La sociedad industrial americana Transformación Social de EE.UU.






La Sociedad Industrial Americana

Descripción de la Evolución de la Sociedad en el Siglo XX

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Belle Epoque Los Años Locos Sociedad de Consumo

LA SOCIEDAD MODERNA DEL SIGLO XIX: La segunda revolución industrial ayudó a crear una nueva prosperidad material que llevó a los europeos a creer que eran los heraldos de una nueva “era de progreso”. Una característica principal de esta época fue el surgimiento de la sociedad de masas.

Las clases bajas se beneficiaron, en particular, con el derecho al voto, un más alto nivel de vida y nuevas escuelas que les proporcionaban un ápice de educación. Nuevas formas de transportación masiva, como trenes y barcos, combinadas con nuevos modelos de trabajo, permitieron que grandes cantidades de personas disfrutaran de excursiones de fin de semana a los parques de diversiones y a los lugares de descanso situados a las orillas del mar, y participar de las nuevas actividades de entretenimiento.

En 1871, el Estado nacional tuvo que concentrarse en la vida de las personas. Las reformas liberales y democráticas ofrecieron nuevas posibilidades para que se diera una mayor participación en el proceso político, aunque las mujeres todavía eran, en gran medida, excluidas de él. Después de 1871, el Estado nacional también comenzó a extender sus funciones más allá de los límites anteriormente establecidos.

Temerosos del crecimiento del socialismo y de los sindicatos, los gobiernos intentaron apaciguar a las clases trabajadoras adoptando medidas de segundad social como la protección contra accidentes, enfermedad y vejez. Estas medidas de bienestar social fueron de alcance limitado, y sus beneficios resultaron escasos, pero señalaron una nueva dirección de la acción estatal en beneficio de sus masas de ciudadanos. La legislación de las medidas de salud pública y de vivienda, diseñadas para frenar las peores enfermedades de la vida urbana, fue otro indicador de la forma en que el poder del Estado podía utilizado para beneficiar al pueblo.

La extensión de las funciones del Estado se llevó a cabo dentro de una atmósfera de creciente lealtad hacia la nadar. Después de 1871, las naciones-Estado buscaron cada vez mas solidificar el orden social y ganar una lealtad y un apoyo a activo de sus ciudadanos, cultivando deliberadamente los sentimientos nacionales.

Pero esta política contenía grandes peligros potenciales, pues las naciones habían descubierto, una vez más, que las aventuras imperialistas y los éxitos militares podían inflamar las pasiones nacionalistas y aminorar el malestar político interno. Pero, asimismo, descubrieron que los sentimientos nacionalistas podían provocar intensas rivalidades internacionales que hacían casi inevitable la guerra.

La llegada de la industria transformó a la sociedad occidental, en lo que los historiadores han denominado ‘modernización’ y que implicó nuevas formas de vida económica e institucional, una mejor educación y un mayor aparato estatal, pero, por sobre todo, una acelerada urbanización. En la década de 1860, la mayoría de los habitantes de Estados Unidos y Europa occidental vivía en aldeas y en granjas; hacia 1914 la mayoría lo hacía en pueblos y ciudades.

El vertiginoso crecimiento de las ciudades fue acompañado por una revolución en la estructura social de Europa. No sólo más personas compartían ahora la vida urbana; la mayoría de ellas llegó a conformar el nuevo proletariado producido por la industrialización. A la tradicional clase trabajadora de artesanos se unió un ejército de obreros semicalificados y no calificados de la construcción, el transporte y la industria. Enfrentados al nuevo sistema económico, los trabajadores empezaron a unirse en sindicatos y movimientos políticos que aspiraban a mejorar los salarios y las condiciones de trabajo.

Asimismo, emergió una nueva clase media, dedicada a prestar servicios y administrar la industria y el comercio modernos, ansiosa por ascender en la escala social y deseosa de mejorar y modernizar las ciudades. Esta nueva clase media llegó progresivamente a suplantar tanto a los antiguos y letrados habitantes de las ciudades (el clero, abogados y profesores) como a la vieja aristocracia, que se cambió rápidamente de una agricultura con pérdidas a astutas inversiones en transporte o industrias, y convenientes matrimonios burgueses, asegurándose, por consiguiente, un asiento en los concejos de administración.

