Biografia de José Gervasio Artigas Caudillo Uruguayo



Biografía de José Gervasio Artigas Caudillo Uruguayo

Nació en el pueblo del Sauce, Canelones, cerca de Montevideo el 19 de junio de 1764, siendo sus padres don Martín José de Artigas y doña Francisca Antonia Arnal, siendo bautizado el día 21 en la Matriz por el presbítero doctor Pedro García, siendo su padrino Nicolás Zamora, escribano-secretario del Cabildo.

En 1815 comienza a ser realidad el sueño de los uruguayos de gobernarse por sí mismos con la formación de la Liga Federal, que incluía varias provincias, entre eilas ia Banda Orientai, nombre por el que se conocía entonces al Uruguay.

José Gervasio Artigas, un rico hacendado enamorado de su país, fue el principal luchador por su independencia.

Tras la revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires, viajó allí y se puso al servicio de la Junta de Mayo, que había empezado a gobernar los antiguos dominios del virreinato.

La Junta le otorgó el grado de teniente coronel del ejército oriental y sitió con él la ciudad de Montevideo para liberarla.

Por desavenencias con la Junta abandonó el sitio y marchó al norte, seguido por los orientales en un episodio que será conocido como el «Éxodo del Pueblo Oriental».

Se enfrentó con el gobierno de Buenos Aires hasta que en 1815 consiguió la formación de la Liga Federal, entre cuyas provincias estaba la Provincia Oriental. Fue proclamado por la Liga como el «Protector de los pueblos libres».

A partir de 1816, las tropas luso-brasileñas invadieron el Uruguay en sucesivas oleadas y los patriotas de Artigas se defendieron con valentía.

Sin embargo, los brasileños eran mucho más numerosos y, tras una larga lucha, se apoderaron del país en 1820.



Considerado en Uruguay como un héroe y fundador de la patria, sus restos fueron enterrados en su ciudad natal en 1856. Murió a los 86 años en Paraguay, un 23 de septiembre de 1850.

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

•  Nació el 19 de junio de 176 en la ciudad de Montevideo

• A los doce años se trasladó al campo y se dedicó a las tareas rurales. Observando a los habitantes del lugar –entre ellos, los gauchos-, se hizo ágil en el manejo de las armas y el caballo.  También se relacionó con los
aborígenes charrúas.

• A los treinta y tres años entró como soldado en el cuerpo de Blandengues para cuidar la frontera.

• En 1806 combatió en Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas.

• En 1810 el poder español instaló su sede en Montevideo y Artigas se trasladó a Buenos Aires para ofrecer sus servicios militares. Los pueblos de la América española luchaban por su  libertad y Artigas quería defender gfe. esas ideas en la Banda Oriental.

• En 1811 regresó a su país, asumió el mando de la revolución y derrotó a los españoles. Luego inició el sitio de Montevideo y fue aclamado como el Primer Jefe de los Orientales.

• Frente al centralismo de Buenos Aires, Artigas sostuvo su deseo de una confederación que permitiera una liga de amistad y colaboración entre las provincias.

• Siempre se interesó por el bienestar de las mujeres y los hombres de su
pueblo. Por eso se preocupó por la cultura y la situación de los indígenas. También apoyó la fundación de una biblioteca pública, impulsó la enseñanza primaria y tomó medidas prácticas para mejorar la salud pública.

PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

•  En 1814 organizó la Liga de los Pueblos Libres (para integrar a todas las provincias rioplatenses con inclinaciones federales), de la que se declaró protector.



• Al año siguiente liberó Montevideo del control de los centralistas de Buenos Aires.

• En 1816 comenzó su lucha contra los portugueses, quienes lo derrotaron en la batalla de Tacuaremb Artigas se refugió en Entre Ríos, pero allí I
venció el caudillo local Francisco Ramírez.

• En 1821 se trasladó al Paraguay.

•  Murió en ese país, en Ibiray, el 23 de setiembre de 1850, a los 86 años.

SU BIOGRAFÍA:

Cursó sus estudios en el convento de San Bernardino. Sin orientación definida, sin vocación por el comercio y las profesiones liberales, sin necesidades apremiantes por otra parte, hizo en su adolescencia vida fácil y ligera como los hijos de las familias acomodadas de la época.

