Emile Chatelet Primer Matematica Cientifica Francesa Francia



Emile Chatelet: Primer Matemática Científica

Gabrielle Emilie Le Tonnelier de Breteuil nació en París, el 17 de diciembre de 1706, en una familia aristocrática. Su madre, Gabrielle-Anne de Froulay, quinta hija de seis hermanos.

Su padre, el barón de BreteuChatelet Mujer Matematicail, era el jefe de protocolo de la Corte de Luis XIV. Desde la infancia se hizo notar por su inteligencia y su interés por el estudio, cualidades que contribuyeron a que recibiera una educación entonces poco habitual para una niña.

Desde los seis o siete años, fue instruida por tutores en la residencia familiar, estudió latín y griego siguiendo el ejemplo de su compatriota Madame Dacier, que a principios del siglo había traducido al francés a los poetas griegos. Aprendió además matemáticas, metafísica e inglés, conocimientos que le serían de gran utilidad a lo largo de su vida intelectual.

Se casa por  compromiso, a los diecinueve años, con el marqués du Chátelet, que casi le doblaba la edad y a quien su condición de militar mantenía alejado de casa durante la mayor parte del tiempo. De esta forma, Madame du Chátelet consiguió un espacio propio, bastante libre de interferencias, aunque siempre dentro del orden establecido.

Durante el primer año de matrimonio, nació su hija Gabrielle-Pauline; un año después, su hijo Floren  -Louis y, en 1733, otra hija que moriría pocos meses después fruto de un amorío que sostuvo con el poeta Saint-Lambert.  

El esplendor de los salones

Con el auge de la denominada Revolución Científica, a partir del siglo XVII, la ciencia se había convertido en objeto de interés entre las personas acomodadas y los aristócratas, que eran quienes disponían de tiempo libre y de los medios económicos necesarios para organizar laboratorios y comprar aparatos.

Las mujeres de las clases altas se interesaban por los nuevos descubrimientos científicos, se dedicaban a observar los cielos con los nuevos telescopios, a analizar los insectos a través de los microscopios, a coleccionar curiosidades científicas y a montar sus propios laboratorios. En estos lugares de relación frecuentados por la aristocracia, Emilie intercambió conocimiento con la duquesa de Saint-Pierre, con la que entablaría una estrecha amistad.

En los cafés de París, nacidos en los años treinta del siglo como lugares de encuentro de poetas, filósofos, científicos —algunos de ellos, amigos suyos— no estaba permitida la entrada de las mujeres. Sin embargo, esto no fue un obstáculo para Emilie, que no tuvo inconveniente en disfrazarse de hombre, desafiando las normas y sin miedo al ridículo, para así participar en los debates sobre filosofía, ciencia, poesía y política que allí tenían lugar.

Su dominio del inglés le permitía leer a Newton y a Locke y poder así intervenir en las controversias científicas y filosóficas de la época. Se manifestaba partidaria del nuevo orden cósmico propuesto por Newton, frente a la teoría cartesiana dominante en Francia. En el círculo de newtonianos se reencontró con Voltaire, al que ya conocía desde su infancia. Con él estableció una relación amorosa e intelectual que resultaría muy fructífera.

Un ámbito de creación intelectual

El deseo de preservar su pasión amorosa y su pasión científica la llevaría a trasladarse, junto con Voltaire, a Cirey, para dedicarse con más intensidad al estudio y a la investigación. Cirey sería el ámbito que permitió a Emilie superar la mediocridad que tanto detestaba y donde encontró la fuerza necesaria para la búsqueda y la indagación.

Autoaprendizaje y riesgo

La consideración histórica de su figura ha sido frecuentemente subsumida en la vida de Voltaire. Ya en el pasado siglo, la francesa Louise Colet denunció la ocultación y manipulación de que era objeto y la recuperó como pensadora y autora dentro de una genealogía femenina. Esta recuperación ha continuado con el descubrimiento y publicación de sus escritos personales por la estadounidense Ira O. Wade, en 1947, que han contribuido a esclarecer su vida y sus logros intelectuales.

Emilie du Chátelet poseía un carácter enérgico, era autodidacta y estaba dispuesta a asumir riesgos. Decidida a superar su escasa formación, buscó tutores privados para ampliar sus conocimientos, sobre todo en matemáticas y en física. Los encontró entre los mejores matemáticos newtonianos, como los franceses Maupertuis y Clairaut y, más tarde, el alemán Koening, discípulo de Leibniz. Por otra parte, Chátelet fue, al mismo tiempo, maestra: Voltaire sometía a su juicio sus trabajos, sobre todo los científicos, y Algarotti escribió con su ayuda el Newtonianisme pour les Dames.

Hubo momentos en que se desesperaba pensando en su falta de dedicación a la ciencia, debida a los límites sociales impuestos a las mujeres.No podía disponer de todo el tiempo que necesita para su trabajo intelectual y se quejaba de “falta del reposo necesario para el estudio”, ya que otras ocupaciones retenían su atención.



Pero todas esas ocupaciones no la disuadieron en su deseo de afirmarse y de llegar a ser una científica seria, ciñéndose al mismo tiempo a su realidad: una formación escasa y una falta de tiempo para dedicarse con la continuidad e intensidad que exigía la investigación que le hubiera gustado realizar.

De ahí que decidiera concentrarse en unas áreas delimitadas de la investigación y la experimentación y a contribuir con ello al debate filosófico y científico. En toda su obra manifiesta una libertad de pensamiento que contrasta con el entusiasmo —frecuentemente acrítico— de sus amigos y contemporáneos, seguidores incondicionales, bien de Newton, bien de Leibniz.

