Biografía de Araoz de Lamadrid Gregorio Historia Militar y Política



Biografía de Araoz de Lamadrid Gregorio
Historia Militar y Política

Nació en la ciudad de Tucumán, el 28 de noviembre de 1795 . Incorporado a las milicias tucumanas, tan pronto se tuvo noticias allí del desastre de Huaquí, con el grado de teniente del Regimiento de Voluntarios de Caballería el 1º de septiembre de 1811, recibió su bautismo de fuego en el combate adverso de Nazareno, sobre las márgenes del río Suipacha, el 13 de enero de 1812, bajo las órdenes del coronel Eustoquio Díaz Vélez. Bajo el mando del mismo Jefe se distinguió en la retirada que se efectuó desde Jujuy hasta Tucumán, siendo comandante en jefe el general Manuel Belgrano.

gregorio araoz de lamadrid

Asistió al pequeño triunfo de Las Piedras, el 3 de septiembre del mismo año. Se batió con su valor singular en la batalla de Tucumán el 24 del mismo mes, distinguiéndose después por el encarnizamiento con que persiguió a los fugitivos realistas hasta que se atrincheraron en Salta.

Asistió a la batalla de este nombre, el 20 de febrero de 1813, donde adquirió alta reputación por su valor admirable. Antes de esta aeción, en la persecución mencionada de los realistas derrotados en Tucumán, Lamadrid midió sus armas con la de los enemigos en los puntos denominados Algarrobos y el Bañado.

Por su comportamiento en Salta, fue ascendido a teniente del Regimiento de Caballería del Perú, con fecha 25 de mayo de 1813. Se encontró en la desastrosa acción de Vilcapugio, el 1º de octubre de aquel año. Después de este contraste, desde Macha, lo destacó Belgrano con comunicaciones para el coronel Díaz Vélez, para que hiciera circular a las provincias la orden de alistar armas, hombres y recursos con qué remontar el ejército deshecho. Lamadrid da cumplimiento a su misión marchando de día y de noche, sin descanso, atacando las partidas reales que encuentra a su paso, haciendo prisioneros. Tiene siempre el delirio de la acción, del movimiento.

A los 18 días está de regreso en Macha, con 16 prisioneros, después de haber asaltado a un pueblo del que tiene que salir corriendo, apedreado por los indios y después de haber realizado la magnífica proeza de Tambo Nuevo; ha recorrido el campo de Vilcapugio, dando sepultura al valiente Beldón, ante la asombrada fuerza realista que corona la altura de Condo, contemplando con admiración el gesto y rinde, caballeresca, sus armas ante el homérico homenaje del valeroso muchacho (tiene apenas 18 años).

Se encuentra en la funesta jornada de Ayohuma, el 14 de noviembre, donde estuvo siempre en los puestos de mayor peligro.

En la tercera campaña que se alistaba, Lamadrid comparte la ruda tarea en la preparación de los elementos para la misma. Mientras el coronel San Martín manda en jefe el Ejército Auxiliar, éste nombró a Lamadrid uno de sus ayudantes de campo y le regaló una espada. Al emprenderse a comienzos de 1815, desde Jujuy (adonde llegara el Ejército a fines del año anterior) el avance hacia el Norte, Lamadrid marcha en la vanguardia.

Rondeau es el comandante en jefe. Aquel ostenta las presillas de sargento mayor de dragones. Se encontró en la acción del Puesto del Marqués, el 17 de abril de 1815, bajo el directo comando del general Fernández de la Cruz. Fue ayudante de éste en Potosí. Cuando se preparaba el ataque sobre la guardia enemiga en Venta y Media, Lamadrid pidió recorrer la posición enemiga con 16 dragones, contribuyendo a la sorpresa de la gran guardia enemiga, en la madrugada del 20 de octubre de 1815, batiéndose con valor en la acción que tuvo lugar en el curso de la jornada.