Sin embargo, cuando se hizo hombre se dedicó a las tareas del campo, pero sin abandonar su ciudad natal, a la que se sentía atraído por el afecto y el recuerdo.

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FRASES CÉLEBRES DE GERVASIO ARTIGAS

«La causa de los pueblos no admite la menor demora»
«Que los más infelices sean los más privilegiados»
«Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos»
«Con libertad ni ofendo ni temo»
«Sean los orientales tan ilustrados como valientes»
«Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo»
«La cuestión es solo entre la libertad y el despotismo»
«Todas las provincias tienen igual dignidad e iguales derechos»
«Que los indios en sus pueblos se gobiernen por sí»
«Para mi no hay nada más sagrado que la voluntad de los pueblos»
«Yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre mi nación»
«No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad»
«Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana»

Se hizo hábil en el manejo del caballo y acarreo de ganado, lo que vigorizó su constitución; desarrolla su aptitudes, aprende la topografía y accidentes geográficos del país, estrecha amistades que le serán útiles en lo sucesivo, y con este caudal de experiencia se lanza a trabajar por cuenta propia, deteniéndose y negociando en Misiones, el Arapey, Queguay y sobre todo en Soriano, en donde parece haber residido algunos años antes de ingresar en el ejército.



En un período que los historiadores uruguayos lo consideran comprendido entre 1792 y principios de 1796, estuvo Artigas sometido a un proceso, amparándose al indulto que concedió Carlos IV el 22 de diciembre de 1795 celebrando el ajuste de paz con los franceses, y de los matrimonios de las Serenísimas Infantas doña María Amelia y doña María Luisa, el que comprendió más tarde a las colonias.

El 10 de marzo de 1797 Artigas entró como soldado en el «Cuerpo «Veterano de Blandengues de la frontera de Montevideo».

Todo el curso de su primer año de carrera militar lo pasó en las dos zonas donde habitualmente maniobraban los contrabandistas en el Chuy y en Santa María ya con el empleo de teniente que le fué acordado transitoriamente al poco tiempo de su incorporación a los blandengues, pero que recién se le otorgó efectivo al año siguiente.

El 2 de marzo de 1798 obtiene el empleo de ayudante mayor gracias a la protección que le dispensan Olaguer Feliú y Sobremonte, jerarquía cuyos despachos firmados por el Rey llevan fecha 2 de enero de 1799, y en la que permanecerá hasta después del movimiento emancipador estallado en las Provincias Unidas.

En 1803 con vina partida formada con tropa de la guarnición de Montevideo y Maldonado y alguna artillería, fué destacado para sorprender una fuerza portuguesa desprendida de San Nicolás; al mismo tiempo acosa a los indígenas hasta sus guaridas.

A mediados de 1804 se hace cargo de la Comandancia General de Campaña el coronel Francisco Xavier de Viana. el que designa a Artigas su ayudante, que lo secunda bravamente en sus riñas con los charrúas. El 20 de marzo de 1805, desde su campamento de Tacuarembó Chico, a 100 leguas de la ciudad de Montevideo, reitera su pedido de licencia absoluta del ejército, que el Rey le concede.

El 31 de diciembre de 1805 contrajo enlace en la Capital con su hermosa prima doña Rafaela Rosalía Villagrán, hija de don José Villagrán y de doña Francisca Artigas.

Retirado del serviico activo, el gobernador Ruiz Huidobro lo nombra oficial del resguardo con jurisdición desde el Cordón al Peñarol. En estas circunstancias se insinúan las primeras operaciones de los ingleses sobre el Río de la Plata y Artigas que había vuelto a incorporarse a los blandengues, solicita a Ruiz Huidobro, que ya que su cuerpo va a quedar en Montevideo en previsión de que la ciudad sea atacada, solicita que le dé un pliego para presentarse a Liniers con el fin de ser Artigas portador de la noticia de la victoria o derrota que resultare de la empresa que prepara aquel valiente soldado para libertar a Buenos Aires.

Marcha al ejército y lo alcanza en los Corrales de Miserere, peleando en el Retiro y en la plaza de la Victoria.

Después de la rendición de Berresford se embarca en un bote, naufraga, gana a nado la orilla como César con su parte en el brazo, llega a Montevideo y entrega al gobernador la ansiada noticia.

