Batalla Mbororé

Ejercito del Norte al mando de Rondeau Guerras de la Independencia

Ejército del Norte al Mando de Rondeau
Guerras de la Independencia

El ejército del Norte comandado por el general José Rondeau,
según de sus oficiales

(Fragmentos de José María Paz, Memorias póstumos, Buenos Aires, EMECE, 2000).

Estábamos ya en abril (1815) y era tiempo de movemos, porque era preciso, era indispensable hacer algo para no disolvemos. Se pensó, pues, seriamente en ello, pero sin combinación, sin plan y casi hasta sin discernimiento. ( … )

¿Se creerá que el ejército, que después de la incorporación de las tropas últimamente venidas de Buenos Aires debía contar más de cinco mil hombres, apenas pasaba entonces de tres mil?.

Nada es más exacto; pues la expulsión de trescientos españoles; deserción espantosa, tanto en el camino de Buenos Aires como en el ejército mismo, lo había reducido a ese número.

Y es forzoso decir que si esa deserción fue menos y no acabó el ejército por una disolución, fue debido a los jefes de cuerpo que cada uno en el suyo tomó medidas más o menos enérgicas, sin exceptuar el último suplicio, como ya indiqué en otra parte.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: TERCERA EXPEDICIÓN ALTO PERÚ (1814-15)
El gobierno de Buenos Aires designó al general Rondeau, en mayo de 1814, para reemplazar a San Martín en el ejército del Norte.

Por ese tiempo, la defensa de la frontera septentrional había quedado prácticamente a cargo de Quemes y de Álvarez de Arenales. Guemes,  actuaba con sus invencibles gauchos en Salta y Jujuy; Álvarez de Arenales dirigía a los bravos guerrilleros del Alto Perú, que también mantenían en constante alerta a las fuerzas realistas.

Rondeau no compartía la opinión de San Martín de que era ilusorio pretender llegar a Lima por el Alto Perú. En abril de 1815-inició una nueva campaña, internándose en las sierras de Solivia.

Quemes, que pensaba como San Martín, no lo acompañó con sus gauchos; a pesar de ello Rondeau continuó el avance hacia la meseta boliviana y el lago Titicaca.

En Puesto del Marqués, el general Cruz, con tropas de avanzada, obtuvo un triunfo sobre las fuerzas realistas en abril de 1815. Pero poco tiempo después un destacamento de patriotas al mando de Martín Rodríguez fue vencido en Venta y Media; esto obligó al general Rondeau a retroceder con todas las fuerzas hasta Sipe-Sipe, donde el 29 de noviembre de 1815 fue prácticamente destrozado por las tropas realistas al mando del general Joaquín de la Pezuela, el vencedor de Vilcapugio y Ayohuma. Después de esta acción regresó desordenadamente hasta Salta. Una vez más quedó en manos de Quemes la defensa de nuestra frontera del Norte.

Para recapitular, recordemos que hubo tres expediciones al Alto Perú: la primera, después del triunfo de Suipacha, fue derrotada en Huaqui; la segunda logró las victorias de Tucumán y Salta, pero fracasó en Vilcapugio y Ayohuma; la tercera comenzó sin ninguna victoria de importancia y terminó con el desastre de Sipe-Sipe.

Fuente Consultada: Historia Argentina Editorial Océano Fasc. N°7.

Guerras de la Independencia Campaña al Paraguay Manuel Belgrano

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
La campaña al Paraguay vista por el comandante de la expedición

(Extractos de Manuel Belgrano, fragmentos autobiográficos).

batalla por la independencia de las provincias unidas

Luego que pasaron todos al nominado pueblo de La Bajada, me di a reconocer de general en Jefe, y nombré de mayor general a don Nicolás Machain. dándole, mientras yo llegaba, mis órdenes e instrucciones.

Así que la tropa y artillería que ya he referido, como dos piezas de a dos, que arreglé de cuatro, que tenía el ya referido cuerpo de caballería de la Patria, y cuanto pertenecía a éste, que se llamaba ejército, se había transportado a La Bajada. me puse en marcha para ordenarlo y organizarlo todo.

Hallándome allí, recibí aviso del gobierno de que me enviaba doscientos patricios, pues por las noticias que tuvo del Paraguay, creyó que la cosa era más seria de lo que se había pensado, y puso también a mi disposición las milicias que tenía el gobernador de Misiones, Rocamora, en el pueblo de Yapeyú, con nueve o diez dragones que le acompañaban.

Mientras llegaban los doscientos patricios que vinieron al mando del teniente coronel don Gregorio Perdriel, aprontaba las milicias del Paraná, las carretas y animales para la conducción de aquélla, y caballada para la artillería y tropa.

Debo hacer aquí los mayores elogios del pueblo de Paraná y toda su jurisdicción; a porfía se empeñaban en servir. y aquellos buenos vecinos de la campaña abandonaban con gusto sus casas para ser de la expedición y auxiliar al ejército de cuantos modos les era posible.

No se me olvidarán jamás los apellidos Garrigós, Ferré, Vera y Ereñú: ¡ningún obstáculo había que no venciesen por la patria! Ya seríamos felices si tan buenas disposiciones no las hubiese trastornado un no inerme, que no ha sabido premiar la virtud, y ha dejado delitos. Estoy escribiendo, cuando estos mismos, y Ereñú sé batido a Holmberg.

Para asegurar en el partido de la revolución el Arroyo de la C . demás pueblos de la costa occidental del Uruguay, nombré comandante de aquella orilla al doctor don José Miguel Díaz Vélez, y lo dé auxiliado con una compañía de la mejor tropa de caballería Patria, que mandaba el capitán don Diego González Balcarce.

Entretanto, arreglaba las cuatro divisiones que formé del ejército, tirándole a cada una, una pieza de artillería y municiones, dándoles instrucciones a los jefes para su buena y exacta dirección, e inspirando la disciplina y subordinación a la tropa y particularmente la última calidad de que carecía absolutamente la más disciplinada, que era la de Buenos Aires, pues el jefe de las armas, que era don Cornelio Saavedra no sabía lo que era milicia y así creyó que el soldado seria mejor dejándole hacer su gusto.

Felizmente no encontré repugnancia y los oficiales me ayudaron a restablecer el orden de un modo admirable, a tal término que logré que no hubiese la más mínima queja de los vecinos del transito, ni donde hizo alto el ejército, ni alguna de sus divisiones. Confieso que esto me aseguraba un buen éxito, aun en el más terrible contraste.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En Asunción del Paraguay existía una fuerte reacción contra la Revolución de Mayo, encabezada por el gobernador Velazco. Para auxiliar el movimiento revolucionario y vencer la resistencia realista del Paraguay, la Primera Junta encomendó a uno de sus vocales, Manuel Belgrano, la organización de un ejército. Aunque no era militar, Belgrano encaró con tesón, inteligencia y patriotismo esa tarea.

Con pocos hombres de tropa salió de Buenos Aires en setiembre de 1810 y se dirigió hacia el Norte,costeando el Paraná. Ya en Entre Ríos había logrado reunir cerca de mil soldados, casi todos novatos. Se internó con ellos en la provincia de Corrientes y cruzó montes y bañados, hasta Misiones, junto al Alto Paraná. Con balsas improvisadas y botes de cuero cruzó este río y venció la resistencia de la guarnición paraguaya de Campichuelo, adicta a los realistas.

El objetivo de Belgrano era Asunción, capital de la gobernación del Paraguay. Con su reducido ejército emprendió el camino a través de selvas, ríos y pantanos. Los paraguayos, dirigidos por el gobernador español Velazco, opusieron firme resistencia al avance de Belgrano y lo vencieron en la batalla de Paraguarí (19 de enero de 1811). Belgrano retrocedió hacia el Sur con los restos de su ejército. Alcanzado y batido nuevamente en Tacuarí (9 de marzo de 1811),tuvo que rendirse al general paraguayo Cabanas, después de una heroica resistencia. Belgrano y Cabanas llegaron a un entendimiento.

El jefe patriota explicó a su colega el significado del Movimiento de Mayo y dejó en su ánimo la hermosa semilla de la libertad.

Cumplida su honrosa tarea se retiró del Paraguay, gozando de la consideración que le brindaron los vencedores.

Poco después en el Paraguay los patriotas asumieron su propia representatividad, pero no aceptaron unirse a los patriotas de Buenos Aires, quedando el territorio, desde ese momento, separado de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina Editorial Océano Fasc. N°7.

Representacion de los Hacendados Mariano Moreno Libre Comercio

Representación de los Hacendados
Mariano Moreno Libre Comercio

LA CAMPAÑA RIOPLATENSE EN LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS
DE DOMINIO COLONIAL ESPAÑOL

Las riquezas de la campaña y las bondades del libre comercio, según un abogado criollo (Fragmentos de Mariano Moreno, Representación de los hacendados, 1809

mariano moreno

Manuel Belgrano, secretario del Consulado, apoyó la apertura de los puertos al comercio británico, como un medio para obtener ingresos fiscales con destino a la administración virreinal. En tanto que el abogado Mariano Moreno, en su Representación de los Hacendados, del 31 de septiembre de 1809, dirigida al virrey Cisneros, se opuso a los partidarios del monopolio español y planteó la libertad de comercio como algo vital para el bienestar de los consumidores y productores rioplatenses.

Las propuestas y las medidas económicas, adoptadas por la administración virreinal para afrontar las dificultades financieras, el desabastecimiento y el contrabando, generaron numerosas tensiones y debates entre los grupos locales y no lograron las soluciones esperadas.

El texto de la Representación de los hacendados, atribuido a Mariano Moreno, fue la respuesta de los ganaderos a quienes se oponían al libre comercio, cuando Cisneros efectuó consultas al respecto.

Ha sido considerada por algunos historiadores como la primera exposición sistemática de principios económicos del liberalismo (por ejemplo, de las ideas de Adam Smith).

La Representación de los hacendados proponía centralmente que «conviene al País la importación franca de efectos que no produce ni tiene, y la exportación de los frutos que abundan hasta perderse por falta de salida» y «que todo introductor [que debía ser comerciante español] esté obligado a exportar la mitad de los valores importados en frutos del país».

Argumentaba, además, que el libre comercio no dañaría la industria local: «las telas de nuestras provincias no decaerán, porque el inglés nunca las proveerá tan baratas ni tan sólidas como ellas».

Estas campañas producen anualmente un millón de cueros, sin las demás pieles, granos y sebo, que son tan apreciables al comerciante extranjero: llenas todas nuestras barracas, sin oportunidad para una activa exportación, ha resultado un residuo ingente, que ocupando los capitales de nuestros comerciantes les imposibilita o retrae de nuevas compras, y no pudiendo éstas fijarse en un buen precio para el hacendado que vende, si no es a medida que la continuada exportación hace escasear el fruto, o aumenta el número de los concurrentes que lo compran, decae precisamente al lastimoso estado en que hoy se halla, desfalleciendo el agricultor hasta abandonar un trabajo que no le indemniza los afanes y gastos que le cuesta.

A la libertad de exportar sucederá un giro rápido, que, poniendo en movimiento los frutos estancados, hará entrar en valor los nuevos productos y aumentándose las labores por las ventajosas ganancias que la concurrencia de extracto res debe proporcionar, florecerá la agricultura y resaltará la circulación consiguiente a la riqueza del gremio que sostiene el giro principal y privativo de la Provincia.

PARA SABER MAS…

La debilidad manifiesta del Estado español y el progresivo aislamiento de sus colonias que se registró a partir de 1805, no sólo fueron políticos sino que alteraron las relaciones económicas que con éstas mantenía.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la apertura del puerto de Buenos había favorecido de un modo muy particular a una élite mercantil que, abocada al tráfico  ultramarino, actuaba en estrecha relación con Cádiz y Sevilla. Pero la prosperidad  también había permitido el surgimiento de sectores subalternos relacionados con el comercio interno y las actividades ganaderas que cada vez encontraban más objeciones a los privilegios de los grandes mercaderes españoles.

A fines de 1809, el joven abogado Mariano Moreno presentó un extenso escrito donde justificaba la necesidad del libre comercio y reclamaba a las autoridades su autorización para el ingreso de mercaderes ingleses.

La Representación de los Hacendados y Labradores, además de realizar un lúcido análisis de la situación colonial, colocaba en el medio de la escena una de las principales cuestiones que enfrentaban a peninsulares y criollos, denunciando el perjuicio que ocasionaban al desarrollo local las maniobras y negocios de los grupos asociados al monopolio.