En aquellos días se le reconoció la efectividad de sargento mayor. Asistió a la batalla desastrosa de Sipe-Sipe, el 29 de noviembre del mismo año, en la cual Lamadrid realiza actos valerosos y revela hidalguía al achicarse en su caballo para que se enanque de un salto un soldado que quedó a pie, salvándolo así de caer en poder del enemigo.



En esta batalla, Lamadrid contribuyó a salvar también al general Fernández de la Cruz, que herido de bala en un muslo, corría riesgo de caer prisionero: Lamadrid cubrió la retirada con veinte y tantos dragones, hasta dejar a su general en salvo .

Después de esta batalla, Lamadrid es destacado al frente de una fuerza montada, con la cual sostiene contra fuerzas enemigas superiores un encuentro el 31 de enero de 1816, en Culpina, de resultados indecisos.

El 2 de febrero del mismo año secundó victoriosamente con su fuerza al jefe indígena Vicente Camargo en el combate de la quebrada de Uturango, pero desgraciadamente Lamadrid fue completamente derrotado diez días después por el comandante Eustaquio González (argentino al servicio de España), en las márgenes del río San Juan, viéndose obligado a replegarse con unos pocos soldados, hacia Tucumán.

Poco después el general Rondeau le quiso designar segundo jefe del cuerpo de Dragones, en calidad de jefe del segundo escuadrón, pero Lamadrid se presentó al Director Supremo, general Pueyrredón, que se encontraba en Tucumán (julio de 1816) y este le designó teniente coronel y jefe del Cuerpo de Húsares de Tucumán, del cual fue encargado de organizarlo .

Cuando se produjo la sublevación del teniente coronel Francisco Borges en la provincia de Santiago del Estero, Lamadrid fue comisionado por el general Belgrano para batir al jefe rebelde al cual alcanzó en Pitambalá, el 27 de diciembre de 1816, ordenando su fusilamiento 3 días después en cumplimiento a las órdenes del comandante en jefe.

El general Belgrano lo destacó poco después con 150 húsares para ex-pedicionar sobre Oruro, marchando por el camino del Despoblado. El 18 de marzo salió de Tucumán. El 15 de abril siguiente (1817) se apoderó de Tarija, tomando prisioneros a tres tenientes coroneles, diez y siete oficiales y una gran cantidad de armamento, pero fue rechazado al pretender acometer una empresa semejante el 20 de mayo contra Chuquisaca, que atacó en la noche de aquel día, pues en la madrugada del 21 los enemigos resistían y, la aproximación del coronel Felipe La Hera, que se encontraba con 500 infantes a 12 leguas de la ciudad, determinaron a Lamadrid a retirarse en la tarde del 21.

El 12 de junio de 1817 el mismo coronel La Hera sorprendía a Lamadrid en Sopachuy, perdiendo éste toda su artillería, una bandera y numerosos prisioneros. De aquí marchó a Culpina, continuando su retirada por Tarija, valle de la Concepción, Toldos, Yamparaez, llegando a la ciudad de Oran, casi todos a pie, por el estado de sus cabalgaduras. De aquí prosiguió Lamadrid su retirada llegando a Tucumán con 386 hombres de tropa, pues en su marcha de ida y vuelta, se le habían incorporado muchos voluntarios.

A fines de 1818 el general Belgrano, que lo había graduado de Coronel el 17 de mayo de 1817, destacó a Lamadrid con 300 jinetes, para concurrir en defensa del coronel Juan Baustista Bustos que se hallaba en Fraile Muerto con 300 infantes del Nº 2 y algunos milicianos. Pero pocos días después de iniciada la marcha, se supo que Bustos había rechazado a las montoneras en el Fraile Muerto, de lo que informóse Lamadrid al llegar a Santiago, regresando nuevamente a Tucumán a fines de noviembre de 1818 después de una campaña de 10 días.

