Biografia de Confucio Caracteristicas de su Pensamiento y Doctrina



Biografía de Confucio
Caracteristicas de su Pensamiento y Doctrina

En el siglo VI a. C, el imperio chino estaba diuidido en estados feudales que vivían en constante guerra. Un joven noble predicó el amor a los semejantes.

El fundador del confuclanismo fue Confucio, uno de los grandes pensadores del Oriente. Sus padres eran nobles empobrecidos del país de Lu, y estudió con grandes sacrificios en la capital imperial de Chu.

A su regreso a Lu era ya admirado por su sabidur√≠a y su bondad. Durante algunos per√≠odos fue consejero del se√Īor de Lu y otros se√Īores feudales. Sin embargo, dedic√≥ casi toda su vida a viajar, estudiar y ense√Īar.

Kung-fu-tse, el ¬ęmaestro Kung¬Ľ, nombre que, latinizado, ha dado lugar a la forma occidental de Confucio, vivi√≥ en la √©poca de decadencia de la dinast√≠a Chu, el primer imperio realmente hist√≥rico de China.

Pueblo de antigua cultura y de arraigadas tradiciones espirituales, la China de aquel tiempo sentía vacilar bajo sus pies la plataforma del pasado.

En la larga historia de China destaca un hombre que ejerci√≥ una influencia tan grande en la sociedad, que incluso se dej√≥ sentir en el sistema comunista del pa√≠s. Este hombre fue el fil√≥sofo Kung Fu-tse, conocido en el mundo occidental como Confucio. Kung Fu-tse significa ¬ęmaestro K’ung¬Ľ.

El Estado se disgregaba a causa de la codicia de los grandes príncipes feudales, y éstos abusaban de su poder y socavaban las normas morales que durante tanto tiempo habían guiado el mundo chino en el curso de su existencia histórica.

En la desorientación del momento, surgió una figura poderosa que supo salvar e interpretar la esencia del alma china y la grabó para siempre en enjundiosas sentencias.

Este hombre excepcional fue Confucio. En tales condiciones se explica que su fama haya sido tan grande como la de los mayores fundadores religiosos y que aun hoy viva su espíritu en los corazones chinos.



BIOGRAFIA DE CONFUCIO:

Hay un hecho que nunca debe perderse de vista, porque se presta a error: Confucio no fue un fundador de religi√≥n, sino un fil√≥sofo, maestro y pol√≠tico de dimensiones fuera de lo com√ļn.

Confuciole llamaremos por su nombre latino, por ser el m√°s conocido– vivi√≥ de 551 a 479 a. de J.C. De su vida sabemos muy poco, porque los siglos han tejido a su alrededor una mara√Īa de f√°bulas y leyendas.

Posiblemente descendía de una familia noble venida a menos. Gracias a su clara inteligencia, finalmente llegó a ser una de las personas más sabias que jamás haya tenido China.

Nació en el seno de una familia campesina y fue agricultor. Desarrolló una rápida carrera administrativa en el feudo de Lu, convirtiéndose en una especie de ministro de Justicia.

Pero el se√Īor feudal no acept√≥ sus sabios consejos por lo que fue enviado al exilio, iniciando un recorrido por toda China en busca de alg√ļn se√Īor que pusiese en pr√°ctica sus principios filos√≥fico-pol√≠ticos.

La infructuosa b√ļsqueda lo llev√≥ de nuevo a Lu.

Al morir su madre Confucio se dedicó a meditar sobre la moral y las tradiciones de su país.

Tres a√Īos despu√©s se plante√≥ cambiar las costumbres de China y empez√≥ una intensa campa√Īa educativa, a la vez que escrib√≠a y editaba cuatro libros en los que muestra el camino de la sabidur√≠a y la moderaci√≥n.

Pronto consigui√≥ un buen n√ļmero de adeptos que extendieron sus ideas.

El sistema filosófico-político planteado por Confucio está basado en la necesidad del estudio de los textos canónicos y en la bondad, medios imprescindibles para el perfeccionamiento moral del individuo.