Después toma parte en las hostilidades que se llevan a cabo contra la división inglesa que se apodera de Maldonado, se opone a su desembarco en el Buceo, y en vez de huir al campo como huyó casi toda la caballería, se repliega a la plaza defendiéndola con tesón durante el sitio; asiste al combate del Cardal, habiéndose comportado él y sus conmilitones en todas estas acciones, —dice el comandante Ramírez de Arellano,— «con el mayor enardecimiento y sin perdonar instante ni fatiga«.

Entregada la plaza de Montevideo a raíz del asalto de 3 de febrero de 1807, Artigas no se entrega, se embarca para el Cerro y sigue hostilizando a los ingleses los seis meses que la ocupan. Evacuada Montevideo, vuelve a su antigua tarea de blandengue, persiguiendo delincuentes, indios y portugueses, pudiendo escribir con razón a su suegra en 1809: «Aquí estamos pasando trabajos siempre a caballo para garantir a los vecinos de los malhechores.» El 5 de septiembre de 1810 obtiene las presillas de capitán de la 3a. compañía de Blandengues.

Los gobernantes españoles tuvieron siempre confianza en Artigas. En 1810 le confiaban misiones delicadas. A comienzos de 1811 es destinado a la guarnición de la Colonia del Sacramento; en aquellos momentos se declaraba la guerra entre Elío y las autoridades de Buenos Aires el 15 de febrero de aquel año, conjuntamente con el teniente Rafael Hortiguera y el presbítero Enrique de la Peña, se fugaba a Buenos Aires, atravesando en su tránsito los departamentos de Colonia y de Soriano, donde entera a sus amigos de sus designios, envía órdenes a los que se encuentran más distantes, cruza sigilosamente el Uruguay presentándose enseguida a la junta revolucionaria, y ofreciéndole el concurso de su brazo para llevar la bandera de la insurrección hasta su ciudad natal.

El 8 de marzo de 1811 el gobierno de Buenos Aires lo promueve a teniente coronel de Ejército del Cuerpo de Blandengues de Montevideo y lo nombra 2º jefe interino de las fuerzas que operaban en la Banda Oriental, a las que se incorporó a comienzos de abril. El día 26 de este mes se apoderaba del pueblo de San José el comandante D. Bartolomé Quinteros «por el «rigor de las armas», como expresaba en su parte a Artigas.

A comienzos de mayo, el coronel José Rondeau reemplazaba al general Belgrano en el comando en jefe de las fuerzas que operaban en la Provincia Oriental, y el 18 del mismo mes, Artigas obtenía en Las Piedras un triunfo magnífico si se tiene en cuenta los elementos de que disponían los patriotas para la lucha.

Artigas de inmediato estableció el asedio de la plaza de Montevideo y la Junta premió la victoria nombrándolo coronel del Cuerpo de Blandengues, con fecha 24 de mayo de 1811, y continuó en aquella tarea como segundo de Rondeau hasta el armisticio ajustado con el general Elío en Octubre de aquel año, en virtud del cual el ejército patriota se retiró a Buenos Aires y Artigas inició un exodo de 522 km. durante 54 dias, situándose en el Salto Chico, en la provincia de Entre Ríos. El gobierno patrio se había visto obligado a llegar a  un arreglo con los españoles a causa de que una fuerte división portuguesa se había internado en la campaña oriental, con la idea aparente de proteger los intereses de España.

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Exodo del Pueblo Uruguayo Dirigido por Artigas

El 15 de noviembre de 1811 el gobierno de Buenos Aires designaba a Artigas teniente gobernador de Justicia Mayor y capitán de Guerra de Yapeyú. El 6 de mayo de 1812 el gobierno patriota ajusta un tratado de paz con las tropas portuguesas que ocupaban parte de la Banda Oriental, por el cual se estipulaba la retirada de las fuerzas independientes de aquella Provincia, movimiento que debían efectuar igualmente los portugueses. Este tratado fué mal recibido por Artigas, el cual desde aquel momento empezó a rebelarse contra la autoridad del Triunvirato porteño.