En el último tercio del mes siguiente, partió nuevamente Lamadrid con sus Húsares reforzados por el 3er. Escuadrón de Dragones que comandaba el teniente coronel José María Paz, marchando desde el acantonamiento de Los Lules hacia Córdoba, ciudad en la que entraron el 1° de enero de 1819. Seis u ocho días después marchaban para La Herradura, sobre el Río Tercero, a 36 leguas de Córdoba, donde se les reunió el coronel Bustos con su fuerza, que habiendo abandonado su posición de Fraile Muerto, se había colocado en la Villa de los Ranchos, perdiendo una considerable extensión de territorio.

El 18 y 19 de febrero, Lamadrid y Bustos sostenían violento combate en La Herradura contra las montoneras de Estanislao López que atacaron vigorosamente, pero con resultado infructuoso, razón por la cual resolvió retirarse el segundo día. El día 21 por la tarde se ponían en marcha hacia la Villa del Rosario .



Poco después el resto del Ejército Auxiliar recibía orden de marchar hacia la provincia de Santa Fe y a fines de marzo de 1819 se reunía en la Villa del Rosario a las fuerzas de Bustos y Lamadrid, desde donde siguió su marcha hasta la Candelaria, ya dentro de la provincia de Santa Fe. El armisticio ajustado por Viamonte y López, permitió que el ejército de Belgrano retrocediese para situarse en la Cruz Alta y después en Fraile Muerto, distante 25 leguas de la primera.

De allí se marchó el general Belgrano para Tucumán, mortalmente enfermo, quedando a cargo del ejército el general Fernández de la Cruz, quien se replegó aún más al Norte, al Pilar, 35 leguas al Norte de Fraile Muerto, y distante solo 10 leguas de la ciudad de Córdoba, donde permaneció a la espera del desenlace del armisticio pactado con López.

A fines de 1819, Cruz recibió orden del Director Supremo Rondeau, de aproximarse nuevamente a la provincia de Santa Fe. Había llegado a la posta de Arequito, el 7 de enero de 1820, cuando se produjo la sublevación de aquel nombre, el día 8 por la mañana, encabezada por Juan Bautista Bustos, siendo el coronel Lamadrid uno de los jefes que permanecieron leales al general Fernández de la Cruz.

Lamadrid antes de llegar a. Córdoba el ejército sublevado, fue puesto en libertad y se marchó a Buenos Aires, donde actuó en los sucesos funestos de aquel año, siempre de parte del gobierno de Buenos Aires. Acompañó a Dorrego, cuando el 2 de agosto de 1820, puso en fuga a los partidarios de Alvear y Carrera, atrincherados en San Nicolás, correspondiéndole a Lamadrid la conducción a Buenos Aires de los numerosos jefes y oficiales prisioneros. Tambien había contribuido a la elevación de Dorrego al cargo de gobernador, el mes anterior.

Ayudó al restablecimiento en el poder del gobernador general Martín Rodríguez, derrocado por la revolución encabezada por el coronel Pagola, el 19 de octubre de aquel año funesto. El 5 del mismo mes, los reaccionarios se apoderaban de la ciudad, gracias al apoyo recibido por el comandante Juan Manuel de Rosas y sus «Colorados». La paz del 24 de noviembre de aquel año, ajustada entre Santa Fé y Buenos Aires, y a la que se agregó el gobernador Bustos de Córdoba, por medio de sus representantes, dieron término a aquella larga y penosa contienda.

Pero la paz no podía ser duradera. A principios de 1821, el caudillo entrerriano, Francisco Ramírez resolvió llevar la guerra a Buenos Aires, buscando comprometer en la empresa a su antiguo aliado, Estanislao López, pero ésíe no quería más luchas con Buenos Aires y estaba dispuesto a cumplir lealmente con el tratado del 24 de noviembre. Ramírez entonces se declaró en guerra contra Santa Fe y Buenos Aires, aliándose al caudillo chileno José Miguel Carrera. Para dar cumplimiento a sus propósitos, Ramírez invadió la provincia de Santa Fé, desembarcando en Coronda, en los primeros días de mayo de 1821, donde estableció su cuartel general.