En el Río de la Plata, el movimiento iluminista alcanzó un desarrollo limitado. Sus principales exponentes tuvieron como campo preferencial el pensamiento económico, sostenido por el intento de aplicar, a las condiciones del Río de la Plata, las ideas de los economistas europeos contemporáneos.

LA INFLUENCIA DE LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración. Una de las principales obras escritas por los pensadoes ilustrados, «El contrato social», del filósofo francés.

Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno. En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno. Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.

No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra a suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

BELGRANO MANUEL: La trayectoria de Manuel Belgrano -una de las figuras principales de la Ilustración rioplatense- ejemplifica los dilemas de un economista ilustrado en el mundo colonial. Hijo de un próspero comerciante italiano, Belgrano estudió en las universidades de Salamanca y de Valladolid, donde se graduó de abogado en 1793. En España se familiarizó con las doctrinas económicas prevalecientes -en especial con las fisiocráticas, que enfatizaban el papel de la agricultura en la riqueza nacional- y con el pensamiento de la Ilustración. Durante su estadía en Europa, también recibió el impacto de los ideales de la Revolución Francesa, como señaló en su Autobiografía:

«Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa e indirectamente».

Belgrano no consideraba contradictorio sentir simpatía por la Revolución Francesa y, al mismo tiempo, estar al servicio de la Corona como secretario del Consulado de Buenos Aires, cargo que ocupó desde 1794. Como muchos otros, consideraba que la acción de la monarquía ilustrada era un medio adecuado para llevar adelante las transformaciones que, a su juicio, el mundo colonial requería. Esta confianza flaqueó cuando Belgrano conoció a los comerciantes que integraban el Consulado,

«…para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquiera cosa que chocara con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo».

Así, desde su trabajo en el Consulado, Belgrano experimentó los límites de la acción reformista de la Corona y fue desarrollando una visión crítica del vínculo colonial. La crisis de la monarquía española -sobre todo, desde 1808- reveló a los economistas ilustrados del Río de la Plata que la Corona había dejado de ser un factor político central con el que podían contar en sus proyectos de transformaciones. Esta diferente apreciación se manifestó, principalmente, en el terreno del pensamiento económico, a través de una defensa más fervorosa de! liberalismo, como lo demuestra la Representación de los hacendados, redactada por Mariano Moreno en 1809.

El Gaucho en el Virreinato del Rio de la Plata Los Gauderios

El Gaucho en el Virreinato del Rio de la Plata

LA CAMPAÑA RIOPLATENSE EN LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS
DE DOMINIO COLONIAL ESPAÑOL

La explotación del ganado vacuno, según un sacerdote jesuita: «las vaquerías»
(Carta del padre Cayetano Cattáneo, 1730)

gaucho

El sistema de que se valen, para hacer en brevísimo tiempo tantos estragos, es el siguiente: se dirigen en una tropa a caballo hacia los lugares en que saben se encuentran muchas bestias, y llegados a la campaña completamente cubierta, se dividen y comienzan a correr en medio de ellas, armados de un instrumento, que consiste en un fierro cortante de forma de media luna, puesto a la punta de un asta, con el cual dan al toro un golpe en la pierna de atrás, con tal destreza que le cortan el nervio sobre la juntura; la pierna se encoge al instante, hasta que después de haber cojeado unos pasos, cae la bestia sin poder enderezarse más; entonces siguen a toda carrera del caballo, hiriendo otro toro o vaca, que, apenas reciben el golpe, se imposibilitan para huir.

De este modo. dieciocho o veinte hombres solos postran en una hora siete u ochocientos. Imaginaos qué destrozo harán prosiguiendo esta operación un mes entero, y a veces más. Cuando están saciados, se desmontan del caballo, reposan y se restauran un poco. Entretanto, se ponen a la obra los que han estado descansando, y enderezando los animales derribados se arrojan sobre ellos a mansalva, degollándolos, sacan la piel, el sebo, o la lengua, abandonando el resto para servir de presa a los cuervos …

ALGO MAS…
En el libro de Sergio Valenzuela, Enigmas de la Historia Argentina, explica sobre el gaucho:

El término «gaucho» se comienza a usar en Salta en 1814, y uno de los primeros que lo utiliza es San Martín. En los oficios que intercambian Saravia y San Martín, acerca de la resistencia del «paisanaje» a las fuerzas realistas, estos actores rurales aparecen mencionados como «gauchos», lo que sería una extensión al Norte de otros fenómenos de movilización en el campo, como el de la Banda Oriental con Artigas. 

En este sentido, gaucho no es todo el paisanaje, sino el paisanaje movilizado. El término va a ir imponiéndose para la denominación de estos hombres movilizados que proceden del mundo rural. ¿Quiénes son?

Entre ellos hay pequeños propietarios, peones, arrendadores, que en el caso del Valle de Lerma, en Jujuy, dejan de pagar sus arriendos, dejan de prestar los servicios que deben al patrón desde el momento en que se movilizan. El servicio que están prestando en la milicia se compensa con no tener que hacer estos pagos que tradicionalmente debían cumplir para acceder a la tierra.

Un grupo de historiadores del pasado agrario (Gelman, Garavaglia, Mayo) se sumergió en los documentos y encontró que la imagen más difundida en la campaña no fue la dicotomía entre el estanciero grande y el gaucho libre y sometido. En la zona pampeana predominaron las familias de pequeños y medianos productores, campesinos que producían a baja escala algo de trigo, tenían algunas vacas, ovejas y muías.

Así, se animaron a aseverar que la idea del gaucho tiene mucho de mito. El gaucho simpático, malo según Sarmiento, bueno según José Hernández, a quien la naturaleza le daba lo necesario para vivir, montado en su caballo, facón en la cintura, sin vivienda estable y que pasaba horas en la pulpería habría representado, a lo sumo, a una pequeña porción de los habitantes de la pampa.

El varón solo, nómade, que visitaba a la china y se rehusaba a trabajar sería, ajuicio de estos investigadores, un ser marginal y no el promedio de los habitantes de nuestros interminables campos. Este tipo de personaje «era más bien un desocupado y no un espíritu libre e indómito», según Gelman.

Este imaginario alrededor del gaucho habría sido funcional a algunos sectores dominantes del mundo rural. Las estancias se expanden y presionan al estado para tener más mano de obra disponible. La manera de hacerlo es criminalizar al trabajador rural pobre, generando la imagen de una población de «vagos y malentretenidos». La consecuencia fue la decisión estatal de promover la papeleta de conchabo, que significaba la obligatoriedad de trabajar, a riesgo de quedar fuera de la ley.

Imagen del gaucho (gauderios) en el virreinato Caracteristicas

Imagen del Gaucho (gauderios) en el Virreinato Sus Características

gaucho en el virreinato

LA CAMPAÑA RIOPLATENSE EN LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS
DE DOMINIO COLONIAL ESPAÑOL

Los gauchos o gauderios al comenzar la década de 1770, según un viajero americano

(Fragmentos de Alonso Caria de la Bandera -Concolocorvo-: «El lazarillo de ciegos caminantes desde Buenos Aires hasta Lima», Buenos Aires, Solar, 1942).

Gauderios Estos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido, procuran encubrir con uno o dos ponchos, de que hacen cama con los sudaderos del caballo, sirviéndoles de almohada la silla.

Se hacen de una guitarrita. que aprenden a tocar muy mal y a cantar desentonadamente varias coplas, que estropean, y muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semi-bárbaros colonos. comen a su costa y pasan las semanas enteras tendidos sobre un cuero, cantando y tocando. Si pierden el caballo o se lo roban, les dan otro o lo toman de la campaña enlazándolo con un cabestro muy largo que llaman rosario.

También cargan otro, con dos bolas en los extremos, del tamaño de las regulares con que se juega a 105 trucos, que muchas veces son de piedra que forran de cuero, para que el caballo se enrede en ellas, como asimismo en otras que llaman ramales, porque se componen de tres bolas, con que muchas veces lastiman los caballos, que no quedan de servicio, estimando este servicio en nada, así ellos como los dueños.

Muchas veces se juntan de éstos cuatro o cinco, y a veces más, con pretexto de ir al campo a divertirse, no llevando más prevención para su mantenimiento que el lazo, las bolas y un cuchillo.

Se convienen un día para comer la picana de una vaca o novillo: le enlazan, derriban y bien trincado de pies y manos le sacan, casi vivo, toda la rabadilla con su cuero, y haciéndole unas picaduras por el lado de la carne, la asan mal, y medio cruda se la comen, sin más aderezo que un poco de sal, si la llevan por contingencia. Otras veces matan sólo una vaca o novillo por comer el matambre, que es la carne que tiene la res entre las costillas y el pellejo.

Otras veces matan solamente por comer una lengua, que asan en el rescoldo. Otras se les antojan caracuces, que son los huesos que tienen tuétano, que revuelven con un palito, y se alimentan de aquella admirable sustancia: pero lo más prodigioso es verlos matar una vaca, sacarle el mondongo y todo el sebo que juntan en el vientre, y con sólo una brasa de fuego o un trozo de estiércol seco de las vacas, prenden fuego a aquel sebo, y luego que empieza a arder y comunicarse a la carne gorda y huesos, forma una extraordinaria iluminación (…)

Pasajes de la Historia Argentina segun sus Protagonistas

Pasajes de la  Historia Argentina Según sus Protagonistas

LA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES SEGÚN UN SOLDADO ALEMÁN
A LAS ÓRDENES DE PEDRO DE MENDOZA

(Fragmentos de Ulrico Schmidel, Viaje al Río de la Plata, 1534-1554. Edición con notas de Bartolomé Mitre, Buenos Aires, Cabaut y Cia Editories, 1903).

CAPÍTULO IX Se fortifica Buenos Aires y se padece hambre y cuando volvimos al real se repartió la gente en soldados y trabajadores, así que no quedase uno sin qué hacer. Y se levantó allí una ciudad con un muro de tierra como de media lanza de alto a la vuelta, y adentro de ella una casa fuerte para nuestro general; el muro de la ciudad tenía de ancho unos 3 pies: mas lo que un día se levantaba se nos venía abajo al otro; a esto la gente no tenía qué comer, se moría de hambre, y la miseria era grande; por fin llegó a tal grado que ya ni los caballos servían, ni alcanzaban a prestar servicio alguno.

Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas, ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comemos los zapatos y cueros todos.

y aconteció que tres españoles se robaron un rocín y se lo comieron sin ser sentidos: mas cuando se llegó a saber los mandaron prender e hicieron declarar con tormento; y luego que confesaron el delito los condenaron a muerte en horca, y los ajusticiaron a los tres.

Esa misma noche otros españoles se arrimaron a los tres colgados en las horcas y les cortaron los muslos y otros pedazos de carne y cargaron con ellos a sus casas para satisfacer el hambre. También un español se comió al hermano que había muerto en la ciudad de Bonos Ayers.

ALGO MAS SOBRE LA VIDA…

«El temor de los tigres de la tierra impedía alejarse a los más aventureros. Estos animales habían atacado ya a varios hombres. Comenzaron a aparecer los primeros indios de la zona y ofrecieron a los hambrientos españoles lo poco que tenían: pescado y algunos animales. Durante catorce días los indios querandíes dieron su mísero alimento a los españoles; después se cansaron y se alejaron del poblado.

Mendoza ordenó entonces a Juan Pavón de Badajoz y dos soldados a caballo fuesen a buscar a los salvajes y les exigieran traer alimentos. Los indios atacaron a los enviados y a la semana salieron del Riachuelo, donde se habían emboscado, y mataron a diez españoles.

Desde entonces no hubo paz. Hambrientos y siempre esperando la Santiago, pasaron otros veinte días en medio de la inseguridad y el miedo. Gonzalo de Acosta, que había estado con Caboto en 1527, hizo una salida con veinte hombres y anduvo por el Delta, donde los guaraníes los recibieron a flechazos. Mendoza envió entonces a Gonzalo de Acosta y Gonzalo de Mendoza a Brasil, en la nao Santa Catalina, el 3 de marzo de 1536, al mes de llegar a estas tierras. Otra expedición al Delta, de 200 hombres y siete botes, tampoco dio resultados.

El hambre comenzó a ser intolerable: solamente comían pedazos de galleta podrida, Morían de inanición dos o tres personas por día. Algunos escondían a sus amigos muertos en las chozas para recibir las míseras raciones de galleta que les correspondían a éstos. El 15 de junio de 1536 Diego de Mendoza, con 300 hombres a pie y 30 a caballo, se encontró en la zona del Delta, cerca del río Lujan, con varios cientos de indios queran-díes (Combate de la Matanza o Corpus Christi).

