Origen de los Etruscos Gobierno, Religión Organización Política






Origen y Vida de los Etruscos Gobierno, Religión Organización Política

LOS ETRUSCOS: Los intentos por dilucidar el origen de los etruscos se remontan a los inicios de la ciencia histórica. Según Herodoto, una hambruna obligó a los etruscos a abandonar Lidia, en Asia Menor, para buscar por mar una nueva patria en Occidente. Algunos investigadores actuales han suscrito la hipótesis del historiador griego al subrayar las evidentes afinidades entre la religión etrusca y determinados ritos orientales. Otras líneas de investigación asocian la procedencia étnica de los etruscos con la cultura de Villanova, que marcó el inicio de la Edad del Hierro en la península Itálica.

ORIGEN DEL PUEBLO ETRUSCO: El origen del misterioso pueblo etrusco es aún un enigma, como también lo es el desciframiento de su lengua, a pesar de los miles de inscripciones conservadas. Tres son las teorías que han encontrado mayor eco entre los historiadores.

La primera, orientalista y quizás la que más adhesiones suscita a raíz de los hallazgos arqueológicos, se basa originariamente en un texto del historiador Herodoto y busca el origen de los etruscos en el Oriente egeo-anatolio.

La segunda, septentrionalista, los hace venir del Norte, como descendientes de los terramarícolas y villanovianos.

La tercera se basa en una opinión que, ya en la antigüedad, emitió el escritor antiguo Dionisio de Halicarnaso. Según esta teoría, los etruscos eran un pueblo autóctono, es decir, una de las muchas ramificaciones de los itálicos neolíticos que formaron luego el gran tronco mediterráneo.

Quizá las tres teorías tienen un fondo de verdad, razón por la cual se prefiere afrontar la compleja cuestión etrusca prescindiendo de su origen y considerándola como un problema de formación étnica y cultural in situ.

Estas tres teorías opuestas tienen así algo en común, en el sentido de que los tirrenos venidos de Lidia de que nos habla Herodoto debían ser realmente originarios del Oriente egeo-anatolio. He aquí algunas pruebas significativas de esta suposición: por ejemplo, ciertas inscripciones egipcias del siglo XIII a. de J. C. enumeran entre los pueblos del mar a los tursha, nombre de proveniencia etruscanos, frente al Asia Menor, se encontró una inscripción del siglo VI a. de J.C. en una lengua muy similar a la etrusca.

Siempre según la primera teoría, los tirrenos llegaron en orden abierto, en oleadas sucesivas, sin ser todas originarias de un mismo lugar o región (un eco de la idea de migración se conserva quizás en las leyendas relacionadas con la llegada de Eneas al Lacio), y en las tierras toscanas encontraron, junto a grupos de villanovianos llegados poco antes, que ya habían descubierto y valorizado las minas locales, una población autóctona preexistente, los rasenna (éste era el nombre que se daban a sí mismos los etruscos), a quienes llevaron una civilización superior muy helenizada (el alfabeto que usaban era una adaptación del griego, su patrimonio cultural y artístico se presenta rico en leyendas, divinidades y obras de arte griegas) y el talento nativo de organizadores.

Apoyados en las antiguas tribus del lugar, poco indo-europeizadas, lo mismo que las que ocupaban el Lacio, y viviendo, hasta la primera edad del hierro, en estado de civilización retrasada, los tirrenos chocaron pronto con la oposición de los villanovianos, cuya llegada del otro lado del Adriático o del Norte era reciente, pero que ya estaban modificando la facies étnica lingüística con influencias fundamentales que quedaron luego en la formación final del pueblo etrusco.

De esta confluencia de tantos elementos diversos, culturales, étnicos, lingüísticos y religiosos, salió la nueva civilización etrusca, que tanta influencia había de tener en la historia de Roma y de Italia.

