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Uno de los grandes filósofos de China, Lao-tse, cuya influencia fue extraordinaria incluso fuera del país, es sin duda una figura histórica. Nacido hacia el 570 a. de J.C. en la provincia que ahora se llama Henan, durante algún tiempo fue maestro de Confucio, quien más tarde desarrollaría ideas completamente distintas.

Según la leyenda, alrededor del nacimiento de Lao-tse ocurrieron cosas sorprendentes. Su madre fue una virgen y su padre un rayo de sol. Durante ochenta años, la virgen llevó al niño bajo el corazón antes de su nacimiento. No es extraño, por tanto, que naciera con pelo y cejas blancos y que desde su primer día de vida fuera ya tan sabio como una persona octogenaria normal. Tampoco es extraño que su influencia en el pensamiento chino haya sido casi tan amplia como la de su discípulo Confucio.

Fue una de las filosofías más importantes de la antigua China. El fundador fue Lao-tse, nacido en el siglo VI a.C. Este ocupó un puesto importante en la corte del emperador, pero al observar tanta corrupción decidió organizar un viaje al lejano Oeste.

En su libro, Lao-tse propone un camino de salvación muy distinto al de Confucio; por lo que su doctrina se acerca más al hinduismo. Dice que lo importante es alejarse de todo lo sensorial y caminar hacia lo puro, el Tao.

El Tao es el origen del cielo y de la tierra, de donde surgen tres cosas, y es el que regula el yin-yang; el modelo de comportamiento de todos los hombres y el principio de toda actividad justa en lo político y lo social.

Para imitar al Tao se debe tener paciencia, ser sencillo y sin pretensiones. Hay que llegar a no hacer nada para poder hacerlo todo. De evitar las tensiones, para poder llegar a una quietud mística. Esta  metafísica de la no-acción contribuyó a fomentar en el pueblo toda clase de supersticiones y magias, buscando ansiosamente el elixir de la vida.

El taoísmo tiene tres virtudes fundamentales que son: paz, tranquilidad y silencio. Su modelo es la naturaleza, que a su vez es buen modelo para el hombre, ya que ella no prolonga de forma indefinida la tormenta o el huracán. Por lo tanto, se puede decir que el principio esencial del el No-Hacer (wu-wet), que no significa pasividad sino que propone realizar acciones no naturales. Es decir; que sugiere la espontaneidad, y deja que las cosas tomen su curso natural, que fluyan, sin forzar las acciones ni interferir en su desarrollo. Todo lo que sucede es parte del Tao y cada ser humano debe buscar el camino en su interior. El taoísmo anhela la armonía entre los hombres y entre estos y el Todo.

Para los taoístas el progreso científico y la cultura material son dañinos; por ejemplo, para quien recoge agua con sus manos, un cuenco fabricado para esto es algo antinatural. Los taoístas creían que el hombre debía volver a su estado primitivo y consagrarse a las fuerzas de la naturaleza. Así pues, el verdadero taoísta se convierte en ermitaño.

Los taoístas de la época Han —año 202 a.C. hasta el año 9 d.C.— también prescribían varias prácticas para reforzar la esencia de la vida, como ejercicios gimnásticos semejantes al yoga, elixires mágicos preparados por alquimistas y reglas alimenticias, como el evitar comer cereales. A fines de este período, el taoísmo se propagó fuera de los círculos cortesanos y se convirtió en un culto popular revolucionario, que prometía la inmortalidad de los hombres comunes. Los revolucionarios guiados por los hermanos Chang, trataron de derrocar la dinastía Han y establecer un estado taoísta.

Un relato chino que expresa la profundidad del concepto Tao cuenta que un viejo maestro taoísta, después de muchos años de experiencia y trabajo interior; recibió la iluminación sobre la verdadera naturaleza del Tao. Moribundo varios discípulos que rodeaban su lecho lo interrogaron:

—Maestro, te tenemos por el hombre más sabio y nos consta que has penetrado en el Conocimiento del Tao. ¿Podrías decirnos en este momento qué es el Tao verdadero?

El anciano abrió lentamente los ojos y con una sonrisa en los labios, contestó:

—El Tao verdadero es el Tao verdadero.

Al instante, falleció.

En la actualidad el taoísmo se encuentra en decadencia, casi extinto.