Pusieron en fuga a los salvajes, pero quedaron en el campo el hermano de Mendoza, don Diego, Pedro de Benavides y otros conquistadores, en total 38 hombres de pelea. Cuando Pedro de Mendoza se enteró de la muerte de su hermano, su sobrino y sus mejores capitanes se amargó tanto «que estuvo a punto de morir».

Ley de Punto Final Criticas Indulto a los Militares Alfonsin

Ley de Punto Final Críticas
Indulto a los Militares – Alfonsín

El 31 de diciembre de 1986, el Congreso aprobó una iniciativa del gobierno, conocida como «Ley de Punto Final», que fijaba una fecha tope para iniciar causas relacionadas con la represión ilegal. No obstante, y contrariamente a lo que se proponía el gobierno, la determinación de una fecha límite para procesar a los ejecutores del terrorismo de Estado provocó el aumento del número de denuncias en juzgados de todo el país; también se aceleraron las presentaciones de pruebas. Para impedir el objetivo de la ley, las Cámaras Federales de Rosario, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca, La Plata, Tucumán y Comodoro Rivadavia suspendieron la feria judicial del verano y se abocaron a tratar los nuevos casos. El resultado fue que, en poco tiempo, quedaron procesados más de 300 oficiales.

Críticas contra la inminente Ley de Punto final, según los organismos de derechos humanos (Comunicado conjunto de los organismos de derechos humanos, 3 de diciembre de 1986.)

(Se condena) la intención del gobierno de poner un Punto Final al esfuerzo de investigación de las gravísimas violaciones contra los derechos humanos cometidos por el terrorismo de Estado y al castigo penal de sus autores y responsables. ( … ) La recuperación del orden constitucional no se limita a un cambio formal de gobierno.

Significa que los valores a defender sean aquellos que se vulneran sistemáticamente en el pasado. Hay que llenar de contenido las instituciones democráticas poniéndolas al servicio de la justicia, de la libertad y de la solidaridad. ( … )

La dictadura militar eligió la clandestinidad como método y en ese marco se cometieron los más atroces crímenes, secuestros, prisión en condiciones inhumanas, tormentos, asesinatos, robos de niños, apropiación de bienes de las víctimas.

Tal método fue posible por contar con la fuerza de las armas, con lo que se subvirtió el orden constitucional y ejerció el terror sobre la población.

El propósito fue lograr la impunidad para los responsables y autores directos de esos delitos, ( … ) La sanción de una norma que trabe la actuación de los jueces premia la inoperancia cómplice del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, a los tribunales que no actuaron con decisión a quienes siguen ocultando los aberrantes crímenes que cometieron y el destino de sus víctimas. ( … )

Si prosperase esta propuesta de Punto Final, contraria de los más elementales principios éticos, se estaría estableciendo la peor injusticia: los crímenes quedan impunes cuando los poderes constitucionales -desoyendo la voluntad del pueblo- ceden ante la presión de sus ejecutores, cómplices o encubridores.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Los problemas irresueltos en el terreno militar y en el económico estallaron en 1987. En el caso de los militares, el juzgamiento de los responsables de la represión clandestina seguía siendo un conflicto abierto.

Los oficiales citados por la Justicia se resistían a acatar las citaciones y el gobierno no conseguía obligarlos a hacerlo. Para limitar el plazo de las citaciones judiciales, el gobierno dictó la ley llamada de «punto final», que establecía un plazo para las denuncias. Pero, la avalancha de citaciones que siguió a la sanción de esa ley complico aún más las cosas.

En abril de 1987, durante los días feriados de Semana Santa, se produjo un importante alzamiento militar, cuyos líderes y participantes –conocidos a partir de entonces como «carapintadas»– eran oficiales de rango medio, de ideología ultranacionalista.

Este grupo, liderado por el teniente coronel Aldo Rico y el coronel Mohamed Alí Seineldín (imagen) , reivindicaba al «ejército real» -los cuadros medios-, frente a la conducción oficiar del arma. Frente a este alzamiento, el gobierno no consiguió respaldo dentro de las Fuerzas Armadas: ninguna unidad militar estuvo dispuesta a reprimir el levantamiento de los «carapintadas».

El gobierno contaba con apoyo popular, pero carecía de medios militares. Aunque Alfonsín consiguió controlar temporariamente el conflicto militar, la tensión prosiguió.

El gobierno optó por sancionar la ley llamada de «obediencia debida», que exculpaba a parte de los militares que habían participado en la represión sobre la base del argumento que cumplían órdenes superiores.

Sin embargo, esta ley, que ponía en evidencia la debilidad del gobierno frente a la presión militar, no solucionó los conflictos con los militares.

En 1988 se produjeron dos nuevos levantamientos de los «carapintadas», que si bien fueron conjurados, mostraron la persistencia del enfrentamiento.Ante las numerosas citaciones para declarar ante la justicia, el 17 de abril de 1987 estalló una sublevación militar en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo, liderada por el teniente coronel Aldo Rico.

Los sublevados de la rebelión de Semana Santa —que fueron llamados «los carapintadas»— expresaron el descontento de muchos oficiales por el avance del poder civil sobre los militares y reclamaron una solución política para las causas penales que los involucraban.

Una masiva movilización popular en la Plaza de Mayo repudió el alzamiento carapintada y acompañó al gobierno mientras duró la rebelión. El domingo de Pascuas al mediodía, luego de reunirse con el jefe sublevado, Alfonsín afirmó frente a la inmensa multitud «la casa está en orden». Aunque Rico y otros jefes militares fueron encarcelados, muchos sectores de la sociedad interpretaron esta actitud como la primera claudicación del poder civil ante los militares.

El 19 de abril, el gobierno y los representantes de los principales partidos políticos suscribieron un «Acta de Compromiso Democrático», en la que se establecieron distintos niveles de responsabilidad durante la represión ilegal —entre quienes habían dado las órdenes y los subordinados que las habían cumplido.

Unos días después, el 13 de mayo, fue enviado al Congreso el proyecto de la «Ley de Obediencia Debida», que resultó aprobada en Diputados con el voto de los legisladores del radicalismo y los partidos provinciales de ideas conservadoras.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales e Historia EGB 9 Luchilo,Privitellio,Paz,Qués.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tena publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo del periodista Juan Salinas

La cuarta rebelión de militares carapintadas estalló el 3 de diciembre y como en la tercera, su jefe fue el coronel Mohamed Alí Seineldín. La conjura estaba en conocimiento del Gobierno a través de dos miembros del estado mayor rebelde. El presidente Carlos Menem ordenó que se la reprimiera sin negociar.

Por primera vez en casi tres décadas hubo muertos en un enfrentamiento entre facciones militares: los rebeldes intentaron ocupar el Regimiento de Patricios, ocasión en que mataron a un teniente coronel y a un mayor; también ocuparon la planta baja del edificio Libertador, sede del Ejército, hasta que el suboficial que los dirigía fue abatido por un francotirador leal.

Un coronel que no había participado de las sublevaciones anteriores ni estaba acusado de crímenes de lesa humanidad, pero dirigía la fábrica de tanques cuya desmantelación se había anunciado, se suicidó luego de que sus torpes subordinados chocaran un blindado contra un colectivo, matando a varios pasajeros.

El jefe de las dos primeras rebeliones carapintadas, el teniente coronel (R) Aldo Rico, se solidarizó con los rebeldes por la mañana, pero hacia el mediodía se desesperaba por poner distancia. Seineldín, con el apoyo de la propia esposa del Presidente, Zulema Yoma, le exigía a Menem que cumpliera sus promesas electorales de tinte nacionalista.

La prensa la llamó la «rebelión se los suboficiales» por la enorme cantidad sublevada, más de veinte por cada oficial. Los zumbos estaban indignados por la licuación de sus magros salarios, el desguace de la industria nacional (en particular de Fabricaciones Militares), el endeudamiento externo, la sumisión a EE.UU. y la participación en el bloqueo de Iraq durante la Guerra del Golfo.

A diferencia de las anteriores rebeliones, ésta no puso el eje sobre la impunidad de los militares que torturaron y asesinaron durante la última dictadura. Tampoco tuvo su baluarte en la infantería, sino en los suboficiales de caballería y artillería.

El regimiento de infantería de La Tablada, que se suponía un baluarte carapintada, encabezó la represión. En menos de veinte horas, los carapintadas fueron aplastados. Por la noche, Menem dijo que refrendaría el fusilamiento de Seineldín y demás cabecillas si tal como esperaba los tribunales militares los condenaban a la pena capital. Pronto concedería un gracioso indulto a Videla, Massera y demás jerarcas de la dictadura, lo que haría evidencia la incongruencia de imponerles semejante castigo. Pero los suboficiales sublevados fueron despojados de todo y expulsados del Ejército.

Fuente: El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo del periodista Juan Salinas

Responsabilidades por los crímenes durante la dictadura militar

Las responsabilidades por los crímenes cometidos durante la
dictadura militar,  según el gobierno nacional

(Instrucciones al Fiscal General del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas,
abril de 1986, en Carlos Acuña y Catalina Smulovitz, Militares en lo transición argentina del gobierno a la subordinación constitucional)

madre de mayo

1) Los subordinados serán responsables penales sólo cuando hayan ejercido capacidad decisoria, hayan conocido la ilicitud de las órdenes o hayan ejecutado hechos atroces o aberrantes;

2) se deberá entender que el subordinado ejerció capacidad decisoria sólo en aquellos casos en que se apartó de las órdenes impartidas;

3) se deberá considerar que los subordinados actuaron con «error insalvable» sobre la legitimidad de la orden, salvo en aquellos casos en que la acción cumplida no fuera consecuencia de órdenes recibidas;

4) los subordinados son responsables de la ejecución de delitos aberrantes sólo cuando la conducta de los mismos configure un exceso en el cumplimiento de las órdenes recibidas.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Uno de los primeros actos del gobierno de Alfonsín fue la constitución de una comisión para investigar los crímenes de la dictadura.

En 1984 comenzó la tarea de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que tenía como objetivo reunir antecedentes y pruebas referidas a la represión ilegal y al terrorismo de Estado.

Después de nueve meses de trabajo, bajo la dirección de Ernesto Sábato, la CONADEP entregó su informe, publicado más tarde con el título de Nunca Más, que probó casi 9.000 casos de desaparición forzada de personas.

A principios de 1985, comenzó el juicio a las Juntas Militares, un acontecimiento de enorme importancia para la historia argentina. Ante la decisión de la Justicia militar de sostener que las acciones de la dictadura no merecían sanción, el gobierno radicó las causas en la Justicia civil.

La condena a los ex comandantes se conoció a fines de ese año, luego de un juicio público, y consistió en cadena perpetua para los principales responsables. Por otra parte, fueron juzgadas direcciones de las organizaciones guerrilleras Montoneras y Ejército Revolucionario del Pueblo.

Después de la condena a los ex comandantes, la justicia indagando casos específicos de violaciones a los Derechos Humanos, en los cuales los acusados eran oficiales y no las conducciones de las fuerzas. Esta situación reforzó el sentimiento de unidad de los militares que debían concurrir a los tribunales y contribuyó a la instalación de un clima de resistencia a esta medida en las Fuerzas Armadas.

El gobierno buscó aquietar el frente militar restringiendo las intervenciones judiciales e impulsando, a fines de 1986, la sanción del Congreso de la llamada Ley de Punto Final, que ponía un plazo de sesenta días a las citaciones a oficiales a los tribunales. La decisión suscitó oposición en el propio radicalismo, enturbió las relaciones del gobierno con los organismos de Derechos Humanos y provocó un efecto no deseado el aumento de la presentación de casos en los tribunales antes del vencimiento del plazo.

Fuente Consultada:
Historia de la Argentina Contemporánea  Polimodal – Privileto ,Luchilo, Cattaruzza, Paz y Rodríguez.

Los Derechos Humanos CONADEP Ernesto Sabato Juicios a Militares

Los Derechos Humanos
CONADEP y Ernesto Sábato

La Conadep: En diciembre de 1983, Alfonsín ordenó la creación de una Comisión Nacional para la Desaparición de Personas —la Conadep— cuya misión era investigar qué había sucedido con las personas detenidas durante la dictadura militar y que continuaban desaparecidas.

Gracias a los testimonios de miles de personas, víctimas sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas y testigos ocasionales, la Conadep pudo reconstruir el pedazo de historia que los dictadores pretendieron borrar de la memoria de los argentinos.

