El imperio ruso antes de la revolucion Reforma Políticas y Servidumbre



El imperio ruso antes de la revolución Reformas Políticas

LA SERVIDUMBRE: Aunque la Rusia del siglo XVIII poseía importantes industrias mineras y metalúrgicas, al avanzar el siglo XIX se vieron ampliamente superadas por las de otros países. Tampoco la agricultura rusa podía competir con las mejoras logradas en otras zonas; puesto que la población continuaba aumentando, esto significaba que la mayoría de los rusos pasaba hambre.

Una de las causas era el mantenimiento del sistema de servidumbre, abolido o a punto de desaparecer en el resto de Europa. Dicho sistema privaba al campesino de todo incentivo para mejorar sus métodos de cultivo, e impedía el movimiento de la fuerza laboral, que habría permitido encontrar obreros para las nuevas fábricas. Por añadidura, la pobreza de los campesinos reducía al mínimo sus demandas de productos.

La derrota en la guerra de Crimea (Nicolás I falleció durante el último año de la contienda) obligó al gobierno a introducir algunas reformas. La más trascendental fue la emancipación de los siervos en 1861, que se llevó a cabo prácticamente sin problemas. El aspecto fundamental de la reforma fue que los siervos dejaron de ser propiedad privada de los terratenientes para convertirse en individuos legalmente libres.

En la práctica, esto no significaba automáticamente la libertad completa; a los antiguos siervos aún les resultaba difícil abandonar sus aldeas natales. Esto evitó el peligro de que Rusia se llenara de millones de antiguos siervos buscando trabajo. Estas reformas abrieron el camino a la modernización de la agricultura y a la industria rusa.

«Los siervos más capaces, como los cocheros y artesanos, eran una valiosa propiedad  y eran tratados como tales. Ni un siervo causaba problemas podía ser azotado, enviado al ejército por 25 años o incluso exiliado a Siberia. Un terrateniente podía negar al siervo el derecho a casarse con la mujer que hubiera elegido, o podía obligarlo a casarse muy joven, para que proporcionara más hijos que trabajaran en la hacienda.

El siervo debía pagar por la pequeña parcela que se le permitía arar para su uso, ya fuera trabajando sin pago tres días a la semana —un sistema llamado barshchina— o por medio del obrok, renta pagada en efectivo o en especie. El pago del obrok permitía al siervo pedir autorización para salir a trabajar a la ciudad o a una fábrica, donde el emprendedor a veces podía ahorrar lo suficiente para comprar sus propios siervos. Quienes estaban bajo la barshchina, debían trabajar más de tres días a la semana durante la cosecha, y sus esposas e hijos, hacerlo con ellos.

Los zares notaron, desde mucho tiempo atrás, que la libertad de los siervos era esencial para que Rusia ocupara un lugar en el mundo moderno. Pero no fue sino hasta 1861 cuando finalmente fueron liberados por el zar Alejandro II. Su nueva condición de hombres libres les permitió comprar parcelas de tierra a sus antiguos terratenientes. Pero el flagrante encarecimiento de tierras ocasionó que los antiguos siervos, que nominalmente ya eran campesinos libres, tuvieran que pagar cuantiosos préstamos.

Además, el tamaño de la parcela de cada campesino fue reducido a la mitad de su extensión anterior, y entonces fue demasiado pequeña como para ser rentable. Esto desembocó en sufrimientos y penurias, pues los campesinos, mal alimentados y en condiciones insalubres, sucumbieron en números mayores a las epidemias y a las catastróficas hambrunas de f891 y 1892. Varios terratenientes fueron incapaces de obtener ganancias. Treinta años después de liberar a los siervos, vendieron 20,000 haciendas: se rindieron ante las dificultades y partieron a la ciudad(ver: Abolición de la Servidumbre en Rusia)

Política interna: Rusia no cejó en sus ambiciones expansionistas, ni terminaron tampoco las convulsiones y el descontento interno. Muerto el zar Nicolás I, su sucesor, Alejandro II (imagen), debió afrontar una fuerte oposición de los campesinos y las consecuencias del proceso de industrialización en el que Rusia se había embarcado. Además, numerosos grupos de socialistas y anarquistas se hicieron eco de la necesidad de llevar a cabo reformas sociales.

En 1881 fue asesinado Alejandro II, y le sucedió Alejandro III. El zar emprendió una campaña contra los opositores y trató de reforzar su gobierno absoluto apoyándose en la Iglesia ortodoxa y la policía. A su muerte, en 1894, el nuevo monarca Nicolás II, secundado por su esposa, la princesa alemana Alejandra, continuó la política de su antecesor. El gobierno llevó a cabo numerosas campañas derusificación que desataron huelgas y desórdenes en distintas regiones del Imperio.



En Rusia, el gobierno no hizo ninguna concesión a las reformas liberales o democráticas. El asesinato de Alejandro II en 1881 convenció a su hijo y sucesor, Alejandro III (1881 -1894), de que la reforma había sido un error y rápidamente instituyó lo que él dijo que eran «medidas excepcionales».

El poder de la policía secreta se extendió. Se persiguió a los defensores de la monarquía constitucional y de la reforma social, al igual que a los grupos revolucionarios. Si el gobierno sospechaba que los habitantes podían ser traidores, eran puestos bajo ley marcial distritos completos de Rusia. Los poderes de los zemstvos, creados por las reformas de Alejandro II, se restringieron severamente.

Cuando Alejandro III murió, su débil hijo y sucesor, Nicolás 11(1894-1917), comenzó su reinado abrigando la convicción de su padre, respecto de que el poder absoluto de los zares debería conservarse: «Mantendré el principio de autocracia de una manera ti firme y resuelta como lo hizo mi inolvidable padre». Pero las condiciones estaban cambiando, sobre todo con el crecimiento del industrialización, por lo que el enfoque del zar no se adaptaba a la realidad, dadas las nuevas circunstancias que afrontaba.

Rusia: una política expansionista:

Política exterior: Como ya se ha dicho, en el plano externo Rusia mantuvo su política expansionista, la cual chocó con el creciente poderío japonés. Así, ambas naciones se enfrentaron en una guerra (1904 a 1905) en la que Japón resultó victorioso y obtuvo importantes territorios.

Sin embargo, la gran cuestión de la política externa fueron los Balcanes y el dominio de los estrechos (Dardanelos y Bósforo). Por tal motivo, estalló en 1877 la Guerra ruso-turca que finalizó el año siguiente por elTratado de San Stéfano. Como resultado de esta paz, se reconoció la independencia de Servia, Montenegro y Rumania, y se creó el principado de Bulgaria. Posteriormente, el Tratado de Berlín estableció que Bosnia y Herzegovina serían ocupadas temporalmente por Austria.

La rivalidad de los Imperios ruso y austríaco en la región fue creciendo. A pesar de ello la cuestión permaneció en un statu quo ya que Austria temía que una guerra en los Balcanes provocara la sublevación de las nacionalidades dentro de su imperio, en tanto que Rusia prefería concentrarse en el Extremo Oriente.

Sin embargo, este problema se acrecentaría con el tiempo y fue, como se verá más adelante, uno de los motivo desencadenantes de la Primera Guerra Mundial.

Fuente Consultada:
Historia Universal Ilustrada Volumen 2 John Roberts
Historia Universal Navarro – Gárgari -González – López – Pastoriza – Portuondo
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest



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