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confucio
Las ense√Īanzas de Confucio estaban inspiradas en los antiguos maestros chinos, olvidados por sus contempor√°neos.

El amor a los demás, el respeto a los padres y la buena educación eran algunos de los preceptos que intentaba inculcar a sus compatriotas y, sobre todo, a sus despóticos gobernantes.

Confucio conviv√≠a con sus disc√≠pulos y les ense√Īaba ejemplos pr√°cticos y m√°ximas, pues, seg√ļn una de ellas, un maestro no s√≥lo debe practicar lo que predica, sino tambi√©n predicar lo que practica.

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Biografía de Confucio VIDA DE CONFUCIO:

es el nombre que aparece en primer lugar en la literatura, en la filosof√≠a y en la historia del pensamiento de la China, donde este gran pensador vivi√≥ hace 2500 a√Īos.

Fue, además, el primer reformador político.

Los primeros datos biográficos que se conocen de él son del siglo II a. C.

Hab√≠a nacido en 55 a. C en Tsou, peque√Īo estado feudal de Lu, en el sudeste de la actual provincia de Shantung (en el nordeste chino).

Se afirma que descendía de la familia real de Shang, que constituyó la segunda dinastía china.



Su padre hab√≠a sido gobernador de Tsou a la edad de setenta a√Īos y se hab√≠a distinguido en empresas militares.

Los primeros misioneros jesuitas derivaron la forma latinizante Confutius y Confucius hasta llegar al ‚ÄúConfucio‚ÄĚ de hoy. El nombre proviene de Kun-FuTzu o Maestro Kung.

El sistema político de la época se basaba en el feudalismo sorprendentemente similar al de occidente medieval.

Los se√Īores feudales se negaban a obedecer al poder central que se volvi√≥ cada vez m√°s d√©bil. En estas circunstancias, aparece la figura de Confucio.

Desde los treinta hasta los cincuenta a√Īos, se dedic√≥ al estudio y a la ense√Īanza. Fil√≥sofo pol√≠tico y social, sent√≠a la necesidad de llevar a la pr√°ctica sus teor√≠as.

A los cincuenta a√Īos fue magistrado y, luego, encargado de obras publicas. M√°s tarde fue designado secretario mayor de justicia y, finalmente, en el 496 a.C., primer ministro del monarca.

En esa situación, demostró ser un hábil administrador y restableció algo del orden político y la igualdad social.

Confucio opinaba que la armonía política debía basarse en la armonía moral. Es decir que el concepto ético estaba, para este pensador, indisolublemente unido a la práctica política.

Su pensamiento se orientó en general hacía una filosofía del orden social.

Para ello se basó en un período histórico ideal, los primeros tiempos do la dinastía Chu, durante los cuales tanto el emperador como los príncipes y el pueblo profesaban un gran respeto por el orden.

Para Confucio el gobierno significaba sobre todo, ‚Äúcada cosa en su justo lugar‚ÄĚ y en particular, en el √°mbito de la sociedad, por la cual se interes√≥ m√°s que por el individuo.

Y habl√≥ muy claro con respecto a qu√© necesitaba la China, para superar los males sociales: ‚ÄúPara gobernar bien bastar√° que el pr√≠ncipe sea pr√≠ncipe; el ministro, ministro; el padre, padre, y el hijo, hijo¬Ľ

Debido a su gran fama de sabio, se lo consultaba ante cualquier descubrimiento de restos arqueológicos; respondía siempre con prontitud y dominio de la materia.

Tal fue el prestigio de la sabiduría de Confucio, que se afirma que tuvo setenta y dos discípulos y tres mil seguidores, por lo cual se lo describe como un brillante maestro.

√Čl mismo se consideraba un tzu, es decir, un maestro, no un fil√≥sofo.

