Las Virtudes Sociales y Éticas Para La Convivencia Social



Las Virtudes Sociales Para La Convivencia

Virtudes sociales: La  vida ordenada y pacífica de la sociedad reclama el fortalecimiento de los valore humanos y también de ciertas virtudes como la solidaridad, el altruismo, la fraternidad, el respeto recíproco de los derechos, la probidad. (Ver: Valores Humanos)

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A. – La solidaridad

“La solidaridad expresa la mutua dependencia (|u«’ existe entre las diversas partos de un lodo, y que hace que no se pueda remover o modificar una sola sin remover o modificar, por eso mismo, las otras y el todo que constituyen.”

La solidaridad implica conexión entre las partes y, por consiguiente, dependencia recíproca.

La solidaridad existe, no solo en el mundo físico debido a la eficacia y permanencia de leyes cósmicas, sino también entre las personas.

Los hombres en la sociedad son solidarios unos con otros, pues hay interdependencia entre ellos.

La solidaridad humana existe en el tiempo y en el espacio. Solidaridad en el tiempo: Todo hombre está relacionado con los millones de hombres que existen, con los millones de hombres que le precedieron y con los millones de hombres que existirán.

Casi no puede moverse, obrar, vivir como ser humano sin que deba hacer referencia a la acción presente, pasada y, hasta venidera, de otro hombre. Los vestidos conque se viste, las herramientas con que trabaja, la luz artificial que lo ilumina, la ciencia y la cultura y los mismos elementos naturales utilizados por la industria humana denuncian la intervención social de otros hombres.

El hombre es beneficiario del progreso cultural y científico de sus antepasados y contemporáneos y, a su vez, la posteridad se beneficiará con el aporte cultural, moral y científico que logre la actual generación.

Solidaridad en el espacio: Los que habitan un mismo lugar, pueblo, municipio, ciudad, estado; o conviven en la misma familia, escuela, fábrica, oficina, están entrelazados por intereses, finalidad y necesidades comunes.

La negligencia o la actividad de uno repercute en los otros; ciertos trabajos no podrán realizarse hasta tanto algunos no hayan cumplido su parte.

Como puede advertirse esta solidaridad, es algo natural, independiente, muchas veces, de la voluntad de los individuos: surge de la misma naturaleza de las cosas. De esta solidaridad natural aflora la solidaridad moral.

La solidaridad moral consiste en la aceptación de las mismas responsabilidades y en la ayuda y apoyo que se presta en circunstancias difíciles o adversas.

El concepto de solidaridad moral comprende ideas de unión, adhesión, concordia, colaboración, ayuda mutua, etc.

Así por solidaridad una persona comparte la responsabilidad que surge de la actitud de un compañero; por solidaridad se ayuda al necesitado para que pueda superar una situación económica angustiosa; por solidaridad se reúnen socorros para las víctimas de alguna catástrofe: inundación, terremoto, incendio, etc.



En el terreno político, en momentos difíciles para la vida nacional, por solidaridad se unen y fusionan fuerzas políticas opuestas en ideales y procedimientos para salvar a la Nación de un peligro inminente.

La solidaridad moral se manifiesta en los diversos órdenes de la vida. En la esfera social, todas las mutualidades, las com-pañías de seguros, las cooperativas, en general, las sociedades de obreros y de patrones son expresiones de solidaridad.

La solidaridad abarca las tres esferas originarias de la vida social: la familiar, la nacional y la universal.

B. – La solidaridad como deber y como necesidad:

El hombre debe ser solidario con sus semejantes y con la sociedad. En otras palabras, debe interesarse por las necesidades del prójimo y los problemas sociales.

La solidaridad se manifiesta por medio de la ayuda mutua.

La solidaridad es un deber: todo hombre se ha beneficiado con el aporte valioso de los antepasados y de sus contemporáneos, no puede ser entonces un elemento puramente nega tivo en la sociedad. Debe cooperar positivamente en cuan lo le sea posible al bienestar común e individual.

El hombre nace deudor y a medida que avanza en la vida lo va siendo más.

La solidaridad es también una necesidad porque el progreso de la sociedad y su misma supervivencia no sería posible sin la solidaridad.

“Se diría que la sociabilidad y la solidaridad humanas se impondrían por una necesidad “de facto” si no se impusieran antes por una necesidad de naturaleza.

Todo en la sociedad de los hombres se mantiene por colabo ración, por espíritu de entendimiento y de solidaridad”.

La vida en la sociedad civil muestra el gran concurso de con peración humana, p. ej., en el sector de la instrucción: las ciencias, las artes y la técnica son frutos de la cooperación humana. Los jóvenes deben habituarse a la solidaridad. Generalmente viven creyendo que su pereza o laboriosidad son asuntos individuales que solo a ellos interesan, sin repercusión social. A lo sumo que deberán responder ante la Dirección del Colegio.

Sin embargo, no es así; aun el silencio que se exige en el aula para que los alumnos se concentren en un ambiente de seriedad tiene un carácter eminentemente social: crear un clima propicio al trabajo de todos.

El que quiere divertirse hasta el último momento, el que quiebra con su indisciplina ese ambiente propicio para el trabajo intelectual fecundo, conspira contra la solidaridad social. No debe olvidar el joven estudiante que también por solidaridad está obligado a perfeccionar su personalidad para hacerse más útil a los demás y colaborar al bien general. Ni tampoco debe olvidar que un buen consejo, unas palabras de aliento dichas a un compañero que sufre un estado de depresión pueden producir un cambio total y orientar toda una vida. Por el contrario insinuaciones perversas pueden influir de tal manera que tuerzan hacia el vicio una existencia y malogren toda una vida.

