Tala de Arboles en Selva Amazonas Consecuencias Destruccion Selva



Tala de Árboles en la Selva Amazonas

LA DEFORESTACIÓN DEL AMAZONAS Y EL EFECTO INVERNADERO: Cerca del 60 por ciento de la Selva Amazónica, el mayor pulmón verde del planeta, podría desaparecer antes de 2030, como resultado de los gases de efecto invernadero y la deforestación masiva. La tasa de demolición es de 100.000 kilómetros cuadrados al año. Esto significa que cada cinco años se arrasa un área del tamaño de Francia» .¿Por qué muere la selva amazónica? O, mejor dicho, ¿por qué el talado de sus árboles se nos aparece como irreversible?. Porque, a primera vista, uno pensaría que en cualquier momento puede dejarse en paz un campo que ha sido deforestado y las semillas volverán, traídas por los pájaros y el viento, y la selva se reconstruirá, igual a sí misma. Esto, que ocurre en otros ecosistemas, es extremadamente difícil en la selva amazónica.

«Los árboles crean oxígeno, elemento que sabemos bien, necesitamos para respirar. Esa sola circunstancia parecería motivación suficiente para dejarlos intactos. En calidad de pulmones del planeta, los bosques trabajan las 24 horas para extraer el dióxido de carbono del aire (proceso denominado «captura de carbono») y brindarnos oxígeno a cambio.

En nuestros días, muchos científicos preocupados por el cambio climático investigan toda clase de ardides intrincados, caros y artificiales para capturar el carbono de la atmósfera con la esperanza de moderar el cambio climático. A mí me parece un despropósito. Ya tenemos un sistema natural que, además de capturar el carbono de la atmósfera, nos brinda el tipo exacto de aire que necesitamos para respirar: el sistema de nuestros árboles. ¡Y sus servicios son gratuitos! No puede pedirse mucho más.

Y aun hay más: los bosques cumplen otros servicios vitales. Recolectan y filtran nuestra agua dulce, con lo cual mantienen el ciclo hidrológico general del planeta y moderan inundaciones o sequías. Conservan la salud del suelo porque sostienen en el lugar la fértil capa superficial, rica en nutrientes. ¿Cómo se nos ocurre destruir a tan indudables aliados?» Investigadora Annie Leonard

VEGETACIÓN: Estos suelos casi siempre cubiertos de agua y las altas temperaturas ecuatoriales dan, como puede suponerse, unos elevadísimos índices de humedad. En este ambiente, de auténtico invernadero, la cuenca se halla cubierta en todo tiempo de una vegetación lujuriante, ya que sólo existen dos estaciones pluviométricas, húmeda y seca, que casi no se diferencian, en el alto Amazonas, entre aquel calor húmedo y constante

Es más bien un lugar limpio y en grata penumbra, con espacios amplios y senderos bien trazados que casi hacen que el lugar se parezca a un parque.  Algo que llama poderosamente la atención es la uniformidad que se aprecia en la selva amazónica. Es difícil para el profano distinguir unas especies de otras y, sin embargo, la inmutabilidad de las condiciones ambientales, durante miles de años, ha desarrollado una extraordinaria cantidad de especies vegetales adaptadas a todos los lugares imaginables.

Tala de arboles en la selva

También abundan en todos los niveles las plantas epifitas, o sea, las que crecen sobre otras plantas para estar en mejores condiciones de recibir la luz solar. Muchas de ellas ejercen funciones importantes en la selva, como conservar agua y alimentos (hojas muertas e insectos) después de una tormenta. Entre las epifitas más conocidas se encuentran algunas orquídeas, esas flores tan apreciadas y que en Colombia están consideradas como la flor nacional.

Durante todo este tiempo, las fuertes y abundantes lluvias han tenido ocasión de disolver los minerales, lavar el suelo y empobrecerlo. Sirvan como ejemplo los sistemas de cultivo empleados por los indígenas, que abren pequeños claros o calveros en la selva mediante la tala y quema de la vegetación. Las cenizas aportan sustancias minerales suficientes para dos o tres cosechas, pero luego la tierra queda agotada y, en consecuencia, es abandonada.

