El Caso Watergate Causas del Espionaje en la Presidencia de Nixon



Causas del Caso Watergate en la Presidencia de Nixon

EL CASO WATERGATE: El candidato republicano Richard Nixon derrotó al demócrata Hubert Humphrey en los comicios de 1968, que tuvieron una participación del 60,7 % de los electores, por una diferencia de medio millón de votos. El nuevo presidente procedió a recortar los programas de la Guerra contra la Pobreza de su antecesor y a reducir el gasto federal para equilibrar el presupuesto. Del 3,3 % de desempleo de finales de 1968 se pasó al 5,8% en 1970, y se abrió un rápido proceso inflacionario que hizo devaluar el dólar en más del 8 % en dos años.

Fue reelecto en 1972 y durante el segundo mandato de Nixon, en octubre de 1973, se produjo la guerra del Yom Kippur, que enfrentó a Israel con Egipto y Siria. Más allá del plano militar y político, la decisión del 17 de octubre de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de no vender crudo a las potencias que apoyaron a Israel obligó a los países afectados, Estados Unidos y Holanda en especial, a adoptar medidas alternativas para reducir su enorme dependencia del petróleo.

La OPEP cuadruplicó el precio del crudo provocando un fuerte efecto inflacionario y una desestabilización de la economía internacional.

En este contexto de crisis del petróleo y crisis monetaria, con la segunda devaluación del dólar, saltó a la prensa el caso Watergate.

El extraño asunto de un presunto robo de documentos en las oficinas de la presidencia del Partido Demócrata en el edificio Watergate de Washington durante la noche del 17 de junio de 1972 se convirtió, gracias a la tenacidad de dos periodistas de The Washington Post, Cari Bernstein y Bob Woodward, en el mayor escándalo político de la historia de Estados Unidos.

investigadores periodistas del caso watergate

El caso Watergate terminó con la dimisión en agosto de 1974 del republicano Richard Nixon y con más de treinta colaboradores de la Casa Blanca implicados en una compleja trama de espionaje político, sobornos y uso ilegal de fondos. Los dos periodistas contaron con la ayuda de una enigmática fuente de información llamada Garganta Profunda, el seudónimo tras el que se escondía el número dos del FBI, Mark Felt, como reveló él mismo en 2005.

El hasta entonces vicepresidente Gerald Ford asumió el cargo tras la dimisión de Richard Nixon y le concedió el perdón para que no siguiera adelante el caso Watergate. Así evitó que el ex mandatario fuera procesado y encarcelado. En su toma de posesión, prometió honestidad y transparencia, y llegó a asegurar que «la larga pesadilla nacional» estaba superada. Apenas permaneció dos años en la presidencia.

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ANTECEDENTES EN LA ÉPOCA DE NIXON: A lo largo de los años setenta hubo una situación económica, política y social complicada bajo el mandato de dos presidentes republicanos y uno demócrata. El republicano Richard Nixon, que inició la distensión Este-Oeste viajando a Moscú y Beijing en 1972, sufrió el embargo de petróleo de los países árabes por su apoyo a Israel, preludio de una crisis energética mundial.



En 1973 puso fin a la intervención norteamericana en Vietnam y se vio envuelto en un caso de espionaje al Partido Demócrata, conocido como el escándalo Watergate, por lo que debió presentar su dimisión en 1974.

El vicepresidente Gerald Ford sustituyó a Nixon y pasó a la historia por exonerarlo públicamente, una medida impopular que le hizo perder las elecciones en 1976, ganadas por el demócrata Jimmy Cárter.

La pesadilla nacional parecía haber terminado, aunque Vietnam y Watergate no iban a ser fáciles de olvidar. Cárter abogó por una política exterior de respeto a los derechos humanos.

No obstante, la crisis económica, heredada de etapas anteriores, y los problemas internacionales tampoco encontraron soluciones satisfactorias. El 4 de noviembre de 1979 cientos de estudiantes iraníes, con el beneplácito del nuevo gobierno islámico, asaltaron la embajada de Estados Unidos en Teherán, y tomaron como rehenes a 52 estadounidenses durante 444 días.

Fue la llamada Crisis de los Rehenes, que acabó con la salida de Cárter de la Casa Blanca, que fue ocupada por el republicano Ronald Reagan en 1980.

Richard Nixon (imagen abajo) realizaba su campaña electoral para un segundo mandato presidencial en junio de 1972 cuando un guardia de seguridad del Watergate, complejo de hoteles y oficinas de Washington, advirtió que se estaba cometiendo un robo en la sede nacional del Partido Demócrata.