En su informe final, titulado Nunca más, la Conadep reunió un conjunto de testimonios probatorios de que la represión había obedecido a un plan sistemático, es decir, que no se trataba de «errores» ni de «excesos».

Estos testimonios, además, fueron utilizados como pruebas que permitieron juzgar, inculpar y condenar a prisión perpetua a los jefes militares que ordenaron y ejecutaron las acciones represivas.

conadep alfonsin y sabato

DERECHOS HUMANOS Y CUESTIÓN MILITAR: 1983-1986
La represión durante la última dictadura militar, según la CONADEP
 (Fragmentos del Prólogo al Nunca Más, por Ernesto Sábato, septiembre de 1984)

Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares.

Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al general Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.( … )

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacemos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana.

Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Siendo Perón presidente del país, los mayores problemas que tuvo que afrontar, no fueron ni con los obreros, ni con los empresario, sino que tuvo que contener un interna feroz, entre los jóvenes peronistas de inclinación socialista y los tradicionales sectores del sindicalismo.

Perón decidió apoyar a los dirigentes sindicales y políticos tradicionales y desplazar a los representantes de la izquierda peronista de las posiciones que habían conseguido con la elección de Cámpora.

Los gobernadores cercanos a la izquierda peronista fueron desplazados de sus cargos y la respuesta de la izquierda peronista no se hizo esperar. El 25 de septiembre de 1973, apenas dos días después de la elección triunfa] de Perón. Los Montoneros no negaron el asesinato de José Ignacio Rucci secretario general de la CGT y baluarte de Perón en el sindicalismo. A partir de entonces, la violencia política se intensificó.

En noviembre, hizo su aparición la Triple A -Alianza Anticomunista Argentina-, una agrupación armada ligada a López Rega, que, en ese momento, era el ministro de Bienestar Social. Al mismo tiempo, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización de orígenes trotskistas, enfocó sus ataques hacia objetivos militares -como el copamiento del Cornado de Sanidad o el ataque al regimiento de Azul-.

La ruptura definitiva entre Perón y la izquierda peronista tuvo lugar en el acto del 1.° de mayo de 1974, en el que Perón calificó de «estúpidos» e «imberbes» a los jóvenes peronistas que lo hostigaban mientras dirigía su discurso desde el balcón de la Casa de Gobierno.

La Juventud Peronista. hegemonizada entonces por Montoneros, se retiró de la Plaza de Mayo. Perón murió el 1.° de julio de ese mismo año y asumió la presidencia su esposa. Con ella alcanzó el apogeo de su influencia José López Rega.

El peronismo que había triunfado en las elecciones de 1973 era un mosaico de grupos y tendencias con diferencias irreconciliables entre sí. Estas diferencias se contenían porque todas las tendencias aceptaban el liderazgo de Perón.

Después de la muerte de Perón, la violencia política adquirió dimensiones inéditas. La complicidad de sectores del gobierno facilitó el accionar criminal de la Triple A, mientras que Montoneros y el ERP intensificaban sus atentados, con la idea de que la agudización de los conflictos iba a conducir a la caída del gobierno de Isabel Perón. Ambas organizaciones pensaban que bajo un gobierno militar iban a gozar del apoyo popular como vanguardia en la lucha contra una dictadura.

La secretaria de prevision y trabajo Mejoramiento laboral del Obrero

La labor de la Secretaría de Trabajo y Previsión, según su titular y candidato a presidente
(Discurso pronunciado por Juan Domingo Perón en el acto de proclamación de su candidatura presidencial, 12 de febrero de 1946).

Desde que a mi iniciativa se creó la Secretaria de Trabajo y Previsión, no he estado preocupado por otra cosa que por mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la población asalariada.

Para ello era menester el instrumento de actuación y la Secretaria de Trabajo y Previsión resultó un vehículo insuperable a los fines perseguidos. La medida de la eficacia de la Secretaría de Trabajo y Previsión nos la da tanto la adhesión obrera como el odio patronal.

Si el organismo hubiese resultado inocuo, les tendría sin cuidado y hasta es posible que muchos insospechados fervores democrático; tuvieran un tono más bajo. ( … ) Si el milagro de la transformación se ha producido, ha sido sencillamente porque la Secretaría de Trabajo ha dejado de representar un coto cerrado sólo disfrutable por la plutocracia y por la burguesía.

Se acabaron las negativas de los patronos a concurrir a los trámites conciliatorios promovidos por los obreros ( … ).

ALGO MAS… Perón no se limitó a formar parte del programa del gobierno, sino que fue ocupando cargos que le permitieron convertirse en la figura principal del gobierno militar. En un primer momento fue nombrado director del Departamento Nacional del Trabajo. Más tarde, se convirtió en secretario de Trabajo y Previsión.

En febrero de 1944. sumó el cargo de ministro de Guerra y en julio, llegó a la vicepresidencia. Su presencia en el Ministerio de Guerra le permitió consolidar su ascendiente dentro del Ejército, mientras que su trabajo desde la Secretaría de Trabajo y Previsión lo vinculó estrechamente con los trabajadores y sus organizaciones.

La política laboral y social del gobierno militar constituyó una transformación profunda en la historia de la relación entre el Estado y los trabajadores.

Entre las medidas adoptadas en esta área, se destacan el establecimiento de salarios mínimos para los trabajadores, la introducción del aguinaldo, la sanción del Estatuto del Peón, la creación de tribunales laborales, la firma de nuevos convenios colectivos, la extensión de las vacaciones pagas y la sanción de una Ley de Asociaciones Profesionales.

La transformación de la relación entre el Estado y los trabajadores se planteó también en otro aspecto. Perón procuró montar un sistema de organizaciones sindicales adictas a su conducción. Por su parte, las organizaciones sindicales se enfrentaban con la siguiente cuestión: cómo conciliar el mantenimiento de la autonomía sindical con el reconocimiento de los beneficios sociales otorgados por el gobierno.

Ante los empresarios, Perón presentaba su política social y laboral como un medio para evitar males mayores. En 1944 señalaba:
«No que quiero es organizar estatalmente a los trabajadores, para que el Estado los dirija y les marque rumbos y de esa manera neutralizar en su seno las corrientes ideológicas y revolucionarias que puedan poner en peligro nuestra sociedad capitalista en la posguerra.»

Los argumentos de Perón sobre el peligro comunista convencían a los militares. Pero los empresarios no los compartían, fuera porque no creían en la inminencia de ese peligro o porque las concesiones de Perón, más que contenerlo, parecían estimularlo. El historiador Alain Rouquié compara la acción de Perón entre 1943 y 1946 con la de un «bombero pirómano», que se ofrece a apagar un incendio que él mismo contribuye a iniciar.

Biografía de Juan Bautista Alberdi Periodista y Político Argentino

Biografía de Juan Bautista Alberdi
Periodista y Político Argentino

Publicista, diplomático, periodista y jurisconsulto. Nació en la ciudad de Tucumán el 29 de agosto de 1810, siendo sus padres don Salvador Alberdi, natural de Guipúzcoa, comerciante, declarado ciudadano argentino por el gobierno revolucionario de 1810, y de doña Josefa Aráoz perteneciente a la familia tucumana de este apellido, que reconoce por fundador a don Bartolomé Aráoz, conquistador del tiempo de Felipe II, que llegó a Tucumán durante el gobierno de don Francisco de Urizar y Arespacochaga.

La inquietud de su espíritu y su preclaro talento, condujeron a este hombre eminente a actuar en los diversos ramos de la ciencia, de la literatura, del periodismo y hasta de la música, de la cual fue notable intérprete.

A los 12 años quedó huérfano, trasladándose a Buenos Aires en 1825, para cursar sus estudios en el Colegio de «Ciencias Morales» del cual fue rector don Miguel Belgrano.

Abandonó en breve sus estudios, dedicándose por algún tiempo al comercio. A Miguel Cané lo unía estrecha amistad en aquella época, estando éste también llamado a distinguirse en el porvenir; y quizás esta amistad impulsó a Alberdi a proseguir sus estudios que pudo continuar merced al apoyo de Florencio Varela.

Juan Baustista Alberdi

Nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Su padre, admirador de Jean Rousseau, colabora con la independencia americana, razón por la que el Congreso de Tucumán le concedió la ciudadanía argentina.
Huérfano a los diez años, viaja a Buenos Aires, ingresa en el Colegio de Ciencias Morales. En 1830 estudia en la facultad de Derecho y se recibe de bachiller de derecho en Córdoba. De regreso a Buenos Aires se relaciona con el Salón Literario de Marcos Sastre y con Juan M. Gutiérrez, Echeverría, Cané y Vicente F. López, con quienes integra la «Generación del ’37» y la Asociación de Mayo.

Recuperó su beca y continuó sus estudios hasta 1830, año en que fue clausurado el Colegio de «Ciencias Morales» por orden gubernativa (Septiembre). Alberdi, siempre ayudado por la familia de Cané, pudo ingresar entonces a la Universidad, en la que siguió el curso de derecho.

En 1831 efectuó un viaje de recreo a la Provincia de Tucumán y en tal oportunidad obtuvo del Gobernador Heredia, tirano «culto y bonachón», según Alberdi, la libertad de algunos presos políticos. Fue en este viaje que tomó apuntes para la «Memoria Descriptiva de Tucumán».

Sorteando sus estudios jurídicos con otros de carácter general, el 18 de noviembre de 1837 fundó y redactó «La Moda» y el «Boletín Musical», publicando numerosos artículos sobre música, por la cual sentía la pasión de un verdadero artista, siendo su maestro Cambeses.

De esta época datan sus trabajos: «Fragmento preliminar del estudio de derecho», «Contestación al voto de América», «El espíritu de la Música» (1832), que es un hermoso tratado sobre estética musical, en concordancia, por supuesto, a la época en que fue escrito.

También compuso un «Ensayo sobre un método para aprender a tocar el piano con la «mayor facilidad», publicado el mismo año 1832. Este trabajo lo dedicó a su maestro de ideología, el Dr. D. Diego de Alcorta. De la misma época datan sus «Cartas sobre la música» y otros trabajos periodísticos.

Iniciado por Esteban Echeverría en el pensamiento de la «Asociación de Mayo», fue uno de sus más activos colaboradores en la organización de la Institución, que tuvo efecto en 1837 y en la cual obra intervinieron Florencio Várela, Gutiérrez, Cané, López y algunos otros personajes de positivo valer intelectual en los pueblos del Plata. Formó parte del «Salón Literario», obra del célebre Marcos Sastre.

Al comienzo del gobierno de Rosas, Alberdi manifestó opiniones concordantes con el sistema del Dictador, las que fueron reciamente combatidas por D. Andrés Lamas en una publicación titulada «Impugnación a la obra del señor Alberdi», tales opiniones revelan la buena fe de Alberdi en sus posteriores ataques a Rosas y a su política, cuando se delinearon claramente los rasgos morales del Tirano, que combatió tenazmente el eminente tucumano en su sátira ingeniosa «El Gigante Amapolas», y en todas las ocasiones propicias que se le presentaron.

Esta divergencia de ideas indujo a Alberdi a emigrar a Montevideo en el año 1838, prefiriendo no graduarse de abogado en Buenos Aires antes que prestar juramento a la Federación.

En Montevideo se doctoró en derecho y además del ejercicio de sus tareas jurídicas con Rivera Indarte, Andrés Lamas, Bartolomé Mitre y otros amigos del sistema federal, fundó y redactó varios periódicos, entre los cuales «El iniciador», «El Grito Argentino», y «El Nacional», este último fundado por Vélez Sarsfield; y, finalmente, «La revista del Plata».

Secretario del General Lavalle en 1840, desaprobó el plan de campaña libertadora que este Jefe inició por el Norte, dirigiéndole con tal motivo sus «consideraciones acerca de las ventajas de un golpe sobre la Capital», publicadas posteriormente por el doctor Ángel Justiniano Carranza y ante la persistencia del general Lavalle en la ejecución de su plan, Alberdi resignó su cargo de Secretario pero sin abandonar su propaganda unitaria. Colaboró en «El Corsario», «El Talismán», etc. En 1843, ante el avance del Ejército de Oribe sobre Montevideo, después de obtener sobre Rivera el triunfo en el Arroyo Grande, Alberdi se trasladó a Europa, donde acrecentó sus conocimientos jurídicos, acompañándolo Juan María Gutiérrez.

