Rusia Fin del Absolutismo Fracaso Liberal Revolucion Rusa



El Imperio Ruso creció constantemente durante el siglo XIX, hasta extenderse desde el mar Báltico, al oeste, hasta el océano Pacífico, en el este; del Ártico en el norte, al Hindú Kush en el sur. Muchos rusos inteligentes se dieron cuenta de que su país, a pesar de su inmensa extensión, estaba atrasado y requería cambios fundamentales, pero no coincidían en la manera de lograrlo.

La reforma parecía aún más difícil por la diversidad de los pueblos rusos: en el siglo XVIII absorbió, mediante anexiones, a la mayor parte de los judíos polacos. Los devotos y empobrecidos judíos del Distrito Autónomo se resistieron obstinadamente al cambio y se aferraron a una cultura y forma de vida que se aisló de las influencias modernizadoras externas.

En el Imperio Austriaco, la Dinastía Habsburgo enfrentó problemas similares a los de la Romanov en Rusia. Al tratar de mantener el control, se vieron cada vez más atrapados en un mandato sobre una población descontenta y de carácter multinacional.

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la mayoría de los países de Europa oriental —Rusia, Austria, Turquía— estaban organizados sobre la base de una economía agraria. La actividad industrial era prácticamente inexistente y las relaciones feudales aún tenían plena vigencia. Las tierras pertenecían a una clase aristocrática terrateniente y eran trabajadas por campesinos, en su mayoría siervos sujetos a la tierra. Políticamente, se encontraban organizadas como imperios, encabezado por un monarca con poderes absolutos.

El Zar Nicolás II junto a su familia. El zarismo deseó mantener un sistema política absolutista a pesar
de los cambios que se estaban produciendo en el mundo. La consecuencia fue la revolución de 1917

Rusia fue el imperio territorialmente más importante de la región, y donde más fuerza tuvieron las ideas absolutistas. En ella no existía un parlamento representativo ni tampoco partidos políticos legales. La débil burguesía comercial e industrial existente no tuvo, en esta época, una mayor influencia política y económica. Todo el poder estaba concentrado en la figura del monarca, al que llamaban zar.

Hacia mediados de siglo, la situación económica y social era crítica en el imperio: debido a su miserable condición y a sus permanentes obligaciones, las rebeliones campesinas fueron constantes. Por ello, el gobierno ruso intentó algunas reformas en lo social, la más importante fue la abolición  de la servidumbre, y en lo económico, e capital extranjero crearon todo en Ucrania, alguna actividad industrial.

Pese a ello, la situación social en el imperio se agravaba cada vez más, la condición de los campesinos no mejoró con las reformas, y la vida en las ciudades también era sumamente difícil.

Los estudiantes y los obreros de los centros urbanos comenzaron a organizar hacia 1880 una resistencia cada vez más fuerte contra el régimen zarista. Reclamaban mejoras económicas y también la  desaparición del absolutismo zarista.

La oposición al gobierno estaba representada por dos grandes corrientes políticas. Por un lado estaban los liberales, que buscaban apoyo entre los burgueses, y algunos nobles de ideas progresistas. Este sector aspiraba a que Rusia se transformara en un país capitalista y adoptara un sistema liberal  parlamentario similar al del resto de los países occidentales.



El fracaso de las reformas emprendidas por Alejandro II en el siglo XIX trajo consigo un incremento de las tensiones sociales y del activismo revolucionario. La abolición de la servidumbre generalizó la propiedad campesina, aunque no logró eliminar las grandes desigualdades sociales en el campo ruso, cuyas estructuras resultaban inadecuadas para el desarrollo de un capitalismo moderno. Los campesinos, agobiados por impuestos y sumidos en un gran atraso técnico y cultural, ansiaban el reparto de la tierra de las grandes propiedades de los nobles, la Iglesia y los propios zares.

Por otro lado, se encontraban diversos grupos políticos representados por campesinos, obreros y estudiantes. Muchos eran socialistas anarquistas , comunistas y populistas. Iban más lejos que los liberales en su búsqueda de reformas: deseaban una revolución social que cambiase las estructuras económico-sociales y políticas del zarismo ruso.

El capitalismo se introdujo en Rusia impulsado por las inversiones extranjeras y la acción del Estado. La industrialización se realizó de forma compulsiva, dando por resultado una concentración de capitales y de masa obrera en unas cuantas ciudades del inmenso territorio. Un proletariado joven y combativo, aunque de escasa experiencia, se formó rápidamente.

La incipiente burguesía no estaba satisfecha con la estructura del Estado zarista, pese a las tímidas reformas liberalizadoras de la administración, debido a la falta de participación y al gran costo e ineficacia de la burocracia y el ejército.

La revolución de 1905 y el fracaso liberal

La oportunidad para ambas corrientes políticas se presentó en 1905.. tras una catastrófica derrota del imperio ruso en una guerra con el Japón. Esta fue la chispa que desencadenó un agitado proceso revolucionario: la oposición organizó, en enero de 1905, una multitudinaria manifestación callejera en San Petersburgo, y denunció la incompetencia y debilidad del zarismo.

La reacción del gobierno —dirigido en ese entonces por el zar Nicolás II— fue inmediata: reprimió duramente a los manifestantes en las puertas del Palacio de Gobierno. A partir de aquí la insurrección se extendió por las principales ciudades.

Frente a estos acontecimientos, el zar Nicolás II intentó algunas reformas liberales: convocó a una asamblea de representantes —llamada Duma— y prometió otorgar mayores libertades políticas. Sin embargo, las reformas no duraron mucho tiempo.. Ante las primeras presiones de la Duma, el gobierno la disolvió y acusó de revolucionarios a sus miembros. Las reformas liberales habían fracasado en Rusia: ni el zar ni la aristocracia terrateniente estaban dispuestos a democratizar el imperio.

La burguesía, debido al pobre desarrollo capitalista de la economía, continuaba siendo débil, y carecía, por lo tanto, de fuerza suficiente para derrocar al zarismo. Algunos años después, una revolución popular encabezada por sectores de la pequeña burguesía, obreros y campesinos pondría fin al gobierno zarista.

El domingo sangriento. Así fue como se llamó a la dura represión con que el régimen zarista disolvió la manifestación popular de 1905 en San Petersburgo. La policía real ametralló a la gente desde el palacio, provocando la muerte de más de cien personas.



De todas maneras las manifestaciones nunca cesaron, se producían seguidamente movimientos populares ,hasta que al fin, la revolución de 1917 tuvo su «ensayo» en los acontecimientos de 1905. La guerra ruso-japonesa en la costa norte del Pacífico y la derrota posterior del ejército zarista pusieron de manifiesto la incapacidad administrativa y militar del Estado imperial de los Romanov, mientras que agudizaba el descontento social en medio de una grave crisis económica, industrial y agraria.

El movimiento de masas, al principio espontáneo y desorganizado, se dotó de sus organizaciones propias: los soviets (o consejos) de diputados, obreros y soldados elegidos en las fábricas o en los cuarteles, que pedían una asamblea constituyente, la democratización de toda la vida política rusa y la satisfacción de sus reivindicaciones económicas y sociales. El zar no tuvo más remedio que ceder, por lo que convocó a una Duma (o Parlamento) elegida indirectamente, pero que no controlaría al gobierno.

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