Sin embargo, a pesar del tratado de referencia, el gobierno de Buenos Aires viendo la actitud hostil de los portugueses, envió refuerzos a Artigas que había restablecido su campamento sobre el arroyuelo Ayuí, lo que sirvió de pretexto a Vigodet para denunciar el arreglo ajustado y declarar nuevamente el bloqueo a Buenos Aires. Tres escuadrones de Dragones de la Patria al mando de Rondeau, marcharon a poner sitio a Montevideo, acampando el 20 de octubre de 1812 en el Cerrito. El 5 de diciembre de este año fué nombrado coronel del Regimiento Nº 4.

Artigas descontento con el nombramiento de don Manuel de Sarratea para general en jefe de las fuerzas que operaban en la Banda Oriental, impuso a Rondeau el movimiento del 10 de enero de 1813, que dio por resultado la separación de Sarratea y del brigadier Viana de aquel ejército, quedando en su reemplazo Rondeau, el cual marchó aparentemente de acuerdo con Artigas .

Pero restablecido el sitio de Montevideo y dominada toda la campaña oriental por las armas patriotas, el coronel Artigas arrogándose facultades y prerrogativas que no tenía ni nadie le reconociera, decidió proceder autoritariamente por sí y ante sí y convocó a su campo militar una junta de ciudadanos, cuya presidencia asumió el 5 de abril de 1813, disponiendo que resolvieran sobre sí se reconocería la autoridad de la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Buenos Aires, y en ese caso que fijaran el número de diputados a elegir, y la constitución de un gobierno provincial que rigiera los destinos del pueblo del que él se titulaba»Jefe».

Aquella reunión, que más que una asamblea popular parecía una tropa veterana por la sumisión que demostraba al caudillo que allí los había congregado, resolvió la erección de un «gobierno militar», de cuyo ejercicio encargó a Artigas, y de una junta municipal compuesta de tres personas, cuya presidencia se concedió al ciudadano Juan José Duran.

Artigas convocó el 15 de julio a una nueva asamblea que ratificó lo resuelto en el mes de abril y el día 19 se dirigió al gobierno de Buenos Aires por medio de una nota recordando los hechos como convenía a sus pretensiones y con incriminaciones tan injuriosas como faltas de razón; solicitando poco después autorización para proceder a un nuevo nombramiento de diputados, a lo que accedió el gobierno patriota, pero disponiendo que fuera el general en jefe del ejército sitiador de Montevideo el que hiciera la convocatoria de elecciones y presidiera los trabajos.

La junta así convocada, se reunió en la casa de Maciel, a orillas del Miguelete, el 8 de diciembre de 1813 y designó 3 diputados ante la Asamblea Nacional Constituyente, nombrando una Junta Municipal Gubernativa para la administración de la Provincia, haciendo caso omiso del gobierno militar creado anteriormente.

Artigas ordenó a la Junta que anulara y diera por no existente todo lo decretado, y ella contestó declarando en nombre de la soberanía con que estaba revestida que  desde ese día, 10 de diciembre, la Provincia Oriental era reconocida con toda la plenitud de sus derechos como una de las del Río de la Plata, y que su gobierno lo compondría una junta gubernativa formada por los ciudadanos elegidos por la representación provincial.

Artigas se retiró entonces con sus tropas y se declaró en abierta oposición al gobierno de Buenos Aires, el cual el 11 de febrero de 1814 expidió un decreto por el cual se le declaraba infame, le privaba de sus empleos y ofrecía 6000 pesos al que lo presentare vivo o muerto.

Sin embargo, el 17 de agosto del mismo año, el Director Supremo Posadas repuso a Artigas en su empleo de coronel del Regimiento de Blandengues por haberse «comprobado por correspondencias interceptadas que no había tenido parte en la coalición de algunos oficiales en la Banda Oriental, anulándose, en consecuencia, el decreto de proscripción y designándosele Comandante General de la Campaña Oriental de Montevideo, nombramiento este último que ya se le había discernido el 18 de febrero de 1813.

El 23 de febrero de 1815, previo acuerdo de Artigas, que estaba en el Hervidero con el Director Supremo, general Alvear, las tropas norteñas evacuaron la ciudad de Montevideo, que fué ocupada al día siguiente por el coronel artiguista. Fernando Otorgues. Por su parte, el caudillo de los orientales invadía la provincia de Santa Fe, en cuya capital entró el 23 de marzo del mismo año. Alvear se apresuró a enviar contra él las fuerzas a las órdenes de Alvarez Thomas y Valdenegro, las que se sublevaron en Fontezuelas, derrocando al Director.

