Mujeres en la Política Argentina Primeras Dirigentes Políticas



Mujeres en la Política Argentina
Primeras Dirigentes con Cargos Políticos

HACE mucho tiempo, alguien explicaba la diferencia entre hombre y mujer dibujando un círculo con dos flechas. Una, que tenía signo femenino, apuntaba hacia el centro; la otra, representando al hombre, señalaba hacia afuera. El símbolo era claro: el destino de la mujer estaba adentro, en el núcleo; todo lo de afuera, hasta el infinito, era para el hombre. Los dos juntos, componían la familia, célula básica de la sociedad.

Todavía no se logró, ni a nivel global ni nacional, un verdadero equilibrio en los cargos de gobierno representados por el género femenino. Cómo son las cuotas en el mundo y en el país. Qué debería hacerse para revertir la situación.

Según datos de CIPPEC, las mujeres representan 50% de los empleados del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), pero solo 30% corresponde a personal jerárquico, es decir, ministros, secretarios, subsecretarios, directores nacionales y generales, y titulares de organismos descentralizados e instituciones de la seguridad social. Para estos cargos no electivos, no existen leyes de cupo que garanticen un piso de acceso. Hoy, solo 14% de los ministerios y 13% de las secretarías están dirigidos por mujeres, de acuerdo a la misma fuente.

La interpretación de aquel dibujo era válida, sin duda, porque esa fue la idea fundamental sobre la cual, desde el comienzo, la Humanidad determinó cómo sería la vida de cada uno de los componentes de la pareja.

Y el hombre (no hablamos de la primera acepción del término: «animal racional, individuo de la especie humana en general», sino de la segunda que se le adicionó posteriormente: «varón»), el hombre decíamos, que creó y codificó las pautas culturales, que alteró la ecología modificando la naturaleza, que logró enunciar e imponer las leyes, que pudo crear un método científico de análisis e interpretación de las ideas y de los hechos, que propulsó la ciencia, el arte y la tecnología, que se convirtió en agente de cambio de la realidad que deseaba mudar, no pudo, no quiso, no intentó cambiar aquella idea básica, jamás.

Es más, siguen asegurando que es inmodificable y la convirtió en premisa; instiló en la mujer una multitud de imperativos «naturales», la confundió con las responsabilidades ilimitadas y exclusivas de ser la conservadora de la especie, la llenó de tabúes y prejuicios y le hizo creer, durante siglos, que realmente, su lugar es el centro del círculo, el que no sólo no debe abandonar jamás, sino al que debe impedir que entren conocimientos, ansias, fantasías ajenas al mundo de los hijos y la cocina.

Y esa idea, así como fue estructurada, se galvanizó de tal modo, que resistió evoluciones y revoluciones sin modificarse. Recién a fines del siglo XVIII, el gran colapso de la Revolución Industrial la arrancó del hogar, y las dos guerras mundiales la lanzaron a los puestos de avanzada que habían dejado los hombres beligerantes.

En esas circunstancias aprendió el valor económico de su trabajo y comprendió la importancia social de su presencia y de su aporte. Pero seguramente, fue la gran revolución de las comunicaciones, la que la acercó al verdadero conocimiento del mundo circundante. Después de miles de años, rever la dirección de la flecha que marcó su destino desde el comienzo, le significó duras peleas y dejar en el camino girones de su personalidad y su sensibilidad tan cuidadosa y secularmente cinceladas.

Forjarse un nuevo pensamiento, generarse nuevas expectativas, asignarse un nuevo rol social, fue muy duro y costoso, pero mucho más lo fue —lo es—, modificar la orientación de la simbólica flecha masculina. Luchas contra las propias limitaciones, producto de la falta de ejercitación de los derechos y la falta de una historia cultural y social, siendo duro, lo es mucho menos que luchar contra la historia cultural y social del hombre, librarlo de preconceptos incorporados a su mentalidad y abrir en su mente la posibilidad de otros estilos en su relación de pareja y de familia.