¬ęNo ense√Īar√© a quien no sienta ganas de aprender‚ÄĒproclamaba Confucio‚ÄĒ y no explicar√© nada a quien no se esfuerce en aclarar las cosas por su cuenta. Y si explico un cuarto de la verdad, y el alumno, pensando y reflexionando √©l solo, no deduce los otros tres cuartos, no pienso seguir instruy√©ndolo.‚ÄĚ

Luego de abandonar su tierra y el poder por catorce a√Īos, volvi√≥ a la patria. As√≠, a los sesenta y siete a√Īos (en el 484), comenz√≥ su per√≠odo m√°s fecundo como compilador de textos y como fil√≥logo. Seg√ļn sus propias palabras, trataba de recorrer la tradici√≥n, m√°s que de renovarla.

Ya en su vejez, publicó antiguas canciones y dejó una compilación de documentos históricos denominada Shu Ching.

El √ļnico libro que escribi√≥ fue el Ch‚Äôun Ch‚Äôiu, en el que se ocupa, fundamentalmente, de restablecer el respeto por las jerarqu√≠as.

La obra m√°s importante de la ense√Īanza confuciana no fue escrita por el propio Confucio, sino por sus disc√≠pulos y se halla reunida en Los cuatro libros cl√°sicos o Sh√ļ.

Se trata de la colección de diálogos, frases y sentencias pronunciadas a lo largo de su vida.

El pensamiento y las ense√Īanzas de Confucio se recopilaron en sus Analectas (Lunyu), cuyos veinte cap√≠tulos recogen principalmente las m√°ximas del ‚ÄúGran Sabio‚ÄĚ y las breves discusiones que sol√≠a mantener con sus disc√≠pulos. Este libro fue para la antigua China lo mismo que la Biblia para Occidente. A los civiles se les recomienda que se comporten de acuerdo con lo expuesto en esta obra; y a quienes desean ser funcionarios y dedicarse a la pol√≠tica, se les aconseja que la estudien a fondo. Un antiguo dicho chino reza as√≠: ‚ÄúCon la mitad de las Analectas podr√°s gobernar el pa√≠s‚ÄĚ; eso quiere decir que para gobernar bien un pa√≠s basta con dominar la mitad de la teor√≠a expuesta en este libro.

Seg√ļn la tradici√≥n, Confucio habr√≠a agregado algunas secciones a obras, como el I Ching, el cl√°sico Libro de las mutaciones, libro oracular y sapiencial.

Probablemente fueron suyas las directivas para la elección de los textos y para su interpretación ética, si bien Confucio no vaciló en criticar los abusos de la adivinación.

Seg√ļn palabras de Liv Yutang, escritor y fil√≥logo chino contempor√°neo, ‚ÄúConfucio fue maestro de la piedad filial y conserv√≥ intacta en su memoria una imagen idealizada del padre.

Al principio, el muchacho cuidaba reba√Īos, pero luego iniciar√≠a sus estudios por cuenta propia.

Poseedor de una f√©rtil imaginaci√≥n hist√≥rica y aun cuando m√°s tarde se mostr√≥ como el mayor de los moralistas chinos, alent√≥ siempre una gran pasi√≥n hacia la historia antigua, sobre todo, la de un milenio antes de su √©poca y tambi√©n afirma Liv Yutang: ‚ÄúEl sabio muri√≥ a los setenta y dos a√Īos, gozando fama de gran maestro, pero desconocedor de la influencia que ejerc√≠a sobre el pueblo chino.

El propio Confucio sintetizaba su vida con estas palabras: 14 los quince a√Īos, mi esp√≠ritu se hallaba ocupado en la b√ļsqueda de la verdad mediante el estudio; a los treinta, ya hab√≠a encontrado principios s√≥lidos e inmutables; a los cuarenta, ya hab√≠a superado todas las dudas y vacilaciones; a los cincuenta a√Īos, conoc√≠a la ley que el Cielo ha impreso en todos los seres para que se dirijan a su propio fin, a los sesenta, conoc√≠ con facilidad las causas de todas las acciones; a los setenta, satisfice los deseos de mi coraz√≥n en su justa medidas.