El 5 de abril el Cabildo de Buenos Aires lanzaba una proclama declarando a Artigas «oscuro aventurero y jefe de bandidos»; pero el día 18 del mismo mes la corporación de referencia comunicaba al Jefe oriental el derrocamiento de Alvear, nota que Artigas es apresuró a contestar el día 22; y el 29 respondía al mismo Cabildo la comunicación del 21 de abril informándole sobre el nombramiento del general Rondeau como Director Supremo y de Alvarez Thomas, su substituto.

El 30 de abril la misma corporación desautorizaba por medio de un manifiesto su proclama del día 5, porque «ella no es más que un tejido de imputaciones execrables contra el ilustre y benemérito jefe de los orientales don José Gervasio Artigas», afirmando los cabildantes que la anterior resolución les había sido impuesta por la fuerza.

No habiendo podido llegar a un acuerdo, Artigas y los representantes de Buenos Aires, en las conferencias que tuvieron lugar en Paysandú a principios de junio y en julio de 1815, el Director Alvarez envió al mes siguiente al general Viamonte a Santa Fe, con un ejército que se posesionó de aquella provincia; pero la reacción de los santafecinos encabezada por Mariano Vera, originó la captura de Viamonte con sus tropas.

En junio de 1816 se tuvo en Montevideo la primera noticia de la expedición portuguesa que se preparaba en Río de Janeiro para invadir la Banda Oriental. Tal novedad fué trasmitida a Artigas que se hallaba en Purificación (pueblo creado sobre el Uruguay, en el Hervidero), y el 27 del mismo mes aquel impartió órdenes en previsión de la invasión lusitana. El general Curado había marchado para las fronteras del río Pardo y Misiones, amagando el ángulo Norte del territorio.

En julio, al frente de 1200 a 1500 hombres mal disciplinados y peor armados, Artigas invadió el territorio de las Misiones del Brasil, saliéndole al encuentro el brigadier Joaquín Alvarez, del ejército portugués del general Curado, con una columna de 800 a 900 soldados, la que derrotó al invasor, el 27 de octubre de 1816, en Corumbé, margen derecha del río Cuareim, haciéndole 500 bajas e imponiéndole la retirada, así como también la evacuación del territorio.

Por su parte, el general Lecor desembarcó en el Puntal de San Miguel, en los primeros días de agosto y se colocó en Santa Teresa, donde fué hostilizado por Rivera. El general Silveira invadió por el Cerro Largo, obligando a Otorgues, que se hallaba en el Yaguarón, a retirarse.

El 18 de septiembre de 1816, Lecor ocupó Maldonado y el 19 de noviembre derrotó a Rivera con 1500 partidarios en la India Muerta, y victorioso el primero, marchó sobre Montevideo.

AI conocer Artigas las gestiones o negociaciones del Cabildo de Montevideo y del Director Pueyrredón, pidiendo el primero auxilios de acuerdo con la resolución de los cabildantes del 6 de diciembre (con cuyo objeto fueron enviados sus diputados a Buenos Aires, donde el 8 ajustaron un convenio o acta de que la Banda Oriental jurase obediencia al Congreso y al Supremo Director y enarbolase el pabellón de las Provincias Unidas), envió a su delegado don Miguel Barreiro, quien desaprobó el día 27 de diciembre aquella acta, ordenando a los comisionados que se contrajesen a la compra de armamento y municiones «por cuenta de la Caja del Estado», y que regresaran inmediatamente.

Artigas, como es lógico, desaprobó la actuación de los comisionados.

Los portugueses invadieron a su vez la Banda Oriental y el 3 de enero de 1817 el coronel Abreu con 600 hombres sorprendió el campamento de Artigas en el Potrero de Arapey (Salto), poniendo en dispersión a los 400 orientales que allí se hallaban, los que sufrieron 80 bajas. Al día siguiente, el marqués de Alégrete, con 3500 portugueses rechaza sobre la margen derecha del Arroyo Catalán al mayor general de Artigas, coronel Andrés Latorre con 3400 hombres, después de 6 horas de lucha, en la cual los artiguistas tienen 800 bajas, entre ellas las del comandante Berdún; mientras los lusitanos solo sufren 230.