Lamadrid había sido destacado por el gobernador Rodríguez con una división de tropas porteñas, con el fin de ponerse a las órdenes del gobernador de Santa Fé. Desobedeció esta parte de las instrucciones y procediendo por sus propias inspiraciones, pretendió sorprender a Ramírez en su propio campamento, pero fue completamente batido por el caudillo entrerriano, perdiendo todo su armamento de reserva, sus caballadas y hasta treinta mil patacones que conducía con destino al ejército santafecino.

Al día siguiente, 25 de mayo, el coronel Arévalo había logrado reunir 300 dispersos, con los cuales se incorporaba Lamadrid a Estanislao López el mismo día, y al siguiente, 26, batían ambos completamente a Ramírez el cual apeló a la fuga para salvarse. La muerte de Ramírez, puso término a aquella campaña, regresando Lamadrid a Buenos Aires en el mes de julio de 1821. Lamadrid el 28 de noviembre de 1820 había sido nombrado Coronel de los Húsares del Orden, por el gobernador Rodríguez.

Acompañó a éste en su expedición contra los indios en el año 1822 y en este año Lamadrid trató de conseguir que el gobierno lo declarara comprendido dentro del decreto o Ley de Reforma, sin poder conseguirlo. Poco después se establecía con su Regimiento en la Guardia del Monte.

Tiempo después, fue reformado y debió entregar el comando del Regimiento al coronel D. Domingo Soriano de Arévalo. Recibió por su reforma, la cantidad de 17.000 y pico de pesos, con cuyo importe se compró una casa y chacra en el pueblo del Monte (Guardia de este nombre).



El 23 de marzo de 1825 partió Lamadrid de Buenos Aires acompañado del sargento mayor Ramón Rodríguez y dos oficiales más con destino a Salta, habiéndolo ordenado el Gobierno Nacional no obstante estar reformado, pues a raíz de la noticia de la batalla de Ayacucho el gobernador Las Heras había dispuesto que el gobernador y capitán general de Salta D. Juan Antonio Alvarez de Arenales, expedicionara con las fuerzas de su provincia al Alto Perú contra el general Olañeta que se mantenía en Chuquisaca, separado del virrey La Serna.

En el mes de abril llegó Lamadrid a Salta, y allí supo que el general Arenales se había marchado ya con una división de las tres armas, llevando como segundo al coronel José María Paz. Arenales se había adelantado a Potosí para entrevistarse con el general Sucre, quien se le había anticipado y batido al general Olañeta.

Lamadrid prosiguió su marcha a Nazareno adonde llegaba el 26 de abril; pero allí se encontró con el coronel Paz y por él supo que la guerra estaba concluida, de modo que la fuerza que mandaba Arenales no tenía objeto.

Paz, en su «Diario de marcha del Batallón de Cazadores», cuerpo que comandaba desde el 24 de marzo de aquel año, registra, el día 28 de abril:

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«Antes de ayer llegó el coronel Lamadrid, con el sargento mayor Ramón Rodríguez y un joven Pizarro, Venían destinados a la División, más estando ya la guerra concluida, esta fuerza no tiene objeto y su venida puede graduarse inoficiosa».

Ambos se hallan enfermos y en cura. El 22 de mayo, según registra Paz en su Diario, Lamadrid, que estuvo enfermo todo el tiempo transcurrido desde su llegada, se puso en marcha para Salta. Aquí, Lamadrid recibió órdenes del gobernador general Las Heras de conducir el contingente de las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, con destino al ejército nacional que debía operar contra el imperio del Brasil.

Lamadrid se trasladó primero a Tucumán para activar el envío del contingente de aquella provincia, a lo que le opuso dificultades el gobernador Javier López, y a principios de noviembre de 1825, lo hizo a Catamarca para hacer lo propio con el de esta última y facilitarle al gobernador Gutiérrez los fondos necesarios para poder enviarlo a Tucumán. El 1º de agosto de 1826 el Gobierno Nacional lo nombró coronel del Regimiento 15 de Caballería de Línea

El 26 de noviembre de 1825, a la cabeza de una parte del contingente que tenía listo para el ejército nacional, Lamadrid derrocó al gobernador López, ocupando su lugar. El Gobierno Nacional desaprobó su conducta y encargó al coronel José María Paz se hiciese cargo de los contingentes de las provincias del Norte. La provincia de Tucumán, entre tanto, en elecciones populares, eligió a Lamadrid gobernador propietario.