A su regreso al año siguiente, tocó en el Brasil, dirigiéndose después a Chile, donde se radicó, matriculándose en el foro de aquel país. Por varios años ejerció con gran crédito su profesión de abogado publicando muchos trabajos que consagraron su reputación, entre estos, su «Memoria sobre la conveniencia y objeto de un congreso general americano», obra de importancia trascendental por sus futuras proyecciones. Publicó también allí sus «Defensas», el «Tratado sobre ejecuciones y quiebras en Chile», y «La Magistratura y sus atribuciones en Chile», obras estas últimas de carácter jurídico exclusivamente.

La publicación de su «Memoria» produjo una animadísima polémica con Sarmiento, que atacó acerbamente, discusión que fue interesantísima por ambas partes para la dilucidación del tema, mereciendo ambos contrincantes cálidos aplausos, aunque Alberdi se reveló superior a su contrario en preparación científica. En Valparaíso fundó el diario «El Comercio», escribiendo allí también numerosos trabajos de índole jurídica o literaria.

A la caída de Rosas en 1852, Alberdi publicó su reputado trabajo titulado: «Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina«, obra fundamental que bastaría para colocar a su autor en el primer rango de los escritores hispano-americanos. Esta obra la completó en los años siguientes con los «Elementos de derecho público provincial para la República Argentina», «Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina», «La integridad nacional de la República Argentina bajo todos sus gobiernos», «De la anarquía y sus dos causas principales», «Del gobierno y sus dos elementos necesarios en la República Argentina».

Habiendo renunciado al nombramiento de encargado de negocios de la Confederación Argentina en Chile que le fue ofrecido, en 1854 fue designado para ocupar igual representación ante las cortes de Inglaterra y Francia; y en 1855 elevado a la categoría de Ministro Plenipotenciario ante los mismos países y los de España e Italia, cargo que desempeñó durante el resto de la Presidencia del General Urquiza y toda la del doctor Santiago Derqui. El general Mitre, al ocupar la suprema magistratura del país, lo relevó de aquel cargo. Durante su actuación como Ministro realizó importantes convenios con las naciones ante las cuales representaba a su país.

Vuelto a la vida privada se estableció en París, donde continuó escribiendo volúmenes y dipúsculos de política general o actualidad y alegorías políticas, como «El Tobías o la cárcel a la vela» y otros folletos. Declarada la guerra con el Paraguay, se mostró contrario a la política de la triple alianza, declarándola de funesto ejemplo y de ningún provecho a la causa del progreso y cultura del pueblo y merecedor de la hostilidad de todos los gobiernos patriotas de la América del Sud; atacó a los hombres públicos de la Argentina, defendiendo al Presidente López.

Este extraño procedimiento le enagenó la simpatía de la mayoría de sus compatriotas y acusó una responsabilidad cívica que no está aún bien discernida. Con este motivo, renováronse las polémicas entre Alberdi y Sarmiento, pues este lo atacó duramente en «El Censor» del 12 de enero de 1866. Quizá con el propósito de sincerarse, Alberdi publicó un trabajo titulado: «Las dos guerras del Plata y su filiación de 1867».

Desde 1862 hasta 1880 no ocupó cargo público alguno, regresando en esta última fecha de Europa, siendo entonces elegido senador por la Provincia de Tucumán. Pero al surgir la resistencia de esta provincia contra la capitalización de Buenos Aires, se mantuvo en un medio indeciso.

Durante la revolución de ese año, permaneció en la ciudad sitiada con la mayoría de los legisladores que negaron su adhesión a la conducta del Gobierno Nacional. Vencidas las disidencias en Buenos Aires, escribió su obra: «La República Argentina consolidada en 1880, con la ciudad de Buenos Aires por Capital». Pasado el conflicto permaneció poco tiempo en su Patria, pues regresó a Europa, donde desempeñó el cargo de Comisario General de Inmigración hasta poco antes de su fallecimiento, el cual tuvo lugar en París el 19 de junio de 1884.

Después de su muerte el Congreso Argentino en la sesión del 19 de agosto de 1886, resolvió que sus obras postumas fueran publicadas a expensas de la Nación. Entre estas obras merecen citarse: «Estudios económicos», «Estudios sobre el Derecho Internacional»; «Del Gobierno, sus formas, sus fines y sus medios en Sud América»; «Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sud América»; «Notas sobre América» y «Apuntes Biográficos».

Sus restos fueron repatriados durante la Presidencia del Dr. Juérez Celman, en junio de 1889, decretándosele honores especiales a su memoria. Su personalidad tuvo el sello de una inteligencia poderosa, y después de su muerte, se ha reconocido sin discusión que Alberdi fue un talento admirable, aunque se haya discutido con mucha razón su patriotismo en algunas épocas, muy especialmente durante la guerra del Paraguay cuya actitud ha sido por demás extraña, como queda dicho .

Pero no obstante estos puntos oscuros en su luminosa carrera, hasta sus enemigos le han reconocido sus brillantes dotes intelectuales, sus patrióticos propósitos y su culto celoso por la libertad. En su actividad intelectual prodigiosa obtuvo lauros valiosos en su Patria y en el Extranjero: fue miembro del Instituto Histórico; de la Sociedad Geográfica y la Zoológica de Francia; de la de Economistas de París; de la Academia de Historia de Madrid; de la Real Academia Española; de la Sociedad Geográfica de Berlín.

Su producción intelectual ha sido fecundísima, revelándose Alberdi un coloso en este sentido, aunque sus obras, que han sido publicadas en 24 volúmenes, no hayan recibido un juicio crítico, severo e imparcial, que dé la nota definitiva de su verdadero valor literario y científico. Aparte de las numerosas producciones literarias que hemos ido señalando en el curso de esta biografía, registramos a continuación otras que produjo su incansable y fecunda pluma:

«La anarquía y sus causas» (1862); «Intereses, peligros y garantías de los estados del Pacífico en las regiones orientales de la América del Sud» (1866); «La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual»; «El crimen de la guerra»; «El Imperio del Brasil ante la democracia de América»; y otras muchas que constituyen una serie notable. Entre sus obras literarias merecen citarse: «Crónica dramática de la Revolución de Mayo» (en 4 partes, publicada en Montevideo, en 1839); «El Edén» (especie de poema escrito en el mar por Alberdi y puesto en verso por J. M. Gutiérrez, publicado en Valparaíso en 1851 ) ; «Veinte días en Genova» (Valparaíso, 1846), etc.

Alberdi, erudito, laborioso y estudioso como era y poseyendo una pequeña fortuna que le permitió llevar por un tiempo una vida desahogada, empleó su tiempo en escribir sobre las cosas y los hombres de su época, tocando puntos filosóficos, políticos, económicos y de actualidad. Murió proscripto y en la miseria, entre las cuatro paredes de un hospital. Combatido como nadie en vida, la posteridad le ha hecho plena justicia, proclamándole estadista insigne y luminar de los filósofos del derecho, en la América del Sud.

Fuente Consultada Biolografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial  «Metrópolis»

Documento Histórico: Movilizacion Obrera del 17 de Octubre de 1945

Documento Histórico: La Movilización Obrera el 17 de Octubre

El 17 de octubre de 1945, según un militante sindical platense
(Memorias publicadas en; relatos del peronismo.com.ar, pertenecientes a Rolando Hnatiuk.) 

«Yo vivía en diagonal 74 y 119 de la ciudad de La Plata, a media mañana me dirigí caminando desde mi casa hacia el centro de la ciudad, más precisamente hasta la Confitería Paris en la esquina de las calles 7 y 49, lugar habitual de encuentro de la época. Era un día muy caluroso. Nos habíamos puesto de acuerdo en reunimos con distintos compañeros, que anteriormente tuvimos participación en diferentes hechos.

dia de la lealtad peronista

Estábamos esperando que ocurriera algo de importancia, porque todo el mundo sabía que habían detenido al coronel Perón, pero no se sabía bien qué estaba sucediendo. Los diarios decían que estaría en la isla Martín García, o que lo habían pasado al Hospital Militar. En ese momento se comentaban una cantidad de cosas, pero nada se sabía con precisión. Como dije, nos encontramos en calle 7 con varios compañeros. ( … ).

Esperábamos a la manifestación que, sabíamos, había salido de Berisso. Estaban cortados los servicios de tranvías que llegaban desde Ensenada y Berisso ya que al llegar hasta la calle 60, eran detenidos por la gente que ahí se concentraba. La gente salió a la calle a pedir la libertad de Perón.

Fuimos hasta la Legislatura y ahí, en la vereda de la plaza San Martín, se produjo el primer acto, espontáneo, donde la gente hablaba a voz en cuello sin micrófono, ni palco, ni nada. Por la diagonal 79 venía una gran columna caminando desde Berisso. Cuando pasa la caravana por calle 7, recuerdo perfectamente a las obreras del frigorífico en sus delantales blancos con huellas de sangre de la faena, al igual que los obreros de YPF con sus mamelucos. Eran los trabajadores que habían dejado sus tareas para marchar al grito de «Perón, Perón».

Los obreros acompañaban la consigna, con palos y bastones golpeando el piso, haciendo retumbar el grito en toda la ciudad, logrando que el ambiente temblara como nunca se llegó a ver en manifestación alguna en La Plata. Nos pusimos con Mario Sbucio a la cabeza de esa manifestación, con un compañero gráfico que había venido de San Nicolás, Santiago Alaimo.

Avanzamos por calle 7 desde la Legislatura y pasamos por una serie de edificios, entre ellos, el que fue de la tienda La Época, que estaba en construcción. Desde los andamios los obreros nos hicieron gestos obscenos provocando a la gente que marchaba, los nuestros subieron por atrás, sin que se dieran cuenta y amenazando con tirarlos, los hicieron gritar »viva Perón».

Seguimos hasta calle 45 y entonces le digo a la caravana «ahí vive Alfredo Calcagno», que era el rector de la Universidad, y había insultado al pueblo y a Perón desde los balcones de edificio, amparado en las rejas que lo circundaban y nosotros, impotentes, tuvimos que aguantarlo infinidad de veces insultándonos. Perón estaba detenido desde el día 1° de octubre, en esos días que transcurrieron hasta el 17 los obreros volvimos a sentir el desprecio y los insultos provenientes de los diarios y los dirigentes de la Universidad.

El 17 la bronca acumulada explotó, los trabajadores sólo con Perón empezamos a ser tratados dignamente, antes de él y desde su detención volvimos a sufrir ese desprecio de las clases poderosas. Entonces la manifestación enfurecida, entró hasta el final de la casa, que es actualmente e Museo Azzarini, y se hicieron destrozos materiales.»

EL FENÓMENO PERONISTA

José Luís Romero explica en su libro el fenómeno peronista: «Las clases medías de Buenos Aires ignoraban que, en los últimos años y como resultado de las migraciones internas, se había constituido alrededor de la ciudad un con/unto social de caracteres muy diferentes a los del suburbio tradicional. La era del tango y del ‘compadrito’ había pasado.

Ahora poblaban los suburbios los nuevos obreros industriales, que provenían de las provincias del interior y que habían cambiado su miseria rural por los mejores jornales que le ofrecía la naciente industria. De 3.430.000 habitantes que tenía en 1936, el Gran Buenos Aires había pasado a 4.724.000 en 1947. Pero, sobre estos tota/es, mientras en 1936 había solamente un 12% de argentinos inmigrados del interior, este sector de población había pasado a constituir un 29% en 1947. Los partidos políticos ignoraron esta redistribución ecológica; pero Perón la percibió, descubrió la peculiaridad psicológica y social de esos grupos y halló el lenguaje necesario para comunicarse con ellos.

El resultado fue un nuevo agrupamiento político que contrapuso esas nuevas masas a los tradicionales partidos de clase media y de clase populares, que aparecieron confundidos en lo que empezó a llamarse la ‘oligarquía’.

El panorama político del país cambió, pues, desde el 17 de octubre. Hasta ese momento los partidos tradicionales habían estado convencidos de que el movimiento peronista era impopular y que la mayoría seguía aglutinándose alrededor del radicalismo; pero desde entonces comenzaron a convencerse del arraigo que la nueva política obrera había adquirido. La consecuencia fue la formación de la Unión Democrática, frente electoral en el que se unieron conservadores, radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas, para sostener, frente a la de Perón, la candidatura radical de José P. Tamborini. La campaña electoral fue agitada.