Después de estos contrastes, Artigas se retiró a Purificación, donde en breve tiempo estuvo en aptitud de continuar la lucha manteniendo al ejército de Curado en incomunicación con la plaza por más de 5 meses.

El general Lecor, de acuerdo con las instrucciones que había recibido del marqués de Aguiar de fecha 4 de junio de 1816, antes de abrir las operaciones precitadas ensayó el medio pacífico para conquistarlo a Artigas: le propuso el goce del sueldo de coronel de infantería portuguesa, su retiro a Río de Janeiro, o a cualquier punto de Portugal para residir, a condición de que devolviese armas y municiones. Pero el jefe de los orientales rechazó con altura tales proposiciones, contestando que mientras tuviese hombres haría la guerra a la conquista extranjera.

Lecor, por su parte, el 20 de enero de 1817 ocupó la ciudad de Montevideo y en marzo del mismo año casi todo el territorio oriental estaba en manos de los invasores. Artigas les hace una guerra a muerte por todos los medios que le son posibles llegando hasta autorizar el corso marítimo para hostilizar a los lusitanos por medio de buques que fueron armados en los Estados Unidos, lo que motivó una reclamación del Rey Juan VI.

Abierta la 2a. campaña del general Curado, Artigas debió abandonar Purificación, que ocupó el enemigo; pero el caudillo oriental logró que sus tropas sorprendieran un día las grandes guardias de Curado, arrebatándoles carretas, ganados y caballadas, después de que el coronel Fructuoso Rivera hubo batido y derrotado en Chapicuy una división de 700 hombres, al mando de Bentos Manuel en la noche del 14 de junio de 1818, Artigas se situó en el Queguay Chico, donde el 5 de julio del mismo año, es sorprendido con 1200 hombres por el propio Bentos Manuel Ribeiro a la cabeza de 1500 portugueses, el cual le toma 200 prisioneros; pero poco después llega Fructuoso Rivera con 800 orientales y dispersa a los enemigos, recuperando el botín y prisioneros.

Artigas continuó la lucha hasta 1819, en que penetró en territorio brasileño al frente de 2500 hombres, que llevaban todo a sangre y fuego; el 14 de diciembre de aquel año derrota a una división portuguesa mandada por el mariscal Abreu, en la barra del Sarandí, o Guayrapuitá, lo persigue 45 kilómetros ocasionándole 300 bajas mientras que los artiguistas solo pierden un muerto y 10 heridos. Tal fué la acción de Santa María.

Después de ésta, el coronel Andrés Latorre perseguía a los lusitatnos mandados por Pedro González; este se ocultó en la quebrada de Berlamino, atacando por sorpresa a los perseguidores, que los arrollaron y tuvieron que volverse perdiendo la mitad de sus efectivos. Este hecho de armas tuvo lugar el mismo día 14 de diciembre.

Al comenzar el año 1820 graves sucesos se preparaban en la provincia de Buenos Aires invadida por los caudillos federales López y Ramírez. Artigas, desde su cuartel general en Santa María, el 27 de diciembre de 1819 se dirigió al Congreso General de las Provincias Unidas protestando por la situación en que se hallaba su patria, e invitando a aquel cuerpo a que tratase de economizar la sangre de sus compatriotas «si no quiere ser responsables de sus consecuencias ante la soberanía de los pueblos».

El Cabildo de Buenos Aires, con fecha 4 de febrero de 1820, contestó aquella nota (pues ya se había disuelto el Congreso a raíz de la batalla de Cepeda), informando a Artigas del nuevo orden de cosas como consecuencia de la derrota de Rondeau, y le anunciaba al Protector que en aquellos momentos «se preparaba por la Municipalidad una diputación al señor general don Francisco Ramírez para que cerca de su persona levante los preliminares de un tratado que sea el de paz, la obra de fraternidad y el iris deseado de nuestras discordias. Bien pronto va a ver V. E., — agregaba aquella comunicación —, que Buenos Aires merece justamente el título de recomendable; que sabe apreciar los sentimientos de los demás pueblos hermanos, y que le caracterizan no menos la buena fe que la más acendrada sinceridad. V. E. crea que sus votos son hoy los de la fraternidad y armonía, y que si ella pudiera correr en sus obras a la par de sus deseos, hoy mismo quedaría para siempre sepultada la horrible discordia y afirmado por todas las provincias el estandarte de la unión». (Nota publicada en el N° 159 de la «Gaceta de Buenos Aires» del miércoles 9 de febrero de 1820).

