Origen de la Sociedad Humana y Caracteristicas de Vida



PRIMEROS GRUPOS HUMANOS Y SUS PROGRESOS TÉCNICOS PARA LA VIDA

Antes que el hombre pensase en vivir en comunidad y dar forma jurídica a sus relaciones sociales, debió esforzarse para sobrevivir. Sin que podamos asegurar qué antigüedad tiene la Tierra ni cuánto hace que existe vida humana en ella, esqueletos encontrados en Java, Palestina o Pekín, atestiguan que ciertos seres aproximadamente humanos iniciaron su lucha por la existencia hace alrededor de medio millón de años.

Los hielos que descendían del Norte y la lucha contra un medio hostil obligaban a concentrar todas las energías en la obtención de calor, ropa, alimentos y techo, sin tener aún tiempo para hacer pinturas rupestres, pensar en la existencia de Dios o imaginar reglas de convivencia cuyas formas jurídicas llegarían a ser, con el correr de los siglos, “Instituciones”.

En las llamadas “Cinco Tierras” -Egipto, Siria, Costa de Arabia, Mesopotamia y el Punjab- se progresó durante la época paleolítica, pero ignoramos dónde tuvo lugar el primer cultivo del grano, la domesticación de animales salvajes, el comienzo de la alfarería, o el paso de los útiles de piedra a los de metal. Y si la atribución es difícil cuando se trata de elementos materiales, más oscura resulta aún en el plano del pensamiento o las iniciativas sociales.

Resultan difusos, pues, los contornos de las primeras formas institucionales y la arqueología y la leyenda son los apoyos principales para abordar las primeras organizaciones humanas, ya que la vida política y su consecuencia institucional aparecen muy tarde como manifestaciones de una disciplina autónoma.

En la horda encontramos la primera expresión de sociabilidad; eran grupos reducidos, compuestos por seres primarios que estaban unidos por el instin’to de conservación.

Dentro de la horda, las costumbres empezaron a evolucionar hasta gestar el clan, mejor organizado y más numeroso, a cuya cabeza aparece ya la idea del conductor, que es al mismo tiempo jefe, juez y sacerdote.

En el clan, el centró y símbolo es a menudo el tótem, generalmente un animal de la región al que se representa por medio de esculturas y que tiene un sentido religioso.

Cuando los grupos nómades y pastoriles se hacen agricultores y adoptan la vida sedentaria, el clan se divide en familias patriarcales. El Estado empieza ya a perfilarse. A través de las etapas de tribus, ciudades o naciones, el jefe del clan pasa a ser rey.

Al monarca, la autoridad le vendrá directamente de la divinidad, que le dicta las reglas que se imponen con forma de tabú; es decir, consideradas como prohibiciones; es también la aurora del Derecho, concebido en preceptos rudimentarios, sin una sanción concreta pero con amenazadores presagios en caso de transgresión.

Los tabúes resultaban así normas de convivencia que se imponían a través del sentimiento religioso y se convertirían luego en normas jurídicas (“No robar”, “No matar”), aunque la ley escrita apareció mucho más tarde.

EJEMPLOS GRÁFICOS

origen de la sociedad humana horda

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EVOLUCIÓN Y PROGRESO DE LA SOCIEDAD



A través del Paleolítico, el progreso del hombre como artesano fue penosamente lento. Mal equipado como estaba para la caza y la pesca, necesitaba casi todo su tiempo para procurarse el sustento.

Sin embargo, el hombre del Paleolítico logró varios inventos que, al menos, echaron los cimientos del progreso. Él fue quien descubrió cómo hacer un borde cortante filoso, rompiendo una piedra con otra; él fue quien halló la manera de hacer fuego y utilizarlo.

En la naturaleza el fuego es cosa rara, porque ella pocas veces lo produce, si se exceptúan los rayos y las erupciones volcánicas. Sin embargo, de alguna manera el hombre primitivo descubrió cómo hacer un fuego menps terrible, una pequeña hoguera, que podía controlar. Lo más probable es que hiciese el descubrimiento por casualidad, al ver cómo las chispas de piedras que se golpeaban entre sí hacían arder la hierba seca cuando caían en ella. Pero sea como fuere que el descubrimiento se produjera, éste fue, sin duda alguna, de inmensa importancia.

Capacitó al hombre para asar carne cruda y dura y hacerla sabrosa y tierna; le dió calor y luz por la noche y mantuvo alejados de su caverna a los animales salvajes mientras dormía. El hombre del Neolítico, el primer agricultor y pastor, no sólo mejoró los escasos inventos de su antepasado, sino que también realizó otros muchos, y así el ritmo del progreso se aceleró. Su antecesor había estado obligado a usar sus propios músculos para todo trabajo pesado, pero él descubrió cómo uncir al arado bueyes, asnos y caballos y cómo hacerles arrastrar grandes pesos.

Dicho antecesor había aprendido a usar troncos como rodillos, y ahora él aprendió a cortar una sección del tronco y hacer así la primera rudimentaria rueda. Tal vez antes de que se usaran ruedas en los carros ya se emplearon para ayudar a dar forma a los objetos de alfarería. Y cuando el alfarero neolítico hubo dado forma a sus vasijas usó la antigua invención del fuego para cocerlas y darles dureza.

Para la poca vestimenta que poseía el hombre del Paleolítico dependía de las pieles de los animales que cazaba. Pero el hombre —o probablemente la mujer— del Neolítico inventó dos nuevas artesanías: el hilado y el tejido.