Los gobernadores Bustos y Quiroga quisieron imponer a Lamadrid que desconociese la autoridad central de Buenos Aires, pero al negarse el nuevo gobernador de Tucumán, aquellos le llevaron la guerra a su provincia y en los campos del Tala, el 27 de octubre de 1826, se encontraron frente a frente Lamadrid y Quiroga y la suerte quiso que cuando ya Quiroga era derrotado y su adversario le llevase una tercera carga, Lamadrid tuviese la desgracia de caer herido, recibiendo un balazo en el cuerpo disparado a quema ropa, y nueve heridas de sable, casi todas en la cabeza. Allí fue pisoteado y hubiera quedado prisionero, sino lo hubiesen creído muerto.

Pero su cuñado Ciríaco Díaz Vélez, pasó al campo de batalla y le pidió a Quiroga autorización para retirar el cadáver de Lamadrid, el cual no fue encontrado sino más lejos adonde lo había conducido una partida que lo abandonó ante la aproximación de los enemigos. Lamadrid restableció de sus heridas después de una prolongada cura y volvió a ocupar el gobierno de Tucumán, no sin que antes entrara Quiroga en la ciudad de Tucumán, como unos 8 ó 9 días después de la acción del Tala, siendo conducido Lamadrid algunas horas antes de la entrada del caudillo riojano, al pueblo de Las Trancas, distante 21 leguas de la capital.

En estas circunstancias, el gobernador Arenales, de Salta, destacó una división de 600 a 700 hombres en auxilio de Tucumán, bajo el mando del coronel Francisco Bedoya, el mismo que batió y dio muerte al famoso caudillo Francisco Ramírez, en Río Seco (Córdoba) el 10 de julio de 1821 .

La fuerza de Bedoya cruzaba el pueblo de Las Trancas, cuando Lamadrid se encontraba allí casi moribundo. Al acercarse el coronel Bedoya a Tucumán, Quiroga e Ibarra abandonaron esta ciudad el 3 de diciembre y el 5 entraba Bedoya en la misma y poco después el propio Lamadrid, ya repuesto algo de sus terribles heridas.

Encargado Lamadrid por el gobierno nacional de oponerse por la fuerza a los federales de Córdoba, La Rioja y Santiago del Estero, emprendió sus operaciones con un refuerzo de tropas de Salta, al mando del coronel colombiano don Domingo López Matute. El 6 de julio de 1827, se encontraban en el Rincón, a dos leguas de Tucumán, los federales mandados por Quiroga e Ibarra, con las fuerzas de Lamadrid y Hatute.

La victoria al principio estuvo del lado de estos últimos, pero los sáltenos se pasaron al enemigo y Lamadrid se vio precisado a huir y perseguido insistentemente por el vencedor, se vio obligado a buscar asilo en Bolivia, llegando a Talima, el 2 7 de julio con solo 15 hombres armados.

En Chuquisaca fue muy bien recibido por el general Sucre y allí permaneció un tiempo más o menos largo, tratando de reponerse, pues sus heridas del Tala le causaban múltiples sinsabores. Después regresó a Salta y desde allí ofició al gobernador de Tucumán pidiendo permiso para atravesar la provincia, el que le fue negado lo que demoró la estada de Lamadrid en Salta, hasta que finalmente emprendió viaje a Buenos Aires, ciudad a la que llegó después de grandes dificultades y en mal estado por sus heridas, más o menos, el 22 o 23 de marzo de 1828.