Artigas trasladado a las Misiones, donde se sostenía su hijo adoptivo Andresito, se puso en contacto con el gobernador de Corrientes y empezó a poner en ejecución sus planes consistentes en dominar las dos provincias de la Mesopotamia Argentina, para desde ella abrir la campaña libertadora de la Banda Oriental.

Pero Francisco Ramírez, vencedor en Cepeda e imponiendo el Tratado del Pilar a los porteños, estaba dispuesto a sacudir la tutela de Artigas. Este último salió de Misiones para Corrientes, estableciendo su cuartel general en Curuzú-Cuatiá, desde donde pretendió dictar órdenes al gobernador entrerriano. Prosiguiendo su marcha, el Protector llega al Arroyo Grande, donde bate y destroza una división de Ramírez, y sin detenerse un instante se lanza sobre el pueblo del Arroyo de la China que encuentra indefenso y abandonado.

Tan grave situación aceleraron el regreso de Ramírez a Entre Ríos después de su entrada en Buenos Aires. El 13 de junio de 1820, en Las Guachas, costa del Gualeguay, el caudillo entrerriano con un millar de hombres es batido por Artigas que manda 1800, aunque este sufrió importantes pérdidas.

El día 24 del mismo mes, el general Ramírez con 1000 hombres y 4 cañones, atrincherado en Las Tunas, proximidades de La Bajada, es atacado por Artigas a la cabeza de 1300 guerrilleros: a las 8 de la mañana empezaron las escaramuzas y a la 1 de la tarde estaba empeñado el combate en el que fué vencido el Protector, flanqueada su caballería y perseguida hasta las siete de la noche en una distancia de 35 kilómetros.

El 17 de julio el jefe entrerriano derrota al coronel artiguista José López Chico en Sauce de Lema, costa del Gualeguay, mientras cubría la retirada de su comandante en jefe, disponiendo López apenas de 200 hombres, con los que se ve obligado a retirarse remontando el Paraná. El día 22 del mismo mes, Ramírez vencía en las puntas del Yuquerí, una fuerza artiguista de 300 hombres mandados por el indio Perú Cutí.

El 23, en Mocoretá, la retaguardia artiguista al mando de Matías Abecú, fué derrotada por Ramírez y puesta en dispersión dejando 20 muertos, 20 prisioneros, 3 carretas y ganado. Al día siguiente, en Abalos, los entrerrianos vuelven a dar alcance a sus enemigos, que son derrotados y entre los prisioneros tomados se contó al fraile Monterroso, secretario de Artigas.

El campamento de Abalos quedó todo en poder del vencedor, dirigiéndose entonces Ramírez a la Esquina, a donde había hecho subir su escuadrilla, llevando embarcada su infantería, disponiendo que el Jefe oriental fuera activamente perseguido.

El 29 de julio el indio Siti se sometió a Ramírez, quedando las Misiones agregadas como departamento de Entre Ríos; pero Artigas, sin darse aún por vencido, procuró reaccionar y se dirigió a las Misiones con el ánimo de someter a Siti, pero este se sostuvo al frente de 600 misioneros en un reducto artillado con 4 piezas, en el punto denominado Cambay.

El Protector inició las operaciones de sitio para reducir a su adversario, y estaba ocupado en esta tarea, cuando el 20 de septiembre de aquel año, cayó sorpresivamente el comandante entrerriano Lucas Piriz, que lo derrotó completamente y lo persiguió hasta Candelaria, hasta que el día 23 del mismo mes, reducido a la impotencia, penetró Artigas en el Paraguay con unos 40 hombres, a pedir hospitalidad al Dictador Francia. Este se la concedió y envió un escuadrón para escoltar a los emigrados hasta la Capital, después de deponer las armas.

