Biografia de Justiniano Emperador Campañas, Obra Juridica y Politica



Biografia de Justiniano Emperador de Bizancio – Obra Juridica y Politica

La invasión de los pueblos germánicos (los bárbaros) había quebrantado la resistencia del Imperio romano de Oriente y destruido hasta sus raíces la autoridad imperial en Occidente. Después del emperador Teodosio, parecía consumado el despedazamiento de la antigua unidad mediterránea.

Pero no fue así, porque en el segundo tercio del siglo VI un emperador de Constantinopla, conocido como Justiniano, renueva la ideología imperial e intenta rehacer los antiguos marcos políticos del Imperio de los Césares.

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JUSTINIANO: Nació en la región de Iliria y sucedió en 527 a su tío Justino I en el trono imperial. Decidido a restaurar la grandeza del Imperio, inició una serie de campañas militares.

En Oriente guerreó contra el Imperio persa, con el que llegó a la paz en 532. Sus generales Belisario y Narsés se encargaron de la guerra en el frente occidental.

El primero conquistó África del Norte y luego, se dirigió a Italia, donde invadió el reino de los ostrogodos y conquistó Ravena en 540.

La rebelión del rey ostrogodo Totila extendió la guerra por diez años, al cabo de los cuales toda Italia fue parte del Imperio.

A partir de 550 el general Liborio conquistó el sudeste de España, dominado por los visigodos.

En cuanto a su política interior, Justiniano fortaleció el poder central, reestructuró la administración y buscó sin éxito controlar a los grandes terratenientes y satisfacer a los pequeños campesinos.

Su gran obra fue el Corpus Iuris Civilis, recopilación del derecho y la jurisprudencia romanas, que fue adoptado por todo Occidente a partir del siglo XII y es base del derecho moderno.

HISTORIA DE SU VIDA Y REINADO:

Bajo Justiniano, el «emperador que nunca dormía», todo nervio y acción, las águilas imperiales se abaten de nuevo sobre los bárbaros y les arrancan gran parte de los territorios que ya consideraban como suyos.



Esta ingente tentativa, que registró positivos triunfos, ejerció una profunda influencia en la evolución ulterior de los países mediterráneos.

Porque Justiniano no sólo restauraba el derecho, la organización política, la lengua y la cultura antiguas, sino que las fijaba para siempre en su cristalización definitiva, mientras daba paso al resurgir del espíritu helenístico en su nuevo estilo cristiano-oriental.

En este doble aspecto de conquistador y de encar-nador de un nuevo ciclo cultural —el bizantino—, es uno de los mayores personajes de la Historia.

Mayor quizá no por sus propias cualidades, pero sí por la grandeza de la obra que realizó durante su gobierno. Junto a una inteligencia bastante viva y a un gusto extremado por la acción, Justiniano careció de equilibrio, energía y sangre fría.

Hay momentos en que se le ve vacilar en su tarea, y es entonces cuando á su lado destaca la figura de su esposa Teodora, ambiciosa, obstinada y muy inteligente.

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La vió por primera vez en el circo durante el período del reinado de su tío Justino, en cuyos años (518-527) Justiniano aparece por vez primera en las crónicas de Bizancio.

En aquella época el futuro emperador tenía unos cuarenta años de edad, ya que había nacido en Taurésium (cerca de la actual Uskub macedónica) en 482.

Su ascendencia era latina, y el latín fue su lengua materna. Pese a sus obscuros orígenes, la brillante carrera de su tío le hizo salir de la nada.

Adquirió una cultura vasta en cuestiones de derecho y teología, y estos conocimientos le valieron la dirección efectiva de los asuntos públicos durante el reinado de Justino, hombre de poco saber.

Este le asoció al trono el 1º de abril de 527, y poco después, en agosto, aquél quedaba como único emperador de Oriente.



Justiniano llegaba al poder en un momento crítico: el Occidente era presa de los bárbaros; las fronteras septentrionales del Imperio de Oriente estaban amenazadas por los búlgaros y los eslavos, y las del Este por los persas; en el interior, la administración era venal y dominaban en ella todo género de facciones políticas y religiosas.