Las ciudades mostraron, además, otros cambios. La educación era ahora más fácil de impartir y, a la vez, más necesaria debido a la demanda por una clase trabajadora alfabetizada y una burocracia capacitada. En la mayoría de los países, la educación obligatoria para los niños menores fue introducida por ley; el número de estudiantes que asistían a las escuelas secundarias aumentó en forma espectacular.

Respecto a la vida cultural de Europa en las décadas que precedieron a 1914 reflejaba tensiones dinámicas similares. El advenimiento de educación masiva produjo, en consecuencia, un mayor número ciudadanos bien informados, pero también facilitó que los gobiernos de los países agitaran a las masas mediante llamados nacionalistas a través del nuevo periodismo masivo. Al mismo tiempo, a pesar de la apariencia de progreso, los filósofos, escritores y artistas europeos creaban modernas expresiones culturales que cuestionaban las ideas y los valores tradicionales y provocaban de manera progresiva una crisis de confianza. Antes de 1914, muchos intelectuales sentían inquietud por la dirección que había tomado la sociedad, acompañada de un sentimiento de catástrofe inminente.. Estos pensadores demostraron ser extraordinariamente proféticos.

Podemos asegurar que antes de 1914, la mayoría de los europeos aún creía en los valores e ideales generados por la Revolución Científica y la Ilustración. Razón, ciencia y progreso eran palabras importantes en el léxico europeo. La capacidad del ser humano de superarse a sí mismo y lograr una — ex -sociedad parecía quedar totalmente demostrada por el mejoramiento del nivel de vida, las mejoras urbanas y la educación masiva. Productos de la tecnología moderna tales como la luz eléctrica, el fonógrafo y el automóvil reforzaron el prestigio popular de la ciencia y la fe en la capacidad de la mente humana de comprender el universo mediante el uso de la razón.

A fines del siglo XIX, sin embargo, una transformación dramática en el reino de las ideas y de la cultura puso a prueba muchas de estas suposiciones. Un nuevo concepto del universo físico, una evasión hacia los puntos de vista irracionales, alternativos, de la naturaleza humana y formas radicalmente innovadoras de expresión literaria y artística, sacudieron las antiguas creencias y abrieron el camino hacia una conciencia moderna. Estas nuevas ideas apelaban a un estado de confusión y ansiedad que se agudizaría después de la Primera Guerra Mundial.

La ciencia era uno de los pilares mas importantes sobre los que se basaba la concepción optimista y racionalista del mando, compartida por la mayoría de los occidentales, durante el siglo XX. Supuestamente basada en hechos concretos y en la razón fría, ofrecía cierta certeza en el orden de la naturaleza que les resultaba reconfortante a muchos para quienes las creencias religiosas tradicionales habían perdido significado. Una gran proporción de ellos creía ingenuamente que la aplicación de las leyes científicas ya conocidas daría a la humanidad una comprensión completa del mundo físico y una imagen exacta de la realidad. La física moderna alteró drásticamente esa perspectiva, a través de una nueva física que explicaba la naturaleza de la materia a nivel atómico, conocida como teoría cuántica y de la teoría de la relatividad de Einstein, que describía un universo cerrado y finito totalmente distinto al conocido hasta esa época.

Por lo tanto el optimismo no estaba fuera de lugar para la mayoría de los europeos. Aunque la pobreza y las privaciones estaban generalizadas (lo que conducía a los nuevos ricos a sentir un creciente temor y desconfianza por la clase trabajadora), los 30 años anteriores a 1914 fueron testigos de un gran desarrollo en los estándares de vida, oportunidades y expectativas. Ya fuera por la popularidad de los nuevos diarios, o el furor por la bicicleta o el surgimiento del teatro popular y la revista, el crecimiento industrial y urbano había dado paso a la era del consumo masivo y la cultura de masas.

Por primera vez, los europeos estaban casi en su mayoría libres de necesidades. Podían alimentarse bien e, incluso, les sobraba dinero en el bolsillo para esparcimiento y placeres, para casa y vacaciones, para vestuario y adornos. El costo de los alimentos, que había absorbido antes una porción muy importante del ingreso semanal de las clases trabajadoras, disminuyó en forma increíble: en Gran Bretaña, el precio de una hogaza cayó de 1 chelín con 5 peniques en 1870 a 4 peniques en 1904.