Los grupos organizados: Donde más se siente la dificultad para la incorporación masiva de la mujer a la sociedad activa, es en el mundo de los grupos organizados. Los clubes masculinos, los sindicatos y los partidos políticos, refuerzan sus murallas para resistir el avance creciente de la presencia femenina.



Los clubes de hombres agonizan lentamente, tal vez porque al ser estáticos no soportan la presión. Los sindicatos, favorecidos por el aporte obligado por la ley y la necesidad de los trabajadores de pertenecer a una organización de su gremio, crecen permanentemente en poder económico y político (obviemos los inconvenientes coyunturales) y no necesitan preocuparse por la situación sindical de sus afiliados que, difícilmente, pueden acceder a los sectores de poder, no sólo porque es una lucha muy dura, sino porque la falta de una militancia activa por distintas razones, de las cuales las familiares son las de más peso, las va dejando rezagadas en los niveles medios y de base.

Basta con observar la integración de los gremios con mayoría de mujeres, como Sanidad, Vestido, Docentes, etc. La ausencia —o una presencia muy débil— de mujeres en los cargos de conducción de los respectivos sindicatos, demuestra la desproporción entre el número de conducidas y conductoras. Pero donde aparece más clara la lucha entre la necesidad y la tradición, es en los partidos políticos, sobre todo en este momento de la historia nacional, próximo a las elecciones y las organizaciones partidarias.

Obligados por el estatuto de los partidos políticos, los candidatos para cubrir los cargos, tanto en el orden de la organización interna como en las listas que se presentarán en las futuras elecciones en todo el país, deben surgir de la masa de afiliados, cualquiera sea el sistema derivado de la Carta Orgánica respectiva (cuerpos colegiados o voto directo).

Y la masa de afiliados tiene un valor cuantitativo, no cualitativo, de manera que, en la emergencia, una presencia femenina vale tanto como una masculina. A partir de esa necesidad, los dirigentes partidarios, se lanzan a la campaña proseli-tista en la búsqueda de fichas de afiliados, y las mujeres, esa innominada e ignorada masa, a la que no se incorporó a las mesas de conducción, a la que no se invitó a los «diálogos políticos», pasa a desempeñar un papel protagonice En este momento de la recaudación de fichas y a la hora de la recaudación de votos, los dirigentes recuerdan el caudal de reivindicaciones que las mujeres están esperando desde hace años.

La flecha que apunta hacia el núcleo y la que apunta hacia el infinito de pronto se borran cuando las computadoras marcan que el 50% de los padrones tiene signo femenino. Y en la emergencia, en las vísperas de elecciones internas y nacionales (involucramos en la expresión provinciales y municipales), los partidos prevén y conceden a las mujeres porcentajes estables en las listas de candidatos.

El Partido Justicialista, desde sus orígenes tiene un porcentaje proporcional, porque la Rama Femenina tiene un tercio de posibilidades en paridad de condiciones con la rama masculina y la gremial. En los demás partidos, suele concederse lugares muy importantes sin chances electorales: las candidaturas a la vicepresidencia por ejemplo en partidos no mayoritarios, llena de orgullo pero carece de factibilidad. Sería más útil un lugar en las listas de diputados, senadores o concejales con posibilidades de resultar electos.

En algún caso y en los órdenes locales, algunos partidos ofrecieron a las mujeres un lugar de cada tres en las listas. También posibles candidatos sugieren que un tercio de todos los cargos electivos y nombramientos del futuro gobierno sean para las mujeres, pero, como es de imaginar, tales proposiciones no salen de los partidos que tienen buenas chances electorales.

Todo parece de gran justicia, pero cabe preguntarse: cuando los sectores del poder partidario «ceden» un tercio —o un cuarto o la proporción que sea—, ¿por qué siempre está implícito que se trata del tercer, el sexto, el noveno lugar de la lista? ¿Por qué no puede ser el primero o el segundo? Porque el hecho de que una mujer encabece la lista de candidatos a diputados, senadores o concejales, parece ser una alternativa nunca prevista en la vida política argentina.