Se ha concluido que la excesiva y variada vegetación de esta monstruosa selva se halla en la masa de moho que cubre la corteza de los árboles y en los hongos que, asociados a las raíces, trasladan a éstas los nutrientes minerales de las hojas muertas que caen al suelo y de la madera en putrefacción. También los insectos, especialmente las hormigas, que entierran los restos orgánicos que encuentran, las bacterias y los gusanos cumplen un papel importante en la nutrición de las plantas.



HECHOS: La región del Amazonas es un gigantesco ecosistema de selvas tropicales sobre una extensión de casi 7 millones de kilómetros cuadrados. Una red fluvial de 100.000 kilómetros conforma la cuenca amazónica, que depende de la existencia de la selva, porque el 50 por ciento de las precipitaciones en esta región se producen a causa de este sistema forestal. Un bosque con menor humedad es más vulnerable a los incendios.

Al aumentar las emisiones de dióxido de carbono se contribuye más al cambio climático, éste a su vez reduce la humedad de la selva haciéndola más susceptible a los incendios, que a su vez emiten más dióxido de carbono, generando un devastador círculo vicioso.

Del total de emisiones de carbono a la atmósfera se calcula que el 20 por ciento proceden de la pérdida de selvas tropicales. Brasil, con 400 millones de hectáreas de Amazonas, es el país del mundo que cuenta con la mayor extensión de selva, pero también es el cuarto del mundo en emisiones de gases invernadero y el 75 por ciento de las emisiones brasileñas proceden de la deforestación.

A partir de 2003, cuando el mal de las vacas locas en Europa multiplicó la demanda del grano para pienso animal, experimentó un gran auge el avance de la soja sobre la Selva Amazónica tras la ocupación y destrucción de prácticamente toda la reserva del Centro-Oeste brasileño.

Los desalojos violentos de comunidades de campesinos, la mano de obra esclava y los conflictos sociales por la tierra fueron cada vez más frecuentes. Solo en el periodo 2004-2005 se deforestaron 1,2 millones de hectáreas de Selva Amazónica para cultivar soja. Campeón nacional en la producción de soja, el estado de Mato Grosso, después de las áreas de reserva, taló gran parte de la Selva Amazónica en su territorio, convirtiéndose también en el campeón de la deforestación y los incendios en 2003, con un 48 por ciento del total.

En la mayoría de los casos se produce la expulsión de los pequeños agricultores (en ocasiones a la fuerza) de sus propias tierras, que pasan a incorporarse a las haciendas cultivadoras de soja. Quienes venden sus terrenos acaban asentándose en las periferias de los centros urbanos, agravándose rápidamente el proceso de favelización de estas áreas. Pero son también cada vez más frecuentes los ataques —con amenazas de muerte y con destrucción de la propiedad— a las familias que se niegan a vender.

Los indios brasileños viven en situación de riesgo permanente, sobre todo por las amenazas de hacendados que buscan acceder a las áreas que el Estado concede a los indígenas por ley. La avidez de las compañías madereras ha provocado numerosos litigios. En 1998, el Parlamento denunciaba que 72 reservas de indios habían sido invadidas por leñadores de las compañías extranjeras, que aprovechan que el Estado no cuenta con suficientes funcionarios para vigilar tan vasto territorio.

En enero de 2007, se estimaba que la Amazonia brasileña había perdido, tan sólo en los últimos 40 años, un 17 por ciento de su extensión, lo que equivale, por ejemplo, a un territorio más grande que el ocupado por Francia. Y a pesar de que para entonces Brasil había logrado reducir en un 50 por ciento el ritmo de deforestación, en diciembre de 2007, un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza  advirtió que el cambio climático podría acelerar inexorablemente la destrucción del Amazonas. Según el informe, de persistir los métodos agrícolas y ganaderos existentes y continuar los incendios, las sequías y la tala masiva, el 55 por ciento de la Selva Amazónica habrá desaparecido o estará gravemente dañada en el año 2030.

