Organizacion Economica del Virreinato del Rio de la Plata



Organizacion Económica del Virreinato del Río de la Plata Consulado y Aduana

ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA: Para resolver las cuestiones económicas se crearon organismos metro­politanos (Casa de Contratación) y locales (Consulados y Aduanas).

El Consulado: Fue creado por una Real Cédula de 1794. Estaba compuesto por un prior, dos cónsules, nueve conciliarlos, un síndico, un secretario, un contador y un tesorero. Además de tribunal judicial en pleitos mercantiles (en tal carácter se establecieron desde la Edad Media los consulados en Europa), tenía el carácter de junta de protección y fomento del comercio.

Para el cargo de secretario del Consulado fue designado Manuel Belgrano, que había regresado de España y que a la sazón tenía veinticuatro anos de edad, desempeñándolo durante doce años. Conocía la obra de los principales economistas de la época entre ellos, Adam Smith, Turgot, Quesnay, etc.

El Consulado estuvo integrado solamente por comerciantes, hasta que en 1797 se estableció que esta institución debía estar formada por igual número de comerciantes y hacendados, para que teniendo intereses opuestos, de sus discusiones surgiesen las medidas más equilibradas. Los comerciantes eran españoles y por lo tanto monopolistas. en cambio los hacen. dados, nativos, propendían al libre cambio.

Uno de los primeros asuntos de que se ocupó el Consulado fue el pleito que se seguía desde años atrás entre los monopolistas y los trafi­cantes de negros.

Cuando se permitió el tráfico de negros en Buenos Aires, con la franquicia, para los buques extranjeros que los introdujesen, de poder llevar libremente de regreso frutos del país, los monopolistas se alarmaron ya que veían en ellos grandes competidores. Como los cueros eran los productos de exportación más valiosos, sostuvieron que no eran frutos del país, lo que fue aceptado por gran mayoría en el Consulado.

En momentos en que se trataba esta cuestión, se supo que una fragata negrera inglesa había arribado a Montevideo y que de retorno llevaría parte de su cargamento en cueros. El Consulado dictaminó entonces que se realizaran las diligencias necesarias, para que no se permitiese cargar cueros y que se echasen a tierra los ya cargados por considerar que ellos no eran frutos del país.

También esta junta decidió pedir al rey que dejara sin efecto el permiso sobre comercio intercolonial, oyéndose en esta oportunidad a don Francisco Antonio Escalada, quien se hizo eco de las ideas de Belgrano, manifestando los resultados desastrosos que en la economía del Virreinato tendrían estas medidas.

En 1798, como España se encontraba en guerra con Inglaterra, lo que hacía que el virreinato del Río de la Plata estuviese incomunicado, el virrey Olaguer Feliú pasó al estudio del Consulado un expediente redactado por el Cabildo, en el que se pedía la libre extracción de frutos e Importación de géneros en embarcaciones neutrales.

En esta cuestión se había expedido favorablemente el administrador de la Aduana don Ángel Izquierdo. El Consulado también aceptó esta medida, que resultó ineficaz, porque se estipulaba que los buques neutrales debían retornar a España, lo que era imposible porque estaba en guerra; por otra parte dicho comercio resultaba sumamente limitado.



Si el Consulado se opuso a todo lo que significase libertad de comercio exterior, en cambio se preocupó de la agricultura, de la industria y fomento del comercio interno. En este sentido Belgrano realizó una amplia, y como era deber del secretario redactar una Memoria propuso en ellas fomentar el comercio, estableciendo una Escuela Comercio, una de Seguros Marítimos y otra de Náutica cuya apertura tuvo honda repercusión científica en nuestro país.

Aconsejo también se abriesen escuelas en todos los barrios de la ciudad y villas del campo, y la creación de una Escuela Práctica de Agricultura para los labradores. En las Memorias sucesivas trató de las utilidades del cultivo del lino y del cáñamo, abogó por el establecimiento de premios como estimulo al trabajo, de la manera de propender a la reunión de comerciantes y hacendados, de la situación de inferioridad de la mujer y los medios de mejorarla, etc. El Consulado funcionó hasta 1862.

La Aduana — En 1778 se fundó la Aduana de Buenos Aires, imprescindible desde la apertura del puerto. No fue solamente un tribunal de justicia sino un verdadero consejo económico, que ejerció una influencia decisiva en el virrey en cuestiones comerciales y financieras, siendo a la vez oficina de recaudación de los derechos aduaneros.

En 1796, siendo administrador Ángel Izquierdo, pidió que se permi­tiese el comercio con barcos neutrales, cuestión a la que nos referimos en el párrafo correspondiente al Consulado.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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