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En primer lugar, el nuevo emperador restableció el orden, la justicia y la unidad. Una de sus medidas iniciales de gobierno fue ordenar la codificación de las leyes romanas (528), lo que más tarde dio lugar a la publicación de los monumentos legislativos que son gloria eterna de su reina el Código de Justiniano, el Digesto y las Instituciones.

Al mismo tiempo, reformó la administración, sujetándola al absolutismo imperial, y eliminó toda discrepancia heterodoxa, favoreciendo la Iglesia contra los paganos y los herejes de toda clase (en particular, los monofisitas).

Estas medidas provocaron una gran inquietud, la cual estalló en forma inesperada el 11 de enero de 532 al reparo de las luchas entre los verdes y los azules, bandos rivales en los juegos del hipódromo de la capital.

Gracias a la energía de Teodora, este levantamiento fue sofocado el 18 del mismo mes por los generales Narsés y Beluario.

El poder de Justiniano estaba ya consolidado.

Podrá, pues, lanzarse a sus proyectos de restaurar la unidad imperial.

Prescindiendo de momento de los persas, quienes en 531 habían infligido una grave derrota a Belisario en Rakka, en el Eúfrates, Justiniano utilizó
las rencillas políticas entre Hilderico y Gelimer, reyes de los vándalos, para enviar una expedición al África del Norte, la cual, al mando de Belisario, aniquiló el reino de Vandalia entre el verano de 533 y la primavera de 534.

Este éxito indujo al emperador a aprovechar las discrepancias de los ostrogodos para lanzarse sobre Italia.

Belisario consumó la conquista de la península en el transcurso de cinco años: en 535 caía Sicilia; en 536, Roma, y en el otoño de 539, Rávena.



Este éxito fulminante fue seguido de una grave crisis. En 540 Cosroes I de Persia saqueaba Antioquía, mientras los búlgaros se infiltraban hasta los arrabales de Constantinopla.

Hubo necesidad de reagrupar las fuerzas, con lo que se dio alas a los elementos germánicos de Italia y a los bereberes de África del Norte. Los ostrogodos se apoderaron de Roma en 546 y los bereberes de Cartago en 547.

En tan críticas circunstancias, Justiniano no perdió la fe en su empresa. Cartago fue reconquistada en el mismo año de su pérdida, e Italia sucumbía ante las tropas de Narsés en el curso de las campañas de 550 a 552.

A mayor abundamiento, las rivalidades entre los nobles visigodos por la posesión de la corona favorecieron la restauración imperial en la región del mediodía de la Península Hispánica (550).

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Respecto a los persas, Justiniano logró comprar la paz y se mantuvo en una política meramente defensiva.

Cuando Justiniano murió el 14 de noviembre de 565, a una edad donde se disipan incluso las ilusiones más tenaces, podía conservar la convicción de que había rehecho la unidad del Imperio y que Roma había abatido a los bárbaros.

Sus Campañas Militares

Justiniano luchó contra:

a) Los Persas. Antes de lanzar sus legiones sobre el mundo occidental, trató de asegurar las fronteras del Imperio Bizantino. A tal efecto, luchó contra los persas que atacaban desde la Mesopotanaia, y como éstos resistieron eficazmente prefirió comprarles la paz, mediante el pago de un fuerte tributo anual.

b) Los Vándalos. La primera operación destinada a recuperar el Imperio de Occidente la dirigió contra los vándalos, establecidos en el norte de África. En una breve campaña, Belisario logró someterlos y rescató Cerdeña, Córcega y las Baleares (533).

c) Los Ostrogodos. De inmediato se dirigió a Italia para luchar contra los ostrogodos, quienes, durante varios años ofrecieron una obstinada resistencia. Cerca ya de la victoria, Justiniano destituyó a Belisario. Entonces, los ostrogodos volvieron a reaccionar y fueron necesarios los esfuerzos de Narsés para poner término a la lucha que se había prolongado durante veinte años. Italia se transformó en un virreinato o exarcado cuya capital fue la ciudad de Rávena (553).

d) Los Búlgaros. Entretanto, los bárbaros amenazaban las fronteras del norte, en el año 559, los búlgaros atravesaron el Danubio, y se encontraban cerca de Constantinopla, cuando las tropas bizantinas salieron a su 3ncuentro y lograron derrotarlos.

