Bienestar Social: Roberto Juan Petracca, Julio Emilio Álvarez, Conrado Ernesto Bauer y Carlos Alberto Consigli.
Cultura y Educación: Carlos María Gelly y Obes, José María Astigueta y Dardo Pérez Guilhou.
Defensa: Antonio Roberto Lanusse, Emilio Federico van Peborgh y José Rafael Cáceres Monié.
Economía y Trabajo: Jorge Néstor Salimei, Adalbert Krieger Vasena y José María Dagnino Pastore.
Interior: Enrique Martínez Paz, Guillermo Antonio Borda y Francisco A. Imaz.
Justicia: Conrado José Echebarne.
Obras y Servicios Públicos: Luis María Gotelli.
Relaciones Exteriores y Culto: Nicanor Costa Méndez y Juan Benedicto Martín.

Roberto M Levingston (18 de junio de 1970 – 23 de marzo de 1971). Presidente de facto. Nació en San Luis en 1920. Fue destituido por las Fuerzas Amadas.

MINISTROS
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Amadeo Ricardo Frúgoli.
Cultura y Educación: José Luis Cantini.
Defensa: José R. Cáceres Monié.
Interior: Eduardo E Mac Loughlin y Arturo Armando Cordón Aguirre.
Ministerio de Economía y Trabajo: Carlos Moyano LlerenayAldo Ferrer.
Ministerio de Justicia: Jaime Luis E. Perriaux.
Obras y Servicios Públicos: Aldo Ferrer y Osear Juan H. Colombo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo.

Alejandro A, Lanusse (26 de marzo de 1971 – 25 de mayo de 1973).
Nació en 1918. Intentó sin éxito acotar el creciente poder de Perón y piloteó la salida electoral del régimen. Murió en 1996.

MINISTROS
Agricultura y Ganadería: Gabriel Perren, Antonio Di Rocco y Ernesto J. Lanusse.
Bienestar Social: Francisco Guillermo Manrique y Osear Ricardo Puiggrós.
Comercio: Alfredo José Girelli y Daniel García. Cultura y Educación: José Luis Cantini y Gustavo Malek.
Defensa: José Rafael Cáceres Monié y Eduardo Enrique Aguirre Obarrio.
Hacienda y Finanzas: Juan A. Quillici, Cayetano Licciardo y Jorge Wehbe.
Industria y Minería: Carlos Cásale y Ernesto Parellada.
Industria, Comercio y Minería: Osear Chescotta.
Interior: Arturo Mor Roig. Justicia: Jaime Luis Enrique Perriaux, Ismael Bruno Quijano y Gervasio R. C. Colombres.
Obras y Servicios Públicos: Oscar Juan I I. Coloinboy Pedro A. Coidlllo.
Relaciones Exteriores y Culto: Luis María de Pablo Pardo y Eduardo Mac Loughlin.
Trabajo: Rubens San Sebastián.

Héctor J. Campora (25 de mayo de 1973 – 13 de julio de 1973),

Nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, en 1909. Activo dirigente peronista, fue adoptado por la izquierda peronista como su líder, pero tuvo que renunciar para dejar paso a una nueva presidencia de Perón. Murió en México, en 1979.

Vicepresidente: Vicente Solano Lima

MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Hacienda y Finanzas: José Ber Gelbard.
Interior: Esteban J. A. Righi.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Carlos Puig.
Trabajo: Ricardo Otero.
Raúl Alberto Lastiri (interino, por renuncia de H. Cámpora)

Raúl Alberto Lastiri (13 de julio de 1973 – 12 de octubre de 1973).
Nació en 1915. Completó e! mandato de Campera hasta la asunción de Perón. Murió en 1978.

Vicepresidente: Vicente Solano Lima
MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Hacienda y Finanzas: José Ber Gelbard.
Interior: Benito Pedro Llambí.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Vicente Vignes.
Trabajo: Ricardo Otero.

Juan Domingo Perón (12 de octubre de 1973 – 1° de julio de 1974).
La tercera presidencia del anciano líder se caracterizó por un clima de violencia creciente. Su muerte en ejercicio del cargo complicó aún más la difícil situación por la que atravesaba el país.

Vicepresidente: María Estela Martínez de Perón
MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana.
Defensa: Ángel Federico Robledo.
Economía: José Ber Gelbard.
Interior: Benito Pedro Llambí.
Justicia: Antonio Juan Benítez.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Vicente Vignes.
Trabajo: Ricardo Otero.

María Estela Martínez de Perón (1 ° de julio de 1974 – 24 de marzo de 1976).
Nació en 1931. Esposa y vicepresidente de Perón, no pudo controlar la violencia cotidiana. Fue derrocada por un golpe de Estado.