Sent√≠a un inter√©s extraordinario por la pol√≠tica, hecho sorprendente si tenemos en cuenta que vivi√≥ en una √©poca muy intranquila. El emperador reinante no era m√°s que un t√≠tere. En realidad, quien mandaba era la poderosa nobleza. Para costear sus continuas guerras, el pueblo fue esquilmado por completo, y Confucio, que conoc√≠a bien tales problemas por su propia miseria, decidi√≥ dedicar su vida a buscar una soluci√≥n que subsanara tanta arbitrariedad. Lleg√≥ a la conclusi√≥n de que la √ļnica posibilidad era establecer una nueva pol√≠tica de gobierno. El soberano no deb√≠a considerar como lo m√°s importante la consecuci√≥n de su propio bienestar, sino la felicidad de todos sus s√ļbditos, y as√≠ se√Īal√≥ al emperador el objetivo sagrado de conseguir esto. Los impuestos, que hab√≠an llegado a extremos inaguantables, ten√≠an que reducirse considerablemente; deb√≠an suprimirse los castigos crueles e inhumanos, porque s√≥lo donde hay paz puede haber felicidad.

Algunas M√°ximas Para Tener en Cuenta:

‚ÄúRecompensar la injuria con la indiferencia y el beneficio con la gratitud: he aqu√≠ lo justo.‚ÄĚ

‚ÄúNo hables bien de ti a los dem√°s, pues no habr√°s de convencerlos; no hables mal, pues te juzgar√°n mucho peor de lo que t√ļ pudieras decirles.‚ÄĚ

‚ÄúEl hombre, aun el m√°s d√©bil, puede hacer alguna cosa buena: si no es capaz de ciencia, tal vez lo sea de virtud.‚ÄĚ

‚ÄúNo dej√©is nunca sin recompensa una buena acci√≥n, aunque os parezca dudosa.‚ÄĚ

‚ÄúPensad antes de obrar, y no comenc√©is nada sin haber consultado las circunstancias bien a fondo.‚ÄĚ

Silvia Arrau

PARA SABER MAS…

Los alumnos se dirigían a Confucio traídos por su fascinante personalizad, pero también porque él podía ofrecerles la oportunidad de completar los estudios avanzados de literatura, historia y filosofía.

Y, principalmente, jorque los preparaba para la carrera ool√≠tica, ya que su meta era formar :uncionarios para un nuevo estilo de administraci√≥n p√ļblica. Muchos de sus alumnos llegaron a obtener excelentes empleos: estudiar con Confucio era casi igual a triunfar en la vida.

A pesar de que Confucio los hab√≠a convertido en blanco permanente de sus cr√≠ticas, los nobles aceptaban a sus alumnos. En primer t√©rmino, porque no los consideraban peligrosos (Confucio predicaba que sus reformas deb√≠an triunfar por la persuasi√≥n, y no por la violencia), y en segundo lugar, porque necesitaban ‚ÄĒaunque ellos no lo fueran‚ÄĒ funcionarios educados, bien preparados y, sobre todo, conocidos por su moralidad y lealtad, virtudes que constitu√≠an puntos fundamentales en las ense√Īanzas del maestro.

De hecho, la idea de Confucio era crear una nueva aristocracia de servicio comunitario, una ¬ę√©lite¬Ľ basada exclusivamente en el m√©rito personal, que sustituyese a la vigente nobleza militar hereditaria. Por ello, era fundamental para √©l que sus alumnos adoptasen las reglas del ¬ęli¬ę, palabra que significa ceremonial, ritual, normas de etiqueta social, en fin, buena conducta en general.

Como sólo durante la realización de las ceremonias religiosas la conducta de los hombres se orienta al respeto mutuo y la cooperación, Confucio juzgó que ese comportamiento debía ser generalizado en esa época revuelta.

El ¬ęli¬Ľ inclu√≠a pr√°cticas rituales, pero Confucio afirm√≥ que ellas s√≥lo tienen

valor cuando representan ¬ęuna se√Īal externa y visible, de una gracia interior y espiritual¬Ľ. Despreci√≥ el ritual falso y detest√≥ ver ¬ęlas formas del ¬ęli¬Ľ practicadas por los que no mostraban reverencia interna¬Ľ.

Eximio ejecutante del ¬ęs√©¬Ľ, un instrumento musical de cuerdas semejante al la√ļd, Confucio consider√≥ que el ¬ęli¬Ľ estaba √≠ntimamente ligado a la m√ļsica.

