Origen de la Formacion De La Sociedad Argentina-Sociedad Indiana



Origen de la Formacion De La Sociedad Argentina-La Sociedad Indiana

En la formación de la sociedad argentina intervienen diversos procesos que van caracterizando etapas perfectamente diferenciadas entre si:

1º. Etapa o de la colonización propiamente dicha, que da lugar a la formación de la sociedad indiana.

2a. Etapa o de la sociedad argentina de la primera mitad del siglo XIX, en la cual tiene primordial intervención el grupo criollo como agente del proceso de la independencia y organización del estado nacional.

3a. Etapa o de la sociedad argentina desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, en la cual se constituye una sociedad nueva como resultado de la incorporación de los inmigrantes.

4a. Etapa en la cual el crecimiento urbano da lugar a aparición de nuevos problemas sociales.

Con arreglo a ese ordenamiento trataremos de ubicar los aspectos más salientes de cada etapa.

La sociedad colonial argentina, su oriegn

La sociedad indiana:

La existencia de una reducida población de blancos, mestizos y negros, dedicados a una economía ganadera y mercantil, configuraba la sociedad argentina en los albores de la colonización.

Esa sociedad, llamada comúnmente indiana, se encontraba formada por poblaciones autóctonas iberoamericanas.

Indiana deriva de la palabra indio que se utiliza para designar a las personas naturales de América (a la que en principio se designaba como Indias Occidentales); en un sentido amplio se utilizan ambos términos para designar a toda persona o sociedad que se relaciona con la vida, usos y costumbres de las poblaciones existentes en el momento de la colonización española y la que se formó inmediatamente después de ésta.

En nuestro territorio, la población autóctona no se encontraba repartida uniformemente, sino que se presentaba en grupos formados por distinto número de habitantes dentro de la gran colonia descubierta.

Para que se tenga una idea aproximada de esa distribución desigual, diremos que en 1536, sobre una población de alrededor de 300.000 indígenas había 24.000 en la Patagonia, 21.000 en La Pampa, 45.000 en el Chaco, otros 45.000 en la Mesopotamia y en la Zona de Tunuyán alrededor de 15.000.

Por supuesto, estas concentraciones influyen para que los españoles ubiquen su población cerca de esos lugares, con lo cual el desequilibrio demográfico aumenta.

La sociedad hasta fines del siglo XVIII:

Esta primera etapa se produce lentamente y en forma progresiva. El español constituye el núcleo que impone sus características étnicas, sociales, religiosas, culturales, su idioma, etc.

Los nativos, poco a poco, aceptan pasivamente esa influencia y ésta determina que ese proceso haya culminado a mediados del siglo XVIII con la formación de una sociedad donde predomina fundamentalmente la raíz española.

Costumbres de la sociedad colonial

Esa influencia se produce por que los indígenas que encontraron los conquistadores no formaban núcleos homogéneos y además poseían poco desarrollo cultural.

Lógicamente, los españoles que aportaron una población homogénea, con objetivos bien fijados, una cultura que, inclusive, tenía marcada influencia en Europa, y además una fuerza militar organizada, indiscutiblemente, se impuso ante la debilidad de los indígenas.

Aparición y nivel social del mestizo:

Por otra parte, se produjo un fenómeno social que no se conoce, por ejemplo, en el Norte de América.

Al Sud vienen pocas mujeres y se produce el mestizaje ya que el español se mezcla con la mujer indígena y nace enlamado mancebo de la tierra de padre español y madre india.

Como hemos dicho ese mestizo se incorpora fácilmente a la sociedad (porque representaba una gran mayoría) y, en principio, es respetado en un alto nivel social, fenómeno que no se produce en otros países de Hispanoamérica, donde se lo desprecia y se lo margina.

Pero, simultáneamente, con el mestizo se formaban los que se llaman subtipos étnicos:

Blanco + negro = mulato

Blanco + mulato = tercerón

Blanco + tercerón = cuarterón

Blanco + cuarterón = quinterón

(luego del quinterón se considera blanco)

Negro + indio = zambo

Sin embargo, estos subtipos, a su vez, se mezclan entre sí y forman otros subtipos.

La influencia española aumenta: Pero, mientras esta población producía esas mezclas de sangre, cada vez aumenta más el número de españoles, e inclusive familias enteras españolas, en gran número, se afincan en estas tierras.

Es el período en que no solamente imponen todas sus costumbres, sino también empiezan a dividirse las capas sociales por la legitimidad del casamiento y la limpieza de sangre, fenómeno que ya está prácticamente consolidado en el siglo XVIII.

