Biografía de Pedro Castelli Coronel de la Conjuracion de Maza a Rosas



Biografía del Coronel Pedro Castelli

Nació en Buenos Aires en 1801, siendo sus padres el Dr. Juan José Castelli y doña María Rosa Lynch. Inició su carrera militar como cadete de la 2.a compañía del 1er. escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, en cuyo carácter tomó parte en el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, donde recibió su bautismo de fuego. El 4 de diciembre del mismo año fue ascendido a teniente.

El 15 de febrero del año siguiente, nombrado capitán de la 1.a compañía del Batallón de Cazadores, concurre al sitio de Montevideo hasta la capitulación de la plaza, el 23 de junio de aquel ano, mereciendo la condecoración otorgada a los vencedores por el Supremo Gobierno. Tomó parte en la lucha contra Artigas en la Banda Oriental.

pedro castelli

De regreso, se hallaba acantonado en Olivos, cuando Alvarez Thomas, que mandaba aquellas fuerzas, recibió orden de marchar contra las montoneras en Santa Fe. Fue uno de los firmantes de la famosa Acta de Fontezuelas, por medio de la cual los jefes y oficiales de aquel ejército se rebelaron contra el Director Supremo Alvear, derrocándolo.

El 24 de septiembre de 1815 fue designado capitán de la 2a. compañía del 1er. escuadrón de Granaderos de Caballería del Supremo Gobierno. En noviembre de 1818 era capitán del Regimiento «Húsares de la Unión». Participó de Tas vicisitudes de los años 1818 a 1820, luchando contra las montoneras de Estanislao López y Francisco Ramírez, habiendo sido graduado sargento mayor el 14 de octubre de 1818 y recibiendo la efectividad de este empleo el 12 de enero de 1820, en el Regimiento 19 de Lanceros, cuerpo del cual obtuvo su licencia absoluta el 20 de abril del mismq año.

En 1823 se acogió a la ley de reforma con el empleo de sargento mayor de caballería. Fue uno de los jefes firmantes de la intimación del general Soler al Cabildo de Buenos Aires, hecha desde Lujan, el 11 de febrero de 1820.

Retirado del servicio militar, se dedicó a los trabajos rurales en el ramo ganadería, administrando cerca de 7 años la estancia «La Esperanza» (en el Divisadero de los Montes Grandes) de la casa Zimmermann y Cía., hasta que vendida a la razón social Sánchez y Cía., fue a regentearla don Martín Serna.

Castelli protegido por su amigo don Manuel Campos pudo adquirir la pequeña estancia que poseía en la remota sierra del Volcán, formando con su dedicación y trabajo, un capital propio; y esta circunstancia unida a las dotes de su carácter franco y generoso, a la par de sus méritos militares, le dieron ascendiente y popularidad entre los habitantes del S. de Buenos Aires.

Cuando en 1839 los hacendados del Sud resolvieron hacer un movimiento revolucionario para derrocar a Rosas, eligieron a Castelli como jefe militar. Este acto subversivo debió tener lugar en combinación con la conjuración Maza en Buenos Aires y cuando esta fracasó, los dirigentes del Sur de Buenos Aires instaron al general Lavalle para que se trasladase de la Isla de Martín García, a la costa sur de Buenos Aires y tocase tierra en la Laguna de los Padres, donde lo esperarían con una buena escolta.

Lavalle había resuelto cumplir este pedido, pero las insinuaciones de muchos de sus compañeros, lo llevaron a seguir su destino por Entre Ríos y Corrientes, para iniciar desde allí la cruzada libertadora.



Los del Sur de Buenos Aires quedaron librados a sus propios recursos y Castelli, designado general por los revolucionarios, logró reunir cerca de 2000 hombres en Dolores, el 5 de noviembre de 1839; y otro grupo numeroso en Chascomún.

El 7 de aquel mes, eran completamente derrotados en la batalla de este último nombre librada contra las fuerzas de los jefes rosista, don Prudencio Ortiz de Rozas y don Nicolás Granada. Los revolucionarios perdieron más de la mitad entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos, retirándose el resto al Sur en buen orden, gracias a la serenidad y resolución del comandante Rico, el que pudo embarcarse en el riacho de Ajó y llegar a Montevideo.

El jefe militar Pedro Segundo Castelli cayó en manos de los federales durante la persecución; y degollado por el miliciano Juan Duran, fué remitida su cabeza al comandante militar de Dolores para que la hiciera colocar en una pica en la plaza, como se cumplimentó «en el extremo de un madero de 5 metros de altura y allí permaneció siete años» («La Batalla de Chascomús», por Juan B. Selva).

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas  – Jacinto Yaben – Editorial «Metropolis»

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