La destrucción del pulmón de la Tierra —que absorbe dióxido de carbono y emite oxígeno— provocaría la emisión de entre 55.500 y 96.900 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalente a los gases de efecto invernadero emitidos en todo el mundo en dos años.

Eso a su vez provocaría que otro A por ciento de la selva desapareciera debido a que el cambio climático reduciría las precipitaciones en un 10 por ciento en los próximos 23 años. De no ponerse remedio de forma inmediata, no sólo sería un desastre para los millones de personas que viven allí, sino para la estabilidad del clima mundial.



QUE OCURRE EN EL INTERIOR DE LA SELVA?: Al ver la selva, imaginamos que existe un suelo de una inmensa fertilidad que está nutriendo ese torrente de vida que nos deslumhra. En realidad, el suelo es pobre y talar la selva se parece bastante a intentar abrir la gallina de los huevos de oro: allí no hay nada.

El secreto no está en las visceras húmedas de la tierra, sino en la vida que se mantiene a sí misma, la selva se alimenta de sí misma, en un continuo reciclaje de nutrientes que no llegan a construir un suelo.

«Los árboles de la densa selva del Amazonas —dice el comandante Cousteau— han «inventado» elaborados esquemas para salir triunfantes de su batalla contra el calor constante, la lluvia y la desnutrición. Al no contar con alimento abundante ni con un suelo rico, los árboles han «aprendido» a alimentarse por su cuenta. Sus hojas se caen con mayor rapidez que las de los árboles de zonas templadas, y en el suelo se descomponen también con más rapidez, lo que hace que sus elementos nutritivos puedan reciclarse antes en los árboles vivos que les rodean.

Las redes de encaje formadas por pelos absorbentes debajo de la superficie del terreno actúan como filtros, manteniendo los elementos nutritivos en su lugar y acaparando nitrógeno y fósforo para los árboles. Los pelos absorbentes reciben la ayuda de los hongos, que viven en estrecha asociación con las raíces y a través de su digestión fúngica, proceso que denominamos putrefacción, disponen los elementos nutritivos para su rápida absorción por parte de los árboles. Esta circulación uniforme mantiene el suministro alimenticio vital de la selva almacenado en su propio follaje y no en el suelo, donde sería vulnerable a la lixiviación y erosión. Es lo que hace que la jungla sea rica y el suelo pobre».

Entonces, la pérdida de cobertura vegetal es, en Amazonia, más rápidamente irreversible que en otras tierras con suelos más ricos. La destrucción del suelo comienza en los bordes de los caminos, que van generando cárcavas de erosión, y se extiende a sus lados.

Pero, además de las intromisiones que van generando fenómenos autónomos, está el uso de la selva como si fuera un gran yacimiento minero, del cual se extraen árboles y suelo, sin pensar en la destrucción o el agotamiento.

Una de las agresiones masivas sobre este ecosistema fue el uso de la madera para la producción de papel. Inmensos árboles fueron transformados en aserrín y después en pulpa de papel para exportación.

luwing danielEn Amazonia, el multimillonario Daniel Ludwig intentó construir un imperio papelero, para lo que compró tierras hasta constituir el latifundio más grande del mundo. Ludwig abrió caminos y construyó vías ferroviarias y pueblos en la selva. Allí las topadoras comenzaron a voltear los árboles para después iniciar un ambicioso proyecto de forestación, destinado a abastecer las máquinas con materias primas uniformes.

Ludwig cometió el mismo error que se repite una y otra vez en todos los proyectos sobre Amazonia: sobreestimó la capacidad de producción de ese suelo, una vez deforestado. Algunos árboles no crecieron nunca y otros lo hicieron con una producción de madera muy inferior a lo previsto.

