Rios Tigris y Eufrates Origen de Civilizaciones Caracteristicas



Rios Tigris y Eufrates Caracteristicas de la Mesopotamia
Primeros Pueblos Organizados

EL TIGRIS Y EL EUFRATES: De las altas montañas nevadas de Armenia bajan dos grandes ríos, el Eufrates y el Tigris, que corren primeramente en direcciones opuestas y acaban por reunirse.

El Eufrates es al principio torrente impetuoso que salta de cascada en cascada, luego corre por una garganta profunda entre paredes de rocas abruptas o montones de piedras caídas.

Se dirige al Oeste, luego al Sur, como para arrojarse al Mediterráneo. En esta parte de su curso es tan rápido que una barca no podría navegar por él, y los habitantes lo cruzan tendiéndose encima de odres de piel de carnero unidos con listones de madera.

mapa de la mesopotamia

Al salir de las montañas, el Eufrates se torna río tranquilo, de ciento a ciento veinte metros de anchura, que corre lentamente en medio de una inmensa llanura desierta. De pronto da vuelta al Este y se dirige definitivamente al golfo Pérsico.

Atraviesa una comarca árida, donde.no recibe más que pobres riachuelos, casi secos en verano, siendo el más importante el Caboras. Parte de sus aguas se pierden en la llanura donde forman grandes pantanos cubiertos de espesos cañaverales.

El resto no es más que un río de lodo, larga cinta de agua amarillenta que se arrastra penosamente por la arena.

El Tigris es, una tercera parte más corto, pero más profundo, más rápido y caudaloso. Brota muy cerca de una de las dos ramas del Eufrates, de la que solamente le separa el espesor de una montaña.

Es primero torrente espumoso que hierve en gargantas abruptas, luego río de cien metros de ancho que corre como una flecha al pie de acantilados de rocas grises.

Desemboca en una gran llanura inclinada hacia el Sur, y ahí recibe caudalosos afluentes que bajan como él de las altas montañas y siempre están bien provistos de agua.

Por eso sigue siendo rápido y poderoso en toda estación. Se ensancha hasta contar más de doscientos metros y se hace navegable para las barcazas desde Mossul, y para los barcos de vapor a partir de Bagdad.



Dirigiéndose siempre al Sudeste, llega a la llanura baja por donde corre el Eufrates.

En Bagdad, los dos ríos no están separados sino por unas cuantas leguas de terreno llano, y sus aguas pueden reunirse en canales.

Corren entonces paralelamente unos cuarenta kilómetros, luego se separan de nuevo, y solamente ochenta leguas más lejos se reúnen definitivamente para
formar un río de quinientos metros de ancho, cuyo curso interrumpen ias arenas, y que desemboca, al fin, en el golfo Pérsico.

En otro tiempo, el Tigris y el Eufrates tenían sus desembocaduras aparte, y el mar se introducía mucho más en la comarca. La tierra acarreada por los ríos ha cegado todo el fondo del golfo. En nuestra época todavía, la orilla del mar retrocede un kilómetro aproximadamente cada cuarenta años.

CALDEA Y MESOPOTAMIA: La gran llanura baja, que apenas se eleva por encima del nivel del mar, donde se unen el Tigris y el Eufrates, forma Caldea.

La larga faja de terreno comprendida entre los dos ríos en la parte en que sus cursos son paralelos eran llamada Mesopotamia palabra griega que significa entre los ríos.

Caldea y Mesopotamia constituían una llanura sin accidentes, formada enteramente por una tierra jugosa y amarillenta acarreada por los ríos, sin una roca ni un pliegue de terreno. El país es muy seco.

En invierno caen grandes lluvias durante unos cuantos días y en todo el resto del año llueve muy raras veces.

Los vientos soplan con violencia. En invierno un cierzo frío, que viene de las montañas del Norte, de ordinario con cielo despejado, hace descender la temperatura. Por la mañana, en enero, hiela. Las charcas se cubren de hielo que se deshace durante el día.

A partir del mes de abril el calor se hace pesado, y en verano es abrumador, pues el termómetro sube a 45° y hasta 50° a la sombra. No se puede estar al sol a mediodía.



Los habitantes se encierran en habitaciones oscuras, semejantes a cuevas. Muchos duermen al aire libre en las terrazas de sus casas, pues las noches mismas son sofocantes.

Durante varios meses no cae una gota de agua. El viento del Sudeste, que viene del mar, se seca al pasar por los desiertos y no trae lluvias; pero llena el aire de un polvo fino de arena que se mete por la nariz y por la garganta.

Caldea, como Egipto, está rodeada de inmenso desierto de arena y sería también un desierto árido sin el Eufrates y el Tigris.

Estos ríos hacen habitable la comarca. Han llevado en otro tiempo la tierra y proporcionan el agua que la fertiliza.