Los éxitos militares que Justiniano obtuvo en Occidente, volvieron a transformar el mar Mediterráneo en un lago romano. Pero fue por poco tiempo, pues a su muerte (565) todo volvió a derrumbarse.

Obra Jurídica de Justiniano:

La obra más importante, y duradera, de Justiniano fue la reforma del mundo libre bajo la protección de unas admirables Leyes, cuya proyección no dejó sin amparo ninguna de las actividades — derechos y obligaciones — del hombre.

Estas Leyes quedaron agrupadas en cuatro grandes obras: el Código de Justiniano, que contenía las Leyes promulgadas desde el reinado del emperador Adriano; las Novelas, leyes posteriores al año 533; el Digesto, resumen de la legislación romana más perfecta (a esta compilación también se le dio el nombre de Pandectas); y las Instituciones, manual para uso de los estudiantes de Derecho.

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Estas cuatro grandes compilaciones formarían más tarde el famoso Corpus Iuris Civilis, base para cualquier reforma o creación legislativa, y de vigencia durante siglos en la Europa Occidental.

A la cabeza de las Instituciones, el gran Justiniano escribió un discurso que resume no sólo sus nobilísimos afanes políticos, éticos, religiosos, jurídicos y bélicos, sino también se convierte en el más noble y eficiente programa de un gobernante.

De este discurso tomamos el siguiente párrafo: «No siempre conviene a la majestad del Emperador alcanzar con las armas cuanto le interesa: que son los honores, sino que también debe intentarlo con las leyes, de modo que, en paz o en guerra, pueda gobernar rectamente.

Lo cual, con harta prudencia, con mucho trabajo y, sobre todo, con la ayuda de Dios Altísimo, hemos logrado realizar.

Las naciones bárbaras sometidas a nuestro yugo delatan a las claras cuáles han sido los triunfos de nuestras expediciones de guerra. Y los pueblos todos son gobernados por leyes compuestas y promulgadas por Nos.

Hemos dado notable uniformidad a las justas constituciones que ya eran un inmenso caos. Hemos revisado con atención los incontables volúmenes de la antigua jurisprudencia; y esta empresa que superaba la más lisonjera esperanza y nos convertía en navegantes por hondísimo y oscuro mar, la hemos llevado, por fin, a felicísimo término.

Y una vez hecho todo ello con la asistencia Divina, llamamos junto a Nos a Triboniano, maestro de nuestro Sacro Palacio, y a Teófilo y Doroteo — de los cuales tenemos muchas pruebas de su ciencia jurídica y de su lealtad a nuestros deseos —, convocados en conjunto, y a quienes les encomendamos e impusimos nuestra autoridad, para que compusieran estas Instituciones, a fin de que cada cual pueda conocer los principios de las Leyes que les obligan, no en las antiguas Tablas, sino en todo el esplendor Imperial.»

Fecha memorable la del 13 de febrero del 528, pues en ella se inició la redacción de un nuevo Codex constitutionum, encargada a una comisión de diez miembros, de la que formaban parte el magister officiorum de palacio, Triboniano, y el profesor de la Universidad de Constantinopla Teófilo.

Este codex se publicó poco tiempo después: el 7 de abril del 529, mediante la Constitutio Summa rei republicae, con fuerza de obligar desde el día 16 del mismo mes. Pero este Código, compilador de leyes imperiales, no era sino la parte primera de un muy vasto plan.

La segunda, más complicada y difícil, fue puesta en marcha por la constitución Deo auctore, de 15 de diciembre del 530.

En ella se ordenaba que Triboniano, nombrado ya quaestor sacri palatii (ministro de Justicia), formase una comisión de profesores y abogados en número de diecisiete; esta comisión quedaba obligada a formar una compilación de fragmentos sacados de los más importantes escritos doctrinales de los juristas, que formase la segunda parte de un futuro Código total.