MINISTROS
Bienestar Social: José López Rega, Carlos A. G. Villone, Rodolfo A. Roballos, Carlos Emery y Aníbal V. Demarco.
Cultura y Educación: Jorge Alberto Taiana, Osear Ivanissevich y Pedro Arrighi.
Defensa: Ángel E Robledo, Adolfo M. Savino, Jorge E. Garrido, Tomás S. Vottero, Ricardo C. Guardo y José Alberto Deheza.
Economía: José Ber Gelbard, Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo, Pedro J. Bonanni, Antonio E Cañero y Emilio Mondelli.
Interior: Benito Pedro Llambí, Alberto L. Rocamora, Antonio J. Benítez, Vicente Damasco, Ángel E Robledo y Roberto A. Ares.
Justicia: Antonio J. Benítez, Ernesto Corvalán Nanclares, José Alberto Deheza y Augusto Pedro Saffores. Relaciones Exteriores y Culto: Alberto J. Vignes, Ángel E Robledo, Manuel G. Arauz Castex y Raúl A. Quijano. Trabajo: Ricardo Otero, Cecilio Conditi, Carlos E Ruckauf y Miguel Unamuno.

Jorge Rafael Videla (24 de marzo de 1976 – 29 de marzo de 1981), Presidente de facto.
Nació en agosto de 1925. Militar de carrera, impuso un régimen de terror que incluyó secuestros, torturas y asesinatos masivos. Hoy purga prisión por sus crímenes.

MINISTROS
Bienestar Social: Julio Juan Bardi y Jorge Alberto Fraga.
Cultura y Educación: Ricardo P. Bruera, Juan José Catalán y Juan Llerena Amadeo.
Defensa: José María Klix y David de la Riva.
Economía: José Alfredo Martínez de Hoz.
Interior: Albano E. Harguindeguy.
Justicia: Julio A. Gómez y Alberto Rodríguez Várela.
Planeamiento: Ramón G. Díaz Bessone y Carlos E. Laidlaw.
Relaciones Exteriores y Culto: César A. Guzzetti, Osear A. Montes y Carlos W. Pastor.
Trabajo: Horacio Tomás Liendo y Llamil Reston.

Roberto Eduardo Viola (29 de marzo de 1981 – 11 de diciembre de 1981). Presidente de facto. Nació en 1924. Su presidencia fue breve ya que fue desplazado por un golpe de palacio militar.

MINISTROS
Acción Social: Carlos Alberto Lacoste.
Agricultura y Ganadería: Jorge Aguado.
Comercio e Intereses Marítimos: Carlos García Martínez.
Cultura y Educación: Carlos Burundarena.
Defensa: Norberto Couto.
Economía, Hacienda y Finanzas: Lorenzo Sigaut.
Industria y Minería: Kduanlo ( kenlóid y Livio G. Kuhl.
Interior: Horacio Tómás Liendo.
Justicia: Amadeo Frúgoli.
Obras y Servicios Públicos: Diego Urricarriet.
Relaciones Exteriores y Culto: Osear Camilión.
Salud Pública y Medio Ambiente: Amílcar E. Arguelles.
Trabajo: Julio C. Porcile.

Leopoldo Fortunato Galtieri (22 de diciembre de 1981 – 17 de junio de 1982). Presidente de facto. Nadó en 1926, lideró al sector nacionalista del ejército. Llevó a la Argentina a la guerra por Malvinas. La derrota provocó su renuncia. Murió en enero de 2003.

MINISTROS
Acción Social: Carlos Alberto Lacoste.
Defensa: Amadeo Frúgoli.
Economía: Roberto T. Alemann.
Educación: Cayetano Licciardo.
Interior: Alfredo Osear Saint Jean.
Justicia: Lucas Jaime Lennon.
Obras y Servicios Públicos: Sergio Martini.
Relaciones Exteriores y Culto: Nicanor Costa Méndez.
Salud Pública y Medio Ambiente: Horacio Rodríguez Castells.
Trabajo: Julio César Porcile.

Reynaldo Benito Bignone (1° de julio de 1982 – 10 de diciembre de 1983), Presidente de facto. Nació en 1928 y piloteó la retirada militar y una nueva apertura constitucional.

MINISTROS
Acción Social: Adolfo Navajas Artaza.
Defensa: Julio José Martínez Vivot y Juan C. Camblor.
Economía: José Dagnino Pastóre y Jorge Webhe.
Educación: Cayetano Licciardo.
Interior: Llamil Reston.
Obras y Servicios Públicos: Conrado Bauer.
Relaciones Exteriores y Culto: Juan Ramón Aguirre Lanari.
Salud Pública y Medio Ambiente: Horacio Rodríguez Castells.
Trabajo: Héctor Villaveirán.

Raúl Ricardo Alfonsín (10 de diciembre de 1983-8 de julio de 1989).
Nació en Chascomús, provincia de Buenos Aires, en 1927. Líder radical renovador, llegó al gobierno como primer presidente de la nueva democracia. Los múltiples y graves problemas de su gobierno lo obligaron a renunciar antes de finalizar su mandato.