El núcleo regional de los etruscos abarcaba la fértil región de la actual Toscana y la zona montañosa meridional hasta el río Tíber. Muy apegados a la propiedad de la tierra, los etruscos poblaron esos territorios hacia 800 a. C. y cimentaron su prosperidad en el aprovechamiento de los recursos agrícolas, en su dinamismo comercial y en la explotación de los ricos yacimientos de plomo, estaño y cobre. Con el tiempo, la isla de Elba, frente a la ciudad costera de Populonia, se convertiría en el principal centro productor y exportador de hierro del Mediterráneo.

A partir de la segunda mitad del siglo VI. a. C., comenzó la expansión etrusca por la península Itálica. Los etruscos, cuya superioridad sobre otros pueblos de Italia residía en un dominio absoluto de la metalurgia, colonizaron el valle del Po y se hicieron con el control de buena parte del norte de Italia. Convirtieron Felsina (Bolonia) en un floreciente centro comercial y extendieron su área de influencia hasta los pasos alpinos.

En el sur, la penetración etrusca alcanzó su apogeo con la fundación de la ciudad de Roma, en el Lacio, y la colonización de Campania, con Capua como principal centro urbano.

Los sacerdotes con ayuda de los oráculos eran los encargados de determinar la situación de las puertas y de las vías sagradas que conducían a los templos de las distintas divinidades. La muralla, con una función eminentemente defensiva, ceñía las zonas delimitadas por este procedimiento.

Junto con los muros, el trazado urbano se ordenaba en torno a dos grandes calles que formaban los ejes de la ciudad: el Cardo Máximo, dispuesto de norte a sur, y el Máximo Decumano, orientado de este a oeste.

El gobierno de esas ciudades-estado lo ejercía un rey (lucumon, en latín) con derecho de mando militar y atribuciones absolutas en el campo de la justicia. El símbolo de su poder era el fastio, un hacha sujeta por un haz de varas. La monarquía regía los destinos de una sociedad oligárquica, donde las grandes familias aristocráticas, juntamente con el rey, conformaban la élite social dirigente, mientras que sus servidores -la inmensa mayoría de la población- vivía en un régimen de semiesclavitud.

Cada año, los doce pueblos de Etruria se reunían para celebrar una gran fiesta religiosa, en la que todos participaban con fervor. Así continuó subsistiendo el vínculo original. Políticamente, cada ciudad era independiente, y como dijimos antes, estaba gobernada por un rey, el Lucumon, que ostentaba todos los poderes. Era, a la vez, administrador de la justicia, caudillo y gran sacerdote.

Las relaciones entre las ciudades-estado etruscas eran ambiguas. Parece que los lazos entre ellas eran débiles, a pesar de sus afinidades étnicas y culturales. Ni siquiera la alianza de las Doce Ciudades en 600 a. C. bastó para unificar el poder político de unas urbes que siempre antepusieron su independencia a cualquier proyecto federalista. Si bien la alianza prosperó, no fue tanto por un repentino sentimiento de hermandad etrusca, sino por el interés en forjar una unión estratégica dirigida a impulsar nuevas colonias y a ampliar las rutas comerciales.

Respecto al rey, su poder era absoluto; la corona de oro con la cual ceñía su frente lo testimoniaba, así como la toga, que es el primero en vestir de todos los antiguos. No podía desplazarse sin una escolta de lictores, costumbre que se transmitiría a los magistrados romanos. El poder, como ocurría en aquel tiempo, pertenecía a los más ricos.

En el ejército, ocupaban los cuerpos de caballería. En los combates, precedían a los infantes, reservándose así el lugar del máximo honor, porque un guerrero glorioso no debe temer a la muerte. Los infantes se colocaban en tres filas, orden de batalla que después imitaría la legión romana.

Las danzas guerreras estaban muy generalizadas entre los etruscos, que no las habían inventado, sino recogido de civilizaciones anteriores. Los danzantes se entregaban a un simulacro de combate, dando saltos, entrechocando sus armas y sus escudos, cantando himnos (aquí, un guerrero y una estatua de Minerva con armas).