Perón logró atraer a ciertos sectores del radicalismo y del conservadorismo y fue a las elecciones en compañía de un radical, Hortensio. J. Quijano. Lo respaldaba desembozada-mente el aparato gubernamental y lo apoyaban fuertes sectores del ejército y de la Iglesia, así como también algunos grupos industriales que esperaban una fuerte protección del Estado para sus actividades.

Pero también lo apoyaba una masa popular muy numerosa cuya fisonomía, a causa de su novedad, no acertaban a descubrir los observadores. La formaban, en primer lugar, los nuevos sectores urbanos y, luego, las generaciones nuevas de las clases populares de todo el país, que habían crecido en el mas absoluto escepticismo político a causa de la permanente falsificación de la democracia que había caracterizado a la república conservadora.

Muy poco trabajo le costó a Perón, poseedor de una vigorosa elocuencia popular, convencer a esa masa de que todos los partidos políticos eran igualmente responsables de tal situación. El 24 de febrero de 1946, en elecciones formalmente inobjetables, la fórmula Perón-Quijano triunfó en casi todo el país».

La Revolucion Contra el Gobierno de Juarez Celman Antecedentes

La Revolución Contra el Gobierno de Juarez Celman
Nace la Unión Cívica Radical

La revolución de 1890, según las memorias de un futuro dirigente socialista
(Fragmentos de Nicolás Repetto, Mi paso por la política, Buenos Aires, Santiago Rueda Editor, 1956).

ESTALLA LA REVOLUCIÓN: El 26 de julio a la madrugada estalló la revolución. Frente al Parque de Artillería, ubicado en la manzana que ocupa actualmente el Palacio de Justicia, tomaron colocación unos 1500 hombres de fuerzas de artillería, infantería ingenieros, colegio militar y escuela de cabos y sargentos, Numerosos ciudadanos acudieron a secundar la acción de las tropas, los que una vez provistos de un fusil rémington y cartuchos fueron a ocupar las azoteas del Parque.

El mando de las tropas se hallaba a cargo del general Manuel J. Campos, y la junta revolucionaria estaba integrada por Leandro N, Alem, Aristóbulo del Valle, Mariano Demaría, Miguel Goyena y Juan José Romero, Como primer acto, esta junta lanzó un manifiesto. «Las instituciones libres, decía, han desaparecido de todas partes; no hay república, no hay sistema federal, no hay gobierno representativo, no hay administración, no hay moralidad. La vida política ha convertido en una industria lucrativa».

Juarez Celman

Y el manifiesto prometía en su parte final: «El período de la revolución será transitorio y breve; no durará sino el tiempo indispensable para que el país se organice constitucionalmente», (… ) Apenas instalada, la junta lanzó sus dos primeros y únicos decretos, ( … ) Por el primero de estos decretos se movilizaba la guardia nacional de la Capital, se ordenaba formar varios batallones con los ciudadanos que habían acudido al Parque y se nombraban sus jefes respectivos, Por el segundo decreto se nombraba jefe de la policía de Capital al ciudadano Hipólito Yrigoyen (…)

El 28 de julio por la mañana, el general Campos, Jefe militar de la revolución, dirigió una nota al presidente del gobierno revolucionario comunicándole que en nombre de una junta de jefes y comandantes de cuerpo, le hacía saber que se estaban terminando los tiros, pues sólo se disponía de unos cincuenta mil y en plaza no habrá sido posible adquirir partida alguna.

Comunicaba también el general Campos que había tenido 180 heridos y 23 muertos, recogiendo el enemigo 35 heridos y varios muertos. Esta comunicación sorprendió no poco a los miembros del gobierno revolucionario y les indujo a aceptar’ la mediación que ya hablan ofrecido Luis Sáenz Peña (padre de Roque), Benjamín Victorica, Francisco Madero y Emesto Tomquist para pactar la capitulación, la que se llevó a cabo inmediatamente y en condiciones muy generosas: todos libres y los militares reintegrados a sus puestos (…).

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Hacia 1890, comenzó a advertirse una crisis económica, circunstancia que promovió la formación de una oposición más intransigente. Al rápido deterioro económico se sumaron otras acusaciones al gobierno de Juárez Celman, que era inculpado de corrupción y de excederse en el gasto público.

Juárez Celman, que era a la vez presidente de la Nación y del PAN, concentraba en su persona un poder enorme. Sus opositores (aun dentro del PAN) llamaban a este gobierno «el Unicato», dado que había un único jefe del principal partido y del país. Sin embargo, las ambiciones políticas de Juárez Celman lo habían distanciado de Roca.

La oposición comenzó a organizarse en torno a una agrupación, la Unión Cívica que, en julio de 1890, encabezó una revolución para derrocar al gobierno. La revolución fracasó, pero obligó a renunciar al presidente Juárez Celman. El vicepresidente, Carlos Pellegrini, (1890-1892) asumió la presidencia.

La crisis política se solucionó nuevamente mediante un acuerdo entre los notables. Los líderes del PAN y de la Unión Cívica, Julio Roca y Bartolomé Mitre, respectivamente, pactaron en 1891 una salida electoral y convinieron en patrocinar a un candidato común. Una parte de la oposición no aceptó este acuerdo y se produjo una división: un sector, liderado por Leandro Alem, la Unión Cívica Radical, repudió el acuerdo y encabezó durante veinte años la oposición más intransigente a los conservadores.

La «causa» por la que la UCR manifestaba luchar era la adopción de prácticas electorales limpias y transparentes, que permitieran una mayor participación de los ciudadanos en la política.

Sólo a comienzos del siglo xx, durante la segunda presidencia de Roca (1898-1904) se aplicó una reforma electoral que permitió la elección de diputados opositores, inclusive un socialista, pero que fue desestimada poco después. Recién en 1912, el presidente Roque Sáenz Peña sancionaría una ley electoral para resolver este problema.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales e Historia EGB 9 Luchilo,Privitellio,Paz,Qués.

Gobierno de Juarez Celman Apoyo y Criticas de la Juventud

Críticas a una manifestación de apoyo al gobierno de Miguel Juárez Celman
por parte de un grupo de jóvenes
, según una difundida y resonante nota aparecida en el diario La Nación (Francisco Barroetaveña, «Tu quoque juventud«, en diario La Nación, 20 de agosto de 1889, La nota le valió a Barroetaveña el ser nombrado presidente del opositor Comité de la Juventud)

El paso político que va a dar la juventud juarista no es nuevo en nuestro país, ni tampoco honroso para el civismo argentino («,) ésta y aquella adhesión no significan otra cosa que la renuncia a la vida cívica activa de los jóvenes, para desaparecer absorbidos por una voluntad superior que los convierte en meros instrumentos del jefe del Poder Ejecutivo, («,) iY en qué momento la Juventud ofrece su adhesión incondicional al presidente! Precisamente cuando en la capital y en muchas provincias se realizan actos de cobardía cívica que nos avergüenzan ante propios y extraños ( ..)

Las finanzas de la Nación están entregadas a un ilusionista culpable que las llevan fatal y velozmente, por la pendiente del abismo; la moral administrativa de gran número de reparticiones públicas gime bajo el peso abrumador de terribles acusaciones […] la vida política del país totalmente suprimida (…)  En todas partes malestar, desgobierno y escándalos, que arruinarán al pueblo cuando estalle una crisis inevitable que todos la presienten.

ALGO MAS…

Desde 1886 presidía la República don Miguel Juárez Celman (1844-1909), un hombre de 39 años. De una tradicional familia cordobesa, era un hombre de maneras corteses, afable sin exageración, zumbón y agudo; parecía, empero, frívolo y despreocupado en ocasiones. Estaba casado con la hermosa Elisa Funes, hermana de Clara, la esposa del general Roca.

El doctor Juárez era irascible en las cosas pequeñas y, sin embargo, tolerante y comprensivo en general. Su casa de la calle 25 de Mayo, que existe aún, era una mansión de imponentes proporciones donde se reunían, noche a noche, centenares de personas; todas ellas ansiosas de mostrar acatamiento, cuando no adulación y servilismo, al primer mandatario. Muchos amigos personales, allegados políticos, senadores y diputados, algún diploma-tico, industriales y poderosos comerciantes.

El general Mansilla, con su apostura y su monóculo, llevaba a sus sobrinos a las reuniones en casa del presidente, y en una ocasión doña Elisa Funes le dijo al brillante causeur, con fuerte tonada cordobesa: «Por favor, Mansilla, dígales a sus sobrinos que no me besen la mano porque me da vergüenza».

Todos estos invitados se disputaban el honor de regalarle al presidente cuadros, mármoles, bronces y Joyas. Muy pocos fueron los que no le hicieron regalos, su círculo se trocó en corte y el día de su santo en besamanos… En la atmósfera viciada por el humo de esos salones los concurrentes hallaban la oportunidad de enterarse del dato que facilitaría finiquitar fabulosos negocios o alguna transacción con fines especulativos.

Los Obreros Agricolas a Principios del Siglo XX Bialet Masse Informe

Informe de Bialet Massé Sobre Los Obreros Agrícolas

Juan Bialet MasséPor encargo de Joaquín V. González, entonces ministro del Interior, el médico y abogado catalán Juan Bialet Massé presentó en 1904 un informe dramático acerca de la precaria situación de la clase trabajadora en la sociedad argentina.

Inquieto y sagaz observador, Bialet Massé recorrió el país sin dejarse deslumhrar por la engañosa apariencia que suele recubrir algunas injusticias.

Aunque no retaceó elogios para los paisajes provinciales ni dejó de puntualizar que Tucumán era «una sociedad que trasciende inteligencia, alta cultura y distinción», afirmó que quien «busca lo que hay en el fondo encuentra que si por fuera ríe, por dentro lleva dolores que corroen, cánceres que devoran, miseria y vicio, e injusticia, mucha injusticia. ¡Y tanta!»

«En Tucumán se extrema la explotación del pobre, el martirio de la mujer y la primera fuerza del niño. La lavandera y la planchadora viven mal, pero viven; la costurera agoniza; los niños se acaban en flor, después de una niñez mísera, y el obrero del ingenio, el peón, se deja llevar por la proveeduría el 40 por ciento de sus escasos jornales. (…)

Es un pueblo hambriento, vicioso por necesidad, como consecuencia de la explotación que sufre, pero llamado a ser un pueblo fuerte y brillante.» Ese idioma que no atenuaba con eufemismos las filosas aristas de una realidad angustiosa, le acarreó diversas críticas, pero Bialet Massé se anticipó a las protestas estampando en su informe un pensamiento que lo pintaba de cuerpo entero: «Es preciso poner las llagas al descubierto si se quiere curarlos [los males].

El falso pudor, como el falso patriotismo, como la falsa virtud, creen que es mejor tapar la lepra con un trapo lujoso y de aparato».

Los trabajadores agrícolas de la zona cerealista de Santa Fe, según un informe oficial solicitado por el gobierno nacional al comenzar el siglo XX
(Fragmentos de Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de la clase obrera, 1904).

De ahí que la condición del trabajador es de lo más inestable, y que nadie se cuide de él sino en el momento en que se le necesita y para sacar de él los rendimientos mayores posibles, no considerándolos sino como un medio, menos importante que la máquina y que la bestia, porque éstas tienen un precio de compra, son un capital que es preciso conservar, mientras que si un hombre se pierde, se repone con otro, que no cuesta dinero,

Raramente se hacen contratos escritos, y se notan los abusos de una y otra parte que se originan del contrato verbal, y que pone en juego todas las malas mañana de la mala fe. En centenares de consultas que se me han hecho sobre este punto, siempre he tenido que dar la misma solución: «Sírvale de escarmiento para que otra vez tenga su contrato por escrito».

Una multitud de intermediarios, agentes de conchavo, con casa fija o ambulante, viven de engañar miserablemente a los pobres trabajadores; estipulan condiciones que luego no los patrones, tanto sobre el jornal, como sobre las horas de trabajo, cantidad y calidad de la comida, los pasajes y demás detalles del contrato; se acude a mil artificios para explotarlos, y una multitud de procuradores de campaña, sin ciencia ni conciencia, le sacan los pocos pesos que tienen, tras de resultados hipotéticos de pleitos, en los que trabajador pierde, hasta cuando gana,( … )

El peón destinado al arado y a la siembra es casi siempre de la localidad, más o menos conocido, y peón y patrón saben a qué atenerse respecto de condiciones y de calidades. Trabaja de sol a sol, con un descanso de una hora al medio día y dos intervalos para tomar mate; generalmente tiene medio descanso dominical, rara vez trabaja todos los domingos y días festivos, y más raramente tiene descanso dominical completo.