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El menor costo de los alimentos se logró gracias a la creación de una nueva red de transporte, rápida y segura, que permitía desplazar cargas pesadas a través de distancias muy largas. La adopción de la máquina de vapor en la construcción de barcos durante los inicios del siglo XIX revolucionó el transporte marítimo. Los primeros barcos de vapor operaron fundamentalmente en estrechas vías fluviales interiores (hubo un servicio regular por el río Hudson desde 1807), donde los veleros siempre habían experimentado grandes dificultades; poco tiempo después, se construyeron vapores oceánicos, primero de madera y luego de hierro. Ello hizo posible aumentar el tamaño y la velocidad de los navíos.

En tierra, la máquina de vapor hizo posible los ferrocarriles. Ya existían cerca de 700 Km. de vías férreas hacia la década de 1820 en Inglaterra, pero la mayoría de ellas eran utilizadas por vagones tirados por caballos para transportar carbón a distancias cortas desde una mina hasta un canal. Sin embargo, en 1825 se abrió una línea comercial para locomotoras de vapor entre Stockton y Darlington y varias otras rutas de viajes frecuentes estaban en funcionamiento hacia 1838, fecha en que Birmingham y Londres fueron finalmente unidos por el ferrocarril.

EL ASCENSO DE EE.UU.: Entre 1860 y 1914, Estados Unidos pasó de ser un país eminentemente agrario a una potencia industrial. La industria pesada estadounidense no tenía rival en 1900. En ese año, la Carnegie Steel Company por sí sola produjo más acero que la totalidad del complejo industrial siderúrgico de Gran Bretaña.

La industrialización condujo también a la urbanización. Mientras que ciudades establecidas como Nueva York, Filadelfia o Boston crecían cada vez más, otras de menor extensión, como Pittsburgh, se desarrollaron a pasos agigantados a causa de la industrialización. Mientras 20 por ciento de los estadounidenses vivía en ciudades en 1860, más de 40 por ciento eran ya pobladores urbanos en 1900. Cuatro quintas partes de quienes originaban el crecimiento poblacional en las ciudades provenía de la migración. Entre ocho y diez millones de estadounidenses se trasladaron desde las zonas rurales a las grandes ciudades, mientras que catorce millones de extranjeros pasaron a formar parte de la población de ese país.

En 1900 Estados Unidos se había convertido en el país más rico de la Tierra, y en la mayor potencia industrial. Sin embargo, quedaban por resolver diversas cuestiones relacionadas con la calidad de vida de los estadounidenses. En 1890, 9 por ciento de los más ricos poseía la increíble proporción de 71 por ciento de la riqueza del país. Las jornadas laborales sin descanso, en condiciones deplorables de salubridad, una estricta disciplina de trabajo y devastadores ciclos periódicos de desempleo lograron que los trabajadores se organizaran.

A principios de nuestro siglo, una organización nacional, la Federación Estadounidense del Trabajo, surgió como órgano representativo de los trabajadores. Su falta de poder real, sin embargo, queda reflejada por el número de sus miembros. En 1900 incluía únicamente 8.4 por ciento de la fuerza laboral de la industria estadounidense.

Durante la denominada era progresista, a partir de 1900, una oleada de reformas invadió a lo largo y a lo ancho todo Estados Unidos. En el plano estatal, los gobernadores reformistas trataban de lograr un gobierno sin tacha, mediante la introducción de elementos de democracia directa, tales como los comicios primarios para la selección de los elegidos para la administración pública. Los gobiernos estatales promulgaron también leyes económicas y sociales, como las que regían para los horarios laborales, salarios y condiciones de trabajo, en especial para las mujeres y los niños. La comprobación de que las leyes estatales eran ineficaces para controlar los problemas nacionales, condujo a un movimiento nacional denominado Progresista.

La Ley de la Inspección de la Carne y la de Pureza de los Alimentos y los Medicamentos proporcionó cierto grado de restricciones y reglamentación federal contra las prácticas industriales corruptas. La presidencia de Woodrow Wilson (1913-1921) fue testigo de la creación del impuesto federal graduado sobre la renta y del establecimiento del Sistema de la Reserva Federal, que permitió al gobierno central desempeñar un rol trascendente en las decisiones económicas relevantes, previamente elaboradas por los banqueros. Al igual que las naciones europeas, Estados Unidos poco a : adoptaba políticas que extendían las funciones del Estado.

 Fuente Consultada:
Historia Mundial y Contemporánea 1° Año Polimodal Eggers-Brass-Gallego
Civilizaciones de Ocicidente Tomo B Jackson Spielvogel
Historia El Mundo Contemporáneo
Polimodal A-Z El Mundo Contemporáneo Felipe Pigna y Otros





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