Acostumbraba decir que el car√°cter de los estudiantes deb√≠a ser estimulado a trav√©s del estudio de la poes√≠a, afirmado por el estudio del ¬ęli¬Ľ y pulido por medio del aprendizaje musical, que constitu√≠a su ornamento final.

Predic√≥ la sinceridad como suprema virtud, y abomin√≥ de la hipocres√≠a. Pero explic√≥ que la conducta ideal no consist√≠a solamente en cumplir, a cualquier precio, con la palabra empe√Īada, o sostener el mismo objetivo independientemente de las circunstancias, sino en saber tambi√©n ser flexible.

Dijo que el ¬ęshih¬Ľ (caballero) pod√≠a tener defectos, pero tambi√©n ten√≠a que estar siempre dispuesto a corregirlos.

Insisti√≥ en que no bastaba ser sincero en pensamientos y palabras, pues la verdadera sinceridad estaba en las obras; se√Īalar lo correcto sin practicarlo era cobard√≠a. Afirm√≥ que el hombre debe estar preparado para sacrificar su vida, si es necesario, en defensa de sus principios.

El verdadero aristócrata no necesita ser guerrero ni noble por nacimiento.

Confucio desea que sus alumnos adquieran virtudes aristocr√°ticas y eviten los vicios de la nobleza; que gocen del prestigio de la nobleza militar, sin prepararse exclusivamente para la guerra.

Quer√≠a inculcarles un sentido de vocaci√≥n y misi√≥n, de autoconfianza, determinaci√≥n, responsabilidad e independencia. ¬ęNo se preocupen por no ejercer ciertos cargos, trabajen en cambio para ser capaces de ejercer sus funciones; no se preocupen por ser desconocidos, sino por ser merecedores de una buena reputaci√≥n¬Ľ.

Los alumnos deb√≠an condenar los defectos morales, pero m√°s los propios que los ajenos. ¬ęQuien es riguroso consigo mismo es indulgente con los dem√°s, y evita resentimientos.

Cuando vean a una persona admirable, traten de imitarla; cuando observen a alguien que no lo es, exam√≠nense a s√≠ mismos. Un caballero se averg√ľenza por permitir que sus palabras superen a sus hechos; √©l act√ļa primero y habla sobre el asunto despu√©s. . .¬Ľ

Con el tiempo, China logró una forma de gobierno basado en las ideas de Confucio. El emperador, que ocupaba el cargo más elevado, tenía que ser el mejor, aunque podía delegar sus funciones en los ministros, que eran quienes gobernaban en realidad y habían conseguido este cargo por sus cualidades personales, sin que su nacimiento tuviera nada que ver en ello, al menos en teoría. Porque, desde luego, a menudo había circunstancias menos favorables en tiempos de intranquilidad o de desequilibrio en la economía. Sin embargo, se puede decir que la forma de gobierno imperante en China fue la determinada por el maestro Kung.

CONFUCIO MUERE – EN CHINA SE DIFUNDE EL CONFUCIANISMO

Los √ļltimos disc√≠pulos son importantes porque ellos fueron los responsables de la transmisi√≥n de las ense√Īanzas confurianas: Tsu-yu, que propuso la educaci√≥n universal del pueblo; Tsu-hia, que tuvo muchos alumnos importantes y lleg√≥ a ser gobernador de una provincia; Tseng-shen, el moralista, que tuvo setenta disc√≠pulos; Yu-yo, que por su sabidur√≠a lleg√≥ a ser comparado con Confucio.

Pero ninguno de ellos transmiti√≥ con fidelidad la doctrina del maestro. S√≥lo conocieron a Confucio en su √ļltima etapa, como erudito y no como reformador apasionado, dieron, as√≠, mayor importancia a la ense√Īanza formal, al ceremonial, al ritual, preocup√°ndose m√°s de la virtud individual que de la organizaci√≥n social.

Cada uno pretendía ser el legítimo representante de la doctrina de Confucio; sostuvieron disputas y formaron escuelas divergentes que contribuyeron a obscurecerla.