Mal recibido por su compadre, el gobernador Dorrego, no se le contestó una solicitud que formuló cuando estuvo mejorado de sus heridas, para que se le enviase al ejército de operaciones contra el Brasil. Poco después, llamado por Dorrego, Lamadrid se presentó al gobernador, quien le hizo agregar al Estado Mayor del Ejército, donde permanecía cuando se produjo la revolución del 1º de diciembre de aquel año.

El nuevo gobernador Lavalle designó Ministro General al doctor Miguel Díaz Vélez, padre político de Lamadrid. Se incorporó al cuerpo de tropas organizado por Lavalle para salir a campaña, asistiendo al combate de Navarro el 9 de diciembre.

Prisionero el coronel Dorrego, y condenado a muerte sin proceso de ninguna clase por disposición del general Lavalle, Lamadrid le acompañó en sus últimos instantes, a petición del ex-gobernador, habiendo hecho lo posible Lamadrid para persuadir a Lavalle que escuchase al condenado. Facilitó a Dorrego su chaquetilla militar para el acto de la ejecución, puesto que quería que la suya se la entregasen a su esposa. Recibió el último abrazo del coronel Dorrego, instantes antes de ser fusilado.

Posteriormente, Lavalle dispuso que Lamadrid se incorporase al ejército con el cual el general Paz marchó al interior. El 26 de febrero de 1829 se le autorizó para levantar un escuadrón de caballería ligera titulado «Escuadrón de Voluntarios Argentinos«.

En el Desmochado, el 3 de abril de 1829, tenían su última entrevista Lavalle y Paz, dirigiéndose este último a la provincia de Córdoba. Se batió con su valor acostumbrado en la batalla de San Roque, el 22 de abril, en la que fue completamente derrotado el gobernador Bustos. Participó en la terrible jornada de la Tablada, los días 22 y 23 de junio del mismo año, en la que fue completamente destrozado su ex-adversario, el Tigre de los Llanos de la Rioja. Después de la derrota de Quiroga, Lamadrid recibió orden de Paz de perseguirlo, pero su audaz adversario logró escaparse.

Tomó parte en la batalla de Oncativo o Laguna Larga, el 25 de febrero de 1830, en la que Paz venció por segunda vez al general Quiroga. Después de esta victoria, el general Paz lo destinó a la provincia de La Rioja, donde fue elegido gobernador. Permaneció en este puesto, hasta que al año siguiente el general Paz lo llamó a Córdoba con el contingente riojano, en carácter de urgente, pues las fuerzas mandadas por Estanislao López hollaban el suelo de aquella provincia. Lamadrid se incorporó al ejército de Paz.

Cuando este General cayó prisionero en la tristemente célebre jornada del 10 de mayo de 1831, Lamadrid ocupó su lugar y desempeñó interinamente la gobernación de Córdoba desde el 16 hasta el 26 del mismo mes de mayo.

Ante el avance del ejército federal de López combinado con las fuerzas de Quiroga, Lamadrid se vio obligado a iniciar aquella trágica retirada hacia el Norte, que debía conducirlo al desastre de la Ciudadela el 4 de noviembre del mismo año, donde fue completamente derrotado por Facundo Quiroga, viéndose necesitado Lamadrid a emigrar a Bolivia, dirigiéndose a Tupiza, desde donde escribió a su temible rival, recomendándole su familia, la que fue atendida con deferencia por el Tigre de los Llanos. El 25 de diciembre de 1831 se le reunía su familia en el pueblo de Mojos (Bolivia).

El 11 de junio de 1832 llegó a Lima, con su familia, con el fin de visitar a su hermano el coronel Francisco Lamadrid, perteneciente al ejército peruano, el cual había estado largos años prisioneros de los españoles en las Casas Matas del Callao, capturado en Ayohuma.

El 11 de diciembre zarpó de nuevo del Callao, rumbo a Arica, dejando a su madre, a su hermano Francisco y dos hermanas allí, en Lima. Lamadrid se estableció en la ciudad de La Paz, donde permaneció todo el año 1833 y a mediados de enero de 1834, obtuvo pasaporte del Presidente Santa Cruz para pasar a la República Oriental, saliendo a principios de marzo del puerto de Arica, llegando a Valparaíso en la noche del 4 de abril.