En cuanto a las armas, los etruscos no dieron muestras de originalidad y copiaron las de Oriente. Una de sus armas más terribles era el carro, que, conducido por un auriga, llevaba un hombre armado de una lanza. Los etruscos no tardaron en mezclarse en la gran política mediterránea. Sus minas de hierro y de cobre los hicieron temibles rivales para el comercio de los griegos y los cartagineses, y pronto entabló una lucha sin cuartel con estos últimos por la conquista de un imperio comercial.

Una aristocracia guerrera: El dominio de la metalurgia fue una de las claves del desarrollo etrusco. Su expansión comercial estuvo respaldada por un gran poderío militar. Se considera precisamente que, en sus orígenes, los etruscos constituyeron una aristocracia guerrera, de régimen matrilineal, que se fundió con otros pueblos al establecerse en Etrurla. Yelmo etrusco hallado en Villa Giulia.

La derrota etrusca (474 a. C.) fortaleció el poder de los griegos en el sur de Italia, bajo la férula de los tiranos, y comprometió peligrosamente la hegemonía que mantenían los etruscos sobre el resto de la península Itálica. Pero tampoco los griegos lograron consolidarse: el descenso de los pueblos montañeses del interior -desplazamiento migratorio conocido como “invasiones sabélicas”-hacia las llanuras costeras desalojó a los griegos incluso más allá de la bahía de Napóles.

La Quimera de Arezzo
Se trata, junto con la famosa Loba capitalina, de una de las muestras excepcionales de la estatuaria en bronce etrusca. Hallada en 1554 en Arretium (Arezzo), su primera restauración se atribuye ai escultor italiano Benvenuto Cellini. La encrespada ferocidad de este animal mitológico, híbrido de león y serpiente, puede verse en el Museo Arqueológico de Florencia.

Las pinturas murales y los historiadores griegos y romanos ilustran sobre la música etrusca. Los instrumentos principales eran los de viento. Predominaba el autos doble, de origen asiático e introducido en Grecia por Olimpo en el siglo IX a. C. De sonido similar al del actual oboe, constaba de dos tubos abiertos, unidos entre sí en un extremo por una boquilla de doble lengüeta. También eran habituales otros instrumentos de viento, como ciertas variantes de trompas y trompetas (bucína, cornu, lituus, tuba). Entre las cuerdas sobresalía la lira y, en la percusión, los crótalos. La música acompañaba las ceremonias fúnebres, las competencias deportivas e incluso las ejecuciones.

Destacados orfebres: Los trabajos en marfil y la joyería etruscos alcanzaron su máximo esplendor en los siglos Vl-ll a. C., que muchos historiadores denominan “período orientalizante”. Un original arte del grabado quedó patente en los espejos y en los petos.

La pintura apareció entre los etruscos en el siglo Vil a. C., vinculada a la decoración de las tumbas y como una forma de realzar la arquitectura. Pero logró su máximo desarrollo en Tarquinia. Con gran vitalidad y dinamismo, la plástica etrusca recrea momentos de banquetes, juegos, danzas y de la vida diaria. Escena de lucha perteneciente a la Tumba de los Augures.

flauta etrusca

Detalle de un fresco.Tumba de los Leopardos. Tarquinia. Hombre ejecutando una flauta doble (al lado). Este instrumento, muy extendido preferido por los etruscos, que se lo transmitieron a los romanos.

Las creencias religiosas: La casta sacerdotal formaba parte de la clase dominante. Los aruspices, expertos en descifrar el mensaje divino del que las vísceras eran portadoras, constituían el núcleo de dicho sector. Las entrañas de los animales sacrificados eran consideradas como una representación de las circunstancias del momento, y sus eventuales alteraciones indicaban qué dios intervenía y el carácter benéfico o aterrador de su mensaje. Los dioses eran numerosos y, si bien muchos de ellos eran compartidos por todos los etruscos, cada ciudad contaba con un panteón propio, habitado por divinidades particulares.