La figura de abajo representa a un hilandero y a un tejedor trabajando. El hilandero emplea un huso y una rueca para convertir finas fibras de lino o lana en una larga y fuerte hebra ininterrumpida. El tejedor ha extendido muchas hebras como ésta, de arriba abajo, en un marco de madera y está ocupado en entretejer otras hebras por encima y por debajo alternadamente.

tejedor en el neolitico

Con afiladas herramientas, aptas para derribar troncos, y con telas tejidas o pieles cosidas, para las velas, el hombre neolítico logró hacer la primera embarcación propiamente dicha, una gran balsa impulsada por el viento y capaz de contener tal vez más de una docena de personas. No sabemos exactamente qué métodos de navegación usaron los primeros marinos, pero debieron tener un conocimiento considerable de los movimientos del Sol y de las estrellas para poder orientarse.

vida en el neolitico

El hombre del Neolítico usó la fuerza animal para arar y arrastrar carros y el poder del viento para impulsar barcazas. También desarrolló el hilado, el tejido y la alfarería. Hacia el fin de este período ya era diestro en irrigar y en medir el tiempo.

vida del hombre en el neolitico la ceramica

LOS PROGRESOS TÉCNICOS: Para el fin del Neolítico y el comienzo de la Edad de Bronce, los habitantes de Egipto, que necesitaban un calendario exacto para regular las épocas de siembra y de recolección en sus bien irrigados campos, habían aprendido lo suficiente de astronomía para saber que un año dura 365 días y %, y no exactamente 365. También sabían lo suficiente para diseñar relojes de sol muy exactos, que utilizaban durante el día, y relojes de agua, que les daban cuenta del paso de las horas, aunque el sol no alumbrara.

Si inquirimos por qué el progreso fue mucho más rápido en el período Neolítico que en el Paleolítico, las respuestas surgirán sin dificultad. Primero, el hombre del Neolítico tenía objetos nuevos que había ideado, como, por ejemplo, el torno del alfarero. Luego fabricó materiales, nuevos, tales como telas tejidas. Finalmente, dominó nuevas formas de energía: la propia de los animales para el arado y el acarreo, la fuerza del viento para mover las embarcaciones y el poder del agua para irrigar las tierras.

carros antiguos en el neolitico

Ver: Primeros Carros

la agricultura: irrigacion de campos

Ver: Consecuencias Sociales de la Primitiva Agricultura

El progreso casi siempre depende de las nuevas ideas, los nuevos materiales y las nuevas fuentes de energía, pero las tres cosas no van siempre juntas. En su mayor parte, el progreso de la Edad de Bronce dependió del nuevo material, el bronce. Pero fueron necesarias nuevas ideas antes de que los hombres pudieran hacer hornos para fundir el cobre y el estaño de los minerales, y se necesitaron nuevas ideas para modelar y forjar el metal y convertirlo en herramientas y utensilios útiles.

Mas no fue necesaria ninguna nueva fuente de energía y ninguna se encontró. Para fundir y trabajar el metal el hombre se supeditaba aún a la antigua energía del fuego. Lo mismo puede decirse de toda la Edad de Hierro. El hombre tuvo que producir hornos de temperaturas mucho más altas para fundir el hierro, y tuvo que encontrar nuevos modos de dar forma y de afilar sus herramientas. Pero una vez más no hubo necesidad de nueva fuente de energía, y ninguna se halló.

En efecto, todo el progreso logrado en las grandes civilizaciones de Egipto, Mesopotamia, India, China, Grecia y Roma dependió enteramente de muchas ideas nuevas y muy pocos materiales nuevos. Por supuesto, el hombre altamente civilizado también logró usar la energía con más eficacia que su antecesor de la Edad de Piedra.

Por ingeniosos sistemas de poleas, cremalleras y palancas, pudo usar la energía muscular de los animales no solamente para arrastrar pesos en el llano, sino también para elevar el agua de los pozos y el mineral de las minas, y a su tiempo, con la ayuda de turbinas y de aspas de molino, el hombre empleó la energía del agua en movimiento y la fuerza del viento para impulsar muchas clases de máquinas. Pero subsiste el hecho de que desde los tiempos neolíticos hasta después de Shakespeare, el hombre no descubrió ninguna fuente de energía nueva.

No es extraño que hacia el fin de la Edad Media, muchos pensadores se entregaran a estudiar más y más acerca de toda clase de materiales y a buscar nuevas formas de energía. Los árabes, que eran entonces el pueblo más ilustrado del mundo, tomaron la iniciativa en esta búsqueda. Luego, desde los centros de cultura de los musulmanes de España, se extendió a todas las partes de la Europa occidental la idea de buscar deliberadamente nuevos conocimientos.

Allí eran conocidos como alquimistas los hombres que establecieron los primeros laboratorios para realizar una forma primitiva de lo que ahora se llamaría investigación científica. Hoy es fácil reírse de ellos, porque a menudo se lanzaban a descubrir ciertas cosas muy extrañas, tales como la panacea que curaría todas las enfermedades, la piedra filosofal, que convertiría los metales en oro, y el elixir de la vida, que la conservaría eternamente. A veces, también la astrología y la magia negra tomaban parte en sus extraños experimentos.

Entre los alquimistas se cuentan algunos grandes hombres, como, por ejemplo, Alberto Magno y Rogelio Bacon. De entre la confusión y magia que los rodeaba, hombres como éstos hicieron surgir los comienzos de la química y física modernas. Y pocos siglos después —un lapso muy breve en la historia del hombre— estas ciencias nos han dado varias y maravillosas fuentes de energía y una multitud de nuevos materiales para nuestro uso.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven N°1 Primeros Grupos Humanos Edit. Cuántica
La Técnica y el Mundo Tomo I Edit. CODEX Globerama





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