La policía detuvo a cinco hombres (que portaban micrófonos) en el lugar y poco después a dos más, el antiguo agente del FBI, Gordon Liddy, y el antiguo agente de la CIA, Howard Hunt.

Pronto se descubrió que Liddy, Hunt y el  ladrón James McCord estaban relacionados con la Casa Blanca y el comité para la reelección del presidente, llamado CREEP. El torbellino de escándalos que siguió terminó en 1974 con la primera renuncia de presidente estadounidense.

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Gobierno de Richard Nixon: Crisis política: el caso Watergate. Richard Milhous Nixon, del Partido Republicano, llegó a la presidencia en 1969 y se reeligió en 1972.



Durante su primer periodo presidencial adoptó en política interior una conducta centralista e incluso personalista; reorganizó el sistema de modo que pudiera reforzar su control personal sobre el gabinete, a fin de que los ministros no pudieran oponerse a los proyectos de ley que elaboraba sin consultarlos siquiera.

Además, Nixon llegó a oponerse al poder legislativo, compuesto en su mayoría por demócratas, con lo que dio lugar a un enfrentamiento entre el Congreso y la presidencia revestida por él de plenos poderes, al grado de que fue considerado por la crítica como imperial presidency.

Pero con todo lo personalista que fuera el gobierno de Nixon durante su primer periodo, lo verdaderamente grave para la democracia estadounidense fueron las tácticas ilegales que se valió para reelegirse

Poco antes de que se iniciara la campaña para las elecciones presidenciales de 1972, la policía sorprendió a personas que extraían instrumentos electrónicos de las oficina del Partido Demócrata ubicadas en el hotel Watergate de la ciudad de Washington.

Dichos instrumentos habían sido colocados evidentemente para escuchar las conversaciones y llamadas telefónicas celebradas en ese lugar; aquellas personas resultaron ser antiguos agentes de la CIA y del FBI que colaboraban en el comité para la reelección de Nixon.

Sin embargo, el asunto trascendió por el momento debido a que el presidente se encargó personalmente de encubrirlo. En noviembre, Nixon reelecto mientras que el ministerio público acusaba de meros asaltantes a las cinco personas implicadas.

Pero una investigación llevada a cabo por dos reporteros del Washington Post llevó al descubrimiento de que el asalto de las oficinas demócratas en el Watergate había formado parte de un sabotaje bien planeado contra la campaña electoral de Partido Demócrata y de que Nixon y sus colaboradores más cercanos se habían conjurado para encubrir el delito.

A pesar de que Nixon creyó poder negar su participación en el delito dejando que sus colaboradores fueran acusados y enjuiciados, en julio de 1973 se supo que el propio presidente había mandado a grabar todas las conversaciones en cintas magnetofónicas.

En marzo de 1974, el Gran Jurado federal consideró al presidente coparticipe sin cargos formales, en una conspiración para obstruir la acción de la justicia en la investigación del escándalo Watergate.

El procurador general ejerció presión legal para obtener las grabaciones de la Casa Blanca, en tanto que comenzaba la investigación con la posibilidad de proceder a un impeachment (juicio político formal contra el presidente o algún alto funcionario del gobierno).



El 5 de agosto, se obligó a Nixon a entregar otro grupo de cintas, que lo vinculó directamente con el encubrimiento de actividades ilegales que involucraban a la Casa Blanca. El 8 de agosto, Nixon renunció…

«Nunca he sido un desertor; abandonar mi cargo antes de terminar el mandato es totalmente contrario a todos los instintos de mi cuerpo. Pero como presidente debo pensar en las necesidades de mi país antes que en las mías», dijo Nixon. Un mes después de convertirse en presidente, Gerald Ford indultó a su antiguo jefe, y le ahorró un proceso criminal.

Durante el verano de ese año, Nixon intentó restablecer su prestigio con viaje. al Oriente Próximo y a la URSS. Pero a su regreso encontró que las investigaciones del caso habían avanzado.

El 24 de julio, el Tribunal Supremo determinó, de forma unánime, la obligación del presidente de entregar las últimas grabaciones. Una de éstas, que recogía la orden dada por Nixon al FBI para que detuviera su investigación sobre las cinco personas descubiertas en el Watergate, constituyó la prueba concluyente del papel del presidente en el encubrimiento del caso.