Poco se sabe sobre los √ļltimos a√Īos de la vida de Confucio. Pero existen pruebas de que dedic√≥ ese tiempo a ordenar sus manuscritos y las informaciones recogidas durante sus viajes.

Parece que organiz√≥ entonces el ¬ęLibro de Poes√≠a¬Ľ, antolog√≠a que lleg√≥ hasta nuestros d√≠as.

Mas no dej√≥ de ense√Īar y de ejercer influencia en los asuntos p√ļblicos, a trav√©s de sus disc√≠pulos.

A√ļn una vez m√°s intent√≥ intervenir en pol√≠tica, recomendando la invasi√≥n del poderoso Estado de Ts’i, tradicional enemigo de Lu, que a la saz√≥n se encontraba dividido por una guerra civil.

Cre√≠a poder contar con el apoyo de la inmensa mayor√≠a de la poblaci√≥n de Ts’i, y con la mitad de su ej√©rcito, amotinado contra el gobierno tir√°nico de una familia que hab√≠a usurpado el poder.

Sus consejos fueron desechados, pero el episodio mostró bien a las claras que Confucio no era un pacifista a todo trance, sino más bien un político y un moralista convencido de la necesidad de luchar por causas que consideraba justas.

No se conocen las circunstancias de su muerte, acaecida en 479 a.C. Pero, en ocasión de una dolencia anterior, Tsu-lu, junto al lecho donde el maestro yacía aparentemente inconsciente, se lamentó de que Confucio jamás había, ocupado un alto cargo, habiéndose comportado los discípulos siempre como si fuesen ministros a la espera de un dignatario. Confucio, que había ya recuperado el conocimiento, oyó las palabras de Tsu-lu, y le preguntó:

‚ÄĒ¬ŅA qui√©n creen ustedes que yo podr√≠a enga√Īar, fingiendo tener ministros cuando en realidad no los tengo? ¬ŅPodr√≠a enga√Īar al Cielo? Por otra parte, ¬Ņno es mejor que muera en vuestros brazos, amigos m√≠os, que entre ministros?

Entonces Tsu-lu le pidi√≥ ‘permiso para rezar por √©l. Confucio sonri√≥:
‚ÄĒMi propia oraci√≥n ya fue hecha hace mucho tiempo.

Después de su muerte, los discípulos se dividieron en, por lo menos, ocho escuelas distintas. Muchos de ellos se convirtieron en profesores famosos, ministros de Estado, gobernantes, tutores de reyes.

Eran disputados por ser los √ļnicos que hab√≠an conservado en sus escuelas una disciplina regular de preparaci√≥n para el servicio p√ļblico. Vulgarizaron y distorsionaron el confucianismo, inventando leyendas y tradiciones, as√≠ como tambi√©n alteraron la doctrina para conciliarla con otras corrientes intelectuales, o para hacerla m√°s agradable a los poderosos, a cuyas costas viv√≠an.

Sólo después de sufrir modificaciones el confucianismo llegó a triunfar en China alrededor del siglo II a.C. Los tres siglos posteriores a la muerte de Confucio fueron decisivos para la civilización china.

Fueron a√Īos de importantes transformaciones. Pero, en ese siglo, se logr√≥ finalmente la centralizaci√≥n pol√≠tica, aunque fuera a trav√©s de la conquista militar. No obstante, el unificador y su hijo reinaron poco tiempo, y una nueva familia imperial, los Han, favoreci√≥ la centralizaci√≥n de la administraci√≥n y percibieron que √©sta s√≥lo ser√≠a eficiente si se la confiaba a ministros seleccionados, y no a sus familiares o a los nobles, que perdieron importancia.

La filosofía se hizo así popular, y los filósofos y eruditos pasaron a ser cortejados por los gobernantes que escuchaban sus consejos y les solicitaban opiniones. Los discípulos de Confucio se esforzaban por difundir su doctrina y ayudar a los gobernantes a mantener unida a China.

Ver:Uso del Libro I Ching o de las Mutaciones

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