Biografía de Marco M. de Avellaneda



Biografía de Marco M. de  Avellaneda

Nació en la ciudad de Catamarca el 18 de junio de 1813, siendo sus padres don Juan Nicolás de Avellaneda y Tula, y doña Salomé González. De pocos años pasó a la ciudad de Tucumán, volviendo después a la de Catamarca a estudiar latín bajo la dirección de un distinguido profesor eclesiástico que se complacía en reputarle el más aventajado de sus discípulos, pues a la edad de 9 años, le eran conocidos ya los clásicos latinos, que traducía con notable facilidad.

Demostrando una inteligencia precoz y dotes especiales por el estudio, Avellaneda fue comprendido en el grupo de jóvenes que por disposición del Presidente Rivadavia y costeados por el Estado, vinieron a estudiar a la Capital. Cursó en las aulas del Colegio de Ciencias Morales ingresando después en la Facultad de Derecho, en la que se graduó de abogado en 1834.

marco de avellanedaFueron sus compañeros de colación: Lusebio Agüero, Gregorio Alagón, Francisco S. Antuña, Juan María Gutiérrez, Manuel Mansilla, Olegario Morón, Marcos Paz, José María Reybaud, Juan M. Thompson y Estanislao Vega. Fue su padrino de colación, el Dr. Mauricio Herrera, habiendo tenido lugar el acto el 5 de mayo de 1834.

Dotado de palabra fácil y persuasiva, a medida que enriquecía su espíritu en los libros, Avellaneda se hacía notar por su singular elocuencia excitando el entusiasmo y la admiración de sus condiscípulos que le llamaban “Marco Tulio Cicerón”. Empezó por escribir en algunos periódicos en 1833, durante el gobierno del general Juan Ramón Balcarce; fue co-redactor de “El Amigo del País”, diario opositor a Rosas.

Algún tiempo después, la influencia del Dictador arrastraba a las cárceles y pontones mucha juventud distinguida: advertido, el joven Avellaneda resolvió regresar a Tucumán. Por su talento e ilustración estaba destinado a ocupar los más altos puestos compatibles con su profesión: fue presidente del Tribunal de Justicia y Presidente de la Legislatura.

Pero su espíritu elevado y generoso no podía permanecer indiferente a los males que azotaban a la Patria, desangrada y oprimida por la dictadura y los caudillos.

Realiza activa propaganda política contra el caudillo local general Alejandro Heredia, el que trata de reprimir la propaganda de Avellaneda; pero el pueblo se subleva; Heredia sale de la Capital y marcha a Lules y en el camino es asesinado por el comandante Gabino Robles, el 12 de noviembre de 1838. Este asesinato fue la señal para que las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy se sublevasen contra Rosas, al que retiraron la representación exterior del país.

En el mismo año tres gobernadores se suceden en Tucumán. El 7 de abril de 1840 ocupa la silla de gobierno don Pedro Garmendia, el cual designa a Avellaneda su ministro general, el que se multiplica en su propaganda como tribuno, como periodista, como hombre de Estado. Consiguió que la provincias de Catamarca, La Rioja y Córdoba formaran parte de la Coalición del Norte, aliadas a las provincias de Salta, Tucumán y Jujuy. Al ocupar el general Lamadrid el gobierno de Tucumán, Avellaneda continuó desempeñando el ministerio general.

El 21 de agosto de 1840 se inauguró el Congreso de agentes con gran solemnidad, haciendo el pueblo demostraciones de júbilo que nos dejó satisfacción completa, dice el agente de Salta, don Juan Antonio Moldes, en su carta a su gobernador. La primera cuestión que decide el Congreso es afirmar su carácter constituyente, no obstante que no debió tener otro fin que formalizar el pacto de alianza: el 24 de septiembre suscribía este último, en el cual se resolvió nombrar al general Tomás Brizuela general en jefe de las fuerzas militares de la Coalición, elección muy poco acertada, por ser este un soldadote incapaz de imprimir ninguna actividad a las operaciones.

Avellaneda se hace militar: se pone al frente de las milicias tucumanas y contiene a Ibarra que pretendía invadir la provincia de Tucumán. El 23 de mayo de 1841, al salir el general Lamadrid a campaña, Avellaneda quedó a cargo del gobierno de la provincia, contribuyendo poderosamente con su activa gestión a la formación del pequeño ejército con el cual el general Lavalle dio a Oribe la batalla de Famaillá o Monte Grande, el 19 de septiembre de 1841, a la que asistió el doctor Avellaneda.

Después de la derrota, salió del campo de batalla acompañado por dos sirvientes, en dirección a la estancia del Raco, en la provincia de Tucumán, con el objeto de tomar caballos para seguir viaje a Bolivia.

Antes de llegar a aquel punto, se le incorporaron los coroneles Aquino, Hornos y Vilela, con algunos soldados, los dos primeros con la intención de alcanzar al general Lavalle. Al llegar a San Javier, supo Avellaneda que estaba allí el general Lavalle y entonces ordenó a uno de sus sirvientes que hacía de baqueano que cambiase de camino por no encontrarse con él y, en el mismo momento de haber efectuado esto, se le separaron Aquino y Hornos con todos sus soldados y Avellaneda prosiguió su marcha a Raco, donde renovó sus caballos, prosiguiendo su marcha para Jujuy por la Pampa Grande.

A 2 ó 3 leguas más al N. de este punto, el 26 de septiembre se encontró con el capitán Gregorio Sandoval, de la escolta de Lavalle, el cual lo tomó preso, conjuntamente con Vilela y algunos oficiales más, el cual los entregó a Oribe: éste ordenó al coronel Mariano Maza formase consejo de guerra a Avellaneda, el cual lo condenó a muerte, siendo ejecutado en Metan, el 3 de octubre de 1841 y su cabeza cortada y expuesta en la plaza de Tucumán, clavada en una lanza: a los 15 días, doña Fortunata García logró que el coronel Carballo, jefe de la plaza, le entregase la cabeza del mártir, a la que dio piadosa sepultura, después de lavarla y perfumarla con sumo cuidado.

Cuarenta años después se levantaba en el Cementerio de la Recoleta el monumento a su memoria, en el cual el procer está representado de cuerpo entero.





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