Oposición a la Primera Junta de Gobierno en el Virreinato



LA RESISTENCIA DEL INTERIOR DEL VIRREINATO A LA JUNTA DE 1810

La formación de la Primera Junta de Gobierno, el 25 de mayo de 1810, no significó solo la sustitución de nombres y de personas, sino un cambio de régimen. El orden colonial ya no existía, pero el nuevo gobierno tenía dos grandes problemas que resolver: la independencia y la organización del nuevo país. Para nacer conocer lo sucedido en Buenos Aires, las nuevas autoridades organizaron una expedición que no sólo daría cuenta de lo ocurrido sino que también garantizaría la elección de representantes que, en poco tiempo más, formarían parte de una reunión general de todo el virreinato en Buenos Aires.

La junta gubernativa dispuso extender y legitimar su autoridad, además de preservar la unidad territorial en todo el virreinato. Varias ciudades del interior aprobaron y reconocieron al nuevo gobierno, sin embargo Asunción, Córdoba y Montevideo no estuvieron de acuerdo, a pesar que el gobierno se presentó como heredero de la administración virreinal y leal a Fernando VII. Esta oposición significó la guerra, que se abrió en distintos frentes, pues era necesario subordinar no sólo a los funcionarios españoles sino también a algunos criollos, que desde tiempo atrás rivalizaban con Buenos Aires por la diversidad de intereses o el desigual desarrollo económico y social.

revolucion de mayo

PARTICIPACION DEL INTERIOR EN EL MOVIMIENTO
La resistencia a la Junta en el interior
La Revolución había triunfado en Buenos Aires, pero —de acuerdo con el Reglamento del día 25— debía legitimarse con la aprobación del resto del virreinato. El 26 de mayo el ex virrey comunicó su renuncia a los pueblos del interior y, al día siguiente, la Junta enviaba notas sobre su instalación y la próxima convocatoria de diputados provinciales a una asamblea a realizarse en Buenos Aires.

Si bien el cambio de gobierno se había producido en la Capital, el resto del territorio mantenía intacta su organización y estaba controlado por los gobernadores intendentes del sistema virreinal. La adhesión a la causa revolucionaria no fue inmediata, pues la junta no pudo revelar sus verdaderas intenciones —ocultas bajo el sometimiento a Fernando VII— y tampoco impedir que los funcionarios españoles depuestos (oidores, regidores y el propio Cisneros) instaran a las autoridades del interior a desconocer a la Junta recién establecida. Se sumaron a estas dificultades la gran extensión territorial, la ineficacia de las comunicaciones, el aislamiento de los pueblos y su espíritu localista, receloso de las innovaciones.

Como la Revolución no hizo una clara y pública manifestación de su  programa de  gobierno y por razones políticas imperiosas debió invocar sometimiento al Rey Fernando VII, los pueblos del interior permanecieron durante un tiempo adictos al sistema político imperante con Cisneros. Los gobernadores, intendentes y cabildos  provinciales no habían sido previamente informados por los revolucionarios pondían en su mayoría al régimen anterior.

Fernando VII de españa

Era evidente que los enemigos de la Junta confiaban en los representantes del interior para volver al poder, pues ellos eran los que debían expedirse sobre la legalidad del nuevo gobierno. En el transcurso de toda la Semana de Mayo es visible el interés del virrey por convocar a esos diputados y así lo resolvieron los cabildantes el día 23, cuando en realidad la mayoría de los sufragios emitidos en el Cabildo abierto del día anterior no disponía esa convocatoria.

A través de la circular del 27 de mayo, la Junta decidió continuar con el pacífico desarrollo de los sucesos y optó por convocar esos diputados, los cuales debían incorporarse al gobierno para abrazar su causa e interiorizarse de los problemas.



Los principales centros donde se radicó la resistencia a la Junta patriota fueron:

a)    El Alto Perú. — Aunque comprendido dentro de los límites del virreinato del Río de la Plata fue siempre un organismo aparte, debido principalmente a su situación geográfica —distante de Buenos Aires— y a sus intereses comerciales. El Mariscal Nieto y el Intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, decidieron no obedecer a la Junta patriota.

b)    Córdoba. — Ubicada en el centro geográfico del territorio, con buenos recursos económicos, esta ciudad se constituyó en un foco reaccionario bajo el indudable prestigio de Liniers secundado por las autoridades españolas.

c)    La Asunción. — El gobernador intendente Bernardo Velazco —al frente de la provincia del Paraguay— si bien no hostilizó a los porteños dispuso no reconocer a la Junta de Buenos Aires.

d)   Montevideo. — Bajo las órdenes de Ello —que llegó con el titulo de virrey en 1811— la Banda Oriental se mostró desde un principio como enemiga de la Revolución.

El sentimiento de resistencia hacia Buenos Aires, que hemos íessñado, obedecía no sólo a causas de orden politico sino también económicas, pues era evidente que la capital del virreinato había sido beneficiada con el libre comercio y otras ventajas derivadas de su  situación geográfica.

A pesar de todos los obstáculos que debió vencer la Junta, a mediados del mes de setiembre de 1810 la habían reconocido las siguientes ciudades y pueblos: Santa Fe, Concepción, Gualeguay, Corrientes, Pueblos Misioneros (Santa Ana, Loreto, San Ignacio, Miní Corpus, Jesús, Trinidad e Itapuá), Córdoba, Mendoza, San Luis, San Juan, La Rioja, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y Cochabamba. A excepción de esta última ciudad, el Alto Perú permanecía hostil, al igual que el Paraguay y la Banda Oriental.

Los diputados del interior
El Reglamento del 25 de Mayo —impuesto por el Cabildo a la Junta— disponía efectuar una Asamblea en Buenos Aires con la participación de los diputados provinciales. Estos últimos arribarían a la capital para integrar un organismo separado de la ¡unta y «establecer la forma de gobierno que se considere más conveniente».

No expresa lo mismo la circular emitida el 27 de mayo por la Junta. En ella, el nuevo gobierno comunicó a las autoridades del interior que debían elegir representantes, los cuales «han de irse Incorporando a esta Junta conforme y por el orden de su llegada» (a Buenos Aires). En este caso, los diputados debían participar directamente en el gobierno por cuanto serían vocales de la Junta misma.

Con respecto a la elección de los diputados provinciales, la Junta exigía la reunión de Cabildos abiertos pero de tipo revolucionario, tal como sucedió en Buenos Aires el 22 de mayo. Era evidente que, de no procederse en esa forma, sólo se permitiría el acceso a los miembros del partido español.



Mariano Moreno consideraba que los diputados provinciales debían dictar una Constitución y establecer un «gobierno sólido y permanente»; en consecuencia, se oponía —junto con sus partidarios— a que esos representantes se incorporaran a un gobierno provisional.

Tal fue el pensamiento del secretario y así lo manifestó en varios artículos aparecidos en la Gazeta —desde el 1° de noviembre al 6 de diciembre—, refundidos posteriormente con el título: «Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse y constitución del Estado».

Ver: Principios de la Revolución de Mayo

Fuente Consultada:
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes



------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------