A esta compilación se le dio el nombre de Digestosive Pandectae. Y no debía contener sino los escritos de los más célebres jurisconsultos, incluidos Ulpiano, Paulo, Marciano y Papiniano.

Los fragmentos seleccionados habían de ser incluidos en cincuenta libros, divididos a su vez en títulos tomando como modelo el Código y el Edicto Pretorio.

A la comisión debían ayudarla muchos «y sabios maestros» encargados de abreviar, completar y rectificar los textos, para evitar que hubiese repeticiones y algo mucho más grave: contradicciones.

Esta compilación sería la única que pudiera ser invocada en juicio cuando los abogados quisieran asesorarse de «la sabiduría de los antiguos maestros».

Terminado el admirable trabajo de la comisión, la compilación fue promulgada el 16 de diciembre del 533 por la Constitución Tanta, con obligatoriedad a partir del día 30 del mismo mes.

Y dispuso Justiniano que tanto la Constitución como la Compilación fueran comunicadas a los restantes profesores de Constantinopla y de Berito, para que inmediatamente sirviesen de base a la enseñanza.

La organización del imperio

La autoridad absoluta y el centro de la organización política y administrativa fue el emperador. En principio, el cargo era electivo, pero en la práctica acostumbraron a elegir personalmente a su sucesor.

Sin embargo, fueron escasas las veces que el poder se transmitió por herencia, debido a los motines y luchas intestinas que elevaron en el trono a simples aventureros o usurpadores.

El emperador, llamado basileus (rey) era al mismo tiempo el jefe de la Iglesia. Por eso, su autoridad era casi divina, y se pretendía revestir a su persona con un carácter sagrado.

Al nacer el heredero, era costumbre tonsurarlo, del mismo modo como si fuera ordenado sacerdote.

Para su mejor organización administrativa, el Imperio fue dividido en provincias llamadas temas, a cuyo frente estaban los estrategos, especie de gobernadores políticos y militares. Estos gozaban de gran autonomía, y en más de una oportunidad utilizaron sus tropas mercenarias para organizar revueltas y apoderarse del trono.

El pueblo demostraba gran afición por los juegos del circo y del hipódromo. Los espectadores estaban divididos en dos grupos: los verdes y los azules, colores que no sólo distinguían los bandos deportivos, sino que eran, además, expresiones de sectarismo político y religioso.

Ejército y marina

Las constantes amenazas de los pueblos enemigos obligaron a mantener un ejército bien equipado. La infantería estaba formada por regimientos de hasta 4.000 hombres, subdivididos en batallones.

Estaban armados con arcos y picas. Calzaban botas y cubrían el cuerpo con túnicas, cotas de malla y cascos puntiagudos. Además se protegían con grandes escudos. Los jinetes iban provistos con largas lanzas y espadas.

Había tropas regulares y mercenarias. Estas últimas estaban integradas por bárbaros y aventureros, poseedores de gran espíritu combativo, pero carecían de disciplina militar.

La marina adquirió gran desarrollo entre los siglos IX y X. Las naves poseían arietes y estaban armadas con el famoso fuego griego, compuesto por sustancias resinosas, azufre, petróleo y salitre. Se arrojaba por medio de catapultas y originaba incendios, que no podían ser apagados con el agua.

Apogeo y Decadencia del Imperio

A la muerte de Justiniano (565) el Imperio Romano de Oriente inicia un período de altibajos, con épocas de apogeo y de decadencia.

Sus sucesores no pudieron detener la crisis, complicada con calamidades naturales (terremotos, epidemias) y la amenaza de nuevas invasiones bárbaras, semejantes a las que un siglo atrás había padecido el Imperio Romano de Occidente.

Italia cayó en manos de los lombardos, en tanto que las provincias orientales del Imperio (Mesopotamia, Siria y el Asia Menor) quedaban en poder de los persas, aliados con los avaros.

Ver: Organiazacion del Imperio Romano de Oriente

fuentes

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