El mandatario paraguayo hospedó a Artigas por tres meses en el Convento de las Mercedes. Poco después, el último contestaba al visitante que diariamente enviaba a preguntar por él el doctor Francia: «¿Cómo quiere que me vaya? . . . soldado entre frailes«.

Entonces el Dictador lo pasó a otra estancia en Curuguatay, villa San Isidro, distante de la Asunción: se le dio casa para habitar, 30 pesos de pensión para sus necesidades y Francia le proveyó alguna ropa para uso, y anualmente le pasaba un vestuario. Su fiel Ansina actuaba de asistente.

Artigas, no obstante sus 60 años, se dedicó a labrar el campo, buscando en aquella ruda ocupación una distracción para su espíritu. Los pobres del lugar tuvieron en él un amigo que compartió con ellos el sueldo que recibía y que distribuía a los más indigentes, razón por la cual el Gobierno se lo retiró, quedando reducido a la miseria.

En 1836, habiendo entrado Francia en hostilidad con la provincia de Corrientes, quizo utilizar los servicios de Artigas destinándolo a uno de los pueblos misioneros con encargo de arreglar y disciplinar los indios capaces de hacer el servicio en campaña.

Al fallecer el Dictador, Artigas fué puesto un mes en prisión, ignorándose la causa. Transcurrido el plazo indicado, fué puesto en libertad y continuó viviendo en la mayor indigencia.

En 1845, el Presidente Carlos Antonio López lo trasladó a una chacra inmediata a la Asunción, donde los hijos de aquel mandatario le dispensaban sus ciudados, visitando al anciano emigrado, el cónsul del Brasil Pimenta Bueno que vivía muy cerca, y otras personas, que dulcificaron su vida.

Derqui en 1845 y el general Paz en 1846, visitaron al casi nonagenagenario luchador que aunque agobiado por los años, conservaba lúcidas todas sus facultades. El 15 de mayo de aquel año, el Gobierno de la Defensa de Montevideo reconoció la independencia del Paraguay, lo que influyó para que mejorara el trato dado a Artigas por el Presidente López.

Anteriormente el Presidente Rivera había tratado el regreso del primero a su patria y la prensa de Montevideo apoyó calurosamente la idea; y el coronel Fortunato Silva, con el comandante Albín fueron encargados de su traslado, pero los acontecimientos políticos de entonces impidieron cumplimentar el propósito.

En 1846, cuando la expedición anglo-francesa llegó a Asunción, viajó en el «FULTON» un hijo de Artigas, con el doble propósito de ver a su padre y traerlo a su país, aprovechando la generosa oferta del comandante del mencionado buque inglés; pero el viajero guerrero que vivía de la caridad del Presidente López, y contando por único asistente con el leal Ansina, padecía de una erupción y montaba diariamente a caballo para ir a tomar su baño, conservaba como una reliquia el ejemplar de la Constitución de 1830 que le había regalado Bompland.

Al oir la proposición, dijo a su hijo: «Quisiera volver a nuestro país, verlo antes de cerrar los ojos para siempre; pero me siento sin fuerzas para hacerlo; y además, yo no debo salir de aquí «sin ser llamado por el Gobierno y conducido como corresponde a mis antecedentes y al honor del pueblo Oriental».

A instancias de su hijo condescendió en pasar a Corrientes, cuyo gobierno estaba dispuesto a brindarle hospitalidad, que impidieron acontecimientos posteriores.

El 23 de septiembre de 1850 falleció a la edad de 86 años, asistido en sus últimos momentos por Ansina, a pesar que éste le aventajaba en 4 años la edad. Su entierro fué efectuado por orden de López, en la mejor forma posible; siendo sus restos depositados en el tercer sepulcro de la línea Nº. 26, del Cementerio General de la Recoleta, habiendo echado el responso de práctica el sacerdote Cornelio Contreras, que fué el mismo que extendió el 21 de septiembre de 1855 el certificado de exhumación, cuando el Dr. Estanislao de la Vega, decano del Tribunal de Justicia, recibió en nombre del Gobierno Oriental los restos de Artigas, embarcándolos en aquella fecha en el vapor nacional «URUGUAY», que llegó a Montevideo el día 25 del mismo mes y año.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

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