El 24 del mismo se embarcaba con su familia en la barca italiana «BENAVIER» (capitán Panza) y después de afrontar un terrible temporal en el Cabo de Hornos alrededor del 10 de mayo, llegaron a Montevideo el 22 de junio de 1834.

Allí permaneció cuatro largos años. En 1836, Lamadrid se excusó de entrar en la revolución contra Oribe promovida por Rivera. El 30 de agosto de 1838 embarcóse en el paquete «ROSA», en Montevideo, llegando a Buenos Aires el 19 de septiembre a mediodía. Permaneció en Buenos Aires todo el año 1839, hasta que en los primeros días de enero de 1840, Rosas le dio la misión de trasladarse a Tucumán con el pretexto de ir a buscar el armamento de aquella provincia para el sostén de la guerra contra los franceses; pero en realidad era con el fin de que se apoderase del gobierno de la misma.

El 22 de febrero se puso en marcha para cumplir su misión y llegado a Tucumán, Lamadrid se puso totalmente a favor de aquel pueblo y de su gobernador Piedrabuena, quien el 6 de abril le designó general de armas y al día siguiente, 7 de abril, el gobernador y todo el pueblo de Tucumán juraron «defender la causa de la libertad contra el absolutismo de la civilización contra la barbarie, de la humanidad contra sus sangrientos opresores». Este fue el primer acto de la Coalición del Norte.

El 4 de julio de 1840, Lamadrid era nombrado gobernador delegado de don Pedro Garmendia, que había reemplazado a Piedrabuena. Don Marcos Avellaneda fue nombrado gobernador reemplazante de Lamadrid, desde el 23 de mayo de 1841, hasta el 19 de septiembre del mismo.

Constituida la Coalición del Norte en apoyo de la revolución promovida por el general Juan Lavalle, Lamadrid marchó con un ejército sobre Córdoba, en cuya ciudad penetró entre las aclamaciones del pueblo, el 11 de octubre de 1840. Al mes siguiente invadió la provincia de Santiago del Estero, al frente de una división, pero fue derrotado el día 5 por el comandante Manuel Ibarra en las márgenes del Río Salado, viéndose obligado a replegarse nuevamente a Córdoba, donde substituyó en el carácter de gobernador delegado al doctor Francisco Alvarez, el 7 de diciembre, cargo en el que se mantuvo por muy pocos días, pues debió retirarse apresuradamente ante el avance de las fuerzas victoriosas del Quebracho Herrado, que mandaba el general Manuel Oribe, quien entró en la ciudad de Córdoba el 19 de diciembre.

Lamadrid siguió su retirada hacia el Norte y el 28 de enero de 1841 llegaba a Tucumán. De esta ciudad marchó a la de Salta, con fines de coordinar las fuerzas unitarias. Listas estas, el 23 de mayo Lamadrid rompió la marcha con 2000 hombres y el 19 de junio entraba en Catamarca. El 13 de julio salió de esta ciudad y el 22 entraba en La Rioja, donde se le incorporó el coronel Ángel Vicente Peñaloza.

Después de algunas otras incidencias, Lamadrid penetró en la provincia de Mendoza, cuya capital ocupó el 4 de septiembre de 1841, siendo designado por el pueblo gobernador provisorio el mismo día, pues el titular, general José Félix Aldao, había salido a campaña y el delegado don Juan Isidro Mazo, huyó al aproximarse los unitarios.

Pero 20 días después en los campos del Rodeo del Medio, Lamadrid fue completamente derrotado por el ejército del general Ángel Pacheco, segundo de Oribe, cuyos trofeos fueron 400 muertos y más de 500 prisioneros, incluidos 75 oficiales, 9 cañones, banderas, etc. A los vencidos se les persiguió tenazmente, sin cuartel: los que no murieron bajo los sables y lanzas federales, fueron sepultados en las nieves de la Cordillera de los Andes, o quedaron inválidos para siempre.