Es más rigurosa en su razonamiento y en sus comentarios críticos, efectuados sin irritación ni descalificación. Su obra escrita es amplia en cuanto al contenido —metafísica, matemáticas, lengua, religión— y prolífica, teniendo en cuenta el limitado periodo de su producción, iniciado en 1735 y concluido con su prematura muerte, en 1749.

En 1735 tradujo al francés y comentó La Fábula de las Abejas de Mandeville. Al año siguiente inició sus trabajos sobre la óptica de Newton —Essais sur l’optique— algunos de cuyos capítulos fueron incluidos en la obra Elements de la phílosophie de Newton, firmada por Voltaire, quien aclaró el nombre de la verdadera autora en el prólogo del libro: “Madame du Chátelet tiene su parte en la obra; Minerva —como a veces la llamaba— dictaba y yo escribía”. Por esas mismas fechas trabajaba sobre el lenguaje, escribiendo Grammaire raisonnée, y comenzaba el Examen de la Genése, en el que trabajaría a lo largo de cinco o seis años.

En 1739 inició un tratado científico y filosófico, terminado al año siguiente, Institutions de Physique, en el que se recogía la física de Newton. Escribió el Discours sur/e Bonheur entre 1746 y 1748 y en 1749 completó los comentarios y la traducción de los Principia Mathematica de Newton del latín al francés. 

Búsqueda de la autonomía intelectual

Su interés por poseer y desarrollar un pensamiento propio le llevó a una ruptura intelectual con Voltaire, que se inició con el estudio sobre el fuego que habían comenzado conjuntamente. En aquella época se especulaba sobre si el fuego era una sustancia material o, por el contrario, algo distinto, que se regía por leyes diferentes a las de la física. Sobre este asunto, ambos participaron en el concurso convocado por la Academia de Ciencias.

Su discrepancia surgió a la hora de interpretar los resultados de la experimentación: Voltaire y Chátelet llegaron a conclusiones dispares. A partir de aquí ella decidió llevar a cabo su trabajo en solitario y en secreto, lo que limitaría sus posibilidades de continuar la experimentación. Finalmente, ninguno de los dos obtendría el premio de la Academia, pero sus trabajos serían publicados junto con los de los ganadores.

Esta originalidad de pensamiento se manifiesta en sus Institutions de Physique, texto en el que también trabajó en secreto y en el que abordó un amplio número de materias relativas a los conocimientos físicos de la época. Por una parte, se desvinculaba de la autoridad de Descartes, Newton y Leibniz —como queda de manifiesto en el prólogo del libro— y por otra, se distanciaba de las posiciones antimetafísicas de Voltaire, seguidor de Locke, como es sabido. Para llegar al fondo de las cosas, es necesario, por tanto, utilizar tanto el empirismo como la metafísica.

Una vez finalizada la escritura de Institutions de Physique, su amiga Madame de Chambonin, única conocedora de su existencia, la convenció de la importancia y necesidad de su publicación. Antes de que Chambonin viajase a París para entregarlo a la imprenta, Emilie decidió dárselo a leer a su tutor Samuel Koening.

En vísperas de su publicación, éste difundió el rumor de que el verdadero autor del texto era él y que Chátelet simplemente había copiado sus notas y las había presentado como suyas. Tras una larga controversia, la autoría de Emilie du Chátelet sería restablecida y el libro, publicado en 1740.

Finalmente, su obra sería reconocida y respetada por algunos de sus contemporáneos y por instituciones como La Sorbonne —de la que no llegó a formar parte— o la Academia de Ciencias de Bolonia, donde fue admitida en 1746.

Escritora secreta

Sin embargo, llama la atención la insistencia de esta investigadora en escribir secretamente. En los trabajos consultados, no se ha  encontrado una explicación convincente de este hecho. Sin embargo se supone , que el miedo a la luz pública de Emilie du Chátelet se debía a la falta de lo que, en el pensamiento de la diferencia sexual, actualmente ha sido denominado autorización simbólica.Chátelet plantea cosas nuevas; sabía que esto era arriesgado y que este riesgo aumentaba por el hecho de ser mujer.

El reconocimiento por parte de la Academia de Bolonia le llegó cuando estaba escribiendo el Discurso sobre la felicidad, a la vez que traducía y comentaba los Principios de la Matemática de Newton. Los Principios habían sido traducidos al latín —la lengua de la comunidad científica— en 1713, y ella los vertió al francés, la lengua por entonces más utilizada en Europa.

El Discurso es una disertación sobre el saber de la experiencia, desde su propia experiencia; una reflexión sobre el amor y la amistad, desde la madurez cuando la pasión amorosa decae y crece la amistad. En estas circunstancias “el amor al estudio es de todas las pasiones la que más contribuye a la felicidad… Una fuente de placer inagotable”.

Pero finalmente había conseguido su última meta científica: terminar la traducción y los comentarios de los Principies mathématiques de la philosophie de Newton. El libro fue publicado en 1752 con un prefacio de Voltaire, un recuerdo emocionado de su amada y, al mismo tiempo, expresión de sus sentimientos de dolor y de la fortaleza de Emilie du Chátelet en sus últimos momentos, durante los cuales él no se había separado de su lado: “El dolor de una separación eterna afligía sensiblemente su alma; y la filosofía, de la que su alma estaba llena, le permitía conservar su coraje”. Era, también, un homenaje póstumo a su pasión amorosa y a su pasión científica, que adquirieron así público reconocimiento.

Fuente Consultada: Revista Todo es Historia





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