Este desierto fue en otro tiempo uno de los países más fértiles del mundo. El suelo de Caldea, a condición de tener agua, es de una fecundidad incomparable.

Hoy todavía, en primavera, cuando acaba de llover, el suelo se cubre de una hierba espesa y alta y de flores tan abundantes que forman apretado tapiz.

Los antiguos caldeos habían construido diques para contener las inundaciones, abrieron pantanos para conservar el agua y canales para conducirla a la llanura. De esta suerte obtenían cosechas sorprendentes, sobre todo de cereales. El trigo se cría naturalmente en el país como hierba silvestre.

No había otros árboles en Caldea que palmeras a lo largo de los ríos o de los canales, y en los huertos, naranjos y algunos frutales. Pero las palmeras productoras de dátiles proveían a casi todas las necesidades de los habitantes.

De ellas se sacaba una especie de pan, un vino, vinagre, azúcar e hilos con los que se tejían telas.

Los troncos de palma servían para vigas, los huesos de dátiles para quemar en las fraguas y para alimentar el ganado. Se dice que una canción persa enumeraba trescientas sesenta aplicaciones de la palmera.



Grandes rebaños de bueyes y carneros pastaban en las praderas. En las orillas de los ríos y de los canales abundaban los gansos y los patos, las aguas estaban llenas de barbos y carpas. Durante treinta siglos, este país ha alimentado a una de las poblaciones más numerosas del mundo.

ASIRIA: La región situada al Norte de Caldea, remontando el Tigris, hasta las montañas del Norte y del Este, formaba Asiría. Es también una llanura, pero cortada por ondulaciones del terreno y aun por algunas cadenas de rocas grises.

El suelo, formado de arena o de rocas, es naturalmente seco e improductivo, pero a orilla de los ríos se extienden capas de tierra fértil y la arena misma se torna fecunda cuando se riega. Los asirios, lo mismo que los caldeos, lograron tierras de labor y huertos llevando el agua de los ríos al desierto.

La parte baja de Asiría tiene casi el mismo clima seco y abrasador que Caldea. Era también comarca de trigo y cereales, sin árboles.

En la parte alta, el invierno es más crudo que en Caldea y durante tres meses caen grandes lluvias y a veces también nieva. En primavera, el rocío es abundante y en ocasiones estallan grandes tempestades. El verano no es tan caluroso.

El sol es terrible durante el día, pero las noches son mas frescas y el aire menos seco. Por este lado crecen bosques de nogales, de plátanos, de encinas y de sicómoros.

Se encuentran en Asiría (y faltan en Caldea), canteras de pfedra, de arenisca blanda, de alabastro fácil de sacar en lajas, de mármol. Hay en las montañas del Nordeste minas de hierro, de cobre, de plomo y de plata.

Animales silvestres recorrían los desiertos, en la llanura leones, leopardos, gacelas, avestruces, perdices, búfalos, asnos silvestres, liebres, puerco-espines; en las montañas, osos, gamos, rebecos. Hoy casi todos estos animales han desaparecido.

CIUDADES ANTIGUAS DE CALDEA
Los sacerdotes caldeos pretendían que su país había tenido reyes desde hacía más de treinta mil años, y uno de estos reyes, contaban, había reinado dos mil setecientos años. Se trata evidentemente de una fábula, pero lo cierto es que en la llanura del Eufrates hubo reinos muy antiguos, quizá aún más que en Egipto.

Más de tres mil años antes de Jesucristo, los habitantes de Caldea sabían cultivar el trigo, hacer estatuas de barro cocido, explotar los metales.

Tenían ya escritura y dibujaban, construían ciudades y monumentos.
Estas ciudades estaban hechas de adobes. Al caer han formado montículos de tierra, de que está sembrada la llanura del Eufrates.

Exploradores ha habido que tuvieron la idea de excavar en algunas de estas colinas y encontraron diez ciudades desaparecidas: en el bajo Eufrates, Ur, Eridú, Uruk, Larsam, Sirtela; más arriba, entre el Eufrates y el Tigris, Nippur, Sippar, Agadé, Babilú. Todo lo que sabemos de estas ciudades y de su historia, se debe a estas excavaciones.

Cada ciudad adoraba a su dios particular y le había erigido un templo, cuyo sacerdote era a la vez rey de la ciudad. Algunos de estos reyes-sacerdotes sometieron a las ciudades vecinas y reunieron parte de Caldea en un solo reino. Uno de los más antiguos. Urea, llevaba ya el título de «rey de Ur, rey de Sumir y de Accad».

Durante más de dos mil años se sucedieron de esta suerte en Caldea reyes de los que no sabemos casi nada; muchas veces ni siquera el nombre. En este largo período, el país fue dos veces conquistado por reyes extranjeros que fundaron nuevas dinastías.

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