Lamadrid con un puñado de valientes escapó por el paso de Uspallata, internándose en Chile y únicamente debió su salvación a sus buenos caballos y al auxilio que les prestó allende los Andes, don Domingo Faustino Sarmiento, que estaba emigrado en Chile. Los padecimientos fueron terribles para aquel grupo y el 10 de octubre se encontraban ya reunidos en Santa Rosa de los Andes 138 jefes y oficiales, 286 individuos de tropa y 22 mujeres que los acompañaban, esmerándose todo el vecindario de la población nombrada para asistir a los emigrados, una gran parte de los cuales habían perdido miembros de su cuerpo por las nieves andinas.

Lamadrid después pasó a Bolivia, estableciéndose en Potosí, adonde se le incorporó su familia, deteniéndose en aquella ciudad hasta el 23 de diciembre en que marcharon para Chuquisaca. A principios de junio de 1842 se embarcó en Cobija para Copiapó (Chile), donde se instaló con su numerosa familia estableciéndose con una panadería para poder reunir los medios de subsistencia. De Copiapó se trasladó a Valparaíso, de donde pasó a Santiago, ciudad en la que permaneció desde abril de 1843 hasta mediados de mayo de 1846, puntos todos, en los que Lamadrid sufrió con su familia la privación más completa.

El 16 de aquel mes y año, salía de la capital chilena para Valparaíso, embarcándose en en el paquete chileno «ROMANA», con el cual llegaron a Montevideo el 8 de julio del año 1846 . Al llegar a aquella ciudad, Lamadrid ofreció sus servicios al gobierno inútilmente, pues no se le ocupó, hasta que al fin fué dado de alta en el ejército. Actuó en las fuerzas en operaciones próximas a Paysandú y al poco tiempo regresó a Montevideo. En los años 1849 y 50 estuvo a cargo de la fortaleza del Cerro, durante aquella paite del asedio que sufría la capital uruguaya.

Cuando se levantó el sitio de Montevideo, a raíz de la aproximación de Urquiza por haber capitulado Oribe el 8 de octubre de 1851, Lamadrid se incorporó al Ejército Aliado y en la batalla de Caseros mandó el ala derecha de la línea de Urquiza, donde su comportamiento y el de la fuerza de su mando, estuvo a la altura de sus antecedentes. Asistió a la entrada del ejército vencedor en Buenos Aires, quince días después de la batalla, donde Lamadrid fué recibido con frenesí por los porteños.

El general Lamadrid falleció en Buenos Aires, el 5 de enero de 1857. Había contraído enlace el 19 de septiembre de 1820 con María Luisa Díaz Vélez, hija de su primo, el doctor Miguel Díaz Vélez, ministro que fué del general Lavalle, cuando la revolución del 19 de diciembre de 1828, la cual le dio 13 hijos. Su madre Andrea Aráoz, después de la campaña de 1826 en que se creyó que Lamadrid había muerto, se marchó al Perú son dos hijas, a reunirse con su otro hijo Francisco Aráoz de Lamadrid.

La viuda del general Lamadrid le sobrevivió hasta la fiebre amarilla de abril de 1871 falleciendo de esta enfermedad en la noche del 12 de aquel mes.

Refiriéndose en sus memorias a las heridas que recibió en la batalla del Tala, Lamadrid dice: «Es el único defecto que me ha quedado de resultas de las heridas del «Tala, la distracción o falta de memoria, cuando soy interrumpido en cualquier discurso que esté haciendo. Se me van las ideas cuando se me interrumpe, y aunque después pregunte de lo que se trataba y se me diga, quedo enteramente enagenado por mucho tiempo» .

Fuera de sus «Memorias», el general Lamadrid escribió en 1855 unas «Observaciones a las Memorias Postumas del general José María Paz» .

Fuente Consultada:
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

 

 

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