De allí en adelante se produjo la discriminación y segregación social.

Sin embargo, ésta no tuvo tanto efecto sobre la sociedad rioplatense, porque Felipe II otorgó a los primros pobladores y sus descendientes el nivel de fijosaalgos y personas de noble linaje y solar conocido.

Lo que implicaba que de alguna manera se reconocían los servicios de los leales al Rey.

La familia después de 1810:

Al finalizar el siglo XVIII el Virreinato del Río de la Plata tiene u-na población de aproximadamente 600.000 habitantes, de los cuales solamente unos 120.000 corresponden a los actuales territorios argentinos y uruguayos.

En 1810, la población de dichos territorios apenas alcanzaba a 160 mil habitantes, de los cuales muy pocos habitaban en la República Oriental del Uruguay (entonces denominada Banda Oriental), mientras que el resto, los que ocupaban la actual Argentina, residían en su mayoría en pocas provincias (Córdoba, Tucumán, Salta, Mendoza, San Juan, San Luis, Catamarca y La Rioja) del total unos 50.000 ocupaban el resto del país y, generalmente, formaban una población rural.

Para que se tenga idea de la dimensión de las ciudades, Buenos Aires (que era el centro político y e-conómico) sólo tenía 40.000 habitantes.

La población argentina, para esta época, estaba formada por españoles nativos y sus descendientes, mestizos e indígenas.

La familia era profundamente religiosa, sobre todo en el caso de los españoles o sus hijos con cierta práctica pagana mezclada al rito católico, en el caso de los indígenas.

En general, la familia era sumamente conservadora y las costumbres españolas se mantenían con gran rigidez.

Existían grupos intelectuales a los que se podrían llamar rebeldes a la tradición, sobre todo entre los jóvenes que habían recibido cultura universitaria en Europa o América y que estaban impregnados por las ideas liberales que habían sido creadas por la Revolución Francesa.

Lógicamente, esos grupos eran más importantes en las ciudades y cuanto mayores eran éstas, mayores eran estos grupos.

En la Ciudad de Buenos Aires, por su condición de puerto de desembarco de mercaderías procedentes de Europa había una gran influencia de la cultura y costumbres europeas, sobre todo las francesas e inglesas.

LA INMIGRACIÓN

Influencia de los inmigrantes: Lógicamente, esta estructura fue evolucionando con el tiempo, sobre todo cuando se produjo la gran corriente inmigratoria posterior a la organización nacional.

Es así como esa corriente inmigratoria aumentó en forma desproporcionada (la población existente en 1869 era de un millón treinta y siete mil habitantes), que, como hemos dicho, no era totalmente nativa.

Esa corriente inmigratoria aumentó la población argentina en tres millones y medio de habitantes de origen extranjero (desde 1869 hasta 1930), aunque es de notar ue al país liego un número mayor e inmigrantes (más de seis millones), pero más de la mitad optó por regresar a su país de origen o cambiar de país de residencia.

Lógicamente, ese gran aflujo de inmigrantes introdujo cambios profundos en la estructura de la familia argentina.

Afortunadamente, el mayor número de esos inmigrantes tenía origen español o italiano y eso determinó que el cambio estructural sólo se percibiera parcialmente.

Las nuevas costumbres: Las nuevas costumbres italianas se mezclaron con las españolas y criollas.

La cocina argentina, muy limitada, se enriqueció con el aporte de la cocina Internacional y es asi» como al locro, a la mazamorra, al puchero con hueso, se agregaron las pastas y las salsas italianas, los guisos compuestos españoles y el refinamiento de la cocina francesa.

Costumbres de las familias mas ricas a fines del siglo XIX

También la música popular europea se mezcló con la que se había desarrollado en la República Argentina y se fueron produciendo transformaciones en el ritmo que tuvieron influencia sobre la música porteña e inclusive sobre la folklórica.

LA SOCIEDAD EN LA ETAPA COLONIAL:

a) Los españoles:

Las leyes españolas tenían normas expresas sobre el origen y condición de las personas que pasaban a Indias.

Una real cédula de 1552 prescribía muy probadas informaciones, con constancia de que las personas eran casadas o solteras, las señas y edad que tenían, etc.

Otras leyes ordenaban que los pasajeros debían comparecer personalmente ante los funcionarios de la Casa de Contratación, en Sevilla, para dar sus informaciones; en los registros de las naves había que anotar los nombres de todos los que iban.

Los casados no podían pasar sin llevarse a su mujer y no se daba licencia a mujeres solteras; nd se consentía e’I viaje de persona que comprara o vendiera licencias.