EL GRITO DE ALCORTA EN 1912

En el pueblo santafecina de Alcorta, en junio de 1912, daba comienzo una huelga agraria de decisiva importancia. Los chacareros arrendatarios de la llamada pampa gringa, en la primera época de la expansión agrícola, habían seguido las oscilaciones de una exportación siempre en ascenso y se habían beneficiado parcialmente de ella. Eran dueños de sus útiles de trabajo, de sus animales de labor y de sus viviendas, pero aún subsistía una traba importante para su ulterior desenvolvimiento: el contrato de arriendo.

El pillaje del comercio y el monopolio del suelo estrangulaban las economías de los chacareros, que no cesaban de llegar de Europa. La economía agrícola había engendrado la formación de dos grupos sociales que estaban integrados por los agricultores arrendatarios y la pequeña burguesía comercial de los pueblos agrarios; otro grupo lo componían la clase terrateniente, las empresas de colonización y los agentes comerciales del monopolio exportador.

La crisis agraria de 1911 precipitó el estallido del enfrentamiento de ambos sectores. La huelga se declaró el domingo 25 de junio de 1912, en una asamblea pública celebrada en la Sociedad Italiana de Alcorta, propuesta por el chacarero Francisco Bulzani.

Los dirigentes de la huelga y sus asesores, los dos sacerdotes Netri y su otro hermano abogado Francisco Netri, se preocuparon en no llevar la lucha más allá de las exigencias de rebaja de los arrendamientos y libre contratación. Los terratenientes, después de un mes y medio de huelga, cedieron ante la fuerza movilizada por los chacareros.

Problemas por la Inmigracion en Argentina Los Inmigrantes europeos

Los problemas generados por la inmigración, según un diputado nacional
(Fragmentos del discurso de Estanislao Zeballos en el Congreso del día 21 de octubre de 1887. Citado en Liliana Bertoni, Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. Lo construcción de lo nacionalidad argentino o fines del siglo XIX, Buenos Aires, FCE, 2001.)

La cuestión de la inmigración es del interés más grave que tiene la República Argentina en estos momentos; el Congreso debe ser previsor adoptando todas las medidas prudentes para realizar estos dos grandes propósitos: atraer hacia nuestra patria a todos los habitantes del mundo que quieran vivir en ella e inculcar en el corazón de los extranjeros el sentimiento de nuestra nacionalidad. ( … )

El abandono con que nosotros consideramos al inmigrante como elemento político ( … ) es un peligro, porque el hombre ( … ) vive también de ideales; puesto que los extranjeros no tienen una patria aquí, se consagran al culto de la patria ausente.

Recórrase la ciudad de Buenos Aires, y se verá en todas partes banderas extranjeras, en los edificios; las sociedades, llenas de retratos e insignias extranjeras; las escuelas subvencionadas por los gobiernos europeos, enseñando idioma extranjero; en una palabra, en todas partes palpitando el sentimiento de la patria ausente, porque no encendemos en las masas el sentimiento de la patria presente.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

En las últimas décadas del siglo, las líneas ferroviarias llegaron a atravesar continentes: en 1869, fue inaugurado en los Estados Unidos el primer ferrocarril transcontinental y en 1905, se completó el Transiberiano. que cubría los 7.500 kilómetros de distancia entre Moscú y Vladivostok, y permitió la comunicación ferroviaria entre Europa y Asia. En 1860, la red ferroviaria mundial tenía 105.000 kilómetros; en 1913 había llegado a 1.104.000 kilómetros.

1 La navegación de vapor y el uso del hierro y del acero en la construcción de los barcos tuvieron como consecuencia el aumento de la velocidad, la seguridad y la regularidad en los viajes, y de la capacidad de carga de los buques. A fines del siglo XIX, una serie de cambios tecnológicos permitieron un aumento del tamaño y de la velocidad de los barcos de vapor.

Para funcionar de manera segura y eficaz, los sistemas de transporte ferroviario y naval requerían un buen sistema de comunicaciones. El telégrafo fue inventado a fines de la década de 1830 y en la década siguiente, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, las líneas telegráficas fueron tendidas acompañando las vías de los ferrocarriles.

El telégrafo se extendió rápidamente más allá de los tendidos ferroviarios y cables submarinos permitieron la transmisión a todo el mundo. En 1865, el «Great Eastern», el barco más grande de la época, cruzó el Atlántico norte tendiendo los cables submarinos entre Europa y los Estados Unidos. En los años siguientes, el cableado submarino atravesó todos los mares.

El gran éxodo: Los grandes barcos del la segunda mitad del siglo XIX fueron también el medio de transporte de millones de hombres y mujeres que abandonaron Europa rumbo a otras partes del planeta.

Muchos campesinos pobres habían abandonado sus regiones de origen para trabajar en las zonas urbanas e industriales en expansión -por ejemplo, polacos que se habían trasladado a Alemania o italianos, a Francia-. Sin embargo, las alternativas provistas por el crecimiento industrial no parecían suficientes y muchos europeos tomaron la decisión de emigrar. ^ Las razones de la emigración eran, principalmente, de orden económico: la pobreza era la condición de la partida de la enorme mayoría de los emigrantes. Las persecuciones nacionales, políticas o religiosas tuvieron también importancia en la decisión de emigrar.

Entre 1846 y 1890, la emigración europea hacia tierras de ultramar fue de un promedio anual de 377.000 individuos. Entre 1891 y 1920, ese promedio trepó hasta cerca de 911.000. En total, alrededor de 45.000.000 de europeos buscaron afincarse en otros territorios en este período. La mayor parte se dirigió a los Estados Unidos. Otros destinos importantes fueron la Argentina, el sur de Brasil, Australia, Canadá, Sudáfrica y Nueva Zelanda.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales e Historia EGB 9 Luchilo,Privitellio,Paz,Qués.

La Sociedad Argentina en el Siglo XIX segun un viajero Mackena

LA SOCIEDAD ARGENTINA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
La sociabilidad en 1855 , según un viajero chileno
(Fragmentos de Benjamín Vicuña Mackenna, La Argentina en el año 1855)

En un día domingo, lluvioso y sombrío, Buenos Aires me había producido una desconsoladora impresión; pero al día siguiente, cuando el sol brilló en todo su esplendor en este clima de brisas y de azulado cielo, y las calles se enjutaron, las casas abrieron sus mil tiendas y puertas de comercio y la animación de los trajines y de los negocios, y el vaivén de los transeúntes tomó su carácter ordinario, conocí que estaba en una capital digna de su nombre y de mis ilusiones.

Es, en verdad, una circunstancia peculiar a Buenos Aires que su bullicio y actividad no estén concentradas como entre nosotros en ciertas localidades generales, como las calles vecinas a la Plaza de Armas, sino que estando su comercio esparcido en todas direcciones, y siendo costumbre o distracción habitual al carácter de sus moradores buscar los espectáculos de la calle, se observa en todo su conjunto un movimiento general que la hace muy alegre y animada ( … )

Donde mejor está marcado el tipo porteño, su vivacidad, su comunicabilidad, su espíritu eminentemente sociable, es en los numerosos clubs que aquí existen y en el carácter variado y animado de la prensa diaria ( … ) El club principal es el del Progreso, que es el más caro y aristócrata. Cuenta con 280 miembros ( … ) Los principales diarios de la prensa de Buenos Aires son: La Tribuna, El Nacional, La Crónica, El Orden ( … ) Cada uno representa, en graduación sucesiva, los diferentes matices de la opinión liberal que hoy impera absoluta en Buenos Aires.

Todo lo que no es liberal es mazorquero y, por consiguiente, prohibido. (. .. ) La Tribuna, redactada por los hijos de Florencio Varela, es el diario ultra liberal de Buenos Aires y estaba por eso en oposición al gobierno ( … ) El Nacional, es liberal puramente. La Crónica, que es el diario oficial, redactado por el señor Tejedor, es liberal moderando, y El Orden es todavía liberal, pero eminentemente religioso.

Pocos días después de la victoria de Caseros abrió sus puertas el Teatro de la Victoria, actuando en esa sala una compañía francesa de óperas que ofreció el 20 de febrero de
1852 Le Domino Noir deAu-ber. Asistieron a esa función el general Urquiza y su estado mayor y el gobernador Vicente López. El director de orquesta Prosper Fleuriet compuso la cuadrilla militar La batalla de Monte Caseros en honor del general Urquiza.

En setiembre del mismo año llegó a Buenos Aires la soprano Ida, Edelvira, a quien llamaban «la sirena del Plata»; cantó Norma en el Teatro de la Victoria y después pasó al interior actuando en Rosario, Córdoba, Paraná y otras ciudades. En la antigua residencia de Rosas en Palermo de San Benito se realizaban frecuentemente reuniones sociales y festejos populares. El Progreso del 30 de octubre de 1852 dice que el 28 de octubre se realizaron «Fiestas en Palermo de San Benito, que estaba lleno de gente y soldados.

En un pozo de agua se puso un cajón de azúcar, media pipa de agrio de naranja, que mezcladas formaban un gran depósito de refresco que se sacaba en baldes y servia para distribuir con profusión a la tropa…».

El Club del Progreso de Buenos Aires fue el más importante de la dudad durante la segunda mitad del siglo pasado. Fundado el 25 de mayo de 1852 en una casa de la calle Perú 135, entre Victoria y Potosí (hoy Alsina). Los primeros socios donaron la vajilla, el moblaje, alfombras y tapices. Santiago Calzadilla se encargó del tocador surtiéndolo de frascos de colonia y aceite de almendras.

El servicio estaba a cargo del señor Mu, dueño del Café de Catalanes, en colaboración con el Café de Marco, que estaba a una cuadra del club. En el banquete celebrado en su inauguración, se sirvió: Mayonesa de pejerrey de Montevideo y dorado del Plata. Quibebe de gallina y fideos finos. Pastel con pichones. Churrasco y pavo con ensalada. Natillas, arroz con leche y batata en dulce. Yemas quemadas y frutas de estación. Vinos jerez, priorato y oporto. Café, aguardiente, anisado y coñac. Asistieron 70 comensales, entre ellos los generales Pintos y Guido, Juan María Gutiérrez, José Mármol, Diego de Alvear, etc.

En 1856 el Club se trasladó al gran edificio de la calle Perú esquina Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), local que ocupó hasta 1900. Este gran edificio se conservó hasta hace pocos años en que fue demolido. El viajero inglés Thomas Woodbine Hinchliff asistió a una velada en el Club del Progreso en 1861: «Yo estuve en el baile dado en el Club del Progreso en sus hermosos salones. 

El gobernador, general Mitre, se hallaba presente con su esposa y era el blanco de todas las miradas. Es un hombre alto y hermoso, de aspecto verdaderamente elegante. Los salones estaban decorados y adornados con flores; la orquesta, perfecta y numerosa, y todo hermosamente presentado. Las mujeres son hermosas y elegantes y como inglés no podía dejar de imaginar el efecto que hubiera producido esta esplendorosa juventud en nuestros salones de Londres».

Manuel de Rosas segun diplomatico americano Caracteristicas

Juan Manuel de Rosas, según el representante diplomático norteamericano
ante la Confederación Argentina
(Fragmentos de John Murray Forbes, Once años en Buenos Aires).

He tratado de hacer un esbozo, siquiera imperfecto, de este hombre extraordinario. Es una persona de educación limitada pero se parece a esos farmers de mucho carácter que abundan en nuestro país y que son considerados con justicia, la mejor garantía de nuestra libertad nacional.

Rosas, sin embargo, difiere de cualquier cosa conocida entre nosotros, ya que debe su gran popularidad entre los gauchos, al hecho de haberse asimilado casi totalmente a su manera singular de vida, su indumentaria, sus labores y aun sus sports.

Se dice que no tiene competidor a cualquier ejercicio físico, aun aquellos más violentos y difíciles.
( … ) No hace ostentación alguna de saber, pero toda su conversación trasluce un excelente juicio y conocimiento de los asuntos del país y el más cordial y sincero patriotismo ( … ) Sus modales exteriorizan una atrayente modestia.

Vestía un rico uniforme militar y me confesó con toda su ingenuidad que era la primera vez en su vida que usaba semejante prenda, aun cuando es bien sabido que ha tenido el rango y la autoridad de comandante general.

LA RESIDENCIA DE ROSAS EN PALERMO

En 1838 Rosas adquirió varios terrenos en la zona del actual barrio de Palermo, y levantó su residencia de verano en el cruce de las actuales avenidas Libertador y Sarmiento; en invierno vivía en la casa de la ciudad. Entre los terrenos adquiridos había uno con una pequeña capilla bajo la advocación de San Benito, por lo que Rosas dio a su nueva propiedad el nombre de Palermo de San Benito.