Vicepresidente: Víctor Martínez
MINISTROS
Defensa: Raúl Borras, Roque G. Carranza, Germán O. López y José Horacio Jaunarena.
Economía: Bernardo Grinspun, Juan Vital Sourrouille, Juan Carlos Pugliese y Jesús Rodríguez.
Educación y Justicia: Carlos R. S. Aleonada Arambnní, Jorge Federico Sábato y José Gabriel Dumón.
Interior: Antonio Tróccoli, Enrique Nosiglia y Juan Carlos Pugliese
Obras y Servicios Públicos: Roque G. Carranza, Roberto Tomasini, Indro Trueco, Rodolfo Terragno y Roberto Echarte.
Relaciones Exteriores y Culto: Dante Caputo y Susana M. Ruiz Cerutri.
Salud y Acción Social: Aldo Carlos Neri, Conrado Hugo Storani, Ricardo A. Barrios Arrechea y Enrique Beveraggi. Trabajo y Seguridad Social: Antonio J. Mucci, Juan Manuel Casella, Hugo Barrionuevo, Carlos Alderete y Santiago Ideler Tonelli.

Carlos Saúl Menem (8 de julio de 1989 – 9 de diciembre de 1999).
Nació en La Rioja en 1930, lideró el regreso del peronismo al gobierno. Modificó la Constitución para ser reelegido, lo cual sucedió en 1995.

Vicepresidente: Eduardo Duhalde
MINISTROS
Defensa: Italo Argentino Luder, Humberto Romero, Guido Di Telia, Antonio Erman González y Osear Camilión. Economía: Miguel Roig, Néstor Rapanelli, Antonio Erman González y Domingo F. Cavallo.
Educación: Antonio Salonia y Jorge Rodríguez
Interior: Eduardo Bauza, Julio Mera Figueroa, José Luis Manzano, Gustavo O. Beliz, Carlos F. Ruckauf y Carlos V. Corach.
Justicia: León Carlos Arslanián, Jorge Maiorano y Rodolfo Barra.
Obras y Servicios Públicos: José Roberto Dromi.
Relaciones Exteriores y Culto: Domingo F. Cavallo y Guido Di Telia.
Salud y Acción Social: Julio César Corzo, Antonio Erman González, Eduardo Bauza, Alberto Kohan, Avelino Porto, Julio César Aráoz y Alberto Mazza.
Trabajo y Seguridad Social: Alberto Jorge Triaca, Rodolfo Díaz, Enrique Rodríguez y Armando Caro Figueroa.

SEGUNDO PERIODO

Vicepresidente: Carlos F. Ruckauf
Jefes de Gabinete:Eduardo Bauza y Jorge Rodríguez

MINISTROS
Defensa: Osear Camilión y Jorge Domínguez.
Economía: Domingo F. Cavallo y Roque Fernández.
Educación: Jorge Rodríguez, Susana Decibe y Manuel García Sola.
Interior: Carlos V. Corach.
Justicia Rodolfo Barra, Elías Jassan y Raúl Grranillo Ocampo.
Relaciones Exteriores y Culto: Guido Di Telia.
Salud y Acción Social: Alberto Mazza.
Trabajo y Seguridad Social: Armando Caro Figueroa, Antonio Erman González y José Uriburu.

Fernando de la Rúa (9 de diciembre de 1999 – 20 de diciembre de 2001).
Nació en Córdoba, el 15 de septiembre de 1937. Dirigente del radicalismo conservador, llegó a la presidencia con una alianza política que se desintegró en pocos meses. Renunció acosado por la crisis económica y en medio de un levantamiento popular en su contra.

Vicepresidente: Calos «Chacho» Alvarez

Terragno (jefe de Gabinete), Fernández Meijide (Acción Social), Juan José Llach (Educación), Federico Storani (Interior), Adalberto Rodríguez Giavarini (Cancillería), Gallo (Infraestructura), López Murphy (Defensa), José Luis Machinea (Economía), Alberto Flamarique (Trabajo), Ricardo Gil Lavedra (Justicia), Héctor Lombardo (Salud), y Jorge de la Rúa (secretario de la Presidencia)

Ramón Puerta (20 de diciembre de 2001 – 22 de diciembre de 2001). Dirigente peronista nació en 1951. Presidente provisional.

Adolfo Rodríguez Saa (22 de diciembre de 2001 – 30 de diciembre de 2001).
Dirigente peronista, nació en San Luis en 1947. Elegido por e! Congreso, renunció a la semana ante un nuevo levantamiento popular.

Eduardo Camaño (31 de diciembre de 2001 – 1° de enero de 2002). Dirigente peronista, nació en 1946. Presidente provisional.

Eduardo Duhalde (1° de enero de 2002 – 25 de mayo de 2003).
Nació en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires en 1941. Fue gobernador y principal líder del peronismo bonaerense. Logró estabilizar la conflictiva situación política y social.

Néstor C. Kirchner (25 de mayo de 2003 – 2007).
Nació en Santa Cruz en 1950. Militó desde joven en el peronismo de su provincia hasta alcanzar el cargo de gobernador. En el año 2006 es el Presidente de los argentinos.