Estas disposiciones desvirtúan las afirmaciones de algunos autores para quienes sólo venían a América las personas socialmente indeseables.

En general, se trató de personas con prendas intelectuales y morales, austeras y honradas. Sin embargo, debe reconocerse que existieron pasajeros clandestinos y de mala laya.

No existía en España un gran afán por viajar a América. La gente sabía que esos tres, cuatro o cinco meses de navegación eran bastante molestos; sobre tan penosos viajes, escribe Guillermo Furlong que «. . . encerradas trescientas o más personas en un espacio reducidísimo, con todas las incomodidades que habría de aparejar aquel amontonamiento, y el tener a diario que hacerse cada uno su comida y acomodar cada cual, dónde y cómo pudiera, su lecho, pues sólo a los tripulantes a sueldo se proveía de lecho y de alimentación; los demás debían arreglárselas por su cuenta«.

b) Los criollos:

Los conquistadores y primitivos pobladores eran españoles pero muchos colonizadores fueron criollos, es decir, españoles americanos o hijos de la tierra.

Ellos se posesionaron de la herencia cultura de España e incluso le dieron mayor esplendor.

La mayor parte de las gobernaciones y obispados eran desempeñados por españoles; los demás cargos estaban en manos de los criollos.

En poco más de medio siglo pudo florecer en América la cultura española y dar nombres ilustres, como por ejemplo, Hernando Arias de Saavedra (1561-1634) y Fernando de Trejo y Sanabria (1554-1614).

A los criollos cupo, sobre todo, la importante tarea de población y fundación de ciudades.

Juan de Solórzano Pereira (1575-1655) en su obra «Política Indiana» se muestra entusiasta apreciador y elocuente defensor de los españoles nacidos en América.

Afirma que «no se puede dudar que sean verdaderos españoles» y trae abundantes razones para convencer de «la ignorancia o mala intención de los que no quieren que los criollos participen del derecho y estimación de españoles».

Desde el punto de vista legal se declaró que tanto criollos como mestizos podían actuar al igual que los españoles peninsulares.

Sin embargo, en algunas épocas y regiones, los criollos estuvieron en una situación de inferioridad, lo cual fue dañoso para la política colonial española.

c) Los indígenas:

Se puede afirmar que en lo que se llamaba el Río de la Plata, a la fecha del arribo de Pedro de Mendoza en 1536, la población indígena no superaba las trescientas mil almas.

Hacia fines del siglo XVIII su número no había subido mucho más porque, si bien hubo un crecimiento natural de la población, por otro, había decrecido por las enfermedades contagiosas que importaron los hombres procedentes de Europa.

Estas enfermedades y pestes hacían estragos en los indios que vivían agrupados en pueblos, que eran los menos, pero no afectaron mucho a los vagabundos y solitarios como eran los del Río de la Plata.

Explica Guillermo Furlong que «nuestros indígenas, incluso los cha-queños, que eran los más nómades, eran física y psíquicamente individuos bien proporcionados, intelectualmente despiertos, espiritualmente capaces de apreciar las delicadezas de la verdad, de la belleza y del amor.

Socialmente eran grandes caballeros, incapaces de un injusticia o de una felonía.

Fueron los hombres blancos quienes les enseñaron los vicios. Aserto al parecer tan bravio lo hizo, a mediados del siglo XVIII, y desde el pulpito de la catedral de Buenos Aires, un varón de tanta prestancia como el jesuíta Domingo Muriel».

Ante la diferencia de civilización, algunas tribus asimilaron rápidamente los nuevos elementos de la cultura europea.

Otros, en cambio, resistieron con tenacidad la convivencia con los españoles y no perdieron ocasión de destruir todo asiento de población blanca.

No debe ponerse énfasis en las actitudes particulares de injusticia de líennos conquistadores y soldados, sino en la política oficial de la corona española.

Desde un primer momento ésta declaró que los indios eran seres humanos iguales a los blancos a pesar de sus diferencias de raza y cultura.

Los teólogos y juristas que asesoraban a los Reyes Católicos expresaron de inmediato la necesidad de convertir a los naturales al cristianismo, como surge de las «Instrucciones» que los mismos dieron a Colón, en mayo de 1493, y de la Bula de igual año, del papa Alejandro VI, que encarecía a los misioneros españoles la predicación evangélica.

Esta preocupación por la conversión debe ser tenida muy en cuenta por cuanto tuvo una inmediata repercusión social. Los españoles no admitían igualdad con quienes no profesaban su fe, como lo habían probado en su trato con moros y judíos.