Los terrenos eran bañados, que hubo que sanear; y los montes naturales de sauces, ceibos, talas y espinillos fueron incrementados con grandes plantaciones de duraznos y naranjos. Dos años empleó Rosas en construir su residencia, cuyos planos fueron trazados por Felipe Senil/osa, ingeniero español (1790-1858) que había construido los templos de San José de Flores, Chascomús y Guardia de Lujan y el Paseo de la Alameda en 1844-1847.

La casona fue construida por el italiano José Santos Sartorio, quien llegó a Buenos Aires en 1826 junto con el astrónomo Mossotti, y el gran arquitecto Cario Zucchi Sartorio construyó también el Teatro de la Victoria, inaugurado el 25 de mayo de 1838, y la iglesia de Balvanera. La casa era baja, con corredores de arquerías a ambos costados. Rosas ocupaba las habitaciones que daban al río, y Manuelita las del lado oeste del edificio. En las galerías, bajo las arcadas, había sillones para los visitantes.

El salón-comedor, sobre una galería lateral, tenía una larga mesa para más de veinte personas. El francés Xavier Marmier, que visitó la residencia en 1850, dice «que esté a media legua de Buenos Aires y hay un excelente camino para llegar a ella, apisonado como un sendero de parque inglés y alumbrado por la noche con dos líneas de reverberos, como una avenida de los Campos Elíseos».

Vision de Darwin sobre Rosas en la Expedición al Desierto Argentina

Juan Manuel de Rosas durante la expedición al desierto, según un destacadísimo científico inglés (Fragmentos de Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo en el HMS Beagle).

El campamento del general Rosas está muy cerca de ese río [el río Colorado]. Es un cuadrado formado por carretas, artillería, chozas de paja, etc. No hay más que caballería, y pienso que nunca se ha juntado un ejército que parezca más a una partida de bandoleros. ( … )

El general Rosas expresó deseos de verme, circunstancia de la cual hube de felicitarme más tarde. Es un hombre de un carácter extraordinario, que ejerce la más profunda influencia sobre sus compatriotas, influencia que sin duda pondrá al servicio de su país para asegurar su prosperidad y su ventura. ( … ) Cuéntense muchas anécdotas acerca de la rigidez con que hacía ejecutar sus mandatos. ( … ) El general Rosas es también un perfecto jinete ( … )

Empleando esos medios, adoptando el traje y las maneras de los gauchos, es como el general Rosas ha adquirido una popularidad sin límites en el país y un poder despótico. ( … ) En la conversación, el general Rosas es entusiasta, pero a la vez está lleno de buen sentido y de gravedad, llevada esta última hasta el exceso. ( … )

Mi entrevista con el general terminó sin que se sonriese ni una sola vez, y obtuve de él un pasaporte y un permiso para valerme de los caballos de posta del gobierno, documentos que me dio de la manera más servicial.

ALGO MAS SOBRE JUAN MANUEL DE ROSAS:

Carlos Darwin lo describe así: «es un hombre de extraordinario carácter y ejerce en el país avasalladora influencia, que parece probable ha de emplear en favorecer la prosperidad y adelanto del mismo. Se dice que posee setenta y cuatro leguas cuadradas de tierra y unas trescientas mil cabezas de ganado. Lo primero que le conquistó gran celebridad fueron las ordenanzas dictadas para el buen gobierno de sus estancias y la disciplinada organización de varios centenares de hombres para resistir con éxito los ataques de los indios…

Por estos medios… se ha granjeado una popularidad ilimitada en el país y consiguientemente un poder despótico…»

Pero también era el tipo de hombre que creyó que la democracia y la libertad eran metas que se alcanzaban por decreto, ignorando que se debían formar lenta y orgánicamente. Rosas fue el hombre del orden, y por eso la Revolución de Mayo lo dejó frío. Llegó al orden, se quedó en el orden y no vio más allá; no supo que sólo era una condición, un medio; la confundió con un fin. Una vez alcanzado el orden, su misión había terminado.

Tenía horror por los adelantos técnicos y científicos. En una carta suya desde el exilio, del 20 de enero de 1868, expresó: «Los mismos adelantos y grandes descubrimientos de que estamos tan orgullosos, Dios sabe solamente a dónde nos llevan. Por mi parte, pienso que nos llevan a la anarquía sin término y sin cuento, a la bancarrota, al caos y a la desolación espantosa y aberrante». Nosotros podríamos tener ferrocarriles, como Perú y Chile en 1850; pero a él no le interesaban «esas cosas de gringos».

Cuando su pariente Guerrico trajo de Europa unos cuadros, dijo con socarronería: «Allí viene ese zonzo con cosas de gringos». Al comentar la guerra civil de los Estados Unidos se manifestó contra Lincoln y contra el Norte progresista, y apoyó a los sureños, que seguían teniendo esclavos en sus haciendas algodoneras.

Lo escandalizó la Sociedad Internacional de Trabajadores, que en julio de 1869 proclamó la abolición del derecho de herencia y de los derechos sobre la tierra, lo que calificó de «inauditos escándalos». En una carta del 24 de setiembre de 1871 afirmó: «Cuando en las clases vulgares desaparece el respeto al orden, a las leyes y el temor a las penas eternas, solamente los poderes extraordinarios son capaces de hacer respetar las leyes, el capital y a sus poseedores».

Las luchas de las clases obreras por la superación lo espantaban. En mayo de 1872 escribía: «La enseñanza libre se convierte en arte de explotación en favor de los charlatanes, de los que profesan ideas  falsas, subversivas de la moral o del orden público. En cuanto a las clases pobres, la educación compulsiva (obligatoria) me parece perjudicial y tiránica. Se les quita el tiempo para buscar el sustento, su físico no se robustece para el trabajo, se fomenta en ellos la idea de goces que no han de satisfacer y se los prepara para la vagancia y el crimen»

Pasajes en la Vida del Caudillo Riojano Quiroga

Pasajes en la Vida del Caudillo Riojano Facundo Quiroga

EL CAUDILLO RIOJANO: FACUNDO QUIROGA
Facundo Quiroga, caudillo de La Rioja, según un intelectual y político sanjuanino que deplora su existencia (Fragmentos de Domingo Faustino Sarmiento: Facundo. Civilización y Barbarie en las pampas argentinas, 1845).

Después del suceso de San Luis, Facundo se presentó en los Llanos revestido del prestigio de la reciente hazaña y premunido de una recomendación del Gobierno. Los partidos que dividían La Rioja no tardaron mucho en solicitar la adhesión de un hombre que todos miraban con el respeto y asombro que inspiran siempre las acciones arrojadas.

Los Ocampos, que obtuvieron el gobierno en 1820, le dieron el titulo de Sargento Mayor de las Milicias de los Llanos, con la influencia y autoridad de Comandante de Compaña. Desde este momento principia la vida pública de Facundo. El elemento pastoril, bárbaro, de aquella provincia, aquella tercera entidad que aparece en el sitio de Montevideo con Artigas, va a presentarse en La Rioja con Quiroga, llamado en su apoyo por uno de los partidos de la ciudad.

Este es un momento solemne y crítico en la historia de todos los pueblos pastores de la República Argentina: hay en todos ellos un día en que por necesidad de apoyo exterior, o por el temor que ya inspira un hombre audaz, se le elige Comandante de Compaña. Es éste el caballo de los griegos, que los Troyanos se apresuran a introducir en la ciudad. ( … ) Hay una circunstancia curiosa (1823) que no debo omitir, porque hace honor a Quiroga.

En esta noche negra que vamos a atravesar, no debe perderse la más débil lucecilla: Facundo, al entrar triunfante a La Rioja, hizo cesar los repiques de las campanas, y después de mandar dar el pésame a la viuda del General muerto, ordenó pomposas exequias para honrar sus cenizas.

Nombró o hizo nombrar por gobernador a un español vulgar, un Blanco, y con él principió el nuevo orden de cosas que debía realizar el bello ideal del gobierno que había concebido Quiroga; porque Quiroga, en su larga carrera en los diversos pueblos que ha conquistado, jamás se ha encargado del gobierno organizado, que abandonaba siempre a otros. Momento grande y digno de atención para los pueblos es siempre aquél en que una mano vigorosa se apodera de sus destinos.

Las instituciones se afirman, o ceden su lugar a otras nuevas más fecundas en resultados, o más conformes con las ideas que predominan. De aquel foco parten muchas veces los hilos que, entretejiéndose con el tiempo, llegan a cambiar la tela de que se compone la historia No así cuando predomina una fuerza extraña a la civilización, cuando Atila se apodera de Roma, o Tamerlán recorre las llanuras asiáticas ( … ) Facundo, genio bárbaro, se apodera de su país: las tradiciones de gobierno desaparecen, las formas se degradan, las leyes son un juguete en manos torpes ( … ).

EL GENERAL QUIROGA EN LA TABLADA

Jean Theodore Lacordaire (1801-1870), hermano del ilustre predicador padre Lacordaire, era un naturalista francés que viajó al Río de la Plata y a Chile en 1825-32. En el año 1829 se hallaba en Córdoba y le fue dado presenciar la batalla de La Tablada y conocer a los generales Paz y Quiroga. En un artículo que escribió para la famosa Revue des deux Mondes, expresa: «Desde la azotea de una de las casas más altas de la ciudad podía apreciar la llanura llamada de La Tablada.

A eso del mediodía, y por la entrada de los desfiladeros pudo verse la cabeza de una columna de ejército, marchando en dirección a la ciudad. Poco nutrida en un principio, fue alargándose insensiblemente, de suerte que, cuando los primeros jinetes cruzaban ya el río Primero, las últimas filas seguían saliendo de entre los cerros. La columna entró en la ciudad y vino a colocarse en orden de batalla a lo largo de nuestra calle, la que ocupó en toda su extensión. Quiroga y Bustos venían a la cabeza. La vista de estos dos hombres y sobre todo del primero, que olamos nombrar hacía mucho tiempo, excitó nuestra curiosidad. Un hecho insignificante iba a obligarnos a comparecer ante él.

Y fue el caso que uno de mis acompañantes se divertía en observar con un anteojo de larga vista los movimientos del ejército cuando alguien, que por su traje y aspecto parecía ser un oficial, separándose del grupo que rodeaba a los jefes federales, se aproximó a la azotea en que nos encontrábamos para ordenarnos llevar el instrumento al general Quiroga, porque quería verlo y ensayarlo.

No tuvimos más remedio que obedecer la orden emanada de personaje tan temible, pero el dueño del anteojo, poco resignado a perderlo, le sacó uno de los cristales del centro, dejándole inservible para todo uso. Quiroga tomó el catalejo, y mientras lo llevaba a los ojos pudimos obsérvalo detenidamente. Era de talla mediana pero bien proporcionado. Sus miembros musculosos denotaban la fuerza y la audacia; los rasgos fisómicos, de una regularidad clásica, hubieran excitado la admiración, si sus ojos, de torvo mirar y que mantenía invariablemente bajos cuando hablaba, no hubieran inspirado secreto temor.

Una barba tan espesa que le ocultaba la mitad del rostro, hacía más característica su expresión. Quiroga devolvió el anteojo, sin decir palabra, después de haber tratado en vano de utilizarlo. Como no recibiéramos la orden de partir, permanecimos próximos a él para ser testigos de los sucesos. Un ayudante que había sido enviado a los milicianos encerrados en la plaza, con una capitulación, si así puede llamarse a la orden de rendición incondicional, volvió con la respuesta: aquellos pedían cierto tiempo para deliberar.

Quiroga leyó el papel con una sonrisa de menosprecio y lo pasó a Bustos, por encima del hombro. Después se lo tomó de las manos, tachó de un plumazo el contenido del papel y dijo al ayudante que intimara a los sitiados la rendición, porque de lo contrario atacaría la plaza de inmediato. Los milicianos, que habían resistido la víspera ignorando la fuerza de sus enemigos obedecieron y se dispersaron… Quiroga entró entonces en la plaza con parte de sus tropas, subió al Cabildo, nombró gobernador provisorio al cuñado de Bustos, y dejando 500 hombres para defender la ciudad, volvió a tomar sus posiciones de la mañana en la llanura de La Tablada. Todo esto pasó en el espacio de tres horas.

Fuente Consultada: Historia Argentina Editorial Océano Fasc. N°7.