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En la tarde del 8 de agosto, ante la inminencia de ser sometido a juicio político, Nixon anunció por televisión a todo el país su decisión de dimitir. Fue reemplazado por Gerald Ford, nombrado vicepresidente el año anterior en sustitución de Spiro Agnew, obligado éste a renunciar al cargo por resultar culpable de soborno.

La dimisión de Nixon constituyó un precedente en la historia de Estados Unidos, ya que sólo uno de sus antecesores, Andrew Johnson (sucesor de Lincoln), había sido sometido a un proceso de impeachment en 1868, pera fue absuelto y pudo terminar su mandato.

Con el caso Watergate, la clase política estadounidense —demócrata o republicana— sufría una nueva crisis de credibilidad ante el pueblo, no obstante que en política exterior Nixon había logrado poner fin a la Guerra de Vietnam y entablar relaciones con la China comunista. Gerald Ford gobernó hasta 1976, cuando, en las elecciones presidenciales de ese año, fue derrotado por el demócrata James Carter.

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Nixon y Kissinger
Con Richard Nixon en la Casa Blanca y Henry Kissinger como su principal consejero áulico en política exterior, interesa mucho conocer algunos de los antecedentes de ambos personajes en relación con la «guerra fría».

Son antecedentes muy significativos, Nixon adquirió fama de belicoso «halcón» desde los comienzos de su carrera política. En 1948, como legislador novel, se erigió en el principal inquisidor que tuvo Alger Hiss en las audiencias de la Comisión sobre Actividades Antinorteamericanas de la Cámara de Representantes, unas dramáticas audiencias que llevaron al procesamiento y la condena del desdichado profesor adscrito al Departamento de Estado y procuraron un enorme impulso al maccarthysmo en todo Estados Unidos.

Con tales méritos, Nixon pronto ascendió, en el ambiente de la «guerra fría», a senador por California y luego a vicepresidente de su país, como segundo de Eisenhower.

Como vicepresidente, en 1958, en un prólogo a unos informes que publicó la Comisión de Desarrollo Económico para conmemorar el decimoquinto aniversario de su fundación, Nixon escribió: «Con la misma certidumbre con que entonces (1942) estábamos en guerra, estamos también en guerra ahora».

Y con referencia al doctor Edward Teller, el «padre de la bomba H», el hombre que sostenía que «cualquier plan de desarme efectivo estaba condenado al fracaso», Nixon manifestó: «Ninguna de las personas con las que he hablado ha mostrado una comprensión más clara de la lucha mundial presente».

Este mismo Nixon, en 1960, cuando el malhadado vuelo del avión espía U-2 echó por por tierra la conferencia cuatripartita de París, declaró, en discurso difundido por la televisión norteamericana, poniendo imprudentemente en evidencia al turbado Eisenhower, que las incursiones de los U-2 sobre territorio soviético eran muy útiles y continuarían a pesar de los pesares.

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En cuanto a Kissinger, judío de origen alemán que llegó de niño a Estados Unidos, cuando su familia huyó de los furores antisemitas hitlerianos, pronto se destacó como una «lumbrera de Harvard», la universidad norteamericana donde se forman numerosos hombres públicos.

Director del Instituto de Estudios Internacionales de Harvard, Kissinger público muchos artículos y varios libros sobre política exterior que fueron muy leídos en determinados círculos. Siempre como un campeón, no solamente de la «guerra fría», sino también de las «guerras limitadas», inclusive nucleares.

Porque entendía que «cualquier acuerdo sobre desarme era casi imposible» y que las armas nucleares «debían ser la base de la estrategia norteamericana».

En un ensayo publicado en el número de marzo de 1955 de la «Yale Revieu», Kissinger sostuvo que la estrategia norteamericana «debía fijarse dos objetivos: el inmediato de impedir cualquier nueva expansión soviética y el mediato de «reducir el bloque soviético hasta que no pueda triunfar en una guerra agresiva de tipo convencional y que quede disuadido de una guerra nuclear por la superioridad tecnológica norteamericana».

Y llegó a la siguiente conclusión: «Todo será inútil, sin embargo, … a menos que aumentemos nuestra fuerza militar; es imperativo que aumentemos nuestro ejército, nuestra defensa aérea, nuestra capacidad nuclear táctica y nuestros gastos militares, por la sencilla razón de que ninguna diplomacia es más fuerte que el poder que tiene detrás».

Fuente Consultada: El Mundo Moderno y Contemporáneo de Gloria Delgado

 

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