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PARA SABER MAS…
La personalidad de Lao-tse

El nombre Lao-tse quiere decir “el viejo maestro” designa una personalidad misteriosa e históricamente discutida. Según la tradición, debió de vivir entre 604 y 51 7 a.C. y nació en el pueblo de Chu Jen (provincia de Hu). Su verdadero nombre parece haber sido Li Erh Tan y se supone que fue archivero un tiempo con el rey de Chou en la entonces capital Lo-yang.

Los investigadores modernos dudan de si realmente vivió en dicha época y de si el nombre de Lao-tse, no fue más bien el sobrenombre de un filósofo del siglo IV a.C. Sin embargo, su obra, el Tao-te-king, está testificada ya en el siglo III a.C.

Existe un gran número de leyendas que se refieren a su vida y personalidad. Entre ellas, la más conocida relata que al final de su vida quiso abandonar China cabalgando sobre un buey negro para dirigirse a Occidente y que un guardia de la frontera le exigió que antes de marcharse escribiera sus pensamientos, gracias a lo cual surgió el Tao-te-king.

El Tao-te-king

El nombre Tao-te-king significa “El libro (king o ching) de la ley universal (tao) y sus efectos”. Según parece, es el único escrito de Lao-tse conservado y, es una de las obras más originales del pensamiento chino; por su crítica cultural y sus tendencias místicas se cuenta entre las obras más traducidas de la lengua china a las europeas. Contiene 81 apartados cortos o capítulos que a veces están rimados, los cuales expresan los pensamientos sin una articulación fija, en forma aforística, imágenes muy poéticas y un lenguaje muy expresivo.

Los capítulos 1 al 37 ofrecen definiciones del tao, los capítulos 38 al 81 dan una definición del te (= “el efecto del tao”, a veces traducido también por “virtud del tao”) y de las relaciones del tao y del te, por lo cual el título de la obra significa propiamente: “El libro del tao y del te”.

La doctrina

En el centro del pensamiento de Lao-tse se encuentra la idea del tao, el cual es tratado como la fuente originaria eterna de todo ser y la fuerza que sirve de base para todo. Al mismo tiempo, el tao sirve también como ley universal y como hilo conductor ético para la conducta correcta. Es un “todo-uno” eterno y el principio supremo del universo natural y moral; se traduce por camino, vida, dios, ley o también orden natural. Al mismo tiempo se le señala como sin nombre e indefinible. Puede entenderse como ley universal o también como voluntad divina aunque no es un ideal estático, sino una fuerza efectiva.

Si se piensa en el tao como absoluto, se debe aceptar un principio impersonal, aunque en algunos lugares del Tao-te-king se menciona también a “dios” o a la “diosa-madre”. Con esto Lao-tse, o sea el autor, buscaba la conexión con el mundo de imágenes de la antigua China. Su falta de definición como autoridad cósmica y ética está descrita por medio de numerosas paradojas que posteriormente se convirtieron en los medios estilísticos favoritos de la escuela taoísta.

El tao es el fundamento originario del mundo, del cual procede todo. Del puro trascendente no-ser surge el ser, el tao como todo-uno inseparable y engendra como dicha unidad la dualidad del yang y del yin. Del dualismo de estos principios surge el aliento vital que crea la armonía de las dos fuerzas antagónicas.

Esta trinidad de yang, yin y aliento vital engendra entonces la multiplicidad (“los diez mil seres”). De este modo el tao es el origen de todos los seres, se nutre de su fuerza y los completa por medio de su efectividad. Mientras el todo-uno Tao se convierte de esta manera en multiplicidad, salen a la luz en el universo unos antagonismos que antes no existían (bueno-malo, pesado-ligero, largo-corto, alto-profundo, antes-después, etc.). Éstos se condicionan mutuamente, lo cual significa que desde su surgimiento están asignados a su contrario. Lo mismo ocurre con la virtud humana. La ética taoísta parte de que los antagonismos existentes en el mundo muestran la desatadura del mundo y de los seres humanos respecto de la unidad natural originaria. Por ello, el hombre debe apartarse de los afanes mundanos y esforzarse en alcanzar la libertad ante todos los lazos terrenales comprendidos; los sociales. El tao aparece como lo único estable contra el mundo en curso de cambio y el hombre debe hundirse totalmente en el tao y quedar absorbido por él.