El único santuario común a todas las ciudades etruscas era el de Voltumna, en Volsinias. Uno de los rasgos sobresalientes de la religiosidad etrusca era la preocupación por la vida de ultratumba. Esta razón explica la construcción de suntuosas criptas funerarias, repletas de riquezas y finamente decoradas. El vino de las libaciones y la sangre de los sacrificios contribuían también a solazar a los muertos que, de este modo, no se veían necesitados o tentados de regresar a la tierra y mortificar a los vivos.

Desde el norte de Italia, se trasladaron hacia la región centro-norte de Italia. Hacia el sur, de acuerdo con la tradición romana y la evidencia arqueológica, controlaron Roma y, posiblemente, todo el Lacio. Desde esta última zona se trasladaron hacia el sur, en dirección a Campania, fundando un asentamiento en Capua, y llegaron a tener contacto directo con los colonos griegos del sur de Italia. En el siglo VI a. de C., los etruscos estaban en la cúspide de su poder. Pero, por el año 480 a. de C., su poder empezó a declinar y, por el año 400 a. de C., estuvieron limitados de nuevo a Etruria.

Más tarde fueron invadidos por los galos y luego conquistados por los romanos. Pero, en aquel tiempo, los etruscos ya habían dejado huella. Al transformar los poblados en ciudades, llevaron la urbanización al centro y al norte de Italia (los griegos llevaron la urbanización al sur de Italia). Por supuesto, Roma fue el producto etrusco más famoso.

El mundo de los muertos: Los etruscos creían en la vida después de la muerte. Los dioses manifestaban su voluntad a través de los objetos de la naturaleza, y, del mismo modo, el hombre trató de manifestarse a través de su obra a escala humana. De ahí la importancia del arte religioso y funerario y la práctica constante de la adivinación. Una vez abandonaba el cuerpo, el alma inmortal de hombres y mujeres habitaba en el sepulcro y el deber del artista era recrear para ellos una vida alegre y placentera. Las necrópolis etruscas eran verdaderas ciudades para los muertos, reflejo de la casa y la vida terrenas.El sarcófago Cerveteri es una de las principales manifestaciones de la escultura funeraria etrusca. Construidoen terracota a finales del siglo VI representa a una pareja de esposos de la aristocracia, recostados en un klinéy participando en un banquete ritual.

EL REFINAMIENTO DE LOS ETRUSCOS
La mayor parte de los toscanos ricos eran terratenientes. Las cosechas abundantes de cereales les producían sólidas rentas, a las que se sumaban las que obtenían del vino y del aceite. Pero también eran hábiles comerciantes, y la madera de los bosques les servía para construir barcos que bogaron a través del Mediterráneo. Cuando el suelo no se prestaba a la agricultura, los toscanos emprendían trabajos considerables para prepararlo. Fueron maestros en el arte del drenaje y del riego, y de ellos aprendieron los romanos el dominio de estas técnicas. Cuando no disponían de agua, sus poceros eran únicos para descubrirla.

El bronce, el oro y la plata no son los únicos testimonios del arte etrusco. Estos hombres, que conocemos mal, se revelan a nuestros ojos como pintores admirables. Sus tumbas son las que mejor nos muestran esta forma de arte. En efecto, era indispensable para los muertos tener en la sombra de la tumba el ambiente de la vida cotidiana. De esta forma, encontramos la calurosa atmósfera de los banquetes y los espectáculos de música y danzas que los animaban.

Tambien gracias a las tumbas, descubrimos el lugar importante que la mujer ocupaba en la vica de los toscanos: estaba presente en cada momento de la vida del hombre. Vemos a las mujeres asistir a los banquetes, a los juegos, ellas eran verdaderamente, sus compañeras de todos los instantes.