En 1991, la Argentina se convirtió en el primer país del mundo en incorporar una cuota de género en su legislación electoral. La iniciativa fue de un grupo de mujeres de la Unión Cívica Radical y del peronismo. Así, se sancionó la Ley 24.012 o de cupo femenino, que exige la nominación de un mínimo de 30% de mujeres con posibilidad de resultar electas en las cámaras de diputados y senadores.

PRIMERAS MUJERES DE LA POLÍTICA ARGENTINA

Alicia Moreau de Justo



Alicia Moreau de Justo fue un exponente de esas oleadas inmigratorias que conformaron la Argentina aluvial. Esta intelectual nació el 11 de octubre de 1885 en Londres. Sus padres habían sufrido la expulsión de Francia por su participación en la Comuna de París (1871). Así, hacia 1890 arriba a tierras argentinas, pasa su niñez en el barrio de Floresta.En 1920, Alicia Moreau se afilia al Partido Socialista en el que militará toda su vida. Cuatro años más tarde se casa con su líder Juan Bautista Justo y tienen tres hijos. (Ver Su Biografía)

Ana Zaefferer de Goyeneche

Ana Zaefferer de Goyeneche fue candidata a vicepresidenta de la República, pero por un partido que no podía aspirar a ganar las elecciones. El Partido Cívico Independiente y el candidato presidencial era Juan Bautista Peña.

Blanca Stábile

La  doctora Blanca Stabile comenzó a militar en la política en 1955 y   fue testigo y partícipe de la concepción de esa nueva corriente que encarnaron Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio. Justamente fueron ellos quienes la animaron a abandonar sus cátedras universitarias para que se dedicara de lleno a la política. Esta activa dirigente del Movimiento de Integración y Desarrollo fue coordinadora general de las actividades de la mujer en el plano nacional y miembro de la comisión política del Comité Capital. En el pasado fue electa diputada nacional, en las anuladas elecciones de 1962 en la provincia de Buenos Aires, y desempeñó otros importantes cargos en el seno del partido. «La mayor parte del mérito de que una mujer actúe en política se debe a un hombre», reconoce así el apoyo que le brinda su marido. «Detrás de una dirigente destacada —subraya— siempre hay un hombre».

Ana Rosa Serrano

Ana Rosa Serrano, dice: «El peronismo es la única fuerza política argentina que tiene una rama especialmente
dedicada a la mujer con autonomía propia y en igualdad de atribuciones con las otras dos ramas: la masculina y la gremial».
Fue diputada nacional peronista por la Capital Federal, y expresa: «Lo único que puedo decir es que no sólo somos sumamente importantes por el caudal electoral que representamos, sino porque fundamentalmente somos las que, de una u otra manera, educamos al hombre del mañana. Si nuestra aspiración es tener una sociedad justa y equilibrada como la que soñaron los grandes hombres del quehacer argentino, las mujeres tenemos que participar ya que ésa será la única forma de influir en las decisiones y ejecuciones de la política.»

María Elena Perrone

 María Elena Perrone cuando inició su participación política era una avanzada estudiante de la licenciatura de Ciencias Políticas de la Universidad del Salvador. Pero no fue su única actividad: al contrario, la militancia política es el quehacer fundamental de su vida. Proveniente de una familia de antigua raigambre radical, entre cuyos antepasados se cuentan, incluso, fundadores del partido, ha sido siempre dentro de esta agrupación donde desarrolló ininterrumpidamente su accionar político. «Yo vengo de una familia de políticos —afirma—, como quien dice me he formado en el análisis político de la realidad. No es ése, por cierto, el caso de la generalidad de las mujeres, que suelen opinar, por efecto de la formación recibida, que la política es cosa de hombres». En su dilatada campaña en filas radicales, la señora Perrone ha enfrentando importantes responsabilidades y ocupado destacados lugares de lucha: convencional, delegada al Comité de Capital, candidata a concejal en 1973. «La mlitancia exige una gran dosis de esfuerzo, de sacrificios. Implica una permanente lucha, de todos los días.»