De este modo, el ideal taoísta finalmente es un ideal quietista: el manejo de la sabiduría que prevalece en el tao es en suma un “no-actuar” (wu wei), es decir un efecto conseguido por medio de su simple existencia (modélica) y el abandono de toda actuación mundana a corto plazo. El wu wei es el principio suave, blando, que finalmente no puede oponerse a nada y que se abre paso; no es una mera carencia de actuación, sino una posición de no-intervención en el curso de las cosas y el arte de estar en consonancia con el efecto del tao. El ideal del taoísmo es el ser inmortal (hsien), que se retira del mundo y se hunde en el tao. La actividad aplicada a la existencia está en antagonismo con la inmersión en sí y la pacífica y conciliadora quietud del recogerse en sí mismo.

Sin embargo, las pretensiones del taoísmo son similares a las del confucianismo: su ideal no es sólo la sabiduría del individuo, sino que ve igualmente su camino en el servicio de la renovación moral de la sociedad, del estado y finalmente del mundo. Todo mal existente en el mundo surge porque los humanos se han apartado de la naturaleza y moral antiguas.

El ideal político del taoísmo consiste (en contra del confucianismo) en un escepticismo respecto de toda actuación política. Se considera deseable un reino pequeño, en el cual la gente viva pacífica y diáfanamente según la tradición, sin guerras ni relaciones con sus vecinos. El buen príncipe en el sentido del taoísmo gobierna no propiamente por medio de actuaciones y logros poderosos, sino que opera sólo como sabio por medio de su ejemplo ético; él también deja que el tao actúe tranquilamente (wu wei).

Un poco de su vida:

Lao-tse actuó como bibliotecario en la corte de Chou. Pronto se hastió de aquella vida, que con todo su lujo le impedía dedicarse a la meditación. En un librito que compuso explica su filosofía en ochenta y un capítulos y unas cinco mil palabras, obra que ha sido motivo de mucha confusión y controversia. Viajó con su libro en dirección al Oeste hasta llegar a la frontera del país. Entonces entregó el manuscrito a un guardia fronterizo, con el encargo de guardarlo bien. Y él desapareció para siempre de China y del mundo, porque nadie volvió a verle jamás.

Ningún libro ha dado tantos quebraderos de cabeza a editores y traductores como el famoso Tao Te-King de Lao-tse. Jamás una obra china ha sido traducida a tantos idiomas ni sufrido tantas interpretaciones personales, pues es tan oscura e incoherente, que es dificilísima su versión. Justamente los pasajes oscuros han dado ocasión a que el libro sea fuente de propaganda para toda clase de ideas, porque cualquiera puede aprovechar algo conveniente a sus propios fines. Propagandistas posteriores del taoísmo, como se llamó más tarde la teoría de Lao-tse, pretendían que el gran filósofo había viajado a la India para informar a Buda de sus ideas y finalmente convertirle a la filosofía taoísta.

Según conceptos modernos, la obra de Lao-tse no puede ser anterior al siglo IV a. de J.C. y debió ser redactada por más de un autor, lo cual explicaría su confusionismo. Comparando ideas de varios autores chinos antiguos se ha llegado a esta conclusión, pero tanto si Lao-tse escribió el Tao Te-King como si no, el hecho es que ha tenido enorme importancia para los pensadores chinos en el transcurso del tiempo, porque de él surge una mezcla extraña de ritos y costumbres, de espíritus buenos y malos, de diablos y dioses, de superstición y prodigio que le son ajenos, pero que impresionaban mucho a mentes rudas y que por ello fueron aprovechadas muchas veces.

Sólo verdaderos expertos sabían encontrar el profundo e intrincado significado que aparecía en el libro, pues tras profundo estudio y meditación quizá podría comprenderse algo de lo que Lao-tse habría querido decir antes de desaparecer del mundo.

Como prueba de lo dicho transcribimos la última estrofa, que también con un pequeño esfuerzo puede resultar comprensible:

La palabra sincera no es bonita;
la palabra bonita no es sincera.
El hombre que vale no lucha;
el hombre que lucha no tiene valor.
El sabio no es docto;
el docto no es sabio.
El hombre perfecto no colecciona riqueza;
es derrochador en lo humano;
regala lo humano y es rico.
El camino del todo es:
conformarse sin lucha.
El camino del hombre es:
el hecho sin compromiso.

Fuente Consultada: Religiones del Mundo El Taoísmo Koneman – Historia de las Religiones de Hofmann-Poirier. Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación Origen de las grandes religiones.




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