Los monarcas ordenaron permanentemente el buen trato a los indios y por reconocerse la igualdad social entre españoles e indios, pudo Fernando V, dar la siguiente orden de gran repercusión social, en octubre de 1514:

«Es nuestra voluntad que los Indios e Indias tengan, como deben, entera libertad para casarse con quien quisieren, así con Indios como con naturales de estos reinos de España, o con Españoles nacidos en las Indias, y que en esto no se les haga impedimento … y que todos tengan libertad para casarse con quien quisieren; y nuestras Audiencias procuren que así se guarde y se cumpla».

d) Las encomiendas

La encomienda fue una institución de alcance social y económico.

En sus orígenes consistió en imponer a ciertos indios la obligación de trabajar en la agricultura, a favor de pobladores españoles de La Española, luego del repartimiento efectuado por Cristóbal Colón.

Con posterioridad, el sistema se extendió por toda la América española.

Como era una forma de servidumbre o trabajo forzoso no contó con la aprobación de la corona.

Después de su abolición en 1503 volvió a reimplantarse.

La encomienda practicada en las Antillas fue reiteradamente denunciada a causa de sus abusos, sobre todo por los frailes dominicos Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas.

Sobre el tipo de encomienda practicada en el resto del continente, e iniciada por Hernán Cortés, en Méjico, escribe S. Fernández Arlaud:

«El conquistador dictó en 1524 las «Ordenanzas de Buen Gobierno» y poco después las «Ordenanzas de buen Tratamiento de los indios».

Entre sus disposiciones estaban las siguientes: el encomendero debía promover la conversión de sus indios y la educación de los hijos de caciques; debía sostener con su peculio la labor de los misioneros; no podría exigir oro a los indios bajo pena de perder la encomienda; toda diferencia entre él y sus encomendados debía ser resuelto por la justicia.

Cortés dispuso también que los indios encomendados no podrían ser empleados en labores de minería; que la jornada finalizara antes de la puesta del sol; que hubiera reposo al mediodía; que las mujeres y los niños
sólo podrían trabajar en turnos espaciados cada treinta días; que el salario se les diera ante escribano público, etc.

Algunas de estas disposiciones fueron luego instituidas para las encomiendas que se establecieron en otras partes del nuevo mundo.

De este modo, si bien el tributo personal de los indios beneficiaba económicamente al encomendero, éste a su vez estaba obligado a asegurar la conversión, la instrucción y la progresiva adaptación del indio a la forma de vida de los europeos.

La encomienda de indios se concedió primeramente en forma vitalicia: a la muerte del encomendero los indios quedaban liberados de su obligación y al servicio de la corona.

En 1536 se autorizó la encomienda «por dos vidas», es decir, se admitía que los indios pasasen a un sucesor del encomendero.

Al fallecer dicho sucesor, los indios volvían a la corona, que podía encomendarlos de nuevo a otra persona.

Con todo, en México hubo encomiendas «por tres vidas», con la particularidad de que al morir el segundo sucesor ya no podían ser encomendados nuevamente.

Las encomiendas fueron suprimidas paulatinamente desde principios del siglo XVIII.

Movieron a la corona motivos de orden fiscal: los tributos que los indios pagaban a sus encomenderos, en desmedro de la Real Hacienda, pasaron luego a engrosar los caudales del Estado.»

Se puede usar la expresión «clases sociales» de la misma forma en que la empleamos hoy, porque en la sociedad de la época no hubo distaniamientos molestos ni ofensivos. La diferencia que pudo existir fue más externa, que interna.

En el Río de la Plata se reflejaba notoriamente este espíritu igualitario.

Fueron muy pocos los criollos que se preocuparon por la adquisición de títulos nobiliarios, como al parecer sucedió en Méjico y Perú.

El ambiente de igualdad hacía que la convivencia fuera amistosa y pacífica entre todas las gentes, pese a una atenuada existencia de clases.

Los indios ya reducidos se incorporaban a la sociedad como lo prueba la gran cantidad de mestizos. Aún los negros, esclavos o libres, se sentían cómodos en nuestro ambiente.

Respecto a la condición de los esclavos debe señalarse que en una época en la cual se generalizó el comercio negrero, numerosas reales cédulas y medidas reales legislaron sobre la esclavitud.

La famosa ordenanza de 1789 reglamentó y suavizó la condición de los esclavos negros y fue protestada expresamente por los ingleses quienes la consideraron excesivamente benigna; su cumplimiento fue resistido en diversos lugares del continente.

Fuente Consultada:
Educación Cívica de Juan Carlos Zuretti Editorial Ininerarium

Enlace Externo: Formación del Estado Argentino


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