Quizá fuera esta familiaridad constante la que les valió, entre los severos romanos, b reputación de mujeres sin pudor y desvergonzadas. Ciertamente, en los frescos aparecen generosamente adornadas e, incluso, excesivamente maquilladas, como sus hermanas cretenses. Sus cabellos están teñidos. Pero todos estos elementos, que constituyeron para los romanos otros tantos motivos de escándalo, hicieron de ellas compañeras apreciadas, que compartían con sus maridos las preocupaciones de la vida diaria y también los secretos más graves de los negocios.

matrimonio etrusco

Actitud reconfortante de una pareja etrusca. (Bronce. British Museum.) El amor conyugal se manifiesta en la vida corriente, confirmado frecuentemente en los sarcófagos por la representación, en terracota, de los esposos, acostados el uno al lado del otro. Ternura del marido y confianza de la mujer. Esta ocupaba, en la sociedad, un lugar importante, siendo mucho más libre, por ejemplo, que en Grecia.

ALGO MAS SOBRE SU RELIGIÓN:
LOS PRESAGIOS DEL CIELO
La religión etrusca se distingue de las religiones de la antigüedad por su carácter nacional. Su manifestación esencial era la reunión anual de Volsinias, a la cual ninguno de los jefes ni de los personajes sobresalientes de las ciudades osaría faltar.

Las fiestas que se celebraban en este lugar eran comparables a la de Delfos o de Olimpia. Esto dice bastante de su suntuosidad: los etruscos querían, sin duda, subrayar con ello su originalidad y distinguirse de los otros pueblos de la península. Esta religión fue revelada por un profeta, al que ellos llamaban Tages, que vino a la Tierra acompañado de la ninfa Begoia para dar a los etruscos los fundamentos de la verdad religiosa, revelaciones escritas piadosamente en los libros sagrados.

Los ritos eran los elementos esenciales: se ajustaban a reglas muy rigurosas, la “disciplina etrusca”, y constituían la base del arte de la adivinación y de cierto número de preceptos que convenía observar en cada circunstancia de la vida. Así, era esencial saber interpretar”” los “rayos celestes”, porque de ellos dependían los gestos que había que realizar para satisfacer a los dioses. Pero no había menos de dieciséis rayos, que correspondían cada uno a una región del cielo.

Cada dios disponía de uno o varios rayos. Todo dependía del día y de la hora en que había alcanzado al objeto, y de la forma en que éste había sido tocado. En estas. condiciones, se comprende el papel esencial de los arúspices, que sabían interpretar el presagio y leer en las entrañas de los animales sacrificados.

El hígado estaba dividido en cierto número de partes o “casas”, cada una de las cuales correspondía a un dios. Las anomalías descubiertas en estos casos constituían un testimonio de las disposiciones divinas. Estotf’ dioses eran numerosos: doce correspondían a los signos del Zodíaco, siete a los planetas, dieciséis a las regiones del cielo, más un gran número de divinidades locales.

EL MAS ALLÁ
La vida de los etruscos estaba dominada por la religión. Una especie de fatalidad pesaba sobre el toscano, que no podía escapar a la voluntad de los dioses. No poseía ninguna libertad, pero tenía la posibilidad de conjurar el destino, por medio de sacrificios apropiados. Los genios servían de intermediarios entre las divinidades y los hombres. Otros vivían en los dominios infernales.

El mundo del más allá, la morada de los muertos, obsesionó a los etruscos, que han dado de él representaciones sorprendentes. Sus muertos, como los muertos egipcios, proseguían en su tumba una vida muy semejante a la de los vivos. Pero ellos podían también evadirse hacia la verdadera morada de los muertos y conocer una supervivencia particular. La religión etrusca y sus prácticas modelaron, en parte, las de los antiguos romanos.

La vida de las gentes modestas nos es completamente desconocida. Las representaciones que han llegado hasta nosotros de su vida cotidiana, han sido descubiertas en las tumbas, y conciernen, sobre todo, a gentes ricas. En ellas vemos moverse todo un mundo de esclavos. Con una gracia incomparable, sirven en festines suntuosos o embelesan a sus dueños con el sonido de sus flautas. Tienen una bella presencia y una gran elegancia.

La Escultura y Pintura Etrusca

Fuente Consultada:
Historia Para 1er. Año de José María Ramallo
Civilizaciones de Occidente Toma A Jackson Spielvogel
Historia Universal Tomo 6 Salvat
Historia Universal Tomo 5 El Imperio Romano Clarín





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