Los malos ejemplos ejercen poderoso influjo sobre los demás. Es conocido el refrán: “Las palabras mueven, el ejemplo arrastra”.

Por supuesto que nadie podrá recurrir al deber de solidaridad para exigir cooperación para el mal. Ocurre frecuentemente entre los estudiantes creerse obligados, por un falso y equivocado compañerismo, a solidarizarse con el mal. La solidaridad solo existe para lo bueno y honesto. Toda cooperación para lo malo, no es solidaridad, sino complicidad.

C. – El altruismo:

Etimológicamente la palabra altruismo proviene del término latino alter: el otro.

Se opone a egoísmo. Egoísmo proviene de “ego”: yo, y significa, exagerado amor e interés por sí mismo. Es la virtud por la cual el hombre piensa y se preocupa por el bien de los demás.

Es lo opuesto al egoísmo que consiste en encerrarse en sí mismo y buscar siempre y exclusivamente el propio provecho, desentendiéndose de los demás.

El egoísta solo piensa en sí; es insensible a las penas, afliciones y necesidades del prójimo. Es incapaz de un sacrificio, de una privación para proporcionar un bien a otro.

En cambio el altruista es generoso. En ciertos casos es capaz de olvidarse de sí mismo y privarse no solo de comodidades sino hasta de cosas necesarias para ir en ayuda del prójimo necesitado.

Muchos de los males que aquejan a la humanidad tienen su raíz en el egoísmo. Felizmente no todos los hombres son egoís tas. De serlo, la vida sería muy dura y muy triste. La solidaridad supone el altruismo.

D. – Fraternidad

Fraternidad es sinónimo de hermandad. Llámase fraternidad al amor que se profesan los hermanos entre sí. Como son hijos de los mismos padres, miembros de un mismo hogar, siéntense unidos por un vínculo muy especial establecido poi la sangre e idéntica formación espiritual. Lo que sucede en el pequeño núcleo familiar debe reflejarse en la gran familia humana.

Fraternidad, es entonces, el amor universal que une a los hom bres entre sí en cuanto son miembros de la gran familia hu mana.

A semejanza de lo que ocurre en el hogar, la fralernidad debe comprender el respeto, aprecio, defensa y ayuda mutua, unión V solidaridad.Este sentimiento de cordialidad y afecto universal tiene su raíz en el cristianismo que enseña que todos los hombres son hermanos, pues todos son hijos del mismo Padre que está en los cielos.

La fraternidad lleva a considerar a los demás hombres, sea cual fuere su nacionalidad y condición social, como hermanos, acreedores al respeto, estima y ayuda en los casos de necesidad. Estando compuesta la gran familia humana no solo de individuos sino también de sociedades, el sentimiento de fraternidad debe extenderse a las relaciones de las familias y de las naciones que deben considerarse hermanas.

La Argentina tiene una hermosa tradición de hermandad. Ha considerado a las naciones, teórica y prácticamente como hermanas.

El sentimiento de fraternidad dentro del territorio se refleja en el Preámbulo de la Constitución, donde se expresa ser propósito de los constituyentes asegurar los beneficios de la libertad “para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Se opone a la fraternidad cualquier discriminación racial.

E. – Respeto recíproco de los derechos:

La base de la tranquilidad pública y de la paz social está en que cada uno respete los derechos de los demás. Si todos respetan los derechos ajenos, cada uno a su vez, será respetado. “No hagas a los demás lo que no quieras te hagan a ti”. Las jóvenes generaciones deben comprender bien la importancia que tiene el respeto de los derechos. Deben comenzar a practicarlo en las múltiples ocasiones que le brinda la vida escolar y social.

En la sociedad humana no puede imperar la ley de la selva, o sea, la de la fuerza bruta.

Los hombres, seres racionales, deben regularse por normas morales y no apoyarse en el imperio de la fuerza o de la violencia.

El respeto de los derechos es lo opuesto a la prepotencia y a la arbitrariedad.

Todos y cada uno de los derechos deben ser respetados. Con todo, existen algunos derechos de la persona humana que revisten capital importancia y que más frecuentemente son atropellados: el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de la persona.

F. – La probidad Individual y Social:

Probidad significa rectitud en el obrar, honradez de procederes.

Probidad deriva del vocablo latino: “probus”: honrado. Hombre probo es el hombre de honor, íntegro, consecuente con sus ideas tanto en la vida privada como en la vida pública.

El hombre, debe, desde niño, acostumbrarse a obrar con honor, siguiendo la voz de la conciencia que le indicará cuál es el camino, la senda de la honestidad. Siendo sensible a las indicaciones de la conciencia moral adquirirá el hábito de la probidad.

Los obstáculos que se interpongan, las insinuaciones malvadas, los ejemplos reprobables no deben torcer su conducta rectilínea.

No es probo el hombre que roba, estafa, el que traiciona la fidelidad conyugal, el deshonesto, el que engaña al prójimo, el que falsifica mercaderías, etc.

La probidad social es aquella honradez y rectitud que se manifiesta en la administración pública.

La Nación marcha bien cuando la gobiernan hombres probos. De ahí la gran responsabilidad del sufragio: los electores de ben elegir para los cargos públicos a aquellos ciudadanos ca pacitados que se distingan por probidad de vida. Esa probidad deberá resplandecer no solo en la vida pública y social, sino también en la vida privada.

Fuente Consultada
Educación Democrática Ciclo 1º – Mario Alexander – Ediciones “Civismo”

 





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