Finalmente, el imperio se derrumbó, acosado por sus propios costos y por la infertilidad de la tierra, generada por él mismo. A partir de esta experiencia, los exportadores brasileños se encontraron con que sus clientes del Primer Mundo les envían permanentemente inspectores para controlar que el papel que les compran no se origine en la deforestación de la Amazonia.



También se deforesta la Amazonia para abrir campos a la producción ganadera, con destino a la exportación. Por el tipo de ganado que admiten esas tierras, y por el destino de esos vacunos, podemos decir que las selvas tropicales están siendo transformadas en hamburguesas. La eficiencia de estas estancias es ínfima, en relación con cualquier otra área ganadera del mundo, lo que pone en cuestión la depredación ecológica, aún desde el punto de vista económico.

Señala Lutzenberger que «en las explotaciones ganaderas, la producción de carne no llega a los 50 kgs. al año por hectárea y esta cantidad decrece rápidamente a los dos años, ya que los suelos pronto pierden su valor nutritivo y las hierbas y legumbres que se plantan para alimentar al ganado, dan paso a malezas que el ganado no come y que se exterminan con maquinaria y herbicidas, contribuyendo aún más a la destrucción del terreno y rebajando todavía más la producción. Para dar una idea de lo baja que es la producción, basta decir que en el norte de Europa, aún las granjas que no importan alimentos para el ganado, producen cerca de 600 kgs. de carne al año por hectárea, y más de 4.000 a 6.000 litros de leche. En los ranchos del Amazonas, no se produce leche alguna.
«También debemos recordar que la selva virgen, antes de ser arrasada para dar paso al pastoreo, producía unas diez veces más en alimentos, en forma de frutos tropicales de una variedad increíble, caza y pesca. Cada árbol ya crecido de nuez del Brasil y cada palmera de pupuia que se respete, produce más alimento que el ganado existente en una hectárea.

El otro efecto devastador de estos proyectos es el social. Se emplea en promedio un trabajador cada 2.000 cabezas de ganado, es decir, una persona cada 3.000 hectáreas. En la misma área de terreno de selva virgen, pueden alimentarse y acomodarse varios cientos de personas. El estilo de vida tradicional del caboclo, el indio y el seringueiro, recolector de caucho, es también mucho más agradable, más fácil, independiente y seguro que la vida de la persona que trabaja en un rancho. La gran ironía de todo esto es que la carne que se produce es para exportar. El caboclo del Amazonas dice sabiamente: «Cuando llega el ganado, nosotros nos vamos: el ganado significa hambre».

Esto nos lleva otra vez a pensar en la incidencia de la economía, y aquí las conclusiones son sorprendentemente semejantes a las referidas a la acumulación de residuos nucleares. En aquél caso, se obtenía electricidad por unos años y se generaban problemas que durarán cientos de miles de años. En el caso de Amazonia y de tantas selvas semejantes, se destruye un ecosistema que tardó milenios en formarse, a cambio de la pobre producción ganadera de dos o tres años.

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El desajuste principal está en la diferencia entre los tiempos de la ecología y los tiempos de la economía. Cuanto más breves sean los tiempos en que se piensa la economía y se hacen los cálculos comerciales, más se distanciarán de los tiempos que necesitan los ecosistemas para recuperarse.

Cuando los ranchos del Amazonas ya no producen más, los abandonan y se van a buscar nuevas extensiones de selva virgen. Queda desnuda la tierra colorada, salpicada de malezas para marcar aún más la desolación.

EL AVANCE DE LA DEFORESTACIÓN DEL AMAZONAS EN LA ZONA DE RONDONIA (BRASIL)

1976: RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

2001:RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

2009:RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

Fuente Consultada:
Maravillas del Mundo de Luis Azlún
Días negros Para La Humanidad Paz Valdés Lira
La Historia de las Cosas Annie Leonard
Ecologia y Medio Ambiente Larousse Antonio Elio Brailovsky

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