Luchas Contra los Aborígenes en la Fundacion de Bs.As. – Ulrico Schmidl



Luchas Contra los Aborígenes en la Fundacion de Bs.As. – Ulrico Schmidl

El soldado alemán Ulrico Schmidl formaba parte de la expedición de Pedro de Mendoza.

Permaneció hasta 1554 en tierras americanas, donde participó también en las expediciones del segundo adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

En 1567 se publicó en Frankfurt su obra Viaje al Río de la Plata, que no contenía ilustraciones.

Las que aquí vemos se agregaron en ediciones de fines del siglo XVI.

Para hacerlas, los dibujantes y grabadores se guiaron por las descripciones que aparecían en el texto de Schmidl.

Describían cada una de las láminas, señalando qué personajes aparecen, qué situaciones se quisieron mostrar y qué elementos del paisaje fueron representados.

Con la llegada de Mendoza llegaron los primeros caballos y yeguas con los que se poblaron las llanuras.

Sin embargo, el adelantado no trajo vacas ni semillas para que la población pudiera subsistir.

Los testimonios de los pobladores de Santa María de los Buenos Aires coinciden en la descripción de las penurias sufridas a causa del hambre.

El hambre en Buenos Aires:

“[…] la gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido.

Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo se les prendió y se les dió tormento para que confesaran. Entonces se pronunció la sentencia de que se […]

los colgara en una horca. […]

Ni bien se los había a-justiciado, y se hizo la noche y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que había muerto.”

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(Fragmentos de Ulrico Schmidel, Viaje al Río de la Plata, 1534-1554. Edición con notas de Bartolomé Mitre, Buenos Aires, Cabaut y Cia Editories, 1903.)

CAPÍTULO VII:La ciudad de Buenos Aires y los indios querandí

Allí levantamos una ciudad que se llamó Bonos Ayers (Buenos Aires), esto es en alemán -gueter windt (buen viento).

También traíamos de España, en los 14 navíos, 72 caballos y yeguas.

En esta tierra dimos con un pueblo en que estaba una nación de indios llamados carendie, como de 2.000 hombres con las mujeres e hijos, y su vestir era como el de los zechurg (charrúa), del ombligo a las rodillas; nos trajeron de comer, carne y pescado.

Estos carendies (querandí) no tienen habitaciones propias, sino que dan voeltas a la tierra, como los gitanos en nuestro país; y cuando viajan en el verano suelen andarse más de 30 millas (leguas) por tierra enjuta sin hallar una gota de agua que poder beber.

Si logran cazar ciervos u otras piezas del campo, entonces se beben la sangre.

También hallan a veces una raíz que llaman cardes (cardos) la que comen por la sed.

Se entiende que lo de beberse la sangre sólo se acostumbra cuando les falta el agua o lo que la suple; porque de otra manera tal vez tendrían que morir de sed.

Estos carendies traían a nuestro real y compartían con nosotros sus miserias de pescado y de carne por 14 días sin faltar más que uno en que no vinieron.

Entonces nuestro general don Pietro Manthossa despachó un alcalde llamado Johann Pabón, y él Y 2 de a caballo se arrimaron a los tales carendies, que se hallaban a 4 millos (leguas) de nuestro real.

Y cuando llegaron adonde estaban los indios, acontécioles que salieron los 3 bien escarmentados, teniéndose que volver en seguida a nuestro real.

Pietro Manthossa, nuestro capitán, luego que supo del hecho por boca del alcalde (quien con este objeto había armado cierto alboroto en nuestro real), envió a Diego Monthosso, su propio hermano, con 300 lanskenetes y 30 de a caballo bien pertrechados: yo iba con ellos, y las órdenes eran bien apretadas de tomar presos o matar a todos estos indios carendies y de apoderamos de su pueblo.

Mas cuando nos acercamos a ellos había ya unos 4.000 hombres, porque habían reunido a sus amigos.


Ataque de los indios a la recién fundada Buenos Aires porPedro de Mendoza. Las flechas causaron  el incendio devarias naves ancladas en el Riachuelo y numerosas casasdel poblado. Esto ocurrió  a fines de junio de 1536

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

El rey otorgó a Pedro de Mendoza la capitulación para la conquista y población del Río de la Plata, en Toledo, el 21 de mayo de 1534; el título de adelantado y capitán general de esas tierras fue firmado en Valladolid, el 19 de julio del mismo año.

exploradores de america

Se le daba derecho de llevar 200 esclavos negros (mitad hombres y mitad mujeres) y pasar 100 caballos y yeguas.

El 27 de julio de 1535 los principales capitanes del ejército juraron fidelidad a Pedro de Mendoza: Pedro Hernández de Ludeña, capitán de la gente de a caballo; Juan Osorio, maestre de campo de la infantería; Alonso de Cabrera, alférez general de la infantería; Juan de Leyva, alférez de la gente de a caballo; Galaz de Medrano, capitán de la guardia; Juan de Ayolas, alguacil mayor; Juan de Salazar, capitán del galeón El anunciador, y otros capitanes.

En la marina, un hermano de Mendoza, Diego, tenía el cargo de almirante.

También viajaban varios sobrinos suyos, Domingo de Irala, quien ocuparía un lugar tan importante en la aventura, el simpático alemán Ulrico Schmidl o Schmidel, junto con 150 compatriotas, un joven portugués de quince años, Antonio Thomas (el único de aquellos hombres que vería la fundación de Mendoza, la destrucción de Buenos Aires y la segunda fundación por Garay), un negro llamado Juan Galán, íntimo amigo de Mendoza, cuyo fin ignoramos, Francisco Ruiz Galán, administrador de los bienes del adelantado, un italiano, Sebastián de Salerno, uno de los «alambores» del ejército, es decir, ejecutante de tambor, instrumento que, junto con los pífanos, acompañaban en ese tiempo a todas las formaciones militares.

En total viajaban en la armada entre 1.500 y 2.000 hombres.

La cifra no ha sido posible establecerla con precisión total. Junto con los españoles venían numerosos alemanes (150), italianos, flamencos, griegos, portugueses, etc.

En las naves se embarcaron unos 50 caballos y también cerdos, gallinas, perros, otros animales domésticos y gran cantidad de semillas.

Las naves eran doce, más una urca alemana, en total trece; en las Canarias se agregaron tres más, completando un total de quince.

Una nave desvió el rumbo y llegó a las Antillas, otra se hundió frente a las costas del Brasil y «los de tierra se los comieron».

Fuente Consultada: Historia Argentina Editorial Océano Fasc. N°7.

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