Representacion de los Hacendados Mariano Moreno Libre Comercio



Representación de los Hacendados
Mariano Moreno Libre Comercio

LA CAMPAÑA RIOPLATENSE EN LOS ÚLTIMOS CIEN AÑOS
DE DOMINIO COLONIAL ESPAÑOL

Las riquezas de la campaña y las bondades del libre comercio, según un abogado criollo (Fragmentos de Mariano Moreno, Representación de los hacendados, 1809

mariano moreno

Manuel Belgrano, secretario del Consulado, apoyó la apertura de los puertos al comercio británico, como un medio para obtener ingresos fiscales con destino a la administración virreinal. En tanto que el abogado Mariano Moreno, en su Representación de los Hacendados, del 31 de septiembre de 1809, dirigida al virrey Cisneros, se opuso a los partidarios del monopolio español y planteó la libertad de comercio como algo vital para el bienestar de los consumidores y productores rioplatenses.

Las propuestas y las medidas económicas, adoptadas por la administración virreinal para afrontar las dificultades financieras, el desabastecimiento y el contrabando, generaron numerosas tensiones y debates entre los grupos locales y no lograron las soluciones esperadas.

El texto de la Representación de los hacendados, atribuido a Mariano Moreno, fue la respuesta de los ganaderos a quienes se oponían al libre comercio, cuando Cisneros efectuó consultas al respecto.

Ha sido considerada por algunos historiadores como la primera exposición sistemática de principios económicos del liberalismo (por ejemplo, de las ideas de Adam Smith).

La Representación de los hacendados proponía centralmente que «conviene al País la importación franca de efectos que no produce ni tiene, y la exportación de los frutos que abundan hasta perderse por falta de salida» y «que todo introductor [que debía ser comerciante español] esté obligado a exportar la mitad de los valores importados en frutos del país».

Argumentaba, además, que el libre comercio no dañaría la industria local: «las telas de nuestras provincias no decaerán, porque el inglés nunca las proveerá tan baratas ni tan sólidas como ellas».

Estas campañas producen anualmente un millón de cueros, sin las demás pieles, granos y sebo, que son tan apreciables al comerciante extranjero: llenas todas nuestras barracas, sin oportunidad para una activa exportación, ha resultado un residuo ingente, que ocupando los capitales de nuestros comerciantes les imposibilita o retrae de nuevas compras, y no pudiendo éstas fijarse en un buen precio para el hacendado que vende, si no es a medida que la continuada exportación hace escasear el fruto, o aumenta el número de los concurrentes que lo compran, decae precisamente al lastimoso estado en que hoy se halla, desfalleciendo el agricultor hasta abandonar un trabajo que no le indemniza los afanes y gastos que le cuesta.



A la libertad de exportar sucederá un giro rápido, que, poniendo en movimiento los frutos estancados, hará entrar en valor los nuevos productos y aumentándose las labores por las ventajosas ganancias que la concurrencia de extracto res debe proporcionar, florecerá la agricultura y resaltará la circulación consiguiente a la riqueza del gremio que sostiene el giro principal y privativo de la Provincia.

PARA SABER MAS…

La debilidad manifiesta del Estado español y el progresivo aislamiento de sus colonias que se registró a partir de 1805, no sólo fueron políticos sino que alteraron las relaciones económicas que con éstas mantenía.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la apertura del puerto de Buenos había favorecido de un modo muy particular a una élite mercantil que, abocada al tráfico  ultramarino, actuaba en estrecha relación con Cádiz y Sevilla. Pero la prosperidad  también había permitido el surgimiento de sectores subalternos relacionados con el comercio interno y las actividades ganaderas que cada vez encontraban más objeciones a los privilegios de los grandes mercaderes españoles.

A fines de 1809, el joven abogado Mariano Moreno presentó un extenso escrito donde justificaba la necesidad del libre comercio y reclamaba a las autoridades su autorización para el ingreso de mercaderes ingleses.

La Representación de los Hacendados y Labradores, además de realizar un lúcido análisis de la situación colonial, colocaba en el medio de la escena una de las principales cuestiones que enfrentaban a peninsulares y criollos, denunciando el perjuicio que ocasionaban al desarrollo local las maniobras y negocios de los grupos asociados al monopolio.

En el Río de la Plata, el movimiento iluminista alcanzó un desarrollo limitado. Sus principales exponentes tuvieron como campo preferencial el pensamiento económico, sostenido por el intento de aplicar, a las condiciones del Río de la Plata, las ideas de los economistas europeos contemporáneos.

LA INFLUENCIA DE LAS IDEAS DE LA ILUSTRACIÓN

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración. Una de las principales obras escritas por los pensadoes ilustrados, «El contrato social», del filósofo francés.

Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno. En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno. Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.



No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra a suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

BELGRANO MANUEL: La trayectoria de Manuel Belgrano -una de las figuras principales de la Ilustración rioplatense- ejemplifica los dilemas de un economista ilustrado en el mundo colonial. Hijo de un próspero comerciante italiano, Belgrano estudió en las universidades de Salamanca y de Valladolid, donde se graduó de abogado en 1793. En España se familiarizó con las doctrinas económicas prevalecientes -en especial con las fisiocráticas, que enfatizaban el papel de la agricultura en la riqueza nacional- y con el pensamiento de la Ilustración. Durante su estadía en Europa, también recibió el impacto de los ideales de la Revolución Francesa, como señaló en su Autobiografía:

«Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa e indirectamente».

Belgrano no consideraba contradictorio sentir simpatía por la Revolución Francesa y, al mismo tiempo, estar al servicio de la Corona como secretario del Consulado de Buenos Aires, cargo que ocupó desde 1794. Como muchos otros, consideraba que la acción de la monarquía ilustrada era un medio adecuado para llevar adelante las transformaciones que, a su juicio, el mundo colonial requería. Esta confianza flaqueó cuando Belgrano conoció a los comerciantes que integraban el Consulado,

«…para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquiera cosa que chocara con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo».

Así, desde su trabajo en el Consulado, Belgrano experimentó los límites de la acción reformista de la Corona y fue desarrollando una visión crítica del vínculo colonial. La crisis de la monarquía española -sobre todo, desde 1808- reveló a los economistas ilustrados del Río de la Plata que la Corona había dejado de ser un factor político central con el que podían contar en sus proyectos de transformaciones. Esta diferente apreciación se manifestó, principalmente, en el terreno del pensamiento económico, a través de una defensa más fervorosa de! liberalismo, como lo demuestra la Representación de los hacendados, redactada por Mariano Moreno en 1809.

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