Irene Rodriguez



Irene Rodriguez: «Cuando pudimos participar de elecciones , el 50 por ciento de los concejales comunistas electos fuimos mujeres. Y de las dos fórmulas presidenciales que tuvo el PC argentino formamos parte mujeres: en 1951 Alara de la Peña acompañó a Rodolfo Ghioldi y ahora integro el binomio junto con Rubens Iscaro.» De las cien mil afiliaciones logradas por la agrupación , el 30 por ciento pertenece a adhesiones femeninas.
«La mujei —agrega la entrevistada— participa de los órganos de dirección general en todas las instancias. Tres mujeres formamos parte de la Comisión Política Nacional y además hay comisiones femeninas.» Irene Rodríguez sabe por experiencia —tiene dos hijos y tres nietos— que no es fácil para la mujer acercarse a la política. «El partido ofrece un puesto de lucha de acuerdo a la posibilidad y voluntad de cada simpatizante. Naturalmente, para la mujer todo es más difícil porque tiene que vencer mayores dificultades que el hombre, resabios y las condiciones concretas de vida: trabajo, atención del hogar, y cuidado de los niños».

Susana Pérez Gallart

Susana Pérez Gallart: A los 18 años y en filas de la UCR comenzó su actuación política. Cuando se produjo la escisión de esta agrupación, la hoy licenciada en Relaciones Públicas y secretaría de Prensa del Partido Intransigente se integró a la UCRI. Fue luego miembro de la Comisión Organizadora del PI, secretaría de Relaciones de su Bloque de Diputados y forma parte, en la actualidad, de la Comisión Nacional de Acción Política de dicho nucleamiento. En su análisis acerca de la participación política de la mujer y su inserción en el seno de los diversos partidos, la doctora Pérez Gallart hace hincapié en los antecedentes históricos que rodean la actuación pública femenina: «Históricamente, no sólo en la República Argentina sino en todos los países, los partidos políticos han sido un feudo exclusivo del sexo masculino. La mujer quedaba relegada a otras actividades: la casa, los hijos, eran sus deberes exclusivos y excluyentes. Podía, en casos excepcionales, desarrollar algún tipo de actividad política pero ella se desenvolvía siempre en los niveles subalternos, secundarios. Por otra parte, esas actitudes excepcionales, eran miradas críticamente por los diversos sectores
sociales.

Mejide

elogios importantes para la mujer

Graciel Fernandez Mejide: es una activista de derechos humanos y política argentina. Cobró prominencia como activista por los derechos humanos durante el Terrorismo de Estado del autodenominado «Proceso de Reorganización Nacional», cuando su hijo, estudiante de 17 años, desapareció en una operación gubernamental clandestina. Formó parte de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) a partir de 1983, y fue luego una de las principales dirigentes del Frente País Solidario (Frepaso). Tras encabezar el triunfo electoral de la recién formada Alianza en la provincia de Buenos Aires, disputó las elecciones internas por la presidencia de la Nación con el candidato radical Fernando de la Rúa. En octubre de 1999 fue candidata de la Alianza a Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires. Formó parte del gabinete ministerial de Fernando de la Rúa, pero renunció, retirándose prácticamente de la vida política desde la desaparición del Frepaso y la Alianza.

Chiche Dualde

Hilda «Chiche» Duhalde: Nacio en 1946, casada con Eduardo Duhalde, ex presidente de la Nación. Es una política y docente argentina, ex primera dama y exsenadora por el partido Peronismo Federal. En 1997 fue electa diputada, representando a la provincia de Buenos Aires, cargo para el que fue reelecta en 2003. En las elecciones de 2005 fue elegida senadora por la misma provincia por el Partido Justicialista, el cual concurrió a elecciones dividido.

Otras mujeres argentinas que ocupan u ocuparon un cargo poliítico de gerarquía en la estructura política nacional:

Cristina Fernández de Kirchnner ocupó por 8 años el cargo de Presidente Nacional, Gabriela Michetti es la actual vicepresidente de la Nación, María Eugenia Vidal es la gobernadora de la mayor provincia argentina y Elena Highton es la representante del género femenino en el máximo Tribunal de Justicia. Patricia Bullrich, en Seguridad, y Carolina Stanley, en Desarrollo Social, son las figuras femeninas que ocupan cargos jerárquicos en el gabinete del Gobierno actual.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – La Política y La Mujer –

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